La Mafia en EE.UU

La sociedad estadounidense en la decada del 20 EE.UU. La Ley Seca

COSTUMBRES Y FORMAS DE VIDA DE LA SOCIEDAD ESTADOUDINENSE

El “Ford T”  (ver Vida de Henry Ford)
Henry Ford se dio cuenta de que el principal mercado para el automóvil estaba en el campo. En aquella época, la mayor parte de los automóviles eran utilizados por los ricos para efectuar recorridos en las ciudades, pero eran inservibles fuera de ellas. Ford fabricó en 1909 el “modelo T”. Era un vehículo con ejes muy altos que permitía circular aun por donde no había caminos trazados.

Además, como se fabricaban piezas de recambio que podían comprarse en los almacenes de los pueblos o adquirirse por correo, no era necesaria la presencia de mecánicos especializados. Hacia 1927, Ford ya habla vendido 15 millones de unidades. El Ford T no sólo era utilizado los domingos; en la semana servía para transportar las cosechas al mercado. Realizaba muchas de las funciones del moderno tractor.

Un país sobre ruedas

La difusión del automóvil cambió la economía y las costumbres de aquella época. Gracias al automóvil, millones de personas pudieron alejarse de la congestión de las ciudades. Construyeron residencias en zonas suburbanas, rodeadas de jardines y, en lo posible, de árboles. Las nuevas viviendas tuvieron que ser equipadas con radio, aspiradora, heladera y otros modernos aparatos. La red de energía eléctrica y las carreteras tuvieron que extenderse entonces a las nuevas zonas urbanizadas.

Las nuevas carreteras impulsaron el desarrollo de nuevos negocios. A los costados de las rutas se instalaron desde puestos de venta de salchichas hasta billares y moteles. También se construyeron nuevos centros turísticos. La zona de Miami, por ejemplo, fue una creación del vehículo de motor.

El automóvil también cambió las costumbres de policías y delincuentes. No se organizaba el robo a mano armada de un banco sin tener garantizado un buen vehículo para la fuga.

Conflicto entre dos sistemas de valores

Durante la década de 1920, muchos jóvenes abandonaron las casas de sus padres en el campo, atraídos por las imágenes que la radio, la prensa y las películas de Hollywood divulgaban de la vida en la gran ciudad. La canción de moda en 1919 se llamaba «Cómo vas a retenerlos en las granjas ahora que han visto París?”. La población de las pequeñas ciudades y el campo se opuso a estas influencias fortaleciendo sus creencias en los antiguos valores, en Dios, la “americanidad” y la moralidad. Se organizaron campañas en contra de la “maldad del alcohol” o del uso del automóvil cerrado por considerarlos una invitación al pecado. La ciudad y la juventud rechazaban estos valores.

Adoptaban nuevas modas como la de la pollera más corta, el charleston y el consumo de ginebra. Las cuestiones sexuales eran tratadas con creciente libertad; se creía que la infidelidad ocasional en el matrimonio no traía graves consecuencias y que la experiencia prematrimonial enriquecía a las muchachas. Se discutían las ideas de Freud, que comenzaban a difundirse en esta época. El lenguaje también cambió. En las conversaciones se utilizaban palabras nuevas como “calorías”, “vitaminas”, “función” y “frustración”, por lo general sin saber exactamente lo que significaban. Los conflictos entre padres e hijos se agudizaron. Los jóvenes rechazaban la moral de los mayores.

La “ley seca” y los gángsters

En 1919, el gobierno del Partido Republicano intentó ganar el apoyo de los sectores conservadores del campo y los grupos feministas. Aprobó para ello una ley que prohibía el consumo de alcohol: la famosa “ley seca”. Si bien no se dejó de consumir alcohol, la amenaza de la ley empujó a los consumidores a beber en la clandestinidad. En las grandes ciudades, locales de mala reputación se pusieron de moda. También se extendió el uso de la botella de bolsillo (la petaca). Para muchos, el beber ilegalmente resultaba emocionante.

La “ley seca” favoreció la multiplicación de los gángsteres. Los propietarios de los bares semiclandestinos, de las cervecerías y destilerías, que no podían recurrir a la policía ni a los tribunales, eran obligados a aceptar su “protección”. En Chicago, la guerra entre gángsteres se volvió frecuente. Uno de los más poderosos fue Al Capone (foto). La violación a la “ley seca” se vio favorecida además, por la corrupción en el gobierno, muy extendida en esa época.

Policías y políticos obtenían beneficios personales con la prohibición. El congresista de Texas que redactó la ley fue arrestado al cabo de unas semanas por haber instalado una destilería en su rancho.

Finalmente, la depresión económica y el aumento de poder político de los grupos que representaban a las grandes ciudades terminaron con la “ley seca”. En 1933, cuando el Partido Demócrata ganó las elecciones, levantó la prohibición.

Voto femenino
La guerra y el desarrollo económico cambiaron la posición de la mujer en la sociedad estadounidense. En 1920, el Congreso aprobó el voto femenino. Los nuevos valores y costumbres le permitieron ocupar lugares que antes sólo estaban reservados a los hombres. En 1914, el número de mujeres con oficio o profesión era de dos millones; en 1930, ese número había ascendido a diez millones.

¿Que es la sociología?

Origen de la Mafia Italiana La Cosa Nostra La Camorra Lucky Luciano

Origen de la Mafia Italiana La Cosa Nostra
La Camorra – Lucky Luciano

La ‘mafia’ es generalmente considerada como una sociedad secreta del crimen italiano, pero los orígenes de su inicio es antes de la aparición de armas automáticas y la cocaína. La mafia  empezó como una forma de vida: una forma de proteger a la propia familia y seres queridos de la injusticia de otros mas poderosos o hasta a veces del mismo  gobierno . Sólo más tarde, con la aparición de los medios de comunicación, la televisión y Hollywood hizo la mafia adquirir un aire de glamour que tiene ahora.

«Quiero advertirle, señor juez, que sin duda usted se convertirá  en una celebridad después de este interrogatorio. Pero tratarán de destruirlo física y profesionalmente. Y a mi me harán lo: mismo. Nunca olvide la cuenta que acaba de abrir con la Cosa Nostra: nunca podrá ¿Sigue usted  a dispuesto a interrogarme?»

Esta frase  escrita por el juez Giovanni Falcone -que fue asesinado por la Mafia en 1992- en el libro Cosa Nostra, fue pronunciada por Tommaso Buscetta, el más conocido de los arrepentidos de la Mafia italiana. Resultó premonitoria, y muestra con justeza el poder del Pulpo, el otro nombre de la sociedad criminal más conocida. Por su parte, Buscetta estaba solo en el mundo: todos sus parientes y allegados, un total de 32 personas, habían sido eliminados por la Cosa NostraNuestra cosa– en italiano-, nombre que le dan sus miembros pues, al parecer, el término Mafia es exclusivo de los no iniciados.

El triángulo de la muerte…
Según la tradición oral, los orígenes de la Cosa Nostra se remontan al siglo XVIII, con los Beati Paoli, una sociedad secreta que luchaba contra los abusos de los nobles. Más adelante a principios del siglo XIX, se organizaron en  Sicilia «fraternidades» compuestas básicamente por campesinos, cuya meta era devolver  la tierra de Sicilia a los campesinos. Pero la Mafia nació realmente en la década de de 1860, después del logro de la unidad italiana, en el «triángulo de la muerte», formado por las ciudades sicilianas de Palermo, Trapani y Agrigento.

mafia italiana, la cosa nostra

Entonces era normal que las bandas de merodeadores robaran el ganado de los grandes propietarios, se entregaran al vandalismo en las granjas y en los poblados y aterrorizaran a la población. En lugar de recurrir a los carabineros, los nobles y los terratenientes habían adquirido la costumbre de dirigirse al jefe de «familia» local –el mafioso-en caso de robo, lo cual resultaba más eficaz. Éste, al corriente de las actividades ilegales en su región, entablaba negociaciones con los bandidos y les recompraba el ganado a bajo precio. El propietario recuperaba sus bienes, y aportaba a la organización una suma que representaba alrededor de un tercio del valor de lo recuperado.

Al principio, la Mafia estaba conformada por pequeñas familias independientes, pero se fue desarrollando con el tiempo en forma de bandas organizadas, dirigidas por un capo (jefe) mañoso. Para entonces, estas bandas ya no estaban constituidas sólo por campesinos, sino también por médicos, abogados y representantes de todos los sectores profesionales.

En 1874, el prefecto Rasponi escribía desde Palermo al ministro del Interior: «El rico se vale del mafioso para protegerse del bandolerismo, o lo utiliza para conservar una preponderancia que está viendo reducirse debido al progreso de la libre empresa.» Poco a poco se amplió el objetivo de la Mafia: desarrollar un aparato capaz de gobernarse y crecer de manera autónoma. Se trataba, ni más ni menos, de resistirse, aunque fuera mediante la violencia, ante una justicia oficial impotente.

Palermo era su plaza fuerte, y ahí vivían las familias burguesas terratenientes. ¿Qué mejor lugar para ejercer la función de intermediario y de arbitro entre campesinos, pequeños propietarios, granjeros o colonos? El Estado italiano no se opuso verdaderamente a ello sino hasta una fecha relativamente reciente: era evidente que algo saldría ganando.

El primer ataque serio del poder central contra la Mafia fue efectuado por el gobierno de Mussolini, con ayuda del prefecto Cesare Morí, y adormeció provisionalmente sus actividades delictivas, basadas en el chantaje, la apropiación de mercados públicos y el robo; habría de reaparecer aprovechando el desembarque aliado que tuvo lugar en 1943: Salvatore Luciano -más conocido como Lucky Luciano, un miembro de la Mafia siciliana inmigrado a Estados Unidos, sirvió de intercesor entre ella y las fuerzas aliadas.

Esto permitió, según las palabras del general Patton, «la Blitzkrieg (guerra relámpago) más rápida que haya conocido la historia».

La nueva Mafia
Con el advenimiento de los gobiernos democratacristianos, después de la guerra la Mafia recuperó todo su poder. Y aunque en los primeros tiempos sus fechorías estuvieron limitadas a su campo de acción habitual extorsión económica, chantaje, tráficos diversos, no atacaba de frente al Estado.

En 1963 estalló una guerra de clanes que terminó con la toma del poder de la Cúpula -el centro de decisiones que regulaba las actividades de las diversas familias- por el clan de los Corleonese (habitantes del pueblo de Corleone, situado a una hora de camino de Palermo). Al mismo tiempo, empezó una terrible ola de atentados contra carabineros, jueces, periodistas -«los cadáveres exquisitos»-, que culminó el 3 de septiembre de 1982 con el asesinato, en Palermo, del general Dalla Chiesa, recién nombrado prefecto de la capital

siciliana. Lo siguieron después el diputado Salvo Lima y los jueces antimafia Paolo Borsellino y Giovanni Falcone. Una nueva Mafia, más sangrienta, había nacido; su mejor representante, Salvatore Runa -apodado Toto Riina o la Bestia-, detenido en 1993, tenía, entre sus trofeos, cinco jueces, dos procuradores, dos directores de la policía, un coronel y un capitán de carabineros, un periodista, los secretarios generales de Sicilia de los dos partidos italianos, el presidente del gobierno regional siciliano y el general Dalla Chiesa…

La aparición de esta nueva forma de la Mafia podría deberse a dos factores: por una parte, la locura de algunos hombres que quisieron -y en muchos casos pudieron- controlar el Estado italiano (se sospechaba formalmente que el antiguo presidente del Consejo, Giulio Andreotti, había pertenecido a la Cosa Nostra); por otra parte, las cuantiosas ganancias que reportaba el tráfico de heroína a partir de las postrimerías de la década de los setenta.

Actualmente, la mayoría de los dirigentes de la Mafia italiana están en prisión, pero en una entrevista que apareció en el periódico romano La República, Buscetta declaraba: «Éste es, o más bien hubiera sido, el momento perfecto para dar el golpe de gracia […] pero nadie quiere darlo […] Tengo la impresión de que ya no existe en el Estado la determinación que se tenía después de la muerte de Falcone y de Borsellino […] Veo a los magistrados atrapados entre amenazas de represalias mafiosas […] y las dificultades , que les plantean los políticos.»

Camorra, Ndrangheta y Sacra Corona Unita

La Mafia no es la única organización criminal italiana. Aunque son menos importantes, pero igualmente peligrosas, otras tres organizaciones con estructuras muy semejantes -la Camorra, de Napóles, la Ndrangheta, de la Calabria, y la Sacra Corona Unita, con sede en la región de Apulia– controlan regiones enteras.

La Camorra apareció en Nápoles a principios del siglo XIX, época en que era una coalición poco sólida de grupos criminales de barrio. Hasta la década de los sesenta, practicaba una delincuencia de nivel modesto: extorsión, robo, contrabando de tabaco. Después de los setenta, con el impulso de su jefe, don Michele Zaza, actualmente en prisión, los camorristas entablaron un acuerdo con las mafias siciliana y estadounidense: ellos les facilitarían, para el transporte de la droga, los medios logísticos necesarios para sus diversos tráficos, especialmente marítimos.

En cuanto a la Ndrangheta, su nombre se origina en la palabra griega andragathos (hombre bravo), y se inició en Calabria a fines del siglo XIX. Es una federación de unas 140 familias, a menudo quebrantadas por venganzas seculares. Su influencia se deja sentir en las provincias de Reggio di Calabria y de Catanzaro. Cada ndrina (partida de malhechores, o familia) procura controlar una situación local. Sus actividades son múltiples: supervisión de las tierras, dominio del comercio del aceite y de los cítricos, tráfico de cigarrillos, extorsión, adjudicaciones públicas y secuestros.

Esta organización, que no tiene ramificaciones internacionales, permanece al margen del tráfico de heroína, y provee material logístico sin intervenir en el «trato»; pero una considerable emigración calabresa hacia el norte de la península ha dado lugar al establecimiento de la Ndrangheta en las orillas de los Balcanes para el tráfico de estupefacientes con Europa.

Más misteriosa aún es la Sacra Corona Unita. que nació a finales de la década de los setenta en Apulia, y más exactamente en los puertos de Tárenlo y Brindis!. Al parecer, este grupo calabrés se formó en respuesta ante una tentativa de colonización de Apulia por la Camorra.

El emplazamiento de la región frente a los Balcanes, es ideal para el tráfico de armas en un sentido y para el de heroína; en el otro. Este caso continuará… El tráfico de estupefacientes es, definitivamente, el rasgo común de todas estas organizaciones.

Las impresionantes ganancias generadas por este tráfico las han impulsado ; extenderse y a invertir en Europa, y lavan el dinero en Francia, en Suiza y en Alemania tomando el control de restaurantes, casinos, hasta de bancos y compañías aseguradoras Fue en Francia, en un «escondite» de Niza donde el camorrista Michele Zaza se había refugiado antes de su detención.

Fuente Consultada:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´s Digest
Crónica Loca de Víctor Sueiro
Almanaque Insólito Tomo 4 Irwing Wallace

Louis Armstrong Biografía y Origen del Jazz en los Estados Unidos

Louis Armstrong Biografía y Origen del Jazz en los Estados Unidos

Una nueva música, que nace y se forma en el sur de los Estados Unidos, irrumpe con su vibrante ritmo en los años veinte: En una cálida y húmeda tarde de julio, por las afueras de Nueva Orleáns, una fúnebre comitiva se dirigía al cementerio. Iba precedida de una pequeña banda que entonaba lentos y melancólicos sones, quizás alguna vieja canción negra como «Just a Closer Walk With Thee». Poco después, la ceremonia concluyó y los semblantes se iluminaron. Habían llorado la pérdida del amigo y ahora iban a celebrar su recompensa en la otra vida.

A cierta distancia del cementerio, el tamborilero de la Tuxedo Brass Band tensó su instrumento e inició un vibrante redoble; mientras, sus compañeros se dispusieron a interpretar varias piezas de intenso ritmo como «Panamá» y «Didn’t He Ramble». Al poco tiempo, la comitiva que regresaba del entierro se convirtió en un espectáculo.

Unos bailaban, casi todos parecían poseídos, enajenados por las notas de un joven cornetista. Aquella exhibición no era un hecho extraordinario en la Nueva Orleáns de 1922. Después de los entierros, las bandas solían continuar la fiesta en una taberna o en una sala de baile, pero aquel día no era posible.

El sorprendente cornetista que había entusiasmado a la concurrencia debía tomar el tren de Chicago y, tras una calurosa despedida, se ausentó. Su nombre era Louis Armstrong. Entonces sólo tenía 22 años, pero en aquella capital del jazz se sabía ya que por su temperamento e inspiración podría desplazar del estrado de los maestros a cualquier otro trompetista.

En los últimos tres años había tocado por toda la ciudad en garitos y salas de baile. En verano actuaba con la banda de Fate Marable en las travesías nocturnas, Mississippi arriba, del Sidney, barco de recreo. Allí deleitaba a los que bailaban, y asimiló y recreó cuanto los demás músicos podían aportarle.

En 1922 disfrutaba de un sólido prestigio en el mundo musical de Nueva Orleáns. Alguien, sin embargo, podía disputarle el cetro: Joseph Oliver «El Rey», trompetista legendario que cuatro años antes se había dado a Chicago y cuya Creole Jazz Band cosechaba sonantes éxitos. Para Armstrong, Oliver fue siempre «Papá Joe», que le había ayudado e inspirado desde año. Al subir al tren, Louis no podía imaginarse que después de una década, su figura no sólo superaría a de Oliver sino que llegaría a convertirse en el músico jazz más famoso, respetado e influyente del mundo.

Louis Armstrong de muy humilde origen, aprendió a tocar la trompeta en un reformatorio juvenil, donde estaba por desórdenes callejeros. Desempeñó luego todo tipo de trabajos, mientras no dejaba de tocar con grupos de música de Nueva Orleans, su ciudad natal, como la banda de Kid Ory.A los 19 años se inició en una banda que actuaba en los barcos del Mississippi. Tres años después marchó a Chicago, tocó con la Oliven CreoleJazzBand, asimilando su estilo. En 1924 se incorporó a la banda de Fletcher Henderson y en 1925 formó en Chicago su propio grupo, los Hot Five, que en 1927 se transformó en los Hot Seven. Su fama y su prestigio como trompetista lo llevarían a actuar con los grupos y músicos más importantes de entonces. Realizaba improvisaciones magistrales, matizadas con su inconfundible voz ronca.

El jazz, música de Estados Unidos

Se diría que la fecha del nacimiento de Louis Armstrong fue escogida directamente por los hados: el 4 de julio 1900, «Día de la Independencia» de los Estados Unidos y comienzo de siglo. Surgía una vida y un arte nuevo genuinamente norteamericanos: su exponente, su argumento era el jazz. El jazz surgió, como el pueblo estadounidense, una extraordinaria variedad de procedencias y culturas. Sus esencias más antiguas se escuchaban en todo el sur del país: en las ciudades, en las zonas pantanosas, en los aserraderos o «campos de trementina»…

Pero el mejor jazz se tocaba en Nueva Orleáns, la cosmopolita y Nilliciosa ciudad del delta del Mississippi. Allí el comercio había producido una encrucijada cultural que albergaba en 1900 una fascinante variedad de estilos musicales: cantos africanos, canciones de esclavos, ritmos de las Antillas, himnos protestantes, sones criollos, música sacra, folk, blues rurales y, además, polcas. contradanzas y otras variantes europeas. Todo esto de un modo u otro, contribuiría a la nueva amalgama del jazz.

El jazz no fue inventado por nadie, pero hubo dos intérpretes considerados como precursores. Uno era Ihxldy Bolden, cornetista, barbero y editor de panfletos escandalosos; el otro, Ferdinand Morton, alias «Jelly Roll» (imagen) , pianista y antiguo delincuente. En el Tin Type, sórdida sala de baile de Nueva Orleáns, Bolden alcanzó fama como inventor de los hot blues.

Para ello partió de los blues indolentes y melancólicos que se oían desde antiguo en las zonas rurales y les infundió un aire vigoroso y sensual, a tono con el frívolo ambiente del Tin Type. En ocasiones improvisaba solos fabulosos, que por su potencia se reconocían —así se decía— a muchas millas de distancia. En las melodías lentas arrancaba a la corneta un sonido apasionado que muchos trataron en seguida de imitar.

Bolden fue el primer «Rey» de la Nueva Orleáns de fin de siglo y señaló la pauta para el futuro. Jelly Roll Morton, amigo de Bolden. fue el primer compositor de jazz. A finales del siglo XIX, el ragtime —nuevo estilo de tocar el piano— descendió desde Missouri, por el Mississippi hasta Nueva Orleáns. Hacia 1900 Morton lo aprendió y le añadió el stonzping. ritmo rápido de su invención ejecutado con la mano izquierda. Así comenzó a escribir canciones que incorporaron el ragtime a los conjuntos musicales.

Hasta los años treinta, no hubo repertorio completo de jazz sin «King Porter Stomp», «Milenberg Joys», «Wild Man Blues», «The Pearls» u otras de sus movidas e indiscutibles composiciones. En 1900 el jazz poseía ya las características que hasta nuestros días lo han distinguido de otras formas musicales: el ritmo sincopado, la improvisación y la triste tonalidad lograda mediante la adición de dos notas (una tercera y una séptima desafinadas) a las ocho de la escala musical europea. Cuando estos elementos se adaptaron al ragtime, shag, shuffle y otros ritmos bailables, la música no volvería ya sobre sus pasos.

Storyville:

Este jazz primerizo tuvo un perfecto escenario: Storyvihe, zona muy singular de Nueva Orleáns y uno de los pocos «barrios chinos» legalizados del país. Músicos espontáneos y autodidactas acudían a los bares, cafés y burdeles donde aprendían unos de otros. A todas las horas del día y de la noche se suscitaban reñidas confrontaciones cuando en algún sitio coincidían bandas diferentes. Los grupos rivales desplegaban su mejor repertorio hasta que el aplauso de la concurrencia decidía el campeón. Joe Oliver saltó una noche a la fama cuando solo, sin apoyo de banda alguna, derrotó a Emanuel Pérez y Freddie Keppard, dos de los mejores trompetas de la ciudad.

Como un pistolero salió al porche del saloon y comenzó a tocar ante las salas de sus adversarios. A los pocos minutos congregó en la calle a una nutrida multitud; y allí Ohiver fue coronado como «El Rey». Storyville disfrutaba momentos de gran brillantez; pero también, a veces, era sacudido por la violencia. Bessie Smith, asidua cantante en el viejo Club 28, expresaba el ambiente pendenciero del lugar en su canción «Gimme a Pigfoot»:

Revisa tus navajas y pistolas.
Nos pelearemos cuando llegue la banda.
Dame una tranca y un barril de cerveza.
Que me encierren, Gate, no me importa.
Alcánzame la marihuana y una botella de ginebra.
Mátame porque estoy en pecado.

A lo largo de las calles Bourbon, Basin, Canal y South Rampart, famosas por sus canciones, surgía una serie interminable de talentos del jazz: el trompetista Bunk Johnson, los clarinetistas Alphonse Picou, Johnny Dobb, Albert Nicholas y Jimmy Noone; el genial saxosoprano y primer intérprete de jazz internacional Sidney Bechet; los músicos de raza blanca Wingy Manone y Nick La Rocca y su Original Dixieland Jazz Band; en fin, numerosos artistas que en los años cincuenta serían redescubiertos y presidirían en Nueva Orleáns un segundo apogeo: así, Kid Ory, Kid Thomas Valentine, Big Jim Robinson, Buhe y Dee Dee Pierce, George Lewis y muchos, muchísimos más.

El jazz nació en el sur de Estados Unidos, donde, tras los entierros, bandas de músicos de color celebraban con exultantes ritmos la recompensa del finado en la otra vida. En los años veinte el jazz se extendería por todo el país.

Cuando el joven Louis Armstrong llegó a Storyville se dirigió inmediatamente al Cabaret 25 y escuchó desde el exterior la inspirada música del Rey Oliver. Tal era el apasionamiento del muchacho que Oliver se ocupó personalmente de su enseñanza y le procuró un local para actuar. En 1917, Armstrong, vestido con un viejo uniforme de policía y una gorra, tocaba en el Mastranga, garito donde le pagaban 1,25 dólares por noche más propinas. Utilizaba una corneta de «Papá Joex».

Iba camino del éxito. Sin embargo, aunque 1917 significó para Armstrong el comienzo de su carrera musical, constituyó también el fin de una época. La guerra amenazaba y el Ministerio de Marina ordenó el cierre de los locales de Storyville debido a los problemas creados por los marineros que disfrutaban de permiso. Muchos músicos quedaron sin trabajo y marcharon en busca de mejor fortuna hacia el norte y el oeste del país. En Nueva York preparaba el terreno un grupo blanco, la Original Dixieland Jazz Band, que de la noche a la mañana comenzó a cosechar resonantes éxitos y realizó las primeras grabaciones de auténtico jazz.

Sin embargo, la mayoría de los músicos prefirieron incorporarse a las grandes comunidades de jazz que se habían establecido en Chicago, St. Louis y Kansas City. En 1918, el Rey Oliver se sumó a la migración e inició sus actuaciones en el Lincoln Gardens de Chicago. En 1922, cuando se le unió Louis Armstrong, Chicago se había convertido ya en la capital del jazz.

La «Ciudad del Viento»

En Chicago, la «Ciudad del Viento», no triunfaban las mediocridades. En toda la ciudad se tocaba con calor y viveza; en el sur actuaban los negros, y en los alrededores del Loop, el distrito comercial más importante, se hallaban los blancos, con notables conjuntos como los New Orleans Rhythm Kings y los Wolverines. Estos últimos constituían una banda, presidida por Bix Biederbecke, trompetista de habilidad pasmosa. Pero sobre Chicago también pesaban prohibiciones análogas a las de Nueva Orleáns y los músicos llevaban una doble vida. Los grupos pequeños tocaban en locales donde se vendían clandestinamente bebidas alcohólicas; las grandes orquestas interpretaban música amable en las salas de fiesta. Pero el Rey Oliver todavía reinaba.

Se había rodeado de los mejores músicos y poseía un extenso repertorio de números de jazz no escritos. Louis sabía ya leer «los puntitos negros» del pentagrama, mas no necesitaba hacerlo ya que poseía el misterioso don del jazz. Lii Hardin, sentado al piano, marcaba el ritmo; Baby Dodds batía los platillos y el grupo se ponía en movimiento; Armstrong y Oliver avanzaban entonces hacia el público e iniciaban sus magníficos e impecables dúos.

La «Gran Manzana»

«Cuanto yo hacía», declaraba Louis más tarde, «era añadir notas a todo lo que Joe tocaba, con el fin de que aquello sonase del modo más grato posible». El resultado era tan excelente que la Creole Jazz Band fue el primer grupo negro que llegó a grabar discos. Transcurría el año 1923 y los rudimentarios equipos de grabación de entonces —por supuesto, no eléctricos— constaban de una trompa a la que se aplicaba la aguja. Cuando los músicos daban rienda suelta a su genio, producían tal intensidad sonora que todo lo echaban a perder.

En «Chimes Blues», Louis hubo de colocarse a seis metros de distancia para grabar su primer solo. Estos discos iniciales acrecentaron el interés que en el este del país se sentía por el jazz, y al año siguiente Armstrong recibió una oferta para tocar en Nueva York con la famosa orquesta de baile de Fletcher Henderson compuesta por once maestros. Como el grupo de Oliver amenazaba desintegrarse por cuestiones crematísticas, en otoño de 1924 Louis tomó su instrumento y se dirigió a Nueva York, la «Gran Manzana» y Meca del arte, en el argot de los artistas.

Louis halló en Nueva York el éxito, pero escasas satisfacciones personales. Se desenvolvía bien con los elegantes arreglos de Henderson, pero el hecho de hallarse en una orquesta le impedía actuar a su modo. No obstante, infundió en los disciplinados músicos de Henderson su espíritu despreocupado que les llevaría a desarrollar un tipo de jazz con más garra. En 1925 regresó a Chicago, donde comenzó a actuar en el Dreamland y se unió a la Vendome Theatre Orchestra. Mientras su popularidad aumentaba, Armstrong se preocupó de reunir un excelente grupo musical, un conjunto que prácticamente volvería a inventar el sonido del jazz. Se llamaban los Hot Five, que luego se transformarían en los Hot Seven.

El estilo de Satchmo

Hasta 1925 el jazz fue una música bailable donde apenas actuaban solistas. Pero Louis rompió la tradición con los Hot Five que sólo se reunían para grabar y no necesitaban sujetarse al gusto del público. Pronto hizo del jazz un arte de solistas, una música basada en actuaciones espontáneas e improvisadas. Seguía presente la melodía y un cierto trabajo coral de conjunto, pero estos elementos sólo formaban un marco para las intervenciones de los artistas que se turnaban interpretando libremente. Mas esto no era todo, pues la corneta de Armstrong estaba revolucionando toda la técnica del jazz.

En su época de Nueva Orleáns, Louis comenzó a tocar de un modo especial: no lanzaba sus notas según el compás, como todos hacían, sino que las anticipaba o retrasaba ligeramente. Se trataba de un balanceo fuera del ritmo, que tan pronto fue descubierto por las orquestas inauguró dentro del jazz todo un movimiento: la época del swing.

Louis mostraba un talento prodigioso. Arrancaba tanto a la corneta como a la trompeta (instrumento que utilizó desde 1925) una impresionante variedad de tonos y ejecutaba solos magistrales incluso en el registro más alto. Tenía un estilo impecable y flexible que, a diferencia de otros intérpretes, no necesitaba de sordinas ni de efectos especiales. Su rica imaginación musical creaba continuamente nuevas ideas. Inagotable, igualmente, era su sentido del ritmo, que subrayaba el compás con sorprendentes silencios y pausas. Como importante complemento poseía también una resistencia fabulosa, manifestada durante años tocando hasta la madrugada en festivales y cabarets. Hubo largas temporadas en que actuaba tarde y noche en el Vendome, y luego se trasladaba precipitadamente al Sunset, donde interpretaba hasta el amanecer.

El público que bailaba languidecía y sus compañeros se doblaban de cansancio, pero Louis parecía fortalecerse en el transcurso de la noche. A la hora de despedirse entonaba de modo perfecto las agudas y largas notas del «The World is Waiting for the Sunrise». En el Vendome, Louis comenzó también su carrera como cantante y animador. Distraer al público desde el escenario formaba parte del repertorio de numerosos músicos de jazz. Louis, sin embargo, hizo de ello un arte. Solía enfundarse una levita, subía solemnemente al escenario y se presentaba como el reverendo Satchelmouth («el de la boca inmensa»), nombre que quedaría inmortalizado en Satchmo.

Su número fuerte era «Heebie Jeebies», donde siempre incluía algunos compases de su «scat chorus», jocosa forma de canción que sustituía las palabras por sílabas sin sentido. Pero, sobre todo, Louis contaba con sus grandes atributos personales: su voz grave y maravillosa («Estoy resfriado», solía decir), su eterno pañuelo blanco y su sonrisa radiante y contagiosa. Para comprender la magnitud del impacto que Louis Armstrong supuso en el jazz de su época, basta con escuchar sus primeras grabaciones. Sobre un fondo de música que hoy nos resulta anticuada, su trompeta se impone vibrante e imaginativa como algo absolutamente actual.

Durante la década de los veinte y en años posteriores, no hubo músico que compusiese sin tener delante la inmensa producción de los Hot Fives —al menos los Fifty Hot Choruses of Armstrong, publicados por Melrose— o que no estudiase los trucos de Louis. Entre tanto, el ídolo se ocupaba de conquistar al público y actuaba por todo el país en olor de multitudes. No sólo sus abrumadores méritos sino también su cálido estilo personal liberaron el jazz del estigma de ser considerado como tosca música, digna de bares y burdeles.

Desde Europa hacia el Oriente el jazz no conocía fronteras. A mediados de siglo había adquirido carácter internacional y ,nuevos intérpretes irrumpieron en escena: el saxo británico John Dankworth  y el violinista francés Stephane Grappelli (centro). Pero nadie como Satchmo  contribuyó al entusiasmo mundial.

Sus giras y películas familiarizaron a las gentes con el jazz, algo de lo que apenas se había hablado antes. Otros estilos pretendieron mejorar lo realizado por el genio: el swing en los años treinta y cuarenta, el boppolirrítmico de la segunda posguerra y posteriormente el jazz frío y «progresivo». En la actualidad, se han producido reacciones extremas que todavía no han clasificado su esencia: la resurrección del folklore (el llamado rhythm and blues, sucedáneo del rock’n roll) Y la aparición de una exasperada vanguardia. Ninguna musical, sin embargo, ha podido oscurecer el ascendiente personal de Louis.

Su genio perdura :

Finalmente, Armstrong y el jazz conquistaron el mundo. A lo largo de los años, el jazz, considerado por ichos la única música genuina de Estados Unidos, pendió también en Europa y se mantuvo viva gracias a constante afluencia de grabaciones. Los discos aureolaron de leyenda la figura de Louis Armstrong. Sus giras al extranjero y el Armstrong Plays Handy —álbum extraordinariamente célebre— prepararon su viaje triunfal por Europa como «Embajador Satch» en 1955.

Después recorrió con su música América del Sur, África y todos los rincones del mundo. Incluso en los años sesenta, cuando sus poderosos pulmones comenzaron a flaquear, creó dos nuevos éxitos, «Mack the Knife» y «Hello, Dolly», que se impusieron desde Kansas hasta Kenia. La magia de Armstrong, el hechizo de le jazz hot —según la expresión francesa— y el virtuosismo de algunos intérpretes otorgaron al jazz un carácter universal.

John Dankworth (imagen) en Londres, Stephane Grappelli en París, Django Reinhardt (guitarrista gitano nacido en Bélgica y ciudadano del mundo) y muchos otros realizaron importantes contribuciones. El ritmo original de Armstrong, su balanceo característico, vive aún en la música contemporánea, tanto en las quejas de B. B. King a la guitarra como en el sentido canto de Aretha Franklin.

El 6 de julio de 1971 murió Louis Armstrong en su hogar de Nueva York y nos dejó un legado difícilmente superable. Su influencia fue soberana, al menos sobre dos generaciones de músicos, y conquistó para su estilo un público universal. Las inconfundibles notas que él creó no perderán vigor para millones de personas conquistadas por su afecto. Los genios —se ha dicho— no mueren del todo. Mientras alguien, en alguna parte, interprete jazz, Satch estará vivo. 

ALGO MAS… «Durante más de 40 años, desde que en 1914 estalló en América el entusiasmo contagioso por el jazz, éste se ha mantenido como fenómeno de masas. Su técnica, cuya prehistoria se remonta hasta ciertas cancioncillas de la primera mitad del siglo XIX, como Turkey in the Straw y OldZip Coon, sigue siendo esencialmente la misma, a pesar de todas las sutilezas de los historiadores propagandistas.

El jazz es una música que, con simplísima estructura melódica, armónica, métrica y formal, compone en principio el decurso musical con síncopas perturbadoras, sin tocar jamás la monótona unidad del ritmo básico, de los tiempos siempre idénticos. Esto no quiere decir que no haya ocurrido nada en el jazz. Así, por ejemplo, el monocromo piano fue desplazado del predominio que tuvo en el ragtime y sustituido por pequeños conjuntos, generalmente de viento; así también las salvajes prácticas de las primeras jazzbands del Sur, principalmente de Nueva Orléans, o de las de Chicago, se han suavizado al ritmo de la creciente comercialización y recepción, y aunque periódicamente se reaniman (por esfuerzo profesional), vuelven regularmente a sucumbir al negocio, llámense swing o bebop, o pierden siempre su filo.

Pero el principio que inicialmente hubo que destacar exageradamente se ha hecho mientras tanto tan obvio, que puede prescindir de la acentuación del primitivismo rítmico antes necesario. El músico que hoy quisiera componer con aquella acentuación resultaría ridículo, como, pasado de moda como los vestidos de noche de 1927. La original rebeldía se ha convertido en conformismo de segundo grado, y la forma de reacción del jazz se ha sedimentado de tal modo que toda una juventud oye ya primariamente en síncopas, sin percibir apenas el originario conflicto entre esas síncopas y el metro fundamental. Pero todo eso no cambia nada en la absoluta monotonía que nos plantea el enigma de cómo millones de hombres siguen sin cansarse de tan monótono estímulo.»

Adorno, Theodor W..
Prismas, Barcelona.

Louis Armstrong: Junto con Duke Ellington, Louis Armstrong universalizó un género musical que hasta entonces había tenido carácter local, casi folklórico. El jazz primitivo, del que no quedan discos grabados ni partituras escritas, pertenece a un pasado legendario. Habría nacido de la fusión entre la herencia musical occidental, que los negros conocieron principalmente a través de los himnos protestantes, y sus ritmos.

Louis, en cambio, floreció junto con la radio y los sistemas de grabación, en la década de 1920. Este músico revolucionó el estilo de ejecución de los trompetistas, destacó la función del solista dentro del conjunto, e influyó en todos los músicos de jazz.

Como cantante, Satchmo (apodo que según algunos derivaría de la expresión such a mouth, ¡qué boca!) fue un verdadero maestro, cuyo estilo puede reconocerse en el de todos sus grandes continuadores, incluyendo a
uno de los más grandes cantantes de jazz Billie Holliday.

A los 13 años, Louis fue internado en un reformatorio. Allí el niño aprendió a tocar la corneta para poder integrar la banda local y, un año más tarde, empezó a tocar con músicos lamosos como Sidney Bechet y Toe Lindsay, en el barrio de Storville, en Nueva Orleáns. La marina estadounidense terminó clausurando dicho barrio y los músicos que allí trabajaban no encontraron otra salida que remontar el río Mississippi.

Luego de tocar algún tiempo en la orquesta de Fate Marable, subiendo y bajando por el río, Armstrong llegó a Chicago, en 1922, para trabajar con Joe King Oliver, el rey del jazz.

En ese período, el grupo grabó diversos temas, cuya base era la improvisación colectiva, dentro de la cual se destacaban especialmente los «diálogos» entre Oliver y Armstrong.

En 1924, Armstrong partió hacia Nueva York para trabajar con Fletcher Henderson, conocido director de orquesta y arreglador, que había llevado a la popularidad a músicos del calibre de Coleman Hawkins y Benny Cárter. En ese período, Armstrong empezó a tocar la trompeta, iniciando una nueva e importante fase de su carrera artística. Tocó con las mejores blue singers de la época -Ma Mainey, Bessie, Trixie y Clara Smith, Eva Taylor y Sippie Wallace—, que cantaban los spirituals en cabarets.

En 1925 formó su primer conjunto —los Hot Five— con el que comenzaron a ponerse de moda los «solos» individuales. Durante la década del 30 formó parte de grandes orquestas, intervino en varios filmes e hizo una serie de giras por diversos países.

A los 50 años, Armstrong era mucho más que un simple «jazzman»: se había convertido en una personalidad famosa en casi todo el mundo. Como embajador del Departamento de Estado de los EE. UU., viajó por África, Asia, América Latina y Europa Oriental. A partir de 1965, su salud quebrantada obligó a Satchmo a reducir el ritmo de sus actividades. Falleció el 6 de julio de 1971, en su residencia como consecuencia de una crisis cardíaca.

Fuente Consultada:
Revista Conocer Nuestro Tiempo Enciclopedia del joven N°2
Grandes Acontecimientos del Siglo XX Readers Regest