La Manzana de la Discordia

Biografía de Homero y Su Legado a Los Griegos Poeta

VIDA Y OBRA DEL POETA GRIEGO HOMERO Y SU LEGADO

El más antiguo, célebre y admirado de los poetas griegos. Fue llamado «el Padre de la Poesía». Uno de los más espléndidos luminares de la Humanidad y manantial inagotable de temas poéticos. Se supone que nació unos 900 años antes de Cristo. Siete ciudades se disputan el honor de ser su tierra nativa: Smyrna, Chíos, Colophon, Salamis, Rodas, Argos, Atenas.

Todos los griegos aprendieron a leer en la Ilíada y la Odisea epopeyas atribuidas a un poeta ciego, Homero, pero varias preguntas siguen sin respuesta: ¿Quién era!?, ¿Existió realmente!?, ¿Cuál es el mundo descrito en sus poemas?. Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que sean de él estas dos obras. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que se dispone, permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

homero grecia antigua

 El mérito de la obra de Homero es inmenso. Mérito poético, histórico y cultural. Se ha llegado a la afirmación categórica siguiente: si desapareciesen todos los vestigios de la antigua Grecia, con sólo las obras de Homero podrían rehacerse a la perfección.

Pero… ¿vivió, en efecto, Homero? ¿Cuándo, dónde? Cierto que son contadísimas las noticias contundentes que conservamos de él. Pero ellas se han bastado para que ya nadie ponga en duda la personalidad real de Homero.

¿Cuándo vivió? Si hemos de creer a Herodoto, Homero fue coetáneo de Hesíodo, y éste y aquél le precedieron en cuatrocientos años (Herodoto vivió en el siglo v antes de Cristo). Tucídides afirmó que, Homero vivió mucho después de la guerra de Troya, acaecida ochenta años antes de la invasión dórica en el Peloponeso (siglo XII antes de Cristo).

Aristóteles y Aristarco le supusieron contemporáneo de la emigración jónica (1140 antes de Cristo). Pero de las referencias del propio Homero acerca de cuantos intervinieron en la guerra de Troya, a quienes se refiere como a personajes idealizados ya, muy distantes de quien los idealizaba, puede deducirse que Homero vivió hacia el año 900 a. de J. C.

busto de homero

Busto de Homero. Museo Británico de Londres. — De autor anónimo y de época incierta. Las onduladas barbas y los cabellos ondulados nos hacen pensar en un arte decadente. Pero el artista supo recoger todo el patetismo que los siglos han acumulado sobre el poeta de la Ilíada. Ojos ciegos que, seguramente, han dejado de serlo en un mundo maravilloso en el que las imágenes tienen colores nunca vistos sin ceguera genial, y en el que los hechos se producen sólo ante una videncia anormal e inexplicable.

Sólo a título de curiosidad es posible mencionar algunas de las afirmaciones consignadas en la biografía de Homero atribuída a Herodoto, en la cual se suceden noticias que siguen estando «en cuarentena» a exigencia de los más reputados críticos, investigadores y exegetas homéricos. En dicha biografía se escribe que el genial Homero fue hijo de Creteis, la cual, enviada por su tutor a Esmirna, le dio a luz en la ribera del Meles.

Creteis contrajo matrimonio con el noble Femio, quien sintió siempre gran afecto por Homero, inclinándole desde muy niño hacia el estudio de la poesía, de tal modo que, cuando aún era adolescente, ya tenía gran fama en toda la Eólida. Muerto Femio, Homero le sucedió en la dirección de la escuela poética por aquél fundada. Dejó esta dirección para realizar un largo viaje por mar en compañía de un rico comerciante llamado Mentes.

Estando en Itaca sufrió una aguda oftalmía, que le obligó a interrumpir sus viajes y a quedarse en la casa de Mentes, en la Leucadia. Y aquí fue conociendo las leyendas relativas a Odiseo y concibió el plan de la Odisea. Pero aún tuvo ánimo, antes de cegar por completo, de acompañar a Mentes recorriendo las costas del Peloponeso, hasta Colofón, ciudad en la que su ceguera se hizo noche perpetua. Pero la mala fortuna hizo que, careciendo de medios para vivir, pues su gran protector Mentes murió, tuviese que viajar de nuevo, a merced de distintos lazarillos, para cantar sus poemas por distintas ciudades y tierras.

Y así estuvo en Esmirna, en Neontico… Y conviene consignar que fue en esta ciudad donde empezaron a conocerle como Homero (el ciego), pues su nombre era el de Melesígenes. Algo después, en la Fócida, cierto rapsoda malhechor, de nombre Testórida, le robó sus poemas para hacerlos pasar por propios. ¿Cuáles eran estos poemas? La Tebaida y los Himnos, compuestos en Esmirna y recitados con gran fortuna en Neontico (lengua). Persiguiendo al ladrón, Homero desembarcó en Boliso, donde hizo amistad con el cabrero Glauco.

Asombrado éste por el mucho saber y la gran bondad de aquel ciego, le llevó a casa de su amo, quien, igualmente impresionado, le encomendó la educación de sus hijos. Ya tranquilo y «con la casa y la comida aseguradas» —el primum vivere latino— Homero pudo componer nuevos poemas que causaron «general admiración» y pusieron de manifiesto la superchería del cantor ladrón Testórida, el cual hubo de huir. Los nuevos poemas homéricos fueron: los Cércopes, el Canto del mirlo, la Batracomiomaquia, la Cabra siete veces trasquilada.

Ya plenamente feliz, ¿qué otra cosa pudo hacer Homero, sino casarse, tener dos bellas hijas, y escribir sus portentosos poemas la Ilíada y la Odisea? Y ya cuando tuvo tales felicidades sólo le quedó por desear una: que su fama fuera confirmada en Atenas. Para lo cual se puso en camino, haciendo escala en Samos, donde escribió El Horno y la Canción del mendigo vagabundo. De nuevo en camino, falleció en cualquier parte, próximo a su meta ansiada, cuando ya la primavera había convertido las tierras en un sospechado paraíso.

Hasta aquí, todo lo contado corresponde a la biografía atribuida a Herodoto. Que no es mucho, pero que está bien contada.

OBRA LITERARIA: Las dos obras de Homero tienen relación con la conocida como guerra de Troya, episodio bélico, de carácter mítico-histórico, que enfrentó a los micenios con una ciudad de Asia Menor, Troya, allá por el siglo XIII a. de C.

La Ilíada se centra en el último de los diez años que se supone que duró esta guerra que, según el mito, se produjo cuando el príncipe troyano Paris raptó a la griega Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Reproduce sobre todo un episodio, el de la cólera de Aquiles, el principal héroe griego, que abandonó la lucha al verse despojado de una bella esclava, Briseida.

La Odisea cuenta el largo viaje de regreso de otro héroe griego, Ulises u Odiseo, a su patria de Itaca, tras la caída de Troya en poder de los griegos. El viaje estuvo lleno de dificultades y duró cerca de diez años.

Con estas dos obras Homero creó el modelo de la poesía épica que luego seguirían poetas griegos y latinos. Lo más importante de su obra es la división de los personajes en dos grupos: dioses y héroes. Los dioses intervienen a menudo en la acción. Se les representa con aspecto humano, con los mismos vicios de estos, sólo que son inmortales. Los héroes, que suelen ser hijos o descendientes de dioses, están dotados de gran fuerza y valor y son mortales.

EL POETA CIEGO
Como decíamos antes, se atribuye a Homero, un anciano ciego el mérito de haber recopilado las leyendas aqueas, de haber devuelto la vida a los héroes, y de haber creado un humanismo en el que todos los griegos iban a coincidir.  Desde antiguo, hay quien ha negado su existencia real: se dudaba que un solo hombre hubiera podido componer la litada y la Odisea. Cada uno de estos poemas reúne veinticuatro cantos de seiscientos a setecientos versos.

Se ha planteado, pues, un problema Homero, como se ha suscitado un problema Shakespeare. Hoy, nadie piensa en arrebatar a un mismo poeta la gloria de haber escrito lo esencial de los dos poemas. Sin duda, él recogió un conjunto de tradiciones orales, compuestas por cortos fragmentos, recitados en alta voz, que después fueron desarrollándose, debido a las aportaciones sucesivas de los aedos, los trovadores de la época. Con todo ello, Homero hizo una obra definitiva.

¿Qué nos cuenta la llíada? No se trata sólo de la guerra de Troya: la toma de esta ciudad sirve de telón de fondo. El mismo autor lo dice: el tema es la historia de la cólera humana, de sus causas, de sus consecuencias, de su apaciguamiento. Aquiles, uno de los más valerosos jefes griegos, ultrajado por Agamenón, el «rey de los reyes», se ha retirado del combate.

La victoria sonríe a los troyanos, que invaden el campo griego. El buen Patroclo, amigo de Aquiles, suplica a éste que le preste sus armas. Pero muere víctima de Héctor, jefe troyano, hijo del rey Príamo. Entonces, Aquiles, que había desoído la llamada de su pueblo, sufre por la muerte del hombre a quien más quería, y decide vengarlo.

Vuelve al combate, desafía a Héctor, lo mata y se ensaña arrastrando su cadáver, ignominiosamente, alrededor de los muros de la ciudad. Su cólera no se aplaca más que ante las súplicas del viejo rey Príamo, que ha venido a reclamar el cuerpo de su hijo. Aquiles cae en brazos de Príamo, y la epopeya termina con una tregua y cn funerales del valiente Héctor.

LEGADO, HOMERO EDUCADOR DE GRECIA: Dondequiera que estuvieran los griegos, y cualquiera que fuese su fortuna o su grado de instrucción, amaron y conservaron lo escencial de los poemas homéricos.

Alejandro el Grande llevó su Homero, como libro de cabecera, hasta los confines del mundo. Leído en todas partes y por todos, Homero fue el educador de Grecia. Su obra tuvo, en el mundo griego, la importancia de la Biblia o del Corán. Sacando a escena a unos héroes que posteriormente serían considerados como modelos de virtud, Homero asentó, en cierto modo, las bases de un código moral.

Y si los dioses intervienen, los hombres no dejan de ser el centro y la medida de todas las cosas de toda acción. Homero fue, sin duda, el primer humanista. No pretende negar el poder de los dioses ni la existencia del castigo; pero en ese mundo duro y hostil, el hombre, al menos, puede conquistar su dignidad.

El valor de Aquiles, mil veces admirado e imitado, explica, en parte, las hazañas de Maratón y de las Termópilas. Pero también se ofrecen a la admiración de los griegos otros héroes, otras formas del valor; Ayax es obstinadamente valiente; Diodemes, más joven, se distingue por su entusiasmo: siempre animoso, se conduce impulsado por una gran vitalidad. «Mi lanza enloquece entre mis manos», dice. Pero no deja de ser caballeroso: a punto de matar a un adversario, se entera de que éste es nieto de un huésped de su abuelo; entonces, «clavando su lanza en la nutricia tierra, dirigió a su noble adversario palabras llenas de amistad».

¡Así es como se comporta un protegido y un adorador de Atenea! La fidelidad de Patroclo, la generosidad de Héctor y la inteligencia de Ulises completan este asombroso compendio de las cualidades helénicas. Los antiguos griegos encontraban en esos poemas una imagen de su vida caballeresca y ruda, basada en la agricultura y en los inmensos rebaños, en los combates singulares y en los decisivos golpes de la espada.

La aventura de Troya, que unió por una vez a reyezuelos y señores, contribuyó a difundir el sentimiento de que, a pesar de las rivalidades, formaban, bajo la égida de una religión, una comunidad, un conjunto, una civilización distinta de la de los bárbaros. Homero, pues, junto con Hesíodo, ha fijado para los griegos una imagen de sus dioses.

DIOSES SEMEJANTES A LOS HOMBRES
Es difícil precisar su génesis. Sin duda, los invasores consiguieron, adoptando ciertos dioses de los vencidos, imponer sus propias divinidades, pero humanizándolas, reduciendo las formas animales bajo las cuales eran representadas al simple papel de atributos.

En todo caso, los dioses de Homero son semejantes a los hombres, y no se imponen ya por el pavor que inspiran. En principio, eran el Cielo (Urano) y la Tierra (Gea). Sus hijos, los Titanes, engendraron, a su vez, a los dioses. Pero uno de los Titanes, Cronos, temiendo que sus hijos lo suplantasen, devoró a uno tras otro. Así perecieron todos, hasta que la astucia de su madre, Rea, salvó al joven Zeus: Rea, en efecto, sustituyó al recién nacido por una piedra envuelta en pañales, y Cronos se la tragó sin sospechar el engaño. Zeus, llegado a la edad adulta, combatió a su padre y lo destronó.

Reinando sobre el cielo y el rayo, Zeus compartió el poder con sus hermanos: Poseidón dominó el mar, mientras que Hades reinaba sobre los mundos subterráneos y sobre los muertos. Zeus, como los demás dioses, tampoco se sentía obligado a una moral. Su mujer, Hera, tenía motivos para quejarse de sus liviandades: si Ares, dios de la guerra, y Hefaistos, dios de la forja, fueron fruto de su unión con Hera, Artemisa y Apolo—la luna y el sol—, fueron, por el contrario, hijos de una mortal.

En cuanto a Atenea, salió completamente armada del cerebro de Zeus, reuniendo así la sabiduría y la fuerza. Alrededor de estos dioses principales, hay innumerables divinidades inferiores: ninfas, Erinnias, ríos y fuentes. Homero, más que cualquier otro, ha unificado culturalmente a los griegos, dando a todo un pueblo un panteón común: todos reconocen a los aqueos como a sus antepasados. Los héroes homéricos ilustran la imagen que los griegos se han formado de la virtud y del valor del hombre.

Ver: Mitología Griega

CRONOLOGÍA APROXIMADA:

hacia -900 Inicio de la cerámica de estilo geométrico en Grecia.
hacia -814 Fundación de Cartago.
hacia -800 Composición de la llíada y la Odisea. asentamiento de los etruscos en laToscana.
-776 Creación de los Juegos Olímpicos.
-775 Inicio de la cerámica  y Geométrica reciente.
-753 Fundación de Roma.
hacia -750   Fundación de Cumas en la Campania. Los griegos adoptan el alfabeto fenicio.
hacia -740   Nacimiento del poeta Hesíodo.
hacia -735   Los espartanos invaden Mesenia.
– 734   Fundación de Siracusa.
-730    Inicio del arte orientalizante en Grecia.
hacia -700 Colonización de la península Calcídica por los griegos.
hacia -687 Giges funda la dinastía de los Mermnada en Lidia.
hacia -675 Constitución de Licurgo en Esparta.
hacia -660 Fundación de Bizancio.
hacia -621 Legislación de Dracón en Atenas.
hacia -600 El tirano Clístenes de Sición veta el recitado de poemas homéricos.

¿Ocurrió realmente la guerra de Troya?
A fines del siglo XIX, Heinrich Schliemann, rico comerciante alemán fascinado con la epopeya homérica.decidió comprobar su veracidad histórica. En 1870 comenzó las excavaciones en la colina de Hissarlik, en Turquía, donde según ciertas fuentes antiguas habría estado Troya. Descubrió ricas sepulturas, que pensó correspondían al rey Príamo y su familia, pero éstas databan de los años 2300 a 2200 a.C, es decir, un milenio antes de la supuesta fecha de la guerra de Troya. Algunos años más tarde, Schliemann descubrió en Micenas ricas tumbas en las que estaban guardadas máscaras mortuorias de oro. Pensó que había descubierto la sepultura de Agamenón, pero debió admitir que eran también anteriores a la guerra de Troya.

Fuentes Consultadas:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Edit. CODEX Los Griegos
HICIERON HISTORIA Tomo I Biografias Edit. Larousse
GRANDES FIGURAS DE LA HUMANIDAD Enciclopedia Temática Familiar Edic. Cadyc

Leyenda de Esculapio Historia Mitologia Griega Medicina

Leyenda de Esculapio Historia y Mitologia Griega Medicina

SOBRE Esculapio, la leyenda dice: En una montaña situada cerca de Epidauro, ciudad de Argólida, un pastor poco solícito había perdido el perro y una de sus cabras. Después de haber recorrido la montaña entera llamando y silbando a los animales que creía perdidos, acabó por encontrar la cabra y el perro: la primera amamantaba a un niño; el perro guardaba a éste y a su nodriza.

Esculapio

El pastor los recogió a los tres, dejó la cabra otra vez en el rebaño, recomendó al perro una rigurosa vigilancia y confió al niño, que no era otro que Esculapio (1), hijo de Apolo y de la ninfa Coronis, al centauro Quirón, el más célebre de todos para formar excelentes discípulos.

(1) Los comienzos de esta narración están inspirados en el Viaje de Anacarsis. Quirón cumplió su misión, dirigiendo a Esculapio, a causa de sus aptitudes, hacia el campo de las ciencias médicas. Le enseñó a conocer el valor de las plantas y a distinguir las buenas de las malas, las venenosas de las medicinales, indicándole, además, la época favorable para la cosecha y la aplicación de cada una de ellas al organismo.

No se olvidó tampoco de inculcar a su alumno los principios elementales de la cirugía, complemento inseparable de la medicina. Y lo mejor, tal vez, de sus lecciones fue el conocimiento que supo llevar al ánimo de Esculapio de que los cuidados prestados a los enfermos o a los heridos habían de completarse con la dulzura del trato y con una constante solicitud. Pues los que sufren sienten tanto alivio con la ayuda moral como con los remedios y las curas.

Esculapio, cuya habilidad era tan grande como excelente su corazón, hizo honor al centauro, logrando una celebridad que pronto cundió por toda Grecia y entró en Italia.

A la sazón, una peste cruel había corrompido el aire de este hermoso país, favorecido por la Naturaleza. Las gentes morían como moscas; las víctimas eran cada vez más numerosas, y los esfuerzos humanos resultaban materialmente impotentes para conjurar el peligro.

Los pueblos, desesperados, enviaron delegados a Delfos para implorar el socorro de Apolo.—No es a mí a quien habéis de dirigiros —respondió el padre de Esculapio—, sino a mi hijo. Él es el único que puede aliviar vuestras miserias.

Los delegados latinos se dirigen a Epidauro, donde los Asclepíades(1) , sacerdotes de «aquel que cura», guardan el templo construido en su honor. Los solicitantes les ruegan que les cedan aquel dios que sabía remediar sus males. Los magistrados griegos deliberan. Hay división de opiniones: los unos votan por acceder a la súplica; los otros, en cambio, combaten esta idea para no dejar la ciudad sin la protección de Esculapio.

Durante estos conciliábulos llega la noche, propicia a los sueños. El jefe de la embajada romana ve, mientras duerme, la imagen de Esculapio que le dice estas palabras: Consuélate, hijo mío. Iré a tu país, pero bajo otra forma. Fíjate bien en esta serpiente enrollada en mi cayado, porque me parece que a ella, aunque será mas grande aún, como corresponde a una divinidad. Ve y anima a tus pueblos

El sueño se realizó exactamente. Los latinos entran de nuevo en la península. La majestuosa serpiente habíales precedidos curando en seguida todos los males con su sola presencia. Los latinos, agradecidos al ilustre médico le dedicaron un templo, en testimonio eterno de sus buenas obras.

(1) El nombre griego de Esculapio es Asciepio.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Leyenda de Prometeo Mito Griego del Titan Que Roba El Fuego

Leyenda de Prometeo Mito Griego

A unión del Cielo y de la Tierra dio por resultado el nacimiento de un hijo, llamado Japeto. Japeto, a su vez, tuvo dos descendientes: Epimeteo y Prometeo. Los dioses seguían reinando, pero estaban hastiados y aburridos. Sí la felicidad no es de este mundo, tampoco había frecuentado en aquellos tiempos la zona divina.

De manera que los dioses decidieron pedir al Cielo y a la Tierra un poco de animación en la monotonía de la Naturaleza. Los padres de Japeto declinaron este honor, traspasándolo a su hijo, y éste, completamente absorbido por ocupaciones más interesantes, pasó la consigna a sus dos vástagos.

Epimeteo, el más ardiente, aunque algo atolondrado, suplicó a Prometeo que le cediera su parte de deber en el encargo paterno y que le dejara realizar su plan, concediéndole el derecho de criticar su obra una vez acabada.

Tratábase de extraer de una amalgama compuesta de tierra, fuego y otros elementos criaturas vivas, pero mortales, y de atribuir a cada una las facultades que más se adaptaran a su constitución.

Epimeteo, con una infantil despreocupación, considera que este trabajo es sencillo y divertido. A medida que los nuevos seres van presentándose, otorga a los unos la fuerza sin velocidad; a otros la velocidad sin la fuerza; a los de más allá les ofrece medios de defensa o sistemas de protección, y a los más débiles les concede el recurso de la huida a través de los aires, gracias a las alas de que están provistos, o bajo la tierra, gracias a la flexibilidad de su cuerpo movedizo y ágil. En cuanto a los de gran estatura, su propia talla les servirá de protección.

Sólo se trataba, pues, de preservar a esas criaturas de sus enemigos, pero era preciso, además, defenderlas de sí mismas y armarlas contra el hambre, la sed y las inclemencias del tiempo.

En realidad, Epimeteo no había pensado en ello; pero se tranquilizó distribuyéndoles convenientemente alas, pelos y pieles sólidas que les permitieran, a cada uno según su naturaleza, defenderse de los excesos de la temperatura glacial o ardiente.

Dioles como alimento, según su complexión, hierba de los prados, frutos de los árboles, raíces de las plantas e incluso carne y sangre. Estos últimos seres, los más corpulentos, eran los menos numerosos; de lo contrario, pronto hubieran exterminado a los pequeños, cosa que era preciso evitar a toda costa, con el fin de asegurar la conservación de la raza.

Muy satisfecho de su obra, Epimeteo llama a su hermano para que le admire y felicite. Pero tiene un desengaño. Bien es verdad que Prometeo se convence de que los animales poseen todo cuanto necesitan para vivir y para defenderse. La Naturaleza ha repartido juiciosamente entre ellos sus preciosos dones; pero éstos se agotaron y no ha quedado ninguno para el hombre.

Epimeteo no había dado en ello, y era evidente que su imprevisión necesitaba un remedio. Tiene al ser humano ante él, desnudo, abandonado a sí mismo, sin armas, sin defensas naturales, sin recursos.

Prometeo discurre entonces la manera de reparar la negligencia de su hermano. Se introduce secretamente en la isla de Lemnos, penetra en las fundiciones de Vulcano en el momento en que el trabajo era más intenso y se apodera de una chispa de fuego y la ofrece a la Humanidad.

El ser débil de cuerpo pero dotado de inteligencia poseerá desde ahora, gracias al fuego, el medio de defenderse contra el frío, de cocer los alimentos, de iluminarse durante la noche, de fabricar buenas armas para su defensa e instrumentos para cultivar las artes y dar un atractivo a su frágil existencia.

Todo iba bien; pero los hombres, dotados de tantos elementos, se enorgullecieron, creyéndose demasiado cerca de la divinidad. Júpiter se molestó y decidió castigar al responsable de aquel general orgullo.

Por consiguiente, con la ayuda de Vulcano y bajo la vigilancia de Mercurio, Prometeo fue atado a una roca situada en lo alto del Cáucaso. Desde allí no distinguía otra cosa que el Cielo, desde cuya altura descendía diariamente un águila gigantesca encargada de devorarle el hígado, que le crecía constantemente. Este horrible suplicio debía durar mil años. Pero al cabo de treinta primaveras, Mercurio aprovechando un día en que el señor del Olimpo estaba de buen humor, le hizo conceder la gracia del culpable, y Prometeo pudo reanudar su vida ordinaria, jurando solemnemente que no tendría nueva ocasión de hacérsela abaldonar.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

 

El Sabio y el Rey Polyidos salva la vida del hijo del Rey Mitos

El Sabio y el Rey Polyidos salva la vida del hijo del Rey

POLYIDOS Y GLAUCO: En la isla de Creta vivían antiguamente el rey Minos y su esposa Pasifae, una pareja con numerosos hijos. Poseían un gigantesco palacio en la ciudad de Cnosos, decorado con valiosos objetos y todos los lujos imaginables. Las paredes aparecían adornadas con cuadros de múltiples colores, y los pasillos eran tan grandes que era relativamente fácil perderse por ellos.

Entre los muchos hijos de la familia real, también había un niño al que sus padres habían dado el nombre de Glauco. Como todos los niños, Glauco saltaba, brincaba y canturreaba por todos los rincones del palacio, y también jugaba con una pelota. En cierta ocasión, el niño descubrió por casualidad un ratoncillo que con sus pequeñas patitas correteaba rápidamente por todos los pasillos y salones del palacio paterno; el niño dejó caer la pelota y se dedicó, loco de alegría, a perseguir al animalito de piel grisácea.

rey polyidos

Y como todos los niños traviesos sin pensárselo dos veces, corrió casi a ciegas por el gigantesco palacio de su padre hasta llegar a una estancia donde había varios barriles, todos bien alineados y llenos de dulce miel. El chiquillo, alegre y confiado, gozando de la vida, siguió persiguiendo al ratón y, ¡plumps!, sin ser consciente de lo que le sucedía, se cayó, con la cabeza por delante, en uno de aquellos barriles lleno hasta el borde de pegajosa miel.

Aquel lugar era solitario, nadie podía ayudarle, y el niño fue hundiéndose más y más en aquella dulce papilla; cuantos más esfuerzos hacía para salvarse tanto más se hundía en aquel barril lleno hasta el borde del dulce jugo de las abejas. Y al final desapareció por completo, inmerso y aprisionado en las reservas que su padre había almacenado para los meses invernales.

Al poco tiempo, los padres comenzaron a echar en falta los gritos, las carreras y los juegos de su amado hijo. El palacio permanecía silencioso. Empezaron a buscar por todos los rincones y salones del palacio, por los intrincados pasillos, pero su querido hijito no aparecía por ninguna parte. El palacio estaba triste, habían enmudecido sus risas y alegrías en el juego. Los padres, en su desesperación, se dirigieron a Delfos, un lugar, apartado de su isla en la lejana Grecia, donde la sagrada Cithia anunciaba sus augurios por boca del dios Apolo. la adivinadora les aconsejaría, pero primero tenían que responder correctamente a una adivinanza.

En vuestra boda, les dijo, nació recientemente un ser que diariamente cambia tres veces su color: primero es blanco, luego n ‘>o, y, finalmente, negro. Si lográis descubrir el nombre de este ser, vuestro hijo será salvado.

Aquí radicaba la dificultad. Los padres, profundamente desesperados, indagaron por todo el país; intentaban averiguar qué hombre sabio podría facilitar una respuesta satisfactoria a tan compleja adivinanza. Después de intensa búsqueda, los emisarios del rey descubrieron, finalmente, a un sabio, de nombre Polyidos, que en nuestro idioma significa “el que mucho sabe”. Polyidos, un vidente divino, preguntó por toda la isla de Greta hasta que descubrió la solución: en el rebaño del rey Minos había nacido un ternerillo que diariamente cambiaba tres veces su color.

La solución del acertijo consistía en saber que este ternero significaba una mora: que primero es blanca, más tarde roja y, al final, una vez madura, es negra. Polyidos inició entonces la búsqueda del niño y cuando llegó al sótano, donde el rey almacenaba sus barriles, observó que una lechuza alejaba a las abejas que se habían congregado alrededor de los barriles con miel, atraídas, seguramente, por el dulce aroma que despedían. Polyidos examinó un barril tras otro y encontró, por fin, al niño llamado Glauco, que se había sumergido de cabeza y ahogado en la miel.

El rey fue inmediatamente informado de la muerte de su amado hijo. Minos ordenó entonces, obedeciendo el consejo de los sacerdotes, que le fuese devuelta la vida al cuerpo muerto de su hijo. ¿Qué podía hacer ahora Polyidos? ¿Era él quizás el dios de la medicina, capaz de devolver la vida a quien había muerto?

Pero el rey era inexorable y, obedeciendo sus órdenes, Polyidos debía permanecer encerrado en el sótano, todo el tiempo que fuese necesario, hasta que Glauco hubiese renacido a una nueva vida. Esta era su orden.

Encerrado en aquel abovedado sótano, Polyidos esperaba día tras día, no sabía qué hacer ni por dónde empezar. Devolver la vida a un cuerno muerto era una tarea más propia de un dios. Pero cierto día descubrió, inesperadamente, que una serpiente se aproximaba cautelosa y silenciosamente al cadáver de Glauco.

Atemorizado, Polyidos desenvainó su espada y de un golpe le cercenó la cabeza; pero descubrió inmediatamente que también una segunda serpiente, reptando silenciosamente, se aproximaba al cadáver del niño. Pero cuando (esta descubrió que su compañera había muerto, dio media vuelta y se alejó, aunque regresó al poco tiempo llevando una planta medicinal en su boca. Depositó la planta sobre el cuerpo de su compañera muerta y ésta, Inmediatamente, recobró la vida. Polyidos había observado todo lo que sucedía, fue entonces consciente de de que una deidad deseaba ayudarle. Le sustrajo aquella misma planta a la serpiente y la depositó sobre el cadáver del niño. En aquel mismo instante empezó a circular unai nueva vida por las venas y el cuerpo de Glauco.

Sus delicados miembros comenzaron a moverse, la vida había regresado a su cuerpo. Todo habitante del palacio creyó escuchar, de repente las voces de aquel chiquillo. El rey Minos recibió con gran alegría aquella buena nueva. Colmó a Polyidos de regalos, pero deseaba saber cómo había conseguido despertar a su hijo muerto a una nueva vida.

Si no lo averiguaba no le concedería la libertad. Pero aquel dios le había comunicado a Polyidos que no debía revelar jamás su secreto. Polyidos se dirigió entonces al niño que había salvado, rogándole que escupiese en su boca. Tan pronto como el niño lo hubo hecho, perdió todo recuerdo en la salvación y Polyidos pudo llevarse el secreto a la tumba: ningún mortal debía poder averiguarlo jamás.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas

Rapto de Helena Causa Guerra de Troya Paris se escapa con Helena

Rapto de Helena, La Causa Guerra de Troya

EL RAPTO DE HELENA: Reinaba en Esparta, pequeña ciudad de Grecia, el joven príncipe Menelao, hijo de Atreo y hermano del poderoso rey de Micenas, Agamenón. Su morada real era pequeña, casi rústica, pero él vivía feliz en medio de su pueblo, al que amaba, teniendo a su lado a la mujer que había conquistado venciendo a mil rivales.

Éstos, los más poderosos y gallardos entre los príncipes aqueos, llegaron de todas partes para disputarse la mano de Helena, hija de Leda, la mujer más bella del mundo. Hacía dos años que Menelao había desposado a Helena, y tenían una linda niña que se llamaba Hermíone.

Un día quebró la quietud de la pequeña ciudad la llegada de algunos extranjeros. Éstos entraron por la puerta principal y bajaron de sus caballos en la plaza, frente a la morada real, en medio de un grupo de curiosos que miraban maravillados sus extrañas vestimentas, sus monturas cubiertas de polvo y sus rostros bronceados, de tipo oriental.

Entre los recién llegados se destacaba un joven de singular belleza que, por la riqueza de su vestimenta y la dignidad de su porte, parecía ser el jefe. Éste entró con un compañero en la mansión del rey Menelao y solicitó asilo para si y los suyos. “Yo soy —dijo—— el príncipe Paris, hijo de Príamo, rey de Troya. Viajo para anular un presagio de Apolo de Delfos, y quisiera detenerme aquí durante algunos días para que descansen mis hombres y mis caballos.”

Menelao acogió de buen grado al huésped; hizo preparar el baño y los ungüentos perfumados, y un convite digno del extranjero. Durante el banquete, Paris resplandecía de juventud en las suntuosas vestimentas asiáticas. Se abrieron las puertas del salón, y apareció la dueña de casa acompañada de sus doncellas.

Con sólo verla, el huésped comprendió que su viaje no había sido inútil. Helena le pareció más hermosa aún que la diosa aparecida en aquella lejana mañana, entre las encinas del monte Ida. Por desgracia, el pastor había suscitado el mismo sentimiento en el corazón de Helena, a quien Afrodita, invisible, susurraba palabras persuasivas.

Esa misma noche, mientras la mansión real se hallaba sumida en el silencio, los extranjeros ensillaron los caballos y salieron sin ruido de la ciudad, llevando consigo la presa codiciada.

Para mayor vergüenza Paris robó. Además de Helena, todo lo más precioso de la casa de su anfitrión. Pocas horas después, un veloz navío cretense, impelido por fuerte brisa, se deslizaba sobre. el mar Egeo, transportando a las costas de Tróade su cargamento, triste presagio y fruto de traición.

Así empezó la famosa historia de la Guerra de Troya.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas.

Ulises y los Lotogafos en su Viaje de la Odisea

 Ulises y los Lotógafos en el Regreso de la Guerra de Troya

Odisea de Ulises en su Regreso de la Guerra de Troya LotogafosUlises y sus hombres se encontraban navegando en alta mar cuando, en cierta ocasión, se desencadenó una terrible tormenta. Negras nubes y densa niebla oscurecieron la tierra y el mar, mientras la negra noche empezaba a cubrir y ocultar con su tétrico manto las encrespadas olas coronadas de blanca espuma.

El viento, con sus furiosos ataques, había desganado las velas, las naves iban a la deriva en medio de un furioso oleaje. Para no zozobrar y morir, los hombres sujetaron los remos y remaron con todas sus fuerzas para poder dirigir las naves hacia tierra firme.

Durante dos espantosas noches y dos interminables días, el Dios de los mares había querido demostrar toda su furia; luego se tranquilizó y la tormenta, por fin, empezó a amainar y se calmó. Sólo entonces decidieron Ulises y sus hombres hacerse de nuevo a la mar; un viento propicio los empujó hacia el Sur. Pero mientras navegaban a toda vela bordeando el Cabo Maleia, una nueva tempestad y el viento del Norte los empujaron de nuevo a alta mar.

Unas infernales tormentas los estuvieron zarandeando durante nueve largos días seguidos, hasta que al décimo descubrieron, por fin, la costa de los lotófagos, los comedores de frutos de loto. Los hombres de Ulises desembarcaron, extrajeron agua fresca de los pozos y prepararon la comida. Pero Ulises estaba intrigado, la curiosidad no le dejaba reposar, deseaba averiguar qué clase de hombres habitaban aquella tierra. Por este motivo envió algunos de sus hombres a que explorasen el terreno.

Los exploradores se pusieron inmediatamente en camino y llegaron hasta donde habitaban los lotófagos. Éstos, muy hospitalarios, invitaron inmediatamente a aquellos extranjeros y los alimentaron. Los invitaron a probar los frutos de loto, dulces como la miel y tentadores. Tan pronto como los emisarios de Ulises hubieron probado los embriagadores frutos de loto, dejaron de pensar en su misión y en el regreso a la patria. Sólo deseaban permanecer para siempre en compañía de los lotófagos, renunciando a su patria. El olvido se había apoderado de ellos.

Al comprobar Ulises que sus emisarios no regresaban, la intranquilidad hizo mella en él. Quiso ir personalmente a buscar a sus amigos y los encontró felices y despreocupados entre los lotófagos. Pero el héroe arrastró por la fuerza a sus compañeros; nada se lo impidió, ni su obstinada negativa ni sus lágrimas. Los ató al banco de remeros de las naves para que no pudiesen huir y regresar con los lotófagos; tan grande era el seductor poder de éstos.

Ulises ordenó luego que todos embarcasen rápidamente para no verse también él seducido por los tentadores halagos de los comedores de frutos de loto, olvidando entonces su verdadero objetivo: el regreso a su patria. Una profunda tristeza embargaba a todos, pero empujaron las naves al agua y remaron con fuerza hasta alcanzar mar abierta, muy, muy lejos ya del tentador País del Olvido.

Ver: Mitología Griega

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas.

Regreso de Ulises Final Guerra de Troya Los Lestrigones Ciclopes

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Regreso de Ulises Final Guerra de TroyaULISES Y LOS LESTRIGONES:

Después de un fatigoso viaje, sorteando vientos y tormentas, las naves de Ulises arribaron en cierta ocasión al país de los lestrigones.

El puerto era excelente, rodeado de altísimos acantilados rocosos que parecían rozar el cielo. Los marineros dirigieron las naves a través de una estrecha bocana bordeada de rocas; después de haber fondeado, amarraron fuertemente sus naves una a otra.

Sólo Ulises, embargado por un oscuro presentimiento, permaneció fuera de la bahía, amarrando su nave a una enorme roca.

Inmediatamente escaló un alto acantilado para desde la cima poder descubrir si allí vivían seres humanos. Pero ni rastro, por ninguna parte se veían huellas; sólo divisó unas lejanas columnas de humo que ascendían hacia el cielo. Envió entonces a unos emisarios para que averiguasen qué clase de habitantes poblaba este país.

Los observadores enviados por Ulises caminaron a lo largo de un sendero por el que circulaban carros cargados de madera, que transportaban desde las montañas a la ciudad. Muy cerca de la ciudad encontraron a una muchacha que, delante mismo de las puertas de acceso a la ciudad, recogía agua de la fuente Artakia.

Era la gigantesca hija de Antifates, rey de los lestrigones. Cortésmente preguntaron a la muchacha quién era el rey de este país y qué pueblo era este.

La hija del rey les señaló entonces la casa de su padre. Al penetrar los compañeros de Ulises en el palacio real, sólo encontraron allí a la esposa del rey, una mujer de gigantesca estatura, tan alta como la cima de una montaña.

Los amigos de Ulises se intranquilizaron, el espanto y el horror se apoderó de ellos. Pero la reina envió inmediatamente unos mensajeros para que el rey regresase al palacio. Y éste, un personaje terrorífico, llegó a marchas forzadas al palacio, sujetó inmediatamente a uno de los emisarios y se lo comió con piel y pelos.

Los restantes compañeros de Ulises, aterrorizados, huyeron inmediatamente, mientras el rey Antifates, profiriendo gritos estentóreos, reunía a lodo su pueblo. De todas partes llegaban lestrigones persiguiendo, con su rey a la cabeza, a aquellos extranjeros hasta el puerto.

Desde lo alto de los acantilados empezaron a lanzar y arrojar enormes rocas contra las naves que permanecían amarradas unas a otras, y como encarcela en aquella bahía. La confusión reinante era terrible, las  gigantescas rocas lanzadas por aquellos gigantes se estrellaban una y otra vez contra las naves y las destruían.

Los lestrigones corrieron luego rápidamente hacia la bahía y con sus armas arrojadizas atravesaron a los amigos de Ulises que, para salvarse, se habían arrojado al agua, pero que ahora eran pescados por los lestrigones, arrastrados a sus casas y luego comidos.

Ulises cortó rápidamente las amarras con las que había sujetado su nave a una roca, y ordenó a sus compañeros supervivientes que remasen con todas sus fuerzas. El temor al horrendo fin que hubieran podido sufrir en los estómagos de los antropófagos parecía dar alas a sus esfuerzos por escapar de allí. La proa de su nave cortaba las olas.

De esta forma pudo escapar la única nave de Ulises; había sido precavido al no fondearla también en la bahía. Pero había perdido todas las naves restantes incluidas las respectivas tripulaciones.

Fuente Consultada: Relatos de la Antigüedad – Lo Se Todo Tomo III – Figuras y Leyendas Mitológicas.