La Máscara de Fernando VII

Nobel y la Nitroglicerina

Nobel y la Nitroglicerina

Desde la fundación de la primera fábrica de nitroglicerina, Nobel comienza a realizar sus estudios sobre la nitroglicerina, con el objetivo de disminuir su sensibilidad, característica que hacía imposible su uso en forma pura.

La nitroglicerina fue descubierta por el químico italiano Ascanio Sobrero, el año 1846, y ocho años más tarde Crawford Williamson establece su composición química, , lo que facilitó que años más tarde, con un completo dominio de su estructura, Nobel pudiera ensayar con diversas sustancias para conocer, cuales podían atenuar su gran sensibilidad.

Después de un arduo proceso de experimentación, en el que estuvo a punto de no continuar los estudios emprendidos debido a una violenta explosión en 1864 que destruyó sus laboratorios, mató a cinco personas, entre los que figuraba su hermano menor Emil, y corrió gran peligro su vida.

Pero un día, por casualidad, notó que la tierra de infusorios o trípoli (tipo de piedra caliza porosa) ofrecía la propiedad de ser muy absorbente respecto de la nitroglicerina, pues retenía en sus poros un gran porcentaje de dicha sustancia lo que daba paso a una nueva mezcla, que continuaba siendo un gran explosivo, pero que hacía menos peligroso su manejo.

Corría el año 1867 y Nobel acababa de descubrir la dinamita, con lo que hacía posible el uso industrial de la nitroglicerina y se convertía en el creador de la pirotecnia moderna.

Consciente de que la dinamita no había aportado a la humanidad ni la felicidad ni la paz que él preveía, Alfred Nobel decidió en 1893 que su fortuna podría quizá contribuir a ello. En su primer testamento instituyó un premio destinado a recompensar algún descubrimiento científico que fuera en esa dirección, decisión que no contó a los herederos, que se inquietaron al verse desposeídos.

Aun así, Nobel se obstinó, y sería en París, el 27 de noviembre de 1895, que redactaría un segundo testamento.

Una vez que los herederos fueron favorecidos según lo que él consintió en legar, Alfred Nobel dispuso que el resto de su fortuna fuera invertida en instrumentos seguros, y que los intereses generados fueran distribuidos «a las personas que hayan aportado el mayor beneficio a la humanidad».

PREMIOS NOBEL: Cuando el testamento de Alfred Nobel fue revelado, en enero de 1897, no dejó de provocar revuelo, partiendo por el enojo de sus hermanos, que se consideraron expoliados. Nobel menospreciaba las fortunas por herencia, que según escribió, «no aportan más que calamidades, por la tendencia a la ociosidad que engendran en los herederos». Y sobre todo, al confiar la entrega de los premios a Suecia y a Noruega, Nobel provocó una crisis diplomática entre los dos países.

Fue sólo el 29 de junio de 1900 que los estatutos de la fundación Nobel serían promulgados, y los primeros Nobel, dotados de 150.800 coronas suecas, fueron concedidos al año siguiente, el día del aniversario de la muerte del inventor.

El físico alemán Roentgen, descubridor de los rayos X, el químico neerlandés Van’t Hoff, el médico alemán Von Behring y el poeta francés Sully Prudhomme fueron los primeros en recibir los premios Nobel. En cuanto al premio de la paz, fue compartido entre el suizo Henri Dunant, creador de la Cruz Roja, y el economista francés Frédéric Passy, fundador de la Liga internacional de la paz. Un sexto premio Nobel, en economía, fue instituido en 1968.

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolucion

Plan de Operaciones de Moreno Para la Revolución

Con esta revolución se formó el primer Gobierno independiente de la metrópoli española, Gobierno que luego le heredaría el nombre de Argentina; los sucesos que se desarrollaron aquí se agrupan en la ya conocida Semana de Mayo, los mismos empezaron el 18 de Mayo de 1810 y terminaron el 25 de Mayo del mismo año con la proclamación de la Revolución.

Con la llegada de la fragata Inglesa a Montevideo, se confirmaban los rumores de que España estaba en apuros; Napoleón Bonaparte la había invadido apresando a su rey Fernando VII quien sería reemplazado por el mismísimo hermano de Napoleón, José Bonaparte.

Estos acontecimientos le daban a saber a Buenos Aires que el poder de la corona se había trasladado a Cádiz, más precisamente al Consejo de la Regencia en donde ya se encontraban las tropas francesas. Este evento fue el primero y el que se encargó de desencadenar los siguientes sucesos que formarían la ya conocida Semana de Mayo y su posterior Revolución.

La estrategia y el Plan de Operaciones

Ver: Ideas Revolucionarias de Moreno y Monteagudo

La nueva Junta de Gobierno tiene que cumplir sin demora dos mandatos: llamar a los pueblos del virreinato para que envíen diputados a un congreso general que establezca el gobierno definitivo, y enviar una expedición al interior para ayudar a los pueblos a librarse de la previsible reacción de los grupos que se oponían al alejamiento de Cisneros.

Por supuesto, los nuevos gobernantes sabían que quienes todavía aspiraban a retener el poder serían sus más fervientes detractores.

Las duras acciones que tiempo después habrían de tomar los miembros de la Junta se vieron en parte justificadas en la necesidad de imponerse a los ataques de que eran objeto.

En julio de 1810, la Junta designará a Mariano Moreno para que redacte un Plan de Operaciones, el proyecto de estrategia política de la revolución.

Otras regiones americanas que ya se habían levantado contra el opresor español también habían contado con documentos que apoyaban sus gestiones, como había sido el caso del movimiento de los comuneros en el virreinato de la Nueva Granada, Colombia, en 1781.

El plan de la Junta de Buenos Aires estaba destinado a uniformar los propósitos y estrategias del nuevo gobierno, y estaba dirigido fundamentalmente al núcleo de patriotas revolucionarios. Por eso podía permitirse algunas metáforas y exageraciones: …y así, no debe escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aun cuando tengan semejanza con las costumbres de antropófagos y caribes… Para conseguir el ideal revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales, aconsejará Moreno al presentar el documento en agosto de 1810.

Hay debates planteados sobre la autenticidad de este Plan de Operaciones. Un documento manuscrito que parecía ser la copia de un plan presentado a la Junta el 30 de agosto de 1810 fue hallado en el Archivo General de Indias en 1896. Las investigaciones posteriores demostrarían que dicho documento habría sido fraguado y escrito por un español intrigante que estaba al servicio de la corte de Portugal con el objetivo de desprestigiar al gobierno patrio. Este descubrimiento desató una polémica para la cual los historiadores todavía no han encontrado una respuesta definitiva. De todas maneras, la política de las autoridades revolucionarias fue muy parecida a lo aconsejado en el plan atribuido a Mariano Moreno.

La Junta necesitaba legitimar su poder y recibir el apoyo de todas las jurisdicciones. El 27 de mayo envió una circular a los gobiernos del interior para comunicarles su existencia y convocar al congreso de diputados.

A pesar del carácter de transitoriedad que en el cabildo abierto del 22 de mayo se había decidido que ten-dría el nuevo gobierno patrio, el día 28 la Junta tomó dos resoluciones que revelaban la preparación para el establecimiento de un régimen nada transitorio. Ya se sugería la necesidad de confeccionar el Plan de Operaciones.

En el orden externo, el nuevo gobierno envía como represente a España a Matías Irigoyen, aunque su verdadera misión consistía en ponerse en contacto con los británicos, asegurarles la adhesión de la Junta en su lucha contra Napoleón y pedirles ayuda contra las posibles hostilidades de Portugal. Al mismo tiempo, Irigoyen debía conseguir el permiso de Inglaterra para adquirir armas para la defensa del territorio.
En cuanto al orden interno, la Junta reorganizó la tropa y convocó al servicio a aquellos que no ejercieran tareas útiles.

Para obtener apoyo popular, el gobierno revolucionario decidió la creación de un órgano de prensa donde plasmar sus decisiones. Mariano Moreno será el director del nuevo periódico, La Gaceta de Buenos Aires. En sus páginas, el director escribirá cuarenta y seis artículos a lo largo de seis meses, en los que se encontrará la síntesis programática del proceso revolucionario.

En el plan se identifican tres clases de individuos:
– los adictos al sistema que se defiende. El plan establecía que en tiempos de revolución estos gozarían de ciertos privilegios e inmunidades. Ningún delito se les castigaría, salvo la infidencia y la rebelión. Se los promocionaría en las milicias y en la magistratura. Sus acciones serían generosamente recompensadas.

– los enemigos declarados y conocidos. Para éstos se recomendaba seguir «la conducta más cruel y sanguinaria’. Castigar con la pena capital ante la menor semiprueba de hechos y palabras sobre todo cuando la o las personas implicadas fueran de renombre, y moderar el castigo cuando las personas no fueran de talento, riqueza u opinión. Proponía decapitar a gobernadores, capitanes generales, mariscales de campo, coroneles, etc.

– los silenciosos espectadores o neutrales (en términos del plan, los verdaderos egoístas). Éstos debían ser vigilados por el gobierno. Se recomendaba cooptar, a través de dádivas, cargos o empleos a los hombres de riqueza, talento o ascendente sobre las poblaciones.

Entre los puntos más importantes del plan figuran indicaciones y sugerencias acerca de la conducta que el gobierno patrio debía asumir frente a las nuevas circunstancias; cómo ganarse la opinión pública y cómo combatir los focos reaccionarios. También se dan instrucciones para promover una sublevación de la Banda Oriental y rendir Montevideo, sin enviar un ejército desde Buenos Aires, para consolidar la revolución.

Por otra parte, se hace referencia a la forma que habían de tomar las relaciones de las Provincias Unidas con España: cómo contrarrestar los informes del enemigo; fingir lealtad a Fernando VII para ganar tiempo. La conducta a seguir con Portugal e Inglaterra es otro de los puntos importantes: había que garantizar la neutralidad o el apoyo de la potencia británica y generar la sublevación del sur del Brasil para unirlo a las provincias del Plata. También se considera la forma de favorecer el aumento de los fondos públicos para los gastos de la guerra y para crear fábricas, ingenios y fortalecer la navegación y la industria en general. El fin último: conseguir la independencia absoluta.

MIGUEL MAZZEO

Antecedentes de la Revolucion de Mayo Causas Internas y Externas

Antecdentes de la Revolución de Mayo de 1810

cabildo, revolucion de mayo

Causas internas:

1° — Existía una tradición democrática en estas tierras, puesto que, si bien es cierto que durante la época de las gobernaciones y del virreinato privo el absolutismo, la población designó en ciertos casos a sus gobernantes, incluso imponiendo su voluntad, como en la jornada del 14 de agosto de 1806.

2° — Las ideas democráticas dispersas en todo el mundo por los filósofos y publicistas franceses, que triunfaron en el movimiento emancipador estadounidense y en la revolución francesa, pasaron a Sudamérica. La Universidad de Charcas fue un verdadero foco revolucionario propagador de esas ideas.

3° — El sentimiento del propio valer se desarrolló entre los criollos de Buenos Aires, que derrotaron a uno de los ejércitos más poderosos del mundo durante las invasiones inglesas.

4° —- Resultado de las invasiones también fueron la creación de cuerpos militares criollos y el aumento de la existencia de armas.

5° — Triunfo de las ideas criollas sobre las monopolistas españolas, en la «Representación de los Hacendados», que es tanto un escrito económico como político.

5°— Los movimientos de Chuquisaca y La Paz, reprimidos sangrientamente, en el. que intervinieron patriotas como Monteagudo y Arenales, dieron un ejemplo de rebeldía.

7° — Los criollos fueron desplazados sistemáticamente de los cargos públicos por los españoles.

Todo esto hizo que en Buenos Aires se creara un ambiente de revolución que se evidenciaba en todas partes. Se conspiraba, y los agitadores del movimiento se organizaron en sociedades secretas. Muchos criollos y también españoles amigas de la causa democrática formaron parte de ellas y elaboraron diversos planes, esperando la oportunidad propicia para actuar.

Causas externas:

En España, desde 1808 reinaba la anarquía. Napoleón la había invadido, y entre Carlos IV y su hijo Fernando VII se produjeron disidencias que dieron por resultado la coronación del hermano de Napoleón, José Bonaparte, como soberano de España y de las Indias.

Los españoles lucharon bravamente contra el invasor. En Sevilla se formó una Junta Central que gobernó en nombre de Fernando VII, y que luego, al pasar a Cádiz, fue disuelta, creándose allí un Consejo de Regencia. Casi toda la península estuvo en manos de los franceses.

El rey Fernando VII estaba preso, y en Cádiz gobernó una junta que no representaba al pueblo, y menos aún al monarca. Estos graves acontecimientos se conocieron en Buenos Aires a mediados de mayo de 1810, produciendo los siguientes sucesos: (ver:siguientes sucesos)

En 1810, el cabildo abierto de la ciudad de Buenos Aires propuso la formación de una junta de gobierno, presidida por el realista Cornelio de Saavedra, cuya primera medida fue deponer al virrey Hidalgo de Cisneros. La junta intentó imponer su autoridad en un área mucho más vasta que se extendía a zonas tan alejadas como el Alto Perú, Paraguay y la Banda Oriental. Paralelamente, una crisis en el seno de la junta dividió a sus integrantes en porteños y provinciales.

Los porteños representados por Moreno eran partidarios de que el poder fuera monopolizado desde Buenos Aires. El centralismo porteño suponía la hegemonía económica del área rioplatense, ligada a la exportación de cueros y tasajo.

Los provinciales pretendían la entrada en la junta de delegados del interior que defendían los intereses de una economía diversificada frente a la competencia de los productos manufacturados del exterior.

SÍNTESIS DE LAS CAUSAS:

1. Debilidad y desprestigio de la monarquía

2. Descontento con el sistema de funcionarios

3. Rivalidad entre criollos y peninsulares

4. El enfrentamiento de intereses económicos

5. Cambios Generados por las Invasiones Inglesas

6.Los movimientos ideológicos que fundamentaron la revolución

CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN SEGÚN
TESTIMONIOS DE LOS PROTAGONISTAS
DOCUMENTO A:

Las trabas que sugería [ el régimen colonial] a la industria y a la cultura; el monopolio tan escandaloso del comercio peninsular; la postergación tan general y descarada que en toda la extensión de la monarquía sufrían los americanos, eran las causas de que se quejaban en voz muy alta […]. La defensa que logró Buenos Aires en 1807 contra el formidable ejército británico […] Las disensiones de la familia real, el disgusto general de la nación contra don Manuel Godoy y la reina… Juan Ignacio Corriti, Autobiografía (escrita entre 1835 y 1842).

DOCUMENTO B:

Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento.
Manuel Belgrano, Autobiografía ( no fue fechada y quedó inconclusa a su muerte, en 1820).

DOCUMENTO C:

A los nueve meses de estar Cisneros ocupando la silla del Virreinato, creímos que ya era tiempo de pensar en nosotros mismos. Ocupada la España por numerosísimos ejércitos franceses, y en posesión de todas las plazas más fuertes de ella, creíamos que los españoles jamás podrían sacudirse de tan inmenso poder. De consiguiente empezamos a tratar muy secretamente sobre nuestra seguridad, a fin de no correr la suerte de los españoles. […] Esto no podría hacerse sin que recayese el gobierno en nuestras manos. Y esto hacía tanto más necesaria la deposición de Cisneros.
Martín Rodríguez, Memorias (no fueron fechadas y quedaron inconclusas a su muerte, acaecida en 1845).

Fuente Consultada:
 Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz
 Argentina de su país y de su gente María Sáenz Quesada
 Historia Argentina Escuela Secundaria Kapelusz

La Batalla de Caseros Antecedentes y Causas Fin Gobierno Rosista

Causas y Antecedentes de la Batalla de Caseros – Fin Gobierno Rosista

El 3 de febrero de 1852 en Monte Caseros el ejército de Urquiza derrotó al ejército de Rosas. Ese mismo día Rosas eleva su renuncia a la legislatura y busca refugio en un barco inglés. Es el fin de la tiranía.

Urquiza, gobernador de Entre Ríos, era de ideas netamente federales y ferviente partidario de Rosas.

Hacia 1850 el poder de Urquiza se ha robustecido y cada vez soporta menos el centralismo y las medidas despóticas del tirano.

Por otra parte el vigor del régimen rosista se ha desgastado. Como todos los movimientos dictatoriales a medida que ha logrado sus objetivos y garantiza un orden va perdiendo el entusiasmo provocado en sus comienzos.

Las provincias habían delegado en el gobernador de Buenos Aires la conducción de las relaciones internacionales. Cada año Rosas comunicaba a las provincias su renuncia al ejercicio de esta delegación y las provincias invariablemente lo confirmaban rivalizando en elogios a su persona.

En 1851, en ocasión de esta acostumbrada renuncia, Urquiza dictó un decreto retirando a Rosas las facultades de cuidar de las relaciones diplomáticas de su provincia.

El decreto establecía que la provincia de Entre Ríos atendería por sí misma las relaciones con los países extranjeros hasta la organización definitiva de la República. Es el llamado «pronunciamiento de Urquiza».

Pocos días después el gobernador de Entre Ríos dictó otro decreto por el que substituía el lema «Mueran los Salvajes Unitarios» que encabezaba todos los documentos oficiales por otro que decía «Mueran los enemigos de la organización nacional«. La ruptura con Rosas estaba consumada.

El 25 de mayo Urquiza lanzó una proclama en que expresaba su resolución de combatir por las armas la tiranía.

El día 29 firmó una alianza militar con Brasil, la Banda Oriental y Corrientes. Atacó y derrotó a Oribe que sitiaba a Montevideo.

En Diamante estableció sus campamentos y organizó el llamado Ejército Grande, con que se dispuso a avanzar sobre Buenos Aires. El ejército estaba compuesto por 24.000 hombres, incluidos 4.000 brasileños de cuerpos de línea.

El ejército marchó sin encontrar resistencias. Tampoco encontró simpatías y colaboración de los pueblos que atravesaba.

El encuentro se produjo en Caseros. Apenas se luchó pero la situación se definió categóricamente a favor de Urquiza.

De Santos Lugares Rosas envió su renuncia ese mismo día y se refugió en la casa del encargado de negocios de Inglaterra.

— Urquiza penetró con sus tropas en Buenos Aires que lo recibió con absoluta frialdad. El pueblo estaba disgustado y humillado por la presencia en el Ejército Grande de cuerpos militares brasileños.

— «Ni vencedores, ni vencidos» era el lema de Urquiza. Pero no se cumplió. Hubo venganzas y actos de barbarie por parte de los vencedores.

— Urquiza se encontró con serias dificultades. Los unitarios, sus aliados momentáneos, se creían dueños de la victoria y pretendían implantar una política centralista y porteñista.

El 27 de febrero Urquiza publicó una violenta proclama en que acusaba a los «salvajes unitarios» de reclamar la herencia de «una revolución que no les pertenecía, una victoria en la que no han tenido parte, una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición».

— Urquiza, dada la oposición unitaria, se retiró a Palermo. Mantuvo sin dudar el sistema federal y estableció cordiales relaciones con los gobernadores resistas de las provincias.

Firmó con los gobernadores de Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe el Protocolo de Palermo por el que estas provincias delegaban en él las relaciones exteriores.

Los gobernadores de provincia fueron invitados a una reunión para convenir las bases de una organización nacional. El acuerdo se celebró en San Nicolás el 31 de mayo de 1852.

En él se establece la vigencia del Pacto Federal de 1831 y se resuelve convocar un Congreso Constituyente a reunirse en Santa Fe. Cada provincia enviará dos diputados.

Se establece también que Urquiza desempeñará provisoriamente el cargo de Director Supremo.

Todas las provincias, excepto Buenos Aires, firman el acuerdo.

Antecedentes de la Batalla de Casero

El progreso de la ganadería encontraba un obstáculo en el estancamiento técnico en que la mantenía el saladerorosista. Se hacía necesario realizar un cambio en los modos de producción —introducción de razas finas, alambrado, selección zootécnica—, con las miras puestas en el mercado europeo.

Estas reformas se imponían primeramente en el mercado lanar, contraponiendo los intereses de estos ganaderos más progresistas, por necesidad de su propia producción, a la oligarquía vacuna, quien, ligada a la industria del tasajo, seguía empeñada en mantener la estructura atrasada que había determinado el tasajo.

Pero la industria del tasajo perdía fuerza a medida que la esclavitud desaparecía de América, en tanto que la demanda de lana iba en creciente aumento como consecuencia de la expansión de la industria textil en Inglaterra.

Del mismo modo que el tasajo había desplazando al cuero, ahora la lana desplazaba al tasajo. La industrialización ganadera introducía en el seno del régimen monolítico rosista un elemento de contradicción que le impedía fijarse. Esta modificación de los modos de producción no podía dejar del tener repercusiones políticas y social les.

Caseros sería el resultado de la coincidencia de intereses entre el ala progresista de la ganadería bonaerense y los ganaderos del litoral. La oligarquía bonaerense estaba dispuesta a entrar en la nueva onda europea, pero Rosas no estaba preparado mentalmente «para seguir la nueva corriente». El hombre que había sido la expresión de un determinado momento económico del país, no podía adaptarse a la nueva situación cuando la situación expresada por él era superada por los hechos.

Por otra parte, la dictadura empezaba a resultar un gasto superfluo, había sido necesaria para afianzar a la oligarquía en el poder, pero ahora podía solo en la vitalidad inherente a la pujante fuerza económica de la ganadería. La refinada oligarquía porteña empezó a ver con desagrado los métodos brutales de Rosas porque la violencia, aunque se producía en el propio interés de la oligarquía, no podía dejar de mancharle la ropa y arrojarla a veces a situaciones ridículas y humillantes que terminaron por irritarla.

Ya Anchorena exclamaba: «Ha entrado en un camino (Rosas) en el que yo no debo seguirlo ni puedo contrariarlo». Rosas había creado una situación en la que sus amigos podían seguir gobernando sin necesidad de él. El rosismo había agotado su función histórica.

Perdido el apoyo de la oligarquía que lo había levantado, ni siquiera intentó defenderse, y dejó el poder en las mismas manos de quienes lo había recibido. No es difícil imaginar cuál sería la actitud de los más notorios rosistas, pertenecientes a la oligarquía bonaerense, con respecto al vencedor de Caseros.

Al día siguiente, Nicolás Anchorena, Perrero, Vélez Sársfield y otros miembros representativos de la «clase decente» de Buenos Aires acudieron a Palermo a abrazar a Urquiza. Alberdi cuenta:»Le oí decir a Rosas que Anchorena, al acercarse Urquiza a Buenos Aires, le dijo que si triunfaba Urquiza «no le quedaba más remedio que agarrarse a los faldones de Urquiza y correr su suerte aunque fuese al infierno» y que en seguida lo abandonó».

Es característico de la oligarquía argentina no ser fiel a sus amistades políticas, sino tan solo a sus intereses económicos más inmediatos. Rosas había servido de chivo expiatorio, y cargó con la culpa de toda la tribu. Cuanto más comprometida estaba con el rosismo, más visiblemente antirrosista sería la oligarquía después de Caseros.

Para que los Anchorena, los Torres, los Terrero, pudieran seguir en el poder era preciso que Rosas no volviera nunca: «el tirano emigró sin la tiranía«, como diría Alberdi.

EL EJÉRCITO GRANDE ATRAVIESA EL PARANÁ: EL RELATO DE SARNIENTO.

«El sol de ayer ha iluminado uno de los espectáculos más grandiosos que la naturaleza y los hombres pueden ofrecer: el pasaje de un gran río por un grande ejército.

Las alturas de Punta Gorda ocupan un lugar prominente en la historia de los pueblos argentinos. De este punto han partido las más grandes oleadas políticas que los han agitado. De aquí partió el general Ramírez, de aquí el general Lavalle defendiendo principios políticos distintos. De aquí se lanza ahora el general Urquiza al grito de Regeneración de poblaciones en masa, y ayudado de naciones que piden paz y seguridad.

La Villa del Diamante ocupa uno de los sitios más bellos del mundo. Desde sus alturas, escalonadas en planos ascendentes, la vista domina un vasto panorama: masas ingentes de las plácidas aguas del Paraná, planicies inconmensurables en las vecinas islas, y en el lejano horizonte brazos del Río y la costa firme de Santa Fe, punto de partida de la gran cruzada de los pueblos argentinos.

Animaban la escena del paso de las divisiones de vanguardia la presencia de los vapores de la escuadra brasilera, y la llegada de las balsas correntinas, […] capaces de contener, en su recinto circundado de una estacada, cien caballos.

Al amanecer del día 23 todo era animación y movimiento en las alturas del Diamante, en la Playa, en los buques y en ias aguas.

En los países poco conocedores de nuestras costumbres, el juicio se resiste a concebir cómo cinco mil hombres, conduciendo diez mil caballos, atravesaron a nado en un solo día el Uruguay, en una extensión de más de una milla de ancho, y sobre una profundidad que da paso a vapores y buques de calado.

Esta vez el auxilio del vapor hacía innecesarios esfuerzos tan prodigiosos. Embarcaciones menores pasaban de una a otra orilla los batallones de infantería en grupos pintorescos que matizaban de vivísimo rojo la superficie brillante de las aguas.

El vapor D. Pedro, de ligerísi-mas dimensiones, remolcaba las balsas cargadas de caballos, pero aún no satisfecha la actividad del General en Jefe con estos medios, centenares de nadadores dirigían el paso de tropas de caballos, cuyas cabezas se diseñaban apenas, como pequeños puntos negros que interrumpían en líneas transversales la tersura del río.

Por horas enteras veíase algún nadador, luchando con un solo caballo, obstinado en volver atrás a la mitad del canal, mientras que el espectador se reposaba de la fatiga, que causa el espectáculo de tan prodigiosos esfuerzos, al divisar en la opuesta orilla los caballos que tomaban tierra, los batallones que desplegaban al sol sus tiendas, y allá en el horizonte los rojos escuadrones de caballería, que desde temprano avanzaban perdiéndose de vista en la verde llanura de las islas. […].

En medio de la variada escena del paso del Paraná descubrióse al Sud el humo de nuevos vapores que llegaban conduciendo tropas; y poco después túvose noticia que el general Mansilla había abandonado los acantonamientos de Ramallo, dejando clavados los cañones que guarnecían el Tonelero. Los entusiastas vivas de la población del Rosario saludaron a su paso a nuestros auxiliares, y varios oficiales del desconcertado Ejército de Rosas, obtuvieron pasaje en los vapores para reunirse a nuestras fuerzas.» […].

Domingo F. Sarmiento. Campaña en el Ejército Grande.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los primeros saladeros Politica economica de Rosas Expotacion tasajo

Los Primeros Saladeros  – Política Económica de Rosas

El auge del saladero: La consecuencia del comercio libre fue el desplazamiento de los comerciantes criollos por los ingleses. Aquellos optaron por retirarse luego de un intento de lucha a través del Consulado, y cambiaron las actividades comerciales por las ganaderas, integrándose dé ese modo a la división del trabajo mundial propugnada por Inglaterra. El saladero traerá el auge de la producción agropecuaria a partir de 1815, año en que Rosas abre su primer saladero, Las Higueritas, en Quilmes.

Primeros Saladeros

Primeros Saladeros

El saladero rosista no tendrá un carácter feudal como se lo asigna José Ingenieros —La evolución de las ideas políticas en la Argentina—, sino que constituye una etapa en el desarrollo del capitalismo argentino. Pero al mismo tiempo, y eso lo escamotean los resistas, marca el carácter dependiente, atrasado, semicolonial del capitalismo argentino! desde sus orígenes.

Con Rosas quedó establecido el sistema económico que convertiría al país en exportador de materias primas e importador de productos manufacturados, procedentes principalmente de Inglaterra, con la consiguiente dependencia que! estas relaciones implicarán, sobre todo a partir de la aparición del imperialismo, en las últimas décadas del siglo. La impotencia de la burguesía comercial para transformarse en una burguesía industrial provocó su sustitución política por la burguesía ganadera, la única clase productora, aunque de una producción subordinada al exterior.

El programa de una economía nacional, esbozado por Moreno e intentado vanamente por el grupo rivadaviano en su última época, será reemplazado en el grupo rosista por una economía estrechamente localista; los intereses del país serán desde entonces los intereses de la provincia de Buenos Aires, y los intereses de la provincia de Buenos Aires los intereses de la clase ganadera bonaerense. La rápida riqueza que trajo el desarrollo de la ganadería provocó el total desinterés de la oligarquía porteña por fomentar un desarrollo industrial, lo que, por otra parte, la hubiera malquistado con su principal consumidor de cuero, Inglaterra.

Esta grave deformación de la economía nacional, iniciada por Rosas y los estancieros saladeristas entre los años 20 y 30, se prolongará casi hasta la tercera década del siglo siguiente. Algunos resistas —José María Rosa en Defensa y pérdida de nuestra independencia ‘económica— alegarán que la apertura de los saladeristas hacia el mercado esclavista americano —Estados Unidos, Brasil, las Antillas— permitía a los ganaderos prescindir del mercado inglés y realizar, de ese modo, una política independiente. Tal enfrentamiento en realidad no existió. Los ingleses seguían siendo consumidores de los productos ganaderos al margen del tasajo y, por otra parte, el proceso de comercialización externo seguía en sus manos.

El total desinterés de la oligarquía ganadera bonaerense por el desarrollo de una industria nacional se mostró en la defensa del librecambio que hizo en 1830 el delegado de Rosas, José María Roxas y Patrón, él también un gran estanciero, frente a la posición proteccionista del gobernador de Corrientes, Ferré.

En tal ocasión, Roxas y Patrón, haciéndose portavoz de la oligarquía ganadera bonaerense, sostuvo que la ganadería era la industria madre del país y que no era justo que el consumo nacional pagara precios elevados por un producto industrial mediante una política proteccionista. Esta tesis sería repetida en diversas épocas por los representantes de la oligarquía ganadera para oponerse a todos los intentos de industrialización del país. Le cupo a Rosas el triste honor de ser el precursor de esta doctrina antinacional.

Los rosistas, que no pueden ocultar esta posición de Rosas, hacen una artificiosa división entré el primer gobierno de Rosas, en el que éste todavía estaría representando los intereses locales, y el segundo gobierno, donde, según ellos, expresaría los intereses nacionales a través de la Ley de Aduana de 1835.

En realidad, esta ley, limitadamente proteccionista, solo estuvo en vigencia seis años; fue levantada en diciembre de 1841, después del bloqueo francés. Había sido impuesta, en contra de la voluntad del grupo rosista, por la enorme presión de las provincias y de los pequeños industriales y artesanos de Buenos Aires.

PRIMEROS SALADEROS DE ARGENTINA: El primer establecimiento saladero de Buenos Aires fue creado en 1810 por los ingleses Roberto Staples y Juan Me Neile. En 1812, trabajaban en él cerca de sesenta hombres. En 1815, la sociedad formada por Juan Manuel de Rosas, Juan Terrero y Luis Dorrego estableció en Quilmes (provincia de Buenos Aires) el famoso saladero Las Higueritas. Posteriormente se instalaron otros en las orillas del Riachuelo. La actividad de los saladeros permitió el aprovechamiento integral del vacuno y la producción de carne para la exportación, y contribuyó a valorar la ganadería. El tasajo se exportaba a Cuba y Brasil para el consumo de los esclavos.

En 1821, la eliminación de los derechos de exportación de la carne salada transportada en buques nacionales favoreció ampliamente al sector que controlaba la actividad. A fines de 1820 había más de veinte saladeros en Buenos Aires.

Los saladeros emplearon trabajadores asalariados que tenían a su cargo una etapa de la producción. Luego de enlazar y matar a los animales elegidos, se les sacaba el cuero y se trozaba su carne en tiras. Éstas se apilaban con abundante sal entre capa y capa. Cada diez días se asoleaba la carne y se la apilaba nuevamente. Al cabo de cuarenta o cincuenta días el producto estaba listo.

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Historia Argentina de Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 Historia de una Nación Miretzky y Otros

Rivadavia y la oligarquia Formacion de la clase oligarca porteña

Rivadavia y la oligarquía-Formación de la clase oligarca porteña

La oligarquía se hace federal: En tanto Rivadavia representaba los intereses locales de la provincias de Bs.As., la oligarquía porteña fue unitaria. Cuando con el Congreso Constituyente de 1826 Rivadavia decide la organización nacional, la división de la provincia de Buenos Aires y la capitalización de la ciudad de Buenos Aires, la oligarquía bonaerense se hace furiosamente antirrivadaviana. ¡No era para menos!.

La nacionalización de Buenos Aires implicaba la nacionalización del puerto y de los derechos aduaneros, privilegios hasta entonces de la oligarquía porteña. «En realidad —explica Mirón Burgin—, la federalización de la ciudad de Buenos Aires era para la provincia la pérdida, primero, de una parte considerable de su territorio (comercialmente la más importante); segundo, de un cincuenta por ciento de la población y una proporción mayor de sus riquezas, y tercero, de casi todos sus ingresos». Como comenta Enrique Barba: «A Anchorena más que interesarle el problema de la Capital, le preocupaba el problema del Capital».

La oligarquía porteña comprendió que la política nacional de Rivadavia la despojaba de sus privilegios locales, ya que no podía disponer a su arbitrio de la tierra pública ni vender libremente sus productos a los ingleses ni mantener el monopolio de la Aduana. La ruptura con Rivadavia era inevitable. A partir de entonces adheriría al partido federal, capitaneado por Dorrego.

Sin embargo, los antecedentes políticos de la oligarquía estaban en una línea opuesta a la de Dorrego: venían del saavedrismo, pasaron luego al régimen directorial y, por último, al unitarismo. Dorrego, en cambio, procedía del morenismo, había sido antidirectorial, y admitía como antecedente directo a Artigas, en quien la burguesía porteña había centrado todos sus odios. Esa especie de Robín Hood de las pampas había tenido la osadía de promulgar una reforma agraria en la que se repartía la tierra entre los gauchos.

La inusitada adhesión de la oligarquía porteña, rabiosamente antiartiguista, al federalismo, fue observada por López: «Algunos de sus nombres servirían para que se juzgue de los elementos de acción que en su nueva forma había recibido el partido federal; partido que por su denominación al menos se ligaba a la insurrección litoral de los artiguistas, a quienes éstos habían combatido a muerte, rechazándolos antes como bárbaros, y adoptando ahora sus principios como necesarios y útiles a la provincia de Buenos Aires: García Zuñiga, Arana, Aguirre, Cavia, Rojas, Anchorena, Masa, Rosas, Ezcurra, Arguibel, Moreno, Balcarce, Escalada, Medrano, Obligado, Perdriel, Wright, Del Pino, Echevarría, Terrero, Vidal (Celestino), Izquierdo y .otros, en cuyo cómputo están todavía entroncados gran número de familias afincadas y notables de nuestro tiempo».

Pronto el grupo oligárquico desplazaría del partido federal al sector democrático apoyado en las masas populares urbanas. El federalismo democrático de Dorrego sería reemplazado por el federalismo oligárquico de Rosas, Anchorena y su pandilla.

El rosismo, expresión de la oligarquía:
La línea «populista» del rosismo intenta mostrar a Rosas como expresión de las masas populares. José María Rosa llega a hablar del «socialismo de Rosas». Los historiadores clásicos de la burguesía, en cambio, no se engañan al respecto, y nos muestran a Rosas como un típico representante de la oligarquía terrateniente bonaerense. El propio sobrino de Rosas, Lucio V., Mansilla, dirá: «En sus primeros tiempos, ser rico significaba para él todo; es un fin supremo. Todavía no ve que es un medio también. No hay antecedente que demuestre que el estanciero podrá llegar a tener gran ambición política. Despertóse esta después. En tal sentido, Rosas no se hizo; lo hicieron los sucesos, lo hicieron otros, algunos ricachones egoístas, burgueses con ínfulas señoriales, especie de aristocracia territorial que no era por cierto la gentry inglesa. Era hombre de orden, moderado, de buenas costumbres, con prestigio en el gauchaje; tras de él, estarían ellos gobernando».

Basta ver los nombres que componían la Legislatura que eligió a Rosas otorgándole las facultades extraordinarias, para tener una idea cabal del contenido de clase del gobierno rosista. Entre los legisladores estaban Nicolás y Tomás Anchorena, Aguirre, Obligado, Irigoyen, García Zuñiga, Escalada, Peña, Seguróla, Posadas.

Entre las familias que adornaban sus casas en la celebración de las fiestas federales se contaban las de Anchorena, García Zuñiga, Irigoyen, Escalada, Peralta, Elía, Azcuénaga, etc. La Sociedad Popular Restauradora estaba compuesta también por miembros prestigiosos de la oligarquía: Miguel de Riglos, Miguel de Iraola, Saturnino Unzué, Francisco Obarrio, Francisco Salas, Miguel Peralta, etc.

Pero será el propio Rosas quien en una reveladora carta del destierro nos diga que toda su acción política estuvo al servicio de los intereses económicos de los Anchorena: «Entré y seguí por ellos, y por servirlos en la vida pública.  Durante ella los serví, con notoria preferencia, en todo cuanto me pidieron y en todo cuanto me necesitaron. Estas tierras que tienen en tan grande escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios muy moderados. Hoy valen muchos millones, las que entonces compraron por pocos miles. Podría agregar mucho más, si el asunto no me fuera tan desagradable y el tiempo tan corto».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia Reparto de la Tierra Publica Objetivo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia – Reparto de la Tierra Pública

La ley de Enfiteusis y el reparto de tierras públicas:
En 1822 Rivadavia dictó la ley llamada de Enfiteusis, que fue aprobada el 18 de agosto por la Junta deRepresentantes, entre cuyos miembros se contaban, como siempre desde su creación, los Anchorena y los apellidos más prominentes de la oligarquía.

Teóricamente la ley se proponía una distribución racional de la tierra, una diversificación de la producción rural, fomentando la agricultura y la creación de una nueva clase media de colonos que enfrentara a la oligarquía terrateniente.

Pero al ser llevada a la práctica esta ley produjo su propia negación: no fueron los inmigrantes labriegos, con los que soñaba utópicamente Rivadavia, quienes se repartían la tierra, sino precisamente la gran oligarquía terrateniente y hacendada, que ya tenía tierras desde la época de la colonia y que no hizo sino extender sus posesiones.

Basta leer las listas de enfiteutas para comprobarlo. «La mayoría de los nombres de los enfiteutas —dice Jacinto Oddone— son bien conocidos. Los oímos pronunciar todos los días.

En cualquier momento los podemos leer en la crónica social de los grandes diarios de la Capital Federal y de las ciudades y pueblos de campaña. Los llevan los personajes más encumbrados de nuestro gran mundo y muchos directores de la política nacional y provincial.

Sin embargo, es seguro ¿que por más previsores que hayan sido aquellosenfiteutas, han de haber estado lejos de sospechar que la tierra pública que el gobierno concedía en el año 1822, de valor ínfimo, casi nulo, convertiría en millonarios a sus descendientes de tercera o cuarta generación, haciéndolos dueños del suelo de la provincia».

En la lista de enfiteutas figuran los siguientes apellidos famosos: Aguirre, Anchorena, Alzaga, Alvear, Arana, Arroyo, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Cabral, CascaMares, Castro, Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Gowland, Guerrico, Irigoyen, Lacarra, Larrea, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Quiroga, Quirno, Rozas, Sáenz Valiente y tantos otros. Los inmigrantes que quería Rivadavia, por supuesto, no llegaron nunca a ocupar esas tierras.

Es fácil prever cómo se sabotearía el proyecto de inmigración, si observamos que la comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos —creada por decreto de Rivadavia del año 1824— estaba presidida por el primo de  Anchorena, Juan Pedro Aguirre, e integrada entre otros por el propio Juan Manuel de Rosas.

En 1828, la oligarquía terrateniente que domina la Legislatura consiguió  modificar la Ley de Enfiteusis para que aprovechara más aun a sus intereses. En un debate de la Legislatura llevado a cabo en enero de 1828, el general Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras, limitando así el derecho de propiedad.

En sesiones que van del 6 al 16 de febrero, Tomás de Anchorena sostuvo el proyecto de reforma en el sentido en que lo promulgaba Viamonte. De este modo la Ley de Enfiteusis perdía hasta su último rasgo progresista, para convertirse lisa y llanamente en el gran negociado de la burguesía terrateniente bonaerense.

Como los que resultaban favorecidos con la Ley de Enfiteusis eran los mismos que la habían votado en la Legislatura, puede decirse que comenzó con esa Ley la historia del latrocinio y el despojo de las tierras» públicas por la oligarquía porteña. Durante el gobierno de Rosas no le resultaría muy difícil a esta misma oligarquía, que seguía vinculada al gobierno, conseguir que éste les concediera la propiedad privada de las tierras que les habían sido entregadas en carácter de enfiteusis. El despojo quedaba de ese modo legalizado. En 1837 vencían los diez años de plazo otorgado a la enfiteusis: se aumentaba a partir de entonces el canon al doble.

El gobierno de Rosas, mediante un decreto del 19 de mayo de 1836, vendió 1.427 leguas —de las otorgadas en enfiteusis— a 253 adquirentes. En la nómina de los compradores se repiten los mismos nombres que en la de los enfiteutas, es decir, los tradicionales apellidos de la oligarquía porteña. Pero no solamente la oligarquía se aprovechaba de todos los privilegios que le otorgaba su participación en el gobierno, sino que, además, trataba, cuantas veces podía, de estafar al propio gobierno. En 1825 y 1826 fueron multados, entre otros, Tomás, Juan José y Nicolás Anchorena por evasión de impuestos.

La enfiteusis
La enfiteusis dejó triste saldo de su tortuosa aplicación: de 1822 a 1830. 538 propietarios en total obtuvieron por lo menos 3.026 leguas, o sea 8.656.000 hectáreas. Alcanzado este limite, la enfiteusis no convino más a los propios interesados que la votaron: son los grandes enfiteuta —los mismos que clamaban por limitaciones en las superficies acordadas cuando ellos alcanzaron límites casi infranqueables— los que ahora desean abolir el régimen. La actitud era lógica pues no convenía mantener esas enormes extensiones bajo un sistema que en definitiva reservaba las tierras al Estado: además, pese a todos los favoritismos, no se pudo evitar que se abrieran camino hacia la tierra, y su explotación directa, otros productores cuya proliferación afectaría fundamentalmente privilegios creados de antiguo.

GIBERTI, Horacio C.E.. Historia económica de la ganadería argentina

ENFITEUSIS
«Enfiteusis» es la «cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de una finca mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, el cual conserva el dominio directo».

El ingeniero agrónomo Emilio A. Coni publicó en 1927, en la imprenta de la Universidad de Buenos Aires, La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Coni asegura: «No se había hecho hasta hoy un estudio serio, cronológico y documentado de la enfiteusis y su aplicación. Dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda. Los demás autores no hicieron sino repetirlos. […] Confieso que antes de iniciar el estudio tenía ya mis dudas sobre la excelencia del sistema eufitéutico. Algunos datos aislados que había conseguido me lo hacían sospechar. Pero lo que más pesaba en mi espíritu para mantener esa duda era la opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valer que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema. Mitre, Sarmiento, Tejedor, Alberdi y Vélez Sarfield, por no citar sino a los principales, fustigaron a la enfiteusis con frases lapidarias y la calificaron de perniciosa. […] La enfiteusis rivadaviana no es de Rivadavia, sino el producto de un proceso histórico en el que participaron muchos hombres públicos, y que empieza con la hipoteca de las tierras públicas de acuerdo con el criterio de la época.

de que la mejor garantía para el crédito era la inmobiliaria. Y no pudiendo venderse la tierra hipotecada se dio en enfiteusis. Descubrí en la enfiteusis de 1826 tres gravísimos defectos, fundamentales para una ley de tierras públicas. Faltábale el máximo de extensión, lo que permitía otorgar 40 leguas cuadradas a un solo solicitante. No obligaba a poblar, de lo cual resultaba que la tierra se mantenía inculta y baldía esperando la valorización. Y la libre transmisión de la enfiteusis sólo servía, sea para acaparamientos, algunos superiores a 100 leguas cuadradas, o para el subarrendamiento expoliatorio de los infelices de la campaña por los poderosos de la ciudad.»

Ley Nacional de Enfiteusis del 18 de mayo de 1826
«Artículo 1°) Las tierras de propiedad pública… se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos, de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1° de enero de 1827.

Artículo 2°) En los primeros 10 años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.

Artículo 3°) El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos…

Artículo 5°) Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolverá definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.

Artículo 6°) La renta o canon que por el artículo 2° se establece, empezará a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.

Artículo 7°) El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.

Artículo 9°) Al vencimiento de los 10 años que se fijan en el artículo 2°, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la Legislatura acuerde».

PARA SABER MAS…
ESTADO Vs. IGLESIA EN ESTA ETAPA RIVADAVIANA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…) El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…). La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.»

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia. La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas. Corno resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo. Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater. Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate. Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia. Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de «la Recoleta» , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante. En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable. El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia. La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

Establecimiento de la Enfiteusis
Dos decretos del gobierno de Buenos Aires establecieron las bases del régimen de enfiteusis. El del 17 de abril de 1822 que ordenó la inamovilidad de las tierras públicas prohibiendo su venta, y el del 1- de julio del mismo año que, además de ratificar el anterior, dispuso en el artículo 2a que: «Los terrenos que expresa el artículo anterior (los fiscales) serán puestos en enfiteusis con arreglo a la minuta de ley sobre terrenos».

Como consecuencia de esto último se comenzaron a otorgar tierras en enfiteusis, pese a que no se dictó la legislación necesaria para reglamentarla. De esta forma se entregaron propiedades sin límites de extensión que en lugar de fomentar el poblamiento de la campaña favorecieron la especulación y la concentración de la tierra en pocas manos.

Después que se constituyeron las autoridades nacionales, el Congreso nacional y la presidencia de la República, fue sancionada el 18 de mayo de 1826 la ley nacional de enfiteusis. En el art. 12 establecía que las tierras «se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1e de enero de 1827».

El art. 2a que «En los primeros diez años el que la reciba en esta forma pagará al Tesoro Público la renta o canon correspondiente a un 8 por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un 4 por ciento si son de para llevar». El 39 decía que el valor de las tierras sería fijado «por un jury de propietarios de los más inmediatos…». Los art. 4° y 5° se referían al funcionamiento del jury; el 62 a la fecha en que comenzaba a correr el canon; el art. 7- concedía que «El canon correspondiente al primer año se satisfará por mitad en los dos años siguientes»; el 8a se refería a que el Gobierno fijará los períodos para pagar el canon; y el que disponía que al término de los primeros diez años la legislatura fijaría el canon según el nuevo valor de las tierras.

Esta ley tenía dos fallas fundamentales. La primera y más importante era que no establecía límites de extensión ni de cantidad de contratos a los enfiteutas. De esta manera, los más influyentes consiguieron cesiones que, en algunos casos, superaron más de 100 leguas cuadradas (Tomás de Anchorena 118, es decir, 318.581 hectáreas) en las mejores zonas de la pampa húmeda.

Otro de los errores de la ley, en perjuicio del Estado y de sus fines, era que un jury de propietarios, según el art. 3-, fijaría el valor de las tierras. Como obviamente éstos era estancieros, y también enfiteutas, indudablemente deprimirían los valores. Pero no terminaba aquí el perjuicio para el Estado. Al respecto señala Jacinto Oddone en «La burguesía terrateniente argentina»: «No paró allí la audacia de los especuladores. Hemos visto con la lectura de la ley, que los enfiteutas debían abonar un canon al Estado por el uso de la tierra. Pues bien; pocos fueron quienes lo pagaron. Y el gobierno, que había cifrado sus esperanzas en ese grupo para abonar sus gastos, mayores después del empréstito del 27 de octubre (se refiere al empréstito Baring) y la guerra con el Brasil, se encontró de repente sin tierras y sin rentas».

De acuerdo con estos resultados, la enfiteusis rivadaviana, pese a que tenía objetivos muy distintos, significó el comienzo de la formación de los grandes latifundios en la provincia de Buenos Aires, en donde están las mejores tierras del país, que fueron consolidados por Rosas al entregar en propiedad las tierras concedidas a los enfiteutas, y por los gobiernos provinciales y nacionales que le siguieron, quienes otorgaron donaciones y cedieron, por ventas a baje precio, ingentes extensiones.

Ver También: Grupo Que Acompañaba a Rivadavia

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Argentinos de Jorge Lanata

La Oligarquia en la Revolucion de Mayo Anchorena, Lezica, Escalada

La Oligarquía en la Revolución de Mayo

La oligarquía toma el poder: La Revolución de Mayo fue dirigida por intelectuales como Moreno, Belgrano y Castelli, que no pertenecían al grupo de los ricos comerciantes; formaban más bien lo que hoy se llamaría la clase media. Los ricos comerciantes, almaceneros, contrabandistas, agiotistas y especuladores de Buenos Aires, con su limitado horizonte de intereses exclusivamente personales, no podían ver de buen modo la revolución que venía a perturbar sus negocios.

semana de mayo, el cabildo porteño

De ellos nos dirá José María Ramos Mejía: «Eran ante todo comerciantes, y el comercio se aviene poco con las locuras juveniles y las improvisaciones impulsivas de la muchedumbre que venía empujándolos de atrás. Su espíritu mercantil, estimulado por la ausencia de vida intelectual, se les había ido en vicio, y cuando las exigencias del momento los obligó a actuar en la vida pública se les vio entrar con cierta parquedad recelosa, revelando la fuerte gravitación de sus costumbres seculares y la ausencia ingénita de actitudes para otras cosas que el menudo negocio, a los pechos del cual habían amamantado sus ideas».

La oligarquía fue, pues en un primer momento, desplazada por los jóvenes revolucionarios, pero esperaba la oportunidad para tomar el poder. En julio de 1812 se descubrió una conspiración de los reaccionarios encabezada por Martín de Alzaga.

La conspiración fracasó y Alzaga fue ahorcado, pero, a poco, los Anchorena, los Lezica y las principales familias de Buenos Aires, que no podían ver con buenos ojos la política progresista de la Asamblea del año 13, se fueron reuniendo, si no todavía en un partido, al menos en una agrupación anónima de opositores al gobierno, que tenía, como dice Vicente Fidel López, «su base principal en las clases antiguas del municipio, especie de aristocracia colonial que había entrado en la Revolución con un fuerte sentimiento de americanismo, pero con el ánimo de mantenerla circunscripta y prudente bajo su influjo, sin darse cuenta de los fines propios y nuevos que ella entrañaba».

Altivos y caballeros, por la tradición y por la acendrada honorabilidad de su viejo y rico hogar, los hombres que componían esa elevada burguesía conservaban en sus perfiles patricios algo del pater familias. Reaccionarios, por consiguiente, en cuanto al desarrollo político de la Revolución, miraban con profundo enojo que ella se extraviara en manos de una oligarquía joven que los humillaba por la condición de sus talentos y que monopolizaba el poder político en nombre de ideas y de intereses abiertamente contrarios al influjo personal y colectivo de sus antecedentes».

Pero la situación internacional se volvería a partir de 1814 favorable para los viejos pelucones de Buenos Aires. Una ola de reacción inundaba el mundo entero.

Napoleón había sido derrotado. En toda Europa se restauraba el régimen monárquico. Fernando VII volvía a ocupar el trono de España. Esta situación europea no podía dejar de reflejarse en América, donde la reacción desplazaba por completo al poder ya bastante diezmado del grupo jacobino.

A la revolucionaria Asamblea del año  13 sucederá el reaccionario Directorio y la Junta de Observación, integrada por los miembros de la más rancia oligarquía, los Anchorena en primer término. Ahora los Moreno, los Castelli, los Monteagudo desaparecían de la escena política y volvían los viejos pelucones, dispuestos a vengar los agravios.

Había pasado la época romántica de la revolución, donde ellos, ni por los intereses que representaban ni por sus aptitudes personales, podían jugar ningún papel preponderante. Ahora, en el momento del reflujo revolucionario, les llegaba su turno. Alberdi explica con su habitual agudeza este cambio de hombres: «El tiempo y el trabajo que emplearon para crear la nación lo perdieron para hacer su fortuna propia y personal; al revés de otros, que emplearon el tiempo y trabajo que no dieron al país en hacerse ricos».

Cuando acabó la guerra y estuvo hecha la independencia de la patria, los hombres capaces de ideas generales se encontraron sin el poder que da la fortuna; y los que se encontraron ricos y poderosos no tenían ideas generales ni más capacidad que la de comprender y conducir cosas y negocios de un gobierno de provincia».

Entre estos últimos se encontraría Juan Manuel de Rosas, retraído en las tareas rurales que lo enriquecían en tanto los jóvenes de su generación sacrificaban su fortuna, su vida por la causa de la emancipación.

La Honorable Junta de Representantes:
Parlamento de la oligarquía
:
A partir de 1820, fecha clave de la historia argentina, el Cabildo sería sustituido por una Honorable Junta de Representantes, que luego sería llamada Sala de Representantes o, más comúnmente, la Sala. Algunos historiadores consideran a esta Junta como el origen del gobierno representativo y la democracia argentina.

Ricardo Levene la llama «institución típica del gobierno representativo federal». La verdad es que se trataba de una institución típicamente oligárquica, surgida de elecciones restringidas, por medio de la cual la oligarquía terrateniente y hacendada porteña controlaba el poder. Basta para probar el contenido oligárquico de esta Junta, ver en qué forma fueron elegidos sus miembros. En una ciudad que contaba en esos años con 98.000 habitantes, solo votaron 128 ciudadanos, elegidos por supuesto entre los más ricos, a los que en el folklore local se conocía con el nombre de los «Viejos».

De esa elección saldrían elegidos legisladores de nombres muy representativos, entre los que se contaban los principales apellidos que constituirían durante más de un siglo las grandes familias; Anchorena, Lezica, Aguirre, Oliden, Obligado, Escalada. Bastaba con el voto de parientes y amigos para poder ser elegido. Tomás Anchorena, por ejemplo, fue elegido por el reducido margen de solo diez votos. Estas t gras cifras dejan al descubierto falacia de quienes siguen hablan de la representatividad de la Junta.

De todos modos, la oligarquía teñía sus excusas. Así, cuando alguien do nuncio que de una ciudad de 90.000 habitantes solo habían votado menos de doscientos, se le respondió quo esos doscientos eran la parte más sensata de la población: la sensatez; por supuesto, implicaba la posesión de las mayores riquezas.

Esta primera Sala de Representantes sería un factor de nucleamiento del nuevo grupo político destinado a gobernar en los próximos treinta años, teniendo como único objetivo los intereses de la ciudad de Buenos Aires y la defensa de sus privilegios aduaneros. Muchos de sus miembros pasarían a formar parte del unitarismo en el momento en que Rivadavia estaba en auge, para convertirse pronto en sus tenaces enemigos y pasar a formar parte del federalismo porteño o rosismo, que sería el partido que mejor los representaría, como que su máximo líder, Juan Manuel de Rosas, era, como todos ellos, un rico hacendado.

El «17 de octubre» del siglo XIX
En ese mismo año 20, la oligarquía porteña pasa por la más grave crisis sufrida en todo el siglo XIX. Cuando el gobernador Sarratea firmo con los caudillos López y Ramírez el Tratado del Pilar, volvió a la ciudad acompañado por estos y numerosa escolta de hombres desaliñados, vestidos de bombachas y ponchos, sin que pudiera distinguirse quiénes eran jefes y quiénes soldados.

Toda esa chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo, donde se les había preparado un refresco de brebaje en festejo de la paz. Fácil es conjeturar la indignación y la ira del vecindario al verse reducido a soportar tamañas vergüenzas y humillaciones».» Todas las grandes familias de la oligarquía porteña, desde los balcones con rejas de sus casas, vieron llegar a la Plaza de la Victoria a esas masas gauchescas con e! mismo estupor con que ciento veinte años después sus nietos verían llegar a los obreros el 17 de octubre de 1945.

Vicente Fidel López, coherente defensor de su clase, describiendo aquella escena reflexiona amargamente sobre los inconvenientes de la democracia. «Se esperaba por unos momentos un saqueo a mano armada de cinco mil bárbaros desnudos, hambrientos, excitados por las pasiones bestiales que en esos casos empujaban los instintos destructores de la fiera humana, que, como «multitud inorgánica», es la más insaciable de las fieras conocidas: cosas que debe tener presente la juventud expuesta por exceso de liberalismo a creer en la excelencia de las teorías democráticas que engendran las teorías subversivas del socialismo y del anarquismo contra las garantías del orden social».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Ideas Politicas de Moreno Ideales liberales Igualdad de Rousseau

Ideas Políticas de Moreno Ideales de Libertad

MARIANO MORENO
Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María del Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor. Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos. Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.  En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

Moreno Mariano

IDEAS POLÍTICAS: ROUSSEAU Y MORENO
Mariano Moreno —no obstante su tan prematura muerte— fue el paladín de la Independencia, el más importante pensador roussoniano en el Plata y el más enérgico propulsor de la acción política entre sus contemporáneos. La actividad pública en estos campos la desarrollaba, principalmente, a través de la Gaceta, que dirigió cuando fue miembro de la Junta de Mayo, y también por intermedio de los núcleos que acaudillaba o cuyo guía ideológico era.

Su muerte, aunque dejó un sensible vacío entre sus partidarios, no significó la eliminación de éstos del escenario político, porque era demasiado arraigada su influencia. En efecto, después del deceso de su líder, los morenistas pronto rehicieron sus filas y se lanzaron al combate en la forma propia de aquella época: formando Sociedades Patrióticas, a ejemplo de los clubes jacobinos de la Francia revolucionaria.

La Primera Sociedad Patriótica y Literaria fue establecida formalmente en marzo de 1811. Era el famoso club en el Café de Marcos, que tanto preocupó a los enemigos del finado propagandista de los principios roussonianos y osado pensador político.

Ignacio Núñez, secretario de Moreno y su partidario entusiasta, dice que los socios del club se reunían noche a noche, leían disertaciones escritas y las debatían. Afirma también que las reuniones eran muy animadas.

«Se hablaba contra la injusticia de la conquista emprendida sobre estos países por los españoles, sobre los derechos primitivos de los indios, la cedida y la crueldad de los españoles. (…) Se sostenía el principio de que e. pueblo había reasumido la soberanía desde que el emperador de los franceses había cautivado la de los reyes; que el pueblo tenía derecho de darse la constitución que mejor asegurase su existencia, y que la mejor constitución era la que garantiza a todos los ciudadanos, sin excepción, sus derechos de libertad, de igualdad y de propiedad.

BOLESLAO LEWIN,
MARIANO MORENO,
SU IDEOLOGÍA Y SU PASIÓN.

El Nuevo Mundo
Todo País que se halla bajo una constitución tiránica tiene derecho para romperla. Toda insurrección que se dirige a libertar una Provincia de la opresión, es legítima. Aquel Hombre es libre que goza de las clases de libertad que le corresponden en lo físico, en lo moral, en lo religioso, y en lo civil. Un Estado es libre cuando es gobernado por la voluntad común de los Individuos que lo componen, y cuando cada individuo regido por el Gobierno que hayan adoptado sus representantes, puede considerarse como Legislador de sí mismo.

Ahora: hay diferentes grados en la libertad de que es susceptible un Estado; pero no hay medio entre ser libre, o ser esclavo. Un Estado pequeño es capaz de mayor perfección en la exhibición de sus sufragios, que uno muy extenso, y será por tanto más libre; pero siempre se requiere que la voluntad de sus miembros material o virtualmente haya formado la constitución, para no considerarlo tiranizado.

¿Cuál era el estado en que se hallaba la América al tiempo de caer la Familia de los Borbones? Sin Constitución propia, sin Representantes, sin defensores, agobiada con impuestosy contribuciones forzosas, cuya distribución no podía examinar, no contaba ninguno de los privilegios que pudieran hacerla gloriar con el augusto nombre de libre. Yo no pretendo inculcar sobre las extorsiones que ha sufrido el Nuevo Mundo del yugo de sus Poseedores: basta hacer ver que no era libre, para demostrar que era esclavizado.

Sus Leyes estaban formadas por los Conquistadores; y aun cuando éstas fuesen las más adecuadas para su gobierno, ni había restricciones que se opusiesen a los abusos del poder, ni Cuerpo propio que vigilase sobre la observancia de la Constitución. Las Colonias en una palabra, tenían tanta parte en el Código que las gobernaba, como en las Leyes del Japón. (…)

Semejante conducta no puede sincerarse con la autoridad que arbitrariamente se suponga en los Pueblos de la Península sobre los de América, porque ninguna Comunidad tiene poder alguno sobre otra Comunidad que no le está incorporada por una representación competente. Sólo en este caso es que un Pueblo puede llamarse libre, y sólo siéndolo debe conservar su constitución.

MANUEL MORENO,
VIDA Y MEMORIA DEL DOCTOR
DON MARIANO MORENO.

Sobre la constitución del Estado
Separado Fernando VII de su reino, e imposibilitado de ejercer el supremo imperio que es inherente a la corona; disuelta la Junta Central, a quien el reino había constituido para llenar la falta de su Monarca; suspenso el reconocimiento del Consejo de Regencia, por no haber manifestado títulos legítimos de su inauguración, ¿quién es el supremo jefe de estas provincias, el que vela sobre los demás, el que concentra las relaciones fundamentales del pacto social, y el que ejecuta los altos derechos de la soberanía del pueblo? El congreso debe nombrarlo.

Si la elección recayese en el Consejo de Regencia, entraría éste al pleno goce de las facultades que la Junta Central ha ejercido; si recae en alguna persona de la real familia, sería un verdadero regente del reino; si se prefiere el ejemplo que la España misma nos ha dado, no queriendo regentes, sino una asociación de hombres patriotas con la denominación de Junta Central, ella será el supremo jefe de estas provincias, y ejercerá sobre ellas durante la ausencia del Rey los derechos de su persona con las extensiones o limitaciones, que los pueblos le prefijen en su institución.

La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey; pueden pues aquéllos modificarla o sujetarla a la forma, que más le agrade, en el acto de encomendarla a un nuevo representante: éste no tiene derecho alguno, porque hasta ahorano se ha celebrado con él ningún pacto social; el acto de establecerlo, es el de fijarle las condiciones que convengan al instituyente; y esta obra es la que se llama constitución del Estado.

Más adelante explicaré cómo puede realizarse esta constitución, sin comprometer nuestro vasallaje al Sr. D. Fernando; por ahora recomiendo el consejo de un español sabio, y patriota, que los americanos no debieran perder de vista un solo momento.

El Dr. D. Gaspar de Jovellanos es quien habla, y es esta la segunda vez, que publico tan importante advertencia. La nación, dice hablando de España, después de la muerte de Carlos II, no conociendo entonces sus derechos imprescriptibles, ni aun sus deberes, se dividió en bandos y facciones; y nuestros abuelos olvidados de su libertad, o de lo que se debían a sí mismos, más celosos todavía de tener un Rey, que a su antojo y cuando sólo debieran pelear para asegurar los unos a los otros, discutían sobre si la casa de Borbón de Francia, o la de Austria en Alemania habían de ocupar el trono español.

Yo deseara, que todos los días repitiésemos esa lección sublime, para que con el escarmienta de nuestros padres, no nos alucinemos con el brillo de nombrar un gobierno supremo, dejando en su arbitrio hacernos tan infelices, como lo éramos antes.

MARIANO MORENO, ESCRITOS.

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno Moreno Saavedra

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno

MARIANO MORENO
Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María del Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor. Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos.

Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.  En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno

Saavedra y Moreno

ENFRENTAMIENTO ENTRE SAAVEDRA Y MORENO: Frente a frente, uno de levita y otro de uniforme, Moreno de Chuquisaca y Saavedra de Potosí, se odian pero no se desprecian «Impío, malvado, maquiavélico», llama el coronel al secretario de la Junta; (…) El primer incidente ocurre cuando los jacobinos descubren que diez jefes municipales están complotados contra el nuevo poder.

En una sesión de urgencia Moreno propone «arcabucearlos» sin más trámite, pero Saavedra le responde que no cuente para ello con sus armas. «Usaremos entonces las de French», replica un Moreno siempre enfermo, con el rostro picado de viruela, que acaba de cumplir 30 años. Al presidente lo escandaliza que ese mestizo use siempre la amenaza del coronel French, a quien hace espiar por sus «canarios», una especie de soplones manejados por el coronel Martín Rodríguez.

Los conjurados salvan la vida con una multa de dos mil pesos fuertes, propuesta por el presidente. «¿Consiste la felicidad en adoptar la más grosera e impolítica democracia? ¿Consiste en que los hombres impunemente hagan lo que su capricho e interés les sugieren? ¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de su; bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? ¿Consiste en la libertad de religión y en decir con toda franqueza me cago en Dios y hago lo que quiero?», se pregunta Saavedra en carta a Viamonte que lo amenaza desde el Alto Perú.

Desde fines de agosto, Moreno ha hecho aprobar por unanimidad el Plan secreto de operaciones que recomienda el terror como método para destruir al enemigo emboscado. (…) Pero es la aplicación de ese método sangriento lo que garantiza el triunfo de la Revolución. Hasta la bayoneta, la conspiración de Alzaga, como la contrarrevolución de Liniers, terminaron en suplicio y los españoles descubrieron, entonces, que los patriotas estaban dispuestos a todo: «Nuestros asuntos van bien. porque hay firmeza y si por desgracia hubiéramos aflojado estañamos baje tierra. Todo el Cabildo nos hacía mal guerra que los tiranos mandones de! virreinato«, escribe Castelli antes de se: llevado a juicio.

OSVALDO SURIANO,
SIN PARAGUAS NI ESCARAPELAS.

CONFERENCIA DEL 18 DE DICIEMBRE DE 1810. El 18 de diciembre se debatió si los diputados del interior debían o no incorporarse a la Junta. Debe señalarse que si se adoptaba la primera actitud quedaba diferido el congreso que debía decidir la suerte de estas tierras y quizá concretar el anhelo emancipador. Pese a la circular del día 27 de mayo, la Junta había manifestado en múltiples ocasiones que los diputados concurrirían a formar un congreso aparte, pero aquel documento, que según, se dijo entonces era fruto de la inexperiencia o quizá resultado del momento que se vivía, dio pie al debate.

En la votación Moreno, opuesto a dicha incorporación, quedó derrotado. Pese a que Saavedra y los otros vocales reconocieron la ilegalidad de esa incorporación la apoyaron, según expresaron, por conveniencia pública. Derrotado Moreno, presentó su renuncia y fue enviado a Londres en misión diplomática; hallándose en viaje el paladín de la Revolución falleció repentinamente el 4 de marzo de 1811, a los 32 años de edad. El alejamiento del activo funcionario —como señaló uno de sus contemporáneos— abrió un paréntesis en los progresos hacia la independencia.

IDEOLOGÍA REVOLUCIONARIA DE MARIANO MORENO:
En sus aspectos más salientes se pueden observar los siguientes puntos:

• La aplicación de una política revolucionaria de terror de Estado (imponer miedo a través de ejecuciones sumarias, etc.) para con los enemigos desenmascarados del proceso revolucionario.

• Fomentar la sublevación de las provincias donde el poder de las autoridades coloniales era aún manifiesto, a través del establecimiento de diversas expediciones militares que posibilitasen la rebelión de los sectores de la población de dichos territorios, adictos al movimiento revolucionario.

• Fundamentar la justicia del nuevo gobierno ante la escasa cantidad de autoridades reales que ! aún subsistían en la Península. Esta justificación debía partir de la expresión de las distintas instituciones del Río de la Plata, como serían los cabildos de cada una de las ciudades.

• Negociar con las potencias europeas el reconocimiento del nuevo gobierno, sin comprometer la libertad de maniobra del mismo.

• Proteger la industria, minería y agricultura del país, para permitir su desarrollo. Expropiar al bando enemigo para solventar los gastos de la guerra.

• Fomentar la independencia y revolución en el resto de América, y en especial, en las colonias portuguesas del Brasil, a partir, si era necesario, del envío de una expedición militar.

Dentro de este esquema de gobierno es comprensible la dureza revolucionaria en hechos tales como el fusilamiento de los conjurados de Córdoba, la actitud frente a los funcionarios coloniales, la declaración de la guerra hacia las autoridades de Montevideo…

PARA SABER MAS…
De origen modesto, Moreno nació en Buenos Aires en 1778. Como tantos  en su época, se educó en el Colegio de San Garios, y luego en la Universidad de Chuquisaca, se graduó primero en derecho canónico y más tarde obtuvo el título de abogado. Allí se casó, nació su único hijo y se inició en el ejercicio profesional. En 1805 regresó a Buenos Aires.

Saavedra, en cambio, provenía de una familia tradicional y acaudalada. Había nacido en 1759, en la hacienda La Fombera, cerca de la Villa Imperial de Potosí. La familia volvió a Buenos Aires, cuando él contaba 6 años. Fue también alumno del Colegio de San Carlos, de donde egresó en 1776. Se casó dos veces y de ambos matrimonios tuvo varios hijos.

Mediaba entre ellos casi una generación, pero la circunstancias de su nacimiento y de su educación los vincularon a los mismos ámbitos. Ocurriría otro tanto con el desempeño laboral. Ambos prestaron servicios en la administración virreinal: los dos en el Cabildo de Buenos Aires y, además, Moreno en la Audiencia y Saavedra en el Consulado. Frente a las Invasiones Inglesas, Saavedra fue combatiente y elegido jefe del recientemente creado Regimiento de Patricios. Moreno no empuñó las armas, dejó sí un Diario, donde analizó la situación, deploró la conducta española, exaltó la reacción de Buenos Aires y consignó su propia amargura frente a los hechos. El movimiento de Alzaga los encontró en bandos diferentes, los sucesos de Mayo volvieron a reunirlos.

Cuando Moreno llegó a la Junta de gobierno, como secretario, si bien no había frecuentado desde el principio las reuniones que mantenían los integrantes del grupo revolucionario, su actuación era conocida, se lo sabía hombre de ideas claras y al tanto de las nuevas corrientes de pensamiento. Muy pronto, su entusiasmo lo proyectó a un primer plano y se gestó una solidaridad creciente entre él y los ideólogos de la revolución.

La obra gubernativa de la Junta, por cierto, llevó su sello. Saavedra fue el presidente del gobierno nacido en Mayo porque era un comandante respetado por propios y ajenos, militares y civiles. Su opinión tenía peso por sí misma y su palabra y su acción definieron muchas instancias. Era el símbolo del arbitraje político que ejercían los militares.

El fervor jacobino de Moreno y la moderación apaciguadora de Saavedra terminaron por enfrentarlos en el seno de la Junta. Moreno fue el primero en apartarse y la muerte se lo llevó en seguida. Saavedra vivió aún muchos años, pero lo alcanzó la tragedia del exilio. Los dos habían sido necesarios. Sin ellos, no se sabe cómo hubiera sido la revolución pero, sin duda, muy diferente.