La Noche de los Cristales Rotos

El Gueto de Varsovia Guetto o Campo Concentracion en Polonia

El Gueto de Varsovia
El Guetto de Polonia

En 1939, los nazis reimplantaron en Europa una forma de control social que se había abolido en el siglo XIX: el gueto. Aunque el término generalmente se utiliza para describir una zona urbana empobrecida y segregada, su significado original se refería a las zonas amuralladas de las ciudades europeas, donde los judíos se hallaban legalmente confinados.

Tras la invasión de Polonia, los alemanes restablecieron los guetos judíos, el primero en la ciudad de Lodz. Luego otro en Varsovia y finalmente todas las poblaciones polacas con población judía significativa tuvieron el suyo. El gueto estaba rodeado por un muro que en la parte superior tenía alambradas. Las entradas estaban vigiladas día y noche: se controlaba todo movimiento de entrada y salida. Las condiciones de vida resultaban denigrantes: la media por habitación era de trece personas.

El Ghetto de Varsovia. Surgimiento, Vida, Lucha y Rebelión: El plan alemán, para la exterminación de la población judía, era sencillo: primero establecer ghettos, para vigilar a los judíos y luego enviarlos a los campos de concentración. Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los ghettos más importantes fue el Ghetto de Varsovia, en Polonia.

El 12 de octubre de 1940 se dio lectura por la radio polaca, un comunicado por el cual todos los judíos de Varsovia, tenían que concentrarse hasta el 31 de octubre, en un sólo sector. Al vencerse el plazo, los portones del ghetto fueron cerrados y vigilados por guardias alemanes.

l ghetto recibió constantemente nuevos refugiados, por lo tanto fue necesario construir más casas, pero los alemanes lo que hicieron fue reducir cada vez más la superficie del ghetto. La desproporción entre la población del ghetto y su superficie, ocasionó una serie de epidemias, hambre y miseria. De este modo, la población judía se transformó en una población agonizante.

Los cadáveres reposaban en el suelo, desnudos o envueltos en papeles sucios. Incluso los judíos más piadosos se vieron obligados a no honrar a sus muertos, y depositarlos en la noche sobre la calzada. Los muertos anónimos fueron arrogados en fosas comunes.

En el ghetto, un solo hombre de cada 138 tenía trabajo. La mayoría de los judíos trabajaban en fábricas alemanas, confeccionando trajes militares y fabricando armas. Algunos judíos trabajaban en el sector » ario «, en las vías férreas, en fábricas de armamento o establecimientos militares. Algunos de estos obreros se transformaron en contrabandistas de mercancías.

Los judíos del ghetto tenían una estructura de clases, basada en el número de calorías consumidas. El estrato social más deprimente fue el de los mendigos, que pedían algo de comida en las calles del ghetto. Los principales mendigos fueron niños.

Dentro del ghetto, los judíos debían llevar obligatoriamente un brazalete con la » Estrella de David «, la estrella de seis puntas. Estos brazaletes eran muy demandados, porque si los alemanes veían a algún judío portando un brazalete sucio o arrugado, lo golpeaban despiadadamente.

En el ghetto, se formaron una serie de centros de protección social, para ayudar a los más necesitados, sobre todo a los enfermos, a los huérfanos y a los niños. También se crearon establecimientos educacionales clandestinos, para que los jóvenes continuaran sus estudios.

Los partidos y movimientos del ghetto publicaron periódicos clandestinos. Esta prensa contrarrestaba las campañas alemanas para crear confusiones entre los judíos del ghetto. Esta prensa, levantó el ánimo de sus lectores y los estimuló para resistir y enfrentar al enemigo.

Pero poco a poco, los movimientos que habían surgido para realizar actividades educacionales, decidieron preparar una lucha armada. Esta decisión fue tomada después de la » Gran Acción » del 21 julio, donde fueron deportados a Treblinka, un campo de concentración alemán, más de trescientos mil ( 300.000 ) judíos. La » Gran Acción » culminó el 21 de septiembre.

De esta manera, se formaron la Organización Combatiente Judía ( Z.O.B. ) y la Organización Militar Judía ( Z.Z.W. ) , las siglas están en polaco. Para estas dos organizaciones, lo más difícil fue conseguir armas, las cuales adquirieron por medio de la resistencia polaca, de comerciantes polacos y de desertores alemanes, pero como las armas que encontraban no siempre estaban en buen estado, decidieron fabricar ellos mismos granadas de mano y bombas Molotow.

El primer enfrentamiento entre los judíos, comandados por Mordekhai Anielewicz , y los alemanes, dirigidos por el general Jurgen Von Stroop, fue en enero de 1943 .

El 18 de enero de 1943, los alemanes irrumpieron en las calles del ghetto y alrededor de los muros y de las casas se colocaron guardias, para controlar las entradas.

La lucha duró cuatro días, y culminó cuando el último alemán salió del ghetto.

Pero los judíos sabían que los alemanes volverían, así que construyeron refugios, con entradas secretas, que comunicaban con el sector » ario «. También comprendieron que el único camino que tenían era LUCHAR CONTRA EL ENEMIGO.

El verdadero levantamiento estalló el 19 de abril de 1943. Este levantamiento se divide en dos períodos: el primero del 19 de abril hasta el 21 de abril, cuando los alemanes utilizaron por primera vez el fuego y el segundo el de los incendios.

En este levantamiento, los alemanes tuvieron ventajas en hombres, armas, libertad de movimientos y elección del momento de combatir. En cambio los judíos, tenían que estar alerta las veinticuatro horas del día, porque no sabían el momento en que aparecerían los alemanes. El enemigo reemplazaba a los heridos, los combatientes judíos no tenían reemplazos. El enemigo podía pedir refuerzos, mientras los judíos estaban solos en la lucha.

Los alemanes usaron aviones para detectar la ubicación de los combatientes. Pero hubo un elemento contra el cual los judíos no pudieron hacer nada: EL FUEGO. Los alemanes incendiaban manzanas de edificios completas, la mayoría de los judíos morían quemados, pero otros se arrojaban de las ventanas, preferían saltar y no entregarse a los alemanes.

Este levantamiento terminó el 16 de mayo, cuando los alemanes dinamitaron la gran Sinagoga judía. Los alemanes habían destruido el ghetto, reduciéndolo a un montón de escombros.

guetto de varsovia

Masacre en el ghetto de Varsovia. Si la Segunda Guerra Mundial dejó episodios de maldad y despotismo brutales, el del ghetto de Varsovia se inscribe como uno de los más crueles. Una población judeo-polaca cercana al medio millón de personas fue cercada en un barrio, hacinada y tratada de la forma más inhumana que un hombre puede tratar a otro. Al hacinamiento y al hambre siguió luego la deportación hacia los campos de exterminio de Treblinka y Auschwitz y el consecuente asesinato en masa. Entonces, los sobrevivientes del ghetto decidieron rebelarse y enfrentar a los alemanes, los que reaccionaron usando tanques, lanzallamas y dinamita para acabar con los rebeldes que desde sótanos y alcantarillas luchaban con más desesperación que armamento. La resistencia terminó el 16 de mayo de 1943 con el terrible anuncio del jefe alemán encargado del operativo: «El barrio judío de Varsovia ya no existe. La acción terminó a la hora 20.15 con la voladura de la sinagoga. Número total de judíos eliminados: 56.065».

Sublevación en el Gueto de Varsovia: (Fuente: Revista Muy Interesante – Especial Nº 4 Año 2)
En el barrio judío de la capital polaca, un levantamiento costo la vida a miles de personas.  Los judíos no Siempre fueron conducidos a los campos de exterminio como animales al matadero, tal y como dejó entrever el escritor Primo Levi en su libro Si esto es un hombre, en el cual apunta que el agotamiento y la falta de medios hizo imposible la rebelión de los prisioneros. Según afirman algunos historiadores, hubo prisioneros que se enfrentaron a sus verdugos en los campos de exterminio, escaparon de los guetos y se unieron a grupos partisanos. El historiador israelí Yehuda Bauer afirma que la sublevación del gueto de Varsovia fue el punto culminante de la resistencia judía contra el régimen nazi.

Aquella revuelta comenzó a fraguarse cuando Reinhard Heydrich ordenó, en el otoño de 1940, que el barrio judío de Varsovia, comuna extensión de seis kilómetros y medio, fuera cercado con un muro. Más de 400.000 judíos fueron encerrados en él. El intento de las autoridades alemanas de deportar a la población que todavía vivía en el gueto de la capital polaca fue el origen del levantamiento. En abril de 1943, los amotinados consiguieron algunas armas e hicieron frente a los alemanes con tal determinación que éstos tuvieron que pedir refuerzos para poder vencer a la resistencia. La valiente sublevación finalizó el 16 de mayo después de feroces combates en los que murieron unos 13.000 judíos. El resto, alrededor de 50.000, fueron enviados a campos de exterminio y asesinados brutalmente en los siguientes años.

Las instalaciones sanitarias eran insuficientes y el hedor impregnaba el ambiente. Era habitual morir lentamente de hambre: mientras un alemán de Varsovia consumía 2.310 calorías diarias, los judíos ingerían una media de 184. Las madres ocultaban la muerte de sus hijos para conseguir la ración de comida que les tocaba. Adam Czerniakow, director del gueto de Varsovia, realizó una anotación en su diario sobre «las quejas interminables de que no había nada que ocultara a los muertos. Estaban tendidos en el suelo, desnudos sin ni siquiera un trozo de papel en vez de ropa». Poco tiempo después, los que no habían muerto de hambre o enfermedad fueron enviados a los campos de la muerte de Auschwitz, Bergen-Belsen, Treblinka y Majdanek.

Historia de la Creacion del Estado de Israel y Cronología

Historia de la Creación del Estado de Israel – Cronología

La creación del Estado de Israel: Luego de la Segunda Guerra Mundial, la región pasó a constituir uno de los escenarios de la Guerra Fría: por un lado, se fue perfilando un eje El Cairo-Damasco, más cercano a la URSS, y, por el otro, un campo más pro-occidental, liderado por Arabia Saudí.

En 1947, la ONU aprobó un plan de partición de Palestina y la creación de dos estados independientes, uno árabe y otro judío, con la ciudad de Jerusalén bajo control internacional.

Un año después, en mayo de 1948, David Ben Gurion proclamó el establecimiento del Estado de Israel. En mayo de 1948, los ejércitos de la Liga Árabe (integrada por Egipto, Irak, Siria, Líbano, Transjordania, Arabia Saudí y Yemen) invadieron Israel.

El enfrentamiento se decidió a favor de los israelíes que, después del conflicto, quedaron ocupando territorios que, según la división aprobada por la ONU, correspondían a la Palestina árabe.

En 1956, estalló la segunda guerra árabe-israelí, como consecuencia de la nacionalización del canal de Suez, emprendida por el presidente egipcio, Gamal Abdul Nasser.

En 1967, se desató el tercer enfrentamiento, la Guerra de los Seis Días, que culminó con la ocupación israelí de la península del Sinaí, la franja de Gaza, el Golán y Cisjordania.

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bandera de israel

Bandera de Israel

La resistencia palestina y las negociaciones de paz: Desde la década del ’50, se fueron constituyendo diferentes grupos armados palestinos, por ejemplo, Al Fatah, surgido en 1956.

En 1963, los gobiernos árabes decidieron la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). La OLP rechazaba la partición de Palestina de 1947, desconocía el Estado de Israel y reclamaba la totalidad del territorio palestino. Después de la derrota de los árabes en la guerra de 1967, Al Fatah fue tomando progresivamente el control de la OLP.

En 1974, la OLP fue reconocida por la ONU como única y legítima representante del pueblo palestino. En 1973, árabes e israelíes se enfrentaron nuevamente en la guerra del Yom Kipur, cuando egipcios y sirios atacaron Israel.

En septiembre de 1978, se reunieron en Camp David, en los Estados Unidos, los líderes de Estados Unidos, Egipto e Israel: James Cárter, Anuar El Sadat, y Menajem Begin.

Los acuerdos firmados entre los tres líderes fijaban un período de autonomía transitoria para Gaza y Cisjordania, y establecían la devolución del Sinaí a Egipto y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos estados.

En 1987, en los territorios ocupados por Israel en Gaza y Cisjordania, estalló una rebelión popular de los palestinos, la Intifada, que consistía en el ataque con piedras a los soldados israelíes.

A fines de 1988, un hecho abrió grandes esperanzas de paz: la OLP proclamó la existencia del Estado Palestino y reconoció la existencia del Estado de Israel.

Mientras tanto, los grupos terroristas palestinos continuaban minando las posibilidades de paz, a través de sucesivos atentados contra la población civil, tanto de Israel como de otras naciones del mundo.

En 1993, los líderes israelí y palestino, Simón Peres y Yasser Arafat, respectivamente, firmaron en Washington un nuevo acuerdo de paz.

A fines de 1995, el primer ministro israelí, Yitzhac Rabin, fue asesinado por un fanático judío, lo que volvió a enturbiar el panorama político del Cercano Oriente. En la actualidad, la acción de las organizaciones terroristas palestinas y la llegada al gobierno israelí de grupos que expresan posiciones nacionalistas intransigentes hacen que los pronósticos políticos para la región sean desalentadores.

LA HISTORIA DEL PUEBLO JUDÍO

Un pequeño país:

Tocó a las Naciones Unidas cosechar el amargo fruto que había estado madurando a lo largo de los años, ahí en el Medio Oriente, entre las montañas y el mar.

Palestina era una región de ardientes y brillantes cielos, de verdes valles, de zonas pantanosas y desérticas. Una región en la que las aldeas, los ríos y una pequeña ciudad llevaban nombres que llegaron hasta los últimos confines de la Tierra.

Nombres que durante siglos han sido familiares hasta en los labios de los niños. El fruto que aquella tierra daba ahora, a mediados del siglo veinte, había madurado y estaba a punto de caer, de no haber mano que lo arrancara,  parecía que era la mano de las Naciones Unidas la que habría de recogerlo, ya que a la postre tenía que ser cosechado.

En la serie de debates y negociaciones que siguieron a la división dé Palestina hubo enemistades tan profundas, demandas tan perentorias y negativas tan intransigentes como las que los consejos de las Naciones Unidas jamás volverían a ver.

Como el tiempo tiende a empañar el recuerdo, aun de los incidentes más salientes, y como recordarlos es necesario para recobrar el hilo de la razón, en aquella confusión de acontecimientos registrados antes, procede hacer aquí una breve recapitulación, para aclarar los movimientos y motivos de la política de las Naciones Unidas, en todo este pasaje extraordinariamente difícil de su historia y de la historia del mundo.

Se recordará que por más de cuatrocientos cincuenta años la población árabe del Medio Oriente, aunque dividida y administrada por diferentes gobernantes con títulos distintos, estuvo toda ella sujeta al Imperio Otomano, desde la toma de Constantinopla por los turcos hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

Aquel imperio era ya caduco y tambaleante cuando Turquía, que estaba a la cabeza del mismo, después de cometido el costoso error de creer que las Potencias Centrales resultarían victoriosas en dicha guerra, vio caer en pedazos su dominio a consecuencia del triunfo de los Aliados.

En los acuerdos de la posguerra los Aliados consideraron que Egipto y Arabia estaban preparados para obtener su completa emancipación, ya que habían tenido una gran medida de autonomía bajo el gobierno otomano.

Otros países más pequeños fueron puestos bajo mandato por la Liga de las Naciones, encargándose la Gran Bretaña de aquella faja de terreno situada al sur del Líbano y al norte de la Península de Sinaí perteneciente a Egipto.

Era una montadura muy chica para engastar en ella las joyas del tesoro de la tradición histórica de tres religiones, la cristiana, la judía y la musulmana.

Una pequeña comunidad judía había permanecido ahí desde los tiempos en que los reinos de Israel y Judea florecieron y desaparecieron; sin embargo, los árabes sostenían que sus antepasados la habitaron aun antes de que los hijos de Israel llegaran de Egipto.

Desde el principio del mandato se presentaron factores que dificultaron enormemente la labor de administración; nuevos elementos de complicación fueron sumándose uno a uno, hasta crear una situación tal que ningún miembro de la Liga de las Naciones o de las Naciones Unidas podía hacerle frente por sí solo.

SÍNTESIS DE LAS ETAPAS:

TRAS LA CREACIÓN del estado de Israel, en 1948, numerosos judíos emigraron hacia el nuevo territorio. Con el apoyo de la riqueza de la comunidad judía, los israelíes construyeron rápidamente una economía próspera.

Se desarrollaron la agricultura y la industria y se construyeron modernas ciudades. Los territorios árabes, en cambio, se mantuvieron en niveles de subdesarrollo.

El PRIMER CONFLICTO Los estados árabes no aceptaron la legitimidad del estado de Israel. El 15 de mayo de 1948, el día que siguió a la proclamación del nuevo estado, los países árabes vecinos comenzaron los ataques.

Cinco estados —Líbano, Siria, Jordania, Egipto e Iraq— se propusieron restaurar los territorios palestinos. Israel supo resistir todos los ataques, al tiempo que no cesaba de ampliar su territorio. Las luchas prosiguieron hasta 1949, cuando se pactó un primer alto al fuego.

GUERRAS ÁRABE-ISRAELÍES
Oficialmente, el estado de guerra continuó entre Israel y sus vecinos. Israel fortaleció sus fuerzas armadas para defenderse de la amenaza de destrucción.

A lo largo de tres grandes guerras —durante la crisis de Suez (1956), la guerra de los Seis Días (1967) y la guerra de Yom Kippur (1973)— Israel mermó considerablemente las fuerzas árabes. Pero estas victorias no trajeron la paz, ya que los países árabes se negaron siempre a aceptar la derrota.

CONQUISTAS DE ISRAEL
Después de la guerra de 1967, Israel ocupó grandes áreas de los territorios árabes, incluidas CisJordania, Jerusalén oriental y el desierto del Sinaí.

La seguridad militar de Israel se hizo cada vez mayor, pero también crecieron las hostilidades árabes. Jerusalén, en particular, es la ciudad santa de musulmanes, cristianos y judíos. La pertenencia de la ciudad a los israelíes ha sido uno de los puntos más candentes del conflicto.

REFUGIADOS PALESTINOS
Después de 1949, más de 700.000 palestinos se refugiaron en los territorios fronterizos con Israel. Estos palestinos consideraban que Israel les había usurpado las tierras. Los campos se convirtieron, a su vez, en centros de organización de la guerrilla Palestina.

LA OLP
La OLP (Organización para la liberación de Palestina) se fundó en 1964. Su propósito era liberar el territorio palestino y fundar allí un estado palestino, en el lugar de Israel. A partir de 1967, las actividades de la OLP y de su líder, Yasir Arafat (nacido en 1929), implicaron a la comunidad internacional.

Para dirigir la atención sobre su causa, los guerrilleros palestinos realizaron secuestros aéreos, ataques a aeropuertos y masacres como la de los atletas israelíes en Munich durante las Olimpíadas de 1972.

DERECHOS PALESTINOS
A pesar de la violencia, muchos países han reconocido que las reivindicaciones palestinas son justas. En 1976, las Naciones unidas reconocieron el derecho de la OLP a considerarse portavoz oficial de los palestinos.

Aunque para algunos es sólo un terrorista, Yasir Arafat es mayoritariamente considerado como un luchador infatigable por los derechos de su pueblo.

LA PAZ CON EGIPTO
El mayor paso hacia la paz en Oriente Medio se produjo en 1979, cuando Israel y Egipto firmaron los acuerdos de paz de Camp David. Las relaciones entre los dos países se normalizaron. Egipto reconoció la legitimidad de Israel, al tiempo que Israel devolvía a Egipto los territorios del Sinaí. La mayoría de los países árabes no aceptó estos acuerdos.

LA INTIFADA
En 1987, la población palestina de Cisjordania y la franja de Gaza inició una revuelta, conocida como la Intifada (sublevación) contra el control israelí. En los años siguientes, los motines fueron continuos y hubo que lamentar muchas pérdidas humanas.

El gobierno israelí, bajo las presiones de Estados Unidos, propuso a los palestinos un control limitado de los territorios ocupados. Los palestinos aceptaron el compromiso y en 1994 se firmó el acuerdo entre árabes e israelíes.

Los palestinos reconocían la legitimidad de Israel a cambio de cierto grado de autodeterminación en los territorios ocupados. Grupos radicales partidarios de la violencia, tanto judíos como palestinos, dificultan actualmente el proceso de pacificación de la zona.

CRONOLOGÍA

———14 MAYO 1948———
Con el nombre de Israel, se funda un nuevo estado en Palestina. Los países árabes le niegan el derecho de existencia. Egipto, Irak, Jordania, Siria y Líbano se alían de inmediato para combatirlo.

———1949———
Durante la primera guerra árabe-israelí, Israel derrota a los árabes y confirma su independencia.

——— 1956———
Crisis de Suez. Egipto se hace con el control de la Compañía franco-británica del canal de Suez. Gran Bretaña y Francia establecen un acuerdo secreto con Israel para atacar Egipto. Los primeros atacan el canal propiamente dicho, mientras que los segundos se apoderan de la península del Sinaí. Las presiones de Estados Unidos obligan a retirarse a las tropas franco-británicas.

——— 1957———
Israel se ve forzado a abandonar el Sinaí.

———1958———
El ejército estadounidense es enviado al Líbano para defender a las fuerzas gubernamentales en la guerra civil
que ha estallado.

———1961———
Revuelta independentista armada de los kurdos contra Irak.

———1967———
Guerra de los Seis Días. Israel derrota a Egipto, Jordania, Irak y Siria en una guerra que dura menos de una semana. Los territorios ocupados por Israel incluyen Cisjordania y la parte oriental  de Jerusalén.

———1968———
Grupos palestinos comienzan una campaña terrorista a escala internacional. Secuestro de aviones y toma de aeropuertos.

———1970-71 ———
Estalla la guerra en Jordania entre la guerrilla palestina de los campos de refugiados y el ejército jordano. Los palestinos, derrotados, se refugian en Líbano.

——— 1973 ———
Guerra de Yom Kippur. Egipto y Siria atacan conjuntamente a Israel en el día del Yom Kippur, fiesta religiosa  judía. Israel abandona sus posiciones después de una cruenta ludia.
———1975———
Comienza la guerra civil en el Líbano. Lucha entre cristianos, palestinos, sirios y varios grupos musulmanes.
La guerra destruye la antigua prosperidad de Líbano.

———1979 ———
El primer ministro israelí Menajem Begin y el presidente egipcio Anwar el Sadat firman los acuerdos de Camp David, establecidos previamente en Estados Unidos. Egipto reconoce la existencia de Israel, y este país abandona el Sinaí. Derrocamiento del sha de Irán. Los fundamentalistas, encabezados por el ayatolla Jomeini, se hacen con el poder.

———1980———
Comienza la guerra Irán-Irak. Los dos estados islámicos ludían por reivindicaciones territoriales. La guerra
acaba en una paz precaria, tras muchas pérdidas en ambos bandos.

———1981 ———
Asesinato del presidente egipcio Sadat.

———1982 ———
Los israelíes invaden el Líbano. Masacre de palestinos en los campos de refugiados de Sabrá y Chatila.
Una fuerza internacional formada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia interviene en el Líbano.

———1983 ———
Las tropas israelíes se retiran del sur de Líbano. En Beirut, la capital de Líbano, 241 marines estadounidenses mueren tras el atentado de un grupo suicida.

———1986———
Estados Unidos bombardea Trípoli y Benghazi (Libia), como represalia contra Muammar el-Gaddafi, quien apoya
el terrorismo.

———1988———
La guerra de Irán-Irak acaba con el uso extensivo de gases venenosos por Irán.

———1990-91———
La guerra del Golfo: las fuerza iraquíes de Saddam Hussein invaden Kuwait. En la operación «Tormenta del desierto», una fuerza internacional encabezada por Estados Unidos derrota a Iraq y obliga a devolver Kuwait a sus dirigentes.

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El nacimiento legal del Estado de Israel
El 14 de mayo de 1948 -el día antes de que expirara el mandato de Londres- el Estado de Israel fue proclamado en Tel Aviv; era éste un acto que en parte tendía a poner en práctica la resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 que aceptaba el reparto del país en dos estados, uno para los árabes palestinos, otro para los israelitas, en tanto que en la ciudad de Jerusalén debía reservarse un especial régimen internacional.

Ya hacía tiempo que existían guerrillas entre grupos armados de judíos y de árabes, y la cuestión había dado origen a clamorosos episodios que habían agitado a la opinión pública mundial, como por ejemplo la captura en el verano de 1947 de Exodus, un barco cargado de inmigrantes hebreos clandestinos que fue reexpedido por los ingleses hasta el sector de la Alemania todavía bajo control británico, o como los atentados dinamiteros y terroristas que se sucedieron en el país por obra de opuestas facciones extremistas tales como la explosión en el hotel King David y en el edificio del periódico Jerusalem Post en Jerusalén.

Para completar el cuadro hay que añadir que si los judíos habrían dado vida a eficientes organizaciones paramilitares, como la Haganah, que era la principal, controlada por corrientes políticas laboristas, la Irgun Ezvai Leumi y la Banda Stern de extrema derecha, numerosos grupos árabes de fuerzas irregulares habían penetrado en el país, especialmente procediendo de Siria, con el fin de reivindicar por la violencia, juntamente con elementos locales, el carácter inexorablemente árabe del territorio palestino.

Por tanto, era de prever un agravamiento del conflicto, entre otras cosas porque las Naciones Unidas no estaban ni preparadas ni dispuestas para mandar contingentes armados que velasen sobre la puesta en práctica de las decisiones.

Más que entrar en los detalles de la guerra, detalles que naturalmente se referían además de a las operaciones militares también a los tratos políticos y a las intervenciones diplomáticas de que fueron protagonistas las Naciones Unidas y las grandes potencias, el Gobierno isrealista apenas formado y los diversos Gobiernos árabes, parece útil limitarse a algunas interrogantes: ¿por qué los Estados árabes decidieron intervenir en la guerra? ¿Por qué fueron derrotados? En general sobre la guerra árabe-israelita de 1948-49, se ha hablado poco y se sabe todavía menos: un halo general de leyenda colorea aquel acontecimiento, y ejércitos, generales y jefes políticos parecen más figuras estereotipadas que entidades individuales y comprensibles.

Poco o nada se sabe, por ejemplo, de la separación de Moshe Sneh del mando de la Haganah en junio de 1946 y de su sustitución por Israel Galili, el cual, valido de David Ben Gurion (futuro jefe del Gobierno), acabó permitiendo que se acentuaran las acciones de tipo terrorista contra pacíficos pueblos árabes que produjeron una concreta contribución judía al ahondamiento de aquel foso que sigue separando a los dos grupos étnicos.

De la misma manera se está en una completa o casi completa ignorancia respecto a los contactos entre Golda Myerson (luego ministro del Exterior con el nombre de Golda Meir) y el rey de Transjordania, Abdallah, realizados en noviembre de 1947 y cuando revelaron una perfecta unidad de intenciones en cuanto a favorecer el reparto del país; los israelitas habrían podido tranquilamente tomar una parte, si hubiesen favorecido la anexión del territorio restante al soberano árabe.

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Fuente Consultada:
Historia Universal Carl Grimberg
HECHOS, Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°38 Arabia, el violento despertar

Ver: Samuel El Juez de Israel

Guerra de Religión en Francia La Noche de San Bartolomé Hugonotes

LA NOCHE DE SAN BARTOLOMÉ:LAS GUERRAS DE RELIGIÓN EN FRANCIA

malas noticias en el mundo

Las Guerras de Religión Francesas, fueron  enfrentamientos políticos y sociales que tuvieron lugar en Francia, desde 1559 hasta 1598, provocados por la debilidad de la dinastía Valois ante el conflicto religioso y la rivalidad aristocrática, durante los cuales tuvo lugar el acceso de la Casa de Borbón al trono francés.

Se conoce como la Noche de San Bartolomé, al asesinato en masa de protestantes, (llamados hugonotes en Francia) en París, ocurrido el 24 de agosto de 1572. Para incrementar su poder, la reina madre, Catalina de Medici, intentó enfrentar a la facción católica francesa, liderada por la Casa de Guisa, con la facción de los hugonotes, liderada por la Casa de Condé. Celosa del creciente poder del líder hugonote Gaspard de Coligny, consejero de su hijo, el rey Carlos IX, Catalina ordenó su asesinato.

Guerra de Religion Francesa La Noche de San Bartolomé

Secretamente, en la Noche de san Bartolomé, el 23 de agosto, la reina madre Catalina de Médicis se dirigió a la habitación de su hijo. Sólo veía una salida para esta intolerable situación, si quería salvar la corona de Francia para su familia. La idea que tenía en la mente era una simple solución letal. Muy avanzada la noche, Catalina habló de complots de hugonotes para asesinar al rey, apoderarse de la corona y vender a Francia a su enemiga, Inglaterra. Habló hasta que el rey, en un estado de sugestión histérica, consintió en dar la orden que sólo él podía emitir: la de ejecutar «a los que pretenden levantarse contra el estado».

A los pocos minutos, la campana de la iglesia de Saint Germaint Auxerrois, que durante siglos había avisado a los ciudadanos de París para que tomaran las armas, tocaba a rebato. Los planes de Catalina estaban organizados a fondo. Los soldados recorrieron el palacio, sacando a los nobles hugonotes y a sus mujeres de la cama y matándolos allí mismo.

Un hombre escapó y entró gritando en la habitación de la recién casada princesa Margarita, sujetándola ante su cuerpo para que le sirviera de escudo. Otro hombre fue arrastrado y asesinado ante sus ojos. Un grupo de soldados se dirigió a la casa del almirante; esta vez realizaron su tarea sin cometer ningún error.

Fuera, en las calles, los ciudadanos estaban despiertos y dispuestos a saldar viejas cuentas. Para ellos, los hugonotes eran blasfemos y traidores, enemigos tanto de Dios como de la corona. Matarlos era hacer un favor a ambos.

En cuanto el rey firmó la orden, salieron mensajeros a caballo del Louvre advirtiendo a las provincias que debían demostrar su lealtad en la misma forma que el pueblo de París. En los días siguientes tuvieron lugar matanzas similares en los lugares en que los hugonotes estaban en minoría.

ANTECEDENTES Y  ORIGEN DEL CONFLICTO  
A pesar de la constante persecución, el calvinismo tuvo un fuerte impacto en las ciudades, las universidades y la nobleza de la Francia de principios del siglo XVI. La evangelización protestante era coordinada por un grupo de predicadores procedentes de Ginebra, enviados por Juan Calvino.

El rey Enrique II prohibió el protestantismo, pero su repentina muerte (en junio de ese año) fue interpretada por los reformadores como una señal del favor divino, y el número de conversiones se multiplicó. El trono pasó al hijo de 15 años de Enrique, Francisco II, que estaba manipulado por la católica familia de Guisa, especialmente por Francisco de Guisa y el cardenal de Lorena, quienes decidieron continuar con la campaña de persecución protestante iniciada por Enrique II, pero no pudieron evitar una intriga para secuestrar al Rey, la denominada conjuración de Amboise, preparada por la nobleza en marzo de 1560, que acabó en fracaso. A partir de entonces, los nobles protestantes, responsables de la misma, fueron llamados hugonotes.

Después de la muerte de Francisco I y de su inteligente hermana, los reyes de Francia trataron de restaurar el catolicismo romano. Entre tanto el grupo minoritario protestante-los hugonotes- se había convertido en partido político. Pronto los hugonotes contaron con algunos nobles destacados: Enrique de Navarra, Antonio de Borbón, el almirante Coligny y Luis de Condé, el mejor general de Francia en ese tiempo. En 1562 estalló en Francia una guerra civil religiosa intermitente.

Se debió a causas políticas y religiosas, y duró hasta 1594. El acontecimiento más destacado de ella fue la sangrienta matanza de San Bartolomé en agosto de 1572.

Cuando los dirigentes de los hugonotes vinieron a París para asistir al matrimonio de su rey Enrique de Navarra, miles de ellos fueron asesinados junto con muchos millares de otros hugonotes.  Este triste día se conoce como: La Noche de San Bartolomé.

Al hugonote Enrique, rey de Navarra y nieto de Margarita, se le ofreció la corona de Francia con la condición de que abjurara del protestantismo. Lo hizo por motivos políticos; pero durante su reinado, como el primero de la dinastía de los Borbones (1589-1610), favoreció a los hugonotes nombrándolos como ministros y mensajeros.

En 1598 promulgó el edicto de Nantes, que con sobrada ventaja fue el decreto más liberal concedido hasta ese entonces en la Europa occidental. En él se declaraba que la religión católica era la religión nacional, pero concedía un notable grado de libertad a los hugonotes. No se los perseguiría más debido a la religión, pero no se permitiría la celebración de servicios religiosos de los reformadores en París o dentro de un radio de 35 km.

El decreto asignaba ciudades de refugio para los hugonotes, a quienes también se les daba el derecho de desempeñar cargos públicos. Enrique IV acababa de trazar con su ministro Sully un plan de paz y comprensión general, al que se denominaba el «gran proyecto», cuando fue asesinado por Ravaillac, un monje fanático, en 1610. El edicto de Nantes fue parcialmente abrogado por el cardenal Richelieu en 1628 y completamente revocado por Luis XIV en 1685.

La paz de Saint-Germain (1570) permitió una tregua, y que el almirante Coligny, hugonote, reforzase su influencia sobre Carlos IX. Catalina de Mediéis vio en peligro el inestable equilibrio entre católicos y protestantes, e instigó la matanza de la Noche de San Bartolomé (1572), en la que, en todo el país, fueron asesinados miles de hugonotes. Las nuevas luchas llevaron a Enrique III a hacer concesiones a los hugonotes en el edicto de Beaulieu, al tiempo que el protestante Enrique de Navarra era proclamado heredero al trono.

CRONOLOGÍA
1559
Los hugonotes celebran en París su primer sínodo nacional, a pesar de las persecuciones.
1562
Matanza de hugonotes en Vassy, que abre el período de las ocho guerras de religión.
1570
Fin de la primera guerra de religión; los hugonotes obtienen importantes concesiones.
1585
Guerra de los Tres Enriques, en la que perecen asesinados Enrique de Guisa y Enrique III; Enrique IV sube al trono.
1598
El edicto de Nantes otorga derechos a los hugonotes y pone fin a las guerras de religión.
1610
Asesinato de Enrique IV por un católico fanático, disconforme con su política religiosa y los derechos otorgados a los hugonotes.

Ampliar: Biografía de Catalina de Médicis y Matanza de Hugonotes

Epidemia de Poliomielitis Historia Cronologia

LA POLIOMIELITIS, EPIDEMIA, EVOLUCIÓN,
VIRUS Y SECUELAS

La Poliomielitis es enfermedad infecciosa viral del sistema nervioso central que en muchos casos provoca, como secuela, una parálisis. La mayor incidencia se produce entre los 5 y los 10 años, denominándose en este caso parálisis infantil. En climas templados su incidencia es mayor. La enfermedad fue descrita por el ortopeda alemán Jacob von Heine en 1840.

poliomielitis epidemia

SÍNTOMAS
El virus penetra en el organismo por vía digestiva y se extiende por los tractos nerviosos afectando a varias partes del sistema nervioso central. El periodo de incubación oscila entre 4 y 35 días. Los primeros síntomas incluyen astenia, cefaleas, fiebre, vómitos, estreñimiento, rigidez cervical y, en menor medida, diarrea y dolor en las extremidades. Como las células nerviosas destruidas no se reparan ni se reemplazan, la lesión de las que controlan los movimientos musculares puede producir una parálisis permanente. Cuando las células nerviosas afectadas son las de los centros respiratorios hay que aplicar al paciente respiración artificial. Sólo 1 de cada 100 casos de infección aguda de poliomielitis acaba en parálisis.

Existen evidencias de que la poliomielitis paralítica ocurre desde la antigüedad. El ortopedista alemán Heine fue quien describió, en 1840, la naturaleza epidémica de la enfermedad. En las décadas del 80 y 90, Medin caracterizó la historia natural de la infección y sus complicaciones neurológicas durante los brotes que se produjeron en Escandinavia.

La primera epidemia registrada en EE.UU. se produjo en Vermont y fue descripta por Caverly. Recién a principios de este siglo se logró un avance en el conocimiento de esta enfermedad a través de la investigación en monos a los que se les inoculó médula espinal humana, y de esta forma pudo descubrirse que el agente etiológico era un virus.

En la primera mitad del siglo, la poliomielitis paralítica registró un creciente número de casos, y recién en 1940 se reconocieron los tres serotipos distintos de virus que provocan la infección. En 1955, Jonas Salk elaboró la vacuna inactivada contra la polio IPV, y en 1961 se autorizó al Dr. Sabin la utilización de la vacuna oral atenuada (OPV). En 1987 se autorizó, en EE.UU., una nueva vacuna de poliomielitis inactivada (IPV), más potente y con una eficacia similar a la de la vacuna oral.

La introducción de las vacunas, en las décadas del 50 y del 60, hizo posible el control de la enfermedad en diversas partes del mundo. Por ejemplo, en EE.UU., se produjeron 21.269 casos, y durante 1996 no se registró ninguno, es decir que hubo una disminución de casos del 100%.

Por otro lado, en 1991, fue detectado en Perú el último caso de poliomielitis salvaje, por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó, en 1994, que los países americanos están libres de esta enfermedad. En el mundo, la iniciativa de erradicar la poliomielitis a través de programas estratégicos ha producido una reducción del número del casos de más del 80% desde mediados de la década del 80, y se estima la erradicación de la enfermedad para el año 2000.

Secuelas de una grave enfermedad
En el año 1964, EE.UU. declaró solo 121 casos. Sin embargo, el legado de la enfermedad permanecía. En 1977, el gobierno estadounidense declaró que había en ese país 254.000 personas paralizadas por la polio, y el número total de sobrevivientes de la enfermedad aún superaba los 600.000. A nivel mundial es posible que haya más de 10 millones de afectados, muchos de los cuales posiblemente experimentan los efectos del síndrome postpolio.

No es fácil percatarse de que existe un mundo silencioso y traicionero, el de los virus que nos rodean con una facilidad y cotidianeidad alarmantes. Porque allá afuera se esconde un universo armado con un arsenal interminable de adaptaciones evolutivas que sólo revelan las lentes de los microscopios más poderosos. Blandiendo sus siempre innovadoras armas, esperan al acecho la oportunidad de ensayarlas en la terra incógnita del cuerpo humano.

Lo cierto es que los virus han cambiado la geografía física, humana, económica, política y religiosa del planeta. Por su culpa reyes y reinas han muerto, dinastías enteras han sido alteradas, el control de países ha cambiado de manos, sórdidas alianzas han rodado por tierra y continentes completos fueron sometidos a otras culturas y creencias. En esta lucha constante entre hombre y virus, a veces pierde uno, a veces ganan los otros. Pero siempre habrá uno nuevo ocupando el lugar del que ayer causara terror en nuestras mentes colectivas.

El poliovirus es uno de los miembros de este bestiario diminutivo que perdieron la guerra. O por lo menos, que están a punto de perderla. Según uno de sus cruzados, el presidente de Rotary International, Glenn Estess, su institución estará en pie de guerra hasta que se produzca el último caso de polio: «Vamos a eliminar la polio de este planeta. Sabemos que lo podemos hacer y lo vamos a hacer».

HISTORIA CRONOLÓGICA DE LA POLIOMIELITIS

El mal se conoce desde hace más de 3.000 años, pero hasta que no se identificó el virus y luego se desarrolló una vacuna apropiada no se le pudo hacer frente.

Éstos han sido los pasos seguidos más importantes:

1580-1350 a. de C. – Una estela egipcia muestra a un hombre con una pierna claramente atrofiada.
1789 – El médico inglés Michael Underwood ofrece la primera descripción clínica de la polio, refiriéndose a ella como una «debilidad de las extremidades inferiores».
1840 – El médico alemán Jacob von Heine publica una monografía de 78 páginas que describe la enfermedad y la relaciona con la médula espinal.
1894 – Aparece la primera gran epidemia de polio en Vermont, EE.UU.,con 132 casos.
1908 – La poliomielitis se convierte en un mal identificable cuando los médicos austríacos Karl Landsteiner y Erwin Popper detectan el virus.
1916 – Una gigantesca epidemia causa 9.000 casos en Nueva York. La sociedad responde aislando a los pacientes, lo cual no sirve de nada.
1921 – Franklin Delano Roosevelt contrae la polio y termina afectado severamente.
1928 – Philip Drinker y Luis Shaw desarrollan el pulmón de acero, un tanque de metal equipado con una bomba que ayuda a respirar. La maquinaria es ensayada ese año y entra en producción comercial tres años después.
1932 – Franklin D. Roosevelt es elegido presidente de EE.UU. El primero y único presidente de ese país en usar una silla de ruedas logra esconder su condición al público estadounidense durante su presidencia.
1935 – Los médicos Maurice Brodie y John Kollmer compiten entre sí intentando desarrollar la primera vacuna contra la polio. Las pruebas de campo fallan con resultados desastrosos, y se culpa a las vacunas de causar muchos casos de polio, algunos de los cuales resultan fatales.
1940 – La enfermera australiana Elizabeth Kenny viaja a California, donde propone dar masajes a los pacientes, aplicarles estiramientos y compresas calientes en los músculos afectados como tratamiento contra la polio. Sin
embargo, es ignorada. Viaja entonces a Minnesota, donde una conferencia en la Clínica Mayo. Eventualmente, los tratamientos Kenny serán los más aceptados.
1945 – Con el fin de la Segur Guerra Mundial aparecen grandes epidemias de polio en EE.UU., traídas inmediatamente por las tropas, con un promedio de 20.000 casos anuales entre 1945 y 1949.
1948 – El laboratorio de Jonás Salk, uno de los cuatro que recibe dinero para desarrollar una vacuna, usa un nuevo método de cultivo del virus. Otros investigadores, como Albert Sabin, quien habría de desarrollar la vacuna oral, continúan trabajando con monos infectados.
1950 – Epidemia de polio en España que produce unos 1.500 casos anuales a lo largo de 13 años. El máximo histórico se dio en 1959 con 2.130 casos.
1952 – La histeria de la polio sacude EE.UU., donde hay 58.000 casos. Las primeras versiones de la vacuna de Salk tienen éxito en un reducido número de pacientes.
1954 – Se realizan pruebas clínicas masivas con la vacuna de Salk.
1955 – Programa nacional de vacunación en EE.UU. El número de casos baja a 5.600 en 1957.
1956 – En Argentina tiene lugar un grave brote que afecta a unas 7.000 personas y una mortalidad del 10 por ciento.
1962 – La vacuna de Salk es reemplazada por la vacuna oral de Sabin,
que es más fácil de administrar y ofrece inmunización más prolongada.
1964 – En Estados Unidos sólo quedan 121 casos registrados de poliomielitis.
1984 – Se organiza una conferencia en EE.UU. para estudiar los efectos del síndrome post polio.
1984 – Último caso de polio en Argentina, debido a una coordinada y constante acción inmunológica.
1988 – Con 350.000 casos de poliomielitis en todo el mundo, la OMS presenta una resolución para erradicar la enfermedad en el año 2000.
1991 – Se registra en Perú el último caso de polio en América.
1993 – La cifra total de casos de polio en el mundo baja a 100.000, la mayoría en Asia y África.
1994 – China lanza sus Días de Inmunización Nacional, vacunando a 80 millones de niños. El mundo occidental se declara «libre de polio».
1995 – La India vacuna a 87 millones de niños.
2000 – Guerras, desastres naturales y pobreza en 30 países asiáticos y africanos evitan la completa erradicación de la polio. Brotes en Haití y República Dominicana, que habían estado libres de polio desde 1990. La Iniciativa de la Erradicación
Global de la Polio fija 2005 como la nueva fecha para terminar con ella. 2001 – 575 millones de niños se vacunan en 94 países.
2004 – Los ministros de salud de seis países con polio endémica se reúnen para tomar las medidas finales contra la enfermedad. Los casos en Asia bajan en un 50 por ciento, y más de 80 millones de niños son vacunados en África occidental y central.
2005 – La polio se extiende desde Nigeria hasta Sudán, con 105 casos confirmados, ilustrando la facilidad con que el virus viaja de un lugar a otro.

PARA SABER MAS…

HASTA 1949, los virus de la polio no podían obtenerse en grandes cantidades. Pero en ese mismo año se ideó una nueva técnica para producirlos en cultivos de tejidos y pronto se pudieron conseguir los tres tipos activos.

En 1952, Jonás Salk, científico norteamericano, preparó una vacuna inofensiva para los seres humanos, al igual que lo había sido para los animales de laboratorio, y que contenía los tres tipos de virus, muertos previamente con formalina.

En 1953, logró obtener permiso para efectuai pruebas en gran escala de su vacuna, las cuales dieron excelentes resultados. Sucesivos perfeccionamientos de la vacuna y de su forma de administrarla dieron como resultado que los inmunizados corrieran la décima parte del riesgo de adquirir la enfermedad que los no vacunados.

Sin embargo, la vacuna de Salk no era perfecta. Tenía que ser inyectada y para conseguir un grado razonable de protección eran necesarias por lo menos tres dosis que, por otra parte, no daban inmunidad total y estimulaban la producción de anticuerpos sólo en la sangre. Estos impedían la propagación del virus al sistema nervioso y, por tanto, evitaban la parálisis; pero no evitaban que el virus se multiplicase en la nasofaringe o en el intestino. Los individuos protegidos podían así albergar el virus en los intestinos y propagarlo a la comunidad.

Los defectos de esta primera vacuna eran, por consiguiente, bastante graves. Por ello, se prosiguieron con tenacidad las investigaciones con el fin de conseguir un tipo de inmunización más perfeccionada. Los trabajos tenían por objeto la producción de una vacuna fabricada con virus vivos que a la vez fueran suficientemente enérgicos, pero no hasta el punto de resultar peligrosos. Ya había tenido lugar un trágico accidente 1 en los Estados Unidos, a causa de una vacuna con virus no suficientemente atenuados.

En 1955, el profesor Albert Sabin consiguió una vacuna viva efectiva, que es la que se emplea en la actualidad casi universalmente. Puede tomarse por vía oral, en un terrón de azúcar, y una sola dosis proporciona protección eficaz durante varios años. Las personas inmunizadas con la vacuna Sabin — o cualquier otra del mismo tipo — son inmunes no sólo a la propagación del virus, sino asimismo a su presencia en la nasofaringe y en el intestino. Por tanto, no son agentes portadores de la enfermedad.

El grado de protección conseguido con la vacuna de Sabin es muy alto, por lo que actualmente en los países occidentales la polio es una enfermedad confinada virtualmente a aquellas personas que, por descuido o negligencia, no hayan sido inmunizadas.

Las personas paralíticas a causa de un ataque de polio son objeto de cuidados médicos mediante ejercicios intensivos para fortalecer los músculos que todavía conservan alguna actividad y mediante la reeducación de otros músculos para que se hagan cargo de alguna de las tareas que anteriormente llevaban a cabo los paralizados. Se enseña, pues, a los pacientes a hacer el mejor uso posible de sus cuerpos. Aquellos cuyas piernas han quedado paralizadas pueden aprender a andar de nuevo, si bien con alguna dificultad.

Los que en las primeras fases tienen que ser mantenidos a base de respiración artificial pueden abandonar sus respiraderos después de aprender a hacerlo de otro modo. Muchas invenciones nuevas, como las sillas mecánicas, máquinas para volver las hojas de los libros, para dictar y escribir, han sido construidas para ser empleadas por personas que apenas puedan moverse.

Los progresos de la ciencia médica han permitido que la humanidad evite el peligro de la poliomielitis. Quienes tengan la desgracia de haber sufrido sus efectos y hayan quedado paralíticos, pueden también rehabilitarse hasta cierto punto.

ATAQUE AL SISTEMA NUERVIOSO:
LA MÉDULA ESPINAL:
La parte de nuestro cuerpo atacada por la poliomielitis es el sistema nervioso, y de éste, la médula espinal. Ésta se halla encerrada en un largo conducto óseo, el conducto raquídeo, formado por la superposición de las vértebras, y se extiende desde el bulbo raquídeo por encima, hasta las primeras vértebras lumbares por abajo, en donde se aguza en forma de cono. Su longitud, en la persona adulta es de unos 45 centímetros.

Tiene el aspecto de un cordón blanquecino, de un grosor aproximado al de un dedo meñique y se halla recubierta por las tres meninges: duramadre, aracnoides y piamadre. A intervalos regulares y desde arriba hasta abajo se desprenden de la cara anterior y posterior de la médula, a cada lado de la línea media, dos raíces nerviosas, llamadas raíces raquídeas anterior y posterior, respectivamente, éstas al unirse entre sí, a poco de su nacimiento, van a formar un solo haz de fibras nerviosas, llamado nervio raquídeo, el cual, continuando su trayecto, se distribuye por las distintas partes del cuerpo, sobre todo por los músculos y la piel. Estos nervios suman sesenta y dos —treinta y uno a cada lado—, y llevan por consiguiente, cada uno, fibras que provienen de ambas raíces citadas, anterior y posterior.

Esta última, raíz sensitiva, lleva a la médula las impresiones recogidas por los órganos periféricos, y la primera, en cambio, lleva a los músculos los impulsos motores emanados de aquélla, por lo que se la llama raíz motora.

Por esta razón, los nervios raquídeos, formados por ambas, son llamados nervios mixtos. Ellos son los responsables de la inervación motora y sensitiva de todo nuestro cuerpo, exceptuados el cráneo y la cara, inervados por los llamados pares craneanos.

EL INTERIOR DE LA MÉDULA ESPINAL: Si observamos un corte transversal de la médula, veremos como otras partes del sistema nervioso central (cerebro, cerebelo, etc.) constituida por dos sustancias llamadas blanca y gris. Esta última ocupa en la médula la parte central y adopta en su conjunto una disposición que la asemeja a una H. Los cuatro extremos de la H llámanse astas o cuernos. Se distinguen dos anteriores, orientados hacia adelante, y dos posteriores, que se dirigen hacia atrás.

En ellos nacen las raíces de los nervios raquídeos que hemos estudiado anteriormente; de los anteriores, las motoras y de los posteriores, las sensitivas. Es en esta sustancia gris, en la que forma los cuernos anteriores, donde se asienta el virus de la poliomielitis. Esta palabra compuesta tiene su origen en términos griegos: «polios», que significa gris y «míelos», que quiere decir médula; a esto se añade la terminación «itis», que significa inflamación; según esto, poliomielitis equivale a inflamación de la sustancia gris de la médula.

EL VIRUS
El agente causal de la poliomielitis pertenece a los llamados virus filtrables, denominados así por ser de un tamaño tan pequeño que pasan a través de los filtros. Las dimensiones de los virus son casi siempre inferiores a 0,2 micrones (1 micrón = 1/1000 de milímetro). Estos elementos, clasificados entre los vegetales inferiores, poseen algunas características de los organismos vivientes, e’omo.’su capacidad para reproducirse, pero poseen otras que los asemejan a compuestos químicos, como la estructura cristalina de algunos de ellos. Para poderlos ver es necesario recurrir a la ayuda de los más modernos elementos de investigación, como el microscopio electrónico, capaz de aumentar su tamaño muchos miles de veces.

La puerta de entrada de este virus en el organismo, se sabe que penetra en nuestro cuerpo utilizando dos vías principales: la mucosa nasal o faríngea y el tubo digestivo. Una vez ingresado en el mismo, utilizando las vías sanguínea, linfática o nerviosa, llega al sistema nervioso central, asentándose en los cuernos anteriores de la médula espinal, gracias a su propiedad neurotrópica, o sea, la de ser atraído por el tejido nervioso.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de la Vida Editorial Bruguera Tomo N°4 La Victoria Sobre la Poliomielitis
Enciclopedia Estudiantil Edición de Lujo Tomo III Edit. CODEX La Poliomielitis

Guerra Civil Hindues-Pakistaníes Creación de Pakistán

 GUERRA CIVIL HINDUES-PAKISTANÍES

malas noticias en el mundo

HISTORIA DE LA CREACIÓN DE PAKISTÁN

Los británicos gobernaron el subcontinente indio durante casi 200 años, desde 1756 hasta 1947. Después de la sublevación india en 1857, el gobierno británico abolió los poderes de la Compañía Británica de las Indias Orientales, que había dirigido el subcontinente en nombre de la Corona británica y tomó el control directo del gobierno.

Las reformas políticas facilitaron la formación de partidos políticos: el Congreso Nacional Indio, representante de la inmensa mayoría de hindúes, se creó en 1885; la Liga Musulmana para toda la India, por su parte, se constituyó en 1906 con la finalidad de representar y proteger la posición de la minoría musulmana.

Cuando los británicos introdujeron reformas constitucionales en 1909, los musulmanes pidieron y consiguieron listas electorales separadas. Esto garantizó a los musulmanes la representación en los cuerpos legislativos tanto provinciales como nacionales, hasta la independencia en 1947.

masacre hindues

En 1930, el poeta y filósofo sir Muhammed Iqbal ideó un Estado musulmán independiente en Asia meridional formado por la unión de las provincias noroccidentales de la India británica y el estado nativo de Jammu y Cachemira.

El nombre de Pakistán, que se empezó a usar para referirse a este Estado, se cree que se originó como una composición abreviada hecha con las letras de los nombres de las provincias involucradas, como la siguiente: Punjab, Afgania (Provincia de la Frontera del Noroeste), Kashmir (Cachemira), Indo-Sind y Beluchi stán. Otra explicación alternativa considera que el nombre significa ‘tierra de los puros’.

A finales de la década de 1930, Muhammad Alí Jinnah, dirigente de la Liga Musulmana y también considerado fundador de Pakistán, decidió que la única forma de preservar a los musulmanes indios de la dominación hindú era establecer un estado musulmán independiente.

En 1940, la Liga Musulmana confirmó oficialmente la separación de la India británica y la creación de Pakistán como un Estado musulmán independiente. Durante las conversaciones anteriores a la independencia en 1946, el gobierno británico consideró que la postura secesionista de la Liga Musulmana y la unidad territorial de la India propuesta por el Congreso eran irreconciliables, por lo que los británicos decidieron la partición y el 15 de agosto de 1947 transfirió el poder de forma separada a la India y a Pakistán, que quedó dividido en dos partes: Pakistán Occidental, que coincidía con el actual Pakistán, y Pakistán Oriental, el actual Bangla Desh. Los dos estaban separados por 1.600 km de territorio indio.

Problemas después de la división
La división del subcontinente provocó el traslado de la población. Aproximadamente 6 millones de hindúes y sijs salieron de Pakistán hacia la India, mientras que otros 8 millones de musulmanes hicieron el viaje contrario.

El traslado demográfico estuvo acompañado por un brote de violencia interétnica que provocó masacres y que reforzó el odio entre los dos países. La enemistad se intensificó más debido a los conflictos sobre la posesión de los antiguos estados nativos de la India. Casi la totalidad de esas 562 formas de gobierno ampliamente dispersas se unieron bien a la India o a Pakistán; sin embargo, los príncipes de Hiderabad, Junagat y Cachemira decidieron no unirse a ningún país.

El 15 de agosto de 1947 esos tres estados pasaron a ser técnicamente independientes, pero cuando el dirigente musulmán de Junagadh (de población predominantemente hindú) se unió a Pakistán un mes más tarde, la India se anexionó su territorio. El príncipe musulmán de Hiderabad (con mayoría de la población hindú) intentó posponer cualquier decisión, pero en septiembre de 1948 la India también se anexionó el territorio.

El mandato hindú de Jammu y Cachemira, con un 85% de población musulmana, decidió unirse a la India. Pakistán protestó ante estas anexiones que no respetaban los deseos y estalló la guerra entre ambos países. Aunque las Naciones Unidas (ONU) posteriormente resolvieron que debía mantenerse un plebiscito bajo los auspicios de la ONU que determinara el futuro de Cachemira, la India continuó ocupando aproximadamente los dos tercios del estado y se negó a mantener el plebiscito. Este punto muerto, que todavía se mantiene, ha intensificado el recelo y el antagonismo entre los dos países.

La era prerrepublicana
El primer gobierno independiente de Pakistán estuvo encabezado por el primer ministro Liaqat Alí Kan. Muhammad Alí Jinnah fue el gobernador general hasta su muerte en 1948. Desde 1947 hasta 1951 el país tuvo una época de verdadera inestabilidad. El gobierno tuvo que repartir sus esfuerzos entre organizar los órganos e instituciones del nuevo Estado con la acogida de gran número de refugiados procedentes de la India, a los que se unió la actitud de dirigentes de los anteriores estados, que desafiaban su autoridad. Además, no consiguió atraer la ilusión popular, al fracasar el programa de reformas económicas y sociales.

En su política exterior Liaqat estableció relaciones amistosas con los Estados Unidos, con la visita al presidente Harry S. Truman en 1950. La visita de Liaqat a Estados Unidos ocasionó un distanciamiento entre las relaciones de Pakistán y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), porque Liaqat había aceptado con anterioridad una invitación de Moscú que nunca realizó. Los Estados Unidos no dieron ayuda sustancial a Pakistán hasta tres años después, pero la URSS, el vecino más próximo a Pakistán, se sentía ofendido.

Después del asesinato de Liaqat en 1951, Jawaya Nazim al-Din, un paquistaní oriental que había sido gobernador general desde el fallecimiento de Jinnah, se convirtió en primer ministro. Sin embargo, incapaz de evitar el desgaste de la popularidad de la Liga Musulmana en Pakistán Oriental, fue obligado a ceder el cargo a otro paquistaní oriental, Muhammad Alí Bogra, en 1953. Tras la derrota de la Liga Musulmana en las elecciones de Pakistán Oriental en 1954, el gobernador general disolvió la Asamblea constituyente por considerarla no representativa. La Liga Musulmana tampoco dominó la nueva Asamblea que se reunió en 1955. Chaudhri Muhammad Alí, un paquistaní occidental, sustituyó a Muhammad Alí Bogra. Al mismo tiempo, Iskandar Mirza se convirtió en el gobernador general del país.

La nueva Asamblea constituyente promulgó un proyecto de ley que organizaba las cuatro provincias de Pakistán Occidental en una unidad política y administrativa que se hizo efectiva en octubre de 1955. La Asamblea también promulgó una nueva Constitución, que se adoptó el 2 de marzo de 1956 y declaraba Pakistán como una república islámica. Mirza fue elegido presidente provisional.

Cambios de gabinete
A pesar de la nueva Constitución, la inestabilidad política continuó debido a que no hubo ningún partido mayoritario estable en la Asamblea Nacional. El primer ministro Alí permaneció en el cargo sólo hasta septiembre de 1956, fecha en la que le sucedió Huseyn Shaheed Suhrawardi, dirigente de la Liga Awami de Pakistán Oriental. Su permanencia duró poco más de un año. Cuando el presidente Mirza descubrió que Suhrawardi estaba planeando una alianza entre las fuerzas políticas de Pakistán Oriental y Occidental con la intención de nombrar presidente a Firoz Kan Noon, dirigente del Partido Republicano, obligó a dimitir al primer ministro. La coalición que accedió al gobierno, dirigida por Ismail Ibrahim Chundrigar, permaneció solamente dos meses antes de que fuera remplazada por un gabinete del Partido Republicano dirigido por Noon. Sin embargo, el presidente Mirza vio que su influencia entre los republicanos estaba disminuyendo y que el nuevo primer ministro había hecho un acuerdo con Suhrawardi. Contra esta coalición, Mirza no tenía posibilidad de ser reelegido como presidente; entonces, proclamó la ley marcial el 7 de octubre de 1958, destituyó al gobierno de Noon y disolvió la Asamblea Nacional.

El general Muhammad Ayyub Kan, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y encargado de hacer efectiva la ley marcial, apoyó inicialmente al presidente, pero veinte días más tarde obligó a dimitir a Mirza y se autoproclamó presidente.

El mandato de Ayyub
Ayyub gobernó Pakistán de forma casi absolutista durante más de diez años y su régimen consiguió notables progresos, aunque no eliminó los problemas básicos de la sociedad de Pakistán. Una comisión nombrada por Ayyub realizó una reforma agraria que distribuyó alrededor de 900.000 ha de tierra entre 150.000 arrendatarios. Sin embargo, las reformas no acabaron con las relaciones feudales en el campo: aproximadamente 6.000 terratenientes todavía poseían una extensión tres veces mayor de la que recibieron los 150.000 arrendatarios. Durante el régimen de Ayyub, los fondos para el desarrollo se incrementaron más del triple en Pakistán Oriental, lo que mejoró la situación en la parte oriental, pero no se eliminaron las disparidades entre los dos sectores de Pakistán.

Quizás el cambio más generalizado del mandato de Ayyub fue su sistema de democracia básicas. Fueron nombrados 80.000 ‘demócratas básicos’, que eran dirigentes de áreas rurales o urbanas de todo el país que constituyeron un colegio electoral para las elecciones presidenciales y para las elecciones de los cuerpos legislativos nacionales y provinciales creados de acuerdo con la Constitución promulgada por Ayyub en 1962. Este sistema tenía cuatro escalas de gobierno, desde el nacional hasta el local. A cada escala se le asignaban ciertas responsabilidades para administrar las áreas rurales y urbanas, así como el mantenimiento de las escuelas primarias, las carreteras públicas y los puentes.

Ayyub también promulgó los decretos ley del matrimonio islámico y de la familia en 1961, que imponían restricciones a la poligamia y al divorcio, y reforzaba los derechos de herencia de las mujeres y de los menores.

Durante mucho tiempo, Ayyub mantuvo relaciones cordiales con Estados Unidos, estimulando las ayudas económicas y militares a Pakistán. Sin embargo, estas relaciones se deterioraron en 1965, fecha en la que estalló la guerra con la India por la cuestión de Cachemira. Entonces, los Estados Unidos suspendieron las ayudas económicas y militares a ambos países, negando así a Pakistán las armas que les eran necesarias. La URSS intervino como mediador en el conflicto, invitando a Ayyub y al primer ministro de la India Lal Bahadur Shastri a Tashkent. Según los términos del llamado Acuerdo de Tashkent de enero de 1966, los dos países replegaron sus ejércitos a las posiciones prebélicas y restauraron las relaciones diplomáticas, económicas y comerciales. Se iniciaron programas de intercambio y se incrementó el flujo de capitales hacia Pakistán.

El Acuerdo de Tashkent y la guerra de Cachemira hicieron crecer la frustración entre el pueblo de Pakistán y el resentimiento contra el presidente Ayyub. El ministro de Asuntos Exteriores Zulfikar Alí Bhutto renunció a su cargo y se volvió en contra de la dictadura de Ayyub y la pérdida de Cachemira. Ayyub intentó sin éxito restablecer su reputación y en marzo de 1969 dimitió. En lugar de transferir el poder al portavoz de la Asamblea Nacional, como establecía la Constitución, lo depositó en las manos del comandante en jefe del Ejército, el general Aga Muhammad Yahya Kan. Yahya se convirtió en presidente y declaró la ley marcial.

La guerra civil
En un intento para hacer su régimen más aceptable, Yahya despidió a casi 300 de los funcionarios más antiguos y limitó los poderes de unas 30 familias que presuntamente controlaban la mitad del producto nacional bruto de Pakistán al promulgar una ley contra los monopolios y restricción de las prácticas comerciales. También hizo obligatoria la transferencia de poderes a las autoridades civiles, pero las reformas propuestas se desbarataron.

Sin embargo, el gran desafío para la unidad del nuevo Estado era Pakistán Oriental, gobernado por Sheikh Mujibur Rahman, dirigente de la Liga Awami, quien insistió en una federación bajo la que Pakistán Oriental sería prácticamente independiente. Concibió un gobierno federal que se ocuparía solamente de los asuntos exteriores y de la defensa; incluso las monedas serían distintas, aunque libremente convertibles. Su programa estaba cargado de interés emotivo para los paquistaníes orientales. En las elecciones de diciembre de 1970, convocadas por Yahya, Mujibur Rahman ganó por mayoría abrumadora en Pakistán Oriental y consiguió una clara mayoría en la Asamblea Nacional. El Partido Popular de Pakistán (PPP), formado por Bhutto en 1967, surgió como el principal partido de Pakistán Occidental.

Sospechando que Mujibur practicaba una política secesionista, en marzo de 1971 Yahya pospuso indefinidamente la apertura de la Asamblea Nacional. Como respuesta, Mujibur acusó a Yahya de confabulación con Bhutto y estableció un gobierno prácticamente independiente en Pakistán Oriental. Los intentos de acuerdos pacíficos fracasaron pronto. Mujibur fue arrestado y conducido a Pakistán Occidental para juzgarle por traición. Mientras tanto, el ejército de Pakistán actuó en contra de los seguidores civiles de Mujibur, que solicitaban la independencia para Pakistán Oriental, o Bangla Desh (Nación Bengalí) como se iba a llamar.

La intervención militar provocó un gran número de víctimas civiles en Pakistán Oriental, y un auténtico éxodo de casi 10 millones de refugiados hacia la India. Los dirigentes de la Liga Awami se refugiaron en Calcuta y establecieron un gobierno en el exilio. Finalmente, intervino el ejército indio el 3 de diciembre de 1971 y el ejército de Pakistán se rindió 13 días después. El 20 de diciembre, Yahya renunció al poder en favor de Bhutto y en enero de 1972 comenzó a existir el Estado independiente de Bangla Desh. Cuando la Commonwealth admitió al nuevo estado un año después, Pakistán abandonó la organización hasta 1989. A pesar de esto, el gobierno de Bhutto reconoció diplomáticamente a Bangla Desh en 1974.

El gobierno de Bhutto
Bajo el mandato de Bhutto, un disminuido Pakistán comenzó a reactivar su vida nacional. Bhutto nacionalizó las industrias básicas, compañías de seguros, bancos de propiedad privada, escuelas y universidades. También realizó reformas modestas en la propiedad de la tierra que beneficiaron a los arrendatarios y agricultores de clase media. Además, alejó a las Fuerzas Armadas del proceso de toma de decisiones; pero para apaciguar a los generales destinó a Defensa aproximadamente el 6% de producto nacional bruto. En 1973, la Asamblea Nacional adoptó la quinta Constitución del país. Bhutto pasó a ser el primer ministro y Fazal Elahi Chaudhy le sustituyó como presidente.

Aunque discontinuamente, los militares se mantuvieron en silencio durante algún tiempo. El programa de nacionalizaciones de Bhutto y las reformas de la tierra le hicieron ganarse más adelante la enemistad de empresarios y grandes capitalistas, mientras que los dirigentes religiosos vieron en su socialismo un enemigo del islam; sin embargo, su error decisivo fue su incapacidad de negociar constructivamente con la oposición. Su mandato fue cada vez más represivo. En las elecciones generales de marzo de 1977 nueve partidos de la oposición se unieron en la Alianza Nacional de Pakistán (ANP) en contra del PPP de Bhutto. La Alianza Nacional de Pakistán (ANP) perdió en tres de las cuatro provincias y alegó que Bhutto había adulterado las elecciones generales. Boicotearon las elecciones provinciales unos días después y organizaron manifestaciones por todo el país que duraron seis semanas.

El régimen de Zia
Cuando la situación parecía no tener arreglo, el jefe de Estado Mayor del Ejército, el general Muhammad Zia Ul-Haq, dio un golpe de Estado el 5 de julio de 1977 e impuso otro régimen militar. Bhutto fue juzgado por asesinato político y fue ejecutado el 4 de abril de 1979.

Zia asumió formalmente la presidencia en 1978 y estableció la sharia (ley islámica) como ley fundamental y básica del país. La Constitución de 1973 se enmendó en un principió, pero después fue abolida en 1979 y se habilitaron cargos en los tribunales para garantizar el cumplimiento de la ley judicial islámica. Comenzó a funcionar un sistema bancario libre de intereses y se adjudicaron penas máximas al adulterio, a la difamación, al robo y al consumo de alcohol.

El 24 de marzo de 1981 Zia promulgó una orden constitucional provisional, que no se hizo operativa hasta el levantamiento de la ley marcial. Proponía el nombramiento de dos vicepresidentes y permitió la existencia de los partidos políticos que habían sido aprobados por una comisión antes del 30 de septiembre de 1979. El resto de los partidos (incluido el PPP, ahora dirigido por la viuda de Bhutto y por su hija, Benazir Bhutto) fueron disueltos.

Pakistán se vio afectado en gran medida por la intervención de la Unión Soviética en Afganistán en diciembre de 1979; en 1984, alrededor de 3 millones de refugiados afganos se establecieron a lo largo de la frontera entre Pakistán y Afganistán, lo que provocó el apoyo económico del gobierno y de los organismos de relieve internacional. En septiembre de 1981, Zia aceptó de Estados Unidos un paquete de ayuda económica y militar para un periodo de seis años (valorado en 3.200 millones de dólares). Después de un referéndum celebrado en diciembre de 1984, que aprobaba las medidas de Zia, y garantizaba su presidencia hasta 1990, éste permitió elecciones generales en febrero de 1985. Un gabinete civil tomó el poder en abril y la ley marcial finalizó en diciembre. Sin embargo, las demandas de la oposición hicieron que Zia, en marzo de 1988, disolviera el Parlamento y convocara nuevas elecciones. Tres meses después murió en un accidente aéreo y un régimen militar de transición se instauró en Pakistán.

Acontecimientos recientes
Gulam Isaq Kan fue nombrado presidente y Benazir Bhutto pasó a ser la primera ministra después de la victoria del PPP en las elecciones generales celebradas en noviembre de 1988. Ella fue la primera dirigente política femenina de un estado islámico moderno. En agosto de 1990, el presidente Isaq Kan rechazó su gobierno, atacando su mala conducta y declarando el estado de emergencia. Bhutto y el PPP perdieron las elecciones de octubre, después de las cuales fue detenida por corrupción y abuso de poder. El nuevo primer ministro, Nawaz Sharif, dirigente de la Alianza Democrática Islámica, continuó el programa de privatización de las empresas estatales y animó el comienzo de las inversiones extranjeras en la década de 1980.

También prometió la vuelta de la ley islámica y aliviar las continuas tensiones con la India sobre el asunto de Cachemira. Los cargos contra Bhutto se resolvieron y volvió a dirigir el PPP.

En abril de 1993, Isaq Kan utilizó su poder presidencial de nuevo, destituyendo a Sharif y disolvió el Parlamento. Sin embargo, Sharif apeló al Tribunal Constitucional de Pakistán, que declaró inconstitucionales las medidas de Kan y Sharif volvió a ser primer ministro. Sharif y Kan se vieron envueltos posteriormente en una lucha de poder que paralizó el gobierno paquistaní. En un acuerdo para acabar con la paralización, ambos dimitieron en julio de 1993 y se celebraron elecciones en octubre de ese año. El PPP ganó y Bhutto fue nombrada de nuevo primera ministra.

Con Bhutto en el poder, las relaciones entre la India y Pakistán se hicieron más tensas. Bhutto apoyó abiertamente a los rebeldes musulmanes de Jammu y Cachemira en sus enfrentamientos contra el ejército indio. También anunció que Pakistán continuaría con el desarrollo armamentístico nuclear, y así aumentó la preocupación de que podría comenzar una carrera nuclear entre Pakistán y la India, la cual ya poseía armas nucleares desde la década de 1960.

Pakistán ha sido considerado generalmente como un estado islámico moderado; los fundamentalistas islámicos ganaron solamente nueve escaños en la Asamblea Nacional en las elecciones de 1993, a pesar de que durante la década de 1990 parecía que los activistas islámicos conseguirían más escaños.

Ha habido informes persistentes de discriminación contra las minorías religiosas. Los incidentes aumentaron después de 1991, fecha en la que la asamblea decretó que el código criminal debería ser conforme a la ley islámica y la pena de muerte se hizo obligatoria para los condenados por blasfemia. En febrero de 1995, la oposición de las minorías religiosas aumentó por la condena a pena de muerte de dos cristianos, uno de ellos con 14 años, por escribir comentarios blasfemos en la pared de una mezquita en una población de la provincia de Punjab.

La imposición de la pena de muerte a un niño y los interrogantes sobre las pruebas provocaron una protesta tanto en Pakistán como en el extranjero. El Tribunal Supremo revocó la condena a finales de mes, alegando que no había evidencia que la sostuviera; pronto el fiscal, un imán (el que preside y dirige las oraciones públicas de los musulmanes) de la población, retiró los cargos.

El gobierno, que había apoyado los cambios de la ley, estaba atrapado en un dilema. Benazir Bhutto declaró estar “sorprendida” por las sentencias, pero no intervino. A pesar de esto, después de la sentencia del Tribunal Supremo, declaró que debía revisarse la ley, lo que habría de provocar reacciones populares.

En las elecciones legislativas celebradas el 3 de febrero de 1997, en una demostración de hastío ante la situación política, la mayor parte de los ciudadanos se abstuvieron de votar. Entre los que lo hicieron, una inmensa mayoría se decantó por la facción de la Liga Musulmana de Pakistán (LMP), dirigida por el ex-primer ministro Nawaz Sharif. Los escándalos financieros que afectaron al Partido Popular de Pakistán a lo largo de 1996, de la ex-primera ministra Benazir Bhutto, sufrió un duro revés.

Estos comicios tuvieron después de que el presidente Farroq Ahmad Kan Leghari disolviera, en noviembre de 1996, el ejecutivo encabezado por Bhutto. Era la segunda vez que Bhutto era apartada del poder y la tercera que la Asamblea Nacional era disuelta por el presidente desde que el país iniciara su transición democrática en 1988.

Tan sólo acudió a votar un 30% de los 56 millones de electores; los resultados oficiales mostraron que Sharif había obtenido más de 130 de los 217 asientos de la Asamblea Nacional, en tanto que el PPP consiguió menos de 20 actas de diputados.

Sharif hubo de enfrentarse con el presidente Leghari, quien había demostrado, al obligar a dimitir a Benazir Bhutto en noviembre de 1996, que estaba dispuesto a utilizar los poderes que la Constitución le otorgaba. Para ello, diseñó una normativa aprobada por el Parlamento por la que se reducían los poderes presidenciales en beneficio del ejecutivo y el legislativo.

Ver:Conflitos Religiosos Actuales

Hambruna en Bengala: Genocidios Hambrunas Pestes Epidemias

DESGRACIAS HUMANAS: HAMBRUNA EN BENGALA

malas noticias en el mundo

Habruna: La hambruna se puede definir como una grave escasez de alimentos en un área geográfica grande o que afecta a un gran número de personas. Comúnmente se dividen en las causadas por fenómenos naturales y aquéllas ocasionadas por acciones humanas.

Las causas naturales incluyen principalmente lluvias insuficientes, lo cual se denomina sequía, y menos frecuentemente inundaciones, terremotos, volcanes, plagas de insectos que destruyen las cosechas o enfermedades que abarcan extensas plantaciones. Las hambrunas causadas por los seres humanos incluyen principalmente situaciones de guerra, ya sea entre naciones o dentro de un país (guerra civil), pero también los bloqueos, insurgencia civil, o la destrucción deliberada de las cosechas.

hambre en bengala

La hambruna de 1943 en Bengala: Casi 100 años después de la hambruna de la patata en Irlanda, otro hongo, Helminthosporium oryzae, el causante de la mancha parda del arroz, desencadenó otra catástrofe en Bengala, entonces bajo soberanía británica (ahora parte del nordeste de la India y Bangla Desh). En 1942-3 se dieron las condiciones meteorológicas idóneas para favorecer la propagación de la enfermedad. Se sufrieron pérdidas importantísimas, llegando hasta el 90% o incluso causando la destrucción total del cultivo de arroz. Murieron más de 2 millones de personas de malnutrición y de hambre.

 

En 1942 Bengala sufrió varios episodios meteorológicos extremos, seguidos de la ocupación japonesa de Birmania, lo que significó el fin de las importaciones de arroz desde Japón y produjo gran escasez de alimentos y la hambruna de 1943. Muchos factores económicos también contribuyeron a la hambruna de Bengala.

La economía sufrió inflación durante la guerra y los agricultores y habitantes de las zonas rurales estaban en desventaja porque cobraban los beneficios de sus productos durante la cosecha, antes de la gran subida de los precios del arroz. Como los salarios no reflejaban el aumento de precios, los agricultores tenían menor poder adquisitivo para comprar alimentos

Un Dato Mas: La hermana Teresa se convirtió en madre Teresa en 1937, en el Convento de Loreto. Y en 1948, fundó su propia orden católica, las Misioneras de la Caridad. Calcuta, capital del estado de Bengala Occidental, es una de las ciudades más pobres del mundo. Desde ese momento en adelante ella es la madre Teresa. Su trabajo no se limita a la India, sino que se extiende a todo el mundo. Muchos consideran un privilegio trabajar con la madre Teresa. Cómo una mujer tan pequeña puede ser tan grandiosa.

Historias de Sobrevivientes de Auschwitz Relatos del Exterminio Nazi

HISTORIA DE SOBREVIVIENTES DE AUSCHWITZ

malas noticias en el mundo

Un Nuevo Motivo Para Vivir
(Relato Real – Capítulo X Los Hornos de Hitler de Olga Lengyel)

A veces, venían también hombres a nuestra enfermería. Generalmente eran internados que trabajaban en los campos de mujeres. Entre ellos llegó un día un francés ya entrado en años, a quien designaré con la inicial «L». La herida que tenía en un pie lo convirtió en visitante asiduo de la enfermería. L. era una persona encantadora, y lo recibíamos con verdadera alegría. Todos los días nos traía noticias alentadoras de la situación militar y política de Europa. Mientras le curábamos sus lesiones, él calmaba nuestro es ‘ espíritu atribulado.

 Aquel hombre era casi la única fuente de noticias que teníamos. Por lo menos, nos daba información verídica, y no rumores fantasmagóricos. De la actitud de nuestros carceleros no podía sacar conclusión ninguna, porque parecían considerar al campo como institución de carácter permanente. Vista desde Auschwitz-Birkenau, aquella sangrienta guerra se nos hacía muy lejana y casi irreal.
La verdad era que no teníamos experiencias de guerra, como no fuesen, muy de tarde en tarde, algunas alarmas aéreas.

En cuanto sonaban las sirenas, los valientes S.S. ponían pies en polvoroso a toda velocidad y huían a esconderse en los bosques, deteniéndose exclusivamente para devolvernos a nuestros campos. Cerraban y atrancaban con todo cuidado las puertas: las presas quedaban expuestas al peligro de las bombas, pero los S.S. se escondían.

Como estaba yo pasando entonces por una grave depresión nerviosa, las noticias que nos traía L. eran un verdadero estímulo para mi espíritu. En lo material había mejorado mi situación desde que empezara a trabajar en la enfermería.

Pero mi vida me parecía una carga terrible. Había perdido a mis padres y a mis hijos, y no sabía una palabra de mi marido, que era la única persona cuya existencia me sostenía en el mundo de los vivos. Estaba mentalmente al borde del suicidio. Mis compañeras notaban a ojos vistos que me estaba demacrando día a día.

Me llamó a parte en cierta ocasión y me reprendió:

-No tiene usted derecho a destrozar su vida. Aunque esta existencia no represente atractivo ninguno personal para usted, no tiene más remedio que seguir adelante, aunque sólo sea para aliviar los sufrimientos de las personas que hay a su alrededor. El puesto en que está se presta perfectamente a rendir servicios muy valiosos.

Me miró con ojos penetrantes y continuó:

-Naturalmente, esto también tiene sus peligros. ¿Pero no hay acaso peligro en nuestra vida toda, mientras sigamos aquí? ¿No es el peligro el pan nuestro de cada día? Lo esencial es que tengamos un objetivo, una ilusión.
Entonces me tocó a mí mirarle cara a cara hasta el fondo de los ojos.

-Me pongo a su servicio -le contesté-. ¿Qué debo hacer? -Puede hacernos dos favores a todos -replicó-. En primer lugar, puede divulgar con cuidado todas las noticias que yo le traigo. Esto es de vital importancia para mantener alto el espíritu de nuestras prisioneras. ¿No le parece?. El correr «falsos rumores» estaba Prohibido por los alemanes bajo pena de muerte. ¿Pero qué ‘más daba morir? Yo ni siquiera pensaba en ello.-En segundo lugar -prosiguió-, el trabajo que usted desempeña la convierte en la mujer ideal para hacer de oficina de correos.

Empezarán a traerle cartas y paquetes. Usted las entregará según las instrucciones que se le den. Y no diga una palabra a nadie, ni siquiera a sus mejores amigas. Porque si la sorprenden, la someterán a interrogatorio, no queremos que haya testigo ninguno contra usted. ¡No toros son capaces de tolerar el tormento! ¿Se cree usted lo suficientemente fuerte para aguantar sus torturas? Me quedé en silencio. ¿Sería posible que hubiese más padecimientos todavía?

-Procuraré ser fuerte. Se quedó pensando, y añadió: -Otra cosa. Tenemos que observar cuanto ocurre aquí. Porque más adelante escribiremos todo lo que hemos visto. Cuando termine la guerra, el mundo tiene que enterarse de esto. Debe hacerse pública la verdad. A partir de aquel momento, tuve ya un motivo para vivir. Era miembro del movimiento de resistencia. Después de aquella entrevista, tuve ocasión de verme con otros elementos de la «resistencia».

Limitábamos nuestras relaciones a nuestro trabajo, y ni siquiera nos preguntamos cómo nos llamábamos. Se hacía así por precaución obligatoria, para evitar traicionarnos recíprocamente en caso de que nos arrestasen y sometiesen a tortura. A través de estos nuevos contactos, me enteré por fin de los detalles más concretos sobre la cámara de gas y los crematorios.

Al principio, los condenados a muerte de Birkenau eran fusilados en el bosque de Braezinsky o ejecutados por gas en la infame casa blanca del campo de concentración. ]Los cadáveres eran incinerados en una fosa. Después de 1941, se pusieron en servicio cuatro crematorios, con lo que aumentó considerablemente el «rendimiento» de esta inmensa planta exterminadora.

En los Primeros tiempos, judíos y no judíos eran enviados por igual al crematorios sin favoritismo ninguno. A partir de junio de 1943, la cámara de gas y los crematorios estaban reservados exclusivamente a los judíos y gitanos. Como no fuese por error o por algún castigo especial, los arios no eran mandados allá. Pero, generalmente, éstos eran ejecutados por fusilamiento, horca o inyecciones de veneno.

De las cuatro unidades destinadas a crematorio que había en Birkenau, dos eran enormes y consumían un número extraordinario de cadáveres. Las otras dos eran más pequeñas. Cada unidad constaba de un horno, un gran vestíbulo y una cámara de gas. Por encima de cada unidad se erguía una alta chimenea, que generalmente estaba alimentada por nueve hogueras. Los cuatro hornos de Birkenau eran calentados por un total de treinta hogueras o fogatas.

Cada horno tenía sus grandes bocas. Esto es, había 120 bocas, en cada una de las cuales cabían al mismo tiempo tres cadáveres. Esto quería decir que podían destruirse 360 cadáveres en cada operación. Aquello no era más que el comienzo de la «Meta de Producción» nazi.

A trescientos sesenta cadáveres cada media hora, que era el tiempo necesario para reducir a cenizas la carne humana, salían 720 por hora, o sea, 17,280 cadáveres cada veinticuatro horas. Y conste que los hornos funcionaban con asesina eficiencia día y noche. Sin embargo, esto no era todo. Debe recordarse además las fosas de la muerte, en que se podían destruir otros 8,000 cadáveres diariamente. En números redondos, venían a cremarse al día unos 24,000 cadáveres. Admirable récord de producción… que deja muy en alto el pabellón de la industria alemana.

Estando todavía en el campo de concentración, logré hacerme con estadísticas detalladas del número de convoyes que llegaron a Auschwitz-Birkenau en 1942 y 1943.

Hoy los Aliados conocen el número exacto de tales contingentes, porque estas cifras fueron declaradas por los testigos muchas veces en el curso de los procesos contra los criminales de guerra. Voy a citar sólo unos cuantos ejemplos. En febrero de 1943, llegaban a Birkenau dos o tres trenes diarios.

Cada uno de ellos arrastraba de treinta a cincuenta vagones, En estos transportes llegaban una gran proporción de judíos, pero también otros numerosos enemigos políticos del régimen nazi, a saber, prisioneros políticos de todas nacionalidades, criminales ordinarios y un número considerable de prisioneros de guerra rusos. Sin embargo, la especialidad suprema de Auschwitz-Birkenau era el exterminio de los judíos de Europa, quienes constituían el elemento indeseable entre todos, según la doctrina nazi. Cientos de miles de israelitas eran quemados en los crematorios.

A veces había tal exceso de traba o en los mismos, que no daban abasto en una jornada diaria para desembarazarse de los cadáveres acumulados. Entonces tenían que quemarlos en las «fosas de la muerte». Eran trincheras de más de cincuenta metros de largo por cuatro de ancho. Estaban provistas de un sistema muy hábil de drenaje para dar salida a la grasa humana.

Hubo además una temporada en que los trenes llegaban todavía en mayor número. El año 1943, fueron transportados cuarenta y siete mil judíos griegos a Birkenau. De ellos fueron ejecutados inmediatamente treinta y nueve mil.

Los demás fueron internados, pero murieron como moscas, porque no pudieron adaptarse al clima. Los griegos y los italianos fueron quienes sucumbieron en mayor número al frío y a las privaciones, probablemente porque eran los peor alimentados y los más depauperados de cuantos llegaban. El año 1944, tocó el turno a los judíos húngaros, y más de medio millón fueron exterminados.

Tengo las cifras correspondientes únicamente a los meses de mayo, junio y julio de 1944. El doctor Pasche, médico francés del Sonderkommando en el crematorio, me proporcionó los datos que publico a continuación, y conste que estaba en un puesto en que podía perfectamente enterarse de las estadísticas de exterminación:

Mayo, 1944 360,000
junio, 1944 512,000
Del 1 al 26 de julio, 1944 442,000
1,314,000

En menos de un trimestre los alemanes habían liquidado a más de 1.300,000 personas en Auschwitz-Birkenau.

Tuve muchas oportunidades para presenciar la llegada de los transportes de prisioneros. Un día se me mandó, en compañía de otras tres internadas, a buscar mantas para la enfermería. En el momento en que llegábamos a la estación, entraba en vías un transporte.

Los vagones de ganado estaban siendo vaciados de los seres humanos golpeados y enclenques que habían hecho el viaje juntos, a base de ciento ‘ por casta vagón. De aquella espesa y desgraciada turba, surgían gritos desgarrados en todos los idiomas de Europa, en francés, rumano, polaco, checo, holandés, griego, español, italiano… vaya usted a saber cuántos más. ¡Agual ¡Agual ¡Algo que beber!

Cuando llegué yo como ellos, lo había visto todo a través de una nube de incredulidad, -y no podía dar cuenta de los detalles; apenas era posible dar crédito a lo que se veía. Pero, pasado el tiempo, había aprendido a interpretarlo todo. Reconocí a ciertos jefes de las S.S.

Identifiqué al infame Kramer, a quien los periódicos habían de denominar «la bestia de Belsen » cuya poderosa silueta dominaba la escena. Su máscara de hiel¿ bajo el pelo espeso vigilaba a los deportados con expresión viva y penetrante. Me sentí fascinada al mirarlo, como quien clava los ojos en una cobra. jamás olvidaré la tenue son risa de satisfacción al ver aquella masa humana tan completamente reducida y entregada a su voluntad.

Mientras eran desembarcados los prisioneros, la orquesta del campo, integrada por internados vestidos de pijamas rayados, interpretaba aires alegres para dar la bienvenida a los recién llegados. La cámara de gas esperaba, pero las víctimas tenían que ser tranquilizadas primero.

Las mismas selecciones que se realizaban en la estación eran efectuadas generalmente al compás de lánguidos tangos, de números de jazz y de baladas populares. A un lado esperaban la primera selección. Los viejos, enfermos y niños de menos de doce o catorce años eran destacados a la izquierda y el resto a la derecha.

La izquierda quería decir la cámara de gas y el crematorio de Birkenau; la derecha, detención temporal en Auschwitz. Todo tenía que llevarse a cabo «como era debido» en aquella lúgubre ceremonia. Las mismas tropas de las S.S. observaban escrupulosamente las reglas del juego. Tenían interés en evitar incidentes. Con aquella táctica, unos cuantos guardianes se bastaban para mantener el orden entre los millares de condenados.

Las separaciones daban pie a dramáticos episodios, pero los nazis sabían llevar la cosa a la perfección. Cuando una joven se empeñaba en no querer separarse de su madre anciana, muchas veces transigían’ y mandaban a la deportada unirse con la persona de quien no querían apartarse. Así, ambas pasaban al grupo de la izquierda, en línea recta hacia la muerte.

Luego, siempre a los compases de la música -no podía menos de recordar al Pie Piper de la leyenda-, los dos cortejos empezaban su procesión. En el interim, los internados de servicio habían reunido todos los equipajes. Los deportados seguían creyendo que se iban a encontrar con sus pertenencias cuando llegasen a su destino.

Otros internados colocaban a los enfermos en las ambulancias de la Cruz Roja. Los trataban con delicadeza hasta que las columnas se perdían de vista, pero en seguida, la conducta de aquellos esclavos de las S.S. cambiaba completamente.

Con verdadera brutalidad, empujaban a los enfermos a los camiones de la basura, como si fuesen sacos de patatas, porque las ambulancias ya estaban abarrotadas. Así taraban a sus compañeros de infortunio. En cuanto todo el mundo había encajado a empellones en su sitio, el camión salía en dirección a los crematorios, entre los gemidos y gritos de pavor de los pobres presos.

Gracias a la prueba directa que me conseguí a través del doctor Pasche y de otros miembros de la resistencia, puedo reconstruir las últimas horas de los que eran formados a la izquierda. Al compás de los aires cautivadores interpretados por los internados músicos, cuyos ojos estaban arrasados de lágrimas, el cortejo de los condenados ‘partía hacia Birkenau.

Afortunadamente, no tenían idea de la suerte que les estaba deparada. Al ver el grupo de construcciones de ladrillo rojo que se divisaban adelante, suponían que era un hospital. Las tropas de las S.S. que los escoltaban se conducían con irreprochable «corrección». No eran tan finos cuando trataban con los seleccionados del campo, a los cuales no hacía falta manejar con guante blanco; pero a los recién llegados había que tratarlos con toda finura casta el fin. Los condenados eran conducidos a un largo viaducto subterráneo, llamado «Local B», que se parecía al pasillo de un establecimiento de baños. Podían acomodarse allí hasta dos mil personas.

El «Director de los Baños», de blusa blanca, repartía toallas y jabón … un detalle más de aquella inmensa farsa. Entonces los prisioneros se quitaban la ropa y dejaban todos sus objetos en una enorme mesa. Bajo los ganchos para colgar las prendas había placas que decían en todos los idiomas europeos: «Si desea usted recoger sus efectos al salir, torne nota, por favor, del número de su percha».

El «baño» para el cual estaban siendo preparados los condenados, no era más que la cámara de gas, que caía a la derecha de aquel vasto pasillo o vestíbulo. Esta dependencia estaba equipada con muchas duchas, a cuya vista cobraban confianza los deportados. Pero los aparatos no funcionaban, ni salía agua de los gritos.

En cuanto los condenados llenaban la baja y angosta cámara de gas, los alemanes acababan con su farsa. Se quitaban las caretas. Ya no eran necesarias las precauciones. Las víctimas no estaban en condiciones de escapar ni de ofrecer la menor resistencia. Había ocasiones en que los condenados a muerte retrocedían al llegar a la puerta, como avisados por un sexto sentido. Los alemanes los empujaban brutalmente, sin tener inconveniente en disparar sus pistolas sobre la masa. La estancia se atascaba con el mayor número posible de deportados. Cuando quedaban fuera uno o dos niños, se les tiraba por encima de las cabezas de los adultos.

Luego la pesada puerta se cerraba como la losa de una cripta. Dentro de la cámara de gas se desarrollaban horribles escenas, aunque es mucho de dudar que aquella pobre gente sospechase ni siquiera entonces. Los alemanes no abrían inmediatamente el gas.

Esperaban. Porque los expertos habían visto que era necesario que subiese primero la temperatura de la habitación unos cuantos grados. El calor animal emanado del rebaño humano facilitaba la acción del gas. A medida que subía el calor, el aire se hacía pestilente. Muchos condenados murieron según tengo entendido, antes de que se abriesen las espitas del gas.

En el techo de la cámara había un boquete cuadrado, enrejillado y cubierto con un cristal. Cuando llegaba la hora, un guardián de las S.S., provisto de una careta antigás abría el hueco y soltaba un cilindro de «Cyclone-B», gas preparado en Dessau a base de hidrato de cianuro. Se decía que el Cyclone-B tenía un efecto devastador. Pero no siempre ocurría así, probablemente porque los alemanes querían hacer economías debido al número elevado de hombres y mujeres que había que liquidar. Además, quizás algunos condenados opusiesen gran resistencia orgánica.

En todo caso, había muchas veces sobrevivientes; pero los alemanes no tenían entrañas: respirando todavía, se llevaban a los moribundos al crematorio y se los empujaba a los hornos. Según el testimonio de antiguos internados de Birkenau, muchas personalidades destacadas del nazismo, políticos y otros, estaban presentes cuando se inauguraron el crematorio y las cámaras de gas.

Se dice que expresaron su admiración por la capacidad funcional de aquella enorme planta exterminadora. El mismo día de la inauguración, fueron sacrificados doce mil judíos polacos, lo cual no era gran cosa para el Moloch nazi.

Los alemanes dejaban con vida cada vez a unos cuantos millares de deportados, pero únicamente con el objeto de facilitar el exterminio de millones de otros. A estas víctimas las obligaban a desempeñar los «trabajos sucios». Eran parte del «Sonderkommando». De tres a cuatrocientos atendían cada crematorio.

Su tarea consistía en empujar a los condenados al interior de la cámara de gas y, después de efectuado el asesinato en masa, debían abrir las puertas y sacar los cadáveres. Eran preferidos los médicos y dentistas para ciertas operaciones, los últimos, por ejemplo, para rescatar las dentaduras postizas de los cadáveres -y aprovechar los metales preciosos de que estaban hechas. Además, los miembros del Sonderkommando tenían que cortar el pelo a las víctimas, lo cual suponía otra ganancia para la economía nacional socialista.

El doctor Pasche, a quiera se le había destinado al Sonderkommando, me facilitó los datos de la rutina diaria del personal del crematorio. Porque, por extraño que parezca -y ésta no era la única circunstancia extraña y paradójica que había en los campos de concentración- los alemanes tenían un médico especial para atender a los esclavos de la planta exterminadora.

El doctor Pasche desempeñaba un puesto activo en el movimiento de resistencia, llevando las estadísticas diarias a riesgo de su vida. Comunicaba los datos que obtenía únicamente a los pocos de quienes podía estar totalmente seguro, con la es a de que algún día, dichas cifras fuesen conocidas del entero. El doctor Pasche no se hacía ninguna ilusión respecto a la suerte que le esperaba. Y, en efecto, fue «liquidado» mucho antes de la liberación de Auschwitz.

De los informes de los testigos visuales, podemos imaginarnos el espectáculo que ofrecía la cámara de gas cuando se cerraban las puertas. Entre las torturas de sus sufrimientos, los condenados trataban de treparse uno encima de otro.

Durante su agonía, había quienes clavaban las uñas en la carne de sus vecinos. Por regla general, los cadáveres estaban tan apretados y entremezclados que era imposible separarlos. Los técnicos alemanes inventaron unas pértigas provistas de ganchos en su extremo, que se clavaban en la carne de los cadáveres para extraerlos.

Una vez fuera de la cámara de gas, los cadáveres eran transportados al crematorio. Ya he dicho anteriormente que no era raro que hubiese todavía algunas víctimas con vida. Pero se les trataba como cadáveres y eran introducidos en los hornos con los muertos. Con un montacargas se levantaban los cadáveres y se metían en los hornos. Pero primero se les catalogaba metódicamente.

Los niños iban por delante, para que sirviesen de tizones; luego, llegaba su turno a los cadáveres depauperados, y, finalmente, a los más corpulentos.Mientras tanto, el servicio de recuperación funcionaba sin descanso.

Los dentistas sacaban a los cadáveres las dentaduras metálicas, los puentes, las coronas y las placas. Otros oficiales del Sonderkommando recogían los anillos, porque, a pesar de todo el control que tan rigurosamente se llevaba, había internados que se quedaban con ellos. Naturalmente, los alemanes no querían perder nada de valor.

Los Superhombres Nórdicos sabían aprovecharlo todo. En envases inmensos se recogía la grasa humana, que se había derretido (lo a altas temperaturas. No tenía nada de extraño que el jabón del campo fuese de manera tan peculiar. Ni hay por qué asombrarse de que los internados sospechasen a veces del aspecto de algunos pedazos de salchichón

Hasta las mismas cenizas de los cadáveres eran utilizadas para abonos de las granjas de labor y de los jardines aledaños. El «exceso» era arrojado al Vístula. Las aguas de este río se llevaron los restos de millares de pobres prisioneros.

El trabajo del Sonderkommando era, indudablemente, el más penoso y repugnante. Había dos turnos de doce horas cada uno. Este personal vivía en barrio aparte del campo, y tenía rigurosamente prohibido el contacto con los demás presos. A veces, a guisa de castigo, no se les permitía siquiera ‘volver al campo, sino que tenían que vivir en el mismo edificio de los crematorios. ¡Allí les sobraba calor, pero qué lugar más horrendo para comer y dormir.

La vida de los miembros del Sonderkommando era verdaderamente infernal. Muchos de ellos se volvieron locos. Con frecuencia se veía a un marido a quien obligaban a quemar a su misma mujer; a un padre que hacía otro tanto con sus hijos; a un hijo, con sus padres; y a un hermano, con su hermana.

Al cabo de tres o cuatro meses en aquel infierno, los trabajadores del Sonderkommando veían llegar su turno. Los alemanes lo tenían previsto así. Perecían en la cámara de gas y luego eran quemados por los que habían venido a ocupar sus puestos.

La planta exterminadora no podía dejar de producir, aunque cambiase el personal. Entonces tuve ya dos motivos para seguir viviendo: uno era trabajar por el movimiento de resistencia y ayudar cuanto tiempo pudiese mantenerme sobre mis pies; el segundo era soñar y rezar porque llegase el día en que fuese libre y pudiese decir al mundo entero:
«¡Esto es lo que vi con mis propios ojos ¡No podemos consentir que vuelva a repetirse

«EL CANADA – ( De Libro: Los Hornos de Hitler de Olga Lengyel )
Teníamos en Auschwitz-Birkenau un edificio que no sé por qué se llamaba «Canadá». Dentro de sus muros se almacenaban las ropas y demás pertenencias quitadas a los deportados cuando llegaban a la estación, o cuando se iban a duchar, o en el vestíbulo del crematorio.

El «Canadá» contenía una riqueza considerable, porque los alemanes habían animado a los deportados a que se llevasen sus objetos de valor. ¿No habían anunciado acaso en muchas ciudades ocupadas que no era «contra las ordenanzas» llevarse los efectos personales consigo? Esta invitación indirecta resultó mucho más eficaz que si hubiesen indicado directamente a las víctimas que se llevasen sus joyas. En realidad muchos deportados se llevaban cuanto podían, con la esperanza de ganarse algunos favores a cambio de sus objetos de valor.

En los equipajes se encontraban un poco de todo: tabaco, chamarras de piel jamón ahumado y hasta máquinas de coser. ¡Qué cosecha tan magnífica para el servicio de recuperación del campo En el Canadá había especialistas dedicados exclusivamente a descoser forros y despegar suelas con objeto de hallar tesoros ocultos.

El sistema debió dar a los alemanes buenos resultados, porque encargaron de la tarea a un contingente considerable de energía humana integrado por cerca de mil doscientos hombres y dos mil mujeres. Todas las semanas, salían de Auschwitz para Alemania uno o más trenes atiborrados de productos procedentes del servicio de recuperación.

A los numerosos objetos quitados a los deportados o sustraídos de sus equipajes, se añadía el pelo de las víctimas, procedente de los rapados de vivos y cadáveres. De todos los artículos almacenados en el Canadá que más dolorosamente me impresionaron, había una fila de coches de niño, que me trajeron al pensamiento a todos los desgraciados párvulos que los alemanes habían ejecutado.

Otra sección emocionante era la destinada a los zapatos de niños y juguetes, que siempre estaba bien abastecida. Pertenecer al personal del Canadá o estar asociado con sus comandos constituía un gran privilegio para los cautivos. Estos «empleados» tenían numerosas oportunidades de robar, y, a pesar de las amenazas de castigos severos, las aprovecha . han cuanto podían.

Pero aquellas ordenanzas no rezaban con los oficiales alemanes, los cuales hacían numerosos viajes de inspección al Canadá y se llevaban unos cuantos diamantes como recuerdo en una cámara fotográfica, o una pitillera. Muchos comandos robaban con la esperanza de poder comprar su libertad. Gracias a los sobornos de este tipo, ocurrieron muchas fugas mientras estuve en el campo. Generalmente no se salían con la suya. Los alemanes aceptaban de mil amores cuanto se les ofrecía, ‘ pero en lugar de facilitarles la huída, les complacía más abatir a tiros a sus clientes.

Los objetos robados del Canadá se negociaban después en el mercado negro.

Pese a las feroces medidas disciplinarias, teníamos un mercado negro muy activo. Los precios se fijaban de conformidad con la escasez de los artículos, lo pobre de las radones, y, naturalmente, en proporción con los riesgos que suponía conseguir el artículo en cuestión.

Por tanto, no debe extrañarse nadie de que una libra de Margarina costase 250 marcos de oro, o sea cerca de 100 dólares; un kilo de mantequilla, 500 marcos; un kilo de carne, 1,000 marcos. Un cigarrillo costaba 7 marcos, pero el precio de una fumada estaba sometido a fluctuaciones. Claro está, sólo unos cuantos podían permitirse esos lujos. Sólo los escrupulosos empleados o trabajadores del Canadá disponían de medios.

Tenían que establecer contacto con los que trabajaban fuera del campo o con los mismos guardianes, para poder cambiar sus objetos de valor por dinero o artículos raros. En estos dobles cambios, perdían mucho. A veces, una joya de gran valor se cambiaba por una botella de vino ordinario.

También contribuía al tráfico el personal de la cocina. Ellos eran igualmente de los privilegiados-, en comparación con un prisionero común.Se comía mejor en la cocina. Además, todos los que trabajaban allí podían conseguirse ropas mejores, gracias al cambio- por otros objetos, o sea, al Sistema de comercio por trueque. Los alimentos robados los cambiaban por zapatos o chaquetas viejas. Todas las tardes, entre las cinco y las siete, funcionaba fuera de las barracas un concurrido mercado negro.

Este tipo de tráfico en especie era resultado natural de las condiciones locales en que vivíamos. Era difícil sustraerse a él. Yo pagué la ración de pan de ocho días por una prenda que necesitaba para hacerme una blusa de enfermera. Pero además hube de sacrificar tres sopas para que me la cosiesen. Alimento o vestido era el eterno dilema en que nos encontrábamos. El mercado negro me lleva de la mano a tratar del «Campo Checo», el cual fue, durante muchos meses, una fuente abundante de ropa.

Después de unas breves negociaciones, las internadas de nuestro campo tiraban sus raciones de margarina o de pan por encima de la alambrada de púas, al campo checo. Las checas, en cambio, nos arrojaban prendas de vestir. El negocio era peligroso. Si pasaba por allí algún guardián, podría clo r muy descerrajamos un tiro. 0 también, la ropa recibida podía quedarse enganchada en los alambres. Pero, como dice el refrán, «El que no se arriesga no cruza la mar».

¿A qué se debía el que las checas fuesen más ricas que nosotras en prendas de vestir? La razón era posiblemente un simple capricho o desorden de la administración, o acaso, según se rumoraba, la intervención eficaz de personajes influyentes de Checoslovaquia.

A principios del verano de 1943, a uno de los transportes checos le ahorraron todas las formalidades de rigor; no hubo selecciones, ni confiscación de equipajes, ni cortes de pelo. Además, los hombres quedaron exentos de trabajos forzados y las familias permanecieron juntas, privilegio inaudito en Birkenau. Para sus pequeños, establecieron una especie de escuela.

Los checos eran los únicos que recibían regularmente paquetes de sus familias, por lo menos durante cierto tiempo. Aprovechaban los permisos-oficiales que se les concedían para solicitar toda clase de pertenencias útiles, sobre todo lana para tejer, con la que se confeccionaban prendas de abrigo, bien para su uso personal bien para el mercado negro.

Pero aquella situación de privilegio iba a durar poco tiempo. Al cabo de seis meses, el trato de favor se acabó. Un día, los checos se enteraron de que los alemanes estaban preparándose para liquidarlos. Inmediatamente tomaron el acuerdo de sublevarse. Pero la sedición fue un fracaso.

En el último momento fue envenenado el jefe, que era un antiguo profesor de Praga. Se hizo cargo de la situación el Lageraelteste, un criminal empedernido y bestial. La noche siguiente se distribuyeron entre los checos más tarjetas postales para que informasen a sus parientes cercanos que estaban bien y para que les pidiesen más paquetes de diferentes artículos. Pocas horas después, fueron exterminados todos, viejos y jóvenes, enfermos y sanos.No se perdió tiempo en transportar allá a otros checos para que llenasen su campo.

Tuve ocasión de comunicarme con el contingente del tren segundo. Estos checos fueron también objeto de un trato de favor, a excepción del alimento, que era abominable. Como animalitos hambrientos, sus hijitos vagaban junto a la alambrada, esperando que alguien Ies tirase algún resto de comida o un pedazo de pan. Un buen día- corrió la voz de que estaban siendo liquidados los integrantes del segundo grupo de checos. Primero se llevaron a los hombres, luego a las mujeres jóvenes. Los que quedaron, es decir, los niños y los viejos, no se forjaron ilusiones. Empezaron a cambiar cuanto tenían por un mendrugo de pan o margarina.

Por lo menos, querían hartarse antes de morir. Aquella tarde, un muchacho checo, que estaba enamorado de una Vertreterin joven ¿le nuestro campo, le dijo adiós a través de la alambrada de púas que nos separaba de ellos. Sabía cómo iba a terminar el dia para él.

-Cuando veas las primeras llamaradas del crematorio al amanecer -le dijo-, tómalo como mi saludo para ti.

La chica se desmayó. Él se la quedó mirando desde el otro lado de la alambrada con los ojos bañados de lágrimas. Nosotras la ayudamos a levantarse.
-Amada mía -continuó diciéndole él-.

Tengo un diamante que quería dártelo de regalo. Lo robé mientras trabajaba en el Canadá. Pero ahora voy a tratar de cambiarlo porque me den ocasión de poder pasar a tu campo y estar contigo antes de morir.
No sé cómo se las arreglaría, pero el caso es que lo consiguió, y el muchacho se presentó. Todo el mundo sabía que se aproximaba el fin del o checo. Podría ser cosa de un día más, acaso de unas cuantas horas solamente.

 La blocova dejó a la joven pareja a solas en su habitación. Las demás internadas se plantaron por la parte de afuera para vigilar, que no se presentase de repente algún alemán.

Mientras se llevaba a cabo la revista rutinaria de la tarde, los checos fueron obligados a entregar su calzado. Aquélla era una señal inequívoca.
Ya entrada la noche, llegaron al campo numerosos camiones de basura. Cuantos quedaban todavía en el campo checo tuvieron que treparse a ellos. Algunos oponían resistencia, pero los guardianes los golpeaban a palos o los atravesaban con sus pértigas de ganchos.

Pegadas a las paredes de nuestra enfermería, presenciábamos nosotras la horrible escena. La pequeña Vertreterin vio cómo metían a empellones a su novio checo en el vagón. La alborada nos sorprendió temblando delante de la pared; acababan de arrancar los últimos camiones. Nuestros ojos seguían la trayectoria del humo que eructaban los crematorios… Eran los restos de nuestros pobres vecinos. Durante la noche se le quedó casi completamente blanco el pelo a la joven Vertreterin.

Lo primeros rayos del sol revelaron, esparcidos por el suelo del campo checo, unos cuantos objetos abandonados una rebaja de pan, una muñeca de trapo y algunas prendas de vestir. Aquello fue todo lo que quedó dé la aldea checa de ocho mil almas, que tan corta vida habían tenido.

Fuente Consultada:
Olga Lengyel «Los Hornos de Hitler»

Holocausto Judío Genocidio Campo de Concentracion NAZI Auschwitz

Holocausto Judío Genocidio Campo

malas noticias en el mundo

El 20 de enero de 1942, los altos mandos nazis se reunieron en Grossen-Wannsee, en las afueras de Berlín, para discutir la cuestión de «la solución final» al problema judío. La «solución» (el genocidio) había sido organizada de modo imperfecto. Los Einsatzgruppen (grupos de trabajo) mataban a miles de hombres, mujeres y chicos judíos en Polonia y en la Unión Soviética, pero este método necesitaba gran cantidad de hombres y municiones.

Además, los soldados que debían hacerlo a menudo sufrían ataques de nervios. La mayoría de los judíos de las zonas controladas por los nazis había sido enviada a campos de concentración o a guetos, pero su destino final todavía no estaba claro.

La conferencia de Wannsee, presidida por el subdirector de las SS Reinhard Heydrich, estableció que todos los judíos de Europa serían enviados a campos de los países del este, donde los que no presentaran invalidez física serían esclavizados.

Los obreros esclavos de los territorios conquistados ya resultaban imprescindibles para la economía alemana porque la mano de obra estaba en el frente. La esclavitud tendría otra ventaja: como Heydrich observó, «muchos judíos desaparecerían por causas naturales». Los que no fueran aptos para el trabajo «recibirían un trato especial». Las actas de la conferencia no definieron este término. Pronto los judíos y otros «indeseables» iban a morir en las cámaras de gas en los campos.

entrada a un campo de concentracioa aleman

Ver: Fotos del Holocausto (National Geographic)

Holocausto Judío:
Introducción:

No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis. Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores».

Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte. Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».

Las cifras del holocausto
Se estima que cerca de seis millones de judíos fueron asesinados en los lager, de ellos tres millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos.

Según algunos historiadores, otros seis millones de seres humanos -gitanos, prisioneros rusos, republicanos españoles, disidentes políticos, homosexuales- fueron exterminados. Algunos aliados de Adolf Hitler, como la Croacia fascista de Ante Pavelic o la Francia del gobierno de Vichy, colaboraron en las tareas de deportación.

Medicina degenerada: Muchos deportados sirvieron de cobayos humanos para los experimentos de los pseudocientíficos nazis. En la foto, un grupo de niños víctimas de las prácticas del doctor Joseph Mengele, el «ángel de la muerte» del campo de Auschwitz.

Día: 25 de enero de 1945; lugar: K.Z.Stutthof, campo de concentración situado a pocos kilómetros al este de Gdansk (Danzig para los alemanes). Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas del campo y respirar de nuevo la libertad.

Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco. Allí estaban los supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del campo mientras el termómetro marcaba -30 °C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos difícilmente creíbles; allí estaba la cámara de gas, sofisticada habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida chimenea aún humeante, donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno.

Así pues, los rusos encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos, piernas y cabezas.


El 27 de enero de 1945, otros soldados soviéticos pudieron presenciar una escena parecida en otro lugar siniestro: Auschwitz. Y en el mes de abril, tras la llegada de los blindados americanos al campo de Buchenwald, cerca de Weimar, el general Eisenhower comprobó con sus propios ojos hasta dónde fueron capaces de llegar los nazis en su desprecio por la vida de los seres humanos.

La historia de los campos de concentración nazi comienza poco después de que Hitler fuera nombrado canciller del Reich el 31 de enero de 1933; su existencia obedece al propósito de eliminar a la oposición política.Al principio, Hitler introdujo la «Schutzhaft» (custodia preventiva) como excusa para encerrar en los campos elementos no gratos para el régimen; más adelante no tuvo escrúpulos para eliminarlos.

En marzo de 1933, con motivo de la puesta en servicio de los primeros campos -Oranienburg y  Dachau-, Hitler definió así la función de estos establecimientos: «La brutalidad inspira respeto. Las masas tienen necesidad de que alguien les infunda miedo y las convierta en temblorosas y sometidas. No quiero que los campos de concentración se conviertan en pensiones familiares.

El terror es el más eficaz entre todos los instrumentos políticos… Los descontentos y los desobedientes se lo pensarán dos veces antes de enfrentarse con nosotros, cuando sepan lo que les espera en los campos de concentración.


Agrediremos a nuestros adversarios con brutal ferocidad y no dudaremos en doblegarlos a los intereses de la nación mediante los campos de concentración. »No cabe la menor duda que quienes fueron delegados por Hitler para este cometido cumplieron fielmente los deseos de su jefe.

En un principio, los campos se hallaban bajo el control de la SA («Sturm  Abteilung», sección de asalto), tropas de choque que acabaron por ser anuladas después de un sangriento ajuste de cuentas con las SS durante la célebre «Noche de los cuchillos largos», el 30 de junio de 1934.

La SA fue, por tanto, la encargada de instaurar el terror mediante asesinatos masivos en los primeros campos de concentración. El comandante de Dachau, Theodor Eicke, redactó de forma escrupulosa un reglamento cuya letra y espíritu legitimaban estos asesinatos.

Tras la desaparición de la SA, Hitler asignó a las SS («Schutz-Staffeln», escuadras de protección) el control de los campos y Heinrich Himmler se encargó de organizarlas. Con tal fin creó unos destacamentos destinados al servicio de custodia de los campos, las «Totenkopfverbánde» (formaciones de la calavera), reclutadas entre los nazis más fanáticos.Las primeras remesas de prisioneros llegadas a los campos fueron obligadas a trabajar bajo una disciplina durísima y en unas condiciones inhumanas para levantar y ampliar los establecimientos. Aquéllos que no eran capaces de soportarlo morían sin remedio o eran fusilados; sin embargo, en ningún caso se revelaba la verdad sobre los fallecidos.

   
  
   

Bajo la directa supervisión de Himmler, los campos se multiplicaron. Después de Dachau,  Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck(campo para mujeres),Stutthof, Auschwitz, Neuengamme,…Estos grandes campos tenían otros anexos menores llamado: Kommandos exteriores. Antes de 1939, el número de prisioneros internados en campos de concentración era relativamente bajo, sobre todo si se tienen en cuenta las cifras del período de guerra; además, aún no se habían aplicado masivamente los sistemas de tortura y muerte.

No obstante, esta situación cambió de modo radical tras las redadas de judíos llevadas a cabo por los nazis durante la tristemente célebre «Noche de cristal» (9-10 de noviembre de 1938), y después de la anexión de Austria, que significó la entrega de aquel país a manos de la Gestapo y de las SS.

Tras estos acontecimientos, el número de internados aumentó vertiginosamente. Y Himmler planeó la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo que tal cantidad de detenidos era capaz de ofrecer a sus secuaces. Hitler había prohibido el empleo de prisioneros en la fabricación de armamento, pero a partir de septiembre de 1942 se hizo imprescindible aumentar la producción bélica. Con este objetivo se llegó a un acuerdo según el cual los prisioneros trabajarían en las industrias privadas encargadas de abastecer al  ejército, a cambio de dinero y de un porcentaje de la producción para reequipar a las SS.

1944: 30.000 muertos al mes.
Pero las infrahumanas condiciones de trabajo y la pésima alimentación hicieron aumentar de manera alarmante la mortalidad en los campos. Al recibir un informe en el que se le comunicaba que de los 136.700 deportados que habían ingresado en los campos entre junio y noviembre de 1942 sólo habían sobrevivido 23.502, Himmler montó en cólera. Eso significaba que las bajas eran del orden de 19.000 mensuales, algo intolerable para el buen ritmo de la producción.

La respuesta de Himmler fue la promulgación de una ley titulada «El Reichsführer orde hacer disminuir, en forma absoluta, el índice de mortalidad». A pesar de la grandilocuencia, en 1944 el número de víctimas había aumentado a 30.000 mensuales. A medida que los ejércitos aliados avanzaban, la situación en los campos alcanzaba las metas que se habían propuesto sus funestos artífices.

Como ha dicho el psicólogo Bruno Bettelheim, superviviente de Dachau y Buchenwald, por medio de los campos de concentración la Gestapo pretendía «Acabar con los prisioneros como individuos, extender el terror entre el resto de la población, proporcionar a los individuos de la Gestapo un campo de entrenamiento en el que se les enseñaba a prescindir de todas las emociones y actitudes humanas, proporcionar, en fin, a la Gestapo, un laboratorio experimental para el estudio de medios eficaces para quebrantar la resistencia civil.»

Auschwitz, largo calvario hasta la cámara de gas

Sobre la puerta de entrada de Auschwitz I, todavía hoy puede leerse un letrero que reza: «Arbeit macht frei» (El trabajo da la libertad). Situado en tierra polaca, entre Katowice y Cracovia, el campo de Auschwitz cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: se calcula en 4.000.000 el número de  exterminados, la mayoría de ellos judíos (3.000.000 muertos en las cámaras de gas), además de millares de gitanos y de prisioneros de guerra soviéticos. El campo estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada, y varias torretas dotadas de ametralladoras y potentes reflectores custodiaban las instalaciones día y noche. A la llegada de cada convoy, los SS gustaban de repetir con macabro cinismo:  «Aquí se entra por la puerta y se sale por la chimenea.» En la misma estación de ferrocarril, los deportados que habían sobrevivido al viaje eran seleccionados: los más fuertes se empleaban para el trabajo, el resto era eliminado. Inmediatamente, los SS practicaban

la «Strasse» (calle) en la cabeza de los prisioneros: un surco de unos 2 cm. de anchura desde la frente hasta la nuca; a continuación se marcaba a fuego su número de matrícula en el brazo o en la nuca, número que también era inscrito en una placa de hojalata que el prisionero debía llevar constantemente atada a su muñeca, y cuya pérdida podía significar la muerte.El vestido de los prisioneros consistía en un uniforme a rayas al que se cosía, según las categorías, un triángulo de paño de distintos colores dentro del cual se estampaba la inicial de la nacionalidad del detenido (F, francés; B, belga; S, español; R, ruso; P, polaco). Debajo del triángulo figuraba el número de matrícula. Los prisioneros judíos llevaban una estrella de David de color amarillo.

Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades. Los escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del trabajo. Una vez allí les estaba  prohibido hablar. Si alguno caía rendido por el cansancio o se alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus compañeros hasta el campo para el recuento.Sometidos a una despiadada explotación, los deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba «musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el límite de sus fuerzas.
Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de construcción de carreteras. De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios.

El umbral de la muerte
La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero
recibía alrededor ue 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800. Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados. Algunos «afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio para  muchos prisioneros, sobre todo en invierno.
En noviembre de 1944, ante el avance de los aliados hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión de matanzas en Auschwitz y el desmantelamiento de los hornos. Se inició así el último de los sufrimientos para los que aún sobrevivían: 60.000 personas fueron evacuadas hacia Buchenwald. Anduvieron toda una noche recorriendo 70 km; luego les esperaban tres largos días de penoso viaje en vagones de tren  descubiertos, soportando temperaturas de -20 C. Al entrar los soviéticos en el campo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, se encontraron con 5.000 deportados, la mayoría de los cuales murieron poco tiempo después a causa del estado en que se encontraban.

Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald. En la puerta de hierro forjado de su entrada se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo). Buchenwald era una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante ganchos de hierro clavados en las paredes; desde allí, los cadáveres subían en un montacargas al piso donde estaban instaladas las cámaras  de gas y los hornos crematorios.

A pesar de la enorme capacidad de este edificio, en el patio también se amontonaban carretas de muertos procedentes de los barracones o de la enfermería.Un cierto número de deportados -en su mayoría políticos y judíos alemanes, polacos y checos- fue empleado en las fábricas de Gustloff anexas al campo, en la «Steinbruch» (cantera), o en la reparación de carreteras.

La crueldad de los campos se vio aumentada en Buchenwald por la presencia del comandante Walter Koch y, sobre todo, de su esposa llse, cuyo nombre tiene para los supervivientes un significado escalofriante: nadie puede olvidar las lámparas de su habitación, cuyas pantallas fueron elaboradas con la piel tatuada de algunos deportados.En los primeros días de abril de 1945, las SS recibieron orden de liquidar el campo. Gran cantidad de deportados fueron evacuados hacia los campos de Bergen-Belsen, Dachau y Flossenburg, entre otros. Muchos murieron en el camino.

Sin embargo, la última empresa de exterminio no pudoser llevada a  cabo por las SS gracias a la decisiva acción de la organización clandestina del campo que logró liberarlo el 1 1 de abril de 1945, algunas horas antes de la llegada de los blindados americanos. De los 250.000 detenidos que habían pasado por Buchenwald, en aquel momento sólo sobrevivían penosamente unos 25.000.

Mauthausen, escalera hacia el abismo
Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben, aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz.

El acceso a la cantera se efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte». Al amanecer, los prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a la espalda.En la cima de la cantera al final de la escalera, se abría un abismo en la roca cortada quie la SS había bautizado «pared de los paracaidistas» porque mucho prisioneros deseperados se lanzaban al vacío o eran empujados y precipitados por los guardianes.Entre 1939 y 1945, el campo de Mauthasen llegó a albergar a 335.000 deportados de los que murieron 122.777, si contar los que eran asesinados antes de ser registrados.Antes de morir, había que sifrir todo tipo de humillaciones.En los barracones donde se hacinaban 10 veces más personas que las inicialmente previstas, 5 o 6 prisioneros tenían que compartir un pequeño jergón de paja.En plena podía llegar la orden de dirigirse desnudos al baño para regresar sin secarse a los barracones o de formar en la plaza central de campo durante horas soportando temperaturas de -20 grados centígrados.

En el despacho del comandante de campo, Franz Ziereis, responsable de los crímenes allí cometidos, se encontró una orden que decía: «En el casoq ue el enemigo aproxime, hagansé sonar las sirenas, obliguesé a todos los detenidos a entrar en el «Keller» (galerías subterráneas) y procédase a su eliminación utilizandosé gas.» Un Comité Internacioanal de Resistencia, creado clandestinamente por los deportados , liberó el campo tras duros combates entre el 5 y 7 de mayo de 1945, antes de que llegaran las fuerzas aliadas.

Un día cualquiera en un campo de concentración

La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada. Había que ocuparse de la limpieza personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua. A continuación se distribuía un tazón de agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente. Sin perder tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del campo) donde se pasaba lista.Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros eran agrupados en «Kommandos», cada uno de los cuales constituía un grupo de trabajo a cuyo frente estaba un «Kapo». Los trabajos forzados se realizaban aprovechando al máximo la luz solar.

El único momento de reposo era el de la «comida»: un plato de sopa y las denominadas «porciones», que consistían en 300 g de pan de salvado o de serrín de madera. Por la noche, otro plato de sopa, esta vez con trocitos de legumbres secas, col y nabos. Cinco veces por semana se distribuían con el pan 25 g de margarina, y una vez por semana un pedacito de salchicha vegetal de unos 75 g o dos cucharadas de mermelada. De vez en cuando, dos cucharadas de  coágulos de leche que pretendían ser queso.
A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo. Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo.Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos humanos.

Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en los barracones, agrupados por enfermedades, esperando la llegada de la muerte.Los castigos corporales formaban parte de la vida cotidiana. Era casi imposible escapar a los castigos porque todo estaba prohibido: aproximarse a menos de dos metros de la alambrada, dormir con la chaqueta o sin calzoncillos, no ir a la ducha los días señalados o ir los días no señalados, salir del barracón con la chaqueta desabrochada, llevar bajo la ropa papel o paja para protegerse del frío,…

La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con las manos cruzadas detrás de la nuca.

Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos. Se elegía a los verdugos entre los propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos». En ocasiones, los mismos prisioneros aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas. El llamado «Sonderkommando» (destacamento especial) se encargaba de las cámaras de gas y de los hornos crematorios. Lo formaban prisioneros polacos, lituanos, rusos y ucranianos, en su mayor parte judíos. Su trabajo consistía en abrir las cámaras de gas, arrastrar con gar os os ca veres asta e orno, limpiar la cámara para la siguiente utilización y trasladar las cenizas y huesos que habían caído a través de las parrillas.

Exterminio
Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales. El asesinato de las víctimas se llevó a cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono. Los familiares debían contentarse con un certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca».
Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de exterminio polacos (Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) para dicho cometido.

En Chelmno, por ejemplo, los deportados eran obligados a prepararse para tomar un baño antes de ser enviados a trabajar. A continuación se les introducía en camiones especiales, preparados para que el monóxido de carbono producido por los motores penetrase en la cámara donde viajaban las víctimas. Cuando ya no se oía ningún grito, los camiones se trasladaban hacia un bosque cercano donde los cadáveres eran arrojados en grandes fosas. Más tarde se construyeron las cámaras de gas fijas y los hornos crematorios. Para el funcionamiento de aquéllas se utilizó el gas «ZyklonB», «mucho más eficaz», según palabras de Rudolf Hess.

Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones. En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas.Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios. Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias.

La rapiña  de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial. Tras la liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del campo. Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como fertilizante.

Las prótesis dentales de oro o platino iban a  parar a los bolsillos de los SS.Además de las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar. Los prisioneros de guerra y políticos de cierta relevancia eran fusilados. En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de  espaldas contra una regla vertical graduada-a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error. En algunos campos , las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua.

En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles
experiencias:inoculación de fermedades,ablación de músculos, castración y esterilización,… Algunasde estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores.

El Instituto de Higiene de las Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las secciones de química farmacéutica del I. G. Farben y otras empresas. Cuando las víctimas ya no servían para nada, una inyección venenosa terminaba con sus vidas.El Dr. Brack ideó un método de esterilización basado en la proyección intensa de rayos X sobre los órganos genitales, mientras el individuo, sin advertir lo que le estaban haciendo, rellenaba un formulario  en una ventanilla.

También se pensó en la castración quirúrgica, pero resultaba un método excesivamente lento. En Dachau se hicieron más de 500 operaciones para el adiestramiento de estudiantes de medicina: la mayoría de los operados falleció sin remedio.Uno de los más crueles «médicos» nazis fue el Dr. Sigmund Rascher. Introducía a sus víctimas en cámaras de descompresión, las sometía a temperaturas bajo cero, las sumergía en recipientes de agua helada para «observar las reacciones del paciente». En Auschwitz se efectuaron experiencias consistentes en someter la epidermis de los internados a la acción de gases tóxicos; se les inyectaba petróleo o gasolina, y se estudió la influencia de determinados productos químicos sobre la capacidad mental de las víctimas. Algunas deportadas sufrieron la inoculación de células cancerígenas en el cuello del útero, para después ser gaseadas.

Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a las víctimas de la barbarie nazi en general. Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos, de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos. Según algunos historiadores, otros seis millones de personas murieron en los campos de concentración del Reich.Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e industriales fueron responsables directos de estas muertes.

Desde el final de la guerra, sólo unos 35.000 han sido juzgados y condenados por ello.Además de los judíos, gentes de todas las etnias, grupos sociales, nacionalidades y credos religiosos y políticos sufrieron en silencio la degradación y la muerte: gitanos, homosexuales, miembros de la Resistencia francesa, soldados rusos, republicanos españoles, políticos comunistas y sacerdotes católicos…. Nadie escapó al holocausto.

Queridísimo Reichsfuhrer:
Cumplo con el deber que me ha señalado de tenerle periódicamente informado de los resultados de mis investigaciones…
«Pese a la brevedad del período de tiempo que he tenido a mi disposición, solo cuatro meses, ya me hallo en condiciones , Reichsfuhrer, de informarle de cuanto he descubierto.El método inventado por mí para esterilizar el organismo femenino sin intervención quirúrgica, se encuentra en la práctica totalmente a punto.El método se funda en una sola inyección en el cuello del útero y puede ser aplicado mientras se efectua un examen ginecológico normal, conocido por todos los médicos.Cuando afirmo que el método está a punto «en la práctica»quiere decir que aun de efectuarse determinados perfeccionamientos, que este sistema puede ser,desde ahora,utilizado en lugar de la intervención quirurgica para nuestras esterilizaciones eugenésicas y sustituírla.»

«En cuanto a la pregunta que Ud. Reichsfuhrer, me formuló hace casi un año respecto al tiempo necesario para esterilizar por este sistema a un millar de mujeres, puedo responderle con suficiente aproximación.Es decir si mis investigaciones siguen con el ritmo actual – y no existe motivo para suponer lo contrario- , no está lejano el momento en que un médico práctico, que disponga de la instaalción adecuada y de una docena de ayudantes (el número de ayudantes está en función de la aceleración del programa que se desee cumplir) , se halle en condiciones de esterilizar varios centenares – e incluso 1000 mujeres al día -.

Fuente Consultada: Carta del Dr. Carl Clauberg a Himmler 7-6-1943.

«ENSEÑAR A CONTAR HASTA 500,…»
Para los pobladores no alemanes del este sólo habrá una escuela primaria de cuatro grados.Esa enseñanza elemental tendrá exclusivamente el siguiente objeto: enseñar a contar hasta 500, escribir el nombre completo, inculacar la doctrina de que hay un mandamiento divino, obedecer a los alemanes, y ser trabajador y dócil.No estimo neecsario que se enseñe a leer.»

Fuente Consultada:Memoria de Himmler

La Enfermería (Del Capítulo: IX del libro: Los Hornos de Hitler de Olga Lengyel)

RELATO VERÍDICO: Durante semanas y semanas, no hubo medios para atender a los enfermos. No se había organizado hospital ninguno para los servicios médicos, ni disponíamos de productos farmacéuticos. Un buen día, se nos anunció que, por fin, íbamos a tener una enfermería. Pero ocurrió que, una vez más, emplearon una palabra magnífica  para describir una realidad irrisoria.

Me nombraron miembro del personal de la enfermería. Cómo pudo suceder tal cosa merece punto y aparte.

Poco después de mi llegada, me hice de todo mi valor para suplicar al doctor Klein, que era el jefe médico de las S.S. del campo, que me permitiese hacer algo para aliviar los padecimientos de mis compañeras. Me rechazó bruscamente, porque estaba prohibido dirigirse a un doctor de las S.S. sin autorización: Sin embargo, al. día siguiente, me mandó llamar para comunicarme que a partir de aquel momento iba a quedar a cargo del enlace con os doctores de las distintas barracas. Porque él perdía un tiempo precioso en escuchar la lectura de sus informes mientras giraba sus visitas, y necesitaba ayuda.

Inmediatamente se estableció un nuevo orden de cosas. Todas las internadas que tuviesen algún conocimiento médico deberían presentarse. Muchas se. prestaron voluntariamente. Como yo no carecía de experiencia, me destinaron al trabajo de la enfermería.

En la Barraca No. 15, probablemente la que estaba en peores condiciones de todo el campo, iba a instalarse el nuevo servicio. La lluvia se colaba entre los resquicios del techo, y en las paredes se veían enormes boquetes y aberturas. A la derecha y a la izquierda de la entrada había dos pequeñas habitaciones. A una se la llamaba «enfermería», y a la otra «farmacia».

Unas semanas después, se instaló un «hospital» al otro extremo de la barraca, y quedamos en condiciones de reunir cuatrocientos o quinientos pacientes.

Sin embargo, durante mucho tiempo no dispusimos más que de las dos pequeñas habitaciones. La única luz que teníamos procedía del pasillo; no había agua corriente, y . resultaba difícil mantener limpio el suelo de madera, aunque lo lavábamos dos veces al día con agua fría. Carentes como estábamos de agua caliente y desinfectantes, no conseguíamos raer los residuos de sangre y de pus que quedaban en los intersticios de las tarimas.

El mobiliario de nuestra enfermería se componía de un gabinete de farmacia sin anaqueles, una mal pasada mesa de reconocimiento que teníamos que nivelar con ladrillos, y otra mesa grande que cubrimos con una sábana para colocar en ella los instrumentos. Poco más era lo que teníamos, y todo en lamentable estado.

Siempre que íbamos a usar algo, nos veíamos frente al mismo problema: ¿utilizaríamos los instrumentos sin esterilizar, o nos pasaríamos sin ellos? Por ejemplo, después de tratar un forúnculo o un antras, acaso se nos presentase un absceso de menor gravedad, que teníamos que curar con los mismos instrumentos. Sabíamos que exponíamos a nuestro paciente a una posible infección. ¿Pero qué podíamos hacer? .

Fue un verdadero milagro que nunca tuviésemos un caso de infección grave por ese motivo. A veces pensábamos que nuestra experiencia echaba por tierra, acaso, todas las teorías médicas sobre esterilización.


El total de internadas de nuestro campo ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres. ¡Y todo el personal de que disponíamos para nuestra enfermería no pasaba de cinco -Superfluo es decir que no dábamos abasto con nuestro trabajo.

Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada. Las consultas empezaban a las cinco. Las enfermas, que a veces llegaban a mil quinientas al día, tenían que esperar a que les tocase su turno en filas de a cinco. Se le abrían a uno las carnes al ver aquellas columnas de mujeres dolientes, vestidas miserablemente, calándose de pie humildemente bajo la lluvia, la nieve o el rocío. Muchas veces ocurría que se les agotaban las últimas energías y se desplomaban a tierra sin sentido corno un témpano más.

Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en que nos deteníamos para descansar un poco. Dedicábamos aquel tiempo a nuestra comida, si había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos. Operábamos hasta las ocho de la noche.

A veces, teníamos que trabajar también durante la noche. Estábamos literalmente abrumadas por el peso de nuestra tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire fresco, sin hacer ejercicio físico y sin gozar del suficiente descanso, no veíamos cuándo podríamos descansar un poco.


Aunque carecíamos de todo, incluso de vendajes, nos entregábamos a nuestro trabajo con fervor, espoleadas por nuestra conciencia de la gran responsabilidad e se nos había confiado. Cuando nos veíamos llegar al límite de la resistencia corporal, no remojábamos la cara y el cuello con unas cuantas gotas de la preciosa agua. Teníamos que sacrificar aquellas escasas gotas para poder seguir adelante. Pero el esfuerzo incesante nos agotaba.

Cuando había varios partos seguidos y teníamos que pasar la noche sin dormir, nos fatigábamos hasta el extremo de andar dando tumbos como si estuviésemos intoxicadas. Pero, a pesar de todo, teníamos una enfermería; y estábamos realizando una tarea buena y útil. Jamás se me olvidará la alegría que experimentaba cuando, después de terminada mi jornada de trabajo diaria en la enfermería, podía irme a la cama por fin. Por primera vez después de muchas semanas, ya no teníamos que dormir en la promiscuidad indescriptible de la koia, revolcándonos en su mugre, en sus piojos y en su hedor. Sólo había cinco mujeres trabajadoras en esta dependencia relativamente grande.

Antes de retirarnos, nos permitíamos el lujo de un buen aseo, gracias al cacharro de que disponíamos. El artefacto se iba por dos agujeros y sólo se podía usar si se tapaban con migas de pan… ¿pero qué más daba? Era una palangana de verdad, que se mantenía sobre un pie de verdad. Contenía agua auténtica, y hasta un trozo de jabón, lujo supremo. Bueno, lo que llamaban jabón no era más que una pasta pegajosa de procedencia dudosa y olor asqueroso; pero hacía espuma, aunque no mucha.

Teníamos para las cinco dos mantas. Tirábamos una en el suelo, la que no habíamos sido capaces de limpiar, y nos tapábamos con la otra. En general no podíamos decir que estuviésemos muy cómodas. La primera noche llovió, y el viento soplaba entre los resquicios- de las maderas. El destartalado tejado dejaba pasar la lluvia, y tuvimos que cambiarnos muchas veces, huyendo de los charcos.

Sin embargo, después de haber conocido los horrores de la barraca,aquello era un paraíso. De día en día fueron mejoran o nuestras condiciones de vida. Teníamos cierta medida de independencia, relativa, claro está; pero podíamos hablar y éramos libres de ir al evacuatorio cuando lo necesitábamos. Los que no se han visto nunca privados de estas pequeñas libertades no son capaces de imaginarse lo preciosas que pueden llegar a ser.

Pero la situación, de nuestra vestimenta siguió lo mismo. Mientras atendíamos a las enfermas, llevábamos los mismos harapos pos que nos servían de camisón, bata y todo. Pero las pobres enfermas apenas se enteraban, puesto que iban más andrajosas que mendigas gas, cuando no llevaban el uniforme carcelario.

Al principio, el personal de la enfermería dormía en la misma habitación de consulta, sobre el suelo. Puede imaginarse el lector nuestra alegría, cuando un día, se nos dio todo «un apartamiento». Cierto, era el viejo urinario de la Barraca No. 12, pero lo íbamos a tener para nosotras. En el cuarto angosto cabían a duras penas dos estrechas camas de campo. Por tanto, adoptamos el sistema de ringleras, como las koias de las barracas. Con tres de ellas, teníamos seis camastros. Aquello era un sueño. De allí en adelante, el pequeño dormitorio iba a ser nuestro domicilio privado. Allí estábamos en casa.

Nos pasábamos muchas noches hablando de las posibilidades de nuestra liberación y analizando con comentarios interminables los últimos acontecimientos de la guerra, tal como los entendíamos. En ocasiones muy contadas, nos llegaba de contrabando algún periódico alemán, y estábamos examinando horas y horas cada una de sus palabras, para sacar una partícula de verdad de entre todas aquellas mentiras.

Con frecuencia dábamos rienda suelta a la nostalgia, hablando de nuestros seres queridos, o simplemente discutiendo los torturantes problemas del día, como por ejemplo, si deberíamos o no condenar a muerte a algún recién nacido para salvar a la pobre madre. Hasta llegábamos a recitar a veces poesías para adormecernos en un estado de calma espiritual que nos permitiese olvidar y escaparnos del horrendo presente.


Los resultados obtenidos en nuestra enfermería distaban mucho de ser gloriosos. Las condiciones deplorables del campo de concentración aumentaban sin cesar el número de las dolientes. Sin embargo, nuestros amos se negaron a aumentar el personal de que podíamos disponer. Con cinco mujeres había bastante. Podríamos haber dado parte de nuestras medicinas y vendajes a los médicos de otras barracas, pero los alemanes no nos dejaban.


Naturalmente, no podíamos atender a todos los pacientes, y muchos de ellos se agravaban por tenerlos abandonados, como ocurría, por ejemplo, cuando se trataba de heridas gangrenadas. Aquellas infecciones exhalaban un olor pútrido, y en ellas se multiplicaban rápidamente las larvas. Utilizábamos una enorme jeringa y las desinfectábamos con una solución de permanganato potásico. Pero teníamos que repetir la operación diez o doce veces, y se nos acababa el agua. La consecuencia era que otras pacientes tenían que esperar y seguir sufriendo.


La situación mejoró un poco cuando se instaló el hospital al otro extremo de la barraca. Este espacio estaba reservado para los casos que requerían intervención quirúrgica, pero, cuando había apuros, se curaban toda clase de infecciones. En el hospital cabían de cuatrocientas a quinientas enfermas. Naturalmente, era difícil conseguir ser admitido, por lo cual las que estaban enfermas con frecuencia tenían que esperar días y crías a poder ser hospitalizadas. Desde que llegaban, debían abandonar todas sus pertenencias a cambio de una camisa miserable. Aun habían de seguir durmiendo en las koias o en jergones duros de paja, pero con sólo una manta para cuatro mujeres. Bien claro está que no podía hablarse siquiera de aislamiento científico.

Pero, a pesar de todo, el peligro más trágico que corrían las enfermas era la amenaza de ser «seleccionadas», porque estaban más expuestas a ello que las que gozaban de buena salud. La selección equivalía a un viaje en línea recta a la cámara de gas o a una inyección de fenol en el corazón. La primera vez que oí hablar del fenol fue cuando me lo explicó el doctor Pasche, q ue era un miembro de la resistencia.


Cuando los alemanes desencadenaron sus selecciones en masa, resultaba peligroso estar en el hospital. Por eso animábamos a las que no estuviesen demasiado enfermas a que se quedasen en sus barracas. Pero, especialmente al principio, las prisioneras se negaban a creer que la hospitalización pudiera ser utilizada contra ellas como motivo para su viaje a la cámara de gas. Se imaginaban ingenuamente que las seleccionadas en el hospital y en las revistas lo eran para ser trasladadas a otros campos de concentración, y que las enfermas eran enviadas a un tal central.

Antes de estar instalada la enfermería y de quedar yo al servicio del doctor Klein, dije un día a mis compañeras de cautiverio quíen deberían evitar tener aspecto de enfermas. Aquel mism a, acompañaba más tarde al doctor Klein en su ronda médica. Era un hombre distinto de los demás S.S. Nunca gritaba y tenía buenas maneras. Una de las enfermas le dijo:

-Le agradecemos su amabilidad, Herr Oberarzt.

Y se puso a explicar que había en el campo quienes creían que las enfermas eran enviadas a la cámara de gas.
El doctor Klein fingió quedar muy sorprendido, y con una sonrisa le contestó:

-No tienen ustedes por qué creer todas esas tonterías que corren por aquí. ¿Quién extendió ese rumor?
Me eché a temblar. Precisamente aquella misma mañana, había explicado la verdad a la pobre mujer. Afortunadamente, la blocova acudió en mi ayuda. Arrugó las cejas y aplastó literalmente a la charlatana con una mirada de hielo.
La enferma comprendió que se había ido de la boca y se batió inmediatamente en retirada.
-Bueno, la verdad es que yo no sé nada de todo esto -murmuró-. Por ahí dicen las cosas más absurdas.

En otro hospital del campo, en la Sección B-3, había en agosto unas seis mil deportadas, número considerablemente inferior a nuestras treinta y cinco mil. Me refiero al año 1944. Tenían habitaciones aisladas para los casos contagiosos.

Como era característico en los campos de concentración, dado lo irracionalmente que estaban organizados, esta sección considerablemente más pequeña disponía de una enfermería diez veces mayor que la nuestra, y tenía quince médicos a su servicio.

Sin embargo, las condiciones higiénicas eran allí más lamentables todavía, porque no había letrinas en absoluto, sino únicamente arcas de madera al aire libre, donde las internadas femeninas estaban a la vista de los hombres de las S.S. y de los presos masculinos.


Cuando teníamos casos contagiosos, nos veíamos obligadas a llevar a las pobres mujeres al hospital de aquella sección. Era un problema para nosotras. Si nos quedábamos con las enfermas contagiosas, corríamos el peligro de extender la enfermedad; pero, por otra parte, en cuanto llegaban las pacientes al hospital, corrían el peligro de ser seleccionadas. Sin embargo, las órdenes eran rigurosas, y nos exponíamos a severos castigos si nos quedábamos con los casos contagiosos.

Además, el doctor Mengerlé hacía frecuentes excursiones por allí y echaba un vistazo para ver cómo seguían las cosas. Ni qué decir tiene, que quebrantábamos las órdenes cuantas veces podíamos.El traslado de las enfermas contagiosas era un espectáculo lamentable. Tenían fiebres altísimas y estaban cubiertas con sus mantas cuando echaban a andar por la «Lagerstrasse». Las demás cautivas las evitaban como si fuesen leprosas.

Algunas de aquellas desgraciadas eran confinadas en el «Durchgangszimmer», o cuarto de paso, que era una habitación de tres metros por cuatro, donde tenían que tenderse en el duro suelo. Aquella era una verdadera antecámara de la muerte. Las que trasponían aquella puerta, camino a su destrucción, eran inmediatamente borradas de las listas de efectivas y, en consecuencia, no se les daba nada de comer. Así que no les quedaban más que la perspectiva del viaje final.

Día llegaría, pensábamos, en que, por fin, los camiones de la Cruz Roja se presentarían allí y las enfermas serían atendidas. Y así sucedía; pero los supuestos camiones de la «Cruz Roja» recogían a las Pacientes y se las llevaban una encima de otra, como sardinas en banasta. Las protestas fueron inútiles. El alemán responsable del transporte cerraba la puerta y se sentaba tranquilamente junto al chofer. El camión emprendía su marcha hacia la cámara de la muerte. Por eso teníamos tanto miedo de mandar al «hospital» los casos contagiosos.El sistema de administración carecía absolutamente de lógica. Causaba verdadero estupor ver la poca relación que había entre las órdenes distintas que se sucedían unas a otras.

Aquello se debía en parte a negligencia. Los alemanes trataban indudablemente de despistar a las presas para disminuir el peligro de una sublevación. Lo mismo ocurría con las selecciones. Durante algún tiempo, eran elegidas automáticamente las que pertenecían a la categoría de enfermas. Pero, de repente, todo cambiaba un buen día, y las que estaban afectadas de la misma enfermedad, como, por ejemplo, difteria, eran sometidas a tratamiento en una habitación aislada y confiadas al cuidado de médicos deportados.

La mayor parte del tiempo, las que padecían de escarlatina estuvieron en gran peligro; pero, sin embargo, ocurría de cuando en cuando que las que contraían tal enfermedad eran atendidas, y algunas hasta se’ llegaban a curar. Entonces se las devolvía a sus respectivas barracas, y su ejemplo servía para que las demás se convenciesen de que la escarlatina no significaba sentencia de muerte en la cámara de gas.

Pero, inmediatamente después, aquella táctica quedaba revocada y era substituida por otra. ¿Cómo podía, por tanto, la gente saber a qué carta quedarse? Sea de esto lo que fuere, el caso era que muy pocas volvían del hospital de la sección, y éstas no habían entrado en la Durchgangszimmer, por lo cual no estaban enteradas de sus condiciones. Aquel «hospital» siguió siendo un espectro de horror para todas. Estaba rodeado de misterio y sombras de muerte.

Cierto día, fui testigo en aquel hospital de una escena particularmente patética. Una joven y bella muchacha judía de Hungría, llamada Eva Weiss, que era una de las enfermeras, contrajo la escarlatina atendiendo a sus pacientes. El día que se enteró de que estaba contagiada, los alemanes acababan de abolir las medidas de tolerancia. Como el diagnóstico fue hecho por un médico alemán, la pobre muchacha sabía que era inevitable su traslado a la cámara de gas. Pronto llegaría una falsa ambulancia de la cruz roja a a recogerla, lo mismo que a las demás enfermas seleccionadas.

Las que sospechaban la verdad estaban al borde de la desesperación. La habitación resonaba con los ecos de los gemidos de las lamentaciones.Les aseguro que no tienen por qué alarmarse -les decía Eva Weiss quien también procedía de Cluj. Están ustedes imaginándose cosas aterradoras. Verán, esto es lo que va a pasar: Nos trasladarán a un hospital mayor, en el cual nos atenderán mucho mejor que nos atienden aquí. Hasta puedo decirles dónde está localizado el hospital: en el campo de los viejos y de los niños. Las enfermeras son ancianas. Quizás alguna de nosotras encuentre inclusive a su madre. Después de todo, tenemos que pensar en lo afortunadas que somos. -Siendo enfermera -pensaban las pacientes-, debe estar bien informada.

Y sus palabras las alentaron. Antes de que se cerrase la puerta de la ambulancia, las demás enfermeras dijeron el último adiós a su camarada Eva. Aquella joven heroína había sabido evitar con su frío valor la tortura de la ansiedad y del terror a las desgraciadas que la acompañaban a la muerte. Es mejor no pensar siquiera en lo que ella sentiría dentro de sí, según caminaba a la cámara de gas. Naturalmente, fui testigo de centenares de episodios trágicos. imposible escribir un libro que los relate todos. Pero hubo uno que me emocionó de manera especial.

De una barraca cercana nos trajeron a una joven griega. A pesar de lo demacrada que la había dejado la enfermedad y e ser un esqueleto viviente, conservaba todavía su belleza. No quiso contestar a ninguna de nuestras preguntas y se comportó como muda. Como nos habíamos especializado principalmente en cirugía, no comprendimos por qué nos la mandaban. Su ficha médica indicaba que no tenía necesidad de intervención quirúrgica.

La sometimos a observación. No tardamos en descubrir que se había cometido una equivocación. Aquella muchacha debía haber sido internada en la sección destinada a enfermas mentales. Casi todo el tiempo estaba sentada, imitando los movimientos precisos de una hilandera. De cuando en cuando, como si la extenuase su trabajo, perdía el sentido, sin que pudiésemos hacerla volver en sí en una o dos horas. Luego movía la cabeza a un lado y a otro, abría los ojos y levantaba los brazos, como para protegerse de golpes imaginarios en la cabeza.

Un día después, la encontramos muerta. Durante la noche había vaciado su jergón de paja para «hilarla». Había desgarrado además su blusa en pequeños jirones para disponer de más cantidad de materia prima que hilar. He visto muchas muertas, pero pocas caras me han conmovido tanto como la de aquella joven griega. Probablemente había estado empleada en trabajos forzados de hilandería. No había logrado con sus esfuerzos más que recibir palos. Sucumbió, y el terror y la desesperación animal acabaron por destruir el equilibrio de su mente.

 

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo Yo Acuso de Zola

El Caso Dreyfus Antisemistismo Europeo-«Yo Acuso» de Zola-

Vistiendo el uniforme de capitán del ejército de Francia, con el cabello encanecido y un poco agobiado, sin por ello perder su apostura, se encamina hacia el cuadrángulo de la Escuela Militar un ex prisionero de la Isla del Diablo: Alfredo Dreyfus. Quisiera en esos momentos derramar una lágrima de alegría y de recuerdo para tantos amigos que ya no están a su lado. Pero la disciplina, el sentido del deber y la seguridad de ser el motivo de un acto trascendental para su patria, se lo impide. Y marcha sereno, casi rígido, hacia su rehabilitación. Basta un instante para que toda la triste historia que conmovió a Francia y al mundo, retorne a su mente.

El Caso Dreyfus Antisemistismo EuropeoCaso Dreyfus: El mayor escándalo de la historia de Francia terminó en 1906, cuando los tribunales civiles, anulando el fallo de los militares, dieron el veredicto final: Alfred Dreyfus no era culpable de traición.

El proceso de doce años conocido como el «Affaire Dreyfus» empezó en 1894 cuando una empleada de la embajada alemana en París encontró documentos militares franceses en un cesto.

Los investigadores del ejército concluyeron que el espía debía ser un oficial artillero y el joven capitán Dreyfus se erigía como el perfecto sospechoso: un judío, además de alsaciano. (Alsacia era una región franco-germana y sus habitantes eran a menudo sospechosos de simpatizar con Alemania.) El antisemitismo estaba extendido por toda Francia; acusando a un «extranjero», el ejército alejaba cualquier sospecha de sí mismo.

Con la prensa y el gobierno reclamando su sangre, Dreyfus fue procesado y condenado a cadena perpetua. Dos años después, un nuevo jefe del departamento de inteligencia francés descubrió una evidencia que implicaba a otro oficial, que luego fue despedido. El oficial implicado fue procesado, pero su absolución había sido pactada con anterioridad.

El espionaje francés descubrió que los alemanes habían recibido documentos secretos entregados por un militar francés; una torpe investigación llegó a la conclusión de que Dreyfus era el culpable (sin más indicios que un leve parecido caligráfico). Un consejo de guerra le condenó por traición, fue expulsado del ejército y enviado de por vida al presidio de la Isla del Diablo (Guayana).

Tras el juicio militar, el novelista Emile Zola, que se encontraba entre el pequeño grupo de defensores de Dreyfus, escribió uno de los artículos más famosos de la historia del periodismo, «J’accuse» («Yo acuso»), una carta abierta al presidente de Francia detallando todo lo que era falso en el caso Dreyfus. Zola fue condenado por difamación y desterrado a Inglaterra.

Cuando uno de los acusadores originales de Dreyfus se suicidó (tras confesar que había falsificado pruebas), el gobierno reabrió el caso. Increíblemente, Dreyfus fue hallado nuevamente culpable. El gobierno lo indultó pero él continuó luchando por su absolución, que consiguió siete años después en un tribunal civil.

El caso provocó un cambio perdurable en Francia. El rechazo popular por la persecución de Dreyftr desembocó en la separación de la Iglesia y el Estado en 1905 y facilitó el camino del gobierno a los partidos de izquierda franceses.

Fue en 1894. Alfredo Dreyfus, capitán de artillería, era un militar íntegro, que honraba a su país sirviéndolo en el Ministerio de Guerra. Una noche, cuando terminadas las tareas del día se entregaba al disfrute de los sencillos goces del hogar, una comisión llegó hasta su casa. Extrañado, preguntó de qué se trataba. No se lo dijeron, pero algo en el tono de quienes venían a arrestarlo, le puso en guardia. Un suceso muy grave debía haber ocurrido. Sin embargo, tenía la conciencia tranquila y al despedirse de su esposa que lloraba, la consoló diciendo: «Esto debe ser un error. . . pronto se aclarara». ¿De qué lo acusaban? Cuando lo supo, se sintió anonadado, como si un rayo hubiera caído a sus pies. Alta traición. La documentación reunida por el fiscal, tendía a demostrar que Dreyfus había entregado los planos del freno hidroneumático del obús de 120 mm. a una potencia extranjera, además de revelar detalles de la movilización de tropas destinadas a cubrir las fronteras.

YO ACUSO: Alegato en favor del capitán Alfred Dreyfus, dirigido por el escritor Emile Zola mediante una carta abierta al presidente de Francia, M. Felix Faure y publicada por el – Diario L’Aurore en Paris el 13 de enero de 1898 en su primera plana.

CARTA A M. FELIX FAURE: PRESIDENTE DE LA REPUBLICA FRANCESA

Zola Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?

Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar la alianza rusa, hizo Francia, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de nuestra Exposición Universal, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. Pero que mancha de cieno sobre vuestro nombre – iba a decir sobre vuestro reino – puede imprimir este abominable proceso Dreyfus!.

Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Esterhazy, bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Francia conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.

Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad. Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.

Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. Y a quien denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado del país?

– Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus.

Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Clam, entonces comandante. El representa por sí solo el asunto Dreyfus; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades.

Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciendose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas. El imaginó lo de dictarle a Dreyfus la nota sospechosa, el concibió la idea de observarlo en una habitación revestida de espejos, es a el a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Clam, encargado de instruir el proceso Dreyfus y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error judicial que se ha cometido.

La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Sandherr, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general. Hubo fugas, desaparecieron papeles (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un oficial del Estado mayor, y precisamente del cuerpo de artillería; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de un oficial de infantería.

Se procedió a un minucioso registro; examinándose las escrituras; aquello era como un asunto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Dreyfus, aparece el comandante Paty de Clam, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo. Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Mercier, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Boisdeffre, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gonse, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas. Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Clam, que a todos los maneja y hasta los hipnoptiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus. Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Dreyfus, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas… que denuncia tan cruel!.

Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.

El comandante Paty de Clam prende a Dreyfus y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Dreyfus y le infunde terror, previniéndola que, si habla su esposo esta perdido. Entre tanto, el desdichado se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor.

Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa denegación de justicia, que afecta profundamente a nuestra Francia. Quisiera hacer palpable como pudo ser posible el error judicial, como nació de las maquinaciones del comandante Paty de Clam y como los generales Mercier, Boisdeffre y Gonse, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que mas tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando mas, cedieran a las pasiones religiosas del medio y a prejuicios de sus investiduras. Y vayan siguiendo las torpezas!

Cuando aparece Dreyfus ante el Consejo de guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Alemania hasta Nuestra Señora de París, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.

Se murmuran hechos terribles, traiciones monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos….. Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver toda Europa y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto?. No! Detrás de tanto misterio solo se hallan las imaginaciones románticas y dementes del comandante Paty de Clam. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la mas inverosímil novela folletinesca. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el acta de acusación leída ante el Consejo de guerra.

Ah! Cuanta vaciedad! Parece mentira que con semejante acta pudiese ser condenado un hombre. Dudo que las gentes honradas pudiesen leerlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando la expiación desmesurada que sufre la víctima en la Isla del Diablo.

Dreyfus conoce varias lenguas: crimen. En su casa no hallan papeles comprometedores; crimen. Algunas veces visita su país natal; crimen Es laborioso, tiene ansia de saber; crimen. Si no se turba; crimen. Todo crimen, siempre crimen… Y las ingenuidades de redacción, las formales aserciones en el vacío!. Nos habían hablado de catorce acusaciones y no aparece mas que una: la nota sospechosa. Es mas: averiguamos que los peritos no están de acuerdo y que uno de ellos, M. Gobert, fue atropellado militarmente porque se permitía opinar contra lo que se deseaba. Hablase también de veintitrés oficiales, cuyos testimonios pasarían contra Dreyfus. Desconocemos aún sus interrogatorios, pero lo cierto es que no todos lo acusaron, habiendo que añadir, además, que los veintitrés oficiales pertenecían a las oficinas del ministerio de la guerra. Se las arreglan entre ellos como si fuese un proceso de familia, fijaos bien en ello: el Estado Mayor lo hizo, lo juzgó y acaba de juzgarlo por segunda vez.

Así, pues, solo quedaba la nota sospechosa acerca de la cual los peritos no estuvieron de acuerdo. Se dice que, en el Consejo, los jueces iban ya, naturalmente a absolver al reo, y desde entonces, con obstinación desesperada, para justificar la condena, se afirma la existencia de un documento secreto, abrumador; el documento que no se puede publicar, que lo justifica todo y ante el cual todos debemos inclinarnos: el Dios invisible e incognoscible!. Ese documento no existe, lo niego con todas mis fuerzas. Un documento ridículo, si, tal vez el documento en que se habla de mujercillas y de un señor D… que se hace muy exigente, algún marido, sin duda, que juzgaba poco retribuidas las complacencias de su mujer!.

Pero un documento que interese a la defensa nacional, que no puede hacerse público sin que se declare la guerra inmediatamente, no, no!. Es una mentira, tanto mas odiosa y cínica, cuanto que se lanza impunemente sin que nadie pueda combatirla. Los que la fabricaron, conmueven el espíritu francés y se ocultan detrás de una legítima emoción; hacen enmudecer las bocas, angustiando los corazones y pervirtiendo las almas. No conozco en la historia un crimen cívico de tal magnitud!.

He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran como pudo cometerse un error judicial. Y las pruebas morales, como la posición social de Dreyfus, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones del medio clerical en que se movía, y del odio a los puercos judíos que deshonran nuestra época.

Y llegamos al asunto Esterhazy. Han pasado tres años y muchas conciencias permanecen turbadas profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la inocencia de Dreyfus.

No historiaré las primeras dudas y la final convicción de M. Scheurer-Kestner. Pero mientras el rebuscaba por su parte, acontecían hechos de importancia en el Estado Mayor. Murió el coronel Sandherr y sucedióle como jefe del Negociado de informaciones, el teniente coronel Picquart, quien por esta causa, en ejercicio de sus funciones, tuvo un día ocasión de ver una carta telegrama dirigida al comandante Esterhazy por un agente de una potencia extranjera.

Era su deber abrir una información y no lo hizo sin consultar con sus jefes, el general Gonse y el general Boisdeffre y luego con el general Billot, que había sucedido al de la Guerra. El famoso expediente Picquart, de que tanto se ha hablado, no fue más que el expediente Billot, es decir, el expediente instruido por un subordinado cumpliendo las ordenes del ministro, expediente que debe existir aún en el ministerio de la Guerra. Las investigaciones duraron de mayo a setiembre de 1896, y es preciso decir bien alto que el general Gonse estaba convencido de la culpabilidad de Esterhazy y que los generales Boisdeffre y Billot no ponían en duda que la célebre nota sospechosa fuera de Esterhazy.

El informe del teniente coronel Picquart había conducido a esta prueba cierta. Pero el sobresalto de todos era grande, porque la condena de Esterhazy obligaba inevitablemente a la revisión del proceso Dreyfus; y el Estado Mayor a ningún precio quería desautorizarse.

Debió haber un momento psicológico de angustia suprema entre todos los que intervinieron en el asunto; pero es preciso notar que, habiendo llegado al ministerio el general Billot, después de la sentencia dictada contra Dreyfus, no estaba comprometido en el error y podía esclarecer la verdad sin desmentirse. Pero no se atrevió, temiendo acaso el juicio de la opinión pública y la responsabilidad en que habían incurrido los generales Boisdeffre y Gonse y todo el Estado Mayor. Fue un combate librado entre su conciencia de hombre y todo lo que suponía el buen nombre militar. Pero luego acabó por comprometerse, y desde entonces, echando sobre sí los crímenes de los otros, se hace tan culpable como ellos; es mas culpable aún, porque fue árbitro de la justicia y no fue justo. Comprended esto! Hace un año que los generales Billot, Boisdeffre y Gonse, conociendo la inocencia de Dreyfus, guardan para si esta espantosa verdad. Y duermen tranquilos, y tienen mujer e hijos que los aman!. 

El coronel Picquart había cumplido sus deberes de hombre honrado. Insistió cerca de sus jefes, en nombre de la justicia, suplicandoles, diciéndoles que sus tardanzas eran evidentes ante la terrible tormenta que se les venía encima, para estallar, en cuanto la verdad se descubriera. Moinseur Scheurer-Kestner rogó también al general Billot que por el patriotismo activara el asunto antes de que se convirtiera en desastre nacional.

No! El crimen estaba cometido y el Estado Mayor no podía ser culpable de ello. Por eso, el teniente coronel Picquart fue nombrado para una comisión que lo apartaba del ministerio, y poco a poco fueron alejándose hasta el ejército expedicionario de Africa, donde quisieron honrar un día su bravura, encargándole una misión que le hubiera la vida en los mismos parajes donde el marques de Mopres encontró la muerte. Pero no había caído aún en desgracia; el general Gonse mantenía con el una correspondencia muy amistosa. Su desdicha era conocer un secreto de los que no debieran conocerse jamás.

En París la verdad se abría camino, y sabemos ya de que modo la tormenta estalló. M.Mathieu Dreyfus denunció al comandante Esterhazy como verdadero autor de la nota sospechosa; mientras M.Scheurer-Kestner depositaba entre las manos del guardasellos una solicitud pidiendo la revisión del proceso. Desde ese punto el comandante Esterhazy entre en juego.

Testimonios autorizados lo muestran como loco, dispuesto al suicidio, a la fuga. Luego, todo cambia, y sorprende con la violencia de su audaz actitud. había recibido refuerzos: un anónimo advirtiéndole los manejos de sus enemigos; una dama misteriosa que se molesta en salir de noche para devolver un documento que había sido robado de las oficinas militares y que le interesaba conservar para su salvación. Comienzan de nuevo las novelerías folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil imaginación del teniente coronel Paty de Clam. Su obra, la condenación de Dreyfus, peligraba, y sin duda quiso defender su obra.

La revisión del proceso era el desquiciamiento de su novela folletisnesca, tan extravagante como trágica, cuyo espantoso desenlace se realiza en la Isla del Diablo. Y esto no podía consentirlo. Así comienza el duelo entre el teniente coronel Picquart, a cara descubierta, y el teniente coronel Paty de Clam, enmascarado. Pronto se hallaran los dos ante la justicia civil. En el fondo no hay más que una cosa: el Estado Mayor defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación aumenta de hora en hora.

Se ha preguntado con estupor cuales eran los protectores del comandante Esterhazy. Desde luego, en la sombra, el teniente coronel Paty de Clam, que ha imaginado y conducido todas las maquinaciones, descubriendo su presencia en los procedimientos descabellados. Después los generales Boisdeffre, Gonse y Boillot. obligados a defender al comandante, puesto que no pueden consentir que se pruebe la inocencia de Dreyfus, cuando este acto habría de lanzar contra las oficinas de la Guerra el desprecio del público.

Y el resultado de esta situación prodigiosa es que un hombre intachable, Picquart, el único entre todos que ha cumplido con su deber, será la víctima escarnecida y castigada. Oh justicia! Que triste desconsuelo embarga el corazón! Picquart es la víctima, se lo acusa de falsario y se dice que fabrico la carta telegrama para perder a Esterhazy. Pero, Dios mío!, por que motivo? Con qué objeto? Que indiquen una causa, una sola. Estar pagado por los judíos?. Precisamente Picquart es un apasionado antisemita. Verdaderamente asistimos a un espectáculo infame; para proclamar la inocencia de los hombres cubiertos de vicios, deudas y crímenes, acusan un hombre de vida ejemplar. Cuando un pueblo desciende a esas infamias, esta próximo a corromperse y aniquilarse.

A esto se reduce, señor Presidente de la república, el asunto Esterhazy, un culpable a quien se trata de salvar haciéndole parecer inocente, hace dos meses que no perdemos de vista esa interesante labor. Y abrevio porque solo quise hacer el resumen, a grandes rasgos, de la historia cuyas ardientes páginas un día serán escritas con toda extensión. Hemos visto al general Pellieux, primero, y al comandante Ravary, mas tarde, hacer una información infame, de la cual han de salir transfigurados los bribones y perdidas las gentes honradas. Después se ha convocado al Consejo de guerra. Como se pudo suponer que un Consejo de guerra deshiciese lo que había hecho un Consejo de guerra?

Aparte la fácil elección de los jueces , la elevada idea de disciplina que llevan esos militares en el espíritu, bastaría para debilitar su rectitud. Quien dice disciplina dice obediencia. Cuando el ministro de la guerra, jefe supremo, ha declarado públicamente y entre las aclamaciones de la representación nacional, la inviolabilidad absoluta de la cosa juzgada, queréis que un Consejo de guerra se determine a desmentirlo formalmente?. Jerárquicamente no es posible tal cosa.

El general Billot, con sus declaraciones, ha sugestionado a los jueces que han juzgado como entrarían en fuego a una orden sencilla de su jefe: sin titubear. La opinión preconcebida que llevaron al tribunal fue sin duda esta: «Dreyfus ha sido condenado por crimen de traición ante un Consejo de guerra; luego es culpable y nosotros, formando un Consejo de guerra, no podemos declararlo inocente. Y como suponer culpable a Esterhazy, sería proclamar la inocencia de Dreyfus, Esterhazy debe ser inocente».

Y dieron el inicuo fallo que pesará siempre sobre nuestros Consejos de Guerra, que hará en adelante sospechosas todas sus deliberaciones. El primer Consejo de guerra pudo equivocarse; pero el segundo ha mentido.

El jefe supremo había declarado la cosa juzgada inatacable, santa, superior a los hombres, y ninguno se atrevió a decir lo contrario. Se nos habla del honor del ejército; se nos induce a respetarlo y amarlo. Cierto que si; el ejército que se alzara en cuanto se nos dirija la menor amenaza, que defenderá el territorio francés, lo forma todo el pueblo, y solo tenemos para el ternura y veneración. Pero ahora no se trata del ejército, cuya dignidad justamente mantenemos en el ansia de justicia que nos devora; se trata del sable, del señor que nos darán acaso mañana. Y besar devotamente la empuñadura del sable del ídolo. No,eso no!.

Por lo demás queda demostrado que el proceso Dreyfus no era mas que un asunto particular de las oficinas de guerra; un individuo del Estado Mayor, denunciado por sus camaradas del mismo cuerpo, y condenado, bajo la presión de sus jefes.

Por lo tanto, lo repito, no puede aparecer inocente sin que todo el Estado mayor aparezca culpable. Por esto las oficinas militares, usando todos los medios que les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus influencias, defienden a Esterhazy para hundir de nuevo a Dreyfus. Ah!, que gran barrido debe hacer el Gobierno republicano en esa cueva jesuítica (frase del mismo general Billot).

Cuando vendrá el ministerio verdaderamente fuerte y patriota, que se atreva de una vez a refundirlo, y renovarlo todo?. Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, porque saben en que manos esta la defensa nacional! En que albergue de intrigas, chismes y dilapidaciones se ha convertido el sagrado asilo donde se decide la suerte de la patria!. Espanta la terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto Dreyfus; el sacrificio humano de un infeliz, de un puerco judío. Ah! se han agitado allí la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos tiranos que pisotean la nación, ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado.

Y es un crimen mas apoyarse con la persona inmunda, dejarse defender por todos los bribones de París, de manera que los bribones triunfen insolentemente, derrotando el derecho y la probidad. Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas, mientras los canallas urden impunemente el error que tratan de imponer al mundo entero. Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio. Es un crimen envenenar a los pequeños y a los humildes, exasperando las pasiones de reacción y de intolerancia, y cubriéndose con el antisemitismo, de cuyo mal morirá sin duda la Francia libre, si no sabe curarse a tiempo. Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio; y es un crimen, en fin, hacer del sable un dios moderno, mientras toda la ciencia humana emplea sus trabajos en una obra de verdad y de justicia.

!Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas!. Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de M. Scheurer-Kestner, y lo creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente el día de la interpelación en el Senado, desembarazandose de su carga, para derribarlo todo de una vez. Creyó que la verdad brilla por si sola, que se lo tendría por honrado y leal, y esta confianza lo ha castigado cruelmente. Lo mismo le ocurre al teniente coronel Picquart que, por un sentimiento de dignidad elevada, no ha querido publicar las cartas del general Gonse; escrúpulos que lo honran de tal modo que, mientras permanecía respetuoso y disciplinado, sus jefes lo hicieron cubrir de lodo instruyendole un proceso de la manera mas desusada y ultrajante. Hay, pues, dos víctimas; dos hombres honrados y leales, dos corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras el diablo hacia de las suyas. Y hasta hemos visto contra el teniente coronel Picquart este acto innoble: un tribunal francés consentir que se acusara públicamente a un testigo y cerrar los ojos cuando el testigo se presentaba para explicar y defenderse. Afirmo que esto es un crimen mas, un crimen que subleva la conciencia universal. Decididamente, los tribunales militares tienen una idea muy extraña de la justicia.

Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestro gobierno. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla. Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto mas duramente se oprime la verdad, mas fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Clam como laborante – quiero suponer inconsciente – del error judicial, y por haber defendido su obra nefasta tres años después con maquinaciones descabelladas y culpables.

Acuso al general Mercier por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.

Acuso al general Boisdeffre y al general Gonse por haberse hecho cómplices del mismo crimen, el uno por fanatismo clerical, el otro por espíritu de cuerpo, que hace de las oficinas de Guerra un arca santa, inatacable.

Acuso al general Pellieux y al comandante Ravary por haber hecho una información infame, una información parcialmente monstruosa, en la cual el segundo ha labrado el imperecedero monumento de su torpe audacia.

Acuso a los tres peritos calígrafos, los señores Belhomme, Varinard y Couard por sus informes engañadores y fraudulentos, a menos que un examen facultativo los declare víctimas de una ceguera de los ojos y del juicio.

Acuso a las oficinas de Guerra por haber hecho en la prensa, particularmente en L’Eclair y en L’Echo de París una campaña abominable para cubrir su falta, extraviando a la opinión pública.

Y por último: acuso al primer Consejo de Guerra, por haber condenado a un acusado, fundándose en un documento secreto, y al segundo Consejo de Guerra, por haber cubierto esta ilegalidad, cometiendo el crimen jurídico de absolver conscientemente a un culpable.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es mas que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Solo un sentimiento me mueve, solo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es mas que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

EMILE ZOLA

París, enero 13 de 1898.

Dreyfus

Dreyfus ya reintegrado como militar

Luego de varios años, su hermano Mateo reunió algunos elementos de prueba en su favor, logrando que el senador Scheurer Kestner tomara su defensa. En un célebre debate trascendió que el teniente coronel Picquart había ocultado importantes documentos que demostraban que el verdadero culpable era el comandante de infantería Esterhazy. El reclamo de la opinión pública obligó al procesamiento de ese militar, pero el tribunal lo declaró inocente. Todoparecía perdido, cuando Emilio Zola publico su celebre «J´ accuse» que repercutió hondamente en Francia. Una tentativa para procesar al escritor sólo sirvió para echar nuevas luces ante una opinión pública intensamente agitada.

PARA SABER MAS…
LA CONSPIRACIÓN JUDEO MASÓNICA

Regímenes de ideologías muy diversas ayudaron a crear el mito de una conspiración de judíos y masones -a los que muchas veces se añadía a los comunistas- para dominar el mundo. La supuesta alianza secreta de los seguidores de dichas doctrinas e ideologías ha sido utilizada, sin argumentos mínimamente sólidos, en la Francia de fin de siglo XIX, con el estallido del caso Dreyfus en Francia (1894) -un ejemplo de antisemitismo de manual-, en la Rusia zarista, con la publicación en 1903 de los Protocolos de los Sabios de Sión -un panfleto plagiado de un activista antimasón francés y lanzado por el gobierno de los zares para desacreditar de un solo golpe a judíos, masones y comunistas-, en la Rusia postsoviética de Vladimir Zhirinovski

y su movimiento ultra, antisemita y anticomunista, cuyo único nexo con el antiguo aparato soviético era su aversión a los masones, y en la España del dictador Francisco Franco, que dirigió una cruzada «contra el complot judeoma-sónico y la subversión comunista-terrorista». Usualmente, Franco manifestaba en sus discursos un odio especial a la masonería, a la que aparentemente habría intentado ingresar sin lograrlo.

Grandes Enigmas de la Historia Fasc. N°4 Las Logias Masónicas

El Antisemitismo en la historia Persecucion a los Judios

El Antisemitismo en la Historia
Persecucion a los Judíos

La persecución de los judíos durante la Edad Media fue un hecho corriente. Generalmente se basó en el pretexto de que los judíos merecían ser perseguidos porque eran la raza que había crucificado a Jesucristo, fundador de la religión cristiana. (A nadie se le ocurrió pensar que los primeros cristianos y, el propio Cristo, fueron judíos.) Semejante acusación sirvió para enardecer a las sociedades medievales supersticiosas en las que, además, había otros motivos que explicaban el odio a los judíos.

Por ejemplo, durante mucho tiempo fueron los únicos prestamistas y ocuparon una posición destacada en el comercio, lo que llevó a que la gente les debiera dinero y a que durante mucho tiempo no ocuparan una posición clara en la sociedad mayoritariamente rural de la Europa medieval. Los judíos se congregaron en las ciudades y practicaron su propia religión y ritos. Pese a que en términos comparativos eran pocos, llamaron mucho la atención, a menudo por su vestimenta.

Los tiempos de persecución, atropellos y matanzas desaparecieron lentamente, al menos en Europa occidental… tendencia que, hay que reconocerlo, se debió en gran parte a que en la Edad Media desaparecieron la mayoría de las comunidades judías de Occidente (a medida que cada vez más judíos se desplazaban hacia el este hasta el reino de Polonia-Lituania).

El capitán Dreyfus, condenado por traición, es degradado en las primeras etapas del proceso que comenzó en 1894 y que durante años dividiría y envenenaría a la sociedad francesa. Oficial de estado mayor de origen judío, Dreyfus fue condenado por espionaje a cadena perpetua en la isla del Diablo. investigaciones posteriores demostraron que varios oficiales de alta graduación se habían confabulado para falsificar las pruebas.

Gradualmente, los judíos de los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania fueron tratados con más tolerancia. A partir del siglo XVII y en los niveles medios y altos de la sociedad pudieron llevar vidas bastante normales. Y, lo que es más importante, con el paso del tiempo se desmantelaron las leyes que en muchos países imponían cargas y obligaciones específicas a los judíos. En este sentido, es posible que la influencia de la Revolución Francesa fuese el factor más decisivo. A partir de dicha revolución y en los primeros años del siglo XIX, los judíos se vieron liberados de las múltiples injusticias que anteriormente habían soportado.

Este cambio no significó que los judíos dejaran de distinguirse. Siguieron formando (si no se volvieron formalmente cristianos) una comunidad separada por la religión, la educación y la lengua. El hebreo era el idioma de la religión judía y los judíos de Europa oriental, donde vivían en su inmensa mayoría, hablaban yiddish (una mezcla de dialecto alemán y hebreo). No desaparecieron los prejuicios sociales contra los judíos. Existía una antigua tradición de esnobismo europeo basada en la idea de que era despreciable ganar dinero con el comercio o la banca; aunque en el siglo XIX los judíos conquistaron posiciones de gran eminencia en las artes, el comercio y las finanzas, mayoritariamente estuvieron al margen de los círculos dirigentes de los países europeos, incluso en los casos en que dispusieron de riquezas mucho mayores que las que tenían muchos de sus gobernantes.

Aquel fue el medio en el que, durante la segunda mitad del siglo XIX, se difundieron las ideas seudodarwinistasacerca de la raza y los judíos. El «antisemitismo», nombre que recibe el odio profundo a los judíos (originalmente, los judíos fueron uno de los pueblos del grupo lingüístico semita del Cercano Oriente; los otros son los pueblos árabes), no ha desaparecido. Algunos católicos romanos lo han mantenido vivo en Occidente (hubo quienes responsabilizaron a los judíos de la Revolución Francesa) y la Iglesia ortodoxa rusa lo alentó en Oriente. Sin embargo, diversos factores adicionales tuvieron que ver con la nueva ola de sentimientos antijudíos.

En primer lugar, la gran crisis comercial y financiera que en los años setenta del siglo XIX padecieron Alemania y Austria; una vez superada, muchos de los que perdieron sus ahorros culparon a los bancos y a los financieros judíos. En segundo lugar, el traslado de judíos del este hacia las principales ciudades de Europa central —sobre todo, Viena—, en las que compitieron con los nativos por los puestos de trabajo. Como esos inmigrantes solían proceder de comunidades judías muy conservadoras y de mentalidad tradicional instaladas en la zona de Polonia-Lituania, a menudo llamaron enormemente la atención por su vestimenta y aspecto.

A pesar del renacimiento del antisemitismo provocado por falsas teorías «científicas» sobre la raza y por factores económicos, en ningún país europeo occidental los judíos volvieron a su antigua posición de inferioridad ante la ley. En casi todos los países los judíos notables fueron cada vez más aceptados por la sociedad: en este sentido fue muy importante el ejemplo del rey Eduardo VII de Inglaterra, que tuvo muchos amigos judíos. Una cantidad cada vez mayor de judíos se dedicó a las profesiones liberales, participó en la vida política y ocupó puestos en el alto funcionariado, siguió prosperando en los negocios, no tuvo dificultades para acceder a la educación superior y, en un sentido amplio, buscó una «asimilación» cada vez más afortunada en las sociedades en las que eran ciudadanos de pleno derecho.

Los judíos hicieron una gran contribución a la vida, sobre todo, de Estados Unidos; tuvieron gran éxito e influencia en esa sociedad, libre de muchas tradiciones europeas. En realidad, antes de 1914 pocos judíos pensaban que su pueblo debía buscar otro fin que no fuera la asimilación y que debían constituirse en una nación, con una base territorial en un estado judío independiente: estos pocos eran los sionistas.

Esta síntesis sobre el progreso global y continuo del pueblo judío hasta 1914 sólo encontró graves obstáculos en la Rusia zarista. Hacia finales del siglo XIX, vivían allí unos 5 millones de judíos —alrededor de la quinta parte de todos los del mundo—, la mayoría en Rusia occidental y Polonia. Con el propósito de desviar el descontento y de dividir a sus súbditos para que lucharan entre sí, el régimen apeló deliberadamente al antiguo odio supersticioso hacia los judíos desplegado por la Iglesia ortodoxa. A partir de los años ochenta, hubo frecuentes pogromos o asaltos contra los judíos: saqueos y robos de casas y tiendas de judíos e invasión de los guetos por matones que azotaron a sus habitantes, matándolos en ocasiones, o que violaron a las jóvenes. A menudo la policía organizó esos pogromos.

Aunque no fuese así, las autoridades hicieron la vista gorda y no protegieron a los judíos. Tal vez no sea sorprendente que los judíos destacaran entre los dirigentes de los grupos revolucionarios rusos. Con excepción de Rusia, Rumania fue el único país europeo que legalizó el antisemitismo. Rumania trató como extranjeras a las comunidades judías que llevaban siglos asentadas en la provincias del Danubio, política que persistió hasta 1919.

En los guettos los judíos formaron sociedades de ayuda mutua , grupos de estudio, grupos para la educación de niños , grupos para el culto y sociedades de asistencia a los pobres.

Ningún europeo culto habría sostenido que Europa oriental podía considerarse representativa del nivel de civilización al que pertenecía. El trato que se dio a los judíos en los países occidentales fue algo de lo que podía sentirse mucho más orgulloso. Empero, incluso en esos países la propagación de ideas racistas a finales del siglo XIX sembró las simientes que más adelante producirían horrorosas atrocidades. El surgimiento de dichas ideas fue sin duda la señal de que algo fallaba en los cimientos mismos de la cultura europea, por muy sólidos y liberales que parecieran sus logros.

Fuente Consultada: Historia Universal Ilustrada de John Roberts Tomo 2