La Planificación Económica Latinoamericana

Resumen Historia de Bolivia Revolucion 1952 y Reforma Agraria

Resumen de la Historia Independencia de Bolivia Hasta El Siglo XX – Revolución y Reforma Agraria

El territorio de la actual República de Bolivia formaba parte del vasto dominio de los incas en la época precolombina. Después de la conquista, dependió del virreinato del Perú con el nombre de Alto Perú, hasta que en 1776, el Alto Perú fue desmembrado del virreinato de Lima y agregado al de Buenos Aires.

El Alto Perú, antes de constituirse en Estado independiente con el nombre de Bolivia, lo componían las intendencias de la Paz, Potosí, Charcas, Cochabamba y Santa Cruz.

La historia de Bolivia, hasta fines del siglo XVIII es, pues, la misma que la del Perú.

Desde 1800 empezaron las propagandas para la emancipación del país, inspiradas en los principios de la Revolución Francesa y sostenidas por algunos revolucionarios partidarios de la independencia de América, entre los que figuraba el famoso Francisco de Miranda.

El ejemplo de los Estados Unidos robustecería las esperanzas de los patriotas, algunos de los cuales gestionaban en Francia el apoyo a sus pretensiones.

En 1809 adquirió consistencia esta corriente ideológica iniciando su proceso de realización.

Sofocada la primera intentona, empezó una guerra intermitente en la que por uno y otro bando se perpetraban reprobables excesos y que terminó con las batallas de Junín (1824), ganada por el general San Martín a los españoles y la de Ayacucho librada el 9 de diciembre del mismo año, que dio la victoria al general boliviano Sucre.

Primeramente se había declarado el 11 de agosto de 1823 la llamada Republica de Bolívar en honor del libertador sudamericano.

Poco después, dentro del mismo año, la Asamblea de Chuquisaca consagró la independencia de Bolivia, nombre que también recuerda el del Libertador.

El primer presidente de la República fue Simón Bolívar, a quien sucedió Sucre y a éste el general Santa Cruz, que, habiendo pretendido reunir en una confederación a Bolivia y Perú, provocó una guerra con Chile y derrotado cu Yungay (1839), tuvo que huir y abandonar la presidencia.

Desde esta época fueron frecuentes las guerras civiles que ensangrentaron l.is presidencias de Velasco (1839), quien hizo la paz con Chile; Ballivián (1841); Belzú (1848); Córdoba (1855); Linares (1857); Acha (1861); Belzú (1865); Malgarejo (1867); Morales (1871); Frías (1872) y Daza (1876).

A partir de esta última fecha, disfrutó Bolivia de un período de relativa paz interior que comprendió las presidencias de Campero (1880), Pacheco (1884), Arce (1888), Baptista (1892), Fernández Alonso (1896), Pando (1899), Montes (1904), Villazón (1909), Montes (1913), Gutiérrez Guerra (1917), Saavedra (1821) y Siles (1925).

Éste renunció la presidencia en 1930, y durante unos meses gobernó una junta militar presidida por el general Blanco Galindo, hasta 1931, en que fue elegido presidente Daniel Salamanca para el período 1931-1935.

En noviembre de 1934 se celebraron elecciones presidenciales para lustituir al presidente Salamanca, que terminaba su mandato, y fue elegido el candidato republicano Franz Tamayo para el período legal de 1936-1940.

Pero poco después, y a causa de los reveses sufridos por Bolivia en la guerra del Chaco, en que el país venía comprometido desde 1932, se dio un golpe de Estado; las tropas apresaron a Salamanca y al presidente electo; y, mediante la forzada renuncia del primero, asumió el poder el vicepresidente José Luis Tejada Sorzano, bajo cuyo mando terminó la guerra (junio de 1935), y a quien en agosto siguiente le fue prorrogado el mandato presidencial por la Cámara de Diputados hasta agosto de 1936.

En mayo de 1936, un pronunciamiento militar obligó a dimitir al presidente Tejada Sorzano.

Asumió el poder una junta militar, y ésta designó para presidente provisional de la República al teniente coronel, jefe de Estado Mayor, Germán Busch, mientras llegaba del Chaco el coronel José David Toro, verdadero jefe del movimiento, quien a su llegada se hizo cargo del mando y formó un Gobierno constituido por cuatro militares y cuatro hombres civiles.

Depuesto David Toro el 13 de julio de 1937, fue nombrado presidente de la junta militar el coronel Germán Busch, quien pasó a ejercer el Poder ejecutivo, e instauró un régimen totalitario.

Habiéndose suicidado Germán Busch en agosto de 1939, ocupó provisionalmente la presidencia el general Quintanilla e inspiró su administración en las orientaciones políticas, sociales y económicas implantadas por su antecesor.

Declarado electo a la presidencia en marzo de 1940 el general Enrique Peñaranda, para el período 1940-1944, el 15 de abril siguiente fue investido como primer presidente constitucional de Bolivia, desde que el coronel Germán Busch abolió las garantías constitucionales del país el 24 de abril de 1939.

Peñaranda, aunque animado de intenciones patrióticas llevó un mandato agitado. Primeramente declaró la neutralidad de Bolivia en el conflicto mundial. Trató de conseguir las reivindicaciones bolivianas sobre los territorios de Tacna y Arica, estando a punto de provocar un conflicto con Chile, que fue evitado por la intervención de la Argentina y Brasil, cuyo presidente Getulio Vargas ofreció a Bolivia una zona en el puerto brasileño de Santos para la salida al mar de sus productos.

Sofocó varios pronunciamientos pero, al fin, depuesto en diciembre de 1943 por un movimiento dirigido por el doctor Víctor Paz Estensoro, asumiendo la presidencia Gualberto Villarroel, quien fue elegido en agosto de 1944 para el cuatrienio 1944-1948, pero en 1946, en el transcurso de un movimiento sedicioso, murió el presidente, siendo sucedido por una Junta de Gobierno.

En las elecciones verificadas en enero de 1947 resultó elegido el doctor Enrique Hertzog para el período de 1947-1951, pero en marzo de 1949 dejó el mando, por motivos de salud, en manos de Mamerto Urrialagoitia y en octubre renunció a la presidencia, entregándola al Congreso, quien designó presidente a Urrialagoitia, que al cesar fue sustituido por una junta militar presidida por el general Hugo Ballivián.

Derrocada esta junta el 9 de abril de 1952 y después de unos días de interinidad en que ejercieron el poder primeramente Antonio Selene y luego Hernán Siles, se posesionó de la presidencia Víctor Paz Estensoro para el período de 1952-1956.

Al presidente Hernán Siles Zuazo que rigió los destinos del país desde 1956 a 1960, le sucedió Víctor Paz Estensoro, para el período de 1960-1964 y en junio de este año (1964) fue reelegido para un tercer mandato.

Pero en noviembre de este mismo año fue derrocado por un golpe de Estado dirigido por Rene Barrientos.

Víctor Paz Estensoro es nuevamente designado presidente en las elecciones de 1964, con el general Barrientos como presidente de la junta militar de Gobierno.

En 1965 es nombrado co-presidente el general Ovando (Alfredo). Al año siguiente Barrientos obtiene la presidencia por mayoría (ya que los campesinos le apoyaban).

En este mismo año se declaró el estado de sitio, que duró cerca de 3 meses a causa de una constante actividad guerrillera, resultando muerto Ernesto Guevara (Che-Guevara).

En 1969 fue descubierto un «eminente golpe de estado», quedando de nuevo establecido el estado de sitio.

Muere en este año Barrientos en un accidente de aviación y asume el poder Luis Adolfo Siles Salinas siendo destituido posteriormente, asumiendo de nuevo la jefatura el general Ovando al que sucede en octubre de 1970, el general Torres tras la dimisión de Ovando.

En 1971, un golpe de Estado derechista eleva al poder al coronel Hugo Banzer.

Los límites, causa de enfrentamientos. En 1879 se reanuda la lucha entre Bolivia y Chile por una cuestión de límites; intervino en la lucha el Perú a favor de Bolivia, pero vencidas en 1882 por los chilenos las fuerzas bolivianas y peruanas reunidas, Bolivia tuvo que ceder a Chile el litoral marítimo de Antofagasta.

Desde entonces intenta Bolivia obtener de Chile un puerto de acceso al mar, sin que, hasta la fecha, lo haya logrado. Esta cuestión se recrudece recientemente, poniendo en peligro la paz entre ambas naciones.

Hay que reconocer que la privación de sus provincias costeras incomunica a Bolivia con el mundo y es una espina perennemente clavada en Bolivia.

La oferta por el Brasil del puerto de Santos no es más que un paliativo que, tras no resolver definitivamente la cuestión, resulta de utilización onerosa para Bolivia.

La cuestión de los límites de Bolivia, que durante largo tiempo fue de constante litigio, parece que, por fin, ha quedado resuelta. En 1903 y 1904 se

firmaron tratados que fijaron de un modo definitivo las fronteras bolivianas con el Brasil y Chile; en 1911-1912 se estableció también la del Perú; y en cuanto a la del Paraguay, que había sido objeto de largas negociaciones, tan laboriosas como infructuosas, se llegó a un acuerdo tras de la guerra del Chaco.

Bolivia reclamaba todo el territorio del Chaco comprendido entre los ríos Pilcomayo y Paraguay, mientras que el Paraguay exigía parte de ese territorio.

Después de varios incidentes fronterizos ocurridos entre destacamentos de tropas de los dos países, rompiéronse francamente las hostilidades en julio de 1932, y la lucha fue tomando incremento hasta mayo de 1933, en que el Paraguay declaró formalmente la guerra a Bolivia.

aborigen de bolivia
En la zona del lago Titicaca los aborígenes bolivianos tejen con métodos tradicionales telas para su vestimenta, como ponchos, mantas y vestidos.

Mediaron sucesivamente, esforzándose para poner paz entre los beligerantes, la comisión de naciones neutrales en Washington, el llamado A. B. C. (grupo de países formado por la Argentina, Brasil, Chile y Perú), y la Sociedad de Naciones.

Se logró un armisticio a fines de 1933; pero la tregua fue corta y pronto se reanudó la lucha con más ardor.

Así siguieron las cosas hasta junio de 1935, en que, por fin, se firmó en Buenos Aires el primer Convenio preliminar de la paz de las cancillerías de Bolivia y Paraguay y los representantes de los países mediadores.

A este convenio siguieron las consiguientes negociaciones para la desmovilización, canje de prisioneros, etc.; pero no se ultimó aún el tratado definitivo de delimitación de fronteras, porque su discusión, larga y laboriosa, requería sumo tacto para lograr la mutua transigencia de ambos países y alejar la posibilidad de que el conflicto pudiera ya recrudecerse; y sólo cuando se juzgó que esto estaba conseguido, se firmó en Buenos Aires (21 de julio de 1938) el tratado definitivo de paz y amistad entre Bolivia y el Paraguay, dando ya por resuelta, de común acuerdo, la cuestión de límites del Chaco.

Bolívar y sus hazañas. — Ya que tratamos de Bolivia no estará fuera de lugar consignar algunos datos biográficos de su «Libertador».

Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783 y murió en la quinta de San Pedro Alejandrino, cerca de la ciudad de Santa Marta (Colombia) el 17 de diciembre de 1830. Completó su instrucción en Europa y casó en Madrid con una española. Vuelto a Venezuela enviudó prontamente, volviendo a Europa, por la que viajó.

A la vista de lo que ocurría en el Viejo Continente se afirmaron sus ideas patrióticas y concibió el propósito de emancipar a su patria de la tutela española.

En 1811 alcanzó la jefatura del partido patriótico de Venezuela, y empezó la lucha contra los españoles; fracasado en sus primeros intentos, abandonó el país por algún tiempo; pero en 1813 invadió Venezuela desde Nueva Granada a la cabeza de una pequeña fuerza y arrolló a cuantos se le opusieron.

Así, de victoria en victoria, y ayudado por las fuerzas que diariamente se le unían, Bolívar entró en Caracas, la capital de su patria, el 4 de agosto de 1813, al frente de sus victoriosos patriotas.

Pero luego la suerte le fue adversa y las tropas realistas se adueñaron nuevamente de Venezuela hasta fines de 1814. Bolívar había ido en ayuda de los de Nueva Granada y tomado para ellos Santa Fe de Bogotá en diciembre de 1814.

En 1817 invadió de nuevo Venezuela, venció al ejército español en varios reñidos encuentros, y se estableció en Angostura (en el Orinoco) al finalizar el año.

Después de una labor de organización política, Bolívar volvió de nuevo a prestar su ayuda a los republicanos de Nueva Granada en 1819; y, ganando algunas grandes victorias, expulsó al virrey español, y entró en Santa Fe de Bogotá como triunfante libertador en agosto. Seguidamente fue nombrado presidente de la República y con un poderoso ejército regresó a Venezuela, consiguiendo expulsar a los españoles de su país.

Al entrar en Angostura, Bolívar fue recibido entre grandes aclamaciones como el libertador y padre de la patria, justificando este título con una serie de brillantes victorias contra las tropas españolas. La independencia de Venezuela quedó asegurada y, en junio de 1820, Bolívar entró en la ciudad de su nacimiento, Caracas, como conquistador.

En 1821 fue elegido presidente de la República de Colombia (Venezuela y Nueva Granada unidas); y luego marchó en ayuda de los sublevados de Quito y Perú.

Tras alternativas de éxito y fracaso, Perú se hizo independiente (como ya se ha dicho) a fines de 182S, y en junio de aquel año el Alto Perú constituyó una República que continúa llamándose de Bolivia en memoria del campeón de la independencia de Sudamérica.

Al establecerse la constitución de los países que había libertado, Bolívar fue acusado de pretender erigirse en perpetuo e irresponsable dictador; y esta creencia condujo a largas discusiones entre sus partidarios y los republicanos que lo consideraban como un aspirante a dictador.

Bolívar resignó la presidencia en mayo de 1830, y cuando, descorazonado, intentaba embarcar para Europa, se sintió enfermo, recibiendo asilo en la finca de un hacendado español, amigo suyo, donde terminó sus días a fines de aquel año.

ULTIMOS AÑOS DEL SIGLO XX

La Revolución Boliviana de 1952: Desde su conformación, en el siglo XIX, el Estado boliviano se hallaba controlado por un pequeño grupo de políticos que defendía les intereses de los sectores propietarios y de los «barones del estaño.

Hacia la década de 1950, tan sólo existían en Bolivia unos 30.000 ciudadanos, en tanto la mayoría, que no sabía leer y escribir en idioma español, se hallaba privada de todo derecho político. De este modo, la participación política estuvo limitada a un 10% de los bolivianos.

En la década de 1930, la coincidencia de las repercusiones de la crisis económica mundial, que afectó profundamente a las exportaciones mineras, con la derrota sufrida en la Guerra del Chaco contra Paraguay, condujo a la crisis del orden oligárquico en Bolivia.

En este contexto, en 1936 un sector del ejército se hizo cargo del gobierno por medio de un golpe de Estado y comenzó a implementar una serie de reformas tendientes a mejorar las condiciones de vida de la población trabajadora, y a retomar el control estatal de los principales recursos económicos del país.

LA GUERRA DEL CHACO La caída de los precios del estaño provocó una fuerte reducción de los salarios de los trabajadores y el aumento de la desocupación. Esto llevó a que se produjeran intensas protestas y movilizaciones sociales. Para intentar poner fin a los reclamos, en 1932, el gobierno boliviano declaró la guerra a la república vecina de Paraguay, argumentando conflictos en la frontera por cuestiones de límites. La guerra terminó en un verdadero desastre para Bolivia: murieron 100 mil bolivianos y el país perdió una quinta parte de su territorio.

Los cambios emprendidos por el gobierno militar fueron, en grar medida, revertidos durante el gobierno civil que asumió en 1946.

Éste implantó un régimen represivo que declaró ilegales a las organizaciones obreras y campesinas, provocando constantes insurrecciones que fueron brutalmente reprimidas por la policía y el ejército.

guerra chaco-paraguay
Una imagen de soldados en la Guerra de Chaco-Paraguay

La estructura social boliviana: A mediados del siglo XX, la sociedad boliviana presentaba las siguientes características:

• La principal fuente de recursos económicos del país provenía de la exportación de minerales -fundamentalmente, plata y estaño-; sin embargo, estas actividades sólo empleaban al 28% de los trabajadores. La gran mayoría realizaba tareas agrícolas en tierras que les pertenecían a unos pocos latifundistas.

Por su parte, los campesinos que vivían en las comunidades indígenas soportaban, desde mediados del siglo XIX, la expropiación de sus tierras por la continua expansión de las haciendas.

En este contexto, las protestas y los movimientos campesinos fueron una constante, aun cuando sólo algunas alcanzaron cierta magnitud, dada la condición de dispersión y aislamiento de las haciendas, y excedieron el ámbito de aquella en la que se producían.

Los obreros mineros también poseían una clara identidad étnica y, aunque no muy numerosos, muchos habían sido campesinos, por lo que para ellos no eran nuevas las luchas por sus derechos.

Además, el aislamiento de las minas respecto de las grandes ciudades contribuyó a aumentar los lazos de solidaridad entre esos trabajadores.

Si bien las huelgas y movilizaciones de los mineros habían comenzado a principios del siglo XX, por fin en 1944 lograron constituir una organización que los representara: la Federación Sindical de Trabajadores Mineros.

Por entonces, los obreros de otras industrias habían comenzado a organizarse.

La ampliación de la burocracia estatal incrementó el número de los sectores medios.

Los empleados del Estado eran un grupo de trabajadores mal pagos, que también luchaba por obtener mayor participación política.

historia de bolivia mineros armados
Marcha de Mineros Armados

Movilización social y cambios revolucionarios: En las elecciones de 1951 obtuvo una amplia victoria el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), fundado por un grupo perteneciente a ios sectores medios, en su mayoría abogados.

El ejército los acusó de conspirar contra el país en alianza con los comunistas, dio un golpe de Estado y anuló las elecciones, hecho que desencadenó el proceso revolucionario.

En repudio al golpe de Estado, miles de trabajadores mineros se trasladaron a las ciudades portando los cartuchos de dinamita que se utilizaban en las minas.

Al mismo tiempo, el MNR consiguió apoderarse de los arsenales del ejército y entregó armas a los obreros.

Numerosos campesinos se sublevaron en las haciendas. Luego de tres días de intensos combates, el ejército fue derrotado y se formó un gobierno de coalición: el candidato del MNR que había ganado las elecciones anuladas por el golpe de Estado asumió la presidencia y designó a varios dirigentes sindicales como ministros del gobierno.

Los sindicatos se organizaron en la Confederación Obrera Boliviana (COB), y su máximo dirigente, un minero de apellido Lechin, fue nombrado ministro de Minas y Petróleo.

Se fundó la Corporación Minera de Bolivia y se nacionalizaron las principales empresas mineras (las de los barones del estaño).

Barones del estaño: Sólo tres grupos económicos controlaban la producción del estaño: el boliviano Simón patino, que además era el banquero más importante del país, manejaba casi el 50%. de la producción, con un personal de más de 100 mil hombres; la familia Aramayo y el europeo Mauricio hochschild controlaban ia otra mitad

En las áreas rurales se procedió a reemplazar a las autoridades locales existentes por funcionarios del MNR. Se organizó un Ministerio de Asuntos Campesinos y se ratificaron los decretos que abolían la servidumbre y los servicios gratuitos de los campesinos en las haciendas.

El gobierno revolucionario estableció el sufragio universal, lo cual otorgó a los campesinos (la mayoría de la población) la posibilidad de participar por primera vez en elecciones.

Inmediatamente, cien mil campesinos se movilizaron hacia la ciudad de La Paz exigiendo la repartición de tierras mediante el dictado de una ley de reforma agraria.

La reforma agraria: Por medio de una ley aprobada en 1953, el gobierno revolucionario otorgó a los campesinos aquellas tierras que se hallaban cultivando.

Al mismo tiempo, se procedió a la expropiación de las haciendas y a la distribución de los títulos de propiedad entre los que trabajaban en su interior.

No obstante, como el gobierno revolucionario tenía la intención de favorecer la modernización agraria, se respetaron los escasos latifundios que empleaban alta tecnología y utilizaban formas capitalistas de producción. Si bien con la reforma agraria terminó el sistema de hacienda en Bolivia, persistió la desigual distribución de las tierras.

Además, su fragmentación en parcelas, unida a la escasez de recursos de los campesinos y de créditos para incorporar tecnología, las hacía escasamente productivas, lo que mantuvo la pobreza campesina y motivó el éxodo de los jóvenes.

El fin de la revolución: Durante el gobierno revolucionario se obtuvo un préstamo de 100 millones de dólares de EE.UU. y las empresas norteamericanas aumentaron su presencia en la economía boliviana, llegando a controlar la producción de petróleo.

A partir de las presiones que ejercía el gobierno de Estados Unidos, la alianza entre el MNR y los sindicatos comenzó a debilitarse.

El gobierno convocó a elecciones para 1956. Tras el triunfo del candidato más moderado del MNR, Hernán Siles Zuazo, se adoptaron un conjunto de medidas económicas propuestas por EE.UU., entre ellas, la rebaja de los salarios, como un modo de frenar el proceso de alza generalizada de los precios.

Comenzaron, entonces, las huelgas que culminaron tiempo después con la ruptura total de las relaciones entre las organizaciones sindicales y el gobierno del MNR.

Fuentes Consultadas:
¿Sabes Quien …? Editorial Oceano
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Pensar La Historia Argentina desde Historia de America Latina – Moglia-Sislián-Alabart- Editorial Plus Ultra

Primeros Humanos en América Poblamiento y Migración de América

PRIMEROS HUMANOS EN AMÉRICA
Poblamiento y Migración

Hasta no hace mucho tiempo, los arqueólogos consideraban que el hombre americano tenía una antigüedad de unos 12.000 años. Sin embargo, nuevos estudios han revelado una antigüedad mayor aún, dé unos 40.000 años. Por cierto que hasta hoy, el origen del hombre americano es uno de los «agujeros negros» de la arqueología, e incluso ya algunos investigadores colocan el techo un poco más atrás en el tiempo, sosteniendo que el ingreso de los primeros hombres al continente americano se produjo en una franja de tiempo que va desde los 65.000 a los 40.000 a. C.

En líneas generales, los investigadores coinciden en que entre esos milenios se produjo una migración desde el Asia en dirección al Nuevo Mundo, trasladándose a través de un puente natural formado durante la última glaciación en lo que hoy conocemos como el estrecho de Behring.

Explicación del Traslado del Hombre:
La Edad de Hielo:
La última Edad de Hielo concluyó hace unos 13.000 años y señaló el fin del Pleistoceno, que había durado dos millones de años. Este periodo estuvo marcado por cambios extremos de temperatura en todo el planeta, incluidas varias eras glaciares. Las temperaturas descendieron hasta tal punto que glaciares y casquetes de hielo cubrieron gran parte de Europa, Asia y Norteamérica.

Fue en este periodo cuando el hombre empezó a evolucionar a mayor velocidad, quizá como respuesta a las arduas condiciones de vida: su capacidad para adaptarse le aportó ventajas sobre especies menos inteligentes. El Homo sapiens fue la especie que mejor supo afrontar la rigurosidad de la vida durante el Pleistoceno y, si bien permaneció confinado en las zonas más cálidas durante las grandes heladas,  empezó a migrar a otras regiones cuando el hielo fue retrocediendo.

A causa de la existencia de casquetes glaciares en el norte de Europa y América, el nivel del mar descendió y quedaron a la vista cordilleras terrestres que unían la mayoría de los continentes. Estas enlazaban el nordeste de Asia con América, Japón e Indonesia, y Gran Bretaña con Europa, y ofrecían rutas de migración vitales para los hombres y los animales. El continente australiano permaneció separado de Asia por aproximadamente 70 Km. de aguas profundas, de lo cual se deduce que los humanos que viajaron a Australia en torno al 60000 a. C. debieron hacerlo en bote, ya que no existen pruebas de una migración animal simultánea. Los mamíferos asiáticos, como por ejemplo, monos y tigres, no se dan en Australia, donde en cambio sí encontramos marsupiales.

Al parecer, dicha traslación humana se debió a cambios climáticos que convirtieron a vastas zonas de Asia en desiertos áridos. Fue así que los animales iniciaron el lento camino hacia el este en busca de buenos pastos; obviamente, los hombres fueron tras ellos. Los estudios confirman otra gran migración entre el 15.000 y 12.500 a.C., como así también otras posteriores, quizá de menor magnitud que aquélla. Así se fue produciendo el lento desplazamiento hacia el sur, desde Alaska, de incontable cantidad de i hombres, todos ellos cazadores y recolectores, quienes poseían una cultura y técnicas similares a las de los euroasiáticos del período paleolítico. Sus instrumentos más antiguos orillan los 40.000 a. C., siendo estos lascas, raspadores y choppers.

Migración a América
Con el inicio del deshielo hace unos 13.000 años, las llanuras gélidas del estrecho de Bering ofrecieron un puente natural hacia Alaska, el cual, junto con el pasillo de hielo canadiense, permitió a los humanos emigrar a este continente, hasta entonces deshabitado. Los primeros humanos que llegaron a América fueron pueblos mongoles procedentes de Siberia, preparados para hacer frente a una vida en las duras condiciones del norte de América.

La falta de vegetación les obligaba a depender de la pesca, pero fueron descendiendo paulatinamente hacia el sur, atraídos por el clima más favorable y la mayor abundancia de alimentos. Los glaciares no habían llegado al centro y el sur del continente, por lo que en las fértiles praderas y llanuras abundaba la caza mayor: bisontes, mamuts, osos bezudos, bueyes almizcleros y alces. En poco tiempo , la mayoría de estos animales desaparecieron, ya sea por la caza del hombre o por condiciones climáticas.

Asimismo, las sucesivas oleadas que penetraron por el estrecho de Behring parecen haber seguido tres rumbos: uno, la costa norte de Alaska y Canadá; otro, los campos ubicados al oriente de las montañas Rocosas; y un  tercero siguió la costa del océano Pacífico. Fue así que unos fueron  «empujando» a otros hasta desplazarse a la América del sur, inclusive de la isla grande de Tierra del Fuego.

En la América del norte se han hallado restos arqueológicos de gran importancia, como las culturas de Sandia, Clovis y Folsom, fechadas entre el 15.000 y el 7.000 a. C.. Pero nuevos descubrimientos producidos en los años finales de la década del ’80 y los primeros de la del ’90, mostraron fechas más tempranas aún, como en Bluefish Caves (Valle de Yukón, 22.800 a.C.), Old Crow Basin (a 65 Km. al sur de Bluefish, 38.000 a. C.), Meadowcroft (al este del lago Eire, 17.600 a.C.) y Orogrande (Nuevo México, 36.000 a. C.).

En la América del sur las cifras en años son algo menores y demostrarían el lento desplazamiento de norte a sur. Por ejemplo, el yacimiento arqueológico de Taima-taima, Venezuela, cuya antigüedad fue fechada por el método de carbono 14 en 11.000 a.C.. En Chile, también se han encontrado restos de parecida antigüedad, como los de Monte Verde, caverna Fell y el abrigo de Palli Aike.

En lo que respecta al actual territorio argentino, las fechas mencionadas para el sur de Chile corresponderían también para nuestra Patagonia (Los Toldos, 10.600 a.C.).

En el caso de Tierra del Fuego, la cultura más antigua no superaría los 6.000 a. C. Para el noroeste, la más antigua estaría ubicada en la provincia de Catamarca, denominada Ampajango, con una probable datación de 12.000 a. C.. En las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis se clasificaron antiguas culturas reunidas bajo el nombre común de Ayampitín. La cueva de Intihuasi, San Luis, reveló que sus restos humanos rondarían los 6.000 a. C..

En la puna argentina se ha localizado otra cultura, conocida como la del Saladillo, llegada allí hacia el 4.000 a.C.. Finalmente, podemos agregar que algunos arqueólogos suponen que gran parte del noreste, Misiones y sus zonas próximas, habrían tenido unos primeros poblamientos entre los 8.000 y 10.000 a. C.

Fuente Consultada: Aborígenes de Argentina – Adrián Piccolo

Teoria Economica de John Keynes El Estado de Bienestar New Deal

Teoría Económica de John Keynes

(Cambridge, 5 de junio de 1883 – Firle, 21 de abril de 1946)

Economista inglés. Después de realizar los estudios primarios cursa enseñanza en la escuela de Eton, ingresando al finalizar esta en la Universidad de Cambridge. En 1921 publica su obra titulada «Tratado de la probabilidad», fruto de sus estudios anteriores a la Primera Guerra Mundial sobre la teoría de las probabilidades. En este trabajo se configura ya como uno de los mejores lógicos de su generación.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Keynes busca en la cooperación internacional el remedio de los males que perfilaban la futura postguerra y que constituyen el tema principal de su última obra: «Cómo pagar la guerra».

Preside la Conferencia de Bretton Woods en 1944, destinada a establecer las bases económicas del mundo que había de surgir después de la victoria en 1945.

A mediados de los años treinta ya era importante la intervención gubernamental en las economías capitalistas, en sociedades tan distintas como la Alemania nazi y Estados Unidos.

Las bases teóricas de esta tendencia, que se generalizó en casi todo el mundo después de la guerra, las proporcionó el economista británico John Maynard Keynes. Estados Unidos fue el país que recibió de forma más entusiasta a la «revolución keynesiana». En 1946 (el año de la muerte de Keynes) se ratificó la ley de pleno empleo, por la que el gobierno federal prometía ajustar su presupuesto a la mejora del empleo y la producción.

La ley reflejaba las ideas fundamentales de Keynes, que el economista había presentado durante la década anterior en su ataque frontal a la política económica del laissez-faire en el libro Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero.

Keynes empezó a tener influencia porque combinó la práctica de la política económica con las consideraciones teóricas. Su principal obra, The general theory of Employment, Interest and Money (Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero) apareció en 1936. Con ella causó una revolución en la economía liberal. Las experiencias de la gran depresión le indujeron a pensar que el sistema capitalista no era estable, como había afirmado la economía clásica, ni tendía hacia el equilibrio, sino que, por el contrario, era inestable. El Estado debía por tanto ser activo para suavizar los ciclos comerciales.

Frente a la economía clásica que enseña que los niveles de fluctuación del empleo y las tasas de interés se corrigen solas con el tiempo, Keynes, que escribía durante la Gran Depresión, dijo que el ahorro individual y la reducción del consumo resultaban insuficientes para corregir recesiones importantes. Desde su revolucionario punto de vista, la clave para incrementar el capital era el crecimiento de la demanda, que dependía del índice del empleo permanente y alto, y para ello las inversiones privadas no eran suficientes.

De este modo, el gobierno debía intervenir para asegurar el equilibrio económico. Keynes, antisocialista declarado que creía firmemente en la economía de mercado, quería sin embargo «una socialización extensa de la inversión» a través de inversiones gubernamentales directas. Nada reivindicó tanto la heterodoxia de Keynes como la Segunda Guerra Mundial, cuando el gasto gubernamental llevó al pleno empleo y finalizó la Gran Depresión.

Las teorías de Keynes y la macroeconomía que nació de ellas resultaron sorprendentemente eficaces en los años cincuenta y sesenta, de alto crecimiento y bajo desempleo. Después, la vuelta de la inflación y el déficit público las pusieron en duda. (Ver: Ideas de Keynes)

El Estado empresario: Durante la Gran Depresión de 1929, el economista británico John Maynard Keynes sostuvo una teoría que se generalizó después de la Segunda Guerra Mundial. Keynes postuló que el crecimiento de la economía depende del consumo y este de un nivel de empleo alto y permanente que no puede ser garantizado solo mediante inversiones privadas. Propuso, entonces, que el Estado invirtiera y participara directamente en la economía.

La instrumentación de esta teoría dio lugar al nacimiento del Estado empresario y a la macroeconomía, es decir, el estudio de los sistemas económicos de una nación o región, tomados en conjunto.

Tanto en los países que sufrieron las secuelas de la Guerra como en los que no, la realización de obras públicas (viviendas, rutas, puentes, saneamiento, agua potable, etcétera) asumió significativa importancia. Las empresas estatales también tenía un papel predominante en la fabricación de armamentos, la exploración y extracción de petróleo, en petroquímica y siderurgia. Gran parte de los servicios públicos (telefonía, luz, gas, agua potable, transporte público), comenzaron a ser provistos por empresas públicas.

NEW DEAL: Durante los «Cien Días» de la primera administración Roosevelt, se iniciaron programas para hacer frente a una serie de problemas nacionales. La National Recovery Act de junio de 1933 introdujo códigos industriales sobre la producción y los precios, así como nuevas regulaciones para proteger la mano de obra.

En mayo de 1933 se creó la Tennessee Valley Authority, que proporcionaba al gobierne el control sobre la presa hidroeléctrica y las fábricas de nitrato en Muscle Shoals en el río Tennessee, así como sobre la producción de energía, el control de las inundaciones y el transporte fluvial. Se fundaron nuevas agencias para llevar a cabo las medidas de ayuda. Se ofrecieron puestos de trabajo en las obras públicas y, en la agricultura, se efectuaron pagos directos a los granjeros para reducir la producción y aumentar los precios. La posición legal de los sindicatos mejoró, ayudándoles a aumentar los salarios y el poder adquisitivo de los trabajadores. La crisis bancaria fue suscitada por la introducción del seguro de depósitos bancarios. Roosevelt esperaba que estas medidas pusieran fin a la crisis.

El repentino descenso económico en Estados Unidos en 1937 hizo que los consejeros liberales de Roosevelt le aconsejaran reasumir el gasto deficitario. J. M. Keynes se unió al esfuerzo por persuadir a Roosevelt de que cambiase de opinión; según él era necesario realizar un mayor gasto en las obras públicas y en particular en la construcción de viviendas. Pero Roosevelt siguió aferrándose a su criterio.

keynes new deal

El New Deal de Roosevelt en acción en su programa de trabajo en Nueva York. La crisis cambió de modo fundamental la relación entre la sociedad, el Estado y la economía en Estados Unidos. El New Deal se convirtió en un símbolo de un capitalismo con un rostro más humano, de preocupación por los socialmente desaventajados. Puso en movimiento una actividad estatal sin precedentes a fin de superar los problemas económicos.

 

         EXPLICACIÓN Y JUSTIFICACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR          

EL ESTADO DE BIENESTAR: Analizaremos primero, en este punto, cómo se constituye el llamado “estado de bienestar” desde lo global. El mismo, surge como respuesta del propio sistema capitalista mundial a la crisis del ´29 cuyo máximo teórico es John M. Keynes .

 “El ´29 barre también con la nostalgia residual de aquellos valores que el ´17 había destruido. En el jueves negro de Wall Street, con la catastrófica caída del índice de la Bolsa, son arrasadas las mitologías estatales y políticas de un siglo de renovado dominio burgués sobre la clase obrera…(…) es el entierro final del mito liberal clásico de la separación del Estado y el mercado. Es el fin del “laissez faire”.

Pero aquí no se trata simplemente de la modificación de la relación clásica entre el estado y la sociedad civil y del arribo de un Estado “intervencionista” (…) eso ya había sido presenciado en los años posteriores a 1870. Aquí el inicio de una nueva época en la historia del Estado contemporáneo es señalado por el hecho de que en ese mundo debe reconocerse la emergencia de la clase obrera y la imposibilidad de eliminar el antagonismo que ella representa como un elemento necesario del sistema…(…) la característica central que distingue a la nueva forma histórica del Estado capitalista es: la reconstrucción capitalista del Estado sobre la base del descubrimiento del antagonismo obrero radical.(…) La revolución obrera política puede ser evitada sólo reconociendo las nuevas relaciones de fuerza y haciendo funcionar a la clase obrera dentro de un mecanismo que sublime la continua lucha por el poder en un elemento dinámico del sistema, controlándola, funcionalizándola en una serie de equilibrios…(…) El Estado está ahora preparado para penetrar en la sociedad, para recrear continuamente la fuente de su legitimidad en un proceso de permanente reajuste de las condiciones de equilibrio. La nueva “base material de la constitución” devino en el “Estado planificador” o, mejor aún, el Estado como “plan”.(…)” (Negri, Toni, “La crisis de la política. Escritos sobre Marx, Keynes, las crisis capitalistas y las nuevas subjetividades”, Ediciones El cielo por asalto, Argentina, 2002, pág. 15 y 16.)

Negri, se pregunta más adelante por las implicancias de la crisis del ´29 y sobre los nexos entre 1917 y 1929 y dice: “… el ´17 se presenta al mismo tiempo bajo dos aspectos: como problema internacional y como problema interno de los diversos países capitalistas, como el problema de la contrarrevolución, así como el aislamiento de la Unión Soviética, y como el problema de la represión del potente movimiento de la clase obrera –sindical y obrero- que extiende la experiencia revolucionaria a todo el mundo capitalista”.

Y Negri, contesta diciendo lo que proponía Keynes en 1919, como la única vía a seguir por el capitalismo: “…consolidar la economía de Europa central como una barrera contra los soviets rusos y como una forma de control de los movimientos revolucionarios internos, reunificar, en suma, los dos frentes de defensa del sistema capitalista”. (Negri, Ob. Cit, pág. 18).

Además, marca como característica específica de la nueva forma del Estado que emergió de 1929 que: “era más bien el tipo de dinámica de clase que entrará en acción en el marco del intervencionismo estatal, sobre la cual se fundaba la intervención. Únicamente la experiencia de la gran crisis del 1929 podía permitir a la ciencia capitalista dar este ulterior paso adelante hacia una nueva redefinición del Estado.(..) Asumir que el ´17 no tiene incidencia inmediata sobre el ´29 parece cosa obvia. Sin embargo, detrás de la obviedad de esta afirmación se encuentra una red de relaciones históricas cuya identificación, si no explicará, ciertamente dará un sentido político complejo de interpretación de la gran crisis. Porque, si bien es cierto que la crisis del ´29 surge directamente de la estructura económica norteamericana, también es al mismo tiempo fruto de la acumulación de las contradicciones del sistema…(…) La excepcionalidad de la crisis del ´29 no se entiende sino teniendo presentes las condiciones del desarrollo económico de los años veinte, cuando el alargamiento de la base de la oferta (…) no se acompañó de un cambio en la relación en la que se encontraba con la demanda (…) y cuando se dice “demanda” se dice “clase obrera”, se dice posibilidad de insurrección y de subversión del sistema” (…) tenemos finalmente a este Estado capitalista que audazmente supera y recupera (Aufhebung) la noción de “revolución permanente” a su interior para su propia conservación” ( Negri, Ob. Cit., págs. 25, 26 y 34 ).

“John Maynard Keynes fue quizás el teórico más perpicaz de la reconstrucción capitalista, de aquella nueva forma de Estado capitalista que emergió como reacción al impacto revolucionario de 1917.(…) y el rol jugado por Keynes fue hacerla funcionar (a la revolución del 17) dentro del análisis de la crisis, convertirla en elemento científico (…) el punto decisivo en la “Teoría General” es: El redescubrimiento de la ley de la caída tendencial de la tasa de la ganancia” (…) y la necesidad del sistema de una previsión. Y la previsión, consecuentemente es el predominio de la demanda sobre la oferta.” (Negri, Ob. Cit., págs. 17 y 35.)

Fue Keynes, quien aportó líneas de acción superadoras de la crisis e hizo alusión al rol del estado en esta coyuntura. Ya la Primera Guerra había provocado, en mucho países, situaciones de riesgo a las economías nacionales, lo que había obligado a abandonar la idea de un Estado abstencionista en materia económica.

La crisis del ´29, que es vista como una crisis de todo el sistema en su conjunto, pero del sistema capitalista. Dice el historiador Hobsbawm: “(…) Ahora bien, una vez que el capitalismo liberal había conseguido sobrevivir –a duras penas- el triple reto de la Depresión, el fascismo y la guerra, parecía tener que hacer frente todavía al avance global de la revolución, cuyas fuerzas podían agruparse en torno a la URSS, que había emergido de la segunda guerra mundial como una superpotencia. (…) El principal interrogante al que deben dar respuesta los historiadores del siglo XX es cómo y por qué tras la segunda guerra mundial el capitalismo inició – para sorpresa de todos- la edad de oro, sin precedentes, y tal vez anómala, de 1947-1973. No existe todavía una respuesta que tenga el consenso general…(…)” (Hobsbawn, Eric, “Historia del siglo XX”, Ed. Crítica, 1997, pág. 18).

La crisis del sistema capitalista, que no afectó a la ex Unión Soviética, obliga a el Estado, a realizar medidas dirigistas, corporativistas, intervencionistas (aunque volvamos a aclarar: ¡el Estado siempre interviene!). ¿Cuál va a ser el rol que se le va asignar al Estado en este periodo? El Estado va a ser pensado como activo agente de la economía, desde la regulación e incentivación de la producción; desde el control de los mercados, del consumo, de la producción, del comercio exterior; desde la elaboración de nuevas leyes que reglamenten el funcionamiento económico; desde la planificación de las medidas a adoptar; desde la nacionalización de empresas, etc.

Es que, siguiendo a Keynes, la idea era, incentivar el consumo, la demanda de bienes en oposición a la teoría del pensamiento clásico en la que el mercado es una espontánea fuerza reguladora de la economía, donde la oferta y la demanda (tanto de bienes y de mano de obra) se crean mutuamente, se generan mutuamente. A partir de las teorías keynesianas, surge también la idea de la plena ocupación y del pleno empleo como generador de más demanda de productos y más consumo.

El Estado pasa así, a intervenir para garantizar cierto nivel de ocupación y de consumo, incentivando la economía por medio de políticas que aseguren su funcionamiento. El Estado, asume el rol de protector tanto de los consumidores como de empresarios a fin de impedir los abusos de los sectores monopolistas.

En resumen, el “Estado de Bienestar” (“Welfare state”) pretende, frente a los avances de la economía, regular el funcionamiento de la sociedad. Surgió desde lo global (desde los países centrales e industrializados) como necesidad del subsistencia del propio sistema, pero también fue modelo en los países periféricos. Si bien, este tipo de Estado, no trata de transformar la estructura del sistema económico, intenta remediar las deficiencias adoptando medidas que mejoren los servicios de salud, educación, cultura, seguridad y defensa del ambiente. El “Estado de Bienestar” interviene subsidiando actividades correctivas de las desigualdades sociales, trata de resolver los problemas graves dentro de la estructura del Estado Liberal.

La idea para el “Estado de Bienestar” es que es necesario intervenir, porque si se deja a la sociedad librada a su suerte, se cae en una irracionalidad donde los que más tienen tienden a incentivar aún más las diferencias sociales y económicas. El Estado, entonces, no debe limitarse a garantizar el funcionamiento del sistema sino que debe ser regulador de las relaciones sociales y fundamentalmente debe hacerse cargo de la “justicia distributiva” de los recursos, o sea ser un Estado “incluyente”.

Pasando a las implicancias de todo lo dicho anteriormente, al nivel de lo Local, a lo que pasaba en esta etapa en Argentina y en América Latina en general, el rol del Estado en el periodo de Industrialización tiene un cambio cualitativo con respecto al que había tenido en el periodo anterior (“modelo agroexportador” en el que representaba exclusivamente los intereses de las clases dominantes).

En la etapa de la economía primaria exportadora, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Estado toma una posición decidida en el proceso, a través de la organización y la promoción de la inversiones en ferrocarriles e infraestructura y en el poblamiento de la zona pampeana.

En ese periodo (1860-1930) el Estado integró al país en el sistema de división internacional del trabajo, organizó el sistema monetario en torno al patrón oro y una política arancelaria abierta a la importación de manufacturas. Se organizó el Estado de derecho liberal liderado por los sectores vinculados a la producción agropecuaria y a los intereses internacionales asociados a los grupos locales dominantes en ese sector dinámico.

Como dijimos, la complejidad creciente del proceso económico, plantearon al Estado un conjunto de problemas, a partir de 1930.

Uno de esos problemas, se refiere a la política de desarrollo industrial. En la etapa Agroexportadora (política librecambista), las responsabilidades del Estado se limitaban al manejo de la política arancelaria. En la nueva etapa, al asumir la Industria, el papel protagónico del proceso de desarrollo, y la protección arancelaria y otras medidas de fomento, un rol central en la evolución de la economía, el Estado asumió responsabilidades mucho más complejas: “Entre ellas se incluye no sólo el nivel y la estructura de la protección arancelaria sino, también, la política de financiamiento de promoción del cambio tecnológico, de precios relativos agro-industriales y otras cuestiones importantes.” (Peralta Ramos, Mónica, “Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970)” ).

En el nivel global, los países capitalistas obtuvieron durante este periodo inmejorables ganancias y una notable mejoría económica. Por primera vez apareció un sistema de consumo masivo basado en el pleno empleo y en el aumento constante del poder adquisitivo con la cobertura social financiada por el incremento de los ingresos del Estado.

Finalmente, el “estado de bienestar” entró en crisis a fines de los ´60 y comienzo de los ´70. El equilibro vital de su funcionamiento se vio alterado por el aumento de la producción y la capacidad del mercado de absorberlo. Es decir, mucha oferta y poca demanda. A todo esto se le sumó la denominada “crisis del petróleo” de 1973, que generó una importante disminución de las ganancias de las empresas y paralelamente una disminución en el poder adquisitivo de los trabajadores. Las empresas privadas culparon al “estado de bienestar” por esto y comenzaron una nueva etapa, una nueva fase capitalista: “Tecnológica Financiera” con el neoliberalismo comandando política e ideológicamente el proceso.

Profesor: Pablo Salvador Fontana

BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA EN: “EL ESTADO DE BIENESTAR”:
– Hobsbawn, Eric, “Historia del siglo XX”, Ed. Crítica, 1997.
– Negri, Toni, “La crisis de la política. Escritos sobre Marx, Keynes, las crisis capitalistas y las nuevas subjetividades”, Ediciones El cielo por asalto, Argentina, 2002.
– Peralta Ramos, Mónica, “Etapas de acumulación y alianzas de clases en la Argentina (1930-1970)”.