La Resiliencia

La Depresion Psiquica Causas, Sintomas y Tratamiento Origen Resumen

La Depresión Psíquica Causas, Síntomas y Tratamiento, Origen Resumen

El Instituto Nacional de la Salud Mental dice que el trastorno depresivo es una enfermedad que afecta el organismo (cerebro), el ánimo, y la manera de pensar. Afecta la forma en que una persona come y duerme. Afecta cómo uno se valora a sí mismo (autoestima) y la forma en que uno piensa. Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza. No indica debilidad personal. No es una condición de la cual uno puede liberarse voluntariamente. Según este mismo organismo, hay 19.000.000 de adultos americanos que sufren padecen este tipo de enfermedad.

Depresión: trastorno mental caracterizado por sentimientos de inutilidad, culpa, tristeza, indefensión y desesperanza profundos. A diferencia de la tristeza normal, o la del duelo, que sigue a la pérdida de un ser querido, la depresión patológica es una tristeza sin razón aparente que la justifique, y además grave y persistente.

Puede aparecer acompañada de varios síntomas concomitantes, incluidas las perturbaciones del sueño y de la comida, la pérdida de iniciativa, el autocastigo, el abandono, la inactividad y la incapacidad para el placer

.La depresión, el más frecuente de todos los trastornos mentales, afecta a hombres y a mujeres de cualquier edad y clase social, aunque las mujeres, y las personas en ciertos periodos del ciclo vital (adolescencia, menopausia y andropausia, y en general los periodos de crisis o cambios importantes) parecen ser las más afectadas.

La depresión no es culpa de la persona que la padece, como tampoco es una debilidad de la personalidad. Es una enfermedad medica que es muy frecuente y puede afectar a cualquier persona. Aproximadamente 1 de cada 20 personas, el doble de mujeres que de hombres. (Fuente Consultada: Enciclopedia Encarta)

Causas de la Depresión:

La depresión puede ser el resultado de muchas razones:

  • La herencia genética (se trasmite en su familia).

  • Otras enfermedades.

  • Ciertos medicamentos.

  • El uso de drogas o alcohol.

  • Otros problemas mentales (psiquiátricos).

A veces una situación emocionalmente mala (pérdida de un familiar, o un problema de trabajo), pueden desencadenar la depresión o provocar que el paciente no se pueda recuperar completamente, pero en otras ocasiones se presenta incluso cuando todo en sus vidas marcha bien.

Entre el 10 y 15 por ciento de las depresiones son provocadas por un problema medico (enfermedad del tiroides, el cáncer, o enfermedades neurológicas) o por medicamentos. Una vez que se da tratamiento contra la enfermedad, o se ajusta la dosis y el medicamento adecuados la depresión desaparecerá.

Síntomas de la Depresión:

Las personas que padecen de depresión tienen ciertos síntomas característicos que les afectan casi todos los días por lo menos por un periodo de dos semanas.

De estos síntomas los más característicos son :

  • Perder interés en las cosas que antes disfrutaba.
  • Sentirse triste, decaído emocionalmente o cabizbajo.

Y se asocian a los secundarios :

  • Sentir que no tiene energía, cansado, o al contrario, sentirse inquieto y sin poder quedarse tranquilo.
  • Sentir como que no vale nada o sentirse culpable.
  • Que le aumente o disminuya el apetito o el peso.
  • Tener pensamientos sobre la muerte o el suicidio.
  • Tener problemas para concentrarse, pensar, recordar, o tomar decisiones.
  • No poder dormir, o dormir demasiado.

Además se asocian otros síntomas de tipo físico o psicológico, como pueden ser:

  • Dolores de cabeza.
  • Dolores generales por todas las partes del cuerpo.
  • Problemas digestivos o gástricos .
  • Problemas sexuales.
  • Sentirse pesimista
  • Sentirse ansioso o preocupado.

Tratamiento Contra La Depresión:

La selección del tratamiento dependerá del resultado de la evaluación. Existe una gran variedad de medicamentos antidepresivos y psicoterapias que se pueden utilizar para tratar los trastornos depresivos.

Muchas formas de psicoterapia, incluso algunas terapias a corto plazo (10-20 semanas), pueden ser útiles para los pacientes deprimidos.

Las terapias «de conversación» ayudan a los pacientes a analizar sus problemas y a resolverlos, a través de un intercambio verbal con el terapeuta. Algunas veces estas pláticas se combinan con «tareas para hacer en casa» entre una sesión y otra.

Los profesionales de la psicoterapia que utilizan una terapia «de comportamiento» procuran ayudar a que el paciente encuentre la forma de obtener más satisfacción a través de sus propias acciones.

También guían al paciente para que abandone patrones de conducta que contribuyen a su depresión o que son consecuencia de su depresión.

Los trastornos depresivos son, por fortuna, los que presentan más tratamientos en psiquiatría, al haber sido ligados con la disfunción de dos de los principales sistemas de neurotransmisores cerebrales, la serotonina y la noradrenalina, por lo que se emplean dos tipos de fármacos: los antidepresivos tricíclicos y tetracíclicos y los inhibidores de la MAO (monoaminooxidasa).


Hay varios tipos de medicamentos antidepresivos utilizados para tratar trastornos depresivos. Estos incluyen los «inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (SSRI siglas en inglés) que son medicamentos nuevos, los tricíclicos y los «inhibidores de la monoaminoxidasa (MAOI siglas en inglés).

Nunca se deben combinar medicamentos de ningún tipo – recetados, sin receta o prestados – sin consultar al médico.

Cualquier otro profesional de la salud que pueda recetarle un medicamento (por ejemplo el dentista u otro especialista) tiene que saber qué medicamentos está tomando el paciente.

Aunque algunos medicamentos son inocuos cuando se toman solos, si se toman en combinación con otros pueden ocasionar efectos secundarios peligrosos. Algunas substancias, como el alcohol y las drogas de adicción, pueden reducir la efectividad de los antidepresivos y por lo tanto se deben evitar.

Las preguntas sobre los antidepresivos recetados y problemas que puedan estar relacionados con el medicamento, deben tratarse con su médico.

Lo importante de un tratamiento: Cuando se está deprimido el pasado y el futuro quedan por completo absorbidos por el presente, y además no puede imaginar un futuro en el que pueda llegar a sentirse mejor. Una depresión nos coloca en una situación en la que carecemos de perspectiva, estamos inmersos en el sentimiento de desesperanza presente.

El estar deprimido conlleva una manera determinada del ver el mundo, independientemente de cuáles sean los motivos que originaron la enfermedad.  Los paciente deprimidos se piensan, se ven y se sienten a sí mismo de idéntica manera.

Para romper con este tipo de razonamiento es necesario que un profesional ayude al paciente a que pueda modificar su funcionamiento cognitivo y pueda cambiar los estados de ánimo concomitantes. Salir de ese estado requiere de un tratamiento, de lo contrario los síntomas se van agravando y una depresión no tratada puede desencadenar una depresión mayor.

Qué puede ayudar. Lo primero que hay que decir es que los casos de depresión leve a moderada son relativamente comunes, por lo general son pasajeros y pueden desaparecer solos. La infelicidad no es agradable, pero en muchas circunstancias es perfectamente normal.

Sin embargo, para algunas personas, la depresión puede convertirse en un estado generalizado muy grave. Si la depresión es tratada a tiempo, la psicoterapia, el ejercicio, la dieta, el apoyo emocional y la comprensión pueden ayudar al paciente a superarla.

En muchos casos, la persona que sufre la depresión tiene la suficiente lucidez y motivación, y tal vez también apoyo, como para abrirse camino hacia la superación de la depresión, aunque a veces puede resultar abrumadoramente difícil.

En el corto plazo, los antidepresivos pueden ser recetados por el médico clínico, pero nunca está de más insistir en que éstos son sólo efectivos en un período muy corto.

Los antidepresivos demoran entre dos y cuatro semanas para comenzar a paliar la depresión y, aunque pueden ser de ayuda en el corto plazo, sólo se dirigen a los síntomas y no a las causas, que deben ser atacadas por otros medios, como por ejemplo la terapia, el cambio de estilo de vida o de situación.

Por otra parte, para algunas personas resulta imposible manejar su propia depresión sin altos niveles de apoyo, y hasta pueden llegar a necesitar ser internadas.

Esto último debe ser reconocido como algo aceptable y no como una señal de debilidad o de locura.

Cuando un paciente es hospitalizado con depresión, es muy posible que el tratamiento con drogas forme parte de un régimen mucho más amplio, que incluye terapia de apoyo, terapia ocupacional y una estricta observación por parte del equipo de enfermeras especializadas.

Para aquellas personas cuya depresión es muy resistente, muy profunda y constituye una amenaza para la propia vida, la terapia electroconvulsiva puede ser una opción.

Una de las principales estrategias alternativas o complementarias de los tratamientos con drogas consiste en tratar de cambiar la conducta, lo cual a su vez afectará el modo en que uno se siente.

La gente que está deprimida tiende a caminar lentamente, con la cabeza baja y los hombros caídos. Tienen la tendencia a sentarse con la cabeza entre las manos.

Si bien es difícil de hacer durante mucho tiempo, el hecho de tratar de caminar y sentarse derecho, con la cabeza alta, puede hacer que uno se sienta diferente.

Las investigaciones han demostrado que las personas que sufren de depresión tienen niveles más bajos de los neurotransmisores serotonina y noradrenalina en et cerebro. No se sabe si ello es causa o efecto de la depresión, pero el reajuste de los niveles de esos transmisores es una parte importante de la ayuda que se puede brindar a alguien para que salga de su depresión. Algunos tratamientos con drogas han sido diseñados especialmente para ello.

Los siguientes son algunos tratamientos alternativos a las drogas para tratar la depresión. Pueden usarse como atención complementaria también.

• Considere la posibilidad de una psicoterapia o terapia de apoyo.

• Ingiera una dieta regular de alimentos integrales. También se ha descubierto que son útiles los suplementos de vitamina B6.

• Haga ejercicio. La actividad física altera los niveles de neurotransmisores en el cerebro. Cuanto más vigorosos los ejercicios, mayor es el efecto. Cuando alguien está deprimido se produce un descenso en los niveles de serotonina en el cerebro. Los ejercicios aumentan ese nivel. Si uno lo piensa bien, eso tiene sentido. Cuando uno hace ejercicios vigorosos, se cansa pero queda relajado. La falta de actividad física también puede provocar un descenso en los niveles de serotonina, de modo que cuando uno está deprimido y permanece inactivo, el problema se agudiza.

• Preste atención a su aspecto. Tanto la imagen que usted tiene de sí mismo como su autoestima ya deben de estar bastante bajas, de modo que si usted se descuida, ellas se hundirán aun más. Tratar de verse bien puede ser una gran ayuda para hacerlo sentir bien.

• Permítase involucrarse en actividades sociales no demasiado exigentes. Tal vez uno siente que quiere evitar a la gente la mayor parte del tiempo, pero este encierro es contraproducente cuando se trata de combatir la depresión.

• Aprenda a reconocer cuándo experimenta un descenso en su estado de ánimo. Aun cuando está deprimida, la gente con frecuencia experimenta cambios de humor.

AMPLIACIÓN DEL TEMA
PARA SABER MAS….

Depresión
Muchos de nosotros habremos sufrido depresión hasta cierto grado. Parece que las mujeres son dos veces más susceptibles de ser afectadas que los hombres, aunque muy bien puede ser que los hombres manifiesten su depresión de diferentes maneras (por ejemplo, entregándose al alcohol).

La depresión nos hace sentir tristes, agota nuestras energías, nos hace sentir que nada valemos, que no servimos para nada y hasta nos puede llevar a la desesperación.

Estos estados de ánimo decaído pueden pasar después de unos pocos días o semanas. Sin embargo, en ocasiones pueden apoderarse de alguien y, a pesar de todos los esfuerzos de amigos y parientes para que pueda recuperarse, esa persona se sigue hundiendo cada vez más en ellos, hasta el punto de llegar a necesitar ayuda profesional para superar el problema.

La depresión a menudo surge como reacción ante una pérdida importante, como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, un fracaso en los exámenes, la ruptura de un matrimonio, inclusive por la pérdida de un miembro como consecuencia de un accidente o de una enfermedad. Pareciera que cuando se produce una pérdida tan importante como las mencionadas, en realidad uno pierde mucho más de lo que a simple vista podría apreciarse.

Podemos perder nuestra identidad (como el marido o la mujer de alguien), o nuestro prestigio y autoestima (como un comerciante exitoso o un importante miembro de la comunidad), o hasta incluso nuestra propia imagen (al perder un miembro uno se convierte en un «lisiado» en una sociedad que favorece a la persona «entera»). Este tipo de depresión es conocido como depresión por reacción, producida como respuesta a un acontecimiento externo.

En ocasiones, sin embargo, la depresión puede aparecer sin que haya ningún acontecimiento externo evidente. Esta afección es conocida como endógena (es decir que se produce desde adentro).

También se habla de ella como depresión psicótica, si hay síntomas que son de naturaleza psicótica.

En el caso de la depresión endógena el acento se coloca en los factores genéticos y bioquímicos, quedando el ambiente como el estímulo que desata el episodio. Menos común que la depresión por reacción, la depresión endógena puede ser particularmente perturbadora, ya que el paciente encuentra muy difícil identificar las causas en algo concreto, como podría ser un duelo, y hasta puede también experimentar alucinaciones.

Resultan particularmente importantes las estrategias preventivas, entre ellas las de autoconciencia y control de sí mismo, para aquellas personas que sufren estos ataques de depresión endógena.

Manifestaciones y síntomas. Alguien que esté deprimido experimentará una serie de síntomas.

Puede llegar a sentirse muy culpable por asuntos de poca importancia; puede sentirse triste e inútil; también puede sentir que ha fracasado en el pasado, sea esto correcto o no.

Entre las manifestaciones exteriores se cuentan la lentitud al caminar, tendencia a querer quedarse en cama, andar con la cabeza baja y los hombros caídos. Una persona deprimida puede querer evitar a los demás, incluso a los amigos íntimos y a la familia. Se produce una disminución del apetito y por lo tanto el paciente come cada vez menos.

Una prueba que en ocasiones se usa para detectar y evaluar la depresión es el «Inventario Beck para la depresión», que se ofrece a continuación.

Lea con cuidado las expresiones agrupadas bajo cada letra, de la A a la U. Elija en cada grupo laque mejor describa el estado de ánimo en que se encuentra hoy, es decir, en este preciso momento. Circule el número de expresión que haya elegido en cada grupo.

Si dos o más expresiones dentro de un grupo describen el modo en que se siente con la misma precisión, márquelas también. Asegúrese de leer cuidadosamente todas las expresiones en cada grupo antes de decidir.

A. Tristeza
O No me siento triste.
1 Me siento triste.2a Estoy triste todo el tiempo y no puedo evitarlo.
2b Me siento tan triste e infeliz que me resulta doloroso.
3 Me siento tan triste e infeliz que no puedo soportarlo.

B. Pesimismo
O No soy particularmente pesimista ni estoy desalentado respecto
del futuro.
1 Me siento desalentado respecto del futuro. 2a Siento que no tengo nada por delante que me espere. 2b Siento que jamás podré superar mis problemas. 3 Siento que el futuro no tiene sentido y que las cosas no van a
mejorar.

C. Sensación de fracaso
O No siento que yo sea un fracaso.
1 Siento que he fracasado más que la mayoría de la gente.
2a Siento que he logrado muy poco que sea de valor o que signifique algo.
2b Cuando miro hacia atrás, veo que mi vida es una serie de
fracasos. 3 Me siento un fracaso como persona (como padre, como marido, como esposa).

D. Insatisfacción
O No me siento particularmente insatisfecho.
1a Me aburro la mayor parte del tiempo.
1 b No disfruto de las cosas igual que antes.
2 Ya no obtengo satisfacción de nada.
3 Estoy insatisfecho de todo.

E. Culpa
O No me siento particularmente culpable.
1 Me siento mal o poco importante buena parte del tiempo.
2a Me siento bastante culpable.
2b Ahora me siento mal o poco importante prácticamente todo el tiempo.
3 Me siento como si fuera muy mala persona o alguien sin valor alguno.

F. Expectativa de castigo
O No siento que esté siendo castigado.
1 Tengo la sensación de que algo malo me puede ocurrir.
2 Siento que estoy siendo castigado o que seré castigado.
3a Siento que merezco ser castigado.
3b Quiero ser castigado.

G. Desagrado por sí mismo
O No me siento decepcionado de mí mismo.
1a Me siento decepcionado de mí mismo.
1b No me gusto.
2 Siento desagrado por mí mismo.
3 Me detesto.

H. Autoacusación
O No siento que sea peor que las demás personas.
1 Me critico por mi debilidad o por mis errores.
2 Me culpo por mis faltas.
3 Me culpo por todo lo malo que ocurre.

I. Ideas suicidas
O No tengo la menor intención de auto dañarme.
1 Pienso en hacerme daño, pero no lo haré.
2a Siento que mejor sería estar muerto.
2b Siento que mi familia estaría mejor si yo muriera.
3a Tengo planes precisos acerca de suicidarme.
3b Me mataría si pudiera hacerlo.

J. Llorar
O No lloro más de lo habitual.
1 Ahora lloro más que antes.
2 Ahora lloro todo el tiempo, no puedo evitarlo.
3 Antes podía llorar, pero ahora no puedo aunque quiera.

K. Irritabilidad
O No estoy ahora más irritado que habitualmente.
1 Me molesto o me irrito con más facilidad que antes.
2 Me siento irritado todo el tiempo.
3 Ya no me irrito de ninguna manera por cosas que antes me irritaban.

L Insociabilidad
O No he perdido interés en las demás personas.
1 Ahora me intereso menos por los demás que antes.
2 He perdido casi todo el interés que sentía por los demás.
3 He perdido todo interés por los demás y no me preocupan en absoluto.

M. Indecisión
O Tomo decisiones igual que antes.
1 Trato de posponer el momento de tomar decisiones.
2 Tengo grandes dificultades para tomar decisiones.
3 Ya no puedo tomar ninguna clase de decisiones.

N. Cambio de la imagen corporal
O No me siento peor que antes.
1 Me preocupa verme de más edad o con menos atractivos.
2 Siento que hay cambios permanentes en mi apariencia y que me quitan atractivo.
3 Siento que mi aspecto es feo o que resulta repulsivo mirarme.

O. Lentitud en el trabajo
O Trabajo tan bien como antes.
1 a Necesito un esfuerzo extra para ponerme a realizar un trabajo o tarea.
1 b No trabajo tan bien como antes.
2 Debo esforzarme mucho para hacer cualquier cosa.
3 No puedo hacer ninguna clase de trabajo.

P. Insomnio
O Puedo dormir tan bien como siempre.
1 Me despierto más cansado por la mañana ahora que antes.
2 Me despierto una o dos horas más temprano que de costumbre y me resulta difícil volver a dormirme.
3 Me despierto temprano todos los días y no puedo dormir más de cinco horas.

Q. Fatiga
O No me canso más que antes.
1 Me canso con más facilidad que antes.
2 Me canso aunque no haga nada.
3 Me canso demasiado aunque no haga nada.

R. Anorexia
O Mi apetito no se ha deteriorado.
1 Mi apetito no es tan bueno como antes.
2 Mi apetito es ahora mucho menor.
3 Ya no tengo apetito.

S. Pérdida de peso
O No he perdido peso últimamente, o muy poco.
1 He perdido más de dos kilos y medio.
2 He perdido más de cinco kilos.
3 He perdido más de siete kilos y medio.

T. Preocupación por la salud
O Mi salud no me preocupa más que lo habitual.
1 Me preocupan mis dolores y molestias, o mi ardor de estómago, o mi constipación.
2 Estoy tan preocupado por cómo me siento o por lo que siento, que me resulta difícil pensar en otra cosa.
3 Estoy completamente absorbido por lo que siento.

U. Pérdida de libido
O No he advertido ningún cambio reciente en mi interés por el sexo.
1 Estoy menos interesado en el sexo que antes.
2 Estoy mucho menos interesado en el sexo ahora.
3 He perdido por completo el interés en el sexo.

Resultados: 0-9= margen normal; 10-15= depresión leve; 16-19= depresión leve a moderada; 20-29= depresión de moderada a grave; 30-63 = depresión grave. (Tomado de Beck, A. T., Depression: Causes and Treatment, Philadelphia, 1967, University of Pennsylvania Press.)

Historia de la Locura: Manicomios Enfermedad Mental y Psicosis

Historia de la Locura: Manicomios
Tipos enfermedad mental, Psicosis  y Neurosis

Historia de la locura

El lugar de las enfermedades mentales en la sociedad ha vanado de acuerdo a la época pero sólo destacaremos algunas características de distintos períodos. Las concepciones primitivas de la locura la toman como una categoría de lo sagrado, relacionada con la divinidad o con el demonio. Todavía en el Nuevo Testamento la locura es considerada como una posesión por los malos espíritus a los que hay que desalojar del cuerpo del enfermo para curarle.

Es con los griegos que la medicina se hace ciencia. Pero mientras la medicina griega da una explicación racional de las enfermedades del cuerpo, las «enfermedades del espíritu» no reciben una suerte similar. La teoría de los griegos sobre las enfermedades está basada en el equilibrio que en el cuerpo tengan cuatro «jugos»: sangre, flema, bilis negra y bilis blanca, también llamadas «humores«. Aún hoy hablamos de temperamentos flemáticos, biliosos o sanguíneos, así como del humor con que está una persona.

Las observaciones sobre enfermos mentales en la Edad Media no están en manuales de medicina sino en los protocolos de los perseguidores de hechiceros y exorcizadores. En realidad, la extensión del cristianismo en este período parece en este terreno más que nada haber proporcionado un esquema (la lucha de Satán contra Dios por el dominio del hombre), reforzador de la concepción primitiva.

Por otro lado la heterodoxia y la locura fueron tratadas de Ja misma manera por las autoridades. Con el Renacimiento los locos dejarán de ser endemoniados. Algunos médicos dirán que los locos nada tienen que ver con fuerzas sobrenaturales y que por lo tanto pertenecen al médico y no a la hoguera. Zilborg llamó a este movimiento «Primera Revolución Psiquiátrica».

Este movimiento, que se inicia en el Renacimiento y culmina en la Revolución Francesa, dejará de considerar como poseso al loco y lo transformará tan solo en una persona peligrosa. Por esta razón debe ser internado, como los criminales, los mendigos o los rebeldes y, a menudo, en los mismos locales, sitios de siniestra fama.

Con la Revolución Francesa se produce una nueva variante (impulsada por Felipe Pinel y Jean Esquirol) ya que, coincidiendo con el nuevo humanismo, se separan definitivamente los manicomios de las prisiones y sobre todo se da a los enfermos un trato de personas,, suprimiendo las cadenas, los castigos, el hacinamiento. El mérito de esta actitud sólo es comprendido cuando se sabe que esta «liberación del loco» aún no ha concluido, pues en distintos lugares se comprueban aún hacinamiento y castigos.

En realidad, la mayoría de los hospitales psiquiátricos actuales son un legado directo de Pinel y Esquirol. Sin embargo, junto con el enorme progreso, se observa que prosigue la necesidad de que el enfermo esté recluido. Varían el trato y las razones: ya no es el peligro sino la necesidad de protección y tratamiento lo que justifica los muros y la segregación. Pero la segregación sigue siendo la misma hasta nuestros días.

En el siglo XIX los progresos de la ciencia son sensibles en medicina. Los nombres de Kraepelin, Charcot, Bleuler, Kraft, Ebing y otros están asociados a esta época que nos lega la clasificación actual de las enfermedades mentales, así como una precisa descripción, pero solamente hipótesis en cuanto a las causas, como veremos.

Habrá que esperar á la primera mitad del siglo XX para que estalle lo que H. Ey llamó la Segunda Revolución Psiquiátrica. Como consecuencia de tos estudios sobre la neurosis y del descubrimiento científico det inconsciente los locos dejan de ser seres extraños y pasan a ser hombres que hablan un lenguaje no del todo distinto al del inconsciente de cualquier hombre.

Eso implica aceptar que la locura puede tener grados y, si se la escucha, ser comprensible. El enfermo no será un segregado de la sociedad, sino alguien siempre ligado a ella. Esta etapa aún está en evolución, y como vimos antes, es de aparición relativamente reciente la concepción de que la locura es un hecho estructurado socialmente.

El punto de vista científico

A partir de la mencionada eclosión científica que comienza con el Renacimiento y llega a su máxima expresión en el siglo XIX, los médicos unen las enfermedades mentales a las demás enfermedades físicas, comenzando así una seria búsqueda de sus causas. Pero mientras los adelantos generales de la Medicina son espectaculares, en la psiquiatría sucede un curioso fenómeno: existe un grupo de enfermedades mentales a los que se puede atribuir una clara y definida causa anatómica y que pronto pueden pasar a entenderse como cualquier otra enfermedad (es el caso de la sífilis cerebral o la demencia senil). Pero existirá otro grupo que, por el contrario, no presentará ninguna alteración revelable ni a la autopsia, ni al laboratorio químico ni al microscopio.

Allí el camino de los psiquiatras se bifurcará hasta hoy. Algunos persistirán en que todas las enfermedades mentales tienen una causa orgánica, y las que no la muestran es por una mera insuficiencia de los medios de investigación. Otros atribuyen la génesis de las enfermedades mentales, en los casos en que no existe trastorno orgánico detectable, a causas psíquicas. Llamaremos a la primer postura organicista y a la segunda psicogenetista. A riesgo de no ser completos, en un esfuerzo de síntesis examinaremos las explicaciones de estas escuelas con vigencia actual.

Las enfermedades mentales de causa física son aquéllas en las que el Sistema Nervioso Central se perturba por factores infecciosos, tóxicos, tumorales o arterioescleróticos. En estos casos puede decirse que el problema no es distinto al del resto de la medicina: así como una insuficiencia renal se produce por una infección en el riñón, una infección en el cerebro producirá una insuficiencia cerebral. Existen infinidad de cuadros que obedecen a causas orgánicas, pero el concepto que queremos dar aquí es que todos ellos acompañan la causa fundamental que actúa sobre el funcionamiento del cerebro.

Si la causa es transitoria (conmoción cerebral, infección, etc. que pasen sin dejar lesiones) la alteración psíquica es transitoria. Si la causa es una alteración definitiva y/o progresiva, la alteración será también definitiva y/o progresiva.

En este sector entran lo que después veremos como Demencias, cuya causa puede encontrarse en alteraciones anatómicas del cerebro producidas por degeneraciones de las células o por deficiencias en el aporte de sangre debidas a arterioesclerosis (los conocidos reblandecimientos).

Casi nadie niega que aún la más claramente orgánica de las afecciones mentales no puede ser entendida del todo sin considerar los factores psicogenéticos en la producción de los síntomas. La gravedad de una debilidad mental causada por una meningitis padecida en la infancia no sólo está determinada por la extensión de las lesiones sufridas sino también por la actitud familiar y social con que fue tratado e! individuo.

Enfermedades sin causa física demostrada Engloban la mayor parte de las enfermedades mentales: esquizofrenias, melancolías, delirios, neurosis, personalidades psicopáticas y afecciones psicosomáticas.

Expondremos entonces las posturas organicistas y las psicogenetistas.
Señalamos ya que en las teorías organogenéticas la enfermedad mental es un proceso cerebral: anatómico, físico o químico y, al hablar de neurobiología, mencionamos algunos centros importantes del Sistema Nervioso Central. El descubrimiento de localizaciones con funciones específicas en el cerebro permitió elaborar teorías que atribuyen a lesiones de los distintos centros y sistemas mencionados las enfermedades
mentales.


Los enfoques genéticos y los fisicoquímicos: que a continuación veremos se relacionan con los que acabamos de ver. Desde hace siglos se sabe que los trastornos mentales manifiestan a menudo una cierta predisposición hereditaria, o sea que se pueden observar también en los antecesores del enfermo. Toda persona posee un patrimonio biológico, o sea un cierto número de caracteres morfológicos (ser delgado, ser robusto) funcionales, neurobiológicos, que hereda de sus padres. Si se observa que determinadas enfermedades son más frecuentes en ciertos pacientes de constitución corporal determinada (la enfermedad maníacodepresiva en personas robustas, ventrudas y con otra serie de aspectos que configuran lo que se llama «hábito pícnico»), siendo esa constitución heredada, se puede pensar que se hereda también la predisposición a enfermar.

La parte de la biología que estudia estos temas se llama Genética y es muy difícil de aplicar en el hombre, por lo que los resultados son muy discutidos. Se sabe que la predisposición a enfermar de un sujeto aumenta si uno de sus padres fue enfermo, y más si los dos lo son. Pero resulta muy difícil saber si el mayor número de enfermos entre hijos de enfermos se debe a la herencia genética o a cómo fueron criados por padres enfermos.

Por otra parte la herencia no aparece forzosamente en los hijos sino que puede ser recesiva y aparecer, o no, en los hijos de los hijos. Las enfermedades en que el riesgo hereditario (en e! peor de los casos el 20 % de probabilidades de tener un hijo enfermo si los dos padres lo son y de 10 a 15 % si uno solo lo es) se ha comprobado son las esquizofrenias, la psicosis maníacodepresiva, algunas epilepsias y ciertas oligofrenias.

En el campo de la química se vienen realizando importantes descubrimientos, aún en desarrollo. Numerosas sustancias terapéuticas basadas en los descubrimientos de la química del Sistema Nervioso se siguen incorporando al uso psiquiátrico.

Existen ciertas sustancias en el cerebro, que aparecen disminuidas en los cerebros de los deprimidos; son las catecolaminas y su función tiene que ver con la transmisión del impulso nervioso. Algunas drogas (las anfetaminas por ej.) las aumentan, produciendo excitación y euforia. Otras, como la reserpina, la disminuyen produciendo una tranquilización, a veces depresión.

También se observó que un componente normal del organismo, el sodio, que también tiene que ver con la transmisión del impulso nervioso, está aumentado en el interior de las células del Sistema Nervioso Central en algunos casos de depresión. Este fenómeno se interpretaría como motivo de un retardo generalizado del funcionamiento nervioso.

Respecto de la incidencia de factores químicos en la esquizofrenia se supone que ciertas sustancias normales pueden transformarse en el organismo en compuestos de acción tóxica con efectos similares a los de la locura. Algunas de estas sustancias tienen una estructura química pareciera a las drogas alucinógenas (LSD y mescalina)

Por último, se sospecha también la existencia de relaciones entre las hormonas y la locura. Un nivel adecuado de hormonas en el organismo es necesario para un armónico funcionamiento físico y mental. (En casos en que esto no sucede se evidencian alteraciones psíquicas, como es dable observar en casos de falta de hormona tiroidea, que produce retraso mental y físico como el cretinismo o la castración. Muchos autores han realizado investigaciones con la hipótesis de que un funcionamiento glandular inadecuado pero no tan evidente sea causa de trastornos mentales. Son de destacar las investigaciones de Selye, que asocia diversos trastornos al agotamiento de las glándulas suprarrenales que intervienen en la defensa y alerta del organismo (la teoría del stress).

Las funciones del sistema nervioso

Los niveles más elevados de la conducta y del comportamiento del hombre dependen de la existencia del Sistema Nervioso Central (SNC). La evolución en la escala zoológica va mostrando un mayor grado de complejidad del SNC desde los animales inferiores hasta los animales superiores, culminando en el hombre, cuyo grado de preeminencia depende justamente del alto desarrollo de este sistema.

El Sistema Nervioso está formado por células muy delicadas llamadas neuronas que a diferencia de las otras células del organismo no se reproducen, permaneciendo su número constante desde el nacimiento a la muerte si no media su destrucción accidental. El organismo se encarga de proteger al SNC ubicándolo en la cavidad ósea más dura y cerrada del cuerpo (el cráneo) y mediante múltiples y sutiles mecanismos que hacen, por ejemplo, que muchas sustancias exteriores no puedan pasar de la sangre al SNC por la existencia de una especie de barrera biológica.

En el SNC del hombre podemos destacar tres formaciones anatómicas en lo que al interés de este fascículo se refiere: el hipotálamo, el tálamo y la corteza cerebral. El hipotálamo además de una serie de complejas funciones vitales (tales como la regulación glandular) actúa en la expresión de la motilidad emocional instintiva e impulsiva; el tálamo es una verdadera central receptora del organismo y su función más significativa es la de intervenir en la representación instintivo-afectiva del organismo. La corteza cerebral constituye el nivel más evolucionado, también llamado Sistema Nervioso Superior, donde existen diversas zonas:

1) Áreas sensoriomotrices en las que están representadas la motricidad y la sensibilidad de todo el cuerpo.
2) Áreas que funcionan como centros perceptivos o analizadores que responden a la percepción por los sentidos.
3) Áreas gnoseopráxicas que integran los procesos neurobio-lógicos que son responsables de la percepción, la memoria y el pensamiento. En este sentido la zona del Lóbulo temporal es la de mayor interés para la psiquiatría, pues parecen estar representados en él (más correcto sería decir integrados) el lenguaje y la memoria.
4) La región del lenguaje, específicamente humana: su importancia queda de relieve al notar que su destrucción acarrea en el hombre la imposibilidad de hablar y/o entender lo hablado. Al mencionar zonas anatómicas, áreas o regiones, debe tenerse en cuenta que todas ellas funcionan en total interdepedencia y no por partes, como podría suponerse, siendo lasdistintas funciones la expresión coordinada del funcionamiento del SNC como un todo.

Los manicomios

Ya hemos señalado cómo su aparición marca un fenómeno particular: la sociedad asigna al loco un lugar donde ser aislado, creando así una peculiarísima institución.

Durante muchos años, y aún en la actualidad para la mayoría, la finalidad de los manicomios es clara: se procura tratar allí a los enfermos mentales, haciendo lo posible para su curación. Pero mientras esta curación no se produzca, el enfermo estará allí alojado contra su voluntad, para proteger así a los sanos y al mismo paciente de actos irresponsables que pueda cometer.

En resumen, cura y aislamiento, mucha veces definitivo. Se crean así verdaderas ciudades, llenas de personas aisladas en las cuales el siempre magro presupuesto sanitario hace que el hacinamiento y la falta de higiene sean la regla. Pero en los últimos años se plantearon algunas novedades: En primer lugar se empezaron a crear centros psiquiátricos en hospitales generales; los enfermos mentales podrían así tratarse en un hospital común como cualquier enfermo.

Se demostró que ello no sólo era posible sino ventajoso. Pero se hizo evidente también una pavorosa realidad ya señalada por muchos: La sintomatología de los enfermos del manicomio ¿es debida a la enfermedad o a los efectos que el mismo manicomio produce? El aislamiento, deterioro y abandono que presentan los enfermos, ¿es la enfermedad o el efecto acumulado de años de encierro, de separación del mundo exterior, de pérdida de identidad, de falta de intimidad, de inactividad permanente, de soledad? Todo hace pensar que sí.

¿Acaso un ser normal sometido a esa vida durante años estaría mejor?
La cuestión planteada es de extrema gravedad. Implica que muchos habitantes del manicomio no deberían estar allí de haber sido resocializados en su momento.

Además que muchas de las grandes descripciones de la psiquiatría corresponden no a enfermedades sino a trastornos producidos por la internación, y que buena parte de la incurabilidad con que se asocia la locura se debe a estos factores. Este serio planteo, unido a las condiciones misérrimas en que se desarrollan las actividades de estas instituciones, ha llevado a intentar cambios que aún no son comprendidos ni justificados por muchos.

Las terapias institucionales mencionadas anteriormente son algunas de las respuestas esgrimidas ante tan trágica situación. Si bien el mérito de dichos intentos es enorme, no se puede olvidar que las acciones en este sentido son parte de la política sanitaria gubernamental, y en consecuencia un aspecto político mucho más vasto.

Esto introduce muchas variantes, dado que un pseudo humanitarismo benéfico es tan nocivo como dejar las cosas como están. Sólo el serio estudio de las terapias y de las enfermedades, posibilitado por circunstancias sociales favorables pueden conducir a un real mejoramiento de la asistencia.

La astrologia en la Edad Media

Astrología y religión, la edad media

Al comienzo de la Edad Media el fatalismo astrológico chocó con los dogmas religiosos: con la doctrina del libre albedrío de los cristianos y con la ley musulmana, pues según el Corán sólo Dios conoce el porvenir. Para tratar de explicar la arraigada creencia en la astrología sin traicionar aquellos dogmas, se recurrió a toda clase de argumentos. Se admitió que los astros «inclinan» pero no obligan; se rechazó el fatalismo pero no las influencias astrales, reconociéndose que, prevenido por los astros, el hombre podía evitar los peligros que se pronosticaban; se reconoció una astrología natural y se admitió la influencia astral sobre la vida animal y vegetal, pero se rechazaron los horóscopos por considerárselos superstición.

A pesar de todo esto, la astrología gozaba de múltiples adeptos; entre ellos reyes y califas, papas y emperadores, que disponían de «matemáticos» a quienes consultaban acerca de cuestiones personales u oficiales. La influencia árabe, que comenzó a manifestarse en el mundo cristiano occidental a partir del siglo XI, contribuyó en buena medida a ese auge, ya que por disposición natural o en virtud de la cultura griega que habían asimilado, cultivaron la astrología con fines religiosos o para confeccionar horóscopos.

De la concepción árabe de la astrología como «decretos del cielo», nació el nombre de «astrología judiciaria» aplicada a la confección de horóscopos. La influencia del «Tetrabiblos» puede medirse a través de sus traducciones. Se cuenta entre las primeras obras griegas traducidas al árabe (en la segunda mitad del siglo VIII), y la primera obra traducida del árabe al latín, en la primera mitad del siglo XII. Fue traducida a muchos idiomas modernos y hasta mediados de este siglo XX era la única obra de Ptolomeo traducida al inglés.

Durante la Edad Media la astrología siguió su marcha triunfante: hasta los judíos la cultivaron aunque Maimónides la condenó explícitamente. En el mundo bizantino no gozó de mayor aceptación, tal vez por el recuerdo del saber griego clásico. En cambio se introdujo fácilmente en los pueblos eslavos, muy propensos, por entonces, a las prácticas adivinatorias.

En el mundo cristiano la astrología forma parte del saber mundano, con abundante actividad de astrólogos y producción de obras astrológicas. Comienzan entonces las vinculaciones entre astros y planetas y distintos elementos. Dante combina los siete planetas con las siete artes liberales y correlaciona la gramática con la Luna, la dialéctica con Mercurio, la retórica con Venus, la aritmética con el Sol, la música con Marte, la geometría con Júpiter y la astronomía con Saturno.

Se establece también la vinculación entre la astrología y la alquimia, y a cada metal se le asigna un planeta, a cada operación de los alquimistas un signo: al oro le corresponde el Sol; a la plata, la Luna; al hierro, Marte; al mercurio, Mercurio; al cobre, Venus; al estaño, Júpiter; al plomo, Saturno; a la calcinación, Aries; a la congelación, Tauro; a la fijación, Géminis; a la disolución, Cáncer; a la digestión, Leo; a la destilación, Virgo; a la sublimación, Libra; a la separación, Escorpión; a la ceración, Sagitario; a la fermentación, Capricornio; a la multiplicación, Acuario y a la proyección, Piséis. Aparece también el difundido «hombre astral», materialización de la doctrina del macrocosmos y del microcosmos, en el que a cada signo del zodíaco corresponde un miembro o un órgano del cuerpo humano.

De acuerdo con una de las correspondencias establecidas, actual, tenemos que Aries rige la cabeza y el cerebro; Tauro, el cuello y la garganta; Géminis, los hombros, los brazos, los pulmones; Cáncer, el tórax y el pecho; Leo, la parte superior de la espalda, el corazón, la columna vertebral; Virgo, el abdomen y los intestinos; Libra, la parte inferior de la espalda y los riñones; Escorpio, la pelvis y los conductos inferiores; Sagitario, los muslos y la carne; Capricornio, las rodillas, la piel; Acuario, las piernas, los tobillos, la piel; Piséis, los pies, el hígado, el sistema linfático.

Otra correlación es la que da origen al «hombre astral metalizado». En él, cada órgano corresponde a un planeta y a un metal correlativo. De acuerdo con esta correspondencia, se receta el metal como remedio en caso de enfermedad del órgano.

Así nace la medicina astrológica, que se mantuvo en pleno auge hasta bien entrado el siglo XVII, cuando médicos famosos recomendaban la astrología uroscópica: sin ver al paciente, con sólo examinar su orina y confeccionando el, horóscopo del momento de la micción se diagnosticaba la enfermedad. También apareció una farmacología astrológica, según la cual las plantas medicinales gobernadas por el Sol debían recogerse en domingo o las gobernadas por la Luna en lunes, y así sucesivamente.

El período renacentista imprimirá su sello de época ambivalente al legado astrológico de la época medieval. Coexisten el brillante renacimiento de las ciencias y de las artes con infinidad de guerras civiles y religiosas, con rebeliones y con la «Noche de San Bartolomé» con pestes y hambrunas, calamidades en las que se reconocen los signos de la ira de Dios o de espíritus maléficos. En consecuencia recrudece la creencia en poderes ocultos, encantamientos y brujas.

El descubrimiento de la Naturaleza, característico del Renacimiento, plantea otra ambivalencia. El hombre se enfrenta entonces con dos amos: Dios y la naturaleza. Trascendente uno, inmanente el otro, En consecuencia la astrología, que vaga entre el cielo y la tierra, ofrece la posibilidad de explicar esa coexistencia. Por primera vez, la astrología se ocupa también de la religión: se confecciona el horóscopo de Cristo; las conjunciones planetarias indican el nacimiento, y a veces la muerte, de las grandes religiones.

La característica ambivalencia de la época se comprueba asimismo en muchos pensadores y científicos frente a la astrología. El matemático Cardano, Paracelso, médico y químico, el astrónomo Kepler, concillan el cultivo de la ciencia con la creencia y la práctica astrológicas. En algún caso, esta contradicción hará crisis: Kepler exclama que sus leyes no se gestaron con la influencia de Marte y de Mercurio sino con las enseñanzas de Copérnico y de Tycho Brahe. Pero en definitiva, el Renacimiento, en cuyo seno se gesta la revolución científica del siglo XVII, fue también la época de oro de la astrología. Sería más exacto decir, astrológicamente hablando, que fue su culminación, pues precisamente en el siglo XVII comienza la declinación de la astrología.

Astrología y ciencia

El sistema de Copérnico y el anteojo de Galileo le asestaron los primeros golpes. Cuando se piensa que los astros se mueven rítmicamente alrededor de la morada fija del hombre, no es difícil creen en la influencia que pueden ejercer sobre las acciones humanas. Pero cuando es precisamente la morada del hombre la que, junto con la Luna, se desplaza, al igual que los demás planetas, alrededor del astro máximo, el Sol, que permanece fijo, resulta más difícil aceptar tales influencias.

Al derrumbarse el sistema ptolomeico, la astrología perdió su punto de apoyo.
El telescopio contribuyó, en gran medida, a desdivinizar el cielo, a despojar de atractivos misteriosos a los astros. Reveló, sobre todo, la existencia de otros astros que viajaban a través de los signos del zodíaco: nuevos planetas y satélites, millares de planetoides cuya eventual influencia no había podido calibrarse por la sencilla razón de no ser visibles a simple vista. Con Newton cambia el papel de los astros; su admirable ordenamiento no está destinado a aconsejar al hombre, sino por el contrario, a someterse al consejo y la voluntad de un Ser todopoderoso e inteligente.

Las comprobaciones de la ciencia en los siglos XVIII y XIX hicieron que la astrología entrara en plena decadencia y pasara a la categoría de seudociencia o superstición. Muchas veces, injustamente, ni siquiera figuró en la historia de la astronomía. En el siglo XX, sin embargo, se reinicia un movimiento en su favor.

Kepler y la astrología
astrologia keplerEn Kepler, como en Paracelso, se da respecto de la astrología una especie de ambivalencia: de malas ganas se somete a una astrología en la que cree y no cree. Cuando advierte que su descubrimiento de las leyes del sistema planetario no figura en su horóscopo, proclama que sus estrellas no fueron Mercurio ni Marte, sino sus maestros Tycho Brahe y Copérnico.

Así mismo, en un «típico estallido suyo», como se expresa Koestler, escribe: «Un espíritu acostumbrado a la deducción matemática, cuando se ve frente a los falaces fundamentos de la astrología se resiste mucho tiempo, como un mulo obstinado, a poner el pie en ese sucio charco, hasta que los golpes y las maldiciones lo obligan a hacerlo.»

Pero es claro que Kepler, quien persiguió toda su vida la búsqueda de una armonía cósmica, no podía sustraerse a ese signo de los tiempos y entre sus dudas admite «que nadie debiera tener por increíble que de las tonterías y blasfemias de los astrólogos puede surgir algún conocimiento útil y sagrado, que del sucio légamo puede salir un pequeño caracol o un mejillón, una ostra o una anguila, todos ellos alimentos útiles; que de un montón de pedestres gusanos pueda surgir un gusano de seda, y, por último, que en el hediondo estiércol una activa gallina puede encontrar un buen grano o una perla o una pepita de oro, si busca y revuelve bastante tiempo».

Y en otra ocasión: «¿De qué manera el aspecto del cielo determina el carácter de un hombre en el instante de su nacimiento? Obra en la persona durante toda la vida, a la manera de los lazos que el campesino ata alrededor de los zapallos en el campo; los lazos no hacen que el zapallo crezca, pero determinan su forma. Lo mismo puede decirse del cielo: no imparte al hombre sus costumbres, su historia, su felicidad, sus hijos, sus riquezas o su mujer; pero modela la condición de ese hombre…»

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo II Astrología, Horóscopos y Ciencia.

Historia y Origen de la Astrología Antigua El Zodiaco

Historia y Origen de la Astrología Antigua – El Zodiaco

¿QUE ES LA ASTROLOGÍA?. Seudociencia que pretende predecir el futuro, basándose en la apariencia y movimiento de los astros.

Como ocurre a menudo en el complicado aprendizaje del espíritu humano, el error sirvió aquí de andamio para construir una verdad; pues no es probable que asirios y caldeos dedicaran tantos siglos al estudio del cielo, echando así las bases de la astronomía, si no los hubiera impulsado la ingenua pretensión de leer en él su destino.

De esta manera aprendieron a distinguir los planetas de las estrellas y elevaron aquéllos a la categoría de dioses, cuya voluntad creyeron poder descubrir estudiando sus evoluciones.

Para facilitar sus investigaciones, los astrólogos dividieron el Zodíaco en doce casas, las cuales, a causa de la rotación diurna, eran recorridas en 24 horas por los cuerpos celestes.

Los astrólogos gozaban de gran estima tanto en la antigüedad como en la Edad Media, especialmente en los siglos XIV y XV; pero las teorías de Copérnico y Giordano Bruno destruyeron su crédito.

A pesar de sus métodos absurdos, fuerza es reconocer que fue cultivada por altísimos espíritus y más de una vez desvió el curso de la historia.

La Astrología, Accidente Histórico

Astrología y astronomía (por sus etimologías tratado de los astros-leyes de los astros, respectivamente) fueron en un principio términos sinónimos.

Cuando los griegos consideraron a la astronomía como a una rama de la matemática, la sinonimia se extendió también a esta ciencia.

Así, en la época medieval se llamó frecuentemente «matemáticos» a los astrólogos, mientras se confundía astronomía con astrología convirtiendo así las leyes de los astros en leyes de los destinos humanos.

Sin embargo, la observación insistente y cuidadosa del cielo que dio origen a la ciencia astronómica se debió, pura y exclusivamente, a razones de orden práctico: la necesidad de medir el tiempo y de establecer la alternancia de las estaciones (un calendario, en fin) para ordenar las tareas agrícolas y los ritos del culto.

Más tarde estas observaciones se usaron también en un sentido astrológico, debido a las características de las antiguas culturas, mezcla de mitos, magia y religión.

Factores de índole religiosa

La contribución de las dos grandes culturas prehelénicas, la egipcia y la mesopotámica, ha sido bien diferente.

Es poco lo que sabemos de la astronomía egipcia, debido a la falta de papiros astronómicos anteriores a la época helenística (siglos Ill/l a. C.).

No cabe duda, sin embargo, de que los egipcios realizaron observaciones astronómicas desde épocas muy tempranas, ya que en el tercer milenio a. C. establecieron el primer calendario solar basándose en la marcha regular de los astros y en las no tan regulares crecidas del Nilo.

Calendario que ha servido de base al nuestro, tras sufrir dos reformas: la juliana (siglo I a. G.) y la gregoriana (siglo XVI).

El año egipcio de trescientos sesenta y cinco días estaba dividido en doce meses de treinta días cada uno, más cinco días suplementarios.

Cada mes se dividía en tres decenas de días, que se caracterizaban por el grupo de estrellas —o de una única estrella brillante— que asomaba por el horizonte cada diez días. Más tarde estos grupos de estrellas fueron utilizados muchas veces por los astrólogos del período grecorromano, a pesar del zodíaco griego, conocido por los egipcios sólo en la época helenística posterior a las campañas de Alejandro Magno.

Aunque no puede hablarse de una astrología de los antiguos egipcios, es indudable la influencia del cielo en su religión.

No olvidemos que en determinado momento sustituyeron a todos los dioses de su panteón por un dios único: el Sol.

Además, en algunos casos, dicha influencia celeste adquirió ribetes de astrología: creían, por ejemplo, que la brillante estrella Sotis (la actual Sirio) provocaba las crecidas del Nilo.

Mientras la astronomía de los egipcios revela un carácter litúrgico y religioso, la astronomía de los pueblos de la Mesopotamia presenta un fondo mágico y adivinatorio, fuente original de la astrología.

Los babilonios heredan la magia de los sumerios, que ya no es la magia animista del hombre prehistórico sino de índole más religiosa, con caracteres protectores que se resuelven en encantamientos y exorcismos, sobre todo frente « la enfermedad.

El mundo exterior deja de ser el mundo demoníaco ancestral y se puebla de dioses benéficos y maléficos, Detectar en ese mundo los signos favorables o desfavorables resulta vital: de ahí la importancia de la adivinación.

Dichos signos debían rastrearse en los sueños, en el comportamiento de los animales y en su aspecto, así como en e! de las plantas y los minerales; en las entrañas de animales sacrificados, sobre todo en el hígado; en los rasgos de la fisonomía humana y, por supuesto, en los astros y en las pertubaciones atmosféricas.

Si estos antecedentes permiten afirmar que la astrología tuvo su origen en la Mesopotamia, cabe agregar que sus caracteres específicos la diferencian de la astrología actual.

Aquella fue una astrología de neto corte político y social, referida más a los fenómenos naturales y a la colectividad humana que a seres individuales, si exceptuamos al rey, representante del dios y habitante del templo divino.

Los presagios que los sacerdotes leían en los astros hablaban de hambrunas y sequías, de guerras o inundaciones, de buenas cosechas, de victorias militares y crecidas normales.

Fue una astrología fundada en la correspondencia entre dioses y planetas y en la relación entre los fenómenos celestes —sobre todo los eclipses— y los fenómenos terrestres; correspondencias y relaciones que los sacerdotes observaban y anotaban en sus tablillas.

Los persas consignaron en el Avesta sus creencias astrológicas: el alma de cada ser humano tiene asignada una estrella a cuyo seno retornará al morir.

Esta relación entre el alma y las estrellas reaparece mucho después en una leyenda árabe, según la cual a cada persona le pertenece una estrella, que nace y muere con ella.

Conviene recordar, asimismo, que la calidad de «mago», tan frecuentemente conferida a los astrólogos, corresponde a una palabra de origen persa.

Puede decirse que la astrología, tal como hoy la entendemos, nace durante el período helenístico de la conjunción de las creencias orientales con los elementos griegos, y madura durante el período grecorromano.

Varios factores intervinieron en este proceso. Las Campañas de Alejandro (segunda mitad del siglo IV a.C.), que produjeron una «helenización del Oriente», contribuyeron también a la «orientalización de Occidente», sobre todo en el terreno religioso.

La religión de los griegos, con su Olimpo poblado de dioses demasiado humanos, no resistió el embate de las creencias orientales que entre otros elementos introdujeron la astrología entre los griegos y, más tarde, por intermedio de éstos, en la India.

En cuanto a la astrología china, el fenómeno es más complejo.

En primer lugar, entre el pueblo chino prospera toda clase de artes adivinatorias; en segundo término, se trata de un pueblo esencialmente agrícola, que desde muy antiguo reconoció la influencia del sol y de la luna sobre las estaciones.

Estos dos hechos permiten pensar que las prácticas astrológicas tuvieron en China un origen semejante al de la Mesopotamia.

A partir de los primeros siglos de la era cristiana, comienza a practicarse y adquiere gran desarrollo la astrología actual.

En cambio, estas prácticas no hicieron mella entre los judíos, por lo menos en la época helenística. Ya Jeremías: «. . .no temáis las señales del cielo, de las que tienen pavor las gentes. . .». Isaías, por su parte, apostrofa a Babilonia: «Quédate con tus encantamientos y con las muchas hechicerías con que te fatigaste en tu juventud», y agrega, refiriéndose a «los que miden el cielo»: «. . .serán como paja y el fuego los quemará; no se salvarán a sí mismos del poder de las llamas. . .»

El fondo filosófico

A estos factores de índole religiosa que contribuyeron a la estructuración de la astrología actual, debemos agregar varios factores de fondo filosóficos.

En el pensamiento griego clásico, fusión de ley y de mito, de ciencia y de poesía, no tiene cabida la idea de astrología en el sentido actual, si bien se identifica el cielo con las ideas de perfección y de divinidad. Es probable que la idea del cosmos como un universo bien ordenado y de los planetas no como cuerpos «errantes» sino como cuerpos perfectos —esferas— que se mueven según movimientos perfectos, es decir uniformes, se deba a los filósofos pitagóricos del IV a. C.

Estas ideas serán desarrolladas más tarde por Platón, a quien se debe también la importante concepción —para la astrología actual— de la correspondencia existente entre el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el hombre), en virtud del carácter divino e inmortal de las almas del mundo y del hombre. También influirá en la astrología la idea de la divinidad de los astros, tal como aparece en el «Epinomis«, diálogo platónico probablemente apócrifo. Para Aristóteles, más realista, el cielo tiene sus propias leyes, independientes de las humanas: «Si Zeus —es decir el cielo— hace llover, no es para que crezcan las mieses sino por necesidad.» Aunque en su astronomía la divinidad es una «causa primera», este concepto, puramente metafísico, es sólo el punto de partida de su explicación mecánica del sistema planetario.

En cambio en Alejandría, centro cultural del mundo helenizado a partir del siglo IV a. C. la convivencia del filósofo griego, del sacerdote egipcio —mezcla de intelectual y religioso— y del astrólogo caldeo, convierte a la antigua astrología sumerja, fruto quizás de una conciencia ingenua, en una tarea de rasgos científicos, muy intelectualizada.

Las corrientes filosóficas de la época, de acentuados tintes místicos, y sobre todo el estoicismo, ejercen su influencia decisiva en tal transformación. Según los estoicos, el hombre y el mundo constituían un todo ordenado, que se mantenía unido mediante el «pneuma«. Este .término («soplo» en griego) designaba al alma, espíritu o conciencia universal que poseía los caracteres de la divinidad. La cohesión entre los elementos, la razón y la vida misma no eran sino distintos estados de tensión del «pneuma«, comparable al parche de un tambor, cuyas distintas tensiones producen sonidos diferentes. Mientras el alma humana para Aristóteles era resultado de una especial organización de la vida que desaparecía con la muerte, para los estoicos era parte integrante del alma del mundo y de la muerte la devolvía a su lugar de origen. De aquí nace la vinculación entre la vida humana y la vida de las estrellas.

La concepción estoica otorga también nueva vida a la doctrina del macrocosmos y el microcosmos, a la que Platón había conferido carácter racional al explicar la creación de la especie humana. Según Platón, el Demiurgo —constructor o artífice del universo, de índole distinta al dios de los estoicos— encomendó a los dioses menores la creación de las razas mortales, y ellos utilizaron para crear al hombre los mismos elementos que el Demiurgo había usado para crear el universo. En consecuencia, el universo y el hombre —es decir el macrocosmos y el microcosmos— resultaron impregnados de igual racionalidad y movidos por mecanismos semejantes, lo que permitió establecer correspondencias y paralelismos entre ambos mundos.

El zodíaco

Según ya hemos dicho, la astrología con sus actuales caracteres —el predominio del horóscopo individual, sobre todo, lo que los caldeos utilizaron esporádicamente desde fines del siglo V a. c.— nace en el mundo elenístico, donde aparecen los conceptos del zodíaco y sus signos.

El zodíaco es una faja celeste por donde viajan, aparentemente, el Sol, la Luna y los planetas, cruzada en la parte central por la eclíptica, circunferencia convencional que señala la trayectoria solar.

Desde antiguo se habían distinguido en esa faja grupos de estrellas de distinta forma y extensión —constelaciones—, a los que la imaginación popular había dado nombres de acuerdo con sus semejanzas. De ahí que los griegos designaran a esta faja con el nombre de zodíaco, palabra que deriva de un término que significa «pequeñas figuras» (la etimología que hace derivar zodíaco de animal no parece correcta).

Los caldeos habían dividido al zodíaco en doce partes iguales de treinta grados cada una, que se hicieron corresponder aproximadamente con doce constelaciones. De este modo, a cada constelación correspondía una parte o «signo» del zodíaco, aunque a veces la constelación escapara del signo y hasta del zodíaco. A estas dos divisiones del zodíaco —una irregular por las constelaciones y otra regular por los signos—, los astrólogos agregaron otra división regular por las «casas». Es decir, otra división en doce partes iguales a partir de un punto variable, el «ascendente», intersección de la eclíptica con el horizonte en un instante y lugar determinado.

El nombre astrológico de las doce constelaciones zodiacales, en el sentido del movimiento aparente del Sol, es el siguiente: Aries (Carnero), Tauro (Toro), Géminis (Mellizos), Cáncer (Cangrejo),Leo (León), Virgo (Virgen), Libra (Balanza), Escorpio (Escorpión), Sagitario (Arquero), Capricornio (Cabra), Acuario (Aguatero), Piséis (Peces).
Desde el punto de vista astronómico, son importantes las dos intersecciones de la eclíptica con el ecuador celeste, sobre todo una de ellas, el llamado «punto vernal», como origen de coordenadas celestes.

En la época helenística ese punto se encontraba en Aries, motivo por el cual los astrólogos la eligieron como primera constelación zodiacal. En virtud del fenómeno de precesión de los equinocios (rotación del eje terrestre alrededor del eje de la eclíptica que se produce en un lapso de 26.000 años), ese punto ha retrocedido desde entonces: ha recorrido la constelación, Piséis, y actualmente está por entrar a Acuario. Al astrólogo, empero, no le interesa este movimiento porque no trabaja con las constelaciones sino con los «signos», aunque de este hecho resulten ciertas contradicciones entre las astrología y la realidad astronómica.

Los planetas y los días de la semana

Un legado astrológico probablemente helenístico que aún perdura en el mundo latino es el nombre de los días de la semana, que reflejan claramente los nombres de los siete planetas conocidos en el mundo antiguo. En orden decreciente de su distancia con la Tierra, ellos son: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna (la sustitución del «día del Sol», el inglés «sunday» o el alemán «Sonntag», por el domingo, «día del Dómine» —Señor— fue una innovación posterior).

La historia de este legado no es simple. Los babilonios habían dividido la semana en siete días, cada uno de los cuales estaba consagrado a un dios. Como a cada dios le correspondía una estrella, es decir un planeta, cada día de la semana tomó el nombre del planeta correspondiente.

Llama la atención, sin embargo, que el orden de los días de la semana no coincida con el orden de los planetas; por ejemplo, a Saturno (sábado) sigue Júpiter (jueves) y no el Sol (domingo). Pero un examen más detenido demuestra que entre el orden de los planetas y el orden de los días de la semana existe una relación fija. Para comprobarlo bastan dos sencillos diagramas: dibújese una circunferencia y divídase en siete partes iguales. Si en cada uno de los puntos se colocan, en su orden, los nombres de los planetas, y se unen entre sí siguiendo el orden de los correspondientes días de la semana, se obtendrá uno de los dos eptágonos estrellados, es decir un polígono regular. Si, en cambio, se colocan los nombres de los días de la semana en su orden y se unen los puntos siguiendo el de los correspondientes planetas, se obtiene el otro eptágono estrellado. Pero esto ya no es astrología sino pitagorismo.

Astrología y astronomía

Así como la astrología hizo presa fácil del mundo helenizado, también rápidamente en el mundo romano y terminó extendiéndose a las tribus germánicas, más allá de las fronteras del Imperio.

A pesar de la general aceptación, también hubo opiniones desfavorables. Carneades (siglo II a. C.), filósofo platónico integrante de la embajada que introdujo la filosofía griega entre los romanos, afirmaba que era imposible comprobar la verdad de los horóscopos, y en apoyo de sus argumentos señalaba los destinos distintos de los hermanos mellizos y se preguntaba por qué los animales no tenían horóscopo. En el siglo siguiente, Cicerón sostenía que los muertos en una misma batalla, dado que estaban signados por un mismo destino fatal, deberían haber nacido todos en el mismo instante y en el mismo lugar.

Tiempo después, Vitrubio se muestra más imparcial y también más impreciso. En su «Arquitectura» dice, refiriéndose a la astrología: «En lo que respecta a la rama de la astronomía que se refiere a la influencia de los doce signos, de los cinco astros, del Sol y de la Luna sobre la vida humana, debemos dejar todo esto a los cálculos de los caldeos, a quienes debemos el arte de confeccionar horóscopos que les permiten declarar el pasado y el futuro mediante cálculos fundados sobre los astros.

Tales descubrimientos han sido transmitidos por hombres inteligentes y de gran agudeza, provenientes directamente de la nación de los caldeos. El primero de ellos. Seroso, que se estableció en la isla de Cos, donde abrió una escuela. Más tarde continuó en esa tarea Antipater, y luego Arquinábolos dejó las reglas para confeccionar horóscopos fundados ya no en el momento del nacimiento sino en el de la gestación.»

En el siglo I de la era cristiana, Plinio, en su poco crítica-«Historia Natural», informa que las artes mágicas arraigaron a través de tres conductos: la medicina, la religión y la astrología. Alude a la antigüedad de las tres artes y se extraña de que Hornero no las mencione en su «Ilíada«, mientras que en la «Odisea» abundan los actos de magia.

Refiriéndose a la astrología en particular, dice que el hombre la ha incorporado a las otras artes porque «todo hombre ansia conocer su porvenir y piensa que tal conocimiento se extrae con más certidumbre del cielo.» En los primeros siglos de nuestra era aparecen nuevas concepciones filosóficas: las ideas cristianas y judías luchan victoriosamente contra el ya decadente paganismo; el gnosticismo—mezcla de concepciones racionales y místicas— favorece las especulaciones de tipo mágico y, por ende, a la astrología.

En este ambiente cultural, la astrología se desarrolla ampliamente y llega a su punto culminante con la obra de Ptolomeo (siglo II d. C.), quien al separar netamente a la astronomía de la astrología convierte a ésta en una rama autónoma del saber, rama que describe y estudia en un tratado especial, el Tetrabiblos, verdadera biblia de los astrólogos actuales. Aunque es evidente que las nociones de Ptolomeo —tierra fija y astros móviles—, cabe destacar que sus dos obras fundamentales, el Almagesto (astronomía) y el Tetrabiblos (astrología) difieren en su estructura científica. Mientras en el primer tratado desarrolla la astronomía en forma estrictamente científica, sobre la base de rigurosas demostraciones geométricas, en el segundo se limita a tratar los mismos temas mediante aproximados métodos aritméticos.

Las cuatro partes (de ahí el título «Cuatro Libros») que componen la obra astrológica de Ptolomeo comprenden, respectivamente, generalidades acerca de la astrología y de los planetas, a los que divide en maléficos y benéficos, masculinos y femeninos, diurnos y nocturnos; pronósticos de carácter general concernientes a las distintas regiones de la tierra o a características de los planetas; pronósticos de carácter individual; factores astrológicos vinculados con distintas circunstancias y aspectos personales.

Ptolomeo comienza distinguiendo las dos maneras de formular predicciones astronómicas: 1) señalando la configuración de los astros según sus movimientos (astronomía); 2) los cambios producidos en las cosas por influencia de los astros (astrología). Resuelve que, aunque en este último campo no se ha arribado a la misma perfección que en el primero, lo considerará de acuerdo con la filosofía, es decir científicamente.

En consecuencia fundamenta a la astrología en estos términos: «Ante todo es evidente, sin necesidad de mayor prueba, que una cierta fuerza circula y se extiende desde la naturaleza etérea y eterna a. todo lo que envuelve la tierra, provocando continuos cambios. Ante todo en los elementos sublunares, fuego y aire, que se agitan en virtud de los movimientos del éter, y con ello hacen partícipes de su movimiento a las cosas inferiores: la tierra y el agua, y todos los animales y plantas que en ellos nacen.» Reseña luego los distintos efectos del Sol y de la Luna y agrega: «El curso de los astros asume, en el aire numerosos significados: anuncia las tormentas, las lluvias y los vientos que afectan a las cosas terrestres.

La configuración misma que adoptan entre sí, en especial cuando al acercarse unen sus efectos, provocan múltiples y variados cambios. En efecto, si bien en el orden de la constitución general del mundo las fuerzas del Sol son las preponderantes, algo agregan o quitan las que residen en los demás astros. En lo que se refiere a la Luna, la cosa es más evidente y frecuente, en virtud de las lunas llenas y nuevas y de los espacios que las separan. Para los demás astros la cosa es menos cierta y se produce a intervalos más separados; por ejemplo, cuando aparecen o desaparecen, o cuando están en condiciones especiales.

Si se atiende a estos hechos, no sólo se comprenderá fácilmente cómo la constitución de las cosas es afectada por el movimiento de los astros, sino que además señalará cómo, de acuerdo con el estado del cielo, se forma y estructura el nacimiento y desarrollo de los gérmenes.» A esta última creencia aludía Cicerón cuando decía, al referirse a los astrólogos, que «creían no sólo verosímil sino absolutamente cierto que los animales y los niños se forman según la disposición del cielo en el momento de su nacimiento, y que bajo tal influencia se constituían el ingenio, las costumbres, los hábitos y los caracteres de los cuerpos, así como todo el curso de la vida y de las acciones futuras de cada uno.»

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo II Astrología, Horóscopos y Ciencia.