La Unificación Alemana

Biografia de Mazzini Giuseppe Resumen de su Vida Politico Italiano

Resumen Biografía de Mazzini Giuseppe

ANTECEDENTES DE LA EPOCA DE MAZZINI: En 1848, estallaron en muchas partes de Europa rebeliones y protestas que demostraban la insatisfacción de la gente con sus gobernantes. Los motivos que generaron muchas de estas rebeliones eran similares a los que dieron lugar a la Revolución Francesa.

En Europa, muchas personas empezaban a sentir que eran más importantes que el Estado y que tenían algo que decir en lo referente a su gobierno. En respuesta a las rebeliones y protestas violentas, los gobernantes intentaron restaurar los antiguos sistemas de gobierno (Antiguo Régimen); pero los acontecimientos de 1848 acabaron demostrando que el cambio era inevitable.

Otro poderoso motivo para las revoluciones de 1848 fue el nacionalismo, es decir, el deseo de los pueblos que hablaban la misma lengua de formar sus propias naciones independientes.

El nacionalismo fue especialmente intenso en Italia y Alemania, que estaban divididas en muchos pequeños estado , y en algunas zonas del Imperio austríaco. Otras rebeliones las encabezaron quienes reclamaban alimentos más baratos o cambios en las leyes de propiedad de la tierra para que los trabajadores tuvieran acceso a ella.

Los italianos organizaron sociedades secretas y realizaron varios intentos de revolución, pero con escaso éxito, hasta que el patriota Mazzini fundó la Asociación de la Joven Italia, portavoz del movimiento de liberación.

Sin embargo, los primeros intentos de carácter militar contra Austria fueron aplastados , pero cuando la suerte de los patriotas italianos se hallaba en su peor momento Víctor Manuel subió al trono de Piamonte y eligió como primer ministro al Conde Cavour, quien empezó a sanear la economía y preparó un importante ejército.

Durante siglos, Italia fue escenario de las guerras entre franceses, españoles, austríacos y alemanes, y de todos los pequeños e inestables Estados que la componían sólo las grandes ciudades lograron una posición prominente. A pesar de ello, los italianos conservaron su conciencia de raza, su lengua y su religión. El patriota Giuseppe Mazzini fundó la Asociación de la Joven Italia, y se convirtión en el portavoz del movimiento de liberación nacional.

biografia de giuseppe mazzini

La realización de la unidad italiana y de la alemana es el desenlace del movimiento nacionalista que caracterizaba a estos países desde principios de siglo, pero en uno de los casos la unidad se lleva a cabo con ayuda extranjera, mientras que, en el otro, se realiza desde el interior.

El sentimiento nacional: El movimiento de las nacionalidades nace con la toma de conciencia de algunos pueblos de su propia identidad, de su originalidad y de su singularidad, vinculadas a una situación geográfica y étnica precisas, a una lengua común y, a menudo, a una tradición histórica dada.A veces, son los intereses económicos los que intervienen como factor determinante.

Tal es el caso de Alemania, donde la aspiración nacional se expresó primero a través del deseo de unificar el país, pero donde el verdadero elemento motor fue la necesidad de unificar el régimen de aduanas de Prusia y después el de toda Alemania. En otros casos, el deseo de independencia es el fermento de la lucha nacional. Pero la mayor parte de las veces todos estos factores se conjugan, lo que explica la fuerza del movimiento en el s. XIX.

EN ITALIA: Los arreglos territoriales de que Italia fue objeto por parte de la Santa Alianza, eran muy mal soportados por los italianos, que también se sentían vejados por el gobierno despótico que, en general, sufrían.

La agitación era fomentada por las sociedades políticas secretas, entre las que figuraba la de los carbonarios. En 1821 se produjeron en Napóles, Sicilia y Cerdeña insurrecciones que fueron duramente reprimidas, siguiendo inmediatamente períodos de persecución y terror. En los Estados Pontificios y en los dominios austríacos del norte de Italia también se adoptaron medidas persecutorias.

Tras la revolución francesa de 1830 se produjeron alzamientos en Módena, Parma y Bolonia, en pro de su independencia. Las tropas austríacas sofocaron estos levantamientos.

Un patriota italiano, Giuseppe Mazzini logró constituir la organización patriótica denominada Joven Italia. Desde Marsella alentaba al pueblo italiano propugnando la unión de todos los Estados en que su nación estaba dividida, en una poderosa nacionalidad regida por una forma de gobierno republicana.

Fue expulsado de Francia, primero, y después de Suiza, teniendo que refugiarse en Inglaterra.

Desde allí estuvo alentando a sus compatriotas, tanto con sus trabajos en la prensa europea como por propaganda enviada secretamente a Italia. Su labor, realizada desde 1833 a 1848, preparó el movimiento en pro de la unidad italiana, que muy pronto había de surgir con fuerza incontrastable.

Los territorios que más adelante configuraron Italia y Alemania constituían un ejemplo de lo que llamamos naciones multiestatales. Es decir, un territorio poblado por un conjunto de individuos que comparten el sentimiento de pertenecer a una misma unidad cultural y lingüística y con un pasado, unas tradiciones y unas costumbres que los particularizan, pero cuyo territorio se halla fragmentado en diferentes Estados. En 1815 Italia quedó dividida en ocho Estados diferentes.

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BIOGRAFIA DE MAZZINI GIUSEPPE: Político italiano, nace en Genova. Se le considera el ideólogo de la unidad italiana en el siglo XIX. En 1827 se gradúa en Derecho. En 1830 se inscribe en el movimiento carbonarista, donde realiza proselitismo político a través de ensayos literarios.

Por sus actividades revolucionarias debe exiliarse en Marsella.

En 1831 funda «La Giovine Italia» (Joven Italia), con el propósito de sublevar las penínsulas italianas y formar una república unificada, fuerte y soberana.

En 1834 participa en la fracasada insurrección que se conoce como Expedición de Saboya.

Viaja a Suiza e Inglaterra y al año siguiente crea la Joven Europa para favorecer la amistad entre los pueblos del viejo continente y defender los principios republicanos. Durante el decenio de 1840 reanuda la actividad de la Joven Italia.

En 1843 y 1845 participa en las sublevaciones de los Estados Pontificios, en la expedición a Napóles de los hermanos Bandiera en 1844 y en la creación en París de la Asociación Nacional Italiana.

Durante la revolución de 1848 interviene en la toma de Milán y Roma y establece la República Romana de 1849. Apoya a Giuseppe Garibaldi, quien somete a Sicilia en 1860.

Un año después el conde Camilo Cavour logra la unificación italiana, excepto con Venecia y Roma, en forma de reino bajo la regencia de Víctor Manuel II, de la casa de Saboya. Endurece su política frente a la monarquía y en 1866 funda la Alianza Republicana Universal.

Es autor de Fede a avvenire (Fe y porvenir, 1835) y Doveri del l’hommo (Deberes del hombre, 1860).

En 1870 es encarcelado bajo la acusación de ser cómplice en la conspiración republicana de Giuseppe Garibaldi, pero recobra pronto la libertad.

Muere en Pisa, Italia

Origen del Proletariado Industrial Revolución Agraria

LA REVOLUCIÓN AGRARIA EN INGLATERRA: NACE EL PROLETARIADO INDUSTRIAL

A lo largo del siglo XV la agricultura europea se reconstituyó. Muchas de las tierras abandonadas durante la crisis del siglo XIV fueron puestas otra vez en producción y se incorporaron otras nuevas. Una gran novedad fue que los productos rurales se convirtieron en una atracción para los hombres de negocios, quienes comenzaron a invertir su dinero en la compra de tierras. La comercialización de esos productos tuvo un gran impulso debido al aumento de sus precios. La producción rural comenzó a ser vista como un negocio, como una fuente de enriquecimiento, por parte de algunos comerciantes urbanos y propietarios de tierras.

El país europeo en el que más se notaron estos cambios fue Inglaterra. Muchos propietarios se interesaron por comercializar lo que se producía en sus tierras. Esto los llevó a introducir innovaciones técnicas para aumentar la productividad. En muchos casos los adelantos técnicos provocaban desocupación, ya que reducían la necesidad de mano de obra. Por lo tanto, gran cantidad de campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, condenados a refugiarse en los bosques o a emigrar a las ciudades para hallar un modo de subsistencia.

nacimiento prolteariado industrial

 Surgimiento del proletariado industrial
¿Cómo transcurrió el proceso de formación del proletariado industrial en Inglaterra? El punto de arranque de este proceso es la revolución agraria de la cual hablamos anteriormente, y cuyo rasgo principal fue el desalojo de la tierra de los campesinos. En el siglo XV el rasgo determinante del sistema económico de Inglaterra era el predominio del minifundio.

El régimen de servidumbre había sido liquidado en aquel tiempo y las diversas categorías de campesinos contaban con una economía independiente aunque formal y jurídicamente,; en virtud de las leyes vigentes a la sazón en el país, toda la tierra pertenecía a los terratenientes feudales. A fines del siglo XV y comienzos del XVI se produjeron serios cambios en el agro inglés. El desenvolvimiento de las relaciones mercancía-dinero y, en particular, del comercio exterior impelían a los terratenientes a incrementar sus rentas, particularmente en dinero.

Por aquel tiempo proporcionaba cuantiosas ganancias la producción de lana que se exportaba en enormes cantidades al continente europeo. A medida que se desarrollaba en Inglaterra la fabricación de paños, se precisaba mayor cantidad de lana. El aumento de la demanda de lana inglesa en los mercados exterior e interior dio lugar a un fuerte desarrollo del ganado lanar en Inglaterra. Los lores feudales ingleses se afanaban cada vez más por convertir las tierras de cultivo en pastizales para las ovejas y emprendieron la expulsión de los campesinos de la  tierra («cercamiento»).

Pero el desarrollo de la ganadería y la consiguiente expulsión de los campesinos de la tierra no fue un fenómeno general y, hasta cierta época, el desalojo de los campesinos de sus tierras fue lento, si bien sumamente penoso. Este proceso se aceleró a fines del siglo XVI y comienzos del XVII bajo el influjo del desarrollo del capitalismo.

El Estado acudió en ayuda de los terratenientes, llamados en Inglaterra íandlords. La monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII era formalmente y de hecho un instrumento del dominio de clase de los grandes terratenientes aristócratas, que-Vincularon estrechamente su suerte al desarrollo de las-formas capitalistas de economía. Los land-lords, que predominaron en el Parlamento en el transcurso del siglo XVIII, obtuvieron de esta institución más de 1.700 «sentencias de cercamiento», a consecuencia de las cuales los campesinos fueron desalojados por completo de sus tierras. Según la aguda observación de Marx, «los landlords se regalaron a sí mismos las tierras del pueblo».

Como resultado de tan generosos «regalos», el campesinado libre e independiente desapareció totalmente de Inglaterra. De los 180.000 pequeños labriegos que había en el país a fines del sigilo XVII, a finales del XVIII quedaron muy pocos. Un historiador inglés progresista del siglo XIX, A. Toynbee, escribió a este respecto: «Asombra la mera constatación de dicho contraste. Quien no conozca nuestra his-, toria de ese período podría creer que hubo una gran guerra exterminadora, o alguna revolución social violenta, que traspasó de una clase a otra la propiedad de la tierra».

La inmensa mayoría de los campesinos arruinados, desalojados de la tierra, podían obtener los medios de süFsis-tencia como peones de los terratenientes enriquecidos o como obreros asalariados en las ciudades y las zonas industriales, que demandaban constantemente mano de obra. Si los hombres de ciencia burgueses resaltan sobre todo el hecho de que los campesinos despojados de la tierra, en la sociedad capitalista, se liberaron de la opresión feudal en todas sus formas, nosotros no debemos olvidar que fueron asimismo «liberados» de los medios de producción: la tierra, su fuente principal de subsistencia.

La mayoría de los campesinos esquilmados por los terratenientes y el Estado se dirigió a las ciudades, cuya población, en un plazo relativamente breve, se decuplicó varias veces.  Ejemplo’ de ello   son los siguientes datos:

Incremento de la población urbana en Inglaterra:

AÑO: 1688
Manchestér      ………….    6.000
Birmingham…………    4.000
Liverpool      ……………    4.000
Sheffield……………..    4.000
Leeds………………    7.000

AÑO: 1760
Manchestér      ………….    40.000
Birmingham…………    30.000
Liverpool      ……………    35.000
Sheffield……………..    25.000
Leeds………………    20.000

AÑO: 1816
Manchestér      ………….    140.000
Birmingham…………    90.000
Liverpool      ……………    100.000
Sheffield……………..    60.000
Leeds………………    75.000

Los trabajadores arruinados, arrancados violentamente de la tierra, puestos fuera de la ley, se convertían en masa en mendigos, vagabundos y bandoleros. No es casual que en el período en que se establecen las premisas de la revolución industrial, se dicte en todos los países de Europa Occidental todo un cúmulo de leyes sanguinarias contra el vagabundaje. «Los padres de la clase obrera actual fueron sometidos a castigos, ante todo, por haberlos convertido por la fuerza en vagabundos y depauperados», escribió Marx. La legislación de la época consideraba a aquellas gentes delincuentes «voluntarios», que, de desearlo, podían en contrar ocupación.

En el siglo XVI, es decir, cuando comienza lá expulsión violenta de los campesinos de la tierra, se promulgó en Inglaterra la ley contra el vagabundaje, que prescribía enganchar al vagabundo a una carretilla, azotarlo hasta que la sangre le corriese por el cuerpo, y luego, hacerle jurar que retornaría a su patria y se dedicaría al trabajo. Si el vagabundo era apresado por segunda vez, el castigo aumentaba; la tercera vez era condenado a muerte como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Las leyes contra los vagabundos, cuya promulgación  prosiguió, se aplicaban con implacable crueldad. Durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547) fueron ejecutados 72.000 «grandes y pequeños ladrones». En tiempos de la reina Isabel (1558-1603), «los vagabundos eran ahorcados en masa —dice un contemporáneo— y no transcurría un año sin que en uno u otro lugar fuesen ahorcadas 300 ó  400 personas».

Leyes semejantes fueron dictadas también en Francia. El 13 de julio de 1777, el rey Luis XVI, posteriormente ejecutado por el pueblo, promulgó una ley en virtud de la cual toda persona sana de 16 a 60 años, que careciese de medios de existencia y de ocupación, debería ser enviada a galeras, elpeor castigo de la época.

Así los trabajadores honrados, privados violentamente de la tierra y de otros medios de existencia y convertidos de este modo en vagabundos, se veían obligados a trabajar como asalariados en cualesquiera condiciones, incluso las más duras. La ruina de los modestos campesinos fue la fuente principal, pero no la única, para la formación del proletariado industrial.

Qtra fuente sumamente importante de formación del proletaria industrial fue la ruina del artesanado de la producción manual, es decir, la ruina de los artesanos de las ciudades, de los tejedores rurales, de los hiladores y de otros muchos representantes de los artesanos labriegos. Su arruinamiento en masa se produjo también cuando el trabajo de la máquina triunfó sobre el trabajo a mano en las ramas principales de la industria. Este proceso se operó en forma particularmente evidente en la industria algodonera.

Antes de la introducción dé las máquinas, el proceso de transformación de la materia prima en hilados y, luego, en tejidos, se hacía en casa del obrero, con la participación de toda la familia. Por lo general, la madre y las hijas hilaban y el padre tejía o, de no tejer, sólo intervenía en la preparación de la hilaza, que se vendía después en el mercado local. Las familias de los trabajadores habitaban preferentemente en el campo, pero trataban de acercarse a la ciudad, pues solo en el mercado urbano podían vender sus artículos.

Por lo general, el tejedor artesano era también labriego. Tomaba en arriendo una parcela que, si bien no proporcionaba un ingreso sustancial, convertía al tejedor en habitante sedentario y permanente.

Los predecesores del proletariado industrial vivieron mucho mejor que sus sucesores. Trabajaban cuanto podían y ganaban lo suficiente para cubrir sus necesidades. Tenían tiempo libre para el sano trabajo en el huerto o en el campo, trabajo que era de por sí una forma de descanso. Según los recuerdos de los contemporáneos, eran en su mayor parte gente fuerte y robusta, se diferenciaban muy poco o nada de los campesinos de los alrededores. Los hijos se criaban en un ambiente sano, y si bien tenían que ayudar a sus padres en la labor, sólo era de tiempo en tiempo y no en jornadas de ocho o doce horas de trabajo.

El nivel intelectual de estas gentes era sumamente bajo. Los tejedores artesanos llevaban una vida aislada. Raramente sabían leer y escribir, no se ocupaban de política y frecuentaban regularmente la iglesia. Su asistencia a las lecturas de la Biblia era casi su única actividad intelectual. Aunque.eran sanos y fuertes, en el aspecto espiritual estaban muertos,pues sólo tenían intereses mezquinos, puramente personales. Su telar y su huerta eran para esta gente mucho más importantes que el pujante movimiento del progreso que abarcaba a toda la humanidad. Este transcurría fuera de su aldea y si llegaban algunos rumores a través del comerciante que venía todas las semanas de la ciudad en busca de la mercancía, interesaba a poca gente.

De no ser por la revolución industrial, ninguno de aquellos tejedores hubiese abandonado jamás dichq vida, sumamente tranauila y cómoda, pero completamente indigna del hombre. Tampoco eran hombres en la verdadera acepción de la palabra, sino máquinas de trabajo al servicio de unos pocos aristócratas qué regían el destino del Estado. La revolución industrial no hizo más que rematar la obra: terminó de convertir a los obreros en simples máquinas y les privó del   último   resto   de   actividad   independiente.   Pero,   conello, les obligó a pensar, los obligó a luchar por una situación digna del hombre. Esto dice Engels en su obra La situaeión de la clase obrera en Inglaterra.

La invención de la primera máquina, muy imperfecta, la hiladora mecánica «Jenny», construida por el tejedor Jaime Hargreaves, en 1764, mostró las incomparables ventajas de la producción a máquina sobre el trabajo manual y sentó la base para la ruina en masa de los hiladores; las siguientes invenciones arruinaron a los tejedores. Fue un proceso duro y doloroso. «La historia universal —escribió Marx— no ofrece un espectáculo más horrible que el hundimiento lento, prolongado durante decenios y que culminó por fin en 1838, de los tejedores de algodón ingleses».

Un proceso análogo se operó, con mayor lentitud, en las industrias de la lana, la seda y el lino.

Así pues, la pérdida de la tierra por parte del campesinado y la ruina del artesanado condujeron a la formación del gran ejército de los proletarios, hombres carentes de propiedad y sin otros medios de existencia que la venta de su fuerza de trabajo.

Fuente Consultada:
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL M.I. Mijalov

Biografia del Conde Camilo de Cavour Reino de Piamonte

Biografia del Conde Camilo de Cavour

HISTORIA DE ITALIA: INDEPENDENCIA DE AUSTRIA

Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), político y diplomático sin par, además de economista sagaz, Camilo Cavour transformó el reino de Piamonte-Cerdeña que se había sublevado contra la dominación austríaca. En pocos años fue el artífice de la unidad italiana. Desde el reino de Piamonte-Cerdeña, del cual fue su principal administrador, Cavour trabajó para reunir toda Italia bajo un mismo Estado moderno.

Su participación en la Guerra de Crimea al lado de Francia permitió a Cavour estar presente en el congreso de París, efectuado en 1856 y de esta manera aprovechó la ocasión para plantear el problema de la presencia austríaca en Italia y trató de encontrar una solución pacífica.

Fue primer ministro del reino de Cerdeña en los períodos 1852-1859 y 1860-1861, la historia lo recuerda como principal artífice de la unificación italiana y primer jefe de gobierno del Estado surgido de ésta, el reino de Italia (1861). Amplió los dominios de Cerdeña y fue la base para la pretensión de Cavour de constituir el reino italiano sobre la base de aquél.

Bajo su gobierno, el reino adquirió un impulso poderoso, se contruyeron canales y ferrocarriles , se fomentó la agricultura, la industria y el comercio por medio de tratados de libre cambio con Francia, Inglaterra , la Confederación Alemana, se reforzó el ejército y la marina y se construyó el puerto militar de Spezia.

Conde de Cavour, defensor de la unidad italiana

Cavour, Camillo Benso, conde de artífice de la unidad italiana, nacido en Turín en 1810. A los 37 años fundó el periódico Il Risorgimento. Al año siguiente fue nombrado diputado de la Cámara de Cerdeña, en la que se opuso desde un principio al republicano Mazzini. Defendió la alianza con Inglaterra y aconsejó la guerra contra Austria. Desempeñó diversas carteras ministeriales: Agricultura y Comercio, Marina, Hacienda, etc. En 1852 pasó a ocupar el cargo de primer ministro y desde él dedicó todo su esfuerzo a la tarea de la unificación de Italia bajo el cetro del rey de Cerdeña. Defendió el libre comercio, realizó importantes reformas en la economía y consolidó el régimen constitucional.

VIDA Y POLÍTICA: Camilo Benso, conde de Cavour, nació en Turín en 1810 en una Italia anexada al Imperio napoleónico. Aunque su padre, un aristócrata piamontés, estaba al servicio del emperador, el joven Cavour no conservó recuerdo alguno de la presencia francesa que concluyó en 1815.

Procedía de una antigua familia de servidores de la monarquía; su madre era una protestante ginebrina, y Camilo recibió una educación francesa y liberal. Fue un oficial inteligente, pero dimitió, en 1830, al hacerse sospechoso por sus ideas políticas; después de viajar por Inglaterra y Francia, estudió las cuestiones económicas, lo que le valió para transformar sus tierras según los métodos agronómicos más modernos. A comienzos de 1848, participó en la fundación del periódico «II Risorgimento»; elegido diputado, hombre muy destacado, rico, fue nombrado ministro de Agricultura, de Comercio y de Marina, en el Gabinete de dAzeglio.

Con posterioridad, el congreso de Viena dividió Italia y la mayor parte quedó bajo dominio austríaco. Los Habsburgo reinaban sobre el Véneto y la Lombardía. Indirectamente, también ejercían un poder efectivo sobre los ducados de Parma, de Módena y de Toscana.

Durante la dominación francesa Italia tuvo buenas consecuencias, pues se había proclamado la igualdad civil, se habían establecido sobre una base racional con el Código de Napoleón, los principios del Derecho público y privado, las obras públicas recibieron un gran impulso y algunas poblaciones rivales quedaron unidas por los lazos de una administración única.

De todas maneras no conformes con estos avances, los italianos sintiéronse estimulados y recobraron nuevos bríos al presenciar el triunfo del movimiento liberal español de 1820 y el francés de 1830. Pese a que en los siete Estados de Italia imperaba un absolutismo despiadado, las nuevas corrientes de libertad , transmitidas en esas revoluciones, continuaron abriéndose paso.

En 1852, el  Rey Víctor Manuel II lo nombró Primer Ministro, a la sazón, tenía cuarenta y dos años de edad; de carácter alegre y jovial, se convirtió en el popular «papá Camilo». Constituyó el «Connubio», un Gobierno de unión nacional, con Rattazi, jefe de los moderados, y dirigió, activamente, las nuevas reformas: supresión de conventos, construcción de vías férreas y de carreteras, para mejorar el tráfico con Francia; reorganización del ejército por el ministro Lamarmora.

Conocido de todos el odio de Cavour a Austria, los patriotas se fueron apartando cada vez más de Mazzini, para volver sus ojos hacia Piamonte, unidos en la «Sociedad Nacional» del exiliado siciliano La Fariña. Sólo quedaba un problema por resolver: vencer a Austria, pero se necesitaba un poderoso aliado, y Cavour contaba con Francia.

Gracias a la guerra de Crimea consiguió que se tratara la cuestión italiana en el Congreso de París de 1856. Acordó con Napoleón un plan para expulsar a los austríacos de Italia (1858). Aunque representó un golpe decisivo para los austríacos, de cara al futuro, Cavour tuvo que cederles Venecia. Dimitió por esta razón Regresó en 1860, comenzando el verdadero periodo de unificación de Italia. Con la ayuda de Francia, a la que pagó con la cesión de Niza y Saboya, preparó la integración de Parma, Toscana y Módena. Por su parte, Garibaldi, junto con la tropas sardas, conquistó el Sur de Italia y los Estados Pontificios. En 1861 Víctor Manuel es proclamado rey de toda Italia, con las excepciones de Roma y Venecia. Ese mismo año, agotado por su constante actividad, murió Cavour en Turín.

HISTORIA DE ITALIA:
EN BUSCA DE LA UNIFICACIÓN:
En 1850, Austria seguía siendo el poder hegemónico sobre la península italiana. Los intelectuales italianos iniciaron un movimiento literario denominado «il Risorgimiento» encaminado a conseguir la unidad de Italia, liberándola de la dominación extranjera.

 Tras el fracaso de la revolución de 1848-1849, un creciente número de partidarios de la unificación centraron en el estado septentrional de Piamonte sus esperanzas para conseguir tal fin. La casa real de Saboya gobernaba el reino de Piamonte, el cual también incluía la isla de Cerdeña. Y si bien fueron estrepitosamente derrotados por los austríacos en 1848-1849, bajo el rey Carlos Alberto, Piamonte realizó un valiente esfuerzo. Por ello, era razonable que podría asumir el papel de vanguardia en la causa de la unidad nacional.

El pequeño estado parecía no ser el adecuado para proporcionar el necesario liderato, sin embargo, incluso el nuevo rey, Víctor Manuel II (1849-1878), nombró al conde Camilo de Cavour (1819-1861) como su primer ministro en 1852.

Cavour era un noble de criterio liberal que había hecho fortuna en la agricultura y que aumentó aún más sus riquezas con negocios en la banca, los ferrocarriles y la industria naviera. Era un moderado que se mostraba a favor de un gobierno constitucional. Fue un político consumado, con capacidad de persuadir a otros de lo correcto de las convicciones que él abrigaba.

Después de llegar a primer ministro, en 1852, practicó una política de expansión económica, aliento a la construcción de caminos y canales, tendido de vías de ferrocarril y fomento de las empresas de negocios, ampliandoel crédito y estimulando la inversión en nuevas industrias. El cremiento de la economía piamontesa y el subsecuente aumento de los ingresos del gobierno le permitieron a Cavour verter dinero en el equipamiento de un gran ejército.

Rey Víctor Manuel II

Rey Víctor Manuel II de Italia

Las tropas del rey piamontés Carlos Alberto, en acuerdo de Cavour, en su intento de expulsar a los austríacos fueron aplastadas en Novara el 23 de marzo de 1849. El soberano abdicó entonces y cedió el trono a su hijo Víctor Manuel II. Víctor Manuel II, el primer rey de Italia. Monarca liberal, supo entregar su confianza a Cavour sin ser jamás desposeído de su autoridad.

Cavour no se hacía ilusiones sobre la fuerza militar del Piamonte y era sobradamente consciente de que no podía lanzar un reto directo a Austria. Necesitaría de los franceses. En 1858 llegó a un acuerdo con Napoleón III. El emperador convino en aliarse con el Piamorte para expulsar a los austríacos de Italia. Una vez que los austriacos se viesen fuera, Italia sería reorganizada.

El Piamonte sería extendido hacia el reino de la Alta Italia, añadiendo la Lombardía, Venecia, Parma, Módena y parte de los Estados Pontificios a su territorio. En compensación por sus esfuerzos, Francia recibiría las provincias  piamontesas de Niza y Saboya. Se crearía un reino de Italia Central para el primo de Napoleón III, el príncipe Napoleón, que se casaría con la hija menor del rey Víctor Manuel. Este convenio entre Napoleón y Cavour parecía asegurarle al gobernante francés la oportunidad de controlar Italia.

Confiado en que el plan funcionaría, Cavour provocó a los austríacos para que invadieran el Piamonte en abril de 1859. La historia siguiente no fue la planeada, los franceses fueron derrotados y Napoleón III decidió retirarse pues los costos superaban a los estimados inicialmente. Además Prusia decidió ayudar a Austria y de este modo Francia tendría enemigos en dos frentes situación que ponía en peligro el orden político francés. Napoleón III,  abandona a los italianos y firma un acuerdo con los austríacos, dejando  en sus manos  a Venecia.

Mientras tanto un nuevo líder aparecía en el sur de Italia, Giuseppe Garibaldi (1807-1882), un patriota italiano que había apoyado la causa revolucionaria de Mazzini , para la Unificación Italiana.

Garibaldi, reunió un ejército voluntario, el de los «camisas rojas», que acudió en ayuda de la rebelión siciliana. Cavour aparentó condenar el movimiento (no era partidario de actos revolucionarios), pero ayudó a Garibaldi, que, partiendo de Génova en mayo de 1860, tomó a Napóles y en seguida las Dos Sicilias. Entre tanto, Víctor Manuel intervino desde el Norte, invadió los Estados Pontificios y se unió a Garibaldi en Nápoles.

Era necesario evitar el enfrentamiento que podía plantearse entre la Cerdeña monárquica y el republicano Garibaldi. A fines de septiembre de 1860, Cavour proclamó la anexión de los Estados Pontificios, exceptuados Roma y una pequeña extensión a su alrededor. Garibaldi aceptó la unidad bajo el mandato de Víctor Manuel. Así se unieron Sicilia, Napóles y los Estados Pontificios al reino de Cerdeña. Sólo Roma y Venecia quedaban al margen de la unión.

El 18 de febrero de 1861, el primer parlamento italiano se reunió en Turín, donde Víctor Manuel II abandonó el título de rey de Cerdeña y fue proclamado rey de Italia. Sin embargo, Cavour no pudo disfrutar por mucho tiempo de la obra de unificación, de la cual había sido el principal artífice, ya que falleció el 6 de junio de ese mismo año.

Debido a su temprana desaparición, Cavour no alcanzó a ver la unificación de Italia: todavía faltaban Venecia y Roma. Sólo en 1866 el Véneto, a excepción de la ciudad de Trieste, fue anexado al joven reino después de la derrota de los austríacos frente a los prusianos en Sadowa.

En cuanto a la cuestión romana, ésta no podía solucionarse debido a la inflexibilidad de Napoleón III. Gracias a la derrota del Imperio francés en 1870, las tropas italianas entraron finalmente en Roma el 20 de septiembre. Se organizó un plebiscito y una gran mayoría se pronunció a favor de la anexión de la Ciudad Santa.

Víctor Manuel II esperó hasta el 13 de mayo de 1871 para entrar en Roma, cuando se votó la ley de Garantías que estableció el estatuto de la Santa Sede. El papa siguió siendo soberano y conservó sus posesiones del Vaticano, de Letrán, la Conserjería y de Castel Gandolfo. Sin embargo, detrás de los muros del Vaticano, rehusando todo contacto con el Estado italiano que no había reconocido, Pío IX quedó aislado, prisionero de su intransigencia.

CRONOLOGÍA VIDA DE CAMILO CAVOUR

1810 Nacimiento de Camilo Benso, conde de  Cavour, en Turín, el 10 de agosto.

1847 Fundación del periódico Il Risorgimento. 

1848 Cavour es elegido diputado por Turín.

1849 El 23 de marzo, las tropas de Carlos Alberto son derrotadas por Radetzky. Fracaso de la revolución. Carlos Alberto abdica en favor de su hijo Víctor Manuel II.

1850 Cavour es nombrado ministro de agricultura, y luego de finanzas.

1852 La alianza de Cavour con la izquierda lo obliga a dimitir. El 4 de noviembre,Víctor Manuel II lo llama de regreso y lo nombra presidente del Consejo.

1854 Guerra de Crimea, en la cual participan 21.000 soldados piamonteses.

1858 Entrevista de Plombiéres.

1859 Intervención francesa en el norte de Italia.  Victorias de Magenta y de Solferino. El armisticio deVillafranca es tildado de traición. Lombardía es anexada al Piamonte.

1860 El Piamonte cede Niza y Saboya a Francia. Los ducados de Parma, Módena y Toscana son anexados al Piamonte. La expedición de los Mil, comandada por Garibaldi, se apodera de Napóles el 7 de septiembre. El 11 las tropas piamontesas entran en Umbría y las Marcas.

1861  Se proclama el reino de Italia. Camilo Cavour muere en Turín, el 6 de junio.

Fuentes Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografía de Larousse Entrada: Napoleón III
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo VIII El Mundo Actual
HISTORAMA Tomo IX – La Unificación Italiana y Alemana – Editorial CODEX
LA AVENTURA DEL HOMBRE EN LA HISTORIA Tomo II La Unificación Italiana Edit. El ATENEO

Biografía de Giussepe Garibaldi Los Mil Camisas Rojas en Italia

LA UNIDAD DE ITALIA  – RESUMEN DE LA VIDA MILITAR DE GIUSEPPE GARIBALDI

Giuseppe Garibaldi, nació en Niza el 4 de julio de 1807 y murió en Caprera (Reino de Italia) un 2 de junio de 1882, fue un general y político italiano.

Fue un revolucionario nacionalista  y líder de la lucha por la unificación e independencia de Italia, por lo que se lo considera una figura clave del Risorgimento italiano por haber conducido y luchado en muchas campañas militares que llevaron a la Constitución de la Italia.

Es apodado el Héroe de Dos Mundos, porque su acción  militar fue tanto en América del Sur como en  Europa.

Giuseppe Garibaldi

Giuseppe Garibaldi fue un patriota italiano que, tras acaudillar distintas tropas en Sudamérica, regresó a la lucha de su país por la independencia, en la que colaboró decididamente. Al final de su vida escribió una serie de novelas y sus propias memorias desde su retiro en la isla de Caprera.

Es conocido como el «Héroe de Dos Mundos» porque sus empresas militares las realizó tanto en América del Sur como en Europa, lo que le valió una reputación considerable tanto en Italia como en el extranjero.

Los más grandes escritores, entre ellos el francés, Victor Hugo, Alejandro Dumas, George Sand mostraron su admiración y lo consideraron un héroe del romanticismo épico de esa época.

También el Reino Unido y  Estados Unidos han sido de gran ayuda en sus campañas, ofreciéndoles, en circunstancias difíciles, su apoyo financiero y militar.

Fue un convencido republicano, pero reconociendo la autoridad monárquica de Carlos Alberto y Víctor Manuel II, la columna vertebral de la acción unitaria.

La famosa expedición de los Mil será el elemento culminante de su acción, pues conquista el sur de la península que convirte en rey de Italia a Víctor Manuel II, Sus últimas luchas para la la integración de los romanos en el reino de Italia fracasaron, por lo que la monarquía confió  a otros la tarea de conquistar Roma.

La ciudad natal de Garibaldi, Niza, se mantiene muy unida durante toda su vida. Esta ciudad pertenecía al reino de Cerdeña, y se convirtió en francesa entre 1793-1814, durante el período napoleónico (campaña de Italia).

Durante el período francés, los registros civiles están escritos en francés, y el niño Giuseppe está registrado con el nombre de José María Garibaldi.

Fue bautizado 19 de julio 1807 en el Saint-Martin-Saint-Augustin, ubicado en el distrito actual de la antigua Niza: su padrino fue José Garibaldi y su madrina Julie Marie Garibaldi.

Su padre Domenico, nacido en Chiavari en la zona de Génova,  es un capitán de la marina mercante, su madre Rosa Raimondi es de Loano, en Liguria.

De su unión nacieron seis hijos,  Angelo , Giuseppe, Michele y Felice, y dos hijas que murieron en la infancia.

Sus padres querían que Giuseppe fuese abogado, médico o sacerdote, pero al niño no le gustaba la escuela y se centra en las actividades físicas y el mar era su gran pasión, que lo consideraba «como su mejor amigo en la infancia».

Un día, toma un barco y zarpa a Liguria con algunos compañeros, pero fueron arrestados y llevados de vuelta a casa de sus padres.

Realizó cursos de italiano y de historia antigua por parte de su tutor, el señor Arena, un veterano de las campañas napoleónicas, y nace en el joven Giuseppe una fascinación especial por la antigua Roma.

Convence a su padre para que le permitiera seguir una carrera marítima y, a los quince años, y a los 17 años se embarca en el Costanza controlado por Angelo Pesante Sanremo.

Su primer viaje lo llevó a Odessa, en el Mar Negro y llegó hasta Taganrog en el mar de Azov, para comerciar  trigo.

En 1825, con 18 años junto a su padre descubrió Roma, llevando un cargamento de vino destinado a los peregrinos en el jubileo del Papa León XII. Este viaje fue una decepción, pues la Roma de los papas, era un ambiente corrupto y de obstentación, muy diferente de lo que se imaginaba.

En 1827 se embarcó desde Niza hacia el Mar Negro, su barco fue atacado por piratas griegos que los saquearon, pero el viaje continúa hacia su destino, en 1828, cae enfermo y al llegar a Constantinopla, permanece  en la comunidad italiana hasta 1832, donde se  gana la vida enseñando italiano, francés y matemáticas.

En febrero de 1832, recibió la licencia de capitán de segunda clase y abordó el bergantín Clorinde para el Mar Negro, donde conoce otros intelectuales que le trasmiten las ideas de la unificación italiana.

La península italiana desde la caída del Imperio Romano estaba formada por una multitud de pequeños estados independientes.

La ideas de libertad e independencia de la Revolución Francesa  atraen el sentimiento nacional y republicano de este joven marino.

Nacieron también simultáneamente algunos movimientos insurreccionales en 1820 y 1831, que despiertan aun mas ese sentimiento nacional italiano.

La historiografía oficial afirma que Giuseppe Garibaldi conoció a Giuseppe Mazzini  en 1833 en Marsella y se une a la Joven Italia, una  asociación política secreta de Mazzini, que pretendía transformar a Italia en una república unitaria democrática.

Como marinero Garibaldi debe cumplir el servicio militar durante cinco años en la Marina de Cerdeña; se alistó en diciembre de 1833, pero debió desertar en 1834 cuando se negó a actuar contra un  movimiento insurreccional mazziniano en Génova.

Reconocido como parte de la conspiración, fue condenado «a la pena de muerte ignominiosa» en ausencia, como un enemigo de la patria y del Estado. Garibaldi se convierte en un «bandido»,  huyó a Niza y luego cruzó la frontera para unirse en Marsella, a su amigo Giuseppe Pares.

Para evitar ser descubierto, tomó el nombre de Joseph Pane; en julio se embarcó hacia el Mar Negro y en marzo de 1835 se dirige a Túnez.

Italia se ha convertido en un lugar prohibido debido a la pena de muerte que pesa sobre él, y sólo la contempla desde lejos con sus recuerdos.

Pronto, en ese mismo año,  se le presenta una oportunidad de  viajar a Río de Janeiro, Brasil, y se embarca bajo el nombre de Giuseppe Pane, con la intención de difundir los ideales Mazzini en el nuevo continente.

Después de la conquista napoleónica de España, las colonias de América del Sur participan en un proceso de independencia que termina con la derrota de España. Los virreinatos se dividen en una serie de repúblicas independientes,  como la Confederación Argentina, Paraguay, etc.

En cuanto a Brasil, después de la invasión de Portugal por Napoleón, la familia real se exilió en Río de Janeiro y la colonia se transforma en un reino. Juan VI regresó a Lisboa debido a la revolución liberal de 1820, mientras que su hijo Pierre se convirtió en regente de Brasil. En 1822 se convirte en emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro el Grande.

Cuando Garibaldi, que a pesar de su distanciamiento, siempre se mantuvo en contacto con los patriotas italianos, se entera de los trastornos y conflictos que tienen lugar en Italia, decide regresar inmediatamente a su Italia, porque además comienza un período de una relativa paz en las excolonias españolas de america del sur.

En enero de 1848, después de 14 anos de luchas, Garibaldi regresa a Niza acompañado de 63 compañeros.

A finales del siglo XIX , Montevideo contaba con seis calles con el nombre del héroe y el país tiene al menos cinco monumentos. El 4 de julio de 1907, para el centenario del nacimiento de Garibaldi, el presidente decretó un día de fiesta nacional y se celebró ante 40.000 personas.

El 2 de junio de 1882, cinco días antes de la muerte del héroe, se crea el Círculo Legionarios Garibaldinos que todavía hoy  existe en forma de una asociación.

Europa está experimentando en el curso de 1848, una serie de revoluciones por el que las manifestaciones demandan más libertad y que se llama la Primavera de las Naciones.

Comenzó en Francia dando luz a la Segunda República, y estas revoluciones se extiendes a Alemania, Rumania, Hungría, Polonia y Austria, pero fracasan.

En 1848, ya en Niza Garibaldi  con 150 voluntarios ofrece  ayuda al rey de Piamonte-Cerdeña, Carlos Alberto.

El otrora republicano luchaba entonces al servicio del rey. Junto con sus voluntarios, Garibaldi combatió contra Austria, en el Milanesado, pero sin éxito, antes de marchar sor Roma donde proclamó la República en 1849.

Sin embargo, el triunfo fue efímero, Napoleón III acudió en ayuda del papa Pío IX y expulsó a Garibaldi de la Ciudad Eterna.

Para el aventurero italiano comenzaba  nuevamente el exilio en Londres, Estados  Unidos, e incluso, China.

A su regreso a Italia en 1854, Garibaldi. aún soñaba con aventuras y se puso de inmediato al servicio del nuevo rey de Piamonte-Cerdeña, Víctor Manuel II, que le confió el mando de los cacciatori delle Alpi, los cazadores alpinos.

A la cabeza de este regimiento, Garibaldi se hizo famoso en la lucha contra Austria que, en 1859 terminó con la anexión de la Lombardía al Piamonte, seguida de cerca por los ducados de Parma, Toscana, Módena y las legaciones de Bolonia y Ferrara.

La prensa italiana e internacional después de las acciones de Garibaldi, lo retrataron como un héroe nacional con el título «Garibaldi el general romano.» En cuanto al diario británico The Times, envió a un enviado especial para expresar la gran admiración por Garibaldi.

LOS MIL, CONQUISTA DE SICILIA

Víctor Manuel ayudó a Garibaldi a reclutar y armar a sus voluntarios, los «Mil» camisas rojas. La expedición partió de Genova en dos barcos, y desembarcó en Marsala, el 11 de mayo de 1860.

Los camisas rojas fueron bien recibidos por los campesinos pobres, pero mal por los nobles. Muchos voluntarios sicilianos se unieron a Garibaldi, quien proclamó la dictadura en nombre de Víctor Manuel.

El 27 de mayo, entró en Palermo, que se rindió el 6 de junio.

El problema social vino a complicar la situación: la insurrección se había extendido por el interior, pero, para los campesinos, unidad y libertad significaban también la posesión de la tierra.

Varios propietarios fueron ejecutados; en Palermo, Garibaldi tomó la medida de vender los bienes comunales, y abolió el «macinato», es decir, los detestados impuestos sobre la molienda del trigo.

Pero esto no era suficiente: durante tres meses, se incubó la guerra civil, la guerra de clases, «cafoni» contra barones, «gorros» contra «sombreros».

Una famosa novela de Giovanni Verga, titulada «Libertad», pinta a la multitud campesina, enarbolando sus guadañas, congregada en la plaza de Bronte, lanzando gritos de muerte contra los «caballeros», contra sus guardabosques y contra sus guardias particulares.

Los aristócratas, feroces autonomistas, se convirtieron en seguida en unitarios, por miedo a quedarse solos frente a la sublevación.

Crespi tomó en sus manos la represión, con ayuda de la Guardia Nacional y de los consejos de guerra. Centenares de campesinos y de artesanos fueron fusilados o encarcelados.

La novela de Verga concluye con estas exclamaciones de una de las víctimas:   «¿Adonde me lleváis?   ¿A galeras? ¿Por que? No he tocado un solo palmo de tierra! Y nos habeís asegurado que esto es la libertad!

En los últimos días de Julio, caía Mesina: toda Sicilia estaba bajo el control de Garibaldi.

El partidario de la República italiana: Si Garibaldi fue el brazo armado de la unificación italiana, Mazzini fue uno de los promotores y su principal teórico. Fundador del movimiento «Joven Italia», Mazzini soñaba con reunir a toda Italia bajo la bandera de la República.

Promotor de las insurrecciones de 1848, que no prosperaron, conoció una gloria efímera en Roma donde fue uno de los triunviros, antes del restablecimiento de la autoridad papal en 1849. En Fe y porvenir (1835) y Deberes del hombre (1837), publicados durante su exilio en Londres, predicó la rebelión en un tono que hizo del ideal republicano una verdadera profesión de fe. Mazzini sembró en el espíritu de toda una generación la esperanza de la unidad republicana de Italia. Garibaldi perteneció a esta generación y cumplió, por cuenta de la monarquía de Piamonte-Cerdeña, con los deseos de Mazzini.

En 1850  escribe Sus memorias,  y al cabo de unos meses, el 27 de Junio ​​de 1850, viaja a Nueva York con la esperanza de reanudar su actividad marina.

Hasta marzo de 1851, trabajó en la fábrica de velas de Antonio Meucci, conocido por inventar el teléfono antes de Alexander Graham Bell.

Se fue a Perú para participar como capitán en la marina y viajar por el mundo. En enero de 1852, obtuvo la ciudadanía peruana y el mando del Carmen barco con el que salió a la venta a China de guano y luego se fue a Manila y Australia.

En enero de 1853, se encuentra en Lima y de regreso a Boston el 6 de septiembre y luego a Nueva York, donde dejó su posición de capitán debido a un desacuerdo financiero con el armador. Su madre murió 20 de marzo 1852.

Cuando falleció, el 2 de junio de 1882, su leyenda ya era conocida: la del héroe que había luchado por la independencia en Sudamérica, del artífice de la unidad italiana y de un romántico que consagró su vida combatiendo valerosamente por las causas nobles.

Fue un personaje legendario, Garibaldi fue por mucho tiempo objeto de un ferviente culto popular en su país. Se le alababa particularmente su clemencia hacia el enemigo.

En todos los lugares donde luchó, tanto en América como en Italia y en Francia, se convirtió en un héroe de la independencia de los pueblos. Aventurero romántico, Garihaldi dirigió sus combates tratando de no depender jamás de los intereses políticos.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1807 Nacimiento de Giuseppe Garibaldi  en Niza, el 4 de julio.

1833 Adhesión al movimiento «Joven Italia» de Mazzini.

1835Viaje a Sudamérica.

1843 Garibaldi funda los Camisas rojas en Montevideo, Uruguay.

1848 Regreso a Italia.

1849 Garibaldi se apodera de Roma en febrero y proclama la República.Es expulsado en abril.

1849-1854 Nuevo exilio.Viajes por América y Asia.

1859 Garibaldi combate contra los austríacos para Víctor Manuel II.

1860 Expedición de los Mil.

1861 Víctor Manuel II es proclamado rey de Italia.

1870 Las tropas del general Cardona entran en Roma. Culminación de la unidad italiana.

1870-1871 Garibaldi combate en Francia contra los prusianos.

1872 Garibaldi se retira a la isla de Caprera.

1874 Es elegido diputado de Roma.

1882 Muerte de Garibaldi, el 1 de junio en Caprera.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Biografías de Larousse Tomo II Entrada Giuseppe Garibaldi

Italia Despúes de la Unidad Política, Economía y Sociedad Resumen

RESUMEN ITALIA DESPUÉS DE LA UNIDAD HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

«Italia está hecha. Ahora hay que hacer italianos», escribía Massimo D’Azeglio. El Norte, mucho más avanzado económicamente, trataba al Sur como una especie de «semicolonia». Se optó por desarrollar las industrias del Norte y por dedicar grandes sumas al ejército y a la marina, antes que transformar las atrasadas tierras del Sur.

La unidad incluso agravó la suerte de las poblaciones del «Mezzogiorno», con impuestos más elevados, con la ruina del artesano rural ante la competencia de los productos industriales del Piamonte y de Lombardía, y con el fracaso o el abandono de una reforma agraria seria: todo ello dio origen a la miseria, a la emigración, al bandidaje y al analfabetismo.

EL GOBIERNO DE LA «DERECHA HISTÓRICA»
Otro problema grave era el del nuevo Estado con la Iglesia. Tras la ocupación de Roma, Pío IX no había aceptado la «Ley de las Garantías» de mayo de 1871, por la que el gobierno concedía a la Santa Sede el Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con una fuerte dotación anual y el derecho de representación diplomática, pues el Papa seguía considerándose «prisionero».

Papa Pío IX y sus cardenales

Papa Pío IX y sus cardenales

Había condenado al régimen y prohibido a los católicos intervenir en la vida política: «ni electores, ni elegidos». Era una situación extraña en un país esencialmente católico, en el que una «aristocracia negra», fiel al Papa, se diferenciaba de la «aristocracia blanca» de la corte real, instalada en el Quirinal, mientras el Senado ocupaba el Palacio Madama, y la Cámara de Diputados, Montecitorio.

Se había adoptado la Constitución piamontesa: monarquía controlada por un parlamento formado por el Senado, cuyos miembros eran nombrados con carácter vitalicio, y por la Cámara elegida para cinco años. Pero el sufragio quedaba reservado sólo al 2% de la población (el 10%, después de una reforma electoral, en 1892). Si a esto se añade la abstención de los católicos, podrá apreciarse la estrechez del «país legal». La base del régimen descansaba, pues, sobre la «derecha histórica», terratenientes, grandes burgueses del Norte y funcionarios.

Hombres como Minghetti, Sella y Lanza, practicaron una política de centralización y de estricta economía. Fueron serios e íntegros, aunque hubo diputados que, a menudo y justamente, fueron acusados de corrupción: la organización del nuevo Estado, las grandes obras, la floración de negocios y de nuevos bancos favorecían a los menos escrupulosos.

En Sicilia, los funcionarios pactaban con la mafia, retenían el dinero de los impuestos y declaraban «inencontrables» a muchos «contribuyentes.

El joven Giolitti, que estaba entonces en la Dirección General de impuestos, cuenta que toda la ciudad de Catania ¡era inencontrable! La «derecha histórica» cayó en 1876, al querer Minghetti agrupar los ferrocarriles del Norte en una compañía estatal, lo que le enajenó el apoyo de los liberales. Sin embargo, aquella medida sería puesta en práctica después por la izquierda.

LA IZQUIERDA EN EL PODER-AGUSTÍN DEPRETÍS
Sus dirigentes no procedían de un medio social muy distinto del de sus predecesores, pero algunos de ellos habían sido gari-baldinos o mazzínianos, o eran masones. Por otra parte, querían ampliar la base política del país a la burguesía local. Depre-tis y Crispí eran las personalidades más relevantes.

Depretis reformó los servicios públicos, instituyó la enseñanza primaria en las ciudades y aumentó el número de electores. Crispí se convirtió en ministro del Interior, en 1877. Al año siguiente, moría Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada, muy popular a causa del papel que había desempeñado a partir de 1848, por su lealtad constitucional y por su afecto a Garibaldi. Murió un mes antes que el intransigente Pío IX. Le sucedió Humberto I.

La situación económica seguía siendo difícil, muchos campesinos estaban ahogados por las deudas y el anarquismo experimentaba un enorme desarrollo. Por otra parte, el equilibrio del presupuesto estaba comprometido por los cuantiosos gastos navales, a causa de la construcción de grandes acorazados. Italia se proponía una política mediterránea de mucha envergadura.

Antiguo garibaldino y masón, Crispi era hostil a Francia, a la que no perdonaba su actitud en la cuestión romana, y también trató de poner fin al aislamiento italiano por medio de un acercamiento a los imperios cenitales. La cuestión tunecina iba a facilitar su política, desarrollada durante los gobiernos Cairoli y Depretis.

La ocupación de Túnez por Francia (1881) provocó una viva reacción: había muchos italianos residentes en aquel país, muy próximo a Sicilia, e Italia  esperaba  el  mantenimiento  del  «statu quo» en el que compartiría con Francia su influencia sobre la «antigua provincia de Roma». El asunto tunecino aceleró la conclusión de la Triple Alianza con Austria y Alemania (1882), de carácter puramente defensivo. Las relaciones con Francia se agravaron en 1887, a causa del proteccionismo francés, que se negó a renovar el tratado de 1881 sobre la importación en Francia de productos agrícolas italianos. La «guerra de las tarifas» entre los dos países no acabó hasta 1898.

FRANCISCO CRISPI-LOS PROBLEMAS SOCIALES
A partir de 1887, el impulsivo y autoritario  Crispí dominó la vida política, hasta 1896, en que el desastre de Adua provocó su caída. El déficit presupuestario se había acentuado, la agricultura meridional experimentaba un marasmo tras la ruptura comercial con Francia, hubo quiebras bancarias y escándalos financieros (1887-1894), y sus enemigos trataron de implicar a Crispi.

Los socialistas denunciaban las relaciones entre los partidos y el mundo de los negocios. El anarquismo había sido, al principio, predominante, y los seguidores de Bakunín continuaban siendo muy influyentes, pero, a finales de siglo, el socialismo marxista se había extendido entre los intelectuales, tras los trabajos de Antonio Labriola o de Felipe Turati, que fundó la revista «Critica sociale» en 1891.

En el mismo año, el Congreso de Milán organizaba el partido socialista italiano, con su periódico «Avanti». En Sicilia, surgió un movimiento para la abolición de los latifundios y la redistribución de la tierra: los Fasci de los  trabajadores. No era un movimiento colectivista o antimonárquico, pero intentaba liberar a los campesinos de los usureros y de los gabelloti (consumeros) de los inmensos latifundios. La agitación fue tal, que Crispi proclamó el estado de sitio en Sicilia, hizo detener a los dirigentes de los fasci y disolvió el movimiento (1894). Al año siguiente, los atentados anarquistas se multiplicaron (en Francia, el italiano Caserio había asesinado al presidente Carnot), y Crispí unió en la represión a socialistas y a anarquistas.

EL DESASTRE DE ADUA
Su pasado mazziniano y garibaldino no había impedido a Crispí aliarse con la monarquía y mantener muy buenas relaciones con Humberto I. Dominaba la Cámara, amenazando con disolverla. Su gran patriotismo le granjeó incluso las simpatías de los que rodeaban a León XIII, pero no pudo realizarse ninguna aproximación al Vaticano. Una de las razones de su política colonial fue la presión demográfica.

A partir de 1880, se duplicó la emigración, sobre todo la meridional: de 40 a 60.000 personas abandonaban, todos los años, Italia, definitivamente, trasladándose a los EE. UU., Argentina, Brasil, Francia. La adquisición de tierras africanas para los colonos parecía mejor solución. Desde 1870, una compañía privada había ampliado el puerto de Assab, cerca de Djibuti, base de la futura colonia de Eritrea. A pesar de su total aridez, aquella región ofrecía la ventaja de constituir una posición estratégica importante, gracias a Suez, y de ser vecina de Etiopía, fuera de las zonas de influencia inglesa o francesa.

Desde 1882 a 1885, Eritrea se había organizado sólidamente alrededor de Massaua, y los italianos habían intervenido en los asuntos etíopes, apoyando al ras (jefe) Menelik contra el Negus. Cuando este último fue muerto en Sudán, en 1889, Menelik se convirtió en Negus, y firmó con

Italia el tratado de Uccialli, que los italianos «interpretaron» como un verdadero protectorado. Militares aventureros, sin órdenes precisas, enviaron tropas a ocupar las regiones limítrofes de Etiopía (1889-1896). Menelik, uniéndose a los grandes señores feudales etíopes, formó un importante ejército, atacó e hizo capitular a dos bases italianas. Entonces ofreció la paz, pero Crispi decidió vengar aquellas derrotas y acabar con el Negus. Más de 20.000 hombres fueron enviados a Etiopía, y tres columnas, con una preparación insuficiente, marcharon sobre Adua. La expedición fue un nuevo desastre (mayo de 1896). Los italianos perdieron 5.000 hombres, entre ellos dos generales y trescientos oficiales.

Los refuerzos del general Baldissera, sucesor del desafortunado Baratieri, salvaron a Eritrea para los italianos. El gobierno de Crispí cayó, a causa de la derrota, los revolucionarios organizaron manifestaciones en todo el país, y el gobierno de Rudiní se vio desbordado por atentados anarquistas y motines, porque el desatre italiano coincidía con una crisis económica, y hubo que proclamar el estado de sitio. En 1898, Milán se sublevó, y la represión causó unos cien muertos. La crisis política culminó con el asesinato de Humberto I por el anarquista Bresci, en julio de 1900.

LA DICTADURA DE GIOLITTI
El reinado de Víctor Manuel III comenzaba, pues, trágicamente. Había que tener en cuenta ya a las fuerzas populares y a los socialistas. La caída de Crispi había hecho posible una reaproximación a Francia, que se «desinteresaba» de la Tripolitania-Cirenaica. En 1902, se firmó un acuerdo secreto franco-italiano. Las visitas de los reyes italianos a París (1903), seguida de la del Presidente Loubet a Roma, al año siguiente, que creó un grave incidente entre Francia y el Vaticano, señalaron el acercamiento de las «hermanas latinas».

Antes ministro del interior, y después presidente del Consejo, con breves intervalos, desde 1903 a 1914, el piamontés José Giolitti, nacido en una familia modesta, jurista y alto funcionario de Hacienda, diputado de Cuneo, fue el centro de la vida política. Oportunista, moderado, gran trabajador, era el hombre de las realidades económicas y financieras. A pesar de la crisis y de las dificultades, la economía italiana se había desarrollado: la industria metalúrgica y textil del Norte, la seda, la industria azucarera y la hidroeléctrica hacían progresos  asombrosos.

Fundada en 1900, la Fiat sería, la segunda productora mundial de automóviles. La agricultura, próspera en el Norte, seguía utilizando, en el Sur, instrumentos y métodos arcaicos, de modo que el problema meridional continuaba siendo grave.

La población aumentaba tan rápidamente, que, en vísperas de la guerra, había alcanzado los 35 millones de habitantes. Partidario del liberalismo económico, Giolitti trató, no sin éxito, de aliviar la situación, enfrentándose, a la vez, con la derecha, que no pensaba más que en la represión, y contra el extremismo revolucionario: en 1901, se habían producido 1.400 huelgas. Giolitti creó la legislación del trabajo (descanso semanal, contratos, enseñanza profesional, seguros, etc.), hasta entonces inexistente, ayudó a las cooperativas obreras haciéndolas participar en las grandes obras públicas y nacionalizó los ferrocarriles meridionales.

En 1914, sofocó una tentativa de huelga general, sin brutalidades. En la Cámara había 33 diputados socialistas, abogados y universitarios en su mayor parte. Giolitti hizo una «apertura a la izquierda», ofreciendo incluso una cartera al dirigente Turati. Este, como Bissolati, aunque aprobando interiormente las medidas del primer ministro, no quiso comprometerse participando en el poder, pero los reformistas progresaron dentro del partido socialista, y, a partir de 1906, un gran número de ellos se unió a la mayoría de Giolitti.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Finalidad de los Estados Generales en Francia en 1789

1789:LUIS XVI CONVOCA A ESTADOS GENERALES – OBJETIVOS

La Revolución Francesa fue fruto de la profunda contradicción existente entre un régimen absolutista totalmente desprestigiado, regido por una aristocracia ociosa, y el ascenso económico de una nueva clase social —la burguesía—, la crisis que iba a engendrar la Revolución de 1789 se venía incubando desde hacía decenios en Francia.

Fascinada por el ejemplo inglés, influida por los escritos de los filósofos acerca de las formas de gobierno, la burguesía tenía una clara conciencia de los objetivos a alcanzar: la supresión de todos los obstáculos políticos y económicos que impedían su ascenso en la escala social. Sólo le quedaba por definir el modo de conseguirlo.

Pero en su lucha por la abolición de los privilegios, por su participación en la dirección del país, hará nacer en millones de hombres de la ciudad y del campo, sometidos desde hacía siglos a la arbitrariedad, un violento deseo de libertad y de igualdad, que en seguida desbordará sus propios propósitos. Y durante todo el tiempo que dure la  Asamblea Constituyente, tratará de canalizar estas fuerzas explosivas, sirviéndose de ellas para realizar su política.

Con la historia de esta burguesía triunfante y de la inmensa obra que llevó a cabo en el espacio de dos años, comienza la Revolución Francesa.

Los Estados Generales en Francia en 1789

LUIS XVI CONVOCA A ESTADOS GENERALES Frente a una verdadera crisis económica en Francia y la negativa de la corte y del clero de pagar impuestos, el monarca Luis XVI se vio obligado a convocar a los Estados Generales, que eran una especie de Parlamento, formado por representantes de la nobleza, el clero y el Tercer Estado, con lo que esperaba lograr resolver los problemas financieros.

Las elecciones para diputados a la reunión de los Estados generales se realizó en abril de 1789. Los representantes del Tercer Estado fueron elegidos en asamblea de manera similar a la nobleza y clero. Cerca de 1.200 diputados resultaron electos, de los cuales la mitad, es decir, 600 pertenecían al Tercer Estado, y el resto a la nobleza y el clero.
Los diputados recibieron unos documentos de parte de sus electores, llamados cuadernos de quejas, en los que expresaban los problemas y aspiraciones de cada estamento.

Los cuadernos del clero y nobleza se aferraban a los privilegios, pero pedían el fin del despilfarro, la regulación de las aduanas interiores, la libertad de prensa y la reunión periódica de los Estados generales. Los del Tercer Estado iban más lejos al solicitar la libertad de expresión, la igualdad de los tres estamentos y la abolición del diezmo. Asimismo, los jornaleros pedían mejores salarios, los campesinos reclamaban tierras y protestaban contra el abuso de los nobles.

DESARROLLO Y FRACASO DE LA CONVOCATORIA:

Al convocar los Estados Generales, Luis XVI había decretado que el Tercer Estado tuviera tantos representantes como los otros dos estamentos juntos, pero había mantenido la institución del voto por Orden. Ahora bien, una de las grandes reivindicaciones que presentaban los memoriales del Tercer Estado era la del voto por persona, lo cual le aseguraría la mayoría de la Asamblea, puesto que muchos miembros del clero y de la nobleza eran partidarios de las reformas que él preconizaba. Y en este punto, cuya solución era capital tanto para la monarquía como para el Tercer Estado, era donde iba a estallar el conflicto.

En aquellos momentos, no existía más que una fuerza capaz de unificar y defender todas las difusas reivindicaciones del pueblo: la burguesía. En efecto, ésta poseía dos ventajas sobre los otros sectores del Tercer Estado, campesinos y menestrales: un partido nacional, organizado en comités locales, y la posibilidad de acceder a la diputación, pues el procedimiento del voto instituido para los Estados Generales tenía muchas gradaciones, reservando los escaños para los acomodados.

Más que un partido, los «reformadores» o «patriotas» formaban un conjunto de hombres unidos por un mismo ideal de libertad, por una profunda creencia en la necesidad de reformas. Entre ellos, había muchas personas del Tercer Estado, como Brissot, un publicista al servicio del duque de Orleáns (jefe de la francmasonería, que hacía el papel de aristócrata ilustrado en la lucha que mantenía contra el absolutismo), Barnave, abogado de Grenoble que había participado en los Estados de Vizille; Meunier, los bretones La Chapelier y Lanjuinais, el sabio Bailly, Petíon, Robespierre.

En cuanto a la nobleza, tenía también sus patriotas como el marqués de La Fayette, héroe de la guerra de América, el conde de Clermont-Tonnerre, el conde de Mirabeau (que sería elegido por el Tercer Estado), los duques de La Rochefoucauld y de Liancourt, partidarios todos de una monarquía constitucional a la inglesa. Por último, los miembros del clero venían a aumentar sus filas, como por ejemplo Sieyés, autor de un virulento folleto sobre el Tercer Estado.

Medíante la publicación de folletos, y a través de los debates sostenidos en los clubs o en los cafés de la capital, se realizó el lanzamiento y la difusión de todas las ideas, críticas y aspiraciones de esta «élite» liberal. Son estos burgueses, negociantes o miembros de las profesiones liberales, quienes representarán al Tercer Estado en los Estados Generales, formando una delegación unida, frente a una nobleza y un clero divididos. En efecto, si los nobles liberales eran poco numerosos, el bajo clero, cuya hostilidad hacia los prelados ricos no esperaba sino la ocasión de manifestarse, estaba muy fuertemente representado.

El 5 de mayo de 1789 se reúnen solemnemente los Estados Generales en la sala llamada «des Menus Plaisirs» de Versalles. Esta jornada tan esperada no debía ofrecer más que desilusiones a todos cuantos aguardaban las grandes reformas. Luis XVI pronunció un breve discurso de carácter general, al que sucedió un largo informe de Necker sobre la Hacienda, que concluía demostrando la necesidad de un nuevo empréstito.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de Sedán Prusia ataca Francia Guerra Franco Prusiana

Guerra Franco Prusiana-Batalla de Sedán
Prusia ataca Francia

Batalla de Sedán (1870): En agosto de 1870, después de que el ejército francés, bajo el mando del mariscalBazaine, fue obligado a meterse en la poderosa fortaleza de Metz y sitiado por los prusianos, se le ordenó al mariscal MacMahon hacer el relevo. Este, a quien Napoleón le había dicho que la caída de Metz era una derrota inaceptable, marchó apurado a lo largo de la frontera belga hacia la plaza fuerte.

batalla de sedan

El comandante prusiano pudo a duras penas creer en su buena suerte. Abandonó su marcha a París e hizo dar vueltas a su fuerza hacia el norte para interceptarlo, planeando exterminar al desafortunado ejército francés contra la frontera belga.

Los dos enemigos chocaron en el norte del bosque de Argonne y los prusianos detuvieron el avance francés. Más tarde ellos fueron sorprendidos en Beaumoni, MacMahon se vio obligado a hacer retroceder a sus hombres que llegaban en más de 100.000 a la ciudad fuerte de Sedán.

Mientras tanto, Von Moltke había continuado cercando a los franceses y la situación se estaba aproximando velozmente a un estado crítico.

Antes de que MacMahon hubiera podido decidir un nuevo rumbo de acción, fue herido y en tanto su sucesor, el general Wimpffen, deliberaba sobre las alternativas, 250.000 prusianos pusieron sitio a Sedán y los franceses perdieron toda posibilidad de escape.

La artillería prusiana, que había dominado las alturas de la ciudad, bombardeó a los franceses atrapados.

El corajudo general Margueritte dirigió repetidas cargas de caballería intentando valientemente abrirse paso, pero todas fracasaron. Al final una bandera de tregua fue enviada desde el fuerte.

Los franceses se rindieron a las 4.15 de la tarde del 1° de septiembre; para sorpresa de los alemanes, ellos descubrieron que el mismo Napoleón III estaba en Sedán.

Con una pérdida de 9.000 hombres, los prusianos lograron un triunfo total; tomaron 100.000 prisioneros y mataron 17.000 irán ceses. Las tácticas superiores y la dirección prusianas hicieron temblar al 2.° imperio. La guerra ardió por otros 6 meses, pero Sedán fue la victoria crucial.

Fuente Consultada: Almanaque de los Insólito Tomo 3 Wallace-Wallechinsky

Expansión Colonial Europea El reparto del Mundo

LA EXPANSIÓN IMPERIALISTA EUROPEA
EL REPARTO DEL MUNDO

Hasta la década de 1860/1870 la ocupación colonial directa abarcaba todavía una parte menor del conjunto de las tierras de ultramar. Pero en los diez años siguientes comienzan a madurar las condiciones que el desarrollo de la industria y la explotación colonial habían ido gestando en los países europeos.

El fin del siglo XIX contempla el desarrollo de la industria en gran escala en la mayoría de los países del occidente europeo —desarrollo de la metalurgia, de los transportes, utilización de nuevos tipos de motores y de energía eléctrica para la industria, etc. —acompañado por un proceso acelerado de concentración económico-financiera que lleva a la constitución de grandes monopolios.

Estas condiciones, que definen internamente una nueva etapa del desarrollo económico capitalista de las grandes potencias, reformulan el papel que en este sistema deberán desempeñar los países dominados. Mientras en toda una primera etapa cumplieron la función de proveedores de oro y plata y de materias primas o productos exóticos, en la nueva etapa van a cubrir, además, las necesidades europeas de ampliación de sus mercados y se convertirán en centros de absorción de los capitales disponibles, que buscan nuevas y más rentables fuentes de ganancias.

Los países de Asia, África y América Latina, con un bajísimo costo de mano de obra —dadas las misérrimas condiciones de vida a que estaba sometida la mayoría de la población—, con tierras susceptibles de ser explotadas y materias primas baratas, presentaban excelentes condiciones para obtener pingües ganancias de las inversiones allí realizadas. Pero para esto era necesario establecer un estricto control sobre las zonas aún no dominadas. La década de 1880 marca el comienzo de una carrera por el reparto del mundo entre las grandes potencias occidentales.

A Francia, Inglaterra y Holanda se agregan otros países que habían logrado un desarrollo más tardío: Estados Unidos, Japón, Alemania, Rusia y Bélgica. «En 1881 Francia se apoderó de Túnez. En el año 1882, la lucha franco-inglesa por Egipto terminó con la victoria de Inglaterra, que ocupó luego de haberse apoderado (1875) del 44 % de las acciones del Canal de Suez. En 1884 Alemania hizo su entrada en la escena con la conquista de Togo, Camerón, Sudeste africano y Tanganika.

De 1892 a 1902 Inglaterra se apropió de las Repúblicas Boer del Transvaal y de Orange; al mismo tiempo,,ocupaba el Sudán, Chipre, la Somalia, Kenia, Ugáhda, La Costa de Oro y Nigeria. Francia por su parte, se aseguró una buena parte de África: el Congo, el Chad, la mayor parte de África Occidental, la Somalia y Madagascar. Portugal chocó con Inglaterra para ocupar Angola. Aprovechando las rivalidades entre ingleses y franceses el rey de los belgas se hizo confiar por ellos la administración del Congo. . . Las potencias occidentales se precipitaron sobre China. . .

En las fronteras de China, Francia, en 1885, se apoderó de Anam y de Tonkin e Inglaterra de Birmania; en 1895 Japón se anexó las posesiones chinas de los Pescadores y de Formosa. Luego las «grandes potencias» se apoderaron de las arterias vitales de China: en 1897, Alemania tomó el puerto de Kiao-Cheu; en 1898 Inglaterra el de Wei-Kai-Wei y Francia la bahía de Kuang-Cheu-Wan; las cañoneras remontaron los ríos. . . «… El imperialismo americano tuvo que ser por necesidad «liberador»: desprender las colonias de las otras potencias afirmando su apoyo a los pueblos colonizados era el único procedimiento para los hombres de negocios yanquis a fin de introducirse en el sistema colonial de las otras potencias . . . Para defender «la libertad y la independencia» de los Estados de América contra las ingerencias extranjeras, los Estados Unidos intervinieron entonces en Colombia, en Venezuela y en Santo Domingo.

Pensamiento Político de Cecil Rodees:

La importancia del imperialismo para los colonizadores

“Ayer fui a Est End de Londres (barrio de obreros) y existía una asamblea de parados. Escuché discursos exaltados que pedían pan, pan y pan. Al vover a esa casa estuve reflexionando sobre lo que había oído y me convencí más que nunca de la importancia del Imperialismo (…) La idea que tengo representa la solución del problema social, es decir, para salvar a 40 millones de británicos de la guerra social, nosotros, los políticos coloniales, hemos de posesionarnos de nuevos territorios para colocar allí el exceso de población, para encontrar nuevos mercados donde vender los productos de nuestras fábricas y nuestras minas. El imperio es una cosa del estómago. Si no queréis la guerra civil tenés que convertiros en imperialistas.”

Para «responder al llamado angustiado» de los pueblos rebelados contra la dominación española, se introdujeron en las Filipinas, en Puerto Rico y en Cuba. Mientras las potencias europeas y el Japón habían ya delimitado sus zonas de influencia y se aseguraban sus posesiones, los Estados Unidos se vieron atraídos hacia China, pero fue en nombre de la «libertad de China» que esgrimieron la doctrina de «puertas abiertas» para colocarse en el primer lugar y luego ir suplantando a las otras potencias. . .

Al finalizar el siglo XIX y comienzos del XX, prácticamente la totalidad del mundo estaba sometido al dominio de las grandes potencias. El siglo actual presencia la unificación del mundo en un solo sistema integrado pero, al mismo tiempo, radicalmente escindido entre un polo dominante —logrado y perpetuado por la violencia— y un polo sometido y explotado. Esta etapa de apogeo euro-norteamericano duraría poco tiempo. Como contrapartida, se abría una marea de resistencia: el nacionalismo y la revolución social signarían el siglo con las luchas de liberación que, desde un lado y otro del globo, iniciaban los pueblos.

En este período comienzan a surgir —en los tres continentes— movimientos insurreccionales con un claro contenido de reivindicación nacional y democrático. Cabe mencionar entre ellos, como los más importantes, el movimiento de la «Joven China» de Sun Yat-sen; el surgimiento del Partido «Joven Turco» de Kemal Ataturk en 1908; el movimiento nacional de Zaglul Pacha en Egipto; los movimientos persas de insurrección armada entre 1905 y 1911y la Revolución Mexicana, que se inicia en 1910.

Si hasta fines del siglo XIX las luchas de los pueblos tenían un carácter defensivo y parcial, a partir del presente siglo comienza la paulatina ofensiva de los dominados. Ofensiva que se va intensificando a lo largo de la primera mitad del siglo para llegar, desde la Segunda Guerra, a consolidar las bases de este Tercer Mundo que actualmente está dando la batalla final contra la dominación.

Fuente Consulta: Historia El Mundo Contemporáneo Polimodal A-Z Felipe Pigna, Carlos Mora,Julio Bulacio y Guillermo Cao

Biografia Victoria I de Inglaterra Resumen Biografia Reina

Biografía de la Reina Victoria I de Inglaterra

Durante su reinado, el mas largo de la historia inglesa, consolidó la autoridad de la monarquía. Reina de Gran Bretaña y de Irlanda, emperatriz de las Indias, fue la soberana de la hegemonía británica. Soberana de Inglaterra desde 1837 hasta 1901, la reina Victoria asoció su nombre a una etapa decisiva para el afianzamiento de la monarquía constitucional y del poderío británico en el mundo, y selló con rasgos inconfundibles las costumbres y el modelo de conducta de la burguesía inglesa de su época, hasta el punto de configurar un estilo que la sobrevivió durante décadas

Biografía: Reina Victoria I de Inglaterra:

El 24 de mayo de 1819, la princesa Alejandrina Victoria nacía en el palacio de Kensington, en Londres: allí vivían sus padres, el duque y la duquesa de Kent, sin mayor holgura, acosados por los acreedores, en algunos apartamentos puestos a su disposición. Sus padres habrían deseado llamarla simplemente Victoria, como su madre, pero el príncipe regente, el futuro Jorge IV, había decidido de otro modo y exigió que la niña fuese bautizada como Alejandrina, en homenaje a su padrino, el zar Alejandro de Rusia.

reina victoria I de inglaterra

Eduardo, duque de Kent, cuarto hijo de Jorge III, no conocería por mucho tiempo a su hija. En efecto, murió cuando ella no tenía más de ocho meses de edad, dejando a la duquesa de Kent en una situación difícil. Siendo ya viuda del príncipe de Leiningen, ella era una princesa alemana, hija del duque de Sajonia-Coburgo, «exiliada en Gran Bretaña», donde era poco estimada. El nacimiento de su hija Alejandrina Victoria, que podría heredar algún día la corona de Inglaterra, representaba para ella una esperanza formidable.

El 26 de junio de 1830, el rey Jorge IV murió sin dejar heredero, pasando la corona a su hermano Guillermo IV. Él tampoco tuvo descendencia, de manera que su sobrina Victoria se encontró siendo heredera directa de una corona muy codiciada. Victoria tuvo en la persona de su tío Leopoldo I, rey de los belgas, su apoyo más seguro.

Éste le escribía frecuentemente dándole valiosos y afectuosos consejos para asumir la tarea que la esperaba. Por su parte, su madre. la duquesa de Kent, acechaba con angustia el más mínimo signo que anunciase la venida al mundo de un heredero real… El 20 de junio de 1837, finalmente, el arzobispo de Canterbury y lord Chambelán se dirigieron al palacio de Kensington a pedir audiencia a la joven princesa Victoria. Les correspondía, conforme al protocolo, anunciarle la muerte del rey Guillermo IV y proponerle la corona de Inglaterra. Poco después, la «eminente y poderosa princesa Alejandrina Victoria I» fue proclamada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

LA HISTORIA DE SU VIDA:

 Al fallecer su padre en 1820, cuando Alejandrina Victoria solo tenía ocho meses, y más tarde el deceso de los pequeños hijos del duque de Clarence, que ascendió al trono en 1830 con el nombre de Guillermo IV, fueron signando paulatinamente su destino de reina.

De modo que, luego de transcurrida su niñez, su educación fue confiada a la duquesa de Northumberland, bajo cuya dirección estudió historia, ciencias naturales y música. Posteriormente, Guillermo IV encargó a su primer ministro, Lord Melbourne, que instruyera a su sobrina y heredera en el dominio de la política y le enseñara los mecanismos del sistema constitucional británico.

Al tiempo que recibía esa imprescindible preparación, la vida de la princesa se desarrollaba completamente alejada de su familia paterna: residía con su madre, su hermanastra Feodora y su gobernanta Louíse Lehzen, en el palacio de Kensington. Llevaba un diario en el que consignaba minuciosamente los sucesos de su vida cotidiana, era muy prudente en la elección de sus amistades, tenía una memoria excelente y daba inequívocas muestras de su independencia de carácter.

El 20 de junio de 1837, a hora muy temprana, el primer ministro, Lord Melbourne, se presentó intempestivamente en Kensington para comunicar a Victoria –por entonces una muchacha de 18 años, alegre, rolliza y más bien baja– que el rey acababa de morir y que desde ese momento ella era la reina de Inglaterra.

Como anticipo de la actitud con que afrontaría de ahí en más sus deberes de soberana, luego de haber escogido como residencia real el Palacio de Buckingham, Victoria instaló a su progenitora en un departamento alejado de sus habitaciones, poniendo así una valla a la influencia materna. Lord Melbourne, a quien mantuvo en el cargo de primer ministro, tuvo el privilegio de iniciarla en las «delicias del oficio de reina»: las cacerías, los bailes, las brillantes fiestas de la corte, la etiqueta y el complejo mecanismo de las ceremonias palaciegas.

Su primo Alberto, príncipe de Sajonia Coburgo-Gotha, que después sería su esposo, dejó un elocuente testimonio sobre los primeros tiempos de su vida de reina. «Victoria -escribió- se muestra terriblemente obstinada, en permanente guerra contra su propia naturaleza, que es buena; ella se deleita en las ceremonias, etiqueta y formalidades de la corte, y otras frivolidades (…) Se dice que en realidad ella no goza mucho en esas veladas que se prolongan tanto y que la obligan a dormir más de la cuenta el día siguiente…»

Pero acaso lo más interesante de ese texto resida en lo que revela acerca de la personalidad de su autor, que a través de 21 años de entrañable y prolífico matrimonio, ejerció una profunda influencia en las ideas y en la conducta de su mujer. Hombre grave y reflexivo, con una madurez precoz para su edad -poco más de 20 años-, de físico apuesto, Alberto impresionó fuertemente a su prima durante una visita que realizó en octubre de 1839 a la corte inglesa, por entonces instalada en el castillo de Windsor. Seducida por la personalidad del príncipe, no tardó mucho Victoria en abandonar su resistencia a perder su dorada autonomía y le propuso que se casara con ella.

Cuatro meses después, el 10 de febrero de 1840, se celebró la boda. Al principio, la reina insistió en que su marido no tuviera injerencia alguna en los asuntos de gobierno. Seis meses más tarde, se le permitió al príncipe, por consejo de Lord Melbourne, permanecer como «observador» en los despachos oficiales y luego estar presente cuando la reina recibía a sus ministros.

Con el tiempo, Alberto se convirtió en mentor y consejero de su mujer, a quien inculcó principios de gobierno y normas de conducta como soberana. Pero además Victoria, impulsada por el cariño y el respeto que le inspiraba su esposo, comenzó a asumir gradualmente las rígidas normas morales y los austeros hábitos de su marido, y no tardó en renegar de las reuniones sociales para dedicarse casi de lleno a la maternidad.

Entre 1840 y 1853, dio a luz nueve hijos, cinco mujeres y cuatro varones, a través de los cuales llegó a emparentarse con casi todas las familias reinantes europeas. Su hija mayor, Victoria, fue emperatriz de Alemania y madre de Guillermo II, el último Kaiser, y madre y bisabuela, respectivamente, de dos reinas de Grecia: Sofía y Federica. Eduardo, Príncipe de Gales hasta los sesenta años y después rey de Inglaterra con el nombre de Eduardo VII, continuó la dinastía reinante, y una hija suya, Matilde, fue reina de Noruega.

Alicia fue la madre de la última zarina de Rusia, Alejandra, mujer de Nicolás II. Alfredo, más tarde duque de Edimburgo, padre de la reina María de Rumania -madre del rey Carol- y abuelo de la reina María de Yugoslavia. Elena, Luisa, Arturo y Leopoldo celebraron sus matrimonios con miembros de la nobleza inglesa y alemana (retoño de una de estas ramas es el príncipe Felipe, duque de Edimburgo y marido de la reina Isabel II), en tanto que Beatriz fue madre de Victoria Eugenia de Battenberg, última reina de España.

Ese período de felicidad conyugal, se cerró en 1861 con la muerte del príncipe Alberto. Terriblemente abatida, la reina abandonó poco después el palacio de Buckingham y se recluyó alternativamente en Windsor, en Osborne, en la isla de Wight, o en Balmoral (Escocia) donde habían transcurrido las etapas más felices de su vida matrimonial.

En 1853, la reina Victoria fue una de las primeras mujeres en dar a luz bajo el efecto de la anestesia, contrariando a las autoridades religiosas. El médico escocés Simpson recurrió a una leve dosis de cloroformo para ayudar al parto sin dolor de la reina de Inglaterra. Los responsables anglicanos, incómodos de no poder condenar esta práctica que contravenía el principio del alumbramiento con dolor, hicieron valer que al fin y al cabo Dios había adormecido a Adán para extraerle la costilla de la que debía nacer Eva.

Durante cinco años se abstuvo de abrir personalmente las sesiones del Parlamento, y pasó aún más tiempo antes de que sus ministros pudieran convencerla de la necesidad de aumentar sus apariciones en público, en vista del desagrado que suscitaba su imagen de viuda retirada. Se tornó severa e irritable, y sus ministros, que debían viajar constantemente para plantearle asuntos de gobierno, sufrían a menudo por su tono imperioso y por su exigencia de ser consultada para todo, aunque no dejaban de reconocer que la gran experiencia de la. reina justificaba plenamente el celo con que ejercía sus derechos constitucionales.

Por otra parte, Victoria supo siempre ceder a las corrientes de opinión, y confió el poder, según sus vaivenes, a los whigs (liberales) o a los tories (conservadores). Por influencia de su marido, había adoptado lo que llamaba «… la hasta ahora tan descuidada y tan obvia doctrina por la cual es supremo deber de un monarca constitucional mantener una posición de neutralidad hacia los líderes de los partidos…»

Colocándose por encima de las luchas políticas internas y asistida -entre otros- por estadistas de la talla de Melbourne, Peel, Russell, Palmerston, Gladstone, Disraeli y Salisbury, afianzó el prestigio de la monarquía -que el príncipe Alberto había contribuido tanto a restaurar después de la decadencia en que la habían sumido los Hannover—, e identificó su imagen con el despliegue de potencialidades que protagonizó Inglaterra en todos los órdenes en los dos últimos tercios del siglo XIX.

Coronada emperatriz de la India en 1876, festejada por su pueblo y por brillantes delegaciones extranjeras en sus jubileos de 1887 y 1897 -bodas de oro y de diamante con el trono, respectivamente-, considerada la «abuela de Europa» en virtud de los múltiples lazos familiares que la unían a la mayor parte de las dinastías reinantes de la época, la anciana conoció el sabor de la gloria. Por otra parte, , su austeridad y sus rígidas normas de vida habían encarnado en vastos estratos de la sociedad inglesa, caracterizando una época cuyos ecos se prolongaron a través de varias generaciones y suscitaron las despiadadas sátiras de George Bernard Shaw y las afiladas ironías del incisivo Osear Wilde.

A pocos días de su muerte, en Osborne, el 21 de enero de 1901, el cortejo fúnebre de Victoria, reina de Gran Bretaña e Irlanda y de los dominios de ultramar, emperatriz de la India y defensora de la Fe, congregó a cuatro reyes, diecisiete príncipes y al presidente de los Estados Unidos, que escoltaron a caballo la cureña que condujo sus restos hasta el mausoleo de Frogmore, donde yacían los de su bienamado Alberto desde hacía cuarenta años. Con su desaparición se cierra un singular capítulo de la vida inglesa.

REINA VICTORIA DE INGLATERRA

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1819: Nacimiento de Alejandrina Victoria, hija del duque de Kent, en Kensington, el 24 de mayo.

1830: Muerte de Jorge IV. Asume Guillermo IV.

1837: Muerte de Guillermo IV.

1838: Victoria es coronada reina de Gran Bretaña y de Irlanda.

1840: Matrimonio de Victoria y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

1843: Victoria se encuentra con Luis Felipe en el castillo de Eu. Gran hambruna en Irlanda.

1846-1852: Lord Russel es primer ministro.

1851: Gran Exposición Universal de Londres.

1854-1856: Guerra de Crimea.

1855 a 1865: Palmerston es primer ministro, en dos períodos:

1857: El príncipe Alberto se convierte en príncipe consorte.

1858: Las Indias se incorporan a la corona británica.

1861: Muerte del príncipe Alberto.

1868-1874-1880: Benjamín Disraeli, primer ministro.

1876: Victoria, emperatriz de las Indias.

1897: Jubileo de diamante de la reina.

1898: Asunto de Fachoda. Comienzo de la guerra de los bóers en África del Sur.

1901 Muerte de Victoria en Osborne,  el 22 de enero.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder.

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

El largo reinado de Victoria de Inglaterra, entre 1837 y 1901, marca la época de apogeo de una determinada concepción política, económica y social en cuyo centro se sitúa la burguesía. El ideal de la así llamada Era Victoriana es el progreso y la complacencia por el triunfo del intelecto, de la tecnología, del hombre europeo por sobre los demás. Hay un hambre desesperado por avanzar, por crecer.

El científico Charles Darwin y el economista Stuar Mill son las figuras de renombre de la época. La industria textil y ferroviaria crecen en forma desmesurada, pero al mismo tiempo aumentan los problemas sociales. La gente que no tiene acceso al crecimiento vive en condiciones miserables.

Otro de los ideales de la época es el espíritu de descubrimiento y de aventura: los viajes de Livingstone y Stanley apasionan a los ingleses que siguen sus aventuras por el corazón de África. También predomina un cierto espíritu religioso, incluso místico, que trata de unir los grandes descubrimientos científicos y técnicos con una nueva fe en Dios.

La característica esencial de la Era Victoriana es su sentido práctico: la búsqueda de la realización personal y colectiva.

El código moral Victoriano, que regía la conducta individual de esos años, se basaba en el miedo, la reglamentación, la disciplina y el autocontrol y, por eso, en el ámbito familiar y social, las costumbres eran de lo más conservadoras y pacatas.

En el terreno literario, se nota un rechazo hacia el movimiento romántico. En este período sobresalen escritores como Tennyson, Dickens, el filósofo Carlyle, quienes encarnan un nuevo realismo. Los artistas más audaces y renovadores como Emily Brónte y Osear Wilde fueron perseguidos y considerados casi herejes por la sociedad.

La época victoriana una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901. No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (El Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892). Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

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El reinado de la reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta.

reina victoria

El reinado de Victoria I: En 1837, al ser coronada Victoria —casada con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo — se inició en Gran Bretaña uno de los más significativos períodos de su historia.

Durante el extenso reinado de Victoria (gobernó hasta 1901), el Reino Unido se convirtió en la potencia mundial hegemónica en los aspectos político, económico, naval e industrial.

La reina, mujer de firme carácter, se interesaba por los asuntos del reino, pero sin intervenir ni alterar la labor de sus Primeros Ministros. Este esplendor, sin embargo, no pudo terminar con las diferencias políticas y económicas ni con las crisis sociales y las fricciones con las potencias exteriores.

Economía y política: En esos momentos la industria británica cobró un gran impulso y, en consecuencia, se evidenció un creciente desarrollo comercial. Se amplió el mercado externo y se incorporaron nuevos y extensos territorios al Imperio inglés. No obstante, las disidencias entre conservadores y liberales se acrecentaron. Los primeros propiciaban una política económica de corte proteccionista, en tanto que los segundos sostenían la necesidad de abolir leyes ya caducas con la intención de implantar el liberalismo económico.

La persistencia de la crisis socio-económica y la difícil situación obrera –producto del alza de los precios de los artículos de primera necesidad– convenció a los políticos de ambos partidos de la urgencia de aplicar reformas. A la supresión de las leyes de granos, como ya se ha estudiado, siguieron otras leyes reformistas, entre ellas la supresión del Acta de Navegación de Cromwell, permitiéndose así, la apertura de los puertos británicos a buques extranjeros. Los partidos liberal y conservador alternaron en el poder.

Durante el siglo XIX Inglaterra gozó de gran prosperidad con la reina Victoria. Gracias a sus notables primeros ministros, se establecieron los simíentos de la Inglaterra democrática. El comercio y la industria alcanzaron también gran desarrollo. Finalmente, el prestigio de Inglaterra en el exterior aumentó con las conquistas de la política imperialista de Disraelí.

Entre los primeros Ministros de la reina se destacaron: Roberto Peel (1834-1835 y 1841-1846), conservador; Enrique Palmerston (1855-1865), primero conservador y luego liberal; Benjamín Disraeli (1865-1868 y 1874-1880), conservador; Guillermo Gladstone (1868-1874,1880,1892,1894), liberal y Roberto Cecil, lord Salisbury (1896-1907), conservador.

ROBERT PEEL: Con la reina Victoria, Inglaterra atravesó una época de gran prosperidad que, por otra parte, debió mucho más a sus primeros ministros que a ella misma. En efecto, Inglaterra es una monarquía constitucional en la cual la reina sólo puede aconsejar y alentar a sus ministros.

En las elecciones de 1841, el débil Gobierno Whig (liberal) de lord Melbourne no alcanzó la mayoría, y Robert Peel, que fue nombrado primer ministro, se puso al frente de la Administración.

Desde hacía ya muchos años, los asuntos económicos nacionales se encontraban en estado lamentable. Además, Inglaterra tenía que hacer frente a graves problemas sociales: paro, hambre y notable retroceso de las actividades comerciales. Peel consiguió sanear la hacienda pública aplicando un impuesto a las rentas que sobrepasaran las 150 libras anuales. Para estimular el comercio redujo los derechos de importación, especialmente sobre las materias primas y productos alimenticios. Actuando de este modo estableció las bases de una política liberal de libre cambio.

Hasta ese momento, Peel encontró poca oposición; pero las dificultades surgieron cuando se ocupó en las leyes sobre la importación de cereales. Al principio redujo los derechos de importación sobre los granos, pero cuando quiso suprimirlos provocó la oposición de sus adversarios, e incluso la de la mayoría de su propio partido. En las elecciones de 1847, Peel tuvo que dimitir.

El partido de Peel, que discrepaba sobre este punto, se dividió en nuevos partidos, especialmente el liberal de Gladstone y el conservador de Disraeli. A pesar de la antipatía que le profesaba la reina y la frecuente hostilidad de la opinión pública, Gladstone puso todas sus facultades al servicio de la evolución democrática de Gran Bretaña.

Llevó a cabo varias reformas; por ejemplo, en Irlanda. La Irlanda católica vivía días agitados. Gladstone quiso remediarlo no reconociendo a la Iglesia protestante como Iglesia oficial de Irlanda, y transfiriendo parte de sus propiedades a la Iglesia católica irlandesa. Intentó asegurarse el apoyo de los campesinos católicos irlandeses concediéndoles los mismos privilegios que a los protestantes de la provincia de Ulster.

Las reformas electorales: La necesidad de aflojar las tensiones internas, obligó a propiciar nuevas reformas electorales, ya que la efectuada en 1832 no había resuelto el problema.

En 1867, DISRAELI,  concedió el derecho sufragio a la pequeña burguesía y a los obreros especializados.

En 1872, GLADSTONE,  instituyó el voto secreto. El número de votantes aumentó: 938.000 sufragantes más, el poder continuó en manos de los propietarios. Hubo una mayor actividad de los partidos políticos.

En 1884, GLADSTONE,  extendió el derecho al sufragio a los propietarios rurales con lo que la reforma llegó al campo. Hubo 4.000.000 de electores nuevos. Se concretaron las propuestas de los cartistas.

Gladstone también reorganizo la enseñanza en Inglaterra: fue gratuita y obligatoria para todos los niños. Asimismo, puso fin a los abusos que se cometían en el ejército, prohibiendo que se compraran los grados militares. Citemos, por último, su reforma electoral: introdujo, especialmente, el voto secreto. En cuanto al exterior, Gladstone ejerció una política de neutralidad pacífica. En 1874, sus poco enérgicas intervenciones en el exterior y la cuestión escolar de Irlanda provocaron la caída de su Gobierno, en beneficio del partido conservador de Disraeli.

Disraelí

Finalmente se concretaron las propuestas de los cartistas

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 1884 hicieron la ley de reforma electoral y trataron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-1892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

La sociedad victoriana.: Una gran rigidez moral caracterizó la sociedad victoriana. Todo buen inglés debía mostrar ante sus congéneres una conducta recta y honesta, aunque estas virtudes, en muchos casos, fueran sólo una apariencia. La mujer se encontraba, al igual que en el esto del mundo, relegada al trabajo hogareño o fabril. Era mal visto que una mujer pretendiera ejercer una profesión universitaria.

El avance de las tendencias democráticas les obligó a dar un gran impulso a la educación. Los conflictos sociales perduraron: las diferencias de clase eran, todavía, muy grandes. Las clases altas mantenían una vida de lujo y riqueza, en tanto que la condición de los trabajadores y las clases menos pudientes no había mejorado. Esta difícil situación fue reflejada con crudo realismo por los escritores de la época, como Charles Dickens, quien en sus novelas describió la forma de vida y las tensiones socialees de la Inglaterra victoriana.

Esta situación social obligó a los sindicatos obreros a organizarse con mayor eficacia, a fin de obtener la satisfacción de sus reclamos.

El gobierno adoptó una política paternalista en el aspecto social. Se aprobaron leyes que alivianaron la situación, pero sin introducir reformas de importancia. No obstante, se promulgaron medidas que limitaron las jornadas de trabajo y que mejoraron las condiciones laborales de obreros y asalariados. En 1871, los Trade Unions sindicatos locales fueron reconocidos oficialmente por el Estado.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

INGLATERRA Y LA REINA VICTORIA. En 1837 subió al trono inglés la reina Victoria I (1837-1901), cuyo dilatadísimo reinado de 64 años constituyó uno de los periodos más brillantes de la historia de Inglaterra. El Imperio Británico fue el más extenso y poderoso del mundo y su flota la representación material de este poder que ejercía el papel de suprema policía internacional. La presencia de un barco de guerra con el pabellón de la «Unión Jack» bastaba para sofocar una revolución o cambiar un Gobierno en cualquier parte del mundo. La seguridad de su constitución política corría pareja con su potente industria y el valor indiscutible de su moneda.

Desde el primer momento, la reina dejó que el Parlamento asumiera la misión de gobernar y fue ella quien introdujo la costumbre de encargar al jefe de la mayoría la formación del Gobierno. Su actuación, perfectamente dentro de la línea tradicional británica, fue en todo del agrado de sus súbditos que la veneraban.

Pero no todo fue mérito de la reina. También lo tuvieron sus primeros ministros, que fueron hombres cultos y de una gran sagacidad. Lord Palmerston fue el último «premier» que sostuvo la política del «espléndido aislamiento». Era un conservador que luego se pasó al partido liberal. Precisamente por su deseo de mantener a Inglaterra separada de las luchas de Europa, no supo actuar con energía ante el engrandecimiento de Alemania bajo Bismarck.

En la segunda mitad del siglo pasado casi siempre se turnaron conservadores y liberales, según el resultado de las elecciones. El jefe de los primeros fue Disraeli; el de los segundos, Gladstone.

Benjamín Disraeli era de ascendencia española y judía. Gracias a él se llevó a cabo la reforma electoral del año 1867 que permitió a más de un millón de obreros gozar del derecho de voto. Su visión sagaz le permitió darse cuenta de la gran importancia que tendría en el futuro la apertura del Canal de Suez, y después de haber ocupado Chipre, adquirió 177.000 acciones del canal, que le aseguraban el dominio de la Compañía.

La reforma aprobada por Disraeli había sido planeada y pensada antes por Gladstone. Éste realizó una segunda reforma electoral que permitió elevar el número de votantes en seis millones, transformó la enseñanza primaria y protegió a los Trade Unions.

La creación oficial del Imperio Británico se realizó el día i de enero de 1877, en que Victoria I fue proclamada emperatriz de la India.

La política interna de la Gran Bretaña conoció varios movimientos. El cartista, promovido por el abogado Jones y el publicista O’Connor, jefes del partido radical, que propugnaban el derecho al sufragio universal. El librecambista defendido por Cobbden y sostenido, no sólo por los obreros, sino, por la burguesía industrial y mercantil, que pedía la total libertad de comercio con el extranjero, sin aduanas protectoras o prohibitivas. Gracias a sus esfuerzos, Inglaterra adoptó el librecambio que había de reportarle considerables riquezas.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo II Chris Cook.
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

Nacionalismo y Unificacion de Paises Principios Democracia Liberal

Nacionalismo y Unificacion de Países
Principios Democracia Liberal

LISTA DE ENLACES RELACIONADOS

Democracia Liberal
Liberalismo y conservadorismo
El Nacionalismo
Gran Bretaña y las reformas liberales
Francia: del imperio a la tercera república
Estados Unidos: Republicanos y Demócratas
La Unificación Alemana
La Unidad Italiana
Rusia Hacia el Fin del Absolutismo
Japón: Reformas Liberales en el Oriente
Alianzas Internacionales
Religión y Ciencia
Revolución Científica
El Positivismo
La Iglesia: Rerum Novarum
La Difusión de las Ideas

En la segunda mitad del siglo XIX surge una novedad en el ámbito político: el nacionalismo, producto este de la democratización política vivenciada en esos tiempos.

Por todas partes surgían cenáculos nacionalistas, con los nombres prometedores de «Joven Italia», «Joven Alemania» y otros similares. Inspirador de la «Joven Italia», Mazzini, en su opúsculo Sobre la unidad de Italia, invocaba los elementos comunes que justificaban la independencia del pueblo italiano: «Por eso Italia será una.

Sus condiciones geográficas, su lengua y su literatura; las necesidades de defensa y de poder político; el deseo de las poblaciones, los instintos democráticos innatos del pueblo…».

En el texto de Mazzini se recogía una idea clave: la identificación de nacionalismo y democracia, frente al autoritarismo o el absolutismo de los imperios.

Mazzini

Giuseppe Mazzini

No obstante, es en Gran Bretaña y Francia entre los siglos XV y XVIII, donde puntualmente se desarrolla un proceso de construcción de Estados centralizados y modernos de toda Europa occidental.

Estos se manifestaban representantes de naciones, es decir, del conjunto mayoritario de sus habitantes que compartían una misma nacionalidad. La cual era definida por los sentimientos de pertenencia que compartían los habitantes de un mismo territorio, esta manifestación fue durante la primera mitad del siglo XIX. El compartir la lengua, la religión, la tradición y las costumbres, hicieron surgir estos sentimientos unánimes.

Se puede afirmar, que en la formación de estados nacionales fue importantísima la difusión del nacionalismo, esta corriente de pensamiento creada por intelectuales, ya sea filósofos políticos como artistas.

El pensamiento y el sentimiento nacionalistas sirvieron para unificar culturas y sociedades dentro de un estado nacional. Esta ideología también funcionó como un principio de acción política para las relaciones internacionales.

Posteriormente, y de igual manera que esta construcción de estados centralizados y modernos de Europa occidental, en la segunda mitad del siglo XIX se evidenció en Alemania e Italia. Considerándose estos nuevos estados en las representantes de las naciones alemana e italiana.

Los grupos de habitantes que no se sentían representados y a su vez representada su nacionalidad por los Estados centralizados, vieron plasmados su aliento al reclamo mediante el desarrollo de la política de democratización.

No obstante, quienes organizaban partidos políticos, eran también estos grupos que exigían el derecho a formar un estado independiente, es decir el denominado derecho de autodeterminación. Fue en las regiones de Europa cuyos habitantes habían formado parte de los imperios, como el alemán y el otomano, en donde se hicieron estos reclamos de una manera más intensa.

Sin embargo, los conflictos se multiplicaron ya que no había resultado de manera satisfactoria, la división de esos imperios en nuevos Estados. Este derecho de autodeterminación mencionado anteriormente, fue reivindicado por todos. Francia, Inglaterra y España eran estados que se habían centralizado inicialmente, y ellos tampoco quedaron afuera de los reclamos nacionalistas.

Así, estimuladas por la posibilidad de lograr sus objetivos a través de elecciones, las poblaciones regionales emprendieron movilizaciones con caracteres políticos.

LOS PRINCIPIOS NACIONALISTAS: Los elementos que integran el pensamiento de los revolucionarios nacionalista del siglo XIX, época por excelencia de estos movimientos son los siguientes:

Autodeterminación política. El gobierno que dirige la colectividad ha de estar libre de cualquier instancia exterior. Así lo afirmaba Mazzini, jurista y político italiano: «Las nacionalidades que no posean un gobierno surgido de su propia vida interna y que estén sujetas a leyes que les hayan sido impuestas desde el exterior se han convertido en medio para los propósitos de otros».

Conciencia de grupo. Que el grupo pertenezca a una sola etnia no es imprescindible, porque en ocasiones el sentimiento nacional es pluriétnico, pero la conciencia de que el grupo tiene un origen común y ha tenido un pasado común constituye un elemento cohesionador.

Credo religioso. En los siglos medievales y modernos la religión desempeñó un papel esencial en la conciencia de los pueblos, pero incluso en la Edad Contemporánea, cuando ha perdido influencia, a veces se ha erigido en un mecanismo defensivo de la nacionalidad más débil, caso de los irlandeses, católicos, frente a los ingleses, anglicanos.

Cultura y lengua propias. No surge el sentimiento nacional por generación espontánea sino que deriva de un proceso en el que desempeñan un papel minorías cultas, integradas por filólogos, historiadores, poetas, músicos, políticos. Para los alemanes fueron importantes Schelling y Fichte, para los irlandeses O’Connell, para los polacos Chopin y Mickiewicz.

ALGO MAS…

Entre los modelos políticos existentes, podemos identificar los siguientes:

Nacionalismo extremo: el nacionalismo entiende a las relaciones internacionales en términos de amenazas constantes. Los grupos nacionalistas se sienten los únicos intérpretes de los verdaderos intereses del pueblo, al que identifican con la nación. Ciertamente, no creen que los integrantes de la sociedad de una nación puedan tener intereses o ideas diferentes, ya que constituyen una unidad absolutamente homogénea. Por lo tanto, aquellos que no opinan lo mismo que ellos son considerados no sólo como enemigos, sino como extranjeros. Puesto que los comicios y el parlamento suelen mostrar que en una sociedad existen intereses opuestos, los grupos nacionalistas sienten repugnancia hacia este tipo de prácticas e instituciones. Suelen ser favorables a los gobiernos dictatoriales encabezados por las fuerzas armadas, ya que ellas dicen ser los verdaderos intérpretes de los intereses nacionales.

Comunismo: postula que la gran falacia de la democracia liberal es que defiende una igualdad política pero ignora las diferencias económicas y la explotación social. Propone una sociedad en la que estos elementos de desigualdad desaparezcan, sociedad que será construida por los explotados de la sociedad capitalista, es decir, los obreros. Mientras esta sociedad se construye, el régimen político debe ser una dictadura a la que llaman «dictadura del proletariado». Puesto que el número de obreros en la Rusia de 1917 era realmente escaso, los revolucionarios se plantearon cómo hacer el socialismo sin obreros: se elaboró una respuesta según la cual el partido comunista debía suplantar a los obreros. Paulatinamente, un líder único, Stalin, reemplazó a su vez al partido. Los enemigos del partido, primero, y los de Stalin, después, eran considerados automáticamente enemigos de la clase obrera.

Corporativismo: conciben que la sociedad no está compuesta por individuos, sino por grupos identificados por su actividad económica (trabajadores, campesinos, profesionales, etcétera.). Generalmente, los corporativistas sostenían que, en los parlamentos, no debían estar representados los diputados políticos electos por individuos aislados, sino los representantes de estos grupos de la sociedad organizados en asociaciones a las que llamaban corporaciones.

Caudillismo: la idea central del principio caudillista del Estado es que la voluntad del pueblo sólo puede expresarse a través de la voz de un líder, una persona iluminada por una aptitud especial que la distingue de todas las demás. En algunos casos, los regímenes caudillistas pueden ir acompañados de prácticas electorales similares a las de la democracia liberal, incluso estas elecciones pueden dar la mayoría al partido del líder. Sin embargo, la relación con la oposición es tirante, dado que el líder nunca acepta la existencia de más de una voluntad popular, que es la que sólo él interpreta. En otros casos, los parlamentos se eliminan, y sólo se producen elecciones plebiscitarias en las que los electores no eligen, sino que confirman o rechazan la figura del líder. La unidad entre líder y pueblo suele ser «teatralizada» a través de grandes actos masivos organizados con el apoyo de toda la infraestructura del Estado.

La democracia liberal
«Democracia» significa un gobierno que acepta que manda sobre una sociedad compuesta por ciudadanos iguales (iguales ante la ley, iguales en derechos políticos, lo cual no significa que tengan que ser económicamente iguales), y que puede gobernar sólo porque ellos le han dado ese poder. Por esta razón, se llama a los actuales presidentes «mandatarios», pues han recibido de otros el mandato de gobernar, y sin ese mandato no tendrían ningún derecho legítimo de hacerlo. Ahora bien: cómo transformar este principio de legitimidad democrática y esta idea de una sociedad individualista en un régimen político concreto o, en otras palabras, cuáles son las prácticas concretas y las instituciones de gobierno más adecuadas para canalizar la voluntad del pueblo. Ésta es la gran pregunta que caracteriza todo el ejercicio de la democracia a partir de la Revolución Francesa.

Hacia fines de la agitada historia política del siglo XIX, se aceptaron algunas respuestas para esta pregunta. La primera fue que la voluntad del pueblo soberano debía expresarse a través del mecanismo del voto para elegir representantes; la segunda, que las decisiones debían ser tomadas por las mayorías, aunque las minorías tenían derecho a existir, a ser respetadas, a criticar y a pretender transformarse en la mayoría en las siguientes elecciones; la tercera, que el gobierno debía formarse a partir de un sistema de controles y contrapesos entre sus diferentes poderes (ejecutivo, legislativo, judicial). Este conjunto de convicciones ha dado lugar a los regímenes políticos conocidos como «democracias liberales». La clave de estos regímenes son los parlamentos, una institución que se impuso a lo largo del siglo xix. Los parlamentos controlan los poderes ejecutivos. En ellos reside el poder de los diputados representantes electos, y también en ellos se expresan las minorías.

Esta concepción de la política se apoya en una visión más general acerca de la naturaleza humana, que estima que el hombre es un ser libre, cuyas acciones responden a la razón. Sin embargo, esta visión iluminista evidenciaba importantes problemas a la hora de enfrentarse con la sociedad real. Además de la oposición conservadora, las élites liberales descubrían que las sociedades sobre las que debían gobernar no se asemejaban a su ideal: en muchos casos predominaban los analfabetos; en otros, era evidente que las rígidas diferencias sociales no permitían actuar a todos con libertad; en otros las concepciones religiosas primaban sobre la «razón científica».

La consecuencia de esto solía ser un régimen político que, si bien postulaba la primacía de la soberanía del pueblo, al mismo tiempo bloqueaba toda posibilidad de participar en la política a todas aquellas personas que se consideraban no libres o no razonables. La condición de razonable se demostraba por medio del acceso a la educación formal y, sobre todo, mediante la riqueza que se hubiera acumulado. Sin embargo, una visión siempre optimista, llevaba a pensar a las élites liberales que tarde o temprano las «personas irracionales» serían redimidas por medio de la educación.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales Historia Luchilo, Privitellio, Paz, Qués

CUADRO SINTESIS DE LA ÉPOCA:

cuadro sintesis liberalismo y nacionalismo

La Unificacion Alemana e Italiana Causas y Consecuencias Bismark

La Unificación Alemana e Italiana Causas y Consecuencias

La Unificación de Alemania, Causas y Consecuencias: Antes de la formación de un Estado nacional unificado, el actual territorio de Alemania se encontraba dividido en un mosaico político de más de 30 Estados. Entre ellos se destacaron, por su importancia económica y política, Austria y Rusia.

Desde principios del siglo XIX se inició un proceso de organización de un Estado nacional en Alemania. Un paso importante en este proceso fue la formación de un mercado único en la región, impulsado por la aristocracia terrateniente —los junkers— de Prusia y la burguesía industrial de la cuenca del Rhur.

Un hecho trascendente se produjo en 1835 con el establecimiento de la unificación aduanera —Zoelverein— ¿Que integró el territorio prusiano con otras regiones alemanas. Sin embargo, debido a las diferencias políticas entre Austria y Prusia, entre otras causas, el proceso de unificación no pudo llevarse a cabo en la primera mitad del siglo XIX.

Desde 1848 fue cada vez más intensa la actividad política de grupos nacionalistas que alentaban la formación de un solo Estado para todos los alemanes.

La Unificacion Alemana e Italiana Causas y Consecuencias Imperialismo

Prusia y Austria eran muy distintas en sus aspectos económicos, sociales y políticos.  Austria estaba dirigida por una monarquía de corte centralista y autoritaria. Gobernaba un territorio habitado por diferentes pueblos  —croatas, húngaros, eslavos y serbios— que tenían distintas lenguas, religiones y costumbres. Esto fue motivo de frecuentes sublevaciones contra la monarquía austríaca, ya que el principal  reclamo era el derecho a la formación de sus propios Estados nacionales.

En lo económico, Austria fue un país que no contaba con recursos ni con una burguesía poderosa capaz de lograr un desarrollo industrial propio. El mantenimiento de un ejército y de una administración que mantuviera la unidad imperial le creó graves dificultades financieras. Prusia, en cambio, experimentó un desarrollo económico muy intenso, que hizo de ella el centro del crecimiento industrial de la región. El aumento de la producción de acero, carbón y hierro, en la segunda mitad del siglo XIX así lo demostró.

Las comunicaciones  —ferrocarriles, barcos de vapor, telégrafos— crecieron de tal modo, que permitieron la formación de un activo mercado económico. Además la población prusiana era mucho muís homogénea que la austriaca, ya que no existían pueblos tan diferentes en su lengua, religión y costumbres. El desarrollo económico prusiano tuvo otras consecuencias: la consolidación de una burguesía industrial, aliada a los terratenientes —jnnkers—y el predominio en su gobierno de ideas liberales, que buscaban la formación definitiva de un Estado nacional.

Austria y Prusia: dos proyectos para la unidad

Las diferencias entre Austria y Prusia en sus proyectos de unificación política fueron notorias. Prusia pretendía la unión creando un Pequeña Alemania (los territorios del norte), y buscaba afirmar el predominio prusiano, excluyendo a Austria. La monarquía austriaca, a su vez, quería imponer la unidad a partir de la formación de una Gran  (norte y sur de la Confederación), con el reconocimiento de Austria como dirección política del nuevo Estado.

El predominio económico y político dé Prusia, le otorgó ventajas sobre Austria para encabezar la formación del nuevo Estado nacional.  Para conseguir su propósito, Prusia tuvo’ que desplazar, primero, la influencia política austriaca sobre los territorios de la región. Y asegurarse de que en caso de guerra, su poderosa vecina, Francia, no apoyara a Austria.

Finalmente, luego de dominar varios territorios al norte de su país, Prusia entró en guerra con la monarquía austríaca y la derrotó en 1866. El rey prusiano Guillermo 1 y su primer ministro Otto Von Bismarck fueron los principales gestores políticos de esta estrategia.  Como consecuencia de ello, se organizó una Confederación Alemana del Norte bajo el control político de Prusia.

El paso final en la unificación alemana se dio luego de la guerra franco prusiana de 1870. Prusia venció militarmente a Francia —la consideraba su principal rival continental—, y se apropió de los territorios franceses de Alsacia y Lorena, muy ricos en minerales.

Impulsado por sus triunfos militares el gobierno prusiano creó en 1871, con la incorporación de otros territorios, un nuevo Estado nacional: el Imperio alemán ó II Reich. Se caracterizó por ser un gobierno militarizado, apoyado políticamente por conservadores y liberales. El nuevo Estado se preocupó, además, por garantizar los intereses económicos y sociales de la burguesía industrial y de los grandes terratenientes prusianos.

La Unificacion Alemana e Italiana Causas y Consecuencias Imperialismo

Otto Bismark fue el principal gestor de la unificación alemana

Entre 1870-71 la Confederación del Norte de Alemania, que el propio Bismark había creado, derrotó a Francia en la Guerra Franco-Prusiana. Se configuró entonces el Gran Imperio Alemán del que fue nombrado primer canciller. Intentó aumentar el poder del Imperio por medio de ataques al partido socialdemócrata con leyes excepcionales, tomando algunas leyes sobre retiro obrero y luchando contra el partido católico ( Kulturkampf ). Esto ocurrió entorno a 1878. Llevó a cabo la Triple Alianza formada por Italia, Austria y Alemania así como otros pactos y alianzas. Se hubo de retirar del poder cuando Guillermo II accedió a la corona por problemas personales entre ambos. Recibió tanto honores militares como nobiliarios.

La Unificacion Alemana e Italiana Causas y Consecuencias Imperialismo

Etapas de la unidad Alemana

LA UNIÓN ADUANERA: […] Treinta y ocho líneas de aduanas paralizan el comercio interior y producen el mismo efecto que si se ataran los miembros del cuerpo humano para impedir que la sangre circule por todo el cuerpo.
Para comerciar entre Hamburgo y Austria o entre Berlín y Suiza se tiene que atravesar diez Estados, estudiar diez reglamentos de aduanas y pagar diez impuestos o tasas aduaneras. […]

Miremos a la otra orilla del río con envidia y veremos una gran nación, del canal de la Mancha al Mediterráneo, del Rin a los Pirineos y de las fronteras de Holanda a Italia donde se comercia libremente sin encontrar aduana. Los recursos de los alemanes […] se arruinan por culpa de 38 sistemas de aduanas y peajes.

Como consecuencia, nos atrevemos a solicitar a la Dieta:
1,°Suprimir las aduanas en el interior de Alemania.
2.»Establecer con las naciones extranjeras un sistema común de aduanas basado en el principio de compensación hasta que estas naciones adopten el principio de libertad de comercio europeo.
LIST, F.: Petición de una unión aduanera, 1819.

EL PROGRAMA DE BISMARK: «La guerra, un medio necesario para la unificación de Alemania»
Discurso pronunciado por Bismarck el 30 de septiembre de 1862

No es en el liberalismo prusiano, sino más bien en la fuerza y la potencia de Prusia donde Alemania tiene los ojos puestos. Baviera, Württemberg y Badén pueden entregarse al liberalismo, por eso nadie les asignará el papel de Prusia. Prusia tiene que reunir sus fuerzas y esperar el momento oportuno. Las fronteras que el Congreso de Viena dio a Prusia no son cueras. Este no es un tema ni para hacer discursos ni para buscar el voto de la mayoría; las grandes cuestiones de nuestro tiempo -este fue el error de 1848 y de 1849- se resolverán por el hierro y por la sangre.
BISMARCK: Pensamientos y recuerdos, 18S9

AMPLIACIÓN DEL TEMA PARA SABER MAS…

LA UNIDAD ALEMANA. Al invadir Austria y el centro de Europa, Napoleón disolvió el Imperio Germánico y creó la llamada «Confederación del Rin», en la que entraban los reinos de Baviera, Wutemberg, Westfalia, Sajonia, el ducado de Badén y otros. Pero después del derrumbamiento del Imperio Francés, el Congreso de Viena hizo surgir de nuevo la «Confederación germánica», con lo que Austria y Prusia vieron acrecentados sus territorios.

Francisco II de AustriaFrancisco II de Austria implantó de nuevo el absolutismo (despotismo ilustrado), mientras Federico Guillermo III restablecía en las provincias prusianas todos los privilegios y derechos que habían sido abolidos, ejemplo que fue imitado por otros príncipes tales como el Elector de Hesse Cassel, los duques de Nasau y Badén y el rey de Baviera.

 Prusia y Austria continuaron disputándose la hegemonía de Alemania y ambas deseaban llevar a cabo la unión de los diferentes Estados. Todos los alemanes se percataban de la necesidad y ventajas que reportaría la constitución de un solo Estado. Este anhelo iba a realizarlo Prusia., que contaba con una masa de población instruida, enérgica, laboriosa y disciplinada.

En 1861 falleció Federico de Prusia y le sucedió Guillermo I (1861-1868), quien llevó a cabo la reorganización del Ejército aumentando a tres años el tiempo destinado a servicio militar obligatorio. Al intentar incrementar los efectivos y la potencialidad del mismo, los diputados del Congreso (Landstag) se negaron a conceder los créditos necesarios, oponiéndose a los deseos del rey y de su ministro, el habilísimo Otto von Bismarck, quien, no pudiendo
soportar por más tiempo los acerbos discursos de los oradores parlamentarios, empeñados en poner trabas a sus deseos, se enfrentó con los asambleístas exclamando indignado: «No es sobre la libre Constitución de Prusia sobre lo que Alemania dirige su mirada, sino sobre su poder. No es con discursos y rechazando proyectos como se resuelven los grandes problemas, sino con sangre y hierro.»

Aunque todo parecía indicar que iba a estallar una revolución, no sucedió así; los prusianos estaban acostumbrados a obedecer a su monarca, quien, por otra parte, se hallaba firmemente apoyado por la nobleza y el Ejército. De este modo, «a despecho del Parlamento, con peligro de su corona y aun de su vida», fueron aumentados los impuestos, con los que pudo llevarse adelante el plan de reorganización militar deseado por Federico.

Colonialismo o Imperialismo Aleman Otto BismarkPoco después, Bismarck, «el canciller de hierro», tenía ocasión de poner en marcha su formidable máquina militar. El motivo lo dio el rey Cristian IX, que había subido al trono de Dinamarca en 1863 y deseaba extender la Constitución danesa al territorio de Sleswig, que si bien era alemán dependía de Dinamarca desde el Congreso de Viena. Los alemanes de los ducados de Sleswig y Holstein, que suspiraban por incorporarse a la Confederación germánica, mostraron su disgusto.

Bismarck se erigió en defensor de sus compatriotas y declaró la guerra a Dinamarca. Austria quiso compartir también el honor de rescatar tierras irredentas y se unió a la empresa.

El pequeño Ejército danés no pudo resistir el empuje de los ejércitos prusiano y austríaco, que en breves días ocuparon la totalidad de la península de Jutlandia e impusieron la Paz de Viena de 1864. Por ella, Dinamarca renunciaba a los territorios objeto de disputa, cediendo el Sleswig a Prusia y el Holstein a Austria.

Bismarck, con clara visión política, dióse cuenta de que el único obstáculo serio para lograr la unidad alemana lo constituía Austria, y por ello determinó eliminarla de la Confederación germánica empleando constantes provocaciones y exigencias.

No contento con ello, estimuló a los patriotas italianos a levantarse en armas contra Austria, prometiéndoles su ayuda y la cesión de Venecia. Alióse con el emperador francés Napoleón III y aguardó los acontecimientos, mientras el jefe del Estado Mayor del Ejército prusiano, Helmut von Moltke, trazaba los planes para la invasión y conquista de Austria.

Los austríacos, alarmados, concentraron sus tropas en las fronteras de Bohemia y ello sirvió de pretexto a Bismarck para conseguir del rey Guillermo la aprobación a sus planes. La mayor parte de los Estados de la Confederación germánica (Baviera, Würtemberg, Badén, Sajonia, Hannover, Hesse, Cassel y Frankfort), temerosos del imperialismo prusiano se aliaron con Austria; los Estados del Norte se vieron forzados a luchar al lado de Prusia.

Los prusianos pusieron su Ejército en movimiento y ocuparon Sajonia con extraordinaria celeridad (del 16 al 20 de junio de 1866), luego invadieron Bohemia y derrotaron por completo al grueso del Ejército austríaco en la batalla de Sadowa (3 de julio de 1866), lo que constituyó un triunfo decisivo para Prusia.

Por el Tratado de Praga, Austria no perdió ninguna parte de su territorio, pero fue obligada a abandonar la Confederación germánica y de este modo Prusia quedó con las manos libres para transformar completamente a Alemania, cuyo territorio se extendía desde el Vístula al Rin.

CRONOLOGÍA  HISTORIA DE ALEMANIA

1871- 18 de enero   Guillermo I de Prusia es proclamado kaiser del Segundo Reich alemán.
Otto von Bismarck se conviene en el líder político de la nueva potencia europea.

1888 Guillermo II accede al trono e inicia una política de expansión colonial en África y el Pacífico.

 1911-1913 Crisis balcánicas. Alemania consolida su alianza con Austria.

 1914 Julio Inicio de la primera guerra mundial. Todos los partidos alemanes se unen en la defensa nacional.

 1918
Octubre Alemania pide el armisticio a los Estados Unidos. Movimientos revolucionarios en diversas  ciudades alemanas
9 de noviembre
Abdicación de Guillermo II y proclamación de la república.

 1919
Enero Revolución espartaquista.
Febrero Se reúne en Weimar la Asamblea Nacional que proclamará ía constitución de la república.
28 de junio Firma del Tratado de Versalles, Alemania pierde la Alsacia, la Lorena, Poznan, Prusia occidental  y otros territorios; además renuncia a la posesión de sus colonias y cede la cuenca del Sarre a la administración de la Sociedad de Naciones.

 1923-1925 Ocupación de la cuenca del Ruhr por Francia y Bélgica.

1926 Ingreso en la Sociedad de Naciones.

1933 Adolf Hitler instaura el Tercer Reich e inicia una política exterior destinada a recuperar el «espacio vital».

1938 13 de marzo Anschluss, anexiónde Austria.

1939
15-16
de marzo Ocupación de Checoslovaquia
1° de septiembre  Ataque a Polonia. Comienza la segunda guerra mundial.

1945  4-8 de mayo Rendición incondicional de las fuerzas alemanas. Alemania queda dividida en cuatro sectores,
ocupados por las fuerzas estadounidenses, británicas, francesas y soviéticas Julio-agosto   Conferencia de Postdam. Se confirma la división de Alemania en cuatro zonas y se fijan las  fronteras del país entre el Rhin y el Oder-Neisse

1949:
23 de mayo 
Promulgación de la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania (RFA) en La zona ocupada por los EUA, Reino Unido y Francia.
Octubre  Proclamación de la República Democrática Alemana (RDA) en la zona soviética.

1952 Derogación del estatuto de ocupación de la RFA.

1957 El Sarre se reincorpora a la RFA.

1958-1961 Construcción del muro de Berlín.

1972 Las dos Alemanias firman un tratado de reconocimiento mutuo.

1973 La RDA y la RFA ingresan en las Naciones Unidas.

1974  La RDA y la RFA se intercambian embajadores.

Estados Unidos democratas y republicanos Guerra Civil Partidos

Para el siglo XIX, Gran Bretaña y Francia eran potencias industriales, sin embargo se suma para la segunda mitad del mismo siglo una nueva: Estados Unidos. Ello se debió a que tuvo un rápido  crecimiento económico, una impresionante expansión territorial (favorecida por los ferrocarriles), una excelente dotación de recursos y un vertiginoso crecimiento de la población. Todo luego del triunfo de los Estados del Norte en la guerra civil.

Tras la declaración de la independencia en 1776, se podría afirmar que en el plano político, el régimen republicano se había reafirmado. Y antes que en otras partes del mundo, se estableció el voto ampliado a todos los varones adultos, más precisamente hacia 1830.

El Partido Republicano, era el defensor de los intereses de la gran burguesía industrial, quien se consolidó a nivel nacional en 1865, tras la victoria de los Estados norteños en la guerra civil. Por ende, el partido Demócrata quedó en un segundo lugar, este último apoyado por los terratenientes sureños principalmente.

No obstante, si tenemos que caracterizar al siglo XIX en el plano económico-social, podría argumentarse que fue un período de profundas desigualdades sociales, situación similar al de toda Europa. Tal es así que los trabajadores agrícolas y los obreros industriales mediante un fuerte movimiento comenzaron a reclamar lo que para ellos era justo: mejoras económicas y cambios en el sistema político.

Por ejemplo, notaban el desarrollo excesivo de los monopolios, el incremento de la desocupación, la inestabilidad en sus trabajos y los indignos salarios percibidos. Es así como las propuestas del socialismo fueron compartidas por un importante sector de la clase obrera industrial.

Por el contrario, el partido populista es adoptado por los trabajadores rurales. Cabe aclarar que si compartían similitudes ambos partidos, y estas hacían hincapié en las denuncias hacia el Estado norteamericano, que según ellos eran conducidos por unos pocos, por ejemplo los “más ricos”. Además alegaban que los republicanos y los demócratas, a través de complejos mecanismos electorales, frenaban una verdadera participación política de carácter democrático. En pocas palabras, ambos criticaban al sistema político y social norteamericano.

LA REAFIRMACIÓN DE LA DEMOCRACIA LIBERAL: LA ERA PROGRESISTA

Quienes realizaron una importante reforma liberal hacia fines del siglo XIX, fueron los republicanos.  Quines durante las elecciones presidenciales de 1868 a 1913, resultaron victoriosos. Sin embargo, esta reforma fue consecuencia de las crecientes demandas sociales y políticas de esa época.

Lo más curioso, es que en Estados Unidos, el movimiento de reforma fue diferente y con otra intensidad que la ocurrida en Europa, debido fundamentalmente a que la amenaza revolucionaria de los obreros socialistas no fue tan colosal como en aquel continente.

Entre 1901 y 1917, se da la conocida era progresista, caracterizada sobre todo por los cambios que fueron llevados a cabo. Estableciéndose para los senadores, su elección directa; el voto secreto y dentro de los partidos, las elecciones internas de precandidatos. Por lo que estos debían presentar a sus electores con anticipación un programa de gobierno definido y además organizar congresos.

Sin embargo, la elección directa de los senadores fue la reforma más conflictiva, ya que antes esta se realizaba en forma indirecta por parte de las legislaturas de los Estados. Los sectores más conservadores de la alta burguesía republicana y demócrata, se opusieron rotundamente a esta medida, favorecidos por su alta representación en el senado. Quienes no formaron un partido propio fueron los conservadores, por lo que su existencia estuvo dentro de dos partidos mayoritarios, y su unión al parlamento cuando sentían amenazados sus intereses.

No obstante, quienes no habían logrado obtener avances en sus derechos civiles hasta principios del siglo XX, fueron las mujeres y los negros. En cuanto a las primeras, recién en 1920 consiguieron el derecho al voto resultado de sus esfuerzos en las luchas a nivel nacional.

En cambio, la comunidad negra continuó generalmente relegada de la sociedad norteamericana; a pesar de que se realizaron algunas reformas constitucionales que buscaron mejorar su situación política y social también. Tal es así, que en Estados Unidos del Siglo XX se continuó con los problemas raciales, a los cuales en la actualidad se le suman los problemas de integración con los inmigrantes latinos.

Francia del imperio a la tercera republica Resumen Imperialismo

Francia del imperio a la tercera república
Resumen Imperialismo

En Europa occidental, las revoluciones de 1848 dieron vida a las monarquías constitucionales con sufragio censatario.  Pero Francia fue la excepción, ya que en 1851, Napoleón III (sobrino del héroe revolucionario) lleva a cabo un golpe de Estado que finalizó en el derribe de la Segunda República. Pese a ello, un año después proclamó las bases de un nuevo régimen político: el imperio, a través de la convocatoria a un plebiscito. Este régimen político republicano se organizó con un poder ejecutivo encabezado por un príncipe-presidente y una Asamblea Nacional que desempeñaba funciones constituyentes y legislativas.

El anterior gobierno, es decir la Segunda República no había asegurado un profundo desarrollo económico y obtenido un orden social y político, por lo que esta convocatoria a elecciones recibe el apoyo social de importantes sectores de la alta burguesía que deseaban lograr esto. Sin embargo, contaron también con el apoyo de importantes sectores campesinos, que temían para aquel entonces que los grandes cambios pudieran poner en riesgo sus pequeñas propiedades. El partido legitimista monárquico, que representaba a los sectores católicos y conservadores; y la aristocracia terrateniente fueron quienes lo apoyaron en el plano político.

Las medidas políticas y económicas notoriamente autoritarias fueron las llevadas a cabo por el gobierno de Napoleón III, en el período de 1852 y 1858. Esto se manifestaba normalmente a partir de las denuncias de fraude y corrupción vivenciadas. Tal es así, que la administración del Estado dependía fuertemente del gobierno central, aunque cabe aclarar que no fue suprimido el parlamento. Y en cuanto a las libertades públicas, ya sea la oposición, los periódicos, las asociaciones profesionales, se podría decir que fueron firmemente limitadas.

No obstante, Napoleón III debió realizar importantes modificaciones políticas y sociales, porque comenzó a recibir fuertes presiones sociales y políticas provenientes de la pequeña burguesía y del movimiento obrero. Así y de acorde a la tendencia general de Europa, el gobierno fortalece al parlamentarismo a través de la introducción de reformas de corte liberal. Para evitar el fraude, se estableció un mayor control de la oposición en los mecanismos electorales, y además en este contexto se reconoció la libertad de prensa y de reunión.

Lo que aumentaba era el descontento de los diferentes sectores sociales, a pesar de las reformas liberales. Ya que no se sintieron conformes con los cambios los obreros y la pequeña burguesía. Además, hubo quienes en la primera etapa del imperio habían dado su apoyo y ahora consideraban a las reformas liberales llevadas a cabo como una traición a sus principios; ellos fueron los monárquicos y católicos. Tal es así, que las garantías sociales de los primeros años del gobierno, ya no eran las mismas, cuestión que afirmaban los campesinos.

El debilitamiento definitivo del imperio de Napoleón III se llevó a cabo con un levantamiento popular en 1871, tras la derrota francesa en la guerra contra Prusia, más precisamente en la batalla de Sedán.  El resultado de ello fue la Comuna de París, es decir el nuevo gobierno instaurado a tal efecto, y el emperador francés tomado prisionero.

El Desastre de Sedán: El 27 de octubre el Ejército alemán ocupó la plaza de Metz haciendo prisioneros a 173.000 hombres y capturando una enorme cantidad de material bélico. Los alemanes concentraron el grueso de su ejército alrededor de París, que hubo de rendirse después de sufrir un terrible sitio con toda clase de privaciones (28 de enero de 1871).

Francia tuvo que someterse a las condiciones de paz dictadas por Bismarck, cediendo la Alsacia-Lorena y comprometiéndose a pagar como indemnización de guerra la fabulosa cantidad de cinco mil millones de francos. En garantía del pago debían ser ocupadas por las tropas alemanas algunas regiones francesas.

El propio Bismarck reconoció la dureza del tratado firmado en Versalles, al exclamar: «Dentro de cincuenta años esto dará ocasión a otra guerra con Francia» (febrero-mayo de 1871).

La Comuna de París según la ilustración de una publicación española. La imagen presenta de manera elocuente el carácter violento que tuvo el movimiento. También muestra el papel importante que tuvieron las mujeres en la insurrección. Una de esas mujeres, Louise Michel —miembro de la Comuna y de la AIT— dejó su testimonio desde la prisión de Satory, tras la derrota de la revolución: “Los días pasaron. La Comuna había muerto hacía tiempo. (.)Es imposible imaginar nada más horrible que las noches de Satory.

Bajo la lluvia intensa aparecían de tanto en tanto, a la luz de una linterna que se elevaba, los cuerpos acostados en el barro. Se oía el ruidito seco de los fusiles, se veían los fogonazos y las balas se desgranaban en el montón, mataban al azar. Otras veces se llamaba por nombres, algunos hombres se levantaban, llevando sobre la espalda la pala y la pica para cavar sus propias fosas. El cortejo fúnebre pasaba, se oían las detonaciones, se había terminado por esa noche.”

La insurrección de la Comuna de París

En marzo de 1871, la población obrera de la ciudad protagoniza una acción revolucionaria conocido como la Comuna de París.  Hecho que se desata tras la conclusión de la guerra entre Francia y Prusia, dos meses antes. Puntualmente fue el vacío de poder que dejo esta derrota francesa, lo que aprovechan las organizaciones obreras y los sectores de la pequeña burguesía, para tomar el control de la capital en base a las armas.

Las ideas socialistas y democráticas sirvieron como inspiración para la aplicación de este programa revolucionario. Por ejemplo: la elección de un gobierno a través del sufragio universal, el derecho de los electores a remover inmediatamente de su cargo a cualquier funcionario del gobierno comunitario, el sueldo de un funcionario que sea equivalente al de un obrero, separación de la Iglesia y el Estado. Además se nacionalizó los bienes eclesiásticos, se suprimió el ejército permanente y la formación de una milicia popular, fijación de precios máximos para los alimentos, y la creación de cooperativas de trabajo.

Los comuneros fueron derrotados, tras dos meses de gobierno consecuencia del acoso padecido por dificultades financieras y por el cerco que estableció sobre París las tropas del jefe de la República Francesa, Adolphe Thiers. Reprimiendo estas de manera violenta a quienes se resistieran.

al es así que se arrestaron a 25.000 personas en la llamada semana “sangrienta”, aunque muchas de ellas fueron deportadas a las cárceles de las colonias francesas y otras murieron fusiladas. «Ahora el socialismo se ha acabado por mucho tiempo”, afirmó Thiers luego de su triunfo.

Thiers Jefe de la República Francesa

La rebelión de los obreros parisinos se convirtió en un símbolo para el movimiento obrero europeo, aunque estos fracasaron al quedar aislados del resto del país. Así las bases de la sociedad capitalista parecían cambiarse por primera vez impulsados por un movimiento revolucionario socialista. Se abre un período posteriormente a la Comuna de París que lleva a la consolidación definitiva de la Tercera República liberal de Francia.

En ella se sancionaron diversas leyes que fortalecieron el sistema, mediante la representación de la alta y mediana burguesía. Finalmente, el régimen parlamentario de Francia queda asegurado en 1875, tras la promulgación de una nueva Constitución y el sufragio universal.

Ampliación del tema:
LA TERCERA REPÚBLICA FRANCESA. El desastre de Sedán y la caída de Napoleón coincidieron aproximadamente con la derrota y la revolución. Los socialistas y anarquistas de la Primera Internacional proclamaron La Commune en 1871. El populacho, instigado por agitadores revolucionarios internacionales, constituyó un Gobierno independiente y cometió todo género de desmanes (incendios de edificios públicos, saqueos, asesinatos, etcétera), hasta que el legítimo Gobierno de Versalles- pudo reprimir la rebelión.

Thiers, nombrado presidente de la República, se dedicó con incansable tenacidad a la reconstrucción del país; en primer lugar atendió al pago de la indemnización de guerra, por medio de dos empréstitos suscritos en pocas horas, consiguiendo de este modo que las tropas alemanas evacuaran el suelo francés en 1873.

Organizó el Ejército a base del sistema de servicio obligatorio y consiguió de la Asamblea los créditos necesarios para convertirlo en el más potente de Europa. Una sola idea anidaba en el corazón de los franceses: recuperar Alsacia y Lorena.

Si bien al principio se produjo una explicable reacción monárquica y conservadora, las elecciones de 1884 dieron el triunfo a los republicanos de carácter demócrata y liberal. A partir de 1879 se inició una política marcadamente anticlerical. Por consejo del papa León XIII, los católicos acataron el régimen republicano, y aunque hubo roces y escándalos como el del Canal de Panamá y el asunto Dreyfus, la República se consolidó y Francia prosperó.

La condena de este oficial judío acusado de espionaje motivó el célebre Yo acuso, de Zola, la revisión del proceso y su final proclamación de inocencia, que fueron aprovechados por los extremistas para atacar al Ejército francés y desprestigiar a los conservadores. Y con él termina el siglo, pues, propiamente, el caso Dreyfus tuvo su mayor virulencia en 1901.

Nacionalismo y el Derecho de Autodeterminacion Concepto

Nacionalismo y el Derecho de Autodeterminación de los Pueblos

ANTECEDENTES: El siglo XIX  que este es un siglo de lo más dinámico, nacen conceptos socio-politicos nuevos como capitalismo, colonialismo, imperialismo, etc.Por ejemplo si no remitimos a Europa y recordamos la caída de Napoleón Bonaparte en 1815, los reyes absolutistas de Austria, Rusia e Inglaterra reunidos en el Congreso de Viena,  formaron la famosa Santa Alianza?. Alianza que al principio funcionó, por ejemplo, en 1820, cuando una rebelión liberal estalla en España, la Santa Alianza manda tropas para ayudar al rey Fernando VII.  Pero la unidad de la Santa Alianza no va a durar mucho.

Cuando Fernando VII les pide a las grandes potencias ayuda para recuperar sus colonias en América, Inglaterra dice que no. ¿Por qué?, porque Inglaterra tiene muy buenos negocios con los nuevos países americanos, ¡y no tiene la más mínima intención de perderlos por España!.

Ese es el primer paso para que la Santa Alianza empiece a derrumbarse. Pero no es el único: en varios países un movimiento cultural, el romanticismo, despierta en los corazones fuertes sentimientos nacionalistas.

Así, algunos pueblos sometidos se levantan contra sus opresores: los polacos se rebelan contra los rusos, los griegos contra los turcos, los belgas se independizan de Holanda, e italianos y alemanes buscan desembarazarse del poder austríaco. Y, por supuesto, las ideas liberales de la Revolución Francesa siguen vivas: en varios países se forman logias y sociedades secretas dispuestas a combatir a la Santa Alianza.

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CONCEPTO 1: Por autodeterminación se entiende el principio jurídico político que da derecho a los pueblos a expresarse en forma independiente. El principio de autodeterminación de los pueblos respalda a la comunidad política en el derecho que tiene de elegir a sus gobernantes , en el marco institucional en que estos deberán desenvolverse y en todos los atributos propios de la soberanía.

El principio de autodeterminación de los pueblos ha adquirido vigencia en nuestra época, primero a través de la Sociedad de Naciones y luego en el seno de las Naciones Unidas. Esta idea de Autodeterminación empezó a tomar forma con el origen de las nacionalidades en el continente europeo, y cobró fuerza con la Declaración de a independencia del Pueblo Norteamericano y la Revolución Francesa. El concepto de autodeterminación de los pueblos ha sido enarbolado en todos los reclamos de autonomía y en las reivindicaciones snticoloniales de los últimos tiempos.

CONCEPTO 2:  nacionalismo. Creencia que los Estados deben organizarse sobre la base de la nacionalidad, que suele reflejar un sentimiento grupal derivado de características comunes como el idioma, tradicionses, religion,  la cultura, y una tendencia a subrayar las diferencias entre las unidades nacionales. El nacionalismo moderno se arraigó en los siglos XVIII y XIX y estuvo muy influido por la Revolución Francesa de 1789, las conquistas de Napoleón I (1769-1821) y los movimientos revolucionarios nacionalistas de principios del siglo XIX. Era la antítesis del concepto de un imperio universal, vestigio del anterior Imperio Romano, predominante en la Edad Media y reflejado tanto en el Sacro Romano Imperio como en la Iglesia Católica.

origen del nacionalismo

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NACIONALISMO: En la segunda mitad del siglo XIX surge una novedad en el ámbito político: el nacionalismo, producto este de la democratización política vivenciada en esos tiempos.

No obstante, es en Gran Bretaña y Francia entre los siglos XV y XVIII, donde puntualmente se desarrolla un proceso de construcción de Estados centralizados y modernos de toda Europa occidental.

Estos se manifestaban representantes de naciones, es decir, del conjunto mayoritario de sus habitantes que compartían una misma nacionalidad.

La cual era definida por los sentimientos de pertenencia que compartían los habitantes de un mismo territorio, esta manifestación fue durante la primera mitad del siglo XIX. El compartir la lengua, la religión, la tradición y las costumbres, hicieron surgir estos sentimientos unánimes.

Se puede afirmar, que en la formación de estados nacionales fue importantísima la difusión del nacionalismo, esta corriente de pensamiento creada por intelectuales, ya sea filósofos políticos como artistas.  El pensamiento y el sentimiento nacionalistas sirvieron para unificar culturas y sociedades dentro de un estado nacional.  Esta ideología también funcionó como un principio de acción política para las relaciones internacionales.

Posteriormente, y de igual manera que esta construcción de estados centralizados y modernos de Europa occidental, en la segunda mitad del siglo XIX se evidenció en Alemania e Italia. Considerándose estos nuevos estados en las representantes de las naciones alemana e italiana.

Los grupos de habitantes que no se sentían representados y a su vez representada su nacionalidad por los Estados centralizados, vieron plasmados su aliento al reclamo mediante el desarrollo de la política de democratización. No obstante, quienes organizaban partidos políticos, eran también estos grupos que exigían el derecho a formar un estado independiente, es decir el denominado derecho de autodeterminación.

Fue en las regiones de Europa cuyos habitantes habían formado parte de los imperios, como el alemán y el otomano, en donde se hicieron estos reclamos de una manera más intensa.

Sin embargo, los conflictos se multiplicaron ya que no había resultado de manera satisfactoria, la división de esos imperios en  nuevos Estados.

Este derecho de autodeterminación mencionado anteriormente, fue reivindicado por todos. Francia, Inglaterra y España eran estados que se habían centralizado inicialmente, y ellos tampoco quedaron afuera de los reclamos nacionalistas. Así, estimuladas por la posibilidad de lograr sus objetivos a través de  elecciones, las poblaciones regionales emprendieron movilizaciones con caracteres políticos.

Ver: Unificación Italiana

Ver: Unificación de Alemania

EL IMPERIO OTOMANO:

El imperio otomano y los reclamos nacionalistas en la región de los Balcanes. A partir de 1875 se produjeron rebeliones nacionalistas por parte de los Serbios, Bosnios  y Búlgaros, contra el dominio turco. Como consecuencias de estos movimientos se desmembró el Imperio Otomano y se formaron nuevos estados como Rumania (1881) , Serbia (1882) y Bulgaria en 1908.

Decadencia del Imperio Turco: El principal problema de este antiguo Imperio es que se quedó en el tiempo. Mientras otros países de Europa tenían sistemas de gobiernos modernos y buscan abrirse culturalmente a las nuevas ideas que recorren el mundo del siglo XIX, los turcos se aferraban a sus viejas tradiciones políticas, culturales y religiosas. ¡Ellos no querian saber nada con esto de los cambios! ….»¿Para qué servirían si así estamos bien?», se preguntan.

Ellos se dan cuenta de que la única razón por la cual el Imperio todavía no se derrumbó es el poderoso ejército turco, al que temen todos los europeos.

En 1876, Midhat Pacha, representante de uno de estos grupos -llamado «Los Jóvenes Turcos»- consigue que el sultán dicte una constitución y se forme un Parlamento. Claro que, los miembros del Parlamento son apodados «Sí, señor» porque hacen todo lo que el sultán les dice.

En menos de unos meses, el sultán se harta de Midhat Pacha y lo hace asesinar. Turquía vuelve así a los gobiernos despóticos y sin límites de los anticuados sultanes. Claro, a principios del siglo XIX, el Imperio Turco comprende Asia Menor, Siria, Líbano, Palestina, Mesopotamia hasta el Golfo Pérsico, la Península Arábiga, la costa del Mar Rojo, Túnez, Egipto, Bulgaria Albania, Macedonia, Bosnia Herzegovina, Grecia, Serbia, Montenegro y Rumania.

A fines del siglo XIX, el Imperio habrá perdido la gran mayoría de esos territorios.

LOS BALCANES: Se trata de la península en la que están ubicados varios países: grecia, Albania, Montenegro, Serbia, Bosnia Herzegovina, 3ulgaria, Rumania y Hungría. Durante muchos pero muchos años esos países estuvieron sometidos al poder del Imperio Turco y del Imperio Austro-Húngaro.

Pero en el siglo XIX la situación va a empezar a cambiar. Los primeros en sublevarse contra el poder turco son los servios, en 1806. Después de terribles y sangrientas batallas, los turcos no tienen más remedio que, en 1815, darle cierta autonomía a Serbia.

En 1821, Albania sigue el ejemplo servio y se rebela, y le pide ayuda a Grecia, que está en poder de los turcos desde 1492. Los griegos están hartos del dominio otoano y se levantan en armas.

La lucha es tremenda, con matanzas despiadadas como la de Quíos, en 1822. Pero los griegos reciben la ayuda de Francia, Inglaterra y Rusia, estados a los que le conviene que el Imperio Turco se debilite. Con ese apoyo, Grecia logra su independencia en 1829.

Y, tras la Guerra de Crimea, Serbia y Rumania se aseguran su autonomía. Pero todavía hay muchos pueblos sometidos en esa región tumultuosa, pueblos que están llenos de ideas nacionalistas y que quieren su libertad, sea como sea.

Y también hay muchas grandes potencias que quieren apoderarse de los Balcanes, un lugar estratégico como pocos. Por eso, a fines del siglo XIX, los Balcanes son como una enorme bomba de tiempo activada.

Francia y el Absolutismo de Luis XIV:EL estado soy yo Poder de Rey

Francia y El Absolutismo, Luis XIV: El Estado Soy Yo 

rey de francia luis xivEL ABSOLUTISMO EN EUROPA: Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real iniciado desde finales de la Baja Edad Media.

Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo. (Ampliar: Gobierno Absolutista)

El reinado de Luis XIV
Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV.

Mazarino y La Fronda
El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. Poco después de que finalizara, los nobles amotinados del sur se rebelaron y, antes de que la revolución fuera aplastada, una guerra civil arrasó de nuevo diversas zonas de Francia. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

El absolutismo de Luis XIV A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente.

Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía de orden interno que le ofrecía el gobierno, el fomento activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

Luis XIV y la Iglesia El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo, que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

Mecenazgo de las artes El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue —y sigue siendo— incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia.

Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un surintendant (supervisor) de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de las Ciencias.

Regulación de la economía El ministro de Finanzas, Jean-Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.(ver Mercantilismo)

La persecución de los hugonotes Antes de finalizar su reinado, los gastos de las guerras habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes.

Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

Las guerras de Luis XIV Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y bien equipados.

En 1667, el monarca empleó este ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones estratégicas y económicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nimega (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades fortificadas en el sur de los Países Bajos.

En 1689, una alianza de poderes europeos, la Liga de Augsburgo, entró en guerra con Luis XIV para poner fin a su política de anexionar territorios adyacentes a ciudades conseguidas en tratados anteriores. Los ocho años de guerra terminaron con la Paz de Ryswick, acuerdo en el que ambas partes renunciaron a sus conquistas, aunque Francia retuvo la ciudad de Estrasburgo en Alsacia.

Los combatientes habían resuelto solucionar sus diferencias debido a que una nueva crisis internacional asomaba en el horizonte. Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo. Un mes antes de su muerte, nombró para sucederlo al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Aunque Luis había defendido anteriormente la división de la herencia de la monarquía española, decidió apoyar la candidatura de su nieto a todo el territorio. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron en una coalición para evitarlo. La guerra de Sucesión española duró trece agotadores años. Al final, Luis consiguió su principal objetivo y su nieto se convirtió en rey de España con el nombre de Felipe V.

El fin del reinado de Luis XIV La guerra, junto al frío invierno de 1709 y a una escasa cosecha, provocó en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas políticas y fiscales. Una epidemia de viruela que tuvo lugar entre 1711 y 1712 acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando un único superviviente por línea directa, el biznieto de Luis, que tenía 5 años de edad. Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

BALANCE DE UN REINADO

La edad (77 años) que había alcanzado Luis XIV no había podido hacerle cambiar el ritmo de su vida: continuaba siendo un gran cazador y trabajaba a sus horas habituales. Sin embargo, en agosto de 1715, manchas negras, reveladoras de la gangrena, aparecieron en su pierna izquierda. La muerte no podía asustarle, y el último acto de este gran actor de teatro estuvo lleno de dignidad y de grandeza, como lo había estado su vida.

Habiendo recibido a su sobrino y futuro regente, el duque de Orleans, pronunció estas palabras: «Vais a ver a un rey en la tumba y a otro en la cuna. Acordaos siempre de la memoria de uno y de los intereses del otro». Después se dirigió al pequeño delfín: «Me ha gustado demasiado la guerra; no me imitéis en esto, y tampoco en los grandes gastos que he hecho». Murió el 1 de septiembre de 1715, a las ocho de la mañana.

Luis XIV fue la encarnación magnífica de la realeza que permitió a Francia alcanzar la cumbre de su poderío, de su esplendor, de su expansión. El balance de su reinado incomparable, aparece menos brillante que su fachada suntuosa cuando se le examina con frialdad: rencor tenaz de los países asolados, bancarrota financiera, apuros económicos, persecución de los protestantes y de los jansenistas, fundamentos de la monarquía quebrantados. Todo esto forma un pasivo aplastante.

Sin embargo, el monarca, adorado en 1661, odiado en 1715, reforzó las fronteras, libró al país de las guerras civiles, sometió a la nobleza revoltosa, y de una nación aún tosca, hizo el modelo del Occidente civilizado. Absorbiendo a sus súbditos como el Estado le había absorbido a él, Luis fue un precursor de los jefes totalitarios modernos: cambió de arriba abajo su reino, y su invencible necesidad de unidad lo llevó muchas veces a sacrificar la tradición realista a los sueños desmesurados.

Aunque no supo ganar los corazones, sus citará siempre admiración, pues durante más de medio siglo se impuso, sin un des fallecimiento, a los ojos del mundo entero con la grandeza de un semidiós, mereciendo el homenaje de su enemigo Saint-Simón: «Esto es lo que se llama vivir y reinar». Pero en Saint Denis, ante el catafalco real y toda la corte, el predicador Massíllon comenzó su oración fúnebre recordando: «Sólo Dios es grande, hermanos míos…»

Ver: El Absolutismo Monárquico