La Unificación Europea

Biografia y Gobierno de Victor Manuel II de Italia

Biografia y Gobierno de Victor Manuel II de Italia

Víctor Manuel II (1820-1878), rey de Cerdeña (1849-1861) y rey de Italia (1861-1878), nacido el 14 de marzo de 1820 en Turín, único hijo de Carlos Alberto II y María Teresa de Toscana. Fue educado en las rigurosas ideas absolutistas de su padre.

Era de corta estatura, fornido, con aspecto de atleta o de cazador, lo que correspondía a una realidad.

Sin embargo, bajo aquella apariencia ingrata resplandecía una inteligencia clarísima, una voluntad de hierro, una gran nobleza de corazón y una capacidad innegable para el conocimiento de los hombres; luego, para la elección de ministros y ayudantes.

Ya desde los primeros días de su existencia, la vida de Víctor Manuel fue inquieta, agitada.

Es el auténtico forjador de la unidad italiana, constructor de la nueva nacionalidad. Fue proclamado rey en el año 1861.

Los estados centrales italiano lo aceptaron como rey y luego que el héroe nacional Garibaldi acabe con las Dos Sicilias, Victor Manuel tomo el control político de casi toda Italia con excepción de Venecia y los Estados Pontificios.

En su gobierno tuvo como primer ministro a Camilo Benso Cavour, y realizó importantes logros como mejorar la economía estatal, organizó el ejército y apoyó el comercio y la industria.

Cuando los austríacos intentaron atacar Piamonte, logro rechazarlos y mas tarde se anexó Lombardía a su reino.

En 1870 Roma fue anexionada y se convirtió en la capital de Italia.

Murió el 9 de enero de 1878 en Roma.

Biografia y Gobierno de Victor Manuel II de Italia

Veamos la historia de Italia y su protagonismo político

Antecedentes de la Época Italiana: La unidad política de la península italiana, que había costado a los cónsules romanos siglos de guerras contra todas las tribus y nacionalidades circundantes, se perdió cuando, a la caída del Imperio romano, las hordas de ostrogodos y germanos invadieron Italia.

A partir de aquel ocaso, y pese al influjo del Imperio romano de Oriente, con capital en Constantinopla y base italiana en Ravena, fue imposible coligar lo que, disperso originalmente, había vuelto a su incoherencia anterior.

Los italianos, durante los siglos de la llamada «Edad de las Tinieblas»
— siglos V al X de J.C. —, no tuvieron tiempo para pensar en cosas de esta índole, pues la dureza de los tiempos les obligaba a una defensa de su existencia, realizada día a día.

Más tarde las Cruzadas , así como las guerras mediterráneas contra el Islam, sostenidas por españoles, italianos y balcánicos, despertaron cierta nostalgia de la unidad.

Del siglo XIII al XVI, España, Francia e Inglaterra consiguen estructurar sus formas políticas en Estados nacionales.

En cambio, Italia persistía en el anárquico sistema de raigambre feudal. De un lado, la Iglesia, con su poder temporal y su organización en todo idéntica a la de los magnates seglares.

De otro, la nobleza: los duques, marqueses, condes y señores de los territorios prósperos y bellos de Italia, siempre en guerra cruel, en la que alternaban el uso de las armas en el campo de batalla con las guerrillas, las deslealtades y traiciones, el empleo del crimen y del soborno.

Más por ambición personal que por sentimiento patriótico, algunos de aquellos nobles italianos de principios de la Edad Moderna o del Renacimiento se obstinaron en unas guerras sin tregua, con el anhelo de anexionarse más y más territorios.

Los enlaces matrimoniales servían también a este propósito; el veneno y el puñal actuaban en la sombra. Era la Italia de los Medicis y de los Borgias; la Italia fecunda y maravillosa en descubrimientos.

Los siglos XVI al XIX vieron una cofusión aún mayor; progresivamente se fue apagando incluso la llama de vigor artístico y cultural que hizo de Italia, en la transición de la Edad Media a la Moderna, el espejo de Occidente.

La llamarada de la Revolución francesa, en el año 1789, nos hace ver a Italia todavía en forma de mosaico compuesto por el reino de Cerdeña, el principado de Monaco, la República de Genova, los ducados austríacos de Milán y Mantua, los ducados borbónicos de Parma y Plasencia, el ducado de Módena; la República de Venecia, el gran ducado de Toscana, la República de Luca, les Estados Pontificios (Roma), bajo el papa Pío VI; la República de San Marino, y Napoles y Sicilia, bajo la férula de Fernando IV, hermano del rey de España.

A partir de este momento un anhelo unitario latiera en las almas de los mejores de todas las clases sociales del país, fue además, la epopeya napoleónica (e incluso el hecho de la italianidad de Napoleón) la que despierta las conciencias dormidas.

Era tal vez posible la regeneración de Italia, ya que había podido producir un hombre de tal temple.

A pesar de ello, habían de transcurrir aún más de setenta años hasta que la soñada unidad se consiguiera.

Vencido Napoleón, y en virtud del tratado de Viena, las regiones italianas fueron de nuevo entregadas a sus antiguos gobernantes.

Los treinta años siguientes presenciaron aisladas tentativas para conseguir lo que Napoleón había hecho conocer fugazmente: los ideales de patria y libertad.

En 1831 el príncipe Luis Napoleón (más tarde coronado en Francia con el nombre de Napoleón III) ayudó a diversas tentativas de liberación en las provincias italianas.

En cambio, las represiones del Gobierno austríaco eran cada vez más duras, atrayéndole por ello el odio de los patriotas y liberales italianos.

En 1832, José Mazzini fundó la sociedad secreta de la «Joven Italia», en la cual la acción de los artistas e intelectuales, de tono romántico y civil, ayudó a extender la eficacia y prestigio de las ideas de liberación y de unidad.

El joven duque de Saboya

Este es el momento en que entra en escena Víctor Manuel II (1820-1878).

En 1821 estallan disturbios en el Piamonte, y los príncipes de Carignano se ven precisados a refugiarse en Toscana.

El pequeño Víctor Manuel apenas cuenta un año, y no ha transcurrido otro todavía cuando por una imprudencia de su nodriza, se prende fuego a la mosquitera de su cuna y falta poco para que el futuro primer rey de Italia perezca allí abrasado.

El sacrificio de la propia nodriza le salva; corre, sin embargo, la leyenda de que el principito ha muerto, siendo substituido por el hijo de unos campesinos.

Por la misma época, en el Congreso de Verona se hablaba ya de derribar a Carlos Alberto del trono de Cerdeña para otorgar este reino al pequeño Víctor Manuel, casi en pañales.

En 1824 regresan los príncipes Carlos Alberto y María Teresa al Piamonte.

Tienen ahora dos hijos: Víctor Manuel y Fernando, a cuya educación principesca van a dedicar sus mayores desvelos.

Víctor Manuel no parecía, sin embargo, muy inclinado a las disciplinas literarias o científicas, y su preceptor dilecto (Saluzzo) fue que hizo de él, ante todo, un atleta, un buen espadachín, un magnífico jinete.

Cuando, en 1831, Víctor Manuel alcanza su mayoría de edad y recibe el título de duque de Saboya, despide a los preceptores, se entrega con ardor a las prácticas de la instrucción militar y pasa a estar bajo la directa, estrecha y dura vigilancia de su padre.

Encuentro de Victor Manuel II y Garibaldi
Encuentro de Victor Manuel II y Garibaldi

En sus aficiones ocupan todavía —y siempre— preferente lugar las alegres cabalgatas, las cacerías, las arriesgadas ascensiones alpinas… y las no menos arriesgadas aventuras amorosas.

Osado, temperamental, en ocasiones violento, este joven duque de Saboya es un alud, un torbellino.

En el año 1842 le casan con una princesita suave y bondadosa, María Adelaida, hija del archiduque Raniero y de Isabel de Saboya Carignano; esposo deferente e incluso apasionado, padre amantísimo de nada menos que ocho hijos, el matrimonio no cambiará, sin embargo, en gran cosa sus costumbres ni apaciguará su turbulencia.

Es, sin duda, un marido respetuoso que reconoce, privada y públicamente, los méritos y virtudes de su joven esposa, mas, en cuanto a su propia virtud, él mismo confiesa que hay pas peu á íaire, según su propia confesión a Alfonso de la Marmora.

Sin embargo, el movimiento para la liberación y unidad de Italia sigue adelante. Carlos Alberto intuye la gran misión histórica de su pequeño país en esa unidad que forjará el futuro de su patria.

Y no descuida la «educación del príncipe» — futuro rey — de Víctor Manuel, su primogénito.

Es cosa sencilla, sin duda alguna, para él, componer en 1842 una larga disertación sobre la Amministiazione genérale dello stato, labor en que le ayudan sus antiguos preceptores, ya que no es el joven duque de Saboya muy amigo ni de las letras ni de las teorías; en cambio, en la política activa del país su temperamento ardiente, su impaciente juventud, no pueden soportar lo que él imagina debilidad del rey, su padre.

La situación del soberano de Cerdeña es, evidentemente, crítica. Son, fuera, los conflictos con Austria, con el Pontificado; es, dentro, la hostilidad de los partidos avanzados, que inclinan el país derechamente hacia la república.

Pero Carlos Alberto no es tan débil como su hijo imagina: para complacer a su pueblo jura la Constitución y en seguida declara la guerra a Austria. Es el año crucial de 1848.

El joven duque de Saboya, que se pone a la cabeza de una división del ejército, hace sus primeras armas en Pastrengo, Santa Lucía, Goito y Custozza.Pero la suerte de las armas no es propicia a los italianos. La derrota es inminente.

Todavía toma parte Víctor Manuel, duque de Saboya, en las desastrosas jornadas de Mortara y Novara, que llevan a su ejército a la catástrofe.

A la hora de firmar el armisticio, Carlos Alberto, que conocía el odio personal que hacia él sentían las austríacos, creyó que las condiciones de la paz serían más humanas si, en vez de firmarlas él, las firmaba su hijo, quien, además, por parte de su esposa, María Adelaida, estaba emparentado con Francisco José, emperador de Austria.

Abdicó, pues, Carlos Alberto, rey de Cerdeña y del Piamonte.

Víctor Manuel II- El Rey Caballero

Le llamaron así, o, para ser exactos, literalmente il Re Galantuomo.

Su lucha en los años de su reinado fue titánica. Políticamente, Italia era un caos, entre los extremismos de clericales, republicanos y carbonarios.

De una vitalidad exuberante, tuvo la fortuna de contar con dos ministros que, sin duda, fueron los hombres públicos de más talento que haya tenido Italia en los últimos siglos: d’Azeglio y Cavour.

Rey de Italia VIctor Manuel II
Rey de Italia VIctor Manuel II

Este último, principalmente, fue su brazo derecho en la complicada trama de proyectos y realizaciones que dieron como bello final la unidad italiana.

Para conseguir el pleno reconocimiento de esa unidad, Víctor Manuel y su ministro comprendieron que era necesario comprometer a Italia en
una campaña exterior, que, a la vez que unificaba a los italianos, diera lugar al agradecimiento de las potencias aliadas.

Por esta causa firmó una alianza con Inglaterra y Francia en la Guerra de Crimea (1855) contra Rusia, lo que garantizó a Italia un puesto en el Congreso europeo.

Austria seguía siendo la nación más aferrada a la reacción, la nación que se oponía a la unidad de Italia. Por esta razón fueron un gran avance para la causa de los patriotas italianos las derrotas austríacas de Magenta y Solferino. Por la paz de Villafranca, Austria cedió al rey de Cerdeña la Lombardía.

Los Estados más poderosos del centro de Italia, expulsaron a sus gobernantes y, por un gran plebiscito nacional, se pusieron bajo las órdenes de Víctor Manuel, quien a partir de este histórico instante fue reconocido como el campeón de la tan deseada unidad italiana.

Un personaje curioso y pintoresco, Garibaldi, cuyos rasgos biográficos parecen los de un condotiero del ideal, surge en este momento histórico.

Había desembarcado en Marsala con mil hombres, los «Mil Inmortales», y entró vencedor en Nápoles.

En las proximidades de Teano se encontraron Víctor Manuel y Garibaldi, cada uno con su ejército, con su campaña, pero luchando por la misma finalidad. Sin embargo, el acuerdo absoluto de ambos personajes, aun persiguiendo el mismo fin, era difícil.

El pontífice de Roma amenazaba con la excomunión a quien menoscabara los Estados Pontificios, y esto a Garibaldi no le importaba, pero a Víctor Manuel sí.

Napoleón III exigía Saboya y Niza y algunas ventajas militares para Francia a cambio de su consentimiento a la anexión de la Italia Central, y esto Garibaldi no lo admitía, aunque Víctor Manuel se inclinase a ceder, pues había recabado ayuda del emperador y, por matrimonio de su hija Clotilde con el príncipe Napoleón, estaba emparentado con la casa reinante de Francia.

Los ministros de Víctor Manuel no se entendían con Garibaldi y sus hombres; era absurdo, además, cuando se luchaba, sobre todo por un principio de unidad, admitir la división de mandos, pero el buen sentido y el inmenso prestigio del rey dominaron todas las discordias.

Tras la anexión de Nápoles, Umbría y Sicilia se unieron al reino de Víctor Manuel, y después el reino de Cerdeña se transformó en reino de Italia (14 de marzo de 1861), siendo Víctor Manuel proclamado rey de Italia y consagrándose así la unidad del país. Víctor Manuel II.

Cavour, gran liberal, pero… liberal piamontés, halló modo de conciliar la voluntad del rey con la de la nación. ¿Qué no conciliaria el gran conciliador?.

Este fue, sin embargo, su último acto de diplomacia. Cumplida su gran misión de hacer al rey del Piamonte rey de Italia, el insigne político murió el 6 de junio de aquel año triunfal.

Como capital del flamante reino de Italia, la Constitución fijaba la ciudad de Roma, pero aun había que conquistarla.

En 1866 estalló la guerra entre Prusia y Austria; los italianos siguieron fieles a su política de intervención, que tales resultados les había proporcionado. Se daban cuenta de que su mal tenía un origen externo y lo curaban combatiendo a los austríacos.

Garibaldi visita al Rey Victor Manuel II
Garibaldi visita al Rey Victor Manuel II

Un cuerpo de voluntarios garibaldinos peleó al lado de Prusia contra los enemigos, y gracias a la Victoria de Prusia, Venecia — hasta entonces posesión austríaca — fue devuelta a Italia.

El partido republicano, con el insigne Mazzini a la cabeza, creía indispensable sostener al rey en su actitud valerosa de campeón del de la unidad italiana frente al extranjero, pero en el interior no vacilaba en hacer la vida imposible a Víctor Manuel II.

También el propio Garibaldi, pese a su heroísmo, desataba conflicto tras conflicto con su repetida indisciplina, impulsada, sin duda, por la impaciencia en marchar cuanto antes sobre Roma; y más de una vez hubo de ser llamado al orden por el rey, que el 3 de agosto de 1862 había definido enérgicamente su actitud.

Mas, en particular, el conflicto latente con la Santa Sede — o, si se prefiere, «la cuestión de Roma» — conflicto en sí gravísimo y agravado todavía más por el hecho de haberse constituido Napoleón III en defensor del Papa.

Por añadidura, la propia vida sentimental y familiar del rey se complicaba también por esta época.

En el año 1855, y en el transcurso de dos meses (enero-febrero), había visto Víctor Manuel morir a la reina madre, María Teresa, a su dulce esposa, María Adelaida, y a su hijo Fernando, duque de Genova. Su sincero dolor no parecía conocer límites.

En vano Cavour invocó la razón de Estado para obligar al rey viudo a casarse con una princesa rusa. Fiel a su corazón como a la palabra dada, Víctor Manuel hizo a la condesa de Miraflores su esposa «eterna».

En el año 1870, Roma pasó a en manos de Víctor Manuel II.

Al iniciarse las hostilidades entre Francia y Prusia, en 1870, la primera intención de Víctor Manuel fue ayudar a Napoleón III, no obstante, la guerra era entre amigos, incluso parientes suyos, y se daba el caso de que, por un lado, los franceses seguían manteniendo guarnición en Roma, y por otro, los inteligentes ministros de Víctor Manuel advertían a éste de que todas las probabilidades de victoria se hallaban, sin duda alguna, de parte de los prusianos.

El rey de Italia se puso, pues, del lado de los prusianos. Tras la derrota de Sedán y la prisión del emperador francés, fue retirada de Roma la guarnición francesa.

Víctor Manuel dio entonces orden a sus ejércitos para que ocuparan los Estados Pontificios.

Al año siguiente se estableció la capitalidad en Roma y Víctor Manuel II se instaló en el Quirinal, rematándose de esta manera la tan deseada unificación italiana, al tiempo que tenía oficialmente el secular poder temporal de los Papas.

Víctor Manuel procuró suavizar en lo posible los rozamientos con el papa Pío IX, que se declaró a sí mismo «prisionero» en el Vaticano.

Ingresó en la Triple Alianza, con ello Italia tenía ya un papel importante entre las potencias de Europa.

La monarquía se consolidaba definitivamente.

Víctor Manuel II llegó a gozar en los últimos años de su vida de un prestigio y una popularidad inmensos. Murió serenamente, con su misión cumplida, el 9 de enero de 1878.

Fuente Consultada:
UNIVERSITAS Enciclopedia Cultural Tomo 17 Capítulo: Historia y Biografia Tema: Biografía de Víctor Manuel II

Biografia de Mazzini Giuseppe Resumen de su Vida Politico Italiano

Resumen Biografía de Mazzini Giuseppe

ANTECEDENTES DE LA EPOCA DE MAZZINI: En 1848, estallaron en muchas partes de Europa rebeliones y protestas que demostraban la insatisfacción de la gente con sus gobernantes. Los motivos que generaron muchas de estas rebeliones eran similares a los que dieron lugar a la Revolución Francesa.

En Europa, muchas personas empezaban a sentir que eran más importantes que el Estado y que tenían algo que decir en lo referente a su gobierno. En respuesta a las rebeliones y protestas violentas, los gobernantes intentaron restaurar los antiguos sistemas de gobierno (Antiguo Régimen); pero los acontecimientos de 1848 acabaron demostrando que el cambio era inevitable.

Otro poderoso motivo para las revoluciones de 1848 fue el nacionalismo, es decir, el deseo de los pueblos que hablaban la misma lengua de formar sus propias naciones independientes.

El nacionalismo fue especialmente intenso en Italia y Alemania, que estaban divididas en muchos pequeños estado , y en algunas zonas del Imperio austríaco. Otras rebeliones las encabezaron quienes reclamaban alimentos más baratos o cambios en las leyes de propiedad de la tierra para que los trabajadores tuvieran acceso a ella.

Los italianos organizaron sociedades secretas y realizaron varios intentos de revolución, pero con escaso éxito, hasta que el patriota Mazzini fundó la Asociación de la Joven Italia, portavoz del movimiento de liberación.

Sin embargo, los primeros intentos de carácter militar contra Austria fueron aplastados , pero cuando la suerte de los patriotas italianos se hallaba en su peor momento Víctor Manuel subió al trono de Piamonte y eligió como primer ministro al Conde Cavour, quien empezó a sanear la economía y preparó un importante ejército.

Durante siglos, Italia fue escenario de las guerras entre franceses, españoles, austríacos y alemanes, y de todos los pequeños e inestables Estados que la componían sólo las grandes ciudades lograron una posición prominente. A pesar de ello, los italianos conservaron su conciencia de raza, su lengua y su religión. El patriota Giuseppe Mazzini fundó la Asociación de la Joven Italia, y se convirtión en el portavoz del movimiento de liberación nacional.

biografia de giuseppe mazzini

La realización de la unidad italiana y de la alemana es el desenlace del movimiento nacionalista que caracterizaba a estos países desde principios de siglo, pero en uno de los casos la unidad se lleva a cabo con ayuda extranjera, mientras que, en el otro, se realiza desde el interior.

El sentimiento nacional: El movimiento de las nacionalidades nace con la toma de conciencia de algunos pueblos de su propia identidad, de su originalidad y de su singularidad, vinculadas a una situación geográfica y étnica precisas, a una lengua común y, a menudo, a una tradición histórica dada.A veces, son los intereses económicos los que intervienen como factor determinante.

Tal es el caso de Alemania, donde la aspiración nacional se expresó primero a través del deseo de unificar el país, pero donde el verdadero elemento motor fue la necesidad de unificar el régimen de aduanas de Prusia y después el de toda Alemania. En otros casos, el deseo de independencia es el fermento de la lucha nacional. Pero la mayor parte de las veces todos estos factores se conjugan, lo que explica la fuerza del movimiento en el s. XIX.

EN ITALIA: Los arreglos territoriales de que Italia fue objeto por parte de la Santa Alianza, eran muy mal soportados por los italianos, que también se sentían vejados por el gobierno despótico que, en general, sufrían.

La agitación era fomentada por las sociedades políticas secretas, entre las que figuraba la de los carbonarios. En 1821 se produjeron en Napóles, Sicilia y Cerdeña insurrecciones que fueron duramente reprimidas, siguiendo inmediatamente períodos de persecución y terror. En los Estados Pontificios y en los dominios austríacos del norte de Italia también se adoptaron medidas persecutorias.

Tras la revolución francesa de 1830 se produjeron alzamientos en Módena, Parma y Bolonia, en pro de su independencia. Las tropas austríacas sofocaron estos levantamientos.

Un patriota italiano, Giuseppe Mazzini logró constituir la organización patriótica denominada Joven Italia. Desde Marsella alentaba al pueblo italiano propugnando la unión de todos los Estados en que su nación estaba dividida, en una poderosa nacionalidad regida por una forma de gobierno republicana.

Fue expulsado de Francia, primero, y después de Suiza, teniendo que refugiarse en Inglaterra.

Desde allí estuvo alentando a sus compatriotas, tanto con sus trabajos en la prensa europea como por propaganda enviada secretamente a Italia. Su labor, realizada desde 1833 a 1848, preparó el movimiento en pro de la unidad italiana, que muy pronto había de surgir con fuerza incontrastable.

Los territorios que más adelante configuraron Italia y Alemania constituían un ejemplo de lo que llamamos naciones multiestatales. Es decir, un territorio poblado por un conjunto de individuos que comparten el sentimiento de pertenecer a una misma unidad cultural y lingüística y con un pasado, unas tradiciones y unas costumbres que los particularizan, pero cuyo territorio se halla fragmentado en diferentes Estados. En 1815 Italia quedó dividida en ocho Estados diferentes.

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BIOGRAFIA DE MAZZINI GIUSEPPE: Político italiano, nace en Genova. Se le considera el ideólogo de la unidad italiana en el siglo XIX. En 1827 se gradúa en Derecho. En 1830 se inscribe en el movimiento carbonarista, donde realiza proselitismo político a través de ensayos literarios.

Por sus actividades revolucionarias debe exiliarse en Marsella.

En 1831 funda «La Giovine Italia» (Joven Italia), con el propósito de sublevar las penínsulas italianas y formar una república unificada, fuerte y soberana.

En 1834 participa en la fracasada insurrección que se conoce como Expedición de Saboya.

Viaja a Suiza e Inglaterra y al año siguiente crea la Joven Europa para favorecer la amistad entre los pueblos del viejo continente y defender los principios republicanos. Durante el decenio de 1840 reanuda la actividad de la Joven Italia.

En 1843 y 1845 participa en las sublevaciones de los Estados Pontificios, en la expedición a Napóles de los hermanos Bandiera en 1844 y en la creación en París de la Asociación Nacional Italiana.

Durante la revolución de 1848 interviene en la toma de Milán y Roma y establece la República Romana de 1849. Apoya a Giuseppe Garibaldi, quien somete a Sicilia en 1860.

Un año después el conde Camilo Cavour logra la unificación italiana, excepto con Venecia y Roma, en forma de reino bajo la regencia de Víctor Manuel II, de la casa de Saboya. Endurece su política frente a la monarquía y en 1866 funda la Alianza Republicana Universal.

Es autor de Fede a avvenire (Fe y porvenir, 1835) y Doveri del l’hommo (Deberes del hombre, 1860).

En 1870 es encarcelado bajo la acusación de ser cómplice en la conspiración republicana de Giuseppe Garibaldi, pero recobra pronto la libertad.

Muere en Pisa, Italia

El Mundo de la Post Guerra: Fin de la Guerra y El Orden Mundial

El Mundo de la Post Guerra: Fin de la Guerra y El Orden Mundial

LA ERA DE LAS SUPERPOTENCIAS: El fin de la Segunda Guerra Mundial marcó el surgimiento de un nuevo sistema de relaciones internacionales, que se caracterizó por el dominio de las dos grandes potencias vencedoras: los Estados Unidos y la Unión Soviética. El panorama político que siguió a la Segunda Guerra Mundial estuvo condicionado por el papel de Estados Unidos y la Unión Soviética, que no supieron ponerse de acuerdo sobre la manera de reordenación del mundo, ya que representaban dos sistemas políticos, dos modelos económicos y dos formas de organización social opuestas e irreconciliables. Así pues, e objetivo prioritario de los vencedores fue garantizar la existencia de dos bloques, liderados por las dos superpotencias, y asegurar que el resto de países se alineasen en función de los intereses de estos dos Estados.

1945: postguerra mundial

El bloque capitalista y el bloque socialista fueron conformando dos modelos sociales y políticos tan diferenciados que en unas ocasiones estuvieron a punto de enfrentarse y en otras redujeron distancias, convencidos de la imposibilidad de destruirse sin poner en peligro el futuro de la humanidad. Las relaciones internacionales pasaron, pues, de lo que se ha denominado Guerra Fría (conflicto entre los bloques en todos los aspectos menos en el enfrentamiento militar directo) a la coexistencia pacífica (aceptación de la existencia del otro bloque y necesidad de establecer relaciones pacíficas).

Hacia el final de la guerra, las potencias vencedoras comenzaron a delinear un nuevo sistema de relaciones internacionales que ofreciera mayores garantías que el de la primera posguerra. En febrero de 1945, los líderes de los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética se reunieron en la Conferencia de Yalta. Allí decidieron la creación de un organismo internacional en el que estuvieran representados todos los países-soberanos, cuya misión esencial sería la de resolver los conflictos internacionales de manera pacífica.

Así, en junio de 1945, reunidos en la ciudad de San Francisco (en Estados Unidos), los representantes de cincuenta países redactaron la carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Desde entonces hasta hoy, los principales objetivos de la ONU han sido la defensa de los derechos humanos, el mantenimiento de la paz, la libre determinación de los pueblos y el fomento de la cooperación entre los pueblos. El organismo se compone de una Asamblea, en la que participan todos los países miembros, y de un Consejo de Seguridad, constituido pe: las cinco grandes potencias -los Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran  Bretaña, Francia y China- y por otros diez países elegidos en forma rotativa. Los Cinco Grandes se reservan el derecho de veto de cualquier decisión de la Asamblea.

El reordenamiento mundial de la posguerra también se llevó a cabo e: el plano económico. La perspectiva de una repetición de la crisis de 193″ indujo a las potencias occidentales a delinear también las pautas de u: nuevo sistema financiero y comercial internacional en la Conferencia de Bretton Woods en 1944. Se crearon entonces nuevos organismos como e. Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, conocido como Banco Mundial.

El FMI tenía como objetivos principales el fomento del desarrollo equilibrado del comercio internacional, el mantenimiento de altos niveles de empleo, el desarrollo de los recursos productivos en todo el mundo y la eliminación de los controles sobre los intercambios comerciales. El Banco Mundial debía coordinar préstamos e inversiones privadas, para derivarlos hacia proyectos útiles.

Una de las principales consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fue que el centro del poder internacional se desplazó fuera de Europa. Emergieron dos nuevas potencias hegemónicas*, que pronto extenderían su dominio sobre amplias zonas del mundo: los Estados Unidos y laUnión Soviética.

Apenas terminada la guerra, comenzaron a surgir profundas diferencias entre los principales componentes del bloque aliado hasta desembocar, finalmente, en una confrontación abierta entre los bloques liderados por las dos grandes potencias.

El avance soviético sobre los países de Europa oriental, llevó al presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, a formular la Doctrina Truman. Esta doctrina proponía una política de contención de cualquier iniciativa soviética que perturbara el nuevo orden internacional y justificaba que el gobierno norteamericano interviniera en el exterior. Así, los Estados Unidos apoyarían «a los pueblos libres que están resistiendo los intentos de dominio por parte de minorías armadas o presiones externas», según sostenía esta doctrina.

En 1947, el gobierno de los Estados Unidos lanzó un amplio programa de ayuda económica destinado a los países europeos devastados por la guerra. El Programa para la recuperación europea, más conocido como Plan Marshall, consistía básicamente en el otorgamiento de préstamos a bajo interés y estuvo destinado en su mayor parte a Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia.

Los dirigentes soviéticos advirtieron que el Plan Marshall implicaba una seria amenaza de extender la hegemonía de los Estados Unidos sobre sus áreas de influencia. Por esta razón, exhortaron a los países de Europa oriental a rechazar la ayuda norteamericana y lanzaron su propio plan: el Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME o COMECON). El CAME se proponía promover la plena industrialización de los países miembros -siguiendo el mismo esquema de los planes quinquenales aplicados en la Unión Soviética- y el intercambio comercial entre las naciones del bloque.

El enfrentamiento entre las dos grandes potencias también se manifestó en el terreno militar, a través de la constitución de alianzas. En 1949, los norteamericanos impulsaron la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que nucleaba a la mayoría de los países capitalistas noratlánticos, si bien estaba indiscutiblemente liderada por los Estados Unidos. La OTAN era una alianza defensiva que comprometía a sus miembros a prestarse ayuda militar en caso de agresión de terceros. En 1955, los soviéticos respondieron con la creación del Pacto de Varsovia, una organización militar que nucleaba a los países comunistas.

Los cambios en la URSS y en EE. UU.

Es difícil precisar cuándo comenzaron a producirse los cambios, dentro de las grandes potencias, que dieron paso a unas nuevas relaciones internacionales. En cuanto a la URSS, la muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953, abrió nuevas expectativas. Muy pronto los nuevos dirigentes favorecieron transformaciones políticas que fueron acompañadas de reformas de tipo económico y social: control de precios, subida de salarios, mejores condiciones laborales (reducción de los horarios, libertad para buscar empleo), aumento de los precios agrícolas, etc. Fue un intento de poner fin a la arbitrariedad estalinista e iniciar un período de reformas, tanto en el interior como en política exterior.

Todo este proceso tuvo su punto culminante en el XX Congreso del PCUS, en febrero de 1956, cuando el conjunto del Partido y de la sociedad soviética iniciaron el llamado «proceso de desestalinización», es decir, el reconocimiento público de los graves errores cometidos por el régimen: purgas políticas, culto a Stalin, colectivización forzosa. Además, el Congreso del Partido aprobó las directrices que en política exterior propuso el nuevo dirigente soviético, favorecedor de todo este cambio, Nikita Kruschev, que planteaba tres orientaciones fundamentales: la coexistencia pacífica entre los bloques, la no exportación de la revolución y la posibilidad de acceder al socialismo por diversas vías, incluida la parlamentaria.

Los principales obstáculos a todos estos cambios vinieron de las dificultades que encontró Kruschev para controlar a la vieja guardia estalinista, totalmente opuesta a este intento de descentralización y democratización de la vida soviética. En el año 1964 Kruschev fue destituido y reemplazado por una dirección colegiada encabezada por Leónidas Bréznev, secretario general del Partido a partir de 1966. La mayoría de los cambios en materia política, social y económica se paralizaron y se volvió al modelo anterior, si bien se mantuvieron las nuevas directrices en política exterior.

Con respecto a Estados unidos, los cambios no fueron tan espectaculares. En 1956 fue reelegido el presidente D. Eisenhower, que continuó las mismas líneas del período de posguerra, aunque introdujo pequeñas reformas en la Administración que ponían de manifiesto una nueva disposición política de los dirigentes norteamericanos. Así, el presidente decidió apartar a los elementos más derechistas y anticomunistas protagonistas de la Guerra Fría. Se dio por cerrada la etapa de la «caza de brujas», verdadera persecución de los sospechosos de defender la ideología comunista o cualquier ideología de izquierdas, que eran acusados de actividades antinorteamericanas (proceso de los Rosenberg, juicios de Hollywood). El senador Joseph R. McCarthy, verdadero protagonista de esta represión política, fue destituido y se puso fin a esta persecución por motivos ideológicos.

La elección, en el año 1960, de un presidente del Partido Demócrata, J. F. Kennedy, marcó un vuelco mucho más importante de la política interior y exterior norteamericana. La denominada por Kennedy «nueva frontera» significó un cambio fundamental en los objetivos de la Administración de EE.UU. La nueva política defendía que las metas que debía alcanzar EE.UU.  en materia de política interior eran acabar con la miseria, la pobreza y la discriminación racial y, en el exterior, la lucha en favor de la ciencia y de la técnica (conquista del espacio) y de la prosperidad para todo el mundo.

Este programa tuvo que enfrentarse con numerosas contradicciones, la más evidente de ellas, la continuación de la guerra de Vietnam, que levantó numerosas protestas. De todas formas, es indiscutible que marcó una «nueva frontera» en el interior y que en el exterior intentó borrar la visión militarista de los años cincuenta. El asesinato de Kennedy en Dallas en noviembre de 1963 puso de manifiesto la gran oposición que este programa había provocado entre los sectores más conservadores de EE. UU. , aunque su sucesor, L. B. Johnson, mantuvo lo esencial de dicho programa.

Los primeros pasos hacia la distensión internacional los dio la URSS, en concreto Nikita Kruschev, que en 1956 anunció lo que se conoce como «los principios de la coexistencia pacífica». Ésta consistía en basar las relaciones entre las dos potencias en el respeto a la integridad territorial y a la soberanía, la no agresión y no injerencia en los asuntos internos y en la coexistencia pacífica, la cooperación económica y la igualdad y ayuda recíprocas.

SÍNTESIS DE LA ÉPOCA:

A PARTIR DE 1945, la vida en Estados Unidos y otros países desarrollados cambió radicalmente. La población ha aumentado mucho. Cada año hay más coches y más productos de consumo. En la década de 1940 la televisión era un privilegio de los ricos. Veinte años después se hizo prácticamente universal. Lo mismo ha sucedido con el teléfono y los electrodomésticos.

NUEVAS GENERACIONES La vida cambió, especialmente para las generaciones jóvenes, que comenzaron a gozar de mejores condiciones de educación y de más oportunidades de ocio. En la década de 1960, muchos jóvenes se rebelaron contra los valores de sus padres. El modo de peinarse y de vestir se convirtió en señas de identidad. La música rock, nacida en los 50, constituyó un verdadero manifiesto de la juventud, que se vio influenciada por estrellas del rock, como los Beatles.

LOS DERECHOS DE LA MUJER Las mujeres también se rebelaron contra las actitudes tradicionales. En la década de 1950 predominaba la idea de que la mujer debía ser sobre todo esposa y madre. Si la mujer trabajaba fuera del hogar, solía recibir sueldos más bajos que los hombres. Diez años después, miles de mujeres reivindicaron su fuerza de trabajo. Los movimientos feministas exigieron la igualdad de derechos de hombres y mujeres. En los años 70 y 80, las mujeres emprendieron carreras brillantes y lograron la protección legal contra la discriminación y el acoso sexual.

CRIMINALIDAD: Muchos aspectos empeoraron en Estados Unidos y Europa occidental. Las tasas de criminalidad experimentaron un ascenso impresionante. Muchas áreas urbanas se poblaron de todo tipo de delincuentes e individuos marginales, en consonancia con la pauperización
de grandes sectores de la población. La contaminación del medio ambiente se convirtió en una amenaza para la calidad de vida.

OCCIDENTALIZACIÓN A escala mundial, los cambios sociales han sido notables. Las ciudades de Asia, América Latina y África han aumentado su población al doble o el triple. Nuevos países han alcanzado el rango de naciones industrializadas. La economía de Japón ha crecido más que las de Estados Unidos y otras naciones de Europa occidental. Países asiáticos, como Corea del Sur y Taiwan se acercan a la misma situación. El mundo ha adoptado formas de vida occidentales. Se han generalizado la Coca-cola, las películas del Oeste, los téjanos y las camisetas deportivas.

PROBLEMAS GLOBALES: Sin embargo, los problemas globales son gravísimos. Miles de millones de personas viven en condiciones de abyección y miseria, especialmente en el Tercer Mundo. El crecimiento de la población ha puesto los recursos naturales en un nivel crítico. Se han creado muchas organizaciones que se ocupan de elaborar programas de ayuda puesto que la gravedad de estos problemas es creciente. El más relevante es el reparto desigual de los recursos y la riqueza. En un mundo con economías dependientes, los pobres del Tercer Mundo son cada día más pobres y los ricos de los países avanzados cada vez más ricos: el 20% de la población controla el 80% de los recursos mundiales.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Las transformaciones enla esfera económica:

 Uno de los ámbitos en que los cambios son más notorios es el de la economía mundial. La economía, que durante muchos años funcionó principalmente en el espacio del Estado nación, está sometida actualmente a tres procesos que erosionan el capitalismo «nacional»: la internacionalización, la multinacionalización y la globalización.

■ La internacionalización de la economía se refiere al intercambio de materiales, productos y servicios entre dos o más economías nacionales, que está en continuo aumento. El flujo de importaciones y exportaciones mundiales crece año a año.

■ La multinacionalización de la economía se refiere a la transferencia de recursos sobre todo capital, pero también trabajo) de una economía nacional a otra. Una empresa multinacional es aquella cuyas actividades se han extendido gradualmente a varios países, mediante la creación de filiales, la adquisición de otras empresas, o mecanismos de cooperación. Es por este medio por el que las empresas japonesas han penetrado rápidamente en importantes sectores de la economía europea y norteamericana.

■ La globalización de la economía es un fenómeno más reciente. Implica la posibilidad de producir, distribuir y consumir productos y servicios a escala mundial mediante instrumentos con base mundial (patentes, bases de datos, nuevas tecnologías de información, comunicación y transporte). Los mercados globales son regulados por normas y estándares «universales». Las empresas ya no están ligadas a una territorialidad específica, a causa de los procesos de inter-relación e integración entre ellas.

Uno de los fenómenos desencadenados por estos cambios ha sido la formación de megamercados regionales. Esto implica que se amplían las fronteras de los mercados, que antes eran nacionales, mediante la formación de sistemas económicos multinacionales: Europa, América del Norte y, en menor escala, el Mercosur.

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

Fuente Consultada:
Actual Historia del Mundo Contemporáneo  García – Gatell
Historia El Mundo Contemporáneo Polimodal A-Z de Felipe Pigna y Otros
Enciclopedia Consultora Tomo 7 – Wikipedia – Enciclopedia Encarta
El Mundo Moderno y Contemporáneo Gloria Delgado