La Xenofobia

Los Prejuicios Sociales Consecuencias sociales Marginacion Xenofobia

Los Prejuicios Sociales y sus Consecuencias
Marginación Xenofobia

Los estudios psicosociales sobre identidad social se iniciaron en la década de los años setenta, con el objetivo de investigar y analizar los estereotipos sobre distintos grupos que existen en la sociedad, que provocan una disminución del rendimiento individual de los que conocen esos estereotipos y que pertenecen a esos grupos. Esta investigación también se dedica a buscar la forma en que podría solucionarse este problema.  Es una forma de discriminación hacia sectores de la población que se tienden a segregar para algunas tareas o encasillar para determinadas ocupaciones, que entorpece la oportunidad de movilidad social y desaprovecha el posible potencial de las capacidades individuales humanas.

cita de einstein sobre el prejuicio

LA VIDA EN SOCIEDAD: No se conoce ninguna sociedad que no tenga algún código moral, es decir, un conjunto de normas de conducta que regulen la convivencia. Las normas forman parte de la cultura, y no existe sociedad sin cultura. Se conocen muchos códigos morales, religiosos o legales, a menudo muy distintos. Pero cualquier sociedad tiene alguna moral aceptada por todos, un sistema de normas que establecen qué está bien y qué está mal, o qué hay que hacer en determinadas circunstancias.

Las sociedades de hoy son pluralistas. Esto significa que en una misma sociedad conviven grupos de distinto origen y cultura. No existe una cultura uniforme que se imponga a todos, y se admite que en la misma sociedad haya distintas creencias, costumbres y estilos de vida.

Las leyes determinan qué se puede hacer y qué no está permitido, pero igualmente se necesita encontrar un consenso sobre cuáles son los valores a respetar para mejorar la convivencia.

Hay sociedades que admiten la mentira, la venganza o la traición como conductas válidas en determinadas circunstancias como, por ejemplo, cuando se trata con enemigos o con extranjeros. Pero ninguna sociedad propone, por ejemplo, la mentira como norma moral obligatoria, porque si todos mintieran se destruiría la confianza mínima para que las personas puedan ponerse de acuerdo o trabajar juntas.

En todas las sociedades hay conductas que están permitidas y otras que resultan indiferentes. También hay algunas conductas que son obligatorias y numerosas que están prohibidas. Nos referimos a las llamadas normas sociales. Las normas sociales son los usos, las costumbres y las leyes.

El uso es la manera de comportarse que una determinada sociedad considera apropiada. Se espera que todos la sigan. Por ejemplo, saludar es un uso. Quien no saluda recibe una «sanción» social de carácter leve: dirán que es un engreído y sufrirá algún rechazo.

Las costumbres son aquellas normas cuyo cumplimiento está considerado como algo muy importante y valioso para la vida en sociedad: por ejemplo, la veracidad (no mentir), la lealtad (no traicionar) y la responsabilidad tanto hacia la familia como a la comunidad.

EL VACÍO SOCIAL: La sociedad puede castigar con el vacío social a una persona o considerarla como «no grata» cuando comprueba que ésta ha cometido actos de corrupción o de enriquecimiento ilícito, o actuó en su propio beneficio y en contra de los intereses de la comunidad. Existen ejemplos concretos en nuestro país, en los cuales los ciudadanos se unieron espontáneamente para sancionar a funcionarios que tuvieron una conducta inmoral. En algunos casos les impidieron disfrutar de su tiempo libre con sus amigos o familiares en una confitería o en un restorán, por no considerarlos aptos para compartir la vida con la sociedad en su conjunto. (Fuente: Filosofía Formación Ética y Ciudadaba I – Polimodal – Puerto de Palos)

SOBRE LOS PREJUICIOS SOCIALES:

Según la definción del diccionario, prejucio es: Juicio u opinión preconcebida que muestra rechazo hacia un individuo, un grupo o una actitud social. Este juicio está formado por una creencia, normalmente antes de haber sido producido como una acción judicataria.

Existen muchas definiciones de cultura. El antropólogo Edward B. Taylor fue uno de los primeros en definir este término desde la antropología como “[…] el complejo de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre adquiere como miembro de una sociedad”. (Citado en: Adela Cortina. Filosofía, Santillana, Madrid, 1996.)

Así, cada sociedad y cada grupo tiene sus propias pautas culturales, que en la convivencia intergrupal pueden ser contrastadas con las de otros grupos. Esta situación genera numerosos conflictos, cuando un grupo rechaza la cultura del otro. Muchos de estos conflictos se originan en prejuicios.

Se denomina prejuicios a ciertas concepciones que se forman las personas respecto de otros seres humanos o de sus acciones, en forma anticipada y arbitrarias; es decir, se trata de ideas fundamentadas en opiniones que no se examinan ni se busca verificarlas, sino que se aceptan irreflexivamente.

De esta manera, los prejuicios nos impiden conocer a nuestros semejantes tal como son. El racismo, el sexismo y la xenofobia son actitudes prejuiciosas porque inducen a los miembros de un grupo a considerar inferior a otra persona por el solo hecho de pertenecer a un grupo determinado, sin tener en cuenta ningún dato objetivo.

Los prejuicios están estructurados como oposiciones y tienen un alto grado de generalización. Se contraponen todas las personas pertenecientes a determinado grupo, asignándoles características negativas (por ejemplo, que son “malas”, “haraganas”, “irresponsables”, “sucias”, “ignorantes”, etcétera), a todas las de otro grupo, a las que se asignan características positivas (“buenas”, “trabajadoras”, “responsables”, “limpias”, “cuitas”, etc.).

Los prejuicios suelen ser tan fuertes y tan arraigados, que muchas veces se mantienen aunque las experiencias concretas los desmientan. En general resulta más difícil identificar los prejuicios favorables. Por ejemplo, cuesta reconocer que un aviso clasificado que solicita “vendedores” se base en el prejuicio de que las personas de sexo masculino desempeñarán mejor ese trabajo que las de sexo femenino.

Por ejemplo, si una mujer sabe que la sociedad en que vive cree que las mujeres no tienen habilidad para conducir vehículos, esa creencia puede bajar su rendimiento en su examen de manejo e impedirle aprobar varias veces, aunque disponga de la habilidad y la capacidad para hacerlo

La existencia de prejuicios se puede detectar en las acciones llevadas a cabo por personas, grupos e instituciones y también a través de lo que se dice, o sea, a través de las ideas y los sentimientos que, en forma explicita o implícita, se manifiestan en el lenguaje.

Algunas veces, los prejuicios de una sociedad se expresan de manera aparentemente inocente y no explícitamente agresiva: por ejemplo, los sobrenombres que se atribuyen a algunas personas —“petiso”, “gorda”— y los chistes que aluden a distintas comunidades o etnias—de “gallegos”, de judíos, de negros—. Lejos de ser sólo bromas, constituyen elementos irracionales que pueden atentar contra los valores democráticos y la igualdad de derechos de todas las personas.

Los sentimientos de desprecio o de aversión hacia determinadas personas o grupos incentivados por los prejuicios pueden llevar a que se hable mal de ellos, a que se evite el contacto, a atacarlos físicamente o —llegado a un extremo— a proponer su exterminio. Tomar conciencia de esto equivale a empezar a trabajar para eliminar los prejuicios, evitando las ideas y las acciones discriminatorias que se sustentan en ellos.

Estudios realizados en la Universidad de Chicago indican que el rendimiento de las mujeres que conocen el estereotipo del que forman parte, sobre su supuesta inhabilidad para las matemáticas en relación con los hombres, disminuía considerablemente si se las comparaba con las que no lo conocían.Frente a este dilema las personas pueden actuar de dos maneras, respondiendo a las expectativas sociales y apostando al fracaso o bien expresando de la mejor manera lo que saben, e intentar desmitificar estas ideas y atreverse como cualquier otro ser humano a tener éxito. Este fenómeno es denominado por los psicólogos la “amenaza del estereotipo”.

EJEMPLO DE DISCRIMINACIÓN POR PREJUICIOS

Un ejemplo típico de prejuicios fue cuando Susan Boyle se presentó en el concurso de Talentos Británicos y antes de escucharla cantar fue duramente criticada por la prensa, la producción del programa, los jueces y el público en general.

Pero luego de que cantara y emocionara al mundo, nos dió a todos una lección de vida y nuevamente confirmamos que no debemos prejuzgar a la gente por su aspecto físico, su condición social, su sexo, religión o lo que sea, porque nos perdemos de encontrarnos con los verdaderos talentos, cualidad y aptitudes que hacen verdaderamente a una persona.

LA SITUACIÓN DE LOS BOLIVIANOS EN LA ARGENTINA
Durante los años noventa, cerca de un millón de bolivianos emigraron a la Argentina en búsqueda de una mejor situación laboral. Las nuevas posibilidades de trabajo han estado opacadas por una serie de denuncias de xenofobia y racismo hacia miembros de la comunidad boliviana. Actualmente la situación de los bolivianos en la Argentina es bastante irregular. Han sufrido atropellos, atentados, asaltos, xenofobia y discriminación.

La revista La Primera publicó en su portada un artículo que decía: «Invasión silenciosa» y explicaba que los bolivianos venían a la Argentina a ocupar los lugares de los argentinos. «Si tenemos la piel morena, es porque somos originarios de esta tierra. Nosotros estamos colaborando con la economía argentina. Hemos introducido nuevos cultivos en la zona austral».

Vocero Boliviano, 29 de agosto de 2001

Fuente Consultada:
Sitio WEB: www.laguia2000.com y Filosofía de Editorial Santillana Ética Ciudadana II

El Racismo En El mundo Causas y Efectos Xenofobia y Segregación

Causas del Racismo En El Mundo
Xenofobia y Segregación – Declaración

racismo y xenofobiaLa complejidad del fenómeno racista queda patente en las sucesivas distinciones y adjetivaciones que se han ido estableciendo: racismo biologicista o culturalista, viejo y nuevo racismo, teórico o espontáneo, interno y externo (xenofobia), institucional o social, abierto y encubierto, individual o colectivo, racismo visible e invisible, etc. 

En la literatura científico-social pueden distinguirse concepciones más o menos restringidas del racismo, en función de dos elementos fundamentales.

En primer lugar, su ubicación en el campo de las ideologías (como discurso, mentalidad, creencia o mito), en el de las prácticas sociales (como conductas y políticas de discriminación y segregación) o en ambas dimensiones interrelacionadas; por otro lado dependiendo de las características o atributos personales y grupales que estén relacionados con las ideas o acciones racistas: raciales (raza física, raza social), culturales (étnicas, lingüísticas, religiosas, nacionalidad) o ambos conjuntos relacionados.

Mientras unas definiciones caracterizan el racismo sólo o principalmente como ideología, otras lo hacen como ideología legitimadora de una determinada práctica. Algunas ponen el énfasis en su carácter de conjunto de prácticas discriminatorias, apoyadas o no en ideas o cogniciones Hay definiciones que se refieren sólo a lo racial, entendiendo la categoría de raza en formas diversas, mientras que otras incluyen tanto lo racial (en tanto que construcción cultural), como la etnia o la cultura.

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Para algunos autores, lo esencial del racismo está en el convencimiento de que existe una relación entre la pertenencia a una categoría social y la posesión de características específicas.

El racismo opera atribuyendo significados a características fenotípicas o genéticas y creando, de esta forma, un sistema de categorización y jerarquizacíón  entre los grupos. Es una doctrina que defiende la existencia de diferencias biológicas estables entre grupos que mantienen relaciones de superioridad e inferioridad, e incluye el supuesto de que la raza determina la inteligencia, las características culturales y los atributos morales. Otros autores tienen en cuenta tanto la dimensión ideológica como la práctica, si bien siguen circunscribiendo el ámbito del racismo al grupo racial.

Los análisis sobre las causas del racismo han señalado mecanismos psicológicos (miedo al extraño, formación de prejuicios y estereotipos, «chivo expiatorio») y culturales (etnocentrismo, crisis identitarias), económicos (competencia laboral, funcionalidad del racismo como freno a los planteamientos de clase) y políticos (como eje articulador de programas políticos, principalmente en la extrema derecha).

El racismo es indisociable de las relaciones de dominación, y está inscrito en la estructura social, como reflejo de una de sus más importantes divisiones. Si por una parte aparece vinculado a la acción social, y por otra a la acción histórica, presenta características específicas: tiene su lógica propia y constituye en sí mismo un conjunto de significaciones autónomas, que en los casos extremos son susceptibles de desembocar en proyectos políticos.

El racismo parece siempre dispuesto a brotar en el seno de movimientos comunitarios, y a menudo se encuentra presente sobre todo , en los movimientos nacionalistas o religiosos, como si constituyese no una negación sino una virtualidad de toda acción histórica.

Como perversión de las relaciones sociales, constituye una forma degradada de las conductas, y su espacio es tanto más amplio cuanto menos fuertemente estructurada a partir de un movimiento social aparezca la sociedad en cuestión. Esto implica que se cumplan determinadas condiciones, tanto respecto del grupo racista como del grupo racializado.

El grupo racista debe disponer aquí, en efecto, de recursos que continúen teniendo alcance social, de una capacidad de acción, individual o colectiva, vinculada a medios económicos o políticos, a un estatuto (que tal vez se sienta amenazado) o incluso a determinados grados de libertad en el recurso a la violencia, a una cierta tolerancia o permisividad en el sistema político y las instituciones.

Las conductas racistas encuentran un terreno propicio en la existencia de mercados en los que tales recursos a menudo se bastan a sí mismos para asegurar la discriminación, para imponer la caracterización como inferior del otro en el empleo o el trabajo, o incluso su segregación urbana o escolar. Estas conductas se ven favorecidas también a partir del momento en que el grupo víctima presenta determinadas características, como la existencia de marcas físicas o culturales que hacen fácilmente identificables a los individuos pertenecientes a la población racializada.

La segregación y discriminación como forma de racismo

Como manifestación concretas de racismo, la segregación y la discriminación deben distinguirse desde un punto de vista analítico. La primera mantiene al grupo racializado a distancia y le reserva espacios propios, que únicamente pueden abandonar e determinadas condiciones, más o menos restrictivas; la segunda le impone un trato diferenciado en diversos ámbitos de la vida social, en la que él participa, de una manera que puede llegar a humillarlo.

En la práctica, segregación y discriminación pueden combinarse, como hasta hace poco sucedía en Sudáfrica, donde el apartheid con llevaba también una organización económica de la producción que convertía a lo negros en un grupo socialmente dominado, además de segregado. Segregación y discriminación pueden tender también en algunos casos a disociarse, en el curso de ciertos procesos en los que una de ambas lógicas se impone a la otra.

Así por ejemplo la experiencia nazi se saldó no sólo con una segregación absoluta —guetos de Polonia, campos de concentración sino también en detrimento de la explotación económica, que se mostró cada vez más secundaria de cara al macabro proyecto de solución n final. La segregación inscribe el racismo en el espacio y marca la organización geopolítica de un país e incluso la de una ciudad.

Perfila figuras espaciales, ya sea a través de los mecanismos sociales espontáneos, de las conductas individuales en las que movilidad social y movilidad residencial se entrecruzan sobre un trasfondo de racismo, o a través de la intervención de las instituciones, locales o nacionales, de las leyes, de los reglamentos o de violencias más o menos toleradas por el poder político. Pero, de hecho, no toda segregación es necesariamente racial o impuesta, y la misma segregación puede prolongarse en lógicas en las que el concepto de raza es secundario y donde se imponen otras categorías, sociales y económicas más que biológicas o físicas.

La segregación racial no conduce a la participación, sino, por el contrario al aislamiento residencial, al término de un proceso que consta de cuatro etapas principales: penetración, invasión, consolidación y hacinamiento.

El racismo explica en buena parte la concentración de colectivos marginados en espacios segregados, abandonados por los grupos dominantes —lo que no implica necesariamente, en contra de una idea muy extendida, el hundimiento del mercado de la vivienda—, y la discriminación que sufren en el ámbito laboral, en el que ocupan empleos no cualificados y con salarios bajos, así como su exclusión en general de la vida política, local y nacional.

Pero, en un determinado momento, la segregación, sobre todo la racial, se refuerza e incluso se prolonga en otras lógicas, sociales y económicas, obedeciendo a las cuales se constituye, en el seno de enormes bolsas de miseria, un sub proletariado cuya suerte ya no puede explicarse únicamente en términos de racismo.

Los ámbitos donde se ejerce la discriminación racial son numerosos y a veces se confunden con los de la segregación, que puede ser una consecuencia de aquélla. Así, al negarse a alquilar viviendas a los miembros de un grupo racializado, o al imponerles restricciones que los desaniman, al exigirles un precio mayor en igualdad de circunstancias, al orientarlos hacia determinadas zonas, los vendedores o los arrendatarios pueden muy bien adoptar una actitud discriminatoria que dará lugar a una segregación de hecho.

La discriminación en la escuela puede arrojar estos mismos resultados. Al dejar que los niños del grupo racializado se orienten hacia una escuela no necesariamente segregada, pero sí al menos eficaz o adaptada a sus dificultades específicas, al ofrecerles una escolaridad mediocre, se les proporciona también un futuro más difícil, menores oportunidades de promoción social y de acceso a los mejores empleos; en definitiva, se alienta su marginación o exclusión. 

Racismo y violencia

Entre las formas de la violencia racista podemos mencionar las matanzas, linchamientos, pogromos, asesinatos y atentados. La violencia racista, por pequeña o fragmentada que pueda parecer, jamás es totalmente independiente del contexto político en el que se produce. La violencia, en efecto, está siempre informada o condicionada por el carácter del sistema político o por el Estado, pero puede funcionar en otro plano; ella misma puede convertirse también en política, es decir, incorporarse al programa de fuerzas más o menos organizadas que la inscriben en el centro de un proyecto y de una acción directamente políticos.

Puede institucionalízarse en un Estado y Constituir un principio central de su funcionamiento Las líneas de demarcación entre estos tipos de fenómenos no están siempre claramente señaladas, y un buen número de experiencias constituyen casos intermedios, o que oscilan entre dos niveles. Dichas experiencias, por ese motivo, deben precisarse teóricamente y con firmeza.

La violencia política infrapolítica parece impulsiva, espontánea, fragmentada; hace acto de presencia en circunstancias’ particulares de relajamient0 de los Controles sociales y políticos: allí donde el orden del Estado es lejano, ausente, en situaciones fluidas, a través de fenómenos de masas, por ejemplo, en casos de revuelta; la imagen que ofrece es la de la explosión, la exacerbación, la resolución repentina de tensiones casi instintivas, sin premeditación Por el contrario la violencia racista política parece estructurada ideológicamente, organizada preparada está orientada canalizada, t’controlada y autocontrolada, impulsada por agentes que le dan forma concreta de manera más o menos consciente.

Esta imagen corresponde también a la violencia del Estado, cuyo carácter eventualmente desenfrenado no impide que pueda aparecer como fría y burocrática. La violencia racista nunca surge de la nada social; casi siempre apunta, directa o indirectamente a relaciones y cambios sociales, a fenómenos de movilidad y de decadencia, a movimientos de poblaciones así como a la constitución, al robustecimiento o a la prohibición de grupos autodefinidos por SU identidad, su nexo de unión religiosa, nacional étnico y, a fin de cuentas, racial.

DECLARACIÓN CONTRA EL RACISMO
La Asamblea General de las Naciones Unidas declara solemnemente.

1. Toda doctrina de superioridad racial es científicamente falsa, mora/mente condenable, socialmente injusta y peligrosa y no tiene justificación alguna;

2. Todos los pueblos y todos los grupos humanos han contribuido al progreso de la civilización y culturas que constituyen el patrimonio común de la humanidad;

3. Todas las formas de discriminación y en particular las políticas gubernamentales basadas en la teoría de la superioridad, exclusividad u odio raciales constituyen una violación de los derechos humanos fundamentales y ponen en peligro las relaciones amistosas entre los pueblos, la cooperación entre las naciones y la paz y la seguridad internacionales;

4. El apartheid, la forma extrema de racismo institucionalizado, constituye un crimen contra la humanidad y una afrenta a la dignidad humana y es una amenaza para la paz y la seguridad en el mundo;

5. Las violaciones de los derechos humanos, la negación del derecho de los pueblos sometidos a dominación colonial o extranjera a la libre determinación, la ocupación extranjera, la dominación extranjera, la opresión económica y política, la injusticia social y el menosprecio cultural son causas profundas de discriminación y tensión;

6. Todos los Estados han de aislar aún más a los regímenes racistas y han de aplicar estricta y fie/mente las sanciones dispuestas por las Naciones Unidas contra esos regímenes, ya que la asistencia y la colaboración en las esferas económica y militar y en otras esferas constituyen un impedimento a la liberación del África meridional; los gobiernos tienen la obligación de crear las condiciones necesarias para que las empresas transnacionales dejen de:

a) Prestar cualquier asistencia y apoyo a los regímenes racistas de Pretoria y de Salsbury;
b) Explotar a los pueblos del África meridional y los recursos naturales de sus países;

7. Todos los que se benefician de la dominación y la explotación racistas en Sudáfrica o ayudan al régimen de apartheid o facilitan la propaganda en favof del apartheid son cómplices en la perpetuación de ese crimen de lesa humanidad;

8. Todos los gobiernos y todas las organizaciones internacionales y regionales deben aportar su apoyo y su solidaridad a todos los pueblos aprimidos, a sus movimientos de liberación nacional reconocidos por las organizaciones regionales, a los países de la Línea del Frente que son víctimas de regímenes racistas y a todas las victimas del racismo y de la discriminación racial, de colonialismo y del apartheid;

9. La proscripción del racismo y de la discriminación racial por la ley debe ser complementada mediante una vigorosa labor para asegurar la igualdad en las esferas económica, social y cultural.

10. La conferencia expresa su honda preocupación ante el hecho de que muchas organizaciones neonazis y fascistas hayan intensificado sus actividades, con las que han fomentado tendencias al racismo y a la discriminación racial;

11…….

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 32.