Las Avalanchas

Los Cárpatos Ubicacion Características y Geografía Cadena Montañas

Cadena de los Cárpato:Ubicación, Características y Geografía

Cárpatos, principal sistema montañoso de Europa central y oriental, con 1.450 km de extensión en forma de gran semicírculo, desde la capital de Eslovaquia, hasta el cañón conocido como la Puerta de Hierro, cerca de Orşova, en Rumania. Los Cárpatos, cuyo ancho oscila entre 32 y 257 km, están divididos en sierras menores, como son los Pequeños Cárpatos, los Cárpatos blancos, los montes Tatra, los Cárpatos orientales y los Alpes de Transilvania.

Los Cárpatos forman parte del macizo de Europa central y describen un inmenso arco alrededor de la llanura húngara. Allí se encuentran ios paisajes más pintorescos y un verdadero paraíso para muchas especies animales. También en el plano militar tuvieron los Cárpatos un papel importante durante las dos guerras mundiales.

Los Cárpatos forman parte del sistema montañoso de Europa central. Son la continuación de los Alpes hacia el este, y se extienden en un inmenso arco que encierra cerca de mil quinientos kilómetros de la llanura húngara desde Bratislava,   aproximadamente, hasta el paso del Danubio en el monte Banat.

Igual que los Alpes, los Cárpatos son una formación joven que puede dividirse en cuatro zonas: Cárpatos occidentales, centrales, orientales y meridionales. Los Cárpatos occidentales son sin duda los más pintorescos, con varios picos que se elevan por encima de los 2.000 m. Podría creerse a primera vista que esta comarca es de difícil acceso, pero no es así, pues las pendientes se prestan cómodamente al trazado de carreteras por las  que puede penetrarse  fácilmente en el corazón del macizo.

Este sector de los Cárpatos está comunicado por muy buenas carreteras en todas direcciones, y todos aquellos que penetran en él gozan de la inolvidable belleza de los verdes valles o de los pastos de altura en los que la roca desnuda aflora acá y acullá.

Los Cárpatos occidentales deben la diversidad de su paisaje a su estructura geológica relativamente complicada.

Este sector de los Cárpatos es también, indudablemente, el más rico en minerales. De los flancos de la montaña se extraen oro, plata, bauxita y muchos otros metales.

vista de los carpatos

Cárpatos: Este sistema montañoso europeo se extiende desde Bratislava, la capital de Eslovaquia, hasta el cañón conocido como la Puerta de Hierro, cerca de Orşova, en Rumania.

La explotación de tales minerales tiene una historia muy movida. Ya en tiempo de los romanos sacaban oro de allí. También se encuentran vestigios de esa riqueza en los trajes tradicionales. Pensemos en todos los adornos que atestiguan la riqueza del país.

Los Cárpatos occidentales se extienden hasta el valle del Hernad-Topla. Desde allí se llega a los Cárpatos centrales, que terminan a su vez en las fuentes del Theib. A veces se da a esta parte el sobrenombre de «Cárpatos boscosos». Allí vive una fauna que ya no se encuentra en otros lugares: osos pardos y zorras, así como algún lobo y algún que otro lince.

Completamente al este y parcialmente en territorio soviético se extienden los Cárpatos orientales. Es la mayor cordillera de montañas volcánicas de Europa. Inmensas regiones han sido constituidas por lavas y muchas de las cimas son antiguos volcanes.

Esta comarca es también rica en minerales, lo que explica el gran desarrollo de la artesanía en la mayoría de los pueblos y el auge de la industria en las ciudades. La abundancia de mineral de hierro dio vida, en la comarca, a unos prósperos altos hornos. Los Cárpatos orientales gozan de fama, además, por sus estaciones termales.

En los Cárpatos orientales se encuentran, al lado de los macizos volcánicos, macizos cristalinos. Uno se apercibe inmediatamente de ello en los bosques densos que fueron siempre la base de una intensa actividad. Los habitantes de esa región gozan de justa fama en la tarea de derribar árboles. Son madereros natos, muy duchos, además, en el trabajo de la madera.

Finalmente, los Cárpatos meridionales se extienden por entero en Rumania. Gozan de justa fama por sus cumbres redondeadas y por sus hermosos pastos de altura, en los que pace un ganado grande y gordo. El macizo de Bucegi, que forma la extremidad sur de los Cárpatos rumanos, es muy boscoso. Hayas y abetos brotan allí en gran profusión.

También se encuentran en aquellos parajes toda clase de plantas y de flores típicas de las regiones montañosas al lado de ciertas especies que sólo crecen en los Cárpatos. Allí viven también roedores y otros mamíferos como los ciervos, los lobos, los osos y los gatos monteses.

Los Cárpatos no despiertan interés solamente desde el punto de vista físico, sino que representaron también, en distintas ocasiones, un papel estratégico importante. Hicieron las veces de barrera, aunque fuesen una barrera menos efectiva que otros sistemas montañosos.

Si se examina un mapa en relieve se ve inmediatamente que los Cárpatos se alzan como una muralla, como una protección contra un ataque lanzado desde la planicie de Podolia y desde las estepas de Ucrania situadas más al este.

Teniendo en cuenta que los Cárpatos se extienden en la zona fronteriza entre Rusia y los Estados de Europa central, resulta comprensible también que estuvieran comprendidos en la zona de operaciones militares durante las dos guerras mundiales, aunque fue en la primera de ellas cuando desempeñaron un papel importante. Desde el principio los rusos proyectaron invadir Hungría por los pasos carpáticos.

Ya en 1914, desde los primeros meses de la guerra, habían conseguido hacerse con algunos de estos pasos. Pero poco después se veían obligados a abandonar las posiciones conquistadas. Sin embargo, siguieron adelante con sus planes y el 4 de junio de 1916, bajo el mando de Brusilov, desencadenaron una segunda gran ofensiva mediante la cual amenazaron de nuevo los Cárpatos.

Esta vez la amenaza entrañaba más peligro, puesto que junto con los rusos entraron en liza los rumanos. El objetivo de éstos era la conquista de Transilvania, que formaba entonces parte de Hungría. Pero, desde el punto de vista etnográfico, la Transilvania’. era parcialmente alemana y parcialmente rumana.

Sin embargo, cuando ya los ejércitos ruso y rumano iban a cosechar algunos éxitos, la propia Rusia empezó a flaquear y a titubear a causa de dificultades de orden interno. Los rumanos, que habían entrado en Transilvania por las estribaciones de los Cárpatos meridionales, fueron rechazados. El 6 de diciembre de 1916 su propia capital, Bucarest, caía en manos de las potencias centrales.

Después de la guerra, el Tratado del Trianón (1920) atribuyó Transilvania a Rumania, situación confirmada después de la segunda guerra mundial, por el Tratado de París (1947). Transilvania, que los rumanos llaman el Ardeal, constituye en la actualidad el noroeste de Rumania y forma parte, pues, de los Cárpatos meridionales.

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Avalanchas y Aludes de Nieve Causas y Tipos

Avalanchas y Aludes de Nieve
Causas y Tipos

Las regiones montañosas se ven en ocasiones afectadas por aterradoras catástrofes. Entre estos cataclismos naturales hemos de contar las avalanchas. Existen avalanchas de nieve seca, de nieve húmeda y avalanchas de glaciar. A veces cualquier insignificancia basta para que millares de toneladas de hielo y nieve se derrumben, sembrando a su paso la muerte y la destrucción.

También las avalanchas o aludes contribuyen a la formación de los glaciares. La nieve recién caída no puede permanecer pegada en espesas capas a lo largo de las paredes abruptas. También sucede que, después de un período de frío intenso, el sol proporciona el calor suficiente o bien empieza a soplar el foehn, y la nieve, las grandes masas de nieve, se ponen en movimiento y provocan una avalancha.

Podemos dividir las avalanchas en tres tipos: la avalancha de nieve seca, la de nieve húmeda y la de un glaciar. En el primer caso, la nieve acabada de caer resbala sobre una superficie que no le ofrece el menor agarre. Los aludes de nieve húmeda se producen cuando el agua resultante de la fusión de las capas superiores impregna el resto de la nieve. Finalmente, la avalancha de un glaciar se produce cuando el peso de la nieve hace resbalar un glaciar suspendido o agarrado a una pared relativamente abrupta.

Las avalanchas son fenómenos naturales extremadamente peligrosos que se producen siempre de modo imprevisto. Enormes masas de nieve, que a veces representan millones de toneladas, se desploman con un ruido atronador. En 1962, 3.500 peruanos murieron en menos de diez minutos sorprendidos y aplastados por un alud. La catástrofe se produjo el 10 de enero, en pleno verano peruano, en el flanco norte del Huascarán, que con sus 6.700 m es la cumbre más alta del país.

Gigantescos glaciares arrastran masas de hielo y de nieve hacia el valle. Normalmente, el hielo se funde en el límite de las nieves eternas y alimenta ríos torrentosos. Pero el calor que desprendía el sol decidió que en aquella ocasión las cosas sucedieran de otra forma, y el deshielo súbito provocado de este modo dislocó el glaciar en varios cientos de metros y las masas de hielo se pusieron en movimiento y aplastaron y destruyeron cuanto hallaron a su paso.

En unos minutos la muerte y la desolación se abatieron sobre un valle al que ningún peligro parecía amenazar, y pueblos inundados de sol quedaron al instante transformados en inmensas tumbas.

No menos de tres millones de toneladas de hielo y nieve se habían desprendido del glaciar a las 6.13 de la mañana; dos minutos más tarde había que deplorar ya ochocientas víctimas: los habitantes del pueblo situado al pie de la montaña. Algunas colinas desviaron el alud de su trayectoria y gracias a este milagro el pueblo de Yungay escapó a la destrucción.

A las 6.18 la avalancha llegó hasta el lugar en que se levantaba la población de Ranrahirca, que en un abrir y cerrar de ojos quedó transformada en un inmenso montón de ruinas bajo las que quedaron sepultadas unas dos mil setecientas personas.

Después de destrozar otros cuatro pueblos, la monstruosa masa se detuvo en las proximidades del río Santa: eran las 6.20; la catástrofe que acababa de causar daños inestimables y de arrebatar la vida a millares de personas había durado exactamente siete minutos. Estos siete minutos fueron suficientes para que recorriera una distancia de unos cuatro mil metros y para devastar uno de los valles más prósperos de los Andes peruanos.

La fuerza destructora de la naturaleza había sido de una potencia inimaginable, y los pocos supervivientes testigos de aquel desastre quedaron anonadados. Lo que más les llamó la atención, inmediatamente después de la catástrofe, fue el impresionante y mortal silencio que sucediera al ruido ensordecedor de la avalancha.

En todas partes se organizaron grupos de socorro que se declararon impotentes ante la magnitud de aquel desastre: la masa de hielo, nieve y ruinas alcanzaba un espesor que iba de los 30 a los 60 m. ¿Había acaso la esperanza de encontrar algún superviviente? A simple vista el espectáculo era de completa desolación. Pero encontraron a un niño al que la avalancha había arrastrado durante más de un kilómetro y que, milagrosamente, había escapado a la muerte.

En otro lugar algunas ovejas, únicas supervivientes de un enorme rebaño, soltaban sus lastimeros balidos. Los pocos que escaparon al desastre reunieron cuanto pudieron recuperar y abandonaron en el acto y para siempre aquella región tan próspera días antes.

Este alud ofreció a los especialistas una ocasión única de estudiar el modo de evitar, en lo futuro, una catástrofe semejante. Llegaron a aquellos lugares glaciólogos de todos los países y anotaron cuidadosamente cuantos datos consiguieron recoger. Técnicos y expertos estudian en la actualidad aquellos informes e intentan deducir de ellos las medidas de precaución que haya que tomar. La cuestión estriba en saber si tendrán éxito, incógnita a la que es difícil responder.

En 1965 fue Suiza la que sufrió las consecuencias de una avalancha que, si bien no provocó una catástrofe de la amplitud de la del Perú, arrebató la vida a unas ochenta personas. Todo empezó con una grieta abierta en el hielo; luego, súbitamente, la masa helada se separó y se desplomó sobre los barracones de los obreros ocupados en la construcción de una nueva presa de contención. La obra quedó cubierta por una capa de hielo de 80 m de espesor.

Los grupos de socorro llegaron casi inmediatamente, pero no había supervivientes. Por otra parte, el peligro de que se produjeran nuevos aludes era tan grande que hubo que suspender las operaciones de salvamento.

Sólo en 1951, perecieron en Suiza, a causa de las avalanchas, unas cuatrocientas personas. Por fortuna no todos los años se producen en los países montañosos tales catástrofes.

Numerosos son los factores que han de intervenir para que se produzca una avalancha, entre los que podemos mencionar la cantidad de nieve caída, la temperatura y la evolución del glaciar.

Cuando todos los elementos están presentes, el más pequeño incidente (por ejemplo, un disparo de fusil) puede provocar el cataclismo. Por esta razón se toman todas las medidas de precaución posibles, principalmente en primavera, que es cuando los riesgos de avalancha son más grandes.

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