Las Cárceles III

La Semana Tragica Resumen Huelga de Obreros Liga Patriotica Yrigoyen

LA LIGA PATRIÓTICA EN LA SEMANA TRÁGICA

LA SEMANA TRÁGICA: La huelga iniciada en diciembre de 1918 en. los talleres metalúrgicos Pedro Vasena e HIJOS (ubicados en el barrio de Nueva Pompeya), por obreros que pretendían mejoras en sus condiciones de trabajo y salarios, finalizó con un conflicto sindical generalizado. La industria metalúrgica buscaba bajar costos puesto que la guerra la había afectado profundamente (dependía de la importación de carbón y de materias prima de alto precio). El saldo de esta Semana Trágica será de centenares de muertos y miles de heridos y la sensación de que el poder oligárquico y sus brazos armados estaban intactos, vigilando al resto de la sociedad. Estas huelgas fueron la expresión de una clase obrera que carecía de los derechos básicos y que no participaba de la prosperidad del granero del mundo.

ANTECEDENTES: Cuando Yrigoyen asumió la presidencia de la nación, la ciudad de Buenos Aires contaba con más de medio millón de obreros. Aproximadamente la mitad estaba ocupada en el sector industrial y La mayor parte vivía en el sur de la ciudad. Una multitud de talleres y de pequeñas industrias poblaban los barrios obreros de Nueva Pompeya, Barracas y La Boca, mientras que, en la provincia de Buenos Aires, Avellaneda se destacaba por la presencia de los trabajadores de los frigoríficos. De acuerdo con David Rock, esta «concentración geográfica contribuyó a la formación de una cultura de la clase obrera», es decir, de valores, costumbres e ideales compartidos. En ese marco, la aspiración a una sociedad más justa, en la que no existiera la explotación del hombre por el hombre, constituía un elemento importante.

Durante las primeras décadas del siglo, socialistas y anarquistas habían competido para ganarse la adhesión de los trabajadores. El presidente Yrigoyen, lejos de ignorar esta realidad, intentó modificarla mediante el afianzamiento de un nuevo tipo de relación entre el Estado y la clase obrera urbana, Desde su punto de vista, el Estado debía ser un arbitro de los conflictos entre los empresarios y los trabajadores.

Por consiguiente, la represión debía sustituirse por la negociación entre las partes. No en vano, como ha señalado Alain Rouquié, «algunos con placer y otros horrorizados, pudieron ver por primera vez a un presidente de la República recibir delegaciones de obreros en la Casa Rosada». Muchos sintieron la misma sorpresa al observar el respaldo del presidente a las reivindicaciones laborales de los portuarios de Buenos Aires o de los ferroviarios de Rosario, en 1917.
Los trabajadores, pese a la favorable actitud inicial de Yrigoyen, vivían tiempos difíciles por tres motivos centrales:

La inflación. La reducción de las importaciones generada por la Primera Guerra Mundial favoreció el aumento de los precios de los artículos de consumo.

La desocupación. La pérdida de mercados provocada por la guerra repercutió sobre la actividad económica y aumentó el número de desocupados, situación que comenzó a revertirse al finalizar el conflicto.

Los bajos salarios. Mientras mayores eran la desocupación y, por lo tanto, la demanda de empleo, mayor era la facilidad de los empresarios para minimizar sus gastos en el pago de la mano de obra.

Causas de la Gran Huelga: La guerra había afectado gravemente a la industria metalúrgica argentina, dado que su funcionamiento dependía de suministros provenientes del exterior. Para atenuar la crisis, la empresa metalúrgica Vasena, ubicada en el barrio obrero de Nueva Pompeya, decidió reducir el «costo laboral»: bajó el salario en un 50% y contrató a mujeres y niños. Los trabajadores respondieron a estas medidas con una huelga, que fue también secundada por trabajadores de otros gremios de la capital y de todo el país.

Incendio provocado en los talleres metalúrgicos de Vasena, ubicados en Urquiza e Independencia. En enero de 1919, una huelga realizada por los obreros de los talleres metalúrgicos Vasena —en demanda de una jornada laboral de ocho horas y el pago de horas extras— se extendió a otras fábricas de la Capital Federal. Presionado por los empresarios metalúrgicos, el gobierno decidió imponer el orden enviando primero a la policía y después al ejército, que reprimieron a los trabajadores. Los enfrentamientos se sucedieron durante varios días y hubo alrededor de cien muertos. Estos hechos fueron recordados como la Semana Trágica.

La empresa Vasena contrató «rompehuelgas», que contaron con el apoyo de la policía y de grupos civiles armados, quienes se dedicaron a perseguir, golpear, detener o asesinar obreros. Estos civiles habían recibido armas en el Club Naval que presidía el contralmirante Domecq García y, pronto, a fines de enero, estrenaron sigla propia: Liga Patriótica Argentina. Sobre sus integrantes recayó parte importante de la responsabilidad por los asesinatos, cuyo número oscila entre 1000 y 2.000, según las fuentes.

Entre las víctimas de la Semana Trágica, nombre que recibió a causa los numerosos muertos) había también inmigrantes europeos, quienes fueron acusados de querer promover una revolución social. Tras la tragedia Yrigoyen dispuso la libertad de los todos los obreros detenidos y favoreció un aumento salarial para los obreros de los talleres Vasena. Pero los hechos habían revelado la impotencia del gobierno para controlar la situación.

Miembros de la Liga Patriótica. Durante la Semana Trágica surgió la Liga Patriótica, una organización integrada por miembros de la élite que declaraban defender el orden social y la nacionalidad más pura del país. En grupos armados, recorrían las calles de la ciudad en sus autos, protegían a los rompehuelgas y fueron muy activos en la represión de la huelgas.

PARA SABER MAS…
Crónica de la Época I
La Semana Trágica Por Juan Suriano Historiador
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] A comienzo de diciembre de 1918 los trabajadores de la empresa declararon huelga luego de que la patronal rechazara el pliego de condiciones en el que se reclamaban mejores condiciones en el trabajo: aumento de salarios, jornada de ocho horas, pago de las horas suplementarias y la supresión del trabajo a destajo.

A medida que pasaban los días el conflicto se fue agravando. Los huelguistas establecieron piquetes en los alrededores del establecimiento para evitar la entrada de esquiroles contratados por la empresa que, a la vez, dispuso apostar en el interior de la planta una guardia armada y matones de la ANT que no hicieron más que encrespar los ánimos de unos trabajadores que chocaban, una vez más, contra la intransigencia patronal.

El 3 de enero, justo un mes después de iniciada la huelga, se produjo un duro enfrenta-miento entre los trabajadores y los guardias armados que precipitó los acontecimientos. Los manifestantes intentaban ingresar a la fábrica y en la refriega fue muerto de una puñalada un inspector de policía que intentaba calmar los ánimos.

El 7 de enero cuatro huelguistas fueron muertos por las fuerzas policiales cuando intentaban impedir que los conductores de chatas contratados por Vasena entraran y sacaran mercadería de los depósitos de la empresa ubicados en Nueva Pompeya. Los trágicos sucesos provocaron una profunda indignación en el mundo del trabajo y las dos federaciones gremiales así como las organizaciones sindicales del socialismo decretaron una huelga general para el 9 de enero.

Desde el día anterior los obreros muertos eran velados en una sede del Partido Socialista de la zona y el 9 la huelga fue creciendo y a lo largo de la jornada alcanzó una notable efectividad a partir del paro de transportes que paralizó la ciudad. Desde el mediodía el cortejo fúnebre se puso en marcha dando lugar a una impresionante manifestación durante la cual se produjeron numerosos incidentes. Ya en el cementerio de la Chacarita los muertos no pudieron recibir sepultura pues una feroz represión de las fuerzas del orden provocó alrededor de veinte muertos. Los manifestantes huyeron pero durante la noche se reagruparon en distintos lugares de la ciudad multiplicándose los disturbios.

Con la masacre de la Chacarita el gobierno de Yrigoyen, que al comienzo se mostró permisivo con los huelguistas, decidió finalmente reprimirlos duramente. Puso al frente de las tropas al general Dellepiane, que ocupó y militarizó la ciudad. No obstante, la huelga continuó y el 10 de enero la ciudad de Buenos Aires se hallaba paralizada. Entonces se desató una verdadera «caza del hombre» por parte de fuerzas del orden y grupos paramilitares de civiles que persiguieron a los militantes así como atacaron y destruyeron locales gremiales y políticos representativos del movimiento obrero.

Pero la brutalidad represiva no se detuvo allí sino que se ensañó con los bienes e instituciones judías de los barrios de Once y Villa Crespo. Estas bandas civiles golpearon e incluso asesinaron a mansalva a miembros de la colectividad judía, quemaron sus bibliotecas y sinagogas y destruyeron varias viviendas ante la pasividad policial. Pocos días después el movimiento estuvo derrotado y los grupos que formaron los comandos civiles fundaron la tristemente célebre Liga Patriótica Argentina.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Historia de las Prisiones Bentham Carcel Panoptico Origen de la Prision

Historia de las Prisiones Bentham
Cárcel Panóptico

LA PRISIÓN MODERNA: La prisión surgió en un orden social nuevo en el que, a partir de las normas, se pretendía modelar los gestos, las conductas y las actitudes de los hombres.

Los países anglosajones encaraban una reforma carcelaria que, a poco, conmovería los sistemas carcelarios de todo el mundo.

En materia arquitectónica, el inglés Jeremías Bentham ideaba el panóptico, un presidio que observado a vuelo de pájaro aparecía como la rueda de un carro: los rayos eran los pabellones carcelarios, y el centro de esa rueda el sitial que ocupaban las autoridades de la cárcel. Como es fácil imaginarse, de un vistazo abarcaban todo lo que pudiera ocurrir allí.

El la de la durante el siglo XIX las sociedades europeas se replantearon uso del poder de castigar en la fábrica, en el taller, en la escuelas,  en el ejército o en los hospitales.

Entre 1830 y 1848, ciertas formas tradicionales de castigo fueron reemplazadas por otras.

• El cuerpo dejó de ser el blanco de la represión penal. El descuartizamiento, la amputación y las marcas en los cuerpos dejaron de practicarse.

• Se abandonó la exposición pública de los castigados. Hasta entonces era una práctica común exponer a los castigados vive o muertos en las plazas, a modo de espectáculo ejemplar.

• La privación del bien máximo de la sociedad burguesa libertad pasó a ser el principal castigo.

La sociedad burguesa creó un lugar cerrado para ejecutar la pena de los condenados -la prisión- en donde los condenados serían corregidos para reingresar dóciles y capacitados al seno de una sociedad productivista.

Entre 1830 y 1840, se elaboró un programa arquitectónico para la mayoría de los proyectos de prisiones europeas, siguiendo el modelo de Jeremy Bentham.

Estas prisiones-máquinas imaginadas por Bentham constaban de un punto central –una torre de vigilancia– desde donde partían pabellones de celdas, como si fueran los rayos de un rueda que convergen sobre el eje central.

Con este diseño, un mirada permanente instalada en la torre de vigilancia a la que Bentham bautizó «panóptico«- podía controlar todo el funcionamiento del interior del edificio, tanto el movimiento de lo presos como el del personal.

La prisión generó un vínculo estrecho entre la policía y le presos liberados que no lograban insertarse en el mercado liberal.

Una vez excarcelados, los antiguos presidiarios fueron utilizados para espiar y delatar a otros ex-condenados ligados al delito común o a actividades políticas (anarquistas, socialistas, liberales radicales), o para infiltrar grupos sindicales obreros.

De ese modo se amplió un sistema de vigilancia social de los sectores populares y de los marginados del orden económico burgués.

Jeremy Bentham

Jeremy Bentham fue un pensador y publicista inglés de orientación liberal.

Adhirió al utilitarismo, una corriente filosófica que sostenía que los individuos actúan movidos por la búsqueda de la felicidad. El mandato de una sociedad debía ser la búsqueda de la mayor felicidad para el mayor número de individuos.

De este modo, Bentham y sus seguidores -que fueron muchos, tanto en Europa como en América- justificaban una mayor intervención del estado para garantizar «la mayor felicidad para el mayor número».

Paralelamente en Filadelfia, la secta de los cuáqueros, allá por 1786, fundaba la Asociación para el alivio de las miserias en las cárceles públicas.

El tono religioso de la reforma propiciada por los cuáqueros —el líder fue Guillermo Penn—, arrojó un saldo positivo: comenzó tímidamente a nacer la idea de privación de la libertad como pena en sí misma.

Por otra parte, la cárcel dejaba de entenderse como un depósito superseguro del que los delincuentes no pudieran huir. Se ampliaban sus funciones al adoptarse una nueva noción: la de convertirla en un instituto —casi terapéutico— que readaptara al preso para reintegrarlo a la sociedad.

Conceptualizado el delito como «pecado» en la Filadelfia de ese entonces, no extrañó que a los presos se aplicara la misma «terapia» a la que se sometían los monjes cuáqueros después de pecar: la celda, lugar donde se mantenía silencio absoluto para expiar la culpa y quedar en paz con la conciencia.

A este sistema aplicado a los penados se lo denominó celular o filadélfico.

Pero como los presos no eran monjes y sometidos al rigor de la soledad y el silencio —lejos de «expiar» la falta— muchos enloquecieron, en 1779 en la ciudad de Nueva York y en 1818 en la de Auburn, en los Esta-dos Unidos, se intentó un nuevo régimen cuyo nombre devenía de esta última ciudad: el auburniano.

Elam Lynds, su inventor, redujo el sistema celular para el descanso nocturno y, durante el día —como cura complementaria readaptativa—, aplicó a todos los presos el trabajo en común.

Esa reforma no lo movió a modificar la regla de silencio absoluto que siguió manteniéndose día y noche. Poco después en Inglaterra Alexander Maconochie y en Irlanda Walter Crofton, perfeccionaban el primitivo intento introduciéndole importantes modificaciones.

Maconochie en 1845 sostenía que la readaptación del preso requería tres etapas: una de reclusión celular, otra de reclusión celular nocturna y trabajo en silencio diurno (como vemos combinaba los sistemas anteriores) y una tercera etapa para él, consistía en la libertad condicional.

Crofton a su vez, a los pasos recomendados por Maconochie, añadía un cuarto, que era intermedio: entre la reclusión celular nocturna combinada con el trabajo diurno en silencio y la libertad condicional, él recomendaba que el preso viviera una etapa en cárceles sin muros ni cerrojos. Todos, estos ensayos variaron fundamentalmente la idea, de cárcel.

Del trabajo emprendido por el preso con fines terapéuticos (muy diferente al que se programaba en las Provincias Unidas del Río de la Plata donde, como en el resto del mundo hasta ese entonces, al Estado no le interesaba (a salud del preso sino los beneficios que aportaba su mano de obra), devino el peculio, una retribución que el encarcelado recibía para atender sus necesidades.

Por otra parte, se hizo obligatoria la enseñanza de manualidades, oficios y actividades varias en las prisiones. Además, se entendió como saludable la enseñanza de tipo religioso para el penado y comenzó a favorecerse el ingreso de sacerdotes a las cárceles.

Básicamente, la mayor parte de estos conceptos readaptativos —apuntalados por las ciencias modernas como psicología, sociología, biología, etcétera, y desprendidos de las connotaciones religiosas de «expiación de la falta»—, predominan en los establecimientos actuales.

Ver: Métodos de Tortura en la Antiguedad

Ver: Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes

Fuente Consultada:
Cáceles  Historia Popular  Tomo 19  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –