Las Fuentes de Roma

Fuentes de Roma Para Visitar Historia de las Obras de Arte

Historia de las Fuentes de Roma Para Visitar

Las fuentes de Roma representan una de las grandes atracciones de la capital de Italia. En el tiempo de los emperadores romanos, desde Augusto hasta Teodosio, en la ciudad se construyeron once acueductos, cuyas imponentes ruinas podemos admirar todavía. Esos acueductos proveían de agua a un millar de baños públicos y a una enorme cantidad de fuentes, termas y juegos de agua.

Durante la Edad Media, después de las invasiones bárbaras, los problemas del abastecimiento de agua fueron seriamente estudiados en la mayoría de las ciudades de la península itálica. En Roma, gracias al Tíber, no existía ninguna preocupación sobre ese punto. Las aguas de este río cubrían suficientemente. las necesidades de la población y las de los numerosos peregrinos que concurrían a la Ciudad Eterna, en toda época del año.

En Perusa se levantó la Fontana Maggiore que continúa suscitando la admiración de todos los amantes del arte. En Aquila se construyó una fuente con noventa grifos; Viterbo se adornó con millares de fuentes y otras muchas decoraron las numerosas plazas de Siena y Florencia. Casi a mediados del siglo XVI, el Papa Julio III hizo construir nuevos baños públicos y levantar una fuente en la Via Flaminia (calle Flaminiana), que curre casi paralela al Tíber.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente1.jpg

Fuente: Fontana Maggiore

Sin embargo, sólo al final del siglo XVI comenzaron a erigirse las famosas fuentes de Roma. Fue entonces cuando se construyó la armoniosa Fuente de las Tortugas, magnífica obra de arte concebida por Juan Bautista della Porta (1542-1597) y ejecutada probablemente por Tadeo Landini. Algunos atribuyen al genio de Rafael la creación de sus formas tan delicadas. En ella podemos admirar a cuatro mancebos que, con una mano y un pie, sostienen a unos delfines, y, con la mano libre, a un tortuga que bebe en el pilón superior.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente2.jpg

Fuente de las Tortugas en Roma

Esta obra maestra de la escultura se halla ubicada en la plazoleta Mattei, rodeada de severos palacios, detras de los cuales se extiende el antiguo ghetto (barrio donde residían los judíos). Otras fuentes, fruto de la inspiración de J. B. della Porta, están diseminadas por la capital de Italia: en Santa María en Campitelli, bajo las gradas del Ara-Coeli, en Plaza Colonna, en Madonna dei Monti.

La fuente llamada del Facchino data de la misma época y representa a un mozo de cordel que lleva un tonel, del cual mana un fino chorro de agua.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente3.jpg

Fuente del Facchino

Entre el final del siglo XVI y el comienzo del siglo XVII, Roma se embelleció con fuentes valiosas, debidas al talento admirable del arquitecto Domingo Fontana (1543-1607). Este artista, muy estimado por el Papa Pío V, debe la fama sobre todo a dos de sus trabajos: el obelisco de la Plaza de San Pedro y la fachada lateral de San Juan de Letrán, una de las cuatro Basílicas patriarcales.

Gracias a los proyectos realizados por Fontana, fue reconstruida la Mostra dell’Acqua Felice o Fontanone dell Acqua Felice, adornada con estatuas bíblicas colocadas en tres nichos. Esta maravillosa obra de arte simboliza la adhesión de su autor a la Contrarreforma, movimiento iniciado para combatir la Reforma protestante, y es una reacción contra los temas profanos que eran elegidos generalmente para ornamentar los edificios públicos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente4.jpg

Mostra dell’Acqua Felice

También debemos a un diseño de Fontana, la Fuente del Quirinal o de los Dioscuros, en la que se utilizaron elementos ya existentes. Así, el gran pilón es el mismo que estaba emplazado en el recinto del antiguo Foro y que se utilizaba para abrevar los animales. Al pie de las estatuas que coronan los dos grandes pedestales —probables copias romanas de estatuas griegas de la época imperial— puede leerse una inscripción que las atribuye a Fidias y a Praxiteles.

Los críticos modernos concuerdan en admitirlo así; sin embargo, las estatuas de los Dioscuros, a quienes la fuente debe su nombre, pertenecen a la época romana. Conviene recordar aquí, que los Dioscuros: Castor y Pólux, eran los hijos de Júpiter y Leda que, transformados en estrellas, dieron su nombre al tercer signo y constelación del Zodíaco: Géminis. Otra obra célebre de Fontana es la Mostra dell’Acqua Paola. Levantada sobre el Janículo, una de las siete colinas de Roma, es una de las más famosas fuentes romanas.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente5.jpg

Fuente del Quirinal

Al mismo artista se deben las Cuatro Fuentes que embellecen los cuatro ángulos de una plaza a la cual dieron su nombre, y la Fontana dell Obelisco (Fuente del Obelisco) que se halla ubicada en la Plaza de San Juan.

El primero que tuvo la idea de hacer surgir de las  fuentes eso juguetones chorros de agua que se elevan hacia el cielo fue Carlos Maderno un célebre artista ita liano 1556-1629 que se revelo como uno de los mas grandes arquitectos de su tierra en la terminación de la Basílica de San Pedro y en la construcción de diversos palacios.

Aquello significó una verdadera revolución. El agua no era ya un elemento destinado solamente a llenar necesidades colectivas o un pretexto para edificar hermosas obras arquitectónicas; a partir de ese momento fue mucho más: se transformó en un elemento decorativo que añadía a la piedra el encanto particular de su música, su vida, su luz, sus arco iris, y realzaba con sus saltos los contornos mismos del monumento.

Carlos Maderno fue también el autor del proyecto de los dos surtidores de la Plaza de San Pedro. Cada uno tiene dos pilones, el inferior orientado hacia arriba y el otro hacia abajo: de este último surge, como desafiando al cielo, un gran chorro de agua, que luego cae formando una especie de cúpula.

Todo aquél que ha podido deleitarse con la melodía de las fuentes de Maderno, se ha extasiado también ante la columnata de esa misma plaza, que parece abrirse en dos brazos para recibir y acoger a los hombres de todo el mundo. La notable columnata en herradura es una entrada digna de la basílica más importante de la cristiandad y constituye la obra maestra de Juan Lorenzo Bernini (1598-1680), pintor, arquitecto y escultor italiano llamado también el caballero Bernín.

Su columnata es una sucesión admirable de doscientas ochenta y cuatro columnas que forman un semicírculo de cuatro hileras, adornadas con sesenta y cuatro estatuas. Observada desde un disco de piedra que se encuentra en la plaza, la selva de columnas desaparece y no se ve más que la primera de las cuatro que integran la fila. Ésta es una de las tantas expresiones del genio de Juan Lorenzo Bernini, a quien debemos, además, una célebre fuente de Roma: la de Piazza Navona.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente6.jpg

Fuente de la Piazza Navona

Juan Lorenzo Bernini fue digno heredero del arte de su padre que, a su vez, había engalanado la Piazza di Spagna (Plaza de España) con una fuente hermosísima, la Barcaccia. Como en ese lugar la presión era insuficiente para que el agua pudiera elevarase, Pedro Bernini construyó una fuente donde representó un navío que iba a pique. Esa barcaccia medio sumergida y a punto de desaparecer en las aguas, constituye un espectáculo verdaderamente extraordinario.

Otra obra notable de Juan Lorenzo Bernini es la Fontana del Tritone (Fuente del Tritón). Tuvo que erigirla en un lugar donde el agua no abundaba y por ese motivo debió ingeniarse para conseguir un efecto grandioso. La Fuente del Tritón está en medio de la Plaza Barberini, que es uno de los nudos más complicados de la circulación y tránsito de la gran urbe. De una enorme valva, sostenida por las largas colas de cuatro delfines, se levanta un inmenso Tritón, monstruo marino que tenía el aspecto de un hombre en su parte superior y de pez en la inferior.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente7.jpg

Fuente: Fontana del Tritone

Esa figura representa una de las divinidades que, según las órdenes de Neptuno (Poseidón), apaciguaban o provocaban las tempestades soplando en una caracola. No obstante, aunque el tritón de la fuente parece soplar muy fuerte en la caracola, su soplo debe resultar muy débil, pues salta sólo un pequeño hilo de agua que cae muy cerca y sin elevarse mucho.

Para la erección de la Fontana Céntrale de Plaza Navona, conocida también por Fontana dei Fiumi (Fuente de los Ríos), se había llamado a concurso; pero Bernini no estaba invitado, pues había caído en desgracia ante la Corte Pontificia. El Caballero Bernín no se desanimó y logró hacer colocar el boceto de su obra en uno de los aposentos del Vaticano. Todo aconteció de acuerdo con los anhelos del gran artista.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente8.jpg

Fuente: Fontana Céntrale de Plaza Navona

Al ver el proyecto, el Papa Inocencio X se entusiasmó tanto que lo mandó llamar y le confió la misión de construir la fuente. Bernini tenía motivos muy especiales para desear ocuparse de la construcción de la fuente; entre ellos, había uno que lo obsesionaba: frente a la Plaza Navona donde debía emplazarse su obra se encontraba la iglesia de Santa Inés que había levantado Francisco Borromini (1599-1667), rival odiado e irreductible enemigo de Juan Lorenzo. Bernini concibió su trabajo pensando sólo en que iba a estar colocado frente a la iglesia de Borromini.

En la obra de Bernini figuran cuatro estatuas que representan los ríos más grandes del mundo: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata, que simbolizan, a su vez: África, Asia, Europa y América, respectivamente. Los tres primeros ríos desvían los ojos como si las imperfecciones arquitectónicas del santuario hirieran sus miradas. Solamente el Río de la Plata dirige la vista hacia la iglesia de Santa Inés, pero en su rostro se advierte una expresión de espanto tan evidente que, al observarlo, sólo podemos pensar que el río espera con horror la caída del campanario de la iglesia que amenaza desplomarse sobre él en cualquier momento.

Además de las cuatro estatuas dispuestas alrededor de la fuente, cuyo diámetro no mide menos de 23 metros, pueden verse otras esculturas evocadoras de los cuatro continentes entonces conocidos, sobre los cuales arrecia un viento implacable. Estas últimas figuras son: un león, algunas matas de agave, un caballo al galope y una serpiente. El conjunto está coronado por un imponente obelisco, único elemento estático entre tanta agitación, que es una imitación romana de los obeliscos egipcios. Procede del Circo de Majencio y se apoya sobre las rocas de los ríos, debajo de los cuales se abre el vacío de la cuenca.

Para vengar a su maestro de las burlas y de la crítica sobre la iglesia de Santa Inés, los partidarios de Borromini crearon la duda sobre la estabilidad del obelisco Bernini que era un fino humorista se levanto en plena noche y sujeto en la punta del obelisco cuatro débiles cordones que ató luego a las cuatro casas que estaban en los ángulos de la plaza. Quería significar con esto que había asegurado el equilibrio del obelisco; pero Borromini no entendía la ironía. . . Esos incidentes lo apenaron y atormentaron tanto, que acabó por enloquecer y darse muerte.

De las otras tres fuentes ubicadas en esa misma plaza, la que se levanta hacia el sur es también obra de Bernini. Se llama Fontana del Moro (Fuente del Moro) y debe su nombre a la figura central de la misma: un etíope que retiene a un delfín.

A fines del siglo xvn nació en Roma el escultor y arquitecto Nicolás Salvi, autor de la Fontana de Trevi, fuente a la que una leyenda ha hecho muy popular. Se dice que todo aquél que arroja en ella una moneda volverá a Roma antes de morir.

La fuente representa la fachada de un palacio de 51 m. de largo, que descansa sobre una roca y está adornada con cuatro columnas corintias con estatuas y seis pilastras del mismo orden. En el centro del palacio existe un enorme nicho, cuya bóveda semiesférica descansa sobre tres columnas jónicas y representa la morada de Neptuno, el dios del mar.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente9.jpg

Fuente: Fontana Di Trevi

La colosal estatua del dios se halla de pie sobre una valva, que es su carro, a la que están uncidos dos caballos, cada uno de los cuales es guiado por un tritón. Un abundante caudal de agua baja de la valva por cuatro pisos superpuestos y cae en un amplio estanque semicircular.

En orden cronológico, la última de las más famosas fuentes de Roma es la de las Náyades de la plaza Esedra. Según la mitología, las náyades eran divinidades hermosísimas que vivían en el mar. En 1901 se añadieron a la Fuente de las Náyades otras figuras femeninas debidas al escultor Rutelli. Esta fuente fue inaugurada el 10 de septiembre de 1870, exactamente días antes de los combates de Porta Pía.

Éstas son algunas de las maravillosas fuentes que engalanan la antigua Ciudad de los Césares. Sin embargo, no son todas; muchas otras, obra también de grandes artistas, alegran sus calles con la dulce y fresca canción de las aguas. Todas han inspirado al célebre compositor Ottorino Respighi, el autor de Las fuentes de Roma y Los pinos de Roma.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Las Fuentes de Roma –

El Monte Athos y Su Monasterio Historia de los Monjes

HISTORIA DEL MONTE DE ATHOS
La Vida de los Monjes del Monasterio

Monte Athos, significa Monte Santo es una montaña del noreste de Grecia con 2.032 m de altitud. Se encuentra en la parte sur de Aktí, el más oriental de los tres brazos de la península de Calcídica (Khalkidhikí) en el mar Egeo. El monte Athos es también una división administrativa, una comunidad monástica autónoma que incluye la montaña y el brazo peninsular de Aktí. Fue reconocida como distrito autónomo por la Constitución griega de 1975.

En el siglo IX se estableció en el monte Athos, a lo largo de la costa norte del mar Egeo, una de las comunidades monásticas más originales de todos los tiempos. Durante muchos siglos las ciencias y las artes fueron allí muy prósperas. Después de la primera guerra mundial el número de monjes decreció bastante y la mayor parte de ¡as iglesias y conventos están muy deteriorados. Los monjes sobrevivientes llevan allí una existencia  miserable

A lo largo de la costa profundamente recortada, al norte del mar Egeo, se extiende una gran península que ha venido representando un papel importante desde la Antigüedad. Se trata de la península de Calcídica. Allí, en Estagira, nació el gran filósofo griego Aristóteles. También fue a lo largo de las costas de esta península donde sucumbió la flota persa conducida por Mardonio.

Pero la península de Calcídica es conocida principalmente gracias al monte Athos, que se eleva en toda la altura de sus 1.935 m al extremo de la más oriental de las tres puntas que la forman. Esta lengua de tierra recibe el nombre de Hagion Oros, que quiere decir, en griego, «montaña santa».

El monte Athos gozaba ya de reputación en la Antigüedad. Se cree que haya podido ser uno de los eslabones de la cadena de montañas a lo largo de la cual los griegos, por medio de señales luminosas, habrían transmitido a Micenas la noticia de la caída de Troya.

En el siglo IX de nuestra era el monte Athos se hizo famoso por otro motivo: se transformó en la sede de una de las comunidades religiosas más originales de todos los tiempos.

En el transcurso de los siglos siguientes esta comunidad conocería un auge notable. Se estima que en el siglo XIII comprendía no menos de ¡50.000 monjes!. En total se construyeron sobre el monte Athos unos veinte conventos, además de ermitas, celdas y varios pueblos. Los monjes gozaron, en efecto, del apoyo de los emperadores de Bizancio, al principio, y luego del de los zares de Rusia.

Durante la ocupación turca, los monjes consiguieron salvaguardar la existencia de sus conventos y cuando se puso fin a la misma, hacia  la primera mitad  del  siglo XIX, vivían todavía en el monte Athos unos dos mil quinientos monjes.

Sin duda habían de pagar tributo a sus antiguos amos, pero podían desarrollar de nuevo sus comunidades libremente, principalmente porque en esa época disfrutaban de la ayuda de la poderosa Rusia, que no sólo les proporcionaba ayuda financiera, sino que mandaba también a muchos monjes a los conventos del monte Athos.

Pero Rusia no proporcionaba esta ayuda gratuitamente: había puesto los ojos en los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo.

Después de la primera guerra mundial, los bolcheviques, como es natural, pusieron término a esas intervenciones. Desde entonces, la vida en comunidad en el monte Athos fue periclitando lentamente. Si los monjes eran todavía unos siete mil cuatrocientos en 1906 y siete mil en 1912, su número quedó reducido a 4.600 en 1930. En 1938, el monte Athos contaba todavía con 4.538 habitantes, de los que 3.892 eran religiosos. En la actualidad son únicamente unos mil trescientos.

La comunidad del monte Athos es exclusivamente de hombres. Él acceso a la montaña santa no sólo está prohibida a las mujeres, sino a cualquier hembra de cualquier especie animal. Todos los animales que se encuentra allí son machos y no hay ni cabras ni gallinas. Sólo por un privilegio especial y excepcional pudo visitar el monte Athos la reina de Grecia, acompañada de su esposo, en 1912.

No todos los monjes están sometidos a la misma regla. Los hay que viven en comunidad sometidos a la autoridad de un abate; pero otros lo hacen en el más completo aislamiento, habitando a menudo alguna de las cavernas que se abren en los farallones y paredes de roca.

Algunos de estos eremitas no tienen ya ningún contacto con el mundo, si exceptuamos el cesto que bajan, al extremo de una cuerda, cada quince días aproximadamente,   y  en   el   que  los habitantes depositan vituallas, con preferencia pan y aceitunas. Cuando el cestillo no ha vuelto a bajar después de cierto tiempo se deduce que el eremita ha fallecido.

Los restos mortales quedan a menudo abandonados en la caverna durante muchas semanas, pues los monjes y principalmente los eremitas les dan muy poca importancia. A sus ojos sólo cuenta la oración.

Algunos de ellos repiten incansablemente la misma fórmula. Producen únicamente lo que les es indispensable para mantenerse con vida y sólo trabajan cuando les resulta imposible no hacerlo. Dedican prácticamente toda su vida a la plegaria, que cebe abrirles las puertas del cielo.

Por ello es normal que los habitantes del monte Athos sean muy pobres. También están muy retrasados en lo que se refiere a la higiene. Sin embargo, estas comunidades poseen inestimables tesoros, principalmente obras maestras del arte bizantino y numerosos manuscritos primorosamente ilustrarios que guardan en sus bibliotecas.

Varias iglesias y edificios conventuales tienen una gran significación arquitectónica; algunos de ellos datan incluso del siglo X, época de san Atanasio, un griego que fue una de las figuras más grandes de ese mundo monástico. El  fue quien mandó construir el convento de Hagia Lavra al pie de la montaña santa. Los conventos del monte Athos son generalmente construcciones en ladrillo que rodean una iglesia cuyo plano adopta la forma de una cruz griega. Las iglesias están pintadas en rojo en memoria de la sangre de Cristo.

Monasterio de Athos

Gran monasterio de Lavra: El monacato es parte integrante de la Iglesia ortodoxa. Aunque hay muchos monasterios ortodoxos por todo el mundo, el centro de la vida monástica es el monte Athos, que se levanta en una pequeña península en el mar Egeo, al noreste de Grecia. Veinte monasterios diferentes que representan a nacionalidades distintas se encuentran en lo alto del paisaje rocoso de la península. Aquí se muestra el interior del patio del monasterio de Lavra.

Los 20 conventos edificados en los flancos del monte Athos datan de un período que va del 970 a 1387. Son prácticamente pequeñas ciudades arregladas de modo que puedan vivir en ellas cientos de monjes. Actualmente están casi todos extintos: no habitan en ellos más que algunos monjes, la mayoría viejecitos. Pues la comunidad del monte Athos, que fuera antaño fortaleza por excelencia de la religión ortodoxa griega, ha envejecido y desaparece progresivamente.

Los edificios se tambalean y las iglesias están cada vez más abandonadas; algunas incluso se hundieron, como es el caso de la iglesia de Iviron. Es una lástima, pues de este modo muchísimas obras de arte, mosaicos y frescos se perderán irremediablemente. Las más antiguas de estas obras de arte datan de los siglos XI y XII; pero, como los monjes adornaban continuamente sus iglesias, sus muros son una muestra de la evolución del arte del mosaico y de la pintura sacra.

Los diversos oficios artísticos florecieron todos en el monte Athos, pues los monjes disponían de mucho tiempo que dedicarles. Producían principalmente objetos utilizados en el culto, como relicarios y crucifijos, aunque también algunos utensilios de uso doméstico, como cucharas y copas, que revelan un arte consumado. Para ello utilizaban gran cantidad de materiales valiosos como el marfil, los metales preciosos y las gemas.

No nos sorprendamos, pues, de que el monte Athos haya sido durante siglos, en los Balcanes, no sólo un centro religioso, sino un centro de cultura artística. También fue, especialmente durante la Edad Media, un centro científico: los manuscritos que allí se conservaban contaban entre los más importantes del mundo cristiano.

Pero esta influencia cultural ha disminuido también bastante. Sin embargo, el monte Athos sobrevive. Los monjes que residen todavía en él llevan una vida sobria e incluso muy primitiva. A menudo apenas tienen qué comer. Se alimentan de pan, nueces, aceitunas; a veces también de césped ¡e incluso de malas hierbas!.

En sus celdas reina un gran desorden. Generalmente no disponen de armarios; cuando más, de algunas cajas. Sus míseras posesiones penden de sacos colgados junto a la pared, en la que también fijan sus iconos.

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/fuente_credsa3.jpg

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama Templo Budista

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama

Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.Lhasa, capital del Tíbet, «el techo del mundo«, se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

palacio potala

Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala («Montaña de Buda» en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había «retirado del mundo para dedicarse a la meditación».

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa «océano», y lama quiere decir «hombre sabio» en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935′ fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

Ver: El Monte Athos y Su Monasterio