Las Grandes Polis Griegas Atenas y Esparta

El Ejercito y las Conquistas de Esparta

Conquistas del Ejercito de Esparta

EJERCITO ESPARTANO: Los espartanos pasaban la mayor parte de su vida fortaleciéndose y ejercitándose para la guerra.

Combatían a pie, armados como los guerreros de la época de Homero, con coraza de bronce, perneras, casco con cimera, escudo oval, lanza larga y espada muy corta. Pero los hoplitas (así se llamaba a los infantes que llevaban armadura completa) no peleaban a la ventura como en los tiempos de Homero.

Ejercito de esparta
Los griegos aprendieron a combatir armados como hoplitas y alineados en falange, pero los espartanos siguieron siendo los más fuertes, los más ejercitados y los más valientes.

Cuando habían llegado cerca del ejército enemigo los hoplitas, vestidos de encarnado, se alineaban en orden de batalla, comúnmente en ocho largas filas colocadas unas detrás de otras.

Era lo que se llamaba falange. Se mantenían inmóviles esperando la señal que había de dar el rey, colocado en el puesto de honor a la derecha.

El rey, la cabeza coronada con una guirnalda, sacrificaba una cabra a los dioses. Los adivinos observaban las entrañas de la víctima para ver si eran de buen agüero.

Entonces el rey entonaba un canto de guerra, el paean, y los guerreros lo repelían a coro. Luego, al sonido de las flautas que tocaban una marcha, partían con paso raido y rítmico.

Iban en filas, el escudo en la mano izquierda, la lanza en la derecha, apretados de forma que mutuamente se defendieran.

Sólo los hombres colocados al borde de la fila, a la derecha, tenían un lado descubierto, y por eso en aquella parte se ponía a los más valientes.

Llegaban como masa lanzada con movimiento rápido sobre el ejército enemigo. Se empujaban, se batían cuerpo a cuerpo, hasta que uno de los dos ejércitos resultaba rechazado o deshecho.

Cuando los espartanos habían derrotado a los enemigos se paraban. Su principio era no perseguir a los fugitivos. Separándose para correr tras ellos habrían dejado de protegerse unos a otros y corrido el riesgo de dejarse matar aisladamente.

Acabada la batalla, los espartanos, según costumbre griega, despojaban a los cadáveres enemigos de sus corazas, de sus cascos, de sus escudos y armas y las reunían en un montón que se llamba trofeo. Era la señal, del triunfo.

Los demás griegos aprendieron a combatir armados como hoplitas y alineados en falange, pero los espartanos siguieron siendo los más fuertes, los más ejercitados y los más valientes.

El guerrero espartano estaba hecho a la idea de que debía combatir en su puesto y dejarse matar antes de retroceder. El que huía en la batalla o arrojaba su escudo, quedaba deshonrado para siempre.

Si volvía a Esparta, no se le admitía en la Asamblea ni en las comidas públicas.

En las fiestas, en los ejercicios, quedaba relegado al último lugar; en la calle había de ceder paso aun a los que eran más jóvenes que él. Todos se negaban a hablarle, a sentarse a su lado.

Con frecuencia era insultado y golpeado sin que pudiera quejarse. Su familia participaba de su deshonra, y muchas veces sus hijas no hallaban quien se casara con ellas.

CONQUISTAS DE ESPARTA: A occidente de la alta muralla de rocas que forma la cadena de Taigeto, se extendía la Mesenia. Un río caudaloso, el Pamiso, la atravesaba.

El valle era tan fértil que se le llamaba «la llanura feliz». Los conquistadores dorios habían ocupado aquel país rico y formado en él un pueblo guerrero semejante al de Esparta.

Los espartanos y los mesenios vivieron en paz al principio. Pero, en el siglo VIII, los espartanos, que habían terminado la conquista de la Laconia, empezaron a guerrear con sus vecinos.

Resistieron los mesenios más de un siglo, pero al fin fueron obligados a someterse y a abandonar el país haciéndose los espartanos dueños de toda la Mesenia.

Se recordaba en Grecia que estas guerras habían sido largas y encarnizadas, pero de ellas no se sabía nada más que algunas leyendas referidas en Esparta y conservadas en las caclones patrióticas de los mésenlos.

De entre los héroes mesenios de estas- guerras, se destaca la figura de Aristómenes.

En la batalla de Estenlclaros, Aristómenes puso en fuga a los espartanos, y los habría degollado a todos si los semidloses Castor y Pólux no le hubieran detenido haciendo que perdiese su escudo. Cuando volvió a su aldea, las mujeres arrojaban flores a su paso y cantaban: «A través de los campos de Esteniclaros y hasta la cima de la montaña, Aristómenes ha perseguido a los lacedemonlos».

Una noche entró en Laconia, sorprendió la ciudad de Fares y la saqueó. Al regresar cargado de botín, encontró al rey de Esparta con sus guerreros y los puso en fuga. Iba a caer sobre Esparta, pero vio en sueños a Castor y Pólux y a su hermana Helena que se lo prohibieron.

Un día raptó a las doncellas que danzaban en la fiesta de Artemisa, y no las devolvió hasta recibir un gran rescate.

Otro día quiso raptar a las mujeres que celebraban la fiesta de Demeter, pero ellas se defendieron con los cuchillos y los asadores preparados para el sacrificio e hirieron a los mesenios.

Aristómenes mismo, deslumhrado por el resplandor de las antorchas, fue preso y encadenado. Por la noche se escapó.

Otra vez siete cretenses, al servicio de Esparta, sorprendieron a Aristómenes, le cargaron de cadenas y se detuvieron en una casa para pasar la noche con el prisionero.

La joven que habitaba la casa había soñado la noche anterior que libraría a un león encadenado por lobos.

Comprendió que Aristómenes era el león de su sueño, dio de beber a sus guardianes, los emborrachó y desató al héroe, que les dio muerte.

La joven se casó con uno de los hijos de Aristómenes.

La batalla decisiva se übró cerca del Gran Foso, pero el rey de los arcadios, aliados de Mésenla, Aris-tócrates, se había dejado ganar por los regalos de los espartanos y, estando en la pelea, dijo que las entrañas de las víctimas eran desfavorables y mandó retirarse a sus tropas. Los espartanos quedaron vencedores.

Los mesenios, vencidos, se replegaban a los montes fronterizos de Arcadia y se establecieron en una cima escarpada, el monte Ira, en donde se defendieron once años.

Aristómenes siguió maravillando a sus compañeros con sus hazañas. Una noche salió de Ira con 300 guerreros escogidos. Caminaron tan deprisa que antes de salir el sol habían llegaoo a la ciudad laconia de Ami-clea, se apoderaron de ella y la saquearon.

Estaban de vuelta antes de que los espartanos hubieran tenido tiempo de salir a campaña.

Un día Aristómenes, que recorría la campiña con reducida tropa, fue sorprendido por el ejército espartano. Herido por una piedra en la cabeza, cayó desvanecido y fue preso con cincuenta de sus compañeros.

Había cerca de Esparta un hondo barranco, el Ceadas, en el que se arrojaba a los condenados a muerte. Los espartanos precipitaron en él a sus prisioneros. Los mesenios se hicieron pedazos al caer, y Aristómenes fue el único que llegó al fondo sin hacerse daño. Contaban que un águila, tendiendo sus alas sobre el héroe, le había sostenido en su caída.

Aristómenes permaneció tres días en aquel agujero oscuro y sin salida, rodeado de los cadáveres de sus compañeros. La cabeza envuelta en el manto, esperaba la muerte.

Al cabo oyó un ligero ruido. Se destapó la cabeza y miró. Sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y distinguió a un zorro que devoraba los cadáveres.

El hoyo aquel tenía una salida por donde el animal había llegado. Aristómenes le dejó acercarse y le agarró fuertemente de la cola. Huyó el animal y, siguiéndole Aristómenes, llegó a un agujero por el que penetraba alguna luz. Soltó entonces al zorro, ensanchó el agujero con las manos y salió al fin a la luz.

De vuelta a Ira comenzó de nuevo sus correrías y ofreció por tercera vez a Zeus el sacrificio llamado hecatonfonía, para ofrecer el cual era preciso haber matado con propia mano un centenar de enemigos.

Durante siglos después de la conquista de Mesenia, hubo en los países griegos colonias de emigrados mese-
nios que no habían olvidado su antigua patria y que conservaban el odio a los espartanos.

En las montañas cubiertas de árboles, en el centro del Peloponeso, habitaban los arcadios, gentes de costumbres sencillas que moraban en aldeas sin murallas y vivían, sobre todo, del producto,de sus rebaños.

La Arcadia era el país de los pastores, que se distraían tocando la flauta. Era también país de montañeses que daba guerreros famosos por su valor. Pero estaban divididos en pequeños pueblos que tenían cada uno sus jefes y que no se sostenían unos a otros.

Los espartanos hicieron varias guerras en Arcadia, sobre todo contra los habitantes de Tegea. No consiguieron someterlos, pero les obligaron a aliarse a ellos perpetuamente.

Los tegeanos iban a la guerra bajo el mando de los reyes de Esparta y en el momento de la batalla se colocaban en el ala izquierda. Era un puesto de honor que habían obtenido al concertar la alianza.

Argos había sido mucho tiempo la más poderosa ciudad del Peloponeso. Esparta le hizo la guerra y le tomó la comarca de Tiera.

Después de vencer a los mesenios, a los arcadios y a los argivos, fueron los espartanos, en el siglo IV, el pueblo más poderoso y respetado de toda Grecia.

Habían conquistado todo el Sur del Peloponeso, poseían toda la Laconia y la Mesenia y, en la península, todos los restantes pueblos eran ya aliados de Esparta, excepto los aqueos y los argivos que habían permanecido independientes.

Cuando los espartanos iban a la guerra, sus aliados Iban con ellos y combatían a las órdenes de sus reyes. Esparta tenía la hegemonía, es decir, la dirección de la guerra.

Fuente Consultada: Tomo I Historia Antigua – Enciclopedia Historia Universal ILustrada de Charles Seignobos – Editorial Publinter Bs.As.

Biografia de Aristides Estadista Griego

Biografia de Arístides

La vida de Arístides abarca un momento supremo de la historia de Atenas, que se puede juzgar considerando que en él se pasa del régimen oligárquico al democrático y de la simple política ática al imperialismo en el Egéo.

Este momento corresponde, asimismo, al choque de los bárbaros contra los reductos del espíritu occidental, de los persas contra Grecia.

arisitdes

Arístides fue un estadista ateniense del siglo V a. C. que vivió entre el año 530 a. C. y el 468 a. C., arconte y estratego durante las Guerras Médicas. Obtuvo el sobrenombre de «el Justo».

Contemporáneo de esta transformación social y política, personaje destacado del mundo ateniense en los días de Maratón, Salamina y Platea, la figura de Arístides ha ofrecido ancho margen a la crítica histórica, quien ha visto en él al conservador obstinado que vacila antes de recoger las enseñanzas dictadas por el devenir histórico; pero, al mismo tiempo, al patriota inquebrantable y al varón probo, prudente y honrado.

Estas últimas condiciones le valieron, ya en los mismos días de su vida, el aprecio y la admiración de los atenienses, los cuales le distinguieron con el calificativo de «el Justo».

Nació entre 540 y 535 en la localidad de Alopeke, situada en el Ática. Su padre, Lisímacos, era de clase caballeresca; pero no muy acomodada. Y si legó a su hijo intachables cualidades de virtud y honor, en cambio dejóle muy escasa hacienda.

Intransigente con toda vulneración del orden legal, combatió al lado de Clístenes contra la tiranía de los Pisistrátidas.

Restablecida la libertad, Arístides militó en los rangos de la aristocracia, aunque con tanta independencia que algunos historiadores modernos lo tildan de miembro de la democracia.

En 490, ante la agresión de los persas, figuró como estratega al lado de Milcíades en el famoso triunfo de Maratón. Pero, opuesto a la política imperialista de aquel caudillo, lo combatió vivamente.

Por último, apoyado por el elemento moderado y algunos aristócratas, fue elegido arconte en 489-488. En este alto cargo se distinguió por su oposición a los planes de Temístocles, colega suyo en Maratón, demócrata decidido y partidario de la construcción de una flota para precaver el próximo e inevitable ataque de los persas.

Arístides combatió tales proyectos, quizá porque temía que al recaer la defensa de Atenas en los marineros (proletarios), quedarían lesionados los intereses de los hoplitas (propietarios).

La pugna política duró bastante tiempo, hasta que el pueblo la resolvió a favor de Temístocles condenando a Arístides al ostracismo en 483.

Virtud suprema es en los hombres someter sus rencillas personales al supremo interés de la patria. De este excepcional temple fue Arístides cuando, al sobrevenir la agresión de Jerjes, pasó a prestar sus servicios a Atenas, sirviendo a las órdenes de Temístocles.

Al mando de un contingente de hoplitas luchó con singular bravura en la batalla de Salamina (480), y al año siguiente, en calidad de estratega, acaudilló a los hoplitas atenienses en Platea.

Actitud tan elevada y servicios tan relevantes merecieron el aplauso de todos los atenienses. Por esta causa, a Arístides correspondió, junto con Temístocles, la ardua misión de levantar a Atenas de sus ruinas.

Ya en el camino del imperialismo, que Arístides había por último aceptado, supo desempernar con gran acierto y prudencia importantes misiones políticas, las cuales contribuyeron a derribar la hegemonía espartana y establecer la ateniense en el mundo helénico.

En 478, con motivo de participar en una empresa común contra Bizancio, fortaleza persa, Arístides logró poner de relieve la dureza y altanería de Esparta, encarnadas en Pausanias, el vencedor de Platea.

Luego, a consecuencia de este suceso y con la aquiescencia, de su patria, Arístides echó las bases de la Liga de Délos (476), en la que fijó la suma global que habían de aportar los confederados.

No hay que decir que con este motivo recibió los plácemes más calurosos por su probidad.

A partir de este momento, las noticias que poseemos de la vida de Arístides son ya muy inciertas. Sabemos que influyó decisivamente en la carrera de Cimón, a quien opuso a Temístocles al objeto de proseguir la lucha contra los persas y evitar el choque de Atenas y Esparta por la hegemonía en el mundo helénico.

También es posible que fomentara la actitud de la mayoría ateniense, opuesta a los planes de democracia radical que propugnaba Temístocles. En todo caso debió morir cinco o diez años antes del levantamiento democrático de Pericles (462).

La fecha de 468 es tradicional Arístides murió pobre, tan pobre como siempre había vivido, pese a los cargos que había desempeñado en el Estado.

Atenas atendió a los gastos de sus funerales y acudió en auxilio de sus descendientes, con lo que pagó una mínima parte de la deuda que había contraído con tan ilustre hijo.

fuente

El Siglo de Pericles Esplendor de Atenas y Biografia y Gobierno

El Siglo de Pericles – La Democracia Griega – Biografía de Pericles

La prosperidad económica y la democracia están en el origen del florecimiento de Atenas en el siglo V a.C.

El estratega Pericles contribuyó, con sus reformas, a hacer de ella un modelo de ciudad organizada por sus propios ciudadanos.

Al mismo tiempo, se entrega al desarrollo de la prosperidad de la sociedad civil y de su poderío imperial (la dota de una excepcional flota).

siglo de pericles y biografia

¿Porque el Siglo de Pericles o de Oro?

Para resumir el esplendor artístico y literario de Atenas basta enumerar los grandes nombres que ilustraron el sigla de Pendes.

Entre los poetas trágicos, se cuentan Esquilo, Sófocles y Eurípides; entre los cómicos, Aristófanes; entre los historiadores, Herodoto, Tucídides y Jenofonte.

El arquitecto Ictino construyó el Partenón; Calímaco, el Erecteión, Fidias esculpió la Atena y el Zeus de Olimpia, Polignoto pintó el Pecile; a Mirón, escultor del Discóbolo, sucedió Praxistcles, escultor de Hermes.

Tucídides censuró a Pericles que hubiera empleado el tesoro de la liga jónica en cosas diferentes a las que estaba destinado (la guerra contra los persas), tal como el embellecimiento de Atenas.

Pendes respondió que Atenas había libertado a Jonia de los persas, y que poseyendo el mar Egeo, había llenado el fin propuesto en la confederación.

Se recurrió al voto del ostracismo para dilucidar la cuestión, y el pueblo votó el destierro de Tucídides.

Pericles pudo entonces llevar adelante, sin estorbo, los grandes proyectos que hicieron de su tiempo el siglo del arte y de la poesía.

Hipodamo de Mileto trazó el plano de una ciudad regular en el sitio que ocupa el Pireo; una nueva muralla paralela a la primitiva fortificación completó las defensas de Atenas por la parte de tierra; el Acrópolis se cubrió de magníficos monumentos dirigidos por los arquitectos Ictino, Calícrates, Corebo y Mnesicles, bajo la vigilancia de Fidias; al lado de las admirables estatuas de éste, la pintura se elevó con Polignoto a las más altas concepciones artísticas, y así también la poesía, con Sófocles y Eurípides.

Esas magníficas construcciones solo costaron 3000 talentos y 12 años de trabajo (444-432 a.C.), el tesoro del Acrópolis y los ingresos anuales de Atenas bastaron para ello, y aun pudo constituir Pericles una reserva de 6000 talentos.

Una multitud de filósofos atrajo infinidad de discípulos. Para preparar a los oradores a la elocuencia, hubo profesores de retórica, llamados sofistas, que enseñaron el arte de tratar todos los asuntos, brillando por encima de todos ellos el gran espíritu de Sócrates. Pendes podía decir con razón que Atenas era «la escuela de Grecia».

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BIOGRAFIA DE PERICLES (-495,-429)

Fue un importante e influyente magistrado, político y orador ateniense en los momentos de la edad de oro de la ciudad ( entre las Guerras Médicas y las del Peloponeso).

Es la persona que instauró la democracia en Atenas gracias al apoyo de la burguesía. Pericles nació en 495 a.C. y era perteneciente a la antigua aristocracia, puesto que su familia era una de las más influyentes de Atenas.

Su padre era General, Jántipo (héroe de Micala y adversario del aristrócrata Cimón) y su madre fue Agariste, descendencia de los Alcmeónidas.

Segundo hijo de tal matrimonio. Pericles recibió una esmerada educación enmarcada en la tradición democrática, puesto que su tío materno, Clístenes, estribó los Principios de la legislación de Solón y se opuso rotundamente a la tiranía de los Pisistrátidas.

Pericles sustituyó al jefe del partido democrático, Efialto que fue asesinado. Pertenecía a una antigua, tradicional y rica familia de los Alcmeónidas, y tenía por madre a una sobrina de Clistenes.

Era una buena figura, la cabeza algo alargada, la mirada severa y con un aire noble de modales reservados.

Había recibido en su juventud toda la instrucción que podía tener un ateniense. Damón le había enseñado la música, es decir, la poesía y la moral. Decíase que le daba también consejos acerca del modo de gobernar.

Fue amigo de dos filósofos célebres, Zenón, el fundador de la escuela de Elea en Italia, y Anaxágoras, de Clazomene en Asia, el cual decía que el mundo estaba regido por un espíritu. Había aprendido a su lado a reflexionar acerca de las cosas y a despreciar las preocupaciones de su tiempo.

Pericles se interesaba sobre todo en la política y deseaba regir Atenas. Pero era prudente. Los viejos que habían conocido a Pisistrato juzgaban que Pericles se le parecía mucho. Podía sospecharse que aspiraba a imitarle, tanto más cuanto que era rico y de noble familia.

Cuidó mucho de tranquilizar a los atenienses con su actitud. Aparecía lo menos posible en la Asamblea del pueblo, haciendo que en su lugar hablasen las personas de su partido. Se le comparaba a la galera de Salamina, reservada para las fiestas solemnes, porque él tampoco era visto más que en las grandes ocasiones.

Cuando tenía que hablar, preparaba con esmero su discurso, aportando buenas razones más que hermosas frases. Hablaba sencillamente, con voz contenida, haciendo pocos gestos, sin mover los pliegues del manto. Se le había llamado el Olímpico, a causa de su calma.

Vivía modesta y sobriamente, rehusando todo convite, no saliendo de su casa nada más que para ir al Consejo o a la Asamblea. Hacía vender todos los años de una vez los productos de todas sus tierras, y todos los días enviaba a comprar al mercado lo que en su casa se necesitaba. De esta suerte todos veían de qué manera vivía.

Nunca se sospechó que hubiera distraído fondos del Estado o aprovechado su poder para enriquecerse. Dejó al morir el mismo caudal que había heredado de su padre.

Era indiferente lo mismo a las alabanzas que a los insultos. Un día le persiguió un individuo en la plaza pública injuriándole y le acompañó hasta su casa sin dejar de gritar. Al llegar a la puerta, Pericles llamó a un esclavo, y le ordenó tomar una antorcha encendida y acompañar al que le injuriaba.

Eran sus amigos los hombres más inteligentes de Grecia, filósofos como Anaxágoras, Protágoras, Sócrates, artistas como Fldias, poetas como Sófocles y Eurípides.

Se reunían en su casa para hablar. Su mujer, la hermosa Aspasia, tomaba parte en las conversaciones, al contrario de lo que era costumbre entre las atenienses, que ignorándolo todo, vivían en el gineceo. Los que conocían a Aspasia la conslderabn la más Instruida y encantadora de las mujeres griegas.

Durante más de veinticinco años, Pericles, sin ejercer otro cargo que el de estratega, gobernó Atenas con su influencia. Los atenienses tenían confianza en él y dejaban que les guiase.

pericles biografia

Este político griego consiguió que, bajo su mandato, la ciudad de Atenas viviera sus años de máximo esplendor. En su honor, el siglo V a. C. recibe con frecuencia la denominación de «siglo de Pericles»

Tras veinte años de tradición democrática, Atenas recibe a Pericles en el poder. Este poder era encabezado por Efialtes, perteneciente al partido popular quien restringe los poderes abusivos del consejo del Areópago, al cual se enfrenta y deja en manos la administración de justicia en los crímenes de sangre y en los incendios provocados, y la vigilancia de los templos.

Posteriormente, Efialtes es asesinado, más precisamente en 461 a.C. lo que da lugar a que Pericles se convierta en un máximo dirigente de la política, irrumpiendo en la vida pública de los atenienses durante los treinta años siguientes.

La refinación que se destacaba en Pericles provenía no solo de la educación militar que recibió de muy joven, sino que también obedeció a las instrucciones de sus maestros.

Ellos fueron Zenón de Elea, el gran Anaxágoras, con quien mantuvo entrañable amistad, y Protágoras, de los cuales aprendió la alteza de miras y la claridad de raciocinio que, unidos a su elocuencia natural y a la distinción de sus maneras, hicieron de él pronto un ídolo del pueblo.

El ambiente que lo rodeó, de grandeza y magnificencia, junto con los acontecimientos históricos de que fue testigo, difundieron en su espíritu las ideas nobles y los anhelos patrióticos.

Todos aquellos que lo escuchaban quedaban admirados de él, puesto que siempre sus intervenciones eran muy puntuales y oportunas.

Así supo ganarse con clara ventaja a aquellos que a la hora de apoyarlo estaban con el.

Su carácter era algo que el dominaba, además de sus gestos y de su andar, lo que provocaba que se alejara de cualquier discordancia.

Es así como Pericles con su serenidad y su tacto político, supo como ganarse al pueblo.

Lejos de su vida política, en su vida privada Pericles tuvo dos hijos, fruto del matrimonio con una mujer de buena familia, algo mayor que el.

Su primer hijo se llamó Jantipo, el cual muere en una batalla; y su segundo hijo Paralo, fallece a causa de una epidemia. Más tarde es cuando Pericles decide separarse de su esposa.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo vuelve a encontrar el amor, Aspasia de Mileto, una griega asiática con la cual comparte veinte años de su vida.

Esta mujer se convirtió anfitriona de la casa de Pericles, ya que poseía una gran belleza, con una cultura notable, diferente a la Atenas de la época. Es en esta casa y junto a ella donde se constituyó  el denominado «círculo de Aspasia», en donde solían darse cita personajes como Fidias, Sócrates, Sófocles o Hipódama de Mileto.

Su gobierno constituyó el período más brillante de Atenas. Nació en el seno de una familia de la antigua nobleza ática. Su padre, Jantipo, destacó tanto en la política como en el terreno militar, como vencedor de Micala. Por línea materna, se situaba dentro de la tradición democrática (su madre era sobrina de Clístenes). Discípulo del filósofo Zenón de Elea, Pericles transformo Atenas en un estado próspero, culto y asistencial.

Política interna:

El engrandecimiento de Atenas, ya sea desde el punto de vista cultural como el militar, fue la preocupación central de Pericles.

Este objetivo era financiado por una alianza  de casi todas las islas del mar Egeo, denominada La Liga Ático-Délica, de los cuales sus fondos eran custodiados en la isla de Délos.

Sin embargo, frente a un próximo ataque persa, el tesoro es trasladado a Atenas a pedido de Pericles, quien dispuso de él para acometer las grandes obras de la Acrópolis, en el año 444 a.C.

Rodeado de la elite cultural de ese entonces, logró llevar a cabo su proyecto. Para ello trabajaron junto a élartistas de la talla de Fidias, los arquitectos Mnesicles, lctino y Calícrates, y todo un elenco de hombres ilustres, como Esquilo, Sófocles, Eurípides y Anistófanes, el médico Hipócrates, el escultor Policleto, Polignoto el muralista y los filósofos Georgias y Sócrates.

Pericles, fue una figura capaz de dar al siglo en que vivió su propio nombre, y “siglo de Pericles” es en la historia de Grecia, sinónimo de brillantez intelectual, de madurez política, de democracia.

La consolidación de esta última estaba fundada en tres órganos de Gobierno: Heliea, Bulé y ekklesia.

La primera de ellas, Heliea era conocida como el Tribunal Popular. En cambio, Bulé era el Consejo de los Quinientos, formada por diez grupos de cincuenta ciudadanos, el cual representaba a las diez tribus en que se dividía la comunidad ateniense.

Ellos eran elegidos por sorteo y renovado cada año. Su función iba dirigida hacia la ekklesia (Asamblea del pueblo), ya que ellos le preparan propuestas que debían debatirlas.

En este órgano supremo, cualquiera podía tomar la palabra y solían ser un pequeño grupo de oradores los que intervenían ya que la presentación de una propuesta de ley o de una enmienda que resultasen anticonstitucionales, podía acarrear el procesamiento e, incluso, la condena de su inspirador.

En esta asamblea la asistencia era libre y remunerada y además integrada por los ciudadanos varones que fueran mayores de edad y que a su vez hayan estado censados.

Sin embargo Pericles, logro obtener la potestad de gobernar Atenas tanto en política exterior como interior, gracias a que año tras año, renovó en la ecclesia, por votación a mano alzada, su cargo de strategós autocrátor, es decir su cargo de general en jefe de las fuerzas armadas.

La democracia ateniense era directa y no representativa. El ciudadano no elegía a un representante que tomaba las decisiones de manera autónoma, sino que intervenía directamente en el gobierno, como si de una obligación cotidiana se tratara.

Pendes llevó también a cabo otras reformas, como el desarrollo y ampliación de la flota o la construcción de una muralla que unía la ciudad con el puerto del Pireo (los «muros largos»), mejorando así la posición defensiva de Atenas.

También procuró el acceso gratuito de las clases más desfavorecidas a los espectáculos, así como la restricción de la ciudadanía a los varones nacidos de padre y madre atenienses.

Esta propuesta de ley se puso más adelante en su contra, porque tras la muerte de los hijos de su primer matrimonio, el resto de su descendencia no podía optar a la mencionada categoría, dado que Aspasia no era ateniense.

Finalmente, no pueden dejar de mencionarse las obras de reconstrucción y embellecimiento de la Acrópolis, emplazamiento donde se erigió el Partenón, un edificio que se ha convertido en el símbolo de toda una época.

Política exterior :

Gracias a su potencial naval, Atenas lideró la Liga Délica, que fue constituida como defensa ante la amenaza persa y para recuperar las islas y las ciudades asiáticas griegas conquistadas por las tropas del Gran Rey.

Pendes intervino en la política interna de estas localidades, en las que no aplicó el régimen democrático que imperaba en Atenas. Reprimió con dureza cualquier intento de secesión. De esta manera, logró crear el Imperio ático.

Entre sus iniciativas coloniales, la más aventurada fue el envío de una expedición a Tarento, en el sur de Italia, para fundar, bajo la dirección del arquitecto Hipódamo de Mileto, la colonia modelo de Turi.

Además de luchar contra los persas —con los que firmó, en el año 448, la paz de Calias—, la Atenas de Pendes hubo de enfrentarse a otro enemigo: Esparta, polis que rivalizaba desde siempre por el control de la Hélade.

Finalmente, en 446 a. C., la paz de los Treinta Años inauguró un periodo de relativa calma en tas relaciones con la ciudad vecina. En estos momentos se realizaron todas las construcciones de la Acrópolis.

Sin embargo, la tregua duró apenas 15 años. En 441 a. C. Samos tuvo la osadía de atacar Mileto. la patria de Aspasia.

El fracaso de la intervención diplomática puesta en marcha por Pendes forzó la apertura de hostilidades, que culminaron con el sometimiento militar de Samos. Un año después, la ciudad de Potidea, colonia de Corinto, se sublevó, y la metrópoli corrió en su auxilio. Poco después, Atenas decretaba el bloqueo del comercio de Megara.

Ante tales provocaciones, la Liga del Peloponeso decidió entonces la guerra. Liderada por Esparta, emprendió una serie de expediciones que culminaron en la invasión y devastación del Ática.

Por consejo de Pendes, todos los habitantes se reunieron tras las murallas de Atenas, confiando en la superioridad naval de la polis para alcanzar la victoria final. Pero la peste esquilmó a las gentes hacinadas en la ciudad.

Este hecho, unido a la ruinosa situación económica, provocó la caída en desgracia de Pendes y su círculo de amistades ante los ojos del pueblo de Atenas.

Todos ellos sufrieron procesos judiciales; el propio Pendes fue destituido de sus cargos y acusado de de fondos. Un año después, en 429 a. C., las cosas volvieron a su  cauce y el nombre de Pericles fue reivindicado nuevamente. No obstante, también el político cayó víctima de la peste.

Por otra parte, la guerra del Peloponeso prosiguió. En 404 a. C. la ciudad de Atenas se vio forzada a capitular. Sus fortificaciones fueron destruidas y el Imperio creado por la polis aniquilado. Así terminó la época dorada de los atenienses.

ESPLENDOR DE ATENAS: En lugar de atesorar los ingresos que afluyen a Atenas, procedentes de la liga de Délos, Pericles los invierte en grandes construcciones. La metrópoli ática cambia de rostro y continúa las obras correspondientes a la fortificación iniciada por Temístocles. En caso de guerra, la población puede refugiarse entre los «muros largos».

El Pireo se fortifica con bastiones, torres, arsenales y nuevas construcciones defensivas, que lo convierten en la más formidable fortaleza marítima del mundo antiguo. Sobre la Acrópolis, en la que. tras la destrucción de los persas, seguían alzándose las ruinas de las numerosas construcciones de Pisístrato, se elevan ahora los grandes edificios religiosos. Así, Atenas se convierte en centro visible del mundo griego.

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La hegemonía política y económica de Atenas había costado cara. La ciudad tenía, aún en 446 a.C., las huellas de la destrucción persa. Pericles comenzó entonces a restaurar los edificios destruidos por la invasión asiática.

La dirección de los trabajos fue confiada a su amigo Fidias. Bajo sus órdenes trabajaron arquitectos y artistas de renombre y, en pocos años, fueron construidos monumentos de grandeza sorprendente, de belleza y elegancia inimitables.

La Atenas que los persas destruyeron renació transformada. Construyéronse edificios públicos y templos de gran belleza de líneas.

El modelo de la reforma de la planta urbana de Atenas fue el cuadrilátero con calles que se cortan en ángulo recto, conocido como canon hipodámico por el nombre de su difusor, Hipódamos de Mileto.

Dos grandes avenidas pasaban por el centro de la ciudad, con el agora en su cruce.

Las obras más bellas fueron reservadas para la Acrópolis, convertida en un recinto monumental. Pericles respondió a las críticas de los «enemigos del despilfarro de los dineros públicos», con el argumento de que los aliados participaban en la defensa común sin proveer hombres ni material al ejército ateniense, y contribuían únicamente con el dinero de los tributos.

Ese dinero no pertenecía al que lo daba sino a quien lo recibía, a cambio de la protección de la escuadra ateniense.

Como Atenas ya se encontraba suficientemente protegida por sus murallas, las fortificaciones del puerto de El Píreo y su flota, el tesoro debía ser empleado en obras que diesen a la ciudad gloria inmortal.

No era la gloria, sin embargo, su único objetivo. La construcción de obras públicas creaba también un gran número de empleos.

La ciudad se pobló de pintores, talladores de piedras, carpinteros, fundidores y marineros que transportaban por mar el material necesario para las construcciones.

El resto de la mano de obra desocupada fue desplazado hacia las colonias situadas en los límites de la expansión marítima ateniense.

El Partenón era el mayor templo de la Acrópolis, dedicado a Palas Atenea, diosa protectora de la ciudad. En el interior del santuario fue emplazada una gigantesca estatua de la diosa.

Tenía 26 metros de altura. Fue colocada en forma tal que los rayos del sol, incidiendo sobre ella, realzaban el brillo de la túnica y la blancura del cuerpo.
La construcción de este monumento valió a Fidias un proceso por «impiedad», pues en el escudo de la diosa grabó dos retratos: el suyo y el de su amigo Pericles.

El año 433 a.C. vio el fin de la prosperidad ateniense, substituida por la guerra contra Esparta o sus aliados.

Todo comenzó con un pequeño conflicto entre Corcira y Corinto por la posesión de Epidamno, rica ciudad comercial del Adriático, que acá envolviendo a Mégara y alcanzó in rectamente a la gran rival de Atenas.

Corinto exigió la declaración de guerra, con el apoyo de las demás ciudades de la Liga del Peloponeso, pesar de las vacilaciones de Esparta,  La Paz de los Treinta Años termino.

La guerra era el resultado de la política expansionista de Atenas. Su poderío inquietaba a las demás ciudades griegas, especialmente a Esparta y Corinto, y la preservación de la situad se convirtió en un imperativo para Liga del Peloponeso. (ver Guerra del Peloponeso)

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

 pericles  general griego
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a
Esparta en
Leuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antigua licurgograndes hombres de grecia antiguagrandes hombres de grecia antigua
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480

Fuente Consultada: Historia de Grecia de Malet y Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)