Las Misiones

Expulsión de los Jesuitas de America por Carlos III de España

Expulsión de los Jesuítas de América por Carlos III de España

CAUSAS DE LA EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS DE AMÉRICA: La dirección absoluta y exclusiva de sabio? y abnegados Misioneros que todo lo dieron por sus guaraníes, conformó una organización cuya prosperidad v prestigio no tardaron en suscitar en América y Europa, enemigos interesados en expulsar a los Jesuitas de España y todos sus dominios.

Esta expulsión ya había sido concretada en Portugal (1758) y Francia (1764), siendo Carlos III, Rey Je España, quien había acogido a Sacerdotes os la Orden que debieron emigrar.

Muchas y de todo tipo fueron las presiones que se ejercieron sobre este Monarca para que adoptara una decisión de semejantes consecuencias. Razones que concernían a la política europea y otras que le llegaban de América donde muchos españoles no toleraban que los Guaraníes estuvieran eximidos del «servicio personal» o soñaban con adueñarse de imaginarias riquezas de las Reducciones.

Las calumnias se multiplicaron, hábilmente m. ajadas por políticos de otros países, hasta que finalmente obtuvieron el fin deseado: mediante la Real Pragmática del 27 de febrero de 1767, Carlos III firmó la expulsión de la Compañía de Jesús de España y todos sus dominios.

Los Jesuitas, lejos de rebelarse ante esta injusta decisión, supieron acatarla con grandeza y mansedumbre. En las Reducciones, prepararon a sus Guaraníes para el cambio que se iba a operar y los instaron a seguir con su sistema.

La orden fue impartida de noche con muchas precauciones para atenuar la conmoción social. Sus consecuencias resultaron especialmente dramáticas en las Misiones del Paraguay que corrieron el riesgo de desmoronarse. Sometidas a nuevos administradores militares o religiosos, inexpertos y en ciertos casos deshonestos, las misiones se fueron empobreciendo y despoblando. La naturaleza selvática se impuso al cabo de los años.

El hombre escogido para concretar la expulsión en el Río de la Plata fue Francisco de Paula Bucareli, quien no encontró en  las reducciones la oposición de Misioneros y Guaraníes que esperaba, y así hizo cumplir I disposición Peal sin tropezar con dificultades durante 1768. Con motivo de la entrega de cada Reducción a sus nuevas autoridades, se confeccionaron inventarios minuciosos que nos permiten hoy conocer mucho acerca de ellas.

Producida la expulsión de los Jesuitas surgió el problema de encontrar hombres de excepcional preparación que los sustituyeran. Se pensó en reemplazarlos por una administración combinada de militares, administradores y religiosos. Estos para lo espiritual, aquéllos para todo lo material. Pero ni civiles ni religiosos conocían bien las costumbres de los indígenas y su peculiar organización. Además se pretendió «civilizarlos» de modo más semejante al europeo.

En síntesis, el sistema establecido en 1770 y 1803 no dio resultados positivos. Políticamente inadecuado, mantuvo la forma de trabajo en comunidad, pero los indígenas no recibieron de ella los beneficios esperados. Las discordias entre religiosos y administradores, los abusos que algunos de éstos cometieron, el peso de una burocracia costosa e ineficaz y la falta de objetivos claros, hicieron fracasar esta obra.

Se originó así la decadencia de los pueblos, muchos de cu s habitantes, poseedores de un oficio, emigraron a las ciudades o se dedicaron a tareas rurales en las estancias, tanto españolas como portuguesas.

Pero no fue sino entre 1811 y 1818 cuando aconteció la ruina definitiva de los pueblos, cuya destrucción fue motivada por las luchas de independencias nacionales en la 6cuales ellos mismos participaron activamente.

Los Guaraníes de las reducciones no regresaron a su originaria vida en la selva. Cada uno debió buscar una salida personal a la triste situación; algunos incluso, formaron nuevos pueblos como San Miguel y Loreto en la provincia argentina de Corrientes.

Se produjo así el ocaso de una de las grandes epopeyas de la humanidad que a nosotros, latinoamericanos, no sólo debe llenarnos de legítimo orgullo sino también estimularnos a conocerla más, reflexionar sobre ella y acicatearnos a buscar nuevas formas de solución a muchos de nuestros grandes problemas. Pero estas soluciones deben fundarse sobre el amor, como lo hicieron los Jesuitas, y no impulsadas por el resentimiento y el odio que generan .situaciones perjudiciales para todos.

Explica la historiadora, María Sáenz Quesada: «Puede discutirse si los jesuitas, como se los acusa, pretendieron conservar a los indígenas bajo tutela permanente, como a menores de edad. Merece debatirse también si la educación que recibían las élites criollas en los Colegios y Universidades de la Compañía era acorde o no con las exigencias científicas de la modernidad europea. Pero lo que está fuera de discusión es la brutalidad y el despotismo que implicó la orden real.

Símbolo de esta forma drástica de terminar con un ciclo cultural —tantas veces ejercitado más tarde en la Argentina independiente— es el destino de la única imprenta del Virreinato: instalada por los jesuitas en la Universidad de Córdoba, donde era «la principal y más útil alhaja», fue a parar semideshecha a un sótano cuando el secuestro de esa casa. Vértiz la rescató y la mandó a Buenos Aires.

Porque lo cierto es que la expulsión de los Padres generó un vacío cultural y económico en los reinos americanos. Los grupos sociales criollos sintieron hostilidad hacia el gesto despótico del soberano. Los pocos rioplatenses educados en las universidades de Charcas y de Córdoba, que estaban dirigidas por jesuitas, conocían las teorías que se enseñaban en esas aulas. La del padre Francisco Suárez sobre el pacto social que da origen al poder real; la del padre Mariana que justifica el tiranicidio.»

Quizás las consecuencias más positivas de la expulsión se encuentren en los caminos siempre secretos de la cultura. Los religiosos exiliados volvieron sus ojos a la patria americana, la recrearon con la mirada de la nostalgia y la describieron con acopio de información y espíritu científico. Su obra contribuyó a revalorizar a la naturaleza y al hombre del Nuevo Mundo, ese universo del que habían sido excluidos.

CARTA REVELADORA: EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS DE ESPAÑA:
Santísimo Padre: No ignora Vuestra Santidad que la principal obligación de un soberano es vivir velando sobre la conservación y tranquilidad de su Estado, decoro y paz interior de sus vasallos. Para cumplir yo con ello, me he visto en la urgente necesidad de resolver la pronto expulsión de mis reinos y dominios de tos jesuitas que se hallaban establecidos en ellos y enviarlos al Estado de la Iglesia bajo la inmediata, sabia y santa dirección de Vuestra Santidad, dignísimo Padre y maestro de todos los fieles.

Caería en la inconsideración de gravar la Cámara Apostólica, obligándola a consumirse para el mantenimiento de los P.P. Jesuitas que tuvieron la suerte de nacer vasallos míos, si no hubiese dado, conforme lo he hecho, previa disposición para que se dé a cada uno durante su vida la consignación suficiente. En este supuesto ruego a Vuestra Santidad, que mire esta mi resolución sencillamente como una indispensable providencia.

La única, tomada con previo maduro examen y profundísima meditación y que, haciéndome justicia, echará sin duda (como se lo suplico) sobre ella y sobre todas las acciones dirigidas del mismo modo al mayor honor y gloria de Dios, su santa y apostólica bendición. Carlos.

A. Cánovas del Castillo, Historia general de España
Fuente Consultada: Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela

Mapa Ubicación Geográfica Pueblos Guaraníes

 

Ubicacion de las Misiones Jesuiticas en Argentina Pueblos Guaranies

Ubicación de las Misiones Jesuíticas en Argentina

La Compañía de Jesús:
Fue fundada en 1534 por Iñigo López de Recalde (San Ignacio de Loyola) y aprobada por Paulo III en 1540.
Era una organización internacional que tenía carácter vertical, cuya máxima autoridad era el General.

Este, elegía a los distintos provinciales; quienes estaban al frente de las diferentes provincias del mundo. En escala descendente figuraba el superior de las misiones, que eran una especie de lugartenientes del provincial. A mediados del siglo XVI, llegaron los primeros jesuitas a Sudamérica, radicándose en Perú y Brasil (actual).

Desde el Perú llega el padre Diego Torres, creando en Asunción la provincia Jesuítica del Paraguay en 1607, que abarcaba los territorios de Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, parte de Brasil y Paraguay, cuyo provincial tenia su sede en Córdoba.

Los pueblos Jesuíticos Guaraníes
Los primeros misioneros remontaron el Paraná, llegando hasta la región del guayrá (1610 – 1630) consiguieron formar doce pueblos. Simultáneamente otros Jesuitas, crearon en la región del Paraná -comprendido por los ríos Paraná, Paraguay y Tebicuary (actual Paraguay) – otros pueblos que serán completados por las fundaciones del Itatín (al norte de Asunción) y del Tapé (en el estado de Río Grande do Sul, Brasil).

Siendo éstos arrasados por los bandeirantes Portugueses y encomenderos Españoles, quienes capturaban a los Guaraníes para comercializarlos como esclavos. Por esta razón los pueblos del Guayrá reunidos en un éxodo de más de 12.000 almas y conducidos por Antonio Ruiz de Montoya, llegan juntamente con los del Itatín y Tapé entre los marcos de los ríos Uruguay y Paraná en busca de refugio.

Comienza así una segunda etapa (1647 – 1750) en la que la mayoría de los pueblos sufren refundaciones y varios emplazamientos. A partir de aquí las misiones inician una consolidación en todos los aspectos. El mapa nos muestra la ubicación definitiva y la cantidad de pueblos desarrollados.

Fuente Consultada: Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela

Organizacion de las Misiones Jesuiticas en America Los Jesuitas

Organización de las Misiones Jesuíticas en América

MISIONES JESUÍTICAS: La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola y confirmada por el Papa en 1540, formó una clase de misioneros tan especial, que pronto se destacó entre todas las órdenes.

La rigurosa preparación y disciplina de sus miembros, el orden jerárquico existente entre ellos y los profundos estudios a que se dedicaban, tanto en las ciencias teológicas como en las ciencias exactas y naturales, prepararon a un conjunto de hombres que en pocos anos se destacaron en los territorios donde desarrollaban su misión: Asia, África y América.

En el Nuevo Continente extendieron su acción desde Canadá y Alaska hasta el Brasil y la Patagonia.

Misiones Jesuiticas en America

La Corona española consideró suficiente el número de misioneros que trabajaban en América, por eso retardó la autorización a los jesuitas, que no ingresaron sino hasta la segunda mitad del siglo XVI.

Se destacaron, en las ciudades pobladas por españoles, a causa de la fundación de colegios y universidades y, en las zonas selváticas y apartadas, por la evangelización de los indios.

Según los reglamentos de la Compañía de Jesús, el general de la orden nombraba a los provinciales, cuya función era organizar y dirigir las tareas misionales y controlar el desempeño de los miembros de la orden en sus respectivas provincias.

Ver: Arte Jesuitico en el Virreinato

INTRODUCCIÓN: La labor evangelizadora de los jesuitas en América se extendió desde 1585 hasta su expulsión en 1767 y su actuación en el escenario rioplatense se extendió geográficamente desde el Pilcomayo hasta Tierra del Fuego y desde el estuario del Río de la Plata hasta la cordillera de los Andes.

En mas de una oportunidad se dijo que los jesuitas fueron: viajeros infatigables que abrieron a las ciencias un amplio campo para sus exploraciones y la geografía, la lingüística, la botánica y la historia de América no fueron ajenas a sus intereses.

Fueron también grandes fundadores de ciudades y pueblos y una de las congregaciones que más contribuyó al progreso y adelanto de la región de la  selva misionera y del noroeste argentino.

Muchas de las fundadas en aquellos años, existen en la actualidad: Lo-reto, San Javier y Santa María la Mayor, cuna de! arte tipográfico nacional; San Ignacio, Corpus, Santa Ana, centros importantes de producción de la yerba mate.

Los jesuitas fueron, por lo general, hombres de más que mediana cultura y provenientes de diversas regiones de Europa: españoles, italianos, alemanes, franceses, ingleses y hasta griegos, todos ellos enriquecieron y aportaron a la civilización de acuerdo con su país de origen e incorporaron la tecnología de su tiempo a la agricultura y a la medicina, entre otras cosas.

El padre Joaquín Camaño, concibió en el siglo XVIII la conveniencia de realizar una enciclopedia etnográfica argentina y a tal efecto reunió abundante materia! persona! y de varios misioneros (los padres Manuel Canelas, Juan Andreu, Román Artro, Antonio Moxi, Roque Gorostiza) que describieron y conservaron datos que se encuentran hoy día en los archivos italianos y españoles.

Los jesuítas en el Río de la Plata:

Brasil fue la primera provincia jesuítica de América del Sur; estaba a cargo del padre Nóbrega, a quien algunos pobladores de Asunción pidieron el envío de misioneros, pero el gobernador portugués se opuso.

El problema fue estudiado por el secretario del padre Loyola y por el Consejo de Indias; éste último, en virtud del derecho de Patronato, decidió que el envío de los sacerdotes debía contar con la expresa autorización de la Corona.

Para evitar mayores conflictos, Felipe II, que desde 1580 era también rey de Portugal, ordenó la separación de las misiones españolas y portuguesas. Por ese motivo, el general jesuita decretó que la región del Río de la Plata dependiera del Perú.

Los primeros misioneros llegaron al Tucumán en 1585 procedentes del Perú; dos años después arribó un grupo procedente del Brasil. Los dos grupos fueron pedidos por el obispo de Tucumán, Francisco de Vitoria.

Cuando llegó el decreto de separación, el Provincial de Brasil regresó a su jurisdicción y quedaron en el Tucumán tres sacerdotes que fueron designados para trasladarse a Asunción.

Como la provincia jesuita del Perú era demasiado extensa, el Provincial envió a España al Padre Diego de Torres con la propuesta de dividir en dos la región. En 1607 quedó fundada la provincia jesuítica del Paraguay, que abarcaba los actuales territorios de la Argentina, Paraguay, Uruguay, la mayor parte de Chile, el sur de Bolivia y Brasil. Su primer Provincial fue el Padre Torres. En 1625, Chile fue separada.

Los jesuitas dependían de la generosidad de los pobladores españoles para su subsistencia. El Padre Torres recibió del General de la orden la recomendación de no permitir el servicio personal de indios en encomienda. Por su defensa de los indígenas, los misioneros estuvieron expuestos a peligros y sufrieron la enemistad de os encomenderos, quienes les quitaron su ayuda económica.

Por esta razón y para asegurar la subsistencia, el Padre Torres fundo una estancia en Córdoba, con cuyas rentas y algunas donaciones, los jesuitas pudieron fundar colegios en casi todas las ciudades importantes.

Hernandarias, primer criollo que ejerció el gobierno del Río de la Plata seis veces (entre 1592 y 1617), proyectó desde Asunción el dominio de la región sudeste hasta llegar al mar y fundar un puerto en Santa Catalina. Se dio cuenta pronto de la importancia que tenía la presencia de los misioneros para cumplir ese objetivo.

Después de inspeccionar las reducciones franciscanas del Padre Bolaños, Hernandarias resolv, junto con el obispo, pedir al Padre Torres el envío de misioneros a las zonas del Chaco, el Guayrá y el Paraná. Se acordó que cada misionero recibiría medio sueldo de un párroco.

Se estableció también que los indígenas reducidos no serían obligados al servicio personal ni pagarían tributo durante los primeros diez años después de su conversión.

En 1609 se inició la fundación de reducciones jesuíticas. Los intentos realizados en el Chaco entre los guaycurúes fracasaron porque no practicaban la agricultura.

En cambio, entre los guaraníes que sí la conocían, los jesuitas pudieron organizar sus poblaciones.

La primera fue San Ignacio Guazú, a fines de 1609, a la que siguieron Encarnación de Itapúa, Concepción, San Nicolás, San Javier y Yapeyú. Más al norte, en el Guayrá, se fundaron otros pueblos gracias al esfuerzo del Padre Antonio Ruiz de Montoya, pero fueron atacados por los paulistas, que destruyeron varios y llevaron cautivos a muchos indios. Esta situación obligó a trasladar las reducciones más al sur.

ACCIÓN Y MÉTODO:

Si por civilización entendemos el predominio del espíritu sobre la materia, el amor a lo noble y grande sobre las tendencias bajas y viles, la vida tranquila, laboriosa y familiar, la mezcla de placer y abnegación, de sport y de trabajo, de paz interna y de sociabilidad sin envidias, rencores, persecuciones y odios, no cabe la menor duda que pocas veces ha contemplado la historia una civilización tan genuina y duradera como la que desde 1610 hasta 1768 existió en los pueblos de guaraníes.

Sea cual fuere la fuerza que se quiera dar al vocablo “civilización”, cierto es que los jesuitas realizaron el portentoso hecho de reunir y conservar sin coacción alguna 100 000 salvajes, y eso durante mas de centuria y media y no obstante las invasiones de los paulistas, las insidias de los españoles, las pestes continuas y la natural indolencia e inconstancia de los indígenas, los “eternos niños” de corta capacidad intelectual, de sensibilidad femenina, de suspicacias profundas y desarraigables.

Más que la organización fue el método lo que dio el triunfo a .los jesuitas en los pueblos guaraníes.

En cuanto a organización, en poco o nada se diferenciaban de los pueblos fundados por franciscanos y capuchinos y otros religiosos, así en California, en Sonora, en Quinto, en el Amazonas, entre los Mojos y entre los Chibdas.

Unos y otros pueblos se basaban en la legislación colonial española como recientemente ha demostrado el profesor O.Quelle, de Berlín, y con anterioridad había expuesto extensamente el P. Pablo Hernández.

Los que hablan de “imperio jesuítico” del Paraguay muestran un desconocimiento absoluto de la realidad histórica.

Sobre líneas comunes a otras pueblos y en conformidad con las prescripciones reales organizaron los jesuitas rioplatenses sus pueblos indígenas.

Es indiscutible que contaron con un elemento indígena menos reacio, más maleable, que el de otras regiones de América. También pudieron conservar los pueblos más aislados del elemento europeo, generalmente entorpecedor y hasta maleante.

En tercer término, los pueblos estaban rodeados de campos aptísimos para la agricultura y ganadería, y tenían en abundancia agua potable y leña, pero todas estas ventajas habrían sido poco menos que inútiles si de parte de los misioneros no hubiera habido un gran talento de adaptación, una norma fija y común en todos los pueblos y al través de los años, una vida intensamente sacerdotal y un espíritu de amplísimo sacrificio.

Notemos que desde sus comienzos fue abiertamente internacional el personal jesuítico que fundó primero y llevó después a todo su esplendor los pueblos misioneros. Jesuitas españoles (Lorenzana, Saloni, Torres, Romero, etc.), criollos (beato González, Ruiz de Montoya), portugueses (Grifi, Ortega, etc.) y británicos (Field) inician aquellos pueblos, y son españoles (peninsulares y criollos), italianos, belgas y sobre todo alemanes los que más habrían de contribuir al engrandecimiento de los mismos.

La influencia alemana desde principios del siglo XVIII fue universal y profunda, sobre todo en la mecánica, en la agricultura, y en las artes.

Extraído de Furlong Cardiff, Guillermo S. j.), Misiones Jesuíticas. (En: Historia de la Nación Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 1955, vol. 3, pp. 392-394.1

Organización de las reducciones:

El trazado de los pueblos era similar entre sí: una plaza en el centro, a un lado la iglesia la casa de los sacerdotes, escuelas, talleres, depósitos, las casas de las viudas y huérfanos y, en los demás lados, las casas de los indígenas, de ladrillo o piedra, con techo de dos aguas que cubría las aceras.

El gobierno de cada reducción estaba a cargo de un corregidor indio, nombrado por el gobernador después de consultar a los misioneros, y un cabildo, formado de la misma manera que los de las ciudades españolas y compuesto también por indígenas. Estas autoridades no podían aplicar castigos sin consultar a los padres jesuitas. Los españoles no tenían ninguna participación en dicho gobierno; se trataba de evitar con esta medida los abusos que frecuentemente se cometían. Les estaba prohibido residir en las reducciones, pero podían ser alojados si estaban de paso. La justicia era ejercida por los misioneros que aplicaban, por lo general, castigos de azotes.

Los dos sacerdotes que estaban al frente de cada pueblo se encargaban del gobierno espiritual y la organización de la vida indígena. Las tareas diarias comenzaban y terminaban con oraciones y cantos. La base de la instrucción fue el catecismo. Las fiestas religiosas eran celebradas con particular entusiasmo y realce.

Economía:Los jesuitas no cambiaron radicalmente los usos indígenas, sino que los canalizaron para darles un nuevo sentido. Reconocieron la importancia de los caciques, a los que dieron una situación de privilegio entre los suyos. Reunieron varios cacicazgos en un solo pueblo y fomentaron la antigua solidaridad tribal con el nuevo impulso religioso. Dicha solidaridad se manifestó en todos los aspectos de la vida, tanto en la organización interna como en la defensa contra sus enemigos: los encomenderos y los mamelucos paulistas.

La tutela ejercida por los jesuitas sobre sus gobernados tenía como finalidad que los indios aprendieran a hacer correcto uso de su libertad y de sus bienes. En la organización económica, coexistía el sistema mixto de propiedad privada —abambaé—. y propiedad común —tupambaé—.

Para proveer al sustento de cada familia se le daba en propiedad una parcela de tierra, los instrumentos de labranza, las herramientas para artesanías y las armas para cazar y pescar. La cosecha, de la cual los indios eran totalmente dueños, se guardaba en graneros y les era suministrada periódicamente para evitar que la malgastaran.

La propiedad común, también llamada “propiedad de Dios”, era de extensión similar a las propiedades privadas en conjunto. Los indios tenían obligación de trabajarla dos o tres días por semana.

Con el producto obtenido pagaban el tributo al rey, compraban las herramientas y materiales necesarios, mantenían a viudas, huérfanos y enfermos, construían iglesias y talleres y atendían a las comunicaciones y la defensa.

La ganadería, dirigida por los misioneros, servía para alimento, transporte y vestimenta. La lana era repartida y tejida por las nativas; los bueyes eran prestados a las familias para que los campos fueran arados. Realizaban el comercio por trueque entre los diversos pueblos y con los colegios jesuitas de Asunción, Santa Fe y Buenos Aires; en estos últimos las transacciones eran supervisadas por un procurador.

En 1599 los jesuitas se establecieron en Córdoba. En esta zona tuvieron tres estancias, destinadas a mantener la Universidad: Jesús María, Santa Catalina y Alta Gracia. Esta última —cuyo nombre proviene de un santuario de Extremadura— se caracterizó por la construcción de “El Tajamar’, lago artificial cuya agua era utilizada pera los regados. Esta estancia constaba de potreros, talleres de carpintería, herraría, dos horma pera construcción de ladrillos, telares y una fundición, la única que tuvieron estos religiosos

La Cultura:

Los niños aprendían, junto con la doctrina, letras y ciencias. A los hijos de caciques y principales les enseñaban la lengua española y el latín; además, se los preparaba para os puestos dirigentes. (ver Historia de la Educación en Argentina)

Los padres jesuitas enseñaban música y artes plásticas; los indígenas elegían oficio según sus aptitudes. Fueron hábiles escultores y pintores; hicieron todo tipo de tallas religiosas; muebles y puertas que aún se conservan. Fabricaron instrumentos musicales, aparatos y relojes; trabajaron los metales y el hierro forjado; hicieron adornos y objetos de plata.

Su obra más destacada fue la impresión de libros en sus propias imprentas a partir de 1700, mucho antes que en las ciudades españolas del Río de la Plata. El primer libro publicado fue Martirologio romano; también se imprimieron catecismos, tablas astronómicas, calendarios y obras religiosas.

EXPRESIONES CULTURALES SOBRESALIENTES:

La obra civilizadora llevada a cabo en las Misiones, fue integral y en conformidad con la idiosincrasia de los Guaraníes. No sólo se atendió a lo esencialmente religioso y a lo material, sino que el fomento de la cultura general fue siempre tenido en cuenta.

Además de la educación escolar y la instrucción sobre las diversas técnicas de trabajo, la enseñanza de las artes ocupaba un lugar importante dentro de las actividades. Lo realizado como manifestación artística no era vendido sino que se destinaba a la decoración de los pueblos.

Florecieron la arquitectura, la escultura en piedra y madera, la pintura, el dorado, destinados a realzar la belleza de sus iglesias y de las ceremonias litúrgicas.

La música, para la cual estaban especialmente dotados los Guaraníes, ocupó un lugar de privilegio en la vida de las Reducciones. Tanto en el canto coral a varias voces como en la interpretación de música instrumental, se destacaron notablemente. En Yapeyú, el Padre Antonio Sepp creó un verdadero centro de educación musical cuya fama se extendió por todo el Río de la Plata. Además, fabricaron en sus talleres, todo tipo de instrumentos musicales, incluso órgano.

Otra notable realización cultural de los Jesuitas fue la creación de la primera imprenta en estas regiones.
En ella se publicaron numerosas obras, desde diccionarios castellano-guaraní, hasta obras de los propios indígenas tales como los libros de Nicolás Yapuguay.

En el año 1700, sesenta y cinco antes que en Córdoba y ochenta antes que en Buenos Aires, los pueblos misioneros poseyeron prensa tipográfica con la particularidad de que, si bien algunos moldes fueron traídos de España, otros fueron fabricados en los talleres propios. Y la tinta también fue elaborada por los indígenas.

Todo ello se llevó a cabo en la Reducción de Loreto bajo la dirección de los Jesuitas Juan Bautista Neumann y José Serrano. Estos Padres fueron, pues, los fundadores del arte tipográfico en nuestras tierras.

El primer libro impreso fue el «Martirologio Romano» y en 1705 el libro del P. Eusebio Nieremberg «De la dilerencia entre lo temporal y eterno». El pie de imprenta indica su procedencia guaranítica.

Contiene (37 viñetas, xilografiadas en su mayor parte, y 43 láminas. Se publicaron además, libritos de efemérides, calendarios, tablas astronómicas, curso de planetas y diversas obras de piedad.

El poseer buenas bibliotecas fue otra preocupación de los Misioneros. Cada pueblo contaba con la suya.

La de Santa María la Mayor contenía 445 volúmenes; la de los Santos Mártires, 382; la de Nuestra Señora de Loreto, 315; la de Corpus Christi, 460; la de Candelaria, asiento oficial de los Superiores Jesuitas, atesoraba 4.725 volúmenes.

También tuvieron las Reducciones, en San Cosme y Damián, un Observatorio Astronómico levantado por el P. Buenaventura Suárez, criollo oriundo de Santa Fe.

Entre 1703 y 1739 trabajó solo con sus indígenas construyendo diversos aparatos como telescopios, un péndulo astronómico con índice de minutos y segundos, un cuadrante astronómico con los grados divididos de minuto en minuto.

Con estos escasos elementos compuso su «Lunario» (1739) que alcanzó gran repercusión en América y Europa. A partir de ese momento, contó con aparatos traídos de Europa, pues sus Superiores, al comprender la importancia de sus investigaciones, lo apoyaron.

Cabe señalar que, si bien este libro fue publicado en Europa, el P. Suárez se valió de la imprenta misionera para divulgar varios temas referidos a sus estudios. El prestigio científico de este Misionero, que tenía correspondencia con colegas de distintas partes del mundo, llegó hasta Vargentin y Celsius, quienes reprodujeron sus observaciones astronómicas en los «Anales» de la Universidad de Upsala.

Problemas exteriores; expulsión de los jesuitas (ver Tratado de Permuta)

Desde su instalación, las reducciones sufrieron los ataques de los bandeirantes que hacían correrías con el fin de apoderarse de riquezas y capturar indios para vender en los mercados de esclavos de las ciudades brasileñas. Esta situación obligó, desde 1629, al traslado de los pueblos del Guayrá hacia el oeste.

Los ataques no cesaron, por lo que los jesuitas comenzaron a enseñar a los indios el uso de armas de fuego y organizaron la defensa de las misiones; por ese motivo entraron muchas veces en conflicto con las autoridades españolas.

Fue difícil regular las relaciones entre los territorios españoles y portugueses en América mientras las dos Coronas se mantuvieron unidas. A partir de su separación en 1640, fueron las misiones guaraníes las que resguardaron la frontera y alertaron a las autoridades españolas. La firme defensa en la zona del alto Paraná y Uruguay hizo que la expansión portuguesa se dirigiera hacia el noroeste y hacia el sur, atraída a esta última región por la abundancia de ganado cimarrón.

Los jesuitas avisaron al gobierno de Buenos Aires sobre el plan portugués de establecer poblaciones en la Banda Oriental y en el Río de la Plata; este hecho se concretó en 1680 con la fundación de la Colonia del Sacramento.De allí en más, fue continua la presencia de contingentes indígenas de las misiones en todas las peripecias del largo conflicto con los portugueses en el Río de la Plata, que desembocó en la guerra guaranítica entre 1553 y 1556.

La administración de las misiones pasó a otras órdenes religiosas. Los indígenas no se adecuaron a los cambios, y comenzó una lenta decadencia acentuada por los problemas de frontera. Para la administración de los bienes confiscados a la Compañía de Jesús, se creó una Junta de Temporalidades.

PARA SABER MAS…
RECURSOS DE LA PRODUCCIÓN

Para pagar los tributos de los indios y las necesidades generales del pueblo, el recurso principal era la explotación de la yerba mate. Acabado el tiempo de las sementeras, cada cura mandaba indios a la faena de la yerba, con provisión bastante de charque y maíz. Iban en balsas («itapá») hechas con dos canoas amarradas. Cada uno debía traer su cosecha en dos sacos, hechos con sendos cueros vacunos, y se le pagaba en especies, según el peso. Otro recurso provechoso era el lienzo de algodón. Dos veces por semana las mujeres recibían del alcalde media libra de algodón y lo devolvían hilado en un ovillo que, eliminada la semilla, debía pesar dos tercios menos. En previsión de fraudes, el alcalde metía en el ovillo una cañita con el nombre de la india, antes de entregar sus cuatro arrobas por pieza al tejedor. Si éste encontraba en el medio alguna piedra o barro, denunciaba el caso y, por la cañita, se sabía quién era la culpable.

Algunos otros pueblos producían tabaco de hoja y azúcar. Anualmente cada pueblo enviaba sus excedentes, en varias balsas, a Santa Fe o Buenos Aires, donde los padres procuradores de la Compañía trocaban aquellos productos por otros que el cura de la misión solicitaba ¡cuchillos, cascabeles, pólvora, escopetas, seda para el atuendo de los cabildantes, hierro, etc.), y se los remitían en arcas bajo llave.

RÉGIMEN DE VIDA
Anualmente los indios recibían un equipo nuevo de ropa. Sus vestidos eran de algodón, de color pardo, y consistían en una larga camisa, calzoncillos, ceñidor, escapulario y poncho (Stroebel, 1729). Iban descalzos y con el cabello corto. Las mujeres usaban un largo ropón que les llegaba a los pies, llamado «tipoy».
Cuenta Peramás (1768) que cada día, luego que salían de misa, se les repartía la ración alimenticia a cada familia, y después cada uno iba a su trabajo, en procesión, con cánticos y músicas; «de manera que, el día de fiesta y de trabajo, no teñían ni una hora que no estuviese arreglada a alguna distribución, y todos, pequeños y grandes, trabajaban según su estado, edad, sexo y oficio».

Si iban «a la yerba», o de viaje a llevar mercaderías, partían llevando con ellos la imagen de un santo, cantando coplas devotas, y ejecutando marchas, minuetos y fugas a dúo, al son de flautas y tamboriles.

Besaban la mano del cura llamándole «Cherubaí» (Padre mío), y éste los dirigía como a niños infundiéndoles intensa devoción. «Cuando vamos a confesar —cuenta Cardiel— siempre llevamos una cestilla llena de tablillas, con un letrero en cada una, grabado a fuego, que dice Confesó. Ésta se da por un agujero del confesonario a cada uno que recibe la absolución, para que pueda comulgar. Cuando se ponen en el comulgatorio, va el sacristán con un plato recogiendo las tablillas de todos; y al que no la trae le echa de allí».

Para que no tomaran mal ejemplo de los españoles, no se les permitía a éstos permanecer más de tres días en las misiones, ni a los guaraníes se les enseñaba el idioma castellano (Peramás).

LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
En las misiones se tenia especial cuidado en la educación de los niños, desde los siete años. Antes del amanecer salían los alcaldes, acompañados de los tamborileros, a despertar a ¡a población, e iban liando voces: «Hermanos, ¡ya es hora de que os levantéis! ¡Enviad a vuestros hijos e hijas a reverenciar a Dios y al trabajo cotidiano! No seáis flojos ni remisos. ¡Ea! ¡Despertadlos presto y despachadlos…!»

Los niños y las niñas se congregaban «bien apartados unos de otros, y nunca se juntaban en función alguna», así como hombres y mujeres. Fuera de las prácticas religiosas, unos iban a la escuela de leer y escribir, otros a la de música y danzas; los de más allá como aprendices, n ayudar a los tejedores, pintores, estatuarios y demás oficiales; «y ludo:; los restantes, que son los más, al trabajo del campo; los muchachos por un lado y las muchachas por otro, todos con sus alcaldes con u azote a la cinta para gobernarlos», acompañados de flautas y tamboriles. En el campo escardillaban la sementera, recogían el algodón y el maiz, rozaban las malezas. «Y aunque trabajan como niños —explica Cardiel—, por ser tantos, hacen lo que muchas hormigas juntas, y son de mucho alivio».

Llegando a los 17 años —y las niñas a los 15— se estimaba conveniente que se casaran. A veces se celebraban en conjunto numerosos matrimonios, que se festejaban con músicas y danzas de hombres solos.

POBLACIÓN DE LAS MISIONES
Los 30 pueblos misioneros sumaron, en 1702, una población de 115.000 habitantes.
Merece citarse entre ellos el pueblo de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, fundado en 1627, famoso por su escuela musical. En él nació San Martín en 1778, treinta y nueve años antes de que los portugueses lo incendiasen y destruyesen definitivamente. La misión de San Ignacio Miní que el P. Ruiz de Montoya había trasladado desde el Guayrá, se estableció en 1631 y los portugueses la destruyeron en 1819. Tiene ya celebridad por sus notables ruinas, que se están restaurando y que han sido declaradas monumento histórico nacional.

CULTURA JESUÍTICA
El admirable desarrollo de las misiones trascendió fuera de ellas, caracterizando un ciclo de sorprendentes realizaciones. Matemáticos y geógrafos, naturalistas y médicos, historiadores, arquitectos y músicos eximios, jerarquizaron a su época con una labor de vastísimos alcances (Furlong, «Los Jesuítas y la Cultura Rioplatense»). Las artesanías, artes gráficas y bellas artes —en cuya enseñanza se destacaron los misioneros alemanes e italianos— fueron cultivadas por los indios, que demostraban excelentes aptitudes, especialmente para la música y la danza. «Son muy hábiles en todos los trabajos de mano —afirma Betschon— porque lo que ven una vez lo remedan con maestría. En todas las clases de oficio hay entre ellos algunos notables artistas, como pintores, escultores, etc.»

LA RUINA DE LAS MISIONES
A semejanza de otros gobiernos europeos, Carlos III expulsó a los jesuitas de sus dominios, por Real Cédula del 27 de febrero de 1767: medida drástica que precipitó a los 30 pueblos jesuíticos en un empobrecimiento y despoblación que los condujo a su ruina; cerrándose así un ciclo de pujanza inigualada que la Compañía de Jesús había logrado en 160 años.

A. Cánovas del Castillo, Historia general de España
Fuente Consultada: Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela

Mapa Ubicación Geográfica Pueblos Guaraníes

Las Ordenes Religiosas en America Los Jesuitas en Paraguay

LAS ÓRDENES RELIGIOSAS EN AMÉRICA:

Colón en su segundo viaje trajo sacerdotes; entre ellos estaban los mercedarios, que fueron los primeros en llegar a territorio americano porque la Corona de Aragón les había otorgado la prerrogativa de actuar como capellanes en los ejércitos cristianos que lucharan contra los infieles.

Esta actividad coincidía con el fin específico de la orden de la Merced: la redención de los cautivos. Su primer convento se instaló en la isla La Española en 1514. Desde allí participaron en la conquista y acompañaron a Cortés y a Pizarro en sus empresas.

Los franciscanos llegaron a las Antillas a partir del año 1500. A medida que avanzaba la conquista militar, organizaron distritos o “provincias”, donde se distribuían los misioneros para su acción sacerdotal. Primero se establecieron en 1505 en Antillas y luego en México y Perú.

Los franciscanos arribaron al Río de la Plata con los primeros Adelantados. Se quedaron en el Paraguay y se aventuraron a penetrar en territorios aun no visitados por los españoles. Los más destacados fueron fray Alonso de San Buenaventura y fray Luis Bolaños, llegados con la expedición de Juan Ortiz de Zárate. Predicaron entre los indígenas y fundaron reducciones o pueblos. Las primeras fueron Los Altos, Itá y Yaguarón.

Los dominicos, que llegaron a las islas a partir de 1510, fueron enviados por Carlos I a México junto con los franciscanos. Más tarde se dirigieron al Perú, donde se destacaron en la prédica del Evangelio.

Los agustinos se instalaron, desde 1535, en México, y durante el gobierno del virrey Antonio de Mendoza. en Perú.

Todos estos sacerdotes y frailes procuraron conocer mejor las lenguas y costumbres de los indígenas para poder enseñarles en su propio idioma y asimilarlos a las costumbres europeas. Fueron los primeros defensores de los indios frente a los abusos y a la explotación que de ellos hacían los conquistadores.

Reclamaron con insistencia ante la Corona para que tomara medidas y reprimiera los excesos. Finalmente lograron con Carlos I (imagen)  dispusiera la redacción de las leyes Nuevas y otras disposiciones posteriores.

ACCIÓN DE LOS MISIONEROS:

En las misiones entre las tribus bárbaras, sobre las fronteras españolas, el clero desplegó su mayor celo y energía. Marchaban audazmente por las selvas y desiertos, estudiaban el lenguaje y las costumbres. de los nativos, sufrían grandes penurias, hambre, mosquitos y enfermedades, y a menudo ganaban la corona del martirio. Ciertamente, la vida de los mártires misioneros constituye una de las más hermosas páginas de la historia de los españoles en América.

Si los frailes lograban la reducción de un grupo de indios, los reunían en un pueblo o en una misión, en un esfuerzo por enseñarles losrudimentos de la vida civil y religiosa. A menudo la misión era una especie de escuela agrícola o industrial, porque su esencia era la disciplina: la educación en la doctrina cristiana, pero también en la agricultura y oficios y, a veces, en las artes y las letras.

En ocasiones, la misión era transformada en una «doctrina” o parroquia indígena, dirigida por un sacerdote y administrada por un corregidor. Los colonos españoles venían a ocupar las tierras y los misioneros se trasladaban a nuevos campos en que ejercer su ministerio.

La conversión de estos salvajes no resultaba fácil, especialmente entre las tribus más refractarias. Los indios, se nos dice, estaban a veces cinco, seis o siete años en la misión antes de hallarse preparados para el bautismo. Mientras tanto, costaba retenerlos si no gustaban de la vida sedentaria y había con frecuencia repetidos intentos de fugas: […]

En Hispanoamérica, desde California y Texas a Paraguay y Chile, se multiplicaron estas misiones fronterizas —puestos de avanzada del imperio— en las que vivían miles de indios en un estado intermedio entre la barbarie primitiva y la civilización europea. Las exploraciones de los misioneros contribuyeron al conocimiento de la geografía, la zoología y la botánica; en crónicas, gramáticas, diccionarios y demás obras que nos han dejado, hallamos inapreciable información respecto a las lenguas y costumbres de los aborígenes.

A pesar de los obstáculos del clima y del suelo, algunas de las misiones fueron muy productivas. De acuerdo con su ubicación y la naturaleza del suelo, tenían haciendas ganaderas o plantaciones de azúcar, fabricaban géneros de algodón, hamacas o artículos de cuero, desarrollaban la fruticultura, producían tabaco y cacao. Pero a menudo despertaban celos en sus vecinos españoles. Los misioneros fueron acusados de explotar a los indios, privilegio que la población civil hubiera querido reservarse para sí y cuanto más evidente era su prosperidad, mayores eran la envidia y el resentimiento.

Las órdenes más especialmente dedicadas a la labor misional eran la franciscana y la jesuita, aunque los capuchinos y mercedarios también se mostraban activos. Los franciscanos trabajaban sobre todo en las ciudades y en las parroquias indígenas, hasta el establecimiento de sus colegios misionales, el primero de los cuales se fundó en Querétaro, Nueva España, en 1683, y en el transcurso del siglo posterior fue seguido por una larga serie en toda América.

Harrng, Clarence, El imperio hispánico en América, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1972, p.p. 202-203.

La virgen con el niño en brazos era un tema frecuente de las tallas y pinturas de los maestros españoles, esas obras servían también de inspiración a los artistas locales de las colonias. Del mismo modo, las llamadas “imágenes de vestir” tuvieron gran arraigo, especialmente en nuestro país. Además de la indumentaria con que se las cubría, estaban adornadascon otros elementos llamativos: cabellos natu­rales, ojos de vidrio, pestañas postizas, joyas, etc.

LOS FRANCISCANOS LLEGARON PRIMERO AL PARAGUAY:

La expedición de Juan Ortiz de Zárate, que zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 17 de octubre de 1572, trajo buen acopio de misioneros franciscanos; entre ellos, a los dos apóstoles del Paraguay, fray Alonso de San Buenaventura y fray Luis Bolaños. […]

Llegaron los frailes a la Asunción el 6 de febrero de 1575. Por “entonces —certificaba el Arcediano de la catedral don Felipe Franco en la Información jurídica— no había convento” en la Asunción. Sin sede fija, pues, “los vio ir a los pueblos de los indios que estaban cercanos a esta dicha ciudad, de distancia dos y tres leguas, a los adoctrinar, predicar, y catequizar, y bautizar, y administrar los sacramentos”.

Según testimonio de nuestro Arcediano, estuvieron los frailes “ocupados en las dichas doctrinas muchos años, yendo de pueblo en pueblo”, buscando y catequizando indios, hasta tenerlos “doctrinados y puestos en policía”.

  1. a) Los Altos. Efectuados los primeros ensayos, la obra de más largo alcance comenzó en las márgenes del Guarambaré, por un incidente que así refiere el mismo padre Franco:

“Sabiendo que los indios de la provincia del río arriba se habían rebelado y estaban en sus ritos y ceremonias, cuarenta leguas desde dicha ciudad, los dichos dos padres solos y sin compañía ni escolta de españoles fueron y se metieron entre los dichos indios, y con sus predicaciones y buena doctrina los aseguraron y atrajeron a sí.”

Quitaron supersticiones y pecados públicos, singularmente el de la poligamia, e imitando las estancias españolas, formaron los frailes “de un partido delios una reducción en la parte… que llaman de Los Altos, donde juntaron. trescientos o cuatrocientos indios con mucho trabajo”.

La reducción de Los Altos fue el primer establecimiento misionero del Paraguay. Surgió por los años de 1580, a seis leguas al norte de la Asunción, como centro de irradiación franciscana: “de allí acudían [los frailes] a los demás pueblos que quedaban cercanos a la ciudad”, hasta verlos “ya con policía y bien impuestos”. Asegurada la vida de este primer esbozo de población, echáronse los dos apóstoles a misionar por la provincia del río Jejuy, donde dieron con siete u ocho pueblos de indios “que nunca habían tenido doctrina ni visto frailes”.

Iban nuestros misioneros “catequizando, y bautizando, y quitando las supersticiones y abusos”. Llegaron por el norte “hasta los últimos indios del distrito” de la Asunción, “que están distante della como sesenta leguas, siendo bien recibidos” de todos, y conquistando para la fe dos pueblos ya existentes, que llamaron San Francisco de Atirá y San Pedro de Ypané.

Años después, el Arcediano testigo, visitando la región, supo de “la mucha obra que hicieron” los frailes, y de cómo los indios “los tienen en memoria y se acuerdan dellos”.

La catequización de la región del Jejuy debió de realizarse por el año de 1582. Se informaron después nuestros misioneros de que las dilatadas tierras del Guayrá, hoy territorio brasileño, estaban sin sacerdotes, y allá se fueron con el hato a cuestas.

Extraído de Cayetano, Bruno S. D. 8., Historia de la Iglesia en la Argentina, Buenos Aires, Don Bosco, 1966, vol. 1, pp. 180.181.

LOS INICIOS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS: A principios del siglo XVII, la Compañía de Jesús fundada por San Ignacio de Loyola, organizó de un modo más estable su labor apostólica en la amplia región denominada Provincia del Paraguay y nombró primer Provincial al Padre Diego de Torres.

Trasladado éste a la ciudad de Asunción, conversó largamente con el Gobernador Hernando Arias de Saavedra, criollo de grandes condiciones humanas y nobles ideales. Se encontraron así dos grandes personalidades, preocupadas ambas por la realidad de los indígenas. Sin dejar de valorar la labor ya realizada en la región, especialmente por misioneros Franciscanos, concibieron una empresa de envergadura.

Con la aprobación del entonces Obispo del Paraguay, Monseñor Reginaldo de Lizarraga, y habiendo comunicado su propósito al Rey, acordaron las condiciones para la realización de la obra. Fue necesario primero asegurarse que los indígenas no estarían sometidos al odiado régimen del «servicio personal» puesto que las «encomiendas», lejos de obtener el fin perseguido por la legislación que instituyó el sistema, se prestaron a que, con frecuencia, fueron inhumanamente explotados debido a la ambición y abuso de muchos «encomenderos».

Contra esta realidad luchó denodadamente el P. Torres, como lo hicieron muchos otros personajes religiosos y civiles. El sistema de las Reducciones entonces gestado, iba a garantizar este derecho de los indígenas, iba a hacerles llegar la Buena Nueva del Evangelio —fin buscado por la Corona Española— y en ese medio, posibilitaría su desarrollo humano integral. Respecto del campo de operaciones, el P. Torres envió expediciones a diversas regiones para ver cuál era la más adecuada.

Y fue así como en 1609 partieron los Padres Marcial Lorenzana y Francisco de San Martín al Paraná, y en 1610 los Padres Vicente Cataldino y Simón Masseta al Guayrá, dando comienzo a la gran gesta entre los Guaraníes, gesta a la cual el P. Antonio Ruiz de Montoya dio el nombre de «Conquista Espiritual» en su célebre libro (1639).

Fuente Consultada:
Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela

Mapa Ubicación Geográfica Pueblos Guaraníes

Instituciones Religiosas en America Colonial Los Jesuitas Las Misiones

Instituciones Religiosas en América Colonial

ORGANIZACIÓN ECLESIÁSTICA: Para cumplir con la misión evangelizadora viajaron a América miembros del clero secular y regular.

Pertenecían al clero secular los miembros de la jerarquía, tales como arzobispos, obispos, deanes de las catedrales, canónigos, párrocos, sacerdotes y doctrineros, quienes estaban vinculados directamente con la sociedad.

Se formaron también cabildos eclesiásticos, que regulaban y controlaban las cuestiones puramente doctrinales y disciplinarías y podían formar jurados para el clero. Los cargos mayores eran propuestos al Papa por el rey de una terna elevada por el Consejo de Indias.

Para los cargos menores, el obispo de la diócesis presentaba una terna al virrey, al presidente de la Audiencia o al gobernador tenían el derecho de Vicepatronatoquienes decidían cuál de los propuestos ocuparía el cargo.Las diócesis de Indias dependieron del Arzobispado de Sevilla hasta 1545, en que se organizaron tres provincias arzobispales independientes: las de Santo Domingo, México y Lima.

El clero regular fue llamado así por participar en la vida comunitaria de los conventos y estar sometido a un reglamento con normas especiales. Los primeros sacerdotes que llegaron fueron los franciscanos, los jerónimos, los dominicos, los mercedarios y los agustinos.

La Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, fue admitida en América más tarde. Las obras más destacadas de las órdenes religiosas fueron la evangelización de los indígenas y la fundación de escuelas y hospitales.

San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús (1491-1556)
SAN IGNACIO DE LOYOLANació Ignacio (Iñigo) en el castillo de Loyola, Guipúzcoa (España), en el año 1491 en el seno de una familia de caballeros.

Ingresó en la corte de Fernando V. Sus aficiones le llevaron a empresas guerreras. Fue herido durante el asalto de la plaza de Pamplona y llevado al castillo paterno de Loyola. Durante los ratos de ocio impuestos por una larga convalecencia. cayeron en sus manos una Vida de Jesús y una Vida de Santos. Esta lectura le impresionó y produjo en él la convicción de que hasta entonces había estado perdiendo el tiempo. Ante él se abrió un nuevo mundo.

Tan pronto como se curó, se dirigió al monasterio de Montserrat, se confesó, veló las armas delante de la milagrosa imagen durante una noche y depositó su espada ante la Virgen. A continuación abrazó una vida pobre y penitente en Manresa, donde compuso el libro de los Ejercicios Espirituales.

A los treinta y dos años de edad, se sentó con los niños en los bancos de una escuela de Barcelona y comenzó el estudio del latín. En Alcalá halló los primeros amigos que compartieron sus ideas. En 1534, con seis compañeros, emitió sus votos en la iglesia de Montmartre, París, fundando así la Compañía de Jesús. Esta fue reconocida oficialmente por la Iglesia cuando en 1540 el Papa Pablo III dio su aprobación oficial a la misma.

A San Ignacio le debe la Iglesia y le debemos todos: la Compañía, el libro de los Ejercicios, las obras emprendidas por la Orden por él fundada en favor de las almas, las Misiones Jesuíticas, muchas escuelas y trabajos en el campo de la ciencia en general. (Ver Biografía e Historia de la Orden)

LA IGLESIA Y LA SOCIEDAD COLONIAL : Los ideales y sentimientos religiosos, muy fuertes en el hombre español que actuó en el descubrimiento y conquista, se asentaron en la sociedad americana en todos sus estamentos. La influencia de la Iglesia se destacó por su importancia en la legislación de Indias y dejó un legado que otorgó sentido de unidad cultural a Hispanoamérica.

La enorme extensión del territorio y la diversidad de problemas a los que estaban expuestas las nacientes ciudades y villas hicieron que la Iglesia nucleara en torno de ella a la población, con lo que adquirió gran ascendiente social.

Las obras de la Iglesia en América fueron:

— El registro en las parroquias de los nacimientos, bautismos, matrimonios y defunciones, con lo cual regulaba la situación civil de las personas.

La fundación de asilos, hermandades para ayudar a los pobres, casas para albergar a niños expósitos, hospitales (en esta obra se destacaron los betlemitas) y toda realización de asistencia social.

— La enseñanza. Estuvo a cargo do los religiosos la fundación de escuelas primarias y secundarias y de universidades, la organización de bibliotecas y la instalación de imprentas.

— La destacadísima acción evangelizadora y misionera, a cargo de las órdenes religiosas que se empeñaron en la incorporación del indígena a la vida civilizada europea.

Para realizar tan vasta acción, la Iglesia contó con la colaboración del Estado, a través de la concesión de los diezmos y las donaciones hechas por los fieles. Por eso, proliferó la construcción de templos, conventos y casas de caridad. La beneficencia privada fue realizada mediante la organización de hermandades o cofradías.

Las actividades religiosas influyeron en la vida pública y privada. El calendario se regía por las numerosas festividades anuales, que llegaban casi a cuarenta. Las manifestaciones de piedad se exteriorizaban por medio de procesiones y el adorno de casas y calles.

La religiosidad estaba en todos los actos de la vida privada. Era costumbre rezar el rosario y ejecutar otros actos de piedad al levantarse, antes de iniciar una tarea y al acostarse.

LA INQUISICIÓN: La inquisición o Santo Oficio fue un tribunal religioso cuya antigüedad en Europa se remonta al siglo XIII.

En la Península, el primero fue instalado en Sevilla en 1480 y, más tarde, se extendió a las demás regiones. La misión fundamental de la Inquisición fue mantener y vigilar la pureza de la fe; por ese motivo, persiguió a los falsos conversos y a los herejes. Sus procedimientos fueron la denuncia secreta y las torturas, consideradas como único medio para saber la verdad tanto en este tribunal como en los civiles.

Las penas aplicadas fueron multa, azotes, prisión y destierro. En caso de pena dé muerte, el culpable era entregado a la autoridad civil, que ejecutaba la sentencia.

En América, la inquisición fue establecida por Felipe II en 1569. Se instalaron dos tribunales: uno en Lima y otro en México. En 1610, se creó el de Cartagena. La propuesta de instalar otro en el Río de la Plata, a mediados del siglo XVIII, no prosperó y esta región siguió dependiendo del de Lima.

Igual que en España, la lnquisición procuraba mantener la pureza de la fe y proteger a la población católica de la influencia de herejes, falsos conversos, judíos y musulmanes; por eso prohibió el desembarco de esas personas en las posesiones españolas. Esta medida alcanzó aun a los descendientes de condenados por el Santo Oficio.

Vigilaba la conducta moral y social, castigaba la blasfemia, la brujería, la bigamia y mala conducta del clero, los abusos y las inmoralidades. La pena de muerte se aplicó en muy contadas ocasiones. Para defender la doctrina y los fines del Estado, se ocupó de la censura de libros. Impidió la entrada y difusión de obras que atentaran contra el dogma y las prácticas religiosas, especialmente las inscriptas en el Index (catálogo de obras prohibidas elaborado en la Santa Sede), y también de aquellos escritos que atacaran los objetivos de la Corona.

Los indígenas, considerados menores en estado de tutela, estaban bajo la autoridad de los obispos; por lo tanto, la inquisición no ejerció sobre ellos su jurisdicción. (Ampliar: La Inquisición)

Mapa Ubicación Geográfica Pueblos Guaraníes

Fuente Consultada: Instituciones Políticas y Sociales de América hasta 1810 Irma Zanellato y Noemi Viñuela