Las Norma de Trabajo

Concepto de Trabajo Resumen Las Clases Hecho Economico e Historia

Resumen Sobre Concepto de Trabajo
Las Clases, Historia y Hecho Económico

Concepto Básico de Trabajo: La actividad que realiza el hombre para procurarse los bienes necesarios para satisfacer sus necesidades, modificando las condiciones que le han sido impuestas por la Naturaleza constituye el trabajo.

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Introducción: El hombre es un ser con necesidades. El concepto de necesidad le es inmediato e impuesto. Tanto para subsistir como para realizarse y perfeccionarse, el hombre necesita continuamente de algo que tiene que encontrar fuera de sí mismo y tiene que encontrarlo con cierta cantidad de esfuerzo propio o trabajo.

Se da una necesidad cuando entre lo que se es o lo que se posee y lo que se quiere ser o se quiere poseer hay un desequilibrio. Y como el hombre es un ser racional, ese desequilibrio adoptará normalmente la forma de desequilibrio que generará un deseo.

La economía admite las necesidades como deseos alcanzables; satisfacer una necesidad supone para ella la desaparición de ese deseo para un restablecimiento del equilibrio.

El origen de las necesidades puede responder a cualquiera de los siguientes factores.

• Una exigencia biológica de reposición de energías que el organismo gasta constantemente para mantener su normal funcionamiento.

• El deseo —muy humano— de buscar la perfección en todos los aspectos posibles de la vida.

• Un factor de tipo social o ambiental, ya que la evolución de la civilización entraña, a la vez, un aumento de los bienes y servicios que el hombre precisa para satisfacer sus necesidades —que incrementan progresivamente—. Por ello se puede afirmar que el número de necesidades es infinito.

Según estas premisas, algunos especialistas dividen las necesidades en necesidades de subsistencia o fisiológicas y necesidades de civilización o sociales (artificialmente creadas). Puede deducirse la relatividad de las necesidades, ya que el ideal al que se aspira, es decir, el concepto de bienestar, no es uniforme para todos los hombres.

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El ingreso desde el punto de vista económico: El hecho económico, que es, sin duda alguna, un hecho humano, está referido a la actividad del hombre que se origina en la existencia de necesidades y de la escasez de recursos o medios para satisfacerlas. (mas abajo seguimos este tema)

La escasez es el elemento básico para que pueda concebirse una actividad económica, dado que si los bienes.no fueran escasos, es decir se encontraran en cantidad suficiente y disponible para la satisfacción de las necesidades del hombre, no sería necesario la realización de ningún esfuerzo o sacrificio y, por lo tanto, no existiría una actividad que tienda a obtenerlos.

Al referimos a la escasez, no hacemos otra cosa que establecer una relación entre la cantidad disponible de bienes y las necesidades que deben ser satisfechas con los mismos. En consecuencia no tenemos en cuenta aquellos bienes que por ser abundantes se encuentran a disposición de todos y no son propiedad de nadie (aire, agua, etc.)

Pero para que un bien no requiera actividad económica alguna para procurárselo no sólo significa su abundante existencia en la Naturaleza sino también, aunque exista en cantidades limitadas, carecer de la aptitud para satisfacer alguna necesidad del hombre.

De lo expresado puede deducirse, entonces, que el hombre desarrolla una actividad en procura de la obtención de bienes o servicios para satisfacer sus necesidades, en tanto esos bienes no sean abundantes y deba realizar un esfuerzo o sacrificio para obtenerlos.

La obtención de dichos bienes es un acto económico que se conoce como ingreso y su aplicación a la satisfacción de sus necesidades, representa el consumo de dichos bienes y servicios.

El esfuerzo tendiente a procurarse dichos ingresos se realiza en el hombre común por medio del trabajo, que es una actividad de carácter personal y, en el caso de determinadas organizaciones sociales como la empresa, merced a la actividad personal del empresario (titular de la empresa), de los trabajadores que emplea bajo su dependencia y del capital o elementos que utiliza para llevar a cabo la actividad propuesta.

La Escasez:

La experiencia demuestra que el hombre no sólo tiene variadas necesidades, sino que además, en muchísimas ocasiones, entre las necesidades que debe satisfacer y los medios precisos con que cuenta para ello hay un desequilibrio. Es decir, que los medios son escasos respecto a los fines que con ellos hay que alcanzar.

Entre los medios precisos para la satisfacción de sus necesidades uno es el tiempo que el hombre ha de dedicar para producirlos, ya sea con su esfuerzo o con su trabajo. Sin duda, tanto el tiempo como el trabajo son escasos. A este último —además de requerir un tiempo— se opone la necesidad del descanso.

Pero no sólo son los medios relativamente escasos, sino que además, en la inmensa mayoría de los casos, son también susceptibles de usos alternativos. Es decir, se trata de unos medios que pueden ser empleados para la satisfacción de varias necesidades.

Por ejemplo, un terreno puede dedicarse a la construcción de viviendas, de una planta industrial o de una vía de comunicación, o bien puede emplearse para el cultivo de trigo o patata, etcétera. Que el trabajo humano, medio básico para la satisfacción de las necesidades, tiene múltiples posibilidades de utilización, es un hecho claro y evidente.

La Elección:

Existe una multiplicidad de fines a alcanzar, es decir, de necesidades a satisfacer, que pueden ser jerarquizadas a partir de su importancia o del deseo que provocan; por otra parte, también existe una limitación de los medios y del tiempo para atender a aquellas necesidades. Esta es precisamente la base del problema económico, la esencia del hecho económico.

El hombre, como ser racional, tiene que utilizar medios disponibles y susceptibles de usos diversos de la manera más acertada posible en la perspectiva de obtener el máximo beneficio de esos medios, que en ocasiones son limitados. El principio racional que debe regir el comportamiento humano es el de ¡a óptima utilización de los recursos —escasos—, una vez realizada una jerarquización de fines.

Afirmar que el objeto de la economía es el estudio de un determinado tipo de actos humanos, es decir, el estudio de las opciones que se pueden tomar cuando los medios son escasos, no es totalmente cierto. Sería más propio decir que el objeto de la economía es un aspecto determinado de los actos humanos.

La expresión actividad económica es un término útil y cómodo y se usará continuamente; pero teniendo en cuenta que, por ser una abstracción, no se da como tal en la realidad. El mismo acto humano desarrolla, además del aspecto económico, otros aspectos; jurídico, social, político, etc.

El problema económico así entendido es anterior e independiente del sistema socioeconómico y político en el que se organiza y estructura la convivencia humana.

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Concepto:EL TRABAJO

Como decíamo al inicio, el TRABAJO es la actividad que realiza el hombre para procurarse los bienes necesarios para satisfacer sus necesidades, modificando las condiciones que le han sido impuestas por la Naturaleza constituye el trabajo.

El trabajo presenta para el hombre dos características fundamentales que suponen:

— La realización de un esfuerzo para vencer las condiciones de la Naturaleza.

— Un sacrificio o privación de su menor esfuerzo a través del ocio o el descanso.

El trabajo se clasifica como económico cuando se efectúa, en todo o en parte, con vistas a algún bien distinto del placer directamente derivado del mismo. Sin embargo hay que destacar que la ociosidad también es penosa a veces.

Muchas personas trabajan más de lo que harían si consideraran sólo el placer resultante del trabajo; pero cuando se goza de buena salud, el placer es mayor que la fatiga, aun cuando el trabajo se realice mediante remuneración.

Naturalmente, la definición es elástica; un agricultor que trabaja en su jardín al anochecer piensa, principalmente, en el fruto que obtendrá de su trabajo; un mecánico que regresa a su hogar después de un día de duro trabajo halla un positivo placer en cultivar su jardín, pero tiene también en cuenta el fruto que obtendrá de su esfuerzo; en cambio un rico que haga lo mismo, aunque se sienta orgulloso de hacerlo bien, se preocupará probablemente muy poco del ahorro pecuniario que el cultivo personal de su jardín pueda reportarle. (Jevons)

Muchas veces nos preguntamos si no existen en la Naturaleza bienes que el hombre pueda proporcionárselos sin trabajo alguno; sin embargo, no existen riquezas naturales que en alguna medida no requieran la intervención del trabajo del hombre.

Gide indica con claridad que esto resulta de la etimología misma de la palabra producto: productum = sacado de algún sitio.

Y, ¿quién, sino la mano del hombre, había de haberlo retirado? Para que los frutos puedan servir a la satisfacción de nuestras necesidades, aun los que por sí misma nos da la Naturaleza: piñones, bananas, dátiles, o todos los crustáceos y mariscos que en Italia son llamados frutti di mare, preciso es aún que el hombre se tome la molestia de recogerlos.

Breve Historia de los Regímenes del Trabajo

El origen del trabajo se remonta a la industria de familia o doméstica, que tuvo su desarrollo en las sociedades primitivas y se prolongó hasta comienzos de la Edad Media.

Los hombres se encontraban divididos en pequeños grupos autónomos que no producían más allá de lo que reclamaban sus propias necesidades; tales grupos se constituían por miembros de una sola familia, entendiéndose como tal a la familia patriarcal que iba aumentando con elementos extraños a ella, como los esclavos convertidos posteriormente en siervos.

Dicho tipo de organización social se desarrolló también en Roma, donde los esclavos ejercían toda clase de oficios para los opulentos señores de la época; posteriormente los señores feudales tenían para el mismo fin a los siervos que constituían la verdadera fuerza del trabajo en la Edad Media.

A esta primera gran manifestación del trabajo organizado le sigue el éxodo constante de cierto número de individuos que se van aparando de esos grupos comunes y se convierten en trabajadores especializados, o sea, artesanos, y dado que no poseen medio alguno, salvo sus rudimentarios instrumentos de trabajo, ofrecen sus servicios de puerta en puerta constituyendo el grupo de trabajadores ambulantes.

Estos trabajadores ambulantes no son asalariados en el concepto actual de la palabra, pues no se encuentran subordinados a patrón alguno, sino que prestan sus servicios al público en general; manifestaciones de este tipo pueden ser equiparadas en la actualidad al caso del afilador, deshollinador, sillero, etc.

A medida que va avanzando la civilización, el trabajador ambulante se convierte en artesano sedentario, establecido con negoció propio, y el régimen corporativo lo llama maestro; requiere para su ayuda el concurso de miembros de su familia o aprendices.

Esta artesanía es una de las características del trabajo durante la Edad Media; en esta etapa el artesano no trabaja más que por encargo y produce con sus ayudantes para un mercado sumamente reducido.

La expansión del mercado local, como consecuencia del mayor contacto entre los pueblos, provoca la necesidad de incrementar la producción e independizar dicho proceso de comercialización o contacto con los consumidores.

Nace entonces el intermediario para la colocación de los productos, interviniendo éste también en el suministro de materia prima a los artesanos, llegando en muchos casos al arriendo de las herramientas de trabajo.

Poco a poco el artesano se convierte en un asalariado y el intermediario o contratista en patrono, situación que se consolida cuando este último reúne a los artesanos en un mismo local de su propiedad.

No puede decirse que el régimen del artesanado haya desaparecido totalmente dentro de las actuales manifestaciones laborales, si bien sólo es posible encontrarlo en pequeños comerciantes que generalmente se dedican más a realizar reparaciones que a fabricar elementos o cosas. Tal el caso de los cerrajeros, pintores, relojeros, electricistas, etc.

Con la aparición del patrono por un lado y el nacimiento de los asalariados por otro surge el régimen corporativo, que comienza a sentar las bases de las primeras asociaciones obreras para la defensa de salarios y el acercamiento de las relaciones entre los trabajadores.

Lógicamente que el régimen corporativo imponía a los obreros una serie de restricciones a su libertad individual al par que los protegía, y es necesario avanzar bastante tiempo en la historia para en-contrarríos con el asalariado tal como hoy lo conocemos.

Sin duda alguna que ha sido el extraordinario progreso industrial el que ha modificado profundamente las condiciones de trabajo, la forma de prestación de la mano de obra y las garantías de contratación.

Cierto es que cada vez se ha limitado la autonomía del trabajador para la prestación de sus servicios a los patronos, pero no es menos cierto que tanto las asociaciones de trabajadores como el Estado han sido los más fervientes defensores del hombre desamparado que por su debilidad económica se entregaba al primer postor.

Clases de Trabajo

El trabajo puede ser clasificado desde distintos puntos de vista de acuerdo a las características bajo las cuales se realiza; sin embargo nosotros nos hemos de referir a sus aspectos fundamentales dividiéndolo:

1º) Según quien lo realiza, en cuyo caso puede ser:

INDIVIDUAL o sea el efectuado por una sola persona.

COLECTIVO o sea el que se realiza por dos o más personas, abarcando esta clasificación desde el simple trabajo de un taller hasta el que se efectúa en las grandes empresas.

2º) Según la tarea que se efectúa, o sea:

INTELECTUAL cuando el hombre pone en juego los recursos de su propia inteligencia.

MATERIAL cuando el trabajo se realiza en razón de la fuerza o habilidad puesta por el hombre.

Sin embargo esta clasificación no es absoluta pues en ambos casos se complementan; solamente son definibles en forma independiente por la mayor aplicación de uno de tales aspectos.

3º) Según la actividad desarrollada, dando lugar a su clasificación en múltiples ramas, oficios o habilidades.

Muchos adoptan también las siguientes clasificaciones aun cuando con ciertas limitaciones puedan ser equiparadas a ésta:

— Trabajo de dirección y trabajo de ejecución

— Trabajo calificado y no calificado

4º) Según la relación existente hacia quien se realiza, puede ser:

INDEPENDIENTE o por cuenta propia como el caso del empresario o profesional.

EN RELACIÓN DE DEPENDENCIA cuando el trabajo se efectúa por cuenta ajena bajo las órdenes de otra persona o empresa.

Respecto de esta última característica del trabajo las distintas legislaciones han establecido normas protectoras a quien lo realiza, denominándolo con el nombre genérico de trabajador.

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EL HECHO ECONÓMICO: Centrado el problema económico en la escasez y la elección con criterio de racionalidad, las cuestiones básicas a analizar se reducen a tres: qué, cómo y para quién producir.

QUÉ PRODUCIR: Como consecuencia de la» escasez, y al no poder atenderse a todas las necesidades en toda su intensidad y amplitud, surge la obligación de seleccionar los fines o bien las necesidades, o al menos señalar el nivel al que van a ser atendidos cada uno de los fines.

Esto supone, naturalmente, una jerarquización de los mismos según la importancia atribuida a cada necesidad. Es lo mismo decir qué necesidad se va a satisfacer, que precisar el qué se va a producir, ya que lo uno comporta lo otro.

CÓMO PRODUCIR: Si ia actividad económica ha de ser racional, lo que se quiere producir (las necesidades que se quieren satisfacer) hay que producirlo con un gasto mínimo de recursos, lo cual es lo mismo que afirmar que habrá que utilizar los recursos de la mejor manera posible para que el rendimiento sea máximo, es decir para que se satisfagan el mayor número de necesidades. Este «cómo hay que producir» tiene tres aspectos diferentes:

Seleccionar la técnica: Hay que seleccionar la técnica económica más apta, entendiendo por técnica, en un sentido amplio, la combinación de factores productivos.

Elegir el lugar: Hay que elegir el lugar más apto para la producción; no es lo mismo, por ejemplo, ubicar una planta siderúrgica junto a los yacimientos de carbón, que junto a los de mineral de hierro, o junto a ¡os centros consumidores. La localización crea problemas de transporte (que también es una actividad económica), que pueden encarecer indebidamente el producto, lo que equivale a provocar un despilfarrp de recursos.

Fijar el tiempo: Hay que fijar también cuál es el tiempo más óptimo para la producción de cada bien. El tiempo es una variable importante en economía. Recuérdese, por ejemplo, que el interés que se paga al capital (un elemento del costo de producción) depende del tiempo.

PARA QUÉ PRODUCIR: En el estadio actual del desarrollo económico, la actividad económica es también una actividad social. Los procesos productivos requieren la colaboración de distintos elementos o de diversos grupos sociales; es preciso, entonces, una distribución de lo producido colectivamente entre los productores, directos o indirectos. El problema de la distribución se considera una parte muy importante del problema económico general.

Fuente Consultada:
Economía y Contabilidad Para 3º Año del Ciclo Básico Unificado de Apolinar E. García Editorial Sainte Claire
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – La Economía – Editorial Océano

La Industria textil en Gran Bretaña Algodon y la Revolucion Textil

La Industria Textil en Gran Bretaña:Algodón

Invención del telar La Máquina a Vapor Los Transportes Primera Revolución Agrícola

Historia de la Industria Textil Británica: la industria algodonera:

La Inglaterra de la primera mitad del siglo XVII vio producirse cierto crecimiento de su mercado interior, ligado a las consecuencias favorables de su revolución burguesa y a la transformación que estaba experimentando su agricultura.

En el siglo XVIII, Gran Bretaña encabezaba la producción de bienes de algodón baratos, mediante el uso de los métodos tradiciones de la industria doméstica. El desarrollo de la lanzadera volante cremento la velocidad del proceso de tejido en un telar, lo cual le permitió a los tejedores duplicar la producción.

Sin embargo, esto provocó escasez de hilo, hasta que la máquina de hilar de James Hargraves, perfeccionada en 1768, permitió a los hilanderos fabricar subproducto en mayores cantidades. La máquina de hilar de sistema hidráulico, cuyo inventor fue Richard Arkwright, impulsada por agua r caballos, y la llamada muía de Samuel Crompton —que com- ioa aspectos del sistema hidráulico y de la máquina de hilar— cementaron aún más la producción de hilo.

El telar mecánico, untado en 1787 por Edmund Cartwright, permitió que el proceso ejido de ropa se coordinara con el proceso de hilado. Incluso, los primeros telares mecánicos eran demasiado ineficientes, lo que permitía que los tejedores manuales domésticos siguiesen prosperando,al menos, hasta mediados de la década de 1820.

Después de esa fecha fueron sustituidos de manera gradual por las nuevas máquinas. En 1813 había 2400 telares mecánicos en operación en Inglaterra; aumentaron hasta 14.150 en 1820; en 1833 ya eran 100.000, y para 1850 llegaron hasta 250 000. En Inglaterra, en la década de 1820 todavía había 250 000 tejedores manuales; en 1860, sólo quedaban 3000.

HISTORIA: John Kay patentó en 1733 la lanzadera volante, que había de mejorar considerablemente la productividad del tejido; pero esta invención no tuvo efectos inmediatos, entre otras razones porque se hacía preciso aumentar en el mismo grado la productividad del hilado, si se quería evitar que se produjese un estrangulamiento de difícil solución. Si no hubiera sobrevenido ningún cambio externo al sistema, es posible que esta situación hubiera conducido a abandonar la invención de Kay —como ocurrió con otros inventos en el transcurso del siglo XVII— o a una lenta readaptación de toda la industria algodonera, con imprevisibles consecuencias humanas. Pero el cambio se produjo, dado que sobrevino un estímulo capaz de salvar la situación.

El comercio exterior británico dependía en buena parte del tráfico con los tejidos de algodón de la India (las indianas); a mediados del siglo XVII, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales comenzó a tropezar con dificultades para aprovisionarse de tejidos indios, y dirigió su demanda al propio mercado británico. La existencia de esta demanda explica el interés que suscitó la renovación de los métodos de hilado, que desembocó en una serie de innovaciones harto conocidas.

La spin-nini-Jenny de Hargreaves (inventada en 1764 y patentada en 1770) comenzó funcionando con 16 husos a la vez, manejados por un solo operario, y acabó conteniendo más de 100 husos: en 116’J Arkwright patentó el water-frame, una máquina que ya no era apta para la industria doméstica, sino que había sido proyectad; para funcionar en una factoría, empleando la fuerza hidráulica ; el vapor; pocos años más tarde (1779), la mulé de Crompton combinó los principios de la spinning-jenny y del water-frame, en 1785 se comenzaron a utilizar las nuevas máquinas de vapor de Watt para hacer funcionar una fábrica de hilados. El resultado de la aplicación de estas innovaciones era que, hacia 1812. un hilador podía hacer tanto trabajo como hacían doscientos mediados del siglo xvm.

Naturalmente, estos perfeccionamientos en el hilado no sólo permitieron emplear la lanzadera volante de Kay, sino que suscitaron nuevas innovaciones en el tejido (como el telar mecánico de Cartwríght, introducido a comienzos del siglo XIX), e incluso en otros aspectos de la producción algodonera (el blanqueo por cloro, que suprimía el engorroso y largo blanqueo al sol, con las telas extendidas en los prados de indianas).

Esta sucesión increíble de innovaciones en el transcurso de treinta años (mucho más numerosas e importantes que las que se habían registrado en »’cualquier sector de la industria textil en los trescientos años anteriores) no podría explicarse si no hubiese habido una, considerable expansión en la producción, única circunstancia que podía justificar tantas y tan costosas inversiones en renovación de utillaje.

En efecto, de 1780 a comienzos de siglo XIX las exportaciones británicas de tejidos de algodón se multiplicaron por diez. Paralelamente, los aumentos de productividad permitían reducir hasta la sexta parte los precios de algunos productos. Transformaciones semejantes en el breve plazo de dos o tres décadas no se habían producido nunca con anterioridad. No cabe duda de que nos hallamos ante un fenómeno tan nuevo y de tanta magnitud que no es exagerado calificarlo de revolucionario; como ha señalado Hobsbawm, este salto hacia delante que dio nacimiento al desarrollo económico moderno es uno de los hitos fundamentales de la historia de la humanidad.

En el plano del comercio internacional, la transformación de la industria algodonera británica hizo posible que los comerciantes ingleses dominaran el mercado mundial en una forma y a una escala que no se habían dado jamás. Inicialmente, estos tejidos de algodón se destinaban a un comercio triangular: eran llevados a África a cambio de esclavos; estos esclavos se transportaban a las plantaciones norteamericanas para venderlos y adquirir algodón en rama, que conducía entonces a la metrópoli.

A la metrópoli se llevaban además los beneficios, porque el fabuloso aumento de la productividad permitió mantener los precios del mercado internacional, e incluso bajarlos considerablemente, y realizar enormes beneficios, que nos ayudan a entender el entusiasmo por efectuar inversiones industriales. Este entusiasmo se explica también por el hecho de que la capacidad de expansión del mercado ultramarino parecía infinita: la India fue sistemáticamente desindustrializada a comienzos del siglo XIX y se convirtió, paradójicamente, en uno de ios mayores importadores de tejidos de algodón británicos; la América española, una vez emancipada, cayó también bajo el dominio del comercio inglés.

Por otra parte, la expansión del comercio ultramarino de tejidos favoreció el proceso general de perfeccionamiento de la industria y la puso en situación de adueñarse del propio mercado europeo. Pasaron muchos años antes de que otros países europeos iniciaran el mismo camino y se situaran en condición de poder competir con los tejidos de algodón británicos. Para entonces, los beneficios acumulados en Gran Bretaña eran enormes, y en buena parte se habían invertido ya en otras ramas de la producción.

Se ha discutido mucho acerca de si la simple expansión de la industria algodonera pudo haber causado el «despegue» en el proceso de crecimiento económico autosostenido que encontramos en Gran Bretaña en el siglo XIX. Quienes objetan esta posibilidad señalan el hecho de que la industria algodonera adquiría su materia prima en el extranjero y hacía pocas demandas de bienes o servicios a otros sectores de la propia economía británica. Pero esta objeción, planteada al nivel estático de los intercambios entre diversas industrias en un momento dado, ignora toda una serie de factores importantes que se escapan del enrejado de una tabla input-output.

La revolución de la industria algodonera motivó una serie de cambios que, si inicialmente provocaron la transformación de la sociedad británica, acabaron influyendo sobre la propia economía. Apareció, en primer lugar, un proletariado urbano: un ejército de mano de obra industrial, dispuesto a emplearse donde y cuando se precisase. No es seguro que estos campesinos desarraigados, hacinados en los suburbios de las ciudades industriales, mejoraran su nivel de vida en las primeras décadas de la revolución industrial; más bien parece haber ocurrido lo contrario.

Pero sus necesidades de alimentos estimularon la comercialización de la agricultura, y su demanda de bienes de consumo ayudó a crear un mercado interior para la propia producción industrial. También al nivel de los empresarios se produjeron cambios sustanciales: los rendimientos decrecientes del comercio internacional, en el que existía fuerte competencia, vinieron a poner de relieve lo excepcional de los beneficios industriales, y fomentaron ulteriores inversiones en la industria en general, no sólo en la algodonera.

La vida entera de la Gran Bretaña se había transformado, la sociedad británica había iniciado un camino irreversible, hacia la industrialización, dando origen al capitalismo actual.

PARA SABER MAS…
HILANDERÍA PERPETUA

Samuel Slater se fijó en la memoria los mecanismo una fábrica de algodón cuando emigró a América en 1790. De este modo burló la ley que prohibía la exportación de maquinaria de Inglaterra. En la nueva fábrica de tejidos de Slater, en Pawtucket; Rhode Island, se producía con tanta velocidad, que las plantaciones algodoneras del sur no pudieron abastecer suficiente algodón en rama.

Cada trabajador de las plantaciones necesitaba por lo diez horas para separar las pequeñas semillas incrustadas en tres libras de algodón. Eli Whitney salvó tanto a los dueños de las plantaciones como a la fábrica de Slater con el invento de su famosa desmotadora de algodón.

El invnto consistía en un aparato que utilizaba dientes metálicos sobre una rueda, con ranuras tan juntas, que las semillas se desprendían del algodón, el cual pasaba a través de un tamiz de alambre, impulsado por cilindros provistos de espigas que giraban uno contra otro. Un cepillo giratorio quitaba las semillas de los cilindros.

Este nuevo invento hizo posible que cada trabajador de las plantaciones produjera un mínimo de 50 libras de algodón por día. La súbita afluencia de cargamentos de algodón cada vez mayores a la íábrica de Slater indujo a éste a abrir una nueva fábrica tras otra, con lo cual se inició la era mecánica en América. La producción de algodón aumentó de 63.500 kilos a 57 millones de kilos una generación después de la invención de la desmotadora de algodón.

Por su parte, en Inglaterra, la máquina de vapor de Watt influyó poderosamente en el desarrollo de la industria textil. Las fábricas no necesitaron más las caídas de agua para hacer girar sus ruedas. En 1810 había 500 fábricas de hilados equipadas con máquinas Watt. Diez años más tarde funcionaban cinco millones de lanzaderas.

La fábrica de algodón estuvo íntimamente vinculada a oíros inventos. En 1801 Jacquard inventó el telar automático. El telar de Jacquard se basaba en el mismo principio de una pianola. El diseño del tejido era determinado por un número de clavijas montadas sobre una cadena, unidas mediante tarjetas horadadas con largos vastagos de hierro.

Los vastagos cuyos extremos no penetraban en los agujeros de las tarjetas horadadas levantaban los,hilos de la malla. Mediante el uso continuado de un determinado juego de tarjetas, podía hacerse en el tejido un dibujo con hilos de distintos colores.

Posteriormente, el telar se automatizó más al lograr que pudiera insertarse una bobina de hilo sin necesidad de detenerse. Esto se consiguió medianil una lanzadera de enhebrado automático.

Luego se introdujo un cortador especial, que corlaba los dos extremos de la trama. Con estos y otros aparatos automáticos, pronto, un operario pudo atender dieciséis telares a la vez. En 1857 la maquinaria de las hilanderías era resultado de alrededor de 800 inventos, y un solo obrero vigilaba 80 telares o más. Medio millón de tejedoras mecánicas producían una cantidad de telas que hubiese requerido diecisiete millones de tejedoras manuales.

Actualmente los hilados artificiales están dominando. Una masa plástica se transforma en finos chorros que recorren más de trescientos metros. En este proceso se desulfuran, se blanquean, se lavan, se secan y se unen en una bobina, todo ello en seis minutos de operación automática, merced a los ágiles dedos del Hombre Mecánico.

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