Le Corbusier

Precursores de la Arquitectura Moderna y sus Caracteristicas

Precursores de la Arquitectura Moderna Racionalista y sus Características

INICIADORES DE LA ARQUITECTURA MODERNA: Tres arquitectos europeos fallecidos entre 1965 y 1969 han efectuado con variadas técnicas y mediante realizaciones de distinto carácter una revolucionaria transformación de los conceptos arquitectónicos y urbanísticos en boga hasta comienzos del siglo XX, planteando alternativas a la ciudad tradicional y su modo de vida. Sus experiencias resultan plenamente transmisibles y su validez parece universal.

Pero la oposición con que frecuentemente tropezaron a lo largo de su carrera prosigue tras su muerte. Si unánimemente se reconocen sus méritos científicos y técnicos, la utilidad de sus métodos o la originalidad de sus creaciones, la aplicación práctica de todos ellos se ve obstaculizada po¡ la maraña de intereses económicos o la rutina administrativa.

Los precursores de la arquitectura moderna: Al estudiar las diversas tendencias que confluyen en la formación del movimiento moderno de la arquitectura, éstas se describen, generalmente, por su mayor facilidad de método, autónomamente y a través de sus maestros más destacados.

Racionalismo, organicismo, expresionismo, neoplasticismo, o también Gropius, Le Corbusier, Wright o Mies van der Rohe forman capítulos independientes en todos los tratados de arquitectura moderna.

Ello, a veces, puede sugerir o bien que aquellas experiencias surgen aisladas las unas de las otras, en el tiempo o en el espacio, o bien que su aparición se debe a las felices intuiciones o a las geniales intervenciones casuales de las grandes personalidades de la arquitectura.

Y ni una cosa ni otra son ciertas en realidad, pues es imposible aislar los movimientos arquitectónicos o tales personalidades creadoras del medio en que se han dado, ya sea en su aspecto cultural, ya sea en su aspecto economico.

En la sociedad industrial occidental los intercambios de influencias críticas y experiencias son tan intensos, que cualquier intento de individualizar con demasiada rigidez las fuentes o los productos de las diversas experiencias arquitectónicas contemporáneas es un intento fútil y vano.

En el mismo sentido, los llamados maestros, los «pioneros» (según expresión de Pevsner), han sido personalidades excepcionales capaces de reunir en sí mismas la formulación teórica más avanzada con la solución intuitiva más feliz, y constituyen la ilustración práctica más brillante y ajustada de lo que es la arquitectura moderna.

Sin embargo, así como es imposible imaginarse que si no hubiese existido Edison la humanidad estaría aún alumbrándose con luz de gas, así es descabellado pensar que sin un Le Corbusier no habría existido el racionalismo.

Los rasgos que caracterizan a la arquitectura moderna no responden al simple capricho de un grupo de arquitectos ávidos de innovaciones, sino que simplemente son el producto lógico e inevitable de las condiciones intelectuales, sociales y técnicas de nuestro tiempo.

La arquitectura moderna no debe interpretarse, pues, como una serie de nombres que protagonizan una serie más o menos conexa de acontecimientos o influencias, sino como el resultado de unas exigencias económicas, sociales o culturales sentidas a partir de un momento dado en países y ambientes diferentes, pero unidos por un mismo grado de desarrollo y por unos medios de comunicación cada vez más avanzados.

El Art Nouveau en el origen del funcionalismo: Un ejemplo claro de lo dicho anteriormente es la forma casi simultánea y muy coherente en que surgió en toda Europa el movimiento nacido en Gran Bretaña con el nombre de Art Nouveau, conocido luego en Francia como Modern Style y que luego también se denominaría Art Nouveau, como en Gran Bretaña.

Este movimiento tomó el nombre de Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Liberty en Italia y Modernismo en España.

«Aunque hoy sus atractivas formas recargadas, floreadas, naturalistas, puedan parecemos la antítesis del funcionalismo, es necesario considerar al Art Nouveau como la primera manifestación global de la arquitectura moderna, tras todo un siglo en que la arquitectura había perdido la brújula de la historia.

Mientras la técnica evolucionaba rápidamente, la arquitectura oficial se refugiaba en la construcción de pastiches que imitaban los estilos históricos. Fueron precisamente los ingenieros, expulsados con petulancia del campo del «arte» considerado exclusivo del arquitecto, los que actuaban de una manera más racional, lógica y, a la postre, más acorde con los presupuestos estéticos en gestación, en sus grandes construcciones.

El Art Nouveau tuvo, como dice Dorfles, «la luminosa intuición de la naturaleza del material que empleaba, el haber comprendido que con el hormigón y con el hierro se podían crear formas nuevas, formas derivadas, precisamente, de la funcionalidad de tales materiales y llenas de una singular poesía»

Víctor Horta, en Bruselas; P. H. Berlage, en Amsterdam; P. Behrens, en Munich; O. Wagner, J. Hoffman y J. M. Olbrich, en Viena; A. Gaudí y J. M. Doménech i Montaner, en Barcelona; Ch. R. Mackintosh, en Glasgow; H. Guimard, en París; etc., y, en cierta manera, L. Sullivan, en Chicago, adoptan los nuevos materiales constructivos y los nuevos procedimientos mecánicos para construir una arquitectura original que rompe con cualquier imitación de formas estilísticas pasadas.

Sin embargo, la intensa y brillante dedicación al estudio de las posibilidades que permitían los nuevos materiales, que era la principal virtud del Modernismo, se convirtió en su principal limitación al caer en el formalismo, en una búsqueda de la forma por la forma, quedando al margen de las nuevas funciones que la sociedad comenzaba a exigir de la arquitectura: la construcción a mayor escala, la edificación masiva de viviendas, etc., lo cual suponía el planteamiento radical de nuevas soluciones técnicas y formales.

Por eso fue un movimiento de breve duración, un movimiento de transición hacia el movimiento racionalista.

El racionalismo y sus creadores: El movimiento racionalista, que se desarrolla fundamentalmente durante el período comprendido entre las dos guerras mundiales, es el intento más importante de responder, mediante la adopción decidida de las teorías funcionalistas, a la pregunta de si es posible poner de acuerdo las exigencias artísticas con las necesidades prácticas y económicas.

Y el problema fundamental que aborda es el del divorcio entre arte y técnica, provocado por la llamada Revolución Industrial o, dicho de otra manera, la falta de adaptación del artista, del arquitecto, del diseñador o del artesano a los nuevos métodos de producción industrial.

Como dice L. Benévolo, «el artista, mecido en el sueño del genio y prendido en las redes de los prejuicios artísticos, llegaba a la «profesión» de la arquitectura sin una verdadera educación que le asegurara su independencia estética y económica. Su capacidad se limitaba sustancialmente a una serie de actividades independientes de la realidad de los materiales, de los procesos técnicos y de sus relaciones económicas. La falta de conexión con la vida de la comunidad lleva inevitablemente a esterilizar la actividad artística».

Y esto no sólo en el campo de la construcción de edificios o de ciudades. También en relación con el diseño industrial de objetos y utensilios de uso cotidiano, con el diseño gráfico, etc., existía este divorcio.

Cuando los imperativos del desarrollo del capitalismo fuerzan la necesidad de nuevos mercados para los productos industriales, surge una demanda de productos formalmente atrayentes, técnicamente correctos, económicos y producibles en grandes series.

El artista no está en condiciones de satisfacer esta demanda de la técnica por su inexperiencia para adaptar sus conceptos formales a los procesos prácticos de fabricación industrial.

La experiencia didáctica del Bauhaus y Walter Gropius:  Tras sus primeras creaciones antes de la Gran Guerra, como la fábrica Fagus de Alfeld an der Leine, en la que mostró sus preferencias por una arquitectura sencilla y lógica alejada de los estilos históricos, el berlinés Gropius fundó en 1919 la Bauhaus de Weimar -trasladada en 1925 a Dessau-, y cuya dirección abandonó en 1928.

 fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Fábrica Fagus de Alfeld an der Leine

Gropius dió respuesta más coherente, más completa y más importante a este problema la dio la escuela de arquitectura y diseño del Bauhaus fundada en 1919, en Alemania, por el arquitecto Walter Gropius. (abajo)

Walter Gropius

La enseñanza del Bauhaus insiste sobre todo en buscar la conjunción de la teoría y la práctica mediante el continuo contacto con la realidad del trabajo.

De esta manera, el nivel formal del trabajo del arquitecto o del diseñador no queda situado en una esfera independiente, origen de experiencias separadas de los intereses concretos de la sociedad, sino que se inserta decididamente en la actividad de la producción.

El trabajo artístico no tendrá ya como objetivo inventar formas nuevas porque sí, sino contribuir, por medio de estas formas, al enriquecimiento de la vida cotidiana de los hombres.

En este sentido el Bauhaus forma a sus alumnos en el conocimiento de las artes aplicadas, industriales y artesanales, produciendo paralela y realmente objetos y obras que no son concebidos como «obras de arte» singulares e irrepetibles, sino como obras producibles er; serie, industrialmente, y accesibles a toda la población.

Los presupuestos didácticos del Bauhaus, a pesar de haber desarrollado sus actividades pedagógicas y programáticas hacia los años veinte, siguen siendo plenamente válidos, aun cuando numerosas escuelas de arquitectura y diseño de nuestros días no los hayan todavía asimilado.

Walter Gropius dirigió la Escuela de Arquitectura de Harvard, en Estados Unidos, tras haber abandonado Alemania, a causa del nazismo. Pero, además de su importantísima actividad pedagógica, es uno de los grandes arquitectos del primer racionalismo, que alcanza sus más altas expresiones en la Fagus Werke, los edificios del Bauhaus y su rica producción americana.

mejores arquitectos

La Bauhaus: «La construcción completa es el objetivo final de las artes visuales… El arte no es una profesión; no hay ninguna diferencia esencial entre artista y artesano… Formamos una sola comunidad de artífices, arquitectos, escultores y pintores sin distinción de clase… Juntos concebimos y creamos el nuevo edificio del futuro que comprenderá arquitectura, escultura y pintura en una sola unidad, y que será levantado un dia hacia el cielo por las manos de millones de trabajadores.» (Del programa inicial de la Bauhaus.)

Entre sus aspectos característicos cabe destacar el trabajo en equipo y la colaboración de maestros creadores -Klee o Kandinsky entre los más conocidos-, la combinación de programas teóricos y prácticos, la producción de objetos en materiales variados (metal, madera, tejidos…) con destino a la industria, que pone a los alumnos en contacto directo con el trabajo.

Se produce una cooperación del artista con el mundo industrial a través de la formación artesanal, tratando no de inventar nuevas formas sino de modificar la vida humana a través de la forma, abarcando la habitación y su ambiente todo.

Desde las barriadas proyectadas en Alemania al dejar la Bauhaus, mostró Gropius un doble camino de soluciones: la distribución de las unidades de muchos pisos distanciadas entre sí, cuando la construcción es densa, y la prefabricación de los elementos particulares- que el arquitecto combinará libremente- para las viviendas unifamiliares.

En Inglaterra (1934-37) y luego en Estados Unidos, donde fue profesor de Harvard, más que sus proyectos y construcciones, hechos en colaboración con otros arquitectos, importa su labor aglutinadora de esfuerzos y su sentido de responsabilidad social, excluyente de la idea de genio individual.

Ludwig Mies van der Rohe: Nacido en Aquisgrán, formado en Berlín, director de la Bauhaus de 1930 a 1933, se trasladó a Estados Unidos, como Gropius, en 1937.

Fue otro gran pionero de lo que es la arquitectura de nuestro tiempo, tanto en su época europea, como en su numerosa y fundamental obra en Estados Unidos —también, como Gropius, emigró a este país a consecuencia de las dificultades de desarrollar su actividad en la Alemania nazi—, lleva a cabo un trabajo magistral mediante una arquitectura limpia, simple, donde la perfecta ordenación de la estructura produce una extraordinaria flexibilidad del espacio, no limitado sino modelado, dilatado por una hábil disposición de los elementos planos, paredes, techos y paramentos acristalados.

Ludwig Mies van der Rohe

Esta forma de concebir el espacio arquitectónico ya era evidente en una de sus más célebres y antiguas obras, como es el pabellón alemán de la Exposición Universal de Barcelona de 1929, y en otras muy importantes, como el Illinois Institute of Technology de Chicago o los imponentes rascacielos de Lake Shore Drive, también en Chicago.

Sus realizaciones en Europa muestran preocupación por los materiales y meticulosidad en la realización de los proyectos, que plantea con sencilla geometría, creando espacios limpios y elementales y ambientes continuos e ilimitados que nunca se cierran (Villa Tugendhat, de Brno, 1930).

Si sus ensayos europeos versan generalmente sobre edificios de una planta, en América logra los mayores éxitos en construcciones de rascacielos. Estos se caracterizan por un exterior formado a base de un elemento de calculadisimas nronorciones –generalmente un panel de acero y cristal– repetido a lo largo y ancho del mismo, y un interior organizado siempre de manera diversa e independiente.

En el Edificio Seagram de Nueva York (1956) crea además un espacio delantero que desvincula a aquél del agobiante trazado vial abriendo nuevas posibilidades urbanísticas, y realza la unidad volumétrica al utilizar bronce y vidrio atérmico marrón que eliminan el contraste cromático entre superficie y estructura; el mismo resultado consigue luego con materiales menos costosos: hierro negro y vidrio gris.

Edificio Seagram de Nueva York

Edificio Seagram de Nueva York

Su último edificio, la Galería Nacional de Berlín Oeste, es la culminación de otro de sus grandes temas: la gran sala, aislada tan solo por la estructura externa, en que los elementos constructivos son reducidos al máximo con paredes de vidrio.

Le Corbusier: Pero quizás el más famoso, el más conocido de todos los grandes arquitectos forjadores de la contemporánea renovación arquitectónica sea el suizo Ch. Edouard Jeanneret, conocido por Le Corbusier. Puede ser calificado como el teórico más ambicioso y revolucionario de la arquitectura contemporánea.

Sus planteamientos más grandiosos alcanzan a la construcción de la nueva ciudad que da satisfacción plena a las necesidades de la vida moderna.

Su proyecto (la Ville radieuse), perfeccionado a lo largo de su existencia, comprende largos edificios acoplados en ángulo recto, separados al menos 200 metros del más próximo; grandes autopistas cruzan el entramado urbano sobre columnas, preservando el terreno para los peatones; los centros fabriles, comerciales o administrativos se alzan en las cercanías, aislados.

Para el diseño de la vivienda, Le Corbusier parte también de premisas humanistas: las necesidades físicas, psíquicas y espirituales de la persona deben ser tenidas presentes al dar forma a cada uno de los elementos de su morada. En el límite del racionalismo propone la medida humana como base de toda construcción: el modulor.

Si en urbanismo sus ideas se hallan aún lejos de ser llevadas a la práctica con generalidad, la arquitectura del hormigón ha sido decisivamente influida por sus postulados.

le corbusier

Le Corbusier ha sido el protagonista de la divulgación de los programas e ideas generadoras del movimiento moderno. Sus tesis, a veces demasiado simplistas para el lector actual, son brillantes y sugestivas, y han servido para popularizar el movimiento y crear un lenguaje que es hoy común en muchos ámbitos.

El empleo audaz del hormigón armado en sus construcciones, interpretando la estructura como un «esqueleto», es su principal aportación: las columnas permanecen libres formando, en su conjunto, un esqueleto independiente de los muros, tanto exteriores como interiores.

De esta forma, el espacio interior del edificio se puede modelar a voluntad empleando tabiques de formas variadas, planos o curvos, lo que llama «plan libre» o «planta abierta».

El techo es plano, lo que permite incorporar, utilizar la cubierta del edificio como «terraza-jardín»; principios materializados en la Ville de Garches y en la Ville Saboye, en Poissy, Francia. Le Corbusier defiende que los elementos de la arquitectura actual deben ser reconocidos en los productos industriales: barcos, aviones, automóviles, y define la casa como «una maquina de habitar» que debe construirse en serie.

Su actividad como arquitecto, como escritor y como urbanista ha sido inagotable hasta nuestros días: La Ville Radieuse, modelo ideal de ciudad concebida como un conjunto de grandes bloques entre amplias zonas verdes; el «modulor», norma de medida o módulo constructivo, basado en las dimensiones de la figura humana en relación con el espacio en que habita; la «grille ciam» o malla geométrica, que emplea en la elaboración de esquemas de desarrollo urbano, etc., son conceptos que han sido ampliamente divulgados en sus escritos y, a veces, aplicados en sus obras de arquitectura o de urbanismo; el edificio de viviendas de la Unité d’habitation, en Marsella; Chandigard, nueva capital del Punjab en la India; el convento de la Tourette, cerca de Lyon, son algunas de sus más importantes obras.

vila savoye lecorbosier

modulor de le corbusier

El «modulor» de Le Corbusier (Ver:Proporciones Humanas, de Vitruvio)

Frank Lloyd Wright: Aunque corramos el peligro de esquematizar las cosas excesivamente, en la arquitectura contemporánea coexisten, a pesar de que sus presupuestos básicos pueden muy bien coincidir, dos tendencias diversas: una hacia lo racional y lo geométrico (ejemplificadas en gran parte en las obras de Gropius, Mies van derRohe y Le Corbusier), y otra que hace más hincapié en lo orgánico y que, en cierta manera, asume y expresa aspectos irracionales en el proceso creativo.

Frank Lloyd Wright debe citarse inevitablemente como la cuarta gran personalidad de la arquitectura moderna.

Durante su dilatada carrera arquitectónica ha sido un apasionado defensor de esta segunda tendencia, tanto a nivel propagandístico como a través de su obra arquitectónica.

Su rechazo de las formas rígidas y mecánicas, su desprecio de una excesiva estandarización y su búsqueda de formas en cierta manera acordes con las que se dan en el mundo natural, orgánico, serían las características más acusadas de su arquitectura, las cuales aparecen perfectamente demostradas, entre otras, en su famosa Falling Water (Casa de la Cascada), en BearRun, Pennsylvania; en su antigua casa Robie, en Chicago, o en la extraordinaria fábrica Johnson, en Racine, Wisconsin.

Fuentes Consultadas:
Función de la Arquitectura Moderna – Colección de Biblioteca Salvat «Grandes Temas» , Tomo 32
Maestros del Arte Aula Abierta Salvat Temas Claves Cuadernillo Nº5

Biografia de Joan Miro y sus Obras Artisticas Resumen

Biografía de Joan Miró y Sus Obras Artísticas

Joan Miró nació en Barcelona el 20 de abril de 1893. Su padre, Miguel Miró Adzerías era orfebre y relojero y descendía de una familia afincada en Cornudella, en la tarraconense comarca de Montroig. Su madre, Dolores Ferrá, era hija de un ebanista mallorquín. El abuelo paterno había sido en sus tiempos un hábil herrero diestro en la forja.  A los siete años asiste a un colegio de la calle Regomir y al mismo tiempo aprende dibujo, disciplina por la que ya muestra una gran afición, con el señor Civil.

De un año más tarde son sus primeros dibujos conservados y a los doce años toma ya notas y bocetos al natural del campo de Tarragona y de Palma de Mallorca, lugares donde pasa sus veranos. Son dibujos de flores, de peces, de paisajes y de arquitecturas de sólidos volúmenes, motivos que trata siempre con gran amor a la naturaleza.

biografia de miro joan artista de la pintura

Pintor español (Barcelona 1893-Palma de Mallorca 1983). Empezó a dibujar desde niño, y a los catorce años sus padres lo enviaron a formarse a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (Llotja). A los diecinueve ingresó en la escuela artística de Francesc Galí, y, animado por el marchante Dal-mau, pintó naturalezas muertas, paisajes de los alrededores de Montroig (Tarragona) y retratos.

El padre de Joan, velando por el porvenir de su hijo, le obliga a asistir a la Escuela de Comercio de Barcelona, donde resulta ser un estudiante aplicado pero en modo alguno brillante. En las clases recibe también lecciones de José Pascó donde aprende a trabajar con la precisión y la voluntad de un artesano en elementos simples que deben concentrar toda su carga estética en un mínimo de soporte expresivo.

En 1910, sus estudios comerciales desembocan en un completo fracaso, y pasa a trabajar en una droguería como escribiente, período que según Miró, será el mas amargo de su vida.

Comienza a estudiar en la Escuela libre de arte  de Francesc Galí, y ya por esa época empieza a conocer a los impresionistas y a los postimpresionistas, admira el genio cromático de Van Gogh y Gauguín, la construcción geometrizante de Cézanne, empieza a comprender las primeras obras cubistas y a exaltar la valentía agresiva de los «fauves». Cuando termina sus estudios con Galí en 1915, Miró, junto con Ricart, alquila un estudio en la calle Baja de San Pedro y frecuenta las clases de dibujo que se imparten en el Cercle Artistic de Sant Lluc.

En 1916 conoce a Josep Dalmau, pintor anticuario y marchante. Miró le presenta sus obras con la pretensión de que le organice una exposición.

Paisaje de Montroig, Masía de Montroig, La reforma, Paisaje de San Martín muestran sin duda una decidida concepción fauvista de la realidad, en la que, sin embargo, el color no se expande libremente por la superficie al quedar preso por un volumen en extremo concreto.

Entretanto estalla la primera guerra mundial y Barcelona, por unos meses, pasa a ser punto de reunión y de encuentro de la vanguardia artística europea.

En 1917 llega a la Ciudad Condal Francis Picabia, uno de los máximos exponentes del movimiento dadaísta, movimiento que pretendía destruir no el arte, sino el concepto que de él se tenía, y lo hace también Max Jacob, el crítico y poeta qué apoya y teoriza sobre las tendencias vanguardistas.

Miró se traslada a París en marzo de 1919 y le recibe Llorens Artigas. Ambos amigos se alojan en el hotel de Rouen, considerado como el centro de la bohemia catalana. El hotel era frecuentado por Ráfols, Ricart, Guimerá, Folch i Torres, Salvat Papasseit, Josep Pía, conoce a Picasso, con quien mantendrá una sincera amistad y a quien considera a lo largo de toda su trayectoria como el verdadero renovador de la pintura del siglo XX.

En la Masía de Montroig , Miró vuelca su amor por la naturaleza, por la verdad de los objetos (incluso trajo de Montroig las briznas de hierba que tenía que reflejar en la obra para poder hacerlo así con mayor fidelidad), por aquellos objetos que, sin embargo, dispone en un espacio metafísico, que se condensa bajo un cielo impoluto. Es una de las obras más queridas por Miró, fue adquirida por Hemingway en 1923, al poco de conocer éste al pintor.

obra macia de montroig

Masía de Montroig

Partiendo de una concepción inicial realista, su gusto por la estructuración en forma de planos yuxtapuestos o imbricados le llevó a la adopción, aproximadamente alrededor de 1925, de un lenguaje pictórico propio. Su evolución parte de unas composiciones figurativas muy minuciosas hasta un lenguaje propio a base de signos estilizados, sencillos y de vivo cromatismo. Hay en este lenguaje un lirismo peculiar basado tanto en su original cromatismo como en su sistema de signos.

La búsqueda del lenguaje de los sueños, la plasmación de lo real-absurdo, la consecución de la fantasía descriptiva que buscaba Miró se sintetiza en la obra, que será considerada como el olimpo de su nueva mitología y que le abrirá las puertas del recién constituido grupo surrealista: El Carnaval del Arlequín. Miró, con una grafía sinuosa que desde entonces le será característica, dispone los objetos-símbolos de su fantástico mundo en una estampa irreal que a través de una ventana se abre hacia el infinito.

Niños, diablillos, peces, gatos, seres informes, pequeños monstruos que salen de dados, esferas suspendidas de misteriosos ejes, instrumentos musicales de formas antropomórficas, manos de humo forman un grotesco teatro dell’arie movido por un ritmo musical que trastoca las relaciones de los elementos entre sí; las relaciones, los frágiles hilos por los que están suspendidas las criaturas humanas y que señalan la absurdidad de nuestro mundo donde nada se presenta bajo la apariencia real.

Las relaciones de Miró con los surrealistas y a través de éstos con el marchante Jacques Viot le convierten en el hombre del día: se deja ver por Montparnasse y Montmartre vestido siempre con un traje oscuro pasado de moda; frecuenta el café Cyrano, en la place Blanche, centro de reunión delgrupo de Bretón.

En junio de 1925 presenta en la galería Pierre, con catálogo de Benjamin Péret, para quien ilustrará su libro Cheveaux dans les yeux una gran exposición de sus telas que, a pesar de producir un cierto escándalo, obtiene un notable éxito de crítica y público. Miró en 1926 colabora con Marx Ernst en los decorados de Romeo y Julieta para los ballets rusos, a pesar de la oposición de sus amigos surrealistas de quienes se va distanciando a través de una pintura que surge de su poética interior.

maqueta tapiz de miro joan

Maqueta para un tapiz, obra de Joan Miró realizada en 1974. La obra de este original pintor que en los últimos años de su vida cultivó también la cerámica, la escultura y la tapicería, evolucionó bajo la influencia de las vanguardias (surrealismo, cubismo) hasta desembocar en un lenguaje muy personal a base de signos estilizados de intenso cromatismo.

Miró, que ya disfruta de una saneada economía, se traslada en 1927 a la rué Tourlague de Montmartre. Un año después viaja a Holanda, y en los museos de Amsterdam y La Haya queda prendado por los artistas flamencos del siglo XVIII, por la acumulación y descripción de detalles, por aquella misteriosa luz que baña las estancias.

A su vuelta a París pinta la serie de interiores holandeses, basándose en el poder expresivo de las curvas, de las elipses, de las deformaciones de aquellos seres y arquitecturas holandesas, que quedaban encerrados en una composición perfecta.

La vida íntima de Miró carece de estridencias y extravagancias, puesto que es una vida proyectada enteramente a la creación de su obra revolucionaria. El 12 de octubre de 1929 se casa en Palma de Mallorca con Pilar Juncosa, pariente lejana suya separada por completo del mundo artístico.

Regresa a Barcelona, a la ciudad que había despreciado y en la que en julio de 1931 nacerá su hija, María Dolores.

En abril de 1932 se estrena en Montecarlo Jeux d’enfant, ballet para el que Miró ha diseñado, desde las telas, los decorados y los figurines hasta el más mínimo de los elementos presentes en la escena. El triunfo es total, absoluto y queda ratificado en 1933 cuando la obra se estrena en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Miró, según palabras de Giacometti, «era la gran libertad. Algo más etéreo, más libre, más ligero de todo cuanto se haya visto. En cierto sentido era absolutamente perfecto. Miró no podía dibujar ni un punto sin hacerlo caer en el punto justo. Era pintor de tal grado que le bastaba con dejar caer tres manchas de color en la tela para que ésta existiese y constituyese un cuadro».

Inicia entonces el período de las pinturas salvajes, de los monstruos. Sus pinturas son entonces de pequeñas dimensiones, las realiza sobre cobre o sobre táblex tratado con arenas; sus personajes son esqueléticos, se componen de diversos órganos a la vista, huesos, hígados, senos, dientes: los rostros se deforman, las bocas lanzan gemidos que presagian el grito picassiano de Guernica.

Cuando la guerra civil española estalla, Miró queda convulsionado. Sus desnudos monstruosos (Hombre y mujer ante un montón de excrementos, Mujer huyendo de un incendio, Mujeres en rebeldía) lanzan un grito de protesta que alcanza caracteres épicos.

Miró vuelve a París, en donde no tiene ni estudio ni casa y trabaja en el entresuelo de la galería Pierre. Son de nuevo años difíciles para el pintor. Su Autorretrato y su Naturaleza muerta con zapato viejo reflejan aquel mundo atacado por un ácido, el de la guerra, que corroe y acartona a los objetos.

Al terminar la guerra, Miró fija su residencia en un pequeño pueblo de la costa normanda, Varengeville-sur-Mer, en donde parece recobrar su tranquilidad anímica.

En 1946 trabajó en esculturas para fundición en bronce que en algunas ocasiones fueron cubiertas con pintura de colores vivos. En la escultura le interesó buscar volúmenes y espacios e incorporar objetos cotidianos o simplemente encontrados, piedras, raíces, cubiertos, tricornios, llaves de agua, que funde a la cera perdida.

En 1941, el museo de Arte Moderno de Nueva York presenta su primera gran exposición retrospectiva y con ella Miró se da a conocer por primera vez también al público norteamericano.Dos años después (1947) él mismo viaja a Estados Unidos para hacerse cargo de la decoración mural del Terrace Plaza Hotel de Cincinnatti, que inicia su interés por las grandes composiciones murales que desarrollará principalmente en la década de los cincuenta.

Comienza una época de las exposiciones retrospectivas, como la de 1949 en Berna y la de 1953 en Basilea, que culminan con su participación en la Bienal de Venecia de 1954, en la que obtiene el gran premio internacional de grabado.

Desde 1954 hasta 1959, Miró se aleja casi por completo de la pintura. Primeramente se refugia en Gallifa, junto con Llorenc Artigas y el hijo de éste, para realizar 386 piezas de cerámica que expondrá en 1956 en la galería Maeght. En este mismo año se traslada a So N’abrines, recóndito lugar de Palma de Mallorca, en donde el arquitecto Sert le ha construido un sin igual estudio.

En 1958 realiza dos grandes murales cerámicos, el Muro del Sol y el Muro de la Luna, para la sede de la Unesco en París, que le sirven para obtener el gran premio internacional de la fundación Guggenheim. En estos murales, realizados en colaboración con Llorencs Artigas, sabe exaltar la belleza de los colores puros mediante un ritmo lineal simple y fantástico que recrea la realidad de la textura de los ladrillos.

obra de joan miro

Mural cerámico en Wilhelm-Hack-Museum de Ludwigshafen (1971).

Al empezar la década de los sesenta, Miró, en contacto con el arte popular mallorquín y con la arquitectura blanca de la isla, retorna a la pintura, a una pintura cada vez más simple, en la que la tela apenas es surcada por unos círculos cromáticos o por las líneas ritmadas.

En 1960 ejecuta otro mural cerámico para la universidad de Harvard y continúa su labor como grabador. Dos años después, el museo Nacional de Arte Moderno de París organiza una gran exposición antológica de su obra y, en 1964, en la recién inaugurada Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence decora su laberinto con cerámicas y esculturas.

El reconocimiento del arte de Miró alcanza entonces los máximos niveles, de lo que son buena muestra la exposición retrospectiva que en aquel mismo año le dedica la Tate Gallery de Londres y el Kinsthaus de Zurich, a las que seguirán las de Tokio y Kyoto en 1966 y la de Barcelona en 1968.

En estos años su actividad decrece; Miró se dedica al cartelismo, al grabado, a la cerámica (mural para el aeropuerto de Barcelona) y en menor proporción a la obra pictórica.

Miró nunca abandonó la investigación de nuevas posibilidades. Así, con más de ochenta años se dedicó a hacer tejidos, esculturas gigantescas en las que reaparece su personal simbología, pavimentos, vidrieras, carteles, etc. Hombre discreto, que llevó siempre una vida modesta y apartada, vio reconocido su talento cuando, a partir de los años sesenta, fue apreciado ya no sólo a nivel privado, sino público e incluso oficial.

El 12 de mayo de 1971 el pintor crea en Barcelona la Fundación Joan Miró. Centro de Estudios de Arte Contemporáneo (CEAC), que no será oficialmente inaugurado hasta cuatro años después.

Fallece el 25 de diciembre de 1983, en Palma, España.

obra de arte de joan miro Femme (1981)

Femme (1981), escultura de Joan Miró en la Casa de la Ciudad de Barcelona.

Premios y Reconocimientos

1954 Gran Premio de Grabado de la Bienal de Venecia

1959 Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio

1959 Gran Premio de la Fundación Guggenheim.

1962 Nombrado Chevalier de la Legión de Honor en Francia.

1966 Premio Carnegie de pintura.

1968 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Harvard.

1978 recibió la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña, siendo el primer catalán en recibir tal distinción.

1979 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona.

1980 recibió, de manos del rey Juan Carlos I de España, la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

1983 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Murcia.

Una Completa Lista de su Obra Artística

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo III- Entrada: Joan Miró  “La Pintura en LIbertad” – Editorial Planeta

Biografia de Le Corbusier y sus Obras Arquitectura Racionalista

Biografía de Le Corbusier y Sus Obras

De nombre Charles Edouard Jeanneret, más conocido por Le Corbusier, uno de los más importantes arquitectos del siglo XX, nació en La Chaux-de-Fonds, en la región suiza del Jura, el 6 de octubre de 1887. Estudió en escuelas de arte y diseñó su primera casa a los 17 años de edad. Fue fundador, con Ozenfant, de la escuela purista, derivada del cubismo (1919). Por entonces también había fundado la revista L’EspritNouveau y para escribir en ella adoptó el seudónimo de Le Corbusier. En un artículo planteó un nuevo concepto de vivienda: una casa moderna debía ser una «máquina de vivir» eficaz (1921).

le corbusier arquitecto francés

Era necesario crear una nueva arquitectura, y la ideó en torno a cinco claves: construcción sobre pilares, jardines en el techo, conformación libre de las plantas, ventanales continuos y libre formación de la fachada, dentro de un estricto orden geométrico. Estas reglas son la base del racionalismo arquitectónico. Creó también la fórmula del módulo. Aplicó estas teorías en la Ville Savoye, una de sus principales obras.

Dedicado a diseñar casas, más tarde se volcó al diseño urbanístico en París, Argel, Barcelona y Estocolmo. En Hacia una nueva arquitectura (1923) enunció los principios del urbanismo moderno. Entre sus creaciones arquitectónicas son famosos su Pabellón de Suiza en la Ciudad Universitaria de París y el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Su padre era un modesto pintor de cuadrantes de reloj y su madre, Marie Charlotte Amélie Perret, realizaba las tareas propias de ama de casa, aunque sentía una gran afición por la música. Durante su infancia, Charles Edouard llevó una vida sin incidentes especiales al igual que cualquier muchacho de su edad. Sólo destacó por su afición a la pintura, lo que hizo que a los catorce años sus padres le inscribieran en la École d’Art de su pueblo natal para aprender grabado y cincelado.

En 1906, para apredender sobre obras del pasado  nada mejor que el inevitable viaje a Italia , en donde admira las obras medievales y renacentistas de Florencia, Siena y Pisa. Luego viajó a Austria para estudiar la arquitectura de Adolf Loos, pero cuando Jeanneret conoce a Loos, éste está ocupado en la construcción del Palacio Steiner.

La búsqueda de la esencialidad de las formas y el abandono de cualquier elemento que significase superfluidad se reafirman en la mente de Jeanneret cuando éste, en 1908-1909, va a trabajar al estudio parisiense de Auguste Perret, el cual le adentra en la problemática de las estructuras de cemento armado.

También viaja a Berlín donde se adentra en los problemas que plantea la industrialización del diseño arquitectónico y profundiza en la idea de una arquitectura plenamente abocada al servicio de una sociedad mecanizada que precisa de la fabricación en serie de los productos para rebajar los costos y cumplimentar las demandas.

A pesar de que Le Corbusier admira la arquitectura del pasado, la estudia, la comprende y busca sus relaciones espaciales y funcionales, jamás se servirá de ella para formalizar sus concepciones. Los contactos directos con Loos, Perret y Behrens influyen en Jeanneret en cuanto a la praxis arquitectónica, pero quien en realidad incide en su planteamiento social de la arquitectura y en sus concepciones urbanísticas es Tony Garnier y, especialmente, su proyecto para Une cité industrielle.

Cuando estalla la primera guerra mundial, Le Corbusier abandona Francia y se instala de nuevo en La Chaux-de-Fonds, dedicándose a la enseñanza en la escuela a la que había asistido como alumno, hasta que en 1917 retorna a París, iniciando su etapa verdaderamente creadora.

En 1921 Le Corbusier decide instalarse por su propia cuenta y acude en ayuda de su primo Pierre Jeanneret, arquitecto titulado, que a partir de entonces firmará la mayoría de sus proyectos.

La primera obra de esta nueva etapa es el proyecto de la casa Citrohan. Casi al mismo tiempo que da término a la casa Citrohan, Le Corbusier se preocupa de otro proyecto que será su primera incursión en el campo de la urbanística: el diseño del plano de una ciudad contemporánea de tres millones de habitantes, que fue expuesto por primera vez en 1922 en el Salón de Otoño de París.

«La arquitectura —dice Le Corbusier— es el acertado juego, correcto y magnífico, de volúmenes reunidos bajo la luz; los cubos, los conos, las esferas, los cilindros o las pirámides son las grandes formas primarias que nos revela bien la luz.»

En 1925, en la Exposición Internacional de Artes Decorativas que se celebró en París, Le Corbusier tiene ocasión de presentar un modelo a escala natural de una de las células habitables que proyectó para la ciudad de tres millones de habitantes, los llamados inmueble-villa.

La Villa Savoye, en la que por primera vez Le Corbusier tiene la posibilidad de aplicar todos estos principios, está concebida como un paralelepípedo de base cuadrada y espacios muy amplios que se levanta sobre columnas y en el que el sol puede penetrar por los dos lados menores, abiertos por completo.

vila savoye lecorbosier

La Villa se puede considerar, además, como la plasmación de los criterios cubistas de espacio y tiempo: es por completo cambiante desde los puntos de vista del espectador, y para abarcarla, éste debe de fijar los máximos puntos de referencia posibles no sólo con respecto al espacio interior, sino con respecto a su entorno. En esta Villa, que intenta la máxima integración entre el hombre y la naturaleza.

Para el arquitecto, la urbanística de las ciudades debe basarse en el ambiente circundante de las mismas, en su paisaje y en su clima. El urbanista debe conjugar cartesianamente los medios y los elementos, que tienen que estar relacionados con la escala del hombre y con los naturales en una constante dialéctica.

La atrevida concepción de los nuevos planes urbanísticos para las ciudades sudamericanas y para Argel, que no se llevaron a cabo, se basan en un profundo análisis de las ciudades primitivas y en particular de las de la Galia romana, que estaban concebidas según el principio de previsión de las necesidades futuras: «El esquema de Argel —escribiría Le Corbusier en Manera de pensar la urbanística— expresa el urbanismo de una ciudad donde se encuentran, en un África renovada, la historia de dos civilizaciones, una topología difícil que ofrece los paisajes más extraordinarios, un ambiente geográfico que participa de dos continentes, un porvenir prodigioso y revela la seguridad que nace de la claridad de principios, la variedad y la adaptabilidad que son fruto de la feliz unión entre el hombre y la naturaleza, entre la realidad cotidiana y la elevación de la concepción.»

La actividad de Le Corbusier va en continuo aumento. En 1928 participa en la fundación del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), celebrado en el castillo de La Sarraz, en Suiza, «El objetivo principal y la finalidad que aquí nos ha reunido —se decía en la acta de apertura del CIAM— es el ensamblar los diferentes elementos de la arquitectura actual en un todo armónico, y dar a la arquitectura un sentido real, social y económico.

En 1931, con el proyecto del albergue-refugio para el Ejército de Salvación en París, plantea por primera vez la regulación térmica a través de acondicionamientos de aire, y, en 1932, en el inmueble Ciarte de Ginebra, Le Corbusier realiza los primeros pisos dúplex.

En 1935, tras plantear dos años antes una propuesta urbanística para la remodelación del barrio marítimo de Barcelona, es invitado por Rockefeller para dar un ciclo de conferencias en los Estados Unidos, en las que plantea principalmente la problemática de los grandes rascacielos. La segunda guerra mundial merma un tanto la actividad práctica de Le Corbusier, que profundiza entonces en los problemas teóricos del urbanismo.

A diferencia de los módulos renacentistas en los que el hombre se consideraba un ser aislado en el cosmos, Le Corbusier crea, a partir de la estatura media del hombre con el brazo alzado, una serie ilimitada de posibles combinaciones que afectan desde las partes más pequeñas de una construcción hasta la relación de ésta con su entorno.

En la década central del siglo XX, Le Corbusier realiza numerosos proyectos (Unités d’habitation de Nantes y Berlín, pabellón Philips para la Expo de Bruselas, museo en Tokio, etc.), aunque su principal labor, que le ocupará desde 1956 a 1965, es la preparación de los planos y proyectos de la capital del Punjab, Chandigarh, al pie del Himalaya.

Con más de setenta años, Le Corbusier, que no ha abandonado la práctica de la escultura y la pintura, realiza como obras más notables el proyecto para la embajada de Francia en Basilea, el Visual-Arts Center de Cambridge, en Massachussets, que ha sido considerado como su testamento, el proyecto para un hospital de Venecia.

Le Corbusier, el arquitecto que había racionalizado los conceptos arquitectónicos tomando como base al hombre, murió en Cap Martin (Costa Azul) el 27 de agosto de 1965 al sufrir un ataque cardiaco durante un baño de mar.

VER: Biografia de Oscar Niemeyer, el Arquitecto de Brasilia

Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo III- Entrada: Le Corbusier “el racionalismo arquitectonico” – Editorial Planeta