Leonidas

Biografia de Leonidas Rey de Esparta

Biografia de Leonidas

Cuando cayó en las Termopilas, al frente de un puñado de valientes, para mantenerse en su puesto de honor ante el continuo alud de los bárbaros, escribió Leónidas una de las páginas más sublimes de la Historia, cuya fama pregonaron y pregonarán todas las Edades.

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Leónidas I fue rey de Esparta. Encontró la muerte en 480 a. C., durante la Segunda Guerra Médica, en la defensa de las Termópilas, bloqueando el avance del ejército persa de Jerjes I

Prototipo de la acción heroica, que implica sacrificio de la vida en el altar de la Patria, su nombre preside, por derecho propio, la lista de los bravos que en todas las naciones de Europa han merecido una distinción semejante por su gallardía y su arrojo sobrehumanos.

Es inútil que la crítica ultramoderna trate de minimizar su figura con el microscopio de su escasa visión humana; para la Historia, como para la leyenda, Leónidas será el esforzado defensor de las Termopilas en una situación sin éxito posible, y, más que nada, un ejemplo moral altísimo para la Grecia de aquellos días y para todos los tiempos.

Ciñó la corona de Esparta hacia el año 489 ó 488. Descendía de la estirpe de los Agidas, y fue su padre Anaxandridas, que rigió aquella ciudad hasta 520 aproximadamente.

Su hermanastro, Cleomenes I, gobernó durante treinta años. A su muerte le sucedió Leónidas, quien contrajo matrimonio con Gorgo, la hija de aquel príncipe. Poca cosa se sabe de su política y de su vida, con excepción de lo que se relaciona con la batalla de las Termopilas.

La amenaza que se cernía desde hacía tiempo sobre la cabeza de los griegos a causa de la política imperialista de los persas en el mar Egeo, se tradujo en la primavera del año 480 en la invasión ordenada y dirigida por Jerjes, sucesor de Darío I.

Ante el ataque de este formidable ejército, los confederados helénicos decidieron defender el angosto paso de las Termopilas, a fin de dar tiempo a que se congregara el grueso de sus fuerzas. Leónidas fue el encargado de dirigir la resistencia en tal lugar, apoyado desde el mar por una flota ateniense.

A fines de julio, había establecido allí sus posiciones, con unos 300 espartanos, unos 3.500 hoplitas del Peloponeso y un millar de aliados tebanos y tespios, número muy reducido en comparación con las fuerzas persas de Jerjes, que en todo momento fueron de cinco a diez veces superiores.

No obstante, durante tres días no pudieron quebrantar la resistencia de los helenos; hasta que, emprendiendo un movimiento envolvente por los senderos de la montaña, que los foceos, encargados de su vigilancia, casi desguarnecieron, cayeron sobre la retaguardia de Leónidas.

Las tropas de éste desertaron en masa, a excepción de los espartanos, los cuales, agrupados alrededor de su monarca, combatieron hasta el último instante para hacerse dignos del nombre que llevaban y de la libertad de su patria.

En la acción perecieron todos, y con ellos Leónidas, cuyo acto de valor, estimulando a sus hermanos de raza, precedió las victorias de Salamina y Platea.

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