Leyenda de las Siete Ciudades

Software para analisis de costos unitarios en obras civiles

PROGRAMA ANÁLISIS DE PRECIOS UNITARIOS
Autor: Diego Valencia

Programa realizado en Excel utilizando varias de sus  propiedades: Macros, Formulas, Validación de Listas.

Este programa permite obtener el análisis de precios unitarios para construcción de obras civiles, partiendo del ingreso de los datos fundamentales como costos de materiales, costos de equipo y costos de mano de obra.

Gracias a su sencillez, permite el aprendizaje de su manejo en forma muy rápida.  Inicialmente usted tendrá que ingresar los diversos items a analizar y hecho esto usted podrá acceder a los mismos en los formatos de análisis por medio de una lista desplegable, lo cual disminuye notablemente la posibilidad de cometer errores.

Portada de Inicio del Software

El formato de análisis esta dividido en tres secciones  fáciles de acceder: Equipo, Materiales y Mano de Obra. Allí solo tendrá que ingresar los datos de rendimientos de equipo, cantidades de materiales y rendimiento de mano de obra. Cuando termine el último análisis usted tendrá el cuadro resumen listo para presentar su licitación.

POR DUDAS, SUGERENCIAS u OBSERVACIONES ESCRIBIR A [email protected]

Corrientes Colonizadoras del Oeste Primeras Ciudades del Virreinato

CORRIENTES COLONIZADORAS:
FUNDACIÓN DE CIUDADES

Corriente del oeste — Cuyo dependía de Chile de acuerdo a la capitulación dada por Pedro de la Gasca (1548) a Pedro de Valdivia, que le otorgaba jurisdicción en una zona comprendida entre los paralelos 27 y 41 y cien leguas hacia el este (meridiano 64). Comprendía las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis en donde habitaban los huarpes. Se independizó de Chile cuando se creó el virreinato del Río de la Plata.

corrientes colonizadoras

El primero que cruzó el territorio fue Villagra (1551) que iba del Perú a Chile (después de sacar a Núñez de Prado de la dudad del Barco). A fines de 1559, siendo gobernador de Chile García Hurtado de Mendoza. llegó a Chile una delegación de indios huarpes para pedir animales lanares y que los españoles colonizaran Cuyo. Se envió a Pedro de del Castillo, que el 2 de marzo de 1561 fundó Mendoza (en honor de don García).

Cuando Villagra reemplazó a don García, Juan Jufré sustituyó a Castillo. Este trasladó la ciudad a media legua de distancia, en un lugar más alto (28 de marzo de 1562). El 13 de junio de 1562 levantó más al norte un asiento para pacificar a los indios y afianzar su dominación: San Juan de la Frontera.

Villagra le ordenó buscar una salida hacia el mar, por lo que llegó hasta Córdoba, pero no pudo establecer ninguna población que asegurase un camino pacificado hacia Mendoza.

Recién en 1596, siendo gobernador de Chile Martín García Oñez de Loyola, su teniente de gobernador en Cuyo,Luis Jofré de Loazza fundó San Luis de la Punta. Cuyo dependió de Chile hasta 1776.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Expedicion de Juan Diaz de Solis Leyenda del Rey Blanco Ciudad Perdida(301)

Expedición de Juan Díaz de Solís
La Leyenda del Rey Blanco

Introducción: Desde que Balboa descubrió el Mar del SurSud – Océano Pacífico), se inició la búsqueda de un paso que comunicase los dos océanos. Los portugueses se apresuraron a enviar una expedición al mano de Cristóbal Haro y Nuño Manuel en 1513-1514. Creyeron que el paso era el río Paraná, que no exploraron y regresaron con la noticia su hallazgo.

Los españoles, tuvieron noticias de este viaje y mandaron una expedición para posesionarse de dicho paso, que calculaban se hallaría dentro de la jurisdicción castellana.

La armada vino al mando del piloto mayor .del reino, Juan Díaz de Solís. Los preparativos se hicieron en gran secreto, para evitar que Portugal tratase de impedirla, ya que la expedición seguiría la ruta de la de Haro. Salieron de San Lúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.  Acompañaba a Solís el piloto Juan de Lisboa que había tomado parte en la empresa clandestina portuguesa.

Avistaron el continente frente al cabo San Roque y recorrieron la costa del Brasil. Llegaron a una isla que llamaron de la Plata (Santa Catalina) frente a la que perdieron una nave, once de cuyos tripulantes quedaron en tierra.. Siguieron navegando hasta llegar al actual puerto de Maldonado, que llamaron Nuestra Señora de la Candelaria, donde desembarcaron y tomaron posesión en nombre de la corona de Castilla.

Penetraron después en un río que llamaron Mar Dulce; era el Paraná Guazú que los españoles llamaron posteriormente Río de Solís el último documento que lo designó así fue la Capitulación de Mendoza. Después se lo llamó Río de la Plata; designación impuesta por los portugueses de la costa del Brasil, quienes decían que era el río que conducía a la Sierra de la Plata.

Solís y algunos compañeros desembarcaron en la costa uruguaya, y fueron sorprendidos en una emboscada por los indios guaraníes, qué mataron a todos, salvándose únicamente el grumete Francisco del Puerto, quien quedó cautivo. Los restantes españoles, que habían quedado en las naves, regresaron a España.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia

OBRA POLITICA Y MILITAR DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA MILITAR Y POLÍTICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:

Obra militar: Este punto, en cuanto a las expediciones militares que se enviaron a diversas zonas del virreinato, como Paraguay, Banda Oriental, etc. Para integrarlas, se trató de aumentar el número de soldados, procurarles más y mejor armamento y dar a los oficiales instrucción militar adecuada.

Para ello, los indios que habían servido en los batallones de castas fueron incorporados a los de españoles (para demostrarles también que eran todos iguales), además se llamó para servir bajo las armas a los que carecían de ocupación conocida y a los soldados que habían sido dados de baja, siempre que no ejerciesen puestos públicos.

Se proyectó la creación de una fábrica de fusiles y se requisaron las armas de fuego de los particulares, previa indemnización.
A los oficiales se les dictaron conferencias relativas al arte de la guerra, porque muchos dirigían las tropas sin tener los conocimientos necesarios.

Obra judicial — Después del 25 de Mayo, se efectuaron renovaciones en la Audiencia y el Cabildo y se dictaron nuevas ordenanzas. También se trató de simplificar el tratamiento que se daba a los miembros de la Audiencia.

Obra política — Al día siguiente de instalada la Junta, se invitó a todas las autoridades a prestarle juramento. También se enviaron circulares al interior, dando cuenta de los acontecimientos, el 26 lo hizo Cisneros, el 27 la Junta y el 29 el Cabildo.

junta de gobierno de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA CULTURAL EDUCATIVA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA CULTURAL DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra cultural — Para comprender la obra que la Junta realizó en ese sentido, no debemos olvidar que la ambición de Moreno fue educar al pueblo, que sólo así estaría capacitado para comprender y colaborar con las  reformas que, de acuerdo con las “nuevas ideas” de la época, el secretario deseaba implantar.

Para que todos conociesen la obra de gobierno, fue creada «La Gaceta”, desde cuyas páginas quiso instruir al pueblo, sobre todo en cuestiones de derecho, y para que la milicia conociera sus deberes se publicó un catecismo militar.

Los directores de “La Gaceta” fueron: Moreno, deán Funes, Pasos Silva y Monteagudo, Nicolás Herrera (Gazeta Ministerial), Manuel J. García, fray Camilo Henrique, Julián Alvarez, Bernardo Vélez y Manuel Antonio Castro.Como se publicaban pocos números de “La Gaceta”, era leída en el púlpito después de la misa mayor, para que pudiera ser por todos conocida.

Moreno propiciaba la libertad de imprenta y haciendo uso de ella, publicó y prologó en la edición castellana el “Contrato Social” de Rousseau. Cuando dejó el gobierno, este libro fue retirado de circulación, por considerar el Cabildo que su lectura era perjudicial a los jóvenes.

Pero para que el pueblo pudiera comprender las doctrinas que conocía por medio de las publicaciones, era necesario darle las bases de la educación y para ello se abrieron nuevas escuelas. En setiembre de 1810 fue creada la Escuela de Matemáticas, que funcionó en el edificio del Consulado. Estaba destinada a “tratar la ciencia matemática aplicada al arte mortífero (la guerra)” y asistían a ella los oficiales.

Para que todo el que lo quisiera pudiese ilustrarse directamente, Moreno instaló la Biblioteca Pública de la que fue fundador, presidente y protector, creada el 7 de setiembre de 1810. Ya en ocasión de la conjuración de Córdoba, pidió que fuesen remitidos a Buenos Aires los libros que habían pertenecido a los ajusticiados, así como los que fueron propiedad de los jesuitas.

También solicitó una lista de los libros dejados por éstos en el Norte, para seleccionar el mejor material. A todo esto se sumaron las donaciones particulares de libros e instalaciones. Para que funcionara la biblioteca, le proporcionó una casa y se nombró a dos bibliotecarios rentados.

primera junta de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA SOCIAL y ECONOMICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra social, económica y administrativa — En el Plan de Chiclana se especificaba que los cargos públicos serían conferidos a los americanos, para demostrarles que la Revolución no los humillaba, que cada uno debía surgir de acuerdo con sus propios méritos. Algunos cargos se ocuparon por concurso, pero siempre que los funcionarios fueran hombres honestos y capaces.

Se trató de mejorar la condición de los indios con lo que se obtuvo su concurso militar y político; Castelli concedió derecho de sufragar a los del Alto Perú. Se dispuso el levantamiento de un censo, en agosto de 1810.

Moreno trató de promover la inmigración, para que evolucionasen la industria y el comercio, siempre que los extranjeros no pretendieran dominarnos.

Por razones de política, en adelante los españoles no serían designados para ocupar empleos públicos. Se resolvió redactar un nuevo reglamento de comercio de carácter liberal, pero cuidando que beneficiase al país y que en ningún caso lo pusiera en situación de dependencia del extranjero.

Para facilitar el comercio de ultramar, se abrieron los puertos de Maldonado, Río Negro y Ensenada, medidas que fueron calurosamente recibidas.
En varios decretos sobre honores y etiqueta, se puso de manifiesto la tendencia democrática de Moreno; así en nota enviada al Cabildo de Mendoza, ordenaba que en sus relaciones con el teniente de gobernador “deberá (el Cabildo) abstenerse de etiquetas que siempre causan embarazo en el servicio”.

También censuraba a Ortiz de Ocampo “por haberse adjudicado honores y tratamiento de capitán general”. Todos estos no son sino antecedentes de las disposiciones que dió en el decreto de honores el 6 de diciembre.

integrantes de la primera junta de gobierno de 1810

LA DIFÍCIL EVOLUCIÓN POLÍTICA DE 1810 A 1815

La revolución planteó en América la lucha entre liberales y absolutistas que se venía desarrollando en Europa desde tiempos de la Revolución Francesa, una de cuyas derivaciones será la guerra de la Independencia.

El liberalismo impulsaba el establecimiento de un nuevo régimen basado en la soberanía popular y la división de poderes, que garantizase los derechos de los ciudadanos y su participación en el gobierno. Podía adoptar la forma de monarquía constitucional, como Gran Bretaña, o de república, como los Estados Unidos. Una constitución debía organizar las instituciones, garantizar las libertades y la forma de participación de los ciudadanos en el gobierno.

El absolutismo se proponía mantener el antiguo régimen basado en la autoridad suprema del rey, centro de la nación y de quien emanaba todo derecho. Aspiraba a mantener los privilegios de algunos sectores de la sociedad, como la nobleza y el alto clero, evitar las formas de participación del pueblo y las garantías constitucionales. Concebían América como una colonia al servicio de la metrópoli. Entre 1810 y 1815 la revolución pasó por una etapa de inestabilidad y búsqueda de nuevas formas institucionales que asegurasen el paso del antiguo régimen al nuevo: juntas, triunvirato y directorio.

Los criollos que asumieron el poder carecían de experiencia en los asuntos de gobierno. La situación fue más difícil porque surgieron serias disidencias dentro del partido revolucionario: algunos se manifestaron partidarios de un sistema fuertemente centralizado en la capital, mientras otros sostenían los derechos de los pueblos a participar en las decisiones de gobierno.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

La Primer Imprenta del Virreinato Historia Jesuitas Primeros Libros

LA CULTURA EN EL VIRREINATO: LA PRIMERA IMPRENTA

PRIMER IMPRENTA DEL VIRREINATOLa primera imprenta del Nuevo Mundo se estableció en el virreinato de Nueva España (México). Sus orígenes son oscuros. José Gil de Pareja y González dio noticia, en 1961, de una edición de la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535, que, según él, sería el primer libro impreso en tierras americanas.

Por fuentes documentales tenemos noticia de una primitiva imprenta mexicana, de la cual no se sabe hasta el presente que nos haya llegado ningún ejemplar. Pero fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, escribió a Carlos V en 1533 para interesarle en la creación de una imprenta y de un molino de papel, y el mismo fray Juan, en 6 de mayo de 1538, volvió a escribir al emperador quejándose de la carestía de papel, que no permitía terminar obras que tenían comenzadas ni emprender otras nuevas.

En 5 de septiembre de 1539, Esteban Martín, de oficio «imprimidor», fue inscrito como vecino en el acta del cabildo de México. ¿Sería éste quien regentó esta primitiva imprenta o uno de los que trabajaron en ella? De allí debieron salir obras como la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535; la Doctrina, de fray Toribio de Motolinia, y el Catecismo Mexicano, de fray Juan Ribas, ambas de 1537, que fueron vistas por antiguos bibliógrafos, pero de las cuales no se conoce ningún ejemplar.

La primera imprenta estable de México fue una filial de la que Juan Cronberger tenía en Sevilla. En esta ciudad, en 12 de junio de 1539, se hizo un contrato entre Juan Cronberger y Juan Pablos, natural de Lombardía, por el cual éste se comprometió a trasladarse a México con su esposa para regentar una imprenta que había de llevar el nombre de Cronberger. Al cabo de diez años esta imprenta habría de pasar a poder de Pablos, como así ocurrió.

El primer impreso que se conoce de esta casa es la Breve y más compendiosa doctrinachrístíana en lengua mexicana y castellana, de Juan de Zumárraga, de 1539, de cuyo único ejemplar conocido hoy se ignora el paradero. Al año siguiente apareció el Manual de Adultos, del cual sólo se han salvado dos hojas, y en años sucesivos se publicaron varias obras de doctrina cristiana, de utilidad para la evangelización de los indios, pobres en tipografía, pero de gran interés bibliográfico.

Más adelante los libros de este taller mejoraron de presentación y se sirvieron indistintamente de tipos góticos, romanos o itálicos. En algunos de estos libros, Pablos usó orlas que podríamos llamar prebarrocas, análogas a las que en la misma época se empleaban en Basilea, Venecia y Lyon y en algunas ciudades de España. El historiador José Torres Revello ha señalado analogías entre algunas de estas orlas y el arte azteca.

Antonio de Espinosa trabajó primero con Juan Pablos, como cortador y fundidor de letras, y desde 1559, por su cuenta. El comerciante Pedro Ocharte, natural de Rúan, casó con la hija de Espinosa y continuó su casa hasta 1589. De este taller salieron algunos libros litúrgicos que son notables piezas tipográficas. Pero lo que constituye la verdadera gloria de la tipografía colonial española son los libros de carácter misional y sobre temas indígenas. En este orden ningún otro país ha igualado a España.

Ea segunda imprenta americana se fundó en el Perú. En 1584, Antonio Ricardo, natural de Turín, después de no pocas dificultades publicó dos opúsculos en Lima: la Pragmática sobre los diez días del año y la Doctrina y catecismo para enseñanza de los indios. Ricardo murió en 1606.

No se sabe a ciencia cierta si en 1640 Juan Blanco de Alcázar fue el impresor de Arco triunfal, en Puebla de los Ángeles, obra de la cual no se conoce ejemplar. En 1643, Francisco Robledo imprimió en la misma ciudad la Historia Real Sagrada, de Juan de Pala-fox y Mendoza.

La primera imprenta de Filipinas se estableció en Binondo, en las inmediaciones de Manila, y se remonta al año 1593. Sus primeras actividades permanecen en la oscuridad por el gran número de impresos filipinos perdidos de que dan noticia cronistas y antiguos bibliógrafos. Del citado año es un impreso xilográfico, Doctrinachristiana en lengua española y tagala, del cual existe un único ejemplar en la Biblioteca del Congreso, de Washington. El primer tipógrafo de las islas fue el chino cristiano Juan de Vera, el cual fundió caracteres tagalos y chinos para poder imprimir libros catequísticos en las lenguas de los habitantes del país.

El libro tipográfico filipino más antiguo que conservamos es el Arte y Reglas de la Lengua tagala, de fray Francisco de San José, impreso por Tomás Pinpín, tagalo, «en el partido de Batana», en 1610. Esta edición ha sido minuciosamente descrita por W. E. Retana. Segúneste mismo erudito, en 1662 se fundó la imprenta de los padres dominicos, en el Hospital de San Gabriel de Binondo, la cual fue trasladada en 1625 al Colegio de Santo Tomás de Manila, en donde ha funcionado hasta nuestros días.

En el virreinato del Río de la Plata, los primeros intentos para establecer una imprenta fueron los de las misiones de jesuitas del Paraguay a partir de 1630. Según el padre Furlong, se imprimió en esta región con toda certeza antes de 1705. El libro más antiguo de que se tiene noticia es de este año: es la obra De la diferencia entre lo temporal y eterno, de Nieremberg, impresa «en las doctrinas», o sea en las misiones. Esta imprenta jesuítica publicó unos veinte volúmenes antes de 1728, en que cesó. Después pasan años sin que en esta región se impriman libros. En 1780 se estableció un importante taller en la Casa de Niños Expósitos, de Buenos Aires.

En otras tierras americanas la imprenta es introducida en el transcurso del siglo XVIII: en 1738, en Colombia; en 1754, en el Ecuador; en 1764, en Venezuela, y en 1776, en Santiago de Chile. Antonio Isidoro de Fonseca, natural de Lisboa, fundó en 1747 la primera imprenta del Brasil.

El primer taller tipográfico de Estados Unidos, en América del Norte, fue fundado en el Colegio de Harvard, en Cambridge, hacia 1638-39. En 1674 apareció una primera edición de la Biblia en inglés y en el mismo año se fundó la primera imprenta de Boston. Fue un tipógrafo de esta ciudad, Bartolomé Green, Jr., el primero que se estableció en Halifax. Le sucedió su socio John Burshell, cuyo nombre figura en el pie de imprenta de The Halifax. Gazette, de marzo de 1752, primer impreso que se conoce de Canadá.

Fuente Consultada:
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Primer Cientifico Astronomo Argentino Jesuita Padre Suarez

Jesuita Padre Suárez Primer Cientifico Astrónomo Argentino

Los orígenes: la observación de los cielos del sur en el siglo XVIII

Durante la primera mitad del siglo XVIII. un astrónomo santafecina, el jesuita Buenaventura Suárez, efectuó desde La selva misionera observaciones astronómicas que fueron apreciadas y utilizadas por sus colegas europeos.

Suárez escribió un calendario lunar muy difundido en su época, observó eclipses, cometas y los satélites de Júpiter, y utilizó sus datos para calcular con precisión las coordenadas de las misiones.

Suyas fueron las primeras comunicaciones científicas efectuadas desde nuestro territorio a una publicación científica de gran prestigio. Es por eso que podemos considerar a Suárez como el primer científico criollo.jesuitas en argentina

La segunda mitad del siglo XVIII fue un gran período para las ciencias en el continente europeo.

Mientras que científicos como Joseph Louis Lagrange (1736-1813) y Fierre Simón de Laplace (1749-1827) en París, William Herschel (1738-1822) en Londres y Karl E Gauss (1777-1855) en Góttingen ensanchaban cada vez más los límites de las ciencias exactas y la cosmología, un anónimo ejército de observadores se daba a la paciente tarea de recolección de datos astronómicos.

De manera simultánea y con el impulso de la sostenida expansión imperial de Europa, los naturalistas viajeros de las grandes potencias completaban el inventario de las especies naturales en las cuatro esquinas del planeta.

En el Río de la Plata, durante el período colonial, fue en las misiones jesuíticas y no en las instituciones educativas de las ciudades donde se desplegó el frente más dinámico de la actividad científica.

El más destacado exponente de estos misioneros interesados en el estudio de la naturaleza fue el astrónomo Buenaventura Suárez.

Buenaventura Suárez (1679-1750) nació en la ciudad de Santa Fe y estudió en los colegios jesuíticos de su ciudad y de Córdoba.

Luego de ordenarse sacerdote en 1706, trabajó en la misión de San Cosme (situada en el actual Paraguay) con intervalos de varios años pasados en otras misiones (Itapúa, San Ignacio Guazú, Santa María la Mayor).

A comienzos de la década de 1740, se desempeñó en los colegios de Asunción y Corrientes y entre 1745 y su muerte volvió a las misiones.

Suárez fue un astrónomo autodidacta que construyó sus propios instrumentos —quizás ayudado por los guaraníes— tales como un cuadrante astronómico, un reloj de péndulo y varios telescopios refractores que variaban en longitud (desde 2,20m hasta 6,40m) y cuyos lentes fabricó, puliendo el cuarzo que abunda en la región. Con ellos desarrolló un programa de observación de eclipses de Sol y de Luna y otro de estudio de los satélites de Júpiter.

La observación de la inmersión y emersión de los satélites se usaba en ese momento para calcular la longitud de un lugar: se computa la diferencia horaria del instante de ocultamiento de un satélite de Júpiter detrás del disco del planeta (o su aparición), registrado en el punto de observación V en un meridiano de referencia.

Los misioneros jesuitas dispersos por el mundo mantenían una enciente red de comunicación epistolar que funcionaba en ambas direcciones: desde las regiones «exóticas» de la periferia se enviaban datos al «centro» europeo y desde Europa se recibían libros, instrumentos y asesoramiento.

Suárez envió sus datos al famoso astrónomo jesuita Nicasius Grammatici (1684-1736) y, por una complicada cadena de comunicación, estos llegaron al sueco Pehr W. Wargentin (1717-1783), quien trabajaba en el observatorio de Upsala.

En un trabajo publicado en 1748 en las Actas de la Real Academia de Ciencias de Upsala, que consiste en una tabla con datos sobre la observación de los satélites de Júpiter desde distintos puntos de la Tierra, Wargentin incluyó 43 de las observaciones de Suárez (efectuadas entre 1720 y 1726 desde San Cosme) y las calificó como «sobresalientes».

A su vez, Suárez recibió datos sobre los satélites de Júpiter de distintos observatorios (Madrid, San Petersburgo, Pekín y otros) que le llegaron a través de Grammatici y que utilizó para calcular la latitud de San Cosme.

Suárez también recibió dos telescopios de fabricación inglesa y otros instrumentos astronómicos, los cuales arribaron a Buenos Aires en 1745. Las observaciones de los eclipses lunares efectuadas con los mismos son de mejor calidad que las anteriores.

Los trabajos más significativos de Suárez son dos comunicaciones a las Philosophical Transactions of the Royal Socíety, la revista científica más importante de su época, efectuadas en 1748 y 1749-50.

El primero describe observaciones de los satélites de Júpiter y de eclipses de Luna y de Sol efectuadas entre 1706 y 1730 desde varias de las misiones (cuyas longitudes respecto del meridiano de París se especifican). En el segundo trabajo se describe la progresión de dos eclipses de Luna visibles desde las misiones ocurridos en 1747.

Estos trabajos fueron comunicados a la Royal Society por Jacob de Castro Sarmentó (1691-1761), un médico judío portugués que fue uno de los introductores de Newton en su país y vivía exilado en Londres donde actuaba como rabino.

Castro Sarmentó fue asimismo el autor de un breve tratado rn portugués sobre la teoría newtoniana de las mareas: la Theorica verdadeira das  mares (Londres, 1737), que fue traducido al español por Suárez amentablemente, el manuscrito se ha perdido.

El astrónomo santafecino también escribió el Lunario de un siglo, un almanaque lunar concluido en 1739 que fue editado en la península ibérica (Lisboa, 1748; Barcelona, 1752) y en América (Ambato [Ecuador], 1759).

Esta obra, resultado de cálculos efectuados con lápiz y papel, indica las fases de la Luna para cada mes y además predice eclipses y puede ser utilizado como calendario religioso.

Suárez había preparado lunarios anuales desde 1706 y para los cálculos del suyo utilizó como guía metodológica una obra de astronomía práctica del astrónomo francés Philippe de la Hire (1640-1718).

Los cálculos fueron efectuados desde las coordenadas de San Cosme, pero Suárez explica el procedimiento para que, mediante una corrección algorítmica de los datos, su obra pueda ser usada desde cualquier punto del globo.

Ver: Primeros Cientificos en el Rio de la Plata

Fuente Consultada:
Una Gloria Silenciosa Dos Siglos de Ciencia en Argentina Miguel De Asúa
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Un Interesante Enlace

Biografia de Vasco Nuñez de Balboa Descubrimiento del Oceano Pacifico

Biografía de Vasco Nuñez de Balboa Descubre el Océano Pacífico

historia sobre el oro

Un aventurero español, establecido en la región del actual Panamá, oye hablar a los indios de la existencia de un mar desconocido. Con el ánimo de lograr gloria y fortuna, en 1513 organiza una expedición que cruza el istmo centroamericano y llega finalmente al océano Pacífico.

Su personalidad está vinculada a la colonización del golfo de Darién y del istmo de Panamá, en cuyos parajes, en el transcurso de ocho años de vida frenética, fue soldado, alcalde mayor, jefe militar, adelantado del mar del Sur y gobernador de namá y Coiba, para acabar miserablemente sus días en el patíbulo.

Fue un adelantado, explorador, gobernante y conquistador español. Fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico desde su costa oriental y el primer europeo en fundar una ciudad permanente en tierras continentales americanas. 

Vasco Nuñez de Balboa

Aventurero genial, organizador de temple y de bravura sin par, Balboa es una figura de la que irradia una irresistible simpatía, pese a su temperamento levantisco y ambicioso y a su dureza para los indígenas.

Conquistador español nacído en Jerez de los Caballeros, Badajoz, en 1475.

A los veintiséis años se alistó en la expedíción de Rodrigo de Bastidas y se estableció en La Española.

De esta isla pasó como polizón al continente, donde, con la aprobación real, fundó en 1510 Santa María la Antigua del Darién, que fue el primer poblamiento español permanente del continente.

Durante su administración interina en Darién supo por algunos indios de la existencia de un gran mar al sur.

Con el ánimo de llegar hasta él, Balboa partió con un grupo de indígenas y españoles el primer día de septiembre de 1513.

Luego de tres semanas, Balboa llegó al nuevo océano, que bautizó Mar del Sur.

El descubrimiento de Vasco Núñez Balboa despejó las dudas de que esas tierras eran un nuevo continente.

Fecha de nacimiento: 1475, Jerez de los Caballeros, España
Fallecimiento: 15 de enero de 1519, Acla
Ocupación: Militar y gobernante colonial
Cónyuge: María de Peñalosa (m. 1516–1519)
Padres: Álvaro Núñez de Balboa

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BIOGRAFIA DE VASCO NUÑEZ DE BALBOA:

Este personaje de la conquista española del Nuevo Mundo, nacido en 1475 en Extremadura, España, inició su carrera como polizón.

Primero marchó de España para instalarse en la isla La Española, de donde huiría por deudas, y en 1510, cuando Martín Fernández de Enciso preparaba una expedición al poblado de San Sebastián, en el golfo de Lirabá, costa oriental de la actual Panamá, Balboa se escondió en un barril a bordo.

Llevaba consigo a su perro mastín, Leoncico. Cuando la nave estaba en alta mar, Vasco se presentó ante la furia del capitán.

Pero fue perdonado, especialmente, porque ya había estado en esas tierras y su experiencia podría ser útil.

Al llegar a San Sebastián comprobaron que todos los colonos habían sido muertos tras un encuentro con los nativos. Uno de los pocos sobrevivientes era Francisco Pizarro, el futuro conquistador de Perú.

Balboa escondía un secreto sueño: quería llegar a la costa occidental porque había logrado informarse de que allí la tierra que supuestamente lo separaba del “otro mar» era escasa y angosta.

En 1511 partió con 100 hombres. En Careta trabó relación con los indios e incluso el cacique se convirtió al cristianismo y entregó a su joven hija a Balboa.

Siguió la avanzada por tierras cada vez más tropicales y complejas. Toparon con otra aldea donde el jefe los recibió amablemente, luciendo corona de oro, rodeado de sus hijos y los atendió con manjares y bebidas fermentadas.

Uno de los hijos del cacique advirtió la extraña mirada de los visitantes a todo lo que relucía y les regaló adornos de oro, lo que provocó la pérdida total de la compostura de los españoles que se trenzaron en furiosa pelea.

El cacique entonces —como ocurriría muchas otras veces— les señaló a lo lejos, lo más lejos posible, una tierra colmada de oro. Y les aseguró que detrás de las montañas, hacia el sur del istmo, yacía un inmenso mar quieto, donde desembocaban ríos de oro y sus playas estaban cubiertas de perlas.

Vasco Núñez de Balboa regresó a la base y se reorganizó. Reemprendió la búsqueda. Cruzó selvas intrincadas, espesura entramada, humedad permanente, tropezó con alimañas, insectos, pájaros gritones, todo siempre en la casi permanente oscuridad verde de la jungla tropical. Pero a medida que avanzaban la vegetación era menos densa.

Comenzaron a trepar. La tierra se elevaba y hacía más claro el día. Cuando Vasco vio la cima de la montaña, ordenó que sus 66 hombres lo esperaran. Subió solo. Allí arriba finalmente, con sus ojos desmesurados, la boca entreabierta y las manos crispadas, divisó el Mar del Sur.

Quieto. Inmenso. Infinito. Era septiembre de 1513. Había llegado a lo que luego Magallanes llamada con más precisión Océano Pacífico.

Vasco había escuchado por primera vez el nombre de un mágico imperio, llamado Pirá. Encontrarían las islas de las perlas.

Esta hazaña rindió una fortuna para el contingente que naturalmente repartió Balboa, separando la parte de la Corona y luego la del capitán y finalmente, la de los miembros de la delegación, por panes iguales, aunque una parte fue para Leoncico, el perro más rico del Nuevo Mundo, cuyos caninos bienes administraría el propio Núñez de Balboa.

La aventura de Balboa terminada con acusaciones de traición, crímenes contra los indios y conspiración contra la Corona.

El 15 de enero de 1517 Vasco Núñez de Balboa fue decapitado en la plaza pública. Cuando su cabeza comenzó a rodar, sus ojos permanecieron abiertos, enormes, desmesurados, incrédulos, angustiados. Otra vez estaban viendo el infinito.

EL FIN DE BALBOA: Dos días más tarde (de descubrir el océano) , Balboa penetró en el Pacífico con la espada desenvainada y reivindicó para el rey de España «el gran Mar del Sur con todo que contiene». Luego, fijando la medida de crueldad con los indios que emularían muchos otros españoles, Nuñez de Balboa y sus hombres saquearon sin piedad el copioso tesoro de objetos de oro que encontraron en las aldeas indígenas de la zona.

A todas luces carecían de significado para ellos la elegancia la complejidad deslumbrante de esos objetos semi-abstractos. Se mostraron mucho más fascinados por los rastros de mineral áureo que descubrieron en las costas arenosas del mar.

Este deslumbrante acontecimiento no resolvió las dificultades de Balboa quien parece haberse hallado en constantes apuros frente a las autoridades.

Poco tiempo después del descubrimiento del Pacífico y cuando hacía planes para navegar hacia el sur por su mar recién descubierto, camino de Perú y en busca de más oro, el gobernador de Darién le acusó de traición y ordenó que lo decapitasen.

Este gobernador que había sido enviado por el rey de España con 1.500 hombres tras conocer la espléndida noticia del descubrimiento de Balboa, era en realidad el suegro de éste. El ejecutor designado para la tarea por el gobernador fue nada menos que Francisco Pizarro.

El Mestizaje en el Rio de la Plata La Conquista de España Sociedad

El Mestizaje en el Río de la Plata
La Conquista Española

Asunción del Paraguay: el paraíso terrenal: Entre tanto se había fundado Asunción del Paraguay (15 de agosto de 1537) en tierras de nativos mansos y agricultores: los guaraníes. Domingo Martínez de Irala, fue quien tomó a su cargo esta población, aspiraba a la sucesión de Mendoza. Respaldó su pretensión el veedor real venido de España para solucionar el vacío político provocado por la ausencia de Ayolas.

Guaranies en Paraguay

Guaranies en Paraguay

El nuevo gobernante estaba decidido a cambiar el eje de la Conquista, abandonar la desembocadura del río e instalarse en Asunción, donde la mansedumbre de los indígenas aseguraba la fuerza de trabajo indispensable para la colonización.

El poblado gozaba de las ventajas de un clima cálido, nativos cordiales y mujeres trabajadoras y buenas amantes. En contraste con el medio hostil de la desembocadura del Plata, Asunción aparecía casi como un paraíso terrenal.

Irala ordenó que se abandonara a Buenos Aires. Sin embargo, un grupo de hombres se negaron a dejar el puerto, argumentando que era la única pero sólida ventaja consistía de encontrarse más cerca del Atlántico y por ende de España que el lejano enclave aguas arriba del Paraná y el Paraguay. A Buenos Aires llegaba cada tanto una nave con mercancías y nuevos pobladores. La madera y las piedras que faltaban en la llanura inmediata se obtenían con facilidad en el Delta y en la costa oriental del gran río.

Pero las órdenes eran terminantes. El sitio se abandonó (1541) y donde había estado el poblado se dejaron informaciones acerca del derrotero a seguir. Al irse los colonos, los potros y yeguas que habían venido con ellos quedaron en libertad. Con el tiempo, éstos sentaron las bases de la riqueza pecuaria de la llanura rioplatense.

Irala impuso su liderazgo en Asunción por veinte años más hasta su fallecimiento. Supo congraciarse con la Corona y hacer jugar el aislamiento de esta ciudad en beneficio de su liderazgo. Su pragmatismo y su popularidad entre los soldados le permitieron desalojar a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el segundo Adelantado del Río de la Plata, un explorador, inteligente y letrado, que había vivido aventuras extraordinarias y naufragios en América del Norte y que se empeñó vanamente en proteger a los indígenas frente a los abusos de los encomenderos.

Narra Ulrico Schmidl el clima de violencia de esos tiempos:

“Los cristianos estuvimos los unos contra los otros y no nos concedimos nada bueno el uno al otro; nos batimos día y noche los unos contra los otros. Entraron en razón sólo ante la amenaza de que los indígenas aprovecharan estas rencillas para rebelarse«.

La colonización del Paraguay tuvo rasgos originales. Dice Rosenblat que un pequeño núcleo conquistador pudo, en el transcurso de varios siglos de relativo aislamiento, mestizar a casi toda la población indígena del país.

Las nativas fueron entregadas voluntariamente por los ancianos de sus comunidades a los españoles, jugadas a los dados o tomadas por la fuerza en auténticas cacerías. En vano denunciaban los clérigos el abuso de salir a buscar “manadas de mujeres para su servicio, como quien va a la feria y trae una manada de ovejas, incluso sin  reparar siquiera en en el parentesco”. El tema de la servidumbre y de la esclavitud en los orígenes de la colonización del Río de la Plata ha sido estudiado en profundidad por Silvio Zavala.

En su moral sexual, Asunción estaba conformada por conquistadores que habían logrado convertirse en dueños de harenes de 70 mujeres, era un “paraíso de Mahoma”, más que un modelo de sociedad cristiana.

Sin embargo, esa sociedad de la frontera necesitaba para su vida material de la industria del Viejo Mundo y precisaba para mantener la cohesión social los valores religiosos del catolicismo. Desde la óptica de los conquistadores, si el mundo indígena prevalecía por falta de madres españolas y cristianas, la colonización estaba destinada a desaparecer en un corto plazo. Recordemos que el hijo mestizo valía para España solamente si se incorporaba a la cultura paterna.

Prueba de la importancia de este concepto es la oferta de Irala de perdonarles la vida a dos capitanes rebeldes, a condición de que se casaran con sus hijas mestizas, Marina y Úrsula. Estos matrimonios mixtos, resultado de un “pacto de sangre”, dieron lugar a linajes patricios del Paraguay y el Río de la Plata.

En 1555 llegó a Asunción un importante núcleo de nuevos pobladores, encabezado por doña Menda Calderón de Sanabria, viuda del tercer Adelantado del Río de la Plata, el cual había muerto antes de comenzar la empresa. Venían con doña Menda cuarenta doncellas y además hidalgos, soldados y artesanos. Eran los restos de lo que se había proyectado en la Península como una gran expedición de refuerzo. Este contingente, luego de padecer toda suerte de trastornos y naufragios, realizó a pie el trayecto desde San Vicente hasta Asunción, por elGuayrá, un camino que podía recorrerse con relativa seguridad.

Para las mozas sin dote ni fortuna, la posibilidad de encontrar marido legítimo en esa sociedad marginal resultaba un incentivo poderoso. Y para Asunción, la llegada del contingente femenino reforzó a la empresa colonizadora que con tantas dificultades se estaba llevando a cabo.

Esta empresa era ingrata, pródiga en falsas expectativas y en frustraciones.  La Conquista del Río de la Plata fue popular al principio y se desprestigió después. De haber quedado librada al arbitrio de la iniciativa particular y de la libre voluntad de los mercaderes, dice Richard Konetzke, se hubiera perdido lo iniciado con tanto esfuerzo. Su continuidad exigió un esfuerzo especial de la Corona para llevarla adelante y la obstinación de los sobrevivientes. Sólo a fines del siglo XVI, como se verá en otro capítulo, la Conquista estuvo suficientemente estabilizada.

Sin embargo, la Ciudad de los Cesares, no era más que el ya conocido y repartido Potosí. El mito murió en parte ahí. Muchos empezaron a aceptar que su destino: fundar ciudades, controlar las tierras y frenar a los nómades nativos.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Ver: El Mestizaje en América Colonial

La Conquista Española en el Rio de la Plata El Mar Dulce de Solis

La Conquista Española en el Río de la Plata
El Mar Dulce de Solís

La hora de los exploradores y colonos: Una vez dispersados los orgullosos capitanes de Mendoza, 500 europeos permanecían en el puerto de Buenos Aires librados a su suerte pero aferrados al sueño de la conquista y honor.

Este pequeño núcleo no se desanimó por el aislamiento, las privaciones y el abandono. Contaban con un buen gobierno, ejercido por uno de los lugartenientes del Adelantado. Bajo esta conducción, los sobrevivientes apelaron a su capacidad y a su ingenio, como ese estudiante sin oficio alguno que fabricó sus propios anzuelos de pesca, peines y hasta una rueda de moler, o aquel soldado tan diestro que era capaz de matar un tigre de un solo tiro de ballesta.

Todos sin distinción tuvieron que trabajar con sus manos las sementeras; aprendieron a sembrar el maíz en septiembre; trigo y hortalizas entre mayo y julio. De este modo, en un par de años solucionaron el problema del hambre y engordaron un poco. Disponer de sus propios alimentos los independizó de los indígenas, que desconfiaban en servirles.

Figuraban entre estos colonos, señala el historiador Lafuente Machain, quienes formaron los primeros centros de población permanente en el Río de la Plata. Los más jóvenes, como el carpintero Antonio Tomás, venido a la edad de 15 años, estuvieron presentes en la fundación de la segunda Buenos Aires, cuarenta y cuatro años más tarde; Nufrio de Chaves, hombre resuelto y optimista, dice de él Levillier, fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Alonso Riquelme de Guzmán conquistó el Guayrá.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Los Conquistadores Españoles en el Mar Dulce de Solis Hambre en el Mar

El Hambre truncando sueños.

hambre en buenos aires

Las condiciones de vida eran penosas: faltaban alimentos, materiales de construcción, y mano de obra. Los indígenas sitiaron la mísera aldea y lanzaron flechas incendiadas sobre los ranchos de paja. En esta situación angustiosa, aislados y sin recursos, los primeros habitantes de Buenos Aires empezaron a comerse todo lo que estaba a su alcance: ratas, ratones, víboras, cueros, zapatos, carne podrida, caballos y luego los cadáveres de los ahorcados que fueron castigados por comerse los caballos a pesar de las prohibiciones.

Hubo incluso quien asesinó para comer. Mucho después de estos hechos, recordaban los memoriososlos nombres de quienes habían comido carne humana urgidos por las circunstancias, como un tal González Baitos, que vivía entonces en el sur de Brasil.

En medio de esta catástrofe, las pocas mujeres que habían acompañado a los soldados dieron prueba de una gran resistencia física y de serenidad. Isabel de Guevara, una de aquellas primeras pobladoras, explicó lo ocurrido en estos términos: -“Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles la ropa como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, cuando algunas veces los indígenas les venían a dar guerra (…) porque en este tiempo como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”.

Sólo la tercera parte de los expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indígenas del territorio rioplatense.

Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes “tan trashumantes como los gitano –en palabras de Ulrico Schmidl– desaparecieron en la inmensidad de la llanura”.

Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el “mal gálico” como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia. A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi  -río arriba- el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España. Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio. Pero Ayolas, en la búsqueda de un éxito individualista que lo llevara a la gloria emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó. No hubo más noticias concretas, sólo rumores sobre su posible paradero. Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados. Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista.

Primer encuentro entre Mendoza y los aborígenes

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de Maria Sánchez Quesada
Por Prof. Historia: Adriana Beresvil

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza Expedicion(301)

Las Expediciones de Juan Diaz de Solís y Pedro de Mendoza

Una lucida Armada con el objetivo de una gran conquista: fundar ciudades y controlar territorios: Pedro de Mendoza (1499-1537), el primer Adelantado del Río de la Plata, era un noble andaluz, veterano de la campaña de Italia, gentilhombre de Su Majestad y caballero de la Orden de Alcántara. Atraídos tanto por su prestigio personal como por la fama de la tierra a conquistar, 1.500 hombres se alistaron en la Armada. Señores, y personas del  pueblo llano, poseídos de auténtica euforia vendieron hasta su ropa para poder embarcar.

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza

Pedro de Mendoza funda Buenos Aires

 Entre esta “gente andariega y revoltosa” la mayoría eran españoles extremeños, castellanos, andaluces, aragoneses y valencianos. Pero setenta y dos provenían de tierras alemanas, inglesas, francesas, italianas y portuguesas, brindaban un tono cosmopolita a la expedición. Hidalgos, frailes y clérigos, artesanos, campesinos, escribanos, boticario, cirujano, de todo había, incluso unas pocas mujeres.

Las crónicas hablan de esa “hermosa y lúcida gente”, de sus ropas de seda, espadas de fino acero y caballos de guerra. Dicen asimismo traían también una buena provisión de quesos, vinos y tocinos para las “personas de calidad”. El grueso de la tripulación dependía para alimentarse del altruismo del Adelantado.

Sin embargo, la Armada que zarpaba bajo tan brillantes auspicios no estaba bien preparada para la difícil tarea de poblar. Mendoza traía en su equipaje –y les concedió prioridad- libros de Virgilio y de Erasmo, pilares del pensamiento humanista del Renacimiento. Los hizo transportar junto a los caballos que eran indispensables para la guerra, pero dejó de lado al ganado doméstico, vacas, cerdos y mulas necesarios para colonizar.

En la escala de Río de Janeiro ocurrió la primera tragedia. El asesinato con puñaladas y sin juicio previo del capitán Juan de Osorio, “por traidor y amotinador”. La orden fue impartida por el Adelantado. Este hecho pareció un mal presagio, una arbitrariedad y una señal de que Don Pedro estaba sometido a la influencia de un círculo cortesano que le aconsejó deshacerse de Osorio.

El lugar elegido para emplazar el fuerte de “Santa María de los Buenos Aires”, en la banda occidental del Río de la Plata, es asunto discutido por los historiadores. Algunos de ellos afirman, explica Ernesto J. Fitte, que estuvo a la altura de la vuelta de Rocha en el Riachuelo. Otros suponen que fue más cerca del Delta. Pero lo más probable es que haya estado en el actual Parque Lezama.

Una empalizada defendía al rancherío del azote de los tigres que rápidamente se deshicieron  de varios soldados. La tarea más ardua fue alimentar a los pobladores. Los indígenas querandíes de la vecindad les trajeron al principio pescado y otras carnes; sin embargo, dos semanas más tarde se habían alejado del lugar. Entonces comenzaron los padecimientos. Para remediar estas carencias, el Adelantado envió a buscar provisiones a San Vicente (Brasil) y encomendó a su hermano, Don Diego, castigar a los rebeldes indígenas.

El primer encuentro bélico formal entre 4.000 nativos –defensores de sus  tierras- y 300 españoles, teniendo 30 de ellos montados a caballo, se produjo a orillas del Río Luján. Los nativos eran diestros en el uso de armas de piedra y conocían el terreno que pisaban; los europeos empleaban armas de fuego, ballestas y arcabuces, armaduras de hierro, caballos y perros de presa. En esa jornada fría de junio de 1536, los españoles quedaron dueños del campo, pero Don Diego y 30 soldados más perecieron en el combate. “Los rezos de la festividad de Corpus Christi fueron su responso”, dice Alberto Salas en su crónica de este encuentro.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de Maria Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Historia de la Exploracion del rio de la Plata Solis y Mendoza

Historia de la Exploración del Río de la Plata

En la búsqueda de una nueva ruta a Asia, Colón cruzo el Atlántico y “tropezó” con América. Tras el descubrimiento de las Nuevas Tierras, Juan Díaz de Solís y Hernando de Magallanes se embarcaron en una aventura al oeste. Se convirtieron en los primeros exploradores del Río de la Plata, estaban convencidos de que el ancho estuario los conduciría al Oriente.

La Conquista del “Mar Dulce” demoró más de siete décadas en concretarse. La primera parte de esa historia comienza en 1516 con el descubrimiento de un río en la región sur de América, el cual luego llamado Río de la Plata.

La exploración, que finalizó en este descubrimiento respondía a la necesidad de encontrar el paso entre el Océano Atlántico y el Pacífico (Mar del Sur). La “vieja” España ignoraba las dimensiones de la masa terrestre que era preciso sortear para alcanzarlo, pero sin dudas, su Monarquía estaba dispuesta a realizar los esfuerzos necesarios para navegar hasta las legendarias islas del Oriente, las Molucas (de la Especiería) y al misterioso país de Ofir mencionado en los documentos de la época.

El Río de Solís

Rumbo a ese impreciso destino partieron desde el puerto andaluz de Sanlúcar dos naves comandadas por un intrépido navegante: Juan Díaz de Solís.

Este portugués al servicio de España era “el más excelente en su arte de los hombres de su tiempo”. Sucedía a Américo Vespucio en el cargo de piloto mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. En un principio su misión había sido apoderarse de las Islas Molucas por la ruta del Cabo de Buena Esperanza, es decir, navegando hacia el Oriente; pero la orden se modificó. Cambió la orientación: recorrer la costa atlántica de Sudamérica y encontrar el paso interoceánico.

En febrero de 1516 las naves avistaron el gran río al que los aborígenes llamaban “Paraná Guazú” (cuyo significado era: grande como el mar o río como mar). Solís, obedeciendo a la mentalidad de la época lo bautizó como “Mar Dulce”, asombrado por la magnitud del estuario de aguas barrosas. Sin embargo el interrogante recién se hacía eco: ¿Era éste el tan anhelado paso entre los dos océanos?

Sin embargo, la exploración aguas arriba concluyó en forma abrupta: Solís y parte de sus hombres murieron a manos de las bandas de indígenas que desde la costa oriental del río venían siguiendo el desplazamiento de las naves.

El descenso a tierra con falsas señales de amistad, el breve combate, la muerte del jefe y el banquete que con sus restos se dieron los nativos, a la vista de quiénes habían permanecido a bordo, cierra el primer capítulo –con un final escalofriante- de la historia de esta conquista. Su intenso dramatismo ha sido recreado por la literatura en poemas y ficciones.

La leyenda del Río de la Plata:

Otro marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes, comandó la segunda expedición enviada con el propósito –insistente y urgente de la Corona- de descubrir el paso interoceánico. Magallanes juzgó impracticable la exploración del Mar Dulce y navegó hacia el sur.

La expedición hizo escala en la costa patagónica, descubrió el Estrecho y se internó en el Océano Pacífico. Una sola nave de las cinco que componían la armada regresó a España. Había dado la primera vuelta al mundo y comprobado que las codiciadas Molucas estaban en poder de Portugal y por explotaba comercialmente.

 Mientras la Corona diseñaba sus ambiciosas expediciones, los exploradores atendían a los relatos de los aborígenes. Una de las más conocidas era la leyenda de que el “Río de Solís” o “Mar Dulce” que atravesaba toda una región de clima amable y templado, conducía hacia una Sierra de Plata, también llamada el “Imperio del Rey Blanco”, o “Ciudad de los Césares” donde los metales preciosos estaban al alcance de la mano.

En realidad se trataba de una “poética” referencia a la riqueza minera del Perú, de la que los españoles empezaban a tener vagas noticias. Y como la ilusión –acompañada de la avaricia– desempeñó un papel clave en esta serie de mutuos descubrimientos. La región del Plata despertó el interés de muchos por estas reseñas.

La tentación de acceder a ella torció el rumbo de una nueva expedición, esta vez al mando del marino veneciano Sebastián Caboto, quien por encargo de la Corona debía repetir el itinerario de Magallanes.

Caboto oyó hablar de las riquezas del río de Solís a través de relatos de los náufragos y desertores que abundaban en las factorías portuguesas de la costa del Brasil. Alentado por estos indicios, este marino astuto y de carácter despótico decidió desobedecer al rey: – “Yo haré aquí lo que se me antojase”.

Sin razones, castigó a los que protestaban dejándolos en tierra. Contaba en su nueva aventura con la valiosa colaboración de Enrique Montes, un sobreviviente del viaje de Solís. Con alimentos frescos, patos, miel, iguanas, raíces de mandioca y palmitos, mejoró la salud de los exploradores afectada a raíz de la larga navegación.

La expedición de Caboto retomó el viaje rumbo al Gran Río y en la confluencia del Paraná con el Carcarañá construyó el fuerte de “Sancti Spiritu” (1527). Esta primera fortaleza española de la región era precaria, de barro y madera, rodeada por una veintena de ranchos destinados a los tripulantes. De inmediato se sembró trigo, cebada y abatí (maíz) para alimento de estos hombres osados.

Al principio la convivencia con los nativos fue pacífica y las mujeres indígenas fueron dadas como concubinas y trabajadoras a los hombres de piel clara. Pero muy pronto se desencadenaron los conflictos debido al régimen de tareas que exigían los recién venidos.

Mientras Caboto se abocaba a la exploración del Paraná en busca de la Sierra de Plata, uno de sus capitanes, Francisco César, marchaba por tierra en pos del mismo objetivo pero en dirección al sudoeste. Se supone que se internó hasta la serranía de la actual San Luis, un periplo que la imaginación de sus contemporáneos convirtió en la leyenda de la Ciudad de los Césares. Esta leyenda se sumó a la de la Sierra de Plata, el imperio del Rey Blanco, Trapalanda y LinLín. Una suma de leyendas, mitos que incrementaban peligrosamente el apetito por la riqueza.

La llegada de un marino veterano de otras expediciones, Diego García, vecino de la villa de Moguer, con dos bergantines y 60 hombres, estuvo a punto de provocar una lucha por el poder entre los dos jefes (1528). García, lo mismo que Caboto, había torcido el rumbo hacia el Río de la Plata en lugar de dirigirse a las Molucas. Mientras discutían sus respectivos derechos, los indígenas procedieron a destruir el Sancti Spiritu.

En la época colonial, el relato aseguraba que común ese ataque se gestó por culpa del amor contrariado del cacique Sirípo hacia la bella española Lucía Miranda, esposa de uno de los soldados. Así lo afirmaba Ruy Díaz de Guzmán, el primer historiador criollo del Río de la Plata. Sin embargo, ningún dato fehaciente respalda esta romántica leyenda que justifica la catástrofe del fuerte en la pasión, la venganza y los celos.

Caboto se apresuró a volver a España dejando abandonados a varios de sus compañeros. Por su desobediencia y por las crueldades cometidas contra su propia gente, fue sometido a juicio en la Península. Pero debido a los indicios de riquezas que había encontrado, unas piezas de metal que tenían los indígenas, “el río de Solís” empezó a ser conocido por su nombre definitivo: el Río de la Plata.

El oro del Perú

Hacia 1530 Carlos V reinaba en España, en Indias y en el Sacro Imperio Romano Germánico y concentraba sus capacidades en atender a las interminables guerras desarrolladas en Italia y al conflicto religioso presente en las ciudades y principados alemanes; y sus capitanes ganaban para honor de su real nombre, un imperio formidable en el Nuevo Mundo.

Historia de la Exploracion del rio de la Plata

En 1532 se produce la conquista del Perú. La noticia de que Francisco Pizarro había llegado al Cuzco  -el ombligo del mundo andino-, arrasado sus tesoros, destruido sus templos, sometido a sus curacas y violado a las vírgenes del Sol, devolvió el atractivo a la empresa del Río de la Plata. La llegada del tesoro del Inca a Sevilla —el quinto del botín que le correspondía al rey— despertó admiración y envidias.

En este clima se convocó a “conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el Río de Solís que llaman de la Plata donde estuvo Sebastián Caboto, y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar a la mar del Sur” (el Pacífico).

Don Pedro de Mendoza, fue quien encabezó la nueva Armada.  Este nuevo protagonista de la exploración, había capitulado con el rey fundar tres fortalezas de piedra dentro de la jurisdicción sin límites precisos que se le había otorgado en 1534.

La misión encomendada a Mendoza constituía un freno a la expansión de los portugueses, quiénes desde sus factorías del sur de Brasil, San Vicente, Santa Catalina y Los Patos, no se limitaban a comerciar esclavos y maderas finas; también recorrían la región del Río de la Plata. Y además, a través de las regiones selváticas del Gran Chaco, estaban en contacto con el mundo peruano.

hambre en buenos aires

Fundar ciudades y controlar territorios: 

Pedro de Mendoza (1499-1537), el primer Adelantado del Río de la Plata, era un noble andaluz, veterano de la campaña de Italia, gentilhombre de Su Majestad y caballero de la Orden de Alcántara. Atraídos tanto por su prestigio personal como por la fama de la tierra a conquistar, 1.500 hombres se alistaron en la Armada. Señores, y personas del  pueblo llano, poseídos de auténtica euforia vendieron hasta su ropa para poder embarcar.

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza

Pedro de Mendoza funda Buenos Aires

 Entre esta “gente andariega y revoltosa” la mayoría eran españoles extremeños, castellanos, andaluces, aragoneses y valencianos. Pero setenta y dos provenían de tierras alemanas, inglesas, francesas, italianas y portuguesas, brindaban un tono cosmopolita a la expedición. Hidalgos, frailes y clérigos, artesanos, campesinos, escribanos, boticario, cirujano, de todo había, incluso unas pocas mujeres.

Las crónicas hablan de esa “hermosa y lúcida gente”, de sus ropas de seda, espadas de fino acero y caballos de guerra. Dicen asimismo traían también una buena provisión de quesos, vinos y tocinos para las “personas de calidad”. El grueso de la tripulación dependía para alimentarse del altruismo del Adelantado.

Sin embargo, la Armada que zarpaba bajo tan brillantes auspicios no estaba bien preparada para la difícil tarea de poblar. Mendoza traía en su equipaje –y les concedió prioridad- libros de Virgilio y de Erasmo, pilares del pensamiento humanista del Renacimiento. Los hizo transportar junto a los caballos que eran indispensables para la guerra, pero dejó de lado al ganado doméstico, vacas, cerdos y mulas necesarios para colonizar.

En la escala de Río de Janeiro ocurrió la primera tragedia. El asesinato con puñaladas y sin juicio previo del capitán Juan de Osorio, “por traidor y amotinador”. La orden fue impartida por el Adelantado. Este hecho pareció un mal presagio, una arbitrariedad y una señal de que Don Pedro estaba sometido a la influencia de un círculo cortesano que le aconsejó deshacerse de Osorio.

El lugar elegido para emplazar el fuerte de “Santa María de los Buenos Aires”, en la banda occidental del Río de la Plata, es asunto discutido por los historiadores. Algunos de ellos afirman, explica Ernesto J. Fitte, que estuvo a la altura de la vuelta de Rocha en el Riachuelo. Otros suponen que fue más cerca del Delta. Pero lo más probable es que haya estado en el actual Parque Lezama.

Una empalizada defendía al rancherío del azote de los tigres que rápidamente se deshicieron  de varios soldados. La tarea más ardua fue alimentar a los pobladores. Los indígenas querandíes de la vecindad les trajeron al principio pescado y otras carnes; sin embargo, dos semanas más tarde se habían alejado del lugar. Entonces comenzaron los padecimientos. Para remediar estas carencias, el Adelantado envió a buscar provisiones a San Vicente (Brasil) y encomendó a su hermano, Don Diego, castigar a los rebeldes indígenas.

El primer encuentro bélico formal entre 4.000 nativos –defensores de sus  tierras- y 300 españoles, teniendo 30 de ellos montados a caballo, se produjo a orillas del Río Luján. Los nativos eran diestros en el uso de armas de piedra y conocían el terreno que pisaban; los europeos empleaban armas de fuego, ballestas y arcabuces, armaduras de hierro, caballos y perros de presa. En esa jornada fría de junio de 1536, los españoles quedaron dueños del campo, pero Don Diego y 30 soldados más perecieron en el combate. “Los rezos de la festividad de Corpus Christi fueron su responso”, dice Alberto Salas en su crónica de este encuentro.

3333Las condiciones de vida eran penosas: faltaban alimentos, materiales de construcción, y mano de obra. Los indígenas sitiaron la mísera aldea y lanzaron flechas incendiadas sobre los ranchos de paja. En esta situación angustiosa, aislados y sin recursos, los primeros habitantes de Buenos Aires empezaron a comerse todo lo que estaba a su alcance: ratas, ratones, víboras, cueros, zapatos, carne podrida, caballos y luego los cadáveres de los ahorcados que fueron castigados por comerse los caballos a pesar de las prohibiciones.

Hubo incluso quien asesinó para comer. Mucho después de estos hechos, recordaban los memoriososlos nombres de quienes habían comido carne humana urgidos por las circunstancias, como un tal González Baitos, que vivía entonces en el sur de Brasil.

En medio de esta catástrofe, las pocas mujeres que habían acompañado a los soldados dieron prueba de una gran resistencia física y de serenidad. Isabel de Guevara, una de aquellas primeras pobladoras, explicó lo ocurrido en estos términos: -“Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles la ropa como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, cuando algunas veces los indígenas les venían a dar guerra (…) porque en este tiempo como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”.

Sólo la tercera parte de los expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indígenas del territorio rioplatense.

Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes “tan trashumantes como los gitano –en palabras de Ulrico Schmidl- desaparecieron en la inmensidad de la llanura”.

Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el “mal gálico” como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia. A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi  -río arriba- el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España. Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio. Pero Ayolas, en la búsqueda de un éxito individualista que lo llevara a la gloria emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó. No hubo más noticias concretas, sólo rumores sobre su posible paradero. Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados. Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista.

Primer encuentro entre Mendoza y los aborígenes

La hora de los exploradores y colonos:

Una vez dispersados los orgullosos capitanes de Mendoza, 500 europeos permanecían en el puerto de Buenos Aires librados a su suerte pero aferrados al sueño de la conquista y honor.

Este pequeño núcleo no se desanimó por el aislamiento, las privaciones y el abandono. Contaban con un buen gobierno, ejercido por uno de los lugartenientes del Adelantado. Bajo esta conducción, los sobrevivientes apelaron a su capacidad y a su ingenio, como ese estudiante sin oficio alguno que fabricó sus propios anzuelos de pesca, peines y hasta una rueda de moler, o aquel soldado tan diestro que era capaz de matar un tigre de un solo tiro de ballesta.

Todos sin distinción tuvieron que trabajar con sus manos las sementeras; aprendieron a sembrar el maíz en septiembre; trigo y hortalizas entre mayo y julio. De este modo, en un par de años solucionaron el problema del hambre y engordaron un poco. Disponer de sus propios alimentos los independizó de los indígenas, que desconfiaban en servirles.

Figuraban entre estos colonos, señala el historiador Lafuente Machain, quienes formaron los primeros centros de población permanente en el Río de la Plata. Los más jóvenes, como el carpintero Antonio Tomás, venido a la edad de 15 años, estuvieron presentes en la fundación de la segunda Buenos Aires, cuarenta y cuatro años más tarde; Nufrio de Chaves, hombre resuelto y optimista, dice de él Levillier, fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Alonso Riquelme de Guzmán conquistó el Guayrá.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Juan Diaz de Solis Descubrimiento del Rio de la Plata Leyenda Rey Blanco(301)

Juan Diaz de Solis Descubrimiento del Rio de la Plata

La leyenda del Río de la Plata: Otro marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes, comandó la segunda expedición enviada con el propósito –insistente y urgente de la Corona- de descubrir el paso interoceánico. Magallanes juzgó impracticable la exploración del Mar Dulce y navegó hacia el sur.

La expedición hizo escala en la costa patagónica, descubrió el Estrecho y se internó en el Océano Pacífico. Una sola nave de las cinco que componían la armada regresó a España. Había dado la primera vuelta al mundo y comprobado que las codiciadas Molucas estaban en poder de Portugal y por explotaba comercialmente.

 Mientras la Corona diseñaba sus ambiciosas expediciones, los exploradores atendían a los relatos de los aborígenes. Una de las más conocidas era la leyenda de que el “Río de Solís” o “Mar Dulce” que atravesaba toda una región de clima amable y templado, conducía hacia una Sierra de Plata, también llamada el “Imperio del Rey Blanco”, o “Ciudad de los Césares” donde los metales preciosos estaban al alcance de la mano.

En realidad se trataba de una “poética” referencia a la riqueza minera del Perú, de la que los españoles empezaban a tener vagas noticias. Y como la ilusión –acompañada de la avaricia- desempeñó un papel clave en esta serie de mutuos descubrimientos. La región del Plata despertó el interés de muchos por estas reseñas.

La tentación de acceder a ella torció el rumbo de una nueva expedición, esta vez al mando del marino veneciano Sebastián Caboto, quien por encargo de la Corona debía repetir el itinerario de Magallanes.

Caboto oyó hablar de las riquezas del río de Solís a través de relatos de los náufragos y desertores que abundaban en las factorías portuguesas de la costa del Brasil. Alentado por estos indicios, este marino astuto y de carácter despótico decidió desobedecer al rey: – “Yo haré aquí lo que se me antojase”.

Sin razones, castigó a los que protestaban dejándolos en tierra. Contaba en su nueva aventura con la valiosa colaboración de Enrique Montes, un sobreviviente del viaje de Solís. Con alimentos frescos, patos, miel, iguanas, raíces de mandioca y palmitos, mejoró la salud de los exploradores afectada a raíz de la larga navegación.

La expedición de Caboto retomó el viaje rumbo al Gran Río y en la confluencia del Paraná con el Carcarañá construyó el fuerte de “Sancti Spiritu” (1527). Esta primera fortaleza española de la región era precaria, de barro y madera, rodeada por una veintena de ranchos destinados a los tripulantes. De inmediato se sembró trigo, cebada y abatí (maíz) para alimento de estos hombres osados.

Al principio la convivencia con los nativos fue pacífica y las mujeres indígenas fueron dadas como concubinas y trabajadoras a los hombres de piel clara. Pero muy pronto se desencadenaron los conflictos debido al régimen de tareas que exigían los recién venidos.

Mientras Caboto se abocaba a la exploración del Paraná en busca de la Sierra de Plata, uno de sus capitanes, Francisco César, marchaba por tierra en pos del mismo objetivo pero en dirección al sudoeste. Se supone que se internó hasta la serranía de la actual San Luis, un periplo que la imaginación de sus contemporáneos convirtió en la leyenda de la Ciudad de los Césares. Esta leyenda se sumó a la de la Sierra de Plata, el imperio del Rey Blanco, Trapalanda y Lin-Lín. Una suma de leyendas, mitos que incrementaban peligrosamente el apetito por la riqueza.

La llegada de un marino veterano de otras expediciones, Diego García, vecino de la villa de Moguer, con dos bergantines y 60 hombres, estuvo a punto de provocar una lucha por el poder entre los dos jefes (1528). García, lo mismo que Caboto, había torcido el rumbo hacia el Río de la Plata en lugar de dirigirse a las Molucas. Mientras discutían sus respectivos derechos, los indígenas procedieron a destruir el Sancti Spiritu.

En la época colonial, el relato aseguraba que común ese ataque se gestó por culpa del amor contrariado del cacique Sirípo hacia la bella española Lucía Miranda, esposa de uno de los soldados. Así lo afirmaba Ruy Díaz de Guzmán, el primer historiador criollo del Río de la Plata. Sin embargo, ningún dato fehaciente respalda esta romántica leyenda que justifica la catástrofe del fuerte en la pasión, la venganza y los celos.

Caboto se apresuró a volver a España dejando abandonados a varios de sus compañeros. Por su desobediencia y por las crueldades cometidas contra su propia gente, fue sometido a juicio en la Península. Pero debido a los indicios de riquezas que había encontrado, unas piezas de metal que tenían los indígenas, “el río de Solís” empezó a ser conocido por su nombre definitivo: el Río de la Plata.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Antecedentes Al Descubrimiento del Río de la Plata

ANTECEDENTES HISTÓRICOS AL DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DEL RÍO DE LA PLATA

El período que comprende los principales descubrimientos europeos en tierras americanas (1492 a 1540, aproximadamente), fue la época en que Europa vivió el esplendor del Renacimiento. Esta época se erige entre el mundo medieval y el moderno, a manera de puente, época fabulosamente rica, con un gran avance de la ciencia y las artes y el despertar del espíritu mediante el Humanismo y el estudio de la antigüedad clásica.

España llevó adelante la empresa de descubrir América, a iniciativa de Cristóbal Colón, buscando la ruta de las especias (pimienta, nuez moscada, canela, etc.), tan codiciadas por los europeos de la época. La ruta hacia el oeste para alcanzar el lejano país de las especias fue adoptada porque los portugueses eran dueños de la ruta hacia el oriente, por el sur de África. Los ricos mercaderes italianos de las repúblicas de Genova, Venecia, Pisa, Amalfi y Florencia, traían esas especias desde los cercanos puertos del Mediterráneo y Mar Negro. Pero un hecho trascendental iba a cambiar este comercio.

Antecedentes Al Descubrimiento del Río de la Plata

El motivo se debió al poder cada vez mayor de los turcos en el Mediterráneo Oriental, que culminó con la caída en sus manos de Constantinopla en 1453.

Así fue como a partir de entonces, los españoles y portugueses utilizaron a muchos de ellos (Colón, Caboto, Vespucio, Verrazzano, etc.), para servir de pilotos o comandar sus escuadras exploradoras. Así fue cómo Colón, al servicio de España, buscando la ruta al Asia y esperando llegar a la fabulosa China y el Japón (Cipango y Catay), objeto de relatos de Marco Polo, encontró el Nuevo Mundo. España realizó la hazaña del descubrimiento, porque confió en el proyecto de Colón y le facilitó los medios para concretar su empresa.

Los mercaderes italianos que tenían agencias en Sevilla y otras ciudades españolas, aportaron gran parte de los dineros para la empresa, pero solamente como una inversión más. También los ricos banqueros alemanes Fugger y Welser otorgaron importantes sumas a Carlos V, para desarrollar la conquista de América y, a cambio, obtuvieron concesiones en Venezuela.

Después de la llegada de Colón a América (1492) y de Vasco de Gama a la India (1498), comenzaron a estudiar los portugueses, y también los españoles, la forma de llegar por el Atlántico a las Islas de las Especias (Molucas), para comprar directamente allí las preciadas sustancias aromáticas.

 Para ello trataron de buscar un paso que los llevara hacia el Pacífico. Portugal había enviado varias flotas para apoderarse de enclaves en la costa occidental de la India y estableció bases en Macao, Sumatra, Java y Borneo. Controló celosamente durante un siglo el comercio y las rutas de navegación a la tierra de las especias y obligó a todos los barcos que navegaban en aguas de la India a pagar un tributo.

Todos los viajes planeados en esos años tenían como fin encontrar el famoso «paso» al otro lado de América, al Océano Pacífico que Balboa descubrió en 1513. Por el norte del continente buscaron el paso los italianos Caboto y Verrazzano, al servicio de Inglaterra y de Francia, pero los hielos del Labrador los hicieron retroceder. Por el sur, Américo Vespucio (1453-1512), propuso, desde 1505, llegar a la Especería por la vía del poniente, pues sostenía que debía haber estrecho o paso que permitiese su navegación.

El florentino se asoció al gran navegante español Juan de la Cosa, realizando este último repetidos viajes a la tierra firme, con gran provecho y ganancia. La designación de Vespucio como Piloto Mayor de España, a consecuencia de lo resuelto por la Junta de Cosmógrafos de Burgos, apresuró la preparación del fracasado viaje de Solís y Pinzón de 1508-09, que alcanzó el grado 23. La desarmonía entre ambos navegantes los hizo regresar, tras perder la esperanza de dar con el paso buscado. Finalmente, Solís llegaría en 1516 para ser devorado por los indígenas de la costa uruguaya. Vespucio, de acuerdo con las últimas investigaciones, fue el primero que navegó el Río de la Plata, entre el 10 y el 20 de marzo de 1502, con una expedición portuguesa de tres naves al mando de Gonzalo Coelho.

En ese período, y hasta alcanzar los 50 grados, Vespucio asumió el mando de la flotilla. Cuando estaban muy cerca del estrecho, el frío y la falta de víveres los hizo regresar a Europa. Magallanes, cuando pasó por estas regiones, en 1520, y su tripulación quiso regresar, los apostrofó con palabras que recordaban «que hasta allí había llegado Vespucio» y que le daría vergüenza volver sin novedad. Esto lo afirma el cronista contemporáneo Francisco López de Gomara. Así, pues Américo Vespucio, bajo bandera portuguesa llegó al Río de la Plata en 1502, catorce años antes que Solís y dieciocho años antes que Magallanes.

El padre Guillermo Furlong, S.J., en un notable artículo publicado en la revista «Todo es Historia» (agosto 1970), titulado: Américo Vespucio descubridor del río de la Plata, analiza extensamente el tema. Los que todavía niegan a Vespucio, dice el padre Furlong, lo hacen por inercia intelectual, rutina, intereses creados, ciertos prejuicios y nacionalismos infantiles. De todas maneras, tanto el viaje de Vespucio, como el de Solís o Magallanes, no significaron mucho en el sentido de radicación efectiva en el territorio.

Esta búsqueda apasionada del paso al otro océano provocaba una enorme expectación en estos primeros navegantes, al recorrer el litoral atlántico sur-americano y llegar a la altura del paralelo 35. A esa altura se encontraban con el gigantesco estuario del río de la Plata. Al verlo por primera vez creían que ése era el famoso paso. En Alemania, en 1507, se decía que el río de la Plata debería conducir a Malaca. Vespucio también lo creyó y por ello pasó varios días navegando por el estuario. Juan Díaz de Solís creyó lo mismo. Sólo Magallanes, en 1520, lograría dar con el estrecho que lleva su nombre.