Los Ferrocarriles

El Juicio a las Juntas Militares Condena a los Dictadores Resumen

RESUMEN HISTÓRICO DEL JUICIO A LAS JUNTAS DE GOBIERNO EN ARGENTINA

El 24 de marzo de 1976 una Junta de Comandantes asumió el poder en Argentina. Designó como presidente a Jorge Rafael Videla, dispuso que el futuro gobierno lo compusieran la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea con igual participación y comenzó el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que duraría de 1976 a 1983. A lo largo de esos años, pensar distinto podía costar la vida tanto del «subversivo» como de su entorno familiar y afectivo.

La Junta Militar además de imponer un sistema impuso también su propio lenguaje y para encubrir las acciones de secuestro, tortura y asesinato de ciudadanos inventó la figura de «los desaparecidos», asegurando que en lugar de víctimas había gente que desaparecía por propia voluntad.

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

En 1982 para el candidato a la presidencia por el partido radical, Dr. Raúl Alfonsín, la represión de la Junta Militar había sido un acto brutal y salvaje y era necesario que la Justicia juzgara a todos responsables y no la historia, encargada de revisar y analizar el pasado.

Tan pronto asumió Alfonsín, el gobierno hizo explícita su voluntad de indagar los crímenes cometidos por la dictadura -distinguiendo, sin embargo, entre las Fuerzas Armadas «como institución» y los miembros de las juntas militares-, al tiempo que abolía la censura y alentaba el retorno de intelectuales, artistas y científicos exiliados. Durante estos primeros años, se hicieron presentes en varias oportunidades los rumores de un golpe de Estado.

Por ejemplo, a comienzos de 1985, ante versiones golpistas, el gobierno organizó una movilización popular con el objetivo central de fortalecer el sistema.

Uno de los primeros actos del gobierno de Alfonsín fue la constitución de una comisión para investigar los crímenes de la dictadura. En 1984 comenzó la tarea de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que tenía como objetivo reunir antecedentes y pruebas referidas a la represión ilegal y al terrorismo de Estado. Después de nueve meses de trabajo, bajo la dirección de Ernesto Sabato, la CONADEP entregó su informe, publicado más tarde con el título de Nunca Más, que probó casi 9.000 casos de desaparición forzada de personas.

JUICIO A las juntas militares argentina

En 1983, Alfonsín advirtió rápidamente que para concretar la democracia debía subordinar las FF.AA. al poder civil. Sin embargo, los militares no aceptaron las reglas de juego democráticas y en reiteradas oportunidades, distintos sectores del ejército se sublevaron: Semana Santa (1987), Monte Caseros (enero de 1988) y Villa Martelli (diciembre de 1988).

El 10 de diciembre, luego de los años del terrorismo de Estado, Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación. Su gobierno enfrentaba dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y su difusión en todos los ámbitos de la sociedad, por un lado, y la relación con las Fuerzas Armadas, desacreditadas en su «razón de ser» por la reciente derrota a manos del ejército británico en el Atlántico Sur. Sobre el gobierno también pesa la herencia de la deuda externa.

El 15 de diciembre, Alfonsín sancionó los decretos 157/83 y 158/83. Por el primero, se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros. Por el segundo, se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades apartidarías como el escritor Ernesto Sabato, la militante por los derechos humanos Graciela Fernández Meijide o el rabino norteamericano residente en la Argentina Marshall T. Meyer, entre otros.

Su misión es la de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones a los derechos humanos con el objetivo de fundar un juicio civil a las juntas militares. También ese día, Alfonsín envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la llamada Ley de Autoamnistía, dictada por el gobierno militar. Una semana después, el proyecto fue sancionado como Ley 23.040, la primera ley de la nueva etapa democrática.

El proceso de desmilitarización del Estado continuó durante la presidencia de Carlos Menem. El nuevo presidente logró la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil. Con su política de achicamiento del Estado, también redujo a ese grupo de poder y presión. En diciembre de 1990, se produjo el cuarto levantamiento carapintada, encabezado por Mohamed Seineldín.

El presidente impuso su autoridad y consiguió que los insurrectos fueran reprimidos por las fuerzas leales. Seineldín fue condenado a cadena perpetua. A partir de ese momento, los militares se alejaron de la práctica política.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, al cumplirse el plazo otorgado al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas para que procediera al juzgamiento de las tres primeras juntas militares sin que se avanzara sobre el tema, la causa pasó a la justicia civil. El paso no carecía de riesgos; la organización de las Fuerzas Armadas poco había variado en el año y medio transcurrido desde el retiro del gobierno militar, y continuaban convencidas de haber actuado correctamente.

Para la defensa de los imputados, había dos caminos de justificación de ls hechos, por un lado entender que había un estado de guerra en que era necesario implementar esos actos y medidas especiales y por el otro declarar como anticonstitucional el juicio, porque se los juzgabas fuera del ámbito militar.

El Tribunal estuvo compuesto por los jueces de la Cámara Federal Carlos Arslanian, Jorge Torlasco, Andrés DAlessio, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma.

El juicio estuvo acotado a 711 casos testigo, porque solo fueron considerados los homicidios en los casos en que se encontraron los cuerpos y en que se podía demostrar que el asesinato había ocurrido por acciones u omisiones de los comandantes. De manera que el juicio no contempló el tema de los desaparecidos que continuaban en esa condición.

En la sala de audiencias se vivieron momentos muy dramáticos al escucharse los centenares de testimonios de los sobrevivientes y familiares de las víctimas.El gobierno trató de darle un perfil bajo a la difusión de los juicios. La televisión, estatal en su mayoría, nunca transmitió en vivo desde la sala del juicio y se limitó a transmitir unos pocos minutos por día de imágenes sin el audio original, que era reemplazado por la voz en off de un locutor que hacía una síntesis de lo declarado.

Esta actitud del gobierno contrastaba con la enorme difusión que tuvo el desarrollo del juicio en el mundo. Fue noticia de tapa de los principales diarios que enviaros sus corresponsales para seguir de cerca el proceso.

El 9 de diciembre de 1985 la Cámara dio a conocer las sentencias. En la fundamentación dejaron constancia que «se trató de un plan criminal organizado desde el Estado».

Se dictaminó la prisión perpetua para Videla y Massera, 17 años de prisión para Viola, al almirante Lambruschini 8 años y 4 años para Agosti. Los cuatro restantes comandantes, Graffigna, Galtieri, Anaya y Lami Dozo fueron absueltos.

Junta Militar Argentina en 1976

La mayoría de los desaparecidos eran jóvenes menores de 35 años, obreros o estudiantes y, por lo general, se les detenía en su domicilio durante la noche. La guerra sucia se cobró la vida de 30.000 desaparecidos. Eran secuestrados que no estaban en ningún sitio, y de los que nada volvía a saberse; simplemente dejaban de existir.

El punto 40 de la sentencia contariaba la política de Alfonsín que quería dar por concluido los juicios y dejaba abierta la posibilidad de continuar investigando y juzgando hacia abajo en la jerarquía militar y condenar a los jefes de zonas y subzonas militares y a los ejecutores directos de la represión.

Todas las penas íueron acompañadas de inhabilitación absoluta perpetua y destitución; los camaristas ya habían decidido de antemano absolver a los cinco acusados restantes. En todos los cargos se había optado por condenar por medio de la ley más benigna. Los casos sólo se consideraron probados si existían tres pruebas indiciarías.

Se descartaron cargos, en algunos casos por razones paradójicas: no se condenó a nadie por falsedad ideológica, por ejemplo, porque en la inmensa mayoría de las respuestas a los hábeas corpus las policías y el Ministerio del Interior habían respondido mediante documentos sellados, pero sin forma legal. No se condenó por robo de bebés porque la Cámara consideró que el número de acusaciones no era suficiente para probar un método concertado. La pertinaz tarea de los organismos humanitarios, especialmente de Abuelas de Plaza de Mayo, no fue atendida.

Había ocurrido lo inimaginable: un tribunal civil había condenado la acción de quienes habían detentado el poder absoluto en la Argentina. El juicio más conmovedor y significativo de la historia nacional, cuyas audiencias habían durado 900 horas, que había reunido a 672 periodistas, 833 testigos (546 hombres y 287 mujeres, entre ellos 64 militares y 14 sacerdotes) y producido tres toneladas de expedientes de los que formaban parte 4.000 hábeas corpus o denuncias de desaparición de Capital Federal, 5.000 del interior del país y 4.000 reclamos diplomáticos, terminó el 9 de diciembre.

ALEGATO DEL FISCA STRASSERA

Fiscal StrasseraEste proceso ha significado, para quienes hemos tenido el doloroso privilegio de conocerlo íntimamente, una suerte de descenso a zonas tenebrosas del alma humana […]. No son las Fuerzas Armadas las que están en el banquillo de los acusados, sino personas concretas y determinadas a las que se endilgan delitos concretos y determinados.

No es el honor militar lo que está en juego, sino precisamente los actos reñidos con el honor militar!…]. Por todo ello, finalmente, este juicio y esta condena son importantes y necesarios para las víctimas que reclaman y los sobrevivientes que merecen esta reparación […]. Señores jueces: Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria.

Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: NUNCA MÁS.

El diario del juicio. Buenos Aires, Perfil, 1986.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 10 período 1990-2010 a cargo de Estela de Carlotto, presidente de la abuelas de Plaza de Mayo.

DETENCIÓN DEL EXDICTADOR VIDELA POR ROBO DE BEBES

En el marco de la causa N° 1.284/85 del Juzgado Federal de San Isidro N°1, a cargo del juez federal Roberto Marquevich, en la que se investiga puntualmente la apropiación de dos menores por parte del matrimonio conformado por Norberto Afilio Bianco y Nilda Susana Wherly, dicho magistrado decretó el procesamiento de Videla y lo llamó a prestar declaración indagatoria en los términos del artículo 236 primera parte, del Código de Procedimientos en Materia Penal, Ley 2.372, por la implementación del plan sistemático de sustracción de menores, y dictó su prisión preventiva. También dispuso que la investigación de los hechos atribuidos al matrimonio Bianco-Wherly pasaran a tramitar por otro sumario.

En los considerandos de dicha resolución se expresa entre otras cosas que «a partir del desplazamiento de las autoridades constitucionales y la instalación del gobierno de facto el 24 de marzo de 1976, Jorge Rafael Videla en su calidad de comandante en jefe del Ejército Argentino ordenó un plan sistemático destinado al apoderamiento de menores, en el marco de las actividades de contrainsurgencia realizadas por la fuerza…».

Fue el 15 de junio cuando el juez federal decidió convertir la detención de Videla en prisión preventiva por considerarlo ‘»prima facie» autor mediato penalmente responsable de los delitos de sustracción, ocultación y retención de un menor de diez años (cinco hechos) en concurso real con el delito falsificación ideológica de documento público destinado a acreditar la identidad de las personas (cuatro hechos) en concurso real con el delito de falsificación ideológica de documento público (nueve hechos), concurriendo estos dos últimos en forma ideal con el delito de supresión del estado civil de un menor de diez años (cinco hechos); previstos y reprimdos por los artículos 45, 54, 55, 139, inc.2, 146 y 293, 1er. y 2do. párrafo, del Código Penal».

Si bien Videla pasó sólo un mes en la cárcel de Caseros, dado que por tener más de 70 años se le concedió luego la prisión domiciliaria, lo importante fue que esta medida fue dictada pese a la impunidad que impulsaban las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas en 1986 y 1987, ya que había quedado fuera del alcance de las mismas el delito de apropiación de menores. Esto implicó que las Abuelas de Plaza de Mayo aprovecharan dicha fisura del sistema judicial para continuar con su inclaudicable lucha y lograr la condena de los responsables por la apropiación de sus nietos.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 9 período 1970-1989 y Fasc. N° 10 período 1990-2010
Cuatro Décadas de Historia Argentina (1966-2001) Dobaño – Lewkowicz
Historia La Argentina Contemporánea Polimodal A-Z Pigna-Dino-Mora-Bulacio-Cao

Puerto Madero Transformacion y Renovacion Edilicia Historia

Puerto Madero: Su Transformación y Renovación

En los años  posteriores a la organización nacional, la mayor parte de los puertos y embarcaderos mencionados eran de propiedad privada. Los cambios políticos en las décadas del sesenta y del setenta en el país llevaron al Estado a ocuparse de la construcción de puertos modernos como un objetivo fundamental para el desarrollo de la economía. Para entonces, las transformaciones en la navegación se hacían sentir ya en el Río de la Plata.

Dentro de las embarcaciones a vela, ha perdido importancia la balandra, reemplazada por el paquebote; pero, sobre todo, debe tenerse en cuenta la introducción de la navegación a vapor, alrededor de 1850, de mayor velocidad (aunque inicialmente incapacitada de llevar cargas mayores).

El primero en explotar la posibilidades comerciales del barco a vapor fue el inglés Hopkins, que trasladó sus operaciones del Paraguay a la Confederación en 1850.

Hasta 1870, los buques a vapor eran más pequeños, aunque más rápidos, que los buques a vela, que en la década de 1860 dominaban el paisaje del puerto de Buenos Aires. En adelante, la mayor parte de la carga al exterior sería transportada por buques a vapor, los que ya hacia 1890 dominaban también la navegación fluvial.

Para entonces, la estructura económico-territorial del país estaba relativamente consolidada: había una fuerte primacía del área del Litoral y, dentro de ella, del puerto de Buenos Aires, que combinaba las cabeceras de los ferrocarriles con las instalaciones portuarias en función de la eficacia de la exportación.

Por otro lado, se desplazó definitivamente la idea de crear una red de navegación interior, construyendo canales que articularan las ciudades mediterráneas con la costa y favoreciendo un medio de transporte más económico que el ferrocarril, aunque subsistieron proyectos en este sentido hasta avanzado el siglo XX.

PUERTO MADERO: Las áreas urbanas siempre están en continua transformación lo que demuestra los cambios en el uso del suelo en distintos espacios.  En la ciudad de Buenos Aires encontramos un caso que refleja tal situación: Puerto Madero, actualmente un área con múltiples usos del suelo vinculadas la mayoría de ellos a actividades terciarias; y en el pasado era netamente portuaria.

Como esta área había perdido protagonismo, el gobierno nacional junto con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, proyectaron esta transformación a través de una planificación urbana, con el objetivo de revitalizar el área y establecer una vinculación más precisa entre la ciudad y el Río de la Plata, a través del Puerto.

Durante el siglo XIX, la adecuación del puerto a las necesidades del momento fue mediante la realización de algunas obras, porque las características físicas del lugar no eran las más adecuadas, se trataba de una zona costera baja y pantanosa.

Eduardo Madero, fue quien proyecto la construcción del puerto, emplazada junto al centro histórico de la ciudad y completado en 1899.  Para entonces, las dificultades se seguían presentando en el puerto, por ello se construyeron nuevas obras que dieron lugar a otra área portuaria en 1926; el Puerto Nuevo.

Para  entonces, Puerto Madero retirada de su función original comenzó a ser objeto de numerosos proyectos para desafiar nuevos usos del suelo en el área. Pero el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, recién en 1989 inició las gestiones de conversión, debido a conflictos jurisdiccionales, ya que pertenecían a catorce organismos diferentes del Estado nacional.

En ese mismo año, después de ser firmado el decreto presidencial de recuperación se creó la Corporación Puerto Madero, constituida por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y el Estado Nacional, con un 50% de las tierras pertenecientes a cada uno de ellos (en total de 178 hectáreas).

Su objetivo era llevar a cabo un proyecto de renovación urbana, en este caso el más grande en la historia de la ciudad de Buenos Aires. Así los cuatro diques de Puerto Madero pasan a convertirse en un nuevo barrio porteño, el número 47.

Del cual recibe el nombre oficialmente en 1998, recordando al ingeniero que diseñó y construyó el antiguo puerto de Buenos Aires. Este nuevo barrio está limitado por las avenidas Ingeniero Huergo y Eduardo Madero, las calles Elvira Rawson de Dellepiane y Cecilia Grierson y la actual costanera Sur.

Podría decirse que significa una gran inversión, este plan de urbanización debido a la apertura de calles, veredas, instalación de servicios, parquización y redes cloacales, que debieron realizarse.

Sin embargo, poseen protección patrimonial histórica algunos de los edificios, por lo que sólo puede reciclarse es su interior y deben mantenerse intactas las fachadas externas; un claro ejemplo de esto es lo que se conoce como La Catedral, el cual era un antiguo depósito de granos.

En cambio, si fueron demolidos grandes cantidades de silos, que simbolizaban principios del siglo XX, el modelo económico que empleaba Argentina: el agroexportador o conocido como “granero del mundo”.

Y en su lugar, fueron construidos viviendas, oficinas y edificios con propósitos culturales.

Con una localización privilegia por la cercanía al microcentro y una grandiosa vista al río de la Plata, actualmente Puerto Madero es un barrio en donde los usos predominantes se relacionan con el sector terciario.

Allí se asientan oficinas, cines restaurantes, bares y viviendas tipo Loft.

En los últimos años, esta zona se convirtió en uno de los sectores más exclusivos de la ciudad, creciendo paulatinamente gracias  las inversiones grandes que se realizaron allí.

Es por esto que para Buenos Aires y su actividad económica, se convirtió en un punto de referencia, ya que numerosas se empresas se radicaron en el lugar y es uno de los sitios más concurridos por los turistas del interior y exterior del país.

Sin embargo, lo que caracteriza esta urbanización es el equilibrio existente entre las superficies libres y las construidas, cuestión que hace que el impacto de las obras construidas sean intrascendentes.

Profesora de Geografía: Claudia Nagel

Fuente: Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía Mundial, Editorial Puerto de Palos.  

 

Ver: Primer Ingeniero de Argentina

Historia de la construccion del puerto de Buenos Aires Madero Huergo

Historia de la construcción del puerto de Buenos Aires

En los albores del siglo XIX, desde la indepedencia de las Provincias el Río de la Plata debido a ciertas circunstancias generadas por novedades técnicas, nuevas pautas económicas y ambiciosos programas de progreso, se inició la sostenida preocupación por resolver los problemas del puerto de Buenos Aires. En este proceso, violentas disputas acompañaron los inicios de su realización efectiva.

Las mismas se originaron por la lucha que se entabló entre los técnicos locales, en los primeros pasos de la formación de un campo profesional de la ingeniería, y las decisiones de otorgar a expertos extranjeros las obras de magnitud. Sobre esta base de requerimientos técnicos y corporativos se engarzó la discusión estrictamente política entre grupos antagónicos, aunque con intereses estructurales similares.

En su origen, la historia del puerto de Buenos Aires ligó tres sitios: la costa frente a la ciudad, la boca del Riachuelo y la Ensenada.

Desde mediados del s. XVIII, cuando comienzan a proliferar las propuestas para el puerto, estas tres posibilidades estaban planteadas. La costa de la ciudad no ofrecía posibilidades naturales, pero respondía a la instalación de la trama comercial en la ciudad, en momentos en que no era fácil cubrir largas distancias.

El Riachuelo había sido desde los años de la Conquista un abrigo para naves de pequeño calado, mientras que en la Ensenada invernaban las de mayor tamaño. Las instalaciones que se realizaron fueron modestas, en consonancia con los proyectos, entre los que pueden mencionarse el de Juan Echeverría, en el bajo de las Catalinas (1755), el de Vianes (1761), la serie de proyectos de Rodríguez y Cardoso  (1771), los de Pallares (1784, en la costa frente a la ciudad), los de Cervino (1794, en el bajo de las Catalinas).

Las instalaciones debían contemplar tanto fines comerciales como de defensa de las costas, asoladas por los temporales, y de defensa militar. Solo se realizaron, en el Riachuelo y frente a la ciudad, modestos muelles de madera.

Mucho más interesante resulta el proyecto de Giannini (1804). El ingeniero español articuló el puerto natural del Riachuelo con las necesidades de inmediatez del tráfico de la ciudad de Buenos Aires. Al mismo tiempo, reconocía las condiciones geológicas del suelo bonaerense en forma más ajustada que sus antecesores.

Giannini proponía un canal cuya excavación «dirigida en línea recta, tenga su principio en el recodo que hace el Riachuelo (la vuelta de Rocha) […] desde cuyo sitio […] formará una línea que vendrá paralela a las barrancas, hasta que, pasando por delante del fuerte, busque su desagüe con alguna diagonal». El canal, cerrado con una exclusa, serviría como puerto seguro tanto a los buques comerciales como a las embarcaciones pequeñas, a las cañoneras como a los barcos de pesca.

El puerto de Buenos Aires debía servir, simultáneamente, a propósitos de defensa militar, de comercio, de desembarco de pasajeros, de producción pesquera: un puerto múltiple, según la más corriente clasificación por funciones. Las invasiones inglesas y la revolución dejaron en suspenso la realización de este proyecto.

En 1886 la Capital Federal se vinculó a la red ferroviaria del interior mediante la línea que la ligó a Rosario. Las terminales ferroviarias se fueron instalando en los puntos de la ciudad porteña que históricamente habían sido de centralización del antiguo tráfico de carretas: Plaza Constitución para el sur, Plaza Once para el oeste, Plaza Retiro para el litoral y el norte.

Las estaciones finales conformaban un semicírculo urbano tendido a pocas cuadras del río, es decir, del camino a Europa. Sólo faltaba el puerto, que debía facilitar el tráfico transoceánico: su construcción fue uno de los grandes objetivos, y su ubicación suscitó una de las más enconadas polémicas de la década.

Luis A. HuergoDesde tiempos de Rivadavia los porteños soñaban con el puerto. El método utilizado para desembarcar constituía todo un desprestigio y era comentado con sorpresa por los extranjeros que nos visitaban.

Distintos planes fueron dejándose de lado durante décadas, hasta que, hacia 1880, las posibilidades quedaron definidas y encarnadas en las personas del ingeniero Luis A. Huergo (imagen izq.)  y de Eduardo Madero.

Huergo postulaba la creación de un puerto de aguas profundas a lo largo del Riachuelo, para lo cual insistía no hacían falta grandes inversiones.

En 1881 la legislatura bonaerense votó una partida para dragar el Riachuelo, y ya en 1883 un gran transatlántico, el L’Italia, amarró en las nuevas instalaciones.

Pero hacia 1885 los trabajos de Huergo languidecieron por falta de apoyo político, y finalmente debió renunciar a seguir adelante.

Triunfaba la propuesta de Madero, que tenía mejores conexiones políticas y el apoyo de capitalistas e ingenieros británicos. En marzo de 1886 el Poder Ejecutivo Nacional aprobó sus planos y, en medio de un gran escándalo periodístico y parlamentario, se iniciaron los trabajos del puerto frente mismo a Plaza de Mayo.Madero

En enero de 1889 el vicepresidente Pellegrini que en un principio había apoyado vehementemente a Huergo inauguró la dársena sur de las nuevas instalaciones.

 En 1897 se habilitarían la dársena norte y el canal de acceso.

Cuando el proyecto de Madero estuvo enteramente realizado antes de esto, en realidad resultó que era insuficiente, y en 1907 debieron iniciarse los estudios para construir un «puerto nuevo» que recién habría de terminarse en 1927.

«Transcurrido un siglo dice James R. Scobie en su libro Buenos Aires, del centro a los barrios resulta tentador encontrar motivos más profundos en la controversia entre los proyectos de Huergo y Madero (imagen der.).

Para algunos, Huergo representaba la tradición criolla y el desarrollo nacionalista de la economía argentina.

En Madero podía descubrirse la preocupación de los estadistas e intelectuales de la generación del ochenta, que buscaban la modernización y el progreso de la Argentina sobre la base de capitales y tecnología extranjera.».

De alguna manera, Huergo proponía romper la tendencia predominante en la década del ochenta, mientras que Madero favorecía a los mismos intereses en juego en las redes ferroviarias, a los mayoristas e importadores y a las instituciones de crédito más importantes.

Sea como fuere, a finales de la década del ochenta el anhelado puerto empezaba a funcionar y a su ritmo desaparecían gradualmente los pintorescos resabios del tráfico anterior: las miríadas de pequeñas embarcaciones y carromatos de todo tipo, que antes se ocupaban de desembarcar a pasajeros y mercaderías de los navíos anclados frente a las toscas del río. Ahora, grandes buques amarraban en las dársenas, y las playas de embarque de los ferrocarriles y sus depósitos se encontraban a pocos metros de las bodegas.

Año tras año se multiplicaba el tonelaje de los barcos, y Buenos Aires afirmaba su condición histórica de «boca de expendio» de las crecientes exportaciones. A un paso de la plaza que era el centro político, comercial y financiero de Buenos Aires, el «Puerto Madero» era, además, un símbolo de la irrefrenable vocación centralista de la capital de la República, lugar al que llegaban los frutos de la tierra para ser embarcados y desde donde se repartían por todo el país los productos que venían de ultramar.

Revolución Militar del GOU Derrocamiento Gobierno de Castillo

Revolución Militar del GOU
Derrocamiento del Gobierno de Castillo

La revolución de 1943: El coronel Juan Domingo Perón es, seguramente, uno de los pocos militares que se plantea con lucidez en 1943, qué quiere con ese golpe de estado y qué proyecto tiene para un país que conoce bien. Es Perón mismo quien por esos años (diciembre de 1945) caracteriza con extrema claridad el origen y significado del golpe del 4 de junio:

«… En mi concepto, la revolución del 4 de junio no es una revolución más. . . destinada a cambiar hombre o partidos, sino encaminada a cambiar un sistema. Nuestra revolución comenzó en el Ejército hace ya aproximadamente dos años y medio. Porque nuestro Ejército, como el de todas las naciones modernas, pertenece al pueblo, y por eso había que evitar que la descomposición del pueblo arrastrara al Ejército. .. Antes del 4 de junio y cuando el golpe de Estado era inminente, se buscaba salvar las instituciones con un paliativo o por convenios políticos a los que comúnmente llamamos acomodos.

En nuestro caso, ello pudo evitarse porque habíamos, en previsión de ese peligro, constituido un organismo serio, injustamente difamado, el famoso GOU).

El GOU hizo que se cumpliera el programa de la revolución. Los momentos fueron difíciles. Llegamos, inmediatamente de producido el golpe de estado al primer incidente… Los jefes de la revolución no eran hombres que debieran aparecer en primer plano porque sabíamos —y así convenía que fuera— que en las revoluciones los hombres se imponen desde la segunda fila y no desde la primera, donde invariablemente fracasan y son destituidos. (Referencia directa a la destitución del jefe formal del golpe, general Rawson, quien fue sustituido por el general Ramírez -imagen- el 5 de junio.).

Asi fue que el gobierno se instaló definitivamente el 6 de junio y desde entonces en adelante tuvimos muy en cuenta dos aspectos de nuestro programa: la política internacional y la interna… Se había seguido la política de neutralidad, completamente explicable en este caso, porque nuestra política neutralista tenía una tradición de 50 años. . . nos dimos cuenta de que la política argentina debía ser revisada porque no podríamos resistir la presión del Continente, manteniendo una neutralidad que nos podría llevar mucho más allá de lo sospechable. . . Luego se declaró la guerra.

En cuanto a la política interna… se produjo el despertar de la conciencia colectiva de nuestras masas y fue posible plantear las reformas sociales ya iniciadas, al recoger el anhelo de colaboración y dignificación de esas masas e incorporarlas ordenadamente a la estructura nacional».

Pero al margen de la reacción «moralizante» contra el fraude liberal y su aparato político y de la discusión ligada al neutralísmo-rupturismo en lo internacional, la revolución del 43 tiene una consecuencia inmediata destinada a influir indeleblemente en la política argentina. Perón accede a los resortes formales que le permitirán impulsar los planteos políticos que irán conformando el movimiento nacional. A partir del 29 de noviembre de 1943, junto a la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, se coloca a su frente el entonces coronel Perón.

Con el posterior reemplazo de Ramírez (en 1944) por el general Edelmiro J. Farrell, Perón pasa a ser Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación, reteniendo los tres cargos hasta las jornadas de octubre del 45.

La unificación de los tres cargos le permite, con un manejo indiscutido del poder formal, realizar los primeros pasos para consolidar el futuro movimiento nacional. Pero es sobre todo, en la Secretaría de Trabajo donde Perón juega su papel más importante, estableciendo contacto con los dirigentes sindicales marginados del bloque de dirigentes encuadrados por las directivas comunistas y socialistas, transmitiendo a la nueva clase obrera la imagen de su liderazgo que al poco tiempo es indiscutido, y apoyado en los pasos concretos que da su ministerio en defensa de la clase obrera.

En el campo de la organización sindical, hay un proceso paralelo de crecimiento cuantitativo y cualitativo, que si bien reconoce algunos factores anteriores a la aparición de Perón mismo, tienen su impulso real a partir de la aparición y actuación pública del mismo en 1943 y ya no serán separables de su líder. Ya en 1937, como fruto de la dirección inoperante de la CGT, se constituye la Unión Sindical Argentina, uno de cuyos principales animadores será el futuro secretario general de la GGT peronista, el dirigente telefónico Luis F. Gay; en su declaración de principios enuncia el antagonismo irreductible entre las clases capitalistas y los trabajadores y reconoce que «… Ja emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos».

En todo e período de discusión acerca de la posición argentina frente a la guerra mundial, la USA denuncia el carácter interimperialista de la misma y sostendrá una postura más nacional y neutralista. En tanto, en la otra central obrera cuantitativamente más significativa, la GGT, se manifiestan tendencias encontradas que no llegar a cuestionar los fundamentos y acción de la misma.

De todos modos, en diciembre de 1942 en el segundo Congreso de la CGT la división se torna inevitable, constituyéndose dos direcciones, una encabezada por el gremialista ferroviario José Domenech, y otra por el dirigente del gremio municipal, Francisco Pérez Leirós, ex diputado socialista, quien contaba con el apoyo de los comunistas. Ambas CGT son reconocidas como CGT nº 1 y CGT nº 2 respectivamente; si bien las diferencias entre ambas no son hondas, Perelman  reconoce que la CGT n9 1 tendía a expresar una tendencia más nacional, al punto que los activistas sindicales con planteos clasistas consecuentes encuentran en ella apoyo para organizarse frente a las direcciones amarillas y rompehuelgas instaladas en algunos gremios.

Es el caso de Perelman y otros gremialistas metalúrgicos, quienes frente a la posición que el partido comunista, dirección entonces de la Federación Obrera Metalúrgica, toma ante la huelga de 1942, cqmienzan en el local de ferroviarios las primeras tareas que culminarán en 1944 en la fundación de la Unión Obrera Metalúrgica. En este panorama, en forma lenta pero constante, se irán destacando los dirigentes de origen socialista, anarquista, anarco-sindicalistas, etc., que formarán luego los primeros cuadros sindicales del movimiento peronista: Libertario Ferrari, de la Asociación de Trabajadores del Estado, Gay, de Telefónicos, Borlenghi, de Empleados de Comercio, etc.

SINTESIS

gou peron

Los componentes del peronismo

A partir de los primeros contactos entre los dirigentes sindicales que comprenden que algo nuevo está pasando, y Perón, comienza una acción que redundará en un fortalecimiento constante del aparato sindical con la organización de nuevos gremios y el aumento cuantitativo de los ya existentes. En 1943 la CGT tenía menos de 100.000 afiliados, mientras que en 1945 sobrepasa los 509.000.

En tanto, es lícito preguntarse qué piensa Perón en ese momento del proceso y qué dirección piensa imprimirle al mismo. Su pensamiento se encuentra claramente expresado en el discurso pronunciado en el Colegio Militar en agosto de 1945. En el mismo apunta a definir el programa, objetivos y enemigos de la revolución peronista. Así, en lo económico sostiene una rotunda postura nacionalista: «… defender las riquezas del país de manera que ninguna de ellas pueda ser entregada en un futuro a manos extranjeras»; en lo político, un planteo de plena participación popular en el manejo del poder: «devolver al país la soberanía popular que durante tantos años fue un mito».

A estas postulaciones agrega conceptos que es interesante conocer: «… Si yo entregara el país, me dijo un señor —en otras palabras muy elegantes, naturalmente, pero que en el fondo decían lo mismo—, en una semana sería el hombre más popular de ciertos países extranjeros. Yo le contesté: a ese precio prefiero ser el más oscuro y desconocido de los argentinos, porque no quiero —y disculpen la expresión—, llegar a ser popular en ninguna parte por haber sido un hijo de puta en mi país. . . a! país lo vamos a salvar o nos vamos a hundir con él, pero no lo vamos a entregar.

Esa es la famosa reacción en que verán Uds. que están los señores que han entregado el país. Están los grandes capitalistas, que han hecho negocios vendiendo el país, están los abogados que han servido a empresas extranjeras para escarnecer y vender al país, están algunos señores detrás de ciertos embajadores haciendo causa común con ellos para combatirnos a nosotros que somos los que estamos defendiendo al país; están los diarios pagados, en los que aparecen artículos de fondo, con las mismas palabras enviadas desde una embajada extranjera y frente a una página pagada por la misma embajada. Esos son los diarios que nos combaten. Mucho honor en ser combatidos por esos bandados y traidores.

Esos son los que han organizado la reacción. Afortunadamente no habían entrado en las FFAA, pero ya han entrado en ellas, y tenemos ahora la contrarrevolución en marcha, a la que debemos parar, haciendo lo que sea necesario hacer. Esta es una carta que se juega una sola vez en la vida, pero no debemos olvidar que estamos escribiendo la historia de la Nación. Si hemos guerreado durante veinte años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antepasados y debemos pelear otros veinte años si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semicolonial».

Omitiremos el clima gestado entre la oligarquía y ciertos sectores de la clase media frente al surgimiento del movimiento peronista, y concentraremos nuestro esfuerzo en describir las características y desenvolvimiento del movimiento mismo.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina.

OBRA POLITICA Y MILITAR DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA MILITAR Y POLÍTICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:

Obra militar: Este punto, en cuanto a las expediciones militares que se enviaron a diversas zonas del virreinato, como Paraguay, Banda Oriental, etc. Para integrarlas, se trató de aumentar el número de soldados, procurarles más y mejor armamento y dar a los oficiales instrucción militar adecuada.

Para ello, los indios que habían servido en los batallones de castas fueron incorporados a los de españoles (para demostrarles también que eran todos iguales), además se llamó para servir bajo las armas a los que carecían de ocupación conocida y a los soldados que habían sido dados de baja, siempre que no ejerciesen puestos públicos.

Se proyectó la creación de una fábrica de fusiles y se requisaron las armas de fuego de los particulares, previa indemnización.
A los oficiales se les dictaron conferencias relativas al arte de la guerra, porque muchos dirigían las tropas sin tener los conocimientos necesarios.

Obra judicial — Después del 25 de Mayo, se efectuaron renovaciones en la Audiencia y el Cabildo y se dictaron nuevas ordenanzas. También se trató de simplificar el tratamiento que se daba a los miembros de la Audiencia.

Obra política — Al día siguiente de instalada la Junta, se invitó a todas las autoridades a prestarle juramento. También se enviaron circulares al interior, dando cuenta de los acontecimientos, el 26 lo hizo Cisneros, el 27 la Junta y el 29 el Cabildo.

junta de gobierno de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA CULTURAL EDUCATIVA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA CULTURAL DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra cultural — Para comprender la obra que la Junta realizó en ese sentido, no debemos olvidar que la ambición de Moreno fue educar al pueblo, que sólo así estaría capacitado para comprender y colaborar con las  reformas que, de acuerdo con las “nuevas ideas” de la época, el secretario deseaba implantar.

Para que todos conociesen la obra de gobierno, fue creada «La Gaceta”, desde cuyas páginas quiso instruir al pueblo, sobre todo en cuestiones de derecho, y para que la milicia conociera sus deberes se publicó un catecismo militar.

Los directores de “La Gaceta” fueron: Moreno, deán Funes, Pasos Silva y Monteagudo, Nicolás Herrera (Gazeta Ministerial), Manuel J. García, fray Camilo Henrique, Julián Alvarez, Bernardo Vélez y Manuel Antonio Castro.Como se publicaban pocos números de “La Gaceta”, era leída en el púlpito después de la misa mayor, para que pudiera ser por todos conocida.

Moreno propiciaba la libertad de imprenta y haciendo uso de ella, publicó y prologó en la edición castellana el “Contrato Social” de Rousseau. Cuando dejó el gobierno, este libro fue retirado de circulación, por considerar el Cabildo que su lectura era perjudicial a los jóvenes.

Pero para que el pueblo pudiera comprender las doctrinas que conocía por medio de las publicaciones, era necesario darle las bases de la educación y para ello se abrieron nuevas escuelas. En setiembre de 1810 fue creada la Escuela de Matemáticas, que funcionó en el edificio del Consulado. Estaba destinada a “tratar la ciencia matemática aplicada al arte mortífero (la guerra)” y asistían a ella los oficiales.

Para que todo el que lo quisiera pudiese ilustrarse directamente, Moreno instaló la Biblioteca Pública de la que fue fundador, presidente y protector, creada el 7 de setiembre de 1810. Ya en ocasión de la conjuración de Córdoba, pidió que fuesen remitidos a Buenos Aires los libros que habían pertenecido a los ajusticiados, así como los que fueron propiedad de los jesuitas.

También solicitó una lista de los libros dejados por éstos en el Norte, para seleccionar el mejor material. A todo esto se sumaron las donaciones particulares de libros e instalaciones. Para que funcionara la biblioteca, le proporcionó una casa y se nombró a dos bibliotecarios rentados.

primera junta de 1810

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

OBRA SOCIAL y ECONOMICA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810

OBRA DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO EN 1810:
Obra social, económica y administrativa — En el Plan de Chiclana se especificaba que los cargos públicos serían conferidos a los americanos, para demostrarles que la Revolución no los humillaba, que cada uno debía surgir de acuerdo con sus propios méritos. Algunos cargos se ocuparon por concurso, pero siempre que los funcionarios fueran hombres honestos y capaces.

Se trató de mejorar la condición de los indios con lo que se obtuvo su concurso militar y político; Castelli concedió derecho de sufragar a los del Alto Perú. Se dispuso el levantamiento de un censo, en agosto de 1810.

Moreno trató de promover la inmigración, para que evolucionasen la industria y el comercio, siempre que los extranjeros no pretendieran dominarnos.

Por razones de política, en adelante los españoles no serían designados para ocupar empleos públicos. Se resolvió redactar un nuevo reglamento de comercio de carácter liberal, pero cuidando que beneficiase al país y que en ningún caso lo pusiera en situación de dependencia del extranjero.

Para facilitar el comercio de ultramar, se abrieron los puertos de Maldonado, Río Negro y Ensenada, medidas que fueron calurosamente recibidas.
En varios decretos sobre honores y etiqueta, se puso de manifiesto la tendencia democrática de Moreno; así en nota enviada al Cabildo de Mendoza, ordenaba que en sus relaciones con el teniente de gobernador “deberá (el Cabildo) abstenerse de etiquetas que siempre causan embarazo en el servicio”.

También censuraba a Ortiz de Ocampo “por haberse adjudicado honores y tratamiento de capitán general”. Todos estos no son sino antecedentes de las disposiciones que dió en el decreto de honores el 6 de diciembre.

integrantes de la primera junta de gobierno de 1810

LA DIFÍCIL EVOLUCIÓN POLÍTICA DE 1810 A 1815

La revolución planteó en América la lucha entre liberales y absolutistas que se venía desarrollando en Europa desde tiempos de la Revolución Francesa, una de cuyas derivaciones será la guerra de la Independencia.

El liberalismo impulsaba el establecimiento de un nuevo régimen basado en la soberanía popular y la división de poderes, que garantizase los derechos de los ciudadanos y su participación en el gobierno. Podía adoptar la forma de monarquía constitucional, como Gran Bretaña, o de república, como los Estados Unidos. Una constitución debía organizar las instituciones, garantizar las libertades y la forma de participación de los ciudadanos en el gobierno.

El absolutismo se proponía mantener el antiguo régimen basado en la autoridad suprema del rey, centro de la nación y de quien emanaba todo derecho. Aspiraba a mantener los privilegios de algunos sectores de la sociedad, como la nobleza y el alto clero, evitar las formas de participación del pueblo y las garantías constitucionales. Concebían América como una colonia al servicio de la metrópoli. Entre 1810 y 1815 la revolución pasó por una etapa de inestabilidad y búsqueda de nuevas formas institucionales que asegurasen el paso del antiguo régimen al nuevo: juntas, triunvirato y directorio.

Los criollos que asumieron el poder carecían de experiencia en los asuntos de gobierno. La situación fue más difícil porque surgieron serias disidencias dentro del partido revolucionario: algunos se manifestaron partidarios de un sistema fuertemente centralizado en la capital, mientras otros sostenían los derechos de los pueblos a participar en las decisiones de gobierno.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
La Argentina Una Historia Para Pensar 1776-1996 Rins-Winter

Nacionalizacion de Empresas Privadas de Servicios Publicos Con Peron

Nacionalizacion de Empresas Privadas de Servicios Públicos Con Juan D. Perón

JUAN DOMINGO PERÓN: Juan Domingo Perón (1895-1974) nació en Lobos, en la provincia de Buenos Aires. El 7 de junio de 1944, siendo ya coronel, fue designado por Farrell para ocupar el cargo de vicepresidente, que había quedado vacante al asumir aquél la presidencia ante la renuncia de Ramírez. Conservó además su cargo en el Ministerio de Guerra y en la Secretaría de Trabajo y Previsión, que había creado.

El 9 de octubre de 1945 fue obligado a dimitir. Se lo arrestó y condujo detenido a la isla Martín García. El 17 de octubre obtuvo su libertad debido a una multitudinaria manifestación de apoyo organizada por María Eva Duarte (1918-1951), su segunda esposa, conocida como «Evita» por la masa trabajadora.

Las actividades preelectorales a los comicios, convocados para el 24 de febrero de 1946, desembocaron en la formación de la Unión Democrática, conformada por la Unión Cívica Radical y los partidos Demócrata Progresista, Demócrata Nacional, Socialista y Comunista, que proclamó la fórmula José P. Tamborini-Enrique Mosca; y la unión de dos nuevas agrupaciones, la Junta Reorganizadora de la Unión Cívica Radical y el Partido Laborista, que sostuvieron la candidatura Perón-J. Hortensio Quijano.

Los comicios se realizaron en la fecha prevista, 24 de febrero, y fueron garantizados por las Fuerzas Armadas. El escrutinio fue favorable a Perón-Quijano, que asumieron el 4 de junio de 1946.
El triunfo de la fórmula Perón-Quijano se obtuvo por poco margen, pero el peronismo ganó la mayoría en Diputados y en el Senado y en todas las provincias, menos Corrientes, que luego fue intervenida.

Al gabinete se incorporaron nuevos ministerios: de Industria y Comercio, de Aeronáutica, de Defensa, de Trabajo y Previsión Social, de Salud Pública, de Asuntos Políticos, de Asuntos Técnicos, de Educación, de Economía y de Transporte.
En el mes de mayo de 1947 se realizó el IV Censo Nacional, que computó poco más de 16 millones de habitantes, con un crecimiento anual promedio de 240.000 personas.

El censo de 1914 había arrojado una cifra de 7.900.000 habitantes. El 8 de setiembre de 1948 se sancionó la ley del voto femenino. Con ella las mujeres obtuvieron los mismos derechos y obligaciones políticas que los hombres, rigiéndoles la misma ley electoral. Se les entregó como documento de identidad la libreta cívica.

Se crearon nuevos organismos, dependientes del Ministerio de Economía y Finanzas, que se ocuparon de todo lo referente a la comercialización de las cosechas, al ordenamiento de las importaciones, a la fijación de los precios internacionales y a las atribuciones correspondientes al Banco Central de la República Argentina.

En ese año se repatrió la deuda externa y se adquirieron grandes empresas, como las de teléfonos, gas y ferrocarriles, pero no hubo mayormente inversión en nuevos bienes ni creación de riqueza, lo que motivó, según muchos, la progresiva descapitalización del agro en beneficio de la incipiente industrialización urbana.

Respecto a la nacionalización de empresas, Gustavo Gabriel Levene, escribe en su libro «Breve Historia de la Argentina»:

Se esbozó, sí, una planificación económica c industrial que comprendía el aprovechamiento de la energía hidroeléctrica, la explotación de los yacimientos carboníferos, etc., y sobre todo, se usó la palabra mágica: «Nacionalizar». Es decir, se trataba de adquirir para el país empresas que prestaban servicios fundamentales y pertenecían a capitales extranjeros. Tan anhelosos estaban los sectores populares de terminar con la condición de nación semi-colonial. que nacionalizarlos ferrocarriles, los teléfonos, la deuda pública, etc. parecieron medidas acertadas; cuando en 1947 se compraron los ferrocarriles ingleses, hasta se consideró pueril averiguar las cifras exactas pagadas en la operación. ¡Tan magnífico se juzgó el negocio!. Pero siguiendo la costumbre, como en los mejores tiempos de la oligarquía, el gran negocio lo hicieron los ingleses.

Valuados por la Dirección Nacional de Transportes en 730 millones de pesos, fueron comprados por 2.482.500.000, es decir en una cantidad casi tres veces y media superior a la de su tasación. Y que el precio abonado excedía los más optimistas cálculos de los propios vendedores ingleses lo demuestra el hecho de que el 12 de febrero de 1947 al cierre de la Bolsa de Londres, las acciones y títulos ferroviarios de la Argentina se cotizaban a un total de 121 millones de libras esterlinas: ¡El gobierno de Perón pagaba al día siguiente en Buenos Aires 150 millones de libras esterlinas! 

Después de adquirir los ferrocarriles (medida que se tomó sin calcular las reservas de repuestos necesarios), se careció de una política ferroviaria que diera al transporte una orientación distinta de la que había inspirado a las empresas particulares. Se aumentaron eso sí los cargos y los sueldos con lo cual se desmejoró el servicio y consiguientemente se desprestigió al Estado como administrador.

¡Un gobierno de origen popular que llevaba al fracaso las soluciones populares! Y lo de los ferrocarriles se repitió en otros planos: la comercialización de la cosecha, la importación de automotores, el presunto descubrimiento de un científico alemán que «enseñaría al mundo un novedoso método para el aprovechamiento de la energía atómica», todo iba a resultar un bluff. El plan siderúrgico del general Savio, carente de apoyo oficial, quedó detenido.

Y mientras se vaciaban las arcas de la nación dilapidando sus divisas en los más increíbles negociados, un solo nombre, un solo retrato, un solo orador; una sola voluntad desataba un mesianismo que escamoteaba la pública discusión de los problemas importantes…

Fuentes Consultadas:
Fasciculo N°60 Historia Argentina Editorial Océano  – «El Gobierno de Perón»
Breve Historia de la Argentina Gustavo Gabriel Lavene

Mensaje de Peron a la Juventud desde España

Mensaje de Perón a la Juventud Militante

BIOGRAFÍA: Juan Perón llegó al poder cuando participó del golpe de Estado de 1943, y asumió la Secretaría de Trabajo y Previsión y luego, la vicepresi-dencia (1944). La sanción de leyes laborales progresistas le facilitó el control del movimiento sindical, la columna vertebral de su poder y el destinatario de su doctrina política: el justicialismo.
Elegido presidente en 1946, implantó el sufragio femenino, fomentó la industria, y nacionalizó los ferrocarriles, los teléfonos y el comercio exterior. En la labor social de su gobierno colaboró su esposa María Eva Duarte hasta su muerte (1952).

Reformó la Constitución (1949), abriendo paso a su reelección (1951). Sus medidas que controlaron la inflación fueron impopulares yperon los conflictos entre el Gobierno y la Iglesia católica al abolir la obligatoriedad déla enseñanza religiosa y por la ley de divorcio, influyeron en miembros del Ejército. Esto, más el sesgo autoritario de su gobierno, generó el golpe de Estado que lo destituiría (1955). Exiliado continuó dirigiendo el Partido Justicialista proscripto, y se casó con María Estela Martínez.

Perón regresó (1972), fue elegido presidente (1973), pero debido a una grave enfermedad, el poder quedó delegado en María Estela, la vicepresidente (1974), quien asumió la presidencia tras su muerte.No intentamos de ninguna manera, sustituir un hombre por otro; sino un sistema por otro sistema. No buscamos el triunfo de un hombre u de otro, sino el triunfo de una clase mayoritaria, y que conforma el pueblo argentino:

La clase trabajadora. Y porque buscamos el poder, para esa clase mayoritaria, es que debemos prevenirnos contra el posible «espíritu revolucionario» de la burguesía. Para la burguesía, la toma del poder significa el fin de su revolución. Para el proletariado —la clase trabajadora toda del país— la toma del poder es el principio de esta revolución que anhelamos, para el cambio total de las viejas y caducas estructuras demo-liberales.

Mensaje a la juventud de Perón desde el Exilio en España

La Juventud debe en forma definitiva terminar por organizarse y para ello debe tener en cuenta lo siguiente:

1) Trazarse una justa línea política, a través de una organización unitaria de conducción centralizada, que desarrolle un programa político donde se contemplen las necesidades de la masa. Hay que estudiar aceleradamente sobre la realidad, los problemas —éxitos y fracasos—; del análisis surgirá sin duda la justa línea política.

2) Desarrollar una clara actitud: antiimperialista, anticapitalista y antioligárquica y feudal latifundista.

3) Tener íntima relación con la masa —la táctica y la estrategia deben confundirse con la masa—, no olvidar jamás que los combatientes provienen de la masa y que sin el apoyo de la masa, es imposible la labor revolucionaria.

4) Hay que trabajar con los elementos activos —elevar a los medianos y ayudar a los atrasados—. Ello incrementa las fuerzas revolucionarias y posibilita tener un verdadero apoyo de base.

5) Evitar los errores llamados «de izquierda» o «de derecha». Es un error «de izquierda», cuando se realiza una crítica aguda, sin haberse realizado antes un análisis, y sin tener los fundamentos de esa crítica. Es un error «de derecha», cuando no se quiere ver el error y cuando finalmente se lo ve, no se lo critica. NO puede haber coexistencia con los errores. La crítica debe ser seria y fundada. Al equivocado se le debe permitir reivindicarse. Para ello deben implantar la crítica y la autocrítica.

6) Las bases juveniles deben expresar sus opiniones. La dirección debe centralizarlas y luego de estudiadas deben volver al seno de la masa juvenil. De esta forma se establece realmente un método democrático y pueden ser establecidos y mantenidos los principios, fundamentales de Unidad y Disciplina. Los cuadros de la organización deben someterse de mayor a menor y, siempre debe aplicarse lo resuelto por la mayoría… [ . . . ] Si realmente trabajamos por la Liberación de la Patria, si realmente comprendemos la enorme responsabilidad que ya pesa sobre nuestra juventud debemos insistir en todo lo señalado.

Es fundamental que nuestros jóvenes comprendan, que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político. La Patria, espera de todos ustedes la postura seria, firme y sin claudicación. Un gran abrazo,

Juan Perón Madrid, 20 de octubre de 1965.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

Exilio de Perón La Resitencia Peronista en Argentina Rucci-Lanusse

Exilio de Perón- La Resitencia Peronista en Argentina
Rucci-Lanusse

Así, sin aparatosidad, se comienza por detener a los dirigentes obreros y políticos peronistas visualizados como más peligrosos para el nuevo régimen, y por separar del Ejército a los oficiales que se supone adictos a Perón. Sin embargo, basados en promesas globales, los dirigentes sindicales procuran no romper el statu-quo establecido con el gobierno. Este juego de expectativas dura hasta que las fuerzas antiperonistas consolidan un plan de destrucción de la CGT.peron

A fines de octubre se lanza el decreto de caducidad de autoridades de la central obrera y se nombran veedores que controlarían en todos los sindicatos un «proceso electoral libre».

Frente al ataque directo al aparato sindical, Andrés Framini, dirigente textil y Luis Natalini, de Luz y Fuerza, a cargo del secretariado de la CGT, llaman a la primer huelga contra la dictadura. La huelga del 2 de noviembre tiene consecuencias inmediatas: la negociación directa entre el régimen y estos dirigentes, donde se logran algunos puntos de acuerdo.

De inmediato Natalini y Framini empiezan a movilizarse para levantar el paro; pese a esto en numerosos sectores la huelga continúa, rebasando una vez más la base peronista a los dirigentes acuerdistas. Este antecedente de la caída de Lonardi y su sustitución en la presidencia por Pedro Eugenio Aramburu es el prólogo a la intervención militar de la CGT el 16 de noviembre de 1955.

Allí se inicia un proceso de clausura de sindicatos y centros políticos peronistas, detenciones masivas y despido de miles de delegados sindicales. Comienza a estructurarse de aquí en más un proceso de «resistencia» al régimen que adquirirá todas las formas posibles: terrorismo, sindicatos clandestinos, guerrilla, negociación, revoluciones cívico-militares, etc. El panorama represivo se acentúa en pocos meses y culmina con los tristemente célebres fusilamientos del 9 de junio de 1956 en que se reprime sangrientamente el intento revolucionario del general Valle y núcleos cívico-militares peronistas.

Hay una síntesis necesaria para el período que va desde 1955 hasta nuestros días: el régimen varía su táctica hacia el movimiento peronista alternando entre los esfuerzos por integrarlo al sistema (lonardismo, frondicismolanussismo) y las conductas claramente represivas (Aramburu, Guido, Onganía, etc.). Frente a estas tácticas del sistema afloran las propias contradicciones internas del movimiento peronista, encarnadas en los sectores que siguen expresando los intereses encontrados de la burguesía y pequeña burguesía y tos de la clase obrera. Estos intereses contradictorios que se expresan en tácticas políticas antagónicas reconocen la caracterización siguiente.

En primer término, puede reconocerse una expresión conciliacionista dentro del movimiento que representa los intereses directos de la burguesía. Este sector, que pugna permanente mente por conciliar los planteos del peronismo para finalmente integrarlo —domesticado— al juego del régimen, se vehiculiza a través de distintas tácticas no divorciadas entre si: el golpismo, que recluta sus adherentes en grupos de sindicalistas, dirigentes políticos y viejos sectores militares expulsados de las Fuerzas Armadas en el 55.

En conjunto especulan con algún golpe militar promovido por los sectores nacionalistas o desarrollistas del ejército para negociar con ellos un nuevo pacto dentro del juego del sistema, de modo que les permita participar sin trabas de los resortes del poder formal.

lanusseEsta postura de ningún modo está divorciada de un segundo sector que representa la tradición negociadora de la burocracia sindical del movimiento, que en sus distintas variantes está enquistado en los órganos formales de dirección obrera, y que con frecuencia se suma a la estrategia integracionista.

Este sector mayoritario de dirigentes sindicales juega distintas variantes simultáneas que alterna en coyunturas que estima favorables (apoyo vacilante a Illia, aplauso a la dictadura de Onganía, expectativa favorable frente a Lanusse, etc.) confiando en salidas a corto plazo —por elecciones o por golpe— que permitan mantener las posiciones, manipular la agitación de las bases y coparticipar en la estructura de poder jugando el papel de oposición.

Las diferencias existentes entre un electoratista, un participacionista o un golpista son variantes de este fin último. Por último la expresión electoralista que se hace presente a través de los viejos dirigentes del movimiento —la burocracia política— que carecen de toda base de sustentación propia y que pugna permanentemente por integrar al peronismo «institucionalizando» al movimiento. Posiblemente este sector es, dentro del conciliacionismo peronista, el más débil y también el políticamente más cercano a la concepción demo-liberal.

Junto a esta expresión de lo que hemos llamado el «conciliacionismo peronista» se encuentran una serie de sectores que implican tácticas variadas y que se reconoce como el «peronismo ortodoxo» o «combativo». Los planteos de estos sectores se nutren permanentemente de la oposición y crítica al conciliacionismo. Aunque sus planteos llevan a la verbalización de posturas «duras» frente al sistema al que cuestionan y a adoptar siempre en el plano de lo verbal, posturas socialistas, su accionar está muchas veces asociado a los planteos del conciliacionismo cuyos marcos no consigue superar. En alguna medida, para muchos de los dirigentes «ortodoxos» el paso por esta expresión representa un escalón hacia la posterior integración en el conciliacionismo.

El «combativismo» representa a grupos de la pequeña burguesía —grupos juveniles, estudiantiles— listas opositoras al conciliacionismo en los grandes sindicatos y dirigentes de organizaciones sindicales pequeñas.
Sus postulaciones, oscilantes según la coyuntura, pasan por las posiciones más contradictorias: la asunción verbal de la lucha armada contra el sistema; la adhesión al golpe nacional; la insurrección popular, el trabajo de organización sindical, etc.

De la experiencia de triunfos parciales y derrotas dolorosas, de la resistencia armada a la dictadura de 1955, de las enseñanzas de la lucha en otros países latinoamericanos y fundamentalmente de la comprensión de que sin la organización de la clase obrera peronista para la toma del poder no hay salida en el enfrentamiento con el sistema, se perfila un sector que intenta definir una política diferenciada que permita superar la debilidad de los representantes de la burguesía y pequeña burguesía del movimiento.

Este sector, que abarca desde la guerrilla peronista hasta los sectores de activistas políticos y sindicales de base, surgidos de la experiencia concreta de la clase trabajadora, significan una propuesta de profundización revolucionaria nueva para el movimiento, en tanto postulan —a veces con distintas tácticas— una alternativa política revolucionaria.

Esta opción se traduce en la práctica que estos grupos se proponen, marginándose del juego del sistema dentro del movimiento, oponiéndose frontalmente al conciliacionismo y planteándose la creación de estructuras de lucha propias de la clase obrera.

En una declaración aparecida a fines de 1971 en que define su planteo una de las organizaciones guerrilleras peronistas «, afirma al respecto: «…la complicidad criminal de los traidores de nuestro Movimiento con el proyecto imperialista no es casual ni nos sorprende.

rucci miguelEl forcejeo de Paladino o del que venga, en la mesa donde se cocina el fraude, la competencia entre Miguel y Rucci para jugar el aparato sindical, ya sea tras la consolidación del Gran Acuerdo Nacional o un golpe desarrollista de recambio, las trenzas de Jorge Antonio para inventar militares peruanos que nos vengan a salvar, no obedecen, como algunos chantas nos quieren hacer creer, a la diversidad táctica que debe tener el pueblo peronista frente al régimen.

Son, en cambio, la expresión consecuente en el Movimiento de la política y la ideología de las clases dominantes. «Esta vez, como a lo largo de toda nuestra experiencia, intentan cercar a Perón para integrar a la clase obrera en el sistema. Unos y otros ven frustradas sus esperanzas porque, en la resistencia de Perón a jugar al Movimiento detrás del acuerdo o la conspiración, está la presencia viva y combativa de la clase obrera peronista. . .

«Poco a poco empezamos a construir nuevas herramientas, rescatando de la experiencia del Movimiento lo que nos pertenecía sólo a nosotros: El heroísmo de la Resistencia, las jornadas del frigorífico Lisandro de la Torre, la decisión de los Uturuncos, el intento organizativo de Movimiento Revolucionario Peronista en el 64, la creación de la CGT de los Argentinos, la convicción revolucionaria que nos llevó a Taco Rato. Y estuvimos en las calles de Córdoba y Rosario, una y otra vez, levantando barricadas, haciendo retroceder a la policía, obligando a salir al Ejército, pero también viendo caer a los nuestros desarmados».

«Fueron años de aprendizaje. Leales a Perón, nos vimos cara a cara con el enemigo, comprendiendo que para superar las contradicciones internas del Movimiento, para dejar de ser usados ante el régimen por los burócratas, los traidores, los reformistas, debíamos darle armas a nuestra bronca, organización a nuestro coraje, estrategia a nuestra confianza. Debíamos desarrollar y profundizar nuestro proceso revolucionario» [. . .] «Hoy, frente al proyecto del imperialismo, frente a la política de la dictadura militar, no nos confunde la cínica sonrisa de Lanusse, no nos intimida el terror de los generales del imperialismo y menos nos van a frenar las maniobras de los Paladino, los Rucci, los Miguel o los Jorge Antonio» [. . .]

El objetivo de estas nuevas agrupaciones, centrado en la estrategia de ia guerra popular, es la unión de las agrupaciones de base con las organizaciones político-militares «que nos permita ir desgastando, debilitando al enemigo, al tiempo que irnos fortaleciendo al desarrollar conjuntamente la alternativa independiente de nuestra clase y el pueblo peronista, plenamente conscientes que sólo con nuestras armas y sobre nuestros hombros —los de los trabajadores— irá naciendo, iremos construyendo el Ejército del Pueblo como única garantía para desarrollar consecuentemente el proceso de liberación que culmine con la construcción de una patria justa, libre y soberana, una patria socialista».

El papel de Perón en torno a esta contradicción y al sistema, es claro; con su accionar uniendo a los sectores del movimiento permanentemente en torno a su política, imprime al mismo una orientación antiimperialista mientras mantiene un jaqueo constante al sistema que impide, junto a las condiciones objetivas de la estructura capitalista dependiente de la Argentina, en última instancia, que el mismo se estabilice integrando a la clase obrera peronista.

Esta política que refleja los antagonismos del movimiento, evidentemente tenderá a ser cada ve: más pronunciada, pasando del jaqueo a la destrucción del sistema, en tanto la clase obrera geste las organizaciones que permitan a Perón enfrentarlo en una batalla final. La historia de estos últimos años parece confirmar una marcha ascendente en este sentido.

Fuente Consultada:
Transformaciones, Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX – Tomo N° 4 –  Los Estudiantes
Centro Editor de América Latina

Nacionalizacion de Aerolineas Argentinas Gobierno de Juan Peron

Nacionalizacion de Aerolineas Argentinas Por Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión. Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

Aerolíneas Argentinas

Desde 1929 funcionaba en el país una sola empresa aérea de transportes: Aeroposta Argentina, que inició sus vuelos con aviones franceses Late 25. En 1933, por medio de un apoyo oficial, se incorporaron nuevos aparatos que ampliaron el pasaje de cuatro a ocho pasajeros por vuelo. Cuatro años después esta compañía adquirió aviones Junkers, de fabricación alemana, con mayor potencia y capacidad para 17 personas, lo que permitió aumentar los servicios y reducir el tiempo de vuelo.

Pero el esfuerzo que significaba sostener y ampliar estos servicios obligó a convertir a la empresa en una sociedad mixta con participación estatal, lo que se formalizó en 1945. También en ese año el gobierno dispuso crear otras tres empresas mixtas de transporte comercial y se constituyeron así la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA), para la explotación de rutas internacionales la Sociedad Mixta Zonas Oeste y Norte de Aerolíneas (ZONDA), que vinculaba a Buenos Aires con el interior del país, y la Sociedad Mixta de Aviación del Litoral Fluvial Argentino (ALFA), cuyas líneas conectaban con la Mesopotamia, Asunción del Paraguay y Montevideo.

Aerolíneas Argentinas fundada por Perón

La más importante, FAMA, aprovechó la asunción del nuevo presidente, el 4 de junio de 1946, para inaugurar sus servicios regulares a Europa y Santiago de Chile. Cuatro meses después agregó Río de Janeiro. Pero los déficit aumentaban y el gobierno resolvió unificar todas las empresas; mediante un decreto, el 3 de mayo de 1949 se incorporó al patrimonio nacional a las cuatro compañías. “El 51 por ciento del capital era del Estado y el resto de empresas privadas.

Pero el sector privado no aportó las sumas que le correspondían para reducir el déficit y llegó un momento en que la deuda superaba al capital aportado. Entonces resolvimos crear una sola empresa estatal y fundamos Aerolíneas Argentinas, en marzo de 1950”, recordaría el entonces ministro de Transportes, coronel Juan F. Castro. La nueva empresa monopolizó el cabotaje interno y recibió como sedes el edificio de la Oficina de Ajustes, que utilizaban los ferrocarriles, en Leandro N. Alem y Alsina, y el Palacio del Viajero, en Perú 22. “Los cuatro talleres que había se centralizaron en uno solo: Ezeiza. Apenas creada Aerolíneas inauguramos los servicios regulares a Nueva York. La base de la flota eran 36 aviones Douglas DC-3, y para los vuelos a Europa y Estados Unidos se utilizaban los flamantes DC-4. La flotilla de hidroaviones Sandringhan sirvió para atender los servicios al Litoral”, explicó Castro.

El ingeniero Maggi, su sucesor en el ministerio, exaltó, a su vez, la construcción del aeropuerto Ministro Pistarini como “una obra perdurable” y enumeró la ampliación y perfeccionamiento de las viejas pistas de tierra del interior del país: “Se hicieron nuevos aeropuertos -dijo- en Río Cuarto, Río Gallegos, Río Turbio, Ushuaia, Comodoro Rivadavia y Comandante Espora».

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

La Flota Mercante en el Gobierno de Juan Peron

La Flota Mercante en el Gobierno de Juan Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

Presidente Juan Domingo Perón

La flota mercante

En agosto de 1941 el gobierno de Ramón S. Castillo resolvió comprar los 16 barcos italianos bloqueados en puertos argentinos por los aliados y creó así la Flota Mercante del Estado. Se trataba de buques obsoletos, pero que en ese momento representaban 136 mil toneladas de porte bruto que servirían para movilizar el comercio exterior. Perón decidió en 1946 modernizar aquella flota y encargó a Génova la construcción de tres motonaves para cubrir la línea de carga y pasaje con el puerto de Nueva York. Esos buques fueron bautizados con los nombres de “Río de la Plata”, “Río Jachal” y “Río Tunuyán”.

Pero su principal operación para ampliar la flota consistió en adquirir los barcos de la Compañía Argentina de Navegación Dodero S.A. Los orígenes de esa empresa se remontaban a 1897, cuando un inmigrante yugoslavo, Nicolás Milianovich, inició sus actividades como botero durante el aprovisionamiento de las tropas que peleaban en la guerra con el Paraguay. Cuando Mihanovich acumulé dinero suficiente para comprar los primeros remolcadores y balleneros, admitió el ingreso de capitalistas ingleses y amplié su negocio. En 1931 contaba con 324 unidades y en noviembre de 1942 vendió todos sus barcos a los hermanos Alberto, Nicolás y José Dodero. Estos, a su vez, incorporaron 25 buques de ultramar que los Estados Unidos vendían a bajo precio al término de la guerra y que se habían producido en serie durante las operaciones bélicas en el Pacífico. Los Dodero reorganizaron su negocio y crearon dos empresas: Río de la Plata 5. A. de Navegación de Ultramar y Compañía de Navegación Fluvial S. A. En realidad, la primera de ellas se estructuró como un holding, teniendo en su poder las acciones de las otras dos.

Barco de la flota peronista

«Barco Presidente Perón» un barco suntuoso moderno de la flota mercante durante el gobierno de Juan perón

Las primeras negociaciones de Alberto Dodero con el gobierno peronista dan cuenta de una ayuda oficial para enjugar el déficit de su empresa (que se estimaba en 200 mil pesos diarios) y que consistió en obtener el monopolio del transporte de 30 mil inmigrantes, a razón de 600 pesos cada uno. Pero eso no alcanzó para restaurar la situación financiera y Dodero se decidió a poner en venta su empresa naviera. El primer interesado fue el gobierno y la operación se consumó en mayo de 1949 mediante un decreto que declaro “servicios públicos, esenciales a la independencia económica nacional, los prestados por la Compañía Dodero”. El IAPI quedó facultado para formalizar la compra de las acciones por un total de 164 millones de pesos, aunque el costo de la operación se estimé en 100 millones más, debitados en el pasivo de la empresa.

La oposición parlamentaria aprovechó para formular un pedido de informes, que presentó el diputado Silvano Santander a principios de junio. Más de 20 horas deliberaron los legisladores en el recinto, con la presencia de los ministros Cereijo, Paz, Gómez Morales, Ares y Castro. El peso de la defensa recayó en Cereijo, quien se enorgulleció “por estar vinculado a esta limpia operación que cumple una nueva etapa en la obtención progresiva de los servicios públicos en manos del Estado”. Las interrupciones de Santander reclamando cifras al ministro fueron interceptadas por José Emilio Visca: “j,No prefiere que le traigamos la Gula Kraft, señor diputado? “. Abarrotado de expedientes, Cereijo comenzó a detallar el inventario del edificio de Corrientes y Reconquista y con ironía abundé en explicaciones sobre. el reloj de su cúspide y la amplia capacidad de los ascensores.

— ¡Queremos saber cuAnto mide la cabeza del ascensorista! —troné fastidiado Atilio Cattáneo.

—Esta payasada es un insulto a la Cámara —reproché Oscar López Serrot, también radical.

—Lá minoría pidió la interpelación, y no me va a enseñar cómo debo contestarla —se defendió Cereijo.

—Termine de una vez, que a usted ya no lo aguantan ni en Rácing —le espeté Luis Dellepiane.

Tras dos cuartos intermedios, uno pedido por Visca “para que descanse el orador” y otro por Dellepiane “para que descanse el auditorio”, la Cámara escuché a Santander: “El gobierno ha sido complaciente y generoso con el holding Dodero, cuyos integrantes son también directores de la CADE. El país ha comprado una empresa en bancarrota”. La operación se aprobó lo mismo y, mientras se levantaba la sesión, un diputado gritó desde su banca: “El informe del ministro ha sido el del sindico de un quebranto”. El grupo Dodero quedé en manos del IAPI hasta que pasé al Ministerio de Transportes, en 1951, y de la fusión de la Compañía Argentina de Navegación Dodero y Río de la Plata 5. A. surgió la empresa estatal Flota Argentina de Navegación de Ultramar (FANU). Sobre la base de la Compañía de Navegación Fluvial S. A. se creó la Flota Argentina de Navegación Fluvial.

La prensa clandestina denunció que Alberto Dodero “gestionó la compra de su flota halagando a la pareja presidencial” y que Dodero había costeado primero el viaje de Evita a Europa, en junio de 1947, y luego de la operación le obsequió su residencia de Gelly y Obes 2287, un paraíso arquitectónico de 8 pisos con una piscina aérea bordeada de jardines. Así lo denunciaron el semanario socialista La Vanguardia (30-XI-48) y el boletín radical Orcora (1-1 1-50).

Pero esos dardos no inmutaron a los altos funcionarios, que estaban dispuestos a organizar el transporte marítimo y fluvial. “La flota argentina llegó a un millón 200 mil toneladas de desplazamiento —dice Maggi, quien en 1951 sucedió a Castro en el Ministerio de Transportes— y creamos la flota de empuje, con remolcadores norteamericanos, iguales a los que se usan en el Misisipí, que pueden movilizar un tren de doce barcazas cada uno. La importancia de nuestra flota se comprobó cuando logramos copar el comercio con Brasil: más del 75 por ciento de ese comercio costero se hacía con barcos argentinos.” Argentina había adquirido en Gran Bretaña tres buques de carga, por medio del IAPI, a los que bautizó “Presidente Perón”, “Eva Perón” y “17 de Octubre”.

Holanda construyó para la Compañía Dodero (que siguió funcionando como empresa privada, aunque sus acciones pertenecían al Estado) tres barcos de pasajeros, a los que se resolvió denominar “Yapeyú”, “Maipú” y “San Lorenzo”. Este último debió llamarse, en cambio, “Alberto Dodero”. La muerte del empresario, quien había manifestado públicamente su “amistad y lealtad a Perón”, obligó a cambiar el nombre de aquel barco antes de botarlo.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

Política Energetica en el Gobierno de Peron Carbon de Rio Turbio

Política Energetica en el Gobierno de Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

Juan perón

La Política energética del Gobierno de Juan Perón

Toda esa política de nacionalización de servicios públicos excluyó a la única empresa en situación próspera, la CADE, cuyos intereses fueron respetados. Perón había entrado en negociaciones con la CADE en 1944, cuando esta empresa la encomendé “persuadir al Presidente Farrell para que desistiera de nacionalizar los servicios eléctricos”. (Farrell quería celebrar el primer aniversario del golpe militar de 1943 firmando un decreto que resolvía “recuperar para el Estado los bienes mal habidos por la CADE”.)

Después se supo que Perón había pactado con el gerente general de la CADE —quien vivía en el mismo edificio que él, en Posadas 1567, unos pisos más arriba— el apoyo económico para su campaña electoral, a cambio del secuestro de los originales del famoso Informe Rodríguez Conde (en el que se documentaban los sobornos de la empresa para obtener en 1936 la prórroga de las concesiones eléctricas de parte del Concejo Deliberante). El Informe no fue publicado hasta después del derrocamiento de Perón, en 1956, y la CADE desarrollé su actividad sin problemas hasta esa fecha.

Manteniendo intacta la explotación privada del servicio eléctrico, el gobierno peronista prefirió, en cambio, lanzarse a una movilización de fuentes naturales de energía, que hasta ese momento permanecían desaprovechadas.

Desde el primero de enero de 1946 había quedado estructurado el mecanismo de la Dirección Nacional de Energía, dando nacimiento a cuatro entidades: Gas del Estado, Combustibles Sólidos y Minerales; Centrales Eléctricas del Estado y Combustibles Vegetales y Derivados. Cada una ostentaba una dirección general, similar a la de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (de donde se habían desprendido las dos primeras), y todas, incluyendo a esta última, pasaron a depender del ente central creado a fines de octubre de 1943, a los cinco meses del estallido militar.

Aquella Dirección Nacional de Energía había sido confiada al coronel Bartolomé Descalzo, quien retuvo el cargo al asumir Perón y confirmó en sus puestos a los ingenieros Julio V. Canessa (en Gas del Estado) y Juan Eugenio Maggi (en Centrales Eléctricas). Mientras Canessa libraba su batalla para construir el gasoducto Comodoro Rivadavia-Buenos Aires, Maggi emprendía el estudio de un vasto plan de realizaciones para incorporarlas al programa de gobierno que José Figuerola preparaba desde su Secretaría de Asuntos Técnicos. Maggi, que había sido inspector general de explotación técnica en la Comisión del Control del Transporte hasta el 4 de junio de 1943, fue nombrado luego ministro de Obras Públicas y Riego, en Mendoza.

“Es falso que hayamos asaltado los cargos, como se dijo. Yo ocupaba un puesto de alta jerarquía antes del 43 y ganaba tanto como un ministro: 1.200 pesos por mes”, explicó al autor de este trabajo. Pero su adhesión al peronismo tenía otra explicación: “En mi casa siempre se habló de política; yo fui afiliado radical desde 1920 y me incorporé a FORJA porque soy nacionalista. En un congreso de ingenieros efectuado en Córdoba, en 1942, con varios colegas logramos que se aprobaran algunas ponencias sobre nacionalización de servicios públicos y fomento de la industria siderúrgica. Estábamos hartos de seguir atados a un imperialismo decadente como el inglés”.

Diques y usinas nuevos

Centrales Eléctricas del Estado sería fusionada al poco tiempo, en 1947, con la Dirección General de Irrigación para dar nacimiento a la empresa autárquica Agua y Energía Eléctrica. Maggi ocupó el cargo de director general y comenzó a ejecutar los proyectos aprobados en el Plan Quinquenal. “Hubo que improvisar todo porque no había antecedentes técnicos. Cuando me hice cargo de Centrales Eléctricas —dijo— estábamos en cero. Una vez planificadas las obras empezamos a trabajar. Las provincias habían expropiado, entre 1944 y 1945, las usinas térmicas del grupo ANSEC y una central hidroeléctrica en Tucumán.

Esa provincia, Entre Ríos, Santa Fe y Jujuy hicieron convenios con la Nación, traspasándole los servicios expropiados. Agua y Energía los tomó a su cargo y los amplió; también expropió los servicios eléctricos del grupo SUDAM (en Santa Fe, Buenos Aires y Santiago del Estero) y comenzó a funcionar en Córdoba y Corrientes.” La primera meta consistía en terminar dos obras iniciadas durante el período revolucionario: los diques Escaba (en Tucumán) y Nihuil (en Mendoza), con sus centrales hidroeléctricas. Simultáneamente se terminó también el dique Los Quiroga (en Santiago del Estero) y se inició la construcción de centrales hidroeléctricas en todo el país. Esa extensa nómina incluye 6 diques con usinas en Córdoba; otros 6 en Catamarca; 4 en Río Negro y 3 en Mendoza. Las obras de mayor trascendencia fueron los diques Florentino Ameghino, en Chubut; Las Pirquitas, en Catamarca; Los Molinos, en Córdoba y La Florida, en San Luis.

“Para dar una idea del impulso iniciado —dijo Maggi— conviene establecer que en 1943 teníamos una potencia instalada en centrales hidroeléctricas de 45 mil kilovatios y ahora Agua y Energía tiene siete veces más: 350 mil kilovatios. A esto debe agregarse una cartera de estudios y proyectos por valor de 6 millones de kilovatios.”

Las continuas fricciones con el gobierno uruguayo postergaron la construcción de las obras hidroeléctricas de Salto Grande, a pesar de que el convenio entre ambos países fue aprobado el 2 de junio de 1948, sobre la base de un acuerdo similar entre los Estados Unidos y Canadá para el aprovechamiento del río San Lorenzo.

Ello impidió contar con una potencia de 840 mil kilovatios para repartir entre ambas márgenes del río Uruguay. El diputado peronista Joaquín Díaz de Vivar acusó, en agosto de 1949, al canciller uruguayo Eduardo Rodríguez Larreta de ser “la punta de lanza del imperialismo norteamericano para detener la obra”. La prensa oriental respondió acusando de imperialista al gobierno de Perón.

Además de realizarse ampliaciones en las centrales termoeléctricas existentes, el Plan Quinquenal sembró usinas térmicas en Mar del Plata, Mendoza, Río Negro, Tucumán y Entre Ríos. Algunas modificaciones en la serie de obras proyectadas obligaron a eliminar la instalación de una usina en San Luis, a cambio de otras prioridades más urgentes como la construcción de centrales térmicas en San Juan, Córdoba y Corrientes. La usina Calchines, de Santa Fe, fue ampliada; y el proyecto de construir una gran usina en Rosario se sustituyó por la supercentral de San Nicolás, iniciada con la vigencia del primer plan e inaugurada en el segundo.

Carbón en Río Turbio

Otro de los proyectos previstos en el plan energético era la explotación del yacimiento carbonífero de Río Turbio. “Una necesidad impostergable —según Maggi—, porque significaba modificar la vieja mentalidad. Los mismos capitales ingleses que explotaban las fuentes de energía nos vendían también el carbón para hacerlas funcionar. Para hacer andar aquí sus ferrocarriles importaban su propio carbón. Un negocio redondo que ellos justificaban con el falso argumento del bajo costo: tomaban como base el precio inferior que se había pagado (20 pesos la tonelada) en lugar de considerar el promedio entre 1910 y 1945 (que era de 38 pesos).”

Durante los años de la guerra YPF se interesó por ese yacimiento, que había sido descubierto en 1887 por el marino argentino Agustín del Castillo y visitado en 1892 por el naturalista Alcides Mercerat y en 1921 por el geólogo Anselmo Windhausen, quienes habían aconsejado su explotación. Recién a principios de 1943 un departamento especialmente creado en YPF comenzó a explorar la zona enviando comisiones que vivían precariamente en carpas. Hasta que en 1946, con la creación de la Dirección General de Combustibles Sólidos y Minerales, los campamentos se fueron convirtiendo en confortables viviendas. “Una vez establecida la capacidad productiva del yacimiento, a mediados de 1947 se comenzó la explotación —recuerda Maggi, a quien en 1948 se confirió la vicepresidencia de la Dirección Nacional de Energía—; y hubo que hacer caminos, puentes, instalar usinas, edificar viviendas y traer maquinarias. Realmente era hacer patria fundar una población argentina en ese lugar, donde los chilenos se sienten dueños de todo.”

Precisamente la instalación de maquinarias movió al gobierno chileno a sugerir que el carbón extraído fuera llevado hasta Puerto Natales, la salida al mar más próxima al yacimiento, y transportado en barcos chilenos por los fiordos que desembocan en el estrecho de Magallanes. Pero los técnicos argentinos preferían tender líneas férreas en su territorio, para unir Río Turbio con uno de los puertos nacionales. El más apropiado resultaba el de Santa Cruz, pero la zona montañosa impediría ir cargado al ferrocarril, y entonces se decidieron por el puerto de Río Gallegos, más precario, aunque con una significativa ventaja: el trayecto, paralelo al río Turbio, era una suave pendiente. De ese modo se evitó que Chile tuviera en sus manos la puerta de salida del carbón argentino e intentara presionar con su cierre en alguna disputa fronteriza.

“Encaramos el gran déficit energético que impedía desarrollar las industrias con una gran ofensiva. Llegamos a ubicar 100 millones de metros cúbicos de carbón en Río Turbio y comenzamos a explotarlos. Además, logramos reducir la importación de carbón de hulla para

producir gas porque aprovechamos el gas natural de los pozos petrolíferos, que llegó a Buenos Aires en el nuevo gasoducto”, explicaría después Rolando V. Lagomarsino, que ocupaba la Secretaría de Industria y Comercio. Los barcos extranjeros que venían cargados de carbón y regresaban con trigo argentino comenzaron a traer otra clase de productos: maquinarias. Uno de los pioneros que integró las comisiones exploradoras en 1943, el ingeniero Luis Calliari, refiere su primera entrevista con el gobernador de Santa Cruz, capitán de corbeta Juan M. Gregores, en estos términos: “Me presenté para darle cuenta de la tarea encomendada y no titubeó en anticiparme la capacidad productiva de nuestras cuencas carboníferas. Fue el más entusiasta, en una época de derrotistas, escépticos e intereses creados”, escribió en El Yacimiento Presidente Perón en la cuenca carbonífera de Río Turbio (ENDE, Buenos Aires, 1952).

El trabajo manual a pico y pala fue paulatinamente sustituido por maquinarias adquiridas en Gran Bretaña (500 mil libras esterlinas) y en los Estados Unidos (200 mil dólares). “Compresores eléctricos, martillos picadores y perforadores, cortadoras de carbón y transportadoras accionadas con aire comprimido, cargadoras mecánicas, cintas transportadoras, locomotoras diesel y vagonetas modernas para dos toneladas cada una, fueron provocando la remoción del viejo sistema”, señala Calliari.

Nuevos buques petroleros

Los proyectos de explotación petrolera incluyeron una prioridad insalvable: renovar la flota de buques-tanques. Las nuevas autoridades de YPF adquirieron en Suecia un barco de 17 mil toneladas de porte bruto en 1946 (se considera porte bruto a la capacidad de carga, más la de combustibles, provisiones y el peso de la tripulación) y otro en los Estados Unidos de 4 mil, en 1947; pero al año siguiente recibieron de este último país cuatro unidades más, por un total de 26 mil toneladas. A medida que se iban entregando a la empresa estatal los buques encargados la flota petrolera ensanchaba su capacidad de transporte y a los 3 barcos recibidos de Holanda y Suecia en 1950, siguieron 6 más (tres ingleses, dos suecos y uno holandés) en 1951 y otros 3 al año siguiente (uno británico, otro holandés y el último danés). Cuando expiró el primer periodo presidencial YPF había incorporado a su flota 18 barcos extranjeros con un porte bruto total de 234 mil toneladas. También se había construido un buque-tanque argentino, el “Figueroa Alcorta”.

“Había dos grandes dificultades —memora Lagomarsino—: no producíamos petróleo en cantidad suficiente y faltaban maquinarias y elementos de perforación. Rápidamente se decidió impulsar a YPF y comprar ese material donde fuera, porque los norteamericanos se negaban a vendemos torres de perforación.” El ingeniero Maggi señala que los resultados más significativos fueron los cateos: “Por encima de la nueva flota, las maquinarias y la producción, lo más importante fueron las exploraciones del suelo. Cuando Perón llegó al gobierno se conocía una reserva de 40 millones de metros cúbicos de petróleo. Los nuevos yacimientos elevaron esa cifra a 300 millones. Se descubrió petróleo en Neuquén, Como doro Rivadavia (flancos sur y norte), Salta (Campo Durán y Madrejones), Tierra del Fuego y Mendoza.” Uno de los responsables de esa tarea, el ingeniero Julio y. Canessa (dos veces presidente de YPF, en 1947 y de 1949 hasta 1952), explicó que “la escasez de petróleo sufrida por la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial no fue por falta de ese combustible en el mundo, sino porque se carecía de buques-tanques para traerlo”.

Según sus cálculos, “la capacidad de elaboración argentina, con la puesta en marcha de la destilería de La Plata, se elevó a 10 millones de metros cúbicos anuales”. También se iniciaron en aquellos años los primeros estudios glaciológicos, para determinar la cantidad de nieve, establecer el regadío y poder regularlo. Para ello vino un técnico suizo, experto en la materia. Aunque la peor parte ya había sido cumplida: fue el sacrificio anónimo del ingeniero argentino Dagoberto Sardina, que quedó aislado en la nieve y fue muerto por un alud, en sus tareas de exploración.

Empresas nacionales de energía

En agosto de 1950 el gobierno decidió crear un ente estatal que agrupara a las cinco  empresas energéticas. Se lo denominó ENDE (Empresas Nacionales de Energía) y las direcciones generales de Gas del Estado, YPF, Combustibles Sólidos Minerales, Combutibles Vegetales y Derivados, y Agua y Energía Eléctrica se llamaron, en lo sucesivo, administraciones. Fueron suprimidos los directorios de cada uno de ellas y se los sustituyó por un gerente general. “Mantuvieron la autarquía para explotar los servicios a su cargo, pero la construcción de nuevas obras quedó reservada a la decisión de ENDE. Esta se habla constituido con un directorio con representación obrera, y el modelo de organización se calcó de DINIE (Dirección Nacional de Industrias del Estado), cuyo funcionamiento había dado buenos resultados al administrar 32 empresas incautadas a la propiedad enemiga”, explicó José Constantino Barro, quien fuera presidente del nuevo organismo en su calidad de ministro de Industria y Comercio, desde abril de 1948. El coronel Bartolomé Descalzo quedó al frente de la Dirección Nacional de Energía, ente que siguió administrando el Fondo Nacional de la Energía, de donde se obtenía el dinero para invertir en esas obras.

Barro, que había sucedido a Lagomarsino (primero como secretario interino, en agosto de 1947, y luego como ministro), fue el encargado de continuar con una política energética destinada a empujar el desarrollo industrial, de acuerdo con las directivas dadas por el propio Perón en sus discursos: “Para poder industrializar tengo que dar energía barata, porque con energía a 45 centavos el kiowatt no se puede hacer mucha industria a buen precio. Mientras no tengamos la energía hidroeléctrica, por la que estamos trabajando sin descanso, para suplir con ella a la termoeléctrica, no hay solución económica posible. Tengo que dar también transportes baratos, para que los productores e industriales puedan exportar en las mejores condiciones económicas en los mercados internacionales”. Así se expresó el Presidente en un discurso pronunciado a principios de 1949.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

Los Transporte Ferrocarriles en el gobierno peronista Peron y Evita

Los Transporte Ferrocarriles en el Gobierno de Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

La Corporación de Transportes

Una abrumadora sesión de la Cámara de Diputados sancionó, en 1936, la Ley 12.311, creando la Corporación de Transportes. El proyecto se originó en Londres tres años antes, durante la concreción del pacto Roca-Runciman, y fue redactado por las compañías británicas Anglo-Argentina Ltda. y Lacroze de Buenos Aires, la primera de ellas filial del grupo internacional SOFINA. (La memoria y balance del Anglo, publicada en Bruselas, revela que el Vicepresidente argentino Julio A. Roca (h.) aceptó el proyecto de esas compañías, que buscaban monopolizar el transporte para salvar su crisis financiera.) La votación se prolongó hasta que el diputado José Arce, uno de los patrocinantes del proyecto, pudiera volar apresuradamente desde Santiago de Chile para formar quorum.

Esa ley obligaba a 52 empresas de 4ransporte a depender de la Corporación, cosa que solo aceptaron las 12 inglesas. La idea, según se dijo, era “salvar al riel de la competencia de ómnibus y colectivos, con una buena coordinación centralizada”. Se sabía que las empresas tranviarias (de capitales ingleses) sufrían cuantiosas pérdidas, entre ellas la Anglo-Argentina, Lacroze y Chadopyf. Al resistirse las otras cuarenta compañías (en su mayoría de capitales nacionales y explotadores de servicios por automotor) el Estado les inició juicio.

En 1942, al sentarse en la Cámara de Diputados, Iñigo Carrera fue elegido secretario de la Comisión Investigadora de la Corporación de Transportes y descubrió los entretelones de un decreto aprobando un préstamo de cuarenta millones de pesos, por parte de un grupo financiero a la Corporación, “para expropiar ómnibus y colectivos”. Se trataba de una maniobra de la CADE, que invertía así sus ganancias obtenidas con la discutida prórroga de concesiones en 1943. “Fue inútil que exigiéramos al ministro del Interior, Miguel 3. Culacciati, el informe técnico para aprobar ese préstamo —recordaría Iñigo Carrera—; se declaró en fuga ante mi interpelación, el 3 de junio de 1943. Al día siguiente un golpe militar lo barrió del ministerio. Claro que también acabó con la investigación iniciada.”

ferrocarriles argentinos

En agosto de 1944 una disposición judicial puso la administración de la Corporación en manos del Ministerio del Interior, pues las continuas subvenciones estatales para enjugar el déficit habían convertido al gobierno en el mayor accionista de esa empresa mixta, y se nombró un fideicomisario: Teodoro Sénchez de Bustamante. La mayor afluencia de pasajeros de Buenos Aires y la escasez de neumáticos debida a la guerra determinaron dos sucedáneos de corta duración: los tranvías sin asientos y los colectivos sobre rieles. En enero de 1946 el juez federal Belisario Gache Pirán falló a favor del Estado un juicio de expropiación contra la línea de colectivos y sentó jurisprudencia en la materia. (Perón lo haría después su ministro de Justicia.)

 Una vez en la presidencia Perón enfrentaba el primer gran problema de su flamante gobierno: la crisis del transporte urbano. En la rotonda de las avenidas de Mayo y 9 de Julio se estacionaron 200 colectivos y 106 ómnibus embanderados y con neumáticos nuevos. “Estas unidades entran hoy en circulación y dentro de pocos días habrá 200 más”, explicó el Presidente. En diciembre de 1947 Perón anunció que la compañía norteamericana Mack vendería a la Corporación 600 ómnibus modernos y que en poco tiempo más se agregarían 1.200 colectivos y 130 trolebuses.

También en esa época se sustituyó al fideicomisario Sánchez de Bustamante por José F. Domínguez. Pero nada pudo impedir que a fin del mismo año la Corporación acumulara un déficit de 260 millones de pesos. Transcurridos cuatro meses se creó la Comisión Coordinadora del Transporte y en junio de 1948 la Secretaría de Transportes. Pero las pérdidas aumentaban y en setiembre el Congreso resolvió liquidar la Corporación. Tres nuevos fideicomisarios se hicieron cargo de los bienes (José Riú, Ernesto Villarroel Puch e Italo F. Maberino), pero la empresa se siguió administrando sin el menor contralor por parte de los accionistas, pues se había suspendido el directorio, y las asambleas ordinarias sólo se reunían para conocer el balance y la memoria presentada por los fideicomisarios.

El secretario de transportes, coronel Juan Francisco Castro, se convirtió en ministro de esa misma cartera al reformarse la Constitución Nacional, en 1949. Un año después Perón escuchó su propuesta en el gabinete “para privatizar algunas lineas” y puso en marcha ese plan a partir de 1951, pero con mucha reticencia, debido a la tenaz oposición de la Unión Tranviarios Automotor. Castro comenzó a ser jaqueado en su gestión, y luego revelaría que “fue una lucha sórdida, subterránea, llevada adelante por los ministros Cereijo, Gómez Morales y Mendé, lo que perfiló mi antagonismo total con una política que nos llevaba a la confusión y la bancarrota”. En noviembre de 1951 Castro renunció.

Durante su mandato la Corporación pasó a depender del Ministerio de Transportes, en un acto público celebrado en setiembre de 1949, durante el cual el ministro Angel Borlenghi admitió que debían adoptarse “urgentes medidas para reducir un déficit mensual de 30 millones de pesos”. En abril de 1951 se anunciaron negociaciones con Gran Bretaña para adquirir todas las compañías inglesas de transportes; nuevamente se cambiaron los fideicomisarios (designóse a Alfredo Eguzquiza, Godofredo Rossi y Enzo Baetti) y se abrió la licitación con un único ofertante: el Gobierno, que esgrimió 410 millones de pesos.

Peron nacionaliza los ferrocarriles

En ese momento la Corporación tenía un pasivo de 1.835 millones de pesos, adeudados al Estado y al sistema bancario oficial, y de 169 millones más a terceros. A fines de ese mismo año se acordaron 500 millones de pesos en créditos para enjugar el déficit, tres días antes de formalizar la compra definitiva. A partir del primero de enero de 1952 la Corporación dejó de existir y se creó una nueva empresa: Transportes de Buenos Aires, cuyo administrador general fue el ingeniero Godofredo Rossi. Un mes más tarde, Eguzquiza, en su calidad de fideicomisario, iniciaba la liquidación judicial y la quiebra de la Corporación. Para esa fecha, las tarifas habían aumentado: el boleto tranviario a 30 centavos, el subterráneo a 40 y el troley a 50.

Quienes analizaron la explotación de este servicio entre 1945 y 1954 arribaron a estas conclusiones:

1)      El crecimiento de los gastos de explotación fue inusitado: de 155 millones de pesos en 1945 se llegó a mil millones en 1952.

2)      A pesar de que no hubo variaciones en el kilometraje recorrido, de haberse retirado unidades de circulación y de unificarse en algunos casos las funciones de conductor y cobrador, el personal ascendió de 32 mil personas a 51 mil.

3)      El déficit soportado en dicho período llegó a incrementarse en un 5 mil por ciento. En 1945 fue de 18 millones de pesos, y en 1952 de 470 millones.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

LOS TELEFONOS Nacionalizacion de los Servicios Publicos Peron Juan

LOS TELEFONOS Nacionalización de los Servicios con Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

La compra de los teléfonos

En una ceremonia efectuada en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el 3 de setiembre de 1946, la empresaUnited River Piate Telephone Company Limited pasó a poder del Estado por la suma de 319 millones de pesos (95 millones de dólares). Los argentinos conocían a esa empresa con otro nombre más familiar: Unión Telefónica. Pocos reparaban en su verdadero origen extranjero hasta que Perón se encargó de difundirlo para promover la nacionalización.

logo de entel

La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) fue una empresa pública argentina creada originalmente en 1948
por el gobierno de Juan Domingo Perón.

El trust que explotaba esos servicios a través de la Unión Telefónica era laInternational Telegraph and Telephone (ITT), cuyo presidente y vice asistieron especialmente invitados al acto de transferencia. Se trataba del coronel norteamericano Sosthenes Behn y del doctor. Henry A. Arnold, quienes recibieron de manos de Perón dos obsequios: una réplica del sable corvo de San Martín y el monopolio de una concesión para proveer asistencia técnica y todo el material telefónico a la compañía nacionalizada, durante diez años.

El término Trust (voz inglesa: «confianza») se refiere, dentro del ámbito económico, a una concentración de empresas bajo una misma dirección. El control legal de las sociedades constituyentes se confería a la junta de administradores, cambiándose las acciones de las compañías por los certificados del trust. Es la unión de empresas distintas bajo una misma dirección central con la finalidad de ejercer un control de las ventas y la comercialización de los productos.

A los dos días el Senado escuchó al ministro de Hacienda, Ramón A. Cereijo, dar una explicación contable sobre el precio pagado por el gobierno a la ITT: “La Unión Telefónica tenía un activo de 483 millones de pesos y un pasivo de 164. Por eso pagamos solo la diferencia: 319 millones”. Pero esos argumentos resultaron demasiado ingenuos para los diputados radicales, quienes reclamaron la concurrencia de Cereijo a la sesión del 8 de setiembre, que debía tratar la ley de nacionalización de los teléfonos.

Antes de considerar el problema, el diputado Ricardo Balbín protestó “porque cien mil jubilados esperan ansiosos (dos mil están ahora en las escalinatas del Congreso) una solución a sus problemas, mientras se da preferencia a un mal acto de gobierno en perjuicio de la economía del país”. Por 98 votos contra 44 fue aprobada la ley y el diputado peronista Hernán 5. Fernández fundamentó el despacho de la mayoría, que aconsejaba sancionar el proyecto enviado por el Senado. Se trataba de aprobar la compra de la empresa y los contratos de provisión de materiales y asesoramiento técnico, concedidos a la firma Stándard Electric, filial de la ITL Los radicales reclamaron airadamente la presencia de Borlenghi y Cereijo, pero la presidencia de la Cámara informó:

—El señor ministro Borlenghi no podrá concurrir porque está muy enfermo.
— Está enfermo de crisis! —tronó Balbín.

Media hora después Cereijo llegó al recinto y defendió acaloradamente la operación, con los mismos argumentos que expusiera en el Senado tres días antes. El diputado Arturo Frondizi criticó “el secreto de las negociaciones”, sostuvo que se pagaba un precio superior al de la valuación y se opuso a la concesión de un nuevo monopolio a la ITT. Propuso, en cambio, la expropiación lisa y llana de la Unión Telefónica y la sanción de una ley orgánica para esos servicios.

Pero la ley quedó promulgada y el 31 de diciembre de 1946 asumían sus funciones las autoridades de la flamante Empresa Mixta Telefónica Argentina (EMTA), en el edilicio de Defensa 143. La ceremonia sirvió para que se aclararan algunos conceptos. “¿Qué se busca con la formación de las sociedades mixtas? En primer lugar, obtener la argentinización (fíjense bien que digo argentinización y no nacionalización) de las grandes compañías de servicios públicos de capitales foráneos”, explicó en su discurso el vicepresidente del IAPI, Carlos Devries, a quien Miguel Miranda comisionó para que hablara en su nombre porque un accidente lo tenía postrado en cama. El subsecretario de Industria y Comercio, Ildefonso Cavagna Martínez, y el gerente general del Banco Central, Orlando Maroglio, presidieron el acto en que fueron puestos en sus cargos el presidente de EMTA, doctor Alberto R. Fretes, y los directores, Luis Francisco Gay y Arturo Sáiz. Ese mismo día el juez federal Juan César Romero Ibarra dictaba prisión preventiva para el doctor José María Cullen, acusado de desacato por sus artículos en Argentina Libre y Tribuna, y para el columnista Mario Sciocco, redactor de La Vanguardia y responsable de una sección denominada “La bolsa negra”. Ambos acusaban al gobierno de “sucios negociados”.

Un alIo después, en 1948, Nicolás Repetto analizaba minuciosamente aquella compra en su nuevo libro El socialismo y el Estado. “En reemplazo de un permiso precario surgen dos contratos con ganancias seguras para el capital privado. El permiso precario no nos ataba y caducaba sin otra compensación que la correspondiente al activo real. Los contratos, en cambio, crean obligaciones por diez años, aparte de pagar a la empresa una suma muy superior a la que corresponde por su activo. El móvil natural de la nacionalización, prestar el servicio por el costo, se quebranta por privilegio concedido a un ex propietario que sigue siendo socio, en virtud de su asesoramiento, como si la experiencia técnica telefónica rayase en su condición de secreto a la altura de la bomba atómica”, escribió el anciano dirigente.

Otro socialista, Héctor Iñigo Carrera, se ocupó de puntualizar escrupulosamente los continuos aumentos de tarifas, las que se incrementaron en un 400-por ciento en solo cuatro años (hubo aumentos en febrero y julio de 1949; en abril de 1951 y en febrero de 1952), y de documentar el fracaso de la empresa mixta. “EMTA se organizó con una duración prevista de cincuenta años y las ocho primeras series de acciones serían suscriptas por mitades entre el Estado y los particulares. Pero apenas duró un año y medio, pues los negociados de funcionarios y representantes del Estado, a los que se procesó por delitos en perjuicio de EMTA; la falta de interés popular en suscribir acciones y el déficit de explotación motivaron que en julio de 1948 se decretase la incorporación al Estado de la empresa mixta ante la desafortunada gestión”, explicaría Iñigo Carrera.

El asesoramiento técnico fue rescindido el 15 de mayo de 1952, veinte días antes de que Perón terminara su primera presidencia, y el Gobierno indemnizó a la empresa concesionaria con 3 millones de dólares. Frondizi había advertido en agosto de 1949 que la Standard Electric cotizaba con un recargo del 700 por ciento. “Todo eso configuró un pésimo negocio que se inició con tramitaciones clandestinas, abultamiento de capitales por 200 millones de pesos por parte de la Unión Telefónica y un desvalorizado estancamiento del servicio sin renovar equipos durante la guerra”, concluyó Iñigo Carrera.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

El Gaseoducto de Cannesa Nacionalizacion de los Servicios

El Gaseoducto de Cannesa y Juan Perón

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

Perón y Canesa

El gran gasoducto

La Compañía Primitiva de Gas (de capitales ingleses) había visto vencer su concesión en 1940 con la mayor indiferencia, pues sus directivos confiaban en el presidente Roberto M. Ortiz, que era contrario a las nacionalizaciones. Pero se alarmaron cuando Ramón S. Castillo llegó al poder imprevistamente y con una idea muy distinta. Sin embargo, Castillo nada pudo hacer en esos años porque la Segunda Guerra Mundial impedía adquirir el material necesario (acero, cañerías) que permitiera mejorar el servicio una vez expropiado.

Al producirse el golpe militar de 1943 la situación seguía sin definirse, hasta que algunos técnicos de YPF comenzaron a rondar los despachos oficiales para convencer a las nuevas autoridades de “la necesidad de crear un organismo estatal que reemplazara a la Primitiva de Gas”. Lo consiguieron recién el 5 de marzo de 1945, fecha en que Perón asistió a la toma de posesión por parte de YPF de las viejas instalaciones de la compañía privada. Ese día el coronel fue acompañado durante la recorrida de las instalaciones por el ingeniero Julio V. Canessa, a quien se acababa de designar administrador de los Servicios de Gas de la Capital Federal, organismo que dependía de YPF. La conversación, alternada con explicaciones técnicas, permitió al flamante funcionario abrir una importante puerta. “Cuando necesite algo no dude en venirme, a yerme”, le dijo Perón.

Quince días después Canessa arrastraba a otro alto funcionario de YPF, el ingeniero Teófilo Tabanera, hasta el despacho del ministro de Guerra, en Callao y Viamonte, donde Perón les concedió apenas diez minutos para que concretaran su iniciativa. “Es imprescindible crear un organismo nacional y autónomo para desarrollar y explotar el servicio de gas en todo el país”, dijeron. Perón escuchó atentamente y guardó los planes, prolijamente encarpetados, en un cajón de su escritorio. Canessa y Tabanera echaron una última y desconsoladora mirada al proyecto.

Tres meses después, celebrando la llegada de un nuevo buque petrolero de YPF, Perón se aprestaba a saludar uno por uno a los funcionarios alineados en la dársena. Al encontrarse con Canessa le susurró al oído: “Quédese tranquilo, ingeniero; su proyecto está por salir…“ Canessa sonrió descreídamente y a las 48 horas, cuando imaginaba sepultada aquella iniciativa en un archivo, se enteró por los diarios de un decreto del Poder Ejecutivo creando la Dirección Nacional de Gas del Estado, organismo que entraría a funcionar a partir del primero de enero de 1946.

Ese año, apenas asumió sus funciones presidenciales, Perón descubrió que una de las primeras audiencias solicitadas correspondía al presidente de Gas del Estado, ingeniero Canessa. “Anotalo para dentro de un mes —ordenó a su secretario privado, Juan Duarte—; no hay tanto apuro.” A los treinta días Canessa pudo disponer de una hora y media para explicar a Perón que el objetivo de la nacionalización no terminaba allí:

—Ahora viene lo más difícil; pero hay que hacerlo, general. De lo contrario, todo esto no sirve para nada.

— ¿Y qué es lo que hay que hacer?

—Un gasoducto. Vea, en Comodoro Rivadavia dejamos escapar el gas, y después importamos carbón de hulla para fabricarlo. Tenemos que traer ese gas á Buenos Aires y terminar con el carbón importado.

Perón hizo llamar a su despacho al ministro de Industria y Comercio, Rolando V. Lagomarsino, mientras seguía atentamente las explicaciones de Canessa sobre un gran mapa. La conversación terminó así:

—Está bien; no hace falta que entremos en detalles. Ingeniero: vaya y hágalo. Ahora se lo ordeno. Y usted, Laguito, se ocupará de que a Gas del Estado no le falte nada. Quiero ver ese gasoducto cuanto antes. Canessa revivirá aquella escena con emoción: “¿Se da cuenta?

Vaya y hágalo. Aquella frase me martilló toda la noche. Era la primera vez que un Presidente terminaba así una entrevista de ésas. Yo no podía creerlo”. La euforia se transmitió a los técnicos que acompañaban a Canessa y en seis meses la obra quedó planeada. El 21 de febrero de 1947 Perón fue a la localidad bonaerense de Llavallol para soldar el primer caño del gasoducto, pero una lluvia torrencial lo obligó a cambiar de vehículo. Dejó el coche presidencial y a bordo de un jeep atfavesó dificultosamente los pantanos para llegar al lugar de la ceremonia con los pies envueltos en el barro y un perramus echado sobre los hombros. Se puso una máscara, empuñó el soldador y dejó comenzada la obra simbólicamente. Después salió el sol.

“Nadie comprendía por qué empezamos en Llavallol y no en Comodoro —recordó Canessa al autor de este trabajo—, pero nosotros habíamos trazado una estrategia. Sabíamos que los intereses extranjeros podrían interferir y hacer parar la obra en cualquier punto; pero si el tramo construido estaba aislado no servía para nada y había que terminarlo. Por eso empezamos al revés y quemamos las naves: jugamos a todo o nada; o terminábamos o nos echaban a todos.” El gasoducto quedó inaugurado el 29 de diciembre de 1949 y en ese momento fue el más largo del mundo. Costó 50 millones de dólares y sirvió para que la distribución de gas aumentara de 300 mii metros cúbicos por día a 15 millones de metros cúbicos. “Fijese otro resultado: el metro cúbico de gas costaba en 1940 igual que el .litto de leche, 20 centavos. Después, cuando la leche costó 19 pesos, el gas ya valía la mitad. El valor de esa obra no tiene precio, porque sirvió para aprovechar los recursos naturales”, se enorgulleció Canessa.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Fuente Consultada: La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

Juan Peron y la Nacionalizacion de Los Ferrocarriles

Juan Peron y la Nacionalización de Los Ferrocarriles

NACIONALIZACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS: Si algo caracterizó a la política económica del peronismo en su etapa inicial esto fue la nacionalización de los servicios públicos. Discutida y atacada duramente por la oposición, esa política sin embargo fue llevada adelante con una firme decisión.

Con el correr de los años, lo que más se le ha criticado al peronismo han sido los resultados concretos de esa nacionalización de servicios públicos, pues éstos incrementaron los gastos del Estado en forma desproporcionada y deterioraron en casi todos los casos la calidad de las prestaciones. Pero en el momento de ponerse en marcha aquella política lo que más se discutía era la forma en que se hacían las negociaciones con las compañías extranjeras, a las que se concedió un tratamiento que irritaba a los opositores, porque se pagaban indemnizaciones consideradas excesivas.

La compra de ferrocarriles

En julio de 1946 los Estados Unidos concedieron un préstamo a Gran Bretaña de 3.750 millones de dólares 86 con la condición de que los ingleses pagaran sus deudas a los países americanos por suministros de guerra. Gran Bretaña ofreció entonces al gobierno argentino venderle la red ferroviaria a cambio del saldo de libras esterlinas acumulado en cinco años de exportaciones.

Para Gran Bretaña la explotación de ese servicio ya había cumplido un muy valioso ciclo y representaba un interés apenas superior al dos por ciento, con la agravante de que los dividendos se iban achicando cada vez más. El material rodante y de tracción que estaba en funcionamiento no servía a aquellas compañías ferroviarias para restaurar su economía y la única manera de evitar la pendiente consistía en adoptar tres medidas difíciles de aplicar: rebajar los salarios, reducir el personal y aumentar las tarifas. La venta de la red parecía entonces la única carta posible, salvo que se encontraran nuevas formas de explotación combinadas con el Estado argentino. Así surgió la idea de constituir una sociedad mixta, la que se concretó el 17 de setiembre de 1946.

De ese modo, los ingleses no se desprendían de tan importante elemento de dominio comercial y obtenían la ayuda necesaria para seguir adelante, pues el Estado argentino incorporaba al capital de la nueva empresa mixta 500 millones de pesos en 5 años, para ser aplicados a la modernización de los ferrocarriles, y aseguraba al capital británico un rendimiento mínimo del 4 por ciento, garantizándole una ganancia líquida de 80 millones de pesos anuales. Los empresarios ingleses habían salvado también un difícil obstáculo: el 1° de enero de 1947 caducaba el artículo 8° de la Ley Mitre, que otorgaba a las compañías ferroviarias la exención de todo impuesto nacional, provincial o municipal. El acuerdo anglo-argentino prorrogaba esa cláusula indefinidamente.

La sociedad mixta resultó la mejor vía para conformar a ambos países. Sin embargo, quedaba un disconforme: Estados Unidos. “No hemos puesto condiciones a nuestro préstamo para cumplir con una formalidad sino para que las cumplan”, le enrostraron al canciller del Exchequer, Hugh Dalton, apenas pisó el Departamento de Estado, en octubre de 1946. Ocurría que el convenio anglo-argentino establecía que las libras acreditadas en el Banco de Inglaterra solo podían atizarse en el área de la esterlina, restringiendo el mercado argentino para las exportaciones norteamericanas. Se violaba así la condición impuesta por los Estados Unidos a Gran Bretaña al conceder su préstamo, que obligaba a los ingleses a liberar las libras acumuladas a favor de los países americanos, para que éstos pudieran convertirlas a voluntad en cualquier otra moneda y para usarlas en operaciones en cuenta corriente.

El propósito norteamericano era sanear las finanzas y la economía de todo el hemisferio —según explica Julio Irazusta— “para tener en las naciones vecinas mejores clientes que los fieles abastecedores de Inglaterra, siempre agobiados bajo el peso de hipotecas a elevado interés y sin compensación en los créditos impagos, que no redituaban nada”23. No era un objetivo altruista, sino una mera jugada de ajedrez en la competencia de mercados, pero que beneficiaba indirectamente a la Argentina. Sólo había que aprovechar la circunstancia (de tener que sustituir ese acuerdo por otro que gustara a los norteamericanos) para exigir a Gran Bretaña que el fondo de libras acumuladas fuera convertido en cualquier otra moneda que permitiera a la Argentina comprar lo que necesitaba, y en el mercado que le resultaba más favorable. Claro que esto no ocurrió porque los ingleses se preocuparon de evitarlo, redoblando sus persuasivos esfuerzos para convencer al gobierno argentino de que la mejor manera de saldar la deuda era comprar con ese dinero las compañías ferroviarias.

Hasta último momento, menos de un mes antes de concretarse la operación, Miguel Miranda desmintió los rumores sobre la nacionalización: “La versión es absurda; jamás soñamos con hacer tal cosa”, declaró el 18 de enero de 1947 a un corresponsal de la agencia noticiosa británica Reuter. Veinticinco días después, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, se formalizaba la compra de los ferrocarriles y el propio Miranda explicaba las bondades de la operación en un exhaustivo discurso. Entre las justificaciones que había ofrecido pocos días antes de la operación, cuando la compra ya estaba decidida, figuraba ésta: “Los ferrocarriles nos interesaban, pero no íbamos a gritarlo a los cuatro vientos para que los ingleses subieran el precio. Había que demostrar

poco interés, porque ellos eran los que querían vender”. Miranda, que en setiembre de 1946 habla calculado esa operación en mil millones, a fines de enero de 1947 (una semana después de desmentir los rumores de nacionalización) duplicaba la cifra alegando “razones sentimentales y deudas de gratitud para con Inglaterra”.: A esos dos mil millones se agregarían luego 700 millones más, culos siguientes conceptos:

  1)      El Estado se hizo cargo de las deudas con las Cajas de Jubilaciones, de los aguinaldos, de los aumentos retroactivos adeudados al personal y de todos los juicios iniciados contra las empresas por la Nación, provincias, municipalidades o entidades oficiales hasta jumo de 1946.

 2)      Se concedió a las empresas el derecho a quedarse con todo el dinero en efectivo, valores y créditos, de que dispusieran hasta junio de 1946 y se las eximió de pagar todos los gastos hasta esa fecha.

 3)      El Estado tomó a su cargo todos los gastos motivados por la compra (escrituras, contadores, etcétera) y facilitó a las empresas, gratuitamente, el local, los muebles y útiles que debieron dejar en el país para finiquitar la operación de venta.

Durante el período en que se delegó en manos de las empresas la administración por cuenta del Estado hubo que pagar abultadas sumas, lo que hizo acercar el precio definitivo a tres mil millones de pesos. Tres veces más de la cotización primitiva. La edición clandestina de La Vanguardia, que circulaba entre la oposición, convirtió las cifras en dólares e hizo la siguiente comparación: “Italia pagó 325 millones de dólares como monto total de reparaciones de guerra y nosotros hemos pagado 375 millones de dólares de más solo por razones sentimentales”. Tres años después, en la Cámara de Diputados, Arturo Frondizi iba a exigir que se explicara “por qué se pagó a los ingleses en libras esterlinas y no en pesos moneda nacional, lo que resultó gravoso para la economía del país”. Sea como fuere, lo cierto es que el país tenía ahora en sus manos un instrumento de gran poder económico, social y político.

La nacionalización de los ferrocarriles fue el paso más espectacular que dio el gobierno peronista en materia de servicios públicos. Y también el más discutido. Salvo escasas excepciones, la oposición manifestó su repulsa por toda esa política, a pesar de que en muchas de sus plataformas electorales siempre se proponían drásticas medidas contra los monopolios extranjeros. La explotación de los servicios públicos fue pasando a manos del Estado hasta eliminar totalmente la ingerencia de las empresas extranjeras, con una sola excepción: la Compañía Argentina de-Electricidad (CADE).

Afiche del gobierno de Juan Domingo Perón relativo a la nacionalización de los elevadores de granos.

17 de Octubre de 1945: Día de la Lealtad Peronista

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Exportaciones de Granos en 1880
Características Plan Agroexportador

Principal objetivo económico: Producir, exportar…

A a solidez de la moneda y de la economía argentina dependía de la evolución del comercio exterior o, en otras palabras, de la capacidad nacional para exportar mucho, importar lo indispensable y capitalizarse con los saldos del intercambio. Como ya se ha dicho, la situación del mercado internacional era óptima para la incorporación de esta Argentina recién llegada. Pero en la década del ochenta el despegue de nuestro país, aunque impresionante, no alcanzó a arrojar saldos positivos. A partir de esta realidad, todo se iría deteriorando hasta llegar al estallido de 1890.

Exportaciones de Granos en 1880 Caracteristicas Plan Agroexportador

Las exportaciones argentinas, calculadas en pesos oro, fueron de casi 60 millones en 1880, y aumentaron gradualmente hasta llegar a 100 millones en 1890. Las importaciones también aumentaron, pero mucho más rápidamente: de 45 millones en 1880, a 142 millones en 1890. Salvo 1880 y 1881, todos los años siguientes arrojaron saldos negativos: en 1889 el monto fue de 74 millones de pesos oro. Esta balanza comercial deficitaria se fue cubriendo con ingresos en metálico provenientes del exterior en forma de empréstitos, o con la enajenación de ferrocarriles, tierras y otros bienes nacionales.

Se trataba, naturalmenle, de recursos de emergencia. Algunas voces prudentes, como la de Sarmiento que hablaba de «la gran deudora del sur, o la de Aristóbulo del Valle que clamaba contra las emisiones de papel sin respaldo, verdaderas falsificaciones vaticinaban sombríamente los resultados de esta política.

Sin embargo, aunque nuestro comercio exterior presentaba esta grave debilidad, las líneas tendidas en esta década eran correctas y se asentaban en una lúcida apreciación de la realidad industrial europea. Los mercados del Viejo Continente reclamaban lanas y cueros para elaborar; sus pueblos podían consumir una mayor cantidad de alimentos de mejor calidad. El descubrimiento del frío artificial hacía posible el transporte de la carne, y los crecientes tonelajes de los buques de ultramar permitían grandes cargamentos de cereales.

La Argentina tenía tierras vastas y fértiles, que se podían explotar a bajos precios, y una tradición agrícola y ganadera que incorporaba, año tras año, una mejor tecnología. Faltaban, eso sí, medios de transporte que abarataran los costos derivados del inconveniente de la lejanía de las praderas respecto de la boca de salida.

Planteadas así las cosas, es indudable que la política en materia de exportaciones seguida por el Estado en aquellos anos rué correcta. La producción primaria, sobre todo la pecuaria, recibió toda clase de apoyo, desde exenciones impositivas para promover los envíos de carne enfriada, hasta ventas de grandes extensiones de tierra a bajo precio; desde los créditos fáciles en los bancos, hasta el establecimiento de un nuevo Banco Hipotecario, que haría afluir al país ingentes capitales externos a través de la venta de sus acreditadas cédulas.

Las incipientes fuerzas productivas locales respondieron positivamente a estos estímulos, como era de prever; a fin de destacar esta saludable reacción basta recordar la incorporación de maquinaria agrícola, alambrados y molinos a las explotaciones, o la acelerada mestización del ganado.

¿Qué ocurrió, entonces, para que el desequilibrio de nuestro comercio exterior llegara, a fines de la década de 1880, a ser catastrófico? Ocurrió que los frutos de este proceso tenían necesariamente un tiempo de maduración, y en estos años todavía estaban verdes…

Las exportaciones de trigo, maíz y lino eran promisorias pero todavía insuficientes: recién habrían de maximizarse en la década siguiente y, de modo espectacular, en la que se inició en 1900. Sólo el tasajo, los cueros y las lanas podían compensar, en la década que estudiamos, las importaciones masivas: pero el tasajo estaba dejando de consumirse en sus antiguos mercados, y la lana, por su parte, vio bajar su precio en Europa. En cambio, las importaciones subían sin control.

Se centraban en bienes de consumo, especialmente alimentos y bebidas destinados a satisfacer la demanda de aquellos inmigrantes que aún conservaban sus hábitos nacionales, o en textiles. Se importaban también bienes de capital o de consumo durable, pero en porcentajes bajos.

En 1885 empiezan a incrementarse firmemente las exportaciones agrícolas y, paralelamente, las importaciones, siempre en ascenso, comienzan a variar su composición: ahora se trae material ferroviario, productos industriales y otros bienes de capital. Pero los resultados de estas incorporaciones tendrán que esperar unos años para manifestarse: por ahora sólo agravan el desequilibrio de nuestra balanza comercial.

Ningún país puede sobrevivir mucho tiempo a un déficit continuo y creciente en su intercambio. Ocho años de balance negativo en nuestro comercio exterior, disimulados con empréstitos e inflación, bastaron para conmover la vulnerable economía de 1890.

Y sin embargo, el esquema comercial de la Argentina estaba bien planteado. El país había detectado correctamente sus mercados, identificado los bienes que debía privilegiar, e incorporado las técnicas que aumentarían y mejorarían la producción. Simplemente faltó contención y disciplina para que estas acertadas líneas productivas dispusieran del tiempo necesario para robustecerse. Resultaba más fácil endeudarse y seguir importando todo lo que se les ocurriera a los consumidores…

¿Cómo pudo mantenerse durante diez años esta ficticia arquitectura? La explicación no es fácil, pero seguramente debe centrarse en la enorme fe que suscitaba el espectáculo argentino: la consolidación de sus instituciones, la explotación de sus tierras fértiles y la ocupación de las marginales, la explosiva actividad de sus habitantes, la rápida asimilación de sus inmigrantes y, sobre todo, un proceso que en ese momento era el gran vector del progreso mundial: los ferrocarriles, en los que fluía el tráfico y el comercio.

 

Dia de la Lealtad Peronista Resumen Causas e Importancia

Día de la Lealtad Peronista – 17 de Octubre de 1945
Causas e Importancia

En el marco de una reacción oligárquico liberal unida en su voluntad de mantener el viejo país que ellos manejaron durante los últimos años a sus intereses, se precipitarán los acontecimientos de octubre de 1945, punto inicial del proceso revolucionario.  La presión de la oligarquía y el aparato político liberal que junta en una misma bolsa a conservadores, radicales, socialistas y comunistas logra con un sector del ejército y la marina, destituir a Perón y detenerlo (9 de octubre). Pero nucna  previeron la vitalidad con que reaccionará la clase obrera y algunos dirigentes sindicales frente al intento de «restauración oligárquica».  La jornada revolucionaria del 17 de octubre en la que Evita y núcleos de agitadores tuvieron un papel relevante en la movilización de masas, ésta fue exclusivamente protagonizada por el proletariado y sus activistas de base en forma totalmente espontánea.

festejos de perón y evita dia de la lealtad

El 17 de octubre de 1945:
Los orígenes del peronismo

Ante la profundización del enfrentamiento social entre las organizaciones obreras y empresariales, se aceleró el acercamiento político entre Perón y el sindicalismo. Además, Perón iba ganando cada vez más poder dentro del gobierno, llegando a ejercer simultáneamente la Secretaría de Trabajo, el Ministerio de Guerra y la Vicepresidencia.

Sin embargo, el panorama en 1945 no se presentaba del todo favorable para la nueva alianza social liderada por Perón. A la oposición de los industriales y terratenientes se sumaron la casi totalidad de los partidos políticos, asociaciones profesionales, gran parte de la comunidad universitaria y aquellos sindicatos que no acordaban con las propuestas de Perón y que reclamaban la democratización del país.

También tuvo una activa participación el secretario de Asuntos Latinoamericanos de la Embajada de los Estados Unidos, Spruille Braden, quien reclamó el apoyo de la Argentina a los Aliados y denunció al gobierno como simpatizante de los países del Eje.

Ante la ofensiva de la oposición, la mayoría de los militares que integraban el gobierno de Farrell creyeron que era necesario deshacerse del sector político liderado por Perón, considerado el más irritante por la oposición y muy peligroso por su avance sobre distintas áreas del Estado.

El 19 de septiembre de 1945 la oposición al gobierno de Farrell convocó a una concentración pública. Exigían la renuncia del gobierno y la entrega del poder a la Corte Suprema hasta la convocatoria a elecciones. «La composición del público reunido era —afirma el historiador Félix Luna—, a ojos vista, de clase media para arriba».

La concentración desfiló desde el Congreso de la Nación hasta la Plaza Francia, en la Recoleta. Estaba encabezada por grandes cartelones con las caras de Rivadavia, Sarmiento, San Martín, Moreno, Urquiza y Roque Sáenz Peña, y por conocidos políticos como el socialista Alfredo Palacios, el comunista Pedro Chiaranti, los conservadores Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina, figuras reconocidas del radicalismo, y el representante de la embajada norteamericana, Spruille Braden. Una de las consignas más gritadas por los participantes fue: «A Farrell y a Perón hoy le hicimos el cajón.»

Exigieron a Perón la renuncia a sus cargos y lo llevaron detenido a la isla Martín García.

En medio de un clima de agitación obrera, el Comité Central Confederal de la CCT había declarado la huelga general para el día 18, para reclamar ante el gobierno el mantenimiento de los beneficios laborales obtenidos durante la gestión de Perón.

La mañana del 17, grandes masas de trabajadores del conurbano marcharon hacia Plaza de Mayo para exigir la liberación del ex-secretario de Trabajo y Previsión. Allí permanecieron todo el día, mientras el gobierno negociaba con el comité de huelga y con el mismo Perón.

 Por la noche, luego de que el gobierno aceptara reemplazar su gabinete por otro adicto a Perón, éste dirigió un discurso a los trabajadores movilizados.

En los días que siguieron, la versión de los hechos que dominó en la prensa de la Capital Federal (favorable en su mayoría a la oposición) quitaba trascendencia histórica a la movilización, reducida a «grupos revoltosos» no representativos del proletariado. Los periódicos socialista (La vanguardia) y comunista (Orientación) adjudicaban a Perón la organización de la marcha, mediante la manipulación del lumpen-proletariado (individuos marginales y criminales).

La revista oficial de la CGT prefirió ignorar lo ocurrido el 17 y centrarse en la exaltación de la huelga del 18. Sólo La Época, el único diario importante que apoyaba a Perón, presentaba un relato similar al que luego se transformaría en oficial: el pueblo se había movilizado espontáneamente, a efectos de rescatar a su líder máximo.

Frente a estos hechos, la agitación creció en el seno del movimiento obrero. Entre los trabajadores existía la convicción de que la caída de Perón significaría el triunfo de los sectores capitalistas y la posibilidad de perder las conquistas sociales obtenidas.

Por ello, el 17 de octubre de 1945, al conocerse la renuncia de Perón, los obreros comenzaron a movilizarse en distintos lugares del país. No sólo hubo paros y manifestaciones espontáneas, sino que muchos gremios —en el Gran Buenos Aires, Rosario, Tucumán— declararon en los hechos una huelga general, desbordando a la conducción de la CGT que la había convocado para el 18 de octubre. La movilización de las masas obreras consiguió la liberación de Perón y aseguró la continuidad de sus conquistas sociales.

Luego de los sucesos del 17 de octubre, el movimiento obrero buscó consolidar su iniciativa política. Esta voluntad se expresó en la creación de un partido obrero: el Partido Laborista. La fundación del nuevo partido fue interpretada por los viejos sindicalistas como la realización de sus reclamos de participación política independiente en el plano político. La carta fundacional del laborismo prohibía expresamente «el ingreso de personas de ideas reaccionarias o totalitarias y de integrantes de la oligarquía».

Participaron en su creación dirigentes del más variado origen: socialistas, sindicalistas revolucionarios, radicales, independientes y miembros de la CGT. La primera comisión directiva estuvo encabezada por Luis Gay (telefónico) —nombrado presidente del partido— y Cipriano Reyes (del sindicato de la carne de Berisso), como vicepresidente. El resto de los dirigentes eran obreros de más de 15 años en la actividad sindical.

El programa del Partido Laborista proponía la convocatoria a elecciones democráticas y una organización económica y social para el país, basada en. una «necesaria redistribución de los ingresos, que mejore los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores. La democracia política —sostenía— debe complementarse con la democracia económica». El Partido Laborista se mantuvo hasta 1946 y luego de las elecciones, por iniciativa de Perón, fue disuelto. Su lugar fue, ocupado  por el Partido Peronista.

La versión oficial del acontecimiento fue destinada a transformarse en hegemónica, se fue gestando durante el gobierno de Perón por medio de la propaganda y la elaboración de un ritual que se repetiría todos los años. En 1946, el 17 de octubre fue denominado «Día del pueblo» y declarado feriado nacional por ley del Congreso. El nombre elegido evocaba la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones. Sin embargo, el acto oficial celebró el «Día de la Lealtad».

Con esta frase, el protagonismo de los trabajares era reemplazado por su adhesión incondicional a un líder. En su discurso, Perón anunció las características que el festejo tendría de ahí en más: se trataría de un diálogo sin mediaciones entre el líder y su pueblo, en el que aquél pediría su ratificación como tal. El ritual reproducía así la inapelación dada a la movilización del ’45: la reinstalación de Perón en el poder.

Consignas famosas: En toda campaña electoral, los partidos intentan resumir en una frase su posición ideológica. Estas frases, llamadas consignas o eslóganes deben ser breves, enfáticas, fáciles de recordar y con un gran poder de síntesis. La opción entre peronistas y antiperonistas fue planteada en 1946 por el peronismo como una elección entre «Braden o Perón». Con esta simple frase, se acusaba a los adversarios de obedecer a los intereses norteamericanos, representados por el embajador Spruille Braden, mientras que Juan Domingo Perón se atribuía la defensa de los intereses nacionales. A esta consigna, los candidatos de la Unión Democrática respondían, asimilando a Perón con el bando contrario a los aliados en la guerra europea «Hitler o Tamborini».

EL 17 DE OCTUBRE SEGÚN LOS INTELECTUALES CONTEMPORÁNEOS

Los habitantes del centro de Buenos Aires cerraron temerosos las persianas de sus casas ante los millares de trabajadores que desde los barrios suburbanos se dirigían a pie o en tranvías hacia la Plaza de Mayo. Con asombro y temor, los porteños descubrieron una masa obrera que, en los últimos años, había crecido y se había transformado con el aporte de los migrantes internos.
«-Era muy de mañana… El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. (…) De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en seguida su letra: ‘Yo te daré/ te daré, Patria hermosa/ te daré una cosa, una cosa que empieza con P… ¡Peróooon!’ Y aquel «Perón» retumbaba periódicamente como un cañonazo… Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba hacia la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé a los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina «invisible» que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.»
Leopoldo Marechal, en A. Andrés, Palabras con Leopoldo Marechal.

El 17 de octubre de 1945 en Plaza de Mayo. El escritor forjista Raúl Scalabríni Ortiz relató de este modo los sucesos de ese día: «Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en las densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de la usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevada.

Era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Lo que y o había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso […]. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación.»

«El 17 de octubre yo estaba en mi casa en Santos Lugares, cuando se produjo aquel profundo acontecimiento. No había diarios, no había teléfonos ni transportes, el silencio era un silencio profundo, un silencio de muerte. Y yo pensé para mí, esto es realmente una revolución. Era la primera vez en mi vida que yo asistía a un hecho semejante. Por supuesto, había leído sobre revoluciones. Tenemos en general una idea literaria y escolar de lo que es una convulsión de esa naturaleza. Pero es una idea literaria, sobre todo en este país, donde la gente ilustrada se formó leyendo libros preferentemente en francés. Y, todavía hoy, ve con enorme simpatía, cada vez que llega el 14 de julio, en las vitrinas de la Embajada francesa, en la calle Santa Fe, un descamisado tricolor tocando un bombo, rodeado por otros descamisados que vociferan y llevan trapos y banderas.

Todo esto le parece muy lindo y hasta de buen gusto, porque está en la avenida Santa Fe, sin comprender que esos hombres allí representados eran precisamente descamisados, y que esa revolución —como todas, por otra parte— fue sucia y estrepitosa, obra de hombres en alpargatas, que golpeaban bombos y que seguramente también orinaron (como los descamisados de Perón en la Plaza de Mayo), en alguna plaza histórica de Francia. No veo que haya en esto nada merecedor de la sonrisa o la ironía. A mí me conmueve el recuerdo de aquellos hombres y mujeres que habían convergido sobre la Plaza de Mayo, desde Avellaneda y Berisso, desde sus fábricas, para ofrecer su sangre por Perón.»

Fuente Consultada
Historia Argentina y el mundo contemporáneo Alonso/Elisalde/Vázquez
Sociedad , Espacio y Cultura Siglo XX La Argentina en América y el Mundo Tobio/Pipkin/Scaltritti
Historia Argentina Luchilo/Romano/Paz

Presidencia de Juarez Celman Obra de Gobierno Unicato Crisis 1890

Presidencia de Juarez Celman
Obra de Gobierno Unicato

Presidencia de Juarez Celman Obra de Gobierno Unicato Crisis 1890El período 1880-1890 comprende las presidencias de Julio A. Roca (1880-1886) y Miguel Juárez Celman (1886-1890). Estos gobernantes mantuvieron una política de fomento inmigratorio, fundamental para el progreso del país, al tiempo que favorecían la inversión de capitales extranjeros. La República Argentina entraba en la órbita del comercio mundial como exportadora de productos agrarios e importadora de artículos manufacturados. Esta relación se mantenía principalmente a través de Gran Bretaña.

Los primeros años de esta década marcaron un proceso de constante progreso, traducido en el enriquecimiento general y las obras públicas; el grupo gobernante llevó a cabo múltiples iniciativas que cambiaron la fisonomía del país, principalmente de su ciudad capital. Sin embargo, en el orden político, el balance era negativo: el fraude electoral y el manejo de los resortes del gobierno en beneficio del oficialismo impedía la libre manifestación de la oposición.

Sumados estos hechos a la crisis económica que sacudió los últimos años de la presidencia de Juárez Celman, se creó una situación que desembocó en la revolución de julio de 1890, dirigida por un nuevo partido de oposición: la Unión Cívica. El fracaso militar impidió el triunfo de los ideales democráticos del movimiento, pero Juárez Celman debió renunciar, asumiendo la presidencia Carlos Pellegrini.

PRESIDENCIA DE MIGUEL JUAREZ CELMAN: Al terminar el período presidencial de Julio A. Roca, se presentaron tres candidatos, Bernardo de Irigiyen, Manuel Ocampo y Miguel Juárez Celman, triunfando este último, integrando la fórmula, como vicepresidente, el doctor Carlos Pellegrini.

El nuevo mandatario, pariente político de Roca, había sido gobernador de Córdoba y luego senador nacional por esa provincia. Encabezaba la tendencia liberal, de inspiración europea, partidaria de transformaciones en las costumbres y creencias.

La obra administrativa y legislativa de esta presidencia fue intensa, sobre todo en la primera mitad del período. Entraron en vigor los nuevos códigos Penal y de Procedimientos Penales, y el de Minería; después de un extenso debate, en 1888 fue votada la Ley de matrimonio civil. En 1889, la Argentina envió sus delegados al primer congreso panamericano de Washington, destinado a estrechar relaciones entre los Estados de América.

Durante esta gestión crecieron las inversiones en bancos y ferrocarriles, se amasaron grandes fortunas y surgieron la especulación y los negociados.  Hacia 1890 se desató una gran crisis, bajaron los precios internacionales de las exportaciones argentinas y subieron los precios internos.

El descontento popular se expresó en la Revolución del 90, encabezada por Leandro N. Alem, que fracasó en el  terreno militar, pero logró forzar la renuncia de Juárez Celman y dio lugar a la fundación de la Unión Cívica Radical.

«El Unicato»
Entre 1886 y 1890, Juárez Celman ocupó el cargo de presidente de la República, designación que obtuvo gracias al dominio que el PAN ejercía sobre la política argentina,  Juárez Celman acentuó desmedidamente e! estilo político de su predecesor, Por un lado endureció los rasgos autoritarios del régimen político, atacó a la oposición y llegó a postular la inutilidad de un régimen basado en elecciones populares.

Por otro, facilitó e desarrollo de los negocios, a diferencia de Roca, que prefería consolidar su poder mediante acuerdos políticos, Juarez Celman invalidó a todo aquel que representara un problema, incluyendo al propio Roca  través de sucesivas intervenciones federales, fue concentrando el poder en su persona hasta que se bautizó a su presidencia como «el Unicato». La oposición poco tenía par; decir, ya que la autoridad del Presidente se veía legitimada por el notorio éxito de la economía.

Un opositor al gobierno, en 1890, afirmaba: «El presidente de la República ejerce de hecho toda la suma del poder público; tiene en sus manos las riendas del poder municipal, la llave de los bancos, la tutela de los gobiernos de provincia, la voz y el voto de los miembros del Congreso, y hasta maneja los resortes del Poder Judicial; desempeña además lo que se llama la jefatura del partido dominante, partido cuyos miembros son entidades pasivas que no deliberan ni resuelven nada, ni ejercitan funciones públicas y que se han acostumbrado a mendigar al jefe como favor las posiciones que debieran alcanzar en el comido como un derecho.»
Joaquín Castellanos en un mitin de la Unión Cívica.
Citado por José Luis Romero en «El desarrollo de las ideas en la sociedad argentina del siglo XX».


La crisis 1890: En 1889, la expansión económica comenzó a mostrar su debilidad, La deuda externa del  país, contraída por la entrada de capitales extranjeros, aumentó y también crecieron as importaciones. En teoría, las exportaciones debían pagar las importaciones y los serví:: de la deuda. Sin embargo, las importaciones y los intereses de los préstamos creciere» rápidamente que las exportaciones, de modo que sólo podían cancelarse mediante nuevos  préstamos.

El flujo de capitales extranjeros comenzó a disminuir, hasta que en 1890 una crisis financiera y económica europea provocó su interrupción. Sin préstamos no podían pan los intereses de los préstamos obtenidos anteriormente y la caída de los precios internacionales de los productos de exportación agravó el desequilibrio de la balanza comercial, Se produjo e! cierre de la mayoría de los bancos, la paralización de las obra; públicas y la quiebra de comercios. La desocupación se generalizó.

A esto se sumó la demanda de mejoras salariales que hicieron proliferar las huelgas de zapateros, panaderos y ferroviarios, entre otros gremios, De esta manera, el principal capital político del presidente Juárez Celman comenzó a licuarse y afloraron las tensiones políticas contenidas por el progreso económico.

La revolución de 1890 se conoce como «Revolución del Parque», porque la oposición se atrincheró en el Cuartel del Parque de Artillería (la actual Plaza Lavalle) y desde allí iniciaron los combates que duraron tres días. En las filas de los revolucionarios había figuras como Leandro N. Alem, Lisandro de la Torre, Aristóbulo del Valle, Hipólito Yrigoyen, Nicolás Repetto, Emilio Mitre, Marcelo T. de Alvear y Juan B.Justo.

EL Unicato: Desde 1880, se profundizó el proceso de concentración del poder político alrededor del partido oficialista y, sobre todo, de la figura del primer mandatario. Con esta concentración de poder, el presidente no buscaba su fortalecimiento frente a una oposición política que todavía era débil y estaba desarticulada.

Por lo contrario, buscaba afirmarse entre la clase gobernante y remover a aquellos gobernadores que consideraba no eran leales. El proceso de concentración de autoridad se acentuó cuando Juárez Celman unió a su condición de presidente de la República la de jefe del Partido Autonomista Nacional. Sus contemporáneos llamaron Unicato a esta fuerte concentración de poder político en la persona del presidente.

Después de la renuncia del presidente Juárez Celman, en 1890, aunque Roca asumió la jefatura del PAN —y la mantuvo por muchos años—, los presidentes que se sucedieron acentuaron la tendencia centralizadora de la autoridad en su persona.

AMPLIACIÓN:
La obra de gobierno
En los dos primeros años de su mandato, Juárez Celman se dedicó con franco optimismo a promover el progreso, la riqueza y la inmigración. Las vías férreas unieron las principales ciudades del interior, se publicó en cifras el adelanto agrícola-ganadero y gran cantidad de inmigrantes y capitales extranjeros llegaron al país.

La ciudad de Buenos Aires experimentó nuevas e importantes transformaciones, y extendió sus límites con la incorporación de los partidos de Flores y Belgrano.

Entre las obras públicas merecen citarse: la apertura de la Avenida de Mayo; la terminación de la Casa de Gobierno y del puerto; la construcción del nuevo teatro Colón (el actual); del palacio de Obras Sanitarias y del Departamento Central de Policía.

En noviembre de 1888, las Cámaras legislativas sancionaron la Ley del matrimonio civil, por la cual el casamiento quedaba secularizado como un contrato de la vida civil, sin necesidad de la posterior consagración religiosa.

Juárez Celman dispuso que la Argentina concurriera a la Exposición Internacional reunida en París en 1889, para exhibir en esa importante muestra los progresos alcanzados. Nuestro país también estuvo presente en el Primer Congreso Panamericano, celebrado ese mismo año en la ciudad de Washington.

La crisis económico-financiera
En su afán de progreso, el gobierno se dejó llevar por el espíritu febril Je la época, otorgó concesiones y firmó nuevos empréstitos con los capitales extranjeros, los que pasaron a controlar los ferrocarriles, puertos, algunos servicios públicos y acapararon tierras para especular. A esta situación —duramente combatida por los opositores— se sumaron las emisiones do papel moneda sin respaldo legal y la entrega de créditos bancarios a partlCU lares bajo la sola influencia política.

Entre el pueblo cundió la fiebre del dinero y de la especulación, el desenfreno por los negocios de ganancia segura y el afán de enriquecimiento a través de cotizaciones de la Bolsa de Comercio —basadas en pro mesas y papeles carentes de valor—, organismo que fue el «centro del delirio especulativo. La embriaguez corruptora se extendió por doquier y la ciudad entera se transformó en un verdadero emporio comercial, dondo diariamente surgían nuevos ricos.

En 1889, la inflación y el agio llegaron a un grado alarmante. Los gastos desproporcionados de la administración pública eran muy superiores a las rentas del país, mientras el comercio exterior arrojaba un balance negativo.

La agitación política
Cada día se hizo más numerosa la oposición, la que culpaba al gobierno de haber llevado al país a un estado de quiebra. La impopularidad contra el oficialismo aumentó cuando circulaban fundados rumores sobre la próxima candidatura a la presidencia —aunque la fecha estaba lejana— del doctor Ramón J. Cárcano, intimo amigo de Juárez Celman.

En medio de gran tensión política, los jóvenes partidarios del gobierno se reunieron en un banquete, que se llamó de los «incondicionales» —donde ovacionaron al retrato del presidente. Como réplica, el 20 de agosto de 1889, el diario «La Nación» publicó un artículo del doctor Francisco Barroeta-veña, en el que criticaba duramente a los jóvenes incondicionales por apoyar un gobierno desprestigiado, que anhelaba perpetuarse en el poder.

El domingo 1? de setiembre, ios opositores al gobierno se reunieron en el Jardín Florida’ en un mitin cívico al que asistieron las figuras más representativas de la época: Leandro N. Alem, Pedro Goyena, Aristóbulo del Valle y otros. Mitre y Bernardo de Irigoyen enviaron sendas cartas de adhesión.

Varios oradores se dirigieron al público y el acto terminó con la aprobación del estatuto de un nuevo partido político denominado Unión Cívica de la Juventud, cuyos propósitos eran luchar por la pureza del sufragio, las libertades públicas y la moral administrativa. La nueva fuerza política formó comités populares y se extendió no sólo por Buenos Aires, sinp también por el interior del país.

El 13 de abril de 1890 se celebró un nuevo mitin, esta vez en el Frontón Buenos Aires.2 En medio del entusiasmo de una extraordinaria multitud so declaró fundada la Unión Cívica, bajo la presidencia de Leandro Alem.

La Revolución de 1890
La asamblea del Frontón Buenos Aires tuvo gran efecto político. Cárcano, Pellegrini y Roca, manifestaron públicamente que no aceptaban la precandidatura a la presidencia. Por su parte, Juárez Celman renovó su ministerio para despertar la confianza pública, pero nada pudo impedir el estallido de un movimiento revolucionario que incubaban desde tiempo atrás varios jefes militares —constituidos en logia— y civiles de la Unión Cívica.

En la madrugada del 26 de julio de 1890, el jefe militar revolucionario general Manuel J. Campos ocupó con tropas civiles armadas el Parque de Artillería, donde actualmente se levanta el edificio de los Tribunales, frente a la Plaza Lavalle. La flota anclada en el puerto también se sublevó, a la? órdenes del teniente de navio Eduardo O’Connor.

El gobierno dispuso resistir y estableció su cuartel general en el Retiro. Juárez Celman partió en tren hacia Rosario mientras el vicepresidente Pellegrini y el ministro de guerra, general Lavalle, se hacían cargo de la lucha en la capital.

Las fuerzas revolucionarias no avanzaron de sus posiciones, circunstancia que aprovecharon las tropas gubernamentales —reforzadas con contingentes del interior— para iniciar el ataque. Así comenzó una intensa lucha que se prolongó hasta el 28 de julio, día en que los rebeldes se rindieron cuando supieron que el gobierno no tomaría represalias contra ellos.

Aunque sofocada la revolución desde el punto de vista militar, el ambiente de intranquilidad presagiaba nuevos sucesos. El Congreso’—que respondía al jefe de Estado-— no celebró el triunfo, y en el recinto de sesiones el senador Manuel Pizarra pronunció esta frase elocuente: «La revolución ha sido vencida, pero el gobierno está muerto».

Sin apoyo ni popularidad, Juárez Calman presentó su renuncia, la que fue aceptada por el Congreso el día 6 de agosto.

AMPLIAR SOBRE MIGUEL JUÁREZ CELMAN

Fuente Consultada:
Historia de la Argentina Cuadernillo de Crónica La Revolución del Parque