Los Himalayas

El Agua Caracteristicas Generales y sus Propiedades Físicas

El Agua Características Generales y Propiedades Físicas

PROPIEDADES:

1-Temperatura de Ebullición y Fusión

2-Densidad

3-Presión

4-Calor Especifico

5-Tensión Superficial

6-Constante Dielétrica

EL AGUA es el compuesto químico más común de la Tierra. Existe tanta que si la corteza terrestre fuese absolutamente plana, los océanos cubrirían todo el planeta a una profundidad uniforme de casi 2.5 km. El agua es la única sustancia que se puede encontrar, de manera natural, en los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso (vapor).

Y según afirman los científicos, en ella se inició la vida hace millones de años. Se trata de una sustancia excepcional, porque naturalmente se encuentra en las tres fases: sólida, líquida y gaseosa.

En este sentido, si se compara la molécula de agua con otras similares, parecería que su fase dominante es la gaseosa en lugar de la líquida. Sin embargo, esta última es la que se presenta en el rango de temperatura que existe en una gran mayoría de la superficie del planeta. Esto se debe a la formación de dipolos.

Además, tiene otras propiedades extraordinarias que veremos a continuación.

HISTORIA: La Tierra se formó hace unos 5.000 millones de años. Mil millones de años más tarde, el oxígeno se mezcló con hidrógeno en la primitiva atmósfera y se formó el agua. Gradualmente, las moléculas de agua fueron ocupando la atmósfera en forma de vapor invisible, el cual, al condensarse, produjo la lluvia.

La Tierra era entonces mucho más caliente que ahora y, por consiguiente, la lluvia, al hacer contacto con ella, se convertía inmediatamente en vapor y volvía de nuevo a la atmósfera.

Así continuó sucediendo hasta que la Tierra se fue enfriando y, en consecuencia, el agua se fue depositando en las hondonadas, lo que originó que poco a poco se fueran formando primero los lagos, luego los mares y, finalmente, los océanos. Y fue aquí, en los océanos, donde se originó y se desarrolló por vez primera la vida sobre la Tierra.

Pero, sin unas condiciones precisas y adecuadas, nunca se hubiera producido la vida. Así, si la Tierra hubiera sido más pequeña, la gravedad no habría sido suficiente para atraer y retener las moléculas de agua.

Si ponemos, por ejemplo, un recipiente con agua en un sitio templado y seco de la casa, pronto se secará; sin embargo, las moléculas de agua no se pierden, sino que se mantienen en suspensión en el aire que respiramos. Si se hiciera lo mismo en la Luna, el agua se evaporaría paulatinamente y se perdería en la inmensidad del espacio celeste.

El agua es una de las sustancias más comunes, aunque también, por varios motivos, una de las más complejas. Puede ser líquida, sólida (hielo) o gaseosa (vapor). En todas estas formas, el agua presenta diferentes e importantes propiedades, que son objeto de estudio de miles de científicos.

El agua es un líquido inodoro, incoloro e insípido que resulta imprescindible para el desarrollo de procesos vitales, desde el ámbito celular hasta la propia vida humana. Buena prueba de ello es el hecho de que aproximadamente el 70% del peso del cuerpo humano  está constituido por agua.

Formas en que se presenta el agua: La característica relativamente más simple del agua es que, en estado puro, constituye un compuesto químido formado por dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno. Científicamente, esto se expresa con la fórmula H2O.

Elementos químicos de una molécula de Agua: 2 átomos de hidrógeno y 1 de oxígeno

El agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, y su fórmula química es H20. Su molécula, triangular, presenta un átomo de oxígeno en uno de sus vértices y en los restantes los de hidrógeno. La unión de cada oxígeno con los otros dos integrantes de la molécula tiene lugar mediante un enlace covalente; así pues, el oxígeno comparte un par de electrones con cada uno de los hidrógenos.

Tanto el agua evaporada como el hielo y el agua líquida son casi completamente transparentes; y si no lo son, es debido a las impurezas o sustancias disueltas, e incluso a las burbujas de aire u otros gases que contienen.

El agua pura es insípida, pero la que sale del grifo suele contener unas cantidades mínimas de sustancias disueltas que hacen que al bebería resulte más agradable. Podemos conseguir agua casi pura hirviéndola y condensando el vapor en una superficie fría; es lo que se llama agua destilada.

También el agua de lluvia es casi pura, aunque la precipitación en zonas uroanas es muy probable que arrastre parte de las impurezas de la atmósfera.

Hay dos tipos bastante infrecuentes de agua. De cada 500 átomos de hidrógeno, aproximadamente uno es de deuterio, una variedad de hidrógeno que pesa el doble del normal, y cuando este átomo se une a uno de oxígeno se obtiene agua pesada (D2O). El otro tipo es el denominado óxido de tritio (T2).

Sustancias que contiene el agua: Se disuelven más sustancias en agua que en cualquier otro líquido. Esto se debe a que sus moléculas tienen un arreglo de átomos poco común que las convierte en diminutos «imanes», con una carga eléctrica positiva de un lado y una negativa del otro.

Dado que las cargas eléctricas opuestas se atraen, las moléculas del agua son capaces de unirse por cualquiera de sus lados a las de otras sustancias, sin importar la carga eléctrica de éstas. Así, compuestos tan diferentes como sal, azúcar y alcohol se disuelven fácilmente en agua. En este sentido, el agua es extremadamente «adherible» y disuelve otros materiales separándoles las moléculas.

Si vertemos unos granitos de sal común (cloruro de sodio) en un poco de agua y agitamos bien la mezcla, llegará un momento en que la sal, por haberse disuelto, dejará de verse; pero el agua sabrá salada. Esto mismo es lo que ha estado sucediendo en los océanos desde su formación.

El sol y el viento evaporan parte del agua de la superficie del mar, pero las demás sustancias que contiene permanecen; este agua evaporada cae en forma de lluvia en los campos, y al correr entre las rocas disuelve y arrastra una pequeña parte de ellas: es lo que llamamos sales, aunque no todas tienen por qué ser necesariamente cloruro de sodio. El agua cargada de sales vuelve de nuevo al mar, incrementando un poco más el contenido de minerales disueltos que ya posee.

Además, por sus insólitas propiedades eléctricas, las moléculas de agua se fijan unas a otras con extraordinaria tenacidad. Se requiere de gran cantidad de energía para separarlas y, así, cambiar su estado de, digamos, sólido a líquido.

Por esta razón, a diferencia de muchos otros compuestos simples que también contienen hidrógeno, el agua se derrite y hierve a altas temperaturas. El metano, por ejemplo, hierve a -161°C, muy por debajo del punto de congelación del agua.

PROPIEDADES FÍSICAS: La importancia del agua es tal en el universo que los científicos se sirven de ella como patrón en los sistemas de medida de densidad y temperatura. La densidad o peso específico de una sustancia es su masa en relación a la unidad de volumen.

La unidad de masa o peso es el gramo (g), que se define como la masa de un mililitro (0,001 de un litro, o exactamente un centímetro cúbico) de agua a la temperatura de 3,98 °C. La temperatura debe consignarse, pues la densidad del agua varía al calentarse o enfriarse.

Temperaturas
La temperatura a que se hiela o hierve el agua pura a la presión atmosférica del nivel del mar es la base de nuestra escala termométrica. En la escala Celsio o Centígrada común, el agua se congela a 0o y hierve a 100°. Si se toma agua pura, completamente desprovista de gas disuelto, y se calienta con mucho cuidado, sin agitarla, se puede elevar la temperatura hasta 180 °C y comprobar que permanece en su estado líquido.

Este agua sometida a tan elevadas temperaturas parece como si de pronto hiciese explosión, pasando a continuación a convertirse en vapor. Cada partícula de agua se expande súbitamente a unas 1.700 veces su volumen líquido.

Del mismo modo, si se enfría el agua con sumo cuidado, puede alcanzarse una temperatura algo por debajo de los 0o, sin que por ello llegue a helarse; pero en seguida se congela y se expande también. Este mismo proceso es el que tiene lugar cuando se dice que las cañerías se han reventado en una helada o que las botellas de leche, por ejemplo, se han roto; y la causa no es otra que la expansión que experimenta el agua al congelarse.

Densidad: A excepción del hielo, cuya densidad es menor que la del agua, la mayor parte de las materias son más densas en estado sólido que en estado líquido. El hielo común tiene una densidad de 0,917, comparado con un valor de 1,0 del agua líquida; de ahí que el hielo, en cierta medida, flote. Así, cuando vemos un iceberg, hemos de tener en cuenta que es sólo una mínima parte lo que asoma a la superficie; debajo se oculta una masa ocho o nueve veces mayor.

Como sucede con casi todas las demás sustancias, la densidad del agua disminuye al calentarla; por eso, el agua más templada sube a la superficie del mar, y la más fría, con mayor peso, permanece debajo.

La temperatura en que el agua pura presenta la máxima densidad es de unos 4 °C (exactamente 3,98 °C), y esto también es un hecho excepcional: si se la somete a temperaturas inferiores, al enfriarse, su densidad disminuye, al revés de lo que podría esperarse.

Esta propiedad es vital para los animales marinos de las regiones frías, pues el agua de la superficie, al enfriarse por estar en contacto con el aire frío, se vuelve más densa y se hunde lentamente formando una capa con una temperatura de apenas de 4 °C que no puede ser desplazada.

El agua superficial, menos densa, es la que primero se congela. En la capa profunda, que permanece a 4 °C, puede subsistir la vida hasta el deshielo de la primavera.

Si el agua no poseyera esta propiedad casi mágica, todo el agua de un lago se congelaría hasta el fondo. La densidad media del agua oceánica es de 1,014, pero varía tanto en función de su temperatura como de su salinidad.

Presión: Los científicos han descubierto que existen muchas clases diferentes de agua y también ciertas variedades de hielo de mayor densidad que ésta. Se puede hacer hielo comprimiendo el agua a presiones extremas antes de congelarla; incluso, después de haberse formado el hielo, puede licuarse comprimiéndolo. Una presión de 15,5 MPa (millones de Paséales o 0,155 toneladas por cm2) reduce el punto de congelación en 1 °C.

El filo de unos patines, por ejemplo, hace tal presión sobre el hielo que lo funde momentáneamente, permitiendo así que el patinador se deslice grácilmente sobre una delgadísima capa de agua.

patinar sobre hielo

agua y densidad, temperatura

La densidad del agua varía con la temperatura. Igual masa ocupa diferente volumen a distintas temperatuas. El hielo es menos denso que el agua hirviendo, y ésta alcanza la máxima densidad a 4 °C.

Cristal del Hielo

El hielo es cristalino y forma figuras hexagonales (de 6 lados). Este mismo es el efecto que se produce al
congelarse la humedad depositada, por ejemplo, en una ventana. En estado sólido es singular, pues la mayoría de las sustancias sólidas son más densas que su forma líquida. Para solidificarse, las moléculas se acercan y se unen. Sin embargo, las moléculas del agua , al unirse para producir un cristal de hielo (arriba), crean en su figura un hueco entre ellas, ampliando el espacio que ocupan. Por lo tanto, el hielo es menos denso que el agua, y por eso los cubos de hielo flotan.

 

Calor Especifico: Con un valor de 4,185 joule/g °C el agua es la mayor de todas las sustancias sólidas y líquidas, a excepción del litio, del hidrógeno y del amoníaco licuado. Su elevada capacidad para almacenar calor hace que los océanos puedan regular la temperatura terrestre y tener un papel estabilizador en las variaciones de temperatura de la atmósfera, eliminando los fríos y los calores extremos y permitiendo la existencia de las especies vivas muy sensibles.

Calor latente de fusión. Su valor de 79 kcald es el mayor, exceptuando el del amoníaco. Esto permite un efecto de termostato en las proximidades del punto de fusión, lo que se relaciona con la interacción entre la criosfera y la hidrosfera, en relación con los fenómenos de erosión.

Calor latente de evaporación. Es de 547 kcal/1 a 100 °C y representa ei mayor valor conocido. Resulta relevante en la transferencia de calor y de vapor de agua a la atmósfera.

Tensión superficial. Esta magnitud a 20 °C alcanza un valor de 72,76 dyn/cm. Es el valor máximo de todos los líquidos a esa temperatura, y tiene importancia en fenómenos de superficie y en la formación de gotas. La tensión superficial explica fenómenos biológicos tales como el movimiento de las chinches de agua en la superficie del agua.

Constante dieléctrica. A 20 °C y una atmósfera alcanza un valor de 80,36. Es la mayor en líquidos y tiene especial interés para facilitar la disociación de moléculas inorgánicas. Por ejemplo, para mantener la presión osmótica y el equilibrio ácido-base de la célula, son importantes las sales disociadas en aniones (CP) y cationes (Na+, Mg++).

La retención de iones produce un aumento en la presión osmótica y, por lo tanto, la entrada de agua a la célula, viscosidad dinámica. Tiene un valor relativamente alto, de 0,01 g/cm3 a 20 °C y una atmósfera, aproximadamente cien veces mayor que el aire. Como consecuencia, el agua es un medio que ofrece resistencia a los organismos que deben desplazarse en ella, pero a su vez facilita la suspensión de las comunidades planctónicas.

Poder disolvente de las sales y del oxígeno. El agua es la sustancia que más solutos, gases, líquidos y sólidos es capaz de disolver y además de hacerlo en mayor proporción, por lo que nunca se encuentra en estado puro en la naturaleza. Incluso el agua de lluvia, que es la de más baja contaminación de otras sustancias, contiene gases y un 0,003% de minerales disueltos, como calcio, magnesio y sodio. Así como la solubilidad de las sales aumenta, en general, al aumentar la temperatura, ocurre lo contrario con los gases.

A medida que disminuye la temperatura, la solubilidad del gas aumenta (tengan en cuenta al respecto, los postulados de la teoría cinética). Mientras que se disuelven 370 g de cloruro de sodio (NaCl) en un litro de agua a 20 °C, a la misma temperatura se disuelven 9 mg de oxígeno en un litro de agua. La situación se modifica si la presión aumenta, ya que la solubilidad del gas aumenta.

Así, la trucha y el salmón no pueden vivir en agua, cuya temperatura es mayor a 15 °C. Si bien el oxígeno se forma en el agua a partir de la fotosíntesis producida por las algas verdes, la mayor concentración proviene de la disolución del oxígeno contenido en la atmósfera, disolución que es favorecida por el movimiento de las aguas.

Los peces y otros animales acuáticos, así como las bacterias aeróbicas, necesitan del oxígeno para vivir, ya que lo utilizan para respirar. Las bacterias aeróbicas (descomponedoras) transforman la materia orgánica disuelta en el agua en materia inorgánica y dióxido de carbono (CO2).

Cuando la concentración de materia orgánica es alta, la riuanda de oxígeno por parte de las bacterias pone en riesgo la vida en el bioma acuático. Para que un pez pueda vivir, necesita aproximadamente 4 mg de oxígeno por litro de agua; si las bacterias hacen disminuir esta concentración, el pez muere por asfixia (o anoxia).

Tal vez por muchas de las razones enumeradas, el agua es el compuesto químico más abundante en los seres vivos y el principal componente del citoplasma celular. Por otra parte, ningún ser vivo puede sobrevivir sin agua, y cada uno tiene su modo particular de obtenerla y aprovecharla.

El organismo humano está constituido sobre todo por agua, y su contenido se encuentra en relación con la edad y con la actividad metabólica de ese organismo; en el embrión es mayor (90-95%) y disminuye progresivamente en el adulto (entre 60% y 70%). Las dos partes riel peso del hombre y de la mujer consisten en agua.

El cerebro, por otra parte, está constituido por un 99% de agua, mientras que el esqueleto, por un 44%. La necesidad diaria de agua de un adulto es entre 2,5 y 2,7 litros.

La función de agua en el cuerpo humano es mantener la disolución de las enzimas y el resto de sustancias orgánicas de la célula. Participa en el proceso digestivo y en el mantenimiento de la temperatura corporal; Transporta los nutrientes en la sangre y ayuda a eliminar los desechos metabólicos.

EL CONGELAMIENTO DE LA SUPERFICIE DE UN LAGO: El agua también es extraña por la forma en que se congela. Casi todos los líquidos se congelan de abajo hacia arriba; es decir, conforme se enfrían, su densidad aumenta y las capas más calientes, al ser más ligeras, suben.

Sin embargo, el hielo se forma primero en la superficie del agua. Por ejemplo, la temperatura del agua de un lago puede ser de 10°C en otoño; a medida que el frío viento de invierno sople sobre el lago, la capa superior del agua se condensará y comenzará a hundirse. A diferencia de otros líquidos, el agua alcanza su máxima densidad a los 4°C, por encima del punto de congelación. A esta temperatura el movimiento del agua del lago se detendrá.

La capa superior se enfriará más y se tornará menos densa, pero no se hundirá, debido a que el agua que esté debajo será más densa aún. Si el viento es muy frío, la capa superior se enfriará tanto que se congelará. A menos que el invierno sea extremadamente frío, esta capa de hielo protegerá el lago de la temperatura fría del exterior y evitará que se congele totalmente.

La siguiente tabla indica los valores de las constantes físicas y químicas, como peso molecular, densiad, constante dieléctrica, punto de fusión y ebullición , y otros datos del agua en sus diversos estados.

tabla constantes fisicas del agua

Electrólisis
Conectando un circuito eléctrico a dos electrodos inertes (conectores en los que la electricidad entra o sale por una disolución) sumergidos en agua absolutamente pura, es imposible que pase corriente.(ver proceso)

Pero si se añade al agua un poco de ácido, se produce inmediatamente una abundancia de iones liberados capaces de conducir electricidad, y surge también un chorro de burbujas de los electrodos hacia la superficie. Del electrodo negativo, llamado cátodo, sale doble cantidad de gas que del positivo, llamado ánodo. Mediante una serie de ensayos, podemos comprobar que del ánodo sale oxígeno y del cátodo hidrógeno, y así averiguar qué ingredientes componen el agua.

electrolisis del agua

Cuba Electrolítica

Si se acercaran accidentalmente los dos gases a una cerilla encendida, se produciría una violenta explosión y los gases se volverían a convertir en agua. Las aplicaciones industriales de la electrólisis reciben el nombre de electroquímica. Estas aplicaciones son cada día más importantes: el afino del cobre y del cinc; la obtención del cloro; etc.

EL AGUA DE MAR: En el agua de mar se encuentra el 75% de los elementos químicos naturales, inclusive el oro. Los científicos saben que los océanos son cada vez más salados. Por término medio, el agua de mar contiene 35 partes de minerales disueltos por cada 1.000 de agua; por este motivo es un poco más densa que el agua dulce.

Normalmente, al agua pura se le asigna una densidad de valor 1; la del agua marina común es de 1,03, por eso las embarcaciones y los nadadores flotan más fácilmente en el mar que en el agua pura.

En el Mar Muerto, en la frontera entre Jordania e Israel, el agua es tan salada y su densidad tan elevada, que no puede haber vida, de ahí su nombre.

El agua es un buen disolvente, capaz de disolver muchas materias; pero si se llena un frasco con agua de un río o de un estanque, seguramente se observarán grupos de partículas flotantes de sustancias sin disolver. Al sumergirse éstas tan despacio, el agua las arrastra suspendidas; de ahí que el agua adquiera una tonalidad oscura, turbia.

La mayor parte de las materias disueltas en el agua son minerales; pero hay algo más, y muy importante, disuelto en prácticamente todos los tipos de agua: aire. Gracias a él, los peces y otras formas de vida acuática pueden respirar por debajo de la superficie.

OTRAS PROPIEDADES DEL AGUA
• A una temperatura superior a los 374°C ei agua es un gas perfecto: ello significa que sus moléculas se mueven con tal energía que ninguna presión puede transformaría en un líquido. Se la denomina vapor cuando puede licuarse por simple presión.

• La presión a la que se licúa el agua al llegar a los 374°C es de 274 atmósferas. Se denomina a ambas presión y temperatura críticas.

• Cuando el hielo se derrite, el agua que se forma contiene aún microscópicos cristales en solución; por eso, su viscosidad se reduce a la décima parte, entre 0° y 100°C.Pero los puentes de hidrógeno, o atracción entre las moléculas de agua, siguen actuando a elevadas temperaturas: de aquí que el punto de ebullición (cuando el agua se -transforma en vapor) y la cantidad de calor necesario para evaporar el agua, sean muy elevados.

• El agua pura es mala conductora de la electricidad.

•   El vapor de agua a una densidad de 400 gr. por litro es capaz de disolver mucha sal, propiedad que se aprovecha extensamente en la industria.

• A 1,200°C de temperatura la molécula de agua se disocia casi totalmente en radicales libres (iones H+- y OH—, o sea cationes de hidrógeno y amones oxidrilo).

• Debido a que el hielo ocupa mayor espacio que el agua líquida, una presión enérgica lo licúa, lo que es fácil de demostrar apretando fuertemente el filo de un cuchillo contra un bloque de hielo.

• En condiciones de laboratorio, y a presiones superiores a 2.000 atmósferas, se eliminan los vacíos dentro de los cristales de hielo, y se obtienen cinco clases diferentes de menor volumen, que son reversibles cuando dicha presión se elimina.

• La cohesión o atracción recíproca entre las moléculas de agua es tal que para romper una columna de 1 cm². de sección se requiere una fuerza de 15.000 kg.

• Se dice que el agua moja las paredes de un tubo cuando por razones químicas o eléctricas adhiere a éste y asciende por él; debido a la cohesión entre las moléculas arrastra al conjunto de agua restante y, si el tubo es delgado, se observa un ascenso muy sensible de la columna de agua. El fenómeno se denomina capilaridad, porque se observa mejor en tubos delgados como cabellos.

• Sabemos que las bases en solución emiten iones oxhidrilos y que los ácidos emiten iones de hidrógeno; el agua es, por lo tanto, un solvente excelente de las sustancias que se disuelven en iones, que son los mismos que los que ella libera. Sin embargo, no sólo disuelve sustancias iónicas: el alcohol etílico, por ejemplo, se disuelve también en cualquier proporción.

• El peso molecular del agua es de 18: 16 por el átomo de oxígeno, y 1 por cada uno de los átomos de hidrógeno; existe un agua pesada cuyo peso molecular es igual a 20, porque consta de hidrógeno pesado o deuterio cuyo átomo tiene masa 2.

• El agua pesada es inerte; todos les animales y los vegetales morirían de sed si  tuvieran que vivir de ella.

• Se observan, a veces, cañerías que se congelan a cerca de 20°C o plantas de maíz que sufren heladas arriba de los 4°C; esto se debe a la estructura particular del agua. En, efecto, si se introduce en ella minúsculas cantidades de gas metano, éste rompe las uniones entre las., moléculas, reduce la cohesión y favorece el reordenamiento en cristales de las moléculas de agua.

• El agua oxigenada H202, o peróxido de hidrógeno, es un compuesto inestable que contiene más oxígeno que el agua común y tiende a liberarlo; por eso se lo utiliza en los procedimientos de blanqueo.

• El agua tiene un color azul en espesores superiores a los 2 m.; los otros matices que presenta son debidos a impurezas o reflexión del cielo.

Ver: ¿Que es el poliagua?

Fuente Consultada:
Ciencia Visión AGUA Atlántida
Enciclopedia Hispanica Macropedia Tomo I
¿Sabía Ud. Que? Reader´s Digest
TECNIRAMA Enciclopedia de la Ciencia y la Tecnología

Palacio Potala en el Tibet – Templo Sagrado de Dalai Lama

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama

Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.Lhasa, capital del Tíbet, «el techo del mundo«, se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

palacio potala

Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala («Montaña de Buda» en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había «retirado del mundo para dedicarse a la meditación».

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa «océano», y lama quiere decir «hombre sabio» en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935′ fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

Ver: El Monte Athos y Su Monasterio

El Everest: Habitantes,Fauna ,Flora, Altura ,Historia de los Ascensos

El Everest: Fauna, Flora, Altura, Historia

HISTORIA DEL LA EXPLORACIÓN DE LA ZONA:

El Everest Habitantes Fauna Flora Las Escaladas Altura HistoriaCuando sir George Everest entró a formar parte, en 1823, del Great Trigonometrical Survey of India no imaginaba, ciertamente, que su nombre pasaría a la historia. Superintendente de dicha organización entre 1830 y 1843, se dedicó ala difícil labor de estudiar datos geográficos, determinando, entre otras cosas, el esferoide matemático sobre el que se calcula la altura de las montañas.

Por esta razón, cuando en 1852 se descubrió que el Peak 15, de la cadena del Himalaya, era la cima más alta de la Tierra, Andrew Waugh, que entre tanto había sustituido a Everest, propuso bautizarla con el nombre de su predecesor.

Más interesados en la cartografía que en. la antropología, Everest y Waugh ignoraban, probablemente, la existencia de un topónimo local utilizado por la población tibetana para indicar no ya la cima más elevada sino toda la cadena del Himalaya (palabra esta última derivada del sánscrito y que más o menos significa Residencia de las Nieves).

Este topónimo es Chomo Lungma, es decir Diosa Madre de la Tierra (o según otras interpretaciones, Diosa Madre de las Montañas o del Viento). Otro apelativo más reciente es Sagarmatha, Elevado en el Cielo, elegido por los nepaleses, no sin un destello de orgullo nacionalista, tras la apertura de sus valles a los occidentales.

El Everest, o Chomo Lungma o Sagarmatha es una enorme montaña piramidal de calizas primarias cuyas vertientes oriental y noroccidental están orientadas hacia el Tibet y la sudoccidental, hacia el Nepal; es el punto culminante de la cadena del Himalaya, sistema montañoso que comprende más de cien cimas de una altitud superior a los 7.000 metros y diez de 8.000 (otras cuatro cimas de 8.000 metros se encuentran en el Karakorum) y constituye una franja de picos y de macizos que se extiende formando un arco de más de 2.500 kilómetros de longitud y entre 200 a 500 de anchura. Esta franja montañosa está delimitada, al sur, por las tierras bajas de la India, y al norte, por la altiplanicie del Tibet.

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Su formación se inició hará unos 10 ó 16 millones de años, durante el mioceno, cuando la cima del futuro Everest yacía aún bajo el nivel del mar y la violenta colisión del subcontinente indio (escudo de Deccan), separado de África, con el continente asiático (escudo siberiano) señaló el comienzo de la primera elevación de la cadena. Según tal interpretación, relacionada con la teoría de “los continentes a la deriva” (que no ha sido aceptada por todos), se necesitaron por lo menos cinco millones de años para que el Everest emergiera de las aguas y fuera empujado, durante las eras que siguieron, a más de 7.000 metros de altura.

La elevación de las cadenas provocó una notable modificación del clima, sobre todo en la vertiente meridional; la de la India, con incremento de lluvias, progresiva erosión de las vertientes de las montañas e intensa formación de sedimentos que llenaron lo que entonces era el “mar del Ganges”.

La prueba de que allí por donde hoy discurre el río sagrado había un mar la demuestran los hallazgos, hasta cotas de 6.000 metros, de numerosísimos fósiles de amonites, moluscos que los indios llaman shaligram y recogen con devoción, considerándolos como uno de los atributos de Visnú.

El Everest sufrió su última elevación en épocas más recientes, durante la fase denominada Mahabharat, que se remonta a 200.000 años atrás. La cima, formada por calizas estratificadas y esquistos calcáreos y de cuarzo, fue empujada hacia arriba por intrusiones de granito, alcanzando casi los 8.900 metros.

Y puesto que el movimiento descrito todavía se está realizando se supone, con fundamento, que la altura real de la montaña es, en la actualidad. superaba los 8.848 metros oficiales; teniendo presente, por otra parte, que el crecimiento anual calculado en unos 7-10 centímetros, se ve  profundamente limitado y reducido a unos pocos centímetros por siglo debido a a acción constante de los fenómenos de erosión.

A diferencia de cuanto se ha imaginado, basándose en la gran altura del Everest, el desarrollo de los glaciares no es excepcional la escasez de precipitaciones, los períodos de sequía que dejan los monzones y la notable pendiente, que acentúa el fenómeno de arrastre, impiden a los glaciares del Everest (el Khumbu, a lo largo del cual transcurre el camino de acceso meridional; el Rongbruk al norte, y el Kangghung, al este) competir con los de otros sistemas montañosos. Así a  los 17 kilómetros del Khumbu, por ejemplo son poca cosa comparados con las enormes avenidas de hielo de Baltoro (60 Km.) en el Karakorum o de Fedchenko, en el Pamir Translai (77 km).

Otro aspecto singular de la cadena del Himalaya, y que quizá desconozcan muchos occidentales, es su gran variedad climática que permite pasar del clima cálido-húmedo tropical de la llanura al alpino-glacial de las cimas más elevadas, ofreciendo una completa gama de paisajes y de ambientes naturales, desde la jungla del Terai (hasta 600 metros de altura) al bosque húmedo subtropical; desde las pinedas con ejemplares de hasta 20 metros, a las magnolias y a los fantásticos rododendros arbóreos (1800 – 2.500 metros de altitud) y desde los abedules del bosque subalpino (hasta los 4.000 metros) a los brezales y praderas, donde bajo el límite de las nieves, crece la flora espontánea, como saxífragas y gencianas.

Yack es el bovido

Yack es el bovido mas comun del valle de Khumbu y de todo Nepal puede vivir hasta los 5000 m. de altura. Los sherpa lo consideran su mayor riqueza. No comen su carne pero usan su leche para mantequilla.

La fauna, naturalmente, también se distribuye según las franjas climáticas altitudinales, por lo que en Nepal es posible ir a la caza del tigre a lomos de un elefante, entre los cañizales y pantanos del Terai, y observar, pasados los 5.000 metros, manadas de yacks en estado salvaje.

La cadena del Himalaya se encuentra relativamente cerca del trópico de Cáncer (para ser más exactos, está en la misma latitud que el norte de África o que el delta del Missisipi) y sirve de barrera ante el monzón, régimen periódico de vientos causados por la diferencia de temperatura y, por tanto, de presión, que se establece entre las aguas del océano Indico y el continente asiático.

Durante el inicio del verano, grandes masas de aire húmedo, procedentes del sudoeste, son empujadas hacia la India, produciéndose violentas lluvias que en la cadena del Himalaya se transforman en nevadas de gran intensidad. El monzón repercute en el ritmo de vida de la población local, mucho más numerosa de lo que se cree, teniendo presente que, en Europa, el límite de tierra habitada raramente supera los 2.000 metros.

El Himalaya, gracias a sus características climáticas, permite el desarrollo de una agricultura elemental, por lo que, desde la antigüedad, el hombre, con tenacidad y perseverancia, fue colonizando los valles más inaccesibles, formando terrazas en las laderas de las montañas y llevando el ganado a pastos que a menudo se encuentran a más de 5.000 metros de altura.

El Himalaya, a despecho de su denominación de “techo del mundo”, nunca ha representado un limite inalcanzable; por el contrario, Nepal, a caballo entre dos grupos étnicos diferentes, tibetanos e indios, ha sido teatro de una continua migración entre unos y otros, dando origen a una fusión y a un sincretismo cultural que aún hoy son fácilmente comprobables: los nepaleses, por ejemplo, población muy religiosa, permiten la coexistencia, entre ellos, de dos religiones diferentes, el budismo y el hinduismo, que se han superpuesto al culto autóctono del Ben Po y se han reunido en la veneración hacia Manjusri, “suave fortuna”, divinidad que los indígenas consideran como la fundadora de Nepal.

Muy complicado resulta también el marco étnico actual de la zona del Himalaya, caracterizado por la presencia simultánea de cuatro grupos principales: los tibetano-nepaleses, los indonepaleses, los indios y los tibetanos. De estos últimos, los sherpas (sharpa u hombres del este) han desempeñado un papel determinante en la conquista del Everest y de las cimas más altas del Himalaya.

Viven en su mayor parte en poblaciones del valle de Khumbu, cuya capital es Namke Bazar, pueblo de 500 habitantes, situado a 3.340 metros de altura y antiguo lugar de tránsito obligado de las caravanas que se dirigían al Tibet para intercambiar sal por pieles, lana y mantequilla, pasando a través de Nangpa La, un pasaje situado a 4.776 metros de altitud.

Los primeEl Everest Habitantes Fauna Flora Las Escaladas Altura Historiaros exploradores que se acercaron a los 8.000 metros se limitaron a seguir las pistas e itinerarios por los que se movía la población local desde hacía siglos y que conseguía un sustento gracias a la cría de yacks y al cultivo de patatas, nabos y cebada.

Los sherpa, es un población de origen tibetano. Aquí vemos a un joven transportando alimento para su familia y también para el trueque.

LOS PRIMEROS ASCENSOS: La historia de las escaladas del Everest es relativamente reciente, pues se remonta a finales de la primera Guerra Mundial, cuando el Dalai Lama, encarnación perpetua del bodhisattva Avoloikitesvara y jefe religioso y temporal de las religiones tibetanas, permitió a los occidentales adentrarse en las montañas del Himalaya; poco después, en 1921, se constituyó en Inglaterra el Comité del Everest, cuya primera actividad fue la expedición dirigida por el coronel Howard-Bury.

Los problemas que los primeros europeos tuvieron que superar y resolver al enfrentarse con el Everest los desconocen hasta los alpinistas de cierta experiencia. En primer lugar, el período de actividad de una expedición está obligatoriamente supeditado a dos épocas del año: la primavera, cuando ya se han derretido las nieves invernales y cesa el peligro de aludes, y el otoño, al término del monzón estival. Otro factor, aparte del climático, acrecienta las dificultades de acceso a las cumbres: la altura.

Erie Shipson definió como “un enfermo que se encarama soñando” al alpinista que llega a más de 7.000 metros y se acerca a la “franja de la muerte”. El paso se hace entonces pesado, la respiración afanosa, los reflejos más lentos y una sensación de aturdimiento dificulta hasta los actos más elementales. La progresiva disminución de oxígeno, a medida que la cota aumenta, y la cada vez mayor falta de humedad en el aire, con la consiguiente deshidratación, unidas a la pérdida de calor, más sensible todavía a causa del viento, constituyen un conjunto de factores que únicamente un alpinista robusto y dotado de una capacidad de adaptación excepcional puede afrontar. Es indispensable, por lo tanto, una adecuada aclimatación para poder someter el organismo a estas condiciones ambientales tan diversas.

Desde el punto de vista técnico, la escalada a la cordillera del Himalaya es diferente a la alpina y debe hacerse por etapas, alternando los “campamentos altos” con períodos de permanencia y descanso en el “campamento base”. Además, a partir de los 7.500 metros ya no se puede hablar de aclimatación: el desgaste quebranta la resistencia del organismo y causa peligrosos síntomas de agotamiento precoz. Más allá de los 8.000 metros es necesario el empleo de oxígeno, especialmente para asegurar el descanso nocturno; pero el problema del transporte de las bombas de oxígeno a los “campamentos altos” hace indispensable la cooperación de porteadores especialistas en cotas altas.

Por esta razón la historia del Everest está íntimamente unida a la presencia y actividad de la población tibetana y, en particular, de los sherpas, raza excepcionalmente resistente, hasta el punto de que los niños de siete a ocho años pueden llevar cargas de hasta 20 kilos y de 35 los adultos y las mujeres. Sin embargo; los primeros porteadores no fueron los sherpas del Khumbu, sino un grupo perteneciente a la misma etnia y que se había establecido en Darjieling (India), pintoresco poblado situado frente al monte Kinchinjunga, de 8.000 metros, al que los europeos llamaron el Chamonix del Himalaya; aquí se alquilaron los primeros porteadores para las primeras tentativas de escalada al Everest, entre 1921 y 1938. Estas empresas tuvieron a los ingleses como protagonistas, y en particular a Mallory, que desapareció en 1924, durante una tormenta, en su tercer intento de llegar a la cumbre, después de haber cubierto la cota de 8.572 metros, la más alta alcanzada hasta entonces.

Tras la interrupción que se produjo durante la segunda Guerra Mundial, la carrera hacia el Everest volvió a iniciarse en 1950, esta vez por la vertiente meridional del Nepal, con una exploración que visitó la cuenca del glaciar Khumbu y fotografió las huellas de un extraño animal, creando el mito, todavía no olvidado, del Yeti, el Hombre de las Nieves. Y tres años después, en 1953, se alcanzó la victoria. Una expedición inglesa y de la Commonwealth, dirigida por J. Hunt, sitúa su campamento a 5.336 metros, en la base de la cascada de hielo aparentemente insuperable que protege el Cwm Occidental. Ocho campamentos sucesivos llevan a la Cima Sur (7.986 metros), mientras que el noveno se emplaza en la cresta meridional. El 29 de mayo, a las 6,30 de la mañana, salen dos hombres de la minúscula tienda de campaña para intentar el asalto final.

Toda la cordada de la expedición los acompaña espiritualmente, comprendidos los sherpas, que se han prodigado en la oscura labor de transporte de materiales de un campamento a otro. Precisamente uno de los alpinistas que habían de asaltar el techo del mundo es el sherpa Tensing Norkay, hombre de excepcional experiencia: en el año 1946 estuvo con los suizos en el Kedernat (Garhwal); en 1950, con los ingleses, en el Nanga Parbat, y en 1951 en el Nanda Devi, con los franceses, y también en el Kinchinjunga, con el suizo Frey, que moriría despeñado. En 1952 fracasó en su escalada al Everest con una expedición suiza, pero, por último, al año siguiente, lo desafía de nuevo. Y esta vez, como acabamos de decir, con éxito, llegando al punto más elevado.

El otro escalador es el neozelandés Edmund Hillary, que ha quemado etapas consiguiendo en pocos años una sólida fama de alpinista: una campaña en los Alpes (1950), la escalada al Mukut Parbat (7.245 m) en 1951 y, en el mismo año, su participación en la expedición inglesa de exploración al Everest. Hillary, el citado 29 de mayo, siente la victoria al alcance de su mano.

Fija las bombonas de oxígeno a sus espaldas, acopla la mascarilla, prepara los garfios, sujeta el pico e inicia la marcha, atacando la escarpada pendiente llena de nieve situada encima de su tienda de campaña. El frío es punzante y Hillary ruega a Tensing que lo preceda para batir la pista. A las nueve están en la Cima Sur, a la que ya había llegado la primera cordada de asalto de Evans y Bourdillons. Y ahora les espera la parte más difícil y desconocida de la ascensión: una estrecha cresta rocosa coronada por peligrosas cornisas. Se conceden un breve descanso para apagar la sed y cambiar las bombonas, produciéndose momento de pánico porque el respiración de Tensing se ha bloqueado causa del hielo; luego, después peligroso rodeo de un ascenso rocoso, a las 11:30 se llega, finalmente, a la cima.

Las divinidades que habitan en Chomo Lugma acogen con benevolecia a los valientes, y mientras Hillary quitandose el tubo de respiración, dispara las fotografías, Tensing excava un agujero capa de nieve e  introduce en él ofrecimientos de acción de gracias: bizcochos y dulces. Durante los años posteriores a la conquista del valle del Khumbu se vio animado por  la presencia de columnas de porteadores sahib que se dirigían al campamento del Everest. Todas las naciones con una sólida tradición alpinista consideraban un asunto de prestigio llevar a la cumbre alta del mundo una cordada propia: en 1956 lo hicieron los suizos, en 1963 los  Estados Unidos, en 1965 los indios, en 1973 los japoneses y en 1975 los chinos ascensión por la cresta Noroeste Quedaba un último problema que resolver  medir las posibilidades de llegar a la cumbre del Everest sin oxígeno, a decir verdad, la discusión sobre este tema nació desde un principio, durante las expediciones de 1921 y 1922. No todos estaban  de acuerdo sobre el uso de oxigeno porque entonces los instrumentos de que se disponían, todavía imperfectos, en determinados casos podían llegar a ser mas perjudiciales que útiles. Norton, en 1933, había llegado sin bombonas a la cota de 8.600 metros y Hillary y Tensing se quitaron los tubos de respiración en la misma cima del Everest para gozar de mayor libertad de movimientos. En la actualidad se discute toda la técnica de aproximación al coloso del Himalaya.

Problemas de orden logístico, económico y filosófico hacen que muchas expediciones, que por cierto cada día son más, decidan enfrentarse con las cimas en el más puro estilo alpino. Ya no se sitúa una pirámide de campamentos de apoyo a la cordada punta, sino que la cima se asalta directamente, sin el arreglo previo del camino, con un número mínimo de porteadores y reduciendo los campamentos intermedios a los estrictamente esenciales. Desde este punto de vista, que presupone la formación de un pequeño grupo de alpinistas autosuficientes y dotados de un excepcional equilibrio psicofísico, la utilización de oxígeno se considera superflua, muy costosa e incluso “moralmente desleal”. La cuestión adquiere una dimensión casi filosófica. El oxígeno —afirman los purista— rebaja la altura del Everest a la de una montaña de 6.000 metros, allana las dificultades y pone al alcance de alpinistas mediocres las cimas más elevadas.

Tan sólo respirando libremente se puede vivir la experiencia de la escalada en toda su grandeza, manteniendo inalterable la relación entre la dimensión de la montaña y la capacidad humana: las grandes montañas deben ser para los grandes escaladores. Pero, ¿es verdaderamente necesario escalar el Everest sin oxígeno para “captar su grandeza”? El Everest es más que una montaña, es casi un mundo especial en el que los grandiosos panoramas de cumbres nevadas son el fondo de un universo humano y cultural sin el cual la roca y el hielo vivirían sin alma. Entender el Everest quiere decir también recorrer humildemente los valles de acceso y llegar a sus pies enriquecido con los encuentros humanos que se han producido durante la marcha.

El itinerario clásico que proponen la mayoría de agencias de viajes de todos los países, se articula en diecinueve etapas. Partiendo de Katmandú, capital de Nepal, se van atravesando, a lo largo de las crestas, una serie de valles habitados por poblaciones thamang, que se encargan de transportar los equipajes hasta el país de los sherpas. En Kan Kola se emprende la ruta hacia el norte y después hacia el nordeste, subiendo por el valle de Dudh Kosi hasta llegar a los hielos del Khumbu. Si el turista tiene prisa, puede utilizar el avión que aterriza en Lukla (a 2.804 m de altitud), que es la etapa 12, o bien en Namche Bazar, a sólo cuatro días de marcha del campamento base.

Mas, para vivir plenamente el ambiente de estos lugares hay que detenerse en las casas de los sherpas y beber una copa de chang, símbolo de la fraternal hospitalidad; contemplar cómo las sherpanas emulsionan la mantequilla en el dongpo junto a la soda, el agua hirviendo, la sal y el té, para preparar la fuerte y sabrosa bebida; detenerse ante los chorten, receptáculos de ofrendas, y meditar sobre el drama cósmico de los seres que, a través de sucesivos ciclos de nacimiento y de muerte, tienden a la liberación; pasar junto al mani korlo, el molino de las plegarias, en el que se hallan grabados los ochos signos de la buenaventura (tarashigye); ver ondear al viento las lungktas, banderas estampadas que representan la donación de las propiedades a los dioses; y observar cada día, etapa tras etapa, cómo se van acercando las lejanas agujas nevadas…

El trekking en el campamento base del Everest no es una simple excursión, sino un peregrinaje que nos permite captar la esencia de lo divino y que nos conduce a la base de Cwm Occidental, el santuario de Cfromo Lungma, la Diosa Madre de la Tierra, frente a una cima que los hombres conquistan por breves momentos pero que siempre será la residencia eterna de las divinidades.


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Fuente Consultada: Maravillas del Mundo por Giancarlo Cortellini

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos Tamaño Peso

Las Tortugas Gigantes de las islas Galápagos
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LAS TORTUGAS GIGANTES DE LAS ISLAS GALÁPAGOS: Los primeros españoles que visitaron las Galápagos descubrieron que estaban habitadas por tortugas gigantescas, que les hicieron pensar en una versión a gran escala de los galápagos que pululaban en muchos ríos de su país de origen, por lo que bautizaron con ese nombre al archipiélago recién descubierto.

Por su parte, William Dampier, famoso navegante inglés, cuenta que, en 1884, al hacer escala en Galápagos, quedó impresionado por las tortugas gigantes: «… son tan numerosas que quinientos o seiscientos hombres pueden subsistir gracias a ellas durante varios meses y sin ninguna otra clase de provisión; son extraordinariamente grandes y corpulentas y tan dulces que no se come una gallina con más agrado».

La perspectiva que da el tiempo transcurrido, desde que se escribieron estas líneas, les añade un acento premonitorio que confirma la desgraciada historia de estos gigantes, cuyas conchas alcanzan más de un metro y medio y cuyo peso puede sobrepasar los 225 kilos. Pero si el exterminio de estos animales se mide en fechas y en cifras, conviene antes recordar su historia.

Las Tortugas Gigantes de las islas Galapagos

Tortugas similares se han encontrado, en forma fósil, en Estados Unidos, en Europa y en la India; debieron ser numerosas en la era terciaria, especialmente en los períodos mioceno y plioceno, hace unos seis millones de años. Durante los períodos geológicos siguientes fueron desapareciendo y en la actualidad sólo se encuentran en las islas Mascareñas y en las Galápagos. Si el problema de su arribada a las islas es interesante (a nado, flotando a merced de corrientes marinas, agarradas a algún tronco a la deriva), mucho más lo es el de su diferenciación in situ, que parece la conclusión lógica de considerar que no pudieron hacer la travesía tantas formas distintas, sino que, al habitar en las islas (lo que impedía su hibridación) se han ido diferenciando.

Las distintas formas de tortugas de las Galápagos, en opinión de la mayoría de los especialistas, no constituyen especies diferentes, sino sólo subespecies o razas de una especie única. Estas tortugas llevaron una vida feliz hasta que llegó el hombre. Dampier atestiguaba que ningún pollo podía competir, en cuanto a sabor, con estos reptiles, y el capitán Colnett añadía: «la grasa de estos animales, cuando se fundía, era como mantequilla fresca». Esto explica seguramente la matanza de animales que siguió. Piratas, cazadores de focas y balleneros del Pacífico conocían bien la abundancia de tortugas en las islas y se montaron expediciones para darles caza.

El examen del diario de a bordo de ciento cinco balleneros americanos, realizado por el biólogo C. H. Towsend, reveló que entre 1811 y 1844 se capturaron quince mil tortugas. Para evitar que las tortugas acabasen por desaparecer y para preservar la fauna y la flora de las islas, el gobierno del Ecuador, país al que pertenece el archipiélago, dictó leyes protectoras en 1934.

Por su parte, la UNESCO organizó, en 1957, una expedición para examinar el estado de la fauna y, un año más tarde, el doctor Jean Dorst visitó las islas con el propósito de examinar el proyecto de establecer una estación biológica. Resultado de todas estas operaciones fue la creación de la Fundación Charles Darwin para las islas Galápagos, presidida por sir Julián Huxley.

El tamaño de las tortugas y la rareza de las iguanas pueden hacer olvidar al visitante la presencia de unos pájaros pequeños que, sin embargo, atrajeron la atención de Charles Darwin. Bajo su aparente vulgaridad, los pinzones de las Galápagos encerraban un interés extraordinario para el naturalista, y éste pronto constató que constituían un ejemplo palpable de cómo se originan especies nuevas a partir de antepasados comunes.

En la actualidad existen catorce especies de los pinzones de Darwin —así bautizados en honor de su descubridor—, todas ellas exclusivas de las Galápagos, excepto una que vive en las islas Cocos.

La gran riqueza de la flora y de la fauna de las Galápagos reservará todavía muchas sorpresas al explorador decidido que se adentre en ellas, dispuesto a desafiar la dureza del clima y del suelo. Mucho queda por aprender de las Galápagos, declaradas por la UNESCO patrimonio Natural de la Humanidad en 1979, y, en la actualidad, puestas bajo la protección de Ecuador en calidad de Parque Nacional.

Aisladas del resto del mundo, se desarrollaron en estas islas comunidades biológicas con seres arcaicos que han persistido hasta la época actual; y simultáneamente, se originaron especies según las leyes de la evolución. Por ello, las islas Galápagos son únicas y es posible que algún día los científicos que las visitan descubran entre sus seres nuevas claves de la vida humana.

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Tala de Arboles en la Selva Amazonas: Consecuencias de su Destruccion

Tala de Árboles en la Selva Amazonas

LA DEFORESTACIÓN DEL AMAZONAS Y EL EFECTO INVERNADERO:

Cerca del 60 por ciento de la Selva Amazónica, el mayor pulmón verde del planeta, podría desaparecer antes de 2030, como resultado de los gases de efecto invernadero y la deforestación masiva.

La tasa de demolición es de 100.000 kilómetros cuadrados al año.

Esto significa que cada cinco años se arrasa un área del tamaño de Francia» .¿Por qué muere la selva amazónica? O, mejor dicho, ¿por qué el talado de sus árboles se nos aparece como irreversible?.

Porque, a primera vista, uno pensaría que en cualquier momento puede dejarse en paz un campo que ha sido deforestado y las semillas volverán, traídas por los pájaros y el viento, y la selva se reconstruirá, igual a sí misma. Esto, que ocurre en otros ecosistemas, es extremadamente difícil en la selva amazónica.

«Los árboles crean oxígeno, elemento que sabemos bien, necesitamos para respirar. Esa sola circunstancia parecería motivación suficiente para dejarlos intactos.

En calidad de pulmones del planeta, los bosques trabajan las 24 horas para extraer el dióxido de carbono del aire (proceso denominado «captura de carbono») y brindarnos oxígeno a cambio.

En nuestros días, muchos científicos preocupados por el cambio climático investigan toda clase de ardides intrincados, caros y artificiales para capturar el carbono de la atmósfera con la esperanza de moderar el cambio climático.

A mí me parece un despropósito. Ya tenemos un sistema natural que, además de capturar el carbono de la atmósfera, nos brinda el tipo exacto de aire que necesitamos para respirar: el sistema de nuestros árboles. ¡Y sus servicios son gratuitos! No puede pedirse mucho más.

Y aun hay más: los bosques cumplen otros servicios vitales. Recolectan y filtran nuestra agua dulce, con lo cual mantienen el ciclo hidrológico general del planeta y moderan inundaciones o sequías.

Conservan la salud del suelo porque sostienen en el lugar la fértil capa superficial, rica en nutrientes. ¿Cómo se nos ocurre destruir a tan indudables aliados?»

Investigadora Annie Leonard

► VEGETACIÓN:

Estos suelos casi siempre cubiertos de agua y las altas temperaturas ecuatoriales dan, como puede suponerse, unos elevadísimos índices de humedad.

En este ambiente, de auténtico invernadero, la cuenca se halla cubierta en todo tiempo de una vegetación lujuriante, ya que sólo existen dos estaciones pluviométricas, húmeda y seca, que casi no se diferencian, en el alto Amazonas, entre aquel calor húmedo y constante

Es más bien un lugar limpio y en grata penumbra, con espacios amplios y senderos bien trazados que casi hacen que el lugar se parezca a un parque.

Algo que llama poderosamente la atención es la uniformidad que se aprecia en la selva amazónica.

Es difícil para el profano distinguir unas especies de otras y, sin embargo, la inmutabilidad de las condiciones ambientales, durante miles de años, ha desarrollado una extraordinaria cantidad de especies vegetales adaptadas a todos los lugares imaginables.

Tala de arboles en la selva

También abundan en todos los niveles las plantas epifitas, o sea, las que crecen sobre otras plantas para estar en mejores condiciones de recibir la luz solar.

Muchas de ellas ejercen funciones importantes en la selva, como conservar agua y alimentos (hojas muertas e insectos) después de una tormenta.

Entre las epifitas más conocidas se encuentran algunas orquídeas, esas flores tan apreciadas y que en Colombia están consideradas como la flor nacional.

Durante todo este tiempo, las fuertes y abundantes lluvias han tenido ocasión de disolver los minerales, lavar el suelo y empobrecerlo.

Sirvan como ejemplo los sistemas de cultivo empleados por los indígenas, que abren pequeños claros o calveros en la selva mediante la tala y quema de la vegetación.

Las cenizas aportan sustancias minerales suficientes para dos o tres cosechas, pero luego la tierra queda agotada y, en consecuencia, es abandonada.

Se ha concluido que la excesiva y variada vegetación de esta monstruosa selva se halla en la masa de moho que cubre la corteza de los árboles y en los hongos que, asociados a las raíces, trasladan a éstas los nutrientes minerales de las hojas muertas que caen al suelo y de la madera en putrefacción.

También los insectos, especialmente las hormigas, que entierran los restos orgánicos que encuentran, las bacterias y los gusanos cumplen un papel importante en la nutrición de las plantas.

► HECHOS:

La región del Amazonas es un gigantesco ecosistema de selvas tropicales sobre una extensión de casi 7 millones de kilómetros cuadrados. Una red fluvial de 100.000 kilómetros conforma la cuenca amazónica, que depende de la existencia de la selva, porque el 50 por ciento de las precipitaciones en esta región se producen a causa de este sistema forestal. Un bosque con menor humedad es más vulnerable a los incendios.

Al aumentar las emisiones de dióxido de carbono se contribuye más al cambio climático, éste a su vez reduce la humedad de la selva haciéndola más susceptible a los incendios, que a su vez emiten más dióxido de carbono, generando un devastador círculo vicioso.

Del total de emisiones de carbono a la atmósfera se calcula que el 20 por ciento proceden de la pérdida de selvas tropicales.

Brasil, con 400 millones de hectáreas de Amazonas, es el país del mundo que cuenta con la mayor extensión de selva, pero también es el cuarto del mundo en emisiones de gases invernadero y el 75 por ciento de las emisiones brasileñas proceden de la deforestación.

A partir de 2003, cuando el mal de las vacas locas en Europa multiplicó la demanda del grano para pienso animal, experimentó un gran auge el avance de la soja sobre la Selva Amazónica tras la ocupación y destrucción de prácticamente toda la reserva del Centro-Oeste brasileño.

Los desalojos violentos de comunidades de campesinos, la mano de obra esclava y los conflictos sociales por la tierra fueron cada vez más frecuentes.

Solo en el periodo 2004-2005 se deforestaron 1,2 millones de hectáreas de Selva Amazónica para cultivar soja.

Campeón nacional en la producción de soja, el estado de Mato Grosso, después de las áreas de reserva, taló gran parte de la Selva Amazónica en su territorio, convirtiéndose también en el campeón de la deforestación y los incendios en 2003, con un 48 por ciento del total.

En la mayoría de los casos se produce la expulsión de los pequeños agricultores (en ocasiones a la fuerza) de sus propias tierras, que pasan a incorporarse a las haciendas cultivadoras de soja.

Quienes venden sus terrenos acaban asentándose en las periferias de los centros urbanos, agravándose rápidamente el proceso de favelización de estas áreas.

Pero son también cada vez más frecuentes los ataques —con amenazas de muerte y con destrucción de la propiedad— a las familias que se niegan a vender.

Los indios brasileños viven en situación de riesgo permanente, sobre todo por las amenazas de hacendados que buscan acceder a las áreas que el Estado concede a los indígenas por ley.

La avidez de las compañías madereras ha provocado numerosos litigios.

En 1998, el Parlamento denunciaba que 72 reservas de indios habían sido invadidas por leñadores de las compañías extranjeras, que aprovechan que el Estado no cuenta con suficientes funcionarios para vigilar tan vasto territorio.

En enero de 2007, se estimaba que la Amazonia brasileña había perdido, tan sólo en los últimos 40 años, un 17 por ciento de su extensión, lo que equivale, por ejemplo, a un territorio más grande que el ocupado por Francia.

Y a pesar de que para entonces Brasil había logrado reducir en un 50 por ciento el ritmo de deforestación, en diciembre de 2007, un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza  advirtió que el cambio climático podría acelerar inexorablemente la destrucción del Amazonas.

Según el informe, de persistir los métodos agrícolas y ganaderos existentes y continuar los incendios, las sequías y la tala masiva, el 55 por ciento de la Selva Amazónica habrá desaparecido o estará gravemente dañada en el año 2030.

La destrucción del pulmón de la Tierraque absorbe dióxido de carbono y emite oxígeno— provocaría la emisión de entre 55.500 y 96.900 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalente a los gases de efecto invernadero emitidos en todo el mundo en dos años.

Eso a su vez provocaría que otro A por ciento de la selva desapareciera debido a que el cambio climático reduciría las precipitaciones en un 10 por ciento en los próximos 23 años.

De no ponerse remedio de forma inmediata, no sólo sería un desastre para los millones de personas que viven allí, sino para la estabilidad del clima mundial.

QUE OCURRE EN EL INTERIOR DE LA SELVA?:

Al ver la selva, imaginamos que existe un suelo de una inmensa fertilidad que está nutriendo ese torrente de vida que nos deslumhra. En realidad, el suelo es pobre y talar la selva se parece bastante a intentar abrir la gallina de los huevos de oro: allí no hay nada.

El secreto no está en las visceras húmedas de la tierra, sino en la vida que se mantiene a sí misma, la selva se alimenta de sí misma, en un continuo reciclaje de nutrientes que no llegan a construir un suelo.

«Los árboles de la densa selva del Amazonas —dice el comandante Cousteau— han «inventado» elaborados esquemas para salir triunfantes de su batalla contra el calor constante, la lluvia y la desnutrición.

Al no contar con alimento abundante ni con un suelo rico, los árboles han «aprendido» a alimentarse por su cuenta.

Sus hojas se caen con mayor rapidez que las de los árboles de zonas templadas, y en el suelo se descomponen también con más rapidez, lo que hace que sus elementos nutritivos puedan reciclarse antes en los árboles vivos que les rodean.

Las redes de encaje formadas por pelos absorbentes debajo de la superficie del terreno actúan como filtros, manteniendo los elementos nutritivos en su lugar y acaparando nitrógeno y fósforo para los árboles.

Los pelos absorbentes reciben la ayuda de los hongos, que viven en estrecha asociación con las raíces y a través de su digestión fúngica, proceso que denominamos putrefacción, disponen los elementos nutritivos para su rápida absorción por parte de los árboles.

Esta circulación uniforme mantiene el suministro alimenticio vital de la selva almacenado en su propio follaje y no en el suelo, donde sería vulnerable a la lixiviación y erosión. Es lo que hace que la jungla sea rica y el suelo pobre».

Entonces, la pérdida de cobertura vegetal es, en Amazonia, más rápidamente irreversible que en otras tierras con suelos más ricos.

La destrucción del suelo comienza en los bordes de los caminos, que van generando cárcavas de erosión, y se extiende a sus lados.

Pero, además de las intromisiones que van generando fenómenos autónomos, está el uso de la selva como si fuera un gran yacimiento minero, del cual se extraen árboles y suelo, sin pensar en la destrucción o el agotamiento.

Una de las agresiones masivas sobre este ecosistema fue el uso de la madera para la producción de papel. Inmensos árboles fueron transformados en aserrín y después en pulpa de papel para exportación.

En Amazonia, el multimillonario Daniel Ludwig intentó construir un imperio papelero, para lo que compró tierras hasta constituir el latifundio más grande del mundo.

Ludwig abrió caminos y construyó vías ferroviarias y pueblos en la selva. Allí las topadoras comenzaron a voltear los árboles para después iniciar un ambicioso proyecto de forestación, destinado a abastecer las máquinas con materias primas uniformes.

luwing daniel

Ludwig cometió el mismo error que se repite una y otra vez en todos los proyectos sobre Amazonia: sobreestimó la capacidad de producción de ese suelo, una vez deforestado.

Algunos árboles no crecieron nunca y otros lo hicieron con una producción de madera muy inferior a lo previsto.

Finalmente, el imperio se derrumbó, acosado por sus propios costos y por la infertilidad de la tierra, generada por él mismo.

A partir de esta experiencia, los exportadores brasileños se encontraron con que sus clientes del Primer Mundo les envían permanentemente inspectores para controlar que el papel que les compran no se origine en la deforestación de la Amazonia.

También se deforesta la Amazonia para abrir campos a la producción ganadera, con destino a la exportación.

Por el tipo de ganado que admiten esas tierras, y por el destino de esos vacunos, podemos decir que las selvas tropicales están siendo transformadas en hamburguesas.

La eficiencia de estas estancias es ínfima, en relación con cualquier otra área ganadera del mundo, lo que pone en cuestión la depredación ecológica, aún desde el punto de vista económico.

Señala Lutzenberger que «en las explotaciones ganaderas, la producción de carne no llega a los 50 kgs. al año por hectárea y esta cantidad decrece rápidamente a los dos años, ya que los suelos pronto pierden su valor nutritivo y las hierbas y legumbres que se plantan para alimentar al ganado, dan paso a malezas que el ganado no come y que se exterminan con maquinaria y herbicidas, contribuyendo aún más a la destrucción del terreno y rebajando todavía más la producción.

Para dar una idea de lo baja que es la producción, basta decir que en el norte de Europa, aún las granjas que no importan alimentos para el ganado, producen cerca de 600 kgs. de carne al año por hectárea, y más de 4.000 a 6.000 litros de leche.

En los ranchos del Amazonas, no se produce leche alguna.

«También debemos recordar que la selva virgen, antes de ser arrasada para dar paso al pastoreo, producía unas diez veces más en alimentos, en forma de frutos tropicales de una variedad increíble, caza y pesca.

Cada árbol ya crecido de nuez del Brasil y cada palmera de pupuia que se respete, produce más alimento que el ganado existente en una hectárea.

El otro efecto devastador de estos proyectos es el social. Se emplea en promedio un trabajador cada 2.000 cabezas de ganado, es decir, una persona cada 3.000 hectáreas.

En la misma área de terreno de selva virgen, pueden alimentarse y acomodarse varios cientos de personas.

El estilo de vida tradicional del caboclo, el indio y el seringueiro, recolector de caucho, es también mucho más agradable, más fácil, independiente y seguro que la vida de la persona que trabaja en un rancho. La gran ironía de todo esto es que la carne que se produce es para exportar.

El caboclo del Amazonas dice sabiamente: «Cuando llega el ganado, nosotros nos vamos: el ganado significa hambre».

Esto nos lleva otra vez a pensar en la incidencia de la economía, y aquí las conclusiones son sorprendentemente semejantes a las referidas a la acumulación de residuos nucleares.

En aquél caso, se obtenía electricidad por unos años y se generaban problemas que durarán cientos de miles de años.

En el caso de Amazonia y de tantas selvas semejantes, se destruye un ecosistema que tardó milenios en formarse, a cambio de la pobre producción ganadera de dos o tres años.

El desajuste principal está en la diferencia entre los tiempos de la ecología y los tiempos de la economía.

Cuanto más breves sean los tiempos en que se piensa la economía y se hacen los cálculos comerciales, más se distanciarán de los tiempos que necesitan los ecosistemas para recuperarse.

Cuando los ranchos del Amazonas ya no producen más, los abandonan y se van a buscar nuevas extensiones de selva virgen. Queda desnuda la tierra colorada, salpicada de malezas para marcar aún más la desolación.

EL AVANCE DE LA DEFORESTACIÓN DEL AMAZONAS EN LA ZONA DE RONDONIA (BRASIL)

1976: RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

2001:RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

2009:RONDONIA BRASIL AMAZONAS DEFORESTACION

Fuente Consultada:
Maravillas del Mundo de Luis Azlún
Días negros Para La Humanidad Paz Valdés Lira
La Historia de las Cosas Annie Leonard
Ecologia y Medio Ambiente Larousse Antonio Elio Brailovsky

El Rio Amazonas: Flora y Fauna de la Selva Amazonica – Caracteristicas

El Río Amazonas Flora y Fauna de la Selva Amazónica

HISTORIA DEL LA EXPLORACIÓN DE LA ZONA: En 1541, Francisco de Orellana, que desde el principio había participado en la conquista del Perú, se unió a Gonzalo Pizarro, quien, con gran aparato de armas, vituallas, bagajes e indios que le acompañaban, había emprendido la famosa expedición de “la canela”, hacia las tierras llanas situadas al este de los Andes. Por el nombre dado a la expedición se puede adivinar el principal motivo impulsor de la empresa: la búsqueda de tan preciada especia, aunque sin descontar tampoco la posibilidad de que en las mismas tierras donde crecía se hallase también El Dorado.

El Rio Amazonas Partiendo de Quito, atravesaron, no sin dificultades, la muralla andina y penetraron en la impresionante selva que se extiende al pie de la cordillera. Y encontraron, en efecto, los árboles de la canela, pero el esfuerzo realizado había sido enorme, tanto que resultaba desproporcionado comparado con cualquier posible beneficio. Con este desencanto en la mente decidieron continuar adelante, siguiendo el curso del río Coca, afluente del Napo.

Las jornadas que se sucedieron fueron muy duras, y tras la muerte o desaparición de los últimos indios que con ellos habían partido, y encontrándose sin víveres y con algunos hombres enfermos, Gonzalo Pizarro ordenó construir un barco para navegar en busca de comida y para transportar a los enfermos, ya que “aquel río tenía media legua de ancho”. (imagen: exploración de Orellana)

Marcharon así, unos por la orilla y otros a bordo de la improvisada embarcación, hasta que, en los primeros meses de 1542, débiles, hambrientos y descorazonados, procedieron a llevar a cabo una última tentativa: el barco, con Orellana y 57 hombres, se adelantaría en busca de comida y noticias, mientras Pizarro y los demás descansarían y esperarían. La imposibilidad de volver a remontar el Napo, una vez llegados al gran río al que, de momento, llamaron Orellana, forzó a éste a continuar el viaje exploratorio en medio de grandes fatigas y sobresaltos, comiendo lo que, por las buenas o las malas, conseguían dé los poblados indios de las orillas.

Precisamente en una de estas escaramuzas se produjo un incidente, banal en sí mismo, pero que había de ser el origen del nombre que para siempre llevaría el gran río americano. Los españoles fueron atacados por guerreros indios, entre los cuales —según cuenta fray Gaspar de Carvajal— había muchas mujeres que, con arcos y flechas, dieron muerte a varios expedicionarios.

Este hecho, que despertó en la mente de los maltrechos conquistadores el recuerdo de las clásicas y mitológicas amazonas del mundo griego, motivó que al río se le diese el nombre de “río de las Amazonas Y así, entre constantes escaramuzas, peligros y penalidades, el día 26 de agosto de 1542 la nave de Orellana y su gente llegaba al fin al Atlántico tras haber recorrido, por vez primera, el curso del Amazonas. Por casualidad, pero sobre todo animados por su espíritu aventurero, aquellos españoles habían descubierto y explorado el río más caudaloso del mundo y uno de los más largos.

    EL RÍO AMAZONAS: Porque el Amazonas recorre América del Sur de oeste a este, desde 190 Km. tierra adentro del Pacífico hasta el océano Atlántico. Su longitud total es de 6.400 Km., su caudal de 180.000 metros cúbicos por segundo y sus fuentes principales son dos ríos de los Andes peruanos: el Marañón y el Ucayali.

El Rio Amazonas El primero nace al norte de Cerro de Paseo, en la laguna Lauricocha, a unos 4.000 metros de altitud, y corre, profundamente encajado, entre las cordilleras Occidental y Central de los Andes. Ya en la llanura amazónica, fluye lento y navegable (desde Borja) en busca del Ucayali.

Este nace de la unión, ya en los llanos, del Apurimac o Tambo con el Urubamba, que a su vez tienen su origen, respectivamente, en un pequeño lago de la meseta andina, al pie de la cordillera de Chilca, y en la cordillera de Vilcanota.

El Ucayali, que tiene 1.800 Km. de longitud desde el Apurimac, es un río lento, caudaloso, de cauce ancho y tortuoso, navegable incluso para buques de gran calado desde Pucalpa.

Tras la fusión del Marañón y el Ucayali, a 96 Km. aguas arriba de Iquitos, el río recibe el nombre de Amazonas en el Perú y el de Solimoes en el Brasil, hasta Manaus, desde donde vuelve a llamarse Amazonas. Con los datos aportados hasta ahora se deduce con bastante claridad, que ál Amazonas no puede considerársele únicamente como un río, sino que es más bien una inmensa cuenca —la mayor de la Tierra—, de 7.050.000 km2, que cubre aproximadamente un tercio de América meridional: comprende casi la mitad del Brasil y partes importantes de otros ocho países sudamericanos (Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, las dos Guayanas y Surinam). A esta singular circunstancia habría que añadir dos hechos que contribuyen; definitivamente, a situar la realidad del complejo amazónico.

El primero es su ubicación a caballo de la línea del ecuador, determinante de un clima ecuatorial y tropical, con lo que ello supone de abundancia de lluvias y de altas temperaturas. El segundo es la configuración de esa cuenca como el fondo casi totalmente plano de una gran olla c estanque, delimitado al oeste por los Andes al norte por las serranías de Guyana y al sui por la zona del Mato Grosso brasileño.

Para hacerse una idea cabal del ínfimo desnivel existente en esta inmensidad hay que tener en cuenta que el fondo de la llanura amazónica en ningún momento se eleva más de 260 metros sobre el nivel del mar y que al penetrar en Brasil el río se encuentra tan sólo a 82 metros sobre las aguas del Atlántico; ¡y aún le quedan 3.160 Km. por recorrer! La magnitud de las lluvias, a veces incluso con valores superiores a 4.000 milímetros anuales y casi siempre por encima de los 1.500 milímetros, hace que sus más de 1.100 afluentes desagüen en el cauce principal tal volumen de agua que puede afirmarse que la cuenca amazónica contiene en todo momento unas dos terceras partes del agua fluvial de todo el mundo.

Por otra parte, la horizontalidad del fondo de la cuenca obliga al Amazonas a que fluya muy lentamente, formando un amplio cauce (en su confluencia con el río Negro adquiere una amplitud media de 5 Km. y a 1.600 Km. de su desembocadura alcanza, en ciertos lugares, los 11 Km. de anchura) que todos los años, en la época de las lluvias, se desborda e inunda amplias zonas de la selva. Grandes extensiones de agua quedan así estancadas entre las levísimas ondulaciones del terreno, formando lagos o «varzeas».

FLORA DE LA SELVA AMAZÓNICA: Otros fenómenos que también se deben al escaso desnivel son las zonas pantanosas de las orillas del bajo Amazonas y los efectos de las mareas incluso apreciables hasta unos 800 Km. tierra adentro. Estos suelos casi siempre cubiertos de agua y las altas temperaturas ecuatoriales dan, como puede suponerse, unos elevadísimos índices de humedad.

En este ambiente, de auténtico invernadero, la cuenca se halla cubierta en todo tiempo de una vegetación lujuriante, ya que sólo existen dos estaciones pluviométricas, húmeda y seca, que casi no se diferencian, en el alto Amazonas, entre aquel calor húmedo y constante. Pero, contra el tópico que han extendido tantos libros y películas, la selva amazónica no es tan sólo una extensión de enmarañada maleza en la que acechan animales fantásticos y peligrosos.

Es más bien un lugar limpio y en grata penumbra, con espacios amplios y senderos bien trazados que casi hacen que el lugar se parezca a un parque. La causa de tan sorprendente estado de cosas está en la peculiar estructura vertical del bosque amazónico, que no permite que los rayos solares lleguen al suelo. Dicha estructura consta de cinco pisos, el último de los cuales está formado por los árboles más altos (unos 40 m), cuyas copas, abiertas y aireadas, aparecen bastante separadas entre sí. El cuarto piso está constituido por árboles de mediano tamaño y también situados a considerable distancia unos de otros.

En el tercero, la vegetación se cierra e impide la penetración solar a niveles inferiores. Consta de árboles muy apiñados que alcanzan hasta los diez metros de altura. Los dos niveles más próximos al suelo los componen arbustos y matorrales, y hierbas, helechos y renuevos. Algo que llama poderosamente la atención es la uniformidad que se aprecia en la selva amazónica.

Es difícil para el profano distinguir unas especies de otras y, sin embargo, la inmutabilidad de las condiciones ambientales, durante miles de años, ha desarrollado una extraordinaria cantidad de especies vegetales adaptadas a todos los lugares imaginables, aunque los individuos de una misma especie se hallan muy distanciados entre sí. Participando y aprovechándose de la citada estructura vertical se encuentran por todas partes las conocidas lianas, adaptadas a las condiciones de vida más dispares.

Sin perder el tiempo en construir su propio soporte, las lianas, flexibles como cuerdas, crecen y se estiran en busca del sol, retorciéndose y apoyándose en los árboles. Las hay que alcanzan 200 metros de longitud y se extienden de tal manera que, a veces, dan la impresión de sujetar y sostener a los demás árboles en vez de apoyarse en ellos.

También abundan en todos los niveles las plantas epifitas, o sea, las que crecen sobre otras plantas para estar en mejores condiciones de recibir la luz solar. Muchas de ellas ejercen funciones importantes en la selva, como conservar agua y alimentos (hojas muertas e insectos) después de una tormenta.

Entre las epifitas más conocidas se encuentran algunas orquídeas, esas flores tan apreciadas y que en Colombia están consideradas como la flor nacional. Pero no debemos olvidar que la Amazonia es también un universo anfibio, que obliga a las plantas a adaptarse a él para sobrevivir. A lo largo de las cenagosas orillas de los ríos, las raíces de los árboles se elevan como zancos formando intrincados manglares. Otras plantas, como el helecho acuático, flotan en el agua, nutriéndose a través de las hojas, o se instalan en las ramas, como las epifitas ya citadas.

El hecho de que la cuenca amazónica se comporte como un invernadero y goce por ello de una cubierta vegetal siempre verde, hizo creer a los primeros europeos que en ella se adentraron que se hallaban ante un mundo de riquezas inagotables, en el que encontrarían todo lo necesario para vivir. Pero paradójicamente no es así, como lo demuestran el hambre y las penalidades sufridas por los, exploradores de todos los tiempos, la siempre escasa población autóctona amazónica y los pobres resultados obtenidos en la explotación agrícola y ganadera.

La explicación de este aparente contrasentido es sencilla. La Amazonia es un terreno antiquísimo que ha permanecido inamovible durante decenas de millones de años, pues por estar situada en una zona ecuatorial no sufrió los efectos de las glaciaciones.

Durante todo este tiempo, las fuertes y abundantes lluvias han tenido ocasión de disolver los minerales, lavar el suelo y empobrecerlo. Sirvan como ejemplo los sistemas de cultivo empleados por los indígenas, que abren pequeños claros o calveros en la selva mediante la tala y quema de la vegetación. Las cenizas aportan sustancias minerales suficientes para dos o tres cosechas, pero luego la tierra queda agotada y, en consecuencia, es abandonada.

No obstante, puede argúirse que los cursos lentos de los ríos y las inundaciones periódicas aportan buenas tierras y abundantes minerales en suspensión. Y así sucede en el caso de los ríos llamados blancos (excepto el Branco) por sus aguas blanco-amarillentas cargadas de lodo y de productos nutritivos. Estos son los que riegan la zona oeste de la cuenca y nacen en los Andes, como el Ucayali y el mismo Amazonas.

Por el contrario, los llamados negros (el Negro y sus afluentes) y los de aguas azul-verdosas (el Tapajoz y el Xingú) o verdosas carecen casi por completo de materiales en suspensión. Son los que atraviesan las serranías que separan Brasil de Venezuela o proceden de las zonas montañosas del sur brasileño o de las sierras de Guayana.

La razón de ello hay que buscarla en la diferente antigüedad y, por lo tanto, en la distinta geología, de los Andes, relativamente jóvenes, comparados con las demás formaciones rocosas que bordean la cuenca amazónica, tan antiguas y duras que los ríos las pulverizan muy despacio. Las únicas tierras fértiles de la Amazonia, salvo las zonas de sedimentos marinos de las márgenes del valle inferior, son, pues, las “varzeas” que flanquean los ríos blancos en una extensión de 10 a 100 km.

Ahora bien, si las tierras amazónicas sufren una erosión tan intensa hasta el punto de que el suelo es pobre, sin minerales y con poquísimas bacterias ¿cómo es posible que crezca en ellas una vegetación tan exuberante? Simplemente porque el ciclo alimentario completo de la misma no tiene en cuenta las condiciones del suelo, sino que se realiza sobre él.

Parece que la respuesta se halla en la masa de moho que cubre la corteza de los árboles y en los hongos que, asociados a las raíces, trasladan a éstas los nutrientes minerales de las hojas muertas que caen al suelo y de la madera en putrefacción. También los insectos, especialmente las hormigas, que entierran los restos orgánicos que encuentran, las bacterias y los gusanos cumplen un papel importante en la nutrición de las plantas.

LA FAUNA DE LA SELVA AMAZÓNICA: En cuanto a la fauna, tampoco responde, como ya hemos dicho, al tópico establecido para la selva. Apenas si existen animales grandes, pues la escasez de vegetación a nivel del suelo no permite la presencia de muchos herbívoros, lo que repercute en la falta de carnívoros, aunque ésta no sea total. Pues existen depredadores amazónicos, entre ellos el jaguar, pequeños félidos como el ocelote, el jaguarundi y el tigrillo, omnívoros como el kinkajú o poto, y las conocidas y mitificadas anacondas y boas constrictoras, que suelen mantenerse sumergidas en el agua o cerca de ella. También viven algunos mamíferos herbívoros, como el venadillo o mazama, el tapir, el pécari, y roedores gigantes de costumbres más o menos anfibias, como la capibara, las pacas comunes y los coipús.

El mundo de los insectívoros terrestres está representado por dos grandes especies: el oso hormiguero gigante y el tamandúa. Este, con su cola prensil, se desenvuelve perfectamente en el medio arborícola. Resguardados por el alto follaje viven muchas clases de monos y otros animales de cola prensil, como el perezoso tridáctilo, el poto, el puerco espín, el yapok marsupial, etc., y, por supuesto, miles de especies de pájaros de los más vistosos colores.

A esta intensa vida aérea corresponde igualmente el variado y multiforme mundo de los insectos, innumerables y de todas clases, desde las grandes mariposas hasta los diminutos mosquitos, pasando por los gigantescos escarabajos, las coloreadas orugas, arañas y múltiples clases de hormigas y moscas. Tan rica como la fauna arborícola resulta la acuática que vive dentro del sistema hidrográfico del Amazonas, pues son mas de 1.500 las especies de peces, en gran parte marinas que se han adaptado a vivir en agua dulce.

De todas ellas, las más conocidas son: la anguila eléctrica, que caza a sus presas inmovilizándolas con una fuerte descarga; el piracurú o arapaima, el mayor pez de la cuenca (puede pesar .hasta más de 100 Kg.) y principal alimento humano de la Amazonia; la raya de agua dulce; los peces gato, como el candirus, de sólo 2 cm. de longitud, parásito de otros peces e incluso del hombre al introducirse por los orificios naturales y permanecer en ellos gracias a las púas de su cabeza, que hacen el oficio de anzuelo, y la temida y voraz piraña, protagonista de algunos terribles relatos que le han adjudicado el nombre de pez asesino, aunque la verdad es que no suele atacar a hombres o a animales si no es azuzada por el olor de la sangre y si se encuentra además en grandes manadas.

También al medio acuático pertenecen ciertos mamíferos, como algunos delfines y los manatíes o sirenas, estos últimos en peligro de extinción por ser objeto de una caza indiscriminada, y asimismo reptiles, como las tortugas y los caimanes, considerados también como grandes depredadores. Pero en la Amazonia hay seres humanos; y a pesar de que los hemos relegado al último lugar, después de hablar de la flora y de la fauna, esos seres, aunque en minoría, merecen la mayor atención.

LOS ABORÍGENES EN LA SELVA AMAZONICA: Es imposible conocer el número de indios que poblaban la cuenca a la llegada de los conquistadores españoles y portugueses. Pero es seguro que ya entonces no serían muchos, dadas las precarias condiciones de vida y las pocas posibilidades que para la alimentación ofrecía la selva. Cada aldea, de unas 100 personas más o menos, necesitaba grandes extensiones para sobrevivir, produciéndose continuas guerras entre vecinos que mantenían la población en límites aceptables.

 Pero la llegada de los conquistadores introdujo un nuevo factor de desequilibrio: el de las enfermedades desconocidas, ante las cuales los indios mostraron una especial sensibilidad. La consecuencia fue que tribus enteras quedaron diezmadas. A esta causa principal habría que añadir la del impacto de la civilización al desarraigar a las tribus indígenas de sus modos de vida tradicionales. Igualmente hay que hacer constar las muertes violentas producidas en los diversos intentos de colonización, sobre todo las causadas, desde comienzos del siglo XX, por los “seringueros”, los recogedores de látex para la producción de caucho, y después por los “garimpeiros” o buscadores de oro y diamantes. La última fase en este declinar de la población indígena se está produciendo con la construcción de la carretera transamazónica, destinada a unir las costas atlánticas con la frontera peruana a lo largo de 5.400 Km. a través de la selva.

En vista de todo ello, el gobierno brasileño creó la Fundación Nacional de Indio (FUNAI), a fin de velar por sus derechos pero en la práctica esta institución ha resultado inoperante. Sólo el clamor y la protestas de mucha gente y el quehace inçesante y abnegado de los hermanos Villa Boas consiguió, en 1961, que se crease e Parque Nacional Xingú, en el estado d Mato Grosso, donde se refugiaron alguna tribus en peligro de extinción. Hoy se estima que en los siete millones d< kilómetros cuadrados de la cuenca amazónica hay todavía alrededor de 100.000 indios divididos en unas 150 tribus que se reparten en poblados de unos 60 habitantes.

Mantienen los modos de vida tradicionales, viviendo en «malocas» o chozas, dispuestas ex círculo, que cobijan a tres o cuatro familias y dedicándose a la pesca, a la caza y a cultivó de la mandioca y, en menor medida al del maíz y tabaco. Entre las tribus amazónicas más conocidas se encuentran los jíbaros de los contra fuertes andinos del Ecuador y Perú; loa yanomanos de la vertiente norte de la cuenca, entre Venezuela y Brasil; los amahuacas de las regiones peruanas y brasileñas, entre los ríos Ucayali y Purúa; lcexikrin del sureste de la Amazonia; los xingis del parque del mismo nombre, etc. De todos ellos, los jíbaros, famosos por su costumbre de reducir las cabezas de sus enemigos muertos, son los más numerosos.

El hombre blanco, con sus intentos de colonización, se hace presente en algunas pocas poblaciones asentadas a lo largo del curso principal del Amazonas y que son núcleos para la comercialización de los productos de la selva y una especie de avanzadillas de la civilización. Santarém, en la desembocadura del Tapajoz, Manaus, en la del Negro, e Iquitos, poco después de la confluencia del Marañón y el Ucayali, son los únicos centros que merecen el calificativo de ciudades. Su comunicación con el mundo exterior sólo es posible por el aire o por el río. El porvenir de esta inmensa cuenca amazónica, uno de los pocos lugares de nuestro planeta que todavía encierra secretos para el hombre, aparece aún rodeada de muchos interrogantes. La ya citada carretera transa masónica, pese al mal que está haciendo a la población autóctona, ayudará a despejarlos en parte.

No es probable que ayude a fomentar la agricultura o la ganadería, pues, como ya hemos dicho, la fertilidad de esta selva es consecuencia de su clima y no de la tierra. Pero quizás permita llegar a determinados lugares hasta ahora inaccesibles en cuyo subsuelo es posible que existan grandes riquezas minerales. Pero ¿valdrá la pena hacer todo eso? Significará también mucha destrucción. Y el hombre, ese gran creador de bellezas y de maravillas artísticas, tiene asimismo el deber de salvaguardar as maravillas naturales.

Ampliación del Tema: Siempre fuera del alcance Más mito que realidad, las amazonas son mencionadas por Hornero —su reina se había aliado con Troya y ayudado a destruir al gran héroe griego Aquiles—, pero fueron siempre escurridizas.

A medida que los griegos exploraron los territorios que había a su alrededor, la supuesta tierra de las amazonas retrocedió más allá del mundo conocido. Los arqueólogos e historiadores creen ahora que los sármatas, quienes llevaban una dura vida en lo que hoy es Polonia, quizás inspiraron las historias griegas de valientes guerreras, pues las mujeres sí peleaban en los ejércitos sármatas y se las enterraba con sus armas.

Un grupo de amazonas de verdad fue el ejército femenino de Dahomey (hoy Benín) en África occidental. A mediados del siglo XIX, Gezo, soberano de Dahomey, ordenó que a cierta edad (se cree que a los 18 años) las jóvenes del reino se presentaran para su posible reclutamiento en el ejército. Las que tenían físico adecuado pasaban por un riguroso curso de entrenamiento.

La prueba más difícil era cruzar desnudas una barrera de cinco metros de espinas y un foso de madera ardiente. El rey Gezo constituyó esta fuerza femenina especial por una simple razón, que resultaría irritante para la opinión moderna: las mujeres no conocían la independencia y, por lo tanto, siempre obedecían órdenes.

Además fueron incluidas oficialmente entre las esposas del rey, para protegerlas de las atenciones de otros hombres. Pero no era ése el único motivo. Dahomey siempre había tenido guerreras, y el soberano advirtió que peleaban por más tiempo y con mayor fuerza que la mayoría de los soldados varones de su ejército. Su mayor triunfo bélico fue también el último.

En 1851, Gezo atacó a sus rivales, los egba, en Abeokuta. En cierto momento, una división de unos pocos cientos de mujeres derrotó a 3 000 guerreros egbas. Pero después, superadas en proporción de más de 15 a 1, se enfrentaron a otra fuerza de defensores, quienes tuvieron que gatear sobre sus propios muertos antes de poder vencer a estas formidables mujeres.

El conflicto final: En total, casi 5 000 «amazonas» murieron en la batalla. Aunque las pérdidas del enemigo fueron cinco veces mayores, el cuerpo militar femenino disminuyó drásticamente y comenzó a decaer en importancia. Esto se vio acelerado por el resentimiento de los hombres de Dahomey, a quienes se les prohibía casarse con las mejores mujeres del país hasta que éstas dejaban el ejército a los 35 años.

Las amazonas aparecieron por última vez en el campo de batalla durante la guerra de los bóers, en Sudáfrica, a comienzos de siglo. Una unión de mujeres, llamada Amazonas Bóer, peleó codo a codo con los varones contra el ejército británico de 1899 a 1902, con mayor eficacia en acciones guerrilleras. Desde entonces, el nombre tradicional de «amazonas» para las mujeres combatientes, aunque no su valentía, ha desaparecido de la historia militar.

Fuente Consultada: Maravillas del Mundo de Luis Azlún

Ver: Flora y Fauna de América – Animales y Plantas Que Habitan América

Cerro Aconcagua: Montañas Mas Altas de America, Altura del Cerro

Cerro Aconcagua – Montañas Más Altas de América

Fue Charles Darwin quien dio valor a la narración del capitán de un navío inglés, el cual, durante una escala en el puerto chileno de Valparaíso, en 1835, había descrito la erupción de un volcán que se identificó como el Aconcagua. El episodio, como hemos dicho, despertó la curiosidad de Darwin, que a la sazón viajaba a bordo del Beagle, y el gran investigador lo comunicó a la Sociedad Geológica de Londres.

Gracias a la fama de Darwin, que en el transcurso de aquellos años pondría en conmoción el mundo de la ciencia con sus descubrimientos que pronto desembocaron en la exposición de la teoría sobre la evolución de las especies, nadie pensó, en Londres, en la posibilidad de un error. No obstante, hoy se sabe que aquel capitán inglés se había equivocado y que, al observar el fenómeno eruptivo, había confundido el Aconcagua con el Tupangatito, otro volcán activo situado a unos 90 Km. más al sur.

vista del aconcagua

El primer mentís al informe proporcionado por Darwin se produjo en 1849, por parte del francés Pierre Pisis, encargado, por el gobierno chileno, de recopilar un mapa geológico del país. Pisis, durante sus habituales observaciones científicas, se había dado cuenta de que el Aconcagua no presentaba ninguno de los caracteres típicos de un volcán. Por el contrario, a su juicio, la excepcional regularidad de la estratificación revelaba más bien que estaba constituido por rocas sedimentarias. Pero también se demostraría más tarde que esta hipótesis era infundada.

El enigma geológico que Darwin, involuntariamente, había creado despertaría muchas discusiones durante años, hasta que la “conquista” de la montaña pondría fin a las dudas. Pero esta conquista fue una empresa de alpinistas —de alpinistas expertos, no cabe duda— pero no de geólogos.

El Aconcagua presenta, en efecto, excepcionales dificultades ambientales para todos los que quieren escalarlo, pero no demasiadas dificultades técnicas ni excesivamente comprometidas. Situado en territorio argentino, en su frontera con Chile, se eleva al este de la cuenca hidrográfica interoceánica y al norte del río de las Vacas, cuyo valle transversal, cruzado por la carretera y por la vía férrea trasandinas, culmina en el paso de La Cumbre. Su altura oficial actual es de 6.959 metros, pero tanto los argentinos como los chilenos, movidos por su orgullo patriótico, siguen considerando como exactas las medidas de 1951 (mapa I.G.M.A.), que le daban una altura de 7.021 metros.

Darwin realizó largas y peligrosas expediciones por tierra firme, entre ellas la travesía de los Andes desde Valparaíso a Mendoza. Este científico descubrió conchas fosilizadas a 4.000 metros sobre el nivel del mar, lo que demuestra el origen sedimentario de la cadena. Pero Darwin, confundido por una errónea información de un compatriota suyo, informó a la Sociedad Geográfica que el Aconcagua era un volcán en actividad, dando origen a un equívoco que sólo pudo poner en claro, bastantes años más tarde, el geólogo Schiller.

La montaña emerge, entre un laberinto de valles, por encima de la “puna”, el inmenso altiplano estepario. Es como un gigante dominador o como

la soberbia muralla de un orgulloso castillo “cuyos rasgos regulares y multicolores parecen hechos por la mano del hombre, mientras sus grandes proporciones sugieren al espectador la acción de poderosos agentes de la naturaleza”.

En efecto, su mole debía ejercer una mezcla de fascinación y de sagrado respeto a las tribus de araucanos y de aimarás que, desde tiempos remotos, habían vivido en sus laderas y que atribuían a este monte —divinizado según los principios de la religión animista— un poder de salvación al considerarlo como el último refugio de los supervivientes del diluvio universal. Del pueblo aimará procede la etimología del nombre Aconcagua: ellos decían Kon Kawa, que significa Monte Nevado, y también Cahuak, “el que observa”, y asimismo Ackon, que quiere decir “de piedra”.

Seguramente fueron los mismos pueblos indígenas los que se engañaron respecto a la naturaleza geológica del monte, puesto que llamaron volcán a uno de los principales valles de acceso, tomando por humo que salía de un hipotético cráter a las nubes blancas que el fuerte viento lanzaba contra la cima.

Este es el viento de origen atlántico (el mortífero “viento blanco”), que puede desplazarse a 250 Km. por. hora y que, en unos pocos momentos, es capaz de desencadenar un huracán y hacer que la temperatura descienda por debajo de 30 ó 40 grados.

De las pésimas condiciones atmosféricas nació, sin duda, la leyenda indígena que afirma que ningún ser humano podría escalar el Aconcagua, debido a las continuas vibraciones del terreno y a la presencia de un auténtico laberinto de rocas que esconden el camino hacia la cumbre; esto explicaría, quizás, por qué no quedaron nunca huellas de posibles escaladas que podían haberse realizado en tiempos de la dominación de los incas, cuyo imperio se había extendido desde el Perú hasta abarcar el macizo del Aconcagua.

Las prácticas religiosas de los incas, como por ejemplo el culto al Sol y los sacrificios humanos que se realizaban en las cumbres más elevadas, así como el hallazgo de esqueletos en cimas no muy lejos del Aconcagua, podrían constituir la plausible explicación de la hipótesis de una o más ascensiones efectuadas por los indígenas, o bien de algunos intentos, acabados trágicamente y que, en tal caso, habrían reforzado la creencia de que el monte era, en efecto, invencible.

En tiempos más recientes, el Aconcagua y la cordillera andina volvieron a tener actualidad en 1817, con motivo de uno de los más célebres episodios de la historia de América del Sur: nos referimos a la gesta del general argentino José de San Martín, quien, con un ejército de 5.350 hombres, pasó por el lugar más intransitable de la cordillera andina, entre el cerro Mercedario y el Aconcagua, a casi 4.000 metros de altura.

Ni senderos casi impracticables, ni el ardiente calor durante el día y el frío gélido de las noches, ni la terrible “puna” (el “mal de montaña” al que los indígenas dan el mismo nombre del altiplano) consiguieron enfriar el entusiasmo de aquellos argentinos que, procedentes de Mendoza y tras una marcha de 500 Km., se unieron a los chilenos y, juntos, vencieron a las tropas españolas.

HISTORIA DE SUS ASCENCIONES:

Las observaciones orográficas hechas por San Martín durante la marcha fueron muy interesantes… Pero había de pasar todavía bastante tiempo para que se produjera un verdadero conocimiento del Aconcagua.

E. Whymper en el ChimborazoTres años después del éxito alcanzado por E. Whymper en el Chimborazo, lo que fue el punto de partida oficial de la empresa andinistica, en 1883, el alemán Gussfeld (imagen izq.), sin tener ni las más elementales nociones de cartografía, llegó a las estribaciones de la montaña: “Esta se eleva —escribió más tarde— con la misma majestuosidad que el Matterhorn de Zermatt, pero su mole es tan colosal que podría contener otras muchas montañas de los Alpes. Era una visión tan atractiva que aumentó mi deseo de escalarla.”

Gussfeld se introdujo valerosamente en el laberinto de rocas descrito en la leyenda antes mencionada, y escogió la ruta del norte, a la que creía libre de los obstáculos que suponían la nieve y el hielo. Acompañado por dos indígenas, y con la intención de aprovechar también la ocasión de descubrir

minas de metales preciosos, el explorador alemán alcanzó el valle del Río Volcán y acampó en el límite de la rala vegetación, a 3.548 metros de altura. Ni un inmenso muro de piedra que le cerraba el paso, ni el macabro descubrimiento de un esqueleto humano (quizás un buscador de oro sorprendido por una tempestad) que parecía sonreírle irónicamente, enturbiaron su entusiasmo.

Y más tarde, entre las características agujas de hielo, dispuestas como una fila de blancos frailes y que semejaban un bosque de penitentes, Gussfeld localizó el paso exacto, lo alcanzó y llegó así a la cuenca superior, la base de la verdadera montaña. El Aconcagua no opuso dificultades técnicas a sus asaltantes, tan sólo las esperadas, constantes y mortíferas condiciones climáticas…

“En un monte como el Aconcagua —escribió Gussfeld—, a las normales dificultades de todos los montes se suman las que causan la altura y la falta de oxígeno, además de la inclemencia del tiempo, como el frío y el viento. Con estas adversidades y privaciones, ninguna fuerza humana- es capaz de alcanzar la cima. Sólo quien tenga muy buena estrella podrá llegar a la meta”.

En efecto, Gussfeld pasó por todas las penalidades: sufrió náuseas, desmayos debidos a la altura, soportó los más repentinos cambios atmosféricos, las violentas tempestades… Todo ello neutralizó los sucesivos intentos, y el explorador quedó bloqueado a 6.560 metros de altura.

Gussfeld no era un geólogo, pero, muy acertadamente, trajo a Europa algunas muestras de roca, proporcionando por primera vez a los científicos la posibilidad de estudiarlas directamente. Entonces ya no cupo la menor duda: aquellas rocas eran de origen volcánico. Gussfeld llegó entonces a la conclusión de que el Aconcagua, pese a su apariencia, debía ser un volcán y que su cima culminante, que un huracán le impidió alcanzar, escondía en realidad el orificio del cráter, invisible desde aquella vertiente.

En 1896 llegó a la zona del Aconcagua el célebre alpinista inglés Fitzgerald, al frente de una expedición en la que había italianos y suizos y en la que figuraba Mathias Zurbriggen, famoso por la conquista del monte Cook, en Nueva Zelanda. Saliendo del valle de Horcones, esta expedición inició el ascenso a la montaña por el sur.

Las dos primeras etapas, en plan de exploración, no tuvieron aliciente alguno:

uno tras otro, los alpinistas se retiraban extenuados. Sólo el experimentado Zurbriggen resistió a aquella despiadada selección que llevaba a cabo la naturaleza, y tras una dramática noche de Navidad pasada en compañía de Fitzgerald en el nido de Cóndores, un vivaque formado por dos rocas superpuestas, se lanzó él sólo hasta un punto donde encontró un hombrecillo de piedra y una cajita que contenía el mensaje de Gussfeld, con esa lacónica frase: “Segundo intento, marzo 1883”.

Y al tercer asalto se consiguió la victoria. A 6.700 metros, Fitzgerald y sus compañeros Pollinger y Lati, afectados por la “puna”, emprendieron el camino de regreso. Pero Zurbriggen, empeñado en no ceder, pidió permiso para continuar él solo. Fitzgerald no se opuso y le dio la posibilidad de llevar a cabo otra magnífica empresa. “Tuve alguna dificultad en respirar durante, el ascenso, pero, después de diez minutos de descanso en la cumbre me sentí perfectamente bien”, escribió más tarde. Y añadía:

“No teniendo ni papel ni lápiz, grabé la fecha de mi ascensión en el mango del piolet y lo fijé en el hombrecillo que había hecho.”

La suerte no se mostró favorable con Fitzgerald. Este inglés volvió al año siguiente con una nueva expedición, y una vez más fue vencido por las adversas condiciones físicas. Agotado por el cansancio, tuvo que ceder la gloria de un segundo ascenso a su compatriota Vines y al portador italiano Lauti. Estos, ya en la cima, recuperaron el piolet de Zurbriggen.

Desde el punto de vista geológico, las expediciones de Fitzgerald destruyeron la hipótesis de Gussfeld. La última cima, formada por tres sucesivas elevaciones, no delimitaba el orificio de ningún cráter, sino que se precipitaba en un vertiginoso muro. No obstante, las rocas encontradas en esta cima (andesita y porfirita), que procedían de expansiones de lava, producían la mayor perplejidad.

Se elaboró, entonces, una nueva hipótesis, según la cual la cúspide podía ser un filón que atravesaba parte de un antiguo volcán o quizás parte de una columna de lava que se había consolidado en la sima. En tal caso, el Aconcagua podría ser el antiguo fondo de un volcán cuyo cráter, destruido por los agentes exógenos, había sido, por lo menos, 300 metros más alto que la cumbre actual.

Esta hipótesis se mantuvo hasta que un geólogo decidió ir por sí mismo a la cumbre del Aconcagua para estudiar directamente la situación. “Cuando llegué al país —escribió el geólogo alemán Schiller— me dirigí a la cordillera que tanto me atraía, en parte por sus paisajes todavía inexplorados, en parte por mis propios intereses científicos. Pasé tres temporadas en los Andes, y cada vez me sentía más unido a estas montañas. Sólo el Aconcagua se me resistía”. Pero el Aconcagua marcó su destino. Tras muchos años de estudios, Schiller se creyó preparado para la empresa final.

En 1940 y en 1943 participo en dos expediciones, pero en ambas, las casi prohibitivas condiciones atmosféricas le impidieron tener la satisfacción del éxito. Pero este fracaso, que se puede considerar deportivo, se vio compensado por la importancia de las observaciones geológicas, que resultaron muy esclarecedoras y en gran parte decisivas.

La ausencia del menor atisbo de un orificio del que hubiera podido manar el magma después del plegamiento andino y de cualquier otra manifestación volcánica secundaria (fumarolas, emanaciones de azufre), le condujo a la conclusión de que “el Aconcagua no es un volcán activo, ni un volcán adormecido, ni tampoco un volcán que se haya apagado recientemente, sino un volcán que se extinguió en épocas remotísimas y precisamente antes del plegamiento de la cordillera, fenómeno que se produjo en la segunda mitad del terciario”.

Las rocas efusivas (andesita y porfirita), que forman un muro de 3.000 metros de espesor, y que se apoyan sobre la misma capa de sedimentos marinos fosilizados del jurásico superior y del cretácico inferior, ya existían antes del plegamiento andino, y fue precisamente a causa de este fenómeno que experimentaron un poderoso impulso y se sobrepusieron a las más recientes.

aconcagua Schiller Pero haber descubierto el secreto geológico del Aconcagua no representó para Schiller haber vencido a la montaña; pues en el curso de una nueva ascensión organizada en 1944 (la Sexta que efectuaba este investigador alemán), la naturaleza se tomo una trágica venganza. Una expedición compuesta por el mismo Schiller (imagen) , por su compañero Link y su esposa Adriana y por los dos alpinistas Grimm y Kneidl, fue sorprendida, a 6.200 metros de altura, por un huracán violentísimo: durante tres días y tres noches, el “viento blanco” fue el indiscutido protagonista en lugar de serlo las crestas rocosas.

Ningún componente de la expedición volvió a Plaza de Mulas, y fue necesario organizar otras tres expediciones para recuperar los cadáveres, victimas de una tragedia cuya reconstrucción dejó, por cierto, muchos puntos oscuros. El cuerpo de Schiller, el único que se detuvo antes de llegar a la cima, fue encontrado, congelado, en una pequeña tienda, en la cual había logrado refugiarse, en plena desbandada, en espera de sus amigos. Era la “muerte blanca”, encontrada en el seno de aquella montaña por la que tanta atracción había sentido.

Los otros alpinistas se habían visto sorprendidos por la tormenta al regresar de la cima, como se pudo saber por el libro de notas que se guardaba en un estuche de metal. Adriana, quizás debido a una fuerte ráfaga de viento, perdió el equilibrio, cayó y se dio con la cabeza en una roca. Link, en un gesto sublime, la cubrió’ con su abrigo y siguió su camino para reclamar ayuda y abandonando su piolet. Los soldados de la expedición de socorro le encontraron congelado a pocos metros más abajo.

Para evitar que tales tragedias se repitieran, o por lo menos para reducirlas dentro de unos límites razonables, se decidió construir, a lo largo del itinerario habitual para subir por la ladera sudoeste, una serie de refugios de cuya instalación se cuidó el teniente Valentín Ugarte. Con ello se abría el período del andinismo organizado.

“La construcción de los refugios —declaró el día de la inauguración el presidente Juan Perón— marca el principio del fin de unos riesgos inútiles. Los riesgos existirán siempre, pero, a partir de ahora, serán fortuitos. Algunos morirán en la ascensión, pero será el uno por ciento de los que perecían por falta de preparación o por valerse de medios inadecuados. Ahora el Aconcagua ya no es el monstruo difícil de vencer, como ocurría cuando los que iniciaban la ascensión tenían un 50% de probabilidades de vivir y otro 50% de morir.”

El refugio de Plaza de Mulas (a 4.230 metros), los refugios cercanos de Plantamuray Libertad (ex Eva Perón, a 5.850 metros) y el refugio Independencia (ex Juan Perón, a 6.480 metros)’ aseguran ahora una excelente protección en caso de mal tiempo, aunque el frío y las consecuencias de la “puna” continúan produciendo víctimas todavía: a este respecto, las estadísticas siguen siendo muy elocuentes. Sólo el 40% de las expediciones consiguen llegar a la cima, y el 20% de los participantes sufren heridas, lesiones o congelación. Y cincuenta alpinistas han muerto pese a las medidas adoptadas. Por este motivo, desde hace algunos años, los militares argentinos dé guarnición en Puente de Inca, antes de conceder el permiso para una escalada, examinan detenidamente el equipo de los alpinistas y les exigen, además, un certificado de buen estado físico.

En otro aspecto, la posibilidad de hacer el trayecto a lomos de un mulo hasta los 6.300 metros, un poco más abajo del refugio Independencia, impide que se produzca la gradual y necesaria aclimatación. Por eso las últimas escarpaduras y los difíciles 600 metros para alcanzar el Peñón Martínez y la Canalita Final se transforman muy a menudo en un verdadero calvario. De pronto, uno se siente falto de toda energía, se producen vómitos y dolores de cabeza y sólo sacando fuerzas de flaqueza se consigue proseguir el camino.

Así es como el Aconcagua, el antiguo volcán de la era terciaria, la montaña conocida como “el más grande montón de arena del mundo”, opone sus últimos esfuerzos defensivos, exigiendo todavía un tributo de vidas humanas.

Fuente Consultada: Maravillas del Mundo De GIANCARLO CORBELLINI