Los Siete Pecados Capitales

Los Siete Pecados Capitales y Su Significado Cuales Son?

LOS 7 PECADOS CAPITALES Y SU SIGNIFICADO

1-PECADO:LA SOBERBIA

2-PECADO:LA GULA

3-PECADO: LA AVARICIA

4-PECADO: LA IRA

5-PECADO:LA LUJURIA

6-PECADO: LA PEREZA

7-PECADO: LA ENVIDIA

Los Siete Pecados Capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del Cristianismo y Catolicismo para educar e instruir a los seguidores sobre la moral. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento. Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.

Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los Siete Pecados Capitales como tema entre los artistas europeos de la época eventualmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia Cristiana a través del mundo.

En el libro «los Siete pecados Capitales» Fernando Savater explica:

Según el historiador inglés John Bossy, «los siete pecados capitales son la expresión de la ética social y comunitaria con la cual el cristianismo trató de contener la violencia y sanar a la conflictiva sociedad medieval. Se utilizaron para sancionar los comportamientos sociales agresivos y fueron, durante mucho tiempo —desde el siglo XIII hasta el XVI—, el principal esquema de penitencia, contribuyendo en modo determinante a la pacificación de la sociedad de entonces».

En un principio, los pecados eran una advertencia respecto de cómo administrar la propia conducta. No se trataba como en los diez mandamientos de ofrecer las tablas de la ley, sino de mostrar los peligros higiénicos que podrían asechar a las almas.

Se trató de un listado de advertencias sobre los peligros que puede acarrear la desmesura frente a lo deseable. Hoy existe una versión más simplona de esas advertencias, que son los libros de autoayuda, donde encuentras unas fórmulas para no engordar y otras para ser feliz en tres lecciones.

Según Bossy, la suerte de estos pecados terminó en la época moderna, cuando la penitencia dejó de ser la forma de resolución de los conflictos sociales para transformarse en algo psicológico e interior a la conciencia de cada individuo.

Fue el momento en que se abandonaron los siete pecados capitales para pasar a los diez mandamientos, que privilegiaban una relación vertical de cada individuo respecto de Dios, en vez de la horizontal entre los hombres, lo cual favorece la introspección personal. Bossy interpreta el paso del Medioevo a la Edad Moderna como un pasaje de lo social a lo individual.

Los pecados adquieren la categoría de capitales cuando originan otros vicios. Santo Tomás describe: «Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal…».

Para el especialista en temas islámicos Ornar Abboud «el pecado no es algo inamovible. Varía de acuerdo con el punto de vista del observador y en referencia a la evolución del contexto social y cultural.

La mayoría de las acciones consideradas como pecado hace dos siglos —un periodo ínfimo en la historia de la humanidad— hoy no tienen entidad pecaminosa. En el Islam no tenemos la visión del pecado original, lo que sí existen son definiciones sobre lo que es lícito o no. Llamamos haram a aquellas cosas que están vedadas y halal a las que están permitidas».

https://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/titulo_pecados.jpg

pecados capitales soberbia

1-SIGNIFICADO SOBERBIA:

Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas—, lo malo es que no admita que nadie en ningún campo se le ponga por encima.

En general, podemos-admitir que tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de «yo pertenezco a un estrato superior».

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales gula

2-SIGNIFICADO GULA:

El pecado de la gula es el ansia inmoderada de comer, de beber, ese afán de asimilarse Codo el universo por la vía digestiva.

Es un pecado que nos deja un poco perplejos en este mundo dietético en el que estamos, choca tanto con la ética como con la estética y quizá tengan más contra él los médicos que los propios clérigos.

A mi juicio, el problema de la gula es mucho más una cuestión de higiene que de moral.

Se trata de ver cómo administramos nuestros placeres y cómo podemos comer para vivir satisfactoriamente. No debemos obsesionarnos con vivir para comer, ni con vivir para evitar las calorías.

Lo peor de la gula hoy es que, mientras algunos tenemos la suerte de poder comer y ayunar a nuestro albedrío, muchas personas están privadas de lo imprescindible y no pueden siquiera alimentar a sus hijos con lo mínimo necesario.

La gula se transforma en pecado cuando ofende el derecho y las expectativas del otro al comer lo de los. demás, acaparar y dejarlo con poco o nada. Olvidar eso sería el peor pecado o la peor forma de gula en nuestro tiempo.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales avaricia

3-SIGNIFICADO AVARICIA:

El pensador alemán Arthur Schopenhauer decía que el dinero es felicidad abstracta. Ser feliz porque tienes una gran cuenta en el banco, o porque guardas un gran saco con oro debajo de la cama, es algo completamente imaginario.

Comprendo que alguien se sienta feliz porque tiene en sus brazos a una mujer hermosa, en su mesa una comida estupenda y una botella de vino incomparable. Yo no termino de entender a aquellos que se sienten felices cuando ven un cheque, míe. sólo son unas palabras y algunos números.

Lo que da fuerza al dinero es la necesidad de intercambio, que los seres humanos requieran cosas unos de otros. Si no se deseara nada, no habría tenido sentido inventar el vil metal. El dinero permite generar un elemento que te da acceso a algo que tiene otro y tú quieres. De no existir, las variantes serían pocas: el trueque, pero allí necesitas que al otro le interese lo que tú le ofreces, o lisa y llanamente sacárselo por la fuerza, robarle o estrangularlo.

Pero el avaro es el que convierte este acuerdo social en una idolatría, sin entender la utilidad del dinero, que es absolutamente virtual.

Si se tratase de cupones que dijeran: «Vale por un refrigerador» o «Vale por una merluza en salsa verde», tendría un interés más limitado, ya que si no te gusta la merluza no sabrás qué hacer con ese vale. La gracia del dinero es que tiene un número y no te dice qué puedes hacer con él.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales ira

4-SIGNIFICADO IRA:

La ira, esa pasión arrebatadora, esa furia que de vez en cuando nos convierte en auténticas fieras. En apariencia somos personas como las demás, y ante un pequeño estímulo, o una provocación, nos transformamos en auténticos salvajes.

El pecado de la ira es una cuestión de grados. Es un movimiento, una reacción que puede indicar simplemente que estamos vivos y, por lo tanto, nos revelamos contra injusticias, amenazas o abusos.

Cuando el movimiento instintivo pasional de la ira se despierta, nos ciega, nos estupidiza y nos convierte en una especie de bestias obcecadas. Ese exceso es perjudicial, pero yo creo que un punto de cólera es necesario.

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique se reconoce admirador de los iracundos «cuando se ponen rabiosos ante una situación infame por la que callan los demás. El que se rebela, habla, grita y muchas veces se juega el pellejo es muy distinto del que tiene un colerón porque le sirvieron la carne fuera de punto».

Como en muchas cosas de la vida, con los pecados primero hay que tener la experiencia. Si eres una persona tan pacífica que nunca te has enfadado, aunque te describan mucho la ira nunca la entenderás. Si eres justo, puedes sentirte arrebatado por la ira. Ahí nos topamos con el pecado.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales lujuria

5-SIGNIFICADO LUJURIA:

La lujuria es uno de los pecados más escandalosos, y también de los más tentadores. Gracias a ella, todos vinimos al mundo.

¿Pero cuál es realmente la esencia mala de la lujuria? ¿En qué sentido quienes no tenemos especial afán puritano podemos encontrar algo defectuoso en el exceso de la lujuria? Tengo claro que si hay algo bueno en ella es precisamente el placer. Creo que el placer es bueno, sano y recomendable. Si hay algo malo en la lujuria, será el daño que podamos hacer a otros para conseguir goce, al abusar de ellos, aprovecharnos de la inocencia de menores o de gente que por su situación económica tiene que someterse.

No creo que, a pesar de lo que San Agustín y otros santos padres han dicho de la sexualidad, hayamos venido a este mundo a sufrir. La sexualidad no es un instrumento que debamos utilizar casi con repugnancia sólo para la reproducción, sino que es una fuente de relación humana y de contento en un mundo donde las alegrías no abundan.

Pero, como en todos los casos a los que estamos refiriéndonos, el límite de la lujuria desde el punto de vista humanista es causar daño a otro. El sexo con niños es malo por el daño que se les hace. No es malo disfrutar, pero sí es censurable causar mal a otro. Antes se condenaba al placer, ahora al daño y el dolor que se producen. Es la visión progresista de los pecados.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales pereza

6-SIGNIFICADO PEREZA:

La pereza es la falta de estímulo, de deseo, de voluntad para atender a lo necesario e, incluso, para realizar actividades creativas o de cualquier índole. Es una congelación de la voluntad, el abandono de nuestra condición de seres activos y emprendedores.

Un viejo cuento narra cómo un padre luchaba contra la pereza de su hijo pequeño, que no quería nunca madrugar. Un día llegó muy temprano por la mañana, lo despertó y le dijo: «Mira, por haberme levantado temprano he encontrado esta cartera llena de dinero en el camino». El niño, tapándose, le contestó: «Más madrugó el que la perdió».

La pereza siempre encuentra excusas. Es perezoso quien renuncia a sus deberes con la sociedad, con la ciudadanía, quien abandona su propia formación cultural. La persona que nunca tiene tiempo para leer un libro, para ver una película, para escuchar un concierto, para prestar atención a una puesta de sol. Aquel que tiene pereza de convertirse en más humano.

El escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa tiene una teoría: «La pereza ha sido el motor de las grandes conquistas del progreso. El que inventó la rueda, por ejemplo, no quería empujar y caminar más. Detrás de casi todos los elementos del confort supongo que ha habido un perezoso astuto, pensando cómo hacer para trabajar menos».

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

pecados capitales envidia

7-SIGNIFICADO ENVIDIA:

La envidia, definida como la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene.

¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia. Es un pecado profundamente insolidario, que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo.

El envidioso siembra la idea, ante quienes quieran escucharlo, de que el otro no merece sus bienes. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo.

La envidia es muy curiosa porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia.

//historiaybiografias.com/linea_divisoria6.jpg

«Los Siete Pecados Capitales» de Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de junio de 1947) es un filósofo, activista y prolífico escritor español. Novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico. En 2008 fue galardonado con el Premio Planeta por su novela La hermandad de la buena suerte. En 2012 se le otorgó el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo.

Ver: Pecados Capital Segun El Signo del Zoodiaco

Virtudes Cardinales Valores Civiles Para Vivir en Democracia

VIRTUDES CIUDADANAS NECESARIAS A LA DEMOCRACIA

VIRTUDES CARDINALES
Prudencia: Prudencia es la virtud que lleva a juzgar, según conciencia, qué se debe hacer o evitar en determinadas circunstancias.
La prudencia es la virtud moderadora de todas las otras: regula la acción, y evita que se caiga en excesos perjudiciales. El hombre juzga y discierne lo que, en cada caso particular, es más a propósito para conseguir lo que se propone. Para obrar con prudencia se requiere: deliberar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien. De la prudencia deriva la tolerancia.

Justicia: Justicia es la virtud que inclina a dar a cada uno lo suyo. La justicia pone orden y produce la paz tanto en la vida individual como en la social. «Porque, según A. Tanquerey, respeta los derechos de cada uno, hace que reine la honradez en los negocios, contiene el fraude, defiende los derechos de los pequeños y de los humildes, refrena las rapiñas y las injusticias de los poderosos, y pone orden en la sociedad. Sin ella vendría la anarquía, la lucha entre los intereses opuestos, la opresión de los débiles por los fuertes, el triunfo del mar. De la justicia derivan la veracidad, la lealtad, la fraternidad y el patriotismo.»

Fortaleza: Fortaleza es la virtud que lleva a un comportamiento racional frente al peligro, para no dejarse arrastrar ni por el temor, ni por la audacia.
El que es moralmente fuerte, sabe resistir al temor, que pretende apartarlo del cumplimiento del deber, y es también capaz de frenar los impulsos de la audacia, que lo incita a arremeter contra el mal cuando no es necesario. De la fortaleza derivan el espíritu de trabajo (laboriosidad) y la perseverancia.

Templanza: Templanza es la virtud que inclina a un comportamiento racional frente al placer.
La templanza tiene por objeto moderar toda clase de placer sensible, pero especialmente el que va unido con las dos principales funciones de la vida orgánica: el comer y el beber, que conservan la vida del individuo, y los actos que tienen por fin la conservación de la especie.
Como el placer es seductor y arrastra fácilmente más allá de los justos límites, la templanza asegura el imperio de la razón sobre la pasión. De la templanza derivan la austeridad y la abnegación.

Las virtudes en particular
A. – Austeridad
Sinónimos de austeridad son moderación, severidad y temperancia.

¿Que es la austeridad? La austeridad es aquella virtud por la cual el hombre prescinde de lo superfluo, y es siempre moderado en el uso de las cosas; más, todavía: es un tanto mesurado, aun en el uso de las cosas necesarias.

La austeridad excluye el lujo, el boato, la ostentación y el despilfarro. El hombre austero es sobrio en su persona y en su comportamiento. No hace ostentación de trajes lujosos ni de alhajas; viste con sencillez. No se excede en palabras, ni en gestos, ni en los manjares, ni en su tren de vida.

Esto puede ser realizado con naturalidad y sencillez, sin faltar al decoro de su persona ni a sus obligaciones sociales, y sin adoptar poses de misántropo ni actitudes excéntricas. El hombre austero está animado por un gran ideal de limpieza moral y de elevación de espíritu.

La austeridad puede ejercitarse, no solo en la vida privada, sino también en la vida pública. Interesa mucho a la democracia la austeridad en la vida pública. El funcionario austero cuida de los bienes de la nación mejor que si fueran propios. No se deja llevar por seducciones, halagos o ventajas que lo aparten del cumplimiento de su deber. Evita el despilfarro en los gastos públicos; no distrae dinero en propaganda innecesaria, ni en ostentación y exhibicionismo inútiles…
«La administración pública del Estado debe necesariamente desenvolverse con una prudencia y sobriedad tan grandes, que sirva de ejemplo a todos los ciudadanos…»
San Martín y Belgrano constituyen dos grandes ejemplos de austeridad.

B. – Veracidad
La veracidad es la disposición habitual de las personas a decir la verdad. Se opone a la mentira, a la falsedad y al engaño. Se puede ser veraz aun cuando se digan errores, siempre que haya conformidad de lo que se dice con lo que se piensa.

«La veracidad es uno de los deberes que el hombre tiene para con sus semejantes. Los hombres son seres inteligentes, y la inteligencia tiene derecho a la verdad. «Propagar el error a sabiendas, es corromper la inteligencia ajena, y rebajar la dignidad del que escucha. «El hombre que no es veraz —o que no es digno de crédito, por su hipocresía y simulación—, priva a los demás y se priva a sí mismo de uno de los goces más intensos de la vida: la posesión de la ciencia y de la verdad.

«Además, abusa de la palabra.
«El instrumento o vehículo natural del pensamiento es la palabra, que ha sido dada al hombre para que pueda hacer partícipes a los demás de su propia vida interior, y recibir en justa reciprocidad las ideas o sentimientos de sus semejantes.» Cuando los gobernantes .hablan al pueblo con veracidad se conquistan su estima, su confianza y su adhesión. La democracia exige veracidad a los gobernantes.

C. – Lealtad
Lealtad es aquella virtud por la cual una persona se mantiene fiel en las relaciones con los demás, y en el desempeño de su oficio o cargo.

Hombre leal es aquel que observa las leyes de la fidelidad,’ del honor y de la hombría de bien. Es leal consigo mismo aquel que obra de acuerdo con sus propias convicciones. La lealtad lleva a no traicionar a los demás, a respetar la palabra dada, y al cumplimiento de las obligaciones y compromisos, a la fidelidad recíproca de los esposos. En la vida social y pública se jura fidelidad a la bandera, a la Constitución y a las instituciones republicanas. Los militares juran lealtad a la bandera, a la autoridad, a las fuerzas armadas.

Los funcionarios juran desempeñar con fidelidad sus cargos. De modo particular, los jueces, encargados de administrar justicia, juran hacerlo con toda lealtad.

El Presidente y el Vicepresidente, al tomar posesión de sus cargos, juran ante Dios y los Santos Evangelios «desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo», y «observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina».

D. – Tolerancia
Tolerancia, en sentido estricto, significa permisión de un mal para evitar males peores.
Tolerar es lo mismo que sobrellevar o soportar con paciencia más o menos benévola, una cosa desagradable, dolorosa, injusta, infamante, que por lo mismo se desaprueba y aborrece. Así, por ejemplo, se toleran los agravios de un ebrio, para evitar un homicidio.

El concepto de tolerancia supone siempre la idea de un mal que se soporta. Por eso se dice que se toleran en el prójimo el vicio, la deshonra, la ignorancia y el error. El bien se acepta, el mal se tolera. Tolerar lo bueno, tolerar la virtud, son expresiones erróneas.

Tolerancia, en un sentido más amplio, indica el deber, tanto de la autoridad pública como de los particulares, de respetar las conciencias y el libre albedrío en tanto sus manifestaciones externas no choquen con derechos ciertos y con normas esenciales de la vida civil. Este respeto se funda en la dignidad de las conciencias, que no pueden ser forzadas.

El deber de la tolerancia se extiende a las relaciones interpersonales: también el que se halla en error, de buena o mala fe, debe ser respetado en su persona, no porque el error o él mal puedan ostentar derechos, sino por la dignidad de la conciencia y del libre albedrío del hombre. Esta tolerancia se manifiesta en el respeto de las opiniones ajenas, y en la exclusión de todo procedimiento injurioso para defender las propias ideas o combatir las ajenas. Pero la tolerancia no es ilimitada: tiene su límite preciso; nunca debe llegar a la convivencia con el error o el mal. Una cosa es tolerar y otra aceptar y aprobar.

E. – Espíritu de trabajo
El espíritu de trabajo se llama laboriosidad. Es la virtud que inclina a realizar con decisión y entusiasmo los trabajos que se emprenden.

El hombre está sujeto a la ley del trabajo. Unos la cumplen con gusto; otros, a regañadientes, y otros huyen de todo trabajo.

Estos últimos son los perezosos, los poltrones, los haraganes, parásitos de la sociedad, que viven a costa del esfuerzo ajeno. La democracia necesita que los ciudadanos tengan mucho espíritu de trabajo.

Desde niño, cada uno debe adquirir esta virtud que se llama laboriosidad. La laboriosidad se manifiesta en el estudiante por el amor al estudio. El estudiante que no se aplica, que no realiza esfuerzos para ahondar en los estudios, no cumple con su deber. Desgraciadamente, desde hace unos cuantos años ha habido en la Argentina un notable retroceso en el espíritu de trabajo.

La productividad ha disminuido, y el nivel de los estudios ha descendido en todos los niveles de la enseñanza. Los destrozos que no se reparan, las obras que se construyen con desesperante lentitud, la irresponsabilidad en el cargo y en la labor que se ejecuta, hablan a las claras de esa dejadez e indolencia que está en los antípodas de la laboriosidad. Países como Italia y Alemania, que han sufrido los horrores de una guerra espantosa, se han recuperado en pocos años, merced al espíritu de trabajo de sus hijos. La Argentina, que se ha visto libre de semejante flagelo, y que debería nadar en la prosperidad y la abundancia, no logra aún salir del estado de postración en que se encuentra Falta espíritu de trabajo y de sacrificio.

Piénsese que el totalitarismo comunista impone al pueblo el trabajo obligatorio y controlado en condiciones desfavorables.

F. Perseverancia
Una manifestación de la fortaleza se halla en la virtud de la perseverancia. La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y resoluciones.

Nada más perjudicial que la inconstancia, que impide toda acción seria en provecho propio y en provecho de la comunidad. Desgraciadamente, la inconstancia es un mal muy generalizado. Muchos conciben hermosos proyectos y generosas resoluciones; pero pocos son los que perseveran hasta verlos cumplidos. Muchos son los que comienzan una obra, pocos los que perseveran hasta el fin.

¡Cuántos jóvenes inician estudios secundarios o universitarios, y qué pocos son los que tienen la perseverancia de llevarlos a feliz término!
La perseverancia supone fortaleza para superar los obstáculos y vencer las dificultades que se presentan.
Toda actividad, para que sea eficaz, exige perseverancia: firmeza para continuar hasta el fin en el camino emprendido, en la obra comenzada.

Conspira contra la perseverancia el tedio que se apodera de quienes no ponen entusiasmo y decisión en lo que emprenden, o se dejan vencer por el ansia de novedades.

G. – Fraternidad
¿Que es fraternidad? Fraternidad es la virtud por la cual los hombres se aman entre sí, y se consideran como hermanos, pues son miembros de la gran familia humana.

El fundamento de esta virtud no está en la simpatía ni en la afabilidad, y mucho menos en el interés. Arranca de una razón más profunda de la filiación de todos los hombres respecto de Dios.

La primera manifestación de la fraternidad es la benevolencia: querer bien y desearle el bien al prójimo; y la segunda es la beneficencia: ayudar al prójimo en todas sus necesidades.

Si se practicara más la virtud de la fraternidad, habría más paz y menos guerras.
La fraternidad lleva a «pensar bien de todos, hablar bien de todos y hacer el bien siempre y a todos».

H. Patriotismo
Patriotismo es el amor a la propia patria. Es un sentimiento que brota natural y espontáneamente del corazón humano. Y es al mismo tiempo un deber.

Regímenes totalitarios, como el fascismo y el nazismo, exaltaron exageradamente este sentimiento, hasta tornarlo exclusivo y belicoso, y transformarlo en odio a las otras patrias. El totalitarismo comunista en la actualidad azuza los nacionalismos. Pero en general combatió el patriotismo como si fuera algo ilegítimo, y le opuso el internacionalismo, el cosmopolitismo, el humanitarismo, etcétera.

El patriotismo es un afecto muy legítimo, que conduce no solo a la defensa de la propia patria, sino también a realizar grandes obras y sacrificios por su desarrollo. El amor a la patria es un amor de preferencia pero no excluyente.

I. Abnegación
Etimológicamente, abnegación proviene del latín abnegatio. que significa renuncia, negación de sí misino.
Abnegación es la virtud por la cual una persona está dispuesta al sacrificio espontáneo de su voluntad, intereses y deseos, y aun de su propia vida, en beneficio de otro.

La abnegación supone caridad, desinterés y altruismo. Todo ser humano debe estar provisto de una mayor o menor dosis de abnegación, porque la vida es una continua abnegación, y siempre se sacrifican algunos bienes para alcanzar otros.

La vida en sociedad obliga a realizar una serie de renuncias: de los propios gustos e inclinaciones, de ciertas comodidades, de los propios puntos de vista…

Las «fuerzas morales». Su valor prevalente
Como la vida social es dinámica, actúan en ella varias fuerzas.

Fuerza significa vigor, robustez, resistencia. Fuerza significa también, poder de influir en la marcha del país,
o facultad de mover a la acción.

Existen en la sociedad las denominadas fuerzas vivas. Las fuerzas vivas son todas aquellas que trabajan por el bienestar del país: comerciales, políticas, industriales, económicas, religiosas, culturales, sindicales, científicas, artísticas, técnicas; armadas: ejército, marina, aeronáutica, etc.

Su poder o influjo radica en la gravitación que ejercen en el ordenamiento o marcha de la nación.
Esa gravitación se debe a su potencial económico, científico, técnico, de masas o de armamentos, etc. Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales.

Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.
Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento He que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad.

Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, so halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos do crisis sociales o institucionales.

Son precisamente las fuerzas morales las que logran superar las crisis y encauzar a la nación.
Las fuerzas morales suponen desapego de las cosas terrenas, sentido de la responsabilidad, voluntad de aceptar las restricciones, espíritu de sacrificio personal, aprecio de los más altos valores humanos, comprensión de la personalidad espiritual, idea de servicio, reconocimiento de la fraternidad que debe reinar entre los hombres —sin acepción de razas o nacionalidades— y amor al prójimo; cosas, todas ellas, que no puede proporcionarlas ninguna filosofía utilitaria y materialista.

Una Gran Potencia Moral: Todas esas razones mueven a mencionar entre la primera fuerza moral, a la Iglesia.
Hasta los mismos enemigos reconocen que la Iglesia es la mayor potencia moral.

Quienes intentan promover una conducta ética y altruista vaciándola de su sentido religioso, se ven condenados al fracaso, pues le quitan todo fundamento racional y lógico. Solo una religión sobrenatural puede promover una renovación profunda del espíritu humano, y ser generadora de fuerzas que ejerzan en el más alto grado su redentora influencia social. Esto explica el prestigio creciente de la Iglesia, que aparece como la fuerza moral de mayor gravitación en el mundo.

Su palabra es escuchada con respeto e interés. Sus últimas encíclicas: «Mater et Magistra» (Madre y Maestra), «Pacem in Terris« (Paz en la tierra) y «Populorum progressio» (Desarrollo de los pueblos), han alcanzado resonancia mundial. Ha superado ya la Iglesia, esta última época en que se la miraba con desdén. (1)

La fuerza poderosa de la Iglesia radica en la naturaleza de su institución, en su doctrina, en su moral y en su acción. Su doctrina es una explicación concluyente de la realidad: ilumina los problemas humanos, nacionales y universales, da un sentido espiritual y sobrenatural a la vida del hombre sobre la tierra.
Su moral orienta acertadamente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso, lo quo está permitido de lo que no está.

Su acción se extiende a todas las ramas de la actividad humana: religiosa, científica, cultural, técnica, social, etc.; pero sobre todo se ocupa con renovado ardor en elevar sobrenaturalmente a los espíritus; en velar con especial cuidado, como Madre y Maestra, por la felicidad temporal de sus hijos -que lo son todos los hombres de la tierra-, para conducirlos venturosamente a sus destinos eternos.

(1) «Gracias a Dios, se pueden juzgar ya pasados los tiempos en los cuales el llamamiento a los principios múrales y evangélicos para la vida de los Estados y los pueblos, era desdeñosamente despreciado como pretensión irreal. Los acontecimientos de estos años de guerra se han encargado de refutar, en la forma más dura que jamás hubiera podido pensarse, a los propagadores de semejantes doctrinas. El desdén que estos manifiestan contra aquel pretendido irrealismo, se ha convertido en una espantosa realidad: brutalidad, injusticia, destrucción, aniquilamiento…
«Si el porvenir ha de pertenecer a la democracia, uña parte esencial en su realización deberá corresponder a la religión de Cristo y a la Iglesia, mensajera de la palabra del Redentor y continuadora de su misión salvadora. La Iglesia de hecho enseña y defiende la verdad, y comunica las fuerzas sobrenaturales de la gracia para realizar el orden establecido por Dios de los seres y de los fines, ultimo fundamento y norma directriz de toda democracia» (Pío XII).

IMPORTANCIA DE LOS VALORES  HUMANOS

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Solidaridad Valor Humano Ayudar al Prójimo Compartir

LA SOLIDARIDAD COMO VALOR HUMANO

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Todos pueden ser grandes… porque todos pueden servir. Para servir no hace falta un título universitario. Para servir no hay por qué hacer concordar el sujeto y el verbo. Sólo se necesita un corazón lleno de gracia. Un alma generada por el amor. Martín Luther King, Jr.

frase de solidaridad

Los humanos somos seres sociales: necesitamos de los demás para vivir, debemos relacionarnos, dar y recibir. Desde pequeños, los niños van aprendiendo sobre esta interdependencia: los adultos somos responsables de ayudarlos a sentir, pensar y actuar con los otros.

LA IMPORTANCIA DE UN SIMPLE GESTO SOLIDARIO: Un día, Pedro volvía caminando del colegio cuando vio que el chico que iba adelante había tropezado y se le habían caído todos los libros que llevaba, además de dos abrigos, un bate de béisbol, un guante y un grabador pequeño. Pedro se arrodilló y colaboró con el chico en recoger los artículos diseminados.

Como iban en la misma dirección, lo ayudó a llevar parte de las cosas. Mientras caminaban, Pedro descubrió que el chico se llamaba Iván, que le encantaban los videojuegos, el béisbol y la historia, que tenía muchos problemas con las demás materias y que acababa de romper con su novia.

Llegaron a la casa de Iván, y Pedro fue invitado a tomar una Coca-Cola y a mirar un poco de televisión. La tarde fue agradable, con risas y charla compartidas y Pedro regresó a su casa.

Siguieron viéndose en el colegio, y almorzaron juntos una o dos veces, hasta que los dos terminaron el ciclo básico. Completaron los estudios del ciclo medio en la misma secundaria donde mantuvieron sus breves contactos a lo largo de los años. Finalmente, llegó el esperado último año y, tres semanas antes de recibirse, Iván le preguntó a Pedro si podían hablar.

Entonces le recordó el día en que se habían conocido muchos años antes. «¿Nunca te preguntaste por qué llevaba tantas cosas a casa aquel día?», preguntó Iván. «Sabes, había limpiado mi armario porque no quería dejarle un revoltijo a nadie. Había guardado algunas píldoras para dormir de mi madre y me iba a casa a suicidarme.

Pero después de pasar un tiempo juntos, hablando y riéndonos, me di cuenta de que si me hubiera matado, habría perdido esa oportunidad y muchas otras que podrían aparecer. De modo que ya ves, Pedro, cuando recogiste mis libros ese día, hiciste muchísimo más. Me salvaste la vida.»

John W. Schlatter

la solidaridad

Qué es La solidaridad?
Es el valor que consiste en mostrarse unido a otras personas o grupos, compartiendo sus intereses y sus necesidades. Nace en principio simplemente de nuestra esencia humana: reconocemos al otro como parte de nuestra propia especie, de nuestra gran familia y entendemos que somos todos esencialmente iguales. Nada de lo que es humano nos es ajeno y cada uno de nosotros es capaz de sentir en carne propia lo que le pasa al otro. Por eso, ser solidarios implica que reconocemos el valor de cada persona y contribuimos a que pueda realizar sus proyectos de vida.

Cómo se aprende
Según numerosas investigaciones, los humanos venimos «preparados» para ser solidarios. Contamos con mecanismos en nuestro propio cerebro que nos permiten reconocer las emociones de los demás. Los científicos han identificado un grupo de neuronas, a las que denominaron «neuronas espejo», que se activan cuando un individuo realiza una acción, pero también cuando observa una acción similar realizada por otro individuo.

Esto implica que somos capaces de poner en práctica la empatía; es decir, la capacidad de pensar y sentir la vida interior de otra persona como si fuera propia. Claro que empatía y solidaridad también se aprenden. Desde pequeños, Los niños pueden no solo sentir lo que le sucede al otro sino actuar basados en esa percepción.

Los adultos podemos entonces apoyar su crecimiento, por ejemplo, alentando sus iniciativas solidarias, a que expresen sus sentimientos y a entender los de los demás. Tanto en casa como en los ámbitos educativos podemos proveer experiencias de relacionamiento con personas de diferentes culturas, entornos sociales o edades, para que puedan conocer las distintas realidades en Las que se vive. Y al mismo tiempo, brindar el ejemplo de nuestra propia solidaridad. Incluso pequeños gestos (desde colaborar en una campaña para juntar alimentos hasta donar sangre) pueden ser importantes para que eLlos vayan construyendo sus ideales, su idea de lo que está bien y lo que está mal, de Lo justo e injusto.

Juan Pablo II y la solidaridad

En palabras del Papa Juan Pablo II: «La solidaridad no es un sentimiento superficial, es La determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, el bien de todos y cada uno para que todos seamos realmente responsables de todos».

Al ser parte de una comunidad, nada de lo que le suceda a un semejante podrá sernos totalmente ajeno. Todo lo que les pasa a los demás nos despierta algún sentimiento, nos genera alguna actitud. Hay quienes aparentan cierta indiferencia ante sus semejantes, pero en realidad esta actitud tiene más que ver con la desconfianza y el miedo, que suelen paralizar a las personas hasta el punto de anular sus sentimientos originales.

Quien es capaz de gozar con el dolor y el sufrimiento ajenos padece una gravísima enfermedad que lo lleva irremediablemente a la deshumanización. Pero la persona sana, cuando descubre que un semejante está en problemas, acude en su ayuda sin esperar nada a cambio. Siente que al ayudar a otros se ayuda a sí misma, que al colaborar para satisfacer las necesidades de alguien, satisface las propias y su alma se engrandece. Se siente bien consigo misma porque no se siente sola: ha creado un vínculo, una unión con el otro, aunque jamás lo haya visto ni lo vaya a conocer.

Hacer un favor o recibirlo es uno de los actos más gratificantes que podemos
vivenciar. Desde el favor más pequeño hasta el más grande, son actitudes de
incalculable valor, no tienen precio; su única recompensa es el agradecimiento.
La solidaridad se manifiesta en acciones concretas y hace más
fuertes los vínculo con los demás.

Los rasgos de quienes están dispuestos a ayudar son:
• Empatia: capacidad de sentir lo que siente el otro. A mayor empatia, mayor ayuda.

• Creencia en un mundo justo: el mundo es equitativo; el buen comportamiento se premia y el inadecuado se castiga.

• Sentido de responsabilidad social: es un deber colaborar con otros.

• Poco egocentrismo: estas personas piensan más en los demás que en sí mismos.

• Nurturance: significa ser cuidadoso, capaz de «nutrir» espiritualmente.

Tal vez, más allá de entender a quienes hacen de la contribución a otros una forma de vida, o en lugar de desentrañar sus motivaciones con modelos teóricos, sólo haya que admirarlos y, ¿por qué no?, sumarse a sus múltiples cruzadas cotidianas.

LA SOLIDARIDAD COLECTIVA:

A veces, la solidaridad no consiste en una actitud personal. Pensemos en cualquier proyecto colectivo, como un trabajo en equipo en la escuela, o acciones benéficas dentro de una comunidad, un barrio… Cuando se ponen en marcha este tipo de proyectos, el compromiso, la reciprocidad y la solidaridad son fundamentales para conseguir un objetivo. Cada uno ofrece su apoyo y, de este modo, se realiza como persona, pero también colabora para que la comunidad o el grupo avance y crezca. Una sociedad solidaria es aquella en la que todas las personas son consideradas valiosas.

A veces se presentan situaciones muy duras para la gente,
como pueden ser las catástrofes naturales. Es en esas situaciones cuando
más se expresa la solidaridad colectiva.

Fuente Consultada;
Chocolate Caliente Para El Alma Canfield y Hansen
El Libro de las Virtudes
Con Francisco a mi Lado La Solidaridad

La Vocación de Servicio Para Vivir Mejor en Sociedad

LA VOCACION DE SERVICIO COMO VALOR HUMANO

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Vocación de Servicio: Servir implica ayudar a alguien de una forma espontánea, es decir adoptar una actitud permanente de colaboración hacia los demás. Una persona servicial supone que traslada esta actitud a todos los ámbitos de su vida: en su trabajo, con su familia, ayudando a otras personas en la calle, cosas que aparecen como insignificantes, pero que van haciendo la vida más ligera y reconfortante. Es posible que recordemos la experiencia de algún desconocido que apareció justo cuando necesitábamos ayuda, que luego después de ayudarnos, se perdió y no supimos nada más.

frase vocación de servicio

Las personas que son serviciales están continuamente atentas, observando y buscando la oportunidad para ayudar a alguien. Siempre aparecen de repente con una sonrisa y las manos por delante dispuestos a ayudar, en todo caso, recibir un favor hace nacer en nuestro interior un profundo agradecimiento.

La persona servicial, ha superado barreras que parecen infranqueables para las otras personas:

– El miedo a convertirse en el que “siempre hace todo”, en el cual, las otras personas, descargarán parte de sus obligaciones, aprovechándose de su buena predisposición. Ser servicial no es ser débil, incapaz de levantar la voz para negarse, al contrario, por la rectitud de sus intenciones sabe distinguir entre la necesidad real y el capricho.

– Muchas veces nos molestamos porque nos solicitan cuando estamos haciendo nuestro trabajo, o relajados en nuestra casa (descansando, leyendo, jugando, etc).

En estos momentos pensamos ¡Qué molesto es levantarse a contestar el teléfono, atender a quien llama la puerta, ir a la otra oficina a recoger unos documentos… ¿Por qué “yo” si hay otros que también pueden hacerlo?

En este sentido, poder ser servicial implica superar estos pensamientos y actitudes, en otras palabras, quien supera la comodidad, ha entendido que en nuestra vida no todo está en el recibir, ni en dejar la solución y atención de los acontecimientos cotidianos, en manos de los demás.

– A veces se presta un servicio haciendo lo posible por hacer el menor esfuerzo, con desgano y buscando la manera de abandonarlo en la primera oportunidad. Alli se manifiesta la pereza, que también impide ser servicial. Es claro que somos capaces de superar la apatía si el favor es particularmente agradable o de alguna manera recibiremos alguna compensación. ¡Cuántas veces se ha visto a un joven protestar si se le pide lavar el automóvil…! pero cambia su actitud radicalmente, si existe la promesa de prestárselo para salir con sus amigos.

Cada vez que ayudamos a alguien, por pequeño que sea, nos proporciona esa fuerza para vencer la pereza, dando a quienes nos rodean, un tiempo para atender otros asuntos o simplemente, descansar de sus labores cotidianas.

La base para vivir este valor es la rectitud de nuestras intenciones, porque es evidente cuando las personas actúan por interés o conveniencia, llegando al extremo de exagerar en atenciones y cuidados a determinadas personas, por su posición social o profesional, al grado de convertirse en una verdadera molestia. Esta actitud tan desagradable no recibe el nombre de servicio, sino de “servilismo”.

Algunos servicios cotidianos están muy relacionados con nuestros deberes y obligaciones, sin embargo, siempre lo relegamos a los demás o no tomamos conciencia de la necesidad de nuestra intervención:

– Pocos padres de familia ayudan a sus hijos a hacer los deberes escolares, pues es la madre quien siempre está pendiente de esa cuestión. Darse tiempo para hacerlo, permite al cónyuge dedicarse a otras labores.

– Los hijos no ven la necesidad de colocar la ropa sucia en el lugar destinado, si es mamá o la empleada del hogar quien lo hace regularmente.

Algunos otros detalles de servicio que pasamos por alto, se refieren a la convivencia y a la relación de amistad:

– No hace falta preocuparse por preparar la cafetera en la oficina, pues (él o ella) lo hace todas las mañanas.

– En las reuniones de amigos, dejamos que (ellos, los de siempre) sean quienes ordenen y recojan todo lo utilizado, ya que siempre se adelantan a hacerlo.

Estas observaciones nos demuestran que no podemos ser indiferentes con las personas serviciales, todo lo que hacen en beneficio de los demás requiere un esfuerzo, el cual muchas veces, pasa desapercibido por la forma habitual con que realizan las cosas.

Ello supone que, como muchas otras cosas en la vida, adquirir y vivir un valor, requiere estar dispuestos y ser conscientes de nuestras acciones, orientadas hacia ese objetivo. Al respecto debemos realizar algunas consideraciones:

– Realizar esfuerzos por descubrir aquellos pequeños detalles de servicio en lo cotidiano y en lo común: ceder el paso a una persona, llevar esos documentos en vez de esperar que lo haga otro, ayudar en casa a juntar los platos y lavarlos, mantener ordenado el cuarto o mis objetos personales en el trabajo. Estas actitudes nos capacitan para hacer un mayor esfuerzo en lo sucesivo.

– Nunca prestamos atención, pero los demás hacen muchas cosas por nosotros sin que solicitemos su ayuda. Cada una de estas pequeñas situaciones pueden convertirse en un propósito y una acción personal.

– Debemos dejar de pensar que “siempre me lo piden a mí”. ¿Cuantas veces te niegas a servir?… seguramente muchas y frecuentemente. Existe un doble motivo para esta insistencia, primero: que nunca ayudas, y segundo: se espera un día poder contar contigo.

– Si algo se te pide no debes detenerte a considerar lo agradable o no de la tarea, por el contrario, sin perder más tiempo necesitas emprender la tarea que se te solicitó.

Todo esto nos lleva a una conclusión: esperar a recibir atenciones tiene poco mérito y cualquiera lo hace, para ser servicial hace falta iniciativa, capacidad de observación, generosidad y vivir la solidaridad con los demás, haciendo todo aquello que deseamos que hagan por nosotros, viendo en los demás a su otro yo.

Vivir en Sociedad Respetando a Nuestros Semejantes La Sensibilidad

LA SENSIBILIDAD COMO VALOR HUMANO

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Sensibilidad

frase sobre sensibilidad

El valor de la sensibilidad reside en la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás. Además, debemos distinguir sensibilidad de sensiblería, esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.

Sin embargo, en diferentes momentos de nuestra vida cotidiana hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, y a veces no encontramos a esa persona que responda a nuestras necesidades e intereses. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados? La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.

Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de animo como reír o llorar, sintiendo pena o alegría por todo.

¿Acaso ser sensible es signo de debilidad? No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.

No obstante, las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en problemas que suponen ajenos a su responsabilidad y competencia. De esta manera, las aflicciones ajenas resultan incómodas y los padecimientos de los demás molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política… todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.

Actuando de esta manera, se pierde la posibilidad de construir un futuro diferente. Puede parecer extraño, pero en cierta forma nos volvemos insensibles con respecto a nosotros mismos, pues generalmente, no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal.

En este sentido, la vida marcada por lo efímero y el placer inmediato o dejarse llevar por lo más fácil y cómodo, es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida. Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia, para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.

Debemos emprender la tarea de conocer más las personas que nos rodean: muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.

En otro sentido, vivimos rodeados noticias y comentarios acerca de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, pobreza, distribución de la riqueza de manera desigual etc… estas cuestiones progresivamente las naturalizamos, dejamos que formen parte de nuestra vida sin intentar cambiarlas, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarlos. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar estos problemas creyendo que somos inmunes y que no nos afectarán.

Por el contrario, la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.

 Los Siete Pecados  Capitales

La Solidaridad

Pecados  Sociales

 

Los Siete Pecados Sociales de Gandhi 7 Fuerzas Morales

LOS PECADOS SOCIALES DE GANDHI

Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales. Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.

Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento de que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad. Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, se halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos de crisis sociales o institucionales.

los siete pecados sociales de Gandhi

Ver: Biografía de Gandhi

pecados sociales politica sin principios

1-Política Sin Principios

negocios sin moral

2-Negocios Sin Moral

negocios sin moral

3-Bienestar Sin Trabajo

negocios sin moral

4-Educación Sin Caracter

negocios sin moral

5-Ciencia Sin Humanidad

negocios sin moral

6-Goze Sin Responsabilidad

negocios sin moral

7-Religión Sin Sacrificio

(Versión Flash)

Como la vida social es dinámica, actúan en ella varias fuerzas. Fuerza significa vigor, robustez, resistencia. Fuerza significa también, poder de influir en la marcha del país. Existen en la sociedad las denominadas fuerzas vivas. Las fuerzas vivas son todas aquellas que trabajan por el bienestar del país: comerciales, políticas, industriales, económicas, religiosas, culturales, sindicales, científicas, artísticas, técnicas; armadas: ejército, marina, aeronáutica, etc.

Su poder o influjo radica en la gravitación que ejercen en el ordenamiento, o marcha de la nación. Esa gravitación se debe a su potencial económico, científico, técnico, de masas o de armamentos, etc.

Existen unas fuerzas, cuyo poder sobrepasa a todas, pues radica en el plano del espíritu, superior a la materia, y a las cuales todas las demás fuerzas deben estar subordinadas: son las fuerzas morales.

Las fuerzas morales residen en lo más noble, profundo e íntimo que posee el hombre: en su espíritu.

Las fuerzas morales consisten en el conjunto de virtudes religiosas, éticas, cívicas, familiares y personales que adornan al conglomerado social y, naturalmente, a cada individuo en particular.

Es casi universal el convencimiento de que la moralidad —o sea la fuerza de voluntad regida por normas éticas— representa el supremo valor natural para los individuos y la sociedad. Una sociedad que no posea un rico patrimonio de fuerzas morales, se halla desprovista de reservas y desguarnecida para los momentos de crisis sociales o institucionales.

Todas esas razones mueven a mencionar entre la primera fuerza moral, a la Iglesia. Hasta los mismos enemigos reconocen que la Iglesia es la mayor potencia moral. Quienes intentan promover una conducta ética y altruista vaciándola de su sentido religioso, se ven condenados al fracaso, pues le quitan todo fundamento racional y lógico. Solo una religión sobrenatural puede promover una renovación profunda del espíritu humano, y ser generadora de fuerzas que ejerzan en el más alto grado su redentora influencia social.

Esto explica el prestigio creciente de la Iglesia, que aparece como la fuerza moral de mayor gravitación en el mundo. Su palabra es escuchada con respeto e interés. Sus últimas encíclicas: «Mater et Magistra» (Madre y Maestra), «Pacem in Terris» (Paz en la tierra) y «Populorum progressio» (Desarrollo de los pueblos), han alcanzado resonancia mundial. Ha superado ya la Iglesia, esta última época en que se la miraba con desdén.

La fuerza poderosa de la Iglesia radica en la naturaleza de su institución, en su doctrina, en su moral y en su acción. Su doctrina es una explicación concluyente de la realidad: ilumina los problemas humanos, nacionales y universales, da un sentido espiritual y sobrenatural a la vida del hombre sobre la tierra.

Su moral orienta acertadamente para distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, lo verdadero de lo falso, lo que está permitido de lo que no está. Su acción se extiende a todas las ramas de la actividad humana: religiosa, científica, cultural, técnica, social, etc.; pero sobre todo se ocupa con renovado ardor en elevar sobrenaturalmente a los espíritus; en velar con especial cuidado, como Madre y Maestra, por la felicidad temporal de sus hijos —que lo son todos los hombres de la tierra—, para conducirlos venturosamente a sus destinos eternos.

Además de esta institución eminentemente espiritual, existe un conjunto de «fuerzas morales» cuyo influjo debe hacerse sentir constantemente. Las principales fuerzas morales son: la veracidad, educación, energía, religión, patriotismo, entusiasmo, bondad, firmeza, justicia, trabajo, etc.

La nómina de las «fuerzas morales» no está completa. Podrían mencionarse la solidaridad, el mérito, y tantas otras. Basten como ejemplo las enunciadas a continuación:

Bondad: La bondad consiste, no solo en la ausencia del mal, sino en la inclinación natural a hacer el bien. Se debe pensar más en hacer el bien que en estar bien, y así se conseguirá que todos estén mejor.

Ciencia: Es un conjunto de conocimientos armónicamente relacionados acerca de un mismo tema. La ciencia es una fuerza moral que libera al hombre de la ignorancia, lo induce al conocimiento sistemático y reflexivo de la realidad y lo conduce al planteamiento de los problemas fundamentales de la existencia.

Deber: El deber tiene su base en un buen sentido de justicia, inspirada por el amor y esta es la forma más bella de la bondad. El deber da al hombre energía suprema.

Dignidad: La dignidad es la excelencia que tiene la persona y que la hace acreedora al respeto de sus semejantes y la obliga a un comportamiento decoroso.

Disciplina: La disciplina lleva al cumplimiento puntual de las leyes y pone orden en la sociedad, condición indispensable de todo progreso.

Educación: «La educación es como un bautismo moral que arranca al hombre del seno originario de la ignorancia, y lo alza a ese grado de honor que lo hace ser grato a su celestial autor, a la sociedad y a sí mismo». La educación es fuerza moral que perfecciona.

Energía: La energía es la fuerza de voluntad, el vigor y tesón que sostiene la actividad. Sin energía en sus miembros, la sociedad decae.

Entusiasmo: El entusiasmo es la exaltación y fogosidad del ánimo que alienta para las grandes empresas.El entusiasmo es contagioso y mueve las voluntades para la acción. Firmeza: La firmeza significa estabilidad en la actividad, fortaleza y entereza de quien no se deja dominar.

Ideal: El ideal es como un huracán que lleva la vida hacia las cimas y la pone al servicio de Dios y de los demás con ilusión; pone todas las energías en tensión para las empresas dignas de ser realizadas. Iniciativa: El espíritu de iniciativa produce renovación, progreso, perfeccionamiento.

Una sociedad en que no haya espíritu de iniciativa, se estanca y envejece.

Inquietud: La inquietud es un anhelo de perfeccionamiento. La inquietud se opone al quietismo o inercia. La inquietud es insatisfacción por lo presente y deseo de progreso, de adelanto, de alcanzar nuevas metas. «Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy».

Justicia: La justicia es la virtud que inclina a la voluntad a dar a ondú uno constantemente lo que le corresponde. La justicia regula y equilibra a la sociedad.

Juventud: La juventud es una fuerza moral, porque supone entusiasmo, generosidad, espíritu de iniciativa, ideales. La juventud hay que buscarla más que en la edad, en el corazón. El corazón debe ser siempre joven, aunque la edad sea provecta. Eso OH lo importante. Hay jóvenes que son decrépitos, pesimistas, sin entusiasmos ni energías; mientras que hay ancianos cuyo espíritu se renueva en muí perenne juventud.

Moral: La moral puede considerarse como el conjunto de normas a las que deben conformarse los actos humanos o como la relación do conveniencia entre el acto humano y aquel que lo ejecuta. Cuando los actos humanos son regidos por normas éticas, la sociedad avanza y so perfecciona.

LOS VALORE  HUMANOS

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

La Libertad del Hombre en la Vida Democratica Beneficios y Alcance

La Libertad Del Hombre en Democracia

LA LIBERTAD, ATRIBUTO NATURAL DEL HOMBRE:  La libertad es la facultad natural que tiene el hombre para actuar de acuerdo con su razón y su conciencia. El hombre actúa de acuerdo con su conciencia y su razón; por eso es libre: puede dirigir su vida, gozar del bien, alcanzar su felicidad, lograr su perfección.

La libertad humana es anterior a toda ley, es un atributo derivado de la naturaleza y que todo hombre posee por el solo hecho de ser hombre. El hombre nace libre, pero el ejercicio de su libertad lo va adquiriendo gradualmente, a medida que la acción educativa lo va librando de la ignorancia y de la tiranía de los instintos. Si se considera al hombre solo como un organismo viviente, salta a la vista que no tiene libertad: sigue las leyes físicas, químicas y biológicas. Si en cambio se lo considera como un ser dotado de inteligencia y voluntad, tiene libertad, y esto precisamente lo distingue de los demás seres.

La libertad del hombre comprende: a) la libertad de ejercicio y b) la libertad moral. 

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violaciónde los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

a) La LIBERTAD DE EJERCICIO o libertad de hacer consiste en no estar obligado a obrar o impedido para hacerlo. Esta libertad exige que el hombre esté exento de toda fuerza o violencia exterior para realizar lo que desea hacer o para no realizar lo que no desea hacer, de acuerdo con su propia capacidad, con las leyes y con la moral.

La libertad de ejercicio abarca:

  1. a)   la libertad física, es decir, la libertad de movimiento;
  2. b)  la libertad civil, o capacidad para obrar a su antojo, siempre que no se oponga a las leyes ni a la moral;
  3. e) la libertad política, o capacidad de participar en el gobierno de los diferentes grupos sociales que integra (municipio, provincia, Estado);
  4. d) la libertad de pensamiento y de conciencia, o sea el poder de alcanzar por sí mismo la verdad y de ajustar su conducta a esa verdad.

b) La LIBERTAD MORAL, llamada también libertad de querer o libre arbitrio, consiste en ser moralmente dueño de uno misma (“árbiter sui”), responsable del acto que se realiza. Respecto a esta libertad decimos que es la facultad de elegir lo que no está prohibido por la ley. Puede el hombre tener libertad psicológica y libertad física para algún acto; pero carecer de libertad moral: puede en su interior elegir y determinarse matar a una persona, no existir externamente obstáculo que le impida ejecutar su determinación, pero la ley moral le veda cometer un homicidio.

La libertad moral supone la libertad de ejercicio. Supone la ausencia de toda imposición, violencia o apremio. La responsabilidad existe mientras no haya impedimentos para ejecutar lo que se quiere hacer. Si alguien es obligado a hacer algo, evidentemente no se lo puede culpar por lo que hizo.

La libertad es un ATRIBUTO NATURAL DEL HOMBRE; es la condición indispensable para el desarrollo de su personalidad, para su perfeccionamiento. Por eso el hombre.

pintura de la libertad

Oleo de Eugéne Delacroix (1799-1863)
LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

LA LIBERTAD  sólo llega a ser plenamente hombre cuando goza de libertad. Privar al hombre de su libertad es impedirle ser hombre. El hombre ha sido creado para que use de la libertad, tanto en su vida intelectual como en la moral. Pero la vida intelectual le ha sido dada al hombre para conocer la verdad, y la vida moral para amar y practicar la virtud. La libertad, pues, no puede tener otro fin legítimo que lo verdadero y lo bueno. El hombre es libre para que busque la verdad, para que ejercite la virtud y no para vivir en el error y en el vicio.

El bien o el mal, la desgracia o la felicidad de los individuos, de las familias y de los pueblos dependen del buen o mal uso que los hombres, individual o colectivamente, hagan de la libertad. 

Los actos del hombre para ser verdaderamente actos humanos deben ser hechos con advertencia de la inteligencia y deliberación de la voluntad. Los actos realizados en estado de inconsciencia o de total inadvertencia son actos del hombre, porque de él proceden, pero no pueden ser calificados de actos humanos, pues carecen de conocimiento y voluntariedad y, por consiguiente, de libertad.

Tales son los actos de un hombre en estado de perfecta ebriedad, los de un hipnotizado, los de un sonámbulo, etc. La libertad hace al hombre dueño y responsable de sus actos de manera que resulla ser artífice de su propia personalidad Según cómo ose de su libertad se perfeccionará o se envilecera, pues la decisión de su voluntad por nadie es forzada y puede elegir a despecho y, aun contra el deseo de los demás.

ALCANCE Y EJERCICIO DE LA LIBERTAD EN LA SOCIEDAD 

El alcance y el ejercicio de la libertad en la sociedad están limitados por la dignidad esencial de la persona humana y por el bien común.

Hay ciertos derechos y libertades individuales o familiares que el Estado debe proteger, como el derecho al honor y la reputación, el derecho a la libertad religiosa, el derecho originario de los padres sobre sus hijos y su educación.

En cambio, otros derechos sólo son legítimos, en principio, si no perjudican al bien común. Como el derecho de propiedad, de libre expresión del pensamiento, de reunión, de asociación, etcétera.

La ley es la que determina el alcance y asegura el ejercicio de la libertad en la sociedad.

Cuando falta la ley o no se la aplica, las personas están sometidas a la fuerza de otras personas o de grupos más poderosos.        

La ley suprime o limita el uso de la fuerza por los individuos y a cada persona le concede ciertos derechos y la protección necesaria para que pueda ejercitarlos sin intromisiones extrañas.

La ley protege la libertad del hombre, no sólo contra los ataques exteriores, sino también contra lo extravíos de la libertad misma. La ley limita y regula el ejercicio de los derechos, para que la libertad no degenere en licencia. 

LIBERTAD Y LICENCIA 

La libertad humana no es ilimitada. El hombre debe usar de su libertad dentro de los límites que imponen la moral y las leyes. Cuando sobrepasa esos límites, cuando abusa de la libertad, cae en la licencia, es decir, en el exceso de libertad.

La libertad tiene que estar unida al deber. La libertad sin freno, sin la conciencia del deber, sin el respeto de los derechos ajenos, produce la anarquía, el imperio de la fuerza bruta sobre la inteligencia y la moral.

En el orden individual la libertad verdadera y digna de ser deseada es la que no hace al hombre esclavo del error ni de la pasión. La única libertad que merece este nombre no es la que nos mueve a hacer todo cuanto se nos ocurre; sino la que nos ayuda a lograr nuestra propia perfección.

La libertad no consiste en hacer lo que se quiera; la libertad consiste en poder hacer lo que se debe, y en no ser obligado a hacer aquello que no se debe hacer (Montesquieu).

En el orden social la libertad busca la dignidad de la persona humana y el bien común. Está limitada por la ley y se basa en la igualdad.                

LA LIBERTAD: LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD 

La libertad lo convierte al hombre en un ser responsable. El hombre debe dar cuenta de sus actos, debe responder de ellos ante una autoridad superior.

Existen tres clases de responsabilidad: moral, civil y social.

  1. a) La responsabilidad moral es la obligación de responder de los propios actos ante Dios y ante la patria. Esta responsabilidad moral es reconocida públicamente mediante el juramento que prestan los funcionarios al ocupar sus cargos.
  2. b) La responsabilidad civil o legal es la obligación de responder de los actos externos ante un juez.

La responsabilidad civil comprende solamente:

1 Los actos externos, pero de ningún modo los actos Internos (en los que los hombres no pueden penetrar), ni tampoco las intenciones;

2 Los actos contrarios a una ley positiva, aunque no la conozca quien la viola, pues la ignorancia de la ley no justifica su violación;

3 Los actos llevados a cabo libremente, sin coacción exterior.

  1. c) La responsabilidad social es la contraída ante los grupas sociales de que formamos parte, y se llama también solidaridad social.

Por la solidaridad, nuestra laboriosidad y nuestra honestidad influyen en la vida de los grupos sociales a los que pertenecemos. Somos, pues, responsables ante ellos de nuestra conducta y del daño que provoquemos con ella.

Dentro de la responsabilidad social se incluye la responsabilidad cívica. Ésta exige votar conscientemente y ejercer los cargos públicos con la mayor capacidad y desinterés.  

BENEFICIOS DE LA LIBERTAD: 

Los beneficios de la libertad pueden ser considerados desde tres puntos de vista: personal, social y político.

  1. a)  Desde el punto de vista personal, la libertad le permite al hombre alcanzar su propia perfección y su felicidad, dominando sus pasiones, sus instintos egoístas y aprovechando su capacidad.
  2. b) En lo social, la libertad permite el perfeccionamiento de la sociedad. La libertad impide que la sociedad se estanque. Si el hombre tiene libertad, puede aumentar su propio rendimiento en beneficio de todos, realizando con interés aquello para lo que se siente más capacitado.
  3. c Desde el punto de vista político, la libertad hace posible la participación activa de todos los ciudadanos en el desenvolvimiento del Estado e impide la arbitrariedad. Donde existe la libertad política, el gobierno depende de la voluntad popular y está sometido a la vigilancia de la opinión pública.

ALCANCE Y EJERCICIO DE LA LIBERTAD EN LA SOCIEDAD

Tanto en el individuo como en la sociedad, la libertad alcanza a toda la actividad humana.

Concebida la libertad de la persona humana como facultad de hacer con autonomía todo aquello que es bueno y justo, es inviolable. El Estado debe respetarla y está obligado a revocar las medidas que le sean lesivas.

La vida de relación en la sociedad impone límites a la libertad  personal. Es necesario armonizar la libertad del individuo con la libertad de los demás.
Si todos quisieran ejercer absoluta libertad desentendiéndose de los derechos que tienen los otros miembros de la sociedad a usar también de su libertad, se producirían graves inconvenientes y resultaría imposible la convivencia. De ahí que se haya afirmado que la libertad propia termina donde comienza la libertad ajena.

Respecto a la vida de relación se reconocen en el hombre numerosas libertades: civil, política, etc. Pero téngase en cuenta que desde ese punto de vista la palabra «libertad» no significa autodeterminación psicológica, sino «derecho», es decir, radio de acción que no debe ser impedido, sino positivamente tutelado por la autoridad.

En la clasificación de estas libertades existe gran desacuerdo entre los tratadistas.

Distinguiendo, como se ha hecho, entre familia, estado y sociedad, las libertades, amparadas por sus consiguientes derechos, pueden agruparse en tres rubros: civiles, políticas y públicas.

Libertad civil es la facultad que tiene el hombre de actuar en cuanto es hombre, ejercitando sus derechos de un modo consciente y autónomo. Es, en otras palabras, la libre disposición de sí mismo.

Supone como base la inviolabilidad personal que cuando se transforma en la garantía constitucional correspondiente se denomina «derecho de seguridad personal».

Comprende:

• a) Libertad de las conciencias: Derecho a no ser forzado a aceptar, a pesar suyo, determinada religión y a no ser impedido a comportarse según los dictados de su conciencia personal aun cuando, en buena fe, esté en error, siempre que el error no lesione derechos o resulte inconveniente al bien común.

• b) Libertad de locomoción y residencia: Derecho a no ser molestado al ir de uno a otro lugar y establecer su residencia donde le plazca, siempre dentro de los límites de la justicia. El art. 14 de la Constitución Argentina asegura a todos los habitantes el derecho «de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino».

• c) La inviolabilidad del domicilio: Lo sagrado del hogar es consecuencia del concepto de la inviolabilidad de la persona.

El art. 18 de la Constitución Argentina, establece: «El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación».

• d) Libertad de trabajo: Significa derecho a elegir el oficio que le parezca o que esté en consonancia con sus aptitudes. Derecho a elegir los medios de producción que cree oportuno y a hacer suyo los frutos de su trabajo.

No significa trabajar como a uno se le ocurra, cuando con ello se causa perjuicio a otro.

Esta libertad no existía cuando el hijo tenía que seguir el oficio del padre y el que pertenecía a un gremio no podía trabajar fuera de él.

En la reforma del 1957, a continuación del art. 14 se agregó a la Constitución Nacional un nuevo artículo, el catorce bis, que protege el trabajo.

• e) Libertad a poseer y disponer de la propiedad.

Es un derecho natural que el hombre pueda poseer como propio lo que adquirió legítimamente y pueda usar y disponer de ello.

Lo niegan los regímenes totalitarios comunistas. Este derecho está reconocido por el art. 17 de la Constitución Argentina: «La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada».

Expropiación es una venta forzosa hecha al Estado.

• f) Inviolabilidad del estado familiar.
Establece el domicilio o la casa de familia, como su propio santuario. En ella, las personas pueden ejercitar sus derechos sin ingerencias del Poder estatal.

Son inviolables todos y cada uno de los estados que se dan en la familia: el de los hijos, esposos, padres, etc.

SIN LIBERTAD NO HAY JUSTICIA:

En los regímenes en que no existe libertad no existe justicia, ni puede existir.

Tal cosa es imposible porque:

1. El solo hecho de que no exista libertad ya es una gran injusticia. El derecho del hombre a la libertad personal, a la libertad de conciencia, de expresión de sus ideas, a asociarse, a participar activamente en la vida política, nace de su propia naturaleza y son anteriores al estado. Nadie puede sin injusticia, ser privado arbitrariamente de ellas.

2. El objeto del ordenamiento jurídico y procesal es proteger los derechos, componer ecuánimemente los conflictos, asegurar la justicia. Donde el poder judicial se ve privado de independencia y sometido a la voluntad del dictador no puede cumplir sus finalidades propias. Surge el favoritismo para con los amigos de la dictadura, la persecución para sus enemigos, la inseguridad para todos.

ALGUNAS LECTURAS SOBRE LA LIBERTAD 

“Por la ley de Dios y de la humanidad todos los hombres son libres.”

“La libertad es el derecho que cada hombre tiene para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar, y para elegir los medios que puedan servirle a este objeto.” (Joven Europa.)

 El libre ejercicio de las facultades individuales no debe causar extorsión ni violencia a los derechos de otro. —No hagas a otro lo que no quieras que te sea hecho: —la libertad humana no tiene otros límites. 

No hay libertad, donde el hombre no puede cambiar de lugar a su antojo.

Donde no le es permitido disponer del fruto de su industria y de su trabajo.

Donde tiene que hacer al poder el sacrificio de su tiempo y poder arbitrario.

Donde puede ser vejado e insultado por los sicarios de su de sus bienes.

Donde sin haber violado la ley, sin juicio previo ni forma de proceso alguno, puede ser encarcelado o privado del uso de sus facultades físicas e intelectuales.

Donde se le coarte el derecho de publicar de palabra o por escrito sus opiniones.

Donde se impone una religión y un culto distinto del que su conciencia juzga verdadero.

Donde se le puede arbitrariamente turbar en su hogar, arrancarle del seno de su familia, y desterrarle fuera de su patria.

Donde su seguridad, su vida y sus bienes, están a merced del capricho de un mandatario.

Donde se le obliga a tomar las armas sin necesidad absoluta, y sin que el interés general lo exija.

Donde se le ponen trabas y condiciones en el ejercicio de una industria cualquiera, como la imprenta, etc.

ESTEBAN ECHEVERRÍA, Dogma Socialista.

LA VERDADERA LIBERTAD: La libertad, base de las relaciones humanas normales, no puede ser entendida como desenfrenada licencia, se trate de individuos, o de partidos, o de todo un pueblo —la colectividad, como se dice hoy—, o aun de un Estado totalitario que, con absoluta indiferencia, usa cualquier medio para alcanzar sus fines. No, la libertad es algo muy diferente.

Es un templo de orden moral erigido sobre líneas armoniosas; es el conjunto de derechos y deberes entre los individuos y la familia, y algunos de estos derechos son imprescriptibles aun cuando un bien común aparente pueda oponerse; derechos y deberes entre una nación o Estado y la familia de naciones y Estados. Estos derechos y deberes están cuidadosamente medidos y equilibrados por las exigencias de la dignidad de la persona humana y de la familia, de una parte, y del bien común, por la otra.

PIO XII