Los Triunviratos

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra – Resumen Gobierno

Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625). Este rey escocés no conquistó la vecina Inglaterra; simplemente ascendió en 1603 al trono como sucesor legítimo, por su tatarabuela inglesa, de Isabel I, que había muerto sin descendencia.

Así se produjo la unión de los dos gobiernos, primer paso hacia la unificación de los dos reinos, lo que ocurriría en 1707, año en que el Acta de Unión creó el Reino Unido.

Al convertirse Jacobo I en rey de los ingleses, éstos cesaron en sus intentos de anexar Escocia, puesto que ya no había razón para ello.

Jacobo fue un erudito que escribió folletos y patrocinó el grupo de teatro de Shakespeare; encargó una hermosa y perdurable traducción al inglés de las Escrituras, conocida como Biblia del rey Jacobo; mandó apresar y ejecutar a sir Walter Raleigh, no por odio al novedoso hábito de fumar tabaco, al cual Raleigh era aficionado, sino por otras ofensas a la corona.

Jacobo odiaba la forma extrema del protestantismo calvinista, llamado puritanismo, que ganaba adeptos en Inglaterra a comienzos del siglo diecisiete Jacobo resistió la presión puritana que pretendía la erradicación de ciertas prácticas católicas de la iglesia de Inglaterra.

Por ironías del destino, fueron conspiradores católicos, y no puritanos, quienes trataron de volar el parlamento con todo y rey en la Conspiración de la Pólvora de 1605.

Jacobo despertó las críticas por su hábito de tener favoritos.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

A su muerte, en 1603, Isabel I dejaba a Inglaterra próspera y en paz.

El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia.

Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso.

Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones.

Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

rey jacobo I de Inglaterra Estuardo

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional: Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo ZVII, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra.

Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa.

A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

BIOGRAFIA DE JACOBO I ESTUARDO, REY DE ESCOCIA E INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó.

Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel.

Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado.

Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio.

Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores.

Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad.

El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625).

Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él.

Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una «forma de gobierno equilibrada». 

El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» E

sta teoría absolutista provoca descontentos.

En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas.

Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos.

Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos.

Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión.

Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia.

Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial.

La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe.

En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios.

Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO

Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés.

En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra.

Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras.

Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto.

Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios.

El Parlamento reclamó, pero no fue convocado.

El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura.

El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos.

Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake.

No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo.

Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido.

¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes.

Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham.

Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura.

Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes.

También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

Formacion del Primer Triunvirato Roma Antigua Integrantes Objetivos

Formación del Primer Triunvirato Roma Antigua

Formación del Primer Triunvirato Romano: Queriendo crecer políticamente, Julio César buscó la amistad de Pompeyo, que era entonces el más glorioso de los romanos, y la de Craso, el más rico de todos, formando con ellos una alianza que se llamó triunvirato.

Reconcilió a estos dos personajes, largo tiempo desavenidos, haciendo entrever, al primero, nuevo honores, y al segundo, extraordinarias riquezas, enlazando de este modo la codicia con la vanidad, en provecho de su ambición.
Como consecuencia inmediata de la alianza formada, César obtuvo el consulado, al que siguió su proconsulado en las Galias, mientras Pompeyo alcanzaba el de España e Italia y Craso el de Siria.

César dominó completamente la Galia, que hasta entonces sólo en parte estaba sometida a los romanos, y luego sojuzgó a los belgas y los helvecios (suizos), haciendo también un desembarco en las costas de la Gran Bretaña.
Craso marchó al Oriente, y después de saquear el templo de Jerusalén, quiso conquistar la India. Se internó en las llanuras de la Mesopotamia, donde encontró un ejército enemigo, pereciendo en la batalla con casi todos los suyos.

Pompeyo, en cambio, no marchó a su provincia, figurándose que permaneciendo en Roma era dueño de la República; y realmente gobernaba como cónsul único. César, viendo que había llegado el momento de lograr el poder supremo, no vaciló ya, y se puso en marcha para derrocar a Pompeyo.

A pesar de la prohibición impuesta a todo general de franquear su provincia al frente de sus tropas, César pasó el Rubicón (año 49), riachuelo de Italia, que desagua en el Adriático y formaba el límite entre ésta y la Galia Cisalpina.

Pompeyo, sorprendido con aquel brusco ataque, huyó a Grecia con el Senado; César entró sin resistencia en Roma y se hizo dueño de Italia.

Se encaminó luego a España y allí derrotó al ejército pompeyano, mandado por los generales Afranio y Petreyo, quedando también dueño de esa región.

A su regreso, Roma le otorgó el título de dictador. Marchó después en busca de Pompeyo a Grecia y venció en la batalla de Farsalia a su rival; éste se embarcó para Egipto, cuyo rey Ptolomeo le hizo dar muerte.

Julio CésarPompeyoCraso

César llegó pocos días después a orillas del Nilo; en Alejandría sé encontró sitiado, pero gracias a los socorros que recibió, pudo libertarse. Ptolomeo pereció ahogado en el Nilo, y César puso en el trono de Egipto a Cleopatra, hermana del rey difunto.

Con la misma felicidad llevó a término otras campañas en el Ponto y en Numidia, para asegurar su dominio en esas regiones y, vuelto a Roma, el Senado lo nombró dictador perpetuo e imperator (generalísimo).
Con mucha actividad dirigió los negocios públicos, fomentó la agricultura, reformó el calendario y embelleció a Roma. Entre sus leyes agrarias merece citarse la que concedió a veinte mil pobres las tierras del dominio público de Campania.

Prodigando los espectáculos, los juegos, los repartos de trigo y de dinero, mantuvo sumiso al pueblo: los romanos ya no pedían más que pan v juegos circenses.

Muerte de César. — Los republicanos quisieron libertarse del hombre que de hecho había restablecido1 la monarquía. Hubo una conspiración en la que entraron muchos personajes a quienes César había protegido, entre otros, Bruto, su hijo adoptivo. El plan se ejecutó en una reunión del Senado, a la que acudió César.

Los conjurados lo rodearon, y uno de ellos le’ dio el primer golpe. El dictador quiso defenderse; pero cuando vio a su amado hijo adoptivo entre los que le acometían, exclamó : «¡Tú también, Bruto!» Se cubrió la cabeza con la toga, y cayó muerto después de haber recibido 23 puñaladas (año 44 a. de J. C.). (ampliar Muerte de Julio César)

Segundo Triunvirato Romano: — Otros dos hombres trataron de elevarse, el primero gracias a sus servicios militares y el segundo invocando su parentesco con César, fueron Marco Antonio y Octavio.

El cónsul Antonio procedió en Roma como único señor, pero su arbitrariedad produjo bien pronto un descontento general, de que sacó partido Octavio, sobrino de César, para disputarle, el mando.

Lépido, general de la caballería, reconcilió a los dos rivales, que formaron con él un segundo triunvirato’, atribuyéndose por cinco años el poder consular.

Los triunviros se mancharon con crueldades atroces, emprendieron una terrible lucha cíe exterminio contra el partido republicano. Entre sus víctimas figura el gran orador Cicerón, uno de los más entusiastas partidarios de la República. Cicerón recibió la muerte en su posesión de Gaeta; le cortaron la cabeza que fue colgada de la tribuna.
Después de haber exterminado el partido republicano, derrotando a Casio, que murió en la batalla, y a Bruto, que se suicidó, los triunviros se repartieron las provincias: a Lépido tocó en suerte el África y España; a Octavio, Italia y el resto del Occidente; a Antonio tocó el Oriente.

LépidoOctavioMarco Antonio

Antonio se atrajo el odio del pueblo porque esquilmó sus provincias, y excitó el descontento de los romanos, repudiando a su esposa Octavia, hermana de su rival Octavio, para casarse con Cleopatra, reina de Egipto.
El Senado romano declaró traidor a la patria a Antonio y mandó a Octavio para hacer la guerra a Cleopatra. Antonio reunió un ejército de cien mil hombres, pero todo fue inútil, porque tuvo que combatir por mar.

La flota de Antonio fue vencida en Accio 31 años antes de la venida de Jesucristo y el ejército de tierra se entregó. Octavio persiguió a su rival, que había huido, y lo venció nuevamente en Alejandría.

Cleopatra quiso granjearse la amistad de Octavio; pero no pudiendo conseguirlo se quitó la vida, haciéndose morder por un áspid venenoso, y Antonio se atravesó con su espada.

Como Lapido se había visto ya obligado a volver a la vida privada, Octavio, después de reducir el Egipto a provincia romana, quedó único dueño del imperio.

Estaba destruida la república romana, que había durado 510 años, y en su lugar se restablecía la monarquía, sin más diferencia que darse al soberano el título de emperador. Entiéndase bien que,con referencia a Roma, cuando se habla de República y republicanos no debe confundirse estas palabras .con libertad y libertades.

Los republicanos romanos fueron los más terribles opresores del pueblo, y la muerte de César obedeció, no a la idea de salvar la libertad de Roma, sino, por el contrario, de contrarrestar las ideas igualitarias de César.

Fuente Consultada:
Como Funcionan Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest – Wikipedia – Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Consultora

Origen de Roma La Monarquia Romana Los Etruscos Los Reyes

Origen de Roma La Monarquía Romana

EL MEDIO GEOGRÁFICO: La civilización romana, la más grande y duradera de la antigüedad, se desarrolló en la península itálica, situada al Occidente de Grecia y en el centro del mar Mediterráneo, al que en cierto modo divide en dos cuencas. Dicha península tiene la forma de una bota y está limitada al norte por los Alpes, un semicírculo de montañas muy altas, cubiertas le nieve, que encierra un valle de naturaleza muy fértil, regado por el río Po, que desemboca en el mar Adriático.

En forma longitudinal se extienden los montes Apeninos, que descienden hacia los mares laterales, el Adriático y el Tirreno, dando lugar, en la margen occidental, a la existencia de múltiples llanuras, algunas muy feraces, como las surcadas por los ríos Amo y Tíber.

Próximas al continente, se encuentran tres grandes islas: Córcega, Cerdeña y Sicilia, esta última apenas separada de la península por el estrecho de Mesina y escasamente distante del continente africano. El clima es benigno, sobre todo en el Sur, con un sol brillante y permanente, lo que favorece el establecimiento del hombre y el cultivo del suelo.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Los primitivos habitantes de este privilegiado territorio, fueron los ligures, que hacia el año 1500 a.C. se establecieron en el Norte, en la región que hoy se conoce precisamente como la Liguria. Luego aparecieron los italiotas, procedentes del centro de Europa —indoeuropeos, como los pueblos que invadieron Grecia por la misma época— que se impusieron sobre los ligures y se radicaron en la región central, donde se integraron en numerosas tribus, entre las que podemos mencionar a los sabinos, que fueron los que iniciaron el asentamiento en la Campania; en seguida los siguieron los latinos, que ocuparon el valle del Tíber y su zona adyacente, que se llamaba el Lacio; más tarde arribaron los umbrios, que se quedaron en la llanura del Po; y finalmente, los ilirios, que se localizaron en el Véneto. Otros grupos menores ocuparon distintas posiciones.

Los etruscos: Sin embargo, los habitantes de mayor repercusión en la península itálica, fueron los etruscos, a quienes los griegos llamaron tirrenos, cuyo verdadero origen se desconoce, pero se supone llegados del mar Egeo, hacia el año 1000 a.C., como consecuencia de la gran expansión griega que los empujó hacia el Oeste y los obligó a establecerse en las ostas itálicas, en la región de la Toscana, entre los ríos Amo y Tíber.

Los etruscos fundaron varias ciudades independientes entre sí, aunque unidas federativamente, y rápidamente se extendieron desde los Alpes hasta la Campania, alcanzando elevados niveles culturales, en cuyas expresiones se advierte la combinación de elementos de origen griego y cretense.

Las ciudades tenían un rey, que concentraba la suma del poder. Los descendientes de los invasores constituían la nobleza, en tanto que el resto de la población vivía en servidumbre. La principal actividad económica fue la agricultura, que prosperaba en las tierras fértiles, debido a las importantes obras de desecación de los pantanos que llevaron a cabo.

Su religión, como la de los pueblos orientales —salvo los hebreos—, fue politeísta, aunque reconocían una trinidad común, integrada por Júpiter, Juno y Minerva. Los muertos eran objeto de un culto especial, a la manera de los egipcios. Además ofrecían a los dioses sacrificios de animales y, en ocasiones, de seres humanos, como resultado de combates singulares. Creían también en los presagios, que se hacían sobre la observación del vuelo de las aves o del análisis de las entrañas de los animales sacrificados; y efectuaban plegarias de impetración a los dioses. Los arúspices estaban encargados de interpretar las recopilaciones en las que estaban contenidas las normas para la organización de la comunidad y las relaciones entre sus miembros.

Las manifestaciones artísticas también tuvieron reminiscencias de los griegos y orientales, pero con el aporte de nuevos elementos de gran originalidad. En arquitectura se destacaron por la construcción de puentes, acueductos y cloacas, cuya excelencia los hace valederos hasta la actualidad. También fue muy importante la construcción de carreteras y la erección de murallas hechas de piedras, sin cemento. En estas construcciones aplicaron el arco y la bóveda, que luego tanto difundieron los romanos.

La civilización etrusca floreció hasta el año 600 a.C. aproximadamente, en que al chocar con los italiotas y con los griegos, terminó por desaparecer. La decadencia comenzó con la derrota en la batalla naval de Cumas, en el año 520 a.C., librada contra la flota griega en un intento de apoderarse de las colonias próximas a Nápoles.

Aprovechando esta circunstancia, en el año 509 a.C. se sublevaron los latinos y lograron que los etruscos se retiraran de la margen opuesta del Tíber, abandonando la región del Lacio.

Para esa época penetraron los galos por el Norte de Italia, obligando a los etruscos a desalojar la rica zona del Po, que desde entonces se conoció como la Galia Cisalpina (de este lado de los Alpes). De esta manera, los etruscos quedaron reducidos a sus primitivas posesiones en la Toscana, hasta ser dominados por los romanos.

LA MONARQUÍA: Como vimos, los latinos, se establecieron en el valle del Tíber y su comarca circundante, que se llamaba el Lacio, llanura escasamente fértil que se recostaba sobre el mar Etrusco, que más tarde se denominó mar Tirreno. La región no era muy favorable, por sus terrenos bajos y pantanosos, y estaba cercada al Norte por los etruscos y al Sur por los griegos. Esta circunstancia hizo que sus habitantes buscaran la forma de poder defenderse mejor de sus vecinos.

En el año 753 a.C., un grupo de familias procedentes de Alba Longa resolvió establecerse en el monte Palatino, donde fundaron una aldea, llamada en un principio Germal, y más tarde conocida como Palatina.

Con la llegada de otras familias, fueron ocupando los montes vecinos, hasta completar siete poblaciones, las cuales se unieron federativamente, a la manera de los etruscos, constituyendo el Septimontium o Liga de los Siete Montes, que conservó una relación muy estrecha con Alba Longa, que era la ciudad de origen de sus miembros.

Sin embargo, poco después aparecieron los etruscos, quienes conquistaron toda la región del Lacio y sometieron a Alba Longa y a todas las ciudades de la Liga, que se unificaron en una sola ciudad a la que llamaron Roma, nombre que deriva de la palabra etrusca rumón, que significa río.

La leyenda: Según la leyenda, narrada por el famoso escritor Virgilio en su obra La Eneida, el príncipe troyano Eneas, después de la toma de su ciudad por los griegos, huyó hacia Italia en busca de refugio, y llegó hasta el Lacio, donde se estableció y fundó la ciudad de Lavinio.

Origen de Roma La Monarquia Romana

Ascanio, hijo de Eneas, que había acompañado a su padre, lo sucedió como rey de Lavinio y, a su vez, erigió otra ciudad a la que llamó Alba Longa.

Mucho tiempo después, Numitor, descendiente de Ascanio, fue derrocado por su hermano Amulio, quien ordenó que R5mulo y Remo, hijos de Rea Silvia, hija, a su vez de Numitor, fueran abandonados en las márgenes del Tíber para que murieran de hambre. Sin embargo, los niños fueron alimentados por una loba, hasta que un pastor los encontró y los crio en su casa. Cuando Rómulo y Remo crecieron, fueron reconocidos por su abuelo Numitor, y al enterarse de su origen noble, derrocaron a Amulio y restablecieron a Numitor en el trono de Alba Longa

Fue entonces cuando Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el monte Palatino, a escasa distancia del mar, de manera tal que pudiera recibir por el Tíber las mercaderías necesarias y a la vez estuviera suficientemente alejada para resguardarse del ataque de los piratas.

Ambos hermanos trazaron los límites de la ciudad a la que llamaron Roma— y abrieron un foso que la rodeaba. Rómulo dio aviso que castigaría severamente a quien se atreviera a cruzarlo, y como Remo lo hizo, le dio muerte sin piedad.

Además, como la ciudad se fue poblando de pastores, sin el aporte necesario de mujeres para fundar familias, Rómulo organizó una fiesta e invitó a sus vecinos, los sabinos, que confiadamente fueroa, acompañados de sus mujeres y sus hijas. Durante el transcurso de la misma, a una señal convenida, los romanos raptaron a las mujeres, lo que dió origen a una guerra con los sabinos, que terminó por mediación de las mismas mujeres raptadas, las que habiéndose convertido en esposas de los romanos, se interpusieron entre los combatientes y los reconciliaron.

Posteriormente, en el año 715 a.C., el fundador de Roma desapareció en forma misteriosa. En cierta ocasión en que pasaba revista a sus tropas, se produjo una terrible tempestad, pasada la cual nadie volvió a verlo, lo cual dio lugar a que se tejieran muchas conjeturas, entra ellas la de su asesinato y, finalmente, a que se lo adorara como a un dios.

A Rómulo le sucedió Numa Pompilio, un jefe de origen sabino, que era famoso por su sabiduría. Durante su reinado se dictaron las primeras leyes que rigieron a los romanos. Además dió forma definitiva a su religión.

A Numa Pompilio le siguió Tulio Hostilio, de inspiración guerrera, quien atacó a los albanos y los venció por completo después de una larga contienda, con lo que Alba Longa quedó subordinada a los romanos.

La guerra se definió por el enfrentamiento de tres hermanos, los Horacios, que combatieron por los romanos, con los tres Curiacios, que lo hicieron por los albanos. En el primer choque murieron dos Horacios y fueron heridos los tres Curiacios. Entonces el último Horacio fingió huir y ultimó por separado a los Curiacios, que estando heridos no pudieron perseguirlo a la misma velocidad.

Luego ocupó el trono Anco Marcio, también de origen sabino, que ordenó la construcción del puerto de Ostia.

Después fue encumbrado Tarquino el Antiguo, nacido en Tarquinia, ciudad de Etruria, que introdujo en Roma las costumbres etruscas. Tuvo especial preocupación por el embellecimiento de Roma y ordenó la construcción de un templo consagrado a Júpiter, que se llamó el Capitolio, debido a que cuando se estaba excavando para colocar los cimientos del edificio, se encontró una cabeza (capitis en latín), lo que según los augures, indicaba que Roma’ llegaría a ser la capital o cabeza del mundo. Durante su reinado también se construyeron el Circo, el Foro y la Cloaca Máxima.

A Tarquino el Antiguo le sucedió su yerno, Servio Tulio, que era hijo de una esclava y había sido criado en el palacio de Tarquino. Este rey incorporó los distritos etruscos a la alianza romana y dividió a la sociedad en clases, según su fortuna. Además rodeó a la ciudad de una fortificación y creó registros para los ciudadanos. Debido a este hecho, que perjudicaba a las antiguas familias, pereció víctima de una conspiración.

Le siguió Tarquino el Soberbio quien desvirtuó la obra realizada por su antecesor y pretendió gobernar con poderes absolutos. Con el propósito de conquistar a las colonias griegas del Sur, organizó una campaña que, como vimos, le resultó adversa. No obstante, según la leyenda, su caída se produjo por una tropelía cometida por su hijo Sexto quien, abusando de la hospitalidad de su pariente Tarquino Cola tino, violó a su esposa Lucrecia, quien se mató de desesperación. Su esposo ultrajado, que se encontraba en campaña, y Lucio Junio Bruto, sublevaron al pueblo y derrocaron a Tarquino el Soberbio, quedando abolida la monarquía (510 a.C.). El rey fue reemplazado por los cónsules y comenzó la República.

LA REPUBLICA:
EL GOBIERNO:

El gobierno solamente podía ser ejercido por los patricios, que eran los descendientes de los fundadores o padres de la ciudad. Los patricios constituían una aristocracia, integrada por un grupo reducido de familias, cuyos jefes formaban parte del Senado, que era la institución más importante de Roma. Era presidido por el rey y a su muerte ejercía transitoriamente el poder hasta que elegía a su sucesor.

Además, existía la Asamblea del Pueblo o Comicios por curias, que era convocada por el rey para reunirse al pie del Capitolio. Allí se concentraban las treinta curias que agrupaban a los patricios y clientes de una misma zona.

La autoridad suprema era ejercida por el rey que era, a la vez, jefe militar, sumo sacerdote y juez supremo. Sin embargo, la monarquía era electiva y su poder estuvo limitado por el Senado y La Asamblea del Pueblo

LA ECONOMÍA: La economía se basaba en la explotación de la tierra, por lo cual la mayoría de la población era de campesinos. Las familias de mayor fortuna poseían grandes rebaños de bueyes y carneros.

Como medio de cambio se utilizó el ganado, pecus, en latín, de lo que derivó la palabra pecunia, que significa dinero. En los primeros tiempos la economía estuvo limitada a estas manifestaciones porque la vida de los romanos era primitiva y sencilla. Recién con el proceso de expansión y conquista, estas características cambiaron para dar lugar al lujo y los placeres. Roma se convirtió entonces en un parásito del Imperio.

LA SOCIEDAD: La sociedad se integraba con una clase alta o nobleza, que estaba constituida por los patricios, que detentaban todos los privilegios; y una clase baja, la plebe, compuesta por los extranjeros y vecinos, que carecían de derechos y no tenían ninguna participación en el gobierno. Los plebeyos podían incorporarse a una familia de patricios, en calidad de protegidos o clientes, con lo cual lograban mayor seguridad. Patricios y clientes reunidos, formaban lo que se llamaba la gens.

Además se encontraban los esclavos, que eran los prisioneros d guerra y los plebeyos deudores, a los cuales no se los consideraba como personas sino como cosas. Los que lograban su liberación mediante un pago, se convertían en clientes.

Dentro de la organización social, la familia ocupaba un lugar sobresaliente y constituía la institución más sólida del estado. Estaba integrada por todos los que rendían culto al mismo antepasado, es decir, no sólo, el padre, la madre y los hijos, sino también los clientes y los esclavos.

De acuerdo con el principio de la patria potestad, el padre ejercía la máxima autoridad sobre la familia, no obstante lo cual, la mujer gozaba de consideración y respeto, aunque no participaba de la vida política.

El matrimonio tenía carácter religioso y era indisoluble, lo que aseguraba la solidez de la sociedad romana. Con la corrupción de las costumbres se introdujo el divorcio, que contribuyó a la decadencia y la disolución de la sociedad.

LA RELIGIÓN: La religión romana fue politeísta y resultó de la combinación de elementos de distinta procedencia.

En un principio, los latinos practicaron un culto doméstico, cuyo sumo sacerdote era el padre de familia. En todas las casas ardía el hogar o fuego sagrado y se veneraba a los menes, que eran los espíritus de los antepasados; a los lares, que eran los espíritus protectores de la casa; y a los penates, o genios del bien. A Vesta, diosa del hogar, se le dedicaba un culto especial. En su honor se fundó un colegio de sacerdotisas, llamadas vestales, que mantenían en el altar de la diosa el fuego sagrado. Las vestales debían permanecer vírgenes y si faltaban a su compromiso eran enterradas vivas.

Con la dominación de los etruscos, se introdujeron nuevas creencias, principalmente la adoración a la trinidad constituida por Júpiter, Juno y Minerva. También alcanzaron popularidad la adivinación y los presagios.

El culto público estuvo a cargo de sacerdotes, subordinados al colegio de Pontífices, que presidía el pontífice máximo, o sea el rey.

Posteriormente, cuando los romanos se vincularon a los griegos, adoptaron todos sus dioses, a quienes cambiaron de nombre, de tal manera que Zeus fue Júpiter; Hera, Juno; Atenea, Minerva; Artemisa, Diana; Afrodita, Venus; Démeter, Ceres; Hermes, Mercurio; Ares, Marte; Hefestos Vulcano; Poseidón, Neptuno; Hestia Vesta; y Apolo, que no cambió de denominación

Lo que más llama la atención fue la relación contractual que los romanos establecieron con los dioses, a quienes les ofrecían promesas  a cambio de favores que, si no se cumplían , daban lugar al repudio y la recurrencia a otros dioses.

Fuente Consultada: Historia Para 1er. Año de José Maria Ramallo

La Monarquia en Roma Antigua Sociedad y Gobierno Romano

LA MONARQUÍA EN ROMA ANTIGUA

LA SOCIEDAD: La sociedad se integraba con una clase alta o nobleza, que estaba constituida por los patricios, que detentaban todos los privilegios; y una clase baja, la plebe, compuesta por los extranjeros y vecinos, que carecían de derechos y no tenían ninguna participación en el gobierno.

Los plebeyos podían incorporarse a una familia de patricios, en calidad de protegidos o clientes, con lo cual lograban mayor seguridad. Patricios y clientes reunidos, formaban lo que se llamaba la gens.

Además se encontraban los esclavos, que eran los prisioneros de guerra y los plebeyos deudores, a los cuales no se los consideraba como personas sino como cosas. Los que lograban su liberación mediante un pago, se convertían en clientes.

Dentro de la organización social, la familia ocupaba un lugar sobresaliente y constituía la institución más sólida del estado. Estaba integrada por todos los que rendían culto al mismo antepasado, es decir, no sólo, el padre, la madre y los hijos, sino también los clientes y los esclavos.

De acuerdo con el principio de la patria potestad, el padre ejercía la máxima autoridad sobre la familia, no obstante lo cual, la mujer gozaba de consideración y respeto, aunque no participaba de la vida política.

El matrimonio tenía carácter religioso y era indisoluble, lo que aseguraba la solidez de la sociedad romana. Con la corrupción de las costumbres durante la republica se introdujo el divorcio, que contribuyó a la decadencia y la disolución de la sociedad.

Las Clases Sociales en Roma Monárquica:

Patricios: Formaban la aristocracia romana, el sector dirigente y privilegiado. Los únicos considerados como “ciudadanos romanos, con derecho a votar, ocupar los cargos políticos y religiosos. Además eran el sector más rico, dueño de las grandes extensiones de tierra.

Se consideraban descendientes de los fundadores de Roma y estaban organizados en un consolidado sistema familiar. Las familias patricias se agrupaban en gens: integradas por los descendientes de un mismo genio, semidios, al que veneraban. Las gens se agrupaban de a diez y formaban una curia, congregación religiosa de las familias. Con el tiempo, las curias se convirtieron en instituciones políticas, las votaciones se realizaban por medio de ellas (cada familia votaba dentro de la curia a la que pertenecía). El nombre de patricios deriva de patris (padre), y alude a los jefes de las gens.

Clientes: Eran personas que no pertenecían a ninguna gens, extranjeros o refugiados pobres, que se ponían balo la protección de un patricio. Este les brindaba ayuda económica, los defendía ante la lusticia y les permitía participar de las ceremonias religiosas. A cambio, el cliente lo acompañaba en la guerra y lo ayudaba en algunos trabajos, o en todo lo que se le solicitase. Las familias patricias se enorgullecían de tener clientela importante o numerosa.

Plebeyos: A medida que la ciudad romana crecía, apareció un elemento social nuevo: la plebe. La integraban los extranjeros, los refugiados y los clientes que se habían enemistado con sus patronos. Se los consideraba hombres libres, pero no ciudadanos, por lo tanto se hallaban excluidos de la vida política y también religiosa (no participaban del culto oficial). Antes de las reformas de Servio Tulio, tampoco podían integrar el ejército. Les estaba prohibido contraer matrimonio con los integrantes del patriciado.

Esclavos: Se encontraban en la escala inferior de la sociedad. Se dedicaban a las tareas serviles y no tenían ningún derecho. En los primeros tiempos de Roma formaban un grupo poco numeroso, que se fue incrementando con el desarrollo de las conquistas y la expansión romana.

GruposDerechos legalesOrigenActividades  y riqueza

Patricios

Hombres libres con derechos civiles y políticos. Descendientes de los fundadores de RomaGrupo social más rico gracias a la posesión de grandes latifundios.

Plebeyos

Hombres libres con derechos  civiles y políticos completos desde el s. III a.C.

Pueblos vencidos, extranjeros asentados en Roma o descendientes ilegítimos.

 

Campesinos, artesanos y comerciantes y clientes

Clientes

Plebeyos, pero con  alguna dependencia jurídica con su patrónSituación de pobreza o inseguridad les lleva a solicitar protección de un patricio

 

Ayudaban al patricio del que dependían

Libertos

Hombres libres con derechos civiles limitadosAntiguos esclavos que compraron su libertad o la recibieron por los servicios prestados

 

Todo tipo de actividades

Esclavos

Propiedad de un patricio o del EstadoNacimiento, prisioneros de guerra o por comisión de  delitos gravesTodo tipo de actividades

LA MONARQUÍA EN ROMA ANTIGUAEL GOBIERNO: El gobierno solamente podía ser ejercido por los patricios, (imagen: patricio romano) que eran los descendientes de los fundadores o padres de la ciudad. Los patricios constituían una aristocracia, integrada por un grupo reducido de familias, cuyos jefes formaban parte del Senado, que era la institución más importante de Roma. Era presidido por el rey y a su muerte ejercía transitoriamente el poder hasta que elegía a su sucesor.

Además, existía la Asamblea del Pueblo o Comicios por curias, que era convocada por el rey para reunirse al pie del Capitolio. Allí se concentraban las treinta curias que agrupaban a los patricios y clientes de una misma zona.

La autoridad suprema era ejercida por el rey que era, a la vez, jefe militar, sumo sacerdote y juez supremo. Sin embargo, la monarquía era electiva y su poder estuvo limitado por el Senado y La Asamblea del Pueblo

Organización Política:
La Realeza:
El rey elegido por la Asamblea, duraba  en su cargo de por vida. A su muerte el poder volvía al estado. El Senado designaba a un rey interino, mientras se elegía un sucesor.

El Senado: lo integraban los jefes de la familias patricias. Sus funciones en esa época eran esencialmente consultivas: asesor al rey en sus actividades.

La Asamblea o Comicios por Curias: Formada exclusivamente por los ciudadanos, sus funciones eran variadas , desde las legislativas (votar leyes, declarar la guerra)  y las judiciales hasta la elección de los reyes. Cada familia votaba dentro de su curia.

LA ECONOMÍA: La economía se basaba en la explotación de la tierra, por lo cual la mayoría de la población era de campesinos. Las familias de mayor fortuna poseían grandes rebaños de bueyes y carneros.

Como medio de cambio se utilizó el ganado, pecus, en latín, de lo que derivó la palabra pecunia, que significa dinero. En los primeros tiempos la economía estuvo limitada a estas manifestaciones porque la vida de los romanos era primitiva y sencilla. Recién con el proceso de expansión y conquista, estas características cambiaron para dar lugar al lujo y los placeres. Roma se convirtió entonces en un parásito del Imperio.

Roma contó con algunas riquezas minerales: las salinas en la desembocadura del Tiber y minas de oro y de plata. Estos recursos ayudaron mucho para que desde su comienzos tuviera una actividad comercial importante.

Los hombres  de la ciudad se dedicaban a las artesanías, carpinteros, herreros, y algunos también abastecía al pueblo de alimentos y útiles necesarios para la vida diaria, como carniceros, panaderos, tenderos.

Estatuilla del siglo VI a.C. indicando el origen campesino del pueblo romano. Hasta el comienzo de las guerras contra Cartago ,
no se emplearon esclavos como fuerza de trabajo para la agricultura.

En las tumbas era costumbre representar escenas de la actividad que había ejercido el difunto.

Un taller familia donde se fabrican vasos metálicos, la balanza
ocupa un lugar central porque el precio dependía del peso.

Una tienda donde se despachan frutas y
piezas de caza.

Carnicero despachando

LA RELIGIÓN: La religión romana fue politeísta y resultó de la combinación de elementos de distinta procedencia. En un principio, los latinos practicaron un culto doméstico, cuyo sumo sacerdote era el padre de familia.

En todas las casas ardía el hogar o fuego sagrado y se veneraba a los menes, que eran los espíritus de los antepasados; a los lares, que eran los espíritus protectores de la casa; y a los penates, o genios del bien. A Vesta, (imagen) diosa del hogar, se le dedicaba un culto especial. En su honor se fundó un colegio de sacerdotisas, llamadas vestales, que mantenían en el altar de la diosa el fuego sagrado. Las vestales debían permanecer vírgenes y si faltaban a su compromiso eran enterradas vivas.

Con la dominación de los etruscos, se introdujeron nuevas creencias, principalmente la adoración a la trinidad constituida por Júpiter, Juno y Minerva. También alcanzaron popularidad la adivinación y los presagios.

El culto público estuvo a cargo de sacerdotes, subordinados al colegio de Pontífices, que presidía el pontífice máximo, o sea el rey.

Posteriormente, cuando los romanos se vincularon a los griegos, adoptaron todos sus dioses, a quienes cambiaron de nombre, de tal manera que Zeus fue Júpiter; Hera, Juno; Atenea, Minerva; Artemisa, Diana; Afrodita, Venus; Démeter, Ceres; Hermes, Mercurio; Ares, Marte; Hefestos Vulcano; Poseidón, Neptuno; Hestia Vesta; y Apolo, que no cambió de denominación

Lo que más llama la atención fue la relación contractual que los romanos establecieron con los dioses, a quienes les ofrecían promesas  a cambio de favores que, si no se cumplían , daban lugar al repudio y la recurrencia a otros dioses.

PARA SABER MAS…
La gens, la gran familia aristocrática, era el elemento fundamental de la sociedad romana. La suprema autoridad de la familia estaba representada por el padre, el pater familias, que tenía funciones sacerdotales y jurisdicción sobre la vida y la muerte de los miembros de la misma. Los hijos casados adultos seguían formando parte del grupo familiar, al que se sumaba la esposa y los hijos.

A veces, la gens llegaba a reunir más de cien personas, aunque sólo el padre disponía del patrimonio familiar. También formaban parte de la familia los criados, los esclavos y los labradores originarios de las aldeas en las que las familias nobles tenían sus propiedades. Estos últimos mantenían con el patronus una relación de tipo moral, de fidelidad recíproca que se traducía en el respaldo económico y legal del patrono y la adhesión y el apoyo político por parte del clíens.

La disciplina doméstica se fundamentaba en principios como la humildad, la veneración, la obediencia, el respeto y la pureza. Normas que constituyeron, a su vez, la base de la disciplina militar. A pesar del rigor y la severidad, la vida familiar romana se caracterizó por la píelas (afecto) y el cariño.

Emperadores del bajo Imperio Roma Antigua Los Severos Caracalla

Emperadores del Bajo Imperio – Roma Antigua – Los Severos

EL «BAJO IMPERIO» LOS SEVEROS
A la muerte de Cómodo, los Pretorianos volvieron a creerse dueños del trono, como ocurría antes de los Flavios, y propalaron que iban a coronar emperador al romano que les prometiera mayores sueldos: y así fue cómo varios candidatos se presentaron en este escandaloso remate. Pero indignados, todos los ejércitos de las fronteras se alzaron en armas y proclamaron a sus respectivos jefes, en medio de la mayor anarquía.

Septimio Severo (193 a 211)
Finalmente, logró imponerse entre todos, el general Septimio Severo, comandante de las tropas del Danubio. El nuevo soberano pudo restablecer el orden, pero nunca olvidó a quiénes debía la corona: desde entonces los soldados fueron los dueños y árbitros del Imperio.

Africano de origen y militar de aguerrido carácter, este emperador era de costumbres sencillas y estaba dotado de grandes cualidades de gobierno, pero tuvo que recurrir a sus tropas para imponer el orden: así inauguró el «Bajo Imperio», época de los emperadores militares que sólo se mantenían en el poder mientras contasen con el apoyo de los soldados.A pesar de todo, el gobierno de Septimio fue muy progresista: logró frenar el desorden y la economía comenzó a florecer; también llevó a cabo brillantes campañas, principalmente contra los Partos y contra los Británicos, sorprendiéndole la muerte en la lejana Inglaterra.

Caracalla (211 a 217)
Hijo y sucesor de Septimio, fue el polo opuesto de su padre. Vicioso en extremo y de refinada crueldad, quiso eclipsar a los grandes emperadores construyendo las más gigantescas y lujosas Termas que Roma pudiera soñar.Al faltarle el dinero por sus derroches y extravagancias, (dictó la famosa «Constitución Antoniana» del año 212, con la que concedía a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana: pensaba así extender el cobro de los impuestos especiales a todas las provincias. La medida era buena, pero demasiado tardía: a esa altura de la historia, a muy poca gente le importaba ser «ciudadano romano».

Al morir Caracalla combatiendo contra los Partos, le sucedió su primo Heliogábalo, joven afeminado de 14 años, de origen sirio. Príncipe amoral V ridículo, renovó todas las locuras de Calígula: preocupado por extender en Roma los cultos orientales del dios Mitra, del que era Sumo Sacerdote, entregó el gobierno del imperio a su madre y a su abuela, juntamente con un Senado especial formado sólo por mujeres. Los soldados lo soportaron cuatro años antes de asesinarlo.

Le sucedió otro primo, Alejandro Severo, de origen fenicio, y muy distinto: honesto y trabajador, poco pudo hacer ante la anarquía que destrozaba el imperio. En el año 235 murió también asesinado por los soldados que le reprochaban su escaso valor militar.

Anarquía Militar
En los cincuenta años que siguieron muerte de Alejandro Severo, e. Imperio se vio sacudido hasta sus cimientos. Los ejércitos, compuestos en su mayor parte por extranjeros, dueños de la situación, proclaman y deponen emperadores a granel. En cierto momento se cuentan 18 emperadores a la vez, sostenidos por sus respectivas tropas, y luchando entre sí para imponerse sobre los demás.

Al mismo tiempo se producía el resquebrajamiento de todas las fronteras: los godos y los partos, no encontraban la menor resistencia a sus ataques. El derrumbe del Imperio parecía inminente.

Pero aun la hora final no había llegado. Varios soberanos, entre ello; AURELIANO y PROBO lograron mantenerlo a flote gracias a sus esfuerzos sobrehumanos. Finalmente llegó al trono un soldado ilirio quien creyó haber encontrado la fórmula de la salvación.

Cruce de los Alpes con Elefantes La Expedición de Aníbal en las Guerras

Cruce de los Alpes con Elefantes La Expedición de Aníbal en las Guerras

ANÍBAL BARCA: General y estratega cartaginés nacido en Cartago, hijo del fundador del Imperio Púnico en España, Amílcar Barca, fundador del imperio cartaginés en España y comandante de la primera guerra púnica contra los romanos. 

Nació  hacia el año 247 a. de J.C. Pertenecía a la noble familia de los Barca, que entre los años 250 y 200 a. de J.C. gozó de gran influencia en la política de aquella ciudad.

Entre las empresas llevadas a cabo por Aníbal, el paso de los Alpes, realizado probablemente a través del Monginevro o el Pequeño San Bernardo, es la que más destaca en la leyenda creada en torno al gran caudillo.

Según la tradición, un ejército de 26.000 hombres, con numerosos elefantes, desafió en octubre las  dificultades  del  paso  en   una  empresa  sin  precedentes en  el   mundo  antiguo.

Famoso por su genialidad, a los nueve años fue llevado por el padre para España y, según la leyenda, aprendió y juró odio eterno a los romanos. Asumió el comando del ejército (221 a. C.) y se hizo jefe supremo de las tropas de Cartago, después del asesinato del padre y del cuñado Asdrúbal.

anibal cruza los alpesSe dedicó inicialmente a la consolidación del dominio cartaginés en la península ibérica y para ese fin hizo varios viajes por el imperio, en el transcurrir de las cuáles incorporó tribus celtas y iberas que vendrían a constituir la base de su ejército.

Después de conquistar la ciudad de Sagunto (219 a. C.), aliada a los romanos y dando inicio a la segunda guerra púnica, en España, organizó un gran ejército (cerca de cuarenta mil hombres) con infantería, caballeros y 37 elefantes y cruzó Alpes en dirección Roma.

Durante sus campañas en Italia, el cónsul Públio Cornélio Cipiao, el Africano, conquistó todos los territorios españoles que estaban bajo control cartaginés.

Atravesó el océano para defender Cartago (203 a. C.), sin embargo fue definitivamente vencido por los ejércitos de Roma comandados por Cipiao, en la batalla de Zama.

Roma exigió su rendición (195 a. C.), y él buscó refugio en la corte de Antíoco, en la Siria.

Tres años más tarde su protector fue derrotado por los romanos y se refugió en la Bítinia, en Asia Menor. Roma pidió su extradición (183 a. C.) y, para no ser prendido por los romanos, prefirió suicidarse tomando veneno. L

as técnicas de combate inventadas por el general cartaginês en las batallas que trabó contra los ejércitos romanos, fueron consagradas por la historia de los conflictos bélicos. El empleo de armamento pesado móvil y de movimientos

 

 envolventes en el escenario de operaciones forma parte del legado transmitido por aquel que fue tal vez el mayor genio militar de la antigüedad.

La más grave derrota que Aníbal infligió a Roma fue la de Cannas, el año 216, donde perecieron 60.000 romanos con el cónsul Paulo Emilio. El general cartaginés permaneció en la Italia meridional durante catorce años, cambiando de lugar continuamente, pero sin atreverse a atacar a Roma.

CRÓNICA DE LA EXPEDICIÓN: Cuando el general cartaginés Aníbal atravesó los Alpes al mando de un ejército de 50.000 hombres, 8.000 caballos y 37 elefantes con el propósito de invadir Roma hace 2.200 años, ni siquiera imaginó que la fama de su osadía perduraría hasta la actualidad.

Tardaron 15 días en abrirse paso a lo largo de 212 km de terreno agreste y cumbres nevadas, acosados por tribus hostiles y la proximidad del invierno. Que hayan logrado avanzar unos 14 km por día ascendiendo a más de 2.750 m de altura resulta una hazaña excepcional aun en nuestros días.

Pero ésa sólo fue una parte de la marcha de 2 400 km y de cinco meses de duración que el ejército de Aníbal había emprendido para invadir Roma durante la segunda Guerra Púnica, entablada entre Roma y Cartago por la posesión de Sicilia.

Roma ya había eliminado a la ¡lota cartaginesa, así que no temía una invasión por mar; tampoco podía Aníbal seguir la fácil ruta por la Riviera francesa porque estaba habitada por una colonia griega aliada de Roma en lo que hoy es Marsella.

Aníbal salió de su base en Cartagena, España, en mayo de 218 a.C. Inicio la marcha marcha con casi 60.000 hombres, pero unos 7.000 desertaron cuando llegaron a los Pirineos.

El primer obstáculo que encontraron fue el río Ródano. No se sabe con certeza por dónde lo cruzó Aníbal, pero según el historiador griego Polibio, que escribió hacia 150 a.C., pudo ser entre Fourques y Arles, Francia, donde el Ródano se divide en dos y su cauce hasta el mar es lento y poco profundo.

Una tribu gálica, los volcos, trató de impedirles el paso, así que Aníbal envió un contingente de infantería al mando de su hermano Hannón a que atravesara el río por otro punto y los ahuyentara.

Cuando los primeros hombres de Aníbal lograron cruzar en balsas  el río, los volcos se encontraron de repente entre dos fuegos, así que se dispersaron y huyeron.

Aníbal, el libertador: En su marcha hacia Roma a través de los Pirineos y los Alpes, Aníbal se presentaba como un libertador de los pueblos sojuzgados por los romanos. Su primera gran alianza fue con los galos, que lo reconocieron como jefe. Sólo ¡os pueblos de Italia central se mantuvieron fieles a la Urbs. Sin embargo, el esfuerzo bélico que Aníbal exigía a sus aliados terminó por restar eficacia a sus pactos. Coraza de bronce púnica; siglo III a. C.

La gran travesía Aníbal

La gran travesía Aníbal hizo que su ejército cruzara uno de los pasos más elevados de los Alpes, el Col de la Traversette, para atacar a los romanos en el valle del Po. al final de una marcha de cinco meses desde Cartagena, España: 20.000 hombres murieron a causa del frío, los aludes y los ataques de tribus hostiles, pero los elefantes sobrevivieron.

Para hacer pasar los elefantes al otro. lado del río, los soldados cartagineses construyeron muelles de unos 60 m de largo y los cubrieron con tierra; en los extremos de los muelles ataron grandes balsas también cubiertas con tierra para que los animales no se asustaran.

Primero hicieron subir a las hembras a las balsas y después a los machos: algunos se asustaron y cayeron al agua, pero el río no era profundo y pudieron salir de él caminando con la trompa fuera del agua, como el periscopio de un submarino.

POR QUÉ LLEVABA ELEFANTES ANÍBAL? Los elefantes se usaban en la guerra como fuerza de choque, no sólo para atemorizar al enemigo sino también para ahuyentarlo; además podían llevar torretas, en los lomos para disparar flechas o lanzas desde allí, aunque no hay pruebas de que los de Aníbal las tuvieran.

Durante la marcha los elefantes eran muy útiles, pues podían transportar 10 veces más carga que un caballo, si bien la cantidad de forraje que consumían era una desventaja: un elefante ingiere unos 140 Kg. de alimento al día.

Los elefantes de Aníbal no eran muy grandes: probablemente medían 2.4 m hasta la cruz. Aníbal los capturó al pie de los montes Atlas, en. el norte de África, donde quedaron extintos desde entonces.

Aníbal tenía también algunos elefantes procedentes del subcontinente indio, que Cartago arrebató a Egipto.

Los elefantes eran muy apreciados por los cartagineses, como lo demuestran algunas de sus monedas de plata, que tienen efigies suyas grabadas en el reverso. En el anverso dichas monedas mostraban imágenes de dioses y personajes importantes, entre ellos el propio Aníbal.

Fuente Consultada:
Como Funcionan Las Mayoría de las Cosas de Reader`s Digest – Wikipedia – Enciclopedia Encarta – Enciclopedia Consultora