Los Zares Rusos

El Domingo Rojo en Rusia y La Revolución de 1905 Resumen

EL DOMINGO ROJO: EL MOVIMIENTO BOLCHEVIQUE Y LA REVOLUCIÓN DE 1905

En la historia contemporánea se denomina Domingo Rojo o Sangriento, a la masacre llevada a cabo por la Guardia Imperial rusa contra manifestantes (obreros, estrudiantes, familias) pacíficos. Ocurrió el  22 de enero de 1905 en San Petersburgo cuando mas de 200.000 trabajadores se congregaron a las puertas del Palacio de Invierno, residencia del zar ruso Nicolás II.  Su objetivo era el de apelar directamente al zar para reclamar un salario más alto y mejores condiciones laborales, tras el fracaso de las numerosas huelgas organizadas a finales de 1904.

ANTECEDENTES DEL SUCESO: En la primavera de 1895, Lenin fue encargado por los círculos marxistas clandestinos de Rusia, de tomar contacto en Suiza con los socialistas rusos de la emigración. Entonces conoció a Plejanov. Pasa por Berlín, donde entabla amistad con Kautsky, dirigente del movimiento revolucionario alemán. De vuelta a Rusia, negocia una alianza con los populistas, pero es detenido, a finales de 1895, y deportado a Siberia, y, dos años después, a Kuchenskoie, donde se reunirá con otros deportados políticos, en un destierro poco riguroso: Nadejda, su novia,  se traslada allí, para casarse con él.

Plejanov, Teórico Marxista

En marzo de 1898, la primera reunión del «Partido Social Demócrata» se celebra en ausencia de los principales jefes, pero aquella fundación simbólica no fue por eso menos importante: era el final de un largo trabajo de fusión de los círculos marxistas rusos, sostenido por Lenin y Martov.

A la salida del Congreso, la policía secreta del zar «Okhrana» detuvo a los nueve delegados presentes. En enero de 1900, Lenin y su mujer fueron puestos en libertad, pero, en lugar de volver a Rusia, Lenin salió para Europa, con el fin de realizar el proyecto que había meditado en Siberia: la fundación y la difusión de un periódico, Iskra (La Chispa), dedicado a formar militares, teórica y prácticamente, y en 1900 sale el primer número en Alemania.

En 1901, nace el «Partido Socialista Revolucionario». La acción revolucionaria se apoya en el medio campesino y reivindica, en primer lugar, el reparto de las tierras: Lenin sabe muy bien que tal fórmula tiene una gran fuerza. Más tarde se une otra importante pieza para el juego revoluconario, que la historia conoce como Trotski de origen judío, su verdadero nombre era León Davidovich Bronstein.

Lenín no tarda en confiarle tareas de propaganda, cada vez más importantes, especialmente como conferenciante, por su notable elocuencia. En el curso del año 1903,  Lenin organizó en Ginebra un gran Congreso socialdemócrata, en el que estuvieran representadas todas las tendencias revolucionarias.

Enseguida aparecen las diferencias, pues a Martov,  se unen Axelrod y Trotski, que se oponen a Lenin, apoyado este por Plejanov: la definición del concepto de partido está en juego. Lenin concibe el «partido» como una minoría actuante y seleccionada; para Martov, como un movimiento obrero abierto a todos; Lenin desea una organización sumamente centralizada, cuya dirección permanecería en el extranjero; Martov prefiere dos direcciones, una en Rusia —a cuya cabeza estaría toda la organización de la Iskra—, y otra en el extranjero, que sería el Órgano central.

Por la persecución policíaca el Congreso debió emigrar a  Londres, donde se reunieron todos, el Partido Social Demócrata se dividió, definitivamente, en dos grupos: Lenin, aunque sus partidarios eran menos numerosos, adoptó para él y los suyos la etiqueta de la mayoría «bolchevique» (de la palabra rusa bolcheviki, que significa mayoritarios), y Martov se convirtió en «menchevique» (o minoritario).

EL DOMINGO ROJO
Mientras los movimientos revolucionarios se enfrentan y perfeccionan tácticas y teorías, dentro de las fronteras rusas se fortalecen los efectivos obreros, como resultado de una industrialización que crecía a un ritmo asombrosamente rápido. La miseria y la indignación hacían a los obreros y a los campesinos cada vez más permeables a la propaganda revolucionaria.

Los campesinos se manifiestan y saquean las propiedades de los señores. Los obreros van a la huelga, como en Odessa, donde plantean una huelga general en 1903. El Partido Socialista Revolucionario vuelve al terrorismo: el ministro de Instrucción Pública y el del Interior son asesinados.

La «Okhrana» intenta orientar contra los industriales el descontento que se levanta contra el régimen político; el nuevo ministro del Interior, Pleve, introduce sistemáticamente, en las fábricas, organizaciones obreras dirigidas por agitadores a sueldo de la policía, como el «pope» Gapon. De acuerdo con la voluntad de Pleve, estalló la guerra ruso-japonesa., aue fue desastrosa. Leips de exaltar el nacionalismo ruso, destruyó la moral del país.

Nicolas II de Rusia

Ante el anuncio de la capitulación de Port Arthur, doscientos mil obreros de San Petersburgo, que se habían organizado en sindicato bajo la dirección de Gapon, se declararon en huelga. Gapon cazado en su propia trampa tuvo que presentar al zar una petición , en el curso de una enorme manifestación pacífica, ante el Palacio Invierno, solicitando la jornada de ocho horas, un salario mínimo de un rublo diario y una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal: «Si tú juras aceptar estas demandas, harás a Rusia feliz y célebre, y grabarás tu nombre en nuestros corazones…».

El Domingo Rojo

El Domingo Rojo o Sangriento en 1905

Por toda la ciudad fueron apostadas tropas para bloquear el paso de los manifestantes El zar Nicolás no se encontraba en el palacio en esos momentos; la víspera la familia imperial había abandonado el palacio advertida de los hechos que iban a producirse. Cuando la marcha intentó superar los bloqueos, el tío del zar, el gran duque Vladimir, comandante de la Guardia Imperial rusa, dio orden de abrir fuego y las tropas fusilaron a la multitud. Durante todo el día se repitieron los disparos sobre los obreros desarmados. Al término de la jornada, quedaron en las calles un millar de muertos y más de 2.000 heridos. La clase obrera ya no se dirigiría al zar con respeto, sino con odio de clase.

El domingo, 9 de enero de 1905, millares de obreros, hombres, mujeres y niños, llegados de todos los barrios de la capital, se ponen en marcha hacia el Palacio de Invierno, a la hora fijada, llevando iconos y retratos del zar. Nicolás II y su familia, aterrados, habían abandonado la ciudad la víspera. Los regimientos de la guardia imperial y los de la policía, apostados en todos los puntos estratégicos, esperan a los manifestantes.

En la barrera del Narva, lugar de reunión, las tropas disparan contra la manifestación, que avanza, dirigida por Gapon. Un tremendo pánico se apodera de la multitud ante los nutridos disparos, que nadie, en absoluto, esperaba.

EN 1903 el POPE (clérigo ortodoxo) Gueorgui Gapon creó la Asamblea de Trabajadores Rusos de Talleres y Fábricas que actuaba con el beneplácito de la policía. Él mismo organizó la marcha del 9 de enero y redactó la petición destinada al zar. Tras la matanza del Domingo Rojo, el pope defendió la revolución.

REVOLUCIÓN DE 1905
Aquella criminal carnicería fue la señal para la revolución. Huelgas y saqueos se multiplicaron. La derrota de la flota rusa en las islas Tchushima (15 de mayo), el ejército destrozado y el Japón victorioso precipitan los acontecimientos en el interior.

En junio, los marineros del acorazado «Potemkin» se amotinan en la rada de Odessa y llegan al puerto de Constanza, en Rumania, donde son internados. Es la primera sublevación militar contra el régimen zarista. El 6 de agosto, Nicolás II, influido por Witte, anuncia la creación de una Asamblea Consultiva, la ¿urna del Estado, elegida por sufragio censitario. Pero se reclama un parlamento, y la agitación crece como una riada.

En Moscú, se forma el partido Constitucional-Demócrata, más conocido en la forma abreviada de partido «Cadete». Reúne a la «élite» de los liberales, como el historiador Miliukov, Dolgoruki y Nabokov, partidarios de un sistema parlamentario de tipo inglés. Cuando estallan las huelgas de octubre, las apoyan para conseguir la Constitución prometida por el zar.

En efecto, Moscú da la señal para el movimiento de octubre, con la huelga de los tipógrafos, que organizan un «Soviet» o consejo de diputados tipógrafos. Trotski, llegado a San Petersburgo, generaliza allí el soviet: delegados obreros —uno por cada 500— son elegidos y enviados al consejo central o Soviet, mientras las huelgas se extienden a todos los sectores del mundo del trabajo.

Así, los obreros se aseguran una dirección permanente que coordina y sostiene sus acciones: armas, víveres, boletines impresos, consignas y manifestaciones son controladas por el Soviet. Esta primera experiencia del «Soviet», debido a Trotski y concebida como preludio de un gobierno proletario, no será duradera, pero se reanudará, espontáneamente, en 1917, y será el origen de la Unión Soviética.

La huelga general paraliza la vida del país, y Nicolás II cede y promete explícitamente, en el manifiesto del 17 de octubre de 1905, las libertades ciudadanas y las instituciones parlamentarias que se le reclaman. Es la primera victoria obrera rusa. Pero la tensión no decae: entre los marinos, estallan nuevos motines militares en Krondstadt y en Sebastopol, y se declaran numerosas huelgas, mientras van formándose nuevos soviets como el de San Petersburgo, en Moscú, Kiev, Odessa, Samara, Rostov y Bakú.

La huelga, que había cesado al día siguiente del manifiesto, se reanuda en San Petersburgo, pero el movimiento revolucionario carece de cohesión. De vuelta en Rusia, Lenin aprueba la acción de Trotski, pero sigue en la sombra. El proletariado está agotado por los largos meses de huelga. El ejército, salvo algunos sectores de la Marina, continúa fiel al régimen. Los «cadetes» han retirado su apoyo a la huelga y al Soviet, considerándose satisfechos.

El gobierno recobra su serenidad: Moscú, sublevada, es reconquistada por el ejército. Los miembros del Soviet de San Petersburgo —entre ellos, Trotski— son detenidos y deportados a Siberia. Las revueltas campesinas, que estallan demasiado tarde, son aplastadas militarmente, y las aldeas, incendiadas por expediciones de castigo. A finales de 1906, el movimiento revolucionario está yugulado, pero la represión ha sido terrible y sangrienta: miles de personas han sido fusiladas o muertas a culatazos, e incluso torturadas hasta morir.

EL FRACASO DE LAS «DUMAS»
En cuanto al parlamentarismo ruso, instaurado por el manifiesto de 17 de octubre, se fue reduciendo. Las «leyes fundamentales» promulgadas en abril de 1906, el día de la reunión de la primera duma del imperio, fueron muy restrictivas. El zar conservaba el título de autócrata y todos los poderes en materia de defensa nacional y de diplomacia; en caso de urgencia, tenía derecho a promulgar ukases con fuerza de ley. Una Cámara Alta, el antiguo Consejo del Imperio, coexistía con la duma o Cámara Baja y podía oponerse a los proyectos de ley salidos de la duma. Elegida por sufragio restringido, la primera duma fue considerada demasiado progresista: el partido Constitucional-Demócrata  estaba  ampliamente  representado en ella. Dos meses y medio después, era disuelta.

Estallan algunos conflictos, pero sin éxito, porque los bolcheviques, a iniciativa del georgiano Stalin, habían decidido el «boicot» sistemático de la duma, a pesar de Lenin, y la habían desprestigiado ante el pueblo. El primer ministro,  decidido a ganar las elecciones, contaba con ganar para el régimen a los campesinos, multiplicando la propiedad entre ellos, a los que eximió de la obligación de ser miembros del municipio rural.

Al mismo tiempo, favoreció a la burguesía mediante una audaz política de industrialización y de comercialización. Sin embargo, la segunda duma fue más liberal que la primera: la oposición socialdemócrata y social-revolucionaria apoyó a los «cadetes». La Asamblea se disolvió, poco más de tres meses después.

CREACIÓN DEL PARTIDO BOLCHEVIQUE
La tercera duma se mostró, algo mas dócil, gracias a la nueva ley electoral. Pero, en 1906, en Estocolmo, Lenin consiguió la reunificación de bolcheviques y mencheviques. Al año siguiente, en el Congreso de Londres (abril-mayo de 1907), Lenin triunfó: se nombró el nuevo Comité Central, con mayoría bolchevique.

Muchos de los delegados presentes en aquel Congreso serían en el futuro dirigentes de la Rusia soviética: José Dyugachvili, llamado Stalin, Zinoviev, Rykov, Vorochilov, Kamenev y muchos otros. Máximo Gorki, cuyos libros eran traducidos y leídos en el mundo entero, estuvo presente también.

La política de Stolypin (primer ministro) habría podido ser fatal para el partido socialdemócrata —como Lenin temía, en 1907, a pesar de su triunfo en Londres—, pero fue asesinado en 1911, por un agente que hacía el doble juego en la «Okhrana», antes de ver coronados sus esfuerzos para la consolidación de una clase campesina propietaria y de una burguesía capitalista, únicas capaces de salvar el régimen.

Nicolás II, por otra parte, no había puesto en él su confianza, ni había comprendido nada de aquella política. Tras la muerte de Stolypin, la agitación revolucionaria se reanuda, estallan muchas huelgas, y, en 1912, la huelga en las minas de la «Lena Goldfields», en Siberia, fue cruelmente reprimida.

Las elecciones a la cuarta duma fueron desfavorables al gobierno, a pesar de las enormes presiones que ejerció.

Entre 1912 y 1913, la preparación del primer conflicto mundial, al desarrollar la industria de armamento en San Petersburgo, favoreció el aumento numérico del proletariado en la capital y facilitó la expansión de la propaganda revolucionaria.

En vísperas de la guerra, la situación interior rusa era extremadamente confusa e inestable. Al entrar en el conflicto, el régimen zarista jugó su última carta. Como en 1904, su existencia depende, otra vez, de la victoria o de la derrota.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel

Grandes Tesoros Perdidos El Tesoro de los Zares de Rusia

LOS TESOROS PERDIDOS DE LOS ZARES RUSOS
historia sobre el oro

Tannenberg 26-29 de agosto de 1914: el ejército imperial ruso mandado por Samsonov es rodeado, atacado y aniquilado por los ejércitos prusianos al mando de Hindenburg y Ludendorff. Un año más tarde, el Zar le retira el mando al Gran Duque Nicolás. San Petersburgo (hoy Leningrado) se ve amenazada por el avance alemán.

El mismo Nicolás II, emperador de Rusia, se pone al frente de las operaciones de guerra. Por precaución, el tesoro del Estado es retirado de las cajas del Banco Imperial y transferido a algún lugar más hacia el este. La moral de los soldados se ve profundamente afectada por la retirada, pero más aún por la falta de material y víveres.

El parlamento, <la Duma del Imperio> constata a comienzos de 1915 la situación siguiente: …. Nuestro valeroso ejército, después de haber perdido más de cuatro millones de hombres entre muertos, heridos y prisioneros de guerra, no solamente se bate en retirada , sino que quizás siga retrocediendo. Hemos sabido también las causas de esta retirada que nos produce tanto dolor. Hemos sabido que nuestro ejército, para combatir al enemigo, no dispone de armas iguales y que, mientas nuestro adversario lanza sin descanso sobre nosotros una lluvia de plomo y acero, nosotros no le enviamos como respuesta más que un número muy inferior de obuses.

Hemos sabido también que, mientras nuestro enemigo posee abundante artillería, ligera y pesada, nosotros carecemos casi por completo de esta última. Y en cuanto a los cañones ligeros, están ya tan usados que pronto comenzarán, uno tras otro, a ser inutilizables.» La Duma constata las debilidades del ejército imperial y las subraya para conocimiento del Zar; Rasputín (imagen derecha) , por su parte, bosqueja un cuadro general de la situación aún más sombrío.

He aquí lo que le escribe a Nicolás II en 1915: <Querido amigo: Te lo repito una vez mas. Una negra nube se cierne sobre Rusia: todo son desgracias y sufrimientos sin número; todo es sombrío y en ningún punto del horizonte diviso un rayo de esperanza… Por todas partes lágrimas, un océano de lágrimas… en cuanto a sangre?… No encuentro palabras. Es un horror indescriptible… Sé, no obstante, que todo depende de ti.

Los que desean la guerra no comprenden que es nuestra perdición… Duro es el castigo celeste cuando Dios nos quita la razón, pues se trata entonces del principio del fin. Tú eres el Zar, padre del pueblo. No dejes, pues, que triunfen los insensatos y que el pueblo se pierda con ellos… Venceremos a Alemania, sí, pero ¿qué será de Rusia? De verdad te lo digo: a pesar de nuestra victoria, no habrá habido desde el principio de los siglos un martirio más espantoso que el de Rusia. Se verá sumergida en un mar desangre y su ruina será total.»

En este clima poco propicio para la guerra el Zar se mueve solo. Eso explica su decisión de llevar a lugar seguro el tesoro del Estado. Pero las consideraciones militares, el temor de ver al enemigo apoderarse de la capital, no son las únicas causas que explican la evacuación del Tesoro. Los informes sobre la situación interior no son nada tranquilizadores. Nicolás II parece precaverse a la vez contra un golpe de estado militar y una sublevación popular. (Sobre este aspecto de la situación nos faltan los documentos, que por cuestiones de espacio no lo mencionaremos en esta página)

A los fines de alejarlo del ejercito Nicolás Nicolaievich fue nombrado comandante del ejército del Cáucaso, mientras el Zar en persona se hacía cargo del mando supremo de las fuerzas rusas. También en eso siguió los consejos de Rasputín.

Una mañana de verano, mil millones de rublos-oro toman el camino de Kazán, en el valle del Volga. Diez mil cajas llenas de piezas de oro y otros tantos sacos con divisas extranjeras, decenas de cajas con lingotes de platino y diez cofres de pedrerías, diamantes, esmeraldas y rubíes del Ural y Siberia. El tesoro es puesto a salvo en los sótanos blindados del banco de Kazán. Todavía se encuentra allí cuando en 1917 estalla la revolución bolchevique.

En San Petersburgo, rebautizada con el nombre de Petrogrado al comienzo de la guerra para hacer desaparecer el nombre de origen germánico de la ciudad, la vida se ha hecho tan dura para el pueblo que el descontento aumenta día a a día. La situación es semejante en la mayor parte de las grandes ciudades. La multitud forma colas ante las panaderías con un frío bastante intenso. Tras dos horas de espera, de murmullos, de quejas, cada cliente recibe una libra de pan negro y nada más. Al mismo tiempo cada uno se informa y habla.

A pesar de la vigilancia de la policía, las noticias circulan clandestinamente:

<Esto no puede continuar.»

<Ayer el pueblo forzó las puertas de una panadería.> «El vino sólo está hecho para los “bien vestidos” y los extranjeros.>

<Los tranvías están en huelga.>

El 25 de febrero de 1917 ocurre el primer incidente grave… La policía es desarmada en la explanada Nevski de Petrogrado… La tensión sube, el ejército fraterniza con el pueblo y los soldados se niegan a disparar o a cargar…

El embajador de Gran Bretaña le dice a Nicolás 11: «Señor, Vuestra Majestad debe recordar que el ejército y el pueblo forman un todo y que, en caso de revolución, la dinastía no puede contar más que con una pequeña parte del ejército.>

El 15 de marzo, el Zar se ve obligado a abdicar. Alejandro Fedorovich Kerensky, miembro del partido socialista revolucionario, jefe del grupo laborista y jefe de la oposición de izquierda en la Duma, se conviene en el principal hombre político del gobierno provisional de la república, colocada bajo la presidencia de un viejo liberal, el príncipe Lvov.

Durante ocho meses, el gobierno republicano mantiene a Rusia en la guerra al lado de los aliados. Pero, a excepción de Kerensky (imagen) , los miembros del gobierno provisional son poco populares y poco eficaces. Las repetidas crisis acarrean la dimisión del príncipe Lvov y la toma del poder por Kerensky.

Pero la debilidad del gobierno republicano no permite ninguna acción decisiva. El 7 de noviembre’ los bolcheviques están ya en el poder. En los tres días que siguen anuncian la negociación de una paz inmediata con Alemania y la confiscación sin indemnización de todas las propiedades agrícolas importantes.

Las tierras son distribuidas a los comités agrados y a los consejos de campesinos. Lenin es puesto al frente del Consejo de los comisarios del pueblo. Kerensky escapa en un automóvil de la embajada de Estados Unidos. Antes de marchar al exilio intenta transferir el tesoro del Estado. ¿Pensó acaso hacerlo pasar al extranjero como algunos han escrito? De todas maneras se trata de un tesoro embarazoso.

Está lejos de Petrogrado y Kerensky no tiene elementos seguros, policías o militares, para encargarles el traslado de semejante fortuna; así que Lenin (imagen derecha) lo hereda cuando se hace cargo del poder. Su primer cuidado es el de confiar su custodia a su célebre Tcheka, la policía política. Uno de los agentes de esta policía es nombrado Gossoudarstvenrijbank en Kazán. Conocemos el nombre de este hombre de confianza de Vladimir Ilitch Ulianov, Lenin; se llamaba Popov.

Tenía como misión la guarda del tesoro, pero además, y como consecuencia, la vigilancia del Comisario del Pueblo lovarich Muraviov, miembro del partido socialista revolucionario y que había sido puesto al frente de la región de Kazán. La precaución no es inútil, pues ya llegan a las puertas de Kazán los ejércitos antibolcheviques apoyados por los checos, aliados del Zar en la guerra contra Alemania y reagrupados en Rusia ante el avance alemán y —tras un período de vacilación— hostiles al Kremlin en el que Lenin acababa de instalar su gobierno.

El comisario del pueblo, Muraviov, considera propicia la ocasión. Traiciona a la revolución y se pasa al bando de los «blancos», o sea, de los partidarios del Zar. Intenta proclamar una República independiente del Volga.  Multiplica los mítines y las llamadas al pueblo, que duda. Una tarde, la reunión es más agitada que de ordinario y Muraviov resulta muerto de un balazo por un guardia rojo fiel a Lenin.

Antes de que los checos hayan podido alcanzar el tesoro, llega Ordjonikidzé, nuevo comisario del pueblo en Kazán. Casi al mismo tiempo, en la ciudad de Ekaterinemburgo, al final de una noche de julio, Nicolás II, la emperatriz, el Zarevich, las cuatro princesas de Rusia y una sirvienta son muertos por los disparos de los soldados letones, aparentemente siguiendo órdenes de Lenin y Trotski, a la sazón ministro de Guerra, para que los rusos blancos pierdan «su bandera»… Entre las víctimas, una sombra joven y bella, Anastasia —en ruso Resucitada— de la que no se sabe todavía oficialmente si murió ese día. Nueve días más tarde, el 25 de julio de 1918, los checos entran en la ciudad, pero ya es demasiado tarde. Tiene entonces lugar una entrevista secreta, el 26 de julio. en Simbirsk, entre un coronel de la guarnición checa de Kazán, dueña de la ciudadela y un coronel del ejército blanco, y en ella acuerdan apoderarse del tesoro de los Zares.

La operación es minuciosamente preparada. Comenzará el 1 de agosto. El 2 son atacados los guardias rojos, la ciudad es sitiada y los barcos suben por el Volga. Los socialistas revolucionarios prestan una ayuda considerable. No son «zaristas, pero quieren, como los checos, continuar la guerra contra Alemania. Eso explica que se haya hablado de apoyo francés a los antibolcheviques: el jefe de la misión militar francesa, el general Janin, llegado unas semanas antes a Siberia, tenía como objetivo el facilitar todas las posibilidades de mantener la presión al este de Alemania.

Es, pues, exacto que en este caso preciso sus emisarios alentaron a los checos en su acción. ¿Intentaron liberar al Zar y a su familia? ¿Intervinieron en la concepción del ataque al Banco del Estado de Kazán? El hecho no ha sido nunca establecido con certeza. El 6 de agosto, el ejército blanco se apodera de 8399 cajas de lingotes de oro, de casi 2500 sacos de piezas de plata y divisas en papel, y de una veintena de sacos con piezas de oro. Avisado por un telegrama, el comandante en jefe del ejército blanco, el almirante Koltchak, felicita a sus oficiales.

El 13 de octubre, siguiendo sus instrucciones, el tesoro es transportado a Omsk, repartido en trenes diferentes. Durante el viaje, uno de los vagones vuelca y las piezas de oro ruedan por el suelo. Los oficiales tienen que hacer uso de toda su autoridad e incluso de las amenazas para conseguir que los soldados de la escolta vacíen sus bolsillos. Pero tras este accidente, la noticia no puede permanecer ya en secreto. Todo el ejército sabe que los «blancos, se han adueñado del tesoro del Estado.

Los soldados creen que les será doblado el sueldo. También Koltchak se hace ilusiones: ¿no le abre el tesoro las puertas de Moscú? En contra de lo que piensa, sólo va a complicarle su tarea. Ante todo porque no resiste a la tentación de reservarse el poder para él solo. El 17 de noviembre de 1918 elimina a todos los civiles que intrigan para conseguir los puestos de responsabilidad y establece una verdadera dictadura militar. Franceses e ingleses le apoyan. Bancos del mundo entero le abren créditos bajo la garantía del oro de Omsk. Los Blancos tienen poco armamento; de cada cien soldados, veinte tienen un fusil; los otros tienen que esperar. Ante esa situación Koltcbak gasta cuanto le parece bien, para equipar a su ejército. según cifras oficiales, dos firmas americanas, Remington Arms y Union Metallic Cartridge, ingresan en un solo verano 125 millones de rublos oro. Pero los Rojos no dejarán que los Blancos se armen, para lo cual lanzan una fuerte ofensiva, gracias a la complicidad de los checos que, una vez más, cambian de campo. Pero, anteriormente, Koltchak ha tenido tiempo de cargar el tesoro en tres trenes que van decorados con los signos de la cruz roja. En su recorrido, además de importantes detracciones hechas por Koltchak, desaparecen 60 000 rublos-oro.

Jamás se ha sabido lo que fue de ellos. El 16 de enero de 1920, tras catorce meses de gobierno, Koltchak es hecho prisionero por los Rojos. El 7 de febrero, la Tcheka lo fusila. Pero, hechas las cuentas, el tesoro del Estado ha disminuido prácticamente en la mitad. Lo que queda es transportado a Moscú por orden de Lenin. ¿Qué fue de los sacos de diamantes y los lingotes de oro en el curso de sus diferentes traslados? ¿Fueron quitados de en medio por Koltchak en Omsk?

Un saco de diamantes es encontrado en casa de su amante cuando fue apresada por los Rojos en el último episodio de su aventura… ¿Desaparecieron durante su traslado de Kazán a Omsk? ¿O acaso fueron los checos, vencedores en Kazán, los que se apropiaron de ellos antes de la llegada de los Blancos? A menos que el enviado de Moscú, Ordjonikidzé, tras el asesinato de Muraviov, los colocara en lugar seguro… En este caso, quizás un hombre conoció esta parte del – secreto acerca del tesoro del Estado. Se trata del mejor amigo de Ordjonikidzé, un tal Iossif Vissarionovich Djuagachvii, un georgiano apodado Stalin (imagen derecha) . A menos que no se trate de una de esas coincidencias en las que a veces se muestra tan generosa la Historia.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA
Explica National Geographic en su Colección Grandes Enigmas

«Tras la Revolución de Octubre se tejieron numerosas conjeturas sobre el paradero del tesoro de los zares. Muchas joyas fueron rescatadas y sacadas del país por familiares de los Romanov; otras fueron robadas por los propios soldados que los asesinaron, cuando descubrieron que estaban cosidas a los vestidos de las hijas del zar.

Pero de la parte importante, los lingotes de oro de la reserva, unas 500 toneladas de oro, equivalente actualmente a casi 20.000 millones de dólares, se decía que había sido transportada en tren por orden del almirante Aleksandre Kolchak, líder del Movimiento Blanco que combatía al Ejército Rojo.

Kolchak habría dispuesto en 1918 que la mitad de esas reservas fueran transportadas hasta Tarstan, para alejarlas del peligro rojo y ser utilizadas para comprar armas y continuar la lucha civil. No obstante, no era ese el destino final. Las volvieron a cargar en otro ferrocarril para llevarlas a Irutsk. Pero el tren sufrió un accidente en un puente y sus vagones habrían caído al fondo del lago Baikal, a 1.680 metros de profundidad.«

Tesoros: Huevos de Fabergé de los Romanov

 

Los Huevos de Fabergé Historia de los Huevos Tallados Rusos

Historia de los Huevos de Fabergé
Joyas Talladas de la Familia Real Romanov

La  historia de los huevos de Pascua fabricados por Fabergé, es una historia que recordará a este orfebre como el creador de los huevos preciosos de los zares. Su nombre es Peter Carl Fabergé y puede que sea el orfebre mas famoso del mundo; reconocimiento bien merecido por la maravillosa obra que ha logrado a través de la construcciones de esas obras de arte para la nobleza rusa. Se supone que realizó unos 69 huevos, entre 1885 y 1917, pero actualmente solo se conservan 61; pero otras fuentes sólo confirman unos 56 huevos como máximo.

Fabergé fue encargado de una distinguida joyería de San Petersburgo, y no hace falta decirlo, poseía una habilidad innata  única, que le permitía tallado de piezas, que se transformaron en bellas obras de arte.

Además trabajaba con perlas, piedras preciosas , diamantes, metales y conseguía diseños de los diferentes estilo rusos que se fueron poniendo se moda a través de la historia. Fue nombrado joyero de la corte real rusa, cuando ganó un concurso en una exposición de 1882, y para Pascua de 1883 en Zar Alejandro III le encargó un de estos huevos para su mujer , la zarina María.

Fue tal el asombro y la aceptación que todos los años o bien, cuando se recordaba un hecho especial en sus vida, Fabergé construía un nuevo huevo para la familia. Era de un refinamiento extremado. Estaba hecho de esmalte nacarado translúcido, como el interior de una concha de ostra, y orlado con incrustaciones de oro, de plata y de piedras preciosas.

Todo comenzó en 1884, cuando llegó a San Petersburgo el primer huevo, encargado personalmente por el zar Alejandro III para sorprender a su bienamada esposa, la zarina María.
Este huevo provocaría el asombro general.

Como decíamos antes, esto fue el inicio. Cada año Fabergé tenía que suministrar un huevo a los Romanov, como símbolo de vida y resurrección para la familia imperial. La costumbre se prolongaría durante once años, pero esta tradición no desapareció con la muerte de Alejandro III.

Nicolás II, su sucesor, y su hijo Alejandro, perpetuarían la tradición añadiendo una nueva particularidad a este curioso símbolo: que cada uno albergaría una sorpresa y que dicho contenido quedaría en el mayor de los secretos hasta la apertura del huevo.

Para 1882, cuando el  trabajo de Carl ya era reconocido en todo Rusia, se une al taller otro miembro de la familia: Agathon, el hermano menor de Peter Carl, diseñador de gran talento a quien muchos atribuyen que ese mismo año la casa Fabergé ganara la Medalla de Oro de la Exhibición Pan-rusa, una muestra durante la cual la esposa del zar Alejandro III compró por primera vez una de sus creaciones.

La combinación de estos dos hechos bastó para que el prestigio de la firma se extendiera por todas las cortes europeas, que a partir de entonces no cesaron de hacerle encargos, como el del zar Alejandro III, quien en 1884 solicitó la creación del primer Huevo Imperial de Pascua, una tradición que continuaría su sucesor, Nicolás II.

Gracias a la maestría de sus orfebres y a sus diseños, que en cuestión de estilo transitaban del Luis XVI al Art Noveau, la casa Fabergé recibió en 1885 el título de «Proveedor de la Corte Imperial», y en 1890 el de «Valorizador de la Corte Imperial». Su consagración definitiva le llegaría, sin embargo, con el nuevo siglo, en 1900, al ganar la medalla de oro de la Exposición Universal de París.

Por tanto, en la corte imperial rusa, esperaban cada año aquel huevo simbólico creado por el famoso Fabergé: unos conmemoraban alguna fecha importante, como una batalla victoriosa o la coronación de un zar; otros simbolizaban la llegada a Rusia del ferrocarril o el cumpleaños de una zarina; algunos representaban una escena familiar en el yate imperial o la consagración del zar Nicolás II en la catedral de Uspenky.

Los huevos siguieron llegando cada año a la familia imperial incluso durante la I Guerra Mundial, en cuyo caso, aparecían adornados con una cruz roja o con medallas militares.

Cuentan que la colección estaba compuesta por cincuenta y seis huevos, todos ellos inspirados en el arte bizantino. No obstante, y sin poner en entredicho la versión oficial,  hay investigadores históricos y otra gente muy cercana a la familia, que afirmaba poseer documentos muy fiables sobre los huevos imperiales y aseguraba que eran cincuenta y siete; es decir faltaría uno, en tal caso si creemos en esta versión,… ¿Dónde estaría? ¿Quién se lo quedó? La cifra total ascendía a cincuenta y siete en el momento de producirse la revolución de 1917. Sólo más tarde la cifra fue rebajada a cincuenta y seis. ¿Quién robó el que faltaba? ¿Lenin? ¿Stalin? ¿Trotsky? ¿Sus simpatizantes?

Lo más curioso de todo es el rumor que aseguraba que el huevo en cuestión habría sido hallado por los alemanes durante la campaña de Rusia en 1942 y que formaría parte de los tesoros nazis tan afanosamente buscados tras la liberación. Puede leer también sobre el tesoro nazi desaparecido en este sitio.

Peter Carl terminaría su vida próspero y célebre, pero exiliado. El triunfo de la Revolución, en 1917, lo obligaría a huir de su país: para los soviéticos, su arte estaba ligado a los inaceptables lujos de la Rusia zarista. Su nuevo hogar, Lausana, Suiza, lo vería morir tres años después.

Fabergé usaba una técnica conocida  como guilloché, que consistía en grabar sobre la superficie del material metálico series repetitivas de ondas y estrías que le daba una atractivo especial y de una delicadeza inigualable. Fabergé se mostraba orgulloso de que todas las materias primas que se empleaban en su taller provenían de distintas partes de Rusia. Muchos huevos incluían minerales como el jaspe, la malaquita, el lapislázuli, y el jade.

Oro, diamantes, perlas y esmalte se mezclan en este «Huevo de Catalina la Grande», realizado en 1914. Las imágenes hacen referencia a la pasión por las artes y la literatura que tuvo ese personaje, que reinó en Rusia de 1762 a 1796.

El «Huevo de las Margaritas» en 1896, pertenece a la colección que reunió Malcom S. Forbes, la más grande del mundo en objetos diseñados por Fabergé.

Fuente Consultada: El Enigma de los Tesoros Malditos Richard Bessieré.