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Historia de SANTIAGO DE COMPOSTELA Leyenda del Apostol Santo

Historia de SANTIAGO DE COMPOSTELA
Leyenda del Apóstol Santiago y Las Peregrinaciones

Discípulo predilecto de Jesús, fue testigo de su vida terrena y de su divina humanidad. Después de la Ascensión del Señor, emprendió su viaje apostólico, que le llevó a predicar el Evangelio hasta la Península Ibérica. Su tumba que fue hallado en el año 813 d.C. por un ermitaño llamado Pelagio en el conocido Campo Stellae, en una pequeña necrópolis. Corrió a comunicarlo al obispo de Iria Flavia, Teodomiro quien lo describió como los auténticos restos del apóstol, en una pequeña necrópolis.

La peregrinación era un medio para conseguir el perdón de los pecados o para cumplir una penitencia impuesta tras cometer un pecado grave. Había pequeñas peregrinaciones locales y regionales en las que los creyentes se desplazaban a lugares cercanos, como iglesias y monasterios o a lugares que habían sido visitados por algún santo.

El continuo peregrinar por el camino de Santiago, o la llamada ruta jacobea, tiene una historia de mil años. La Meca de estos peregrinos es la ciudad gallega de Santiago de Compostela, que alberga un misterio sagrado, alimentado tanto por su historia como por la leyenda. Muchos peregrinos han viajado a pie gastando los caminos y levantando polvo de centurias. Hoy todavía hay quienes lo hacen y son muchos los que han incorporado la bicicleta como medio de transporte. Paran en hostales y santuarios a lo largo del hermoso camino.

Muchos son turistas, atraídos por la fama de los paisajes, pero también por la fuerza del mito; otros son deportistas que se prueban a sí mismos, y no son escasos los que lo recorren con la reverencia del antiguo sentido religioso del peregrinaje. Todos ellos tienen algo en común: al llegar al fin del camino, lloran y ríen por haber cumplido la prueba.

El fin del viaje es la plaza de la catedral de Santiago de Compostela. Santiago es el nombre español del apóstol Jacobo, hijo de Zebedeo, hermano de San Juan Evangelista y patrón de España. Junto con Juan y Pedro, contempló la transfiguración de Cristo, de quien era uno de los discípulos predilectos. La leyenda cuenta que Santiago fue decapitado por Herodes Agripa en Jerusalén, en el año 44. Fue así el primer mártir entre los apóstoles.

LA CATEDRAL DE COMPOSTELA

La primera catedral la mandó a construir el rey Alfonso II donde se encontraba un antiguo altar dedicado a Júpiter; sobreviviente de la ocupación romana. Mientras se iba haciendo común la llegada de peregrinos, el santuario fue creciendo y ampliándose poco a poco. Implicó el trabajo de varias generaciones llegar a lo que es, en nuestros días, la catedral de Santiago de Compostela. Su aspecto actual empezó a tomar forma en el año 1078. Una guía del siglo XII, escrita por un francés llamadoPicaud (las guías para viajeros no son un invento reciente), la describe con estas palabras: No tiene ningún defecto, está admirablemente construida, es grande, espaciosa, de dimensiones armoniosas y bien proporcionada en longitud, anchura y altura”. La catedral y su belleza, por lo visto, alcanzaron fama de inmediato, atrayendo, junto con la leyenda, la fe en la tumba de Santiago Apóstol. Fue una tarea de varias generaciones. Por ejemplo, la fachada, a todas luces barroca, fue desarrollada en el siglo XVIII, detrás de ella, el imponente Pórtico de la Gloria pertenece al siglo XII.

QUIEN FUE EL APÓSTOL SANTIAGO: Cuentan las confusas narraciones de los primeros años de la cristiandad que a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y que en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla. Sin embargo con poco éxito y escaso número de discípulos, por lo que decidió volver a Jerusalén.

Cuando regresó a Palestina, en el año 44, fue torturado y decapitado por Herodes Agripa, y se prohibió que fuese enterrado. Sin embargo sus discípulos, en secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación.

Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría tras la travesía marítima, remontando el río Ulla hasta el puerto romano, en la costa Gallega, de Iria Flavia, la capital de la Galicia romana. Allí enterraron su cuerpo en uncompostum o cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.

Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.

LOS PEREGRINAJES: Abraham realizó un largo peregrinaje a la Tierra Prometida, y los cristianos siempre han viajado para ver los lugares por los que pasó Cristo desde al menos el siglo II, cuando Mileto de Sardo realizó un peregrinaje. El visitante más famoso de los primeros siglos fue la emperatriz Helena, madre del emperador Constantino. Pasó dos años en Palestina, entre 326 v 328, v mandó construir santuarios en Belén, en el monte de los Olivos v en Jerusalén. Otra peregrina distinguida fue la abadesa española Egeria (o Eteria), que nos ha dejado nítidos recuerdos de sus viajes por Francia, Italia, Egipto, Palestina y Asia Menor.

En el siglo XI, cuando se empezaba a viajar más tras siglos de caos, el número de peregrinos comenzó a aumentar y continuó en alza hasta la Reforma. Los numerosos lugares que albergaban reliquias de cristianos famosos se convirtieron en centros de peregrinaje; los más importantes eran Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Canterbury.

Los peregrinajes han conservado su importancia entre los cristianos católicos y ortodoxos, y mientras que los protestantes no encuentran beneficios en las visitas a las reliquias, sí viajan a Tierra Santa para caminar v contemplar los lugares por los que pasó Cristo. Para ellos, como para los primitivos cristianos, el viaje físico tiene como objetivo reforzar el viaje espiritual hacia Dios, y el tiempo transcurrido sirve para aprender del pasado.

PEREGRINACIÓN A COMPOSTELLA: Desde hace siglos y en muchas tradiciones, los seres humanos han creído que, ante el dolor de alma o de cuerpo, debían peregrinar hacia lugares sagrados en los que encontrarían la curación para ambos. Esos lugares pueden ser edificios, pero también espacios naturales tan bellos que parecen la residencia de los dioses. Hoy en día, algunos de ellos son realmente famosos y, en cierta manera, turísticos. A ellos acuden curiosos y extranjeros entremezclados con los verdaderos creyentes.

e puede llegar en autocar o en avión, dormir en cómodos hoteles o visitarlos acompañados por un guía. Sin embargo, en la Antigüedad, cuando no existían las carreteras ni los medios de transporte que tenemos hoy, llevaba años y muchos sufrimientos llegar hasta allí. Era parte del sacrificio que los creyentes estaban dispuestos a realizar. Miles de personas de todo el mundo peregrinan cada año no sólo por motivos de salud o tristeza de ánimo, sino también para cumplir una obligación religiosa o una promesa.

COMO NACIÓ LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA: Pelagio era un ermitaño, un hombre religioso y poco amigo de la compañía, aficionado a las chozas y a los insectos como alimento principal, que vivió en el siglo IX y según la leyenda fue protagonista de un auténtico milagro. Ignoramos si Pelagio resultó afortunado por sus continuos rezos y ayunos en su ermita, por no cambiarse jamás de vestimenta y dialogar sólo con los pájaros (tal era la vida usual de un ermitaño y aunque parezca mentira, en aquellos tiempos esta era un carrera prestigiosa que se ganaba el respeto de todos). No sólo el ermitaño Pelagio eligió una ocupación con cierto prestigio o el respeto ganado por su vida piadosa y sacrificada, sino también un destino de leyenda.

Pelagio vio una noche, solitaria como todas sus noches, luces misteriosas en el cielo. Entonces no se hablaba de ovnis sino de mensajes divinos. El ermitaño observó que las luces se desplazaban, señalándole un camino a seguir. Y lo siguió. Caminó un tiempo, no sabemos cuánto, siguiendo las señales luminosas hasta que se detuvieron y titilaron, temblorosas, pero decididas.

Un haz de luz descendió mágicamente, iluminando a Pelagio y lo que había a pocos pasos de él: una tumba de mármol. Pelagio salió de su ostracismo habitual, contando la noticia a cuántos encontró en su camino, alborozado. No tardó en llegar la historia al obispo de la diócesis, el cuál se hizo presente en el lugar de los hechos para ver la tumba, ya con cierta fama milagrosa. El obispo llegó, vio y anunció: es nada menos que la tumba de Santiago apóstol.

El emblema distintivo de laperegrinación a Santiago es la concha que en otro tiempo fue símbolo de Venus, la diosa del amor. Nadie sabe cómo llegó a convertirse en emblema de los peregrinos, pero desde el siglo XII viene apareciendo tallada en las iglesias del camino de Santiago. Este relieve representa la llegada a España del cuerpo del apóstol portado desde Palestina.

Y la noticia corrió como un reguero de pólvora por los caminos españoles hasta que le fue comunicada al rey Alfonso II, quien no tardó en proclamar, emocionado, a Santiago santo patrono de España. Ahora bien, la emoción de Alfonso no excluía el cálculo político, o la visión militar si se quiere: la naciente España zozobraba, amenazada por el ejército moro. Desde la península arábiga, Mesopotamia, Siria, Egipto y el norte de África hasta Marruecos, el Islam se expandía rápidamente y parecía dispuesto a devorar Iberia. Santiago, como patrono, no sólo iba a proteger el reino con sus milagros, sino que también sería un factor de cohesión y de aliento frente al peligro para las huestes españolas, escasas de esperanza para enfrentar a un enemigo que parecía tenerlas todas consigo.

Los soldados se sentían inspirados por leyendas milagrosas que en la desesperación última de entrar en combate los mantenían en pie. Pronto Santiago empezó a demostrar que estaba presente, en los gritos del combate y según algunos relatos populares, en los combates mismos.
Una vez que la noticia del descubrimiento de la tumba del apóstol circuló por España, empezó a conocerla también el resto de la cristiandad y eso propició las peregrinaciones y se inició la historia del Camino de Santiago.

La fiesta de Santiago: Los ciudadanos de Compostela y de las demás poblaciones de la zona celebran con gran fervor la fiesta de Santiago. Desde la víspera, la plaza del Obradoiro, la más majestuosa de España, rebosa de gente, mucha de ella llegada de fuera. Hay bandas de música y desfiles de gigantes y cabezudos, procesiones religiosas y bailes folclóricos. En la medianoche del 24 de julio se quema una mezquita de madera frente a la catedral, en medio de aplausos, fuegos artificiales y más cánticos y danzas.

El día de Santiago tiene lugar el segundo momento culminante de las fiestas, cuando en la misa de la catedral se enciende el botafumeiro: es éste un gigantesco incensario manejado por ocho hombres que oscila a través de toda la nave, al que se le hace describir un inmenso arco que se dibuja desde el suelo hasta el techo.

La celebración es aún más solemne en los años jacobeos, cuando el día de Santiago cae en domingo. Sólo quedan dos de ellos en este siglo, 1993 y 1999, y la ciudad recibirá entonces una afluencia mayor de peregrinos. Al igual que sus incontables predecesores, estos peregrinos habrán seguido la ruta más histórica de Europa occidental para llegar a su destino, aun cuando el origen de la ciudad y de las peregrinaciones continúe envuelto en el misterio.

Lugares célebres de peregrinación
Católicos:
• Lourdes (Francia): en 1858, la Virgen se apareció hasta 18 veces en una gruta de esta localidad.
• Fátima: en 1917, la Virgen se apareció a tres niños pastores en la Cova da Iría, en la localidad portuguesa de Fátima.
• Santiago de Compostela (España): desde la Edad Media, los peregrinos europeos recorren el Camino de Santiago con una concha al cuello y un cayado en la mano para llegar hasta la tumba del apóstol.
• Tierra Santa -para visitar los lugares en que vivió Jesús-.
• Roma: lugar de martirio de muchos cristianos y sede de gobierno espiritual de la Iglesia.

Fuentes Consultadas:
Lugares Misteriosos de Paula Riggeri – Sitio Web: www.red2000.com – La Biblia Explicada Tomo I

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
LAS PEREGRINACIONES RELIGIOSAS

Había pequeñas peregrinaciones locales y regionales en las que los creyentes se desplazaban a lugares cercanos, como iglesias y monasterios o a lugares que habían sido visitados por algún santo. Pero también existían grandes peregrinaciones, como las que se dirigían a Roma (donde residía el máximo representante de la iglesia), a Jerusalén o a Santiago de Compostela, en España, que marcaron la vida religiosa de muchos cristianos. Además fueron una manera de transmitir la cultura y de avivar la economía.

Santa Ursula y sus compañeros llegan como peregrinos a Roma y se presentan ante el popo, pintura de Vittore Carpaccio,
perteneciente al ciclo de a vida de Santa Úrsula (1493-1495).

Los grandes movimientos artísticos, como el románico, se extendieron por Europa a través de los caminos trazados por los peregrinos. Un ejemplo de ello es el llamado «camino de Santiago», que se dirigía desde los Pirineos franceses por el norte de la península Ibérica hasta Santiago de Compostela.

Muchas pequeñas ciudades crecieron gracias a los peregrinos que las transitaban y compraban sus productos, de modo que se avivé el comercio.

La mayor peregrinación que podía realizar un cristiano durante la Edad Media era la de Jerusalén, que lo llevaba a Tierra Santa, a los lugares donde Jesús vivió. Esta visita otorgaba al peregrino el perdón de todos los pecados.

Las rutas jacobeas Tras la invasión musulmana de la península Ibérica, corrió el rumor de que se había encontrado el sepulcro del apóstol Santiago en Galicia.

Pronto comenzaron a aparecer peregrinos que querían visitar la tumba del apóstol y se establecieron rutas desde diversas zonas de Europa hacia el lugar del hallazgo, que llamaron Santiago de Compostela. Jacobo y Santiago son el mismo nombre; por eso al camino de Santiago se le conoce también con la denominación de «ruta jacobea».

En el mapa se aprecia que el camino discurre desde el interior de Europa por todo el norte de España, y está jalonado de iglesias extraordinarias, como la de Santiago. El camino de Santiago es una ruta de peregrinación medieval, pero, dado el fervor popular, se ha mantenido, con mayor o menor vigencia, hasta nuestros días, aglutinando a cristianos de todas zonas de Europa en los Xacobeos o años santos compostelanos.

El objetivo es llegar a Santiago de Compostela, en La Coruña, ya que la tradición defiende que allí se encuentran los restos de Santiago el Mayor, sobre los cuales se edificó la catedral. Los peregrinos pueden optar por tres caminos, el portugués, el aragonés y el francés, que en este orden van del más corto al más largo. La ruta del camino de Santiago es también la ruta del arte y la cultura románica.

Las diferentes peregrinaciones:

El siguiente texto, tomado de las Partidas de Alfonso X, explica los diferentes tipos de peregrinaciones que existían en la Edad Media.

«Romero quiere decir hombre que se aporta de su tierra y va a Roma a visitar los santos lugares en que yacen los cuerpos de san Pedro y san Pablo, y de los otros santos que allí hallaron martirio por nuestro señor Jesucristo. Peregrino quiere decir hombre extranjero que va a visitar el sepulcro de Jerusalén y los otros santos lugares en los que nuestro señor Jesucristo nació, vivió y tomó muerte y pasión por los pecadores; o también que anda en peregrinaje a Santiago r. . .1 Los motivos por los que viajan estos peregrinos y romeros son tres. El primer motivo es hacerlo por propia voluntad y sin obligación alguna. El segundo motivo de la peregrinación puede ser un voto o una promesa hecha a Dios. Y el tercero es por penitencio, para limpiar los pecadas cometidos.»

Descubrimiento Templo Abu Simbel Historia del Traslado de Monumentos

Descubrimiento Templo Abu Simbel
Historia del Traslado de Monumentos

Ramsés II, faraón egipcio al que se dio el sobrenombre de Grande, tenía 18 años cuando ciñó la corona. Pertenecía a una dinastía casi recién llegada al trono de Egipto y que, además, no era de origen divino, ni siquiera noble. Pero eso, lejos de intimidar al joven soberano, más bien le sirvió de estímulo, y se dispuso a emular, con su acción, las hazañas de sus predecesores.

Si Egipto quería ostentar la hegemonía mundial tenía que vencer a los hititas, sus enemigos seculares. En efecto, desde hacía ya tres siglos, cuando el rey hitita Mursil I conquistara la gran Babilonia, demostrando, de una vez por todas, las posibilidades hititas, a cada retirada egipcia correspondía un avance hitita y viceversa.

Para ello se preparó muy bien con vistas al inevitable enfrentamiento, que tuvo lugar cerca de una ciudad llamada Kadesh. Pero no hubo victoria. Faltó suerte, no valor, especialmente el valor de Ramsés, lanzándose casi solo al ataque de las poderosas fuerzas enemigas con la esperanza de abrirse camino para reunirse con el resto de su ejército, fue casi de leyenda.

Tampoco le fue muy bien a los hititas, que sufrieron un duro golpe, podemos decir que la consecuencia de todo ello fue que ninguno de los dos rivales quiso correr el riesgo de un nuevo enfrentamiento, y así, durante casi veinte años, se prolongó la antigua guerra fría, con sólo algunos choques “calientes” de vez en cuando.

No cabe duda de que la casi derrota de Kadesh fue una desilusión para Ramsés; pero en cambio fue la suerte de sus descendientes, pues abrió vía libre a la propaganda del régimen, que debía afirmar, con otros medios, la grandeza que las armas no habían conseguido. En esto el joven faraón resultó un genio, capaz de enseñar a los dictadores modernos. Egipto se vio literalmente cubierto de grandes templos, estelas, construcciones, reconstrucciones, embellecimientos y, sobre todo, de edificaciones colosales, encargadas, financiadas y controladas por el propio soberano.

templo abul simbel

En Tanis, la ciudad de residencia y quizá del origen de la dinastía, se erigió un templo, nuevo y enorme, con decenas de estatuas y una veintena de obeliscos; y más tarde, junto a la vieja ciudad surgió otra nueva y flamante, destinada a convertirse en la capital administrativa de Egipto, en condominio y concomitancia con Tebas.

Esta ciudad se llamó Pi-Ramsés, que quiere decir “Ciudad de Ramsés”. El faraón tuvo en ella una fantástica residencia, conocida como “Excelsa en Victorias”. Cada edifico proclamaba, con su sola existencia, el poder, la gloria y la riqueza del gran rey. En sus paredes se narraba la versión que de la batalla de Kadesh quería Ramsés que se conociera, la  versión que durante tres mi años fue considerada como la única, la verdadera.

Pero entre todas las construcciones que exaltaban la gloria de Ramsés destaca un conjunto de templos, excavados en la roca en la lejana Nubia, donde las arenas del desierto se juntaban con el curso del Nilo nos referimos a Abu Simbel.

Desde sus antiguas paredes, Ramsés habla en primera persona y todavía, después de tres mil años, sus palabras nos transmiten la poesía, la turbación y el furor del joven rey. Salta a la vista la propaganda para sostener a un Rey Sol de hace tres mil años, disfrazando la realidad al decir que Ramsés “tendió la mano de paz marchando hacia el sur”, cuando lo cierto era que se retiró del campo de batalla.

El templo de Abu Simbel no tenía suficientes defensas contra la arena del desierto, que se derramaba sobre él desde la parte superior de la pared rocosa en la que estaba excavado. Así, desde los tiempos más antiguos, una constante y renovada lluvia de arena escondió (y con ello protegió) gran parte de sus estructuras..

Pero nunca desapareció del todo, pese a que en época romana más de su mitad estaba cubierta y, mientras Mahoma predicaba su credo en la vecina península arábiga, la movediza arena lo cubrió casi totalmente. Eso ocurría en el siglo VII de la era cristiana. Sólo las cabezas de las gigantescas estatuas que decoran la fachada continuaron emergiendo, durante siglos, sobre la arena. Dos enormes rostros enigmáticos y olvidados.

El 5 de marzo de 1813 el jeque Ibrahim ibn Adn Allah las descubrió, iniciando con ello un siglo y medio de apasionantes aventuras arqueológicas alrededor de los grandes templos de Ramsés el Grande. En realidad el nombre verdadero de este hombre era Johann Ludwig Burckhardt, nacido en Lausana, en el cantón de Vaud, vástago de una familia de sólidas tradiciones centroeuropeas.

En su opinión estaba constituido por un solo templo, el más pequeño, dedicado a la esposa de Ramsés, la reina Nefertari, que era el único cuyos seis colosos de la fachada se veían fácilmente. Era también el único del cual el explorador, que se documentaba minuciosamente antes de sus viajes, nunca había oído hablar.

Pero fue grande su sorpresa cuando, alejándose por casualidad del objeto de su atención, vio sobresalir de la arena la parte superior de las estatuas del otro templo, aquel inmenso monumento que el faraón había dedicado al dios Ra-Horakhti (y en realidad a sí mismo). En ese momento empezaba la segunda vida de una obra destinada a ser considerada como una de las grandes maravillas de Egipto. Era el 22 de marzo de 1813.

Después del descubrimiento se inició la exploración, la apertura del templo. Empresa que promovió y llevó a cabo, tras diversas vicisitudes, un italiano al servicio de Inglaterra, Giovanni Battista Belzoni, aventurero obstinado, infatigable, pionero de la arqueología, que el día 1 de agosto de 1817 consiguió al fin entrar en el gran templo de Abu Simbel a través de una galería de arena.

Experimentó una gran desilusión al no encontrar ningún tesoro y sí un calor infernal, de más de ciento treinta grados Fahrenheit (cincuenta y cinco grados centígrados), una serie de incomprensibles esculturas en las paredes (los jeroglíficos egipcios todavía no se habían descifrado) y una extraña sustancia negra que cubría el pavimento, parecida a “nieve negra”, y por ello se limitó a escribir en su diario una fría descripción del conjunto; en la pared del templo dejó grabados los nombres de los descubridores.

Después del descubrimiento y después de la apertura vendría la valoración, la limpieza, la restauración y la consolidación, así como los trabajos de contención de la arena para que no volviera a cubrir los templos. Todo ello requeriría, con pausas y reanudaciones en los trabajos, en los descubrimientos y en la atención, un siglo más o menos.

En el período comprendido entre las dos guerras mundiales, Abu Simbel ya había sido excavado, limpiado, defendido y consolidado (lo necesitaba, pues algunas de las pilastras interiores, excavadas en la roca, empezaban a ceder, aplastadas por el enorme peso de la cubierta); pero por encima de todo había sido valorizado corno uno de los las grandes testimonios de la historia del antiguo Egipto. Y todavía faltaba el traslado lejos de su antiguo asentamiento para salvarlo de las aguas; pero ésta, como veremos, es una historia actual, típica de nuestro siglo.

Egipto, decía el historiador griego Heródoto, es el “don del Nilo;”; en una tierra donde prácticamente no llueve nunca, el gran río, con sus inundaciones anuales que aportan limo y agua, es la base de la vida. De ahí que se pensara a menudo en regular sus aguas, canalizarlas para poder aprovecharlas en cualquier época del año. A este deseo normal de los habitantes de Egipto (cuyo número aumentaba sin cesar) nuestra época ha añadido el interés por las fuentes de energía, la explotación del “oro blanco” para producir electricidad.

Existe un punto ideal para bloquear el Nilo con un dique que sirva para dichos fines y este lugar es Assuán, en el valle de la primera catarata, A finales del siglo pasado, los ingenieros ingleses ya construyeron allí una presa que más tarde se amplió. Pero esto significaba que gran parte de los monumentos que allí se encontraban permanecerían cubiertos por las aguas durante la mitad del año.

Era un duro precio que se tenía que pagar a cambio de los beneficios que la presa proporcionaría; pero se hizo, tratando empero de consolidar los monumentos con las más modernas técnicas para que pudieran resistir la forzada inmersión.

Su construcción significaba también la inundación de los templos de Abu Simbel y, casi con toda seguridad, su ruina, porque la arenisca con la que están construidos no hubiera soportado los efectos de la erosión. Eso ya era un crimen contra la cultura, pero que, por otra parte, parecía inevitable.

En pocas semana se organizó una misión de estudio para salvar esas maravillosas construcciones. Expertos franceses, italianos y alemanes fueron enviados a Egipto para estudiar el conjunto, y basándose en sus informes se tomó la decisión definitiva: apelar a los gobiernos y al pueblo de todo el mundo para salvar un monumento cuya pérdida hubiera sido “irreparable para el patrimonio cultural de la humanidad”.

abul simbel traslado de monumento

Encuadre simbólico de los trabajos de salvamento y de restauración, quizá la mayor empresa de este tipo de todos los tiempos: las tres grandes cabezas de Ramsés II depositadas sobre la arena en el intervalo entre la descomposición en grandes bloques numerados del templo y su posterior reconstrucción. Los rasgos del faraón resaltan más de lo normal en esta imagen, sin la falsa barba ritual que los soberanos de Egipto fijaban tradicionalmente en su rostro como distintivo de su dignidad. A la derecha: sugestivo detalle del ojo de una de las estatuas, detalle que será difícil de observar cuando la cabeza vuelva a su sitio.

Y por una vez, la humanidad respondió. En junio del año 1963, después de haber descartado numerosos proyectos (entre ellos el fabuloso de levantar todo el complejo sobre un conjunto de cabrias), se tomó la decisión definitiva: cortar los templos en grandes bloques, de una veintena de toneladas cada uno; elevarlos hasta un nivel que los resguardase de las aguas del lago formado por la presa y reconstruirlos con todo cuidado, de manera que tuviesen una situación lo más idéntica posible a la original. Así, después de treinta y tres siglos, se volvía a trabajar por la gloria de Ramsés.

El SALVATAJE DE ABU SlMBEL
En 1956 Egipto debía controlar las crecidas del Nilo, entonces tomó la decisión de construir la gran represa de Asuán. Esta obra inundaría toda la zona, por lo que varios templos, entre ellos Abu Simbel, quedarían bajo las aguas del actual lago Nasser. Entonces, Egipto acudió a la Unesco por ayuda, y se inició el plan de proteger su historia. Fueron varios los templos y tesoros preservados gracias a la rápida respuesta de las naciones que intervinieron.

Pero, sin dudas, de todas las obras de salvataje, la más espectacular fue la remoción de Abu Simbel. El trabajo consistió en desmontar cuidadosamente cada pieza y volver a armar los templos en terrenos seguros. En el traslado y el rearmado de los monumentos trabajaron más de 3.000 hombres, tardaron cuatro años y se invirtieron 36 millones de dólares.

TEMPLO DE NEFERTARI

templo de nefertari

Cerca del templo de Ramsés II se encuentra el templo de Nefertari. Su fachada reproduce cuatro imágenes de Ramsés II y dos de su esposa Nefertari. Las seis son de igual tamaño, algo que sorprende, ya que los faraones solían representarse a mayor escala. Este templo también está dedicado a Hathor, la diosa del amor y la belleza. Nefertari fue la más amada de las esposas del faraón. El acto de dedicar un templo de semejante magnitud a su esposa es único en la historia de Egipto.

Fuente Consultada: Lugares Sagrados de África