Luis XIV de Francia

Biografia Duque de Vendome Luis Jose General de Francia

Biografia Duque de Vendome Luis Jose

Uno de los generales que más brilló entre los de Luis XIV en el último período de las guerras de este reinado fue Luis José, duque de Vendóme.

Sin tener el talento de Conde o de Turena, supo aprovechar las lecciones de estos geniales estrategas y conducir las batallas según las más depuradas reglas de la escuela francesa.

Aunque no siempre resultó triunfante en el campo de batalla, jamás perdió la sangre fría ni el ascendiente sobre sus subordinados.

Su vida culmina en el gran triunfo alcanzado en España sobre los ejércitos austrobritánicos de la Coalición.

Biografia Duque de Vendome Luis Jose

En Brihuega y Villaviciosa, Vendóme ciñó la corona de España en las sienes de Felipe V.

Descendiente de la más encopetada nobleza de Francia, pues su padre Luis era bisnieto de Enrique IV, Luis José Vendóme nació en París el 1° de julio de 1654. Muy joven, entró en el ejército.

Se distinguió sobremanera en la llamada guerra de Holanda (1672-1679), en la que combatió a las órdenes de Turena, de modo que en 1677 fue nombrado brigadier general y en 1678 mariscal de campo.

Durante un largo período fue gobernador de Provenza.

Después, en la guerra de la Liga de Augsburgo, prestó señalados servicios a Luis XIV, derrotando a los sardos en Marsiglia (1693) y venciendo a los españoles en Cataluña, en cuya región se apoderó de las ciudades más importantes, entre las cuales Barcelona (10 de agosto de 1697).

Estos éxitos dieron gran popularidad a su nombre. En la Guerra de Sucesión a la Corona española, remedió los desaciertos de Catinat y Villeroi en Italia, venciendo a Eugenio de Saboya en Luzzara y Cassano (16 de agosto de 1705).

En 1706 fue enviado al teatro de operaciones de Flandes, donde ejerció el mando directo del ejército bajo el nominal del duque de Borgoña; pero aquí no pudo evitar la derrota de Oudenarde ni la caída de Lilla en poder de los aliados (1708).

Entonces pasó a España, donde la situación militar para los Borbones tampoco era muy favorable.

Gracias a su sangre fría habitual, Vendóme aprovechó el intento de los ejércitos aliados de apoderarse de Madrid, para derrotarlos decisivamente en las acciones de Brihuega y Villaviciosa (9 y 10 de septiembre de 1710).

Antes de poner fin a la guerra española, le sorprendió la muerte en Vinaroz el 11 de junio de 1712.

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Biografia de Juan Jose de Austria Vida y Obra Politica

Biografia de Juan Jose de Austria-Vida y Obra Politica

Juan José de Austria (1629-1679), político y general español, hijo natural de Felipe IV. Conocido en su época como don Juan, el nombre de Juan José procede seguramente de una obra apologética, escrita por su colaborador Francisco Fabro Bremundán.

La persona de Juan José de Austria, vinculada a los hechos más dolorosos de la decadencia del poder español en Europa, fue por unos años centro de las esperanzas mesiánicas de quienes confiaban en él para salvar a la monarquía del desastre que la amenazaba.

Biografia de Juan Jose de Austria
Muerto Felipe IV, aglutinó la oposición de la alta nobleza frente a la política de la reina regente, Mariana de Austria, y sus favoritos Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela. En 1677, marchó con un ejército sobre Madrid e hizo que su hermanastro, Carlos II, le nombrara primer ministro, cargo desde el que inició importantes reformas que no pudo culminar por su temprana muerte.

Como representante de este sentimiento enfermizo del pueblo que ha perdido el Norte de su rumbo, el infante gozó de una popularidad que realmente no merecía ni por sus cualidades ni por su talento.

Pero ante la descomposición del Estado, ante la perspectiva de una larga regencia y de la privanza de un extranjero, los españoles no hallaron otro recurso que acogerse a las posibilidades que les podía brindar el hijo natural de Felipe IV y la Calderona.

Decir que Juan José de Austria no respondió a las citadas esperanzas es referirse a una observación histórica objetiva.

¿Pero quién era capaz entonces de rehabilitar la fortuna de las armas de España frente a los poderosos ejércitos de Luis XIV, apoyándose en un país empobrecido y arruinado por dos siglos de guerras en Europa y de colonización en América?.

Fruto de una de esas aventuras amorosas a que se entregó con harta frecuencia Felipe IV, Juan José nació en Madrid el 7 de abril de 1629 de la famosa actriz María Calderón.

A poco de venir al mundo, su madre se retiró a un convento.

El niño recibió una buena educación, y pese a las dudas que existían sobre su filiación, fue reconocido por Felipe IV en 1642 y beneficiado con el priorato de San Juan en Consuegra.

Recordando en la corte el nombre de don Juan de Austria, el famoso hijo natural de Carlos V, se le invistió muy pronto con misiones de gran confianza.

En 1647, a los dieciocho años de edad, fue enviado a Nápoles para so-
focar la insurrección de Tomás Aniello, lo que logró con el auxilio de buenos generales.

Desempeñó el cargo de virrey de Nápoles de 1648 a 1651, en cuya fecha regresó a España para participar en los últimos hechos de armas de la guerra de Cataluña.

Asistió al sitio y rendición de Barcelona (1651-1652) y combatió con éxito contra los franceses en Gerona.

Estas acciones, en que desempeñó el papel de pacificador, y sus modales simpáticos y agradables, le dieron una popularidad merecida.

En 1656 la corte le nombró gobernador de los Países Bajos, cargo de suma responsabilidad a causa de la guerra que dirimían Francia y España.

En el transcurso del mismo año, obtuvo al lado de Conde la victoria de Valenciennes, en cuya acción demostró innegable arrojo.

Pero dos años más tarde, Turena le derrotaba por completo en la batalla de las Dunas (14 de junio de 1658), triste preliminar de la paz de los Pirineos (1659).

Pese al fracaso de las Dunas, la corte de Felipe IV no había perdido la confianza en Juan José de Austria.

En 1661 se le confió el mando del ejército que operaba en Extremadura contra Portugal.

Al iniciarse la campaña obtuvo éxitos apreciables; pero la ofensiva no progresó debido a su indolencia.

En 1663 era derrotado en Ameixial, de modo muy grave para la causa de España. Este revés fue aprovechado por el partido de la reina Mariana de Austria para perderle.

Desposeído del mando del ejército, se retiró a Consuegra. Aquí se hallaba cuando murió Felipe IV (1665).

Desde este momento se convirtió en jefe del partido de la oposición contra el gobierno del padre Nithard privado de la regente Mariana de Austria.

Aprovechando los descalabros sufridos por España en la guerra de Devolución, redobló sus ataques contra Nithard, hasta el punto que éste decidió poner coto a sus demasías.

Pero don Juan huyó de Consuegra, se refugió en Barcelona, y desde aquí emprendió una verdadera marcha militar sobre Madrid (1669).

El pueblo le aclamaba como salvador de España. Pero a don Juan le faltó decisión y valor; se satisfizo con obtener la destitución de Nithard y con formular unas cuantas admoniciones políticas a la regente.

El 4 de junio de 1669 aceptó el cargo de virrey de Aragón con la esperanza de rehacer su partido, debilitado por sus últimas claudicaciones.

El desgobierno del Estado bajo lo privanzade Valenzuela rehizo el crédito de Juan José de Austria.

A fines de 1677, poco después de la mayoría de edad de Carlos II, fue nombrado ministro universal de la corona, triunfando sobre Mariana de Austria y Valenzuela.

Su período de gobierno fue muy breve, pues murió el 17 de septiembre de 1679 en Madrid.

Sin embargo, aun se vio obligado a firmar la Paz de Nimega (1678).

La muerte le libró de la destitución, medida que hacía prever el rápido desencanto de la gente que le había considerado dotado de poderes sobrenaturales para restaurar España.

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Biografia de Luis XIII Rey de Francia Caracteristicas de su Reinado

Biografia de Luis XIII Rey de Francia

Se suele decir que su gobierno fue el gobierno del mismo cardenal Richelieu. Eclipsado por su primer ministro, el rey Luis XIII no deslumbró ni tuvo un protagonismo como Richelieu. Sin embargo, jugó un papel esencial en el gobierno de Francia, al orientar su reino por la vía del absolutismo.

Hijo de Enrique IV y de María de Médicis, Luis XIII nació en Fontainebleau el 27-9-1601. Recibió la corona con apenas 9 años de edad, por lo que su gobierno fue ejercido por su madre y regente María de Médicis.

Maria de Medicis madre y regente de Luis XIII
María de Medicis, madre y regente de Luis XIII

María era una italiana ignorante, dominada por su camarera Leonora Galigai. Enrique IV la había tenido apartada de los negocios, la reina no conocía Francia.

Dejó que en su lugar gobernara el marido de Leonora, un aventurero, Concini, a quien hizo marqués de Ancre y nombró Mariscal.

Debido a la fragilidad de este gobierno la nobleza y los protestantes lanzaron peligrosos ataques contra la autoridad real. Luis XIII permanecía alejado de la vida política, casi prisionero del bando de los Concinis.

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caracteristicas de su reinado
A Luis XIII el Justo tuvo desde muy temprano una clara ¡dea de su función; a los nueve años de edad afirmaba: «Alegrar al pueblo, temer a Dios, hacer justicia, esa es la función múltiple de Su Majestad».

El primogénito de Enrique IV llegó a ser rey en circunstancias dramáticas, el 14 de mayo de 1610, cuando su padre murió poco después de recibir dos puñaladas.

Como Luis XIII tenía sólo nueve años de edad, su madre María de Médicis aseguró la regencia. La pérdida de ese título en 1614, cuando su hijo alcanzó la mayoría de edad y la nombró a la cabeza de su Consejo, no le impidió continuar dirigiendo el reino en su lugar.

En efecto, ella dejó gobernar a sus favoritos, una pareja de aventureros italianos: su amiga de infancia Leonora Dori, llamada también Leonora Galigai, y su marido Concino Concini, marqués de Ancre.

Los Concini, que pensaban en particular hacer fortuna, eran detestados unánimemente.

En tanto, el rey era ignorado por su madre y obligado a mantenerse al margen del poder.

Tuvo una infancia ruda, sin afecto y con exceso de latigazos, conservando así un carácter tímido e iracundo, neurasténico y suspicaz.

Su vida estuvo marcada por las migrañas, las crisis de angustia, las enfermedades crónicas, que finalmente lo conducirían a la muerte a los cuarenta y dos años de edad.

En su soledad fue sensible a las escasas muestras de atención de un pequeño número de compañeros, de los cuales el más cercano fue Charles de Luynes, que llegaría a ser el halconero mayor del reino.

El joven obispo de Lucon, Richelieu, se dejó engañar por este aislamiento del rey cuando decidió hacer carrera en la corte y desatendió a Luis XIII en favor de la reina madre, María de Médicis.

El comienzo de su reinado estuvo dominado por la agitación de la alta nobleza verdaderos amos en sus provincias. Aprovechándose de una monarquía debilitado por la minoría de edad del rey, éstos no vacilaron en reivindicar los privilegios y rebelarse.

Durante la crisis de 1614 una revuelta aristocrática que desembocó en los estados generales declaraba a su medio hermano César de Vendóme, hijo legitimado de Enrique IV y de Gabrielle d’Estrées: «Sepa que el mayor honor que tiene usted en el mundo es ser mi hermano».

VEAMOS LA HISTORIA DE SU GOBIERNO….

María de Médicis abandonó los proyectos de Enrique IV e hizo la paz con España.

Luego Luis XIII se casó con la hija del rey de España. El príncipe heredero de España contrajo matrimonio con la hermana de Luis XIII.

Los príncipes dejaron hacer al principio. Aprovecharon la debilidad de la regente para hacerse dar gobiernos y pensiones cuantiosas. Se les pagó con el tesoro de Enrique IV.

Cuando se agotó el dinero, obligaron a la reina a reunir los Estados Generales (1614).

Aquella asamblea no fue más que una comedia. El clero y la nobleza disputaron con los diputados de la burguesía.

Un día la Corte mandó cerrar la sala de reunión, con el pretexto de que se necesitaba para dar un baile. Los diputados aguardaron algún tiempo a que se quisiera reunirlos, luego se resignaron a volver a sus casas.

Los calvinistas tuvieron miedo de que la reina, dirigida por consejeros católicos, prohibiera su culto. Tuvieron reuniones y se entendieron con los príncipes, que se sublevaron.

Luis XIII había sido declarado mayor de edad; pero, como su madre conservaba el mando, vivía retirado en el Louvre y se divertía cazando con halcón.

Su halconero, un hidalgo pobre llamado Alberto de Luynes, se ganó las simpatías del joven rey y lo enfrentó contra el favorito de su madre, el mariscal Ancre, quien vivía entre lujo y cortesanos.

Luis XIII decidió desembarazarse del mariscal, pero no se atrevió a hacerle juzgar; un capitán de los guardias del rey le prendió en el momento que entraba en el Louvre y le mató de un pistoletazo.

Su mujer Leonora fue detenida, juzgada y condenada a muerte como hechicera. Se le acusó de haber logrado influjo sobre la reina valiéndose de sortilegios.

María de Médicis fue despedida de la Corte, pero al poco tiempo se reconcilió con su hijo y pudo influir nuevamente.

Luynes gobernó entonces en lugar de Luis XIII, y aprovechó para hacerse nombrar duque y para que se dieran títulos a sus hermanos.

Los descontentos comenzaron y se iniciaron sublevaciones; los había de dos clases. Los príncipes y los señores, que habían sido nombrados gobernadores, se consideraban cada uno dueño de su provincia. Los capitanes que mandaban las plazas fuertes del país eran nombrados por ellos y les obedecían.

Sería muy larga de relatar la serie de intrigas cortesanas, levantamientos sediciosos de la nobleza, traiciones, disturbios de todo orden y de crímenes políticos que llenaron el período comprendido entre 1610 y 1624, en cuyo año decidió el rey, nombrar primer ministro al cardenal Richelieu, que ya ostentaba la dignidad cardenalicia.

Luis XIII, a quien se apellidó el Justo, era de carácter un tanto sombrío y no congeniaba con su primer ministro, a quien tampoco era simpático el rey; pero ambos eran patriotas y el amor a Francia les hizo soportarse mutuamente.

El rey comprendía el valor de Richelieu y éste estimaba imprescindible para el desarrollo de sus planes políticos realzar la persona y dignidad del monarca.

SOBRE EL CARDENAL RICHELIEU: Armando de Richelieu, hijo de un señor del Poitou, había sido educado como noble. Sabía esgrima y montaba bien a caballo.

A los veintiún años fue nombrado obispo de Lucon, un pequeño obispado que se daba a los segundones de su familia. Como muchos obispos de aquella época, no residía en su diócesis, vivía en la Corte.

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El cardenal de Richelieu Armand Jean du Plessis, consiguió poner fin al poder político de las grandes familias de Francia al hacer del rey un monarca absoluto.

Richelieu se decidió a adquirir celebridad. Halagó a la reina y llegó a ser su favorito; la reina le nombró limosnero mayor e hizo que ingresara en el Consejo (1616). Era entonces partidario de la alianza con España.

Cuando la reina perdió el poder, fue despedido (1617). Pero, después de la muerte de Luynes, Luis XIII se reconcilió con su madre, y para agradarla hizo nombrar cardenal a Richelieu, tomándole más tarde por consejero (1624). Pronto le dejó gobernar en su lugar (1626).

Richelieu, que entonces contaba treinta y cinco años, tenía maneras de gran señor más que de sacerdote. Iba a la guerra con traje de gentilhombre y coraza. Sostenía gran número de pajes, de criados, de músicos, y hasta compañías de soldados a caballo.

Tenía siempre en su casa cuatro mesas servidas, una con catorce cubiertos para él y sus amigos, otra de treinta para los gentileshombres y los invitados, y otras dos, mucho más numerosas, para sus pajes, sus lacayos y sus cocineros.

Se mandó hacer en París un palacio, el Palacio Cardenal, que fue más tarde el Palais Royal. Mandó edificar un castillo y toda una ciudad en sus tierras de Richelieu.

Richelieu trabajaba mucho. Hacía que le presentasen los despachos a las tres y cuatro de la mañana y los respondía la misma noche. Dormía de seis a ocho horas, trabajaba toda la mañana con los ministros, y después de la comida del medio día, trabajaba hasta el oscurecer.

Al término de su vida, Richelieu resumió todo lo que había querido hacer.
Richelieu trabajó:

1º, para destruir el partido protestante;
2°, para obligar a los grandes a obedecer;
3°, para disminuir el poder del rey de España y del emperador. Trabajó en esto hasta su muerte y venció en sus tres empresas.

La reina madre intrigaba para destituirlo e inducía a los nobles a la sedición, pero Richelieu supo triunfar a tantas asechanzas, logrando que en 1630 fuese desterrada la reina madre.

En 1632 se sublevó contra él el duque de Montmorency, a quien venció e hizo ejecutar. Posteriormente otros nobles, por instigación de la reina madre, intentaron derribarlo, pero descubiertos, fueron también decapitados.

En cuestión de finanzas no le acompañó la fortuna, pues todo su sistema administrativo consistía en la emisión de empréstitos onerosos y en la imposición de esquilmadores tributos, cuya exacción provocaba disturbios.

En el desempeño de su cargo fue desinteresado, pues no aceptó la pensión que tenía señalada y vivió de sus rentas.

Murió, tras larga y dolorosa enfermedad, en diciembre de 1642.

Pocos meses despúes , en mayo de 1643 falleció Luis XIII, dejando un hijo de cinco años de edad que subió al trono con el nombre de Luis XIV.

Fuente Consultada:

BIOGRAFIAS: Hicieron Historia Tomo I – Rey Luis XIII de Francia – Editorial Larousse


Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro de Luis XIV

Biografia de Colbert Jean Baptiste Ministro del Rey Luis XIV

Juan Bautista Colbert, nacido en 1619, era hijo de un vendedor de paños de Reims que se había enriquecido y había comprado un cargo. Fue empleado en las oficinas del secretario de Estado Le Tellier.

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Hijo de un mercader de paños de Reims — donde nació el 29 de agosto de 1619—educado en la escuela del trabajo, aportó a los altos cargos de la administración pública el espíritu práctico, recto, laborioso v preciso de la burguesía francesa de la época.

Luego entró al servicio de Mazarino, llegó a ser intendente y se dedicó a administrar la enorme fortuna de éste. Aprovecho su posición para empezar a enriquecerse. Mazarino, satisfecho de Colbert, incluyó en su testamento una cláusula en que rogaba al rey se sirviera de él.

Colbert se captó la confianza de Luis XIV, proporcionándole dinero, y le decidió a desembarazarse de Fouquet. Después de haber caído en desgracia Fouquet, Luis XIV nombró a Colbert intendente.

Más tarde (1665) le hizo inspector general de Hacienda y hasta su muerte (1683) le dejó regir el Tesoro de Francia.

Colbert, aun cuando había llegado a ser gran señor, conservó siempre costumbres modestas. Iba al Consejo a pie, sin criado, sin llevar más que un saco de terciopelo negro en que metía sus papeles.

Colbert fue muy trabajador. Pasaba el día entero leyendo papeles, escribiendo despachos y memorias y preparando informes para el rey.

Luis XIV tenía tanta confianza en él que le dio sucesivamente la superintendencia de las construcciones y los cargos de secretario de la Casa Real y de la Marina.

Colbert tuvo entonces en sus atribuciones, la Hacienda, la Marina, las Colonias, la Industria, el Comercio, las Construcciones, las Obras Públicas, las Bellas Artes, la Casa Real.

Reunía las atribuciones de siete de nuestros ministros. Regía todos los asuntos, exceptó los de Guerra, las Relaciones Exteriores y la Justicia.

Colbert pretendía vitalizar el comercio y la industria de Francia, ya por el aumento de la circulación económica general ya por la obtención de materias primas.

En efecto, el desarrollo de la producción industrial y el correspondiente aumento del comercio francés fueron los móviles que él nunca perdió de vista.

Para lograr estos fines, Colbert puso toda la potencia y autoridad del Estado en la reglamentación y desarrollo del comercio, la industria y el trabajo franceses.

Su teoría general descansaba en la obtención de productos nacionales de buena calidad, con los cuales competir favorablemente con la industria extranjera, tanto en los mercados interiores como exteriores.

A este principio obedecen las minuciosas normas dictadas para reglamentar el trabajo y la producción.

El régimen de corporaciones fue generalizado en 1671, pues sólo a través de ellas el Estado podía fiscalizar la aplicación de las disposiciones decretadas sobre la confección y calidad de los productos.

Estas medidas determinaron el nacimiento de una frondosa burocracia. Las diversas ramas industriales existentes recibieron la protección y las subvenciones del gobierno.

Se intentó resucitar las que habían periclitado desde fines del Medievo y se introdujeron especialidades nuevas, como la cristalería de Murano, los tejidos holandeses y los bordados de Venecia.

Colbert dio gran impulso, asimismo, al establecimiento de manufacturas, ya incitando a los productores a asociarse, ya otorgándoles privilegios, honores, monopolios y subsidios.

Así se constituyeron las manufacturas reales, como centros modelos de producción industrial: la de muebles y tapices de los Gobelinos; la de espejos de San Antonio; la de encajes de Reims, Chantilly y Alencon; la de armas de San Etienne; la de cobre de Chálons, etc.

Para proteger esta actividad ante la concurrencia extranjera, Colbert dictó una serie de tarifas protectoras que gravaron los derechos de aduana en la importación de los productos no nacionales.

Algunas veces inició guerras de tarifas, las cuales pronto se transformarbn en verdaderas contiendas bélicas — las únicas preconizadas por Colbert —como en el caso de Holanda y la tarifa de 1662.

Por otra parte, buscó nuevos mercados para la industria, y de la época de su gobierno arranca la fase culminante de la colonización francesa en la India y América del Norte.

A imitación de Holanda e Inglaterra, Colbert favoreció la creación de grandes Compañías por acciones (de las Indias orientales y occidentales, del Norte y de Levante) y estimuló el crecimiento de las marinas mercante y militar. La ordenanza de Comercio de 1673 —- primer código mercantil de la época moderna—, completada por la de marina de 1681, señalan las principales facetas de su actividad legislativa.

Murió en París el 6 de septiembre de 1683. Trabajador incansable, aun había hallado tiempo para proteger el desarrollo de las instituciones científicas (muchas de las academias francesas datan de su época), favorecer a los literatos y artistas del Grand Siécle, embellecer la capital con suntuosos edificios y enriquecerse cumplidamente.

Su sistema fue imitado por muchos Estados europeos en el siglo XVIII, criticado con violencia en el XIX y enjuiciado como lógico y necesario por los historiadores modernos.

La Obra de Colbert

Colbert, que había llegado a ser el principal consejero de Luis XIV, expuso sus ideas en Memorias que entregó al rey (1663-1664).

Creía que el poderío de un Estado depende «la abundancia del dinero». Juzgaba que había en Europa una cantidad limitada de dinero que «rodaba» de un país otro por el comercio. No se podía aumentar la cantidad de dinero en un Estado sino disminuyendo la de los demás.

Los franceses compraban entonces en el extranjero gran parte de los productos fabricados y pagaban en dinero contante, lo que hacía salir el oro y la plata del reino. Colbert creó industrias que fabricasen dichos productos. Empleó tres procedimientos:

1º) Creó manufacturas reales, con directores y obreros pagados por el rey o convenios particulares que concedían monopolios.

2º) Para permitir a los fabricantes vender sus productos más caros, Colbert estableció derechos de aduanas sobre los productos similares procedentes del extranjero. El reglamento, llamado tarifas, de 1664 impuso derechos elevados. Fue lo que se llamó sistema proteccionista. Los italianos le han denominado colbertismo.

3º) Colbert quería lograr que los productos franceses tuvieran en el extranjero buena fama, para que los compradores se resolvieran a adquirirlos. Quiso obligar a los fabricantes a no producir más que artículos buenos.

En las ciudades del Norte de Francia, los obreros estaban reunidos en corporaciones llamadas oficios, cada una de las cuales tenía sus reglamentos que prescribían la manera de trabajar. Mandó hacer más de 140 reglamentos. El reglamento de 1669 fijaba exactamente y al detalle las condiciones en que se debían trabajar.

Si un fabricante no aplicaba el reglamento, era multado según la reincidencia en contravención. Pero los fabricantes se resistieron, y Colbert no logró que sus reglamentos fueran aplicados.

En aquel tiempo en que los caminos estaban empedrados o Menos de baches, se hacía poco comercio por tierra. Para facilitar el tráfico en el interior, Colbert intentó hacer los ríos más navegables.

Entonces se hizo el canal de Languedoc, que permitió ir del Mediterráneo al océano, pasando por Aude y el Ga-rona. Lo hizo un contratista de aduanas, Riquet, al que se dio en cambio la señoría del canal.

Colbert se ocupó sobre todo del comercio exterior. Le irritaba que los navios holandeses llegaran a los puertos de Francia a buscar las mercancías extranjeras. Se había establecido un derecho de cincuenta sueldos (dos pesetas y media) por tonelada a los barcos extranjeros.

Los holandeses pedían a Luis XIV su supresión. Colbert hizo que fuera mantenido. Esperaba que los franceses se resolvieran a construir barcos que impidieran a los extranjeros hacerles competencia.

Los armadores franceses no eran bastante ricos o bastante atrevidos para emprender solos expediciones a los países remotos. Colbert fundó Compañías de navegación, semejantes a la Compañía holandesa de las lndias.

La Compañía de las Indias orientales, fundaba en 1664, debía ser propietaria de todas las islas que ocupase en el Atlántico y el Pacífico, y tener el derecho exclusivo de comerciar en las Indias. Se construyó un puerto que tomó el nombre de la Compañía, se llamó L’Orient.

La Compañía de las Indias occidentales, establecida en el Havre, debía tener el comercio y el gobierno de todas las colonias de América y de la costa occidental de África, y una prima por cada tonelada de mercancías exportadas e importadas.

Más tarde se creó una Compañía del Norte, en Dunkerque (1689), para el tráfico del mar del Norte y del Báltico, y una Compañía del Levante, en Marsella, para el Mediterráneo.

Estas Compañías no pudieron pagar dividendos y pronto quedaron arruinadas. Pero el número de barcos franceses se duplicó desde 1670 a 1683.

Como Colbert encontró la marina de guerra deshecha mande construir dos flotas, una en el Mediterráneo, otra en el océano.

En el Mediterráneo, los barcos eran galeras largas y bajas, movidas por remos enormes de 12 metros de largo. Se necesitaban cuatro o cinco hombres para cada remo.

Los remeros, condenados a galeras, iban sujetos con cadenas a los remos.

Los guarda-chusma, armados de látigo, estaban en el medio y azotaban |a espalda de los hombres para que remasen más fuerte.

Como se necesitaban muchos remeros, Colbert recomendaba que se condenase la más gente posible a galeras. Se hacía así con los criminales, los contrabandistas, los alborotadores, los vagabundos, los mendigos.

Más tarde se condenó también a los protestantes que intentaban salir de Francia. Se retenía indefinidamente a los condenados a galeras, aun cuando hubiera pasado el tiempo de la condena.

En el océano, los barcos eran fragatas o navios de línea, de puente alto, armado con dos o tres filas de cañones superpuestos. Tenían tres palos y navegaban a vela.

No podían entrar más que en los grandes puertos, en Brest o en Tolón. Colbert mandó construir un puerto de guerra nuevo en Rochefort, en el Charente.

Para tener marinos, Colbert creó un servicio obligatorio. Todos los marinos de la costa de Francia, dedicados al comercio o a la pesca, fueron inscritos y divididos en cinco clases (o tres, según las regiones). Cada clase debía servir de tiempo en tiempo en los barcos del rey.

Además, se podía hacer embarcar a todas en caso de necesidad. En cambio, los inscritos percibían sueldo y un pequeño retiro. Este régimen, llamado matrícula de mar, se ha conservado hasta nuestros días.

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Biografia de Madame de Maintenon Marquesa Amante del Rey

Biografia de Madame de Maintenon

Françoise d’Aubigné, marquesa de Maintenon (1635-1719), noble francesa, segunda esposa de Luis XIV, rey de Francia, nacida en Niort.

Madame de Maintenón desempeñó un papel importantísimo en los últimos años del reinado de Luis XIV de Francia.

En 1651, se casó con el novelista francés Paul Scarron. Tras la muerte de éste, en 1660, pasó a ser la institutriz del hijo ilegítimo de Luis XIV.

En 1674 se convirtió en amante del Rey y compró la finca de Maintenon, que pasó a ser un marquesado en 1678.

Biografia de Marquesa de Maitenon

Favorita y luego amante del Rey Sol, fue vivamente atacada por cuantos resultaron perjudicados por este monarca: los hugonotes, los príncipes y los intrigantes de toda clase.

También la perjudicó el triste declinar de la grandeza de su regio consorte. Pero la moderna crítica histórica plantea la vida de la marquesa de Maintenón desde otros puntos de vista.

Nacida en la prisión de Niort el 17 de noviembre de 1635, donde estaba encarcelado su padre, Constante d’Aubigné, a causa de su calvinismo, Francisca fue bautizada católicamente, pues su madre era ortodoxa.

Su juventud transcurrió en la Martinica (Antillas); muerto su padre, regresó con su madre a Francia. En esta época experimentó una profunda crisis religiosa, que resolvió a favor del catolicismo gracias a su tía, madame de Meuillant.

Protegida del caballero de Mere, empezó a hacerse notoria en los salones de la capital por su cultura literaria. En 1657 contrajo matrimonio con el poeta Scarrón, del que fue más enfermera que esposa.

Habiendo enviudado en 1760, continuó percibiendo una pensión de la corte.

Desde esta época puso especial empeño en mantener una conducta moral irreprensible. En 1669 madame de Montespán, favorita de Luis XIV, le confió la educación de los bastardos que había dado al rey.

Este encargo la aproximó a la corte, de la que entró a formar parte en 1674, después de la legitimación de sus dos educandos. Por esta época adquirió los estados de Maintenón, de los que recibió el título marquesal en 1678.

En los cuarenta y tantos años de su vida se inician sus relaciones amorosas con Luis XIV. Madame de Maintenón logró desplazar a la de Montespán y constituirse en la favorita privilegiada del monarca.

A la muerte de María Teresa de Austria, Luis XIV le dio el rango de primera dama de la corte después de la esposa del delfín, y probablemente en el invierno de 1685-1686 se casó con ella ante el arzobispo de París.

Este matrimonio robusteció su influencia; pero ni el monarca era hombre para dejarse gobernar, ni la Maintenón lo indiscreta para imponerse a su esposo. Su injerencia en los negocios públicos fue moderadora y más notable en los detalles que en las grandes líneas de gobierno.

Se preocupó de modo especial de mantener en la corte una severa moralidad de costumbres.

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En 1686 fundó el instituto de Saint-Cyr para la educación de las jóvenes francesas. Para este centro compuso algunas obritas cuyo principal tema es el honor y la reputación. Como escritora es correcta, pero fría.

En los postreros años de la vida de Luis XIV, intrigó para que la regencia de Luis XV fuera confiada al duque de Maine. Sin embargo, a la muerte del monarca se impuso el duque de Orleáns. Entonces, la Maintenón se retiró a su instituto de Saint-Cyr, donde murió el 15 de abril de 1719.

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Formacion de Grandes Feudos en Francia

Historia de la Formacion de Ducados y Condados en Francia

DESMEMBRACIÓN DEL REINO DE FRANCIA EN GRANDES FEUDOS
Desde los tiempos de Carlomagno había en cada comarca un jefe de guerreros, encargado por el rey de gobernarla, por lo común con el título de conde.

Cada conde regía una ciudad, casi siempre cabeza de una diócesis, con su territorio llamado condado.

En las fronteras los jefes tenían un territorio mayor y se llamaban duques.

El rey no nombraba condes o duques más que a grandes propietarios que tenían a su servicio una tropa de caballeros, era preciso que fueran bastante fuertes para hacerse obedecer.

Cuando un conde o un duque dejaba al morir un hijo, el rey generalmente se veía obligado a nombrar a este hijo en su lugar.

Pero, para mostrar que el nuevo conde o duque era un funcionario al servicio del rey, debía personalmente presentarse al monarca y jurar serle «fiel», ceremonia que se llamaba homenaje.

De esta suerte los condes o duques eran los fieles o los hombres del rey que habían jurado obedecerle.

El ducado o el condado que cada uno debía regir se consideraba como un dominio que el rey le había dado para disfrutarle vitaliciamente, y a esto se llamaba dar en feudo.

He aquí por qué los condados y los ducados fueron llamados los grandes feudos.

En el siglo X se había establecido la costumbre de considerar los condados y los ducados como una herencia que el padre trasmitía a sus hijos. Los grandes feudos se habían hecho hereditarios.

Como los reyes de Francia habían distribuido todas las provincias entre los duques y los condes, ya no tenían territorios en los que fueran verdaderamente dueños.

El año 946, el rey Luis IV decía al duque Hugo: «Has ocupado Reims, me has quitado Laon, no disponía más que de estas dos ciudades para mi retiro. Mi padre ha sido preso y encerrado, no ha sido libre sino al morir. De la monarquía de mis antepasados ya no queda más que la sombra».

Entonces el reino de Francia se vio desmembrado entre las familias de los condes y de los duques. No había tantos como condados, porque las familias más poderosas había reunido varios condados.

En su territorio el conde o el duque tenía los mismos poderes que el rey, y como ya no obedecía al rey de Francia, era en realidad a modo de rey en pequeño y su territorio un verdadero Estado.

Pero varios de ellos tenían por bajo otros condes que les juraban fidelidad como ellos la juraban al rey, y que les obedecían mejor que ellos obedecían al monarca. He aquí por qué no es fácil hacer la lista de los grandes feudos entre los que se repartía el reino de Francia.

Si no se cuentan más que los duques y los. condes fieles al rey, se encuentran menos de veinte. Hay más de treinta,, si se cuentan también los vasallos de los duques y de los condes.

Todo el norte de Francia, hasta el Loire, pertenecía a seis grandes familias:

1º) El condado de Flandes ocupaba todo el territorio comprendido desde el Escalda hasta el Somme, y no era más que un país selvático en el que no había más ciudades que Arras;

2°) Desde Flandes a Bretaña se extendía el ducado de Normandía, trasmitido a los descendientes de Rollón. Era el más poderoso de todos. El duque era mejor obedecido por sus subditos que ningún otro príncipe de Francia. Les había prohibido hacerse guerra unos a otros;

3º) El ducado de Bretaña pertenecía a una familia de guerreros celtas que habían adoptado el título de rey de Bretaña. Como los piratas daneses había destruido aquel reino, los duques se habían refugiado en el territorio donde se hablaba francés, en Nantes y habían venido a ser príncipes franceses. El país estaba, y ha persistido, dividido en dos partes; la Bretaña bretona, a occidente, donde se habla celta, la Bretaña francesa, al este, Rennes y Nantes;

4º) A lo largo del Loire la familia de los condes de Blois había reunido la comarca de Blois, la Beauce y la Sologne;

5º) El condado de Champagne se extendía por la gran llanura del Mame;

6º) En el Loire los condes de Anjou, establecidas en un principio en Angers, habían adquirido la Turena y el Maine y se batían con sus vecinos de Normandía y de Bretaña.

Todo el resto del territorio al norte del Loire estaba dividido. La familia más poderosa, la del duque Hugo, dueño de París, iba a ser la familia real de Francia (la comarca se llamó más tarde Isla de Francia).

El territorio comprendido entre París y el Somme, donde había muchos obispos (Laon, Beauvais, Soissons, Noyon, San Quintín, Amiens), iba a llamarse Picardía (país de los picardos), lo cual quiere decir probablemente hombres armados con la pica.

Del lado del este, !a comarca del Saona formaba el ducado de Borgoña. El duque tenía por vasallos a varios condes, cuyo territorio se extendía por todas partes (Nevers, Auxerre, Sens, Chalon-sur-Saone, Macón).

Pero no tenía sobre ellos gran poder y, aun en su ducado, era muy poco obedecido.

Al sur del Loire, el territorio más grande de todos era el ducado de Aquitania, que llegaba desde el Loire hasta el Gironda. Pero el duque de Aquitania no poseía realmente más que el país más cercano a la costa, la Guyena, es decir, la comarca de Burdeos, el Saintonge y el Poitou.

Todo lo demás (la Auvernia, el Périgord, Angulema, la Marche), hasta las montañas del centro de Francia, pertenecía a condes vasallos del duque de Aquitania, pero por entero independientes.

Al sur de Gironda, hasta los Pirineos, se extendía el ducado de Gascuña país de los gascones. Pero como los duques tenían la costumbre de dividir sus bienes entre sus hijos, el ducado se había repartido entre varias familias que ostentaban por lo común el título de vizconde.

Toda la comarca comprendida desde el Garona hasta el Ródano, que hoy se llama Languedoc, dependía del conde de Tolosa; pero éste no era dueño más que en el condado de Tolosa. El resto era de sus vasallos (condes de Rodez, de Carcassone; vizcondes de Albi, de Béziers).

A ambos lados de los Pirineos, a orillas del Mediterráneo, el condado de Barcelona era todavía un feudo del reino de Francia. Tenía casi todo su territorio al sur de los Pirineos, en Cataluña, pero también un trozo al norte, el Rosellón, donde hoy todavía se habla catalán.

El reino de Francia no pasaba del Ródano y de la llanura del Saona. Ei territorio situado más allá (Provenza, Delfinado, Saboya, Franco Condado), formaba parte del reino de Arles.

En cada uno de estos países, el duque o el conde era un príncipe independiente y hereditario. Francia estaba de esta suerte dividida en pequeños Estados.

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Biografia de Felipe IV de Francia Caracteristicas de su Reinado

Biografia de Felipe IV de Francia – Su Reinado

FELIPE IV: Felipe III, hijo de San Luis, reinó quince años (1270-1285), rodeado de los consejeros de su padre, que gobernaron en su nombre.

Su hijo, Felipe IV, llamado el Hermoso, (no confundir con Felipe I de Castilla) reinó treinta años. Era alto, guapo, blanco y rubio, robusto, aficionado a la bebida y a la caza.

No hablaba casi y se dejaba llevar de las gentes que le rodeaban. Uno de sus enemigos decía: «Nuestro rey se parece al gran duque, el más lindo de los pájaros, pero también el más estúpido. No sabe más que mirar fijamente sin decir nada. No es hombre ni animal, es una estatua».

biografia de felipe IV de francia
Miembro de la dinastía de los Capetos, Felipe IV de Francia, llamado el Hermoso (Fontainebleau, 1 de julio de 1268 – 29 de noviembre de 1314), fue rey de Francia y de Navarra. Fue el segundo hijo del rey Felipe III el Atrevido y de su primera esposa Isabel de Aragón.
Lo apodaban «El Rey de Hierro», por su personalidad rígida y severa.
Contrajo matrimonio con la reina Juana I de Navarra el 14 de agosto de 1284 en la catedral de Notre Dame, en París.

Las personas que le dirigieron fueron su hermano, su esposa, su hija, y, sobre todo, sus consejeros. Estos no eran señores habituados a hacer la vida del caballero, sino abogados, legistas, casi todos gentes del Mediodía que habían estudiado derecho en las Universidades.

Felipe pasó casi todo su reinado haciendo guerra, primero contra el rey de Inglaterra al cual quería quitar la Guyena, luego contra Flandes, que intentó conquistar. La guerra de Guyena (1293-1298) no tuvo resultado y Felipe se decidió a hacer la paz (1299).

En Flandes.. un ejército de caballeros franceses fue aniquilado en Courtray (1302) por los infantes flamencos armados con picas, y la guerra duró hasta el final del reinado.

RECURSOS FINANCIEROS
Para estas guerras, el rey tuvo necesidad de mucho dinero. Empezó por obligar a los ricos burgueses a prestarle sumas que no siempre devolvía; pero les daba a elegir entre prestar o partir para el ejército. Luego estableció un impuesto sobre todas las ventas.

El pueblo llamó inmediatamente a esta contribución la maltote (mal impuesta) y en algunas ciudades hubo motines.

Luego se impusieron tributos a todos los habitantes del reino, calculados unas veces sobre el capital, el 1 ó 1 y medio por 100, otros sobre la renta, una vigésima, una décima, un quinto. Todos los años se imponían estos tributos a los que no iban a la guerra.

Luego se ideó otro procedimiento, y ahora se contaba entonces por libras, sueldos y dineros, 12 dineros componían un sueldo, 20 sueldos una libra, pero no era más que una manera de contar; no había moneda de una libra o de un sueldo.

Había un escudo de oro, llamado agnel porque llevaba grabado un carnero, que valía 12 sueldos y medio en tiempo de San Luis, y un tornes gordo, que valía un sueldo.

Pero como esta moneda no llevaba grabada ninguna cifra, el rey podía consiguientemente decir cuántos sueldos representaba el escudo de oro o el tornes.

Hasta entonces se habían acuñado monedas con metal casi puro, en que no entraba más que un 1/25 de aleación.

Al marco de plata, que valía realmente 54 sueldos, se atribuía un valor de 58, siendo por tanto pequeño el beneficio.

Los consejeros de Felipe el Hermoso se decidieron a aumentar el beneficio aminorando el valor intrínseco de la moneda.

Se hicieron piezas que contenían más cobre y el rey se quedaba con el oro o la plata que se ponía de menos en ellas.

Durante más de diez años se disminuyó de esta suerte el valor de las monedas, tanto que en 1303 una moneda de oro que en tiempos de San Luis sólo habría valido 21 sueldos y medio, equivalía a 60 y medio.

Las gentes que debían dinero podían pagar su deuda con la tercera parte de lo que habían recibido y sus acreedores perdían los dos tercios.

Además, como cada moneda había disminuido de valor, los comerciantes exigían por los artículos un precio más elevado, lo cual perturbaba todas las transacciones.

Pero la perturbación fue todavía mucho mayor cuando el rey, habiendo hecho la paz, quiso volver a la buena moneda. Declaró que las piezas acuñadas desde 1295 no valdrían sino con arreglo a la cantidad de plata que contenían.

Entonces toda la moneda nueva perdió dos tercios de su valor, y el tornes, que valía tres sueldos y cuarto, no valió más que tres cuartos de sueldo. Los burgueses, propietarios de casas en París reclamaron a sus inquilinos para que pagasen en buena moneda.

Los inquilinos, a los que se pedía tres veces más de lo que debían, se amotinaron. Los especieros, los tejedores, los taberneros, saquearon la casa de un rico burgués a quien se acusaba de haber decidido al rey a restaurar la buena moneda. Rajaron los almohadones, desfondaron los toneles y se bebieron el vino.

Luego la multitud, armada con palos, fue ante la casa fuerte donde el rey estaba con sus consejeros, la cercaron y arrojaron al lodo todo cuanto se llevaba para el rey. Cuando el motín hubo terminado se encerró en prisiones a mucha gente y se ahorcó a 28, en cuatro árboles, delante de cuatro puertas de París.

Aquel mismo año (1306), se prendió un día a todos los judíos del reino. Se confiscaron todos sus bienes, se vendieron todos cuantos objetos preciosos poseían, alhajas, anillos, copas de oro y plata.

Se apoderaron de sus libros de cuentas y en ellos se vieron los nombres de los cristianos que les debían dinero, y se les obligó a pagar al rey todo lo que ellos debían a los judíos expulsados.

CONFLICTO CON EL PAPA: Felipe el Hermoso había obligado a los obispos y a los abades de su reino a pagar los tributos correspondientes a ios dominios de sus iglesias.

El Papa Bonifacio VIII, reclamó y prohibió a los eclesiásticos franceses. Era regla entonces que los bienes de la Iglesia debían estar libres de tributos (1296).

Se reconcilió no obstante con el rey. Pero, pocos años más tarde se inició otra disputa a propósito del obispo de Pamiers, al cual Felipe había mandado prender por hablar mal del rey (1301).

Bonifacio ordenó al rey que dejase libre al obispó para que fuera a justificarse a Roma. Le envió una bula (se llamaba así a las cartas del Papa) en que censuraba por haberse apoderado de los bienes de las iglesias y alterado el valor de la moneda y le anunciaba que iba a reunir un concilio en Roma.

Los consejeros de Felipe inventaron entonces, en iugar de la bula, una cartita muy insolente y la hicieron correr como si fuera la bula del Papa.

Luego el rey convocó en París una Asamblea de sus subditos. Un consejero del rey les refirió la historia a su manera y se hizo que los nobles escribieran una carta en que se censuraba al Papa por querer oprimir al reino de Francia.

Bonifacio se molesto por aquella falsificación, se incomodó con Pedro Fiotte, el principal consejero del rey, y dijo: «Será castigado en lo espiritual y en lo temporal».

Pocos días más tarde, Fiotte era muerto en la batalla de Courtray, y ello se atribuyó a castigo de Dios.

Felipe intentó excusarse y el Papa le respondió que reparase lo que había hecho, que en caso contrario sería excomulgado. Entonces el nuevo consejero de Felipe, Guillermo de Nogaret, le decidió a tomar la ofensiva haciendo prender al Papa para que le juzgase un concilio.

Hizo que se le encargase de una misión secreta que le daba derecho a entenderse en nombre del rey «con toda clase de personas para cualquier especie de alianza».

Con objeto de tener un pretexto para citar a Bonifacio a juicio, Nogaret le acusó de crímenes imaginarios.

En presencia de los señores y de los obispos reunidos en París, el rey hizo leer un acta en que se enumeraban los siguiente crímenes: «Bonifacio no cree en la inmortalidad del alma, porque dice: «Preferiría ser perro a ser francés», lo que no diría si creyera que los franceses tienen alma inmortal. —Tiene en su casa un demonio al cual pide consejo. —Ha hecho matar a varios eclesiáticos. —Ha hecho matar a su predecesor, etc.»

El rey proponía que se hiciera comparecer al Papa ante un concilio. Escribió a los otros reyes para decidirles a ello.

Mientras tanto, Nogaret en Italia, reunía una banda de hombres de guerra mandada por un enemigo del Papa, Colonna. Bonifacio estaba entonces en su ciudad natal, Anagni, en la montaña, y se preparaba a hacer pública la excomunión de Felipe el Hermoso.

El 7 de septiembre de 1303, al amanecer, Nogaret, a la cabeza de su banda y llevando el estandarte de flores de lis de oro del rey de Francia, entraba bruscamente en Anagni.

Los sobrinos del Papa y sus sirvientes, despiertos al ruido, impidieron el acceso a la casa, á la que la tropa de Nogaret prendió fuego tomándola luego por asalto, Bonifacio, que había quedado solo, se había sentado en su cámara, revestidos los hábitos pontificios, la tiara a la cabeza, en las manos las llaves de San Pedro.

Colonna, que había entrado el primero con sus hombres, espada en mano, le tomó del brazo y quiso darle muerte. Bonifacio le dijo en italiano: «He aquí mi cuello, he aquí mi cabeza». Nogaret llegó y pronunció un discurso ordenando al Papa que convocase a concilio que le juzgase. Mientras tanto le guardaba prisionero.

Bonifacio permaneció sin hablar y se negó a comer. Al tercer día los habitantes de Anagni tomaron las armas, gritando: «¡Viva el Papa! ¡Mueran los extranjeros!. Pero Bonifacio no se repuso de aquella emoción y murió el 11 de octubre.

Su sucesor se disponía a hacer condenar a Nogaret y a Colonna por sacrilegio cometido en la persona del Papa, cuando murió de pronto (envenenado quizá) el 7 de julio de 1304.

Los cardenales dejaron pasar cerca de un año sin ponerse de acuerdo para elegir Papa.

Por último (1305), eligieron a un obispo francés, Clemente V, que no se estableció en Roma. Permaneció en Francia y pocos años más tarde se instaló en Avignon. Desde aquel momento el Papa no tuvo defensa contra el rey de Francia.

PROCESO DE LOS TEMPLARIOS:  La orden de los Templarios, expulsada de Tierra Santa por los musulmanes, poseía en Europa, en Francia principalmente, grandes dominios.

Tenía en su tesoro mucho dinero, porque servía de banquero a los príncipes. En París el Temple era una fortaleza, a donde el mismo rey enviaba su dinero para que estuviera seguro.

Desde que se había perdido Tierra Santa los templarios ya no tenían qué hacer. Se les censuraba el ser con exceso ricos, holgazanes y borrachos (hoy se dice todavía, «beber como un templario»).

La regla de la Orden era secreta, los novicios eran admitidos por una Asamblea secreta que se celebraba de noche en una sala guardada por centinelas. La gente imaginaba que allí ocurrirían cosas extrañas, que se adoraban ídolos.

Felipe había sido durante mucho tiempo amigo de los templarios. Pero necesitaba dinero y los templarios tenían mucho. Pidió, pues, a Clemente V que aboliera la Orden, con objeto de apoderarse de sus bienes, so pretexto de que los templarios cometían diferentes clases de crímenes. El Papa no accedió a ello.

El 13 de octubre de 1307, y en ese mismo día, todos los templarios fueron detenidos como herejes por orden del rey y todos sus bienes fueron confiscados.

Luego un manifiesto, redactado por Nogaret, fue leído públicamente en París, en el jardín del rey. Enunmeraba los crímenes atribuidos a los templarios.

Inmediatamente los inquisidores empezaron el interrogatorio de los templarios presos. Había de someterles a tormento para que confesasen sus crímenes y hacerles escribir su confesión.

Los templarios fueron interrogados durante un mes en París, ante los frailes inquisidores, los consejeros del rey, los escribanos y los verdugos. Los que no querían confesar eran atormentados.

Murieron por el tormento 25. Los restantes fueron encerrados en calabozos oscuros y húmedos y sometidos a pan y agua. Se quería obligarles a confesar que el día de su admisión en la Orden habían renegado de Cristo y escupido la cruz, y que en las casas del Temple había un ídolo que adoraban.

La mayor parte confesaron todo lo que los verdugos quisieron hacerles confesar.

El Papa se quejó de que el rey mostrase contar con su aprobación para aquel acto de fuerza. Pero cedió y ordenó a los demás príncipes que prendieran a los templarios que hubiera en su reino.

Luego, recobrando el valor, citó a los templarios para que comparecieran ante su tribunal. Nogaret entonces le amenazó, dijo que era peor que Bonifacio, que se había dejado comprar por los templarios para protegerlos. Clemente V tuvo miedo, cedió otra vez y convocó un Concilio general en Viena (de Francia) para decidir la supresión de la Orden (1308).

En tanto, por espacio de dos años, los inquisidores y los obispos siguieron los procesos contra los templarios acusados de herejía.

Una comisión nombrada por el Papa estaba en París para examinar las acusaciones contra la Orden.

Varios templarios refirieron cómo se les había forzado a confesar crímenes imaginarios. Uno de ellos dijo «que se les habían atado las manos a la espalda, tan fuertemente que la sangre brotaba de las uñas; que luego les habían metido en una fosa». Decía: «Si otra vez se hace, volveré a decir cuanto quieran.

Estoy dispuesto a sufrir cualquier suplicio siempre que sea corto. Que me corten la cabeza, que la pongan a cocer. Pero no puedo soportar suplicios como los que he sufrido de dos años a esta parte».

Los templarios, citados ante los comisarios del Papa, habían recobrado el valor. 546 declararon que querían defender a su Orden, y los procuradores encargados de su defensa redactaron un mensaje en que se demostraba que los crímenes eran imaginarios.

Entonces los consejeros del rey inventaron otro medio. El arzobispo de Sens, hermano de uno de los consejeros, reunió en París en concilio a los obispos de su provincia.

Aquel concilio tenía derecho a condenar a los herejes sin oírlos y ordenar su inmediata ejecución. El 12 de mayo, los templarios que habían declarado pertenecer a la Orden fueron condenados por el concilio.

En carros
fueron llevados a la hoguera encendida delante de la puerta de San Antonio (1310).

El Concilio general se reunió por fin (octubre de 1311) en Viena de Francia. Le fue presentada una lista de los crímenes que se habían hecho confesar a los templarios: escupían el crucifijo, adoraban un ídolo o un gato, etc. Felipe y Clemente temían a los obispos de los otros países, porque en Alemania, en España, en Italia, se había reconocido la inocencia de los templarios.

Felipe llegó entonces con su ejército y nadie se atrevió a ofrecer resistencia. Clemente mandó leer una bula que declaraba suprimida la Orden del Temple. El rey había de hacer entrega al Papa de todas las tierras de los templarios. Pero se quedó con todo el dinero e hizo que le pagasen además los gastos de prisión y de tormento.

El Gran Maestre Jacobo de Molay y otro dignatario habían sido reservados para que los juzgase el Papa. Fueron condenados a prisión perpetua, y las sentencias les fueron leídas delante de la iglesia de Nuestra Señora de París.

Habían esperado salir absueltos y, al verse perdidos, dijeron: «No somos culpables de las cosas de que se nos acusa, pero nos arrepentimos de haber hecho traición a la orden para salvar nuestras vidas». La muchedumbre se agitaba. Entonces el preboste de París tomó a los condenados y aquella misma noche hizo que fueran quemados en el islote del Sena donde hoy está el Puente Nuevo (1314).

Se cuenta que en el momento de morir el Gran Maestre había emplazado al rey y al Papa para que compareciesen ante el tribunal de Dios.
Clemente murió un mes más tarde, Felipe a los seis meses.

AUMENTO DEL DOMINIO REAL
Al advenimiento de Hugo Capeto , el rey de Francia no poseía más que los condados de París, Orleáns, Melun, Etampes, un castillo y unas cuantas casas en las ciudades de Sens, Beauvais, Amiens, Noyon y Soissons.

Era el dominio real. Todo el resto del reino era el dominio de los príncipes vasallos del rey. Se lo reconocia oficialmente dentro de este dominio, y se lo consignaba en los documentos, pero no tenía ningún poder.

Este dominio no era siquiera un territorio seguido. Para ir de una a otra de sus ciudades, el rey tenía que pasar por las tierras de varios señores, que al acecho estaban en sus fortalezas y de ellas salían para detener a los mercaderes y a los peregrinos.

Entre Orleáns y París, la torre de Monthléry interceptaba el camino. Felipe I la adquirió al final de su vida, y decía a su sucesor: «Hijo mío, conserva bien esta torre, me ha hecho envejecer antes de tiempo: la maldad de sus poseedores no me ha dejado reposo».

El dominio real no se ensanchó, casi durante dos siglos.

Felipe Augusto por sí solo adquirió más territorio que todos sus predecesores. Reunió al dominio la mayor parte de la Picardía y todas las provincias conquistadas al rey de Inglaterra, Normandía, Anjou, Maine, Poiton.

El rey fue dueño entonces de la mayor parte del norte de Francia.
La cruzada contra los albigenses hizo entrar todo el Mediodía de Francia en el dominio real. El conde de Tolosa, vencido por los cruzados, cedió al rey casi todo el país hoy llamado Languedoc (1229).

El resto de sus dominios fue dado al hermano del rey, Alfonso, que casó con la única hija de aquél, y, cuando murieron sin herederos, todo el país entró a formar parte del dominio real (1271).

Felipe el Hermoso adquirió la Champaña, que su mujer le llevaba en dote, y el condado de Chartres. Confiscó los condados de la Marche y de Angulema.
Comenzó también a extenderse fuera del reino de Francia.

Cerca del Ródano adquirió la comarca de Valence y Lyon. (Uno de sus sucesores, Felipe VI, adquirió el Delfinado.)

El dominio real comprendía entonces la mayor parte de la Francia del Norte y todo el Mediodía, excepto el sudoeste. No se ensanchó casi nada durante siglo y medio, porque los reyes dieron a sus hijos menores sus nuevas adquisiciones.

CRECIMIENTO DEL PODER REAL: Durante todo el siglo XI el rey de Francia no era obedecido en absoluto, fuera de sus dominios.

En el siglo XII, Luis VI pasó casi todo su reinado (1138-1157) guerreando con los señores dedicados al bandidaje y que se hallaban establecidos en el dominio real. No obstante, el rey empezaba a ser más respetado. En 1124, el emperador Enrique V había reunido un ejército para invadir Francia.

Entonces, de todas las provincias del Norte acudieron los príncipes con sus caballeros al ejército reunido en Reims, y el emperador se retiró.

Luis VII fue reconocido por todos los obispos del reino, y, cuando partió para la Cruzada, todos los señores cruzados del reino de Francia fueron bajo su mando.

Pero Felipe Augusto fue quien principalmente aumentó el poder real. Empezó dando órdenes a los condes y a los duques que hasta entonces habían sido siempre dueños en sus Estados. Promulgó ordenanzas que debían ser observadas en todo el reino.

Para administrar sus dominios envió bailes (apoderados). Eran caballeros encargados de regir una parte del dominio en sustitución del rey. Tenían aproximadamente el mismo poder que tuvieron los condes en la época de los reyes francos.

Pero los Capetos no permitieron que aquellos magistrados suyos fueran hereditarios, como lo habían sido los condes.

Por el contrario, nombraban para el cargo gente que no era del país que debían gobernar, y, por lo común, los cambiaban de puesto al cabo de unos cuantos años.
San Luis instaló en su palacio de París un tribunal para juzgar todas las cuestiones del reino. Así comenzó el Parlamento de París.

Felipe el Hermoso comenzó a exigir el servicio militar, no solamente a los habitantes del dominio real, sino también a todos los subditos del reino. Parte solamente acudían al ejército. Pero todos los demás se liberaban del servicio pagando una cantidad proporcional de sus rentas. Así comenzó el impuesto.

(Ampliar Sobre La Conspiración a los Templarios)

fuentes

Biografia Felipe II Augusto de Francia Historia de su Reinado

Biografia de Felipe Augusto de Francia-Reinado y Conquistas

A la muerte de Luis VII (1180) Francia no poseía más que un territorio reducido. Enrique II , rey de Inglaterra, tenía casi toda la mitad occidental de Francia. Era vasallo del rey francés , pero mucho mas poderoso que él.

Entonces subió al trono, a los dieciséis años de edad, Felipe, llamado más tarde Augusto.

Felipe fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223.

Nació el 21 de agosto de 1165 en Gonesse, Francia y falleció un 14 de Julio de 1223 en Mante La-joile. Reinó Francia desde el 18 de septiembre de 1180 hasta su muerte en 1223.

Era alto, de hermosa presencia, el rostro encendido, aficionado al vino y a la buena comida, pronto para encolerizarse, pero de espíritu vivo, que rápidamente se daba cuenta de lo que se necesitaba hacer.

Aun cuando no le gustase arriesgar la vida, fue un gran batallador y pasó casi todo el tiempo en guerra.

Como todos los príncipes de su familia, era devoto, y le ocurría rezar arrodillado sobre el pavimento de la iglesia de Saint-Denis, y antes de salir para una expedición, depositaba una ofrenda en el altar del Santo. No había tenido tiempo de acabar de instruirse, no había aprendido el latín y sabía apenas escribir.

biografia de felipe augusto de Francia

Felipe II de Francia, llamado «El Augusto», fue el séptimo rey de la dinastía de los Capetos, hijo y heredero de Luis VII de Francia el Joven y de Adela de Champaña. Ocupó el trono de Francia entre 1180 y 1223

En cuanto fue rey, Felipe entró en guerra con los príncipes sus vecinos, el conde de Champagne y el conde de Flandes (1181-1185). Sin haber ganado ninguna batalla, llegó a indisponer unos con otros a sus adversarios y obligó al conde de Flandes a pedir la paz.

Luego tuvo el atrevimiento de acometer al rey de Inglaterra Enrique II. Este había regañado con sus hijos, y Felipe los mandó venir a su lado. Intimó primero con Godofredo, luego, cuando éste hubo muerto, con Ricardo (llamado más tarde Corazón de León).

Felipe y Ricardo no se separaban nunca. Según costumbre de la época, comían en el mismo plato y dormían en el mismo lecho.

Se peleó en todos los países donde los dominios de los dos reyes se tocaban. Por ambos lados se habían alistado soldados de oficio que talaban los campos e incendiaban las ciudades.

Entonces se supone que los musulmanes acababan de apoderarse otra vez de Jeru-salén y del sepulcro de Cristo.

El Papa y los obispos suplicaron a los reyesque hicieran la paz para ir a la reconquista de Jerusalén.

FELIPE Y RICARDO

Al morir Enrique II, Ricardo vino a ser rey de Inglaterra, y los dos reyes se decidieron al fin a partir para la Cruzada (1189). Juraron permanecer amigos y aun repartirse las conquistas que hicieran en Tierra Santa, y luego partieron juntos (1190).

Pero en Palestina se incomodaron. Felipe, dejando a Ricardo continuar la guerra contra los musulmanes, se volvió a Francia.

En el momento de embarcarse, le juró sobre el Evangelio que durante su ausencia no atacaría sus posesiones de Francia y hasta que las «protegería con tanto cuidado como si defendiese su propia ciudad de París».

Inmediatamente de volver se las entendió con Juan Sin Tierra, hermano de Ricardo, para atacar las posesiones de éste.

De vuelta de la Cruzada y al pasar por Alemania, Ricardo fue hecho prisionero por el duque de Austria, que le detestaba y le vendió al emperador Enrique VI.

Felipe y Juan ofrecieron al emperador una gran suma para que no le soltase, y otra, mayor todavía, si accedía a entregársele. Ricardo, queriendo evitar a toda costa caer en sus manos, se resignó a prometer un enorme rescate y fue puesto en libertad.

Felipe escribió entonces a Juan: «Poneos en guardia; el diablo está suelto». Juan se refugió cerca del rey de Francia.

Ricardo, inmediatamente que estuvo de vuelta, fue a Normandía a rechazar el ejército de Felipe. La guerra duró cinco años (1194-11.99).

Cada uno de los dos reyes había tomado a su servicio jefes de salteadores que tomaban como profesión saquear el país e imponer rescate a sus prisioneros.

Ricardo fue muerto de un ballestazo cuando sitiaba un castillo del Limousin (1199).

Decíase que el dueño de dicho castillo había encontrado un tesoro. Ricardo le reclamó en calidad de soberano. Le fue negado, y Ricardo puso sitio al castillo. Herido mortalmente, tuvo todavía, antes de morir, tiempo de ver cómo los suyos se apoderaban del castillo.

Ordenó que ahorcasen a toda la guarnición, luego mandó que le trajeran ai ballestero que le había herido, Bertrand de Gourdon. «¿Eres tú, le dijo, el que ha osado herir al representante de Dios? «.

Bertrand respondió: «Yo soy, y de ello me enorgullezco, porque he vengado a mi padre y dos hermanos que tú has hecho matar».

Ricardo, admirando aquel valor, ordenó que dieran libertad al soldado. Pero en cuanto el rey murió, el jefe de los de la banda, Mercadier, mandó desollar vivo a Bertrand.

GUERRA CON JUAN SIN TIERRA

Juan, nombrado rey de Inglaterra por muerte de Ricardo, se enfrentó muy pronto con su antiguo aliado Felipe.

El hermano de Juan, Godofredo, muerto antes que él, había dejado un hijo, Arturo, al cual los señores de Bretaña habían reconocido duque. Los señores de Poiton y de las orillas del Loire, no queriendo obedecer a Juan, declararon también que reconocían a Arturo por su señor.

Felipe Augusto vio en ello pretexto para apoderarse de las posesiones que Juan tenía en Francia. Le intimó para que entregase a Arturo el Poitou y la Normandía, y le ordenó comparecer en juicio ante su tribunal.

Por haberse negado a responder a la citación del rey de Francia, su soberano, los jueces le condenaron a perder cuantos territorios poseía en Francia.

En la guerra que siguió (1202), Juan sorprendió al ejército de Arturo y le hizo prisionero. Le encerró en la torre de Falaise, en Normandía, y metió a los caballeros de su escolta en una prisión donde los dejó morir de hambre.

Luego ordenó que se trasladase a Arturo a un castillo de Rouen, en el que fue asesinado (1203-1204). Jamás se supo de qué manera.

Se cuenta que Juan había querido encargar a sus servidores que matasen a su sobrino, pero ninguno había aceptado. Entonces el mismo Juan fue a esconderse en un pueblecito que había en medio del bosque, a orillas del Sena.

Luego, cuando fue de noche, tomó una barca, pasó el río y llegó a Rouen, al pie de la torre donde su sobrino estaba encerrado.

Una poterna se abría al nivel del Sena. Juan, de pie sobre la barca, ordenó que llevasen a Arturo. Le hizo entrar en la barca y lo llevó al medio del río.

Arturo se abrazó a sus rodillas diciendo: » ¡Tío, ten piedad de tu joven sobrino; mi buen tío, perdona al hijo de tu hermano! «. Juan, tomándolo del pelo, le hundió su espada en el vientre, la sacó y con ella le abrió la cabeza. Luego arrojó el cadáver al río.

Se contó (y así se ha creído durante mucho tiempo) que, por el asesinato de Arturo, Juan había sido citado ante el tribunal del rey de Francia y condenado a perder sus posesiones; pero la sentencia es de 1202.

TOMA DE CHÁTEAU-GAILLARD

Felipe comenzó la conquista de Normandía. El país estaba defendido por una serie de fortalezas levantadas a orillas del Sena.

En lo alto de una colina rocosa que cae en rápida pendiente por tres lados Ricardo, que era buen ingeniero, había mandado edificar el célebre Cháteau-Gaillard.

Del lado por donde la colina se une al resto del país, el único que no estaba defendido por rocas a pico, se había abierto un ancho foso a través de toda la colina. Detrás del foso se alzaba un recinto de forma triangular.

La punta, vuelta hacia donde venía el enemigo, estaba formada por una maciza torre redonda unida a cada lado, por muros gruesos, a otra torre redonda.

Detrás de este primer recinto, y pasado un foso de diez metros, venía el recinto de en medio, donde estaba la capilla y varios edificios. Detrás había aún otro tercero casi oval.

En uno de los lados se había construido la torre del homenaje, redonda, alta enorme.

El ejército de Felipe Augusto fue a acampar delante de Cháteau-Gaillard, en cabanas de ramaje y paja, y pasó el invierno bloqueándole. El sitio duró más de seis» meses; pero ningún ejército llegó a estorbarse.

Juan estaba en Inglaterra. Cuando fueron a decirle que enviase socorros, jugaba a los dados, respondió «que no podía hacer nada», y se puso de nuevo a jugar.

Defendía el castillo una tropa reducida de caballeros y 200 infantes; pero se había refugiado en él mucha gente de los alrededores con sus enseres. Pronto empezaron a faltar los víveres.

El jefe de la guarnición despidió a todos los que no podían servir para la defensa; hombres, mujeres, niños, más de 400. Los sitiadores no les dejaron pasar y permanecieron en el espacio comprendido entre la puerta del castillo y el campamento francés, sin tener otra cosa que hierba para comer. Comieron perros que arrojaron del castillo.

Una gallina perdida fue devorada inmediatamente sin desplumarla. Al cabo de tres meses, casi todos habían muerto de hambre. Felipe Augusto, que había ido al sitio, les oyó gritar y dejó salir a los que aún vivían; pero murieron casi todos en cuanto les dieron de comer.

En marzo, Felipe se decidió a atacar el castillo Mandó cegar los fosos con tierra. Los sitiadores bajaron con escalas al foso medio cegado y colgaron sus escalas del lado de la gran torre. Como no llegaban al pie de la misma, treparon abriendo agujeros en la roca con sus puñales.

Luego, resguardándose con los escudos, hicieron un agujero debajo de los cimientos. Sostuvieron el muro con maderos, a los que luego prendieron fuego.

Cuando la madera hubo ardido, se derrumbó un trozo de muralla. Los sitiadores, pasando por la brecha, entraron en el primer recinto. Los sitiados, renunciando a su defensa, prendieron fuego a los edificios que encerraba y se retiraron al segundo recinto.

En uno de los lados de este último se había edificado la capilla, dominando la roca sobre la que se levantaba aquél.

Tenía en el piso bajo una pequeña ventana abierta al exterior, de forma que podía verse desde fuera. Un joven caballero francés, con unos cuantos compañeros, trepó hasta lo largo de la roca, y luego, subiéndose a ia espalda de uno de sus compañeros, llegó a la ventana con las manos y, haciendo un esfuerzo grande, entró por ella.

Arrojó una cuerda a sus compañeros que se unieron a él. Se encontraron en una cripta debajo de la capilla, y desde allí penetraron en el recinto, lanzando un grito de guerra, en tanto los sitiadores atacaban la puerta exterior. Los sitiados, viendo enemigos dentro del recinto, incendiaron la capilla y se retiraron ai último recinto.

Para tomar éste, los franceses llevaron delante de la puerta una máquina que lanzaba grandes piedras. Zapadores, a cubierto debajo de manteletes de madera, hicieron trabajos al pie de la muralla.

Luego las piedras lanzadas por la máquina derribaron un lienzo del muro, Felipe ordenó el asalto. Ya no quedaban más defensores que 20 caballeros y 120 infantes rendidos de cansancio.

Renunciaron a refugiarse en la torre del homenaje, que no habrían podido defender mucho tiempo, e intentaron escapar por una poterna. Fueron descubiertos y hechos prosioneros.

CONQUISTAS DE FELIPE AUGUSTO

Después de Cháteau-Gaillard, Felipe fue apoderándose una tras otra de todas las ciudades de Normandía. Juan seguía divirtiéndose en Inglaterra.

Cuando se le anunciaba que el rey de Francia acababa de tomar uno de sus castillos, respondía: «Dejadle, lo que él me toma en un año, yo lo recobraré de una vez», Felipe conquistó la Normandía entera (1204), luego las otras próvidas que en Francia tenía el rey de Inglaterra, el Anjou, la Turena, el Poitu.

Pero los señores del Poitou y de Aquitania no querían obedecer al rey de Francia. Se sublevaron. Juan volvió al Poitou y Felipe renunció a conservar el territorio del sur del Loire.

LAS FORTIFICACIONES

Para poner sus provincias en estado de defensa, Felipe Augusto mandó edificar gran número de castillos. Uno de los más famosos es la torre de Etampes.

Tiene forma de trébol de cuatro hojas, con muros de varios metros de espesor. En París mandó edificar la fortaleza del Louvre, a orillas del Sena, con una torre maciza en la que guardaba su tesoro y sus archivos. Esta fortaleza fue demolida y otras construcciones la sustituyeron.

Felipe Augusto mandó levantar también todo alrededor de París una muralla de la que subsisten todavía algunos trozos.

El muro de recinto, defendido por un foso, tenía tres metros de espesor y más de cinco de altura. Encerraba los dos barrios nuevos que se habían formado en las dos orillas del Sena.

Alrededor de la isla donde estaba la Cité, en la orilla derecha, llegaba casi junto al Temple, en la orilla izquierda rodeaba la pendiente de la colina de Santa Genoveva.

El trazado de este recinto está indicado por los nombres de algunas calles (calle de los fosos de Santiago, calle de los fosos de San Marcelo).

La muralla estaba interrumpida por puertas, 34 en la orilla izquierda 33 en la derecha, cada una de ellas defendida por torres redondas en saliente. El espacio comprendido en ese recinto no estaba entonces habitado por completo. Felipe ordenó construir casas en él.

COALICIÓN CONTRA FELIPE AUGUSTO

Juan Sin Tierra no se resignaba a dejar a Felipe dueño de sus conquistas, pero estaba ocupado en Inglaterra defendiéndose contra el Papa (véase cap. «Inglaterra»).

Cuando hizo la paz con este último (1213) se preparó para reanudar la guerra. Se puso de acuerdo con el emperador alemán Otón, con los príncipes de los Países Bajos (duque de Brabante, duque de Lorena, conde de Holanda, conde de Namur) y con Ferrand, conde de Flandes, y Renaud, conde de Boulogne, ambos vasallos de Felipe Augusto e indispuestos con él, Resolvió atacar a Francia por el oeste, mientras sus aliados la atacarían por el norte.

Los príncipes reunieron grandes fuerzas que se encargó de mandar el emperador, más de 1.500 jinetes, aproximadamente otros 5.000 sin armadura y un fuerte ejército de infantes belgas, sobre todo brabanzones, cubiertos con cota de mallas y armados con largas picas.

Pero el ejército había empleado mucho tiempo en reunirse y no llegó a Francia hasta el mes de julio de 1214.

Antes de que estuviera dispuesto, Juan, que había desembarcado en la Rochela con sus soldados de oficio, había reunido a los señores del sudoeste de Francia, vasallos suyos, y caminado hacia el Loire.

Quería entretener al ejército francés en este río, en tanto sus aliados se encaminarían a París por el norte. Felipe Augusto y su hijo Luis fueron efectivamente a su encuentro, le hicieron retroceder y saquearon el Poitou.

Pero Felipe volvió pronto a París, no dejando a Luis más que una reducida tropa de caballeros, Juan fue a sitiar una fortaleza a orillas del Loire, la Roca de los frailes.

Cuando Luis llegó con su tropa, los guerreros de Juan, aterrorizados, abandonaron máquinas, tiendas y bagajes y cruzaron el río por un vado, ahogándose muchos.

Luis los atacó en su huida e hizo muchos prisioneros (2 de julio). La invasión de Francia por el oeste había fracasado.

Felipe, había reunido a todos sus vasallos del norte de Francia y fue contra el emperador. Tenía muchos jinetes; pero su infantería, formada sobre todo por burgueses de las ciudades de Picardía que peleaban con la pica, no valía lo que la de Otón.

El ejército francés pasó la frontera para ir a atacar al enemigo. Otón se retiró del lado de Occidente, a un país de colinas donde los jinetes franceses podían maniobrar con dificultad.

Contaban que los príncipes del ejército de Otón estaban tan seguros de hacerse dueños del ejército francés, que ya mandaban preparar las cuerdas para atar a los prisioneros, y el emperador repartía ya entre ellos las provincias de Felipe Augusto.

Los señores franceses decidieron a Felipe a replegarse del lado de la llanura de Cambrai, donde sus jinetes podrían combatir. El único camino que allí llevaba, una antigua vía romana, atravesaba un río por el puente de Bouvines.

BATALLA DE BOUVINES (1214)

El 27 de julio, al despuntar el día, el ejército francés entraba en el dicho camino. Felipe había enviado por delante trabajadores que ensanchasen el puente, de modo que doce hombres pudiesen pasar a la vez. Pero el ejército, obligado a estrecharse para el paso del río, avanzaba con lentitud.

La infantería y los bagajes, colocados a vanguardia, habían pasado ya; pero casi toda la caballería se hallaba aún del otro lado, cuando la vanguardia del emperador, formada por caballeros de Flandes, llegó a la vía romana y empezó a cargar contra la retaguardia francesa.

Los franceses se encontraban divididos en dos partes por el río, en una posición en que les costaba trabajo desplegarse.

Era mediodía y el calor apretaba grandemente. Felipe, que se’había quitado la armadura, descansaba cerca de una capilla, a la sombra de un fresno, y tomaba una sopa con vino.

Vio llegar a Guérin, obispo de Sen-lis, que había pertenecido a la orden de los hospitalarios y le servía de jefe de Estado Mayor. Guérin manifestaba que el enemigo iba a atacar, porque sus caballos tenían los pechos cubiertos de hierro.

«Es preciso armaros, dijo, porque los de allí abajo no quieren de ningún modo dejar la batalla para mañana. Ved que se nos echan encima».

Felipe entró en la capilla y rezó una oración, salió inmediatamente, revistió la armadura y montó a caballo. Decidido a dar la batalla donde se encontraba, ordenó que se llamase a la parte de su ejército que ya había pasado el puente.

La vanguardia de Otón, comprendiendo que ya no tenía bastante fuerza para atacar, esperó al resto del ejército. La infantería francesa tuvo tiempo de volver a pasar el río y la retaguardia lugar para descansar.

Los dos ejércitos se alinearon en orden de batalla. Otón se puso en el centro con su estandarte, un dragón y encima un águila de oro, colocado en un carro del que tiraban cuatro caballos, alrededor de él los caballeros que había llevado de Alemania, delante de la infantería armada con la pica, alineada en filas espesas.

En su ala derecha estaban los jinetes de Flandes, en la izquierda la caballería belga y la infantería brabanzona que el rey Juan había tomado a sueldo, mandadas una y otra por un señor inglés y por Renaud de Boulogne.

Felipe se había colocado también en el centro, con el oriflama rojo de la abadía de Saint-Denis y su estandarte azul con flores de lis de oro, empuñado por un caballero.

En el ala derecha estaban los caballeros de Borgoña y de Champaña, en la izquierda los de Picardía.

Los de caballería estaban ya alineados cuando los infantes, volviendo a pasar el puente, cruzaron por en tre sus filas y se colocaron delante del rey. Se hizo gran silencio, no se oía ninguna voz.

Los imperiales, probablemente más numerosos, formaban una línea más larga y amenazaban con envolver la formación francesa. El obispo Guérin corrió a caballo a lo largo de ésta diciendo: «La llanura es bastante ancha, separaos para que los enemigos no os cerquen, colocaos de modo que podáis combatir todos en un solo frente».

En el momento de combatir Felipe Augusto dirigió algunas palabras a sus caballeros y, alzando las manos, hizo ademán de bendecirlos. Los capellanes entonaron un salmo, las trompetas tocaron.

El obispo Guérin comenzó el ataque. Envió contra los caballeros flamencos a los guardias de a caballlo de la abadía de San Medardo que no eran nobles.

Los flamencos, despreciando a aquellos adversarios, los recibieron sin moverse y desjarretaron sus caballos. Luego, a su vez, atacaron a los caballeros franceses. Sus jefes gritaban: «Acordaos de vuestras damas», como si se tratase de un torneo. Por esta parte, en efecto, se peleaba como en un torneo, sin orden. Algunos caballeros rompían la línea enemiga, llegaban a la retaguardia y volvían batiéndose.

En el centro, Otón mandó avanzar a la infantería belga contra las milicias francesas. Los franceses, rotas inmediatamente sus filas, se dispersaron. Los infantes belgas, en su arremetida, llegaron hasta donde estaba Felipe Augusto.

Los caballeros que rodeaban al rey cargaron contra ellos y rompieron su línea. Pero Felipe Augusto, separado de sus hombres, fue cercado por los infantes. Uno de ellos, metiendo el gancho de su pica en la cota de mallas del rey, le enganchó e hizo caer al suelo.

Los soldados se arrojaron sobre él, tratando de hundir una daga por entre las piezas de la armadura. Pero un caballero francés saltó a tierra y dio su caballo al rey. El caballero que llevaba la bandera real la agitaba para pedir auxilio.

Los caballeros del rey, a aquella señal, se unieron y cargaron contra los infantes. Mientras tanto, en el ala izquierda, la caballería al servicio del rey Juan cargaba contra los caballeros franceses.

Guérin combatía con una maza, porque estaba prohibido a los eclesiásticos derramar sangre. Dio un golpe en la cabeza al jefe de los señores ingleses y te hizo caer. Sus hombres se desbandaron.

Al cabo de tres horas estaba decidida la batalla. El conde de Flandes, herido varias veces, fue derribado de su caballo y hecho prisionero, los suyos huyeron.

En el centro una tropa de jinetes franceses, atravesando por entre la infantería imperial, llegó hasta donde estaba el emperador. Pedro Mauvoisin tomó su caballo de la brida, Gerardo la Truie le dirigió dos puñaladas, la primera de las cuales resbaló en la armadura y la segunda saltó un ojo al caballo que cayó a tierra.

Los caballeros del emperador le dieron otro caballo; pero Guillermo des Barras se llegó a Otón, le asió por la nuca a través del casco y le apretó fuertemente. Una tropa de caballeros alemanes le libertó, matando el caballo a Guillermo.

Pero Otón, exhausto, huyó corriendo hasta Va-lenciennes, dejando allí su estandarte que fue tomado. Casi todos sus caballeros se dejaron matar.

Entonces ya no quedó más que Renaud de Boulogne. Había reunido una tropa de infantes bra-banzones, los había puesto en círculo, y de aquella fortaleza viviente salía con unos cuantos jinetes para dar una carga, luego volvía a ponerse a resguardo.

Los caballeros franceses se estrellaban contra las picas y no podían llegar hasta él. Se veía de lejos a Renaud, de muy grande estatura, con el casco coronado por barbas negras de ballena.

Al fin los caballeros, cargando por todos los lados a la vez, rompieron el círculo de los brabanzones y los pasaron a cuchillo. Renaud fue hecho prisionero. La batalla había terminado.

Muchos de infantería habían sido muertos. Los jinetes, defendidos por la armadura, habían tenido pocos muertos, pero los franceses habían hecho muchos prisioneros.

Felipe Augusto mandó encerrar a Renaud de Boulogne en una torre,-sujeto con una cadena de hierro muy corta.

El conde de Flandes fue conducido encadenado en un carro hasta París. Felipe hizo una entrada triunfal en París. Las casas aparecían colgadas con tapices y adornadas con guirnaldas, las calles sembradas de flores y ramaje verde.

El clero, los estudiantes, el pueblo iban delante del rey entonando cánticos. La muchedumbre miraba pasar a los señores prisioneros, encadenados en los carros, y cantaba:

Cuatro ferrandos bien sujetos
Tiran de Ferrando bien encadenado

Los ferrandos eran los caballos castaños que llevaban a Ferrando, conde de Flandes.

La coalición estaba rota, el vencido rey de Inglaterra estaba atento a defenderse de sus subditos sublevados. «Desde entonces, dice un cronista, nadie se atrevió a hacer la guerra a Felipe y vivió en completa paz».

Murió (1223) habiendo más que doblado su reino y hecho del rey de Francia el príncipe más poderoso de todo el reino.

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Biografia de Thiers Louis Adolphe Ministro de Francia

Biografia de Thiers Louis Adolphe

LUIS ADOLFO THIERS (1797-1877): El hombre de la Tercera República Francesa, cuyo nacimiento y consolidación hizo posible por su actuación conservadora y, a la vez, por su sentido liberal de la vida, nació en Marsella el 15 de abril de 1797.

Después de estudiar en el liceo de Marsella y Je licenciarse en derecho en la universidad de Aix, partió para París con el propósito de labrarse un porvenir literario y político en la capital.

Thiers Louis Adolphe

Louis Adolphe Thiers fue un historiador y político francés. Fue repetidas veces primer ministro bajo el reinado de Luis-Felipe de Francia. Después de la caída del Segundo Imperio, se convirtió en presidente provisional de la Tercera República Francesa, ordenando la supresión de la Comuna de París en 1871.

Su único viático era una carta de recomendación para el diputado Manuel, el cual le introdujo en los salones liberales y le proporcionó trabajo en la redacción de El Constitucional (1821).

Muy pronto el joven provenzal destacó en el campo del periodismo, por su espíritu crítico y su cultura vasta, aunque superficial. Sus crónicas artísticas le hicieron famoso, así como su Historia de la Revolución francesa (1823-1827), escrita con un leve asomo de apología.

Partidario de la legalidad de la Carta otorgada, se opuso al régimen de Carlos X, por considerarlo reaccionario. Participó en forma destacada en la entronización del duque de Orleáns después de la revolución de julio de 1830. Esto le abrió las puertas de su carrera política.

Diputado por Aix y secretario general del ministerio de Hacienda, se afilió primero al partido del ((movimiento». Pero luego, considerando perjudicial esta política para la consolidación de la nueva dinastía, pasó a ser miembro del partido conservador o de la «resistencia».

En junio de 1832 fué nombrado ministro del Interior, en cuya cartera demostró condiciones de gran energía, reprimiendo tanto las conjuraciones borbónicas como los alzamientos republicanos. La represión de 1834 abrió entre él y los demócratas un foso que sólo se colmó cuarenta años más tarde.

Ministro del Interior por segunda vez, en 1835 no vaciló en decretar fá reducción de la libertad de imprenta, en cuyo nombre se había levantado contra Carlos X cinco años antes.

Formó un ministerio en 1836; pero éste fué de escasa duración, pues no pudo sobrevivir a los ataques parlamentarios contra su política de intervenir en España a favor de los cristinos (22 de marzo a 25 de agosto de 1836).

Viajó algún tiempo por Italia. En 1838 reanudó sus tareas parlamentarias y el 1° de marzo de 1840 fué designado por segunda vez presidente del consejo de ministros y ministro de Negocios Extranjeros.

Su política patriótica estuvo a punto de provocar una guerra con Inglaterra y Alemania a propósito de la cuestión de Oriente. El régimen burgués de Luis Felipe no gustaba de tales desplantes. Thiers fue reemplazado por Guizot (29 de octubre), contra cuyo gobierno desencadenó una campaña sistemática de 1840 a 1848. Simultáneamente, redactó una Historia del Consulado y del Imperio, cuyo primer volumen apareció en 1845.

Ante el movimiento revolucionario de febrero de 1848, Luis Felipe confió la presidencia del gobierno a Thiers. Pero ni los republicanos ni los socialistas quisieron saber de él. El régimen se hundió.

Durante la segunda República, Thiers dirigió con gran éxito la oposición conservadora en la Asamblea Nacional. Poco partidario de Luis Napoleón, a quien consideraba un soñador utópico, fué detenido con motivo del golpe de estado de diciembre de 1851 y expulsado de Francia.

Un año más tarde se autorizaba su regreso. Bajo el Imperio autoritario continuó en su trabajo histórico sobre el Consulado y el Imperio, pero siempre se mantuvo apartado de Napoleón III.

Cuando el régimen empezó a declinar, en 1863, Thiers se convirtió en el jefe de una oposición implacable, exigiendo el retorno a la política tradicional de Francia y la lucha sistemática contra la unificación de Italia y Alemania.

Por esta causa, cuando sobrevino el hundimiento del Segundo Imperio en Sedán (1870), Thiers fue el hombre designado para salvar el país de las ruinas en que le había sumido una política tan poco clarividente.

Negociador de la paz en Londres, Viena y San Petersburgo, fué elegido jefe del poder ejecutivo de la República francesa el 17 de febrero de 1871.

En calidad de tal firmó el armisticio de Versalles con Bismarck y sofocó vigorosamente la «Commune» de París. Restablecido el orden interior y la paz exterior, Thiers se convenció de que una república conservadora era el régimen que menos separaba a los franceses, y encaminó su política a esta-
blecerla en Francia.

La reacción de los monárquicos le obligó a presentar la dimisión de su cargo en 24 de mayo de 1873. En los cuatro últimos años de su vida apoyó a la coalición republicana con su prestigio de salvador de Francia del desorden y de la anarquía.

Murió en San Germán en Laye, el 3 de septiembre de 1877.

fuente

Biografia de Maria Antonieta Reina de Francia Juicio y Ejecucion

Biografia de María Antonieta de Austria – Su Ejecución Post Revolución

En 1793 , una reina europea es condenada a morir en la guillotina. Procedente de Viena, había llegado más de diez años atrás al palacio de Versalles para casarse con el rey francés. Recibida con grandes honores, nadie se imagina el terrible final que le depara el destino.

La reina de Francia que murió decapitada fue María Antonieta, una joven austríaca obligada a casarse a los catorce años con el delfín de Francia, Luis, que ocupó el trono en 1774 y reinó como Luis XVI.

María Antonieta, que nunca tuvo a su marido en gran estima, fue una mujer frivola, de gustos caros, que pronto ganó fama de reaccionaria y despilfarradora.

Fue una gran aficionada al juego y a las tertulias de la corte, y descuidó con frecuencia sus deberes con el pueblo francés, que la acusaba además de favorecer los Intereses austríacos.

Cuando estalló la Revolución, no tuvo tampoco contemplaciones con las masas hambrientas que se agolpaban frente al palacio de Versalles, enviando sus tropas contra ellas.

A pesar de su condición de reina, el pueblo, que vivía malos tiempos, no le perdonó sus caprichos.

BIOGRAFIA E HISTORIA DE SU REINADO

MARÍA ANTONIETA DE HABSBURGO-LORENA (1755-1793): Hija de la gran María Teresa de Austria, María Antonieta no poseyó las eminentes cualidades políticas de su madre, salvo la tenacidad, más comparable en ella a terca obsesión.

Situada en un ambiente extraño, reina en un país que tradicionalmente era enemigo de su familia e imperio, enfrentada con una violenta conmoción revolucionaria, la desgraciada señora quiso superar ese cúmulo de adversidades y la timidez y debilidad de su marido, dirigiendo a su guisa la corte y la política de Francia.

Biografia de Maria Antonieta Reina de Francia Juicio y Ejecucion

Nacida para reina, gozó hasta el fin la vida despreocupada y frívola de la corte. Sin embargo, amargos sinsabores y un desenlace trágico la aguardaban luego del 14 de julio de 1789: al descrédito sucedió el encarcelamiento hasta culminar en la guillotina

Fracasó en este empeño, e incluso sus actos contribuyeron en no poca cuantía al fatal desenlace de 1793. Sin embargo, la dignidad y entereza con que, en sus últimos días, hizo frente a la adversidad, borran en el aspecto personal las equivocaciones de su actuación.

Nacida en Viena el 5 de noviembre de 1755, hija de Francisco I de Lorena y María Teresa de Habsburgo, fue educada con gran severidad y con el fin de prepararla para el enlace con el delfín de Francia, tal como hacía previsible la alianza concertada en 1756.

El abate Vermond fue su tutor hasta 1769.

Prometida desde los doce años al Delfín de Francia, el futuro Luis XVI, se trató de educarla de acuerdo con las conveniencias de su futura misión, sin demasiado éxito.

Caprichosa y mimada, su espíritu solo admitía los conocimientos que le llegaban a través de la diversión. Indiferente a las lecciones de la historia, hablaba incorrectamente el francés, era una mediocre ejecutante de clavicordio y su ortografía resultaba desesperante.

Los rasgos armoniosos, la cabellera rubia con matices rojizos, la piel sonrosada y perfecta y el rápido fulgor de sus ojos azules, así como su finísimo talle, la vivaz ingenuidad de la expresión y el encanto de sus movimientos sedujeron a los franceses desde que hizo su entrada triunfal en el país de su prometido, el 8 de mayo de 1770, cuando aún no había cumplido quince años.

El 16 de abril de 1770 Luis XV pidió su mano para su nieto, y el enlace matrimonial se efectuó en Versalles el 16 de mayo. Cuatro años más tarde, el 10 de mayo de 1774, la muerte de Luis XV la hacía reina de Francia. Tenía entonces dieciocho años y medio.

El 16 de mayo, en medio de un entusiasmo desbordante, se celebró la boda en Versalles.

El Delfín, modesto, inteligente, sin ser brillante, indeciso y tímido ante las responsabilidades, escribe en su diario al día siguiente: «Nada». Y «nada» fue durante varios años, hasta que aceptó someterse a la pequeña operación.

Por su parte, María Antonieta se entrega inmediatamente al vértigo de las distracciones-bailes, mascaradas, juegos y representaciones teatrales- y también al juego. Su comportamiento resulta imprudente en medio de una corte donde la apariencia es más importante que la honradez y donde la adulación encubre intrigas y calumnias.

Honesta y espontánea por naturaleza, la Delfina no advierte el peligro. No es respetuosa de las formas, que son a veces la aparente salvaguardia del honor, y da a Madame de Noailles, encargada de instruirla al respecto, el mote de Madama Etiqueta.

María Antonieta había causado una buena impresión en la corte francesa. Pero muy pronto este sentimiento se desvaneció.

Existía en Versalles un poderoso partido antiaustríaco, que no perdonaba ocasión para criticar a la nueva soberana.

Por su parte, María Antonieta daba alas a ese grupo con sus extravagancias y su pasión por el lujo, el juego y las intrigas. Su entrega a la camarilla de los condes de Polignac y su interferencia en los asuntos políticos — como en la destitución de Turgot (1776)—, provocaron una viva agitación.

Su hermano, José II, aprovechó su estancia en París en este año para recomendarle mayor cordura.

Cuando el 10 de mayo de 1774 muere el rey Luis XV, la pareja se espanta por la responsabilidad que la aguarda. Son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos y no se sienten preparados para reinar.

Ella carece de sentido social y político, y sus impulsos, cuyas consecuencias no sabe medir, hacen del poder una cuestión de amor propio.

El es recto, consciente y magnánimo, pero su indulgente inseguridad frente a las exigencias ajenas, más la sumisión que demuestra ante su mujer, harán de su reinado una función sin autoridad.

El 11 de junio de 1775 se efectúa la emocionante ceremonia de la coronación en la catedral de Reims. Pero la corona pesará tanto sobre esas dos cabezas que acabará por hacerlas caer.

La reina se sustrae a esa carga con sus ligerezas: bailes, paseos a caballo, ostentosas fiestas campestres. Rousseau y otros filósofos han puesto de moda la naturaleza y la reina obedece esos principios que quieren ser virtuosos.

En el Trianón, casa de campo que le ha cedido Luis XVI, juega a las pastoras refinadas con sus amigas la princesa deLamballe y la duquesa de Polignac.

Estos ingenuos placeres alimentan la malicia de la corte y las sospechas del pueblo. Como no son ajenos a esas reuniones varios galantes caballeros-entre ellos el conde de Artois, hermano del rey-, se tejen al respecto historias y cantitos malignos o picarescos.

Estos actos le valieron nuevas insidias de sus enemigos, las cuales, divulgadas entre el pueblo, determinaron que éste considerara a la «austríaca» como causa de la inestabilidad del gobierno y de la ruina de la hacienda pública.

El prestigio de la reina decae día a día y sus buenas acciones y sus obras caritativas no bastan para apuntalarlo. Las calumnias y los cuchicheos van y vienen, como la marea, de los barrios populares a Versalles y de la corte al pueblo.

La contemplación de una puesta de sol o de un amanecer se convierte en orgía para la maledicencia, y las prebendas que otorga a sus favoritos se exageran hasta cifras siderales. Se asegura que el Trianón tiene paredes tapizadas de diamantes y que se han invertido millones en su reparación.

El hambre, la falta de trabajo y de harina hacen el resto: la popularidad se va trocando en odio, y la admiración en rencoroso desprecio. Comienza a ser «la Austríaca», la enemiga, «Madame Déficit».

Aunque el rey ha dejado constancia en su diario de sus relaciones matrimoniales, y en 1778 nace su primera hija, María Teresa, se pone en duda su capacidad y se lanzan sospechas sobre esa paternidad y las posteriores, que traen al mundo a Luis José en 1781, a Luis Carlos en 1785 y a María Sofía en 1786. María Sofía morirá en 1787 y Luis José en 1789.

El asunto del «collar de diamantes» (1785-1786), que fue resultado de una falsificación de la condesa de la Motte, alimentó el fuego de las calumnias de sus adversarios.

Al abrirse los Estados Generales en 1789, María Antonieta no era, en general, bien vista por el pueblo francés. Antirrevolucionaria como su marido, aunque más resuelta que éste, asumió en grado considerable la responsabilidad de sacar la monarquía francesa del atolladero en que se hallaba.

Sin embargo, sólo aceptó la ayuda de los revolucionarios con manifiesta repugnancia. En realidad, ponía su confianza en las potencias extranjeras y en la acción de los emigrados.

Mantenía una correspondencia muy seguida con Mercy-Argentau, el ex embajador de Austria en París, y con el conde Axel Fersen.

Gracias al auxilio de éste, se planeó la fuga real al extranjero, que fracasó en Varennes (21 de junio de 1791). De regreso a París, creciendo su temor por la vida de su esposo, negoció secretamente con Austria, a pesar de que parecía prestar confianza al grupo de los feuillants (Barnave).

En esta correspondencia, cuyo tono a partir de la declaración de guerra en 1792 no sólo fue antirrevolucionario sino contrario a los intereses militares del Estado, María Antonieta se comprometió irremediablemente.

Después de la jornada del 20 de junio, inspiró el manifiesto de Brunswick, que fue de tan fatal resultado para la monarquía.

Prisionera en el Temple a causa de la revolución demagógica del 10 de agosto, aguardaron a la infeliz soberana las más rudas pruebas: la ejecución de su esposo (21 de enero de 1793), la separación de sus hijos, su encierro en la Conciergerie bajo el más repugnante espionaje, y, por último, el juicio ante un tribunal de desalmados (14 de octubre de 1793) y la muerte en la guillotina dos días más tarde (16 de octubre).

Durante estos terribles y agotadores meses, María Antonieta dio pruebas más que sobradas de cómo la majestad real superaba el vilipendio y los malos tratos de los sansculotes.

maria antonieta

UNA ANÉCDOTA : En vísperas de la Revolución Francesa la monarquías se encontraba una situación bastante delicada. Su actitud luchadora y su autoritarismo habían minado la popularidad casa real hasta limites insospechados.

A ello había contribuido especialmente María Antonieta, la esposa del rey Luis que, quizás por el hecho de ser austriaca (su madre archiduquesa María Teresa), era la que gozaba de peor prestigio.

Precisamente en una época en que el pueblo llano sufría importantes carencias, un ministro se dirigió a la reina para informarle de la delicada situación que atravesaba la humilde población y le explicó que muchas familias ni siquiera tenían un poco de pan que llevarse a la boca.

La soberana, sin dudarlo un momento, le aconsejó: «Y si no tienen pan, ¿por que no comen pasteles?».

EL ASUNTO DEL COLLAR: En 1785 estalló el asunto del collar, que sería, según Goethe, el prefacio de la Revolución.

En un principio se trataba de una estafa: un gran señor, el cardenal de Roñan, distanciado de la reina, se dejó convencer por cierta Hádame de la Motte-Valois que María Antonieta ya no estaba resentida con él, y que ella necesitaba comprar, por su intermedio, un suntuoso collar de diamantes, cuyo valor era de 1.600.000 libras.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Desde luego, el collar no llegó nunca a manos de la reina, y los joyeros nunca recibieron su pago.

Este caso selló definitivamente la imagen de la reina ante la opinión pública, y la caracterizó por el desenfreno con que dilapidaba el dinero de la realeza para satisfacer sus placeres.

María Antonieta demostró una gran imprudencia al ordenar el arresto de Rohan y un proceso público que aumentó el descrédito de la monarquía.

Así rezaba un panfleto de la época:

Ávida, derrochadora, manipuladora, extranjera, corrupta, la reina ocupó un lugar entre las grandes malhechoras de la historia: «Más malvada que Agripina, cuyos crímenes fueron inauditos, / más lujuriosa que Mesalina, / más cruel que los Médicis» rezaban los panfletos que circulaban sobre «la Austríaca». Aunque a veces sufría a causa de ellos, se negó a tomar en cuenta las críticas: su deseo sincero de ser una mujer y no sólo una reina minaba los valores monárquicos. Pretendía hacer de rey, pero era incapaz de hacer de reina.

MARÍA ANTONIETA CONTRA LA REVOLUCIÓN

Desde el principio, la reina fue hostil a todo compromiso con las causas revolucionarias.

Ante la constitución de los diputados del tercer estado en la Asamblea nacional, el 17 de junio de 1789, preconizó el envío de tropas.

Multiplicó las maniobras ante el rey para que él optara por la firmeza, y por ello naturalmente fue acusada de estar en el centro del complot aristocrático y austríaco.

En el fondo, se opuso a toda reforma de la monarquía, escogió actuar como si nada hubiese cambiado y despreció a la multitud y a Mirabeau, con quien se reunía en secreto.

Con la ayuda del sueco Axel de Fersen, con el que indudablemente sostuvo una relación amorosa, María Antonieta preparó la huida de la familia real, que fracasó con el arresto en Varennes.

Sin embargo, en el período agitado que siguió, reveló cierta grandeza de reina, acorde con la idea que ella tenía de la monarquía.

Por último, reconciliada con su función, desplegó todos los rasgos del heroísmo familiar y cristiano al replicar el espíritu de sacrificio de Luis XVI.

En su proceso, del 14 al 16 de octubre de 1793, surgieron las acusaciones habituales, además de otras de incesto completamente montadas.

Fue guillotinada el 16 de octubre, fecha a partir de la cual su leyenda se puso en marcha.

Biografia de Luis XIV
Biografia de Luis XV
Biografia de Luis XVI
Revolución Francesa
Carlota Corday
Florence Nightingale
Ana Frank

fuente

Biografia de Carlos V de Francia

Biografia de Carlos V de Francia

Después de Poitiers (19 de septiembre de 1356) Francia se hallaba sin rey, sin ejército, sin gobierno y sin recursos, entregada a la voluntad de la monarquía inglesa y sometida a las más violentas conmociones internas.

Este fue el momento más crítico con que se enfrentó la casa de los Valois. ¿Y quién tenía la responsabilidad de salvar la nave del Estado?. Un joven de unos veinte años, enfermizo y prematuramente envejecido; un joven que nunca había demostrado veleidades belicistas ni deseado triunfos y aparatosos éxitos, como sus predecesores, sino que amaba la vida sedentaria de los palacios, el rincón agradable de la biblioteca y la oración en la capilla.

Carlos V de Francia
Carlos V, llamado el Sabio, fue un monarca de la dinastía Valois, que gobernó como rey de Francia desde 1364 hasta su muerte. Era el hijo primogénito del rey Juan el Bueno y de Bona de Luxemburgo.
Fecha de nacimiento: 21 de enero de 1338, Vincennes, Francia
Fallecimiento: 16 de septiembre de 1380, Castillo de Beauté-sur-Marne
Reinado: 8 de abril de 1364 – 16 de septiembre de 1380
Carlos VI de Francia

Este joven, llamado Carlos, iba a ser el salvador de Francia, el restaurador de la nación empobrecida, el humillador de la monarquía inglesa.

Había nacido en el castillo de Vincennes, el 21 de enero de 1337, primogénito de Juan II y de Bona de Luxemburgo. Su primera juventud había transcurrido alejada de los asuntos de gobierno.

Sólo poco antes de Poitiers había recibido, con el título, la administración del ducado de Normandía. Pequeño aprendizaje para hacer frente a la carga que echaba sobre sus hombros la captura de su padre por los ingleses en Poitiers.

Para acudir a lo más perentorio, el delfín, como lugarteniente del reino, convocó los Estados Generales de los países de Lengua de Oil en París. En las reuniones celebradas por esta asamblea en 1356 y 1357 se puso de relieve el espíritu agresivo de los mercaderes de París, acaudillados por Esteban Marcel y auxiliados por los partidarios de Carlos de Navarra.

La oposición se transformó en sublevación. Marcel fue el verdadero señor de París: dio libertad a Carlos de Navarra y sus hombres asesinaron a destacados servidores del regente en la propia cámara de Carlos V.

A mediados de 1358 la situación parecía desesperada: en París imperaba el terror de los marcelistas; en el campo corrían las bandas de la jacquerie; en las fronteras se aprestaban las tropas de Inglaterra y de Navarra.

Pero la constancia de Carlos V logró superar esta dura prueba: Marcel fue eliminado; la jacquerie, sofocada; los ingleses y los navarros no pudieron lograr ningún éxito positivo.

Por otra parte, gracias a su habilidad diplomática, el regente obtenía de Eduardo III el tratado de Bretigny, ratificado por el de Calais (1360), desde luego ventajoso para Inglaterra, pero no humillante como el firmado por su padre erí Londres el año precedente.

Después de una segunda etapa de gobierno de Juan el Bueno, siempre tan fantástico — pensaba en la Cruzada y no en reparar las ruinas de Francia —, Carlos recibió la corona en Reims el 19 de mayo de 1364.

Desde aquel momento empleó todos sus esfuerzos en restaurar la potencialidad de Francia. Para ello se valió de dos condiciones innegables que poseía: su talento para descubrir servidores aptos y fieles y su habilidad y astucia diplomáticas.

Los hombres de su reinado fueron legistas y capitanes afortunados: un Bureau de la Riviére o un Bertrán du Guesclin, sinceramente afectos a la monarquía y trabajadores honestos e incansables.

Con su ayuda puso orden en la hacienda pública, en particular en el aspecto monetario, y mantuvo a raya al turbulento Carlos el Malo de Navarra y a sus propios hermanos, Felipe, Luis y Juan, que le dieron más de un disgusto.

A la pacificación del reino contribuyó la expulsión de las Compañías blancas, las cuales en 1368 hallaron nuevo campo de actuación en la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastamara.

Llegaba el momento de tomarse el desquite de Inglaterra. Carlos V dispuso lo oportuno para llegar a la ruptura citando al príncipe de Gales ante el parlamento de París. En mayo de 1369 se iniciaron las hostilidades.

Pese a sus incursiones en 1369, 1370 y 1373, los ingleses no lograron ningún éxito positivo. Por eí contrario, respaldado con el auxilio de Flandes y de Castilla, Carlos V se apoderaba de Ponthieu, Roerga, el Lemosino, Poitou, Santonja, etc.

En julio de 1380 los ingleses quedaban reducidos a Calais, el Bordelesado y unos pocos territorios más. Dos años antes, en 1378, habían caído en poder de Francia, por sorpresa, los dominios normandos de Carlos el Malo, acusado de traición a la causa de su monarca.

El gran rey, llamado el Prudente por la Historia, murió prematuramente, en el castillo de Beauté, en el Marne, cerca del bosque de Vincennes, a la edad de 43 años, el 16 de septiembre de 1380, cuando muchos proyectos ambiciosos anidaban en su corazón.

Había establecido en Francia un rudimento de administración coherente, había dado rudos golpes a la nobleza y había favorecido la prosperidad del país. Distinguióse como erudito en astrología, medicina, leyes y filosofía.

Su palacio fue frecuentado por distinguidos escritores, como Felipe de Meziéres y Nicolás Oresme, algunas de cuyas ideas llevó él a la práctica. Sólo le cabe achacar en culpa en el aspecto religioso de su vida —- por lo demás modélica—, la protección dispensada al antipapa Clemente VII con lo que fomentó el Cisma de Occidente , nocivo para los intereses políticos de Francia.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
Biografia de Chamberlain Joseph
Biografia de Cecil Rhodes
Biografia de Enrique III de Inglaterra
Biografia de Bonifacio VIII
Biografia de Boccaccio Giovanni
Biografia de Wyclef John
Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Para Niños o Principiantes La Revolución Francesa Simple y Fácil

Para Niños o Principiantes – Explicación Fácil De
La Revolución Francesa 

Antes de comenzar, quiero reforzar un concepto importante, y digo reforzar porque estoy seguro que ustedes lo saben muy bien. Cuando estudiamos historia, una de las formas de hacerlo es leerla como un cuento y aceptar los acontecimientos estudiados con simple naturalidad, tratando de memorizar fechas, sucesos, anécdotas, etc. para luego repetirla de la misma manera en que la fuimos memorizando, pero como les decía antes, sabemos que estudiar de memoria no es nada, nada bueno, simplemente porque no pensamos, no relacionamos, y ni reflexionamos sobre los hechos ocurridos, …. y además también sabemos que todo lo memorizado a corto plaza se olvida.

Entonces para estudiar historia, y en este caso en particular sobre la Revolución Francesa, comenzaremos observando la historia como una larga línea de sucesos ordenados, desde el origen del hombre, pasando por la escritura, por miles de batallas, grandes inventos y acontecimientos, como cuando el hombre llegó a la Luna, hasta nuestros días del siglo XXI. A esa larga línea de miles de años la llamamos LÍNEA DE TIEMPO y la dibujamos como se indica mas abajo, una línea recta divida en lapso de tiempos medidos en años. Veremos que la historia tiene cuatro períodos.

LÍNEA DE TIEMPO BASE:

Podemos hacerla tan larga hacia atrás como quisieramos, pero nuestro límite es el BIG BANG cuando comenzó a formarse nuestro UNIVERSO, en nuestro caso comenzamos cuando apareció el ser humano en el PLANETA TIERRA, hace unos 2.000.000 de años aproximadamente y avanzamos para llegar a un suceso que ha revolucionado la comunicación de todos los seres existentes de aquella época, la ESCRITURA,  a ese período lo conocemos como la PREHISTORIA.

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a.C: significa antes del nacimiento de Cristo y d.C. significa despúes de Cristo

La etapa que los historiadores denominan HISTORIA comienza con la escritura (-3500 a.C. aproximadamente) y llega hasta hoy. Para estudiar esa larga etapa histórica se ha convenido dividirla en cuatro períodos, llamados HISTORIA ANTIGUA hasta el año 476 d.C. cuando cae el Imperio Romano de Occidente, luego continua la EDAD MEDIA hasta el año 1453 cuando cae el Imperio Romano de Oriente, para seguir con la EDAD MODERNA hasta el año 1789 en que se produce la REVOLUCIÓN FRANCESA y cae el Rey Luis XVI de Francia, a partir de ahí comienza la EDAD CONTEMPORÁNEA que es la que vivimos hoy, y tiene mas de 200 años.

Dentro de cada lapso o período estudiado podemos incluir todos los sucesos que deseamos desde el mas simple y a veces olvidado hasta el mas destacado , todo depende de la profundidad en que deseamos analizar los procesos históricos. Para este caso solo pondremos atención en un solo momento y analizaremos una región temporal de algunos años para atrás y para adelante, como ya veremos.

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Observa que la Revolución Francesa ocurrió en el año 1789 d.C. y fue un acontecimiento tan importante que los historiadores usan ese suceso como una especie de «mojón» o límite en la Historia, dando así lugar al inicio de otra historia que es la actual.

ESTUDIAR HISTORIA:

Cuando estudiamos historia, y para ordenar nuestras ideas frente a cada acontecimiento debemos preguntarnos lo siguiente:

1-¿Como podemos definir el suceso…?

2-¿Donde ocurrió…?,UBICACIÓN FÍSICA

3-¿Cuándo, en que fecha ocurrió…?, UBICACIÓN TEMPORAL

4-¿Por que ocurrió…?, las CAUSAS

5-¿Quienes fueron los protagnistas o actores que intervinieron…? la SOCIEDAD

6-¿Que ocurría antes para que esto se produzca…?, a esto lo llamamos ANTECEDENTES.

7-¿Como continuó, produjo cambios sociales, políticos, religiosos,….?, las CONSECUENCIAS

8-También se suele estudiar el LEGADO , es decir , si lo acontecido ha modificado la vida de las futuras generaciones.

Es importante que siempre tengas presente estas cuestiones porque con ellas podrás analizar y reflexinar cualquier momento de la historia, si que haga falta de memorizar todo de corrido, porque como dijimos antes , es método falla a corto plazo.

Finalmente otro concepto de gran ayuda cuando estudiamos temas humanísticos, (no solo para la historia) , es fundamental hablar o escribir con propidad, es decir utilizando téminos correctos y lo mas precisos posibles. Siempre es bueno expresarnos con nuestra palabras, pero «nuestras palabras» deben contener algo de contenido para poder transmitir lso hechos con la mejor exactitud y veracidad.

A ese conjunto de palabras utilizadas para expresar nuestro conocimiento los denominamos: VOCABULARIO y cada asignatura tiene su propio vocabulario.

Para el caso que nos toca, y como ya veremos hay palabras como: MONARQUIA, ABSOLUTISMO, BURGUESES, ESTADO, ASAMBLEA, MOVIMIENTO, REVOLUCIÓN, RÉGIMEN, MONARCA, CONSTITUCIÓN…etc. y que a medida que avancemos con la descripción las explicaremos. También lo interesante de estos conceptos, que una vez aprendidos lo podemos usar en otros momentos históricos, de otros lugares y origen, por ejemplo si estudiamos la Revolución de las Colonias Americanas en 1776, vamos a utilizar casi el mismo vocabulario…

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DESCRIPCIÓN SIMPLE DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA:

Definición: La Revolución Francesa fue un movimiento social y político que estalló en París el 14 de Julio de 1789, contra el absolutismo real y los privilegios de las clases mas altas de la sociedad. Ese acontecimiento cambió la forma de gobierno y de la organización de la sociedad. Este movimiento se gestó por el deseo social  de un mejor orden político y de una más justa organización social.

Observa que de la misma definición , ya podemos responder a las primeras cuestiones antes dicha, ocurrió en PARIS, el 14 DE JULIO DE 1789 contra el vigente gobierno ABSOLUTISTA  de Francia que en aquel momento estaba en manos del rey LUIS XVI.

revolucion francesa para niños

Luis XVI , Rey de Francia, dueño absoluto del poder

Veamos ahora algunos conceptos para nuestro vocabulario:

Revolución: Es un cambio violento en las instituciones políticas o gobierno de una nación:

Monarquía: Forma de gobierno en que el poder de mando es ejercida por una persona,que la recibe con carácter vitalicio y hereditario, la monarquía puede ser absoluta.

Monarquía Absoluta: el cuando el poder del gobernante, llamado rey,  es ilimitado, es decir, ostenta todo el poder del Estado sin limitación, tiene poder absolutos sobre todas las actividades del país, como las guerras, la relaciones internacionales, la justicia, dicta leyes, y hasta tiene la decisión de la vida o muerte sobre sus súbditos.

Movimiento: es una agitación de mucha gente con violencia

Respecto ahora a las causas que originaron este estallido social, es que el mantenimiento de ese estado absolutista demandaba mucho gasto en dinero y riquezas del país, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio y no les importaba el pueblo.

* La economía del país estaba arruinada y estancada.

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente, para enfrentar guerras inútiles.

* La corte y el clero vivía rodeada de lujos y no pagaba impuestos.

* Hacia 5 años que las cosechas eran malas y la gente vivía miserablemente, apenas podía comer.

Los Ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

Bien estudiemos que significa todo esto:

En aquella época la sociedad (que es el conjunto de personas que habitan un territorio), llamada estamental, estaba dividina en tres grupos, llamados ESTADOS, el primero correspondia al CLERO osea a la Iglesia con todos los sacerdotes , y recibían el 10% (diezmo) de todo lo cosechados por los campesinos de Francia, y NO pagaban impuesto. En el segundo estado estaba la NOBLEZA, gente rica, dueña de gran parte de las tierras francesas, que vivían a costa del Rey y NO pagaban impuesto, y finalmente en el Tercer Estado o Estado LLano, que representaba el 97% de los habitantes estaban los profesionales como los abogados, médicos, etc., también pertenecían los artesanos, obreros y campesinos. Todos ellos trabajaban intensamente, pagaban impuestos con dinero o con sus propias cosechas , pero vivían muy mal, muchos desnutridos , enfermos y sin ilusiones.

A este último grupo de trabajadores, que eran los que realmente trabajaban en beneficio de unos pocos, eran y son llamado: BURGUESIA, ….este nombre deriva de la palbra BURGOS que es justamente en donde ellos se iniciaron con su labor, que no eran mas que el origen de las primeras ciudades en la Edad Media.

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De cada 100 habitantes de Francia, solo un 3% pertenecía al 1º y 2º estado, el resto eran humildes trabajadores, que mantenían con su esfuerzo a ese grupo privilegiado.

Observa un grabado de la época, indicando una situación injusta, vemos a un integrante del primer estado con todo su peso sobre el lomo de un campesino muy cansado.

grabado epoca francesa

Como ocurre en casi todas las Revoluciones, siempre hay una última causa o «chispa» que inicia el movimiento social, donde la gente se exalta y sale con violencia a las calles a reclamar por sus derechos….en este caso los «actores sociales», que inician la agitación son los pertenecientes al 2º y 3º estado, es decir, los que mas sufrían este estado de injusticia.

Esta «chispa» se inicia cuando el Rey Luis XVI desea realizar una serie de reformas para mejorar la situación general de su población y convoca a todos los ciudadanos a una especia de Asamblea General, llamado Estados Generales, que no reunían desde hacia dos siglos.

Esta Asamble comenzó a funcionar en Versalles el 5 de Mayo de 1789 y la dirigía el mismo Rey, Luis XVI, y en ella estaban presentes los representantes de los tres estados antes explicados: el clero, la nobleza y la burgesía.

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Los Estados Generales en Mayo de 1789

Luego de discutir publicamente los problemas de la sociedad, como conclusión de esta Asamblea, podemos resumir en lo siguiente:

* Se condenó unánimente, es decir casi todos los integrantes, el absolutismo del Rey, con su poder ilimitado.

*  Hubo acuerdo para crear una Constitucion que defienda los derechos de los ciudadanos por igual.

*  Crear un organismo para estudiar nuevas leyes mas justas.

*  Votar para aumentar o crear nuevos impuestos.

Todos estos pedidos fueron solicitados por mayoría, pero la nobleza no estaba decidida a perder sus privilegios y presionan al Rey para que anule estas moficicaciones, quien mandó a cerrar la sala de seciones de la Asamblea, creando un ambiente de tensión y mas injusticia en la mayoría de los ciudadanos, que en respuesta a las órdenes del monarca, se proclamaron en Asamblea Nacional Constituyente, y juraron:

«No separarse jamás y reunirse en cualquier parte donde las circunstancias lo exigieran, hasta que la Constitución
estuviese afirmada sobre sólidos cimientos».

Con ese acto se anuló los Estados Generales, y quedó abierto el camino para las reformas que el pueblo deseaba implantar.

Nuevamente presionado por la corte y la nobleza, Luis XVI separó del gobierno a su ministro Necker, un hombre que comprendía las demandas del pueblo, y muchas veces sugería al Rey que tomara medidas en favor de sus súbditos.

LOS PROTAGONISTAS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

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Con ese acto el estado llano creyó que se perdían las esperanzas de una monarquía constitucional, y ya sin ilusiones de conseguir sus objetivos, la muchedumbre, violenta y enardecida pordiscursos de agitadores,  saqueó las armerías y el Cuartel de los Inválidos, y marchó contra la Bastilla, una vieja fortaleza convertida en prisión del Estado, que fue tomada por los revolucionarios, después de sangriento combate, el 14 de julio de 1789.

revolucion francesa

La Toma de la Bastilla  en 1789

La Bastilla era el símbolo de la arbitrariedad del absolutismo real. La muchedumbre pensaba encontrar en ella centenares de víctimas, y halló que los recluidos eran solo siete. Los desórdenes de París se extendieron rápidamente a todas las demás provincias y estados limítrofes.

Las CONSECUENCIAS de este levantamiento popular, y debido a los graves sucesos ocurridos, impresionaron fuertemente a las clases privilegiadas, que comprendieron que no podían continuar con sus privilegios.

Despúes de varios días de debates y en una histórica sesión de la noche del 4 de agosto de 1789, renunciaron espontáneamente a sus privilegios: no existirían más feudos, ni derechos del señor, ni servidumbres, ni nobles y plebeyos, etc.: todos serían iguales ante la ley.

De esta manera se había logrado el primer objetivo de la Revolución, y el entusiasmo fue general.

La Asamblea Nacional Constituyente se dedicó a preparar la Constitución, con leyes similares a la de su país vecino, Inglaterra. Después de dos años de labor, fue proclamada la Constitución de 1791, donde se reflejan las ideas del filosofismo, la enciclopedia, los economistas y, sobre todo, las del Contrato social de Rousseau.

Como preámbulo a la Constitución, la Asamblea proclamó la «Declaración de los Derechos del Hombre«, la primera etapa de la Revolución había triunfado y el antiguo régimén absolutista, había sido abolido.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

La Asamblea Nacional, en la sesión del 26 de agosto de 1791, después de amplias discusiones, aprobó la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano».

Los puntos principales de la Declaración son los siguientes:

• Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho.
• El principio de toda soberanía reside en la nación.
• La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a otro.
• La ley es la expresión de la voluntad general.
• Todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
• Todo hombre tiene derecho a la libre emisión del pensamiento.
• Los ciudadanos tienen el derecho de aprobar, vigilar y controlar la administración pública

LEGADO: La «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano» tiene carácter de universal, en cuanto los derechos y libertades allí expuestos, pueden ser aplicados a todas las personas del mundo.

Pero no es universal en el sentido de que abarque todos los aspectos de la vida humana, pues solo contempla el aspecto político. Se le ha criticado, entre otras cosas, su excesivo individualismo y su inexacta definición de las libertades. Además nada dice de los derechos de la familia, del trabajador, de la agremiación, etc.; ni una palabra de la libertad de las conciencias, de la enseñanza, etc., por lo que 1948 la Asamblea General de los Derechos Humanos completó esta primera declaración francesa.

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El grabado de la imagen muestra uno de los momentos mas duros de la Revolución Francesa, la ejecución de Luis XVI. Tuvo lugar el 21 de enero de 1793 en una guillotina instalada en la parisina plaza de la Revolución. Con anterioridad, el Rey había sido juzgado por la Convención Nacional, acusado de traición, y condenado a muerte.

Ampliación del Tema: Ver La Revolución Francesa

Fuente Consulatada:
Educacion Democrática 3º Año Escuelas Tecnicas de Mario Alexander

Guerras Entre Carlos V y Francisco I de Francia Por Europa

Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia
Guerras Por El Control de Europa

El interminable y encarnizado duelo que sostuvieron Carlos I de España y Francisco I de Francia para lograr la hegemonía en Europa, dio a conocer nuevos sistemas de gobierno. Los intereses religiosos fueron cediendo terreno progresivamente a los intereses políticos y a las preocupaciones dinásticas. Debido a las dificultades que se le plantearon a la Iglesia católica, el papa decidió convocar un concilio en Trento en el que dejó establecidos ciertos principios.

A fines de la Edad Media y en los albores de los tiempos modernos, en Europa occidental fueron delineándose los grandes Estados actuales. Sus soberanos, que disponían de desarrolladas instituciones administrativas, aspiraban a un poder cada vez más arbitrario y absoluto. También intentaban extender su influencia más allá de sus fronteras.

Por este motivo, no contentos con tratar de resolver los problemas de su propio país, sostuvieron encarnizadas luchas entre ellos para asegurarse el predominio. Así ocurrió especialmente en la primera mitad del siglo XVI, entre dos soberanos que dominaron su época: Carlos I y Francisco I.

Francisco I de Francia y Carlos V de Alemania

Carlos I de España y V de Alemania (nacido en 1500 en Gante y muerto en 1558) heredó un imperio inmenso pero disperso, que comprendía los Países Bajos borgoñones, el Franco Condado, Éspaña y sus posesiones en Italia y las colonias españolas de América.

A la muerte de su abuelo Maximiliano I de Austria, consiguió asegurarse la corona del Sacro Romano Imperio.

Francisco I (1515-1547), rey de Francia, cuyas posesiones estaban rodeadas en gran parte por los Estados de Carlos I, también deseaba esta corona imperial. Por otra parte, los dos soberanos fueron rivales durante la mayor parte de su reinado, a pesar de que desde 1530 estaban unidos por lazos familiares.

En efecto, el rey de Francia se había casado con Eleonora, hermana de Carlos I. Pero debido a la extensión de las posesiones de éste, en Europa se rompió el equilibrio. El rey de Francia quería restablecerlo, y a ser posible, inclinar la balanza a su favor, puesto que en 1519 presentó su candidatura al trono imperial.

Algunos territorios fueron reivindicados desde un principio por ambos soberanos. En primer lugar estaba el ducado de Borgoña, que en el siglo anterior Luis XI le había arrebatado a María de Borgoña, abuela de Carlos. Por otra parte, Francisco I reivindicó unos supuestos derechos sobre Napóles, Sicilia y Milán, e invadió el Milanesado.

Durante la larga lucha que sostuvieron las dos casas, la suerte de las armas tanto favoreció a una como a otra. En 1525 Carlos I obtuvo una primera victoria en Pavía. No sólo venció al rey de Francia, sino que lo hizo prisionero y lo encerró en una torre en Madrid. Francisco tuvo que pasar por la dura prueba de firmar el tratado de paz de 1526. En él renunció a Borgoña, al Milanesado y a Tournai, así como a los derechos de soberanía que la Corona de Francia siempre había reivindicado sobre Flandes y el Artois.

Pero en cuanto Francisco recobró la libertad, negó todo lo que había aceptado en Madrid y reemprendió la guerra. Esta vez pudo contar con el apoyo del papa Clemente VII y del rey de Inglaterra Enrique VIII, que antes se había puesto al lado de Carlos. Ambos querían poner fin a la hegemonía del rey de España y a la de la dinastía de los Habsburgo, a la que éste pertenecía.

A pesar de las derrotas de los ejércitos franceses, y pese al saqueo de Roma por los ejércitos imperiales, en 1529 se firmó la paz de Cambrai. Esta «paz de las Damas» (llamada así porque las conferencias se habían celebrado a instancias de Margarita, tía de Carlos, y de Luisa de Saboya, madre de Francisco) establecía que, mediante una importante indemnización pecuniaria, Carlos renunciaba, por lo menos de modo provisional, a sus pretensiones sobre Borgoña.

En efecto, los protestantes alemanes insurrectos y la amenaza de los turcos, eran adversarios mucho más temibles contra los que tendría que movilizar todas sus fuerzas.

Pero Francisco aspiraba a arruinar el poder de los Habsburgo. Pese a ser católico, por ambiciones políticas no vaciló lo más mínimo en aliarse a los jefes protestantes alemanes. Incluso concluyó una alianza con los turcos, rompiendo, así, con sus antepasados, que habían emprendido más de una cruzada, y olvidando que los turcos seguían siendo los principales enemigos de la cristiandad.

Desde este punto de vista, sus intervenciones representaban el nuevo espíritu que se afirmaba a fines de la Edad Media: los intereses políticos ganaban terreno progresivamente a los religiosos. Por otra parte, su alianza con los protestantes alemanes no impidió que Francisco I persiguiera a los reformados en su propio país.

Por lo tanto, Carlos tuvo que luchar simultáneamente en varios campos. No obstante, logró rechazar los principales ataques. Pero el emperador no tenía suficientes recursos para someter a toda Europa. Ésta fue también la opinión de Enrique VIII, que volvió a ponerse de su parte. Su ayuda fue bien acogida, pues Carlos tenía que hacer frente además a las dificultades provocadas por los príncipes luteranos.

Después surgieron problemas de orden religioso. Para resolverlos, Carlos propuso que se convocara un concilio. Francisco I empezó negando su aprobación, pero el Concilio se celebró en Trento, en 1545. El rey de Francia murió dos años después.

Durante su reinado, Francia vivió un período de fastuosidad y lujos exteriores, que se ven reflejados en castillos como los de Blois, Chambord o Fontaieminentes artistas como Leonardo de Vinci y Benvenuto Cellini. Pero toda esta magnificencia mermó considerablemente el tesoro público.

Sin embargo, su hijo Enrique II, apoyado por los protestantes alemanes, logró proseguir la lucha contra Carlos I. Finalmente, desanimado y agotado, el emperador abdicó en 1555. Pero antes repartió su imperio tan difícil de gobernar entre su hijo Felipe (a quien dio los Países Bajos, España, el Milanesado, Napóles y las colonias) y su hermano Fernando, que heredó las tierras de los Habsburgo y la candidatura al trono imperial.

//historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg Carlos V y Francisco I: Rivales Encarnizados –

Enrique IV Borbón Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Enrique IV Borbón: Biografía y Gobierno Como Rey de Francia

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV (de Francia) (1553-1610), rey de Francia (1589-1610), que restauró la estabilidad tras las guerras de Religión del siglo XVI. Fue el primer rey Borbón de Francia y también rey de Navarra, con el nombre de Enrique III (1562-1610). Enrique nació en Pau (entonces Navarra) el 13 de diciembre de 1553. Su padre, Antonio de Borbón, duque de Vendôme y rey de Navarra, era descendiente, en novena generación, del rey de Francia del siglo XIII, Luis IX. Su madre, Juana de Albret, era reina de Navarra y sobrina del rey Francisco I de Francia.

Durante el siglo XIII, Francia vivió un período de prosperidad durante la época de los grandes Capetos, Felipe Augusto, Luis IX (san Luis) y Felipe el Hermoso. Seguidamente estalló la Guerra de los Cien Años, que llevó al país al borde de la ruina, pero que, gracias a la enérgica intervención de Juana de Arco, finalizó con la victoria de Francia.

Después, el poder pasó a manos de los Valois, llamados los «reyes malditos», entre ellos Carlos VII, Luis XII, Francisco I, el enemigo jurado del emperador Carlos I de España, y por último Enrique II y sus tres hijos: Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Durante el reinado de estos tres últimos, Francia estuvo ensangrentada por crueles guerras de religión (1560-1590). Enrique III murió  asesinado,  y así se dio fin a la casa de los Valois.

Enrique de Borbón, jefe de los hugonotes (calvinistas franceses), que ya era rey de Navarra, subió al trono de Francia con el nombre de Enrique IV. Tras largas tergiversaciones, decidió convertirse al catolicismo. En julio de 1593 fue bautizado en la catedral de Saint-Denis, cerca de París.

Al año siguiente, París, que era profundamente católico y estaba en manos de la fanática Liga Santa, abrió sus puertas al nuevo rey. La famosa frase «París bien vale una misa» se ha atribuido a Enrique IV, pero probablemente su autor fue su ministro Sully, que después de esto se hizo famoso.

casamiento de enrique IV Borbón

Casamiento de Enrique IV Borbón con María de Medicis

Al poco tiempo de haber entrado en París, Enrique IV declaró la guerra a España. La lucha finalizó en 1598 con la paz de Vervins. De este mismo año data el Edicto de Nantes, por el que se autorizó a los hugonotes a practicar libremente su culto, pero sólo en ciudades en las que ya se hubieran celebrado anteriormente oficios protestantes.

Además, se concedieron a los hugonotes «plazas de seguridad» como garantía de que el Estado respetaría las cláusulas del Edicto de Nantes. También desde ese momento pudieron desempeñar cargos oficiales. «Sólo los católicos y los hugonotes se considerarán buenos franceses», fue la máxima del programa de Enrique IV, la base de su obra maestra.

A pesar de su carácter poco enérgico, este rey se distinguió por una sólida dosis de buen sentido, y sus objetivos fueron fundamentalmente buenos. Quería hacer a la realeza independiente de la Iglesia, de las supervivencias del feudalismo, de las asambleas de clases y del Parlamento de París. Pero, ante todo, deseaba sanear la situación económica del Estado. El duque de Sully fue su brazo derecho en esta delicada tarea.

Maximiliano de Béthume, baron de Rosny, a quien Enrique IV había concedido el título de duque de Sully, formaba parte de la corte desde los once años, y fue el amigo íntimo del rey. A pesar de que era esencialmente hombre de guerra, también reveló grandes aptitudes para los negocios. En 1598, Enrique IV le concedió los cargos de superintendente de Hacienda, gran veedor y gran maestre de Artillería (es decir, ministro de Hacienda, de Trabajo y de Guerra).

Para superar las dificultades financieras de Francia, Sully introdujo un nuevo impuesto que se recaudaba una vez al año. Este impuesto recaía sobre los miembros del Cuerpo de Justicia y de Hacienda. A cambio, en lo sucesivo podían legar su cargo a sus herederos. En realidad, sólo fue un reconocimiento oficial de la herencia de estos cargos u oficios,. Este derecho fue dado en arriendo a Charles Paulet; por este motivo, el nuevo impuesto no tardó en recibir el sobrenombre de «Paulette», nombre que conservó hasta la Revolución francesa.

Gracias a la hábil gestión financiera de Sully, Francia logró liquidar sus deudas y al mismo tiempo reducir los impuestos. De este modo se cumplió la voluntad del rey, que deseaba que cada campesino pudiera tener, los domingos, una gallina en la cazuela.

Después de haber saneado la hacienda, el rey y su ministro se preocuparon por mejorar la situación económica. Sully insistió sobre la importancia de la agricultura y la cría de ganado: «Labranza y pasturaje —decía—, son las dos ubres de Francia».

Con esta idea, hizo secar pantanos a fin de que los campesinos tuvieran más tierras de labrantío. Podríamos preguntarnos de dónde le venía a Enrique IV esta notable predilección por el labrador. ¿Se debió a que pasó toda su juventud entre campesinos de Bearne, o a que los consideraba las fuerzas vivas del Estado, al que daban los mejores soldados?.

Fuera como fuere, se dispusieron numerosas medidas en su favor: se redujeron sus impuestos; se prohibió a los agentes del fisco que se incautaran del ganado o material agrícola en caso de retraso en el pago de los impuestos; por otra parte, se prohibió a los nobles que cazaran en los campos de trigo y en los viñedos ; asimismo, fueron severamente castigados los soldados que saqueaban los campos o devastaban las cosechas.

Enrique IV también se preocupó mucho de las industrias. En este campo su principal consejero fue el economista Laffemas, a quien en 1602 nombró Contrdleur general (ministro) de Comercio.

Creó nuevas industrias de lujo y favoreció las ya existentes manufacturas de tapices, las cristalerías, curtidurías y los tejidos de fina tela de lino. También hizo plantar morales en toda Francia, indispensables para la cría del gusano de seda.
Se trazaron muchas carreteras nuevas y se construyeron canales. Sully tenía grandes planes, cuyo objetivo era unir el mar Mediterráneo al océano Atlántico. Estableció acuerdos comerciales con Inglaterra y Turquía y favoreció la
creación de una compañía para el comercio con las Indias.

Durante el reinado de Enrique IV, Francia estableció las bases de su imperio colonial de ultramar. El explorador Samuel de Champlain fue enviado a América del Norte con la misión de fundar una colonia francesa. La ciudad de Quebec, situada en la desembocadura del río San Lorenzo, se convirtió en el centro de dicha colonia.

En lo concerniente a la política internacional, Enrique IV pretendía acabar con el poder de los Habsburgo. Con tal intención, en 1610 concluyó una alianza con los príncipes protestantes de Alemania. Sully apoyó esta política. Este plan, conocido con el nombre de «gran designio», fue en cierto modo un primer proyecto de Estados Unidos de Europa. Aunque nunca se llevó a cabo, contribuyó poderosamente a extender la idea de que la paz debe apoyarse en una reorganización política de Europa.

La Liga Santa nunca perdonó a Enrique IV que tolerara a los hugonotes en el Estado, ni que antes hubiera sido uno de ellos. Incluso se dijo que tenía la intención de declarar la guerra al papa. Excitado por estas habladurías y por otros muchos chismes, Ravaillac concibió el plan de asesinar al rey. El 14 de mayo de 1610, en una callejuela estrecha, la calle de la Ferronerie, fue asesinado Enrique IV, cuando se dirigía a ver a Sully.

-París, Bien Vale Una Misa –

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espiritu

Concepto de Romanticismo Origen y Características de su Espíritu

El romanticismo surgió en Alemania, a fines del siglo XVIII, pero pronto se extendió por el resto de Europa y en las nuevas repúblicas del continente americano, imponiéndose durante gran parte del siglo XIX. El nuevo movimiento proponía basarse en la imaginación, los sentimientos y las emociones por sobre lo racional, además de rescatar a la Edad Media, que durante muchísimo tiempo había sido considerada como una edad oscura para el saber y el arte.

También, al estar vinculado a la emoción más que a la razón, el romanticismo tuvo como inspiración lo misterioso, lo épico y también lo pintoresco y el aspecto majestuoso de la naturaleza.

A medida que el movimiento de la Ilustración del siglo XVIII, con su exaltación de la razón y el intelecto, iba debilitándose paulatinamente, se fue desarrollando una nueva actitud romántica que se prolonga durante la primera mitad del siglo XIX, con manifestaciones posteriores que llegan hasta el XX.

El romanticismo es un movimiento difuso con varias características diferentes, entre las que se distingue cierta tendencia en las diversas artes, como la pintura y la música. Si la tradición artística clásica se preocupaba por lo universal, los románticos se interesaron en lo individual y particular. Mientras el clasicismo hace hincapié en la racionalidad, el romanticismo exalta la libertad.

Goethe da comienzo al clasicismo alemán. El poeta, dramaturgo, novelista y científico alemán fue el iniciador del periodo clásico de la literatura alemana. Es autor de Fausto, un drama en dos actos en el que reelaboró la leyenda del erudito mago medieval Johann Faust.

Estas nociones no se limitan al arte, sino que inspiran el enfoque de todo un período. El contraste entre el antiguo régimen y la revolución francesa que lo destruyó es un aspecto político de esta misma evolución. Asimismo, el nuevo desarrollo del nacionalismo, una faceta política del romanticismo, contrasta con el enfoque universal del pasado.

En líneas generales, el desarrollo histórico puede resumirse en una fórmula: en la época medieval los hombres creían en Dios; el Renacimiento les enseñó a creer en sí mismos; durante la Ilustración creían en la razón y en la nueva era romántica creían en la libertad.

El hombre medieval nacía siervo de Dios, el hombre del Renacimiento se consideraba su propio dueño, los pensadores de la Ilustración concebían al hombre como un ser esencialmente razonable y los románticos lo imaginaron esencialmente libre.

Los románticos amaban la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino. También, en contraste con el carácter universalista del neoclasicismo, el romanticismo era individualista: había un gran aprecio por la individualidad y laí diferencias que esta establecía entre las diversas personas. Por eso, el romanticismo valoraba al «distinto», sus héroes eran siempre rebeldes que quebraban las reglas establecidas, fueran estas éticas o sociales.

En esa búsqueda de lo diferente, el romanticismo concentró su atención en lo exótico (países, lenguas y civilizaciones lejanas o perdidas), lo sobrenatural (nació la novela gótica, con monstruos, vampiros y fantasmas) y lo profundamente nacional (se rescataron tradiciones y lenguas regionales como el catalán, el vasco, el gaélico y el bretón), algo que también fomentó la aparición de un nuevo género literario: la novela histórica.

El Romanticismo impuso:

• Predominio de la imaginación y de la sensibilidad sobre la razón.

• Independencia trente a las reglas clásicas, a las políticas antiguas y a los paradigmas consagrados.

• Exaltación del individualismo.

• Ostentación del egocentrismo: el yo a través de la obra literaria.

• Democratización en los temas artísticos.

• Revalorización de la Edad Media y el arte ojival.

• Admiración del pasado nacional.

• Apertura del campo de la historia científica.

• Aparición del drama literario.

Jean J. Rousseau: El período romántico por excelencia, la era generalmente conocida como época romántica, es la de la revolución francesa y los cincuenta años siguientes. Su gran precursor fue el escritor francés Jean Jacques Rousseau (1712-78). Reaccionó contra la tendencia racionalista de la Ilustración y abogó por un retorno a la naturaleza.

Rosseau

Declaró que las excesivas formalidades y normas de la civilización moderna son influencias corruptoras y afirmó que los hombres deberían volver a la vida simple y saludable de la tierra. La hipótesis que encierra esta concepción es que los hombres han sido desviados de su condición original, «natural», en la que habían sido buenos y libres.

El «noble salvaje» de Rousseau no había sido contaminado por los valores inferiores de la vida civilizada y se había mantenido independiente en su estado.Tal concepción es, por supuesto, tan simplista como la creencia exagerada en el poder de la razón.

En cuanto a la educación, Rousseau condenó los métodos tradicionales basados en el formalismo y la disciplina y en su lugar quería simplemente fomentar la curiosidad natural y espontánea del joven. La práctica actual de la enseñanza desprovista de formalidades es una noción romántica directamente inspirada en Rousseau.

En el ámbito político, consideraba a todo gobierno como opresivo, a no ser que la autoridad permaneciera en manos de los gobernados. Tal concepción está recogida en forma vivida en la Declaración de Independencia Americana y en la frase de Lincoln: «gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

El espíritu nacionalista: Cuando en 1789 estalló la Revolución francesa, los escritores y filósofos de muchos países se inspiraron en los nuevos ideales de libertad. Prometía la liberación del antiguo orden político, lo mismo que en el terreno artístico el romanticismo constituía una ruptura con los hinchados convencionalismos del pasado.

Si bien la escultura romántica conserva bastantes aspectos estéticos del neoclasicismo, le suma cierto realismo histórico y el espíritu romántico, particularmente a la hora de elegir los temas. Aunque la escultura romántica no fue tan prolífica en su producción como la pintura o la literatura, sí manifestó mucha energía y dinamismo.

Los franceses fueron sus mejores representantes, particularmente Francois Rude (1784-1855) -considerado el escultor francés más importante de este período-, Pierre Jean David d’Angers (1788-1856), Jean-Baptiste Carpeaux (1827-1875) y Antoine Louis Barye (1796-1875), considerado el mejor escultor de animales desde la Antigüedad.

El mal es real
El movimiento romántico del siglo XIX fue una reacción contra la excesiva simplicidad de las soluciones aportadas por los pensadores de la Ilustración. Esta idea está perfectamente expresada en la advertencia de Goethe de que no podemos captar el universo simplemente realizando cálculos.

En definitiva, quizás es un recordatorio general de que el mundo es más complejo y a la vez más simple de lo que nuestra nueva y predominantemente científica civilización es capaz de permitir: más complejo, porque los hombres suponen fácilmente que sus racionalizaciones científicas hacen justicia a la situación humana; más simple, porque todos los hombres poseen una penetración natural que les permite comprender a su prójimo.

Por otra parte, el enfoque romántico contiene un fallo inherente. Si lo único importante son los sentimientos y emociones, ello supone que no existe ningún criterio independiente para juzgar las cosas. Todas las normas universales son eliminadas. No sólo existe el peligro de ver la naturaleza a la luz de nuestras emociones, sino, lo que es aún más grave, en la esfera social y política, queda el campo abierto para medidas arbitrarias sancionadas por autoridades tan vagas como el instinto nacional o la voluntad general (ésta última noción es de Rousseau).

Nuestra época ha presenciado una despiadada represión en nombre de estas entidades míticas. En la medida en que el romanticismo invita a los hombres a no actuar razonablemente, su influencia es perniciosa. Los hombres no sólo sienten, sino que también piensan. Si pierden sus facultades de pensamiento racional, lo que queda es menos que un hombre, es algo inhumano.

LOS ROMÁNTICOS:
UN PECULIAR ESTILO DE VIDA.

[Al romántico] Le gusta hacerse notar por cualquier rareza en su aspecto, sus gustos y su carácter. Su modo de vestir, admite Théophile Gautier, está «profundamente meditado».

León Gozlan lo dibuja así: «un traje negro, abotonado desde el epigastrio hasta las carótidas maxilares, un cuello flojo»; además: «la tez pálida, escuálida y opalina…», una tez que debe revelar la angustia de una muerte próxima.  Debe vivir intensamente o desaparecer.

De hecho Byron, lord desengañado, a la vez amargo e insolente, muestra el tipo narcisista que no espera nada de los hombres antes del sacrificio altivo en Missolonghi; Sandor Petofi caerá en el campo de batalla de Segesvar en 1849; los duelos abrevian la vida de un Puchkin a los 37 años, de un Lerrriontov a los 27; de un Galois a los 21; Kleist mata a su amante, y luego se pega un tiro sobre el cadáver; Gérard de Nerval se cuelga en una callejuela; el actor Nourrit se precipita por una ventana, y, si algunos como Lenau, Schumann, Poe, se hundían en la locura 0 el alcoholismo, otros, Novalis, Shelley, Keats, Leopardi, Schubert, Chopin, Delacroix, Abel, son arrebatados por la enfermedad, las privaciones y las decepciones. ¡Cuántos desequilibras entre los príncipes de la época: un Carlos Alberto, un Federico Guillermo IV, un Luis I de Baviera, mientras que Luis Napoleón, sonámbulo, vive en su sueño y cree en su estrella!.

Cada uno es su propia ley y la rebelión le levanta contra las costumbres corrientes.

Robert Schnerb. El siglo XIX… [En Historia General de las Civilizaciones, dirigida por M. Crouzet.

Ver: El Romanticismo en la Literatura

Ver: El Romanticismo en la Música

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo II La Evolución Social – El Romanticismo – Ediciones Cisplatina S.A.

Reinado de Carlos X de Francia Biografía y Gobierno

BIOGRAFÍA Y GOBIERNO DE CARLOS X DE FRANCIA

La restauración monarquica en Europa de 1815, sufrió una leve transformación al morir Luis XVIII en 1824 y llegar al trono Carlos X. Carlos X (1757-1836) era nieto de Luis XV y hermano menor de Luis XVI, y fue  rey de Francia durante 6 años, desde 1824-1830. Se le conocía como Carlos Felipe, conde de Artois, hasta que fue proclamado rey. Fue uno de los líderes durante la Revolución Francesa.

Posteriormente residió en Gran Bretaña (1795-1814). Tras la ascensión de Luis XVIII al trono francés (1814), Carlos regresó a Francia, donde encabezó al reaccionario partido ultramonárquico. El favoritismo hacia la Iglesia católica y la aristocracia que caracterizó su reinado levantó un gran rechazo en el pueblo. Atacado internamente por todos, pensó que una aventura guerrera fuera de Europa afianzaría su poder, sin enemistarlo con los demás soberanos europeos.

Así concibió la expedición a Argelia y al norte de África. Sin embargo, para realizarla debió desafiar la amenaza de Inglaterra, cuya posición era predominante en el Mediterráneo. De todas maneras, el resto de Europa veía con benevolencia esta acción francesa que, cualquiera que fuera su resultado, limitaría el absorbente y cada vez más extenso poderío inglés.

La aventura no fue secundada por el pueblo francés y la burguesía mantuvo su oposición al rey, quien limitó más la libertad de prensa, lo que condujo a la revolución en 1830, conocida como la Revolución de Julio. La revolución ganó la calle, se enarboló nuevamente la bandera tricolor y Carlos X debió huir del país.

Revolución de 1830: En la ciudad de París estalla un movimiento revolucionario que obliga a abdicar al rey francés de la Casa de Borbón, Carlos X, antes de extenderse a otros países europeos. Aunque los dirigentes más radicales propugnan la instauración del régimen republicano, los liberales defienden la continuación de la monarquía, si bien limitada en sus poderes, en la persona de Luis Felipe, duque de Orleans, que poco después será proclamado rey de Francia por la Asamblea Nacional.

carlos x de francia

El rey francés Carlos X sucedió a su hermano Luis XVIII en 1824 y acentuó la política reaccionaria de la restauración monárquica.  En el retrato  aparece Carlos X con la vestimenta propia de la consagración regia.

Carlos X a sus 67 años de edad, como nuevo rey conservaba del gran señor del Antiguo Régimen los modales y los principios. Su esbelta figura, sus aristocráticas maneras y su elegancia eran legendarias. Aferrado a las prerrogativas reales más que a nada, se hizo consagrar en Reims con el mayor ceremonial.

Contrario a toda reforma, estaba completamente decidido a continuar con la política reaccionaria; pero su falta de inteligencia, su mediocridad y su testarudez terminarían por perderle. Villéle siguió en su puesto y trató de consolidar la mayoría ultra para satisfacer a su nuevo soberano. Ligó más estrechamente el clero al Gobierno, haciendo votar la ley sobre el sacrilegio, que penaba severamente los ultrajes a la Iglesia. Y se aseguró el apoyo de los defensores del Antiguo Régimen haciendo votar la ley de los mil millones en favor de los emigrados, que indemnizaba a todos los que habían visto confiscados sus bienes por la Revolución.

Estas leyes irritaron a la oposición, que manifestó su hostilidad de diversas maneras: los entierros de liberales como el general Foy, Manuel y La Rochefoucault-Liancourt sirvieron de pretexto para que se reunieran inmensas multitudes, que chocaron violentamente con la policía.

En la Cámara, los constitucionales, con Royer-Collard a la cabeza, formaron un bloque con los liberales, los galicanos, e incluso con «la punta», grupo de oposición de extrema derecha, dirigido por La Bourdonnaye y Chateaubriand. Villéle pensó poner fin al desorden que provocaban, disolviendo la Cámara «retrouvée» para anticipar las elecciones, pero éstas arruinaron sus esperanzas: todos los oposicionistas se habían unido en la sociedad denominada «Ayúdate a ti mismo, y el cielo te ayudará», dirigida por Guizot; su propaganda fue tal, que consiguieron sacar 250 diputados contra los 200 que obtuvieron los partidarios del Gobierno.

Considerando lo ocurrido, Villéle presentó su dimisión al rey, en enero de 1828. Carlos X se halló, pues, ante una Cámara ingobernable, la mayoría de cuyos diputados le era hostil. Comenzó por contemporizar, y puso en el ministerio del Interior al vizconde de Martignac, un constitucional de derecha, partidario del acercamiento a los liberales. Todos sus proyectos de ley fueron rechazados por la Cámara de Diputados, y Carlos X se sirvió de estos fracasos para destituir a Martignac, en agosto de 1829, y confió el ministerio a uno de sus amigos ultras, el príncipe de Polignac. El nuevo ministro, hijo de la favorita de María Antonieta, y jefe de la emigración, se rodeó de ultras, todos hostiles a la Carta Constitucional.

1830: LAS «TRES GLORIOSAS»
Junto a los republicanos, que atacaban al régimen en sus periódicos «La Tribune» y «La Jeune France», apareció una nueva corriente de oposición, formada alrededor del duque de Orleáns; sus partidarios, entre los que se encontraban Talleyrand, Carrel, Mignet y Thiers —estos dos últimos, directores del periódico «Le National»—, eran realistas moderados, preocupados, sobre todo, por los intereses de la burguesía; la República les atemorizaba tanto como la vuelta del Antiguo Régimen, y soñaban con una monarquía a la inglesa, en la que el poder estuviera repartido entre el rey y las Cámaras. Ante la amplitud de la agitación, el soberano acabó por convocar a las Cámaras en marzo de 1830.

Las acusaciones y las amenazas proferidas por él en el discurso de la Corona contra los oposicionistas, no intimidaron en absoluto a éstos; en la contestación, votada por 221 diputados, se proclamaba solemnemente el derecho de los franceses a discutir los intereses públicos, y se acusaba al rey de violar abiertamente la Carta. Ante tanta jactancia, Polignac hizo disolver la Cámara y fijó la fecha de las nuevas elecciones para el mes de junio o julio.

Raras veces una campaña electoral conoció una animación semejante. El Gobierno depuró los ministerios, censuró los periódicos, hizo que interviniese el clero e incluso el rey, que dirigió un solemne llamamiento a los franceses. Pero la oposición no se mostró menos activa, y, pese a los obstáculos, consiguió un triunfo sin precedentes, obteniendo 274 diputados.

El Gobierno no tenía más que una alternativa: aceptar lo ocurrido, o apelar a la fuerza. Carlos X hizo que se recurriera al artículo 14 de la Carta, que le permitía promulgar ordenanzas con fuerza de ley; así, el 25 de julio, firmó, en el castillo de Sainr-Cloud, las cuatro famosas ordenanzas que iban a desencadenar la revolución.

La primera de ellas sometía la prensa, «instrumento de desorden y de sedición», a una censura rígida, y ningún periódico podría publicarse sin autorización previa, renovable cada tres meses, bajo pena de ser secuestrado. La segunda decretaba la disolución de la nueva Cámara, debido a las maniobras que «habían engañado y extraviado a los electores».

La tercera concedía el derecho de voto sólo a los ciudadanos franceses que pagasen contribución territorial y el impuesto personal y mobiliario, descartando así a muchos comerciantes, industriales y miembros de profesiones liberales juzgados muy hostiles al régimen. Por último, la cuarta disponía que las nuevas elecciones se celebrasen en septiembre.

Los periodistas fueron los primeros en reaccionar: el 26 de julio, firmaron un llamamiento redactado por Thiers, en el que declaraban que publicarían sus periódicos sin petición de autorización previa, «ya que el Gobierno había perdido el carácter legal que obliga a la obediencia». Aquel atardecer, se manifestaron obreros, impresores y estudiantes al grito de «¡Abajo los ministros!». Al día siguiente, obreros y artesanos de los barrios populares se unieron a ellos, y se levantaron las primeras barricadas en las calles de la capital. Cuando, el día 28, llegó a París la noticia del nombramiento del mariscal Marmont (que había traicionado al emperador en 1814) como jefe del ejército, miles de hombres y mujeres se echaron a la calle, y, portando banderas tricolores al frente, ocuparon el barrio de Saint-Antoine, y después el Ayuntamiento y Notre-Dame.

El joven republicano Cavaignac se apoderó, con ayuda de los alumnos de la Escuela Politécnica, de varios cuarteles y distribuyó armas a la población. Los regimientos reales que no se habían pasado al lado de los insurgentes fueron aplastados en pocas horas; el Louvre y las Tullerías fueron sitiados; Marmont, derrotado, tuvo que evacuar París. El pueblo por sí solo, y en tres jornadas —las «tres gloriosas»—, había barrido a una monarquía execrada.

LA VICTORIA FINAL DE LOS ORLEANISTAS
Cuando la victoria del pueblo fue indudable, los diputados de la oposición comprendieron que no era posible ningún compromiso con Carlos X; así, cuando éste, consciente, al fin, de los peligros que corría, les envió emisarios para darles cuenta de que retiraba las ordenanzas promulgadas, aquéllos se negaron a recibirlos. Hostiles a Carlos X, estos ricos burgueses no lo eran menos a la república democrática. Supieron aprovecharse, hábilmente, de una situación que les era favorable; en efecto, el partido republicano no tenía ni jefes de prestigio, ni un programa coherente, ni arraigo profundo en el pueblo.

Ellos, en cambio, tenían un candidato y un programa, pero era necesario actuar con rapidez; reunidos en la tarde del 29, en casa del banquero Laffitte, con los jefes orleanistas nombraron una comisión municipal de cinco miembros, encargada de administrar provisionalmente París; después, por la noche, hicieron cubrir las calles de la capital con carteles donde se trazaba un retrato elogioso del duque de Orleáns, partidario de las conquistas de la Revolución, de la Carta Constitucional y de la bandera tricolor. Y les fue fácil, en las primeras horas de a tarde del día 30, convencer a los diputados y a los pares de que enviaran una delegación a Luis Felipe para ofrecerle la lugartenencia general del reino, hábil solución que descartaba la República y no imponía aún la monarquía.

Aunque Carlos X no había abdicado todavía, Luis Felipe respondió favorablemente a la proposición. Aprovechándose de las rivalidades entre los republicanos y los bonapartistas, los orleanistas organizaron, el día 31, un gran cortejo que, a través de las calles de París obstruidas por las barricadas, condujo a Luis Felipe, triunfalmente, de su residenica del Palais Royal al Ayuntamiento. Aunque primeramente hostil, la masa acabó por dejarse convencer y aplaudió hasta con entusiasmo cuando el príncipe, acompañado por el viejo La Fayette, ganado por el partido orleanista, apareció en el balcón, envuelto en una bandera tricolor.

Para evitar lo peor, Carlos X abdicó en favor de su nieto, el duque de Burdeos, hijo póstumo del duque de Berry, y rogó a Luis Felipe que asumiera la regencia; pero éste se negó e hizo un llamamiento a los parisienses para que marcharan sobre Rambouillet, refugio del viejo soberano. Entonces, el rey huyó a Inglaterra, dejando el trono vacante. El 3 de agosto, las Cámaras ofrecieron a Luis Felipe el título de rey de los franceses, a condición de que aceptara la revisión de la Carta y que prestara juramento ante ellas. Así terminó el período de la Restauración.

La toma de Argelia, unos días antes de la revolución, la excelente situación económica de Francia, la paz mantenida desde hacía quince años, no habían sido bastantes para salvar a un régimen cuyos excesos le habían hecho muy impopular.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Biografía de Luis IX El Santo Rey de Francia Obra Política

VIDA Y OBRA POLÍTICA DE LUIS IX EL SANTO DE FRANCIA – LAS CRUZADAS –

El rey Luis IX de Francia, uno de los santos de la Iglesia Católica, dirigió las dos últimas cruzadas y es uno de los personajes más notables de esa época turbulenta. Nació el 25 de abril de 1215, hijo del rey Luis El León.

Recibió una educación muy esmerada, en particular de su madre, Blanca de Castilla, quien según una difundida biografía solía decir: «Hijo, prefiero verte muerto antes que en desgracia de Dios por el pecado mortal».

VEAMOS SU BIOGRAFIA

Luis IX el Santo, llamado San Luis (Poissy, 1215 – Túnez, 1270) , rey de Francia (1226-1270), hijo y sucesor de Luis VIII el León.

Su madre, Blanca de Castilla, hija del rey de Castilla, Alfonso VIII, actuó como regente durante su minoría de edad y desde 1248 hasta la muerte de ella, ocurrida en el año 1252.

Durante sus últimos años de vida estuvo en Tierra Santa, participando en la séptima Cruzada, donde murió cuando estaba en Túnez.

Luis ix el santo de Francia

Dada su corta edad, la Regencia recayó en la reina madre, en cuyas manos dejó luego Luis la gobernación del reino, desde que fuera declarado mayor de edad en 1234 hasta 1242.

De esta forma, Blanca de Castilla gozo, durante su regencia, de un papel que ninguna reina iba a desempeñar en lo sucesivo, hasta llegar a Catalina de Médicis, tres siglos después.

Sin embargo, necesitó de toda su energía y toda su inteligencia pare imponerse, pues los barones de Francia, a la muerte de Luis VIII, padre de Luis IX,  habían declarado noblemente que el reino era «algo demasiado grande para ser gobernado por una mujer».

También  se rebelaron Felipe Hurepel, hijo legitimado de Felipe Augusto, aliado con el rey de Inglaterra Enrique III, con el conde de la Marca, Hugo de Lusignan, y con el duque de Bretaña, Pedro Mauclerc.

La monarquía vivió momentos dramáticos; los conjurados estuvieron a punto, en 1228, de raptar al joven rey, y,dos años después, Enrique III desembarcaba en Saint-Malo. Pero los barones de Bretaña se unieron en Ancenis al campo de Blanca, a donde acudió también Teobaldo de Champaña con trescientos caballeros. Enrique tuvo que volverse a Inglaterra.

De esta manera, frente a los intereses particulares de los grandes señores, la nueva sociedad, desligada poco a poco de la tutela feudal, tendía a reunirse bajo la poderosa protección de la corona.

Cuando Luis IX alcanzó su mayoría de edad, en 1235, la regente continuó, durante algunos años, desempeñando el papel de gran animadora de la política francesa.

El primer acto del rey fue, sin embargo, la guerra, porque Enrique III, a quien el conde de la Marca había vuelto a convocar, estaba en el continente. Victorioso en Taillebourg, el 22 de julio de 1241, Luis persiguió al inglés, pero fue detenido por la disentería y aceptó una tregua que devolvió al rey de Inglaterra a su isla.

Solamente a partir de 1254, cuando hubo de regresar de Tierra Santa a causa de la muerte de su madre, Luis IX se impuso por sus cualidades, que le inmortalizarían en el espíritu de los pueblos  con  el nombre de  San  Luis.

San Luís puso el máximo empeño en realizar su ideal de paz y de justicia. Aunque  multiplicaba los actos de devoción personal (ayunos,  penitencias,  servicio a los pobres y enfermos), desempeñó sin debilidad su oficio real, muy imbuido de las prerrogativas de la corona, y no dudando en hacerlas respetar incluso por el clero y el Papado. El esplendor de Francia en el siglo XIII es debido, en gran parte, a su personalidad.

El rey de Francia cuenta entonces cuarenta años. Alto y esbelto, de tez clara, ojos azules y cabellos rubios, es un hermoso  caballero,   cuya  agradable  fisonomía y voluntarioso mentón logran, a la vez, atraer e imponer respeto.

Parece haber recibido en herencia las mayores virtudes de su tiempo: el orgullo castellano y la inteligencia de su madre, el valor de su padre, a quien habían apodado el León, la sabiduría política de su abuelo Felipe Agusto. Posee igualmente la gracia, la rectitud y la alegría.

Por ello, la Edad Media ha encontrado en él su símbolo, y la cristiandad preferirá su personalidad dulce y sencilla, aunque noble y enérgica, a la de los grandes papas dominantes.

Autoritario e independiente, se rodeó de consejeros y amigos, pero nunca de ministros influyentes. A su hermano Carlos, que prendió injustamente a un vasallo, le declaró que «no hay más que un solo rey en Francia», y, en otra ocasión, dijo al Emperador: «la corona de Francia no ha caldo tan bajo que se cuelgue de vuestras espuelas». 

El, tan generoso, una vez que se había pronunciado una sentencia justa, no concedía gracia más que en casos excepcionales.

Pero el milagro de la santidad de Luis consiste en que toda esta energía estaba dirigida muy lejos de toda ambición personal, hacia el bien común.

Desde luego, las circunstancias le resultaron favorables; fue una suerte para el rey haber subido al trono después de la Cruzada contra los albi-genses, y no tener que mancharse con las matanzas de aquella sangrienta expedición. Fue también otra gran suerte el haber heredado de su padre y de su abuelo un reino poderoso y respetado.

Reinó sobre un país sin herejes y al que le fue dado ennoblecer, afirmar, y completar en la paz lo que había hecho la espada de sus precursores.

LA PAZ DEL REINO DE FRANCIA
«Después que el rey Luis volvió de ultramar a Francia, miró y pensó que era muy hermosa cosa, y muy huena, mejorar el reino de Francia», nos dice Joinville. En efecto, la obra interna de San Luis proseguía la de Felipe Augusto, dando al reino de Francia una estructura sólida, y el país, durante su reinado, conoció un período de prosperidad innegable.

Hasta entonces,   la   administración   monárquica   había servido, sobre todo, para salvaguardar los derechos de la corona, para favorecer su jurisdicción y desarrollar sus finanzas. Ahora, tiende a asegurar el orden público, a mejorar las condiciones del pueblo.

Los bailes, los senescales, creados por Felipe, tendrán tareas más «complejas por la preocupación cada vez más viva del rey por penetrar en todos los engranajes de la vida y de la sociedad; agentes especializados auxiliarán al baile en sus funciones.

Ciertos cargos militares se confiarán, a expensas de los bailes, a capitanes que vigilan las fortalezas reales, mientras que en el Mediodía, un juez-mayor suplantará al senescal en sus atribuciones judiciales.

Esta administración múltiple necesitará cuerpos constituidos, actuando cerca del rey, encargados de vigilarla. Así, los especialistas de la justicia reforzarán el Parlamento, los de las finanzas harán lo mismo, y, de esta forma, nacerá el Tribunal de Cuentas.

El Parlamento somete los tribunales judiciales de provincia a su intervención, y su acción contribuyó a la unificación del derecho y a la supresión de antiguas costumbres pasadas, como el duelo judicial.

En la administración corriente, el francés ocupó el lugar del latín. Por primera vez, el pueblo sentía que el gobierno no era una máquina para oprimirlo; por primera vez:, el funcionario cesaba de aparecérsele como un dueño y señor.

La fuerza de la realeza se aliaba con la justicia, y el rey, cesde lejos, velaba por su pueblo y se compadecía de sus miserias. La realeza se hacía popular, arraigaba en las provincias, se atraía la opinión pública y se convertía en indispensable, porque también era bienhechora.

Luis IX de Francia

Probablemente fue también la influencia de su madre la que le hizo profundamente religioso, consagrándose a la tarea de reinar con firme apego a los principios cristianos, pero su dulzura no impedía al rey de Francia recurrir, cuando la necesidad. así lo exigía, a una severidad implacable en la que se revelaba el orgullo de los Capetos. La justicia  de San  Luis—Manuscrito  francés—París, Biblioteca Nacional.

EL ÚLTIMO CRUZADO
La paz y la justicia que el rey quiso hacer reinar entre sus subditos fueron también la regla constante de la política internacional de Luis IX. Habría podido, sin duda, arrancar al rey de Inglaterra los últimos jirones de sus posesiones continentales, y al rey de Aragón los feudos que poseía en el Languedoc.

Sin embargo, ofreció a ambos, pese a la opinión de sus consejeros, arreglos amistosos. El tratado de Corbeil, en 1258, sancionaba los esponsales de Isabel de Aragón con el heredero de Francia, Felipe.

El rey renunciaba a una soberanía poco efectiva sobre el Rosellón y el condado de Barcelona, mientras que Jaime de Aragón abandonaba definitivamente sus pretensiones sobre el condado de Toulouse.

En diciembre de 1259, iba a ser firmado el tratado de París, que ponía fin a un siglo de guerra entre Francia e Inglaterra. Muy criticado por sus contemporáneos, sin duda es una medida política discutible, pero San Luis deseaba: «poner amor entre nuestros hijos y los de Inglaterra, que son primos hermanos».

Enrique reconocía el abandono de Normandía, del Maine, de Anjou, de la Turena y de Poitiers, mientras conservaba la Guyena y sus dependencias, por las que se declaraba feudatario del rey de Francia.

Desde entonces, la justicia, las monedas, las ordenanzas francesas iban a invadir el ducado de Guyena, como los otros feudos, y, en caso de felonía de su vasallo, la monarquía francesa se apoderaría legalmente de la tierra. Luis IX no podía pensar que el germen de la Guerra de los Cien Años se encontraba en este tratado.

Sin embargo, la confianza que inspiraba su equidad le valió un prestigio que hizo que lo tomaran por arbitro en diversas circunstancias. San Luis partirá, por segunda vez, para la más loca y la más anacrónica de las empresas: la Cruzada, cuyo peligro, inutilidad y fracaso le vaticinaban todos.

El entusiasmo de los primeros cruzados revivía en este rey, a quien sería concedido morir tal como había soñado siempre, combatiendo por la fe, el 25 de agosto de 1270, en Túnez.

ALGO MAS…
SAN LUIS EN SIRIA
En 1244, gravemente enfermo, hizo voto de participar en la Cruzada si se restablecía. Cuatro años después, se embarcó en Aigues-Mortes, acompañado de sus tres hermanos y de la flor de la caballería francesa. Las galeras, con los bellos nombres de: la Reine, la Demoiselle, la Montjoie, anclaron en Chipre, donde el rey Enrique I de Lusignan los recibió con una fastuosa hospitalidad.

Después, el rey decidió atacar a los musulmanes en el corazón de su poderío, es decir, en Egipto.

La ciudad de Damieta fue  elegida como objetivo, y,  el 6 de junio de 1249, los barones de Francia, rivalizando en ardor con los de Siria, se apoderaron de la ciudad.

El temor a la crecida del Nilo impidió a los francos sa car provecho de su ventaja para march;n sobre El Cairo, y esa demora de cinco meses permitió al enérgico sultán de Egipto Es-Salih-Ayub, recobrarse.

Reincidiendo en el error de Pelayo, Luis IX, mal acón sejado por su hermano Roberto de Artois, rechazó la proposición del sultán, que ofrecía Jerusalén a cambio de Damieta, y, el 20 de noviembre, se precipitó hacia la ca pital.

Ante la fortaleza de Mansurah, los francos fueron detenidos de nuevo. La temeridad de Roberto de Artois, lanzándose alocadamente a las calles de la ciudad, supuso, con su propia muerte, el aniquilamiento de la vanguardia.

El rey, estimando que el honor le prohibía batirse en retirada, hizo frente a los egipcios, a pesar de que el tifus diezmaba al ejército franco.

Ni el valor del soberano (del que Joinville ha conservado la visión inolvidable «del héroe, por sí solo, más grande que la batalla»), ni el heroísmo de sus soldados fueron suficientes para salvar al ejército franco, que capituló el 6 de abril de 1250.

Mientras tanto, el sultán de Egipto fue asesinado por los mercenarios turcos de la guardia, los mamelucos, que estuvieron a punto de degollar a Luis IX en su prisión.

Sin embargo, aceptaron por el rescate de éste y el de su ejército la rendición de Damieta y la entrega de 500.000 libras, tornesas. El 8 de mayo, el rey embarcó para Siria. Allí permaneció  cuatro  años,  reorganizando el país, con el fin de preservalos contra el atque del Islam.

LA REORGANIZACIÓN DE TIERRA SANTA
Desde hacía más de veinte años, las colonias francas eran los territorios más anárquicos. Luis IX quiso restablecer en ellas la noción del Estado.

Su sentido del deber, su lealtad absoluta, su cortés entereza hicieron que sus medidas autoritarias fueran aceptadas de buen grado por los barones de Acre y de Tiro. Y el rey de Francia, por anacrónico que pudiera parecer en su afecto a la vieja idea de la liberación de los Santos Lugares, se mostró notablemente audaz en su juego diplomático.

Cuando toda Europa temblaba ante el despliegue de los mongoles, Luis, sabiendo que eran en parte cristianos nestorianos, envió al gran Khan de Tartaria un emisario, el franciscano Guillermo de Rubruquis.

Esperaba hacer coincidir su ataque contra el sultán de Egipto con la invasión con que los mongoles amenazaban a éste. Pero la lentitud de los intercambios no permitió una sincronización eficaz de las operaciones. Por otra parte, el rey, yendo contra el Islam oficial, no dudó en concluir una alianza con el «Viejo de la Montaña», jefe de los temibles «asesinos». Se trataba de una secta disidente creada en el siglo XI, cuyos adeptos llevaban oficialmente el nombre de ismaelitas.

En   el  término   de   «asesinos», puede observarse la deformación de hash-shashin, consumidoras de hashish, porque los pertenecientes a la secta se embriagaban con esta planta antes de cometer sus fechorías. Eran, en efecto, fanáticos, especializados en atentados terroristas.

Esperando intimidar a Luis IX, lo habían amenazado con asesinarle. Después, comprendiendo que tal amenaza no tenía posibilidad de éxito, su jefe envió al rey, en prueba de amistad, «su camisa y su anillo», además de un elefante de cristal, un soberbio juego de ajedrez y perfumes maravillosos.

Luis respondió a estas amabilidades con el regalo de «joyas, tela color escarlata, copas y frenos de plata para los caballos». Cuando el soberano, llamado a Francia tras la muerte de su madre, la regente Blanca de Castilla, dejó el país, había introducido en la Siria franca notables mejoras, tanto por lo que se refiere a la organización interior como a la situación diplomática.

EL FIN DE LA EPOPEYA DE LAS CRUZADAS
La unidad que la presencia de San Luis  había dado a Tierra Santa, no sobrevivió, a su marcha. El reino entero se dividió, y la guerra civil enfrentó a los partidarios de las dos ciudades italianas.

El mongol Hulagú, nieto de Gengis-Khan, se apoderó de Bagdad, y después, de Alepo y de Damasco.

Un mameluco de origen mongol, Baibars, llegado al trono de Egipto mediante una serie de asesinatos, se reveló como uno de los primeros estadistas de su tiempo, feroz y desleal, pero soldado de genio e incomparable administrador. Los francos tuvieron por adversario a este personaje sin igual.

En principio, arrebató Siria a los lugartenientes de Hugalú, y después se volvió contra la cristiandad. Cesárea, Arsuf, Jafa, Beaufort y Antioquía cayeron en sus manos, entre 1265 y 1268.

En Francia, el rey Luis decidió volver a partir, a pesar de los consejos de todos los que le sugerían que deje esa guerra. Inició la octava la Cruazada, que se dirigió a Túnez con la idea de convertir al cristianismo al sultán de ese país, pero debido al gran calor en esa región , el cólera enseguida se difundió y contagió a gran parte del ejército francés y entre ellos al Rey también, quien murió en 1270.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La GRan Aventura del Hombre Tomo III Vida de Luis IX de Francia Edit. CODEX

Biografía de Luis Felipe I de Francia Historia de su Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE LUIS FELIPE I, EL REY DE FRANCIA

Luis Felipe I de Orleans, (1773-1850) fue el rey de los franceses de 1830 a 1848, también conocido como el Rey Ciudadano (1773-1850). Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París. Inicialmente llevó un reinado marcado por la prosperidad nacional, la estabilidad, y la fecundidad intelectual, pero finalmente fue destituído por sus tendencias autoritarias.

Pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, su padre era hermano del rey de Francia Luis XIV. Luis Felipe fue duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde entonces el de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans. Políticamente predicaba con los ideales de fraternidad, libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789.

Luis Felipe I Rey de Francia

Luis Felipe I Rey de Francia

Proclamado «rey de los franceses» por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Luis Felipe I sería también el úitimo rey de Francia, cuando la misma voluntad nacional optó por la República. Llegó al poder tras una revolución y fue derrocado por otra. Durante los dieciocho años de su reinado proyectó la imagen de un soberano triste y sin grandeza en una Francia desgarrada.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Tras la derrota de napoleón, asumió el trono de Francia Luis XVIII. Este rey respetó muchos de los derechos conquistados por la burguesía y, al mismo tiempo, le hizo concesiones políticas y económicas pues necesitaba de su apoyo para impedir nuevas demandas y el estallido de revoluciones más radicalizadas. Por ejemplo, respetó la igualdad de todos los franceses ante la ley y las libertades de pensamiento, prensa y culto.

Cuando murió Luis XVIII lo sucedió Carlos X. Este rey intentó restaurar la monarquía absoluta tal como era durante el Antiguo Régimen. Abolió la libertad de prensa y declaró el estado de emergencia por el cual quedaban suspendidas las garantías individuales. Pero cuando suprimió la Cámara de diputados, estalló en París un movimiento popular en el que participaron sectores de la burguesía, obreros y estudiantes en defensa de las libertades. Tres días después la lucha de los liberales había conseguido la renuncia de Carlos X.

La restauración monárquica impuesta por las potencias vencedoras en el Congreso de Viena no abolir las principales ideas difundidas en la revolución. Como vimos hubo una reacción bajo Carlos X, que terminó renunciando, y ahora su reemplazo en Luis Felipe, quien no sería un rey «a la antigua»: establecería una monarquía constitucional donde la influencia política de la burguesía —y de las finanzas— sería cada vez más sensible. A partir de este momento la vieja nobleza jamás reconquistaría sus privilegios.

Las restricciones impuestas a las libertades y las privaciones materiales de la población, terminarían por reencender la llama de la revolución. En tres oportunidades sucesivas (1830, 1848 y 1870) el pueblo de París saldría a las calles. Y restablecería la República en las dos últimas.

Luis Felipe había acido en París el 06 de octubre 1773, hijo Felipe Igualdad (apodo) , duque de Orleans. Desde 1785 hasta la ejecución de su padre, el 06 de noviembre 1793, era conocido como el duque de Chartres, a partir de entonces como el duque de Orleans y fue líder de la rama más joven de la familia Borbón.

En 1790, en pleno desarrollo de la revolución francesa el duque se unió al Club de los Jacobinos y como militar estuvo al servicio de la Convención; pero mas tarde, decidió escapar de Francia y buscar la protección austríaca en 1793 para evitar caer él también víctima del Terror. Permaneció en Suiza y Estados Unidos hasta su regreso a Francia en 1817, convirtiéndose enseguida en una figura apreciada por las clases medias liberales, por su postura a medio camino entre los excesos de la revolución popular y la reacción ultrarrealista que se impuso desde finales del reinado de Luis XVIII.

luis felipe i de francia

Restauró el Palacio de Versalles, abandonado desde la salida de Luis XVI en octubre de 1789, y estableció un museo de la historia de Francia, con una inscripción en su frontón: «a todas las glorias de Francia». También organizó el regreso de las cenizas de Napoleón (15 de diciembre de 1840) y erigidas al este de la ciudad de París.

Durante el inicio de su gobierno intento apoyar al sector republicano que lo había entronizado, pero con el tiempo su postura democrática fue cambiando, tomando alguna serie de medidas autoritarias , que se contradecían a su compromiso de mantener una monarquía constitucional. Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

A partir de 1831, Luis Felipe I, que deseaba ejercer el poder por su cuenta, prefirió a los conservadores de la «Resistencia», encabezados por Guízot, en lugar de los partidarios del «movimiento» de La Fayette. Frente a las miserias, como el cólera de 1832, o las rebeliones, como las de los tejedores de seda de Lyon en 1831 y 1834, el rey respondió con indiferencia o por la fuerza.

Aunque el censo electoral se extendió a más personas, sólo un 9% de los electores podía votar. Esta clase dirigente que confiscó el poder en nombre de la razón fue muy corrupta, como lo revelaron una serie de escándalos financieros.

En política exterior, Luis Felipe I apoyó la gestión pacifista de Guizot, fundada en la alianza con Inglaterra, y en 1830 se lanzó con mesura en la colonización de Argelia, emprendida con ligereza tras un incidente diplomático en que el rey de Argelia le asestó un golpe de abanico al cónsul de Francia. Esta imprudencia alimentó su creciente impopularidad. Finalmente, la crisis de subsistencia de 1846-1847 fue la que volcó a las calles de París las muchedumbres hambrientas y encolerizadas.

Luis Felipe I y la Reina Victoria

La revolución de 1830 había llevado al poder a los sectores más ricos de la alta burguesía. Pero la pequeña burguesía y los sectores populares habían sido excluidos del sistema político autoritario, elitista y de sufragio censitario de Luis Felipe. La búsqueda de mayor participación política, así como el reclamo de mejores condiciones de trabajo y el derecho al voto, hicieron confluir en similares objetivos a sectores de la burguesía, intelectuales, estudiantes universitarios y trabajadores urbanos. Al mismo tiempo que las ideas liberales y democráticas se radicalizaban, comenzaron a tomar fuerza en Europa nuevas ideologías que reclamaban cambios en la organización de la sociedad y mejoras en la calidad y las condiciones de vida de los sectores obreros.

El 24 de febrero de 1848, el pueblo tomó el ayuntamiento gritando «viva la República» y Luis Felipe I abdicó en favor de su nieto. Al día siguiente, Francia ya era una República, al tiempo que el rey derrocado se refugiaba en Inglaterra, donde murió el 26 de agosto de 1850.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nace el duque de Valois, el 6 de octubre.

1774 Luis XVI es entronizado.

1785 El duque de Valois se convierte en duque de Chartres.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida del rey, que es arrestado en Varennes.

1792 Condena y ejecución de Luis XVI. Ejecución de Felipe Igualdad; el duque de Chartres toma el título de duque de Orleans.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde de Provenza toma el título de Luis XVIII. Inicio del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1814 El Senado proclama la deposición de Napoleón I y llama a Luis XVIII. Luis Felipe toma posesión de una parte de sus bienes.

1815 Los Cien Días y la segunda Restauración.

1824 Muerte de Luis XVIII; Carlos X se convierte en rey.

1830 Revolución (las Tres jornadas gloriosas); Carlos X abdica. Luis Felipe I, rey de los franceses.

1831 Ministerio de Casimir Perier. Rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1832 Cólera en París.

1833 Ley Guizot para la enseñanza primaria.

1834 Disturbios republicanos en París. Segunda rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1848 Primera revolución (febrero) y proclamación 1 de la República. Abdicación de Luis Felipe I que se refugia en Inglaterra. Segunda revolución (junio).

1850 Muerte de Luis Felipe I, el 26 de agosto.

 

 

Biografia de Marqués de La Fayette Héroe de Francia y EE.UU.

RESUMEN BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DEL MARQUES DE LAFAYETTE

Marie Joseph Motier, conocido como marqués de La Fayette (1757-1834), fue un militar y político francés, que defendió  los principios democráticos y tuvo una actuación destacada en la independencia de las colonias británicas en América.

Mas y tarde  fue miembro de la Asamblea Nacional en los orígenes de la  Revolución Francesa de 1789, donde promulgó una Declaración de Derechos basada en la Declaración de Independencia estadounidense.

Recibió el mando de la Guardia Nacional de París; y creó un sociedad de políticos moderados que defendía la instauración de una monarquía constitucional.

Se lo considera un héroe de la independencia estadounidense y luego de la Revolución francesa, La Fayette contribuyó a la caída de la monarquía. Por tanto, en dos ocasiones impuso a un rey el emblema tricolor que se había convertido en el símbolo de la República.

En EE.UU. conoció a George Washington, con quien mantuvo muy buena amistad. Su intervención en la campaña de Virginia provocó la rendición de los británicos en Yorktown.

La Fayette, héroe de la revolución francesa

Nacido el 6 de septiembre de 1757 en el castillo de Chavaniac, en Auvernia, Marie-Joseph du Motier Paul nació en una familia noble.

Su padre murió en Minden (Alemania) en 1759, y su madre y su abuelo, murieron en 1770.

A los 16 años, se casó con Marie Francoise Adrienne de Noailles († 1807), hija del duque de Ayen y nieta del duque de Noailles, una de las familias más influyentes del reino.

 A los 17 años, después de su matrimonio se negó a aceptar un lugar en la corte, lo  que le habría asegurado una vida cómoda y prefiere dirigir su destino hacia una carrera militar.

Entró en la casa militar del rey en 1772. Era un joven capitán de dragones a la edad de 19 años cuando las colonias inglesas en América declararon su independencia.

Consciente de esta importante cuestión política, donde las colonias luchaban por su libertad , siente que su corazón se inflama por sumarse a esa causa y en abril de 1777, desafiando la prohibición del Rey, se embarca a América. Después de un viaje de dos meses, que atracó en Filadelfia, la sede del gobierno de las colonias, ofrece sus servicios al Congreso.

La Fayette aún no liene veinte años, y, a pesar de las prohibiciones de su padre y del rey, se alista.  «La felicidad de América está íntimamente ligada a la felicidad de la humanidad: ella se convertirá en el respetable y seguro
asilo de la honradez, de la tolerancia, de la igualdad y de una tranquila libertad».

« Desde el primer momento que escuch pronunciar el nombre de América, lo he amado; desde el instante en que supe que combatía por la libertad, deseé con vehemencia derramar mi sangre por ella». Con estas palabras, el marqués de La Fayette justificó su compromiso en favor de los insurgentes norteamericanos en su lucha contra la corona de Inglaterra.

El marqués de La Fayette, fue un ejemplo célebre de compromiso ciego por la causa de las colonias inglesas, pues con apenas diecinueve años de edad, deja su cómoda vida en Francia para embarcarse en la dura y peligrosa taera de luchar contra la potencia militar mas grande de esa época. Silas Deane, impresionado por  tan importante actitud y ciraje, le prometió el grado de mayor general.

Los oficiales franceses se sentían, a menudo, decepcionados por la acogida bastante fría de los americanos, que no aceptaban con gusto  el   ser mandados  por unos  extranjeros que ni siquiera hablaban su idioma.

En compañía del vizconde de Noailles y del conde de Segur, La Fayette llegó a América en  junio  de 1777.

En   Filadelfía fue, al principio, mal recibido: se lo tomaba como un aventurero. Orgullosamente, La Fayette exigió servir sin estipendio, como simple soldadodo.

Una carta de Franklin aclara los malentendidos y La Fayette se convierte en mayor general del ejército americano.

Fue herido en la toma Pennsylvania en la batalla de Brandywine Creek, y, en el curso del invierno siguiente, entabló amistad con Washington en los penosos cuarteles de invierno de Valley Forge: el aristócrata francés y el burgués de Virginia parecen haber nacidos para entenderse.

Se incorporó con cierta dificultad en el Ejército de Estados Unidos con el rango de general de división. Su papel militar es interrumpido por un período de seis meses cuando George Washington se encargó de convencer al rey de Francia para que enviara una fuerza expedicionaria.

Francia y Estados Unidos sellaron una alianza contra Gran Bretaña en 1778, razón por la cual esta última declaró la guerra a los franceses.

La Fayette regresó a su país y permaneció allí durante seis meses a fin de conseguir ayuda económica y militar para los rebeldes de las colonias. De vuelta en los EE.UU. en 1780 a bordo de la Hermione, recibe una petición de Washington, para comandar las tropas de Virginia.

Participó en 1780 en la decisiva batalla de Yorktown, que conduce a la rendición de Cornwallis, fue un 18 de octubre de 1781. Regresó a Canadá en 1782 donde fue ascendido a mariscal de campo.

Regresa a Francia en 1785 y convencido de los ideales de la Constitución estadounidense, La Fayette quiso que la monarquía adoptase algunos de sus principios.

Luego de participar en la Asamblea de los notables de 1787, fue elegido como representante de su orden ante los estados generales de 1789.

Muy pronto se declaró partidario del tercer estado, lo que le valió una gran popularidad, que culminó cuando redactó, junto con otros, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, inspirada en la Constitución estadounidense.

Presenta un proyecto de Declaración sobre los Derechos Humanos en la Asamblea Constituyente. Fue nombrado comandante de la Guardia Nacional en julio de 1789.

Su papel en esta posición durante la Revolución todavía sigue siendo un poco enigmática, pues el 5 de octubre de 1789, cuando los parisinos van hasta Versalles para pedir pan a Luis XVI, la Guardia Nacional dirigida por La Fayette llega a tiempo para defender al rey y la reina, frente a una multitud enardecida que invadia las habitaciones reales, cansada de hacer colas interminables por un poco de alimento.

Responsable de la seguridad del castillo, le resultará incapaz de evitar nuevas invasiones de gente descontenta con las medidas de la familia real.

En 1791 fue él quien trajo a París al rey, sorprendido en Varennes cuando intentaba huir de Francia; pero fue también él quien ordenó disparar sobre las masas de manifestantes que, como consecuencia, pedían su destronamiento (matanza del Campo de Marte). Tras la formación del régimen republicano de la Convención (1792), La Fayette dio la razón a quienes dudaban de su lealtad, al huir de Francia después de haber fracasado en el intento de sublevar a sus tropas en favor del rey.

En diciembre de 1791, Lafayette toma el mando de uno de los tres ejércitos formados para luchar contra los austríacos, pero viendo que la vida de la pareja real era cada días mas amenazada, se opuso el partido jacobino, y se opuso a utilizar su ejército para restaurar una monarquía constitucional.

El 19 de agosto de 1792, se lo declara un traidor a la partia francesa. Obligado a refugiarse en Lieja, será capturado por los prusianos y los austriacos, y se le mantuvo arrestado en prisiones de Prusia y Austria desde 1792 hasta 1797.

A la sazón más prudente, La Fayette asistió de lejos a la entronización de Napoleón y renunció a desempeñar un papel en el escenario político, a sabiendas que no tenía cupo. Oportunista, esperó la noticia de la derrota de Waterloo para oponerse a un emperador caído.

El retorno de los Borbones al trono de Francia no hizo que su situación se tornase más propicia, y no pudo contar con el favor de los hermanos de Luis XVI, al que defendió tan mal.

Finalmente volvió en 1799; pero apenas participó en la vida política porque desaprobaba el programa de Napoleón I Bonaparte. En 1802 se opuso bajo el gobierno de Napoleón cónsul vitalicio; y en 1804, votó contra el título de emperador.

Fue electo diputado de Sarthe y de  Seine-et-Marne durante los cien días, le pide la abdicación de Napoleón primero. Adjunto de la Sarthe en octubre de 1818 y de nuevo en Seine et Marne en septiembre de 1819, se opone resueltamente a la Restauración y se adhiere a los carbonarios en 1821.

Reelegido diputado en noviembre de 1822, en Meaux, fue derrotado en las elecciones 1823.

En 1824 a septiembre de 1825 regresó a Estados Unidos donde realiza  una gira triunfal en 182 ciudades. Fue recibido con honores por el pueblo americano, quien le entrega $ 200.000 y 12.000 ha en Florida.

De regreso a Francia, fue reelegido diputado en junio 1827.

En tres días, 27,28 y 29 de julio de 1830, que pasaron a la historia con el nombre de las «Tres jornadas gloriosas», el pueblo parisiense puso fin al reinado de Carlos X, donde muchos partidarios le piden su apoyo, pero tal vez debido a sus 73 años, él apoya la causa de Luis Felipe, a quien le da la tricolor.

Lafayette sigue al mando de la Guardia Nacional durante unos meses, pero renuncia finalmente.

Lafayette muere en París el 20 de mayo de 1834. Está enterrado en el cementerio de Picpus en París.

El papel del marqués de Lafayette en la historia de la independencia americana está consagrado desde hace mucho tiempo en un plaza en Washington que lleva su nombre y hay levantada una  estatua ecuestre en el centro, frente a la Casa Blanca. El 8 de agosto de 2002, fue elevado a título póstumo, como  ciudadano honorario de los Estados Unidos de América, un raro privilegio que se ha concedido sólo cuatro veces antes en la historia estadounidense.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1757 Nacimiento de Gilbert Motier, marqués de La Fayette, en el castillo de Chavaniac, el 6 de septiembre.

1773 Es oficial en un regimiento de mosqueteros.

1776 Proclamación de la Independencia  de Estados Unidos de América.

1777 La Fayette se embarca hacia  América del Norte.

1781 Victoria de Yorktown sobre los ingleses.

1787 La Fayette es elegido para la Asamblea   de los notables.

1789 Es representante de la nobleza en los estados generales. Nombrado comandante de la Guardia Nacional después de la toma de la Bastilla, le impone a Luis XVI la escarapela tricolor.

1791 La Fayette ordena a la Guardia   Nacional abrir fuego sobre los partidarios de la monarquía constitucional que
asisten a una manifestación en el Campo de Marte. Creación del Club des Feuillants.

1792 La Fayette comanda el ejército del   I Norte y luego, después del 10 de agosto, es detenido por los austríacos.
La Fayette retorna a Francia tras el golpe de Estado de Bonaparte, el 18 de brumario.

1818-1824 Elegido diputado de Sarthe.

1827 Diputado de Seine-et-Marne.

1830 La revolución de julio.

1834 La Fayette muere en París, el 20 de mayo.

HITOS DE LA HISTORIA DE FRANCIA EN LA ÉPOCA DE LAFAYETTE

    • Etapa absolutista hasta la revolución francesa en 1789 cuando Luis XVI es destituído y luego condenado a la guillotina.
    • Nace la primera república bajo los principios de «fraternida, libertad e igualdad»
    • Continua una Convención, el Directorio y luego Napoleón se proclama Cónsul y en 1804 es Emperador del imperio francés.
    • 1814 es derrotado Napoleón, y en 1815 en el Congreso de Viena se restituyen las monarquías en todo Europa.
    • Nace la Santa Alianza para enfrentar contra todo nuevo levantamiento a las monarquías.
    • LLega al trono Luis XVIII en Francia y luego le sigue Carlos X
    • Las ideas liberales de Napoleón tuvieron su arraigo y evolución, generando distintas revoluciones en Europa, contra el poder absolutista. Una de ellas en 1830 , destrona a Carlos X , quien es reemplazado por Luis Felipe I de Orleans, quien apoya estas nuevas ideas de la ilustración francesa, difundidas durante la etapa napoleónica.
    • En 1848 sectores marginados, como los obreros, estudiantes, comerciantes, maestros, profesionales, provocan otra revolución, reemplazado a Luis Felipe por Napoleón II, sobrino del emperador. Nace la 2° república.
    • Napoleón III , hijo de anterior Napoleón destituído dá un golpe de estado, dando origen al 2° Imperio que durará hasta 1870, cuando Francia pierde la guerra contra Prusia y pierde algunos territorios.
  • 1871, nace la 3°república francesa con Thiers como presidente.

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre