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Ubicación Geografica de las Maravillas del Mundo Antiguo

UBICACIÓN DE LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO

Qué es una maravilla del mundo?. No hay explicación suficiente para definir con exactitud este concepto. Todas las definiciones se basan en la famosa lista de las siete maravillas del mundo de la antigüedad y afirman: hace más de dos mil años, esos monumentos, a causa de su grandeza y suntuosidad fueron considerados las obras más asombrosas, sensacionales, hermosas, admirables y grandiosas creadas por el hombre.

Los griegos, autores de esta primera lista con las pirámides de Gizeh, los jardines colgantes de Babilonia, el templo de Artemisa en Efeso, el mausoleo de Halicarnaso, el coloso de Rodas, el faro de Alejandría y la estatua de Zeus en Olimpia, no eran tan ambiciosos como para hablar de “maravillas del mundo”.

Ellos los consideraban los máximos logros de su época, simplemente “Ta hepta theamata“, que no significa más que “las siete cosas dignas de verse”.

Sólo la mentalidad de la edad media las convirtió en “maravillas del mundo”. Siguiendo el ejemplo griego, se ha intentado muchas veces situar logros actuales en sustitución de las ruinosas maravillas de la antigüedad. Así surgió en el año 448 una lista de las maravillas de la ciudad de Roma.

Contenía las cloacas, los acueductos, el Coliseo, el Odeón, el foro de Trajano, las termas y la colina del Janículo.

Por las mismas fechas apareció una lista de las siete iglesias más importantes de Roma, cuya visita era obligada para cuantos peregrinaban a Roma. En la época de los viajeros, descubridores y conquistadores comenzó a ampliarse la panorámica de Europa.

Infatigables descubridores hablaban de palacios dorados, murallas ciclópeas y templos gigantescos en países lejanos. Así se reunió en el siglo XVII la primera lista (nueva) de las “maravillas del mundo”.

Abarcaba la Torre de Porcelana en Nanking, la Muralla China, la Iglesia de Santa Sofía en Estambul, la torre inclinada de Pisa, las catacumbas de Alejandría, el Coliseo de Roma y los monolitos de Stonehenge. Desde aquí puedes conocer las últimas siete maravillas del mundo moderno.

LAS 7 MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO: Se denominan así a siete obras arquitectónicas o escultóricas de la Antigüedad, consideradas las más admirables por su belleza y perfección.

Ellas son:

El templo de Diana en Efeso. Construido en honor de la diosa Diana o Artemisa; fue incendiado por Eróstrato la misma noche en que nació Alejandro Magno.

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El mausoleo de Halicarnaso. Fue construido en el siglo IV a. C. por orden de la reina Artemisa, en memoria de su esposo Mausoleo.

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El coloso de Rodas. Estatua del dios solar Helios, hecha por el escultor Ceres de Lindo. Fue terminada en el año 280 a. C., era de bronce y tenía aproximadamente veintiocho metros de altura. Sesenta años después de su construcción fue destruido por un terremoto.

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La estatua de Júpiter Olímpico. Colosal estatua de Júpiter realizada por el escultor Fidias, el artista más notable del siglo de Pericles (m. en el año 431 a. C.).

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Los jardines suspendidos de Semírarnis. Construidos durante el reinado de la enérgica reina Semírarnis (siglo IX a. C.).

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La pirámide de Keops. Construida hacia el año 2700 a. C. en el valle de Gizeh (distrito de Menfis), para contener los restos mortales del faraón Keops perteneciente a la cuarta dinastía. Tiene ciento treinta y nueve metros de altura y doscientos treinta y tres metros de cada lado.

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El faro de Alejandría. Construido en el islote de Faros, tenía ciento treinta y cinco metros de altura e iluminaba toda la costa. Fue ordenado por Ptolomeo II, llamado Filadelfo, que reinó entre los años 285 y 247.

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Ampliar Sobre Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo Descripción y Características

Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

LISTA DE LAS ANTIGUAS MARAVILLAS DEL MUNDO

Maravilla Mundo-1-: Pirámides de Guiza
Maravilla Mundo -2-: Jardines Colgantes de Babilonia
Maravilla Mundo-3-: Tumba Mausoleo de Halicarnaso
Maravilla Mundo-4-: Templo de Diana en Efeso
Maravilla Mundo-5-: Estatua Júpliter Olímpico
Maravilla Mundo-6-: El Coloso de Rodas
Maravilla Mundo-7-: El Faro de Alejandría

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DESCRIPCIÓN Y CARACTERISTICAS DE LAS SIETE MARAVILLAS

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LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO eran un conjunto de monumentos diferentes entre sí y de época diversa que tenían en común el hecho de ser una «maravilla», esto es, eran capaces de inspirar respeto y admiración ante cuantos los contemplasen.

Tal distinción respondía a un criterio basado en lo imponente de las dimensiones (la mayor edificación en piedra), la magnificencia (las esculturas más ricamente decoradas), el reto técnico (la construcción más alta en bronce), o bien una suma de todo ello.

La idea de reunir en una lista definitiva las mayores maravillas surgidas jamás de las manos del hombre se remonta, en el mundo occidental, hasta como mínimo los antiguos griegos. Ya el propio Herodoto, historiador del siglo v a. C., menciona «las tres mayores obras existentes en tierras griegas», a saber: el acueducto túnel, el muelle del puerto y el gran templo de Hera, todas ellas en la isla de Samos.

De hecho, el motivo tradicional de las siete maravillas no es más que una extensión de esta idea ya formulada por el gran historiador griego.

En realidad, la primera referencia a las siete maravillas data del período helenístico, justo después de las campañas del rey Alejandro Magno, oriundo de Macedonia, con las que anexionó, a un imperio cada vez más políglota y helenizado, tierras pertenecientes a civilizaciones anteriores a la griega, como fue el caso de la egipcia, la babilónica y la persa.

De hecho, lo más probable es que el número siete procediese de Oriente Próximo, de donde también vendría (un poco más tarde) la noción de la semana de siete días.

Las siete maravillas pertenecían, en su totalidad, a los confines del nuevo la versión más primitiva de la lista de las siete maravillas se remonta al siglo m o n a. C., si bien no coincide del todo con la que conocemos nosotros.

Una de las primeras referencias escritas de que disponemos es un breve poema de Antípatro de Sidón (hacia el 125 a. C.) o Antípatro de Tesalónica (entre el 20 a. C. y el 20 d. C.), en el que el poeta alaba la estatua de Zeus en Olimpia, el coloso de Rodas, los jardines colgantes de Babilonia, las pirámides de Egipto, el mausoleo de Halicarnaso y el templo de Artemisa en Éfeso.

Sin embargo, en lugar de mencionar el faro de Alejandría cita las murallas de Babilonia, tan amplias como para que pudiese circular un carro por ellas sin problemas.

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MARAVILLA DEL MUNDO 1:PIRÁMIDE DE GUIZA

Las pirámides de Guiza, unas inmensas moles de piedra que, si bien han perdido gran parte del recubrimiento original de piedra caliza blanca y de los templos que las rodeaban, todos ellos en ruinas, todavía hoy en día continúan asombrando a quien las contempla. De hecho, constituyen uno de los logros arquitectónicos más impresionantes de la historia, y las técnicas de construcción que se emplearon para levantarlas continúan siendo en la actualidad tema de controversia. En realidad, en Egipto hay más de ochenta pirámides, construidas todas ellas en una amplia franja cronológica de unos mil años, pero son sin duda las de Guiza las de dimensioncs más imponentes, así como las mejor conservadas gracias a la solidez de sus cimientos. Las mandaron erigir tres reyes de la Dinastía IV, Qucopc (también llamado Khufu), Quefrén y Micerino, y de las tres la mas grande es la de Keops (hacia 2551-2528 a. C), que durante cerca de cuatro mil años  fue el monumento más grande.

maravilla del mundo piramide de giza

Panorámica de las pirámides de Guiza. “Al aproximarse a estos colosales monumentos, se reduce la sensación aparente de altura como consecuencia desus formas angulosas e inclinadas, engañosas a simple vista; pero tan pronto como se empiezan a comparar de acuerdo con una escala de medición conocida, estas gigantescas obras de arte recuperan toda su inmensidad.” Vivant Denon en 1803

Principales Yacimientos Arqueológicos de Egipto Antiguo

Cuando Keops, faraón de la IV dinastía, en el año 2640 antes de Jesucristo, ordenó la erección de una tumba que por su altura y majestad debía ocultar el sol, se destinaron para ello 100.000 esclavos que trabajaron durante 20 años.

Eran negros, hebreos y berberiscos hermanados por los mismos sufrimientos. Juntos compartieron el escaso alimento, derramaron su sangre bajo el mismo látigo de los guardianes y murieron por las mismas fatigas. Para que nadie pudiera conocer la entrada de la celda sepulcral, a la terminación de la obra los sobrevivientes fueron ejecutados.

Durante esos 20 años, Egipto conoció privaciones y miserias. Se cerraron los templos, se redujeron las ceremonias religiosas, se aplicaron fuertes impuestos y se ordenó a los hombres libres ayudar a los esclavos. Dos millones trescientos mil bloques calcáreos de dos toneladas y media de peso cada uno, fueron levantados uno encima de otro hasta 147 metros de altura.

Para cumplir esa enorme tarea se disponía de escasas y elementales maquinarias: los mineros utilizaban cuñas de madera mojada que, clavadas en la piedra, la quebraban al dilatarse; los transportadores acarreaban los bloques a lo largo del Nilo sobre enormes balsas, y luego sobre trineos hasta la meseta de Al Gizah, recorriendo una ruta que había costado diez años de trabajo.

Los esclavos encargados de la pirámide levantaban los bloques de una a otra grada, más con la fuerza de sus brazos que con la rudimentarias grúas formadas con troncos de árboles, las únicas conocidas.

Cinco mil años pasaron desde entonces. La pirámide de Keops, única sobreviviente de las siete obras que los antiguos llamaron “maravillas del mundo”, queda, casi intacta, como grandioso testimonio de una civilización desaparecida.

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MARAVILLA DEL MUNDO 2: LOS JARDINES COLGANTES DE BABILONIA

maravilla del mundo jardines

Cuando Nabucodonosor, rey de Caldea, casó con Clarisa, hija del rey de los medos, decidió ofrecer a su amada un jardín que, por la originalidad de su estructura y la variedad de sus flores, fuese digno de la nueva reina.

Audaz era el proyecto concebido por los arquitectos de Babilonia. Sobre un área de 19.600 metros cuadrados levantaron una serie de terrazas de piedra sostenidas por amplias arcadas de 6 metros de largo, de manera que, visto desde abajo, el jardín suspendido pareciese una alta escalinata rebosante de flores.

Debajo de las arcadas se ocultaban amplios aposentos resplandecientes de adornos, para que los soberanos pudiesen descansar allí.
A fin de que no faltara nunca el agua se dispuso un genial sistema de irrigación que terminaba en la última terraza, en una fuente que manaba incesantemente. Poco o nada queda de Babilonia y de sus jardines colgantes.

Pero los escasos vestigios descubiertos gracias a la paciencia de los arqueólogos, atestiguan la verdad sobre las descripciones de los escritores antiguos.

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MARAVILLA DEL MUNDO 3: LA TUMBA DE MAUSOLO EN HALICARNASO

templo halicarnaso maravilla del mundo

Frente al mar, en las cercanías de Halicarnaso, capital de Caria en Asia Menor, se erguía aún, 1.100 años después Jesucristo, una tumba magnífica por sus mármoles, esculturas, sus decorados policromos y su altura imponente.

Cuando, después de un reinado feliz, se extinguió en el año 353 antes de Jesucristo, la vida de Mausolo, rey de Caria, la reina Artemisa. su esposa, decidió hacerle construir una tumba que inmortalizara su recuerdo, dirigiéndose para ello a los más ilustres artistas de Grecia.

Los arquitectos Satiro y Picteas, los escultores Escopas, Timoteo, Briasides y Leocardis acudieron al llamado. Galeras cargadas con mármoles llegaron del Dodecaneso, y los esclavos, como asimismo hombres libres impulsados por la gratitud a honrar la memoria del rey se dedicaron a la construcción de ese monumento fúnebre.

Artemisa, cuyo dolor la volvía cada día más débil y pálida, presintiendo que no sobreviviría por mucho tiempo a la pérdida de su esposo, animaba con su presencia a los trabajadores y los incitaba a apresurarse. Murió. en efecto dos años más tarde, y su pueblo quiso que reposara junto a aquél a que tanto había amado.

Por largo tiempo nadie se atrevió a turbar su sueño. Pero. después de 18 siglos. cuando Halicarnaso ya no existía. los merodeadores cruzaron los umbrales del sepulcro, lo depojaron de sus mármoles preciosos y se apoderaron de los tesoros que la gratitud del pueblo de Caria había ofrecido a sus soberanos en un postrer acto de homenaje y devoción. Desde entonces, todo sepulcro suntuoso se llamó “mausoleo”.

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MARAVILLA DEL MUNDO 4: EL TEMPLO DE DIANA EN ÉFESO

templo de efeso maravilla del mundo

Donde hoy se levanta la aldea turca de Aia Soluk, practicábase antaño el culto de Diana, diosa de la fecundidad. El templo de Éfeso que le estaba consagrado fue destruido y reconstruido varias veces, siempre con magnificencia.

Se hablaba en toda Asia de los tesoros que atestaban sus galerías subterráneas, como también de su belleza arquitectónica debida al genio de Quersifión y Metagenes, y de las esculturas que lo adornaban y cuyos autores eran Escopas y Praxíteles.

Esta maravilla no impresionaba por sus dimensiones como la pirámide de Keops, pero la armonía de sus proporciones hacía de ella una auténtica joya del arte griego.

En el año 356 antes de Jesucristo, durante una calurosa noche de verano, un mendigo demente llamado Eróstrato, incendió el edificio.La ciudad entera dormía, y no fue posible impedir que las llamas destruyeran a este monumento incomparable, ni salvar las incalculables riquezas allí acumuladas.

Unos años más tarde, el templo resurgió nuevamente, en base al mismo plano. Ciento veintisiete columnas jónicas de 18 metros de alto rodeaban la celda donde se alzaba la estatua de la diosa y, entre ellas, 36 ricamente esculpidas en la base fueron donadas por Creso, rey de Lidia Estaban coronadas por un amplio frontón triangular, también esculpido.

En el interior, los frescos de Apeles llenaban de asombro a los visitantes por la belleza y habilidad del dibujo. Terminado en el año 323 antes de Jesucristo el nuevo templo, fue semidestruído por las liordas odas entre los aos 260 y 268 de nuestra era.

Más tarde, los portadores de Aia Soluk, incapaces de captar su belleza, utilizaron las piedras para construir sus viviendas

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MARAVILLA DEL MUNDO 5: ESTATUA DE JÚPITER (ZEUS) OLÍMPICO

TEMPLO ZEUS Olimpia maravilla del mundo

Poco se sabe del aspecto de la estatua de Zeus del templo de Olimpia, acabado en 456 a. de J.C. La imagen del dios en marfil y ébano, ricamente decorada con oro y piedras preciosas, parece que tuvo una altura de 15 m. Entre los griegos se consideraba desgraciado a quien no había visto el santuario nacional.

“Aun los seres irracionales deben conmoverse a la vista de Zeus” (Crisóstomo).

El Zeus de Olimpia fue la última obra del escultor griego Fidias, de cuya mano también era la estatua de Atenea Parthenos de la acrópolis, esculpida bajo la misma técnica. Representaba al padre de los dioses con el ceño fruncido, pues cuando Zeus arrugaba la frente, el Olimpo temblaba.

Desde el año 668 antes de Jesucristo hasta el año 393 de la era cristiana tenían lugar, cada cuatro años, juegos que constituían la más importante de las fiestas nacionales griegas. Toda Grecia se reunía en Élide, comarca de la Grecia Antigua.

El nombre de Olimpia no designaba una ciudad, sino más bien una reunión de templos y de monumentos públicos, erigidos con motivo de esos juegos. Entre esos templos, el más hermoso era el de la Júpiter. en cuya nave se elevaba la estatua del dios, obras de Fidias.

Los vencedores, entre los aplausos del pueblo, eran coronados en el templo, a los pies de dicha estatua, cuyos 20 metros de altura se alzaban imponentes, mostrando a Júpiter sentado en el trono, con la imagen de la Victoria, toda de oro macizo, en la mano derecha. Sahumerios especiales habían conferido a la estatua de marfil el color de la piel humana.

Las vestimentas que le ceñían la cintura y llegaban hasta los pies, eran también de oro puro.

Cuéntase que, al terminar su obra, Fidias se arrojó a los pies de la estatua suplicando a Júpiter le concediera una señal de aprobación. De repente, en el cielo sereno, se desató un rayo que llenó el templo con su resplandor enceguecedor y fue a caer a los pies del artista. Era la respuesta del dios.

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MARAVILLA DEL MUNDO 6:EL COLOSO DE RODAS

el coloso de rodas maravilla del mundo

Para celebrar un triunfo muy importante, la ciudad decide elevar un monumento memorable a Helios, dios del sol, en el puerto. Dirige las obras Cares de Lindos, discípulo de Lisipo. La estatua va creciendo, primero el armazón de hierro y sobre él las placas de bronce.

Finalmente, cuando la estatua se termina mide nada menos que 32 metros de altura. Su fama atraerá a viajeros de todo el mundo antiguo para verlo.

Con el Coloso llegaron a ser cinco las maravillas del mundo que se alzaban sobre la faz de la tierra, número que no fue superado sino que fue decreciendo. Cincuenta y seis años después de su construcción, en el 223 a. de C., un terremoto derribó al Coloso.

Los habitantes de Rodas, siguiendo el consejo de un oráculo, decidieron dejar yacer sus restos donde cayeron. En el año 672 de la era cristiana, cuando los árabes invadieron Rodas, la sombra de un cuerpo gigantesco sumergido en las aguas los llenó de estupor.

El coloso de Rodas, enorme estatua de bronce que se había erguido a la entrada del puerto, yacía desde 800 años atrás en el fondo marino, cubierto de algas y moluscos, quebradas las piernas y el  rostro hundido en el cieno. Chares de Lindos y Laches habían sido los arquitectos.

Después de 12 años de trabajo que la tarea se había iniciado en el año 292 a. de J. C., Chares se suicidó acosado por el temor de no lograr jamás la estabilidad de la estatua. Laches concluyó la obra, que insumió sumas fabulosas. Se necesitaron más de trescientas toneladas de bronce.

El interior de la estatua estaba rellenado de ladrillos hasta la cintura; la parte superior era hueca y encerraba una escalera que conducía hasta la torre del fuego colocado en la cabeza. Todas las noches los guardianes subían hasta la torre para encender las antorchas, que, trasluciendo por los ojos del coloso, servían de faro a los navegantes.

Esta estatua, consagrada al Sol, tenía las piernas separadas, con los pies afirmados a cada lado de la entrada del puerto. El Coloso de Rodas fue derribado, 56 años después de su erección, por un terremoto y nadie se preocupó jamás por levantarlo de nuevo. Cuando, finalmente, los restos fueron retirados del mar, fue para utilizarlos en nuevas construcciones.

AMPLIACIÓN: Según un escritor contemporáneo hubo en la antigüedad 3000 estatuas, 100 de ellas de medidas colosales, en la rica isla de Rodas. Entre ellas se contaba la más famosa estatua gigante de la antigüedad, el coloso de Rodas: Helios, el dios del Sol, fundida en hierro.

Al parecer debió tener una altura de 30 a 40 m, un peso de 70 T. , y las piernas abiertas a la entrada del puerto de Rodas, y llevando en la mano una antorcha encendida. En el siglo IV a. de J.C., según la tradición, después de su victoria sobre el rey macedonio Demetrio Poliorcetes, los rodios tomaron la decisión de fundir una estatua de su dios protector.

Demetrio había puesto sitio a la isla durante largo tiempo, pero lo abandonó por infructuoso. Se dice que los rodios vendieron el botín constituido por las máquinas de guerra abandonadas en el campamento macedonio y emplearon su producto en la fundición de la estatua.

Se confió la obra al escultor Criares. Comenzó con los primeros bocetos en 291. Se terminaba doce años más tarde. Se mantuvo en su lugar solamente algo más de 50 años. Un terremoto asoló Rodas derribando el coloso al mar. Sobre el pedestal no quedaron más que algunos restos de los pies.

En 653 se vendieron los restos de la estatua a un comerciante judío de Edesa, que los repartió en 900 cargas de camello y los fundió en tierra firme. Nadie sabe con exactitud qué aspecto ofrecía el coloso de Rodas, pero “en todo caso su vista debió ser indescriptiblemente horrorosa, de mal gusto, repelente, y además indecente en alto grado”, según opinión adversa de Willy Haas, cuando supo de los proyectos de reconstruir el coloso en pro del turismo.

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MARAVILLA 7:EL FARO DE ALEJANDRIA

El faro de Alejandría, construido hacia los años 300 a 280 a. de J.C. por el arquitecto griego Sostratos de Cnido en una península adelantada a la ciudad egipcia, se consideraba una de las mayores producciones técnicas de la antigüedad.

Sobre una base cuadrada se alzaba una esbelta torre octogonal de unos 100 m de altura. Sobre la plataforma superior ardía por la noche un fuego alimentado con leña y resina. El coste de la edificación debió ascender a una cifra superior a 70 millones de pesetas, o el triple según otros datos.

La leyenda dice que Sostratos buscó durante mucho tiempo, para los cimientos, un material que resistiese el agua del mar, y que finalmente construyó la torre sobre gigantescos bloques de vidrio. En 1375 un terremoto destruyó los restos de la torre.

El faro de Alejandría fue el único -de las siete maravillas del mundo antiguo – construido con una finalidad utilitaria. En el año 279 antes de Jesucristo, Ptolomeo Filadelfo encargó al arquitecto Sóstrates de Cnido la construcción de una torre en la isla de Faros, frente a Alejandría, para que sirviera de guía a los navegantes.

Para que el edificio tuviera mayor solidez y mayor resistencia contra la fuerza corrosiva de las aguas, Sóstrates empleó para los cimientos bloques de vidrio, sobre los cuales erigió el resto de la construcción con bloques de mármol unidos por medio de plomo fundido. Bloques de mármol unidos con plomo fundido constituyeron el resto del edificio, de forma octogonal sobre una plataforma de base cuadrada, hasta alcanzar una altura de 134 metros.

Sobre la parte más alta se colocó un gran espejo metálico para que su luz no se confundiera con las estrellas. Durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la del fuego a una distancia de hasta cincuenta kilómetros. Sobre la parte más alta se colocó un gran espejo metálico para que su luz no se confundiera con las estrellas.

Durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la del fuego a una distancia de hasta cincuenta kilómetros. Un terremoto lo derribó en el siglo XIV, y ochocientos años después de su construcción, el califa Al Walid pasó a la historia tanto por su codicia como por su ingenuidad, al hacer derribar los restos del faro con la esperanza de encontrar bajo sus cimientos un inmenso tesoro escondido.

Sólido y resistente a las intemperies y a las devastaciones guerreras, el faro de Alejandría fue derribado en el siglo VII por la ávida credulidad del Califa Al Walid que ordenó su demolición en la seguridad de hallar un tesoro escondido en los cimientos de la torre.

FUENTE CONSULTADA: LO SE TODO (TOMO III 1965)

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Lugares Sagrados y de Culto Grandes Monumentos de Piedra Antiguos

LUGARES SAGRADOS Y DE CULTO DEL MUNDO ANTIGUO  MONUMENTOS HISTÓRICOS

¿Cual es el mensaje de los monumentos?: En muchos casos, la respuesta instintiva del espectador ante dichos monumentos suele ser la correcta en tanto que coincide con lo que sus creadores pretendían provocar desde un principio ante su destinatario original, ya fuera éste el pueblo, una potencia enemiga o, simplemente, la posteridad.

No en vano, tanto las dimensiones como la solidez y el método de construcción de cada uno de estos monumentos, llevados a su máxima expresión, constituían una garantía a la hora de dejar una impronta indeleble en las generaciones futuras del soberano o la sociedad que los vio nacer.

De hecho, incluso aquellos monumentos concebidos más para los muertos que para los vivos, como los lugares de reposo eterno de los soberanos khmer, los emperadores chinos o los caudillos mayas, se concebían como imponentes estructuras perfectamente visibles.

Este afán por la gloria póstuma no afecta por igual a los diferentes monumentos que hemos seleccionado. De hecho, cabría preguntarse si las calzadas romanas o los canales chinos no respondían a una voluntad puramente luncional.

En ese sentido, no está de más señalar que en los mojones de las calzadas romanas aparecía siempre el nombre del emperador que había encargado la construcción de tal o cual vía, o que fueron los propios reyes de la dinastía Sui quienes asumieron la construcción de los canales como objetivo dinástico, a pesar del enorme gasto que ello suponía para las arcas reales.

Y es que, en el fondo, cualquier proyecto de tal envergadura lleva implícito un mensaje de poder, autoridad y legitimidad. Así, nadie osaría poner en duda la legitimidad de Hatshcpsut al contemplar los imponentes obeliscos que mandó erigir la célebre faraona egipcia, aunque se tratase de una mujer.

Por otro lado, muchas de estas obras magnas suelen marcar el tránsito de una dinastía a otra, como es el caso de las pirámides egipcias, construidas en los albores del Imperio antiguo, o del Coliseo de Roma, que marcó la ascensión al trono de la dinastía flavia, o de la Gran Muralla China, iniciada en tiempos del primer emperador Shi Huang Di.

Es evidente que las dificultades técnicas de cualquier proyecto de esta envergadura refuerzan el halo de poder de quienes las construyeron, y el modo en que se llegaron a hacer realidad debió de ser todo un misterio para los pueblos del mundo antiguo, tanto como lo son hoy para el visitante moderno. Las enormes dimensiones y el consiguiente peso de los monolitos más grandes de Stonhenge han sido caldo de cultivo de todo tipo de teorías, tantas como piedras contiene el complejo.

¿Cómo se transportaron hasta el emplazamiento definitivo? ¿Cómo se enderezaron? ¿Cómo se colocaron las lajas horizontales? Ya en el siglo XII, Geoffrey de Monmouth, atormentado por estos mismos interrogantes, propuso una explicación mágica: Stonchenge era la obra de Merlín, que había transportado las enormes lascas de piedra desde Irlanda con ayuda de sus poderes mágicos.

Esta predisposición a maravillarse, que tan pródiga se ha mostrado en tantas y tan variadas leyendas en torno a la construcción de Stonehenge, se remonta hasta los albores de la historia, más allá incluso de los primeros testimonios escritos.

Tal vez nunca llegaremos a hacernos una idea exacta de la percepción que tenían de estos monumentos las sociedades que los vieron nacer, si bien en ese sentido los textos coetáneos que nos han llegado constituyen una fuente de conocimiento de incalculable valor. A falta de dichos textos, los arqueólogos deben basarse en los restos que se han conservado, testimonio mudo de unas estructuras creadas por unas sociedades que, en muchos aspectos, no distaban tanto de la nuestra. (Fuente: Las Setenta Maravillas del Mundo Antiguo de Chris Scarre)

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A LA HORA DE causar impresión entre los propios súbditos, los enemigos potenciales o simplemente las generaciones futuras, los pueblos han recurrido de manera insistente a lo largo de los siglos a la creación de estatuas y otros monumentos de enormes dimensiones, muchos de los cuales han generado incluso todo tipo de leyendas acerca de su supuesto origen divino o mágico.

No cabe duda de que el tamaño ha dado siempre excelentes resultados siempre que ha ido asociado con el más poderoso de todos los símbolos, el propio rostro o cuerpo humano.

Cualquier busto o escultura de cuerpo entero de unas dimensiones superiores a lo normal es portadora de un mensaje tan sugerente como espectacular en quien la contempla.

En ese sentido, las célebres efigies esculpidas de  Mount Rushmore (Estados Unidos) se inscriben en la antiquísima tradición a la que pertenecen el buda gigante de Bamiyan (Afganistán), la gran esfinge de Guiza, y los Colosos de Memnón, en Egipto, o las cabezas gigantes de los olmecas, en México, esculturas todas ellas de gigantescas dimensiones a las que, con independencia de que representen una figura histórica o ficticia, les une un mismo sentimiento de poder y misterio.

La contundencia de la imagen descansa en gran parte en el hecho de que se pueda ver desde lejos, y en ello influyen tanto el tamaño como la ubicación. Los Colosos de Memnón, al igual que el buda de Bamiyan, constituyeron en su momento reafirmaciones del poder político o religioso visibles a gran distancia.

En muchos casos, el monumento se levanta en lo alto de una colina para así aumentar todavía más su visibilidad. Tal es el caso de La Turbie, situada en lo alto de una colina desde la que se tiene una espléndida vista del Mediterráneo, subrayando así ese inequívoco mensaje de poder del ejército romano y el mismo Augusto que subyace en este monumento conmemorativo.

Fila de estatuas de la isla de Pascua dispuestas sobre una plataforma ritual. Estas estatuas, que en su origen llevaban ojos engastados, ilustran a la perfección el poder evocador de la forma humana. Se cree que los habitantes de la isla las erigieron en memoria de sus antepasados.

Además de su estudiada visibilidad y sus enormes dimensiones, algunos de estos monumentos presentan un tercer rasgo característico no menos estudiado: son monolíticos. Con ello, se refuerza todavía más la impresión de poder sobrehumano ante la dificultad extrema de dar forma y mover un bloque de piedra o un objeto de metal de tamañas dimensiones. En este aspecto, el coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo, constituye un excelente ejemplo, pues no en vano su condición de maravilla radicaba precisamente en el reto técnico que representaba fundir a pie de obra las diferentes secciones de la estatua.

No menos intenso es el sentimiento de admiración que provocan aún hoy en día los grandes monumentos monolíticos de la antigüedad, como el Gran Menhir partido de la Bretaña, con un total de 280 toneladas de peso, o la imponente estela de Aksum, en Etiopía, que con sus cerca de 500 toneladas de peso es la más grande jamás construida.

Monumentos ambos que sin embargo quedan empequeñecidos al lado del impresionante obelisco de granito que se ha conservado, inconcluso, en las canteras de Asuán, al sur de Egipto, que una vez erguido habría alcanzado el increíble peso de 1.150 toneladas. Así, se puede decir que, de igual modo que la estela de Aksum es el mayor monolito jamás erguido, el obelisco de Asuán es el mayor jamás concebido.

En cada uno de los casos, los artífices de dichos monumentos debían ser capaces no sólo de tallar el monolito de la cantera, sino también de transportarlo hasta el emplazamiento definitivo, cubriendo en ocasiones distancias más que notables, a veces incluso por barco. El tamaño de estos bloques de piedra llega a ser tan descomunal que los arqueólogos no acaban de entender cómo se pudieron erigir en su momento sin la ayuda de la tecnología moderna. No cabe duda de que también provocaron sensación entre las gentes que los vieron erigir, para quienes estos monumentos eran símbolos, no exentos de cierto halo de misterio, del poder y el profundo conocimiento de sus artífices. A su manera, fueron vehículos de propaganda tan costosos como efectivos.

El poder de las imágenes colosales suele asociarse en muchas ocasiones con lo sagrado, y de hecho muchos de estos monumentos eran profesiones de fe a la par que de poder. Tal era el caso del buda de Bamiyan, el coloso de Rodas o la Gran Esfinge de Guiza, monumentos todos ellos con un claro trasfondo religioso.

Lo mismo ocurre con las estatuas de la isla de Pascua, representaciones de unos antepasados cuya intercesión era indispensable a la  hora de garantizar el bienestar de sus respectivos descendientes, así como con las célebres líneas de Nazca, en la región desértica del sur de Perú, que representan desde simples vías procesionales a pájaros, peces o monos, y que sin duda debían de tener algún tipo de significado para aquellos destinados a contemplarlas desde lejos, dioses o chamanes, en ningún caso simples mortales.

MUCHOS MONUMENTOS megalíticos son un misterio para el hombre moderno. Arqueólogos de todas las épocas intentaron determinar el objetivo con que se construían. Era una dura tarea mover piedras tan enormes, lo que hace pensar que el trabajo perseguía un fin significativo.

Podía tratarse de moradas, templos, tumbas o incluso de enormes calendarios. Siguiendo el movimiento de los planetas, los hombres podían comprender el curso de las estaciones. Como los pueblos primitivos eran tan dependientes de las cosechas, las celebraban con rituales y ceremonias. Es muy probable, pues, que estos lugares fueran sagrados.

INTERPRETAR STONEHENGE
Muchos expertos consideran que el vasto monumento de piedra de Stonehenge era a la vez un observatorio y un templo. El motivo es la posición que ocupa una gran piedra, conocida como Talón de Piedra, de ó m de altura y 30 toneladas de peso. Cuando se levanta el sol del solsticio de verano (aproximadamente el 22 de junio), el día más largo del año, incide sobre el Talón de Piedra y proyecta una larga sombra que se desplaza lentamente hacia el centro del monumento. Esto sugiere que Stonehenge fue construido según pautas astronómicas y que tenía una finalidad religiosa.

DATACIÓN DE STONEHENGE
La leyenda cuenta que el mago Merlín trajo las piedras de Stonehenge desde Irlanda en los tiempos legendarios del Rey Arturo (h. s. V a.C.). Los expertos saben que el monumento es más antiguo. Fue construido en tres etapas y comenzado alrededor del 3100 a.C. Stonehenge, pues, es más antiguo que las pirámides de Egipto.

LAS DOS PRIMERAS ETAPAS La primera etapa fue la excavación de una especie de zanja circular. Unos miles de años después, durante la segunda etapa, se erigieron dos círculos concéntricos de piedra en medio del monumento principal. Allí habrían más de 80 gruesos bloques de una piedra volcánica llamada “piedra azul”. Se trata de una especie de diorita cristalina que, al parecer, procede de los montes Preseli (Gales), a 217 km de Stonehenge. Probablemente las casi cinco toneladas de piedra fueron traídas en embarcaciones.

TERCERA ETAPA
La tercera etapa de la construcción comenzó alrededor del 2000 a.C. Las piedras azules fueron reemplazadas por 80 enormes bloques centrales. Son las piedras aún visibles en nuestros días. Provienen de las colinas de Marlborough, y sin duda fueron mucho más difíciles de transportar que las piedras azules, ya que cada una de ellas pesa unas 50 toneladas y tuvieron que ser enteramente trasladadas por tierra. Muchas de ellas están dispuestas en anillo. Había cinco “trilitos”, formados por dos piedras verticales con una horizontal encima, situados en el interior del anillo. En la actualidad sólo quedan tres “trilitos”.

OTROS MONUMENTOS U OBRAS DE PIEDRA
Monumento a Caballo Loco. Custer, Da-kotadel Sur, EEUU.

Situado a 27 kilómetros del monte Rushmore. Se trata de un homenaje a los indios norteamericanos, tallado en el granito del monte Thunderhead. Este colosal proyecto, que una vez terminado será la estatua más grande del mundo, lo inició en 1947 el escultor Korczak Ziolkowski, que trabajó como ayudante de Gutzon Borglum en el monte Rushmore.

El emplazamiento fue elegido en 1940 por el propio Ziolkowski y por el hijo del personaje homenajeado, el jefe Caballo Loco, que derrotó al general Custer en Little Big Horn en 1876, y fue asesinado al año siguiente por un soldado norteamericano, durante una tregua.La escultura representa a Caballo Loco montado en un poni, y cuando esté terminada medirá 170 metros de altura y 195 de longitud.

Gateway Arch, San Luis, Missouri, EE UU.
Este gigantesco arco catenario, construido en 1966 a orillas del río Mississippi, simboliza la situación de San Luis, como puerta de paso al Oeste. Se trata de un arco de doble pared de acero, diseñado por Eero Satinen y de 200 metros de altura.

La pared exterior es de acero inoxidable, de 6 mm de grosor; la interior, de acero dulce, de casi 1 cm de grosor. El hueco entre ambas está relleno de hormigón por la parte inferior y de material celular por la superior. La sección transversal del arco es un triángulo equilátero hueco, en cuyo interior funcionan ascensores que conducen a una plataforma de observación instalada en lo alto.

Columna de San Jacinto, cerca de Houston, Texas, EEUU.
Esta columna de 173 metros es la más alta del mundo. Se construyó entre 1936 y 1939, a orillas del río San Jacinto, para conmemorar la batalla que tuvo lugar allí en 1836 entre los téjanos mandados por Sam Houston y las tropas mexicanas.

La columna es de hormigón, revestido de mármol color crema. Su base es un cuadrado de 14 metros de lado, pero se va adelgazando hasta medir sólo 9 metros de lado en la plataforma de observación. En lo alto de la columna hay una gigantesca estrella que pesa casi 197 toneladas.

Muralla de Adriano, Cumbria y Northumberland, Inglaterra.
La principal defensa con que contaban los romanos establecidos en Gran Bretaña para resistir las invasiones de los belicosos pictos y escoceses del norte era la muralla construida entre 122 y 130 por orden del emperador Adriano, que va desde el estuario del Solway, al oeste, donde está hecha de tierra, hasta el del Tyne, en el este, donde es ya una estructura de piedra gris de hasta 4 metros de altura. A lo largo de sus 118 kilómetros de longitud había fuertes, castillos y atalayas, atendidos por unos 18.000 soldados.

Por el lado norte, la muralla estaba reforzada por un foso de 8 metros de altura y casi 3 de profundidad. Por el lado sur había un vallum, o zanja de fondo llano, de 6 metros de anchura, flanqueada por paredes de tierra de 3 metros de altura, que servía como carretera. Los romanos abandonaron la muralla en 383, cuando Roma fue atacada por los godos, pero aún se conserva una parte considerable, así como 17 fortificaciones, entre ellas el fuerte de Vercovium, cerca de Housesteads, que se mantiene en muy buenas condiciones.

Stonehenge, llanura de Salisbury, Wiltshire, Inglaterra.
La construcción de este monumento megalítico comenzó hacia el año 3500 a.C, antes que las pirámides de Egipto, y se prolongó durante unos 1.500 años. Probablemente, sirvió siempre como lugar de culto, para celebrar rituales religiosos de algún tipo, pero también es posible que se utilizara como observatorio astronómico.

La estructura definitiva, cuyas ruinas podemos contemplar hoy día, constaba de un círculo de monolitos de casi 5 metros de altura y hasta 26 toneladas de peso, conectados por un dintel continuo. Dentro de este círculo había otro formado por piedras de azurita de 4 toneladas de peso, traídas desde las montañas de Preseli, en Gales, a 320 kilómetros de distancia; y en el interior de este segundo círculo, 5 dólmenes dispuestos en forma de herradura y otra herradura de piedras azules.

En el centro del conjunto se encontraba la «Piedra del Altar», de arenisca verde-azulada, procedente también de Gales. Los dólmenes están formados por dos piedras verticales y una tercera a modo de dintel sobre las dos primeras, encajadas mediante entrantes y salientes tallados con gran precisión.

Fuente Consultada:
Las Setentas Maravillas del Mundo Antiguo Chris Scarre
La Historia del Mundo DK Grupo Z
El Atlas de lo Extraordinario Construcciones Fabulosas Tomo II

DJEM Coliseo Africano Tunez Anfiteatro Romano en Africa Patrimonio

DJEM Coliseo Africano Túnez Anfiteatro Romano

EL ANFITEATRO DE THYSDRUS,  SE ENCUENTRA UBICADO EN MEDIO DEL DESIERTO DE TÚNEZ. ESTA GIGANTESCA OBRA, QUE PARECE SALIR DE LA NADA, SE CONSTRUYÓ EN SÓLO OCHO AÑOS, Y ES UNO DE LOS ANFITEATROS MAS GRANDE DEL IMPERIO ROMANO.

Djem es una ciudad que está a unos 200 Km. de Túnez (al sur) y es famosa por su maravilloso anfiteatro, que en los tiempos de del cónsul romano Gordiano I, gozaba de las mas digna reputación por su grandeza y esplendor.

Giordano era casi un anciano, con mas de 70 años, que había sido enviado a África con el cargo de procónsul. Con el tiempo logró ganarse la simpatía del pueblo por su apoyo a los juegos y espectáculos, y en cuanto tuvo la oportunidad de pasar a la posteridad con la construcción de una majestuosa obra para topo el pueblo, lo hizo sin condicionamientos.

En el año 230 d.C., Gordiano I lo mandó a construir en Thysdrus y se ejecutó en tan sólo ocho años. De la arena del desierto se levantó una edificación que se caracteriza por la armonía y el equilibrio, parece como caído del cielo. Es el edificio antiguo mas grande de África y como anfiteatro es el cuanto en orden de tamaño, después del de Roma, Capua y Pozzuoli.

El anfiteatro de El Djem es una atrevida obra de impresionante monumentalidad. La arena se alza completamente libre, sin ningún tipo de apoyo en alguna pendiente o concavidad del terreno.

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Esta asombrosa obra de la arquitectura romana tiene unos 148 m. de largo por 120 de ancho, y podía
albergar cómodamente a mas de 40.000 espectadores. Las habitaciones y los pasillos del anfiteatro están decorados con magníficos mosaicos. Posee 64 arcos de tres pisos.

A pesar de sus dimensiones, este grandioso edificio de arenisca, que es atravesado por los rayos del sol, transmite una indescriptible sensación de ligereza y sublimidad. Los arquitectos mostraron un gran ingenio a la hora de idear las arcadas, y lograron su objetivo: que la luz pudiera «cubrir» la arena desde todas las direcciones y hacer parecer a ésta transparente.

Los 64 arcos de cada uno de los tres pisos confieren a la obra una sensación de auténtica filigrana. Especialmente logrados son los preciosos mosaicos del interior del anfiteatro, donde se percibe una armoniosa mezcla de tradición árabe y arte romano. Debajo de estos arcos estaban ubicados las jaulas en donde se encerraban a las fieras, a los gladiadores, esclavos y condenados a muerte. Este coliseo es recodado por su agresividad en los juegos, ya que a veces se enviaba a los condenados a luchar en la arena sin armas y eran descuartizados públicamente.

El material necesario sobre todo los enormes sillares de arenisca debió transportarse desde canteras situadas a más de 30 Km. de distancia, de una zona conocida comoMadhia. Dado que la arenisca es blanda y frágil, los sillares tenían que tener unas dimensiones considerables para soportar toda la estructura. Su color es realmente singular y se ha conservado hasta hoy. La caliente y terrosa arcilla absorbe la luz solar de tal manera que parece incluso arder, al tiempo que sigue confiriendo a la obra su grandioso atractivo.

El anfiteatro de Thysdrus fue la última gran arena construida durante el período del Imperio Romano. Se trata de un grandioso monumento arquitectónico que fascina por su sobresaliente calidad y su elegante y casi perfecta armonía. Modelados por el paso de los siglos, los bloques de arenisca de Thysdrus «cuentan» hoy sus propias historias, aquellas que el viento y los agentes meteorológicos dejaron impresos en ellos.

El anfiteatro de Thysdrus se levantó lejos del mar y de todas las rutas comerciales importantes; aun así, parece que la financiación del proyecto no supuso un problema demasiado difícil de superar. El capital procedía del comercio de olivas. Desde los tiempos de César, la estepa norteafricana se había convertido en el olivar del imperio. Así, durante los dos siglos en los que se cultivó este fruto, la región llegó a ser la mayor proveedora de aceite del mundo romano.

Las rentas obtenidas del aceite de oliva hicieron de Thysdrus una ciudad muy rica y próspera. La bonanza económica se tradujo en un gran bienestar, aunque también en una ambición, una arrogancia y un deseo de emancipación muy manifiestos, como lo atestigua todavía el fabuloso anfiteatro que osaron construir. En el año 238 d.C., la provincia de Thysdrus se encontraba en su máximo esplendor y, consciente de ello, se alzó contra el poder central. No obstante, Roma sofocó el levantamiento sin piedad alguna.

La cultura de la ciudad de Thysdrus, que en otros tiempos llegó a ser una floreciente metrópoli, se hundió en pocos años, y el anfiteatro no llegó a terminarse nunca. Hacia finales del siglo XVII, las tropas del conquistador turco Bey Mohammed hicieron saltar por los aires la parte posterior de la edificación.

Durante varias generaciones, el anfiteatro fue «desarmado» como si se tratara de una cantera. Aún así, en los mosaicos todavía permanece vivo el mito de los Juegos Olímpicos. El orgullo, la pasión y, sobre todo, el espíritu de lucha convirtieron Thysdrus en un centro cultural del África antigua.

DATOS:
* Longitud: 150 m, aprox.
* Anchura: 120 m, aprox.
* Altura: 36 m (tres pisos), aprox.
* Tiempo de construcción: 8 años (230238)
* Material de construcción: Arenisca.

Ciudad Encantada de Cuenca Maravillosos Lugares de España Bellos

Ciudad Encantada de Cuenca en España

Al recorrer cada uno de los espacios que conforman la llamada Ciudad Encantada de Cuenca, en España, inmediatamente podemos darnos cuenta cuál ha sido el motivo por el cual se ha elegido dicho nombre para el lugar. Las curiosas formas que han tomado las rocas que componen el escenario del lugar no nos dejan dudas.

Situada al norte de la ciudad de Cuenca, a 25 kilómetros del municipio de Cuenca, en la Comarca de la Serranía Alta y Campichuelo, la Ciudad Encantada ha sido declarada Sitio Natural de Interés Nacional el 11 de junio de 1929, a fin de conservar este preciado patrimonio.

Ciudad Encantada de Cuenca en España
(DATOS FOTOGRAFÍA)

Durante millones de años, la erosión producida por el agua y el viento dieron como resultado que en el lugar aparezcan un conjunto de rocas de composición caliza, que han sido esculpidas de forma especial. De allí que muchas hayan adquirido nombres que definen de cierta manera sus extrañas formas, tales como el Perro, el León, la Cara del Hombre, el Tobogán, la Ballena, los Barcos, los Amantes de Teruel, el Puente Romano y Tormo Alto, entre otros.

Pero las esculturas formadas por la naturaleza no suelen ser el único objeto de las miradas de los cientos de turistas que año tras año visitan el lugar, ya que además el espacio posee una vegetación única, conformada por pinos y enebros.

Cabe destacar que el fenómeno kárstico producido en el lugar también se produjo en el paraje llamado Los Callejones,  que junto con Ciudad Encantada forman parte del Parque Natural Serranía de Cuenca.

Lo cierto es que el origen de las maravillosas y extrañas formaciones rocosas que caracterizan a la Ciudad Encantada se remonta a más de 90 millones de años, precisamente durante el llamado Periodo Cretácico, cuando el Mar de Thetis cubría una gran porción de lo que en la actualidad conocemos como la Península Ibérica. En este contexto, la Ciudad Encantada formaba parte del fondo del Mar de Thetis.

ciudad encantada paisaje

Llegando al final del Cretácico, los cambios en la zona y la aparición de vegetación provocaron la elevación del terreno, permitiendo así que la región que hoy ocupa la Ciudad Encantada emergiera a la superficie.

En aquel momento los bancos de carbonato cálcico que componían la región, ya convertidos en piedra caliza, quedaron totalmente expuestos, y los agentes atmosféricos iniciaron los cambios que darían como resultados verdaderas obras de arte de la naturaleza.

Hoy millones de turistas se maravillan al recorren la zona, y hallar en cada rincón una roca con una forma caprichosa, en la que la naturaleza parece haber esculpido su propio arte. Y sin lugar a dudas, es la llamada el Tormo Alto la roca que actualmente se ha convertido en el principal atractivo de la Ciudad Encantada, ya que se trata de la roca ubicada en la entrada del recorrido, y es la encargada de darles la bienvenida a los visitantes.

Descubrimiento Templo Abu Simbel Historia del Traslado de Monumentos

Descubrimiento Templo Abu Simbel
Historia del Traslado de Monumentos

Ramsés II, faraón egipcio al que se dio el sobrenombre de Grande, tenía 18 años cuando ciñó la corona. Pertenecía a una dinastía casi recién llegada al trono de Egipto y que, además, no era de origen divino, ni siquiera noble. Pero eso, lejos de intimidar al joven soberano, más bien le sirvió de estímulo, y se dispuso a emular, con su acción, las hazañas de sus predecesores.

Si Egipto quería ostentar la hegemonía mundial tenía que vencer a los hititas, sus enemigos seculares. En efecto, desde hacía ya tres siglos, cuando el rey hitita Mursil I conquistara la gran Babilonia, demostrando, de una vez por todas, las posibilidades hititas, a cada retirada egipcia correspondía un avance hitita y viceversa.

Para ello se preparó muy bien con vistas al inevitable enfrentamiento, que tuvo lugar cerca de una ciudad llamada Kadesh. Pero no hubo victoria. Faltó suerte, no valor, especialmente el valor de Ramsés, lanzándose casi solo al ataque de las poderosas fuerzas enemigas con la esperanza de abrirse camino para reunirse con el resto de su ejército, fue casi de leyenda.

Tampoco le fue muy bien a los hititas, que sufrieron un duro golpe, podemos decir que la consecuencia de todo ello fue que ninguno de los dos rivales quiso correr el riesgo de un nuevo enfrentamiento, y así, durante casi veinte años, se prolongó la antigua guerra fría, con sólo algunos choques “calientes” de vez en cuando.

No cabe duda de que la casi derrota de Kadesh fue una desilusión para Ramsés; pero en cambio fue la suerte de sus descendientes, pues abrió vía libre a la propaganda del régimen, que debía afirmar, con otros medios, la grandeza que las armas no habían conseguido. En esto el joven faraón resultó un genio, capaz de enseñar a los dictadores modernos. Egipto se vio literalmente cubierto de grandes templos, estelas, construcciones, reconstrucciones, embellecimientos y, sobre todo, de edificaciones colosales, encargadas, financiadas y controladas por el propio soberano.

templo abul simbel

En Tanis, la ciudad de residencia y quizá del origen de la dinastía, se erigió un templo, nuevo y enorme, con decenas de estatuas y una veintena de obeliscos; y más tarde, junto a la vieja ciudad surgió otra nueva y flamante, destinada a convertirse en la capital administrativa de Egipto, en condominio y concomitancia con Tebas.

Esta ciudad se llamó Pi-Ramsés, que quiere decir “Ciudad de Ramsés”. El faraón tuvo en ella una fantástica residencia, conocida como “Excelsa en Victorias”. Cada edifico proclamaba, con su sola existencia, el poder, la gloria y la riqueza del gran rey. En sus paredes se narraba la versión que de la batalla de Kadesh quería Ramsés que se conociera, la  versión que durante tres mi años fue considerada como la única, la verdadera.

Pero entre todas las construcciones que exaltaban la gloria de Ramsés destaca un conjunto de templos, excavados en la roca en la lejana Nubia, donde las arenas del desierto se juntaban con el curso del Nilo nos referimos a Abu Simbel.

Desde sus antiguas paredes, Ramsés habla en primera persona y todavía, después de tres mil años, sus palabras nos transmiten la poesía, la turbación y el furor del joven rey. Salta a la vista la propaganda para sostener a un Rey Sol de hace tres mil años, disfrazando la realidad al decir que Ramsés “tendió la mano de paz marchando hacia el sur”, cuando lo cierto era que se retiró del campo de batalla.

El templo de Abu Simbel no tenía suficientes defensas contra la arena del desierto, que se derramaba sobre él desde la parte superior de la pared rocosa en la que estaba excavado. Así, desde los tiempos más antiguos, una constante y renovada lluvia de arena escondió (y con ello protegió) gran parte de sus estructuras..

Pero nunca desapareció del todo, pese a que en época romana más de su mitad estaba cubierta y, mientras Mahoma predicaba su credo en la vecina península arábiga, la movediza arena lo cubrió casi totalmente. Eso ocurría en el siglo VII de la era cristiana. Sólo las cabezas de las gigantescas estatuas que decoran la fachada continuaron emergiendo, durante siglos, sobre la arena. Dos enormes rostros enigmáticos y olvidados.

El 5 de marzo de 1813 el jeque Ibrahim ibn Adn Allah las descubrió, iniciando con ello un siglo y medio de apasionantes aventuras arqueológicas alrededor de los grandes templos de Ramsés el Grande. En realidad el nombre verdadero de este hombre era Johann Ludwig Burckhardt, nacido en Lausana, en el cantón de Vaud, vástago de una familia de sólidas tradiciones centroeuropeas.

En su opinión estaba constituido por un solo templo, el más pequeño, dedicado a la esposa de Ramsés, la reina Nefertari, que era el único cuyos seis colosos de la fachada se veían fácilmente. Era también el único del cual el explorador, que se documentaba minuciosamente antes de sus viajes, nunca había oído hablar.

Pero fue grande su sorpresa cuando, alejándose por casualidad del objeto de su atención, vio sobresalir de la arena la parte superior de las estatuas del otro templo, aquel inmenso monumento que el faraón había dedicado al dios Ra-Horakhti (y en realidad a sí mismo). En ese momento empezaba la segunda vida de una obra destinada a ser considerada como una de las grandes maravillas de Egipto. Era el 22 de marzo de 1813.

Después del descubrimiento se inició la exploración, la apertura del templo. Empresa que promovió y llevó a cabo, tras diversas vicisitudes, un italiano al servicio de Inglaterra, Giovanni Battista Belzoni, aventurero obstinado, infatigable, pionero de la arqueología, que el día 1 de agosto de 1817 consiguió al fin entrar en el gran templo de Abu Simbel a través de una galería de arena.

Experimentó una gran desilusión al no encontrar ningún tesoro y sí un calor infernal, de más de ciento treinta grados Fahrenheit (cincuenta y cinco grados centígrados), una serie de incomprensibles esculturas en las paredes (los jeroglíficos egipcios todavía no se habían descifrado) y una extraña sustancia negra que cubría el pavimento, parecida a “nieve negra”, y por ello se limitó a escribir en su diario una fría descripción del conjunto; en la pared del templo dejó grabados los nombres de los descubridores.

Después del descubrimiento y después de la apertura vendría la valoración, la limpieza, la restauración y la consolidación, así como los trabajos de contención de la arena para que no volviera a cubrir los templos. Todo ello requeriría, con pausas y reanudaciones en los trabajos, en los descubrimientos y en la atención, un siglo más o menos.

En el período comprendido entre las dos guerras mundiales, Abu Simbel ya había sido excavado, limpiado, defendido y consolidado (lo necesitaba, pues algunas de las pilastras interiores, excavadas en la roca, empezaban a ceder, aplastadas por el enorme peso de la cubierta); pero por encima de todo había sido valorizado corno uno de los las grandes testimonios de la historia del antiguo Egipto. Y todavía faltaba el traslado lejos de su antiguo asentamiento para salvarlo de las aguas; pero ésta, como veremos, es una historia actual, típica de nuestro siglo.

Egipto, decía el historiador griego Heródoto, es el “don del Nilo;”; en una tierra donde prácticamente no llueve nunca, el gran río, con sus inundaciones anuales que aportan limo y agua, es la base de la vida. De ahí que se pensara a menudo en regular sus aguas, canalizarlas para poder aprovecharlas en cualquier época del año. A este deseo normal de los habitantes de Egipto (cuyo número aumentaba sin cesar) nuestra época ha añadido el interés por las fuentes de energía, la explotación del “oro blanco” para producir electricidad.

Existe un punto ideal para bloquear el Nilo con un dique que sirva para dichos fines y este lugar es Assuán, en el valle de la primera catarata, A finales del siglo pasado, los ingenieros ingleses ya construyeron allí una presa que más tarde se amplió. Pero esto significaba que gran parte de los monumentos que allí se encontraban permanecerían cubiertos por las aguas durante la mitad del año.

Era un duro precio que se tenía que pagar a cambio de los beneficios que la presa proporcionaría; pero se hizo, tratando empero de consolidar los monumentos con las más modernas técnicas para que pudieran resistir la forzada inmersión.

Su construcción significaba también la inundación de los templos de Abu Simbel y, casi con toda seguridad, su ruina, porque la arenisca con la que están construidos no hubiera soportado los efectos de la erosión. Eso ya era un crimen contra la cultura, pero que, por otra parte, parecía inevitable.

En pocas semana se organizó una misión de estudio para salvar esas maravillosas construcciones. Expertos franceses, italianos y alemanes fueron enviados a Egipto para estudiar el conjunto, y basándose en sus informes se tomó la decisión definitiva: apelar a los gobiernos y al pueblo de todo el mundo para salvar un monumento cuya pérdida hubiera sido “irreparable para el patrimonio cultural de la humanidad”.

abul simbel traslado de monumento

Encuadre simbólico de los trabajos de salvamento y de restauración, quizá la mayor empresa de este tipo de todos los tiempos: las tres grandes cabezas de Ramsés II depositadas sobre la arena en el intervalo entre la descomposición en grandes bloques numerados del templo y su posterior reconstrucción. Los rasgos del faraón resaltan más de lo normal en esta imagen, sin la falsa barba ritual que los soberanos de Egipto fijaban tradicionalmente en su rostro como distintivo de su dignidad. A la derecha: sugestivo detalle del ojo de una de las estatuas, detalle que será difícil de observar cuando la cabeza vuelva a su sitio.

Y por una vez, la humanidad respondió. En junio del año 1963, después de haber descartado numerosos proyectos (entre ellos el fabuloso de levantar todo el complejo sobre un conjunto de cabrias), se tomó la decisión definitiva: cortar los templos en grandes bloques, de una veintena de toneladas cada uno; elevarlos hasta un nivel que los resguardase de las aguas del lago formado por la presa y reconstruirlos con todo cuidado, de manera que tuviesen una situación lo más idéntica posible a la original. Así, después de treinta y tres siglos, se volvía a trabajar por la gloria de Ramsés.

El SALVATAJE DE ABU SlMBEL
En 1956 Egipto debía controlar las crecidas del Nilo, entonces tomó la decisión de construir la gran represa de Asuán. Esta obra inundaría toda la zona, por lo que varios templos, entre ellos Abu Simbel, quedarían bajo las aguas del actual lago Nasser. Entonces, Egipto acudió a la Unesco por ayuda, y se inició el plan de proteger su historia. Fueron varios los templos y tesoros preservados gracias a la rápida respuesta de las naciones que intervinieron.

Pero, sin dudas, de todas las obras de salvataje, la más espectacular fue la remoción de Abu Simbel. El trabajo consistió en desmontar cuidadosamente cada pieza y volver a armar los templos en terrenos seguros. En el traslado y el rearmado de los monumentos trabajaron más de 3.000 hombres, tardaron cuatro años y se invirtieron 36 millones de dólares.

TEMPLO DE NEFERTARI

templo de nefertari

Cerca del templo de Ramsés II se encuentra el templo de Nefertari. Su fachada reproduce cuatro imágenes de Ramsés II y dos de su esposa Nefertari. Las seis son de igual tamaño, algo que sorprende, ya que los faraones solían representarse a mayor escala. Este templo también está dedicado a Hathor, la diosa del amor y la belleza. Nefertari fue la más amada de las esposas del faraón. El acto de dedicar un templo de semejante magnitud a su esposa es único en la historia de Egipto.

Fuente Consultada: Lugares Sagrados de África