Magma Terrestre

Morfologia Terrestre Cambios de la Superficie y Factores Externos

Morfologia Terrestre Cambios de la Superfie y Factores Externos

La parte superficial de la corteza terrestre, aquella sobre la cual transcurre nuestra vida cotidiana, se presenta a nuestra observación como una sucesión de montañas y valles, de llanuras y cursos de agua, de aspectos y perfiles siempre nuevos y distintos, como se indica en la figura de abajo.

La configuración del suelo y sus mutaciones no son debidas a la casualidad, ni han sido siempre las mismas.

Las fuerzas y los fenómenos del subsuelo, que constituyen el objeto de la geología, y principalmente las actividades volcánica y sísmica, han dado forma al esqueleto fundamental de la corteza terrestre, o litosfera; y en distinta medida siguen modificando todos los días su conformación externa.

Pero a estas fuerzas y a estos fenómenos hay que añadir otros, no menos importantes y decisivos, que también alteran de continuo, profundamente y sin cesar, la configuración del relieve terrestre, contribuyendo de forma determinante a darle el aspecto general que cae bajo nuestra inmediata y directa observación.

morfologia relieves de la corteza terrestre
Distintos relieves de la corteza terrestre

Los agentes atmosféricos y climáticos, o sea la temperatura, la humedad, el viento, las precipitaciones atmosféricas, los cursos de agua, las heladas, la vegetación, la fauna y hasta la obra del hombre, contribuyen poderosamente a cambiar de manera incesante, y a menudo también profunda, la configuración del suelo, de modo que la forma general de la superficie de la Tierra no es estática sino que, por el contrario, es el resultado de un gran número de fuerzas que actúan en el espacio y en el tiempo.

Una resultante que varía a cada instante, como varían, en intensidad y eficacia, cada uno de los elementos modeladores (fuerzas geológicas, climáticas, químicas y orgánicas), aunque a menudo los cambios de aspecto que ocurren en las más distintas zonas geográficas del globo nos parezcan pequeños e insignificantes, hasta el punto de no tomarlos en cuenta.

Sin embargo, no debe olvidarse que al modelar la forma de la corteza terrestre, las fuerzas de la naturaleza actúan durante tiempos muy dilatados (incluso millones de años), y que no hay acción, por débil que sea, que repetida durante siglos o milenios no acabe por obtener grandiosos resultados; como precisamente ocurre con la fuerza erosiva del viento y de las aguas, que en el curso de extensísimas eras geológicas han demolido por completo grandes cadenas montañosas.

Pero también se registran fenómenos rápidos y violentos que modifican profundamente incluso el aspecto de toda una región, a veces en un solo día.

Grandes erupciones volcánicas, que en muy poco tiempo hacen surgir montañas enteras o nuevas islas oceánicas; colosales corrimientos de tierra y terremotos ruinosos, que agrietan y trastornan de forma definitiva los relieves montañosos preexistentes; inundaciones graves, que alteran extensísimos valles.

Desgraciadamente, con frecuencia, estos fenómenos forman parte de la crónica de nuestro tiempo; un tiempo en el que también el hombre demuestra que está en condiciones de modificar y variar, a menudo de forma tangible, la configuración de la superficie terrestre.

El estudio de estos fenómenos, de sus causas y sus consecuencias, forma parte de la morfología terrestre, una parte de la geografía física de extremado y apasionante interés, puesto que se ocupa de una cosa que nos concierne de cerca; es decir, de la superficie terrestre sobre la cual nos movemos, edificamos casas, carreteras, puentes, ferrocarriles; en una palabra, en la que actuamos de todas aquellas maneras que en conjunto constituyen nuestra vida de hombres civilizados.

Dilataciones y contracciones térmicas

Entre los agentes exógenos (o sea los que actúan desde el exterior) que modelan la superficie de la corteza de la Tierra se encuentra en primer lugar la radiación térmica.

Por efecto de la misma las rocas de la litosfera tienden a dilatarse; pero puesto que la dilatación es mayor en la superficie que en la profundidad, y en general es distinta para cada uno de los varios minerales que componen una misma roca, las sucesivas dilataciones y contracciones producidas por la elevación y el descenso de la temperatura (alternancia del día y de la noche, de las estaciones caudas y de las frías) y sus diversos efectos, acaban agrietando la roca, originando en ella, según su composición específica, hendiduras o grietas de distinto tamaño; fragmentos cada vez más pequeños que incluso pueden convertirse en minúsculos granos de arena; desgastes mas o menos importantes.

La acción disgregadora debida a los cambios de temperatura es mayor, de manera evidente, en las rocas de composición heterogénea que se encuentran en zonas sometidas a fuertes oscilaciones de temperatura entre la noche y el día y el verano y el invierno.

A este efecto tiene también mucha importancia la presencia o la falta de vegetación que, en líneas generales, además de suavizar la rigurosidad de los factores climáticos, protege la roca en la que vive, preservándola de la acción directa de los rayos solares e impidiendo asimismo, gracias al estrato de humus producido, que la roca sufra oscilaciones de temperatura demasiado rápidas, que a la larga la disgregarían.

La acción mecánica del viento

También es muy importante la acción del viento, que no es otra cosa que un desplazamiento de masas de aire a velocidades más o menos grandes.

Como todo lo que se mueve, el viento es portador de energía mecánica, energía que transporta el material rocoso ya disgregado, desplazándolo a otro lugar, a menudo muy lejano, dando con ello ocasión a los depósitos eólicos: dunas continentales, dunas fijas (en las que el material, detenido contra un obstáculo, acaba estabilizándose), dunas litorales, formaciones de loess (material a base de cuarzo, arcilla y otros elementos), muy abundantes sobre todo en China.

Pero la acción del viento no se limita a desplazar el material rocoso ya disgregado por efecto de otras causas (deflación).

Al transportar arenas y diminutos granos de roca, el viento también ejerce una especie de esmerilado en las rocas que encuentra durante su camino, puliéndolas o excavando en ellas característicos cauces, de acuerdo con su composición y su dureza.

Esta acción de esmerilado, a la que los científicos dan el nombre de corrosión, transporta también cierta cantidad de material de las rocas ya existentes, con el doble efecto de modificar (con el transcurso del tiempo) el aspecto de las rocas locales y de transformar, a la vez, la apariencia y la configuración general del lugar en el que finalmente se depositan los materiales transportados.

Además, al desplazar los materiales disgregados, el viento pone la roca al desnudo; cosa que favorece la ulterior disgregación debida al calor, puesto que capas siempre más profundas son expuestas paulatinamente a la acción directa del sol.

Para tener una idea de la importancia que tiene el viento como agente transformador y modelador de la superficie terrestre, basta pensar en las enormes extensiones desérticas que precisamente el viento ha recubierto de arena, cuyas dunas alcanzan a veces hasta 100 m de altura.

Las transformaciones químicas

A la acción transformadora del aire debida a los efectos mecánicos hay que añadir la debida a los efectos químicos.

El aire contiene grandes cantidades de oxígeno que transforma los metales en óxidos y los sulfuros en sulfatos, cambiando profundamente las propiedades físicas de las sustancias.

Algunos metales, por ejemplo, debido al efecto de su transformación en óxidos adquieren consistencia incoherente, polvorienta, convirtiéndose de esta forma en fácil presa del viento.

Pero las transformaciones químicas que ocurren en contacto con el aire no son sólo debidas a la presencia del oxígeno; también existen el vapor de agua y el anhídrido carbónico, que transforman el carbonato de calcio, insoluble, en bicarbonato de calcio, soluble.

Este último, desplazado por el agua de la lluvia, se precipita en los valles y en las hendiduras de las rocas, donde se sedimenta lentamente, convirtiéndose en carbonato insoluble y dando lugar a la formación de las célebres estalactitas y estalagmitas, tan frecuentes en las cuevas.

Mientras tanto, la roca de origen sufre empobrecimiento en su material y presenta la típica «caries», frecuentísima, por ejemplo, en las rocas dolomíticas.

La caries es debida a una lenta desaparición del carbonato de calcio (mientras que el carbonato de magnesio permanece inalterado) acompañada de surcos en la roca de origen.

El anhídrido carbónico y el agua también atacan a las rocas compuestas por silicatos, transformándolas en caolín o en productos arcillosos, según las condiciones en que se verifica el fenómeno.

Después, los productos arcillosos son transportados a los valles o al mar por los ríos, donde forman sedimentos y granos finísimos.

La acción del viento y el agua en algunos ejemplos bastante significativos: a) el viento, en su constante desplazamiento a velocidades más o menos grandes, transporta detritus de rocas dando lugar a la formación de dunas arenosas
El viento transforma las rocas de modo curioso; es el caso de estas pirámides de erosión en el Gran Cañón del Colorado.

La acción mecánica de las aguas

Como puede verse, entre los agentes transformadores y modeladores de la superficie terrestre, el agua es sin duda uno de los más importantes.

Ante todo ésta desarrolla una acción análoga a la de las dilataciones y contracciones térmicas de las rocas, debidas a los cambios de temperatura, mediante la sucesión alterna de las heladas y del deshielo.

En estado líquido, el agua penetra en las hendiduras y en las grietas de las rocas, impregnándolas de humedad.

Cuando la temperatura desciende por debajo de cero, el agua se transforma en hielo y aumenta de volumen, produciendo un sensible aumento de las cavidades primitivas, hasta dilatarlas tanto que provoca la fragmentación de la roca que la hospeda en una serie de detritos grandes y pequeños que, debido a la gravedad o arrastrados por las aguas que corren por la superficie de la tierra, se depositan al pie de las paredes rocosas.

Además de transportar los detritos insolubles el agua disuelve también los minerales solubles, por lo que, cuando combina ambos efectos, ejerce una enérgica acción erosiva, tanto si penetra profundamente (aguas de infiltración) dando lugar a la formación de canales subterráneos, algunas veces grandes como ríos, como si corre por la superficie (aguas de escurrimiento) dando lugar al proceso de formación de torrentes y de ríos, o, finalmente, si ataca el suelo en pendiente en grandes masas animadas por un movimiento turbulento (aguas salvajes o de arrastre) que provocan grandes fenómenos erosivos.

Las aguas en su descenso transportan los materiales disgregados de la cobertura poniendo al desnudo las rocas duras de debajo; excavan los lados de los relieves y originan incisiones cada vez más profundas, aislando con frecuencia grandes rocas que quedan abandonadas en precarias condiciones de equilibrio (rocas oscilantes), sobre otras piedras, o bien arrastrándolas, a fuerza de sucesivos empujones, lejos del lugar de procedencia.

También las aguas fluviales transforman variadamente las regiones que atraviesan; he aquí algunos aspectos de erosión fluvial

Entre los fenómenos debidos al agua de infiltración hay que citar los derrumbamientos, que pueden alcanzar proporciones considerables, determinando la caída a los valles de enormes cantidades de materiales rocosos disgregados, causandc a menudo daños muy considerables a la labor del hombre, el cual ve destruidos sus campos, e incluso sus viviendas sin poder hacer prácticamente nada para evitarlo.

Encauzamiento natural de las aguas

En la morfología terrestre las aguas que se deslizan por la superficie determinan una serie de transformaciones muy importantes debidas a los efectos de su encauzamiento natural.

Las aguas de lluvia y las procedentes del deshielo de las nieves y de los glaciares se recogen principalmente en las cavidades naturales, a menudo muy grandes, formando cuencas y lagos.

Cuando esto no ocurre, éstas avanzan formando cursos de agua cada vez mayores hasta llegar al mar o a un gran lago.

En la parte superior del curso el río suele tener régimen torrencial, discurre en pendiente rápida y ejerce una sensible acción erosiva en las paredes y sobre el fondo de su lecho, transportando detritos que pulen las rocas hasta convertirlas en cantos rodados.

En la parte media del curso el río se ensancha, pierde velocidad debido a la menor pendiente y las aguas, más lentas, depositan sobre el fondo materiales más pequeños, tales como arena y pedrisco grueso, pequeñas piedras y finalmente barro arcilloso.

Con la disminución de la pendiente el curso se vuelve más sinuoso, se forman islas fluviales y brazos de agua que discurren por terrenos anegadizos y que acaban por queda- aislados del curso del río.

De tal forma se liega al final del curso fluvial, a la desembocadura, que puede estar constituida por un ensanchamiento en forma de embudo (estuario) o una serie de canales menores que llegan al mar (delta).

En él se depositan los materiales finísimos e impalpables que, debido a la acción combinada del mismo río y de las mareas, producen una elevación del fondo (barra de desembocadura si se trata de un estuario, cordón litoral si se trata de un delta) que también puede dar lugar a la formación de una laguna (extensión de agua salada limitada, por su lado más cercano al mar, por relieves bajos y arenosos).

El encauzamiento natural de las aguas, con la erosión de los relieves, los depósitos aluviales y los depósitos de desembocadura, puede tener importantes consecuencias, tales como la destrucción y la profunda incisión de las montañas, la formación de extensísimos territorios en los cuales los sedimentos han llenado extensas cuencas marítimas, o el avance de las tierras emergidas en relación con el mar.

Las aguas subterráneas

Finalmente diremos que también tienen destacadas consecuencias las aguas subterráneas, o sea las aguas que se filtran a través del terreno hasta alcanzar una capa impermeable formando las llamadas capas acuíferas, que son las que dan lugar a la formación de fuentes, manantiales, sifones naturales, fuentes intermitentes, y de cuencas y ríos subterráneos.

La fuente es debida al afloramiento de una capa acuífera, llevada por el estrato impermeable sobre el cual corre; fenómeno análogo al que ocurre en relación con los manantiales.

Otro fenómeno característico de las aguas subterráneas es el de las fuentes intermitentes debidas a una cuenca subterránea unida al exterior por un sifón; cuando el nivel de la cuenca supera la altura del sifón, el agua fluye hasta que la cuenca se vacía y la fuente queda seca, para manar de nuevo apenas el depósito interno vuelve a llenarse.

Finalmente hay que recordar las fuentes de desbordamiento, debidas a la existencia de obstáculos impermeables que obligan a las aguas subterráneas a elevar su nivel hasta aflorar, desbordándose al aire libre.

Las aguas subterráneas, potables cuando no contienen sustancias nocivas, constituyen las conocidas aguas minerales si en ellas hay disueltos gases o sustancias minerales, que a menudo son de enorme eficacia curativa, lo mismo que las aguas termales, cuando brotan a temperatura más o menos elevada.

Los glaciares y la erosión glacial

En relación con la morfología terrestre tiene también gran importancia el agua solidificada en hielo.

A determinadas latitudes y por encima de determinada altura (límite de las nieves perpetuas) las precipitaciones de nieve se acumulan en capas de vario espesor que los sucesivos aumentos de temperatura no consiguen fundir por completo.

Entonces se forman neveros permanentes en los que las capas de nieve se asientan y se endurecen paulatinamente hasta transformarse en hielo.

Los glaciares están, pues, constituidos por sucesivas capas de hielo (menos compactas cuanto más cerca están de la superficie) que tienden a desplazarse juntas resbalando lentamente por la pendiente de la cuenca en que se encuentra el glaciar, de cuya parte inferior manan las aguas de fusión.

La parte más avanzada se llama lengua y está dotada de un movimiento más rápido en el centro que en los bordes y en el fondo, por lo que, debido a las distintas velocidades de traslación, el hielo se abre formando grietas, o sea, hendiduras que a menudo toman el aspecto de impresionantes abismos.

Por efecto de los varios movimientos y de las grietas suelen formarse grandes bloques de hielo sobresalientes, los séracs, perfectamente conocidos por los apasionados de las exploraciones alpinas y por los escaladores.

Al avanzar hacia el valle el hielo presiona sobre las paredes rocosas de su álveo, a las que estría de una manera característica, provocando en ellas una erosión capaz de arrancar de las mismas rocas de distintas dimensiones que son incorporadas a la masa helada.

El material erosionado, los detritos caídos en el hielo desde las cumbres circundantes, el polvo atmosférico, que también se incorpora al mismo, el barro y otros materiales, constituyen el material morrénico, o morrena, que el glaciar arrastra consigo hasta el valle.

Durante el buen tiempo, cuando se funde la parte más avanzada del glaciar o bien éste se retira, empequeñeciendo paulatinamente, los materiales de la morrena quedan a la vista formando depósitos morrénicos de considerables proporciones.

A menudo el glaciar arrastra hasta el valle enormes masas errantes que luego quedan aisladas, constituyendo ciclópeos restos de la glaciación pasada. Debido a sus características y a sus movimientos los glaciares excavan valles que a veces son muy profundos, que presentan un típico perfil en U (que los distingue de los valles de origen fluvial, cuyo perfil tiene forma de V) y trazan cuencas de tipo característico, dejando atrás, cuando se retiran, grandes depósitos morrénicos.

seracs: morfologia terrestre
«séracs», gruesos pináculos de hielo debidos al continuo movimiento de los glaciares. En esta página, de izquierda a derecha y de arriba abajo: caverna excavada en el hielo por un torrente; perfiles de «séracs»; estatua de hielo, debida al calor del estío; glaciar alpino desembocando en un lago.

La acción transformadora del mar

Por tanto, el agua, en sus distintas formas y acciones, es el principal agente transformador de la superficie de la Tierra. Ahora sólo quedan por explicar los efectos a que ella da lugar cuando actúa en su forma más grandiosa y característica, o sea el mar.

En las costas altas, el movimiento ondulante provoca continuas abrasiones y choques que excavan las rocas más blandas y aislan las más duras (formando escollos y torreones aislados), o bien socava la roca a nivel del agua adentrándose cada vez más bajo la pared rocosa hasta derribarla.

Los materiales erosionados sobre el lugar son lentamente desmenuzados, elevando paulatinamente el fondo, con lo que dan lugar a una plataforma costera cada vez más elevada que acaba por lograr que el mar se retire.

Pero, en general, la costa elevada favorece la penetración del mar en el continente, formando costas recortadas, ricas en bahías, golfos y ensenadas.

Por el contrario, en las costas bajas, la acción acumulativa supera la de la erosión, y se forman playas cada vez más anchas, cordones litorales, barras de desembocadura y lagunas, que favorecen la sedimentación y elevan sin cesar el nivel del fondo hasta hacer que emerja de una forma estable, con el subsiguiente retroceso del mar.

En el ambiente marino se desarrolla también una lenta acción constructora llevada a cabo por miríadas de organismos que, fijando las sales de calcio de las aguas del mar y depositando sobre los grandes fondos sus esqueletos óseos (conchas, etc.), calcáreos o silícicos, construyen auténticas cadenas submarinas (las barreras coralinas de los mares del Sur).

En efecto, el mar fue la cuna en la cual se formaron la mayor parte de las rocas organógenas que hoy día vemos a la luz del sol.

La Geología

La corteza terrestre, o litosfera, está constituida por una capa sólida, muy delgada en relación con la longitud del radio terrestre, caracterizada por su baja densidad (2,7-2,8) y por el predominio, en la composición química de sus constituyentes, de elementos muy ligeros tales como sílice y alúmina.

Con la palabra Sial, obtenida combinando entre sí las sílabas iniciales de sílice y alúmina, los investigadores indican precisamente la capa rígida superficial del globo, distinguiéndola de la capa que se encuentra por debajo de la misma, el Sima (de sílice y magnesio), más denso (alrededor de 4) y que no aflora a la superficie.

Los materiales sólidos de la corteza siálica toman el nombre de rocas, y cada una de ellas está constituida por uno o más minerales; como por ejemplo la roca simple cuarcita, formada por un solo mineral, el cuarzo, que es bióxido de silicio; y la roca compuesta granito, formada por cuarzo, ortosa, mica y cierto número de minerales accesorios.

El estudio de las rocas siálicas que componen la litosfera comprende: el estudio y la clasificación de dichas rocas como tales (litología o petrografía); el estudio de la estructura de los estratos rocosos, de sus movimientos y de su disposición actual (tectónica) y el estudio de las transformaciones, y posiblemente de sus causas, sufridas por la corteza terrestre a lo largo de los tiempos (geología histórica).

El conjunto de tales disciplinas en particular y el de sus recíprocas relaciones es objeto de una sola y gran ciencia, la geología, que es de importancia fundamental para el conocimiento de los complejos fenómenos que han dado lugar a la actual estructura de la corteza terrestre, asi como de las poderosas fuerzas que han actuado y siguen actuando todavía, transformando sin parar la capa sólida del globo en el que nosotros, junto con todos los demás organismos animales y vegetales, desarrollamos nuestra vida cotidiana.

Pero la geología no es sólo importante por el amplio e interesantísimo panorama de conocimientos teóricos que nos ofrece; también lo es por sus aplicaciones prácticas; aplicaciones que conciernen a muchas actividades humanas, esenciales no sólo para el progreso civil sino también para la misma supervivencia del hombre.

De las capas del subsuelo se extraen grandes cantidades de minerales útiles (minerales metálicos, carbones, petróleo y otros parecidos); en el suelo se excavan pozos y galerías, se apoyan las estructuras de sostén de las grandes obras de ingeniería (puentes, pantanos, canales).

Para todas estas actividades, el conocimiento de la composición de las rocas, de la estructura de sus estratos, de las fuerzas y los movimientos a que están sometidos, es condición indispensable para obtener un buen resultado.

Nacida del arte de la minería, con el que los hombres, desde los tiempos más remotos han obtenido minerales para diversos fines o para acrecentar las fuentes de energía, la geología actual no es tan sólo la ciencia principal en la que se basan las investigaciones mineras, sino que también otras muchas actividades (teóricas, prácticas, tecnológicas, científicas) tienen que basarse en ella para obtener preciosas enseñanzas y una guía segura.

Ver: Formación de las Rocas y Clasificación

Fuente Consultada:Biblioteca Temática UTEHA – El Mundo que nos rodea – Tomo I – La Corteza Terrestre – Editorial Hispano-Americana

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El Everest: Fauna, Flora, Altura, Historia

HISTORIA DEL LA EXPLORACIÓN DE LA ZONA:

El Everest Habitantes Fauna Flora Las Escaladas Altura HistoriaCuando sir George Everest entró a formar parte, en 1823, del Great Trigonometrical Survey of India no imaginaba, ciertamente, que su nombre pasaría a la historia. Superintendente de dicha organización entre 1830 y 1843, se dedicó ala difícil labor de estudiar datos geográficos, determinando, entre otras cosas, el esferoide matemático sobre el que se calcula la altura de las montañas.

Por esta razón, cuando en 1852 se descubrió que el Peak 15, de la cadena del Himalaya, era la cima más alta de la Tierra, Andrew Waugh, que entre tanto había sustituido a Everest, propuso bautizarla con el nombre de su predecesor.

Más interesados en la cartografía que en. la antropología, Everest y Waugh ignoraban, probablemente, la existencia de un topónimo local utilizado por la población tibetana para indicar no ya la cima más elevada sino toda la cadena del Himalaya (palabra esta última derivada del sánscrito y que más o menos significa Residencia de las Nieves).

Este topónimo es Chomo Lungma, es decir Diosa Madre de la Tierra (o según otras interpretaciones, Diosa Madre de las Montañas o del Viento). Otro apelativo más reciente es Sagarmatha, Elevado en el Cielo, elegido por los nepaleses, no sin un destello de orgullo nacionalista, tras la apertura de sus valles a los occidentales.

El Everest, o Chomo Lungma o Sagarmatha es una enorme montaña piramidal de calizas primarias cuyas vertientes oriental y noroccidental están orientadas hacia el Tibet y la sudoccidental, hacia el Nepal; es el punto culminante de la cadena del Himalaya, sistema montañoso que comprende más de cien cimas de una altitud superior a los 7.000 metros y diez de 8.000 (otras cuatro cimas de 8.000 metros se encuentran en el Karakorum) y constituye una franja de picos y de macizos que se extiende formando un arco de más de 2.500 kilómetros de longitud y entre 200 a 500 de anchura. Esta franja montañosa está delimitada, al sur, por las tierras bajas de la India, y al norte, por la altiplanicie del Tibet.

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Su formación se inició hará unos 10 ó 16 millones de años, durante el mioceno, cuando la cima del futuro Everest yacía aún bajo el nivel del mar y la violenta colisión del subcontinente indio (escudo de Deccan), separado de África, con el continente asiático (escudo siberiano) señaló el comienzo de la primera elevación de la cadena. Según tal interpretación, relacionada con la teoría de “los continentes a la deriva” (que no ha sido aceptada por todos), se necesitaron por lo menos cinco millones de años para que el Everest emergiera de las aguas y fuera empujado, durante las eras que siguieron, a más de 7.000 metros de altura.

La elevación de las cadenas provocó una notable modificación del clima, sobre todo en la vertiente meridional; la de la India, con incremento de lluvias, progresiva erosión de las vertientes de las montañas e intensa formación de sedimentos que llenaron lo que entonces era el “mar del Ganges”.

La prueba de que allí por donde hoy discurre el río sagrado había un mar la demuestran los hallazgos, hasta cotas de 6.000 metros, de numerosísimos fósiles de amonites, moluscos que los indios llaman shaligram y recogen con devoción, considerándolos como uno de los atributos de Visnú.

El Everest sufrió su última elevación en épocas más recientes, durante la fase denominada Mahabharat, que se remonta a 200.000 años atrás. La cima, formada por calizas estratificadas y esquistos calcáreos y de cuarzo, fue empujada hacia arriba por intrusiones de granito, alcanzando casi los 8.900 metros.

Y puesto que el movimiento descrito todavía se está realizando se supone, con fundamento, que la altura real de la montaña es, en la actualidad. superaba los 8.848 metros oficiales; teniendo presente, por otra parte, que el crecimiento anual calculado en unos 7-10 centímetros, se ve  profundamente limitado y reducido a unos pocos centímetros por siglo debido a a acción constante de los fenómenos de erosión.

A diferencia de cuanto se ha imaginado, basándose en la gran altura del Everest, el desarrollo de los glaciares no es excepcional la escasez de precipitaciones, los períodos de sequía que dejan los monzones y la notable pendiente, que acentúa el fenómeno de arrastre, impiden a los glaciares del Everest (el Khumbu, a lo largo del cual transcurre el camino de acceso meridional; el Rongbruk al norte, y el Kangghung, al este) competir con los de otros sistemas montañosos. Así a  los 17 kilómetros del Khumbu, por ejemplo son poca cosa comparados con las enormes avenidas de hielo de Baltoro (60 Km.) en el Karakorum o de Fedchenko, en el Pamir Translai (77 km).

Otro aspecto singular de la cadena del Himalaya, y que quizá desconozcan muchos occidentales, es su gran variedad climática que permite pasar del clima cálido-húmedo tropical de la llanura al alpino-glacial de las cimas más elevadas, ofreciendo una completa gama de paisajes y de ambientes naturales, desde la jungla del Terai (hasta 600 metros de altura) al bosque húmedo subtropical; desde las pinedas con ejemplares de hasta 20 metros, a las magnolias y a los fantásticos rododendros arbóreos (1800 – 2.500 metros de altitud) y desde los abedules del bosque subalpino (hasta los 4.000 metros) a los brezales y praderas, donde bajo el límite de las nieves, crece la flora espontánea, como saxífragas y gencianas.

Yack es el bovido

Yack es el bovido mas comun del valle de Khumbu y de todo Nepal puede vivir hasta los 5000 m. de altura. Los sherpa lo consideran su mayor riqueza. No comen su carne pero usan su leche para mantequilla.

La fauna, naturalmente, también se distribuye según las franjas climáticas altitudinales, por lo que en Nepal es posible ir a la caza del tigre a lomos de un elefante, entre los cañizales y pantanos del Terai, y observar, pasados los 5.000 metros, manadas de yacks en estado salvaje.

La cadena del Himalaya se encuentra relativamente cerca del trópico de Cáncer (para ser más exactos, está en la misma latitud que el norte de África o que el delta del Missisipi) y sirve de barrera ante el monzón, régimen periódico de vientos causados por la diferencia de temperatura y, por tanto, de presión, que se establece entre las aguas del océano Indico y el continente asiático.

Durante el inicio del verano, grandes masas de aire húmedo, procedentes del sudoeste, son empujadas hacia la India, produciéndose violentas lluvias que en la cadena del Himalaya se transforman en nevadas de gran intensidad. El monzón repercute en el ritmo de vida de la población local, mucho más numerosa de lo que se cree, teniendo presente que, en Europa, el límite de tierra habitada raramente supera los 2.000 metros.

El Himalaya, gracias a sus características climáticas, permite el desarrollo de una agricultura elemental, por lo que, desde la antigüedad, el hombre, con tenacidad y perseverancia, fue colonizando los valles más inaccesibles, formando terrazas en las laderas de las montañas y llevando el ganado a pastos que a menudo se encuentran a más de 5.000 metros de altura.

El Himalaya, a despecho de su denominación de “techo del mundo”, nunca ha representado un limite inalcanzable; por el contrario, Nepal, a caballo entre dos grupos étnicos diferentes, tibetanos e indios, ha sido teatro de una continua migración entre unos y otros, dando origen a una fusión y a un sincretismo cultural que aún hoy son fácilmente comprobables: los nepaleses, por ejemplo, población muy religiosa, permiten la coexistencia, entre ellos, de dos religiones diferentes, el budismo y el hinduismo, que se han superpuesto al culto autóctono del Ben Po y se han reunido en la veneración hacia Manjusri, “suave fortuna”, divinidad que los indígenas consideran como la fundadora de Nepal.

Muy complicado resulta también el marco étnico actual de la zona del Himalaya, caracterizado por la presencia simultánea de cuatro grupos principales: los tibetano-nepaleses, los indonepaleses, los indios y los tibetanos. De estos últimos, los sherpas (sharpa u hombres del este) han desempeñado un papel determinante en la conquista del Everest y de las cimas más altas del Himalaya.

Viven en su mayor parte en poblaciones del valle de Khumbu, cuya capital es Namke Bazar, pueblo de 500 habitantes, situado a 3.340 metros de altura y antiguo lugar de tránsito obligado de las caravanas que se dirigían al Tibet para intercambiar sal por pieles, lana y mantequilla, pasando a través de Nangpa La, un pasaje situado a 4.776 metros de altitud.

Los primeEl Everest Habitantes Fauna Flora Las Escaladas Altura Historiaros exploradores que se acercaron a los 8.000 metros se limitaron a seguir las pistas e itinerarios por los que se movía la población local desde hacía siglos y que conseguía un sustento gracias a la cría de yacks y al cultivo de patatas, nabos y cebada.

Los sherpa, es un población de origen tibetano. Aquí vemos a un joven transportando alimento para su familia y también para el trueque.

LOS PRIMEROS ASCENSOS: La historia de las escaladas del Everest es relativamente reciente, pues se remonta a finales de la primera Guerra Mundial, cuando el Dalai Lama, encarnación perpetua del bodhisattva Avoloikitesvara y jefe religioso y temporal de las religiones tibetanas, permitió a los occidentales adentrarse en las montañas del Himalaya; poco después, en 1921, se constituyó en Inglaterra el Comité del Everest, cuya primera actividad fue la expedición dirigida por el coronel Howard-Bury.

Los problemas que los primeros europeos tuvieron que superar y resolver al enfrentarse con el Everest los desconocen hasta los alpinistas de cierta experiencia. En primer lugar, el período de actividad de una expedición está obligatoriamente supeditado a dos épocas del año: la primavera, cuando ya se han derretido las nieves invernales y cesa el peligro de aludes, y el otoño, al término del monzón estival. Otro factor, aparte del climático, acrecienta las dificultades de acceso a las cumbres: la altura.

Erie Shipson definió como “un enfermo que se encarama soñando” al alpinista que llega a más de 7.000 metros y se acerca a la “franja de la muerte”. El paso se hace entonces pesado, la respiración afanosa, los reflejos más lentos y una sensación de aturdimiento dificulta hasta los actos más elementales. La progresiva disminución de oxígeno, a medida que la cota aumenta, y la cada vez mayor falta de humedad en el aire, con la consiguiente deshidratación, unidas a la pérdida de calor, más sensible todavía a causa del viento, constituyen un conjunto de factores que únicamente un alpinista robusto y dotado de una capacidad de adaptación excepcional puede afrontar. Es indispensable, por lo tanto, una adecuada aclimatación para poder someter el organismo a estas condiciones ambientales tan diversas.

Desde el punto de vista técnico, la escalada a la cordillera del Himalaya es diferente a la alpina y debe hacerse por etapas, alternando los “campamentos altos” con períodos de permanencia y descanso en el “campamento base”. Además, a partir de los 7.500 metros ya no se puede hablar de aclimatación: el desgaste quebranta la resistencia del organismo y causa peligrosos síntomas de agotamiento precoz. Más allá de los 8.000 metros es necesario el empleo de oxígeno, especialmente para asegurar el descanso nocturno; pero el problema del transporte de las bombas de oxígeno a los “campamentos altos” hace indispensable la cooperación de porteadores especialistas en cotas altas.

Por esta razón la historia del Everest está íntimamente unida a la presencia y actividad de la población tibetana y, en particular, de los sherpas, raza excepcionalmente resistente, hasta el punto de que los niños de siete a ocho años pueden llevar cargas de hasta 20 kilos y de 35 los adultos y las mujeres. Sin embargo; los primeros porteadores no fueron los sherpas del Khumbu, sino un grupo perteneciente a la misma etnia y que se había establecido en Darjieling (India), pintoresco poblado situado frente al monte Kinchinjunga, de 8.000 metros, al que los europeos llamaron el Chamonix del Himalaya; aquí se alquilaron los primeros porteadores para las primeras tentativas de escalada al Everest, entre 1921 y 1938. Estas empresas tuvieron a los ingleses como protagonistas, y en particular a Mallory, que desapareció en 1924, durante una tormenta, en su tercer intento de llegar a la cumbre, después de haber cubierto la cota de 8.572 metros, la más alta alcanzada hasta entonces.

Tras la interrupción que se produjo durante la segunda Guerra Mundial, la carrera hacia el Everest volvió a iniciarse en 1950, esta vez por la vertiente meridional del Nepal, con una exploración que visitó la cuenca del glaciar Khumbu y fotografió las huellas de un extraño animal, creando el mito, todavía no olvidado, del Yeti, el Hombre de las Nieves. Y tres años después, en 1953, se alcanzó la victoria. Una expedición inglesa y de la Commonwealth, dirigida por J. Hunt, sitúa su campamento a 5.336 metros, en la base de la cascada de hielo aparentemente insuperable que protege el Cwm Occidental. Ocho campamentos sucesivos llevan a la Cima Sur (7.986 metros), mientras que el noveno se emplaza en la cresta meridional. El 29 de mayo, a las 6,30 de la mañana, salen dos hombres de la minúscula tienda de campaña para intentar el asalto final.

Toda la cordada de la expedición los acompaña espiritualmente, comprendidos los sherpas, que se han prodigado en la oscura labor de transporte de materiales de un campamento a otro. Precisamente uno de los alpinistas que habían de asaltar el techo del mundo es el sherpa Tensing Norkay, hombre de excepcional experiencia: en el año 1946 estuvo con los suizos en el Kedernat (Garhwal); en 1950, con los ingleses, en el Nanga Parbat, y en 1951 en el Nanda Devi, con los franceses, y también en el Kinchinjunga, con el suizo Frey, que moriría despeñado. En 1952 fracasó en su escalada al Everest con una expedición suiza, pero, por último, al año siguiente, lo desafía de nuevo. Y esta vez, como acabamos de decir, con éxito, llegando al punto más elevado.

El otro escalador es el neozelandés Edmund Hillary, que ha quemado etapas consiguiendo en pocos años una sólida fama de alpinista: una campaña en los Alpes (1950), la escalada al Mukut Parbat (7.245 m) en 1951 y, en el mismo año, su participación en la expedición inglesa de exploración al Everest. Hillary, el citado 29 de mayo, siente la victoria al alcance de su mano.

Fija las bombonas de oxígeno a sus espaldas, acopla la mascarilla, prepara los garfios, sujeta el pico e inicia la marcha, atacando la escarpada pendiente llena de nieve situada encima de su tienda de campaña. El frío es punzante y Hillary ruega a Tensing que lo preceda para batir la pista. A las nueve están en la Cima Sur, a la que ya había llegado la primera cordada de asalto de Evans y Bourdillons. Y ahora les espera la parte más difícil y desconocida de la ascensión: una estrecha cresta rocosa coronada por peligrosas cornisas. Se conceden un breve descanso para apagar la sed y cambiar las bombonas, produciéndose momento de pánico porque el respiración de Tensing se ha bloqueado causa del hielo; luego, después peligroso rodeo de un ascenso rocoso, a las 11:30 se llega, finalmente, a la cima.

Las divinidades que habitan en Chomo Lugma acogen con benevolecia a los valientes, y mientras Hillary quitandose el tubo de respiración, dispara las fotografías, Tensing excava un agujero capa de nieve e  introduce en él ofrecimientos de acción de gracias: bizcochos y dulces. Durante los años posteriores a la conquista del valle del Khumbu se vio animado por  la presencia de columnas de porteadores sahib que se dirigían al campamento del Everest. Todas las naciones con una sólida tradición alpinista consideraban un asunto de prestigio llevar a la cumbre alta del mundo una cordada propia: en 1956 lo hicieron los suizos, en 1963 los  Estados Unidos, en 1965 los indios, en 1973 los japoneses y en 1975 los chinos ascensión por la cresta Noroeste Quedaba un último problema que resolver  medir las posibilidades de llegar a la cumbre del Everest sin oxígeno, a decir verdad, la discusión sobre este tema nació desde un principio, durante las expediciones de 1921 y 1922. No todos estaban  de acuerdo sobre el uso de oxigeno porque entonces los instrumentos de que se disponían, todavía imperfectos, en determinados casos podían llegar a ser mas perjudiciales que útiles. Norton, en 1933, había llegado sin bombonas a la cota de 8.600 metros y Hillary y Tensing se quitaron los tubos de respiración en la misma cima del Everest para gozar de mayor libertad de movimientos. En la actualidad se discute toda la técnica de aproximación al coloso del Himalaya.

Problemas de orden logístico, económico y filosófico hacen que muchas expediciones, que por cierto cada día son más, decidan enfrentarse con las cimas en el más puro estilo alpino. Ya no se sitúa una pirámide de campamentos de apoyo a la cordada punta, sino que la cima se asalta directamente, sin el arreglo previo del camino, con un número mínimo de porteadores y reduciendo los campamentos intermedios a los estrictamente esenciales. Desde este punto de vista, que presupone la formación de un pequeño grupo de alpinistas autosuficientes y dotados de un excepcional equilibrio psicofísico, la utilización de oxígeno se considera superflua, muy costosa e incluso “moralmente desleal”. La cuestión adquiere una dimensión casi filosófica. El oxígeno —afirman los purista— rebaja la altura del Everest a la de una montaña de 6.000 metros, allana las dificultades y pone al alcance de alpinistas mediocres las cimas más elevadas.

Tan sólo respirando libremente se puede vivir la experiencia de la escalada en toda su grandeza, manteniendo inalterable la relación entre la dimensión de la montaña y la capacidad humana: las grandes montañas deben ser para los grandes escaladores. Pero, ¿es verdaderamente necesario escalar el Everest sin oxígeno para “captar su grandeza”? El Everest es más que una montaña, es casi un mundo especial en el que los grandiosos panoramas de cumbres nevadas son el fondo de un universo humano y cultural sin el cual la roca y el hielo vivirían sin alma. Entender el Everest quiere decir también recorrer humildemente los valles de acceso y llegar a sus pies enriquecido con los encuentros humanos que se han producido durante la marcha.

El itinerario clásico que proponen la mayoría de agencias de viajes de todos los países, se articula en diecinueve etapas. Partiendo de Katmandú, capital de Nepal, se van atravesando, a lo largo de las crestas, una serie de valles habitados por poblaciones thamang, que se encargan de transportar los equipajes hasta el país de los sherpas. En Kan Kola se emprende la ruta hacia el norte y después hacia el nordeste, subiendo por el valle de Dudh Kosi hasta llegar a los hielos del Khumbu. Si el turista tiene prisa, puede utilizar el avión que aterriza en Lukla (a 2.804 m de altitud), que es la etapa 12, o bien en Namche Bazar, a sólo cuatro días de marcha del campamento base.

Mas, para vivir plenamente el ambiente de estos lugares hay que detenerse en las casas de los sherpas y beber una copa de chang, símbolo de la fraternal hospitalidad; contemplar cómo las sherpanas emulsionan la mantequilla en el dongpo junto a la soda, el agua hirviendo, la sal y el té, para preparar la fuerte y sabrosa bebida; detenerse ante los chorten, receptáculos de ofrendas, y meditar sobre el drama cósmico de los seres que, a través de sucesivos ciclos de nacimiento y de muerte, tienden a la liberación; pasar junto al mani korlo, el molino de las plegarias, en el que se hallan grabados los ochos signos de la buenaventura (tarashigye); ver ondear al viento las lungktas, banderas estampadas que representan la donación de las propiedades a los dioses; y observar cada día, etapa tras etapa, cómo se van acercando las lejanas agujas nevadas…

El trekking en el campamento base del Everest no es una simple excursión, sino un peregrinaje que nos permite captar la esencia de lo divino y que nos conduce a la base de Cwm Occidental, el santuario de Cfromo Lungma, la Diosa Madre de la Tierra, frente a una cima que los hombres conquistan por breves momentos pero que siempre será la residencia eterna de las divinidades.


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Fuente Consultada: Maravillas del Mundo por Giancarlo Cortellini

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias
La Prehistoria y el Hombre Neolítico

Gran parte de la historia humana transcurrió durante los bruscos cambios climáticos de la última glaciación, o Era de Hielo, iniciada hace 1,5 millones de años. La capacidad de adaptación a estos cambios ha sido crucial en el desarrollo de la civilización, pero el ser humano también puede ser la causa de un futuro calentamiento. Durante millones de años, la Tierra ha experimentado una diversidad de temperaturas y condiciones climáticas que influyeron en la extinción o supervivencia de grupos enteros de especies y han cambiado la faz del planeta.

Existen indicios del comienzo de otra gran transformación (antes por deriva de los continentes y enormes levantamientos volcánicos) que experimentó el clima hace unos tres millones de años, preludio de la fase en la que aún vivimos, y casi todas las etapas de la evolución humana de las que han quedado vestigios se desarrollaron en las condiciones que surgieron entonces.

Gracias a este cambio aparecieron los entornos que permitieron la supervivencia de la especie humana y de sus antepasados inmediatos. Hace un siglo empezó a denominarse a este período climático Pleistoceno(derivado de términos griegos que significan «lo más reciente»). Se distingue de la etapa anterior por las variaciones del clima, mucho más radicales y frecuentes.

Aunque hay que tener en cuenta que nos referimos a miles de años y que estos cambios no podrían notarse en el corto espacio de vida de un hombre, en el Pleistoceno se produjeron más altibajos que en ninguna otra época de duración similar. Los cambios más destacados se denominan «glaciaciones», cuatro en total.

No sabemos por qué se desencadenaron, pero se cree que el planeta Marte atravesó etapas semejantes, y es probable que se debieran a un cambio que afectó a todo el sistema solar. Las consecuencias resultan mucho más claras: durante siglos enteros, ciertas zonas muy extensas —gran parte de Europa y Norteamérica, por ejemplo— quedaron cubiertas de grandes capas de hielo, en algunos casos de varios kilómetros de espesor.

En ciertos puntos, el hielo hundió el suelo a varios cientos de metros. Estas capas empezaron a formarse porque cada primavera la nieve del invierno se derretía un poco más tarde, hasta que un año no se derritió.

Al cabo de miles de años se produjo un retroceso del hielo, también muy lento, y tanto el avance como el retroceso resultaron catastróficos para el entorno, pues al sobrevenir el deshielo, arrasó la vida animal y vegetal y se desencadenaron enormes inundaciones. A consecuencia de una elevación del nivel del mar tras un deshielo volvió a aparecer el canal de la Mancha, que separó definitivamente las islas Británicas de la Europa continental.

Pero estas inundaciones ofrecieron nuevas oportunidades de desarrollo a las especies mejor dotadas.

Tras cada glaciación, dichas especies se trasladaban a las zonas que habían quedado libres de hielo; y no fueron sólo las zonas directamente afectadas las que experimentaron cambios: como el hielo dejó «encerradas» enormes cantidades de agua, se transformaron miles de kilómetros de costas de las regiones heladas.

Cada glaciación tuvo una duración de entre cincuenta y setenta y cinco mil años. En la actualidad vivimos en el período cálido posterior a la última, y algunos científicos han predicho que se producirá otra dentro de unos cincuenta mil años. No es una perspectiva tan terrible como la del «encogimiento» del universo, pero de todos modos queda tan lejos que no debe preocuparnos demasiado. Las glaciaciones constituyen una ayuda muy valiosa para los estudiosos de la Prehistoria.

En primer lugar, sabemos muy bien cuándo se produjeron y podemos fechar muchos objetos prehistóricos basándonos en ellas. Otro factor importante radica en que podemos especular con un margen de error razonable sobre las consecuencias que tuvieron en el medio ambiente de los primeros seres humanos y prehumanos.

Al estudiar estos cambios físicos y biológicos, no debemos olvidar la extraordinaria lentitud con que se produjeron. Cuando pensamos en las grandes fallas que se abrieron en la tierra, en las costas que surgieron de los océanos, o en los mares que aparecieron al derretirse la gigantesca capa de hielo, hemos de recordar que todo esto sucedió en el transcurso de varios siglos, y en algunos casos, de millones de años.

Los seres que vivieron en este proceso, si hubieran sido capaces de reflexionar sobre él, no habrían podido notarlo en el breve espacio de sus vidas, al igual que una mariposa actual, con una existencia de dos o tres semanas, tampoco apreciaría los cambios que ha experimentado el paisaje en el último siglo. Y las transformaciones biológicas que se operan a causa de la selección natural son aún menos visibles, pues incluso la más pequeña tarda miles de generaciones en completarse.

Las Glaciaciones Causas y Consecuencias Prehistoria Hombre Neolitico

Las cuatro «glaciaciones» se sucedieron en el último millón de años y reciben el nombre de los ríos alemanes en cuyos lugares se hallaron los primeros vestigios. Es imposible dar fechas exactas; sólo aproximadas. Los períodos interglaciares fueron muy semejantes a los actuales. Contrariamente a la idea popular, una glaciación no es una época de congelamiento constante, sino un período de continuas fluctuaciones climáticas cuyo punto máximo consistió en etapas de frío intenso.
Los primeros milenios de la última glaciación —período crítico en el que nuestros remotos antepasados ocuparon gran parte de África— son poco conocidos. La información obtenida de perforaciones del fondo marino y de muestras de hielo ofrece una imagen más nítida del clima posterior a la brusca inversión del campo magnético terrestre producida hace unos 780.000 años. Las muestras del fondo del Pacífico revelan al menos cuatro grandes períodos fríos, o glaciales, a lo largo de esos 780.000 años: el último finalizó hace entre 10.000 y 15.000 años con un súbito e irregular calentamiento global.

Las muestras marinas tan sólo ofrecen una impresión general sobre el cambio climático durante la glaciación, pero como regla general, el enfriamiento se produce con relativa lentitud y el calentamiento es rápido, como sucedió al final del último período glacial. Los períodos glaciales fueron más largos que los interglaciales (breves intervalos de condiciones climáticas más cálidas durante la glaciación, cuando el clima era tan cálido o más que hoy). Estos aumentos de temperatura fueron causados por cambios en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y sobre su propio eje, a los que se añadía un aumento natural de los gases de efecto invernadero. En la actualidad estamos experimentando un período interglacial, provocado por la suma de todos estos fenómenos naturales, que comenzó hace unos 10.000 años.

90 metros bajó el nivel del mar al principio de la ultima glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar
los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actual.

Cambio medioambiental La glaciación fue testigo de drásticos cambios en el clima global y el medio natural. Durante los períodos glaciales, inmensas capas de hielo cubrieron Escandinavia, gran parte de Canadá y zonas de Estados Unidos hasta Seattle y los Grandes Lagos al sur. En los Alpes se formaron grandes glaciares y hubo casquetes glaciares en los Pirineos, los Andes y las montañas y altiplanos de Asia central. Al sur de los casquetes escandinavos, inmensos espacios de terreno inhabitado se extendían desde el Atlántico hasta Siberia.

Estos entornos sufrían nueve meses de invierno y eran inhabitables para los ancestros de Horno sapiens, que carecían de la tecnología e indumentaria adecuadas para adaptarse a las temperaturas extremas. No es una coincidencia que H. erectus, con su simple Metros bajó el nivel del mar al principio de la última glaciación, a medida que el agua se congelaba para formar los casquetes polares de la Antártida y el Ártico actuales. tecnología y sus limitadas habilidades cognitivas, se estableciera en entornos más templados y tropicales.

El frío causó un drástico descenso del nivel del mar a medida que el agua se convertía en hielo, y quedaron expuestas enormes extensiones de lo que actualmente son plataformas continentales (suelo bajo aguas costeras poco profundas), enlazando masas de tierra: Siberia era parte de Alaska, y Gran Bretaña estaba unida al continente europeo. El Sudeste Asiático estaba separado de Australia y Nueva Guinea por cortos trechos de mar abierto.

Durante los períodos interglaciales, el nivel del mar subió, los casquetes glaciares se redujeron y los bosques avanzaron al norte ganando terreno a la tundra. Los humanos se trasladaron hacia el norte siguiendo a los animales que cazaban y las plantas que recolectaban, y se adaptaron a una gran variedad de entomos de bosque y pradera, y a terrenos áridos y semiáridos.

El hombre y los elementos: El clima de la Era de Hielo era inestable: los hábitats cambiaban constantemente, lo que implicaba que el oportunismo y la capacidad de adaptación de los humanos sufrían un desafío continuo entre un milenio y el siguiente. Estos desafíos pudieron ser incluso un factor en la evolución humana, ya que nuestros antepasados más antiguos eran básicamente animales tropicales.

Durante largos períodos glaciales, el Sahara fue algo más húmedo que hoy; podría considerarse como una bomba que atraía a humanos y animales en los períodos húmedos y los expulsaba hacia los márgenes cuando el clima se volvía más seco. Este efecto ecológico permitió que Homo erectus y los animales que cazaba cruzaran el desierto y se extendieran a entornos más templados hace 1,8 m.a.

Un largo período interglacial elevó las temperaturas hace unos 400.000 años. Para esa época, Homo erectus prosperaba en el norte de Europa, pero no se pudo adaptar a la glaciación de hace 350.000 años. Es probable que los pocos grupos de cazadores que vivían allí se desplazaran al sur, hacia regiones más templadas. Existen evidencias de asentamientos en Europa y partes de Asia oriental de hace unos 250.000 años. El último período interglacial tuvo su apogeo hace unos 128.000 años, cuando los neanderthales prosperaban en Europa. Hace unos 50.000 años, los humanos modernos habían dominado todos los entornos y vivían incluso en las zonas más frías.

Ver: Historia del Cambio Climático desde la Prehistoria

Fuente Consultada:
Geografía Mundial y los desafíos del SXXI. Editorial Santillana. Geografía Mundial, Editorial Puerto de Palos.  

Libro de Copernico Sobre Las Revoluciones de las Órbitas Celestes(301)

Libro de Copernico Sobre Las Revoluciones de las Órbitas Celestes

Copernico NicolasNicolás Copérnico inició una revolución en la astronomía al afirmar que no era la Tierra, sino el Sol el que estaba en el centro del universo. Esperando controversia y burla, Copérnico vacilaba en publicar la obra en la que proponía su teoría heliocéntrica.

Sin embargo, finalmente cedió y logró ver un ejemplar de su obra justo antes de morir.

Nicolás Copérnico, Sobre las revoluciones de las órbitas celestes:

«Largo tiempo, pues, reflexioné sobre esta confusión en las tradiciones astronómicas concernientes a la derivación de los movimientos de las esferas del universo. Empezó a molestarme que los movimientos de la máquina del mundo, creada para nosotros por el mejor y más sistemático artesano de todos, no fueran entendidos con certeza por los filósofos, que —de otra suerte— examinaban con tanto vigor las más insignificantes naderías de este mundo.

Por esta razón emprendí la tarea de releer las obras de todos tos filósofos que pude obtener, para saber si alguien había propuesto alguna vez otros movimientos de las esferas del universo que tos expuestos por los profesores de astronomía de las escuelas. Y, en efecto, hallé primero en Cicerón que Hicetas suponía que la Tierra se movía. Más tarde descubrí también en Plutarco que otros eran de esta opinión. He decidido poner sus palabras aquí, para que puedan ser accesibles a cualquiera:

Algunos piensan que la Tierra se mantiene en reposo; pero Filolao el Pitagórico cree que, como el Sol y la Luna, gira alrededor del fuego en un círculo oblicuo. Heráclides del Ponto y Ecfanto el Pitagórico hacen a la Tierra moverse, no en movimiento progresivo, sino como una rueda en rotación del poniente . oriente alrededor de su propio centro.

Por consiguiente, habiendo obtenido la oportunidad de esa fuentes, yo también empecé a considerar la movilidad de la Tierra. Y aunque la idea parecía absurda, no obstante, yo se que a otros antes que a mí se les había concedido la libertad de imaginar cualesquiera círculos para el propósito de explicar los fenómenos celestes. De aquí pensé que a mí también se me permitiría discernir si hubiera explicaciones más correctas que las de mis predecesores para la revolución de las esferas celestes,: a supuesto de algún movimiento de la Tierra.

Habiendo supuesto así los movimientos que atribuyo a la Tierra más adelante en este volumen, merced a largo e intenso estudio, descubro finalmente que si los movimientos de lo; planetas se correlacionan con la órbita de la Tierra, y se calculan  para la revolución de cada planeta, no sólo se siguen de ello sus fenómenos, sino el orden y el tamaño de todos los planetas y esferas, y el cielo mismo está tan unido, que ninguna porción del mismo puede cambiarse en nada sin alterar las restantes partes y el universo como un todo…

Por esto no me avergüenza afirmar que esta entera región circundada por la Luna, y el centro de la Tierra, atraviesan es gran círculo en medio del resto de los planetas en una revolución anual alrededor del Sol. Cerca del Sol está el centro del universo.

Más aún, puesto que el Sol permanece estacionario, cualquier movimiento que parezca ser del Sol se debe realmente al movimiento de la Tierra.«

Hallar Coordenadas Geográficas de un Lugar Latitud y Longitud Terrestre

Hallar Coordenadas Geográficas de un lugar Latitud y Longitud

Coordenadas geográficas: latitud y longitud

Para conocer latitud y longitud de un punto de la superficie de la Tierra, primero tenemos que conocer algunos conceptos que nos ayudarán a comprender mejor el tema.

Observa en la figura que Tierra está recorrida por líneas imaginarias que forman una red como la de los pescadores; las líneas que corren en sentido vertical se llaman meridianos y las otras, en sentido horizontal, son los paralelos.

hallar las coordendas geograficas

De todos ellos interesa nombrar al Ecuador, que es el paralelo mayor y divide la Tierra en dos partes iguales llamadas hemisferios Norte (boreal o septentrional) y Sur (austral o meridional); el meridiano de Greenwich, que la divide en dos partes iguales, pero en este caso determina los hemisferios Este (oriental) y Oeste (occidental).

Hacemos referencia especial al Ecuador y a Greenwich porque con ellos se determina la latitud y longitud respectivamente.

Entonces ahora podemos definir que la latitud de un punto en la superficie terrestre, es la distancia que existe entre ese punto y el Ecuador.

Se mide en grados y varía de 0° a 90° Norte y de 0° a 90° Sur, siendo 0° el Ecuador y 90° los polos.

La longitud, en cambio, es la distancia que existe entre el punto de la superficie terrestre y el meridiano de Greenwich. También se mide en grados, y varía entre 0° y 180° Este y 0° y 180° Oeste.

Todos los puntos de la superficie terrestre pueden localizarse por su latitud y longitud. Los que se encuentran sobre un mismo paralelo tienen la misma latitud, por eso para localizarlos exactamente se debe establecer también

El Sistema de Coordenadas Geográficas determina todas las posiciones de la superficie terrestre utilizando las dos coordenadas angulares de un sistema de coordenadas esféricas que está alineado con el eje de rotación de la Tierra. Este define dos ángulos medidos desde el centro de la Tierra: 

La latitud mide el ángulo entre cualquier punto y el ecuador. Las líneas de latitud se llaman paralelos y son círculos paralelos al ecuador en la superficie de la Tierra.

La longitud mide el ángulo a lo largo del ecuador desde cualquier punto de la Tierra. Se acepta que Greenwich en Londres es la longitud 0 en la mayoría de las sociedades modernas. Las líneas de longitud son círculos máximos que pasan por los polos y se llaman meridianos.

Combinando estos dos ángulos, se puede expresar la posición de cualquier punto de la superficie de la Tierra.

Por ejemplo, Baltimore, Maryland (en los Estados Unidos), tiene latitud 39,3 grados norte, y longitud 76,6 grados oeste. Así un vector dibujado desde el centro de la tierra al punto 39,3 grados norte del ecuador y 76,6 grados al oeste de Greenwich pasará por Baltimore.