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La Primer Imprenta del Virreinato Historia Jesuitas Primeros Libros

LA CULTURA EN EL VIRREINATO: LA PRIMERA IMPRENTA

PRIMER IMPRENTA DEL VIRREINATOLa primera imprenta del Nuevo Mundo se estableció en el virreinato de Nueva España (México). Sus orígenes son oscuros. José Gil de Pareja y González dio noticia, en 1961, de una edición de la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535, que, según él, sería el primer libro impreso en tierras americanas.

Por fuentes documentales tenemos noticia de una primitiva imprenta mexicana, de la cual no se sabe hasta el presente que nos haya llegado ningún ejemplar. Pero fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, escribió a Carlos V en 1533 para interesarle en la creación de una imprenta y de un molino de papel, y el mismo fray Juan, en 6 de mayo de 1538, volvió a escribir al emperador quejándose de la carestía de papel, que no permitía terminar obras que tenían comenzadas ni emprender otras nuevas.

En 5 de septiembre de 1539, Esteban Martín, de oficio «imprimidor», fue inscrito como vecino en el acta del cabildo de México. ¿Sería éste quien regentó esta primitiva imprenta o uno de los que trabajaron en ella? De allí debieron salir obras como la Escala espiritual para llegar al cielo, de San Juan Clímaco, de 1535; la Doctrina, de fray Toribio de Motolinia, y el Catecismo Mexicano, de fray Juan Ribas, ambas de 1537, que fueron vistas por antiguos bibliógrafos, pero de las cuales no se conoce ningún ejemplar.

La primera imprenta estable de México fue una filial de la que Juan Cronberger tenía en Sevilla. En esta ciudad, en 12 de junio de 1539, se hizo un contrato entre Juan Cronberger y Juan Pablos, natural de Lombardía, por el cual éste se comprometió a trasladarse a México con su esposa para regentar una imprenta que había de llevar el nombre de Cronberger. Al cabo de diez años esta imprenta habría de pasar a poder de Pablos, como así ocurrió.

El primer impreso que se conoce de esta casa es la Breve y más compendiosa doctrinachrístíana en lengua mexicana y castellana, de Juan de Zumárraga, de 1539, de cuyo único ejemplar conocido hoy se ignora el paradero. Al año siguiente apareció el Manual de Adultos, del cual sólo se han salvado dos hojas, y en años sucesivos se publicaron varias obras de doctrina cristiana, de utilidad para la evangelización de los indios, pobres en tipografía, pero de gran interés bibliográfico.

Más adelante los libros de este taller mejoraron de presentación y se sirvieron indistintamente de tipos góticos, romanos o itálicos. En algunos de estos libros, Pablos usó orlas que podríamos llamar prebarrocas, análogas a las que en la misma época se empleaban en Basilea, Venecia y Lyon y en algunas ciudades de España. El historiador José Torres Revello ha señalado analogías entre algunas de estas orlas y el arte azteca.

Antonio de Espinosa trabajó primero con Juan Pablos, como cortador y fundidor de letras, y desde 1559, por su cuenta. El comerciante Pedro Ocharte, natural de Rúan, casó con la hija de Espinosa y continuó su casa hasta 1589. De este taller salieron algunos libros litúrgicos que son notables piezas tipográficas. Pero lo que constituye la verdadera gloria de la tipografía colonial española son los libros de carácter misional y sobre temas indígenas. En este orden ningún otro país ha igualado a España.

Ea segunda imprenta americana se fundó en el Perú. En 1584, Antonio Ricardo, natural de Turín, después de no pocas dificultades publicó dos opúsculos en Lima: la Pragmática sobre los diez días del año y la Doctrina y catecismo para enseñanza de los indios. Ricardo murió en 1606.

No se sabe a ciencia cierta si en 1640 Juan Blanco de Alcázar fue el impresor de Arco triunfal, en Puebla de los Ángeles, obra de la cual no se conoce ejemplar. En 1643, Francisco Robledo imprimió en la misma ciudad la Historia Real Sagrada, de Juan de Pala-fox y Mendoza.

La primera imprenta de Filipinas se estableció en Binondo, en las inmediaciones de Manila, y se remonta al año 1593. Sus primeras actividades permanecen en la oscuridad por el gran número de impresos filipinos perdidos de que dan noticia cronistas y antiguos bibliógrafos. Del citado año es un impreso xilográfico, Doctrinachristiana en lengua española y tagala, del cual existe un único ejemplar en la Biblioteca del Congreso, de Washington. El primer tipógrafo de las islas fue el chino cristiano Juan de Vera, el cual fundió caracteres tagalos y chinos para poder imprimir libros catequísticos en las lenguas de los habitantes del país.

El libro tipográfico filipino más antiguo que conservamos es el Arte y Reglas de la Lengua tagala, de fray Francisco de San José, impreso por Tomás Pinpín, tagalo, «en el partido de Batana», en 1610. Esta edición ha sido minuciosamente descrita por W. E. Retana. Segúneste mismo erudito, en 1662 se fundó la imprenta de los padres dominicos, en el Hospital de San Gabriel de Binondo, la cual fue trasladada en 1625 al Colegio de Santo Tomás de Manila, en donde ha funcionado hasta nuestros días.

En el virreinato del Río de la Plata, los primeros intentos para establecer una imprenta fueron los de las misiones de jesuitas del Paraguay a partir de 1630. Según el padre Furlong, se imprimió en esta región con toda certeza antes de 1705. El libro más antiguo de que se tiene noticia es de este año: es la obra De la diferencia entre lo temporal y eterno, de Nieremberg, impresa «en las doctrinas», o sea en las misiones. Esta imprenta jesuítica publicó unos veinte volúmenes antes de 1728, en que cesó. Después pasan años sin que en esta región se impriman libros. En 1780 se estableció un importante taller en la Casa de Niños Expósitos, de Buenos Aires.

En otras tierras americanas la imprenta es introducida en el transcurso del siglo XVIII: en 1738, en Colombia; en 1754, en el Ecuador; en 1764, en Venezuela, y en 1776, en Santiago de Chile. Antonio Isidoro de Fonseca, natural de Lisboa, fundó en 1747 la primera imprenta del Brasil.

El primer taller tipográfico de Estados Unidos, en América del Norte, fue fundado en el Colegio de Harvard, en Cambridge, hacia 1638-39. En 1674 apareció una primera edición de la Biblia en inglés y en el mismo año se fundó la primera imprenta de Boston. Fue un tipógrafo de esta ciudad, Bartolomé Green, Jr., el primero que se estableció en Halifax. Le sucedió su socio John Burshell, cuyo nombre figura en el pie de imprenta de The Halifax. Gazette, de marzo de 1752, primer impreso que se conoce de Canadá.

Fuente Consultada:
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Primer Cientifico Astronomo Argentino Jesuita Padre Suarez

Jesuita Padre Suárez Primer Cientifico Astrónomo Argentino

Los orígenes: la observación de los cielos del sur en el siglo XVIII

Durante la primera mitad del siglo XVIII. un astrónomo santafecina, el jesuita Buenaventura Suárez, efectuó desde La selva misionera observaciones astronómicas que fueron apreciadas y utilizadas por sus colegas europeos.

Suárez escribió un calendario lunar muy difundido en su época, observó eclipses, cometas y los satélites de Júpiter, y utilizó sus datos para calcular con precisión las coordenadas de las misiones.

Suyas fueron las primeras comunicaciones científicas efectuadas desde nuestro territorio a una publicación científica de gran prestigio. Es por eso que podemos considerar a Suárez como el primer científico criollo.jesuitas en argentina

La segunda mitad del siglo XVIII fue un gran período para las ciencias en el continente europeo.

Mientras que científicos como Joseph Louis Lagrange (1736-1813) y Fierre Simón de Laplace (1749-1827) en París, William Herschel (1738-1822) en Londres y Karl E Gauss (1777-1855) en Góttingen ensanchaban cada vez más los límites de las ciencias exactas y la cosmología, un anónimo ejército de observadores se daba a la paciente tarea de recolección de datos astronómicos.

De manera simultánea y con el impulso de la sostenida expansión imperial de Europa, los naturalistas viajeros de las grandes potencias completaban el inventario de las especies naturales en las cuatro esquinas del planeta.

En el Río de la Plata, durante el período colonial, fue en las misiones jesuíticas y no en las instituciones educativas de las ciudades donde se desplegó el frente más dinámico de la actividad científica.

El más destacado exponente de estos misioneros interesados en el estudio de la naturaleza fue el astrónomo Buenaventura Suárez.

Buenaventura Suárez (1679-1750) nació en la ciudad de Santa Fe y estudió en los colegios jesuíticos de su ciudad y de Córdoba.

Luego de ordenarse sacerdote en 1706, trabajó en la misión de San Cosme (situada en el actual Paraguay) con intervalos de varios años pasados en otras misiones (Itapúa, San Ignacio Guazú, Santa María la Mayor).

A comienzos de la década de 1740, se desempeñó en los colegios de Asunción y Corrientes y entre 1745 y su muerte volvió a las misiones.

Suárez fue un astrónomo autodidacta que construyó sus propios instrumentos —quizás ayudado por los guaraníes— tales como un cuadrante astronómico, un reloj de péndulo y varios telescopios refractores que variaban en longitud (desde 2,20m hasta 6,40m) y cuyos lentes fabricó, puliendo el cuarzo que abunda en la región. Con ellos desarrolló un programa de observación de eclipses de Sol y de Luna y otro de estudio de los satélites de Júpiter.

La observación de la inmersión y emersión de los satélites se usaba en ese momento para calcular la longitud de un lugar: se computa la diferencia horaria del instante de ocultamiento de un satélite de Júpiter detrás del disco del planeta (o su aparición), registrado en el punto de observación V en un meridiano de referencia.

Los misioneros jesuitas dispersos por el mundo mantenían una enciente red de comunicación epistolar que funcionaba en ambas direcciones: desde las regiones «exóticas» de la periferia se enviaban datos al «centro» europeo y desde Europa se recibían libros, instrumentos y asesoramiento.

Suárez envió sus datos al famoso astrónomo jesuita Nicasius Grammatici (1684-1736) y, por una complicada cadena de comunicación, estos llegaron al sueco Pehr W. Wargentin (1717-1783), quien trabajaba en el observatorio de Upsala.

En un trabajo publicado en 1748 en las Actas de la Real Academia de Ciencias de Upsala, que consiste en una tabla con datos sobre la observación de los satélites de Júpiter desde distintos puntos de la Tierra, Wargentin incluyó 43 de las observaciones de Suárez (efectuadas entre 1720 y 1726 desde San Cosme) y las calificó como «sobresalientes».

A su vez, Suárez recibió datos sobre los satélites de Júpiter de distintos observatorios (Madrid, San Petersburgo, Pekín y otros) que le llegaron a través de Grammatici y que utilizó para calcular la latitud de San Cosme.

Suárez también recibió dos telescopios de fabricación inglesa y otros instrumentos astronómicos, los cuales arribaron a Buenos Aires en 1745. Las observaciones de los eclipses lunares efectuadas con los mismos son de mejor calidad que las anteriores.

Los trabajos más significativos de Suárez son dos comunicaciones a las Philosophical Transactions of the Royal Socíety, la revista científica más importante de su época, efectuadas en 1748 y 1749-50.

El primero describe observaciones de los satélites de Júpiter y de eclipses de Luna y de Sol efectuadas entre 1706 y 1730 desde varias de las misiones (cuyas longitudes respecto del meridiano de París se especifican). En el segundo trabajo se describe la progresión de dos eclipses de Luna visibles desde las misiones ocurridos en 1747.

Estos trabajos fueron comunicados a la Royal Society por Jacob de Castro Sarmentó (1691-1761), un médico judío portugués que fue uno de los introductores de Newton en su país y vivía exilado en Londres donde actuaba como rabino.

Castro Sarmentó fue asimismo el autor de un breve tratado rn portugués sobre la teoría newtoniana de las mareas: la Theorica verdadeira das  mares (Londres, 1737), que fue traducido al español por Suárez amentablemente, el manuscrito se ha perdido.

El astrónomo santafecino también escribió el Lunario de un siglo, un almanaque lunar concluido en 1739 que fue editado en la península ibérica (Lisboa, 1748; Barcelona, 1752) y en América (Ambato [Ecuador], 1759).

Esta obra, resultado de cálculos efectuados con lápiz y papel, indica las fases de la Luna para cada mes y además predice eclipses y puede ser utilizado como calendario religioso.

Suárez había preparado lunarios anuales desde 1706 y para los cálculos del suyo utilizó como guía metodológica una obra de astronomía práctica del astrónomo francés Philippe de la Hire (1640-1718).

Los cálculos fueron efectuados desde las coordenadas de San Cosme, pero Suárez explica el procedimiento para que, mediante una corrección algorítmica de los datos, su obra pueda ser usada desde cualquier punto del globo.

Ver: Primeros Cientificos en el Rio de la Plata

Fuente Consultada:
Una Gloria Silenciosa Dos Siglos de Ciencia en Argentina Miguel De Asúa
Historia Universal Civilizaciones Precolombinas Tomo 14 La Nación
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Un Interesante Enlace

Primer Periodico del Virreinato El Periodismo Telegrafo Mercantil

Primer Periodico del Virreinato
El Periodismo – El Telégrafo Mercantil

EL PERIODISMO: LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Periodismo — Los redactores de periódicos se vieron limitados por las restricciones que imponía la censura a las publicaciones de asuntos religiosos o políticos.

El periodismo americano nació en México. En Buenos Aires en un principio aparecieron hojas volantes.

En junio de 1764 se publicó un cuadernillo manuscrito de ocho páginas llamado “La Gaceta de Buenos Aires» que informaba sobre asuntos locales.

En noviembre de 1800 fue dada licencia para publicar un periódico al extremeño Francisco Antonio de Cabello y Mesa. El texto antes de su publicación, debía ser aprobado por la Real Audiencia.

A fines de ese es se dió a conocer el Prospecto donde se hacía referencia a los tramites seguidos para la publicación del periódico, los orígenes del periodismo en Europa y Méjico y el programa que pensaba seguir en la tarea que iba a emprender. Finalmente el 19 de abril de 1801 apareció el primer número del “Telégrafo Mercantil Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río  de la Plata».

Figuraban en él comentarios sobre las ciudades del Virreinato, trabajos del naturalista Tadeo Hamke, observaciones meteorológicas, noticias de comercio y los primeros ensayos de poesía argentina, como por ejemplo la “Oda al Paraná” de Manuel José Lavardén.

El virrey del Pino le retiró la licencia “por la poca pericia en la elección de materiales”. El último número fue del 17 de octubre de 1802.

El segundo periódico que se editó fue “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, cuyo primer número apareció en septiembre de 1802, dirigido por Hipólito Vieytes.

Trataba sólo los asuntos que su titulo indica y los que pudiesen contribuir a la salud y bienestar del pueblo  lo introdujo otros temas con motivo de las invasiones inglesas de 1806, durante las que  se suspendió la publicación por tres meses.

En el número del 11 de febrero de 1807 se comunicó la rendición de Montevideo y se avisó a los lectores que la publica

Su primer número es del 3 de marzo de 1810 y fue precedido por un prospecto. El último número apareció el 23 de febrero de 1811. Dice Mitre que fue concebido bajo el mismo plan del “Mercurio Peruano”. Tomaba temas de economía política, que lógicamente hacían resaltar el atraso económico del país.

“La Gaceta de Buenos Aires”, era el órgano periodístico oficial de la Primera Junta; se publicó bajo la inspiración de Mariano Moreno. El primer número apareció en junio de 1810 y el último en septiembre de 1821; cambió varias veces de título: «Gaceta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires” en 1812; «Gaceta de Buenos Aires” en 1815: “Gaceta del Gobierno” en 1820.

En Montevideo el primer periódico fue “La Estrella del Sud” o «The Southern Star”, dirigido por Mr. Bradford, que era el redactor principal; como redactor y traductor se desempeñó el cochabambino Manuel Aniceto Padilla.

Por medio de él se hacia propaganda en favor del comercio libre. Se publicó de mayo a julio de 1807.

Ver: Origen del Periodismo Argentino

LA LIBERTAD DE PRENSA SEGÚN MANUEL BELGRANO

La libertad de prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que cada ciudadano piensa y puede decir con la lengua […] Es necesaria para, la instrucción pública, para el mejor gobierno de la nación y para su libertad civil, es decir, para evitar la tiranía de cualquier gobierno que se establezca; de lo cual son buenas pruebas que ningún tirano puede haber donde ella está establecida, y que ningún tirano ha dejado de quitarles con todo cuidado a sus súbditos, porque son incompatibles entre sí… «.

Con estas frases publicadas en el Correo de Comercio, el 11 de agosto de 1810, por autoría —según Félix Wein-berg— de Manuel Belgrano, queda expresada la idea elemental de libertad de prensa y la necesaria relación que existe entre ella y la democracia.

Años más tarde otros hombres talentosos como el francés Alexis de Tocqueville o el argentino Domingo E Sarmiento definirían con lógica contundencia la misma conexión entre el origen popular del poder y la libertad de la prensa, así como entre el ejercicio del despotismo y la censura.

Esta última, en su concepto constitucional, ha sido explicada por un tratadista -Segundo V. Linares Quintana— como la idea amplia y comprensiva que «designa toda acción u omisión dirigida a dificultar o imposibilitar, en forma directa o indirecta, mediata o inmediata, la publicación y circulación de la palabra impresa… «Y aunque Cervantes ya había ponderado en su Quijote el valor de la libertad, podemos decir que en lo referido a la prensa y en la dinámica del periodismo el cuadro se configuró entre los siglos XVIII y XIX y tiene hoy -en un contexto social y técnico mucho más complejo- similares fundamentos.

La censura fue y es arma del autoritarismo intelectual, desde el despotismo de la Edad Moderna al fundamentalismo de nuestros días, pasando por miles de variables intermedias (generalmente desagradables todas ellas). Libertad de prensa o censura fue un complejo debate que estuvo presente desde los comienzos de nuestra existencia como país en el contexto de la «Era de las Revoluciones», asociado con el nuevo pensamiento liberal y con el desarrollo técnico del periodismo y el social de la opinión pública.

Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12.

PARA SABER MAS…
LA PRENSA ARGENTINA ENTRE 1810 Y 1820

Los «tiempos de rara felicidad» a Los que aludía La Gazeta de Buenos Ayres de 1810 fueron años tempestuosos, a menudo trágicos, y la prensa era el único medio de comunicación «de masas» (expresión que entonces no se utilizaba), limitada por el alcance de las imprentas existentes y una población en gran medida analfabeta.

La edición de La Gazeta de Buenos Aires, inspirada inicialmente por Mariano Moreno, marca el comienzo del periodismo de la etapa emancipadora. Tuvo, para te época y el lugar, una vida relativamente larga, pues subsistió, con diversos nombres, hasta 1821 (desde 1812 se llamó Gazeta Ministerial del Gobierno de Buenos Aires). Su tendencia política varió con la orientación de los sucesivos gobiernos y los redactores: Moreno sería reemplazado por el deán Funes en la conducción del periódico, luego José Agrelo; desde 1811 se alternaron en la dirección Bernardo de Monteagudo y Vicente Pazos Silva, etc. Por recomendación del gobierno, sus artículos se leían en alta voz en las Iglesias para difundir sus artículos entre quienes no sabían leer.

La prensa de la primera década independiente fue casi exclusivamente una prensa política. El tema de declaración de la independencia, el debate entre monárquicos y republicanos y otras cuestiones similares se dieron también en la apretada tipografía de aquellos papeles de pequeño formato y de aparición semanal. Nuevas imprentas se sumaron a la existente en 1810, como se puede advertir a través de los respectivos pies de edición.

El aumento del número de periódicos es muy significativo: contra solamente cinco aparecidos en todo el Virreinato en la década final de la colonia (cuatro de Buenos Aires y uno, el editado por los británicos, en Montevideo), aparecieron treinta y ocho desde 1811 a 1820 (33 en Buenos Aires, el resto en las provincias).

Pero en 1820 solamente se imprimían dieciséis, entre ellos varios de reciente creación: es que el carácter efímero caracterizó a la mayor parte de los órganos de prensa del siglo XIX, pues estaban ligados a una situación o un interés político de corta duración. No se trataba de empresas periodísticas sólidas en el sentido en que se las conoció más adelante. Los avisos comerciales eran excepcionales, el sustento provenía de otros medios.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

La Universidad en el Virreinato del Rio de la Plata La Cultura Libros

La Universidad en el Virreinato del Río de la Plata

LA CULTURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

En el Río de la Plata los que impartieron enseñanza primeramente fueron los franciscanos y jesuitas.

En un principio, las escuelas funcionaban anexas a los conventos, luego el Cabildo otorgó permiso a particulares para que abriesen establecimientos y por último, en época de los Borbones, funcionaron otras dependientes de los Cabildos.

Se enseñaba en ellas lectura, escritura, las cuatro operaciones fundamentales y doctrina. También en los hogares se impartía instrucción por medio de maestros particulares o de la misma familia.

Los negros no podían concurrir a establecimientos de enseñanza y se les prohibía aprender a leer y a escribir.

Cuando las escuelas fueron dependientes de los Cabildos, éstos entregaban gratuitamente locales adecuados; en compensación los maestros debían admitir a cierto número de niños pobres sin cobrarles y el resto pagaba un peso por mes para aprender a leer y dos para aprender a escribir y contar.

A veces se pagaba con harina, ganado, trigo, etc.

Los Cabildos dictaban los reglamentos. Cuando se crearon las Intendencias, la facultad de otorgar permisos para instalar nuevas escuelas pasó a los intendentes.

El primer maestro que solicitó permiso al Cabildo para abrir una escuela fue Francisco Vitoria, en agosto de 1605.

Los jesuitas fundaron un colegio que se convirtió en el Colegio de San Carlos y actualmente es el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Tenían establecimientos en otras zonas de la ciudad y cuando fueron expulsados (1767), el gobierno creó institutos de enseñanza.

A mediados del siglo XVIII no existían en Buenos Aires establecimientos de enseñanza media o superior con facultad para otorgar un título. Por otra parte después de la expulsión de los jesuitas la enseñanza se había resentido un tanto.

Colegio de San Carlos: Juan José de Vértiz decidió utilizar los fondos de la Junta de Temporalidades para crear un Colegio Convictorio y una Universidad, que no se instaló.

Estos proyectos no prosperaron, pero la Junta de Temporalidades aprobó la creación de una cátedra de gramática y de una escuela de primeras letras, gratuitas; Vértiz nombró cancelario al doctor Juan Baltasar Maciel, que redactó el Reglamento.

El curso se inició en 1773 y más tarde estos Reales Estudios fueron completados con cátedras de teología y moral.

Sobre esta base, y siempre en el edificio del colegio de los jesuitas, en 1783 se creó el Real Colegio Convictorio Carolino, cuyo primer rector fue el doctor Vicente Anastasio Juanzarás y Escobar.

Los alumnos que deseaban ingresar debían tener diez años, saber leer y escribir, no tener mezcla de sangre y ser cristianos. Se dictaron cursos de Teología, Filosofía, Gramática y Literatura.

Se excluían de la enseñanza los estudios de derecho y economía. Dentro del colegio la disciplina era muy estricta. Los alumnos salían en raras ocasiones: a veces acompañaban al rector a hacer visitas, para acostumbrarse a la vida social. Había alumnos internos y externos. Concurrieron a este establecimiento, Belgrano, Saavedra, Moreno, Rivadavia, etc.

Los alumnos que habían estudiado en este colegio, podían ingresar luego a las Universidades de Charcas o de Córdoba.

En Córdoba, los jesuitas fundaron un noviciado, que llamaron Colegio Máximo, pero la mala situación económica los obligó a trasladarse a Chile. En 1614 fue reinstalado en Córdoba. Los estudios que entonces se iniciaron dieron origen a la Universidad.

El obispo fray Femando de Trejo y Sanabria dejó sus bienes para que sostuviesen cátedras de Artes y Teología, pero los jesuitas tuvieron que correr con los gastos porque la herencia se gasté en pagar deudas.

En el siglo XVII se organizaron las facultades de Artes o Filosofía (se otorgaban grados de bachiller, licenciado y maestro con tres años de estudio) y la de Teología, en la que se obtenían títulos de bachiller, licenciado y ductor; los estudios duraban cinco años.

Para ingresar en cualquiera de las dos, los jóvenes debían saber latín. En 1791 se inauguró una cátedra de Jurisprudencia.

Dirigía la Universidad un rector, que pertenecía a la Compañía de Jesús, a quien aconsejaban los maestros y doctores que vivían en la ciudad, que formaban el claustro.

Para impedir que llegasen a los alumnos las nuevas ideas, se les prohibió estudiar en textos que no fueran los oficiales, solameiite podían hacerlo con permiso especial del rector. La enseñanza tenía un marcado carácter teológico.

Cuando fueron expulsados los jesuitas, se hicieron cargo de la enseñanza los franciscanos. Estos fueron expulsados en 1800, pero la orden no se cumplió hasta 1808 porque el virrey Sobremonte era muy partidario de ellos.

La Universidad, después de esta resolución real, tomó el nombre de Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Monserrat.

En el Alto Perú los jesuitas establecieron en 1624 la Universidad de San Francisco Javier en Charcas. Se destacó por su Facultad de Derecho; además se seguían en ella estudios teológicos y literarios.

La enseñanza era de tendencia liberal y los alumnos estaban al corriente de las doctrinas de los filósofos y economistas, de la marcha de la Revolución Francesa y de las nuevas orientaciones políticas y sociales.

Concurrieron a ella Mariano Moreno, Vicente López y Planes, Bernardo de Monteagudo, Juan José Castelli y otros patriotas. Anexa a la Universidad funcionaba la Academia Carolina, donde practicaban los egresados.

Ampliar: Universidades de Córdoba y de Chuquisaca

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Importancia de la Imprenta en América Colonial

Importancia de la Imprenta en América Colonial

«Sería cosa muy útil y conveniente haber allá (en México), imprenta y molino de papel», decía a Carlos V fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, en 1533, emprendiendo una saludable gestión que honraría a su memoria y que América no ha olvidado.

Dos años después, Esteban Martín, el primer impresor que trabajó en América, dio a la estampa la «Scala Paradisi» de San Juan Clímaco, en versión castellana de fray Juan de la Magdalena, con el título de «Escala Espiritual».

Aquellos comienzos fueron difíciles para la primera imprenta de América. Pero monseñor Zumárraga, que veía en ella un eficaz medio de difusión evangélica, no se dejó estar y reanudó sus tenaces diligencias ante el monarca: «Poco, se puede adelantar en lo de la imprenta, por la carestía del papel, que esto dificulta las muchas obras que de acá están aparejadas y otras que habrán de nuevo (de) darse a la estampa; pues se carece de las más necesarias y de allá (España) son pocas las que vienen».

El trámite dio su fruto, y la imprenta pudo imprimir libros con títulos como éste: «Breve y más compendiosa Doctrina Christiana en lengua Mexicana y Castellana, que contiene las cosas más necesarias de nuestra santa fe catholica, para aprovechamiento destos indios naturales y salvación de sus ánimas. Con licencia y privilegio».

El colofón de rúbrica decía: «A honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen Santísima su Madre, fue impresa esta Doctrina Christiana por mandato del señor Don Juan de Zumárraga, primer obispo desta gran ciudad de Tenuchtitlan, México de esta Nueva España, y a su costa, en casa de Juan Cromberger, año de mil y quinientos y treinta y nueve».

Así como en ese entonces fuera eficaz vehículo del precepto evangélico, la imprenta en. América abriría insondables horizontes al pensamiento humano. De ahí su importancia en la historia de la cultura.

OBISPO ZUMARRAGAMedio siglo después de establecer el obispo Zumárraga la primera imprenta de América en México, Lima tuvo el honor de seguir aquel ejemplo, gracias a las gestiones de la Compañía de Jesús.

Dirigió la imprenta de Lima el tipógrafo italiano Antonio Ricardo, y dio a la estampa su primer trabajo impreso en 1584. Se trataba de una «Doctrina Cristiana» en castellano’, quechua y aunará. En el siglo XVII también tuvieron sus respectivas imprentas las ciudades de Puebla de los Ángeles y de Guatemala.

LA PRIMERA IMPRENTA DE LOS ESTADOS UNIDOS
En 1639 se embarcó en Inglaterra, con rumbo a la colonia de Massachusetts, el pastor protestante y tipógrafo José Glover, llevando con él a su mujer y a su imprenta; pero murió en el trayecto. Su viuda, con aquel singular legado, se estableció en Cambridge, cerca de Boston, y allí conoció a Enrique Dunster, rector del Colegio de Harvard, fundado poco antes, con quien se casó al poco tiempo. De este modo, por la providencial circunstancia de un idilio, la imprenta fue a parar a la Universidad de Harvard y fue la primera que funcionó en los Estados Unidos.

LA IMPRENTA MISIONERA
La primera imprenta argentina fue instalada en las misiones guaraníticas por la Compañía de Jesús, El R. P. Furlong, que ha investigado documentadamente el tema, dice que las gestiones de los misioneros para su consecución ya habían comenzado en 1630. «A fines de ese siglo —agrega— y valiéndose de maderas de la selva americana, y fundiendo tipos de estaño que pudieron haber a las manos, y abriendo láminas que grabaron con singular acierto y maestría, fundaron la primera imprenta rioplatense». Pero sólo en 1703 le concedió licencia el Virrey del Perú.

El primer libro misionero parece haber sido «Martirologio Romano», escrito por el P. Juan Bautista Neumann (austríaco), y traducido al guaraní por el P. José Serrano (español). Se imprimió en el 1700, con la intervención técnica del P. Segismundo Asperger; pero no se conservan ejemplares. En cambio se conoce una magnífica obra que, como dice el investigador Torre Revello, «enorgullecería a cualquier taller de imprimir». Se trata de «De la diferencia entre lo temporal y lo eterno», traducida al guaraní por el citado P. José Serrano. Tiene 43 grabados, efectuados a buril con extraordinaria maestría. Es notable el retrato del P. Tirso González, General de la Compañía de Jesús, del que fue autor el indio Juan Yaparí. A partir de la expulsión de los jesuitas, la imprenta quedó abandonada en Santa María la Mayor; y en 1784 encontró sus restos el teniente gobernador Gonzalo Doblas.

LA IMPRENTA DE NIÑOS EXPÓSITOS
En 1758, por especial encargo del R. P. Ignacio Visconti, de la Compañía de Jesús, el R. P. Pedro de Arroyo, a la sazón en Italia, adquirió, por 2.903 pesos y 3 reales, una imprenta, la embaló en 17 cajones y la despachó desde Genova, con destino al Colegio de Monserrat (Córdoba), donde estaría a cargo del Hno. Pablo Karer, alemán.

primera imprenta

Prensa de la primera imprenta de Buenos Aires.
La imprenta se instaló en 1780 en la Casa de Niños Expósitos.

En 1765, el Virrey del Perú le concedió la necesaria licencia; y al siguiente año la imprenta pudo imprimir unas Laudatorias en latín, escritas por el P. José M. Peramás, en las que se elogiaba al fundador del Colegio de Monserrat, Dr. Ignacio Duarte y Quirós. Un año después, los jesuitas fueron desterrados.Desde entonces la imprenta jesuítica de Córdoba quedó arrumbada en el sótano del Colegio, hasta que, en octubre de 1779, el célebre virrey Juan José de Vértiz logró que dicha imprenta en desuso fuera remitida; a Buenos Aires, con la conformidad de fray Pedro José de Parras; rector del Colegio Convictorio, quien así lo hizo, en viéndola en ocho cajones, cinco líos y una petaca, con la tropa de carretas de Félix Juárez. La Casa de Niños Expósitos, a cuyo beneficio funcionaría la imprenta, pagó por ella al Colegio la suma de mil pesos.

Sobre las actuales calles Perú y Moreno se construyó, en 1780, un local adecuado, y el Virrey nombró impresor y administrador de la Real Imprenta de Niños Expósitos al librero portugués José da Silva y Aguiar, por diez años, con un beneficio de la cuarta parte de los ingresos, siempre que no fuera menor a 400 pesos anuales.

Probablemente en el mismo año 1780, ya aquel taller imprimió algunos trabajos, a los que le sucedieron las tablas de contar, almanaques y guías de 1781, esquelas de convite, etc.

A raíz de ciertos «Autos obrados sobre las cuentas de la administración de la Imprenta», Silva y Aguiar fue destituido por el Virrey en marzo de 1783. Trabajaban con él, el impresor Agustín Garrigós, quien en 1799 llegó a ser administrador de la imprenta; el prensista José Fernández, y el compositor Antonio Ortiz.

Según las investigaciones del señor Torre Revello, la Imprenta de Niños Expósitos no fue la primera de Buenos Aires, como se ha repetido más de una vez. Desde mediados del siglo XVIII , «en nuestra ciudad debió funcionar un pequeño taller destinado a la estampación de muestras reducidas de carácter comercial o de otra índole», impresos de los cuales se conocen algunos ejemplares.

La Imprenta de Niños Expósitos tuvo a su cargo cuanto papel impreso se necesitó en el Virreinato y también trabajos para Chile. Según las cuentas de Silva y Aguiar (que señalan cantidades inferiores a las reales), se imprimieron 2.280 almanaques y guías para 1781, cuyo precio sería de 3 pesos la docena; 13.500 catecismos, a 2 pesos la docena; 1.458 gacetas, en una de las dos ediciones aparecidos en 1781, a 12 reales la docena; 2.676 tablas de contar, a 5 reales la docena; 6.000 catones, a 3 pesos la docena; 65.354 cartillas en cuatro ediciones, a 6 reales; encuadernadas y al menudeo, al doble. Téngase en cuenta que la imprenta tenía el privilegio exclusivo en todo el Virreinato para la venta de cartillas, catones y catecismos.

No se sabe con certeza cuál fue la primera obra editada. El primer periódico regular salido de sus tórculos fue el «Telégrafo Mercantil», el 1» de abril de 1801.

El primer libro didáctico, fuera de las cartillas, fue el «Cuadernillo de Géneros y Pretéritos», de Lara, que utilizaron los estudiantes del Colegio de San Carlos. En 1783 se imprimió la «Construcción de las Reglas y Pretéritos», de Marcos Márquez de Medina.

DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA EN HISPANOAMÉRICA
1535– México1769– Nueva Orleáns
1584– Lima1776– Santiago de Chile
1640– Puebla de los Ángeles1780– Buenos Aires
1660– Guatemala1782– Santo Domingo
1700– Misiones jesuíticas1786– Puerto España
1707– La Habana1792– Santiago de Cuba
1720– Oaxaca1793– Guadalajara
1738– Bogotá1793– Veracruz
1754– Ambato1807– Montevideo (temporaria)
1759– Riobamba1808– Caracas
1760– Quito1808– Puerto Rico
1764– Nueva Valencia1810– Guayaquil
1766– Córdoba1810– Montevideo
1769– Cartagena de Indias

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada