Mecenas del Renacimiento

Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino Resumen

Biografia de Federico de Montefeltro Duque de Urbino

FEDERICO DE MONTEFELTRO, DUQUE DE URBINO (1422-1482)
Otro condottiero del Cuatrocientos italiano. Su personalidad militar fue muy relevante, aunque no de la talla de Francisco Sforza.

Distinguido por su prudencia, su bravura y su rara pericia en la toma de fortalezas, fue hombre de rara lealtad, lo que le granjeó no pocos partidarios. Pero Federico de Montefeltro destaca mucho más que como guerrero, como gran príncipe del Renacimiento.

Tenía una cultura vastísima, dominaba el latín, la historia, la filosofía y las humanidades.

Montefeltro Federico
Federico da Montefeltro, fue uno de los más exitosos condottieri del Renacimiento italiano, y Duque de Urbino desde 1444 hasta su muerte.
Fecha de nacimiento: 7 de junio de 1422, Castello di Petroia, Italia
Fallecimiento: 10 de septiembre de 1482, Ferrara, Italia
Cónyuge: Battista Sforza (m. 1460–1472), Gentile Brancaleoni (m. 1437–1457)
Hijos: Guidobaldo de Montefeltro, Giovanna Felicita Feltria della Rovere, Agnese di Montefeltro

En su corte de Urbino reunió a los humanistas y artistas de más fama en su tiempo. Favoreció la arquitectura y las bellas artes. Bajo sus auspicios, Urbino fue dotada de la biblioteca más copiosa de Occidente.

Guerrero y humanista, Federico fue también un político hábil, pues logró ampliar los dominios recibidos a la muerte de su hermanastro Oddantonio, conde de Montefeltro y de Urbino (1444).

Había nacido en Gub-bio (1452), y era hijo ilegítimo de Guido Antonio’ de Montefeltro. En sus primeros hechos de armas luchó contra el Piccinino (1437), aunque luego protegiera su retirada ante Segismundo Malatesta en 1443.

De este hecho deriva la rivalidad entre el señor de Rímini y el que, al año siguiente, lo fue de Urbino. Excomulgado en 1445 por intervenir en la cesión de Pesaro a Alejandro Sforza, fue exculpado en 1450 por Nicolás V; pero esto no le valió la simpatía de Segismundo Malatesta, cuya animosidad se había descentrado a raíz de aquella cesión.

Las guerras entre los dos condottieri fueron, desde entonces, ininterrumpidas. Federico puso su espada al servicio de los enemigos de Segismundo, y en las campañas de 1462 y 1483 asestó el golpe de muerte a la potencialidad del Malatesta.

Pero a la muerte de éste, Federico defendió la causa de su sucesor Roberto, pues no quería que el papa se hiciera demasiado poderoso en la Romana.

La victoria alcanzada sobre el ejército pontificio en Mulazzano (1469) permitió que los Malatestas conservaran Rímini bajo los auspicios de Federico de Montefeltro. En 1474 éste fue creado duque de Urbino por Sixto IV.

En sus últimos años luchó contra Florencia (1479). Murió en Ferrara el 10 de septiembre de 1482 cuando iba a guerrear contra el Papado y Venecia por cuestiones de límites.

fuente

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Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de «ciudades-estado» o «comunas» que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y «motor» del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan «capitalismo aventurero») nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño «Estado». Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una «Ciudad-Estado», se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, «principados» independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política «casera». Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el «Estado llano»— en los Estados Generales. Así, además de los dos «Estados» existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el «Tercer Estado», que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el «regreso a los usos de San Luis», esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa «contrarrevolución».

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de «dar una lección a esos labriegos», precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran «imperio» paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de «partida doble», y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento.

Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

El siglo XIII fue la culminación de un orden temporal casi perfecto, en el que cada uno ocupaba un lugar jerárquico dentro de la sociedad, formando parte de una comunidad organizada de acuerdo con los principios cristianos, en la que nadie quedaba postergado, porque todos tenían conciencia de sus derechos y obligaciones basados en un verdadero intercambio de servicios. (oraban -clero-, luchaban -nobleza- y trabajaban -campesinos-)

En la Edad Media había una clara diferencia entre los Caballeros y la Iglesia por un lado (clero y nobleza) y la gente sin recursos por el otro (campesinos). Durante el Renacimiento, surgió un nuevo grupo social: el de los mercaderes o burgueses. Se hicieron muy ricos y por eso mismo poderosos. Un ciudadano escribió una vez: “Un florentino que no sea comerciante y que no haya viajado por el mundo, visitando otros países y pueblos para luego regresar a Florencia con cierta fortuna, es un hombre que no goza de estima alguna”

Mientras tanto, los caballeros y las antiguas familias aristocráticas perdían su importancia y hasta se empobrecían. Entonces se convertían en parásitos de las grandes cortes reales, en un intento desesperad para mantener su posición social.

Algunos se conformaban con poder ganarse la vida, cuidando sus propiedades o actuando como embajadores, políticos o funcionarios públicos a sueldo. Para un miembro de una familia aristocrática el convertirse en abogado o médico era apenas aceptable.

Los hijos más jóvenes podían comprar una carrera de obispo o sacerdote.

Algunos comerciantes se hacían ricos vendiendo sedas y especias del Oriente. Al principio, los mercaderes viajaban en caravanas por tierra hacia los países orientales, pero cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, la ruta terrestre quedó interrumpida.

Los comerciantes tuvieron que buscar otros caminos y descubrieron así la ruta marítima alrededor del cabo de Buena Esperanza. También podían llegar a Egipto por barco, luego por tierra al mar Rojo y de allí por mar a la India.

El viaje a la India podía durar muchos meses, y para llegar al Lejano Oriente se tardaba más de un año. Los barcos eran lentos pero podían transportar hasta 100 toneladas de carga. Muchas veces regresaban de estas travesías habiendo multiplicado por 20 el valor de la carga con la que habían zarpado. Sin embargo, los viajes eran peligrosos y se perdían muchas naves, tanto por los naufragios como por las luchas con embarcaciones rivales.

En Europa, había quienes hacían dinero con el comercio de lanas y telas. La lana era llevada de Inglaterra a Flandes, donde se la convertía en tela y se vendía en las ferias a los comerciantes italianos. Los transportes por caminos difíciles eran muy costosos y eso aumentaba mucho el precio de los productos.

Además de importar mercaderías exóticas, los comerciantes se ganaban la vida buscando mercados para los objetos fabricados en sus propios países. Se reunían en grandes ferias mercantiles como las de Brujas y Lyon. Allí intercambiaban noticias y compraban y vendían sus artículos. Siempre había una atmósfera de gran festividad.

Los negocios y los impuestos pagados por los mercaderes llevaron el progreso a las ciudades ubicadas a lo largo de las grandes rutas comerciales. Venecia, Florencia, Génova, Milán, Lisboa, Brujas, Amberes y Lyon son sólo algunas de las beneficiadas.

En las ciudades comerciales siempre había agentes de cambio y prestamistas. La Iglesia los desaprobaba pero, no obstante, las operaciones financieras se convirtieron en un negocio legal. Muchas de las familias más ricas eran comerciantes y a la vez banqueros. En Florencia fueron los Medici, en Augsburgo los Fugger.

Jakob Fugger (imagen), llamado “el Rico”, tenía una organización internacional de banco y comercio. La casa central estaba en un edificio magnífico conocido como el Despacho Dorado. Sus agentes enviaban regularmente informes a Augsburgo con detalles actualizados sobre el país en el que se encontraban. Las cartas de Fugger a menudo proporcionaban a los comerciantes una información mejor que la que podía obtener cualquier príncipe de sus embajadores o espías. Los Fugger llegaron a prestarle dinero aún al Emperador Carlos V. A cambio, se les otorgaron muchos privilegios comerciales, que los ayudaron a aumentar sus riquezas.

El comerciante medio era un hombre respetable, con un gran sentido de la unidad familiar. Su hogar estaba amueblado en forma bastante simple. Muchas veces el objeto más valioso era el cassone, un arcón tallado que llevaba la novia como parte de su dote. La asombrosa decoración de esos arcones era realizada por algunos de los mejores artistas del Renacimiento.

La posición social y el matrimonio eran muy importantes tanto para la clase aristocrática como para la de los comerciantes. Los hijos podían casarse con ricas herederas y de esa forma aumentar la fortuna y la importancia de sus padres.

Las hijas, por el contrario, debían tener una cuantiosa dote para atraer a los maridos más convenientes. No siempre las familias podían proveer de dotes a todas sus hijas, por eso las más jóvenes frecuentemente acababan en los conventos. En Florencia, había un banco de dotes en el que se depositaba una suma cuando nacía una niña. Una vez que cumplía 15 años, se devolvía el dinero con intereses para la dote. Había también un fondo para las hijas sin dote.

Se consideraba que una niña estaba lista para el matrimonio a los 12 años, pero normalmente no se casaba antes de los 15 ó 16. Las jóvenes solteras permanecían rigurosamente en su hogar y todas las mujeres debían obedecer a sus padres o a sus maridos. Isabella d’ Este de Ferrara, fue una de las pocas mujeres adineradas, poderosas y lo suficientemente inteligente como para convertirse en mecenas del arte.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LAS CIUDADES ITALIANAS:

En el siglo XV, cinco grandes fuerzas dominaron la península itálica: Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles, los cinco estados principales El norte de Italia estaba dividido entre el ducado de Milán y Venecia. Tras la muerte del último visconte gobernante de Milán, ocurrida en 1447, Francesco Sforza, uno de los líderes condottierí de su tiempo, incitó a sus empleados milaneses a conquistar la ciudad y se convirtió en su nuevo duque. Tanto los Visconti como los Sforza se empeñaron en crear un estado territorial altamente centralizado.

Tuvieron especial éxito en implantar sistemas de recaudación fiscal que generaron enormes ingresos para el gobierno. La república marítima de Venecia siguió siendo una entidad política estable, gobernada por una pequeña oligarquía de aristócratas-mercaderes. Su imperio comercial produjo enormes ingresos y le ganó el papel de una potencia internacional.

A finales del siglo XIV Venecia se embarcó en la conquista de un estado territorial en la región norte de Italia, con el fin de proteger su suministro de alimentos y sus rutas comerciales por tierra. Aunque la expansión de su territorio principal tenía sentido para los venecianos, preocupó a Milán y Florencia, que se empeñaron en detener lo que consideraban designios imperialistas de los venecianos.

La república de Florencia dominó la región de Toscana. A principios del siglo XV estaba gobernada por una pequeña oligarquía mercantil que manipulaba al gobierno aparentemente republicano. En 1434 Cósimo de Médici tomó control de esta oligarquía. Aunque la acaudalada familia Médici conservó las formas republicanas de gobierno en aras de la apariencia, controlaba al gobierno tras bambalinas. Mediante su pródigo patronazgo y el cuidadoso cortejo de los aliados políticos, Cósimo (1434-1464) y más tarde su nieto Lorenzo el Magnífico (1469-1492) tuvieron éxito en controlar la ciudad, en una época en que Florencia era el centro del renacimiento cultural.

Los estados papales estaban situados en el centro de Italia. Aunque nominalmente estaban bajo el control político de los papas, el periodo de residencia papal en Aviñón y el gran cisma posibilita- ron que ciudades y territorios individuales —como Urbino, Bolonia y Ferrara— se independizaran de la autoridad papal. Los papas del Renacimiento del siglo XV invirtieron gran parte de su energía en el restablecimiento de su control sobre los Estados Pontificios (véase el apartado El papado renacentista más adelante en este capítulo).

El reino de Nápoles, que abarcaba la mayor parte del sur de Italia y, usualmente, la isla de Sicilia, fue motivo de disputa entre franceses y aragoneses hasta que estos últimos establecieron su dominio a mediados del siglo XV.

En todo el Renacimiento, el reino de Nápoles siguió siendo, en gran medida, una monarquía feudal con una población que consistía, sobre todo, en campesinos agobiados por la pobreza y dominados por nobles indóciles. Tuvo poca participación en las glorias culturales del Renacimiento.

Había tres razones de peso para que las ciudades italianas fueran las primeras en recobrar una posición de importancia en la Baja Edad Media.

1-En primer lugar, la península itálica perteneció a Roma desde una fecha muy temprana y, por tanto, allí había más carreteras, más ciudades y más escuelas que en ningún otro lugar de Europa.

2-El Papa vivía en Roma y, como cabeza de un vastísimo ente político, que poseía tierras, siervos, edificios, bosques, ríos y un sistema judicial propio, constantemente llegaba a sus arcas una gran cantidad de dinero. A las autoridades papales había que pagarles en oro y plata, como a los mercaderes y armadores de Venecia y Génova. Las vacas, los huevos, los caballos y los demás productos agrícolas y ganaderos del norte y del oeste debían convertirse en dinero contante y sonante para pagar al Papa en la lejana ciudad de Roma. Por eso Italia pasó a ser el lugar de Europa donde había más oro y plata.

3-Los cruzados que iban a Tierra Santa embarcaban en ciudades italianas y éstas se aprovecharon de tal circunstancia hasta límites insospechados. Cuando acabaron las cruzadas, esas mismas ciudades italianas pasaron a ser los centros de distribución de los productos orientales de los que los europeos habían empezado a depender durante el tiempo que habían pasado en Asia.

VENECIA: De aquellas ciudades, pocas eran tan famosas como Venecia. Venecia era una república construida sobre un archipiélago en el que la gente del continente se había refugiado de las invasiones de los bárbaros en el siglo IV. Rodeados de mar por los cuatro costados, los venecianos se dedicaron al negocio de la producción de sal. La sal era muy escasa en la Edad Media y se vendía a un precio muy alto. Durante siglos, Venecia gozó de un monopolio sobre este producto de mesa indispensable, generalmente la falta de sal produce enfermedad.  Los venecianos aprovecharon el monopolio para aumentar el poder de la ciudad.

En algunas ocasiones, incluso se atrevieron a desafiar el poder de los papas. La urbe se volvió rica y tenían barcos que les permitieron emprender el comercio con Oriente. Durante la época de las cruzadas, aquellos barcos se habían usado para transportar cruzados a Tierra Santa. Lo que sucedía era que, si los pasajeros no podían pagar el trayecto con dinero, se veían obligados a luchar en nombre de los venecianos, que incrementaban así el número de colonias que poseían en el mar Egeo, Asia Menor y Egipto. A finales del siglo XIV, la población de Venecia llegaba a los doscientos mil habitantes, lo cual la convertía en la mayor ciudad de la Edad Media.

El pueblo no tenía influencia alguna en el líderazgo de la ciudad, el cual estaba en manos de un número reducido de familias de mercaderes ricos. Éstas escogían a los senadores y al dux (príncipe o magistrado), pero, en realidad, los verdaderos dirigentes eran los miembros del famoso Consejo de los Diez, que se mantenían en el poder gracias a una red de espías y matones altamente organizada que vigilaba a todos los ciudadanos y que hacía desaparecer con la máxima discreción a quienes pudieran ser peligrosos para la seguridad del arrogante y sin escrúpulos Comité de Seguridad Pública.

FLORENCIA: En cambio, en Florencia se daba una forma de gobierno diametralmente opuesta a la anterior. Allí había una democracia, aunque de costumbres turbulentas. Esta ciudad controlaba la principal carretera que unía el norte de Europa con Roma e invertía en la manufactura el dinero que recaudaba gracias a tan afortunada posición. Los florentinos intentaban seguir el ejemplo de Atenas.

Así como los nobles y los eclesiásticos, los miembros de los gremios tomaban parte en las discusiones de los asuntos de la ciudad, lo cual llevaba a grandes convulsiones sociales. La población de Florencia estaba dividida en partidos políticos que luchaban entre sí sin piedad, que exiliaban a los adversarios y les confiscaban las posesiones en cuanto les ganaban la batalla en el Consejo. Tras diversos siglos de gobierno en manos de las mafias organizadas, pasó lo inevitable.

Una familia potentada subió al poder y se dispuso a gobernar la ciudad y el territorio que la rodeaba a la manera de los antiguos tiranos griegos. Era la familia Médici, una familia de banqueros llamada así porque sus fundadores fueron médicos. Tenían bancos y casas de empeño en las ciudades comerciales más importantes de Europa.

GÉNOVA:  la gran rival de Venecia, cuyos mercaderes se especializaron en el comercio con Túnez y con los grandes centros de grano del mar Negro. Y luego había unas doscientas ciudades más, algunas grandes, otras pequeñas, cada una de las cuales constituía una unidad comercial perfecta, todas luchando entre ellas movidas por la eterna rivalidad de los vecinos que se privan unos a otros de un beneficio.

Una vez que llegaban a las ciudades italianas, los productos procedentes de Oriente y África eran distribuidos hacia el oeste y el norte de Europa.

Génova los transportaba por mar a Marsella, donde tomaban otro barco con el que remontaban el río Ródano hasta los puertos fluviales que servían a las regiones del oeste y el norte de Francia.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad de Hendrik W. van Loon
Civilizaciones de Occidente Tomo ´B´ Jackson Spielvogel

Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas Politicas

Biografía de Nicolás Maquiavelo
Perfil del Príncipe – Ideas Políticas

RESUMEN BIOGRÁFICO INTRODUCTORIO:
Maquiavelo, Nicolás:
Escritor y político italiano, nacido en Florencia en 1469 Después de recibir una sólida formación humanística, en 1498 fue nombrado se cretario de la República florentina.

A pesar de los difíciles momentos por lo que atravesaba toda Italia, sirvió como embajador al rey francés Luis XII, al emperador Maximiliano y a César Borgia del que se hizo su hombre de confianza.

Al ser desposeído de su cargo de secrela rio, se retiró con su esposa e hijos a Albergaccio para alejarse de la política, hasta que en 1520 accedió a escribir la historia de Florencia.

Biografia de Maquiavelo Nicolas Estadista Politico

Al rebelarse esla ciudad en 1527 y constituirse nuevamen te en república, Maquiavelo fue obligado a abandonar su cargo de inspector de las fortificaciones, por no tratar a los Médicis con la dureza que se le exigía.

Según parece, los acontecimientos que siguieron le causaron graves trastornos mentales, que terminaron con su vida ese misino año.

Maquiavelo defendió en todo momento que la política nada tenía que ver con la religión, pero además contemplaba al Estado como un vehículo de poder a disposición del gobernante, más que como un mecanismo encaminado a servir al pueblo.

En su principal obra,  El Príncipe, queda bien reflejada esta concepción amoral del Estado, así como en su Discorsi sopra la prima deca de Tito Livio.

Falleció en 1527.

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA

La Italia del Renacimiento, en el aspecto político, había sido forjada por los condottieri y hombres de acción. Fueron ellos los que por vez primera implantaron las fórmulas de la monarquía autoritaria y desplazaron los principios que habían servido de base a la monarquía moderada, justa y generosa de los buenos príncipes del Medievo.

Este proceso histórico tuvo su teorizador en el campo de la especulación política: Nicolás Maquiavelo, uno de los nombres básicos en la evolución de las ideas políticas de todos los tiempos.

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas PoliticasPor su formación humanista y su educación diplomática, por sus concepciones generales y el contacto directo con la complicada política italiana de principios del Quinientos, Maquiavelo era el autor predestinado para dibujar con rasgos indelebles el hombre político.

El Renacimiento, nacido de las tiranías italianas de les siglos XIV y XV del tipo clásico del príncipe de la antigüedad.

De sus obras se desprenden las cualidades que ha de reunir el nuevo soberano: la virtud, o sea la energía desarrollada para lograr el imperio (poder aun prescindiendo de las reglas de la moral; la fortuna, entendida en el sentido clásico de suerte, y la necesidad, a la que se han de doblegar todos los interese; opuestos.

El maquiavelismo es, pues, una doctrina política positivista, por la que los grandes principios éticos han de someterse a las exigencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista.

El príncipe sólo ha de tener en cuenta el interés supremo del Estado, que es el suyo propio, y el de la opinión que le secunda en sus empresas.

Sin embargo, para abarcar por completo el pensamiento político de Maquiavelo es necesario tener presente que en sus obras trazaba el esbozo ideal del príncipe que había de librar Italia de la dominación extranjera que se cernía sobre ella, ya francesa, ya española

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BIOGARFIA DE NICOLAS MAQUIAVELO

(Florencia, 3 de mayo de 1469 –  25 de junio de 1527)
Humanista y político italiano del Renacimiento. Se le considera el fundador ideológico del Estado moderno y se le ha llamado, no sin razón, el primer clásico moderno en asuntos militares.

Maquiavelo es un pensador, pero sin un sistema filosófico concreto, un humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota, sin principios éticos y oportunista.

Si Tomás Moro es un idealista, Maquiavelo está en el extremo opuesto. No se distinguió ni por su amor ni por su respeto a sus semejantes. Procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado frente al objetivo de afianzar el poder del déspota.

A los veintinueve años de edad recibió el cargo de secretario de la segunda cancillería de la República, después, fue recibiendo otros cargos administrativos y diplomáticos. Su primer escrito fue «Discurso hecho al magistrado de los Diez sobre el asunto de Pisa», al que siguieron más discursos, tratados y libros de política.

Sus pensamientos inaguran la política moderna Para  muchos políticos su libro es un libro clave
Para otros el libro ha sido tenido como un libro «del demonio»El infortunio empañó la vida pública de Maquiavelo

Viajó mucho por toda Europa; primeramente, estuvo seis meses en la Corte de Francia, donde, al mismo tiempo de representar a su país, pudo observar las instituciones y estructuras de la monarquía absoluta.

A su vuelta, contrajo matrimonio en 1501 con Marietta Corsini. Del matrimonio nacerán cuatro hijos varones y dos hembras. Poco después marchó a Roma con motivo del nombramiento de Julio II como Papa.

Nuevo viaje a Francia por motivos diplomáticos y, después, se recorrerá Italia. En seguida se mostró como un gran teórico de la guerra; en 1506, escribe «Descenale Primo», sobre la decadencia militar de su país.

En 1507, viaja a Suiza y Alemania, donde podrá estudiar los pormenores de las tácticas y armamentos de los ejércitos (el ejército suizo era entonces el mejor de Europa).

Más tarde recibirá una misión en la Liga de Cambrai, por lo que escribirá «Descenale secondo». Después, vuelve a Francia, cuando esta entra en conflicto con el Papa.

Cuando en 1512 regresan los Médicis a Florencia concluye la República. Maquiavelo es cesado y encarcelado y hasta tiene que sufrir tortura. Al salir de la prisión se retira a una línea, desde donde escribe sus mejores obras.

En 1527, año convulso para los territorios italianos, en el que las tropas de Carlos V saquean Roma, los Médicis huyen de Florencia y los sustituye un gobierno del partido aristocrático.

Maquiavelo no fue considerado lo bastante hostil a los Médicis para seguir ocupando el cargo. Enfermo de pena, según se dice, por el giro de los acontecimientos, murió el 21 de junio de ese año,  poco después de que se restaurara de nuevo la República.

Todo el sistema político de Maquiavelo está expuesto en estas tres obras: «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» (1519), «El arte de la guerra» (1519) y «El Príncipe» (1513). La primera es la expresión más fiel y exacta de sus ideas y opiniones sobre la organización de los Estados y en ella está la sustancia de las otras dos; tomando como modelo la república romana, quiere resucitar su organización con el poder consular, el del Senado y el del pueblo para que, respectivamente, se vigilen e impidan extralimitaciones de ningún tipo.

En «El arte de la guerra» pone de manifiesto sus deseos de una milicia nacional en Italia y cómo debe de ser armada y organizarse para expulsar del país a franceses, alemanes y españoles.

«El Príncipe» enseña cómo se forma una monarquía nueva y absoluta para lograr con ella la unidad e independencia de la patria, y nos expone las ideas del autor acerca de las excepcionales aptitudes intelectuales y políticas que debe de tener el príncipe que gobierne. Esta figura ideal debe de servir por todos los medios a su Estado sin reparar en la forma en que lo haga; surge así la «Razón de Estado», en la que el fin justifica los medios.

Maquiavelo ve la política como un juego de caracteres y personalidades; el buen diplomático debe usar, si es necesario, la hipocresía como arma política, su única moral debe de ser la moral del éxito. A la religión la enfoca como un arma de dominación; su príncipe debe de profesar la religión, aunque no creer en ella, la debe usar para «sujetar» a su pueblo.

El Príncipe es una clara expresión de pensamiento político; toda consideración moral o religiosa queda aparte; lo que «debería ser» cede ante lo que «es», ante la consideración de la realidad tal cual es, sin preocupaciones de reforma, «porque hay tanto trecho de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien renuncie a lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende más bien lo que le arruinará que lo que le preservará».

La única voz que se oye es la del interés del estado, representado en la persona del príncipe, con lo que las normas teóricas encuentran ejemplarización en algunas figuras de grandes príncipes como César Borgia o Fernando II el Católico, del que, por ejemplo, dice: «No predica más que paz y buena fe, siendo muy enemigo de ambas; pero si hubiese observado una y otra, hubiera perdido en muchas ocasiones la reputación o el Estado».

Maquiavelo no crea nada nuevo en política; como él mismo dice, se atiene únicamente a la «verdad efectiva de las cosas», a lo que la observación de la realidad que le circunda y la historia de los grandes hombres le han enseñado. El único valor teórico de Maquiavelo es su realismo político, el escándalo que suscitan sus juicios sobre la naturaleza humana; es el hombre que ha afirmado tajantemente la incompatibilidad entre política y moral.

Vemos paradójicamente a un personaje que es al mismo tiempo republicano y defensor de una monarquía absoluta, pero no olvidemos que luchó toda su vida por la unidad italiana y entiende que para esta difícil empresa el soberano necesita de una suma de poder que sólo cabe en un monarca absoluto. Su obra hay que verla, pues, bajo el contexto histórico de la Italia de la época.

Perfil de un Príncipe:

«Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete, pues la grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido».

Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él:
* Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado.
* El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y «moverse según soplan los vientos».
* Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
* Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Sus ideas han sido duramente discutidas, su figura es polémica y se le ha hecho pasar, exageradamente, por enemigo de la moral, de la religión y de la justicia.

Maquiavelo supone que es mejor ser tenido por avaro que por liberal y tener luego que gravar a los súbditos con impuestos; mejor ser cruel a tiempo que inútilmente piadoso; mejor ser temido y respetado, que amado y no suficientemente respetado; «los hombres tienen menos reparos en ofender al que se hace amar que al que se hace temer, porque el amor se conserva por el solo vínculo de la obligación, la cual, debido a la perversidad humana, rompe toda ocasión de interés personal; pero el temor se conserva por miedo al castigo, que no te abandona jamás».

Llegan así los preceptos del famoso capítulo XVIII, el más discutido y criticado: el príncipe ha de saber ser zorro y león a un mismo tiempo y no debe cumplir la palabra dada «cuando tal cumplimiento puede redundar en su perjuicio y no existen ya las razones que se la hicieron empeñar»; ha de parecer «piadoso, fiel, humano, íntegro, religioso», pero debe también saber no serlo; en conclusión, predica la necesidad de «no apartarse del bien mientras sea posible, pero saber entrar en el mal cuando sea necesario», y esto porque en las acciones de los hombres se «considera sólo su fin.

Procure, por lo tanto, el príncipe vencer los obstáculos y conservar el estado, porque sus medios se tendrán siempre por hermosos y merecerá la alabanza general». Más adelante, el carácter teórico general se ejemplifica con el estudio de la situación italiana del momento, mediante el examen de las causas por las cuales los príncipes italianos han perdido sus estados, seguido de un análisis de la fortuna y de si la energía y capacidad del hombre pueden o no resistir a ella.

Comparando la fortuna con un impetuoso río, dice: «Ejerce su poder donde no existe precaución para resistirla, dirigiendo su violencia hacia el lugar en que sabe que no hay espigones, diques ni reparos que la contengan». Y la conclusión, que en Italia le será posible a un príncipe prudente y «virtuoso», es decir, capaz, crear un nuevo y fuerte estado que pueda proteger a Italia contra la invasión de los «bárbaros». El tratado, que hasta aquí había sido frío, lúcido e implacable, se cierra con un grito apasionado, los versos de Petrarca: «Virtud contra Furor / Tomará las armas; y el combate será breve, / Que el antiguo valor / No ha muerto aún en los itálicos corazones». 

Biografia de Erasmo de Rotterdam Filosofo Humanista Obras

Biografía del Humanista Erasmo de Rotterdam – Filósofo –

RESUMEN BIOGRAFICO: Erasmo, de Rotterdam (Rotterdam 1469-Basilea 1536). Humanista holandés de expresión latina. Viajó durante toda su vida y residió con cierta regularidad en París, en varias ciudades de Inglaterra y en Bolonia, donde obtuvo el año de 1506 el grado de Doctor en Artes.

En 1508 se encontraba en Venecia, en casa de Aldo Manucio, donde hizo la edición completa de Los Adagios. De nuevo fue a Inglaterra y a París, donde en 1511 publicó el Elogio de la locura.

Nombrado Profesor de Teología en Cambridge, publicó en 1515 su Institución del Príncipe cristiano y, en 1516, la primera versión griega del Nuevo Testamento acompañado de una versión latina.

Los Coloquios aparecieron en 1518. En 1521, cuando nacía el Protestantismo, fijó su residencia en Basilea. Celebró algún encuentro con Lutero, que se mostró hostil a su deseo de polemizar.

Sus concepciones políticas estaban basadas sobre la paz y la búsqueda del bien común. Para él, el ideal residía en el humanismo cristiano y en la tolerancia. Sus ideas tuvieron una gran repercusión en la Europa renacentista.

erasmo de rotterdam

Erasmo de Róterdam​, también conocido en español como Erasmo de Rotterdam, fue un humanista, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés.
Fecha de nacimiento: 28 de octubre de 1466, Róterdam, Países Bajos
Fallecimiento: 12 de julio de 1536, Basilea, Suiza
Nombre completo: Desiderius Erasmus Roterodamus
Orden religiosa: Orden de Canónigos Regulares de San Agustín
Ocupación: sacerdote, filósofo, filólogo, teólogo, escritor, religioso, profesor

Rotterdam es, actualmente, el primer puerto comercial del mundo. En esa ciudad de Holanda, que ya era importante a mediados del siglo XV, nació en 1467 (o puede, también, que en 1469)- Desiderio Erasmo, el célebre filósofo, educador y erudito, considerado como figura máxima del Humanismo.

Sus obras fueron muchas, destacándose, entre ellas, los «Adagios» o apotegmas, los diálogos que llamó «Coloquios» y el famoso «Elogio de la locura», su trabajo más importante, escrito en 1510.

La influencia de Erasmo en toda Europa, resultó trascendental. Su espíritu enciclopédico -prototípico del humanista- lo llevó a abordar los temas más disímiles, sin abandonar la orientación clásica. Lo hizo con talento y autoridad y convirtió ei idealismo, puramente ético, en base de su filosofía.

Biografía del Humanista Erasmo de Rotterdam(Imagen Izq.: Rotterdam, 28 de octubre de 1467 – Basilea, 12 de julio de 1536)

BIOGRAFÍA: Filósofo y teólogo flamenco. Hijo natural, a la muerte del padre fue desprovisto de su pequeña herencia por sus tutores. Su infancia fue trabajosa.

La primera juventud la pasó en Gonda, donde estudió en las escuelas latinas de Derenter y Hortegensboch. Ingresó en el monasterio agustino de Stein en 1487, donde se inició en la «devotio moderna».

En el mismo monasterio fue ordenado sacerdote en 1492, pero pidió dispensa de las obligaciones de las órdenes recibidas e incluso del hábito. Hombre de espíritu independiente, rechazó toda oferta o cargo que le impidiera mantener su independencia.

Tenía nueve años de edad, cuando cantaba en el coro de la catedral de Utrecht. Siguió sus estudios primarios en la escuela de Gouda, pero, al quedar huérfano -a los catorce años– fue enviado, con un hermano, a la comunidad de frailes que actuaba en Bois-le-Duc.

Desde allí se trasladó al monasterio de Stein y luego (a los veintidós años) al colegio de Deventer, sometido a una disciplina ascética. Los estudios clásicos y la enseñanza de la Biblia San Agustín y San Jerónimo, por un lado; Cicerón y Aristóteles, por otro ocuparon, totalmente, su atención.

En 1487 pronunció sus votos en el convento de Emaús, pero, al comprobar -más tarde- que su vocación no era ésa, obtuvo del papa Julio II, la necesaria «dispensa».

Entre 1493 y 1516 viajó por diversos países. Estuvo al servicio del obispo de Cambrais; estudió en la Universidad de París; fue a Inglaterra, donde tuvo la suerte de conocer a John Colet y a Thomas Moro.

De Inglaterra se dirigió a Italia, donde obtuvo el grado de maestro y doctor en teología por la Universidad de Turín. Pero Erasmo fue, sobre todo, un gran humanista.

Ante lo que él consideró corrupción de la lengua de Cicerón propugnó volver a las auténticas fuentes del latín, resucitando a los clásicos. En Venecia, conoció a Aldo Manucio, uno de sus editores.

vida de erasmo de rotterdam

En 1496 se adjudicó una beca para proseguir estudios en París. Como no lograba cobrar el modesto estipendio prometido, decidió tomar algunos alumnos, para poder aumentar sus magros ingresos, que le resultaban insuficientes para vivir. Al mismo tiempo, profundizó sus estudios de griego y cultivó la amistad del general de los padres trinitarios, Roberto Gaguin, experto en Filología. En la capital de Francia, por igual que en Orléans, Lovaina, Rotterdam y Bruselas, ejerció la enseñanza, hasta que fue nombrado por Carlos I, de España, consejero real. Tuvo, en 1506, la oportunidad de hacer un viaje a Italia como preceptor de los hijos del médico del rey de Inglaterra. En Turín, se graduó como doctor en Teología.

En 1508, apareció la edición completa de sus «Adagios», colección de sentencias griegas y latinas, que, junto con el «Manual del soldado cristiano» (1503), le dieron a conocer en toda Europa.

Esta última obra contenía ya las principales prácticas e ideales de la reforma protestante. En 1509, durante uno de sus viajes a Inglaterra, escribió la más famosa de sus obras: «Elogio de la locura» («Stultitiae laus») publicada en París en 1511.

Se valió de la sátira y del sarcasmo para poner al desnudo la decadencia moral del mundo de su tiempo, y, especialmente, de la Iglesia. Condenó las indulgencias y toda la práctica de devoción formal tan decisivamente como lo hizo, más tarde, Lutero.

Contra las obras meritorias, la religiosidad formalista y las reglas monásticas está, según Erasmo, la verdadera religiosidad, que es fe y caridad, conforme a las enseñanzas de los Evangelios.

Todos los temas de la polémica protestante contra la Iglesia se comentaron ya en la obra de Erasmo. Cuando se desencadenó la Reforma, Lutero se dirigió a Erasmo, que había sido precursor de ella, pidiéndole apoyo, pero Erasmo se negó a dárselo. No quiso ligarse a ningún partido, y menos a cualquier movimiento que pudiese alterar el orden. Con el fin de mantenerse neutral rechazó la oferta del capelo cardenalicio que le ofrecía el papa Pablo II en 1535. En Cambridge impartió clases, hasta 1517, como profesor de Teología. De 1517 a 1521 enseñó en Lovaina. La lucha religiosa le obligó a abandonar esta ciudad y a instalarse en Friburgo.

Otras obras importantes de Erasmo fueron; los «Colloquia familiaria», «Prefacios al Nuevo Testamento» y los escritos pedagógicos, de los que hay que destacar «Derationestudii» (1511), que es el programa del humanismo alemán.

La influencia de Erasmo en el panorama de la cultura occidental ha sido profunda pero indirecta. Su rasgo característico es el de haber contribuido al desarrollo del pensamiento independiente en tiempos polémicos.

A tal punto que sus no escasas facultades críticas terminaron generando reacciones conceptuales de católicos y protestantes. Irritó a éstos el hecho de que Erasmo refutara la tesis luterana que negaba el libre albedrío, por entender que éste constituye una de las características inherentes al alma humana.

Por cierto que, desde entonces, Lutero lo consideró siempre con tenaces reservas. No mayor fortuna tuvo con ciertos niveles directivos de la Curia romana y, en España, la Junta de Valladolid iba a pronunciarse en contra del erasmismo cuando la peste de 1527 la obligó a suspender sus sesiones.

La forma de encarar la educación moral, como vinculada a un lúcido estado de conciencia, convierte a Erasmo en precursor de algunos movimientos espirituales modernos. Y su vasta trayectoria literaria lo sitúa en medio de la querella que suscita, cíclicamente, la confrontación entre dogma y pensamiento.

PARA SABER MAS…
ERASMO DE ROTTERDAM:LA CORRIENTE CRÍTICA
Fuera de Italia, el más grande intelectual de los nuevos tiempos, y merecedor del sobrenombre de «Príncipe del Humanismo», es Erasmo.

Desiderio Erasmo había nacido en Rotterdam en 1467, de los amores culpables de un sacerdote. Desde muy joven viaja por toda Europa. Estudia en París, Oxford, Turín, Lovaina y Bruselas. Vive largo tiempo en Basilea y Friburgo.

Trabajando como preceptor privado, preparó para sus alumnos unos opúsculos pedagógicos que con el tiempo se convertirían en importantes libros de texto de la cultura europea. En Italia fue discípulo de Lorenzo Valla.

Viajó también a Inglaterra y estudió la lengua griega. En Venecia trabajó con Aldo Manuccio en una recopilación de proverbios antiguos. En Inglaterra, huésped del humanista Tomás Moro, escribió su obra más importante, el Elogio de la locura, de línea reformista, que es una crítica de la sociedad de la época, incluyendo a la Iglesia.

La vida de Erasmo es un ejemplo del cosmopolitismo tan característico de los literatos y artistas del Renacimiento. El latín es su idioma, y es el único que maneja con gran elegancia y maestría.

Una parte considerable de su obra se deriva del Humanismo erudito. En 1500, los «Proverbios» abren la serie de sus escritos propiamente literarios. En 1508, el «Elogio de la locura» —el único texto ilustre de toda la literatura latina del Renacimiento— es una vigorosa sátira de las prácticas eclesiásticas y de los abusos de la Iglesia, así como de las supersticiones populares.

En 1516, preparó una edición griega del Nuevo Testamento que causó escándalo, a pesar de ciertas deficiencias de traducción, pues se pronunciaba por una teología fundada únicamente sobre el Evangelio.  

Posteriormente realizó diversas ediciones de textos clásicos religiosos. En 1524 se alejó de las posturas de Lutero. Refugiado en Friburgo durante algunos años, escribió allí sus Coloquios, en los que la polémica antmedieval y antimonástica adquirió una excelente forma literaria.

En 1526, se vendieron en París veinticinco mil ejemplares de los «Coloquios familiares». Sus cartas, de las que se conocen alrededor de dos mil quinientas, nos dan la medida de su importancia en el movimiento humanista europeo.

Erasmo aporta al Humanismo una nueva actitud espiritual, diferente a esa sensibilidad humana propiamente italiana: el libre examen. Una aguda crítica se va a ejercer en todos los terrenos sobre las ideas recibidas.

El pensamiento va a liberarse, definitivamente, de los marcos medievales. Cristiano creyente, poco tentado por la herejía, no deseó la Reforma, cuyos excesos deploró, pero le proporcionó los medios para triunfar por su pintura de la corrupción de la Iglesia, y su actitud crítica con respecto a las Escrituras.

Esta emancipación deliberada del espíritu humano, eclipsada, por un momento, por los movimientos de reforma, será el aspecto dominante de la nueva cultura.

En esta cultura las ciencias han ocupado un lugar importante al lado de las disciplinas literarias, artísticas y filosóficas.

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LA EDUCACIÓN PEDAGOGICA SEGÚN DESIDERIO ERASMO (1467-1536)

Es el más discutido representante del humanismo. Nacido en Rotterdam, se educó con los Hermanos de la Vida Común, comunidad religiosa a la que luego perteneció.

Enfermizo de cuerpo y débil de fuerzas, poco inclinado a la disciplina conventual, con permiso del Papa abandonó los hábitos para llevar una vida errante y solitaria.

Perfeccionó sus estudios clásicos en París, pasó a Oxford donde se relacionó con un grupo de eruditos, entre otros con santo Tomás Moro; estuvo en Roma, donde, a pesar de sus crueles sátiras contra la vida de los eclesiásticos, fue protegido por el papa León X.

La corte romana lo perdonaba todo porque el humanismo de Erasmo hacía olvidar sus intemperancias.

Su fe en la cultura, su sentido crítico, su mente abierta y su ironía, lo destacan de la mentalidad medieval todavía reinante. Aunque nunca abandonó el catolicismo y se enfrentó con Lutero, su crítica mordaz, agresiva y despiadada preparó el camino para la rebeldía protestante. Su influencia en España fue notable.

Publicó numerosísimas obras, en gran parte de polémica, tanto contra la escolástica, como contra los humanistas imitadores serviles de Cicerón. Para favorecer la difusión del humanismo cristiano realizó distintas ediciones de textos bíblicos de los Santos Padres, de autores clásicos de la antigüedad y gramáticas latinas y griegas. Compuso textos pedagógicos, como: La educación liberal de los niños; Acerca del método de los estudios, verdadero tratado de didáctica, y los Coloquios familiares, un ameno libro de lectura.

Erasmo, como teórico de la educación carece de originalidad. Constantemente se inspira en Quintiliano y en los autores de su época; sin embargo, fue uno de los grandes pedagogos del humanismo.

Su aspiración consistió en unir la literatura antigua con el valor moral del cristianismo. Realizó su gran tarea por medio de la filología, restituyendo en su pureza idiomática original los textos bíblicos y clásicos que juzgaba fundamentales para la comprensión, conducta y goce de la vida.

Para Erasmo, el humanismo descansa esencialmente en la posesión de las lenguas antiguas y en la frecuentación de las literaturas griega y latina. El latín medieval, sostiene, debe ser sustituido por el latín literario, que es un incomparable instrumento de cultura. Este propósito alcanzó realización: el latín, que era todavía a su manera una lengua viva e iba degenerando, pasó por la influencia erasmiana a ser fijado, purificado, inmovilizado y, al pasar a la enseñanza se configuró como una lengua, muerta.

La cultura filológica profundizada es el medio de tener acceso al verdadero humanismo, donde lo. mejor de la tradición antigua se une con la esencia del cristianismo. El humanismo clásico, mediante los mejores autores antiguos, y el humanismo cristiano, mediante la Biblia y los escritos de los Padres, no deben estar separados uno de otro, sino que, por el contrario, si se los une en una sabiduría ética y religiosa, su adquisición constituye la más elevada educación.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

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LOS FILÓSOFOS DEL HUMANISMO Y SUS CARACTERÍSTICAS

En filosofía, a ctitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su importancia en el marco del cristianismo.

LISTA DE PENSADORES:

1-Los Presocráticos
2-Los Clásicos
3-San Agustín
4-Santo Tomas
5-Renacentista
6-La Ilustración
7-Los Cientificos Modernos
8-Siglos XIX al XX

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Ver También: La Educación en el Humanismo

Entre 1440 y 1530 aproximadamente, en algunas de las ricas ciudades del norte de Italia comenzó a desarrollarse un movimiento cultural relacionad o con la imagen del mundo que tenían los burgueses: el humanismo.

Los humanistas fueron hombres de las ciudades que se ocuparon de la enseñanza, de la investigación y que fueron muchas veces secretarios de personas importantes. Ocuparon esos cargos no por su riqueza o nacimiento, sino por su cultura. Con sus obras, buscaban sentar las bases de una nueva cultura independiente de la tradición cristiana escolástica. En contraposición al sistema jerárquico de la sociedad feudal, afirmaron la dignidad y el valor de cada individuo.

La imagen humanista del mundo se expresó en la literatura, la filosofía y el arte. En el arte fue donde alcanzó sus realizaciones más coherentes, continuas y originales. Sin embargo, estas manifestaciones culturales eran conocidas sólo entre los grupos privilegiados, y tuvieron escasa difusión entre el conjunto de la sociedad europea.

Desde mediados del siglo XVI, la nueva imagen del mundo construida por los humanistas del siglo XV comenzó a difundirse progresivamente por Europa. Pero como el grado de desarrollo de las nuevas actividades económicas burguesas era desigual en los diferentes países, la aceptación de los cambios varió de una sociedad a otra. En el siglo XVII, algunos miembros —burgueses y nobles— de los grupos privilegiados advirtieron que los principios del humanismo amenazaban sus posiciones de poder. Por eso, mantuvieron y reforzaron su adhesión a los valores tradicionales del orden cristiano feudal.

El movimiento humanista comenzó en Italia, donde los escritores de finales de la edad media Dante, Giovanni Boccaccio y Francesco de Petrarca contribuyeron en gran medida al descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas. Los ideales humanistas fueron expresados con fuerza por otro estudioso italiano, Giovanni Pico de la Mirandola, en su Oración, obra que trata sobre la dignidad del ser humano.

El movimiento avanzó aún más por la influencia de los estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453, y por la creación de la Academia platónica en Florencia.

La Academia, cuyo principal pensador fue Marsilio Ficino, fue fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme I de Medici. Deseaba revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la literatura, la pintura y la arquitectura de la época.

La recopilación y traducción de manuscritos clásicos se generalizó, de modo muy significativo entre el alto clero y la nobleza. La invención de la imprenta de tipos móviles, a mediados del siglo XV, otorgó un nuevo impulso al humanismo mediante la difusión de ediciones de los clásicos. Aunque en Italia el humanismo se desarrolló sobre todo en campos como la literatura y el arte, en Europa central, donde fue introducido por los estudiosos alemanes Johannes Reuchlin y Philip Melanchthon, el movimiento penetró en ámbitos como la teología y la educación, con lo que se convirtió en una de las principales causas subyacentes de la Reforma.

Uno de los estudiosos más importantes en la introducción del humanismo en Francia fue Erasmo de Rotterdam, que también desempeñó un papel principal en su difusión por Inglaterra. Allí, el humanismo fue divulgado en la Universidad de Oxford por los estudiosos William Grocyn y Thomas Linacre, y en la Universidad de Cambridge por Erasmo y san Juan Fisher. Desde las universidades se extendió por toda la sociedad inglesa y allanó el camino para la edad de oro de la literatura y la cultura que llegaría con el periodo isabelino.

El apogeo del humanismo

La creciente producción de libros impresos, la creación de bibliotecas y la multiplicación de las academias contribuyeron a la propagación de las ideas de los eruditos sobre la «república de las letras». Esta élite cosmopolita que se comunicaba en latín no dudaba, sin embargo, en promover las lenguas nacionales. Los príncipes, convencidos de que la aristocracia del conocimiento reforzaba la del poder, los protegían y les pedían consejo.

Erasmo, en 1516, en su obra La institución del príncipe cristiano se dirigió a Carlos V. Tomás Moro, que publicó ese mismo año su Utopía, era apreciado por Enrique VIH. Guillaume Budé aconsejaba a Francisco I, quien creó el Colegio de Lectores Reales, futuro Colegio de Francia. A comienzos de siglo se había difundido ampliamente el ideal optimista del hombre culto, abierto y guiado por la razón, así como la esperanza de transformar el mundo en un lugar más armonioso y pacífico.

Sin embargo, Maquiavelo, en la Florencia convulsionada de principios de siglo, elaboró en El Príncipe una reflexión política realista sobre el poder. Esta idea premonitoria del escepticismo desengañado que prevalecerá a la hora de los enfrentamientos religiosos, será retomada por Montaigne. En Inglaterra, Tomás Moro, por oponerse a la autoridad real, fue decapitado. El fin del siglo se caracterizó por el aislamiento, el aumento del sectarismo y la intolerancia.

La revolución del conocimiento del estudio de los textos antiguos, los sabios pasaron a interesarse en la observación metódica de la naturaleza. La astronomía, la geografía, la cartografía, la botánica, la anatomía y la medicina se beneficiaron con el desarrollo del espíritu científico.

Pero el conservadurismo religioso frenaba la investigación o prohibía la publicación de los descubrimientos. Si bien las afirmaciones de Copérnico iniciaron la cosmología moderna, en 1600 Giordano Bruno, que defendía el heliocentrismo y la concepción de un universo infinito, fue condenado a muerte en la hoguera por hereje.