Mentes Brillantes del Mundo

Vida y Obra de Henry Ford Biografia Que es el fordismo?

BIOGRAFIA DE HENRY FORD – VIDA Y OBRA  (1863-1947)

El desarrollo industrial de los Estados Unidos de América, en los años de 1860 a 1920, no fue sólo relativo y parcial, sino absoluto en todos los sentidos.

La riqueza nacional se había multiplicado rápidamente y el país pasó de su estado colonial a ser una potencia de primer orden.

A este avance extraordinario de la industria americana contribuyó no sólo la riqueza inexplorada que el Nuevo Mundo ocultaba en sus entrañas, sino también la casi ilimitada libertad de la iniciativa privada —perjudicial en otros aspectos— y el desmesurado interés y afán de conseguir los fines materiales más poderosos y extensos.

Fue en esta época cuando Norteamérica se convirtió en la tierra prometida para aquellos que supieron encauzar a su favor el caudal de estos ríos de oro.

Esta conducta —sería superficial llamarla «sistema»— provocó serios problemas sociales, difíciles de resolver con la misma rapidez que se producía el ascenso industrial.

Pero también dio lugar a la fructífera industrialización del país. Entre los más destacados forjadores de esta etapa figura Henry Ford, «rey de los automóviles americanos», que revolucionó, con su sistema de producción en serie, toda la industria.

Nació el 30 de julio de 1863 en Dearborn, cerca de Detroit, en una pequeña cabana. Fue el primer hijo de un inmigrante irlandés, William Ford, que llegó a Estados Unidos en busca de riqueza y bienestar.

Falleció en 1947 a la edad de 84 años, dejando una enorme fortura de mas de 1.000 millones de dólares y a la industria su sistema de producción en serie con la cadena de montaje que fue la base de su grandeza industrial y que revolucionó la producción de todas las grandes empresas.

Su genio fue indiscutible, aunque se manifestó únicamente en la simplicidad del sistema de trabajo y de la venta en grandes cantidades, con beneficio muy reducido.

Él creó el más conocido tipo de coche «popular» y contribuyó eficazmente a la ampliación del potencial militar de los Estados Unidos durante las dos últimas guerras mundiales.

También contribuyó poderosamente en la industrialización de la agricultura norteamericana.

henry ford

Henry Ford en 1930.  La clara y fría mirada, los finos labios apretados, delatan su temperamento roqueño, su férrea voluntad, su espíritu rectilíneo refractario a claudicaciones y concesiones y generosidades sin por qué. En fin, ese espíritu, esa voluntad, ese temperamento que necesitan todos los grandes creadores de algo útil para mejor vivir. Porque ni los grandes caritativos, ni los blandengues de voluntad, ni los tímidos consiguen otra cosa que sumar fracasos, desilusiones…

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¿Que es el fordismo?: El término “fordismo” se refiere al modo de producción en serie que llevo a la practica Henry Ford; fabricante de coches de Estados Unidos. Este sistema supone una combinación de cadenas de montaje, maquinaria especializada, altos salarios y un número elevado de trabajadores en plantilla.

Este modo de producción resulta rentable siempre que el producto pueda venderse a un precio bajo.

Introducción: Nació en Greenfield y murió en Dearborn.

Empezó a trabajar desde muy niño en un taller de maquinarias en Detroit.

Despúes estudió ingeniería, llegando a ingeniero jefe de la Edison Iluminating Co. y en 1903 se estableció por su cuenta en Detroit, fundando Ford Motor Co. que bajo su presidencia llegó a ser la mayor fábrica de autos y tractores del mundo.

Creó el automóvil más popular que ha existido, el famoso modelo T, llamado vulgarmente Fortingo, del que vendió 10.000.000 de 1908 a 1924, luego se superó con otros modelos como el V-8 que también logró gran difusión. Escribió: Mi Filosofía Industrial en 1929.

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SU BIOGRAFÍA:

Henry Ford, pionero de la gran industria norteamericana del automóvil, nació el 30 de julio de 1863 en Dearborn, cerca de Detroit. Fue el primer hijo de los muchos que tuvo el emigrante irlandés William Ford, alto, fuerte, tenaz para el trabajo, decidido a conquistar el bienestar para él y los suyos.

En busca de ese prometedor futuro emigró a los Estados Unidos, donde los fuertes y audaces solían encontrar su paraíso. El sabía muy bien que su  humilde esfuerzo realizado en Irlanda le rendía en Norteamérica diez veces más, en el mismo tiempo, que le rindiera en la tierra natal.

En efecto, a los dos años de establecido, sin dejarse arrastrar por los aún más audaces que él, buscones insaciables del oro del Oeste, William Ford había empezado a ahorrar.

Como su familia aumentaba de año en año, William Ford pudo irse ahorrando los jornales de algunos braceros, ya que sus hijos, todos ellos fuertes, ayudábanle a labrar la tierra y a cuidar del ganado, aunque su primogénito no tenái mucho interés.

Henry era sumamente competitivo, le gustaba luchar contra algo, contra alguien, y su claro talento le hacía saber que contra la Naturaleza no había posibilidades de luchar y… vencer.

También sabía que la educación forjaba el futuro de los jóvenes, siempre se destacó como alumno hasta el punto de que el director de la escuela aconsejó a William Ford que permitiera a su hijo seguir estudios superiores de química o mecánica.

De regreso a su casa le interesaba investigar en una vieja herrería  cercana para maravilalrse ante las magias del fuego con los metales. ¿Presentía Henry que de los metales y el fuego le llegarían su fama y fortuna?.

El caso fue que, terminada la primera enseñanza, el muchacho logró dos éxitos personales : que se le permitiera asistir a la herrería como aprendiz, y que se le consintiera instalar en una choza próxima a su casa un pequeño taller de chapuzas metalúrgicas.

El taller contaba con fragua, yunque, incontables herramientas; y él, el avispado mócete, lo mismo arreglaba un reloj que forjaba unas herraduras, igual componía alguna máquina agrícola que el fogón de alguna cocina.

Unos de sus primeros proyecto fue el de construir un carruaje movido por un motor que fuera más ligero de peso, más rápido de avance y más cómodo que otros carruajes que había conocido.

Cumplidos los dieciséis años,  marchó a Detroit, entrando como aprendiz en un taller de maquinaria. Diez horas de intensa jornada diaria y un pobre sueldo  que no le daba para vivir.También aprendió técnicas sobre relojería y sumo a las diez horas otras cuatro diarias en un negocio del ramo.

Al tiempo regresó  a la granja de su padre. Pagó a su padre lecho y comida con su trabajo durante seis horas diarias. Y dejando otras seis para el sueño, se dedicó con pasión a trabajar en el taller que había montado con sus ahorros, y en el que reparó cuantas máquinas se les estropeaban a sus vecinos.

Otra vez en Detroit — 1882— entró en una manufactura de maquinaria agrícola en calidad de montador-reparador. Sus progresos técnicos asombraron a sus jefes y maestros, y bien pronto pudo pensar en la necesidad de casarse.

Lo hizo en 1885 con Clara Bryant, amiga de sus hermanas Margarita y Juanita, vecina de Greenfield, pero que pasaba algunas temporadas en Dearborn. Papá William le dio, como regalo de bodas, cuarenta acres de tierra.

En el centro de esta propiedad levantó Henry su morada, y la levantó con su único esfuerzo, dedicando a la empresa sólo algunas horas hurtadas a los trabajos remunerados.

taller de henry ford

Interior de la fábrica Ford situada en la avenida Bagley. — Según confesó el viejo Henry Ford I en su interesante libro Mi vida y mi obra —publicado en 1926 y traducido a todos los idiomas cultos—, de cuantos talleres tuvo durante su larga y fecundísima aventura automovilística, ninguno le fue tan querido como éste, sencillo y pobretón, de la avenida Bagley. Sus inmensas riquezas y fama las adquirió en talleres descomunales; pero fue precisamente en éste donde el joven «viejo» Henry Ford I empezó a soñar con esa fama que le enriquecería tanto como le ennoblecería.

En el mismo año de su boda, por el otoño, le aconteció a Henry Ford algo que sería el punto de arranque de su rápida y universal fama. Estando en el taller mecánico Eagle, Henry se enteró que directores, ingenieros y técnicos de las diferentes secciones estaban perplejos en torno a un motor Otto, adquirido en Alemania, que no arrancaba.

Sin el menor alarde de suficiencia, modestamente se ofreció Henry para intentar ponerlo en marcha. Sencillamente empezó Henry a hurgar en el motor….en pocas horas ese motor funcionaba correctamente.

En Detroit, comenzó a trabajar como «mecánico especializado» en la Edison Illuminating Cbmpany. En sus escasos momentos libres de servicio, entre 1892 y 1893, construyó, pieza a pieza, su primer automóvil: un cuatriciclo con motor de potencia de «cuatro caballos», refrigerado con agua, pero que carecía de marcha atrás.

En el año 1899 se asoció con los dirigentes de la Compañía «Automóviles Detroit». Pero como su participación en el capital era insignificante, no logró imponer sus proyectos, el más importante de los cuales consistía en fabricar automóviles en serie.

Porque la Detroit Automobile Company sólo fabricaba automóviles de encargo y uno a uno. Obsesionado por producir coches baratos en serie, se apartó de esta Compañía y fundó — 1903— su propia Ford Motor Company.

Poco después había revolucionado con sus métodos la técnica y la organización industrial, convirtiendo su compañía en una gigantesca empresa, creando uno de los más grandes imperios industriales de nuestra época, con fábricas y sucursales en más de cuarenta países.

Antes que él, los constructores se limitaron a montar los coches, pero compraban las piezas en distintas manufacturas. Ford fue quien primero empezó a fabricar sus coches por completo.

Para ello impuso su sistema: alcanzar la máxima autarquía económica posible por medio de la autofinanciación, de la adquisición de las fuentes de las materias primas, de la erección de factorías para elaborar dichas materias primas, de la posesión de medios de transporte por mar y tierra; de la racionalización de la producción: fábricas modelo, división del trabajo, trabajo en cadena…

Sólo así consiguió aumentar extraordinariamente la productividad, abaratar las mercancías, reducir la jornada de trabajo, aumentar los salarios…

Henry Ford tuvo que ganar la competencia entablada con otros constructores de autos: los hermanos Duryea, cuyo primer automóvil circuló en 1892; Elwood Haynes y los hermanos Apperson, que lanzaron su modelo dos años después.

Pero a Henry Ford no le preocupó esta competencia de modelos más o menos «bonitos», sino la que le planteó Alejandro Wintón, de Cleveland, cuyo coche alcanzaba una velocidad superior a los 60 Km/h.

Como ya se ha dicho entre 1892 y 1893 construyó Ford su primer coche: 230 kilos de peso, motor montado en el eje trasero, dos cilindros, potencia 4 HP., velocidad máxima 30 kilómetros a la hora.

En 1896 construyó su segundo automóvil: 215 kilos, 40 kilómetros a la hora.

En 1897, el tercero, más perfecto, ligero y rápido. Se iba aproximando Henry Ford a su sueño maravilloso: retar a Winton y ganarle.

Ideó un nuevo motor compacto y lo montó en una carrocería de 200 kilos. Y desafió a Winton. La carrera se desarrolló el 1º de diciembre de 1902 en la pista de Grosse Pointe, próxima a Detroit.

Ante el asombro de miles de técnicos y aficionados, el coche Ford ganó la carrera a «la estremecedora velocidad» de ochenta kilómetros por hora.

Siguió construyendo sus coches sólo con la preocupación de dotarlos de mayor fuerza expansiva. Por ello se lanzó a construir dos coches de carreras a los que llamó La Flecha y 999, equipados con motor de 8 HP.

Con ellos ganó varias carreras y entusiasmó a los aficionados y preocupó a sus competidores. Y ya pudo darse el gustazo de elegir a sus socios, que fueron; Alex Malcolmson, comerciante al por mayor de carbones, los abogados John W. Anderson y Horace H. Rackhem y los seis o siete amigos que le habían ayudado económicamente en los días difíciles.

Quedó fundada la ya mencionada Ford Motor Company, la cual, sin descuidar el muy importante punto de la velocidad, se preocuparía de aplicar esta velocidad a los autos construidos en serie.

PRIMER auto ford

Modelo de coche Ford A-1903. — Primer coche nacido en la recién inaugurada — 1903— Ford Motor Co. Coche calificado de devorador de kilómetros: treinta a la hora, y que permitía a sus viajeros disfrutar de los vientos levantados con fuerza y rebozarse en polvos y lodos. Como este coche nacieron otros 5.000 en 1904, 15.000 en 1906, 25.000 en 1907… Quince años después, coches bastante más rápidos y complicados nacieron en número de 3.500…por día. Anécdota:por un modelo Ford A-1903 en «buen estado» fueron pagados en 1956… ¡quince mil dólares!

Curiosa noticia: los socios de Ford acordaron que éste no tendría que aportar capital alguno, y, sin embargo, recibiría el veinticinco por ciento de las acciones y un sueldo de trescientos dólares al mes como director e ingeniero jefe de la Compañía, cuya presidencia ostentó el poderoso banquero de Detroit John S. Gray.

También resulta curiosa esta otra noticia: que antes de que Ford independizase su fábrica, procurándose las primeras materias y los métodos rápidos de traslado, los primeros seiscientos cincuenta chasis y motores de los coches Ford fueron construidos en los talleres de los hermanos Dodge, quienes advirtiendo la eficacia de la fórmula Ford, decidieron construir motores y chasis por cuenta propia y bajo su marca.

Y yendo de anécdota en anécdota, puede contarse que el coche Ford, que en 1904 costaba mil trescientos dólares, costaba doscientos noventa en 1924.

Y cuando la producción alcanzaba cifras más altas, el costo llegaba a precios más bajos.

En 1910 salieron tres mil coches de la fábrica Ford, y quince mil en 1913, y setenta y cinco mil en 1915, y ¡veintiocho millones en 1940! Y terminada la primera guerra mundial — 1918 —, la baratura y la abundancia de coches Ford — con quien ningún otro constructor europeo podía competir— a punto estuvo de poner en la bancarrota a los más acreditados constructores de Inglaterra, Italia y Francia.

Enemigo tenaz tanto de los sindicatos como de los poderes públicos, Ford firmó — 1914— un contrato con la Unión de los Trabajadores del Automóvil, por el cual se comprometía a salvar las diferencias con sus empleados y operarios por medio de comités integrados por el mismo número de aquéllos y de capitalistas.

Estas radicales medidas de Ford desagradaron decisivamente a la mayoría de sus socios, quienes tampoco aprobaron que Ford subiese los sueldos a sus obreros de dos dólares treinta y cinco centavos a cinco dólares.

Sumamente expeditivo, cada vez más aficionado a no acatar otra voluntad que la suya, Ford compró sus acciones a los principales de sus socios: Couzans, hermanos Dodge, abogados Anderson y Rockhem, herederos de Gray.

Por esta decisión, tomada en el momento más oportuno para sus intereses, Ford se convirtió en uno de los más grandes multimillonarios de Norteamérica, y debe saberse que tuvo que pagar setenta y cinco millones de dólares por acciones que valieron en tiempo de la fundación de la Ford Motor Company sólo veinticinco mil dólares.

Duro, inflexible, tenaz, voluntarioso, decían de él sus competidores «que llevaba su negocio como pudiera llevar la economía de una tienda de pueblo». Durante la guerra mundial 1914-1918, dedicó sus fábricas gigantescas a la fabricación de armamento.

En 1919 nombró presidente y jefe ejecutivo de su Compañía a su hijo Edsel, de gran talento, pero de escasa energía, por lo que Henry, desde la sombra, siguió siendo motor absoluto de la empresa, cuyo capital superó —1940— los dos mil millones de dólares. Muerto Edsel recobró Henry el mandato oficial.

Pero a partir de 1943 la cabeza de este titán de la industria moderna empezó a sufrir caídas alarmantes, caídas que motivaron colapsos en la empresa.

Por lo cual su nieto, Henry Ford II, edición corregida y aumentada, pero más pulida y atemperada a los tiempos actuales, de su abuelo, tomó el mando pleno de la Ford Motor Company.

Claro está que a Henry Ford II le costó más trabajo que eliminar la preponderancia ya senil de su abuelo, la que tenía un exboxeador llamado Harry Bennett, guardaespaldas de Henry Ford I, y su gran consejero durante casi treinta años.

henry ford y su nieto

Henry FordI y Henry Ford II, abuelo y nieto, en 1946. — El abuelo, fundador de la dinastía Ford y de acaso la más popular y fecunda industrialización del automóvil, está subido en un coche Ford modelo 1896. Su sonrisa, un tantico engreidilla, delata la satisfacción que le ocasiona retratarse sobre su criatura mecánica, cumplidora muy terne del medio siglo. Por el contrario, Henry Ford II, «muy de su época», mira con profundo disgusto al que debe considerar como matusalénico «cacharro». La Historia nos enseña que ningún heredero de un reino se sintió identificado con la política de su antecesor, y que procuró modificarla en seguida.

Henry Ford, el creador de la más sensacional empresa de automóviles que haya existido hasta hoy, potentísimo impulsador de varias industrias norteamericanas, murió — 1947— cuando contaba ochenta y cuatro años y su mente llevaba ya mucho tiempo muerta.

Pero, además, Henry Ford fue un escritor muy interesante de obras que comparten temas económicos, sociales y autobiográficos. De ellas han alcanzado gran éxito — traducidas a doce o catorce idiomas — las tituladas My Life and Work — 1922— (Mi vida y mi obra), Today and Tomorrow — 1926— (Hoy y mañana), The International Jew — 1928— (El judío internacional).

Fuente Consultada:Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Ediciones Cadyc – Biografía de Henry Ford

Ver: Decadencia del Imperio Automotriz de Ford

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EL FORDISMO

Mientras que en sus primeros momentos el «proceso de industrialización» fue un fenómeno exclusivamente inglés, se inició luego la industrialización masiva de otras sociedades como Francia, en la primera mitad del siglo XIX y Alemania y Norteamérica en la segunda mitad.

La última fase de este proceso de industrialización se gesta a partir de un cambio en el proceso de trabajo introducido por las experiencias de Henry Ford en su fábrica de autos en Estados Unidos de Norteamérica, generando una nueva forma de organizar la producción y el trabajo.

La introducción del ‘transportador de cinta o de cadena  aseguró la circulación de las  piezas mientras los obreros permanecían quietos en sus puestos de trabajo. Al hacer pasar delante de cada trabajador la pieza principal a la cual debía montarles otras piezas, al final del circuito el producto estaba terminado. Gracias a esta línea de montaje, el ritmo de trabajo era regulado mecánicamente por la velocidad del transportador que pasaba delante de cada obrero.

Los transportadores y la cadena de montaje permitieron relacionar la producción de unas máquinas con otras, reduciendo la necesidad de fuerza de trabajo. El movimiento continuo de los objetos a ensamblar facilitó la producción ininterrumpida de una masa de bienes homogéneos y estandarizados para hacer frente a la demanda.

Al reducirse el tiempo de trabajo utilizado para ensamblar cada unidad de producto, creció la productividad, por lo que fue posible trasladar los beneficios a los consumidores a través de la baja de precios, situación que generó el incremento de la demanda.

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La empresa Ford, además, fue precursora al realizar’ estudios sociológicos sobre los parámetros de vida de sus trabajadores y la simplicancias de los mismos en el proceso de trabajo.

Esto funcionó a modo de «disciplinamiento» de la mano de obra a través de controles realizados por asistentes sociales. Y generó una suerte de «intercambio» con los empleados, quienes, al modificar algunos hábitos de su vida, recibían a cambio aumentos de salario. Estos estudios dieron nacimiento al Departamento de Sociología en la empresa, antecesor del Departamento de Personal.

Las normas de consumo y de vida, se modificaron debido a que se les exigía a los trabajadores cumplir con determinadas pautas, acordes con la nueva situación. El Departamento de Sociología asesoraba a las familias acerca de esas pautas que, en última instancia, eran funcionales con el proceso productivo instalado.

Ford expresó: «La experiencia me ha enseñado mucho en materia de salarios.

Yo creo, en primer lugar, dejando de lado toda otra consideración, que nuestro propio éxito depende en parte de los salarios que nosotros pagamos. Si nosotros repartimos mucho dinero, ese dinero se gasta. Éste enriquece a los comerciantes, a los minoristas, a los fabricantes y a los trabajadores de todo tipo. Esa prosperidad se traduce por un crecimiento de la demanda para nuestros automóviles.[…] Nosotros no hemos cambiado los salarios simplemente porque teníamos ganas de hacerlo y porque podíamos. Si nosotros hemos decidido pagar salarios más altos es para colocar nuestro negocio sobre una base durable. Eso no lo hicimos para repartir regalos, sino para asegurar el porvenir. Una industria con bajos salarios está siempre en peligro».

Asimismo, Ford decía que «así como nosotros adaptamos las máquinas y herramientas en el taller para producir la clase de autos que tenemos diseñados en nuestras mentes, así nosotros hemos construido un sistema educacional en vista a generar el producto humano que tenemos en mente».

Para lograrlo, se realizaba el seguimiento de las pautas de vida de los obreros más allá del ámbito de la fábrica, a través de actividades relacionadas con la formación, como la creación de escuelas; el fomento del deporte; la creación de asociaciones para paliar problemas como el del alcoholismo, que poseía índices sumamente altos en ese momento; el fomento de la construcción de viviendas y los créditos al personal.

Algunos de los resultados observados en los trabajadores de la empresa Ford fueron la disminución del alcoholismo, del ausentismo, del analfabetismo y de la rotación de trabajadores, con un claro incremento de la productividad, aun con reducción de la jornada de trabajo de 9 a 8 horas diarias.

Después de la crisis de 1929, en los Estados Unidos, el Estado asumirá la tarea de asegurar a los trabajadores los distintos beneficios, como educación, recreación, vivienda y salud, que inicialmente, como hemos dicho, estuvieron bajo responsabilidad de la empresa.

El modo de desarrollo fordista tuvo plena vigencia a partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de la década del 70. Desde entonces, el «modelo» fordista entra en una etapa de crisis que perdura hasta la actualidad.

Sin embargo, durante su período de vigencia, el fordismo solucionó uno de los principales problemas del capitalismo: las crisis de sobreproducción o subconsumo.

La generalización de las pautas de consumo masivo de bienes durables y el crecimiento de los salarios reales lograron crear el mercado necesario para la creciente producción masiva de bienes homogéneos, resolviéndose así -al menos en los países desarrollados- el problema de las crisis de subconsumo.

En síntesis, el «círculo virtuoso» generado por el fordismo garantizó a los países industrializados, durante los 30 años de posguerra, el incremento en la producción, la productividad, las tasas de ganancias, la inversión, el empleo y los salarios.

Fuente Consultada:
Economía Las Ideas y los Grandes Procesos Económicos Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Ediciones Cadyc – Biografía de Henry Ford

Biografia de Darwin Charles Teoria de Evolucion Por Seleccion Natural

Biografía de Charles Darwin
Teoría de Evolución Por Seleccion Natural

DARWIN CHARLES, nació en 1809 en Shrewsbury (Inglaterra) en una familia de clase media. Estudió medicina en Edimburgo e interrumpió su carrera de pastor protestante en Cambridge.

Entre 1831 y 1836 realizó un viaje como naturalista a bordo del barco científico Beagle. En esa larga expedición recorrió las islas del Pacífico y varios países sudamericanos: Brasil, Uruguay, la Argentina y Chile. 

Las observaciones realizadas  en el transcurso de su periplo americano fueron sintetizadas en pocos argumentos principales, pero tan poderosos, que resultaron ser los cimientos para la formulación de su Teoría de la Evolución Por Selección Natural, obra publicada con el nombre «Origen de las Especies».

La obra «El origen de las especies», apareció en 1859, y constituye una de las aportaciones más sensacionales a los estudios naturales y biológicos.

Desde luego, sin parangón posible con cualquier otra del siglo XIX. Alrededor de este trabajo y de la teoría aue contenía, se diferenciaron los naturalistas, y en pos de ellos, los grupos políticos y religiosos, en una polémica que, aun en la actualidad, no se halla ventilada.

darwin charles

El más destacado cientifico-naturalista de todos los tiempos,  Darwin, es autor de una teoría de la evolución aún vigente en la actualidad. Expuesta en su obra principal, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), desencadenó una verdadera convulsión en los ambientes científicos de su época.

La infancia de Darwin coincide con la formulación de las primeras hipótesis que, reemprendidas a mediados de siglo, originaron el nacimiento de la biología científica.

Nacido el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, en el Shropshire, fue en quinto hijo dek matrimonio del doctor Roben Waring Darwin. Huérfano de madre a los ocho años, y seguramente debido al trastorno que produce la muerte de una madre con seis hijos, se precipitaron sus estudios primarios.

«Durante el tiempo que fui a esta escuela —escribe el propio Darwin — se desarrolló fuertemente en mí la afición a la historia natural y al coleccionismo. Procuraba encontrar los nombres de las plantas y coleccionaba todas las cosas posibles: conchas, sellos, monedas, minerales.

La pasión por el coleccionismo, que lleva al hombre a convertirse en un sistemático investigador de la naturaleza, en un artista, era muy fuerte en mí y debía de ser innata, dado que ni mi hermano ni mis hermanas la tuvieron nunca.»

Cursó sus primeros estudios en un colegio de la ciudad natal, hasta que en 1825 se trasladó a Edimburgo para seguir la carrera de medicina en esta universidad.

Se sabe por la autobiografía sabemos que, salvo la química, halló todas las materias soberanamente aburridas, que trabó conocimiento con la obra de su abuelo y que en la Plinian Society fundada por el profesor Robert Jameson dio a conocer los primeros trabajos sobre historia natural.

Después de dos años de estudios, convencido de que su hijo era inadecuado para ejercer la profesión médica, el padre de Darwin le envió al Christ’s College de Cambridge para prepararse para el sacerdocio.

Estos estudios no le impedían renunciar a sus cada vez más definidos propósitos de conocer los fenómenos naturales y, una vez comprobada «su fe en los dogmas de la Iglesia de Inglaterra», se matriculó a finales del 1831.

Darwin terminó esta carrera en 1831, sin gran aprovechamiento. Lo que le había interesado en Cambridge eran las lecturas de muchos libros y el conocimiento del botánico John Stevens Henslow. Este le propuso para su actividad futura el estudio de la Geología.

El profesor Henslow (imagen abajo) daba por aquel entonces lecciones de botánica en Cambridge, pero no sólo dominaba la botánica y la zoología, sino que abarcaba también todo cuanto se investigaba en química, mineralogía y geología.

henslow profesor

La amistad y entrega de Darwin para el que fue en realidad su primer maestro fueron absolutas y, por otra parte con el geólogo Adam Sedgwick, se dedicó también a otra materia cuyo olvido le hubiera resultado fatal.

Al lado de la Introducción a las Ciencias Naturales, lo que más vivamente le interesó fueron las descripciones de los viajes de Humboldt.

Por esa época el capitán Fitz-Roy se dedicaba a cartografiar y establecer estaciones cronométricas en las costas de la Patagonia, Tierra del Fuego, Chile y Perú.

Ese mismo año, el almirantazgo había solicitado al botánico J. S. Henslow, destacado maestro de Cambridge, que recomendara un naturalista para la expedición, así que propuso de inmediato a Darwin, su discípulo preferido.

Durante los cinco años que duró la travesía, Darwin mantuvo estrecho contacto con Henslow, ocupado entre tanto de hacerle llegar a su alumno las últimas obras del geólogo inglés Lyell (1797-1875), cuyas investigaciones sugerían que el éxito de una especie próspera podía condenar a otras a la extinción.

En 1831 se inició el viaje en un barco a velas, llamado Beagle, viaje que duró cinco años y medio, en cuyo transcurso Darwin adquirió una experiencia científica poco común. Los datos recogidos fueron publicados en el Diario de un naturalista.

De regreso a Inglaterra, Darwin residió en Cambridge, en Londres; y desde 1842, en Down, pequeña aldea de Kent, donde residió, casi sin interrupción, hasta su muerte. Desde 1837 había nacido en su mente la curiosidad de deducir la causa de la transmutación de las especies.

En la lectura de las obras de Malthus sobre la población halló la norma de su futura teoría: «La lucha por la existencia.» En 1842 escribió un esquema, que transformó en ensayo en 1844.

Después de muchas vacilaciones y consultas, el 1.» de junio de 1858 comunicó a la Linnean Society un estudio sobre la selección natural. El 24 de noviembre de 1859 apareció el libro cuyo título encabeza estas líneas.

Obras posteriores de Darwin fueron: La variación de los animales y de las plantas en domesticidad (1868) y la Descendencia del hombre y selección en relación con el sexo (1871).

Autor también de muchísimos trabajos parciales en defensa de su tesis, estuvo en la brecha hasta su muerte, acaecida el 19 de abril de 1882.

mapa viaje de darwin

Darwin tomó parte en una expedición alrededor del mundo, a borde del «Beagle», capitaneado por Fitzroy. Realizó durante el viaje estudios en las costas de América del Sur, principalmente en Brasil, Chile, Ecuador, e Islas Galápagos, recogiendo materiales que ulteriormente le servirían para su obra Del origen de las especies por vía de selección natural, publicada en 1859. Las ideas contenidas en el Origen de las especies, (aunque no se menciona específicamente al hombre) dio motivo a una controversia, no sólo científica sino también religiosa.

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OBSERVACIONES DE DARWIN EN LAS ISLAS GALÁPAGOS

Los pinzones de Darwin son un grupo de pájaros que se encuentran en las islas Galápagos y que contribuyeran grandemente a ¡a formación de la teoría de la evolución. En esas islas existen pocas aves de otra de otra clase y los pinzones han evolucionado en varias direcciones, de modo que ahora los hay granívoros, frugívoros, insectívoros, etc. Sus picos varían de forma, de acuerdo con le función. Se distinguen varias especies y subespecies. La semejanza general entre ellos sugiere que han evolucionado recientemente, a partir de un antepasado común.

EL VIAJE EN EL BEAGLE: Darwin meditó largamente sobre el material recogido en el transcurso de su célebre viaje.

Cuando quedó convencido de la variabilidad de las especies, según se ha apuntado, especialmente en las islas Galápagos, con mucha habilidad mental relacionó esta variabilidad a la que se observa en los animales domésticos y las plantas cultivadas, donde el hombre crea nuevas especies escogiendo él mismo los progenitores, durante muchas generaciones sucesivas, de especies que poseen un carácter determinado.

Naturalmente, como primera etapa le faltaba precisar cómo esta selección se opera en la naturaleza.

Ahora bien, cuando en 1838 trabó conocimiento con la obra de Malthus On the Principie of Population, publicada en 1798, Darwin concatenó las ideas.

Este curioso economista inglés, según es sabido, demostró que toda población de seres vivientes crece más rápidamente que la cantidad de alimento disponible. Pues bien, Darwin a través del concepto de la concurrencia vital entre los individuos y las especies entreviÓ que dicho fenómeno suponía la supervivencia de los más aptos, esto es, de los que mejor se adaptan a la «lucha por la vida», término con el que resume la concurrencia vital.

Darwin formuló que, en esta variabilidad de especies, determinados caracteres morfológicos o fisiológicos confieren a los individuos que los poseen una ventaja para la lucha existencial.

Estos caracteres, así mismo, se transmiten hereditariamente a sus descendientes. Es, por tanto, la selección natural que en el contexto de la naturaleza desempeña el papel de generador de especies domésticas al practicar la selección artificial.

En suma, durante unos veinte años Darwin recogió pacientemente los elementos de una argumentación ajustada y minuciosa, documentándose en los problemas de los ganaderos y horticultores, efectuando él mismo observaciones sobre varias clases de animales domésticos.

En 1858, o sea un año antes de la publicación de esta obra fundamental, Darwin recibió de otro naturalista inglés que entonces exploraba Malasia, Alfred Russell Wallace, el manuscrito de una memoria en la que se resumían sus propias ideas sobre la variación y la evolución.

Wallace también había viajado por América y Asia y conocía la obra de Malthus. Y fue entonces cuando, siguiendo los consejos del geólogo Lyell y del botánico Hooker, Darwin leyó un resumen de su teoría en una sesión —celebrada el día primero de julio de 1858— de la Linnean Society de Londres, sesión en la cual también se presentó la memoria de Wallace.

El origen de las especies apareció, por fin, en noviembre de 1859. La acogida fue extraordinaria, agotándose en una semana la primera edición.

Darwin había logrado la comprobación de unas hipótesis apoyadas sobre ejemplos concretos, producto de lo que en términos experimentales hoy se denomina una observación directa.

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La importancia de la idea de la selección natural de Darwin reside en la doble acción del proceso selectivo. Cualquier población de animales o plantas se halla expuesta a dos conjuntos de factores que actúan al unísono: el ambiente físico (clima, suelo, etc.) y el ambiente biológico (recursos alimentarios, depredadores, competidores, etc.).

Según Darwin, la adaptación era la clave a la hora de determinar quién podía evolucionar y quién sería dejado atrás.

Aquellos individuos que tuvieran algún rasgo que les diera una ventaja sobre sus competidores (mejor visión, patas más rápidas, mejor camuflaje frente a los depredadores) serían los más capaces de adaptarse a un nuevo ambiente y producir descendientes que heredarían estos rasgos beneficiosos. Pongamos que un período de sequía prolongado hace que un área previamente rica en vegetación se convierta en una sabana herbácea.

Pues bien, los individuos que fueran capaces de resistir las condiciones más secas tendrían más probabilidades de sobrevivir, alcanzar la madurez y reproducirse.

Lo sorprendente es que Darwin comprendió todo esto sin tener ninguna clase de conocimiento acerca de cómo son transmitidos genéticamente los caracteres de una generación a la siguiente.

EL ERROR DE LAMARCK

lamarck teoria de los caracteres adquiridos

Lamarck, que vivió de 1744 a 1829. De acuerdo con ella, si un hombre hace gimnasia intensamente y desarrolla sus músculos, sus hijos tendrán también músculos potentes. En otras palabras, los caracteres adquiridos durante la vida de un individuo pueden ser heredados. Esta teoría recibe, por ello, el nombre de teoría de la herencia de los caracteres adquiridos. Evidentemente, es cierto que los músculos pueden ser desarrollados mediante ciertos ejercicios, pero lo que no está demostrado en absoluto es que estas modificaciones puedan heredarse.

jirafas comiendo

Lemack suponía que el esfuerzo de las jirafas para alcazar la hojas mas altas, hacía que sus cuellos se estirasen unos centímetros, y que luego ese estiramiento era transmitido a sus descendientes. Las ideas de Lamarck fueron criticadas por Weissman, quien posteriormente demostró que los caracteres adquiridos no pueden heredarse. Las células del cuerpo (o somáticas) están completamente separadas de las reproductoras (gametos: óvulos y espermatozoides) y solamente estas últimas transmiten rasgos hereditarios a la generación siguiente.

En realidad según la teoría de Darwin las que tenían el cuello y las patas algo más largos que las otras, podrían alimentarse de hojas de acacia, (las otras se desnutrían) lo que les ayudaría a sobrevivir mejor en las épocas de sequía. Actuó de esta manera la selección natural, que permitió a los mejor adaptados, los más altos, reproducirse.

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SUS ULTIMOS AÑOS: Se ha insinuado que Charles Darwin fue un hipocondriaco. De todos modos, cabe añadir, el trabajo agotador había minado sus fuerzas y la mitad de su obra la llevó a cabo en un estado de salud precario, en ocasiones incluso esperando los intervalos de bienestar.

En enero de 1879 empieza a tener conciencia de una muerte próxima. «Mi trabajo científico —escribe al almirante sir James Sullivan— me fatiga más que de costumbre, pero no tengo otra cosa que hacer y tiene poca importancia el consumirse un año o dos antes.»

Dos años después, la situación es más inquietante: «Ya no puedo salir a pasear —escribe a Wallace— y todo me cansa, hasta el contemplar el paisaje… Qué voy a hacer con los pocos años que me quedan de vida, no lo sé. Lo tengo todo para ser feliz y estar contento, pero la vida se ha hecho muy penosa para mí.»

En efecto, unos meses después, encontrándose en Londres para visitar a su hija, sufrió un desmayo en plena calle. Las lipotimias que se repitieron en los inicios de 1882, en Down, hicieron suponer una angina de pecho.

A partir de este momento empezó a padecer los ataques con mayor frecuencia, siendo inútiles los cuidados que le prodigaron los médicos. Y el día 15 de abril durante la cena sufrió un colapso que volvió a repetirse en el transcurso de la noche del 18 y 19.

Cuando recobró el conocimiento era consciente de la proximidad de su muerte y lo expresó con estas palabras: «No tengo miedo a morir.»

Falleció hacia las cuatro de la tarde del 19 de abril de 1882.

ANTECEDENTES A LA FORMULACIÓN DE LA TEORIA DE DARWIN:

Charles Darwin es el fundador indiscutible de la teoría de la evolución biológica.  El problema del origen de la vida tratado por Huxley y Hacckel, las expediciones por todo el planeta fundamentando la ecología, la aparición de la genética gracias al descubrimiento de las leyes de la herencia formuladas por Mendel y los avances de la paleontología superando las contribuciones de Cuvier, completaron y resumieron la teoría de la evolución biológica sostenida sobre la mera observación de la realidad vegetal y animal.

Con todo, será oportuno recordar como antecedentes a su abuelo Erasmus Darwin, autor de una obra científica, Zoonomía o las leyes de la vida orgánica (entre 1794 y 1796), en la que ya se formulaba la idea de la evolución de la vida, esto es del desarrollo del mundo orgánico.

Asimismo, Buffon, los Natural philosophen y Lamarck lo habían afirmado, desde sus respectivos ángulos, en lo tocante a las especies zoológicas.

El geólogo Charles Lyell, que formó parte del grupo de amigos más íntimos de Darwin, se adelantó concibiendo la geología como una transformación continua de la corteza terrestre y, por tanto, contradiciendo la teoría de las catástrofes de Cuvier hasta entonces admitida.

Y el naturalista viajero Alfred Russell Wallace, publicó en 1858 una monografía titulada Sobre las tendencias de las variedades a separarse indefinidamente del tipo original, que sin duda constituye el antecedente más claro y significativo del evolucionismo; aunque su definitiva instauración, y en consecuencia el núcleo de la morfología biológica, no se produjo hasta 1859 con la publicación de El origen de las especies, la obra capital de Charles Darwin.

Publicación de Darwin: El Origen de las Especies

En 1859 publicó su teoría de la evolución por selección natural. Lo que más molestó de su teoría a muchos profesionales no fue la noción del cambio de las especies, ni la posible descendencia del hombre a partir del mono.

Antes de Darwin la idea de la evolución y los indicios que incluían en ella al hombre ya eran compartidas por filósofos y naturalistas de la época. Pero todos ellos habían considerado la evolución como un proceso dirigido hacia un fin.

Se creía que la «idea» del hombre y de la flora y de la fauna contemporáneas había estado presente, desde la primera creación de la vida, quizá en la mente de Dios.

Así, cada nueva etapa del desarrollo evolutivo era una realización más perfecta de un plan que había existido desde el principio.

En el Origen de las especies, Darwin no reconoció ninguna meta establecida por Dios o por la naturaleza. En lugar de ello, sostuvo que la selección naturaloperando en un medio ambiente dado y con los organismos que tenía a su disposición-, era responsable del surgimiento gradual pero continuo de organismos más complejos y articulados y mucho más especializados.

La creencia en la selección natural, resultado de la competencia entre organismos por la supervivencia (sólo sobreviven «los más aptos»), como productora exclusiva de las plantas, los animales y el hombre, era el aspecto más difícil y molesto de la teoría de Darwin.

Ponía en discusión las convicciones acerca de la Creación y del Plan Divino, y abría un gran interrogante sobre el futuro de la Humanidad.

EL ORIGEN DE LAS ESPECIES: La teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin, presentada en su libro de 1859 titulado El origen de las especies, sustenta el modo como los científicos enfocan, a partir de Darwin, el estudio de los seres vivos. La biología moderna, la antropología y la paleontología se basan todas en la idea de la evolución.

La mayoría de los naturalistas del siglo diecinueve creían que animales y plantas eran inmodificables desde que Dios creó el mundo.

Otros observaban cambios, pero pensaban que un rasgo adquirido en vida podía trasmitirse a la descendencia, como si una yegua con un casco malo diera origen a un potrillo cojo.

A los 20 años, Darwin (1809-1892) emprendió un viaje alrededor del mundo como naturalista a bordo de un barco de reconocimiento inglés. Sus observaciones lo hicieron dudar de ambas teorías.

La idea de que las especies evolucionan por selección natural se llama darwinismo, aunque el propio Darwin reconoció que por los menos otros 20 científicos habían propuesto ideas similares. Al contrario de los otros, Darwin sustentó su teoría con una enorme cantidad de observaciones y datos recopilados en todo el mundo.

Además, el naturalista escribió en un lenguaje sencillo, para que toda la gente pudiera leer El origen de las especies. El libro le trajo fama pero también oposición.

Mucha gente religiosa condenaba cualquier teoría de la vida que no estuviera basada en la intervención divina. Algunos conservadores religiosos se escandalizaron con la noción, sugerida por el darwinismo, de que el hombre evolucionaba como los otros animales.

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ALGO MAS…La idea básica de este libro era que todas las plantas y los animales evolucionaron durante un largo período, a partir de formas anteriores y mas sencillas de vida, principio conocido como la evolución orgánica.

Darwin fue decisivo para explicar cómo funcionaba este proceso natural. Dio el primer paso partiendo de la teoría de la población de Malthus: en todas las especies, «nacen mucho más individuos de cada especie de los que es posible que sobrevivan», lo cual da como resultado una «lucha por la existencia».

Darwin creía que «puesto que se generan más individuos de los que pueden sobrevivir, tiene que haber en todos los casos una lucha por la existencia, ya sea de un individuo con otro de la misma especie, o con individuos de distinta especie, o con las condiciones físicas de la vida».

Los que triunfaron en esta lucha por la existencia se habían adaptado mejor a su ambiente, proceso hecho posible por la aparición de «variantes».

Las variaciones aleatorias que ocurrían en el proceso de la herencia les permitían a algunos organismos ser más adaptables al ambiente que otros, proceso que Darwin llamó selección natural: «Debido a esta lucha [por la existencia], las variaciones, no importa cuan ligeras…, si son en medida alguna provechosas para los individuos de una especie, en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con sus condiciones físicas de vida, tenderán a la preservación de tales individuos y, en general, serán heredadas por la descendencia de éstos.». 

Los seleccionados naturalmente para la supervivencia («supervivencia del más apto») sobrevivían; no así los inadaptados, que se extinguían. Los aptos que sobrevivían, a su vez, propagaban y transmitían en herencia las variaciones que les permitía sobrevivir, hasta que, desde el punto de vista de Darwin, surgía una nueva especie distinta.

Este libro solo trató de especies vegetales y animales. No se aplicó a los seres humanos, hasta un tiempo después cuando habló sobre la teoría de selección natural.

Ver: Darwinismo Social