Poesía «Mientras Esperan»

Biografía de Zola Emile Resumen De Su Vida y Obra Literaria

Biografía de Zola Emile
Resumen De Su Vida y Obra Literaria

En el útimo cuarto del siglo XIX las obras de Emile Zola tuvieron una escepcoional: el público quería efectismo y sensaciones fuertes; el romanticismo acababa de desangrarse en la estética enfermiza del decadentismo, y el realismo era en buena parte incomprendido por la mayoría, que necesitaba una literatura más asequible, periodística por así decirlo, sin sutilezas ni refinamientos, impresionantes frescos, pero pintados con brocha gorda. Zola le entendió y orientó su vocación literaria en función de las tiradas, con una inteligencia del mercado que a nadie se le ocurriría reprochar a un buen comerciante.

Zola nació en París, el 12 de abril de 1840, de padre italiano, ingeniero de caminos, y madre francesa. Cuando el niño tenía siete años se quedó huérfano de padre y la familia vivió años de auténtica miseria en Aix-en-Provence; allí cursó sus estudios, en compañía del pintor Cézanne —cuyo talento no llegó nunca a apreciar—; con él recorría el campo, se bañaba y disfrutaba de los pocos placeres que su precaria situación le permitía. Siempre recordará aquellos años de libertad con emoción.

La necesidad explica el traslado de la familia a París cuando Zola tenía once años; allí estudia en el instituto Saint-Louis, aunque sin brillar: suspende por dos veces los exámenes de bachillerato… a causa de la prueba de lengua francesa. Tendrá que ponerse a trabajar; encontrar un empleo, en la Francia de 1859, no es tarea fácil y tardará más de un año antes de conseguir un puesto de meritorio en la administración de Aduanas.

emile zola

Descubre el mundo de la estupidez y de la mezquindad, del papeleo: se siente Sísifo abocado a una labor estéril y dimite al cabo de dos meses.

En febrero de 1862 entra en la casa Hachette para hacer paquetes; pronto abandona el almacén y se convierte en jefe de publicidad, encargado de la promoción de ventas de los libros de la casa; allí aprenderá su oficio de escritor y el arte de agradar al público o de vender libros.

Teniendo a la vista las estadísticas de venta de los libros de poemas, se decide definitivamente por la prosa; cuando acaba sus Cuentos a Ninon, que luego de visitar varios editores logra publicarlo.

En aquella época, Zola realiza ya una labor considerable: diez horas en Hachette, un artículo semanal para Le Petit Journal, otro quincenal para Le Salut Public de Lyon, por fin una novela (La confesión de Claudio) en la que trabaja cuando puede.

Al precio de esta dedicación de forzado, ha conseguido alejar el fantasma de la miseria; sus dos primeros libros han sido bastante bien acogidos por la crítica. A principios de 1866, decide abandonar su trabajo en Hachette para dedicarse exclusivamente a la literatura.

Piensa especialmente en el teatro, «porque es donde se puede fabricar más dinero». Este comprensible interés pragmático le lleva a aceptar el encargo de Los misterios de Marsella, obra que novela para el gran público los casos más tenebrosos de la capital meridional.

Tarea alimenticia que no le aparta de Teresa Raquin, que llama su «gran estudio psicológico y fisiológico» y que constituye, sin duda alguna, el prolegómeno de los Rougon-Macquart. Ya ha entendido que lo suyo no son las filigranas estilísticas ni los refinamientos arguméntales.

Poco a poco va formándose en su mente una síntesis entre literatura y ciencia, construcción que haría de la obra literaria una obra científica y se beneficiaría así de las garantías de seriedad y autenticidad inherentes a las ciencias.

A la pantalla realista, cuyos productos sólo vienen garantizados por la buena fe o el talento del autor, añadirá un punto de vista desapasionado, externo a la literatura y al propio autor: la objetividad. Sólo faltaba encontrar la teoría científica capaz de generar y respaldar una creación literaria.

Zola tiene treinta años cuando concibe el esquema de los Rougon-Macquart, cuyo subtítulo (Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio) anuncia un programa dilatado y un propósito exhaustivo.

Corren los años 1870: la fiebre por la ciencia afecta a toda la sociedad con carácter epidémico; el progreso, la felicidad, los negocios y el desarrollo serán los primeros frutos de la ciencia. La medicina experimental, la teoría del medio ambiente, la de la evolución de las especies, la herencia, el materialismo histórico; sólo falta la «novela experimental»: tal es la ambición de Zola. De la misma manera que el médico diagnostica primero para poder luego aplicar el remedio adecuado, el novelista será el benefactor de la sociedad si descubre las taras que la corroen; luego, bastará con que los políticos determinen las medidas pertinentes para corregirlas.

caricatura de emile zola

Una caricatura de la época, sobre la novela Nana representada como el nacimiento de Venus.

Durante más de un año, Zola se documenta y prepara el guión de su obra, el árbol genealógico de la familia Rougon-Macquart. Prevé de antemano los rasgos psicológicos de cada personaje aplicando las teorías del doctor Lucas y de Claude Bernard. Los dos primeros volúmenes, La fortuna de los Rougon y La Encarna salen en 1871.

Entre 1871 y 1876, la serie se completa con El vientre de París, La conquista de Plassans, La caída del abate Mouret y Su Excelencia Eugenio Rougon. La crítica se ocupa de estos libros, los discute, los valora; pero el éxito de masas no ha llegado aún.

La gloria, o, al menos, la resonancia multitudinaria, la conseguirá poco después con La taberna, que publicó por entregas en 1876 y en volumen el año siguiente.Esta vez Zola bucea en las zonas más oscuras y repugnantes de la sociedad; es también el primer autor que se atreve a coger a sus personajes en la clase obrera cuando la burguesía preferiría ignorarla.

Con Una página de amor (1878), Zola cambió de registro y decepcionó a sus lectores acostumbrados a platos más fuertes. El círculo familiar que limita el horizonte de esta novela, los buenos sentimientos, con los cuales no se hace buena literatura, componen unas páginas generalmente sosas que no satisfacen ni siquiera a su autor.

 Zola sufre algunas acusaciones de obsenidad por sus publicaciones , pero las aguantó en pie y firme, cargado de razones, esgrimiendo sus buenas intenciones de moralista (como Baudelaire y Flaubert pocos decenios antes); con una mano se defendía y con la otra ya estaba reuniendo materiales para el libro siguiente, Pot-Bouille, quizá el más naturalista de todos porque recurre a todos y cada uno de los tópicos de la escuela; la obra, dilatada, se complace en una galería de retratos cuyo denominador común es la mediocridad y el motor la pasión sufrida con abnegada resignación más que aceptada.

La creciente atención que el tema tratado lleva a Zola a dedicar a los problemas sociales se revela con más claridad en El paraíso de las damas (1883)es evidente que se ha documentado y ha leído a Fourier, a Proudhon, probablemente también a Marx. También se encuentra el mismoafán por el protagonista plural en Germinal. La obra está centrada en torno al mundo de las minas y de los mineros con las primeras huelgas, el hambre, los accidentes, la represión, recibió la misma acogida que La taberna y que Nana.

La saga de los Rougon-Macquart tenía que acabarse. Zola sentía que la vena se iba agotando, y en 1893 publica su última obra.También cabe pensar que, sin confesarlo, empezaba a vislumbrar sus defectos. Las últimas novelas, La obra (1886), La bestia humana (1890), El dinero (1891), La debacle (1892) y El doctor Pascal (1893) añaden escenas sacadas del mismo tintero a la ya larga retahila de aventuras de la familia Rougon-Macquart. La más fuerte de todas, La bestia humana, ofrece un cuadro de la pura animalidad complacida en el asesinato. Dista mucho de ser un drama moral, sino que resulta de la descomposición de los valores humanos.

En medio de esta serie negra, cabe señalar El sueño (1888), que recurre al registro de la delicadeza con la misma torpeza patentizada en La caída del abate Mouret y en Una página de amor. Aquel mismo año, Zola conoció a Jeanne Rozerot; aunque se llevan veintiocho años, le dará los dos hijos que su mujer reconocerá después de su muerte. Aventura discreta y única del casto y ordenado escritor.

Por otra parte, no cabe duda de que el gran asunto de los últimos años de su vida fue el proceso Dreyfus. Sabido es que, en 1894, fue detenido, por supuesto espionaje a favor de Alemania, el capitán Dreyfus, de raza judía, y posteriormente degradado y condenado a perpetuo destierro a finales del mismo año.

La ola de nacionalismo antes aludida, el espíritu revanchista, y, pronto, la postura de los diversos partidos políticos, explican este asunto poco claro, que bien pudo ser una prenda sacrificada al país por el gobierno para galvanizar a exaltados y distraerlos así de otros temas de preocupación; también pudo ser un mero fruto de la «espionitis» que diezmaba entonces las filas del ejército. En cualquier caso, pronto se hizo patente que el capitán Dreyfus había sido condenado sin verdaderas pruebas de su culpabilidad y la opinión pública se emocionó.

El golpe contra esta injusticia lo asestará con un largo artículo, presentado como carta abierta dirigida al presidente de la república, Félix Faure, y para el cual Clémenceau le ha dado un título que causará impacto: Yo acuso (13 de enero de 1898).

De esta manera  «la verdad está en marcha; nada la podrá detener». En efecto, se suicidan los principales testigos de la acusación y Dreyfus es puesto en libertad.

Es un día de victoria para el escritor que fue uno de los principales artífices de la campaña en favor del militar judío; y, como todo es aprovechable, el tercero de Los cuatro Evangelios, Verdad, traspone el asunto en una complejísima novela de laboriosa elaboración. Pero la justicia no está satisfecha: aunque en libertad, Dreyfus no ha sido rehabilitado todavía.

El cuarto evangelio, Justicia, quedará inacabado.

El 29 de septiembre de 1902, Zola se instala con su mujer en un piso de París para pasar el invierno. Durante la noche, el óxido de carbono de la calefacción le asfixiará, quedando su esposa en grave estado. Él ha muerto; no verá la rehabilitación de Dreyfus en 1906, ni oirá las controvertidas opiniones que el traslado de sus restos al Panthéon suscitaría, en 1908, en la opinión pública.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Emile Zola “El Maestro del Naturalismo Francés” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Flaubert Gustave Escritor Resumen de su Obra Literaria

Biografía de Flaubert Gustave Escritor
Resumen de su Obra Literaria

Gustavo Flaubert fue un escritor francés (Ruán 1821-Croisset, cerca de Ruán 1880). La vida de Gustave Flaubert es la de un artista dedicado de lleno a perfeccionar su arte. Hijo de un cirujano, siendo niño, en 1836, conoció a Elise Foucault, objeto de la gran e insatisfecha pasión de su vida, que le inspiró La educación sentimental.

En 1840 se trasladó a París a estudiar derecho, pero descuidó los estudios para vivir en el mundo de las letras.Es considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su novela «Madame Bovary», y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuyo mejor ejemplo fue su interminable búsqueda de le mot juste (la palabra exacta).

biografia de gustavo flaubert

Su padre, Achille Cléophas, era cirujano jefe en el hospital de Ruán cuando, el 12 de diciembre de 1821, nació Gustave, su quinto hijo. Después nacerá Caroline, la hermana menor tan querida; exceptuando a Achille, el mayor, los demás hermanos del escritor morirán muy pronto.

La infancia de Flaubert transcurre en Normandía, en el pueblo de Dévilleles-Ruen, donde su padre ha comprado una casita y donde pasó años felice, hasta que las reglas del colegio real le complicó su tranquilidad infantil. Niño nervioso y enfermizo, pronto sufrirá los primeros ataques de epilepsia; sin embargo, sus estudios se desarrollan normalmente.

 En 1836 —tiene, pues, quince años— conoce en la playa a Elisa Foucauld, la esposa del editor Schlesinger, que tiene once años más que él y por quien siente una pasión arrolladura que los años no calmarán. La señora Schlesinger será el modelo de la señora Arnoux de La educación sentimental, escrita veintiocho años más tarde.

Ya tiene en cartera varias obras; un drama, Luis XI y muchas narraciones cortas, de valor desigual, aunque interesan porque muchas de ellas anuncian las obras futuras: son Sueño de infierno, Pasión y virtud, Las memorias de un loco, Smahr. Todas rezuman tristeza y pesimismo, sentimientos normales en un joven de nervios frágiles, de gustos fácilmente morbosos (gustaba de presenciar la disección de cadáveres en Ruán); una síntesis angustiosa de Fausto y Don Quijote, las dos obras que más le habían impresionado y que mejor le retratan.

A partir de julio de 1846, Flaubert inicia relaciones amorosas con Louise Colet, con quien intercambiará, a lo largo de los años, de las riñas y de las reconciliaciones, una copiosa correspondencia particularmente reveladora. En vísperas de la revolución de 1848, que presenciará, la actividad de Flaubert se reparte entre varias estancias en París, un viaje por la Turena y Bretaña, relatado en Por los campos y las playas, obra redactada en colaboración con Máxime Du Camp, pero que no se publicaría, y los primeros esbozos para la primera versión de La tentación de san Antonio.

El 4 de noviembre embarcan en Marsella y llegan a El Cairo a finales del mes. La Correspondencia recoge un gran número de cartas dirigidas a la madre del autor y a Bouilhet principalmente, que relatan este largo viaje. Las cartas escritas durante aquel período feliz revelan un Flaubert insospechado, campechano y burlón, rabelesiano en lo sensual y pagano en lo espiritual que en las obras posteriores perdería voz y voto.

Si se acepta que La educación sentimental es una obra de profundas raíces autobiográficas, cabe pensar que el viaje debía servir para distraer al autor de su pasión por la señora Schlesinger, aunque también se ha de decir que no sirvió.

Vuelve a Francia y presencia el golpe de Estado de Napoleón III, el 2 de diciembre de 1851. En septiembre, en Croisset, había empezado Madame Bovary, que acabará en 1856; en el ínterin, riñó un par de veces con Louise Colet, «la Musa», se escribe con Víctor Hugo y con la familia Schlesinger que, arruinada, vive ahora en Badén, y se enamora, por poco tiempo, de la actriz Beatrix Person. Entre enero de este año y el momento de la publicacación había tenido lugar el caso Bovary. Convocado por el juez instructor, Flaubert había tenido que prestar declaración sobre los supuestos pasajes obscenos de su obra. Pero se le absolverá de toda acusación y se beneficiará de esta campaña gratuita.

madame bobary de flaubert libro

«Madame Bobary es considerada una de las mejores novelas de todos los tiempos,  narra la oscura tragedia de Emma Bovary, mujer infelizmente casada, cuyos sueños choca cruelmente con la realidad. La publicación de esta obra en 1857 fue recibida con gran polémica y se procesó a Flaubert por atentar contra la moral. A través del personaje de Madame Bovary, el autor rompe con todas las convenciones morales y literarias de la Burguesía del siglo XIX, tal vez porque nadie antes se había atrevido a presentar un prototipo de heroína de ficción rebelde y tan poco resignada al destino. Hoy existe el término «bovarismo» para aludir aquel cambio del prototipo de la mujer idealizada que difundió el romanticismo, negándole sus derechos a la pasión. Ella actúa de acuerdo a la pasión y necesidad que siente su corazón de avanzar en la búsqueda de su felicidad, pasando por los ideales establecidos para la mujer en esa época. Rompe con el denominado encasillamiento en que la mayoría de las mujeres estaban sometidas.»

Una lectura algo más mal intencionada permite interpretar el personaje de Emma Bovary no como culpable de los desmanes pasionales relatados, sino como víctima de una sutil y poderosa maquinación, de una irresistible conspiración tramada por el poder y destinada a intoxicar las mentes vírgenes o débiles con los fantasmas que llevan a Emma al tedio, a la desesperación y por fin a la muerte.

Después de la publicación de Madame Bovary, Flaubert se conformó con la sociedad en la que le había tocado vivir entregándose, valga la expresión, a la vida de salón. Frecuenta a los literatos, a las cortesanas de moda (entre ellas a la «presidenta» Sabatier, la egeria de Baudelaire) y empieza a escribir Salambó, obra que se elabora en París y Croisset, en medio de achaques de salud y después de un viaje de documentación por Túnez; la obra se publica en noviembre de 1862.

En 1863 empieza el período que se ha dado en llamar «mundano». Flaubert cena en casa de la princesa Matilde, se cartea con George Sand, asiste a las fiestas de la corte imperial. Al tiempo que empieza la redacción de La educación sentimental, se le hace Caballero de la Legión de Honor (1866). Encuentra a Elisa Schlesinger en 1867 y acaba el libro en 1869. Si se compara con la capacidad de un Hugo, la producción de Flaubert se elabora muy lentamente.

Ello tiene varias explicaciones, entre las cuales se ha de descartar la vida disipada del mundano arribista. La mayoría de las obras de Flaubert se escriben a paso de buey de labranza; en primer lugar porque la meticulosa reunión de los materiales que precede cualquier esbozo lleva su tiempo.

En segundo lugar porque entre el momento en que empieza a escribir y el momento en que entrega el manuscrito al editor redacta varias versiones de cada página, de cada frase (no olvidemos que dos de sus libros, La tentación de san Antonio y La educación sentimental los ha repetido íntegramente); corrige incansablemente, y vocifera las frases en una habitación reservada para tal fin que llama su «desgañitadero», hasta darse por satisfecho con el estilo. También se ha de tener en cuenta su estado de salud y las preocupaciones familiares.

Durante los años 1870-1871, sufre varios ataques, trabaja en colaboración con Bouilhet y corrige La tentación de san Antonio, que acaba en 1872. Esta vez, la empresa es más ambiciosa, si cabe, que las anteriores. El tema, sacado al parecer de una obra de Edgar Quinet, y por el que emerge, una vez más, el mito de Fausto, persigue a Flaubert desde su juventud. Flaubert decía que aquél era «el libro de mi vida»; de hecho podría ser también el libro de la vida, el que contesta a la pregunta ¿qué se opone a la libertad del hombre?.

La publicación de este último libro, en 1874, coincide con las graves preocupaciones económicas que aquejan al sobrino del autor, Commanville, y que aquél intenta aliviar con su trabajo, y la venta de sus bienes. En septiembre de 1875, empieza Tres cuentos (La leyenda de San Julián el hospitalario, Un corazón sencillo y Herodías), obra que se publicará en abril de 1877. A pesar de la disparidad de los temas, y de las exigencias peculiares de la narración corta, el estilo soberbio y sencillo a la vez de Flaubert se manifiesta aquí como en las obras anteriores.

La época de los Tres cuentos es, para Flaubert, gris y triste. Su salud deja cada vez más que desear y está arruinado. Louise Colet ha muerto, George Sand también. Es un hombre sólo y aislado que trabaja, en Croisset, en la última de sus obras, Bouvard y Pécuchet, que había empezado en 1874 y que no se publicará hasta después de su muerte. Para ninguna de sus obras anteriores Flaubert llegó a devorar la cantidad de libros que consultó para la documentación del último: ¡Se habla de más de dos mil!.

Flaubert tenía mucho que decir y escribió pocas novelas. En la última quería por fin «descargar todo su odio, sus rencores, dar rienda suelta a su ira…» No lo hizo. Y murió, apoplético, el 8 de mayo de 1880.

Flaubert lleva a la perfección la novela realista y logra la más completa armonía entre el arte y la realidad. Para él, la verdad y la belleza van unidas; por ello pone tanto cuidado en la sintaxis y en la elección del vocabulario y concede tanta importancia a la estructura.

En su obra literaria, no muy extensa, Flaubert aspira a la creación de un conjunto armónico, a la elaboración de todo un entramado simbólico que une a los distintos personajes.

La sensibilidad de Flaubert llega a caer en el sentimentalismo, y en esos momentos se entrega al deísmo y a vagos sentimientos rousseaunianos envueltos en oratoria; pero cuando se recupera de estos desvíos la obra de Flaubert, laborada con un ansia de perfección y un esfuerzo casi dolorosos, es una maravilla de armonía y de realidad.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Gustave Flaubert “El Modelo de la Novela Contemporánea” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

 

 

Poesias sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Autora

Poesías Sobre Guerra de Malvinas

Islas Malvinas en suspenso diplomático.

 MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

 En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

 El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

 Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

 Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

 

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

 Pero es en vano
Las dos islas ¡ pobres¡
no pueden ser libradas.

 

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

 En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

  Martha Dora Arias 1989

Poesia Sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poesía Sobre Guerra de Malvinas

    A las islas Malvinas, vestidas de paciencia celeste y blanca.   

MIENTRAS ESPERAN                                                         

                                                     Martha Dora Arias 1984 

En medio del mar
lejos y escondidas
golpeadas por olas
y brisas marinas
históricas islas
esperan su turno
envueltas en bruma,
solas y perdidas. 

 Y mientras esperan
le cuentan al viento
al faro prendido
al sol y  la lluvia
a la luna llena
y a las Tres Marías
y  al avión lejano
que ruge en el cielo
y al barco que pasa
entre las toninas…
le cuentan le cuentan
le siguen contando
que son argentinas
que son argentinas.

    Martha Dora Arias 1984 

Poema a la Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poema a la Guerra de Malvinas de Martha Arias
Recuerdo a las Malvinas

soldado de Malvinas

AL 2 DE ABRIL DE 1982

                                     Martha Dora Arias – 1983      

Ganar una guerra no exige tan solo ser dueño de aviones, naves y estrategias
o lanzar modernos misiles cargados
de espesa y oscura violencia.

Ganar una guerra no es atar las manos de un país tranquilo
que su trigo siembra
ni es bloquear los mares – coartando derechos de otras banderas-
que, rompiendo vientos,
viajan o comercian.

 Imponer colonias no es ganar la guerra pero es atropello que aviva trincheras
y templa el espíritu del pueblo argentino
dispuesto y confiado para la pelea.

Ganar una guerra no es mostrar al mundo bagaje de orgullo
y de ruin soberbia,
ni es la indiferencia por la diplomacia camino del triunfo
para los imperios que usurpan las tierras.

 Programar boicot  no es ganar la guerra pero es el estímulo
de Latinoamérica
que aprieta sus manos en un lazo fuerte  de unión verdadera.

 Arrasar convenios, romper los tratados y burlar acuerdos
no es ganar la guerra
pero son certeros  disparos que agobian
la espalda del país que reza.

 Metrallar de lleno naves hospitales
y hundir sin entrañas barcazas pesqueras
es luto gratuito como el de los kelpers
– hermanos perdidos de raza –
que allá en las Malvinas hace un siglo esperan.

 Disfrazar con saña de hospital los barcos
y vestir con rojas cruces al Canberra…
la acción más mezquina, cobarde, inhumana.
Más cosas requiere ganar una guerra.

Es indispensable la Luz que ilumine y aliente en las almas coraje y cautela.
La Luz que salpique fe valor mesura, la Luz que derrame paciencia
para que Argentina, desvalorizada por la flema inglesa,
en paz y en justicia doblegue las trenzas
de la nación rubia, pasional y altiva llamada Inglaterra.

 Y si así no fuere, y si así no fuere… que Dios y la historia juzguen a Bretaña
y al aliado fiel, por los disvalores que guiaron su guerra.

Martha Dora Arias – 1983   

Poemas Sobre Guerra de Malvinas Martha Arias Recuerdo a las Malvinas

Poemas Sobre Guerra de Malvinas

Al día en que los soldados argentinos izaron en las  islas Malvinas, la celeste y blanca. 

                             DESEMBARCO EN MALVINAS.                                        

                                                              Martha Dora Arias, abril de 1992 

No es historia. Es hoy, es hoy que gritan

al mundo del oriente y occidente

que vuelven a ser Patria.

 

¿Quiénes gritan?

Dos islas argentinas: las Malvinas.

 

¿Qué expresa ese grito tan potente

que osó cruzar océanos, montañas

y remover conciencias y razones

de otras tierras extrañas?

 

Ese grito de abril, tan argentino,

tan lleno de paciencia – Dios lo sabe –

tan viejo y repetido

como el vuelo del ave

 

Ese grito sentido que hoy explota

en los pechos de jóvenes soldados

 y se hace voz de canto

en nuestros niños

y lamento de honor

en los ancianos

 

expresa vivamente que la Patria,

en su adultez sin prisa

y en su soberanía,

se afianza con firmeza

después de dar bandera a las Malvinas.

¿De dar bandera?     Pero ¿qué bandera?

La de Manuel Belgrano,

la argentina.

Martha Dora Arias, abril de 1992 

Ver: Poema de Martha Arias Sobre el Árbol

Paradojas del Sur Quinquela y el Riachuelo Martha Arias Marta

Paradojas del Sur Quinquela y el Riachuelo
Libro de Martha Arias Marta

EL ARTE DE QUINOUELA MARTÍN: Ante los cuadros de Quinquela Martín se experimenta una fuerte sensación de virilidad, de hombría agreste, que reconforta, que tonifica en los actuales tiempos de amaneramientos y comercialismo. Viendo los barcos, tristes barcos de trabajo, que pinta este pintor tan encerrado en sí mismo, contemplando los cielos y las aguas que traslada a la tela, se piensa involuntariamente en los trabajos que vemos todos los días en exposiciones y estudios, y hay que sonreír porque se recuerdan las fatigas que ciertos artistas (esta palabra habría que ponerla entre comillas) se dan para pintar las medias de muselina, los terciopelos, el brillar de las uñas, de una de las tantas mujeres, en salsa verde, que se nos depara como exponente de un refinamiento artístico que, por fortuna, no corresponde a nuestra cualidad de pueblo joven, un poco indio todavía.

pintura de quinquela martin

Comparar el arte de Quinquela Martín con el de tantos pintores insustanciales que se adocenan en busca de un exquisitísimo que tiene mucho de incapacidad y mucho de feminismo neurótico, es pretender establecer parangón entre la belleza salvaje de las cataratas del Iguazú y la muda caída de agua filtrada de una gruta de plaza edilicia. Sus cuadros hacen pensar en Augusto Rodin y en Emilio Zola, porque ellos nos hablan con el lenguaje intenso, algo bárbaro, con que sólo se interpretan los motivos fuertes, de músculo y de acero.

Como Rodin, no se detiene en el detalle ínfimo de la ateriola imprecisa; como Zola va a buscar su musa en los rincones sombríos, donde el tiempo y la pobreza pusieron su sello de aplastamiento e inmovilidad. Quinquela Martín saca de esos sitios en que nadie ve belleza tales efectos de luz y de sombra, de grandiosidad y de amplitud con tal simplicidad de procedimientos, con una técnica tan sencilla, que nos hace creer que hasta ese momento todos, inclusive algunos pintores, hemos tenido una venda sobre los ojos y un bloque de hielo sobre el alma.

Y lo que es más asombroso en «el carbonero» -como lo llaman aún en toda La Boca en recuerdo de su antiguo oficio- es que sus cuadros son fruto de la labor de una o dos horas; de una tarde cuando más; muy rara vez necesita dos sesiones para pintar uno de sus grandes cuadros. Otra de las virtudes de Quinquela Martín es el derroche que hace de pintura; cada una de su pinceladas significa la merma de medio pomo de color.

En ocasiones, los pinceles no le son suficientes y entonces usa la espátula para extender el color sobre el cuadro. La flexible lámina de acero se desliza dúctil y sumisa por el cartón y va dejando informes masas de pintura que a veces alcanzan a un centímetro de espesor.

J. Marchese (Fray Mocho, 1918)

La Oracion del Hijo – Martha Dora Arias

La Oración del Hijo – Martha Dora Arias

Diosito, hacé que mis padres lean esta carta.

Papa, mamá :

Cuando les pregunte o les cuente algo, no me respondan siempre «estoy ocupado» o «decímelo más tarde», necesito que me ayuden a elegir las formas y los valores con los que me moveré en la vida.

No pretendan sacarme del paso prometiéndome lo que no podrán cumplir porque la falta de palabra me volverá incrédulo y desconfiado.

No peleen ni griten en casa, sé que tienen muchos problemas para resolver y por eso les pido que razonen con tranquilidad , así no sufro, no me asusto, ni me altero pensando situaciones que yo aún no puedo solucionar.

No me enseñen a odiar ni a envidiar a la gente; traten de hacerme conocer la felicidad pues la vida misma con sus idas y vueltas, marchas y contramarchas, se encargará de ofrecerme su cuota de frustración y desaliento.

Ayúdenme a crecer en la sensibilidad, no quiero ser una computadora humana que gasta la vida calculando tener cosas, olvidándose de disfrutar, de sentir y amar; a los que piensan sólo en tener se les endurece el corazón y pierden el sentido de la realidad que los envuelve.

Enséñenme a ser solidario y a defender la vida; bien saben que nací en tiempos de agresión y violencia, de misiles y guerras bacteriológicas, de alcohol, contaminación y drogas, de sida y depredación; necesito confrontar la muerte con los brotes de las semillas y el crecimiento de los árboles y la multiplicación natural de los seres vivientes.

Traten de educarme en la solidaridad; creo que los partidarios de la verdad, la justicia y la naturaleza, si nos unimos, podremos defendernos de los insensibles que destruyen el país y el planeta, sin pensar en las consecuencias generacionales.

Nunca me mientan porque si lo hacen yo aprenderé a mentir; escuché decir que el mentiroso es capaz de cualquier delito y sé que les daría dolor y vergüenza tener un hijo ladrón, farsante o traicionero.

Les pido que sean justos conmigo y mis hermanos; soy chico pero me doy cuenta si obran con justicia y, esa justicia que practican, es lo que despierta mi respeto, admiración y confianza.

Jueguen jueguen conmigo, quiero compartir mi alegría y gastar con ustedes la energía de mis cortos años; si lo hacen, nadie ni nada podrá borrar de mi mundo interno las huellas generosas del afecto.

Cuéntenme un cuento todas las veces que puedan, preciso viajar por el mundo de la fantasía; seguramente las historias me ayudarán a comunicarme mejor y a despertar mi sensibilidad para percibir la dimensión del cosmos.

Cuando hago mis tareas escolares no se desentiendan diciéndome que no saben , que no entienden; una sola palabra de ustedes, un gesto oportuno, alcanzarán para alentarme y clarificar mis problemas.

Acérquense a la escuela y escuchen a mi maestra y si ven que presento dificultades, ayúdenme a sortearlas con coherencia; lo que más daño hace a mi personalidad son los dobles mensajes y las actitudes soberbias; creo que la señorita desea para mí lo mismo que ustedes, con todo el corazón.

Papá , mamá… sé que no son sabios ni adivinos y que éste es un tiempo muy difícil para los adultos que deben educar. Sin embargo estoy seguro que ustedes me aman y que por mi feliz y sano crecimiento, administrarán con respeto los necesarios sí y no, que orientarán la existencia de mis años primeros.

Gracias por darme la vida. Los quiero hasta el cielo.

Por Martha Dora Arias 

 

 

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