Monte Athos

Cordillera Ruwenzori Geografia, Lagos, Montañas y Flora

Ubicación de la Cordillera Ruwenzori
Geografía, Lagos, Montañas y Flora

Las zonas de fractura más grandes de la corteza terrestre se hallan al este del África ecuatorial. Se encuentran enormes lagos sobre las más altas montañas africanas, que son, entre otros, el Ruwenzori con sus diferentes franjas de vegetación, el Kenia y el Kilimanjaro, cima ésta la más alta y célebre del continente africano.

Esta cordillera está ubicada en  África central situada en el Gran Rift Valley, en la frontera entre Uganda y la República Democrática del Congo, entre el lago Alberto y el lago Eduardo.

La cadena Ruwenzori fue visitada en 1889 por la expedición del explorador de origen británico sir Henry Morton Stanley, y los principales picos fueron explorados en 1906 por la expedición del italiano Luis Amadeo de Saboya, duque de los Abruzos. Son varias las cimas que superan los 4.877 m de altitud, pero la más elevada es la del monte Margherita, con 5.119 m.

La mitad oriental del África ecuatorial y tropical está ocupada por una meseta que no solamente es la más alta del continente, sino una de las más destacables del mundo. Esta meseta corresponde a la zona de fractura del África oriental, zona que se extiende de norte a sur en una longitud de aproximadamente seis mil kilómetros y es, por lo tanto, una de las más importantes del mundo.

Partiendo del lago Niasa, en el sur, se la puede seguir en dirección al mar Rojo, y desde aquí a lo largo del mar Muerto en Jordania y de la depresión de Bekan en el Líbano hasta aproximadamente los 37° de latitud norte.

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Tolomeo tenía conocimiento de esta meseta y también del este de África. En el mapa de África que construyó, situó las fuentes del Nilo poco más o menos en el lugar en que en realidad se encuentran. Representó esta zona como formada por lagos y altas montañas.

Al norte del lago Niasa la zona se divide en dos ramificaciones: la occidental y la oriental. La rama oeste pasa por el lago Tanganica, los lagos Kivu, Eduardo y Alberto, mientras la otra lo hace por el lago Natrón y Rodolfo. Entre estas dos ramificaciones se halla si lago Victoria.

Este lago merece el título de mar interior, ya que su superficie alcanza los 66.260 km2, es decir, más del doble que la de Bélgica. Después del lago Superior de América del Norte, el lago Victoria constituye la mayor reserva de agua del mundo.

En general, los lagos de África oriental, al estar formados en barrancos, son muy profundos; se exceptúa el lago Victoria, cuya máxima profundidad es de 81 m. El lago Tanganica, por ejemplo, llega a alcanzar, en algunos lugares, una profundidad de hasta 1.400 metros.

Entre estos lagos se alzan los picos más altos del continente africano. La inmensa mayoría son de origen volcánico y el resultado de corrimientos y de movimientos geológicos. Algunos son tan famosos como los lagos en los que se reflejan. Basta pensar en el Ruwenzori, que se eleva, en la parte occidental de la fractura, hasta los 5.125 metros.

El Ruwenzori, ubicada a caballo sobre la frontera entre el Congo (Leopoldville) y Uganda, es en realidad un macizo rodeado de numerosas cimas. Las de mayor importancia son los picos Margarita, de 5.125 metros;  Alejandro,  de  5.105,  y Alberto, de 5.100 m, y que cuentan entre los más elevados de África.

Varias expediciones se han propuesto vencer estos picos, pero no siempre con resultados totalmente satisfactorios. En efecto, a pesar de que estos picos se encuentren en África ecuatorial, están recubiertos de nieve y de glaciares. Sin embargo, algunas expediciones han conseguido su objetivo; por ejemplo, el equipo belga dirigido por Grunne.

A los miembros de esta expedición les chocó enormemente la gran diversidad de la flora según la altitud que iban alcanzando. Al pie de la montaña se encontraban en plena selva tropical; a partir de los 2000 m, límite de la zona habitada, la vegetación se hace muy particular, se hallan grandes cantidades de heléchos gigantes. En las zonas en que sobrepasan, más o menos, los 2.300 m aparecen los bosques de bambú, algunos de los cuales llegan a sobrepasar los 30 m de altura.

Siguiendo la ascensión se va a parar a un medio bastante extraño: por todas partes crece un musgo muy espeso en el que uno se hunde profundamente. Esta verde alfombra está adornada, toda ella, por exóticas flores.

La flora alpina, que domina a partir de los 3.000 m, comprende el brezo arborescente, la orquídea, mientras que las zonas más elevadas están cubiertas por musgos y liqúenes. A partir de los 4.500 m comienzan las nieves eternas.

Es fácil comprender que una escalada en un medio de este tipo no puede hacerse en una jornada; además, claramente se advierte que sólo alpinistas experimentados pueden ser capaces de llevarla a buen fin. Sin embargo, aunque la cima no está a su alcance, el turista puede lograr alcanzar una altura de varios miles de metros. Al pie del Ruwenzori existe un confortable hotel que se construyó durante la administración belga.

Si el Ruwenzori forma parte de la fractura centroafricana a la que también pertenecen los lagos de la frontera oriental del Congo, los más altos picos de África se encuentran al borde de la fractura oriental que comprende, entre otros, los volcanes de Kenia y Kilimanjaro.

El monte Kenia, con una altura de 5.194 m, constituye un macizo similar al Ruwenzori. Se eleva por encima de la meseta de Leikipia, que ya tiene una altura de 2.000 m. Alrededor del cráter, cuya circunferencia alcanza unos cuatro kilómetros, se encuentran varios glaciares, algunos de los cuales alcanzan una longitud de 1.500 metros.

El volcán de Kenia no es la única elevación de la zona de fractura del este africano; existen otras cimas como la de Elgon; hay también varios lagos como el de Baringo, el Rodolfo, el Estefanía y el Naiwacha. Más hacia el sur, un poco más allá de la frontera de Tanzania, se alza el Kilimanjaro, que con sus 6.010 m constituye la mayor elevación de África. En swahili, Kilimanjaro significa «montaña brillante».

El Kilimanjaro no forma parte de un macizo ni de una cordillera, sino que se yergue, como un gigante solitario, sobre un paisaje de estepa. Se trata de un volcán que, de hecho, posee dos cimas: el Kibo, la mayor, con 6.610 m, y la de Mawenzi, con 5.235. Ambas están unidas por una cresta de rocas volcánicas.

Este gigante africano no fue descubierto hasta el año 1848 por el misionero alemán Johannes Rebman. Se conquistó por primera vez, al menos el pico de Kibo, en 1889 por el naturalista alemán Hans Meyer. Nueve años más tarde, Meyer repitió su hazaña y conquistó de nuevo el Kibo y más tarde el Mawenzi.

La ascensión al Kilimanjaro no entraña grandes dificultades. Con periodicidad son organizadas expediciones que alcanzan la cima generalmente en unos tres días. Algunas personas han efectuado la ascensión docenas de veces.

El Kilimanjaro es una de las montañas más conocidas del mundo, en gran parte quizá debido a la novela de Ernest Hemingway Las nieves del Kilimanjaro. Al pie del gigante, que ocupa una superficie de 450 km2, se encuentra una de las zonas de África de mayor riqueza en fauna. Se han creado reservas naturales, siendo una de las más importantes el Parque Ambolesi-Masai.

El Kilimanjaro también desempeña un papel sobresaliente en la vida de los indígenas; son numerosos los que le atribuyen poderes sobrenaturales. Otro gigante africano, el Meru, con sus 4.563 m, está separado del Kilimanjaro solamente por unos cuarenta kilómetros ; la vecindad del gigante le resta importancia.

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El Tibet Agricultura y Ganadería e Historia Política

LA VIDA EN EL TIBET
Revolución Tibetana

Tíbet, situado a una altura media de 5.000 m, es verdaderamente «el techo del mundo» y la región mas aislada del planeta. El clima es continental, y el país, muy poco hospitalario. Sólo los valles del sur pueden ser cultivados. Tíbet, que está actualmente en manos comunistas, era hasta hace poco una teocracia dirigida  por religiosos.

Era una antigua nación asiática independiente y actual región administrativa de China, situada en la región suroeste del país. Oficialmente se denomina Región Autónoma del Tíbet, y está limitada al norte por la región autónoma uigur del Xinjiang y la provincia de Qinghai, al este por las provincias de Sichuan y Yunnan, al sur por Myanmar, India, Bután y Nepal, y al oeste por la India.

La elevada meseta tibetana se pierde en el corazón del continente asiático. La llaman «el techo del mundo». Ciertos geógrafos la consideran una meseta cuya superficie es aproximadamente la mitad de la de la Rusia europea. Otros la consideran una región montañosa formada por docenas de cordilleras que corren de oeste a este.

Tíbet está circundado por un cinturón de altas montañas: al norte, los montes Kuen-Lun y Altyn-tag; al sur, la cordillera del Himalaya, y al suroeste, los montes Karakorum. El propio país tiene una altura media superior a los 5.000 m, o sea que está a mayor altura que el Mont-Blanc, la cumbre más alta de los Alpes.

El clima de Tíbet es continental: en invierno el frío es muy vivo, y los veranos, muy secos. La vegetación es tan pobre que podríamos decir que Tíbet es un desierto frío. A despecho de lo poco hospitalario de la naturaleza, Tíbet está más poblado de lo que uno podría pensar: la meseta tibetana alberga de seis millones a siete millones de habitantes.

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La mayoría de ellos son tibetanos, aunque hay también mongoles en el norte. La verdad es que resulta difícil diferenciar a los dos grupos, pues ambos pertenecen al tipo mongol.

Es evidente que el medio geográfico ha ejercido gran influencia sobre la población, que durante siglos ha vivido separada del resto del mundo.  Por otra parte,  la mayoría de los tibetanos viven todavía en condiciones relativamente primitivas.

Las casas tienen generalmente un piso de altura, en donde vive la familia, mientras que la planta baja se destina a los animales domésticos, cerdos y perros, que viven de los desperdicios que les tiran desde el piso de arriba por una abertura en el techo.

La mayoría de los tibetanos viven en áreas rurales, como los pastores de la imagen, que cabalgan a lomos de yaks en la meseta Tibetana (o Septentrional). Los habitantes del Tíbet crían yaks para abastecerse de leche, carne y pieles.

Los tibetanos son muy religiosos y puede decirse que la religión ha representado un papel primordial en la historia del país. La religión tibetana es el lamaísmo, que tiene gran similitud con el budismo, pero al que se mezclan antiguas creencias. Los sacerdotes son los lamas, que se atienen a la regla del celibato.

Los miembros de las altas jerarquías eclesiásticas están considerados la personificación de los dioses. Creen que no mueren, sino que su espíritu divino se infiltra en la persona de otro ser humano. De modo que, a la muerte de un lama de alto rango, se designa a un muchacho joven en cuyo cuerpo está presente la divinidad. Este muchacho continuará las tareas del muerto.

Desde los tiempos más antiguos los chinos han pretendido posesionarse del territorio tibetano. Después que la China cayó bajo el control de los comunistas, los chinos han ido imponiendo progresivamente su voluntad a Tíbet, especialmente desde 1951.

La injerencia china trajo infinidad de cambios a Tíbet, que hasta entonces era una verdadera teocracia dirigida por altos dignatarios eclesiásticos que ejercían su autoridad sobre sus subditos laicos y sobre los 6.000 monasterios diseminados por el país.

A pesar de la intromisión china, el dalai-lama conservó inicialmente sus prerrogativas religiosas y temporales sobre Tíbet. El dalai-lama residía en el palacio de Pótala en Lasa, capital de Tíbet. Este palacio, que es inmenso, data del siglo XVII. Toda una comunidad de hombres, mujeres y niños ha trabajado en él. Lasa es uno de los mayores centros de esta parte de Asia. La ciudad tiene aproximadamente unos cincuenta mil habitantes.

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Palacio Pótala

Como sea que la injerencia china se hacía cada vez más fuerte, el dalai-lama y sus discípulos emigraron en masa. El dalai-lama se refugió en la Unión India, en espera de poder regresar a su país. Los chinos hubieron de contar, por parte de los tibetanos, con una resistencia que no era de despreciar.

La Revolución Tibetana: En 1956 fuentes indias y nepalíes informaron acerca de levantamientos tibetanos y actividad guerrillera contra el régimen chino. Mao Zedong declaró pocos meses más tarde que el Tíbet no estaba aún preparado para el establecimiento del régimen comunista. Durante los últimos meses de 1958 surgieron informaciones acerca de una extendida actividad guerrillera anticomunista en Tíbet occidental. Se consideraba que la rebelión había sido provocada por los intentos de instituir comunas populares, similares a las establecidas en otras partes de China. Aunque los chinos anunciaron que se había pospuesto el establecimiento de las comunas en el Tíbet, no se contuvo la rebelión, y en marzo de 1959 estalló un motín a gran escala en Lhasa. El Dalái-lama huyó a la India a finales de mes y posteriormente estableció una comunidad tibetana en el país.

A tal punto, que se vieron obligados a conceder a Tíbet, que ocupa una importante posición estratégica entre China y la India, una autonomía interna. La política exterior y los asuntos militares, sin embargo, están bajo el control directo del Gobierno chino.

La agricultura y la ganadería siguen siendo las principales actividades económicas de Tíbet. El yak, que se encuentra todavía en estado salvaje, es particularmente útil. Se trata de un bóvido cuyo pelaje es largo y sedoso. Este pelaje es generalmente negro aunque puede ser blanco, pardo o gris. El yak está perfectamente adaptado a las condiciones de vida de la meseta de Tíbet. Sirve de bestia de carga, aunque se le cría también por la carne, que es excelente, y por los productos lácteos que proporciona.

La agricultura es posible en determinadas regiones, principalmente en el sur. Allí, por otra parte, en donde la población es más densa. El clima es ligeramente más suave en los valles; las lluvias son raras y se producen únicamente cuando sopla desde el sur el monzón de verano, aunque éste pocas veces consigue franquear el Himalaya.

Se cultivan las tierras de aluvión a lo largo de pequeños ríos. Producen principalmente cebada y también guisantes y arvejas, así como algunas frutas. Resulta sorprendente que sea posible el cultivo, pues no hay que olvidar que incluso los valles meridionales están situados a alturas de 3.000 a 4.000 metros.

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El Monte Athos y Su Monasterio Historia de los Monjes

HISTORIA DEL MONTE DE ATHOS
La Vida de los Monjes del Monasterio

Monte Athos, significa Monte Santo es una montaña del noreste de Grecia con 2.032 m de altitud. Se encuentra en la parte sur de Aktí, el más oriental de los tres brazos de la península de Calcídica (Khalkidhikí) en el mar Egeo. El monte Athos es también una división administrativa, una comunidad monástica autónoma que incluye la montaña y el brazo peninsular de Aktí. Fue reconocida como distrito autónomo por la Constitución griega de 1975.

En el siglo IX se estableció en el monte Athos, a lo largo de la costa norte del mar Egeo, una de las comunidades monásticas más originales de todos los tiempos. Durante muchos siglos las ciencias y las artes fueron allí muy prósperas. Después de la primera guerra mundial el número de monjes decreció bastante y la mayor parte de ¡as iglesias y conventos están muy deteriorados. Los monjes sobrevivientes llevan allí una existencia  miserable

A lo largo de la costa profundamente recortada, al norte del mar Egeo, se extiende una gran península que ha venido representando un papel importante desde la Antigüedad. Se trata de la península de Calcídica. Allí, en Estagira, nació el gran filósofo griego Aristóteles. También fue a lo largo de las costas de esta península donde sucumbió la flota persa conducida por Mardonio.

Pero la península de Calcídica es conocida principalmente gracias al monte Athos, que se eleva en toda la altura de sus 1.935 m al extremo de la más oriental de las tres puntas que la forman. Esta lengua de tierra recibe el nombre de Hagion Oros, que quiere decir, en griego, «montaña santa».

El monte Athos gozaba ya de reputación en la Antigüedad. Se cree que haya podido ser uno de los eslabones de la cadena de montañas a lo largo de la cual los griegos, por medio de señales luminosas, habrían transmitido a Micenas la noticia de la caída de Troya.

En el siglo IX de nuestra era el monte Athos se hizo famoso por otro motivo: se transformó en la sede de una de las comunidades religiosas más originales de todos los tiempos.

En el transcurso de los siglos siguientes esta comunidad conocería un auge notable. Se estima que en el siglo XIII comprendía no menos de ¡50.000 monjes!. En total se construyeron sobre el monte Athos unos veinte conventos, además de ermitas, celdas y varios pueblos. Los monjes gozaron, en efecto, del apoyo de los emperadores de Bizancio, al principio, y luego del de los zares de Rusia.

Durante la ocupación turca, los monjes consiguieron salvaguardar la existencia de sus conventos y cuando se puso fin a la misma, hacia  la primera mitad  del  siglo XIX, vivían todavía en el monte Athos unos dos mil quinientos monjes.

Sin duda habían de pagar tributo a sus antiguos amos, pero podían desarrollar de nuevo sus comunidades libremente, principalmente porque en esa época disfrutaban de la ayuda de la poderosa Rusia, que no sólo les proporcionaba ayuda financiera, sino que mandaba también a muchos monjes a los conventos del monte Athos.

Pero Rusia no proporcionaba esta ayuda gratuitamente: había puesto los ojos en los estrechos de los Dardanelos y del Bósforo.

Después de la primera guerra mundial, los bolcheviques, como es natural, pusieron término a esas intervenciones. Desde entonces, la vida en comunidad en el monte Athos fue periclitando lentamente. Si los monjes eran todavía unos siete mil cuatrocientos en 1906 y siete mil en 1912, su número quedó reducido a 4.600 en 1930. En 1938, el monte Athos contaba todavía con 4.538 habitantes, de los que 3.892 eran religiosos. En la actualidad son únicamente unos mil trescientos.

La comunidad del monte Athos es exclusivamente de hombres. Él acceso a la montaña santa no sólo está prohibida a las mujeres, sino a cualquier hembra de cualquier especie animal. Todos los animales que se encuentra allí son machos y no hay ni cabras ni gallinas. Sólo por un privilegio especial y excepcional pudo visitar el monte Athos la reina de Grecia, acompañada de su esposo, en 1912.

No todos los monjes están sometidos a la misma regla. Los hay que viven en comunidad sometidos a la autoridad de un abate; pero otros lo hacen en el más completo aislamiento, habitando a menudo alguna de las cavernas que se abren en los farallones y paredes de roca.

Algunos de estos eremitas no tienen ya ningún contacto con el mundo, si exceptuamos el cesto que bajan, al extremo de una cuerda, cada quince días aproximadamente,   y  en   el   que  los habitantes depositan vituallas, con preferencia pan y aceitunas. Cuando el cestillo no ha vuelto a bajar después de cierto tiempo se deduce que el eremita ha fallecido.

Los restos mortales quedan a menudo abandonados en la caverna durante muchas semanas, pues los monjes y principalmente los eremitas les dan muy poca importancia. A sus ojos sólo cuenta la oración.

Algunos de ellos repiten incansablemente la misma fórmula. Producen únicamente lo que les es indispensable para mantenerse con vida y sólo trabajan cuando les resulta imposible no hacerlo. Dedican prácticamente toda su vida a la plegaria, que cebe abrirles las puertas del cielo.

Por ello es normal que los habitantes del monte Athos sean muy pobres. También están muy retrasados en lo que se refiere a la higiene. Sin embargo, estas comunidades poseen inestimables tesoros, principalmente obras maestras del arte bizantino y numerosos manuscritos primorosamente ilustrarios que guardan en sus bibliotecas.

Varias iglesias y edificios conventuales tienen una gran significación arquitectónica; algunos de ellos datan incluso del siglo X, época de san Atanasio, un griego que fue una de las figuras más grandes de ese mundo monástico. El  fue quien mandó construir el convento de Hagia Lavra al pie de la montaña santa. Los conventos del monte Athos son generalmente construcciones en ladrillo que rodean una iglesia cuyo plano adopta la forma de una cruz griega. Las iglesias están pintadas en rojo en memoria de la sangre de Cristo.

Monasterio de Athos

Gran monasterio de Lavra: El monacato es parte integrante de la Iglesia ortodoxa. Aunque hay muchos monasterios ortodoxos por todo el mundo, el centro de la vida monástica es el monte Athos, que se levanta en una pequeña península en el mar Egeo, al noreste de Grecia. Veinte monasterios diferentes que representan a nacionalidades distintas se encuentran en lo alto del paisaje rocoso de la península. Aquí se muestra el interior del patio del monasterio de Lavra.

Los 20 conventos edificados en los flancos del monte Athos datan de un período que va del 970 a 1387. Son prácticamente pequeñas ciudades arregladas de modo que puedan vivir en ellas cientos de monjes. Actualmente están casi todos extintos: no habitan en ellos más que algunos monjes, la mayoría viejecitos. Pues la comunidad del monte Athos, que fuera antaño fortaleza por excelencia de la religión ortodoxa griega, ha envejecido y desaparece progresivamente.

Los edificios se tambalean y las iglesias están cada vez más abandonadas; algunas incluso se hundieron, como es el caso de la iglesia de Iviron. Es una lástima, pues de este modo muchísimas obras de arte, mosaicos y frescos se perderán irremediablemente. Las más antiguas de estas obras de arte datan de los siglos XI y XII; pero, como los monjes adornaban continuamente sus iglesias, sus muros son una muestra de la evolución del arte del mosaico y de la pintura sacra.

Los diversos oficios artísticos florecieron todos en el monte Athos, pues los monjes disponían de mucho tiempo que dedicarles. Producían principalmente objetos utilizados en el culto, como relicarios y crucifijos, aunque también algunos utensilios de uso doméstico, como cucharas y copas, que revelan un arte consumado. Para ello utilizaban gran cantidad de materiales valiosos como el marfil, los metales preciosos y las gemas.

No nos sorprendamos, pues, de que el monte Athos haya sido durante siglos, en los Balcanes, no sólo un centro religioso, sino un centro de cultura artística. También fue, especialmente durante la Edad Media, un centro científico: los manuscritos que allí se conservaban contaban entre los más importantes del mundo cristiano.

Pero esta influencia cultural ha disminuido también bastante. Sin embargo, el monte Athos sobrevive. Los monjes que residen todavía en él llevan una vida sobria e incluso muy primitiva. A menudo apenas tienen qué comer. Se alimentan de pan, nueces, aceitunas; a veces también de césped ¡e incluso de malas hierbas!.

En sus celdas reina un gran desorden. Generalmente no disponen de armarios; cuando más, de algunas cajas. Sus míseras posesiones penden de sacos colgados junto a la pared, en la que también fijan sus iconos.

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Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama Templo Budista

Palacio Potala Tibet Residencia Sagrada de Dalai Lama

Antiguo palacio, fortaleza y centro de peregrinación divina, el Pótala, cubierto por flamantes techos de oro, se eleva entre la niebla tibetana como colosal castillo; bajo cierta luz, parece coronado de fuego.Lhasa, capital del Tíbet, «el techo del mundo«, se encuentra a 3.600 m sobre el nivel del mar en un punto tan remoto que aun hoy pocos occidentales lo conocen. Sobre el bullicioso bazar y el tumulto de las tortuosas callejas de la ciudad se levanta en la lejanía el descomunal palacio Pótala, en la cima de Putuo, la montaña sagrada. En torno de la ciudad se extiende un valle fértil atravesado por un río.

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Erigido en la Montaña Roja del centro de Lhasa, el Pótala está considerado como la mayor construcción de un palacio y fortaleza de la antigüedad que se conserva actualmente. Construido sobre la pendiente de la montaña, a 3.700 metros sobre el nivel del mar, el increíble palacio ocupa más de 410.000 metros cuadrados y consta de 13 pisos que lo convierten en una soberbia edificación de 115 metros de altura. Para los actuales arquitectos tibetanos, esta construcción no parece ser obra del hombre sino de la propia naturaleza, dada su condición de creación extraordinaria.

Este valle, ocupado por aldeas rodeadas de fangosos prados, bosques de sauces, alamedas y campos de cultivo, está protegido por un enorme anillo montañoso que sólo puede cruzarse en pasos altos. Buena parte del encanto de Pótala procede de las dificultades para acceder a él.

Con la palidez de su antiguo encalado y reluciente de oro, Pótala («Montaña de Buda» en sánscrito) es un ejemplo extraordinario de la arquitectura tibetana tradicional. Oculta al mundo occidental durante siglos, esta majestuosa montaña de mampostería, construida por más de 7.000 trabajadores, se eleva 110 m. sobre el suelo y alcanza los 300 de punta a punta.

Acentuando la impresión de gran altura, sus inmensas paredes se inclinan hacia adentro y las ventanas —dispuestas rítmicamente en filas paralelas y más angostas en lo alto que en lo bajo— están cubiertas de laca negra. Para la edificación del palacio se excavaron rocas del talud, lo que creó una vasta hondonada. Ésta se llenó de agua para formar un lago artificial, conocido como del Rey Dragón.

Desde 1391 hasta la ocupación china de 1951, el Tíbet fue regido, tanto política como espiritualmente, por los dalai lamas, aunque del 717 al 911 ellos mismos se sometieron a los señores chinos. Lhasa fue el centro del lamaísmo, mezcla del budismo tibetano y una religión local llamada bon.

El palacio fortaleza de los dalai lamas, el actual Pótala, es una estructura del siglo XVII construida en la zona que fue sede de un castillo erigido 1.000 años antes por Songsten Gampo, primer rey guerrero del Tíbet. El palacio original fue destruido y reconstruido varias veces antes de que el Dalai Lama V (1617-82) ordenara levantar el presente conjunto como palacio dentro de un palacio.

El Palacio Blanco exterior, llamado así por el color de sus muros, fue terminado en 1648; el Palacio Rojo interior, con paredes de un rojo intenso, se concluyó casi 50 años después, en 1694. Cuando murió de forma imprevista el Dalai Lama V, se decidió ocultar la noticia a los obreros, para no distraerlos de sus tareas. Primero se les dijo que estaba enfermo y luego que se había «retirado del mundo para dedicarse a la meditación».

Pótala es un laberinto de galerías pintadas, madera, escaleras de piedra y oratorios ricamente decorados, con casi 200.000 estatuas de valor incalculable. Pensado originalmente para satisfacer todas las necesidades de los monjes residentes, hoy funciona como museo y santuario. El Palacio Blanco contenía habitaciones, oficinas y un seminario. Había una estancia reservada para la imprenta, que funcionaba con tipos de madera tallados a mano.

El papel se hacía de corteza de adelfa u otros arbustos, remojada en agua y molida con piedras. La pulpa se extendía después sobre malla de alambre encima de un bastidor de madera, donde permanecía hasta secarse; el papel resultante era duro, áspero y de color cremoso.

El Palacio Rojo, que conserva sus funciones religiosas, era el centro espiritual del complejo y comprendía la sala de capítulo de los monjes, capillas, 10.000 altares y una vasta biblioteca budista. El Salón del Sacrificio es el edificio más grande del palacio y era el lugar de descanso eterno de varios dalai lamas, cuyos restos desecados y embalsamados eran objeto de culto en elaboradas pagodas funerarias.

Quienes lo visitan se sienten sobrecogidos por la belleza de su decoración, la increíble espiritualidad que se respira en la zona y que permanece vigente desde hace siglos, y el incomparable plus del paisaje natural en el que el palacio está situado. Y que esta construcción haya sido erigida en lo alto de una montaña no es casualidad: la altura de la montaña es un símbolo de la clase social y de la estirpe real a las que pertenecieron sus creadores. A su vez, al estar ubicada a semejante altura, se optimizan las tareas de protección, convirtiendo al espléndido palacio
en una verdadera fortaleza.

Ocho pagodas, o stupas, permanecen intactas; el mausoleo de sándalo del Dalai Lama V se destaca por sus 15 m de altura y por los revestimientos de oro e incrustaciones de diamantes, zafiros, corales, lapislázuli y perlas 10 veces más valiosas que el oro. Su peso excede las 41. El fabuloso tesoro privado de los dalai lamas —colección de atuendos ceremoniales con brocados, antigua porcelana china, esmaltes alveolados, raras gemas y exquisitas alhajas— reposa aún en las portentosas estancias de Pótala.

Heinrich Harrer, montañista austríaco que vivió en Lhasa cinco años tras la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en confidente y tutor del Dalai Lama XIV, estuvo en Pótala en varias ocasiones. En una de sus visitas notó una presencia extraña en el palacio. El maharajá de Nepal había donado un elefante al joven Dalai Lama. Animal único en el país, el gigante había sido escoltado hasta Lhasa por un camino de 1.125 Km. previamente despejado de piedras. La enorme criatura solía tomar parte en las procesiones religiosas.

Aparte del Vaticano, antes de la ocupación china, el Tíbet fue la última teocracia (sociedad en que el gobernante es también dirigente espiritual) sobreviviente en el mundo. Pótala fue el hogar y palacio de invierno del soberano, auténtico símbolo de sus poderes terrenales y espirituales.

El Dalai Lama XIV tenía 15 años cuando los chinos invadieron el país en 1950. Se le permitió gobernar, con reservas, hasta 1959. Después de una fallida rebelión, huyó a la India con 80.000 seguidores. El Tíbet ha estado desde entonces bajo dominio chino, y en 1965 adoptó la categoría de región autónoma de China bajo el nombre de Xizang.

Aunque el rey dios ha partido, la magia de Pótala subsiste. Parecería poseer una cualidad trascendente más allá de sus ladrillos y morteros: un misterio que nace de sus profundidades.

EL DALAI LAMA: DIVINIDAD ENCARNADA
El nombre de esta figura sagrada describe a la perfección su carácter. Dalai es un término mongol que significa «océano», y lama quiere decir «hombre sabio» en lengua tibetana. Así, el dalai lama es un alma de sabiduría tan profunda como el mar. Se le tiene también por ser divino, manifestación humana del Buda absolutao.

Desde 1391, 14 dalai lamas han sido reconocidos por los tibetanos. Se dice que cada uno es reencarnación de su antecesor, y la búsqueda del heredero comienza al morir el dalai lama reinante. Guiados por augurios, sueños y un oráculo oficial, os sacerdotes tibetanos persiguen al niño nacido en el instante mismo de la muerte del dalai lama, con rasgos físicos específicos y capaz de distinguir las pertenencia: del difunto entre objetos diversos.

El Dalai Lama actual, Tenzin Gyatso, nació en 1935′ fue reconocido como nuevo gobernante a los dos años de edad y entronizado a los cinco. Rigió en Pótala hasta la insurrección de 1959, cuando se trasladó a la India huyendo del ejército chino.

Estableció un gobierno en e exilio en Dharmsala (Pakistán), sede de una colonia tibetana. Reverenciado allí por los monjes del nuevo monasterio Namgyaí, lo mismo que por los tibetanos que le rinden culto desde lejos o peregrinan hasta Dharmsala,  Tenzin Gyatso recibió el Premio Nobel de la Paz en 1989, por su incansable campaña en favor de la paz mundial y la libertad del Tíbet.

Ver: El Monte Athos y Su Monasterio