Monte Cervino

El Monte Cervino en Suiza Historia de sus Ascensos o Escaladas

El Monte Cervino en Suiza
Primeros Ascensos a su Cumbre

El Monte Cervino (en alemán, Matterhorn), es un pico de los Alpes situado en el extremo suroccidental de Suiza, muy próximo a la frontera con la región italiana de Valle de Aosta.

Alcanza 4.478 m de altitud.

Es un ejemplo de montaña de tipo piramidal, en el que las cuencas de formación glaciar han erosionado la roca por tres o cuatro lados del macizo, dejando sólo un núcleo en forma de pirámide en el centro.

El admirable Cervino ha ejercido siempre un invencible atractivo sobre los alpinistas.

Después de varios fracasos, Whymper se unió, junto con sus guías, a una expedición que fue la primera en alcanzar su cima en 1865.

Desde entonces han llegado a la cumbre de la montaña infinidad de gente en las más diversas circunstancias. Pero todos los años exige el tributo de sus víctimas.

El Cervino, al que en alemán llaman Matterhorn, se yergue, como un poderoso señor, sobre la población suiza de Zermatt.

Es la montaña de Suiza, e incluso de Europa, de más apretada historia y, desde hace cien años, la que más veces ha sido escalada.

Difícilmente podría ser de otra forma, ya que es una de las montañas más hermosas que existen y ejerce excepcional atracción sobre los alpinistas.

Cientos de turistas, hechizados por este gigante de la naturaleza, llegan todos los años a su cima.

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El Cervino se alza al sur de Zermatt y algo separado de las otras montañas.

Los dos más hermosos de sus cuatro flancos pueden verse desde la propia ciudad: la vertiente este y la vertiente norte.

Cuando, en 1861, el inglés Edward Whymper (imagen abajo) vio el Cervino por primera vez, decidió conquistar su cima.

Pero, año tras año, sus tentativas fracasaban. Mas Whymper no se declaraba fracasado y cada vez que tenía que renunciar empezaba de nuevo, incluso después de resultar herido como consecuencia de una caída.

Edward Whymper suiza

Pero Whymper no era el único que ambicionaba ser el primero en llegar a la cima de la montaña; en la vertiente italiana, en Breuil, el famoso guía Antoine Carrel concibió idéntico proyecto.

Cuando, en 1869, Whymper, después de un nuevo fracaso a la salida de Breuil llegó de nuevo a Zermatt, se dio cuenta de que había otros que perseguían el mismo fin.

En efecto, una expedición se disponía a probar suerte conducida por Michel Croz, un guía de Chamonix.

No le quedaba a Whymper más remedio que unirse a esta expedición con sus propios guías, Peter Taugwalder y su hijo, ambos de Zermatt.

De modo que un grupo de siete alpinistas, evidentemente demasiados, emprendió el camino el 13 de julio de 1865 para realizar una última tentativa que sería coronada por el éxito.

A excepción de uno de ellos, todos eran alpinistas experimentados.

El pastor Hudson había hecho ya sus pruebas y lord Douglas volvía de la Wellenkuppe, que acababa de pisar el primero en compañía de Peter Taugwalder.

Únicamente el joven Hadow no estaba familiarizado con la montaña; por ello hizo Whymper objeciones a que participara en la expedición.

Pero hubo de inclinarse ante el parecer de los demás.

La ascensión al Hórnbigrat, situado entre las vertientes norte y este, fue para todos sorprendentemente fácil. Montaron el vivac antes de que cayera la noche y a la mañana siguiente no se encontraron con ninguna dificultad mayor.

Para franquear el último terraplén el guía estimó preferible, sin embargo, pasar al lado norte y alcanzar la cima por allí. Para Whymper, el momento en el que puso el pie en la cima del Cervino fue uno de los mejores de su, vida.

Pero incluso en este momento sucumbió a la tentación de poner en fuga, a pedradas, al guía Carrel, que efectuaba la ascensión por la vertiente italiana.

Entonces iniciaron el descenso. Aunque los siete miembros de la expedición habían alcanzado la cima, únicamente tres de ellos regresarían   a  Zermatt   sanos   y salvos.

He aquí una comprobación auténtica y concisa, pues fue la gran tragedia de la primera ascensión al Cervino.

La montaña se dejó vencer con bastante facilidad. Sin embargo, pronto se hizo evidente que, joven e inexperto, Hadow resistía mal la tensión y la fatiga.

En el descenso, además, sintió vértigo y no se atrevía a descender tal como estaba de espaldas a la pared y mirando al frente. De modo que se volvió, perdió pie y arrastró consigo a Croz, a Hudson y a Douglas.

La cuerda que unía a los siete nombres se rompió dejando a Whymper y a los dos Taugwalder como clavados en la roca por la emoción; la alegría de la victoria había desaparecido súbitamente.

Sin decir una palabra, extraordinariamente afectados, los tres supervivientes volvieron a emprender el descenso una hora después.

También les impresionó vivamente un curioso fenómeno: los tres vieron súbitamente un arco iris coronando tres cruces.

Y el descenso hacia Zermatt, un calvario doloroso para tres abatidos vencedores, prosiguió.

Tres días después de esta primera ascensión Carrel consiguió igualmente alcanzar la cima desde la vertiente italiana, o sea, por el lado sur.

Años más tarde, los dos rivales, Whymper y Carrel, se dieron la mano sobre la cumbre del Cervino en señal de reconciliación.

El espíritu deportivo había conseguido vencer finalmente la egolatría de ambos.

Desde entonces el orgulloso Cervino ha tenido que desvelar todos sus secretos. En la actualidad ha sido escalado desde todas las vertientes y en cualquier circunstancia, tanto en invierno como en verano.

Pero la montaña ha rechazado a muchos de los que intentaban escalarla, y muchos de ellos dejaron la vida en la empresa.

Hace unos años, cinco jóvenes alpinistas hallaron la muerte en el Cervino alcanzados por un desprendimiento de piedras o quizá por haber resbalado.

Entre las hazañas más hermosas realizadas con ocasión de la ascensión del Cervino se cita generalmente la primera victoria sobre la Zmugrat, que aconteció en 1879, proeza anotada en el activo de otro inglés: Mummery, acompañado de tres guías.

A continuación hay quien menciona la primera ascensión realizada enteramente por el flanco norte, que emprendieron en 1931 dos alemanes: los hermanos Schmid.

Finalmente, durante el invierno de 1965 un alpinista solitario, el guía Walter Bonatti, escaló la cara norte del Cervino.

Al lado de estas notables hazañas deportivas se han batido en el Cervino una serie de plusmarcas.

Hubo los más rápidos ascensión y descenso realizados apenas en tres horas cuando, normalmente, el tiempo necesario es de diez horas.

Hubo también que anotar la ascensión realizada por el atleta de más edad (setenta y nueve años) y el más joven (diez años) y, por si esto no fuera suficiente, un alpinista con una sola pierna consiguió hollar el pico con su pata de palo.

Naturalmente, todas estas hazañas no pertenecen ya al campo, del deporte. El deporte puro exige que uno halle su satisfacción en el solo hecho de la ascensión y que responda a la llamada de la montaña por sentirse hechizado por ella. Afortunadamente, éste es todavía el caso de la mayoría de los alpinistas.

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