Nicolae Ceausescu

Biografia de Josef Stalin – Dictadura en Rusia e Historia de su Gobierno

Biografía de Josef Stalin
Historia de su Gobierno en Rusia

INTRODUCCIÓN BIOGRÁFICA: Josef Stalin (1879-1953): Dirigente revolucionario soviético, nacido en la aldea de Gori (Cáucaso).

Era hijo de un zapatero y fue destinado al sacerdocio; pero optó por la política, adhiriendo al partido bolchevique desde sus comienzos (1903).

Por esa causa sufrió destierro en Siberia, luego de lo cual retomó la lucha, colaborando activamente con Lenin en el Bureau Político comunista, instalado en San Petersburgo.

Después de la caída del zarismo fue designado secretario general del Comité Central del Partido Comunista, cargo que desempeñó entre los años 1917 y 1929.

A la muerte de Lenin, centralizó el poder en sus manos y desde su privilegiada posición de mando condujo, no sólo a su partido, sino también a su país con mano férrea; fue el inspirador de tres planes quinquenales, que posibilitaron a Rusia un considerable desarrollo industrial y agrícola en un breve lapso.

Decidido partidario de mantener el comunismo dentro de los límites de la Unión Soviética, propuso la suspensión de la ayuda a los movimientos revolucionarios en el exterior; al mismo tiempo, impuso en su país un régimen de terror destinado a eliminar la oposición interna, que culminó con los procesos de Mosca (1936-1938).

Durante la Segunda Guerra Mundial intervino decididamente en favor de los aliados y en su condición de jefe del ejército ruso, y posteriormente con el grado de mariscal (1943), mantuvo trascendentales reuniones con el presidente Roosevelt, de Estados Unidos y con el ministro inglés, sir Winston Churchill.

En enero de 1924, inmediatamente después de la muerte de Lenin, Jossif Vissarionovich Djougatchvili, llamado Stalin, se convirtió en jefe de estado de la Unión Soviética, a la que gobernó como un dictador durante veintinueve años, incluidos los de la Segunda Guerra Mundial.

Biografia de Josef Stalin Dictadura en Rusia Historia de su Gobierno

Influido por las ideas socialistas, el joven  inició hacia 1899 sus actividades revolucionarias y participó en numerosas huelgas. Tras el fracaso de la revolución de 1905, marchó a Bakú, ciudad de Azerbayán, donde ascendió en el Partido Comunista.

Biografía de Josef Salin (1879-1953):

Político soviético, líder dictador de la URSS. En una mísera choza del pequeño pueblo del Cáucaso, Gori, nació el 21 de diciembre de 1879 Iósiv Vissariónovic Dzhugashvili, el futuro dictador de la Unión Soviética y dirigente supremo del comunismo internacional.

Su padre, Vissarion, había llegado a Gori unos cuantos años antes, huyendo de la dura vida campesina de su villorrio natal de Didi-Lilo.

Se estableció como zapatero y se casó con Ekaterina Georgievna Geladze, una muchacha de quince años.

Ya desde los primeros días de su vida conyugal, tuvo Vissarion muy pocos lazos con su familia.

Gastaba su pobre ganancia en las tabernas del pueblo sin preocuparse de su mujer y sin expresar sentimiento alguno por la pérdida de sus primeros tres hijos.

En sus frecuentes borracheras, torturaba con una rabiosa crueldad a Ekaterina y a su hijo José, blasfemando y maldiciendo la miseria y la vida oscura y desdichada de su hogar.

Su mujer trabajaba día y noche como lavandera para poder sostener a su hijo, en el cual depositaba toda su ilusión y esperanza.

En 1890 al morir su padre,  ingresó en una escuela religiosa de Gori y muy pronto destacó entre sus compañeros por su empeño en aprender bien lo poco que allí le enseñaban.

Su asiduidad empujó a sus superiores a satisfacer las súplicas de su madre y concederle una beca para el seminario teológico de Tiflis o Tbilisi. 

Entonces José tenía quince años y consideraba sus futuros estudios teológicos tan sólo como un medio eficaz para obtener una buena posición social.

Si no hubiese sido por esto, hubiera dejado de estudiar, porque no tenía interés alguno por las clases ni soportaba de buena gana la disciplina del seminario, muchas veces ilógica y puramente formulista, pero penosa.

Aprovechaba todas las ocasiones para salir a la calle, donde muy pronto se hizo amigo de un grupo de vagabundos.

Por su condición de estudiante y por la arrogancia de su carácter sobresalía de aquel grupo, que le consideraba su caudillo.

Pronto abandonó casi por completo sus estudios y se dedicó fervorosamente a la lectura de libros marxistas.

No los comprendía en su esencia, pero le atraían con fuerza las nuevas ideas, completamente opuestas a la enseñanza teológica del seminario.

Sus amigos le proporcionaron  pronto un modesto empleo en el departamento de contabilidad del observatorio geofísico de Tiflis, pero su verdadera actividad fue la enseñanza de la doctrina marxista a los obreros del transporte.

Ya en 1900, con ocasión de una manifestación del 1° de mayo, habló públicamente a los trabajadores, empezando así su carrera revolucionaria.

Inicialmente participó en todas las acciones de los mencheviques georgianos, hasta que se separó de ellos para aliarse con Lenin en el movimiento bolchevique.

En 1901 Koba organizó en Tiflis una manifestación callejera contra las autoridades zaristas y, ante la persecución de los cosacos, tuvo que huir a su pueblo natal.

biografia de stalin josef

Hijo de un humilde zapatero georgiano, a los quince años Stalin ingresó con una beca en el seminario ortodoxo de Tiflis , donde se reveló como un alumno brillante, aunque fue expulsado al ser sorprendido cuando repartía propaganda del Partido Socialista georgiano, en el que había ingresado en 1898. 

Como prosiguiera sus actividades revolucionarias, en 1902 fue detenido y deportado a Siberia. 

Dos años más tarde Stalin logró evadirse y volver a Tbilisi, donde se adhirió al ala bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Intervino en la revolución de 1905 y en las huelgas de Bakú de 1907, tras las cuales fue nuevamente detenido y enviado a Siberia, de donde huyó en 1911

Fue detenido por primera vez el día 18 de abril de 1902 y a partir de entonces fue condenado seis veces a destierro en Siberia y varias veces a la cárcel.

En total —hasta la Revolución del 1917— pasó en presidio casi nueve años.

Sus condenas fueron generalmente de larga duración, pero consiguió escaparse cuatro veces de Siberia y reanudar su actividad revolucionaria primero en Georgia y después en San Petersburgo y en el extranjero.

En un intervalo entre un encarcelamiento y otro, al escaparse por primera vez de Siberia, Stalin se casó con Ekaterina Svanidze, una muchacha georgiana que  «cuidaba de todo corazón del bienestar de su marido y pasaba noches enteras en ardientes plegarias, aguardando el regreso de su esposo, ocupado en secretas conferencias. «

Intervino en la revolución de 1905 y en las huelgas de Bakú de 1907, tras las cuales fue nuevamente detenido y enviado a Siberia, de donde huyó en 1911.

Stalin ingresó entonces en el comité central del POSDR y, designado presidente del Politburó, viajó a Viena, donde escribió El marxismo y el problema de las nacionalidades y adoptó definitivamente el apelativo de Stalin (acero).

Al estallar la Revolución en Rusia (principio del año 1917), Stalin llegó a Petrogrado con otros presidiarios políticos desterrados en Siberia.

En compañía de Kámenev y el diputado Muranov, se hizo cargo de la dirección de Pravda, desde cuyas columnas preparó hábilmente la opinión pública sobre la necesidad y la victoria segura de una guerra contra todos los «imperialistas» dentro y fuera del país.

Además, desempeñó importantes cargos en la jerarquía del partido, primero como enlace de plena confianza entre Lenin y el comité central, y después como miembro de un buró para dirigir la insurrección y, por fin, como miembro del primer gobierno provisional de la República.

Al estallar la Revolución de Octubre Stalin formó parte del gobierno revolucionario como comisario de nacionalidades, cargo que desempeñó hasta 1922 y en cuyo ejercicio escribió la Declaración de los derechos de los pueblos de Rusia, texto que preludiaba la organización del Estado soviético.

Durante la guerra civil Stalin colaboró eficazmente en las defensas de Petrogrado y Tsaritsin, ciudad que recibió más tarde el nombre de Stalingrado.

Elegido secretario general del Comité Central en 1922, trabajó para hacerse con el control del aparato del partido a pesar de los reparos de Lenin, quien recomendó su eliminación en su testamento.

Tras la muerte de Lenin, en 1924, Stalin logró hacerse con el poder absoluto y se alió con Zinoviev y Kamenev para defender la idea del socialismo en un solo país, contra la «revolución permanente» y la extensión del socialismo propugnadas por Trotski.

De este modo logró deshacerse de éste, un rival poderoso, al que haría asesinar años más tarde en su exilio de México (1940).

Se volvió entonces contra sus aliados, apoyándose en esta ocasión en la «derecha» del partido y en su líder Bujarin, quien, a su vez, luego sería condenado a muerte por Stalin, convertido definitivamente, y gracias a su habilidad y capacidad de manipulación política, en el líder indiscutible de la URSS.

Implantó a continuación una dictadura, cambió las directrices económicas y emprendió «el gran cambio».

Al proyecto perteneció el primer plan quinquenal, que suponía la colectivización forzosa de las unidades de producción agrarias y la industrialización en gran escala del país.

Al mismo tiempo, para suprimir cualquier tipo de oposición, entre 1935 y 1938 instigó los procesos de Moscú, por los cuales muchas de las principales figuras políticas del partido y gran parte de los cuadros dirigentes del ejército fueron encarcelados o fusilados, acusados de traición.

Aunque las cifras no son fiables, se calcula que el número de ciudadanos condenados a trabajos forzados o encerrados en los «gulags» de Siberia a partir de 1935 alcanzó la cifra de entre cinco y diez millones.

El pacto de no agresión que Stalin firmó con Hitler en 1939 no impidió la invasión alemana de 1941.

Como comisario de Defensa y mariscal de la URSS, Stalin dirigió la guerra desde el Kremlin, que se negó a abandonar pese a que el gobierno había sido trasladado a Kuíbishev. Se volvió entonces hacia las potencias aliadas y participó en las conferencias de Teherán, Yalta y Potsdam, en las que se organizó el reparto del mundo en dos bloques ideológicos.

De acuerdo con su idea de socialismo, apoyó la formación de las democracias populares en Europa oriental, todas las cuales quedaron en la órbita de la URSS, con la única ecepción de la Yugoslavia de Tito.

Durante el XX Congreso del PCUS, celebrado en 1956, tres años después de la muerte de Stalin, Nikita Jruschov denunció sus crímenes e inició el proceso de «desestalinización», que culminó con la retirada de su cadáver del mausoleo Lenin y su inhumación junto al muro del Kremlin.

salin junto a sus camaradas en un acto

Stalin con Vorochilov, Molotov y Kalinin en una ceremonia del Kremlin.

El régimen dictatorial staliniano empezó con una total inseguridad política y escasos recursos económicos nacionales, y desapareció nominalmente al morir Stalin el 5 de marzo de 1953, dejando firme el sistema comunista en la Unión Soviética, la extensión del dominio directo del Kremlin y los asombrosos adelantos técnicos e industriales.

La historia oficial de Stalin, escrita durante su vida, se modificaba y falsificaba según la necesidad de comprobar o improvisar la infalibilidad del dictador, ídolo y amo de todos los comunistas.

En realidad, su fin era demostrar a los creyentes comunistas su insuperable e insustituible genialidad, y justificar, fundado en la doctrina marxista-leninista, cada uno de sus actos, ortodoxos o herejes.

En el Kremlin existía una gran oficina propagandística, dirigida por el jefe supremo de la policía secreta y amigo personal de Stalin, Beria, que además de explicar teóricamente la práctica político-social del dueño absoluto de la URSS, fabricaba los estudios y. artículos, los discursos y proclamas publicados con el nombre de Stalin.

Así se desarrolló el stalinismo como una rama del marxismo aplicado.

Esta doctrina  rechazaba la idea de una inmediata revolución mundial y aseguraba que esta revolución se podría encender con mayor posibilidad si entretanto el primer estado socialista fuese económica y militarmente más fuerte y poderoso.

Por lo tanto, todos los estudios sobre la «auténtica» construcción socialista hay que empezarlos por el análisis de las revoluciones sociales concretas, realizadas por primera vez, en pleno sentido «socialista», en la Unión Soviética de Lenin y Stalin, que cumplieron rigurosamente todos los principios de Marx y Engels.

Lo que Stalin hizo fue —según estas teorías oficiales— realizar la superconstrucción del marxismo, concebido exactamente también en cuanto función del estado socialista y como transición hacia el comunismo. Por todo ello —destacaba el mismo Stalin en su libro Voprosy leniniztna (Los problemas del leninismo)— es necesario, sin elección de medios, «aplicar la teoría marxista-leninista a la vida y aprovechar cuanto más mejor su fuerza transformadora, movilizadora y organizadora sin consideración y ahorro de las víctimas».

Después de la muerte de Stalin, fue indispensable la destrucción del culto de la persona del ídolo desaparecido, pero esto no incluyó el aniquilamiento de su sistema.

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EL CRUEL RÉGIMEN DE STALIN:

Desde el inicio de la Revolución Rusa, Lenin y Trotsky hicieron del terror un instrumento político tanto para llegar al poder como para conservarlo.

La diferencia con el gobierno de Stalin es sólo una cuestión de grado: durante su mandato, Stalin aniquiló despiadadamente a sus supuestos enemigos, a los kulaks (campesinos propietarios), a la Iglesia y a sus propios colegas.

Shostakovich relató que cuando recordaba a sus amigos, la imagen que veía era la de una pila de cadáveres.

Eliminaba a todos los que se interponían –o que él creía que se interponían– en su camino, los enviaba a los gulags, o simplemente los torturaba y asesinaba. Todo hace pensar que ya en 1930 tema problemas psicológicos.

El profesor McNealadmite que, dada la falta de evidencias, es difícil demostrar que Stalin estuviera loco a fines de la década de 1930, y al mismo tiempo no es fácil pensar que en esa época haya estado del todo cuerdo.

En el proceso de transformación de Rusia en un Estado aislado, Stalin contribuyó a la ruina económica de la nación, a la instauración de un imperialismo bolchevique que absorbió a los Estados bálticos y a reprimir todo sentimiento democrático genuino, situación que se extendió hasta la década de 1990, cuando se inició laperestroika.

Es irónico que debido a un error fatal de Hitler haya colapsado el pacto entre Rusia y Alemania y que Stalin se haya aliado con Roosevelt y Churchill, a quienes engañó y manipuló a su antojo.

Ni siquiera la guerra, que fue el escenario donde demostró sus dotes de líder, y el enorme sacrificio del pueblo ruso ante la arremetida alemana obliteraron la enfermedad fatal en que el dictador había sumido al país.

Decidido e inexorable, Stalin no dejaba de sospechar que lo acechaban planes conspirativos para asesinarlo.

No comía si antes otra persona no probaba los alimentos que le servían, bebía un té que venía en paquetes cerrados que sólo un sirviente estaba autorizado a abrir.

Incluso hacía analizar el aire de su despacho del Kremlin para detectar si había partículas tóxicas.

SUS MUJERES:

Incapaz de sentir afecto y compasión y de generar afecto en los demás, se ha dicho, sin embargo, que quiso a su primera esposa, Ekaterina Svanidze, con la que se casó en 1902 y quien: murió mientras daba a luz, pero también se sabe que hubo ocasiones en que la maltrataba.

En el funeral de Ekaterina, el viudo admitió que ella sabía tranquilizarlo y que cuando murió, todos los sentimientos tiernos que él había albergado se fueron con ella.

Volvió a contraer matrimonio, esta vez con su secretaria, Nadezhda Alliluyeva, una comunista a ultranza que se suicidó en 1932, cuando tenía treinta y dos años, probablemente a causa de una crisis depresiva (sus hermanos eran esquizofrénicos). Stalin tuvo otras relaciones, pero ninguna de importancia.

El vínculo con sus hijos era distante y hostil.

Su hijo Yakov, desesperado por el trato que recibía de su padre, intentó suicidarse y luego se casó con una judía, matrimonio que disgustó a Stalin.

Durante la guerra fue capturado por los alemanes y enviado al campo de prisioneros de Sachsenhausen, un suceso vergonzoso, según su padre, y aparentemente, cuando se negó a entrar en la barraca tras el toque de queda, los guardias le dispararon.

Es irónico que ese campo de prisioneros haya sido luego utilizado por los rusos como campo de exterminio de prisioneros alemanes.

Su hijo Vassili fue una decepción para Stalin, un mujeriego que murió a causa del alcohol.

Su hija Svetlana, a quien trataba con cierto cariño siempre y cuando ella lo obedeciera, se rebeló contra él y también se casó con un judío.

Stalin no parece haberse interesado mucho por ninguno de sus ocho nietos.

Los principales síntomas del psicópata se corresponden claramente con el carácter de Stalin.

Rechazado por el padre, tuvo una niñez plagada de humillaciones.

Era capaz e inteligente, no tenía alucinaciones y su conducta era normal en apariencia.

Sin embargo, era un perfecto egocéntrico, nunca sentía culpa ni aceptaba que lo culparan por nada.

Manipulaba a la gente según Sus propios intereses, pero se esforzaba por persuadirla de que lo primordial para él eran las necesidades de los demás. Nadie era importante para él y todos los que se atrevían a enfrentarlo debían sufrir terribles consecuencias.

Este hombre solitario tenía los instintos psicopáticos propios de los asesinos seriales norteamericanos.

No establecía lazos afectivos. Su vida sexual era superficial e impersonal.

Stalin era incapaz de manifestar calidez o de sentir compasión.

Dedicó toda su vida a acumular poder hasta que, en 1952, debido a la hipertensión y sus efectos colaterales, murió por un accidente cerebrovascular.

Un Episodio De Su Vida:

[…] Hay algo de incomprensible en la máscara de absoluta calma que Stalin llegó a adoptar por aquellos años. Su popularidad estaba desapareciendo. Oleadas de descontento chocaban contra los muros del Kremlin.

Los opositores esperaban la ocasión oportuna para destruirlo. Pero sólo una vez Stalin pareció acercarse al punto en el cual el luchador arroja la esponja.

Su mujer, Nadia, hasta entonces ciegamente devota del marido, comenzó a dudar de la sabiduría de la nueva política. Una noche, en noviembre de 1932, Stalin y su mujer fueron de visita a la casa de Voroshílov.

Estaban presentes otros miembros del Politburó y se discutía de política.

Nadia expresó abiertamente sus opiniones acerca de la carestía, el descontento reinante y la condena moral que se había granjeado el partido gracias al Terror.

Los nervios de Stalin llegaron al límite de su resistencia; en presencia de los amigos, el dictador lanzó un torrente de insultos vulgares sobre su mujer.

Nadia abandonó la casa de Voroshílov: esa noche misma se suicidó.

Abrumado por la tragedia, Stalin presentó su dimisión.

Nadie tuvo el coraje de aceptarla.

En los funerales de Nadia, Stalin no estuvo presente.

El incidente estaba terminado.

Algunas semanas depués Stalin recuperó totalmente el dominio de sí mismo.

Isaac Duetscher. Stalin.

CRONOLOGÍA:

1879 Nace el 21 de diciembre, en Gori (Georgia).

1899 Ingresa en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso. Expulsado del seminario ortodoxo de Tbilisi.

1902 Detenido por agitador revolucionario, es exiliado poco después a Siberia, de donde escapa en 1904.

1912 Lenin le nombra miembro del Comité Central del partido.

1913 Deportado, de nuevo, a Siberia.

1917 Tras el inicio de la revolución en febrero, regresa a San Petersburgo. Participa en el triunfo de la Revolución de Octubre.

1919 Designado comisario del pueblo para el Control del Estado.

1922 Se convierte en secretario general del Partido Comunista.

1924 Fallece Lenin. Inicia su ascenso al liderazgo absoluto en la Unión Soviética.

1928 Estable el primero de los planes quinquenales que sustituirán a la Nueva Política Económica de Lenin.

1929 Comienza el programa de colectivización acelerada.

1934 Se incrementa la aplicación de la política de eliminación física de sus adversarios políticos: las famosas, cruentas y numerosas purgas estalinistas.

1939 Firma del Pacto Germano-soviético. Comienza la II Guerra Mundial.

1941 Las tropas alemanas invaden la Unión Soviética.

1942-1943 Los soviéticos detienen el avance alemán al vencer en la denominada batalla de Stalingrado. Participa en la Conferencia de Teherán.

1945 Obtiene de los aliados vencedores el reconocimiento de una esfera de influencia soviética en la Europa del Este, tras asistir a las conferencias de Yalta y Potsdam.

1953 Fallece el 5 de marzo, en Moscú.

Fuente Consultadas:
Civilizaciones de Occidentes Volumen B Jackson J. Spielvogel
Atlas de la Historia del Mundo
Hicieron La Historia Volumen 2 Larousse

Unidad 731 en Japon: Experimentos Humanos en la Guerra-Shiro Ishii

Unidad 731 en Japón Experimentos Con Humanos En La Guerra Mundial – Shiro Ishii

UNIDAD 731, JAPÓN – Shiro Ishii se graduó en la Universidad de Kioto en 1920, tras lo cual se enroló en el ejército.

En 1924 regresó a la Universidad de Kioto para cursar estudios especializados, contrayendo matrimonio con la hija de Torasaburo Akira, rector de la Universidad.

Obtuvo el doctorado en 1927.

Un año después fue enviado a Europa como agregado militar, viajando también en diversas ocasiones a Estados Unidos, familiarizándose con las investigaciones biológicas que se llevaban a cabo en los países occidentales.

A su regreso a Japón se consagró a promover entre sus superiores la necesidad de la investigación y fabricación de armas biológicas.

Creía firmemente que la guerra moderna solo podía ser ganada a través del uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva.

Algo que, paradójicamente para él, vendría a ser demostrado algunos años después en Hiroshima y Nagasaki.

Un hecho fortuito contribuyó decisivamente en que fueran escuchadas finalmente las teorías de Ishii.

Tras su regreso de Europa se desató una epidemia de meningitis en Shikoku.

Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó decisivamente a frenar la expansión de la enfermedad.

Este éxito hizo que su capacidad como bacteriólogo comenzara a ser reconocida, sobre todo en el ejército, donde supo aprovechar los réditos de su actuación en Shikoku para que fueran escuchadas sus teorías sobre armamento biológico.

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Shiro Se doctoró en 1927. Viajó a Europa y en varias ocasiones a América durante dos años, familiarizándose con las investigaciones biológicas de los países Occidentales.

A su regreso a Japón se consagró a promover, investigar y fabricar armas biológicas. Su teoría se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva. 

Un hecho fortuito ayudó a implantar las teorías de Ishii: tras su regreso de Europa, un tipo de meningitis hizo su aparición en Shikoku.

Ishii diseñó un filtro de agua especial que ayudó a parar la expansión de la enfermedad. 

Su capacidad como bacteriólogo comenzó a ser famosa, sobre todo en el ejército, donde presentó la epidemia como una muestra del resultado que podían dar sus armas científicas.

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Las armas biológicas industriales resultaban una solución ideal para un país como Japón cuyos recursos naturales son sumamente escasos.

En plena carrera armamentística y con una campaña de expansión imperial a la vista, poco importaba la evidente falta de moralidad del proyecto.

Ishii se hizo rápidamente con un nutrido grupo de poderosos patrocinadores: el coronel Tetsuzan Nagata, jefe de asuntos militares; el coronel Yoriniichi Suzuki, jefe de la sección táctica del Estado Mayor del Ejército Imperial; el coronel Ryuiji Kajitsuka, jefe del buró médico del ejército, y el coronel Chikahiko Koizumi, cirujano jefe del ejército.

El espaldarazo definitivo vino de la mano de Sadao Araki, ministro del ejército y líder de la facción fundamentalista del ejército conocida como «proceder imperial».

• ►La unidad 731:

Tras la invasión de Manchuria por parte de Japón, el 18 de septiembre de 1931, Ishii fue destinado a la remota zona de Pingfan, donde fue puesto al mando de la denominada eufemísticamente Unidad Antiepidémica de Suministro de Agua 731, que en realidad no era sino un destacamento de investigación sobre guerra biológica.

A finales de 1932 Ishii fue promovido a coronel y recibió un presupuesto de 200.000 yenes.

Se estableció una segunda unidad de este tipo al mando de Yujiro Wakamatsu, que tenía su sede en Mengchiatun, cerca de Changchun, bajo el nombre de Sección de Prevención de la Enfermedad Veterinaria del Ejército de Kuantung.

En junio de 1938 la base de Pingfang ocupaba un área de 32 kilómetros cuadrados y tenía empleadas a 3.000 personas entre científicos y técnicos.

Pronto la unidad cosechó sus primeros éxitos.

En agosto de 1937 el Ejército japonés usó gas venenoso contra las tropas chinas.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Japón usó al menos en cinco ocasiones, productos de guerra bacteriológica contra China: el 4 de octubre de 1940 un avión dejó caer bacterias en Chuhsien causando la muerte de 21 personas; el 29 del mismo mes otro avión lanzaba bacterias sobre Ningpo, matando a 99 personas; el 28 de noviembre del mismo año, aviones japoneses llevaron a cabo un ataque biológico sin víctimas sobre Chinhua; en enero 1941 Japón inició sendas epidemias en Suiyuan y Shansi.

En principio, los estadounidenses no tomaron demasiado en serio el programa de armamento biológico japonés.

Antes de Pearl Harbor se consideraba que Japón estaba demasiado lejos y no podría lanzar un ataque masivo contra el continente americano.

Además, los científicos norteamericanos tendían a mantener una actitud de superioridad respecto a sus colegas nipones. Informes de la época afirman que los japoneses serían incapaces de desarrollar armas biológicas sin la ayuda de «científicos blancos».

Los métodos de la unidad 731 constituyen un crimen de guerra que, en muchos casos, supera con amplitud las mayores atrocidades de los campos de exterminio nazis.

Allí se experimentaba con seres humanos, coreanos, chinos y rusos primero y, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, estadounidenses, británicos y australianos.

A su llegada, los internos de este campamento de los horrores recibían un completo examen médico tras el cual, en función de los experimentos para los que estuvieran destinados, se les rociaba con sustancias desconocidas, se les inyectaban diversos sueros o sufrían exámenes más detallados que incluían la introducción de sondas por todos los orificios de su cuerpo.

Crueldad Inhumana:

Entre los prisioneros japoneses capturados por los marines norteamericanos en el Pacífico Sur había algunos médicos que habían pasado por la unidad 731.

Al ser interrogados revelaron que el programa de armamento biológico japonés se encontraba mucho más avanzado de lo que habían sospechado y, por primera vez, los norteamericanos supieron de la existencia de Shiro Ishii.

De pronto, los responsables de la defensa estadounidense se sintieron mucho menos inclinados a tomarse a broma los experimentos nipones.

Mientras, en la siniestra sede de la unidad 731, los prisioneros morían en gran número presa de enfermedades desconocidas.

Los cadáveres de los fallecidos eran diseccionados puntualmente por el equipo de Ishii, que esperaba ansioso nuevas remesas de prisioneros.

Estas prácticas constituían el pan nuestro de cada día en la unidad 731, un imperio de terror y enfermedad regido por Ishii con mano de hierro.

A su cargo no solo estaban las macabras investigaciones con prisioneros como conejillos de indias, sino también la producción de cantidades ingentes de gérmenes y toxinas, más de ocho toneladas al mes en su época de mayor esplendor.

Ishii se encontraba especialmente orgulloso de su granja de pulgas infectadas con la peste bubónica, algunas de las cuales fueron soltadas en varias ciudades chinas iniciando epidemias.

Los prisioneros que tuvieron la desgracia de caer en las garras del equipo de Ishii fueron inoculados con enfermedades como tuberculosis, meningitis, botulismo, ántrax, tétano, peste bubónica y otras aún más exóticas.

Muchos de ellos eran obligados en la fase más aguda de su infección a correr sin parar alrededor del campamento hasta que caían muertos a los pies de los científicos que anotaban eficientemente en sus cuadernos la distancia que habían sido capaces de recorrer.

Otros eran dejados desnudos a temperaturas de cuarenta grados bajo cero para comprobar el comportamiento del virus en climas fríos.

No pocos fueron atados a las mesas de operaciones y diseccionados vivos y sin anestesia.

La atroz cantidad y «calidad» de los crímenes cometidos por la unidad de Ishii les auguraban un trato sumamente severo al finalizar la contienda.

Sin embargo, el general Douglas MacArthur pareció no sentirse especialmente conmovido por la horrorosa suerte corrida por muchos de sus hombres y encaró el asunto de un modo que, cuando menos, resulta sorprendente.

Y es que MacArthur no veía por qué los Estados Unidos no debían aprovechar los descubrimientos derivados de los trabajos de Ishii.

Experimentos realizados por la unidad 731:

* Disección de personas vivas para experimentos de laboratorio y en ocasiones asesinados simplemente para documentar la muerte. El número de personas utilizado para este fin iba de las 400 a las 600 cada año.

* A partir de la segunda mitad de 1940, las tropas agresoras japonesas empezaron el uso a gran escala de armas bacteriológicas, y desencadenaron todo tipo de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la pestilencia, ántrax, difteria y bacteria de la disentería.

* Congelaban a los prisioneros y los sometían a técnicas de deshidratación severas y documentaban la agonía.

* Los exponían a bombas para aprender a curar a los heridos japoneses. Bombardearon poblados y ciudades chinas con pulgas infectadas y dieron a los niños golosinas con ántrax. Después entraban para comprobar los daños a la población y se llevaban enfermos todavía vivos para abrirlos y perfeccionar el arma.

* Contaminaron las fuentes de agua.

* Algunos de los experimentos llevados a cabo allí incluían inyectar a los sujetos con bacteria causantes de la peste bubónica producidas en moscas infectadas, para luego registrar la evolución de la enfermedad e incluso disecarlos en estado consciente.

* Los japoneses no dejaron nada sin probar: hongos, fiebre amarilla, tularemia, hepatitis, gangrena gaseosa, tétano, cólera, disentería, fiebre escarlata, ántrax, muermo, encefalitis de las garrapatas, fiebre hemorrágica, difteria, neumonía, meningitis cerebroespinal, enfermedades venéreas, peste bubónica, tifus, tuberculosis y otras endémicas de China y Manchuria. Realizaron pruebas con cianuro, arsénico, heroína, con veneno de serpientes y de pez erizo. En este programa murieron más de 10.000 personas.

* Algunos murieron como consecuencia de las investigaciones. Otros fueron ejecutados cuando quedaron tan débiles que no podían continuar en la Unidad 731 y en otros tantos puntos se hicieron tests con insectos, y todo tipo de gérmenes. Se probaba la resistencia humana al botulismo, ántrax, brucelosis, cólera, disentería, fiebre hemorrágica, sífilis y también la resistencia a los rayos X.

Fuente Consultada:
Top Secret Lo que los Gobiernos Ocultan  –  Iker Jiménez
http://sgm.casposidad.com/
http://www.avizora.com

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linea divisoria

El 20 de enero de 1942, los altos mandos nazis se reunieron en Grossen-Wannsee, en las afueras de Berlín, para discutir la cuestión de «la solución final» al problema judío.

La «solución» (el genocidio) había sido organizada de modo imperfecto.

Los Einsatzgruppen (grupos de trabajo) mataban a miles de hombres, mujeres y chicos judíos en Polonia y en la Unión Soviética, pero este método necesitaba gran cantidad de hombres y municiones.

Además, los soldados que debían hacerlo a menudo sufrían ataques de nervios.

La mayoría de los judíos de las zonas controladas por los nazis había sido enviada a campos de concentración o a guetos, pero su destino final todavía no estaba claro.

La conferencia de Wannsee, presidida por el subdirector de las SS Reinhard Heydrich, estableció que todos los judíos de Europa serían enviados a campos de los países del este, donde los que no presentaran invalidez física serían esclavizados.

Los obreros esclavos de los territorios conquistados ya resultaban imprescindibles para la economía alemana porque la mano de obra estaba en el frente.

La esclavitud tendría otra ventaja: como Heydrich observó, «muchos judíos desaparecerían por causas naturales».

Los que no fueran aptos para el trabajo «recibirían un trato especial». Las actas de la conferencia no definieron este término. Pronto los judíos y otros «indeseables» iban a morir en las cámaras de gas en los campos.

entrada a un campo de concentracioa aleman

Ver: Fotos del Holocausto (National Geographic)

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1-El Holocausto Judío:

Introducción:

No puede hallarse en la Historia otro crimen tan atroz ni tan fríamente calculado como el que aniquiló a millones de seres humanos en los campos de concentración nazis.

Reducidos al estado animal, sometidos a la más espantosa degradación moral y física, hombres, mujeres y niños fueron salvajemente torturados y arrastrados a las cámaras de gas por el solo hecho de pertenecer a una raza considerada inferior o de sostener creencias religiosas o políticas antagónicas a las de la «raza de los señores».

Hitler fue el origen de este furioso torbellino de la muerte.

Pero Hitler no estaba solo. Parte de un pueblo fanatizado por la propaganda, educado en el desprecio hacia el hombre no ario, le ayudó a borrar de la faz de la tierra a sus pretendidos «enemigos».

Las cifras del holocausto

Se estima que cerca de seis millones de judíos fueron asesinados en los lager, de ellos tres millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos.

Según algunos historiadores, otros seis millones de seres humanos -gitanos, prisioneros rusos, republicanos españoles, disidentes políticos, homosexuales- fueron exterminados.

Algunos aliados de Adolf Hitler, como la Croacia fascista de Ante Pavelic o la Francia del gobierno de Vichy, colaboraron en las tareas de deportación.

Medicina degenerada: Muchos deportados sirvieron de cobayos humanos para los experimentos de los pseudocientíficos nazis. En la foto, un grupo de niños víctimas de las prácticas del doctor Joseph Mengele, el «ángel de la muerte» del campo de Auschwitz.

Día: 25 de enero de 1945; lugar: K.Z.Stutthof, campo de concentración situado a pocos kilómetros al este de Gdansk (Danzig para los alemanes).

Cuando llegaron los soldados del Ejército Rojo, los primeros que iban a liberar un campo de exterminio nazi, sólo 385 de los 120.000 prisioneros que habían pasado por Stutthof (el 90 % de ellos era de origen polaco) lograron franquear las puertas del campo y respirar de nuevo la libertad.

Los jóvenes soldados soviéticos descubrieron un espectáculo dantesco.

Allí estaban los supervivientes del horror nazi, que vagaban moribundos, casi desnudos, por la amplia plaza del campo mientras el termómetro marcaba -30 °C; allí estaba el patíbulo, que en numerosísimas ocasiones había servido para segar las vidas de cientos de polacos, mudo testigo de unos hechos difícilmente creíbles.

Allí estaba la cámara de gas, sofisticada habitación de la muerte, que en los últimos meses de 1944 había consumido la escalofriante cantidad de 200 víctimas por hora; y, finalmente, allí estaba el horno crematorio, con su erguida chimenea aún humeante.

El horno donde las SS habían intentado borrar todo rastro de su barbarie, pero sin conseguirlo, porque los 85.000 cadáveres que pretendían hacer desaparecer en el momento de la liberación del campo eran demasiados para la capacidad del horno.

Así pues, los rusos encontraron también miles y miles de cadáveres amontonados formando un amasijo de brazos, piernas y cabezas.

El 27 de enero de 1945, otros soldados soviéticos pudieron presenciar una escena parecida en otro lugar siniestro: Auschwitz.

Y en el mes de abril, tras la llegada de los blindados americanos al campo de Buchenwald, cerca de Weimar, el general Eisenhower comprobó con sus propios ojos hasta dónde fueron capaces de llegar los nazis en su desprecio por la vida de los seres humanos.

La historia de los campos de concentración nazi comienza poco después de que Hitler fuera nombrado canciller del Reich el 31 de enero de 1933; su existencia obedece al propósito de eliminar a la oposición política.

Al principio, Hitler introdujo la «Schutzhaft» (custodia preventiva) como excusa para encerrar en los campos elementos no gratos para el régimen; más adelante no tuvo escrúpulos para eliminarlos.

En marzo de 1933, con motivo de la puesta en servicio de los primeros campos -Oranienburg y  Dachau-, Hitler definió así la función de estos establecimientos: «La brutalidad inspira respeto.

Las masas tienen necesidad de que alguien les infunda miedo y las convierta en temblorosas y sometidas.

No quiero que los campos de concentración se conviertan en pensiones familiares.

El terror es el más eficaz entre todos los instrumentos políticos…

Los descontentos y los desobedientes se lo pensarán dos veces antes de enfrentarse con nosotros, cuando sepan lo que les espera en los campos de concentración.

Agrediremos a nuestros adversarios con brutal ferocidad y no dudaremos en doblegarlos a los intereses de la nación mediante los campos de concentración. »

No cabe la menor duda que quienes fueron delegados por Hitler para este cometido cumplieron fielmente los deseos de su jefe.

En un principio, los campos se hallaban bajo el control de la SA («Sturm  Abteilung», sección de asalto), tropas de choque que acabaron por ser anuladas después de un sangriento ajuste de cuentas con las SS durante la célebre «Noche de los cuchillos largos», el 30 de junio de 1934.

La SA fue, por tanto, la encargada de instaurar el terror mediante asesinatos masivos en los primeros campos de concentración.

El comandante de Dachau, Theodor Eicke, redactó de forma escrupulosa un reglamento cuya letra y espíritu legitimaban estos asesinatos.

Tras la desaparición de la SA, Hitler asignó a las SS («Schutz-Staffeln», escuadras de protección) el control de los campos y Heinrich Himmler se encargó de organizarlas.

Con tal fin creó unos destacamentos destinados al servicio de custodia de los campos, las «Totenkopfverbánde» (formaciones de la calavera), reclutadas entre los nazis más fanáticos.

Las primeras remesas de prisioneros llegadas a los campos fueron obligadas a trabajar bajo una disciplina durísima y en unas condiciones inhumanas para levantar y ampliar los establecimientos.

Aquéllos que no eran capaces de soportarlo morían sin remedio o eran fusilados; sin embargo, en ningún caso se revelaba la verdad sobre los fallecidos.

Bajo la directa supervisión de Himmler, los campos se multiplicaron.

Después de Dachau,  Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck(campo para mujeres),Stutthof, Auschwitz, Neuengamme,...

Estos grandes campos tenían otros anexos menores llamado: Kommandos exteriores.

Antes de 1939, el número de prisioneros internados en campos de concentración era relativamente bajo, sobre todo si se tienen en cuenta las cifras del período de guerra; además, aún no se habían aplicado masivamente los sistemas de tortura y muerte.

No obstante, esta situación cambió de modo radical tras las redadas de judíos llevadas a cabo por los nazis durante la tristemente célebre «Noche de cristal» (9-10 de noviembre de 1938), y después de la anexión de Austria, que significó la entrega de aquel país a manos de la Gestapo y de las SS.

Tras estos acontecimientos, el número de internados aumentó vertiginosamente. Y Himmler planeó la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo que tal cantidad de detenidos era capaz de ofrecer a sus secuaces.

Hitler había prohibido el empleo de prisioneros en la fabricación de armamento, pero a partir de septiembre de 1942 se hizo imprescindible aumentar la producción bélica.

Con este objetivo se llegó a un acuerdo según el cual los prisioneros trabajarían en las industrias privadas encargadas de abastecer al  ejército, a cambio de dinero y de un porcentaje de la producción para reequipar a las SS.

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2-1944:30.000 muertos al mes.

Pero las infrahumanas condiciones de trabajo y la pésima alimentación hicieron aumentar de manera alarmante la mortalidad en los campos.

Al recibir un informe en el que se le comunicaba que de los 136.700 deportados que habían ingresado en los campos entre junio y noviembre de 1942 sólo habían sobrevivido 23.502, Himmler montó en cólera.

Eso significaba que las bajas eran del orden de 19.000 mensuales, algo intolerable para el buen ritmo de la producción.

La respuesta de Himmler fue la promulgación de una ley titulada: «El Reichsführer orden hacer disminuir, en forma absoluta, el índice de mortalidad».

A pesar de la grandilocuencia, en 1944 el número de víctimas había aumentado a 30.000 mensuales.

A medida que los ejércitos aliados avanzaban, la situación en los campos alcanzaba las metas que se habían propuesto sus funestos artífices.

Como ha dicho el psicólogo Bruno Bettelheim, superviviente de Dachau y Buchenwald, por medio de los campos de concentración la Gestapo pretendía:

«Acabar con los prisioneros como individuos, extender el terror entre el resto de la población, proporcionar a los individuos de la Gestapo un campo de entrenamiento en el que se les enseñaba a prescindir de todas las emociones y actitudes humanas, proporcionar, en fin, a la Gestapo, un laboratorio experimental para el estudio de medios eficaces para quebrantar la resistencia civil.»

Auschwitz, largo calvario hasta la cámara de gas

Sobre la puerta de entrada de Auschwitz I, todavía hoy puede leerse un letrero que reza: «Arbeit macht frei» (El trabajo da la libertad).

Situado en tierra polaca, entre Katowice y Cracovia, el campo de Auschwitz cuenta en su haber con la cifra más alta de asesinatos: se calcula en 4.000.000 el número de  exterminados, la mayoría de ellos judíos (3.000.000 muertos en las cámaras de gas), además de millares de gitanos y de prisioneros de guerra soviéticos.

El campo estaba rodeado de una alambrada espinosa electrificada, y varias torretas dotadas de ametralladoras y potentes reflectores custodiaban las instalaciones día y noche.

A la llegada de cada convoy, los SS gustaban de repetir con macabro cinismo:  «Aquí se entra por la puerta y se sale por la chimenea.»

En la misma estación de ferrocarril, los deportados que habían sobrevivido al viaje eran seleccionados: los más fuertes se empleaban para el trabajo, el resto era eliminado. Inmediatamente, los SS practicaban

la «Strasse» (calle) en la cabeza de los prisioneros: un surco de unos 2 cm. de anchura desde la frente hasta la nuca; a continuación se marcaba a fuego su número de matrícula en el brazo o en la nuca, número que también era inscrito en una placa de hojalata que el prisionero debía llevar constantemente atada a su muñeca, y cuya pérdida podía significar la muerte.

El vestido de los prisioneros consistía en un uniforme a rayas al que se cosía, según las categorías, un triángulo de paño de distintos colores dentro del cual se estampaba la inicial de la nacionalidad del detenido (F, francés; B, belga; S, español; R, ruso; P, polaco).

Debajo del triángulo figuraba el número de matrícula. Los prisioneros judíos llevaban una estrella de David de color amarillo.

Los deportados que habían resistido las primeras vejaciones era integrados en escuadrones de trabajo bajo las órdenes de un «Kapo» (KAmaraden POlizei), generalmente delincuentes de derecho común que colaboraban con los SS en los peores servicios y brutalidades.

Los escuadrones de trabajo debían recorrer diariamente varios kilómetros a pie para llegar al lugar del trabajo. Una vez allí les estaba  prohibido hablar.

Si alguno caía rendido por el cansancio o se alejaba de su puesto, era fusilado inmediatamente, y su cadáver debía ser cargado por sus compañeros hasta el campo para el recuento.

Sometidos a una despiadada explotación, los deportados llegaban a convertirse en lo que según la jerga de los campos se denominaba «musulmanes»; es decir, detenidos que habían alcanzado el último grado de agotamiento, el límite de sus fuerzas.

Los prisioneros de Auschwitz trabajaban, en el l. G. Farben, en las fábricas de material de guerra de la Unión Krupp y en empresas más pequeñas que los empleaban en minas, bosques o trabajos de construcción de carreteras.

De este modo, las SS, a cambio deproporcionar mano de obra barata obtenían de tales empresas sustanciosos beneficios.

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3-El umbral de la muerte

La escasísima alimentación era otra forma de morir lentamente. En Auschwitz, un prisionero recibía alrededor de 1.740 calorías diarias, cuando las mínimas indispensables debían ser 4.800.

Además, la disenteria y otras enfermedades causaban estragos entre los deportados.

Algunos «afortunados» lograban acceder a la enfermería («Revier») que, a pesar de ser un lugar siniestro e insalubre, y en la mayoría de las ocasiones la antesala de la cámara de gas, significaba un refugio para  muchos prisioneros, sobre todo en invierno.

En noviembre de 1944, ante el avance de los aliados hacia Alemania, Hitler ordenó la suspensión de matanzas en Auschwitz y el desmantelamiento de los hornos.

Se inició así el último de los sufrimientos para los que aún sobrevivían: 60.000 personas fueron evacuadas hacia Buchenwald.

Anduvieron toda una noche recorriendo 70 km; luego les esperaban tres largos días de penoso viaje en vagones de tren  descubiertos, soportando temperaturas de -20 ºC.

Al entrar los soviéticos en el campo de Auschwitz el 27 de enero de 1945, se encontraron con 5.000 deportados, la mayoría de los cuales murieron poco tiempo después a causa del estado en que se encontraban.

Sobre una colina boscosa y arrasada por el viento, próxima a la ciudad de Weimar, la cuna de Goethe, se levantó en 1937 el campo de Buchenwald.

En la puerta de hierro forjado de su entrada se podía leer una inscriopción que decía: «Jedem das seine» (A cada uno lo suyo).

Buchenwald era una auténtica «fábrica de cadáveres»: en los sótanos de su «Krematorium» estaban las salas de disección, cámaras de tortura y la sala en la que se llevaban a cabo ahorcamientos mediante ganchos de hierro clavados en las paredes; desde allí, los cadáveres subían en un montacargas al piso donde estaban instaladas las cámaras  de gas y los hornos crematorios.

A pesar de la enorme capacidad de este edificio, en el patio también se amontonaban carretas de muertos procedentes de los barracones o de la enfermería.

Un cierto número de deportados –en su mayoría políticos y judíos alemanes, polacos y checos– fue empleado en las fábricas de Gustloff anexas al campo, en la «Steinbruch» (cantera), o en la reparación de carreteras.

La crueldad de los campos se vio aumentada en Buchenwald por la presencia del comandante Walter Koch y, sobre todo, de su esposa llse, cuyo nombre tiene para los supervivientes un significado escalofriante: nadie puede olvidar las lámparas de su habitación, cuyas pantallas fueron elaboradas con la piel tatuada de algunos deportados.

En los primeros días de abril de 1945, las SS recibieron orden de liquidar el campo.

Gran cantidad de deportados fueron evacuados hacia los campos de Bergen-Belsen, Dachau y Flossenburg, entre otros. Muchos murieron en el camino.

Sin embargo, la última empresa de exterminio no pudoser llevada a  cabo por las SS gracias a la decisiva acción de la organización clandestina del campo que logró liberarlo el 11 de abril de 1945, algunas horas antes de la llegada de los blindados americanos.

De los 250.000 detenidos que habían pasado por Buchenwald, en aquel momento sólo sobrevivían penosamente unos 25.000.

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4-Mauthausen, escalera hacia el abismo

Auténtica fortaleza inexpugnable, Mauthausen fue construido junto a la cantera de Wienergraben, aorillas del Danubio, en las cercanías de la ciudad austríaca de Linz.

El acceso a la cantera se efectuaba descendiendo los 186 escalones de la «escalera de la muerte».

Al amanecer, los prisioneros la bajaban corriendo, golpeados por la SS que formaban dos hileras; por la noche, la subida se llevaba a cabo en columnas de a 5, muy a menudo con un bloqke de piedra a la espalda.

En la cima de la cantera al final de la escalera, se abría un abismo en la roca cortada quie la SS había bautizado «pared de los paracaidistas» porque mucho prisioneros deseperados se lanzaban al vacío o eran empujados y precipitados por los guardianes.

Entre 1939 y 1945, el campo de Mauthasen llegó a albergar a 335.000 deportados de los que murieron 122.777, si contar los que eran asesinados antes de ser registrados.

Antes de morir, había que sifrir todo tipo de humillaciones.En los barracones donde se hacinaban 10 veces más personas que las inicialmente previstas, 5 o 6 prisioneros tenían que compartir un pequeño jergón de paja.

En plena podía llegar la orden de dirigirse desnudos al baño para regresar sin secarse a los barracones o de formar en la plaza central de campo durante horas soportando temperaturas de -20 grados centígrados.

En el despacho del comandante de campo, Franz Ziereis, responsable de los crímenes allí cometidos, se encontró una orden que decía:

«En el caso que el enemigo aproxime, hagansé sonar las sirenas, obliguesé a todos los detenidos a entrar en el «Keller» (galerías subterráneas) y procédase a su eliminación utilizandosé gas.»

Un Comité Internacioanal de Resistencia, creado clandestinamente por los deportados , liberó el campo tras duros combates entre el 5 y 7 de mayo de 1945, antes de que llegaran las fuerzas aliadas.

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5-Un día en un campo de concentración

La diana solía sonar entre las 4 y las 5 de la madrugada.

Había que ocuparse de la limpieza personal, pero en muchas ocasiones se carecía de agua.

A continuación se distribuía un tazón de agua sucia eufemísticamente llamada café, cuya máxima virtud era estar caliente.

Sin perder tiempo, los internados tenían que formar en la «Appelplatz» o «Lagerplatz» (plaza central del campo) donde se pasaba lista.

Tras este trámite, que podía durar horas, los prisioneros eran agrupados en «Kommandos», cada uno de los cuales constituía un grupo de trabajo a cuyo frente estaba un «Kapo».

Los trabajos forzados se realizaban aprovechando al máximo la luz solar.

El único momento de reposo era el de la «comida»: un plato de sopa y las denominadas «porciones», que consistían en 300 g de pan de salvado o de serrín de madera.

Por la noche, otro plato de sopa, esta vez con trocitos de legumbres secas, col y nabos.

Cinco veces por semana se distribuían con el pan 25 g de margarina, y una vez por semana un pedacito de salchicha vegetal de unos 75 g o dos cucharadas de mermelada.

De vez en cuando, dos cucharadas de  coágulos de leche que pretendían ser queso.

A medida que pasaba el tiempo y aumentaba el número de prisioneros en los campos, las raciones de comida fueron disminuyendo.

Para los hambrientos, cualquier cosa era comestible, ya fueran mondaduras sucias o patatas crudas; en algunos campos, incluso se dieron actos de canibalismo.

Los barracones de madera («Blocks»), además de albergar a los prisioneros amontonados, estaban cargados de piojos, pulgas, polvo, moho y excrementos humanos.

Los enfermos que no cabían en la enfermería se quedaban en los barracones, agrupados por enfermedades, esperando la llegada de la muerte.

Los castigos corporales formaban parte de la vida cotidiana.

Era casi imposible escapar a los castigos porque todo estaba prohibido: aproximarse a menos de dos metros de la alambrada, dormir con la chaqueta o sin calzoncillos, no ir a la ducha los días señalados o ir los días no señalados, salir del barracón con la chaqueta desabrochada, llevar bajo la ropa papel o paja para protegerse del frío,…

La contravención del reglamento podía significar 20 ó 50 bastonazos en los riñones, o bien tener que permanecer en posición de firmes bajo los focos de los reflectores durante toda la noche, con las manos cruzadas detrás de la nuca.

Sin embargo, los SS pocas veces se manchaban las manos.

Se elegía a los verdugos entre los propios compañeros de los prisioneros: los odiados «Kapos».

En ocasiones, los mismos prisioneros aceptaban colaborar para poder disfrutar de algunas ventajas.

El llamado «Sonderkommando» (destacamento especial) se encargaba de las cámaras de gas y de los hornos crematorios.

Lo formaban prisioneros polacos, lituanos, rusos y ucranianos, en su mayor parte judíos.

Su trabajo consistía en abrir las cámaras de gas, arrastrar con gar os os ca veres asta e orno, limpiar la cámara para la siguiente utilización y trasladar las cenizas y huesos que habían caído a través de las parrillas.

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6-Exterminio

Ya en los últimos meses de 1939, Hitler propuso un programa de eutanasia, destinado a eliminar los enfermos incurables, fundamentalmente los mentales.

El asesinato de las víctimas se llevó a cabo obligándoles a inhalar monóxido de carbono.

Los familiares debían contentarse con un certificado de defunción que aludía a «muerte por pulmonía o debilidad cardíaca».

Cuando Hitler decidió la llamada «Solución final», fueron dispuestos los grandes campos de exterminio polacos (Chelmno, Belzec, Sobibor y Treblinka) para dicho cometido.

En Chelmno, por ejemplo, los deportados eran obligados a prepararse para tomar un baño antes de ser enviados a trabajar.

A continuación se les introducía en camiones especiales, preparados para que el monóxido de carbono producido por los motores penetrase en la cámara donde viajaban las víctimas.

Cuando ya no se oía ningún grito, los camiones se trasladaban hacia un bosque cercano donde los cadáveres eran arrojados en grandes fosas.

Más tarde se construyeron las cámaras de gas fijas y los hornos crematorios.

Para el funcionamiento de aquéllas se utilizó el gas «ZyklonB», «mucho más eficaz», según palabras de Rudolf Hess.

Cuando el exterminio fue masivo, se «perfeccionaron» las instalaciones.

En Treblinka, y con la presencia de Himmler, se inauguraron nuevas cámaras y hornos capaces de eliminar 5.000 cadáveres en 24 horas.

Con la aplicación de técnicas más expeditivas, en la primavera de 1944 se alcanzó la cifra de 24.000 gaseamientos diarios.

Previamente, las víctimas eran despojadas de todas sus pertenencias.

La rapiña  de las SS llegó hasta el punto de especular con el pelo de los deportados que, mediante un adecuado tratamiento, era convertido en fieltro industrial.

Tras la liberación de Auschwitz se encontraron siete toneladas de cabellos humanos en los almacenes del campo.

Los huesos sin quemar se vendían a firmas industriales, y las cenizas, se utilizaban como fertilizante.

Las prótesis dentales de oro o platino iban a  parar a los bolsillos de los SS.Además de las cámaras de gas, los nazis utilizaron otros muchos medios para matar.

Los prisioneros de guerra y políticos de cierta relevancia eran fusilados.

En Mauthausen se colocaba a los prisioneros de  espaldas contra una regla vertical graduada a modo de medidor de estatura que tenía un agujero a la altura de la nuca; por este orificio de disparaba acertadamente y sin posibilidad de error.

En algunos campos , las víctimas fueron obligadas a descender a fosas llenas de cal viva en que luego se le arrojaba agua.

En varios campos, los internados fueron utilizados como cobayas humanas y sometidos a terribles experiencias: inoculación de enfermedades,ablación de músculos, castración y esterilización,…

Algunas de estas experiencias estaban orientadas a encontrar los métodos más eficaces para el exterminio de las etnias y los grupos sociales considerados inferiores.

El Instituto de Higiene de las Waffen SS dirigía estas pruebas, llevadas a cabo por médicos nazis en colaboración con las secciones de química farmacéutica del I. G. Farben y otras empresas.

Cuando las víctimas ya no servían para nada, una inyección venenosa terminaba con sus vidas.

El Dr. Brack ideó un método de esterilización basado en la proyección intensa de rayos X sobre los órganos genitales, mientras el individuo, sin advertir lo que le estaban haciendo, rellenaba un formulario  en una ventanilla.

También se pensó en la castración quirúrgica, pero resultaba un método excesivamente lento.

En Dachau se hicieron más de 500 operaciones para el adiestramiento de estudiantes de medicina: la mayoría de los operados falleció sin remedio.

Uno de los más crueles «médicos» nazis fue el Dr. Sigmund Rascher. Introducía a sus víctimas en cámaras de descompresión, las sometía a temperaturas bajo cero, las sumergía en recipientes de agua helada para «observar las reacciones del paciente».

En Auschwitz se efectuaron experiencias consistentes en someter la epidermis de los internados a la acción de gases tóxicos; se les inyectaba petróleo o gasolina, y se estudió la influencia de determinados productos químicos sobre la capacidad mental de las víctimas.

Algunas deportadas sufrieron la inoculación de células cancerígenas en el cuello del útero, para después ser gaseadas.

Se ha hablado mucho y se han baraj ado gran cantidad de cifras al referirse al genocidio judío y a las víctimas de la barbarie nazi en general.

Se estima que murieron alrededor de 5.934.000 judíos, de ellos, 3 millones eran polacos, 900.000 ucranianos, 450.000 húngaros, 300.000 rumanos y 210.000 alemanes y austríacos.

Según algunos historiadores, otros seis millones de personas murieron en los campos de concentración del Reich.Entre 150.000 y 200.000 soldados, oficiales e industriales fueron responsables directos de estas muertes.

Desde el final de la guerra, sólo unos 35.000 han sido juzgados y condenados por ello.

Además de los judíos, gentes de todas las etnias, grupos sociales, nacionalidades y credos religiosos y políticos sufrieron en silencio la degradación y la muerte: gitanos, homosexuales, miembros de la Resistencia francesa, soldados rusos, republicanos españoles, políticos comunistas y sacerdotes católicos….

Nadie escapó al holocausto.

Queridísimo Reichsfuhrer: Cumplo con el deber que me ha señalado de tenerle periódicamente informado de los resultados de mis investigaciones…

«Pese a la brevedad del período de tiempo que he tenido a mi disposición, solo cuatro meses, ya me hallo en condiciones , Reichsfuhrer, de informarle de cuanto he descubierto.El método inventado por mí para esterilizar el organismo femenino sin intervención quirúrgica, se encuentra en la práctica totalmente a punto.

El método se funda en una sola inyección en el cuello del útero y puede ser aplicado mientras se efectua un examen ginecológico normal, conocido por todos los médicos.

Cuando afirmo que el método está a punto «en la práctica»quiere decir que aun de efectuarse determinados perfeccionamientos, que este sistema puede ser,desde ahora,utilizado en lugar de la intervención quirurgica para nuestras esterilizaciones eugenésicas y sustituírla.»

«En cuanto a la pregunta que Ud. Reichsfuhrer, me formuló hace casi un año respecto al tiempo necesario para esterilizar por este sistema a un millar de mujeres, puedo responderle con suficiente aproximación.

Es decir si mis investigaciones siguen con el ritmo actual – y no existe motivo para suponer lo contrario- , no está lejano el momento en que un médico práctico, que disponga de la instaalción adecuada y de una docena de ayudantes (el número de ayudantes está en función de la aceleración del programa que se desee cumplir) , se halle en condiciones de esterilizar varios centenares – e incluso 1000 mujeres al día -.

Fuente Consultada: Carta del Dr. Carl Clauberg a Himmler 7-6-1943.

Fuente Consultada:Memoria de Himmler

Leer: 4º Capítulo del Libro «Los Horno de Hitler» de Olga Lengyel

Las Purgas de Stalin Arresto y ejecuciones en masas en Rusia

LAS PURGAS DE STALIN EN RUSIA

malas noticias en el mundo

STALIN EN EL GOBIERNO: Stalin preside la segunda etapa de la historia de la Rusia soviética.

Nos falta todavía un estudio definitivo sobre su figura. Rodeado durante bastantes años por una aureola de popularidad, concentró a partir de 1934 en sus manos todos los resortes del poder y eliminé a la vieja guardia bolchevique, que podría discrepar o hacerle sombra.

Glorificado por la historiografía soviética, comenzó a ser criticado después de su muerte (1953). Sin la brillantez de Lenin y Trotski, era un marxista riguroso, quizás el mejor conocedor del problema de las nacionalidades -la gran laguna de la literatura marxista—, y un formidable organizador que impulsó los planes quinquenales.

Pero no faltan perfiles terribles en un balance de su gestión. Pravda publicaba en diciembre de 1969 una críticaabierta: “Stalin ha cometido errores teóricos y políticos que adquirieron carácter de gravedad en el último periodo de su vida…

El resultado fueron limitaciones injustificadas de la democracia y groseras violaciones de la legalidad socialista, y una represión injustificada contra dirigentes importantes del Partido, del Estado, de los jefes militares y de los otros cuadros  

Los procesos que tienen lugar en Moscú entre 1936 y 1938 constituyen uno de los más sorprendentes fenómenos de la Rusia del siglo XX. Se inician en agosto de 1936 con el juicio contra los dirigentes de la vieja guardia bolchevique: Zinóviev, Kaménev, Smirnov y otros trece.

Todos admiten las acusaciones y se reconocen culpables de traición al Partido, al Estado, y de colaborar con la Gestapo alemana; tan paladina confesión provoca el asombro mundial. Los supervivientes, rehabilitados en 1953, han testimoniado sobre torturas psíquicas y físicas.

En enero de 1937, la persecución de los bolcheviques históricos continúa con el proceso contra Piatákov y dieciséis diri­gentes más.

En el tercer proceso, en el mes de junio, se inicia la depuración del ejército, y se condena a muerte a héroes de la guerra civil, como Tujachevski.

En el cuarto proceso —marzo de 1938— le toca su turno al sector derechista del bolchevismo (Bujarin y Rikov).

En procesos menores se purga a dirigentes de la industria que no siguen las consignas de los planes quinquenales y a jefes de la policía caídos en desgracia a los ojos del dictador.

La invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial demostró que el objetivo de Stalin de convertir aceleradamente a Rusia en una gran potencia había sido acertado, aunque el precio pagado fue alto y dejó en la URSS huellas que en ningún momento desaparecerían totalmente de su vida colectiva.

CUANTIFICACIÓN DE LAS PURGAS ESTALINISTAS : Problema de difícil precisión todavía hoy por lo reciente del cambio político en la antigua URSS; sin embargo planteamos el estado de la cuestión para señalar que es tema que ha de ser esclarecido por los historiadores en el futuro.

Testimonios sin cifras están al alcance de cualquier lector occidental interesado: el discurso secreto de Kruschev y varios discursos públicos en el XXII Congreso del Partido (octubre de 1961) constituyen viñetas de las purgas; algunas víctimas pudieron publicar sus relatos en Occidente (Memorias de Ivanov-Razumnik; de Margarete Buber-Neuman, viuda de un miembro del Bu­ró Político; relato del profesor Swianiewicz, estudioso de la organización económica de los campos de trabajo); las narraciones literarias, como Archipiélago Gulag y Un dia en la vida de Iván Jenisovich, de SOLZHLINITSYN y El cero y el infinito, de KOESTLER, están confir­madas por testimonios de exiliados, por ejemplo el de KRAVCNENKO, Yo escogí la libertad (Madrid, 1953), o el más general de KRIVJTSKI, Yo fui agente de Stalin(Londres, 1940), o el del viejo trostkista ANTÓN CILIGA, El enemigo ruso (Londres, 1940).

Mayor interés his­toriográfico ofrece el estudio de BO­RIS SUVARINE, aparecido en ruso en 1939 (edición reciente: Staline. Aperçu historique du Bolchevisrne, Ed. Champ Libre, París, 1977).

Son escasas las fuentes que permitan una cuantificación, pero se dispone de alguna. Sobre ellas ha efectuado un espléndido estudio Lorimer, La población de la Unión Soviética. Historia y perspectiva.

Ginebra, Sociedad de Naciones, 1964. 500 carpetas de los archivos del Partido en Smolensko fueron capturadas por los alemanes en 1941 y terminaron en poder de los norteamericanos.

En castellano disponemos de un estudio de conjunto,  de R. CONOCEST, El gran terror: Las purgas stalinianas de los aflos treinta, Caralt, Barcelona, 1974.

En el momento de los juicios las posiciones occidentales fueron contradictorias. En Estados Unidos una comisión presidida por Dewey consideró que la acusación en los grandes procesos estaba falseada, pero un manifiesto de intelectuales, enca­bezado por Granville Hicks, atacó a    la comisión. En Inglaterra el Manchester Guardianofreció amplia información.

Un periodista conocedor del ruso, Walter Duranty, consideró juntos los juicios. Pero éstos no constituyen más que una página de la gran purga, que afectó a millones de ciudadanos soviéticos.

Las cifras de la represión

Consignemos, en primer lugar,  algunas cifras sobre detenidos. Por las Instrucciones Secretas de 8 de mayo de 1933 de Stalin-Molotov sabemos que había en las cárceles 800.000 presos, sin contar los de los campos y colonias de trabajo. Para los años 1937-38 varios testimonios coinciden en contabilizar entre seis y ocho millones de presos políticos.

Sólo en Moscú existían 3.000 interrogadores. El físico Alexander Weissberg, que estuvo preso en la cárcel de Kharkov de marzo de 1937 a febrero de 1939, estima que el 5,5 por ciento de la población de la región pasó por la cárcel; en esta  proporción coinciden otros testimonios, lo que supone, consultando el censo de 1939, un total de 8,5 millones de detenciones.

Otros cálculos, el del yugoslavo Dedijer, y  de Uralov, funcionario del Partido, lo rebajan a 7 millones.

Teniendo en  cuenta que parte de los detenidos eran miembros del Partido resulta útil comparar los datos de dos Congresos: en el XVII (1934) tenía 2.817.000 afiliados, en el XVIII (1939) había descendido a 1.568.000; a la diferencia habría que sumar los miembros nuevos, unos cuatrocientos mil, y deducir las bajas por razones diversas, desde fallecimientos hasta expulsiones que no iban acompañadas de detención, y quedaría una cifra de de un millón de miembros del partido arrestados.

Sobre ejecuciones disponemos de bastantes datos parciales. Un escritor soviético (Ginzburg) ha afirmado que, en la prisión de Lefortovo, en agosto de 1937, eran fusilados 70 hombres por día.

Diversos testimonios calculan que el número de ejecutados es de un 10% con total de detenidos, lo que supo entre 600 y 700.000; Uralov lo rebaja a 500.000; un oficial de la NKVD (Petrov) lo eleva a dos millones, y Dedijer a tres millones, cálculos con toda probabilidad exagerados. Conquest se inclina por una cifra aproximadamente un millón.

Ante la disparidad de cifra es imprescindible recurrir a las fiuentes estadísticas, como los censos de bajadores forzados organizados la NKVD o simplemente los oficiales de población.

El cálculo de Conquest: El cálculo de Conquest ofrece la fiabilidad relativa de provisional: 5 millones de encarcelados hasta enero de 1937, 7 millones de detenidos entre enero 1937 y diciembre de 1938; de un millón de ejecutados y dos millones de muertos en los campos.

El estudio de Lorimer sobre población permite afirmar que al menos las cifras de detenidos pueden aceptarse como un indicador (calcula 6.790.000 en los campos trabajo).

Por otra parte, la contabilización de Conquest nos ofrece otra partida: los fallecidos en los campos, en proporción doble a la de ejecutados. El censo soviético 1959 hace posible otra aproximación al tema.

La proporción de 453 hombres por 547 mujeres en el grupo de los 30 a 34 años puede atribuirse a muertes de soldados jóvenes, menores de veinte años, en la Primera Guerra Mundial.

En el grupo de 35 a 39 la diferencia, sorprendentemente, es todavía mayor, 391 hombres para 609 mujeres, y aun mas desigual para los grupo 40-44, 45-49 y50-54: 384 hombre por 616 mujeres.

Este desequilibrio de la pirámide solo puede explicarse sobre la suposición de que la purga golpeó sobre todo a los varones entre treinta y cincuenta años.

PARA SABER MAS…

A partir de 1936, Stalin empezó a destruir de manera sistemática al viejo partido bolchevique para asegurarse la lealtad de un partido comunista de aduladores.

En un período de tres años que duró hasta finales de 1938, Stalin y su policía secreta arrestaron a cinco millones de ciudadanos. Millones de ellos fueron ejecutados. Sólo en Moscú, hubo días en que se alcanzaron las mil ejecuciones.

Los que quedaban con vida eran desterrados a los gulag, un sistema de campos de trabajo construido por Stalin (vestigio terrible de los tiempos zaristas) que resultó ser insuficiente para contener al gran número de prisioneros.

La cantidad de rusos que murieron durante la Gran Purga fue superior a la de soldados estadounidenses muertos durante todas las guerras, desde la independencia norteamericana hasta el conflicto de Vietnam.

La Purga seguía un esquema oficial de acusación, arresto y condena. Una nueva ronda de recriminaciones iba acompañada por un juicio público en el que el veredicto era siempre de culpabilidad.

En agosto de 1936, Stalin celebró el primero de ellos, que envió al paredón a Lev Kamenev y Grigori Zinoviev, sus compañeros en el triunvirato que gobernó tras la muerte de Lenin, y a otros catorce dirigentes comunistas de la vieja guardia.

Todos fueron acusados de participar en una conspiración instigada por Trotski para asesinar a los altos dirigentes de la Unión Soviética y de haber matado a Sergei Kirov (el dirigente comunista a quien Stalin había ordenado ejecutar en 1934, de forma que pareciera un complot). Todos confesaron y fueron sentenciados a muerte.

Lo que los corresponsales extranjeros enviados a cubrir el juicio desconocían era que los acusados habían sido amenazados y torturados durante el período de encarcelamiento anterior al juicio y que sus confesiones estaban falseadas. No obstante, Occidente, desesperado por conseguir una alianza contra el fascismo, firmó un acuerdo con Stalin.

Mientras, en julio, el Comité Central hizo llegar un nuevo conjunto de normas a las células locales: «La cualidad inherente a todo bolchevique en las condiciones actuales debe ser la capacidad de reconocer a un enemigo del partido, sin importar el disfraz que lleve». A partir de entonces, el no reconocer a un enemigo constituía un delito.

El partido fue presa de la paranoia. Sólo estaba a salvo Stalin, protegido por su policía secreta.