Nivel Comercial de EE.UU.

Politica Economica Externa De Estados Unidos Proteccionismo

Política Económica Externa De Estados Unidos

El Nivel del Comercio Internacional: Las exportaciones siempre han desempeñado un papel importante en varios segmentos de la vida económica estadounidense, sobre todo en el agrícola. El papel de las importaciones ha sido relativamente menor, hasta 1974 en que la situación cambió.

dolares en estados unidos

Las inversiones de los EUA en el exterior no fueron un factor crítico sino hasta años recientes. En 1914, antigua fecha límite para los datos en este renglón, la inversión privada a largo plazo (directa) de los EUA en el exterior ascendió a 3.500 millones de dólares. En 1930, la cifra había subido a 15 200 millones. Sin embargo, disminuyó en los años 30. Para 1946 volvió a subir 12.300 millones. En el decenio de 1946 a 1955 se duplicó la inversión a largo plazo en el exterior. La inversión directa crecía entonces con rapidez, de suerte que para fines de 1978 llegó a los 168 100 millones de dólares.

No fue sino hasta principios de 1970 cuando el ingreso procedente de las inversiones en el exterior empezó a ser mayor que el flujo anual de inversión en el extranjero. En 1974, el ingreso fue de 18 000 millones de dólares, mientras que la salida de capital ascendió a 4500 millones, según el Informe Económico Internacional del Presidente, marzo de 1975.

Durante más de un decenio, los dirigentes de muchas naciones se han alarmado pues creen factible que las empresas estadounidenses lleguen a dominar las economías de sus respectivos países. Por ejemplo, las empresas norteamericanas controlaban en 1967 al 45 por ciento de las operaciones de manufactura en el Canadá.

En consecuencia, este país promulgó leyes para impedir que los Estados Unidos siguieran absorbiendo compañías canadienses y fundaron la Corporación para el Desarrollo Canadiense, la cual estaba autorizada a comprar las compañías estadounidenses y de otras naciones que realizaran sus operaciones en el Canadá. En fecha más reciente han presentado quejas similares algunos estadounidenses que se alarman por el nivel de la inversión que en los EUA realizan japoneses, europeos occidentales, compañías e individuos pertenecientes a países ricos en petróleo.

Reseña de la economía de los Estados Unidos
Servicio informativo cultural de los Estados Unidos

Proteccionismo Comercial de Estados Unidos Politica Economica Externa

Proteccionismo Comercial de Estados Unidos
Política Económica

Históricamente, los Estados Unidos han tenido un fuerte impulso hacia el proteccionismo económico (la práctica de emplear aranceles o cuotas para limitar la importación de productos extranjeros a fin de proteger la industria nacional). Esta política se originó en los albores de la historia del país. Resultó factible por el aislamiento geográfico; fue necesario porque la nueva industria necesitaba alcanzar una magnitud que le permitiera hacer economías de escala y porque el hacer frente a la competencia del exterior no le habría permitido crecer.

dolares en fajos

Antes de los 30, el gobierno de los Estados Unidos participé poco, en forma sostenida, en la política económica internacional. El famoso Arancel Smoot-Hawley de 1930 fue el remate de la tradición proteccionista. Pero desde entonces la política estadounidense ha tendido continuamente hacia una perspectiva mundial compartida, aunque hasta hace poco los EUA solían hacer caso omiso del mundo al determinar su propia política económica nacional.

El país se sintió libre de proceder así porque sus recursos, la magnitud de su mercado y su tecnología ayudaron a crear una autosuficiencia muy considerable (o lo que los economistas llaman autarquía).

Durante los años 60 y 70, los Estados Unidos se inclinaron notoriamente hacia un comercio más libre. Se han mencionado al menos cuatro razones en apoyo de esa política: (1) Sin comercio internacional, los Estados Unidos tendrían que prescindir de productos como té, café y plátano; el empleo nacional de metales como acero, aluminio y uranio tendría que reducirse, y el consumo de petróleo habría de disminuir a la mitad.(2) Algunos artículos pueden obtenerse a menor precio en otras partes del mundo donde los costos de la mano de obra son más bajos o las condiciones naturales permiten que su producción sea más barata.

Era preciso permitir que los consumidores estadounidenses se beneficiaran con esos menores precios. (3) El país obtiene productos de mejor calidad a través del libre comercio porque algunas naciones se especializan en elaborar determinados productos con habilidad y excelencia. (4) El país no puede disfrutar la prosperidad que proviene de la venta de sus productos en el exterior a menos que acceda a importar artículos de los países a quienes vende.

Los EUA exportan productos tales como aviones, computadoras y maquinaria, además de productos agrícolas como cereales y algodón. A mediados de los setenta, por ejemplo, el país exportó cada año cerca del 40% de su producción algodonera.

Fuente: Geografía – América y Antártida

Planificación Economica en Latinoamerica Post Primera Guerra Mundial

Planificación Económica en Latinoamerica

La planificación en América Latina: También a nuestros países, sobre todo bajo el influjo de la revolución rusa y sus realizaciones, llegaron las ideas del socialismo y la planificación económica. Durante la Segunda Guerra Mundial y en seguida de finalizada la misma, por la distensión de los lazos de dependencia ocasionada por el enfrentamiento bélico entre las potencias imperialistas y sus dificultades en la posterior reconstrucción, las economías de los países latinoamericanos conocieron un cierto progreso, mas sin mayores modificaciones en la base de sus relaciones de producción.

Para esta época también comenzaron a ser ampliamente conocidos algunos postulados de la planificación económica y se dieron a conocer programas similares a los elaborados en las economías capitalistas avanzadas. Sin embargo, al mantenerse las bases del atraso y la dependencia, estos programas mostraron pronto su poca viabilidad práctica, al menos como instrumentos que permitieran el efectivo «despegue» de nuestras economías.

Recompuesto el sistema mundial capitalista y dada la endeblez del desarrollo de las economías de los países de América Latina, éstos volvieron más o menos rápidamente al radio de influencie del imperialismo, reconstituyéndose la dependencia fundamentalmente en base a una más activa participación del capital monopolista internacional en la industria abastecedora del mercado interno de los distintos países.

Al mismo tiempo, al incidir este proceso sobre la estructura del Estado de nuestros países, los programas de desarrollo y las inversiones e incentivos del Estado, que son lo principal de los mismos, se orientaron cada vez más a favorecer al proceso capitalista dependiente, en función de los intereses de las burguesías monopolistas y terratenientes nativas y de los monopolios internacionales.

Este proceso, iniciado en algunos países durante la crisis de los años treinta, se conoce como de sustitución de importaciones. Ya entonces, el liberalismo de tipo tradicional había sido abandonado por las clases dominantes nativas, recurriéndose a la protección de ciertas industrias por la imposibilidad de efectuar todas las importaciones que hasta entonces se habían realizado. La protección en igualdad de condiciones, dada la ventaja comparativa que tenían las empresas extranjeras en cuanto al conocimiento y disposición de las técnicas modernas, permitió a estas últimas «radicarse» con relativa facilidad, copando los mercados desde adentro y apoderándose de gran parte de los recursos internos.

El período de guerra y el inmediatamente posterior permitieron un cierto afianzamiento de los capitales internos, pero el mantenimiento de las bases de las estructuras de atraso y dependencia (fundamentalmente, el latifundio en el campo y el control monopolista en la industria) fue decisivo para mantener a nuestras economías en los carriles anteriores.

A medida que crecía el endeudamiento externo, que el desarrollo capitalista dependiente estimulaba, comenzó a hacerse cada vez más decisivo el estrangulamiento por falta de divisas y cada vez más los «planes» tuvieron que adaptarse a los requerimientos de los organismos financieros internacionales. Comenzó entonces a ponerse mayor énfasis en la estabilidad que en el desarrollo, tratando de mantener la renta terrateniente y las ganancias monopolistas a través del contenimiento de los salarios y el aumento de la productividad del trabajo.

La «planificación» se orientó en este sentido, asignándosele al estado el papel de determinar la política de ingresos, de apoyar, mediante créditos y exenciones impositivas a ciertas ramas de la industria, y de realizar las necesarias inversiones de infraestructura. Pero las difíciles condiciones económico-sociales que genera este proceso ni siquiera han permitido cumplir este papel a los respectivos estados.

Globalmente, podemos decir que la planificación en los distintos países latinoamericanos no escapa a las generales de la ley del conjunto de los países dependientes, aunque comparando a los de Asia y África, las condiciones de atraso no parezcan tan catastróficas. En general, en los países de Latinoamérica, al igual que en los demás países dependientes, se mantienen las bases de las relaciones de atraso y dependencia que hacen imposible que la programación de tipo capitalista pueda mostrar aún resultados medianamente satisfactorios. Porque ésta tiene lugar sobre esas bases que implican un gran retraso en la agricultura y en la industria y un permanente drenaje de recursos al exterior, que aumenta su endeudamiento y su inestabilidad económico-financiera.

Esto se refleja en la incapacidad del estado burgués-terrateniente de nuestros países para poder llevar adelante las inversiones «programadas» así como en el aumento de su endeudamiento interno y externo. Actualmente, la única excepción a esta regla en Latinoamérica, la constituye Cuba, cuyo pueblo luego de destruir el poder de su estado burgués-terrateniente y reemplazarlo por uno de carácter revolucionario, expropió a los terratenientes y grandes empresas monopolistas y comenzó la construcción del socialismo, utilizando la planificación como instrumento rector de la actividad económica.

La transformación de las relaciones de producción preexistente, semejante a la producida en los demás países que comenzaron la edificación socialista, liberó las fuerzas productivas internas, permitiendo su avance a través de las-iniciativas y la participación de grandes masas, lo que ha asegurado un desarrollo también exitoso de la planificación.

cuadro sintesis planes economicos

Fuente Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo tomo N° Las Economías Planificadas

Planificacion Economica Sovietica Planes Quinquenales en Rusia

Planificación Económica Soviética Planes Quinquenales en Rusia

INTRODUCCIÓN: Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, y con mayor énfasis en los últimos años, la idea e incluso la práctica de la planificación económica se esparció hasta los lugares más remotos del planeta. Si bien no existe uniformidad en cuanto a lo que ella significa y a sus implicancias y alcances, todo el mundo acepta hoy en día la necesidad de algún tipo de planificación en materia económica.

La aceptación de la planificación económica significa un cambio fundamentad respecto a la idea que se tiene acerca del funcionamiento de las leyes económicas. Recurrir a ella implica dudar del buen funcionamiento de dichas leyes y de que se puedan obtener a través de ellas ciertos objetivos humanos trascendentes. Es, también, reconocer que se trata de leyes sociales, no naturales, y por tanto modificables por la acción social concertada.

Es decir, aceptar que la actividad económica, como actividad humano-social orientada hacia determinados fines, pueda perder su carácter azaroso o aleatorio y permitir una adecuación conciente de los medios o recursos físicos y humanos, de sus relaciones internas y de sus interrelaciones, en función de determinados fines sociales.

Lo que implica una transformación radical de las relaciones entre tos hombres con el objeto de la producción, así como también de las relaciones jurídico-políticas en que se sustentan, para adecuar los medios a los fines sociales, o sea, para hacer efectiva la acción conciente de los hombres sobre el funcionamiento de la economía.

PLANES QUINQUENALES RUSOS ANTES DE LA GUERRA MUNDIAL

cuadro de planes quinquenales rusos

LA PLANIFICACIÓN: La posibilidad de la planificación económica, como producto de una acción social concertada que regule de manera conciente el funcionamiento de la economía en una sociedad determinada, se basa en el extraordinario desarrollo del conocimiento humano en su actividad productiva, es decir, en las grandes conquistas científico-técnicas de nuestra época. Su necesidad surge del hecho de que el aprovechamiento de semejante potencial técnico y humano sólo es posible a escalas gigantescas y en función de las necesidades de grandes conjuntos sociales. Lo que implica, para su utilización racional, la necesidad de que las decisiones económicas sean tomadas por el conjunto ‘de la sociedad organizada, con objetivos también definidos a dicho nivel.

Entonces, el importante grado de desarrollo de las fuerzas sociales productivas, o sea, la capacidad social para manejar la naturaleza y extraer de ella todos los frutos posibles (capacidad que es producto del conocimiento social acumulado por la humanidad en su desarrollo y que encuentra su mejor expresión en el extraordinario avance de los instrumentos de trabajo) requiere el ordenamiento de las relaciones sociales de producción, de la cooperación y división del trabajo, permitiendo así su utilización plena y, en consecuencia, su avance.

Este ordenamiento solo puede darse a nivel de la sociedad en su conjunto, con la participación consciente y concertada de todos sus miembros. Y aquí es donde la planificación económica, definida como decimos arriba, entra a jugar su papel.

Para que la planificación económica pueda ser tal, o sea, para que lo programado por la sociedad en su conjunto pueda cumplirse en realidad, debe tener ésta capacidad de decisión en lo que respecta a la utilización de la naturaleza y el desarrollo científico-técnico acumulado. Lo que implica que el dominio de lo fundamental de la tierra y de los medios de producción pertenezca al conjunto de la sociedad, y que ésta pueda ejercer efectivamente dicho dominio.

Stalin

Stalin , líder ruso post guerra mundial

Planificación y marxismo
Originariamente, las ideas de la planificación económica se relacionan con el pensamiento marxista. El análisis de Carlos Marx sobre la economía capitalista muestra la contradicción creciente entre el carácter progresivamente social de la producción y el carácter privado de la propiedad de la tierra y de los medios de producción, lo que determina el carácter privado de las decisiones económicas y de la apropiación del producto social.

De la profundización de esta contradicción inherente-al sistema capitalista surge la necesidad y la posibilidad de una nueva sociedad en la que al carácter progresivamente social de la producción se corresponda el carácter social de la propiedad de lo fundamental de la tierra y de los medios de producción. Lo que permite la toma colectiva de las decisiones económicas y la apropiación
colectiva del producto social.

Esta sería la característica fundamental de la llamada sociedad comunista, la que, según Marx y sus continuadores, reconoce un primer estadio donde los sectores explotados y oprimidos por el capitalismo ejercen su dictadura, utilizando una forma particular de Estado (el llamado estado de la dictadura del proletariado, que tiene su primer antecedente en la Comuna de París, en 1871). A través del manejo de dicho estado, el proletariado orientaría el desarrollo de la sociedad hacia el comunismo, que implica la supresión de todas las clases y por consiguiente del propio estado como órgano de poder y coacción. A ese primer estadio o sociedad de transición, se lo llama socialismo.

La organización económica de la nueva sociedad en cuyo período de transición irán desapareciendo las leyes que rigen el funcionamiento de la economía capitalista (las llamadas leyes de mercado que reconocen como motor fundamental la búsqueda de máximo beneficio por cada una de las empresas capitalistas), encuentra en la planificación el instrumento principal que determina su funcionamiento, en cuanto lo fundamental de la tierra y de los medios de producción pasan a ser propiedad del conjunto de la sociedad y las decisiones económicas deben ser tomadas por la misma.

La expropiación de los terratenientes y de los grandes capitalistas es el primer acto de la revolución social que postula el marxismo, así como la creación de un fuerte sector estatal en las industrias claves para el progreso económico, que sean base para el desarrollo de la planificación. El ejercicio del poder estatal por las clases explotadas y oprimidas por el capitalismo es requisito para que dicho sector estatal y la propia planificación económica se orienten hacia el objetivo fundamental de la humanidad: el reino de la libertad. Derrotada la Comuna de París, como forma particular de estado de la dictadura del proletariado y sus aliados, que hubiera permitido concretar el tránsito de la sociedad francesa hacia formas superiores de organización social, las formulaciones del marxismo respecto a las mismas siguieron circunscriptas al campo teórico.

Recién en 1917, con el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, se instaura el primer estado de la dictadura de las clases oprimidas por el capitalismo, dirigido por el proletariado. El nuevo poder, basado en consejos (soviets) de obreros, campesinos y soldados, constituye un gobierno integrado mayoritariamente por miembros de la que hasta hacía poco se conocía como fracción bolchevique de la social-democracia rusa, y que se conformaría como Partido Comunista Ruso, bajo la dirección de Lenin.

Los bolcheviques, que asumieron poco después íntegramente el gobierno, concertaron una paz precaria con Alemania; procuraron entonces orientar el proceso interno hacia la construcción de la sociedad sin clases de acuerdo a la concepción marxista, afrontando la guerra civil y la agresión de las potencias imperialistas, que centraron todos sus esfuerzos en tratar de restaurar un gobierno burgués en Rusia.

La planificación en Rusia: los planes quinquenales
Recién 10 años después del triunfo de la revolución bolchevique, la sociedad rusa pone en marcha un sistema de planificación que abarca al conjunto de la economía nacional. Anteriormente, y a partir de la nacionalización de los resortes fundamentales de la economía, el Estado se encargó solamente del desarrollo de algunas industrias modernas y de la expansión de ciertos sectores (como electricidad y comunicaciones) imprescindibles incluso para la reconstitución de la economía a los niveles de preguerra. Pero es recién en 1928 cuando se pone en marcha el Primer Plan Quinquenal, con metas sumamente ambiciosas en cuanto al desarrollo industrial y al avance de la producción agraria.

En 1926-27 culminó el período de reconstrucción, restaurándose la producción a los niveles de preguerra. Se puso entonces en el orden del día de la política económica soviética el problema de la ampliación del equipo de capital de la industria por nueva construcción. En diciembre de 1925, el XIV Congreso del Partido había resuelto la industrialización del país, incluyendo el desarrollo independiente de la industria pesada como base de dicha futura construcción.

A fines del año siguiente, la XV Conferencia del Partido amplió esa resolución, estableciendo que el mayor esfuerzo inmediato se dirigiría hacia la ampliación de los medios de producción y «la reconstrucción de toda la economía sobre las bases técnicas más elevadas». A principios de 1926, año de las primeras «cifras de control» en la economía soviética, el Gosplan (la Comisión Estatal de Planificación) había sido encargado de preparar el Primer Plan Quinquenal. Se eligió el período de 5 años para la duración del Plan, teniendo en cuenta que ese era el tiempo necesario, en las condiciones de la Rusia de entonces, para sentar las bases de la construcción de la industria moderna, lo que permitiría realizar más adelante los proyectos más ambiciosos.

Algún intento se hizo por proyectar por un período más largo, pero esto quedó descartado dada su carencia de valor práctico en las condiciones en que trabajaban los planificadores soviéticos. El primer borrador, cubriendo el período 1926-30, fue sometido a discusión en los congresos de trabajadores de planificación realizados en distintas partes del país en marzo de 1926. En marzo del año siguiente un nuevo borrador, producto de la revisión del anterior, fue sometido a discusión en un segundo congreso de dichos trabajadores. Durante ese año y el siguiente, el proyecto fue materia de animadas discusiones por todo el país y, después de sucesivas modificaciones y reelaboraciones, emergió finalmente el Primer Plan Quinquenal en su forma definitiva, cubriendo el período 1928-32.

Las dificultades en la aplicación del Primer Plan fueron muy grandes y nevaría páginas el relatarlas. Este plan, concebido como un esqueleto a ser rellenado con tos programas sectoriales, no contó con una acción ajustada de los diferentes cuerpos económicos, lo que hubiera sido necesario para una mayor precisión cuantitativa y un mayor equilibrio entre las necesidades de las distintas ramas de la economía.

Asimismo, y aunque la alta tasa de inversión prevista no implicaba una reducción del consumo (al contrario, se preveía un crecimiento del mismo en un 75 % en términos reales), la caída en los precios agrícolas en el mercado internacional ocasionada por la crisis de 1929 (lo que implicó la necesidad de exportar mayores volúmenes para poder importar lo planeado ya que la única forma de adquisición de equipos modernos que tenía entonces Rusia era a través de la venta de cereales) y la matanza de ganado vacuno ocasionada al forzarse la colectivización del agro (concebida como forma de aumentar rápidamente la oferta de cereales e impedir el boicot de los campesinos ricos —kulaks—), trajo serios problemas de abastecimiento, sobre todo en carne y productos lácteos.

La invasión del Japón a Manchuria y el conocimiento de sus planes de expansión por el Este, hicieron necesario el mantenimiento de los planes de industrialización acelerada a pesar de las dificultades en el consumo de la población e incluso forzaron el cumplimiento de los objetivos de la industria pesada antes del tiempo previsto: «el plan quinquenal en cuatro años» fue el slogan del momento, superándose ampliamente los objetivos en este campo en desmedro de los objetivos de las industrias de bienes de consumo.

En la elaboración del Segundo Plan Quinquenal, que cubre el período 1932-37, pudieron ser aprovechadas las experiencias concretas del Primer Plan, corrigiendo sus errores y mejorando sus previsiones. Se puso mayor atención en el mejoramiento cualitativo del trabajo de las granjas colectivas y de las nuevas plantas e industrias puestas recientemente en funcionamiento, estableciéndose objetivos más modestos que en el Primer Plan en lo que se refiere al aumento de la productividad del trabajo y a la reducción de los costos.

Se mantuvieron como prioritarios la alta tasa de inversión y el énfasis en la industria pesada, aunque se previo la disminución de la participación de las inversiones en el total del producto (de 24 % en el último año del Primer Plan, a 19,5 % al final del Segundo). También el monto de inversiones dedicado a la industria de bienes de consumo fue incrementando, proporcionalmente, mucho más que el dedicado a las industrias de bienes de producción. El éxito previo en la construcción de la industria de máquinas-herramientas, permitía ahora abastecer de equipos a la industria liviana. Una vez superadas las dificultades del año 1932, el avance del Segundo Plan fue mucho más apacible que el del Primero.

Las dificultades especiales y los errores que habían caracterizado al anterior, y que habían hecho de los tres primeros años de la década un período de constreñimiento y sacrificio, quedaban ahora atrás. En particular, el abastecimiento de alimentos a las ciudades, que había sido el principal cuello de botella y puesto en peligro el cumplimiento de todo el plan, dejó de ser causa de ansiedad. La batalla de la colectivización agraria había sido ganada, y el énfasis se dirigía ahora a la consolidación y mejoramiento del sistema. Para 1935, el abastecimiento de alimentos a las ciudades había mejorado de tal forma que el racionamiento pudo ser levantado.

Sin embargo, los nubarrones de guerra volvieron a oscurecer el horizonte. El entronizamiento de Hitler en Alemania después de 1933 significó una amenaza muy inmediata. Nuevamente, algunos objetivos de las industrias de bienes de consumo, al igual que algunos proyectos de desarrollo ferroviario, especialmente los de electrificación de las líneas suburbanas, tuvieron que ser sacrificados para trasladar recursos a las industrias de armamentos. Asimismo, se tuvo que dar a la industria pesada un énfasis mayor que el previsto.

En la preparación, y más aún en la ejecución, del Tercer Plan Quinquenal lo dominante fue el peligro de guerra. Se inició en 1938, el «año de Munich», y dos años antes de su finalización se produjo la invasión sin aviso de Hitler. El mayor énfasis del Plan fue puesto en la defensa: mejoramiento de los transportes, metales no ferrosos y aceros especiales e industria química.

Performance de la URSS
No obstante las dificultades propias de un proceso del industrialización acelerada en un país sumamente atrasado y prácticamente cercado por un sistema enemigo, el mismo dio muestras de una gran vitalidad. La clase obrera y el pueblo ruso hicieron verdaderos milagros: primero, la reconstrucción de una economía devastada por la Primera Guerra Mundial, la guerra civil posterior y la agresión externa; y luego, a partir de 1926-27, una vez que la economía fue reconstituida y estuvo ya en pleno funcionamiento, la construcción a pasos gigantescos de una economía industrial moderna.

Una idea de Ja magnitud de los logres obtenidos, nos la da el hecho de que, en diez años (1928-39), la renta nacional fue cuadriplicada, poniéndose a la altura, en relación a su desarrollo industrial, con la de los gigantes de Europa. Mientras la economía capitalista se hallaba envuelta en la crisis de los años treinta, crisis no resuelta y cuyas contradicciones llevarían a una segunda conflagración mundial, la acción colectiva de la población soviética, con metas y actividades planificadas en función de las mismas, permitía el avance sostenido de la economía socialista en una sexta parte del planeta. La Segunda Guerra Mundial, desde la invasión alemana a partir de 1941, convirtió gran parte de su territorio en escenario de la lucha; destruiría así muchas de las conquistas logradas en el período precedente.

A pesar de esto, cinco años después de finalizada la guerra, en 1950, la economía soviética no sólo se había reconstruido sino que además, su producción industrial prácticamente se había duplicado en relación a 1940, sobrepasando a todos los
gigantes industriales de Europa y quedando segunda, después de Estados Unidos.

Resulta interesante comparar los logros de la Unión Soviética en relación con Estados Unidos, ya que éste es el país capitalista más avanzado. Después de la crisis de comienzo de los años treinta, y a pesar de las aspirinas keynesianas (la política del New Deal), la economía norteamericana apenas había recuperado el nivel de 1929; conoce una gran expansión en el quinquenio siguiente (1939-44), como consecuencia de la organización de la economía con métodos de economía de guerra, sin sufrir directamente las devastaciones del conflicto bélico.

Es así que mientras la tasa de crecimiento del producto industrial en el período 1929-39 había sido del 0,0 % anual (es decir, que el nivel de producción industrial en 1939, apenas llegó a ser igual al alcanzado en 1929), en el período 1939-44 alcanzó un 16,6 % anual. Con posterioridad, liberalizada en gran medida la economía, aunque con una importante industria de guerra fomentada desde el Estado y un gran mercado en el exterior, sobre todo por las necesidades de la reconstrucción europea, la industria norteamericana siguió creciendo en el período 1946-57 a una tasa promedio del 4,3 % anual.

Comparativamente, la Unión Soviética había aumentado su producción industrial eh la década de los años treinta más de 6 veces (con índice 100 en 1928, había pasado a 646 en 1940). Después de la caída sufrida durante (a guerra, por la devastación a que fue sometida al ser escenario del conflicto, duplica prácticamente el nivel de 1940 en 1950, volviendo a duplicar este último para 1955.

En total, en todo el período que va desde 1928 a 1955, incluyendo las variaciones de Ja guerra, la tasa de crecimiento anual promedio de la producción industrial fue de 9,8 %. Para el mismo período, la tasa de crecimiento promedio anual de la industria en los Estados Unidos fue del 2,9 %.

PARA SABER MAS….
LOS PLANES QUINQUENALES Y LA CRUELDAD DEL RÉGIMEN DE STALIN:
LOS PROCESOS Y LA LIQUIDACIÓN DE LOS «VIEJOS BOLCHEVIQUES»
El caso figura entre los más misteriosos, y Krutchev, en su célebre informe, hace alusión a él. Todos los jefes de la policía que intervinieron en la instrucción y en las investigaciones, no tardaron en desaparecer.

¿Estaba Stalin al corriente del plan? ¿Permitió que se llevara a cabo, con el fin de tener un pretexto para una represión en masa? Sin embargo, la situación general iba mejorando, pero, de todos modos, se desencadenó el terror: en Leningrado, millares de «asesinos de Kirov» fueron deportados, por trenes enteros.

Zinoviev y Kamenev, acusados de complicidad, fueron condenados a trabajos forzados, después de haber sido obligados a admitir una «responsabilidad moral». Zdanov fue encargado de tener a raya a Leningrado, la ciudad anticonformista que siempre había estado más abierta a Occidente. Por otra parte, el Congreso de los Soviets decidía, en 1935, preparar la «Constitución más democrática del mundo». Antiguos oposicionistas, como Bujarin y Radek, tomaron parte en él. Después de la alarma, el régimen parecía suavizarse de nuevo. Ante el peligro hitleriano, Stalin se había acercado a Occidente con el pacto franco-soviético.

El Ejército Rojo se reorganizó con los antiguos cuadros y la vieja disciplina. El segundo plan quinquenal prestaba especial atención a la elevación del nivel de vida, «a una vida mejor y más alegre». El movimiento de los trabajadores selectos, los stajanovistas, desarrollaba la mística de la producción. En 1936, se desencadenó una nueva oleada de terror, a continuación de los célebres procesos de Moscú, dirigidos por el fiscal Vichinsky.

En agosto de 1936, los «dieciséis», entre ellos Zinoviev, Kamenev y Smirnov. En enero de 1937, los «diecisiete»: Piatakov, Radek, etcétera. En junio de 1937, el mariscal Tujachevski y los grandes generales soviéticos. En 1938, los «veintiuno», entre ellos Rykov, Bujarin, Rakovsky y Yagoda, antiguo jefe de la G. P. U.

Las acusaciones eran fantásticas: traición, espionaje, sabotaje, asesinato de dirigentes, complicidad con Hitler, colaboración con los servicios secretos ingleses y japoneses. Todos los acusados confesaban —a veces, no sin ciertas tímidas reticencias—, y Vichinsky terminaba sus requesitorias, jalonadas de las más siniestras injurias, con esta frase: «Matad a esos perros rabiosos».

Hoy se sabe por qué procedimientos fueron arrancadas aquellas confesiones, pero muchos detalles siguen ignorados. El terror culminó en 1938, con Ye-jov, que fue suprimido, poco después, y reemplazado por Beria.

El terror no se detuvo en los jefes —casi todos fusilados—, sino que se propagó, en cadena, a todos los escalones del ejército, del partido y de la administración. Por millones se cuentan las ejecuciones y las deportaciones, y no fueron respetados ni los comunistas extranjeros. Hoy, sólo los dirigentes del ejército han sido oficialmente rehabilitados, con un cierto número de responsables políticos. Pero la historia carece aún de muchos documentos esenciales, para que el problema quede verdaderamente aclarado.

LA URSS EN VÍSPERAS DE LA GUERRA
Mientras la Yejovchina acababa de liquidar a la vieja guardia bolchevique y aterrorizaba a una buena parte de los rusos (raraseran las familias que no habían sido alcanzadas, de cerca o de lejos), el segundo plan quinquenal consolidaba el poder económico del país, a pesar de un enorme desconcierto (ingenieros y técnicos detenidos o deportados, funcionarios amedrentados que trataban de respetar las «normas» del plan a toda costa, más preocupados por la cantidad que por la calidad).

En diez años, la URSS había cubierto la primera etapa de su revolución industrial. Hablando de la revolución industrial inglesa, Marx dijo que se había hecho «en la sangre y en el barro», a causa de la explotación obrera, de la miseria, del alcoholismo, etc. Stalin aceleró aquella revolución «en la sangre y en el barro», y la industria pesada, realizada apresuradamente, permitió a la URSS salvarse del desastre en 1941-1942 y recobrarse, de una manera muy espectacular, en los años que siguierona la guerra. No podemos discutir aquí si no se habrían conseguido mejores resultados con métodos menos crueles, o si, de acuerdo con todo su pasado, la URSS estaba condenada a formas de tiranía asiática.

El escritor soviético Ilya Ehrenburg cuenta que Stalin, discutiendo con el director Eisens-tein, que preparaba su filme «Iván el Terrible», le dijo, a propósito de Pedro el Grande, el modernizador de Rusia: «Pedrito (Petruchka) no hizo caer bastantes cabezas». No es éste, ciertamente, un reproche que se le pueda hacer a Stalin.

Lo más extraño es que el ejército soportara aquellas «purgas», en las que perecieron las tres cuartas partes de sus Estados Mayores (en 1941, en el momento del fulgurante avance alemán, se sacó de los campos de concentración a generales como Rokossovsky), y que los cuadros dirigentes las soportasen, física y moralmente, cuando, según la propia confesión de Krutchev, el 70 por 100 de los delegados al «Congreso de los Vencedores» (como se había llamado al Congreso del Partido Comunista de 1934) había sido víctima de una insensata y ciega represión.

Por otra parte, ocultando los asesinatos y los sufrimientos, una fachada, a veces real (las fábricas, las presas, las ciudades nuevas, la mecanización de la agricultura, etc., y a veces falsa (las «libertades democráticas totales» de la Constitución de 1936), ofrecía al mundo una brillante imagen de la URSS, y convencía a millones de hombres, sometidos a una intensa propaganda, de que el comunismo soviético había logrado construir una sociedad admirable, en la que el individuo («El hombre es nuestro capital más precioso», había dicho Stalin) crecía en la libertad y en la abundancia.

Bibliografía Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo tomo N° Las Economías Planificadas

Historia Económica Mundial del Siglo XX El Jueves Negro Caida Bolsa

Historia Económica Mundial del Siglo XX

Resumen de lo acontecido económicamente en los países occidentales a partir de la Gran Crisis de 1929  

El fin de la prosperidad:
La quiebra de la Bolsa de Nueva York
  

A medida que la prosperidad aumentaba, los empresarios buscaron nuevas negocios para invertir sus ganancias.  Prestaban dinero a Alemania y a otros países e instalaban sus industrias en el extranjero (la Argentina y Brasil, entre otros).  También invertían en maquinarias que permitían aumentar la producción. 

Desde que advirtieron que tendrían dificultades para vender tanta mercadería, comenzaron a invertir en bienes de lujo, como joyas o yates, y en negocios especulativos. 

La compra de acciones en la bolsa se fue transformando en uno los más rentables.  Muchas veces, para comprar acciones, los empresarios pedían créditos a los bancos.  Debido a que la ganancia de las acciones podía llegar a un 50% anual y el interés que debían pagar por los créditos bancarios era del 12%, los beneficios que obtenían eran enormes.

A fines de la década, la prosperidad, que antes estaba basada en el desarrollo industrial, pasó a depender de la especulación. En 1928, algunos síntomas hacían prever que la economía estaba en peligro.  Los ingresos de la población no habían subido tanto como para que el consumo siguiera creciendo. 

Los almacenes estaban llenos de mercaderías que no podían ser vendidas y muchas fábricas comenzaron a despedir a sus trabajadores.  Sin embargo, en la bolsa seguía la fiesta especulativa.  Los precios a que se vendían las acciones no reflejaban la situación económica real de las empresas. 

Aunque el crecimiento de muchas de ellas se había detenido, sus acciones seguían subiendo porque había una gran demanda de los especuladores.  Nadie pudo o quiso darse cuenta de la gravedad de la situación.  Cuando en octubre de 1929 la Bolsa de Nueva York quebró, la crisis fue inevitable y se extendió al sistema bancario, a la industria, el comercio y al agro estadounidenses.  Sus consecuencias se sintieron también en todo el mundo y perduraron hasta la Segunda Guerra Mundial.

EL NEW DEAL : Como se decía antes, en octubre de 1929 se produjo la quiebra de la Bolsa de Nueva York.  El precio de las acciones que allí se negociaban bajó espectacularmente y muchos particulares y empresarios perdieron grandes fortunas.  En los meses siguientes, la crisis en la bolsa afectó las actividades bancarias, industriales, comerciales y agrarias.  La desocupación creció hasta niveles inimaginados.

Ante esta difícil situación, los inversores estadounidenses retiraron sus capitales de Europa y de otras partes del mundo.  El comercio de Estados Unidos con el exterior también disminuyó.  De esta manera, la crisis se extendió a otros países.  Sus efectos comenzaron a sentirse fuertemente en aquellos que, como Alemania, tenían una mayor relación con Estados Unidos, pero afectaron también al resto de Europa, a América latina y, en mayor o menor medida, al mundo entero.

En los países industriales la producción descendió.  Muchas fábricas cerraron y una gran cantidad de trabajadores se quedó sin empleo.  En el campo, los precios agrícolas bajaron y muchos agricultores perdieron sus tierras.  Los Estados tuvieron que intervenir para, sostener una economía que se tambaleaba.  La primera reacción consistió en disminuir las importaciones para proteger la producción nacional.  El objetivo era lograr la autarquía, es decir, el autoabastecimiento, y a la vez estimular las exportaciones.

Para combatir la desocupación, los Estados emprendieron la construcción de obras públicas y limitaron el ingreso de inmigrantes. En todos los países, la crisis económica fue acompañada por una crisis política y social.  Las huelgas aumentaron y los enfrentamientos políticos se agudizaron.  La fe y la confianza en el liberalismo para dar respuesta a las necesidades de la población comenzó a debilitarse.  En algunos países se ensayaron nuevas alternativas políticas.  En Alemania y Japón los sistemas parlamentarios fueron reemplazados por Estados fascistas.  En Inglaterra y Francia, los parlamentos sobrevivieron, aunque debilitados. 

Conservadores y socialistas se alternaban en el gobierno sin encontrar respuestas a la crisis.  Además, debían enfrentar el ataque de los grupos fascistas, admiradores de Mussolini y Hitler, quienes para terminar con los conflictos sociales reclamaban el establecimiento de gobiernos fuertes.  Los partidos comunistas también atacaban el sistema político.  Sostenían que la depresión económica era la consecuencia inevitable del sistema capitalista y que sólo la revolución social pondría fin a los sufrimientos de la población.

Al cabo de unos años, aunque con dificultades, Gran Bretaña, Francia, Japón y Alemania, lograron recuperarse.  En Estados Unidos, la crisis fue más profunda y la recuperación más lenta. (ampliar tema: La Planificación Económica Latinoamericana)

 Las respuestas a la crisis en Estados Unidos: el New Deal

 La crisis económica en Estados Unidos alcanzó niveles de catástrofe.  La producción industrial se redujo en un 50%, las ventas de automóviles cayeron un 65% y la desocupación aumentó de 1,5 millones a 13 millones.  La agricultura fue uno de los sectores más afectados.  Entre 1929 y 1932, los beneficios de los agricultores disminuyeron en un 70%.  Muchos perdieron sus tierras y emigraron por ejemplo, a California a cosechar frutas.

 En las ciudades, la situación no era mejor.  Millares de familias fueron desalojadas de sus viviendas por no poder pagar los alquileres.  Algunas terminaron viviendo en casas de cartón y lata.  Otras dormían directamente en las veredas o sobre catres proporcionados por las autoridades municipales.

Gobernaba el país el presidente Hoover, del Partido Republicano.  Hoover consideraba que la crisis era pasajera y que no era necesaria la intervención del Estado para recuperar el equilibrio económico.  Su pasividad fue pronto castigada.  En las elecciones de 1932, los ciudadanos expresaron su indignación votando en favor del Partido Demócrata.  Su candidato, Franklin Delano Roosevelt, había prometido profundos cambios para superar la crisis.

Una vez en el gobierno, Roosevelt aplicó un programa de gobierno conocido como New Deal («barajar de nuevo»).  Consistía en una serie de enérgicas medidas, cuyo objetivo era poner nuevamente en marcha la economía y socorrer a los más necesitados.  Para aliviar la situación de los agricultores, se redujo la producción agrícola lo que permitió elevar los precios de las cosechas. 

Para atacar la desocupación se pusieron en marcha obras públicas, como escuelas, calles y parques de recreación, que dieron empleo a muchos trabajadores.  Además, se construyeron diques, centrales hidroeléctricas y complejos industriales para reactivar las economías regionales.  El Estado firmó acuerdos con empresarios y trabajadores para establecer precios máximos a los productos industriales y fijar salarios mínimos; además, creó el seguro de desempleo, vejez y enfermedad, y suprimió el trabajo infantil.  En materia laboral, legalizó los sindicatos y garantizó el derecho de huelga.

Las medidas adoptadas por Roosevelt aliviaron en parte la situación de los sectores más necesitados.  Sin embargo, los graves problemas económicos originados por la crisis no pudieron solucionarse.  Recién en 1940 la producción alcanzó los niveles anteriores a la crisis y esta recuperación estuvo vinculada con el crecimiento de la industria armamentista.  Por entonces, la Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo.

EL «ESTADO DE BIENESTAR»‘ Y LA  EXPANSIÓN ECONOMICA

La distensión de la guerra fría fue posible, además, por el gran desarrollo económico que se produjo en todos los países industriales a partir de mediados de la década de 1950.  Los de mayor crecimiento fueron los que más habían sido perjudicados por la guerra: los países europeos y Japón.  En todos, la utilización de nuevas tecnologías y la disminución del precio de la energía carbón, petróleo, gas natural y electricidad posibilitaron un aumento espectacular de la producción agrícola e industrial.  El modelo de producción fordista se difundió en todo el mundo.

En los Estados Unidos se aplicó en todas las industrias, desde la construcción de edificios hasta la fabricación de comida rápida.  McDonald’s fue un éxito de esta época.  Los artículos que en otro tiempo habían sido un lujo, como las heladeras, lavarropas y teléfonos, ahora estaban al alcance de la mayoría de la población.  Además, gracias a las innovaciones tecnológicas, nuevos productos invadieron el mercado: televisores, discos de vinilo, casetes, relojes digitales, calculadoras de bolsillo y muchísimos más.  Una de las grandes novedades fue la miniaturización y la portabilidad de los productos como la radio a pilas.  La población fue bombardeada por masivas campañas publicitarias que incitaban a consumirlos.

La nuevas políticas económicas implementadas por los gobiernos favorecieron el gran crecimiento económico de la posguerra.  Quedaron atrás las ideas del liberalismo que sostenían que el Estado no debía intervenir en la economía.  Las experiencias del New Deal y la planificación económica, iniciadas en la década de 1930, mostraron que el Estado debía jugar un importante papel para asegurar empleos a todos los habitantes, garantizar el bienestar de la población, impulsar el desarrollo económico y evitar crisis como la que se había producido en 1929. 

El Estado que cumplía estas funciones fue denominado «estado de bienestar» y se difundió en muchos de los países del bloque occidental.  En ellos, se modernizaron los transportes y las comunicaciones, se construyeron carreteras y vías férreas, se estimuló el desarrollo la producción de energía y, por medio de créditos y ventajas impositivas, se orientaron las inversiones de las empresas privadas. 

Fue muy importante, también, la política social.  Gracias a ella, la población pudo gozar de atención médica y educación  gratuitas, pensiones a la vejez, subsidios de desempleo y muchos otros beneficios y servicios.  Estas medidas junto con la disminución de las horas de trabajo y la desaparición del desempleo, permitieron un importante aumento del nivel de vida de la población. 

La crisis del “Estado de Bienestar»: el neoliberalismo

 La crisis económica que afectaba el mundo occidental alentó la acción de muchos grupos opositores.  Los ecologistas criticaban el uso indiscriminado de los recursos naturales, la contaminación ambiental producida por el desarrollo de las industrias y el peligro que representaban las armas atómicas.  Otro grupo, en su mayoría economistas, proclamaba que los altos gastos del estado de bienestar» en política social afectaban las ganancias de las empresas, limitaban la competencia y desencadenaban procesos inflacionarios. 

Proponían volver a un Estado «mínimo», pero a la vez lo suficientemente fuerte para imponerse contra cualquiera que afectara la libertad de mercado, como los sindicatos.  Reclamaban, además, un control de los gastos del Estado para equilibrar el presupuesto estatal y la reducción de los impuestos de los sectores de ingresos más altos.  Estas propuestas económicas, denominadas neoliberales, fueron adoptadas por casi todos los Estados occidentales, excepto Suecia y Austria.  El gobierno de la primera ministra inglesa, Margaret Thatcher (1 979-1990), es considerado el modelo más puro de neoliberalismo.

Thatcher controló la emisión monetaria, disminuyó drásticamente los impuestos sobre las ganancias y sobre los sectores de más altos ingresos, aplastó importantes huelgas e impuso una nueva legislación antisindical.  Además, recortó los gastos sociales y emprendió amplios programas de privatizaciones de las empresas estatales de acero, petróleo, gas, electricidad y agua.  Como consecuencia de esta política neoliberal, millones de personas perdieron sus empleos. En el resto de los países europeos, si bien se impusieron modificaciones en la política impositiva, no hubo grandes recortes en los gastos sociales y se evitaron enfrentamientos con los sindicatos.

En Estados Unidos, el neoliberalismo tuvo características distintas.  Reagan también redujo los impuestos en favor de los ricos y aplastó las huelgas, pero los gastos estatales destinados a la «carrera armamentista» aumentaron mucho más que en cualquier otro período de la historia.  La prioridad era la competencia militar con la Unión Soviética. En todos los casos, los gobiernos neoliberales se caracterizaron por un fuerte anticomunismo que contribuyó a desatar la segunda guerra fría.

MEDIDAS NEOLIBERALES

En esta reforma se buscaba devolver al Estado la difícil tarea de establecer normas precisas y aceptables para el gran capital nacional, el capital extranjero y la banca acreedora.  Desde el gobierno se implementaron las medidas tendientes a satisfacer las demandas de todos esos sectores, que casi nunca se llevaban bien entre sí.  De esa forma, se aseguró la estabilidad económica y la paridad cambiaría.  Las principales políticas económicas que se implementaron desde el gobierno en relación con la reforma del Estado fueron las siguientes:

a. Privatizaciones

Apuntaban a «achicar al Estado».  Para eso se vendieron al capital privado, nacional y extranjero, las empresas que manejaba el Estado.  Canales de televisión, radios, ferrocarriles, transporte marítimo, transporte aéreo de pasajeros, teléfonos, gas, electricidad, servicio de agua potable y la empresa nacional de explotación de petróleo, entre otras, fueron vendidas en pocos años.  El Estado se comprometió a controlar las nuevas empresas privatizadas con los llamados ,lentes reguladores», que no en todos los casos fueron exitosos y muchas veces intervinieron en favor de los nuevos propietarios y no de los usuarios-clientes.

b. Descentralización

Esta reforma apuntó a transferir actividades o funciones del Estado Nacional, como la salud y la educación, a las provincias.  En algunas, a su vez, se descentralizaron y delegaron funciones a los municipios.  En muchos casos, provincias con una base económica débil no pudieron hacerse cargo en forma eficiente de las nuevas tareas.

c. Reforma administrativa

En algunas áreas, como el Ministerio de Economía, se buscó la profesionalización de sus trabajadores y el reemplazo de algunos de baja calificación por otros de un mejor nivel técnico.  En general, esta reforma estuvo supeditada a ahorrar gastos, de forma tal que se implementaron los llamados «retiros voluntarios».  El Estado pagaba una cifra de dinero para que el trabajador renunciara y se comprometiera a no volver a trabajar en la administración pública.

d. Reforma tributaria

Decidió atacar la evasión impositivo, pero no hubo muy buenos resultados porque se persiguió a los pequeños contribuyentes (comerciantes y profesionales independientes).  Por otra parte, los grandes empresarios que pagaban eran siempre los mismos y a ellos les creaban nuevos impuestos en vez de evitar la evasión de los demás.  Además, la Dirección General Impositiva (DGI) no se modernizó lo suficiente, lo que tornaba muy complicados los trámites vinculados al pago de impuestos.

La desregulación económica:

Con este término se alude al cambio en la forma de control que realiza el Estado a las empresas.  El Estado pasa a controlar o regular «menos» y de una manera más «libre», es decir, dejando que los empresarios se guíen de acuerdo con los beneficios económicos que recibirán al producir bienes y servicios.  Algunos de los elementos que se aplicaron para posibilitar la desregulación son los siguientes:

– Eliminación de algunos subsidios o beneficios económicos a algunas empresas.  Las que se vieron más afectadas fueron las chicas y medianas.

– Eliminación de antiguos «entes reguladores», como la Junta Nacional de Granos que imponía algunas restricciones a los empresarios.

– Menor atención a los problemas ambientales y a la calidad de los productos que se consumen.

La flexibilización laboral

Si bien no se pudo establecer una ley que flexibilice el trabajo, dicha flexibilización ya funciona en muchos lugares.  Disminución de salarios, desaparición del aguinaldo, imposibilidad del trabajador de elegir la fecha de sus vacaciones, duración de la jornada de trabajo de más de diez horas y ser despedido sin cobrar indemnización fueron algunos de los cambios que se produjeron en la forma de contratación de los trabajadores.  El gobierno sostiene que la flexibilización es necesaria para que aumenten los puestos de trabajo, ya que contratar trabajadores en estas condiciones es más «fácil».  No obstante, la desocupación aumentó mucho.  Lo que casi nadie pone en duda es que la flexibilización laboral beneficia económicamente a los empresarios porque reduce los costos.

Bibliografía Consultada: Sociedad Espacio y Cultura – Omar Tobío-Diana Pipkin-Mabel Scaltritti.

Louis Armstrong Biografía y Origen del Jazz en los Estados Unidos

Louis Armstrong Biografía y Origen del Jazz en los Estados Unidos

Una nueva música, que nace y se forma en el sur de los Estados Unidos, irrumpe con su vibrante ritmo en los años veinte: En una cálida y húmeda tarde de julio, por las afueras de Nueva Orleáns, una fúnebre comitiva se dirigía al cementerio. Iba precedida de una pequeña banda que entonaba lentos y melancólicos sones, quizás alguna vieja canción negra como «Just a Closer Walk With Thee». Poco después, la ceremonia concluyó y los semblantes se iluminaron. Habían llorado la pérdida del amigo y ahora iban a celebrar su recompensa en la otra vida.

A cierta distancia del cementerio, el tamborilero de la Tuxedo Brass Band tensó su instrumento e inició un vibrante redoble; mientras, sus compañeros se dispusieron a interpretar varias piezas de intenso ritmo como «Panamá» y «Didn’t He Ramble». Al poco tiempo, la comitiva que regresaba del entierro se convirtió en un espectáculo.

Unos bailaban, casi todos parecían poseídos, enajenados por las notas de un joven cornetista. Aquella exhibición no era un hecho extraordinario en la Nueva Orleáns de 1922. Después de los entierros, las bandas solían continuar la fiesta en una taberna o en una sala de baile, pero aquel día no era posible.

El sorprendente cornetista que había entusiasmado a la concurrencia debía tomar el tren de Chicago y, tras una calurosa despedida, se ausentó. Su nombre era Louis Armstrong. Entonces sólo tenía 22 años, pero en aquella capital del jazz se sabía ya que por su temperamento e inspiración podría desplazar del estrado de los maestros a cualquier otro trompetista.

En los últimos tres años había tocado por toda la ciudad en garitos y salas de baile. En verano actuaba con la banda de Fate Marable en las travesías nocturnas, Mississippi arriba, del Sidney, barco de recreo. Allí deleitaba a los que bailaban, y asimiló y recreó cuanto los demás músicos podían aportarle.

En 1922 disfrutaba de un sólido prestigio en el mundo musical de Nueva Orleáns. Alguien, sin embargo, podía disputarle el cetro: Joseph Oliver «El Rey», trompetista legendario que cuatro años antes se había dado a Chicago y cuya Creole Jazz Band cosechaba sonantes éxitos. Para Armstrong, Oliver fue siempre «Papá Joe», que le había ayudado e inspirado desde año. Al subir al tren, Louis no podía imaginarse que después de una década, su figura no sólo superaría a de Oliver sino que llegaría a convertirse en el músico jazz más famoso, respetado e influyente del mundo.

Louis Armstrong de muy humilde origen, aprendió a tocar la trompeta en un reformatorio juvenil, donde estaba por desórdenes callejeros. Desempeñó luego todo tipo de trabajos, mientras no dejaba de tocar con grupos de música de Nueva Orleans, su ciudad natal, como la banda de Kid Ory.A los 19 años se inició en una banda que actuaba en los barcos del Mississippi. Tres años después marchó a Chicago, tocó con la Oliven CreoleJazzBand, asimilando su estilo. En 1924 se incorporó a la banda de Fletcher Henderson y en 1925 formó en Chicago su propio grupo, los Hot Five, que en 1927 se transformó en los Hot Seven. Su fama y su prestigio como trompetista lo llevarían a actuar con los grupos y músicos más importantes de entonces. Realizaba improvisaciones magistrales, matizadas con su inconfundible voz ronca.

El jazz, música de Estados Unidos

Se diría que la fecha del nacimiento de Louis Armstrong fue escogida directamente por los hados: el 4 de julio 1900, «Día de la Independencia» de los Estados Unidos y comienzo de siglo. Surgía una vida y un arte nuevo genuinamente norteamericanos: su exponente, su argumento era el jazz. El jazz surgió, como el pueblo estadounidense, una extraordinaria variedad de procedencias y culturas. Sus esencias más antiguas se escuchaban en todo el sur del país: en las ciudades, en las zonas pantanosas, en los aserraderos o «campos de trementina»…

Pero el mejor jazz se tocaba en Nueva Orleáns, la cosmopolita y Nilliciosa ciudad del delta del Mississippi. Allí el comercio había producido una encrucijada cultural que albergaba en 1900 una fascinante variedad de estilos musicales: cantos africanos, canciones de esclavos, ritmos de las Antillas, himnos protestantes, sones criollos, música sacra, folk, blues rurales y, además, polcas. contradanzas y otras variantes europeas. Todo esto de un modo u otro, contribuiría a la nueva amalgama del jazz.

El jazz no fue inventado por nadie, pero hubo dos intérpretes considerados como precursores. Uno era Ihxldy Bolden, cornetista, barbero y editor de panfletos escandalosos; el otro, Ferdinand Morton, alias «Jelly Roll» (imagen) , pianista y antiguo delincuente. En el Tin Type, sórdida sala de baile de Nueva Orleáns, Bolden alcanzó fama como inventor de los hot blues.

Para ello partió de los blues indolentes y melancólicos que se oían desde antiguo en las zonas rurales y les infundió un aire vigoroso y sensual, a tono con el frívolo ambiente del Tin Type. En ocasiones improvisaba solos fabulosos, que por su potencia se reconocían —así se decía— a muchas millas de distancia. En las melodías lentas arrancaba a la corneta un sonido apasionado que muchos trataron en seguida de imitar.

Bolden fue el primer «Rey» de la Nueva Orleáns de fin de siglo y señaló la pauta para el futuro. Jelly Roll Morton, amigo de Bolden. fue el primer compositor de jazz. A finales del siglo XIX, el ragtime —nuevo estilo de tocar el piano— descendió desde Missouri, por el Mississippi hasta Nueva Orleáns. Hacia 1900 Morton lo aprendió y le añadió el stonzping. ritmo rápido de su invención ejecutado con la mano izquierda. Así comenzó a escribir canciones que incorporaron el ragtime a los conjuntos musicales.

Hasta los años treinta, no hubo repertorio completo de jazz sin «King Porter Stomp», «Milenberg Joys», «Wild Man Blues», «The Pearls» u otras de sus movidas e indiscutibles composiciones. En 1900 el jazz poseía ya las características que hasta nuestros días lo han distinguido de otras formas musicales: el ritmo sincopado, la improvisación y la triste tonalidad lograda mediante la adición de dos notas (una tercera y una séptima desafinadas) a las ocho de la escala musical europea. Cuando estos elementos se adaptaron al ragtime, shag, shuffle y otros ritmos bailables, la música no volvería ya sobre sus pasos.

Storyville:

Este jazz primerizo tuvo un perfecto escenario: Storyvihe, zona muy singular de Nueva Orleáns y uno de los pocos «barrios chinos» legalizados del país. Músicos espontáneos y autodidactas acudían a los bares, cafés y burdeles donde aprendían unos de otros. A todas las horas del día y de la noche se suscitaban reñidas confrontaciones cuando en algún sitio coincidían bandas diferentes. Los grupos rivales desplegaban su mejor repertorio hasta que el aplauso de la concurrencia decidía el campeón. Joe Oliver saltó una noche a la fama cuando solo, sin apoyo de banda alguna, derrotó a Emanuel Pérez y Freddie Keppard, dos de los mejores trompetas de la ciudad.

Como un pistolero salió al porche del saloon y comenzó a tocar ante las salas de sus adversarios. A los pocos minutos congregó en la calle a una nutrida multitud; y allí Ohiver fue coronado como «El Rey». Storyville disfrutaba momentos de gran brillantez; pero también, a veces, era sacudido por la violencia. Bessie Smith, asidua cantante en el viejo Club 28, expresaba el ambiente pendenciero del lugar en su canción «Gimme a Pigfoot»:

Revisa tus navajas y pistolas.
Nos pelearemos cuando llegue la banda.
Dame una tranca y un barril de cerveza.
Que me encierren, Gate, no me importa.
Alcánzame la marihuana y una botella de ginebra.
Mátame porque estoy en pecado.

A lo largo de las calles Bourbon, Basin, Canal y South Rampart, famosas por sus canciones, surgía una serie interminable de talentos del jazz: el trompetista Bunk Johnson, los clarinetistas Alphonse Picou, Johnny Dobb, Albert Nicholas y Jimmy Noone; el genial saxosoprano y primer intérprete de jazz internacional Sidney Bechet; los músicos de raza blanca Wingy Manone y Nick La Rocca y su Original Dixieland Jazz Band; en fin, numerosos artistas que en los años cincuenta serían redescubiertos y presidirían en Nueva Orleáns un segundo apogeo: así, Kid Ory, Kid Thomas Valentine, Big Jim Robinson, Buhe y Dee Dee Pierce, George Lewis y muchos, muchísimos más.

El jazz nació en el sur de Estados Unidos, donde, tras los entierros, bandas de músicos de color celebraban con exultantes ritmos la recompensa del finado en la otra vida. En los años veinte el jazz se extendería por todo el país.

Cuando el joven Louis Armstrong llegó a Storyville se dirigió inmediatamente al Cabaret 25 y escuchó desde el exterior la inspirada música del Rey Oliver. Tal era el apasionamiento del muchacho que Oliver se ocupó personalmente de su enseñanza y le procuró un local para actuar. En 1917, Armstrong, vestido con un viejo uniforme de policía y una gorra, tocaba en el Mastranga, garito donde le pagaban 1,25 dólares por noche más propinas. Utilizaba una corneta de «Papá Joex».

Iba camino del éxito. Sin embargo, aunque 1917 significó para Armstrong el comienzo de su carrera musical, constituyó también el fin de una época. La guerra amenazaba y el Ministerio de Marina ordenó el cierre de los locales de Storyville debido a los problemas creados por los marineros que disfrutaban de permiso. Muchos músicos quedaron sin trabajo y marcharon en busca de mejor fortuna hacia el norte y el oeste del país. En Nueva York preparaba el terreno un grupo blanco, la Original Dixieland Jazz Band, que de la noche a la mañana comenzó a cosechar resonantes éxitos y realizó las primeras grabaciones de auténtico jazz.

Sin embargo, la mayoría de los músicos prefirieron incorporarse a las grandes comunidades de jazz que se habían establecido en Chicago, St. Louis y Kansas City. En 1918, el Rey Oliver se sumó a la migración e inició sus actuaciones en el Lincoln Gardens de Chicago. En 1922, cuando se le unió Louis Armstrong, Chicago se había convertido ya en la capital del jazz.

La «Ciudad del Viento»

En Chicago, la «Ciudad del Viento», no triunfaban las mediocridades. En toda la ciudad se tocaba con calor y viveza; en el sur actuaban los negros, y en los alrededores del Loop, el distrito comercial más importante, se hallaban los blancos, con notables conjuntos como los New Orleans Rhythm Kings y los Wolverines. Estos últimos constituían una banda, presidida por Bix Biederbecke, trompetista de habilidad pasmosa. Pero sobre Chicago también pesaban prohibiciones análogas a las de Nueva Orleáns y los músicos llevaban una doble vida. Los grupos pequeños tocaban en locales donde se vendían clandestinamente bebidas alcohólicas; las grandes orquestas interpretaban música amable en las salas de fiesta. Pero el Rey Oliver todavía reinaba.

Se había rodeado de los mejores músicos y poseía un extenso repertorio de números de jazz no escritos. Louis sabía ya leer «los puntitos negros» del pentagrama, mas no necesitaba hacerlo ya que poseía el misterioso don del jazz. Lii Hardin, sentado al piano, marcaba el ritmo; Baby Dodds batía los platillos y el grupo se ponía en movimiento; Armstrong y Oliver avanzaban entonces hacia el público e iniciaban sus magníficos e impecables dúos.

La «Gran Manzana»

«Cuanto yo hacía», declaraba Louis más tarde, «era añadir notas a todo lo que Joe tocaba, con el fin de que aquello sonase del modo más grato posible». El resultado era tan excelente que la Creole Jazz Band fue el primer grupo negro que llegó a grabar discos. Transcurría el año 1923 y los rudimentarios equipos de grabación de entonces —por supuesto, no eléctricos— constaban de una trompa a la que se aplicaba la aguja. Cuando los músicos daban rienda suelta a su genio, producían tal intensidad sonora que todo lo echaban a perder.

En «Chimes Blues», Louis hubo de colocarse a seis metros de distancia para grabar su primer solo. Estos discos iniciales acrecentaron el interés que en el este del país se sentía por el jazz, y al año siguiente Armstrong recibió una oferta para tocar en Nueva York con la famosa orquesta de baile de Fletcher Henderson compuesta por once maestros. Como el grupo de Oliver amenazaba desintegrarse por cuestiones crematísticas, en otoño de 1924 Louis tomó su instrumento y se dirigió a Nueva York, la «Gran Manzana» y Meca del arte, en el argot de los artistas.

Louis halló en Nueva York el éxito, pero escasas satisfacciones personales. Se desenvolvía bien con los elegantes arreglos de Henderson, pero el hecho de hallarse en una orquesta le impedía actuar a su modo. No obstante, infundió en los disciplinados músicos de Henderson su espíritu despreocupado que les llevaría a desarrollar un tipo de jazz con más garra. En 1925 regresó a Chicago, donde comenzó a actuar en el Dreamland y se unió a la Vendome Theatre Orchestra. Mientras su popularidad aumentaba, Armstrong se preocupó de reunir un excelente grupo musical, un conjunto que prácticamente volvería a inventar el sonido del jazz. Se llamaban los Hot Five, que luego se transformarían en los Hot Seven.

El estilo de Satchmo

Hasta 1925 el jazz fue una música bailable donde apenas actuaban solistas. Pero Louis rompió la tradición con los Hot Five que sólo se reunían para grabar y no necesitaban sujetarse al gusto del público. Pronto hizo del jazz un arte de solistas, una música basada en actuaciones espontáneas e improvisadas. Seguía presente la melodía y un cierto trabajo coral de conjunto, pero estos elementos sólo formaban un marco para las intervenciones de los artistas que se turnaban interpretando libremente. Mas esto no era todo, pues la corneta de Armstrong estaba revolucionando toda la técnica del jazz.

En su época de Nueva Orleáns, Louis comenzó a tocar de un modo especial: no lanzaba sus notas según el compás, como todos hacían, sino que las anticipaba o retrasaba ligeramente. Se trataba de un balanceo fuera del ritmo, que tan pronto fue descubierto por las orquestas inauguró dentro del jazz todo un movimiento: la época del swing.

Louis mostraba un talento prodigioso. Arrancaba tanto a la corneta como a la trompeta (instrumento que utilizó desde 1925) una impresionante variedad de tonos y ejecutaba solos magistrales incluso en el registro más alto. Tenía un estilo impecable y flexible que, a diferencia de otros intérpretes, no necesitaba de sordinas ni de efectos especiales. Su rica imaginación musical creaba continuamente nuevas ideas. Inagotable, igualmente, era su sentido del ritmo, que subrayaba el compás con sorprendentes silencios y pausas. Como importante complemento poseía también una resistencia fabulosa, manifestada durante años tocando hasta la madrugada en festivales y cabarets. Hubo largas temporadas en que actuaba tarde y noche en el Vendome, y luego se trasladaba precipitadamente al Sunset, donde interpretaba hasta el amanecer.

El público que bailaba languidecía y sus compañeros se doblaban de cansancio, pero Louis parecía fortalecerse en el transcurso de la noche. A la hora de despedirse entonaba de modo perfecto las agudas y largas notas del «The World is Waiting for the Sunrise». En el Vendome, Louis comenzó también su carrera como cantante y animador. Distraer al público desde el escenario formaba parte del repertorio de numerosos músicos de jazz. Louis, sin embargo, hizo de ello un arte. Solía enfundarse una levita, subía solemnemente al escenario y se presentaba como el reverendo Satchelmouth («el de la boca inmensa»), nombre que quedaría inmortalizado en Satchmo.

Su número fuerte era «Heebie Jeebies», donde siempre incluía algunos compases de su «scat chorus», jocosa forma de canción que sustituía las palabras por sílabas sin sentido. Pero, sobre todo, Louis contaba con sus grandes atributos personales: su voz grave y maravillosa («Estoy resfriado», solía decir), su eterno pañuelo blanco y su sonrisa radiante y contagiosa. Para comprender la magnitud del impacto que Louis Armstrong supuso en el jazz de su época, basta con escuchar sus primeras grabaciones. Sobre un fondo de música que hoy nos resulta anticuada, su trompeta se impone vibrante e imaginativa como algo absolutamente actual.

Durante la década de los veinte y en años posteriores, no hubo músico que compusiese sin tener delante la inmensa producción de los Hot Fives —al menos los Fifty Hot Choruses of Armstrong, publicados por Melrose— o que no estudiase los trucos de Louis. Entre tanto, el ídolo se ocupaba de conquistar al público y actuaba por todo el país en olor de multitudes. No sólo sus abrumadores méritos sino también su cálido estilo personal liberaron el jazz del estigma de ser considerado como tosca música, digna de bares y burdeles.

Desde Europa hacia el Oriente el jazz no conocía fronteras. A mediados de siglo había adquirido carácter internacional y ,nuevos intérpretes irrumpieron en escena: el saxo británico John Dankworth  y el violinista francés Stephane Grappelli (centro). Pero nadie como Satchmo  contribuyó al entusiasmo mundial.

Sus giras y películas familiarizaron a las gentes con el jazz, algo de lo que apenas se había hablado antes. Otros estilos pretendieron mejorar lo realizado por el genio: el swing en los años treinta y cuarenta, el boppolirrítmico de la segunda posguerra y posteriormente el jazz frío y «progresivo». En la actualidad, se han producido reacciones extremas que todavía no han clasificado su esencia: la resurrección del folklore (el llamado rhythm and blues, sucedáneo del rock’n roll) Y la aparición de una exasperada vanguardia. Ninguna musical, sin embargo, ha podido oscurecer el ascendiente personal de Louis.

Su genio perdura :

Finalmente, Armstrong y el jazz conquistaron el mundo. A lo largo de los años, el jazz, considerado por ichos la única música genuina de Estados Unidos, pendió también en Europa y se mantuvo viva gracias a constante afluencia de grabaciones. Los discos aureolaron de leyenda la figura de Louis Armstrong. Sus giras al extranjero y el Armstrong Plays Handy —álbum extraordinariamente célebre— prepararon su viaje triunfal por Europa como «Embajador Satch» en 1955.

Después recorrió con su música América del Sur, África y todos los rincones del mundo. Incluso en los años sesenta, cuando sus poderosos pulmones comenzaron a flaquear, creó dos nuevos éxitos, «Mack the Knife» y «Hello, Dolly», que se impusieron desde Kansas hasta Kenia. La magia de Armstrong, el hechizo de le jazz hot —según la expresión francesa— y el virtuosismo de algunos intérpretes otorgaron al jazz un carácter universal.

John Dankworth (imagen) en Londres, Stephane Grappelli en París, Django Reinhardt (guitarrista gitano nacido en Bélgica y ciudadano del mundo) y muchos otros realizaron importantes contribuciones. El ritmo original de Armstrong, su balanceo característico, vive aún en la música contemporánea, tanto en las quejas de B. B. King a la guitarra como en el sentido canto de Aretha Franklin.

El 6 de julio de 1971 murió Louis Armstrong en su hogar de Nueva York y nos dejó un legado difícilmente superable. Su influencia fue soberana, al menos sobre dos generaciones de músicos, y conquistó para su estilo un público universal. Las inconfundibles notas que él creó no perderán vigor para millones de personas conquistadas por su afecto. Los genios —se ha dicho— no mueren del todo. Mientras alguien, en alguna parte, interprete jazz, Satch estará vivo. 

ALGO MAS… «Durante más de 40 años, desde que en 1914 estalló en América el entusiasmo contagioso por el jazz, éste se ha mantenido como fenómeno de masas. Su técnica, cuya prehistoria se remonta hasta ciertas cancioncillas de la primera mitad del siglo XIX, como Turkey in the Straw y OldZip Coon, sigue siendo esencialmente la misma, a pesar de todas las sutilezas de los historiadores propagandistas.

El jazz es una música que, con simplísima estructura melódica, armónica, métrica y formal, compone en principio el decurso musical con síncopas perturbadoras, sin tocar jamás la monótona unidad del ritmo básico, de los tiempos siempre idénticos. Esto no quiere decir que no haya ocurrido nada en el jazz. Así, por ejemplo, el monocromo piano fue desplazado del predominio que tuvo en el ragtime y sustituido por pequeños conjuntos, generalmente de viento; así también las salvajes prácticas de las primeras jazzbands del Sur, principalmente de Nueva Orléans, o de las de Chicago, se han suavizado al ritmo de la creciente comercialización y recepción, y aunque periódicamente se reaniman (por esfuerzo profesional), vuelven regularmente a sucumbir al negocio, llámense swing o bebop, o pierden siempre su filo.

Pero el principio que inicialmente hubo que destacar exageradamente se ha hecho mientras tanto tan obvio, que puede prescindir de la acentuación del primitivismo rítmico antes necesario. El músico que hoy quisiera componer con aquella acentuación resultaría ridículo, como, pasado de moda como los vestidos de noche de 1927. La original rebeldía se ha convertido en conformismo de segundo grado, y la forma de reacción del jazz se ha sedimentado de tal modo que toda una juventud oye ya primariamente en síncopas, sin percibir apenas el originario conflicto entre esas síncopas y el metro fundamental. Pero todo eso no cambia nada en la absoluta monotonía que nos plantea el enigma de cómo millones de hombres siguen sin cansarse de tan monótono estímulo.»

Adorno, Theodor W..
Prismas, Barcelona.

Louis Armstrong: Junto con Duke Ellington, Louis Armstrong universalizó un género musical que hasta entonces había tenido carácter local, casi folklórico. El jazz primitivo, del que no quedan discos grabados ni partituras escritas, pertenece a un pasado legendario. Habría nacido de la fusión entre la herencia musical occidental, que los negros conocieron principalmente a través de los himnos protestantes, y sus ritmos.

Louis, en cambio, floreció junto con la radio y los sistemas de grabación, en la década de 1920. Este músico revolucionó el estilo de ejecución de los trompetistas, destacó la función del solista dentro del conjunto, e influyó en todos los músicos de jazz.

Como cantante, Satchmo (apodo que según algunos derivaría de la expresión such a mouth, ¡qué boca!) fue un verdadero maestro, cuyo estilo puede reconocerse en el de todos sus grandes continuadores, incluyendo a
uno de los más grandes cantantes de jazz Billie Holliday.

A los 13 años, Louis fue internado en un reformatorio. Allí el niño aprendió a tocar la corneta para poder integrar la banda local y, un año más tarde, empezó a tocar con músicos lamosos como Sidney Bechet y Toe Lindsay, en el barrio de Storville, en Nueva Orleáns. La marina estadounidense terminó clausurando dicho barrio y los músicos que allí trabajaban no encontraron otra salida que remontar el río Mississippi.

Luego de tocar algún tiempo en la orquesta de Fate Marable, subiendo y bajando por el río, Armstrong llegó a Chicago, en 1922, para trabajar con Joe King Oliver, el rey del jazz.

En ese período, el grupo grabó diversos temas, cuya base era la improvisación colectiva, dentro de la cual se destacaban especialmente los «diálogos» entre Oliver y Armstrong.

En 1924, Armstrong partió hacia Nueva York para trabajar con Fletcher Henderson, conocido director de orquesta y arreglador, que había llevado a la popularidad a músicos del calibre de Coleman Hawkins y Benny Cárter. En ese período, Armstrong empezó a tocar la trompeta, iniciando una nueva e importante fase de su carrera artística. Tocó con las mejores blue singers de la época -Ma Mainey, Bessie, Trixie y Clara Smith, Eva Taylor y Sippie Wallace—, que cantaban los spirituals en cabarets.

En 1925 formó su primer conjunto —los Hot Five— con el que comenzaron a ponerse de moda los «solos» individuales. Durante la década del 30 formó parte de grandes orquestas, intervino en varios filmes e hizo una serie de giras por diversos países.

A los 50 años, Armstrong era mucho más que un simple «jazzman»: se había convertido en una personalidad famosa en casi todo el mundo. Como embajador del Departamento de Estado de los EE. UU., viajó por África, Asia, América Latina y Europa Oriental. A partir de 1965, su salud quebrantada obligó a Satchmo a reducir el ritmo de sus actividades. Falleció el 6 de julio de 1971, en su residencia como consecuencia de una crisis cardíaca.

Fuente Consultada:
Revista Conocer Nuestro Tiempo Enciclopedia del joven N°2
Grandes Acontecimientos del Siglo XX Readers Regest