Nuestro Amigo: El Árbol Martha D. Arias

Porque se Caen las Hojas de los Arboles en Otoño Facil Para Niños

Porque se Caen las Hojas de los Arboles en Otoño

Cuando el frío es extremado, la raíz no puede trabajar tan activamente como durante el verano, y, no obstante, las hojas continúan eliminando agua, sin recibir, en cambio, un acopio equivalente; de ahí que, faltas de alimentos, las hojas mueran, lo que resulta un beneficio para la planta, porque no teniendo que alimentar esos órganos, puede conservarse viva con el escaso alimento de que dispone.

Uno de los reproches que se hace al otoño es que durante esa estación las hojas amarillean, secan y caen, dejando las ramas desnudas. Y, sin embargo, es una bendición que esto suceda, pues por cada hoja calda, la planta tendrá en la próxima primavera un ramo de hojas nuevas o una flor que equivale casi siempre a un fruto.

arbol en otoño hojas amarillas

Las hojas tienen a su cargo tareas muy complicadas y varias, de cuyo cumplimiento depende la vida de la planta. Una de ellas es precisamente la de caer en otoño, reconcentrando la vida en la rama que hasta entonces la sustentaba.

¿Por qué caen las hojas?. He aquí una cuestión interesante en la que hay que ver algo más que el simple hecho observado.

Cualquiera que haya cultivado narcisos, jacintos u otra planta de bulbo, habrá observado que después de florecer, las hojas empiezan a marchitarse, amarillean y al fin caen.

Ocurrido esto, si saca las cebollas de la tierra, observará que están frescas y llenas.

Y si las conserva en lugar seco, podrá obtener de ellas nuevas plantas en el otoño siguiente.

Pero si hace la prueba de sacar una cebolla de la tierra cuando las hojas están todavía verdes y la compara con las otras, comprobará un menor desarrollo y un aspecto menos fresco de esta cebolla, que, colocada oportunamente en tierra, dará una planta mezquina, si es que llega a producirla.

Por otra parte, si a una planta cualquiera, en todo su vigor, se le quita las hojas a medida que brotan, es seguro que o morirá o crecerá raquítica.

Quiere, pues, decir que al secarse y caer las hojas, dejan su propia substancia en la planta a que pertenecieron, devolviéndole así lo que de ella tomaron.

arbol caen las hojas

Como si la planta supiera lo que le conviene, cada año, al llegar el otoño, realiza una labor cuyo resultado es desprenderse de sus hojas. Para ello elabora una Substancia muy parecida al corcho, con la que forma uña lámina entre el pecíolo de la hoja y la rama.

De esta manera, los jugos de la planta no pueden pasar de ésta a aquélla.

Privada, así, del alimento, la hoja pierde su color verde, se seca y cae; al herida que deja podría ser perjudicial a los tejidos de la planta, porque las lluvias y el frío obrarán directamente sobre ellos, pero ahí está la lámina de corcho que los proteje, cerrando la entrada a los agentes externos.

No teniendo ya hojas que alimentar, la planta guarda toda su savia, y aunque podría creerse que duerme, no es así: su actividad continúa durante el otoño y el invierno.

Inmediatamente encima de la señal dejada por cada hoja al caer, aparecen las yemas, minúsculos brotes al principio, que crecen poco a poco, protegidos por sus gruesos capotes engomados, bajo los cuales se están desarrollando diminutas hojas y flores.

En las zonas cálidas, los árboles no pierden sus hojas y se comprende por qué, puesto que la diferencia sensible de temperatura en el invierno no es tanta que impida a la raíz trabajar activamente.

Aun en los climas fríos hay árboles llamados siempreverdes, que tampoco pierden sus hojas. Tales son el ciprés, el pino, el eucalipto, la magnolia.

eucalipto

Plantación de eucaliptos

Pero si usted observa estos árboles, verá que las hojas de los primeros son de tamaño reducidísimo y filiformes, mientras que las de los dos últimos están protegidas con barnices impermeables.

En ambos casos, la evaporación es escasa y la planta puede sostenerlas aunque absorba poca agua.

La Oracion del Hijo – Martha Dora Arias

La Oración del Hijo – Martha Dora Arias

Diosito, hacé que mis padres lean esta carta.

Papa, mamá :

Cuando les pregunte o les cuente algo, no me respondan siempre «estoy ocupado» o «decímelo más tarde», necesito que me ayuden a elegir las formas y los valores con los que me moveré en la vida.

No pretendan sacarme del paso prometiéndome lo que no podrán cumplir porque la falta de palabra me volverá incrédulo y desconfiado.

No peleen ni griten en casa, sé que tienen muchos problemas para resolver y por eso les pido que razonen con tranquilidad , así no sufro, no me asusto, ni me altero pensando situaciones que yo aún no puedo solucionar.

No me enseñen a odiar ni a envidiar a la gente; traten de hacerme conocer la felicidad pues la vida misma con sus idas y vueltas, marchas y contramarchas, se encargará de ofrecerme su cuota de frustración y desaliento.

Ayúdenme a crecer en la sensibilidad, no quiero ser una computadora humana que gasta la vida calculando tener cosas, olvidándose de disfrutar, de sentir y amar; a los que piensan sólo en tener se les endurece el corazón y pierden el sentido de la realidad que los envuelve.

Enséñenme a ser solidario y a defender la vida; bien saben que nací en tiempos de agresión y violencia, de misiles y guerras bacteriológicas, de alcohol, contaminación y drogas, de sida y depredación; necesito confrontar la muerte con los brotes de las semillas y el crecimiento de los árboles y la multiplicación natural de los seres vivientes.

Traten de educarme en la solidaridad; creo que los partidarios de la verdad, la justicia y la naturaleza, si nos unimos, podremos defendernos de los insensibles que destruyen el país y el planeta, sin pensar en las consecuencias generacionales.

Nunca me mientan porque si lo hacen yo aprenderé a mentir; escuché decir que el mentiroso es capaz de cualquier delito y sé que les daría dolor y vergüenza tener un hijo ladrón, farsante o traicionero.

Les pido que sean justos conmigo y mis hermanos; soy chico pero me doy cuenta si obran con justicia y, esa justicia que practican, es lo que despierta mi respeto, admiración y confianza.

Jueguen jueguen conmigo, quiero compartir mi alegría y gastar con ustedes la energía de mis cortos años; si lo hacen, nadie ni nada podrá borrar de mi mundo interno las huellas generosas del afecto.

Cuéntenme un cuento todas las veces que puedan, preciso viajar por el mundo de la fantasía; seguramente las historias me ayudarán a comunicarme mejor y a despertar mi sensibilidad para percibir la dimensión del cosmos.

Cuando hago mis tareas escolares no se desentiendan diciéndome que no saben , que no entienden; una sola palabra de ustedes, un gesto oportuno, alcanzarán para alentarme y clarificar mis problemas.

Acérquense a la escuela y escuchen a mi maestra y si ven que presento dificultades, ayúdenme a sortearlas con coherencia; lo que más daño hace a mi personalidad son los dobles mensajes y las actitudes soberbias; creo que la señorita desea para mí lo mismo que ustedes, con todo el corazón.

Papá , mamá… sé que no son sabios ni adivinos y que éste es un tiempo muy difícil para los adultos que deben educar. Sin embargo estoy seguro que ustedes me aman y que por mi feliz y sano crecimiento, administrarán con respeto los necesarios sí y no, que orientarán la existencia de mis años primeros.

Gracias por darme la vida. Los quiero hasta el cielo.

Por Martha Dora Arias 

 

 

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