Obra Cultural de la Primera Junta

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

BROWN GUILLERMO: Guillermo Brown nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777.

Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio del Brasil, a las luchas; civiles del período de Rosas.

Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño.

Quedó huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.

Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante. 

Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias.

Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año.

Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada «Industria» para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.

El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la goleta Juliet.

Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.

Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento.

Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debiose en gran parte al asedio marítimo.

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento.

Tuvo prisionero a borde del Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina.

Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida.

Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.

Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades.

Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 11 de junio de 1826.

Al año siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal.

Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.

Este hecho marca en la vida psíquica del marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo.

En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal.

A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jadel Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.

El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano.

En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi.

En 1843 Rosas encargó al Almirante Brown que estableciera el bloqueo del puerto de Montevideo, al iniciarse el siíio terrestre de esta plaza por el ejército del general Oribe.

Brown izó su insignia en el «BELGRANO», (capitán Thorne) constituyendo el resto de su escuadra: el «25 DE MAYO», el «SAN MARTIN» y el «9 DE JULIO».

El bloqueo de Montevideo por mar empezó a comienzos de febrero de 1843, pero la intervención del comodoro inglés Purvis aflojó completamente la influencia de aquél, desconociéndolo y prácticamente imposibilitándolo en toda forma.

Grandes sinsabores cosió a Brown este bloqueo y después de numerosos inconvenientes por la intromisión británica, el Almirante regresó a Buenos Aires, el 16 de mayo.

El 29 y 30 de este mes prestó eficaz auxilio a numerosas embarcaciones arrojadas sobre la costa del puerto por el violento temporal que se desencadenó en estos días.

El 19 de junio volvió a zarpar para Montevideo, aunque no en son de escuad’a bloqueadora.

El 6 de septiembre Brown recibía en aquellas aguas orden del ministro Arana de extender el bloqueo de víveres hasta el puerto de Maldonado, y finalmente, a comienzos de octubre se restablece con todo rigor desde el último punto hasta Montevideo.

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En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar. En 1845, se vió forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.

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Con intermitencias producidas por la intervención de las marina anglo-francesa, el almirante Brown prosiguió ejerciendo el bloqueo frente a Montevideo y Maldonado hasta el 2 7 de junio de 1844, en que llegó a Buenos Aires a bordo del «BELGRANO» y se desembarcó después de una ausencia de más de un año, pues no había regresado desde su partida el 1 9 de junio del año anterior.

El coronel Toll fue su relevo en el mando de la escuadra, frente a Montevideo.

No obstante esto, el año sigu’ente volvió Brown a tener bajo su mando las fuerzas bloqueadoras de Montevideo, pues había continuado al mando de la marina rosista.

El 31 de julio de 1845, ante la presión de las escuadras anglo – francesa, se vio obligado a regresar a Buenos Aires y entregar antes de llegar a este puerto (no lejos de Montevideo), el «SAN MARTIN», «25 DE MAYO» y la «9 DE JULIO» después de haber recibido el buque insignia de Brown un impacto a la altura de la cámara del Almirante.

En los 3 barcos izaron el pabellón extranjero.

A Brown y demás oficiales de nacionalidad británica, les obligaron a firmar un compromiso de que no volverían a intervenir más en aquella contienda Brown llegó a Buenos Aires el día 7 de agosto de 1845. Fue su último acto de vida marítima.

A mediados de 1847 estuvo en la plaza sitiada de Montevideo, en viaje de paseo a Inglaterra.

En aquella plaza «fue perfectamente recibido», según expresa De María, y permaneció varios días.

Había salido de Buenos Aires el 23 de julio de aquel año. Regresó de Irlanda al poco tiempo.

En 1853 fue miembro de la «Junta de Marina» cuyo objeto principal era reformar la armada del Estado de Buenos Aires.

En 1854, se embarcó para los Estados Unidos a fin de acompañar los restos del general Alvear. los que fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta, el 26 de julio de aquel año.
El 3 de marzo de 1857 falleció en esta capital.

Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857. 

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre 

«No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes.

Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

Brown era casado con doña Isabel Chitty, natural de Inglaterra, y los hijos del matrimonio fueron: Guillermo, Juan Benito, Eduardo, Martina, Rosa y Natividad Brown.

Al Almirante le sobrevivió su esposa. El cadáver de Brown permaneció diez años en el sepulcro del general Paz, hasta que su familia le erigió el mausoleo donde reposa .

El hermano del Almirante, MIGUEL BROWN, llegó a Buenos Aires tiempo después de su hermano Guillermo.

Por un convenio que celebró este último el 1º de septiembre de 1815 con el Gobierno de las Provincia Unidas, Miguel Brown fue nombrado comandante de la fragata «HERCULES» cuando se resolvió que Guillermo quedase en Buenos Aires.

El cuñado del almirante Brown, Watel Dawes Chitty, fue designado para mandar la «TRINIDAD1». Pero como se ha dicho en la biografía del Almirante, este último zarpó a cargo de los dos buques, contrariando las órdenes del Gobierno, el 15 de septiembre del mismo año.

Al día siguiente el último envió una nota a Brown invitándolo a regresar a lo que no dio cumplimiento, y continuó su viaje relatado más arriba.

Hemos visto la actuación de Miguel Brown en la empresa contra Guayaquil.

Este último realizó todo el crucero por el Pacífico y de regreso a las aguas del Atlántico Sur, llegó hasta Río Grande (Brasil), donde fue desembarcado por hallarse atacado de fiebre, y la falta de médico a bordo no le permitía proseguir la expedición con su hermano. Regresó a Inglaterra una vez curado.

En abril de 1828, Miguel Brown volvió al Río de la Plata, precisamente cuando aún su hermano ejercía las funciones de gobernador delegado del general Lavalle que se hallaba en campaña.

• PARA SABER MAS…
LAS PRIMERAS FUERZAS NAVALES ARGENTINAS

Al triunfar la revolución de Mayo e instalarse el gobierno provisional, la situación naval apareció como claramente desfavorable: los leales a España conservaron en su poder la plaza rival de Montevideo y disponían allí de una. considerable flotilla integrada por unas treinta naves de mediano y pequeño porte que hostigaron a la ciudad de Buenos Aires e incursionaron por los ríos litorales en los primeros meses de la guerra por la Independencia.

El gobierno revolucionario, por su parte, contaba con pequeñas embarcaciones de escaso valor real.

Entre fines de 1810 y principios de 1811 se trató de subsanar esa situación encomendando la tarea al vocal de la Junta Grande Francisco de Gurruchaga (ex combatiente en Trafalgar bajo el mando de Cisneros).

Acondicionó embarcaciones precarias y recurrió principalmente a marinos de origen extranjero, y así logró armar una pequeña escuadrilla: la goleta «Invencible», el bergantín «25 de Mayo» y la balandra «Americana».

Los comandaba el maltes Juan B. Azopardo y entre sus jefes se hallaba el francés Hipólito Bouchard. En conjunto sumaban 200 tripulantes y 33 piezas de artillería.

Pero fueron derrotados por una fuerza española más potente en San Nicolás (marzo de 1811).

Mejor suerte le correspondió a la fuerza naval organizada en 1814 con destino al segundo sitio de Montevideo: conducida por el irlandés Guillermo Brown, la flamante marina argentina logró el dominio del estuario y batió exitosamente a los realistas en el combate de El Buceo (14 al 17 de mayo de 1814).

En su parte al gobierno, Brown -tras reseñar los accidentes de la lucha y las bajas causadas al enemigo- afirmó;

«Creo que de este modo las armas de la Patria han alcanzado completa victoria sobre una fuerza muy superior…». Esa «completa victoria» hizo así posible la captura de Montevideo, que fue estimada por José de San Martín como la mayor victoria obtenida hasta entonces por las armas emancipadoras. El factor naval fue también decisivo en la posterior expedición libertadora de San Martín al Perú.

La guerra de corso, recurso habitual en la época, fue también empleada contra la navegación realista.

Las acciones más destacadas en este sentido fueron obra de los ya citados Brown y Bouchard.

Este último, al mando de la fragata «La Argentina», realizó un viaje en torno del globo hostilizando el tráfico enemigo en el Pacífico.

El gobierno concedió también patentes de corsario a marinos extranjeros que llevaron la guerra a España bajo pabellón celeste y blanco, sin haber tocado siquiera el puerto de Buenos Aires (fue el caso de los norteamericanos que operaron, por ejemplo, desde Baltimore).

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• FRENTE A JOSÉ GARIBALDI:

El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del Río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi «Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente» es la orden que Brown le imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.

Producida la caida del régimen que encabezaba Rosas, muchos marinos fueron eliminados del escalafón activo de la Armada, pero no el Comandante de la Escuadra de la Confederación.

Por el contrario, el Ministro de Guerra y Marina le cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando:

«El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que VE. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera».

Retirado en su quinta de Barracas fue visitado por Grenfell que había sido su adversario en la guerra contra el Brasil.

Al manifestarle aquél cuan ingratas eran las Repúblicas con sus buenos servidores, contestó el anciano Almirante:

«Señor Grenfell no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos: considero supérfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis píes de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores».

El 3 de marzo de 1857 fallece el Almirante Brown y el gobierno decretó honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial «simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra patria desde la época de la independencia».

El General Mitre en ocasión de despedir los despojos mortales, dijo de Brown:

«Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota»

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Buenos Aires Colonial – Testimonio y Descripcion de la Ciudad

Buenos Aires Colonial – Testimonio y Descripción de la Ciudad Por: Parras

TESTIMONIO: Fray Pedro  J. Parras describe a Buenos Aires Colonial

Tendrá la ciudad 20.000 almas de comunión.

Tiene dos conventos de San Francisco, dos colegios de la Compañía, convento de dominicos, de mercedarios, de betlemitas, que son hospitalarios, y dos monasterios de dominicas y capuchinas.

Tiene iglesia Catedral, con su obispo.

Hay un buen castillo, con competente tropa y con su gobernador y capitán general.

Los estilos de esta ciudad, en su trato, conversación, traje, gobierno, son los mismos que en España, con poca o ninguna diferencia.

la aduana buenos aires colonial

La aduana en Buenos Aires Colonial

Las cosechas de esta ciudad son: trigo, maíz, todo género de hortalizas y mucha fruta.

Vino ni aceite no hay, porque los naturales no hacen diligencia para tenerlo, y quien la hace, como al presente hay alguno en Buenos Aires, logra en sus quintas uno y otro efecto con abundancia.

El río corre inmediato a la ciudad, de norte a sur aunque luego declina al este hasta entrar en el mar: tiene diez leguas de anchura por esta parte y abunda de varias especies de pescado (…)

Cuando escribo éste, que es el año 1753, vale un buen buey de trabajo cuatro pesos; un toro o un novillo tres, una vaca, veinte reales; una ternera, doce reales; una oveja, dos reales; el cordero, un real; la yegua, tres reales, y cada caballo, dos pesos; quien oiga y lea esto en España, se admirará, y con razón; pero deberá suspender la novedad computando la jurisdicción y abundancia de ganados con la poca gente; porque ésta y su grande distrito, se reduce a una ciudad, aunque muy populosa.

Lo preciso para pasar la vida, está en esta tierra baratísimo, como todo lo demás que la tierra produce; pero al contrario, cuesta más caro lo que viene de España, como es vino, aceite, ropas, etc., que, aunque de todo hay y se hace por diversas partes de este reino, pero nada de ellos es tanto ni de tanta estimación como lo que se trae de la Europa.

Las demás cosas que ocurren acerca de las campañas, aves, animales, ríos, etc., se irán viendo en los distintos diarios y derroteros que adelante se pondrán de algunos viajes que por acá se me han ofrecido.

Fray Pedro José de Parras Diario y Derrotero de sus Viajes, 1749 – 1753

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Gastos del Acuerdo de San Nicolas Para El Congreso Constituyente

Gastos del Acuerdo de San Nicolás – El Congreso Constituyente

EL ACUERDO DE SAN NICOLÁS: Justo José de Urquiza (gobernador de Entre Ríos) , luego de la victoria en Caseros sobre Rosas, promovió la firma del pacto de San Nicolás.

En él se establecía que las provincias se federarían en una unión que, hasta tanto redactara su constitución, lo tendría a él como presidente provisional.

También un ejército único estaría bajo su mando, con lo cual ya no habría un ejército en cada provincia.

Las aduanas interprovinciales quedarían abolidas y los ríos interiores serían de libre navegación.

Se convocaría a un Congreso Constituyente con representantes de todas las provincias, para redactar una Constitución.

La provincia de Buenos Aires no veía con buenos ojos que se le diera a Urquiza tanto poder.

Las economías de ambas regiones, Buenos Aires y el litoral, competían entre sí por su lugar en el mercado internacional.

Quien controlara el poder político lo usaría para imponerse en esa competencia.

Pero lo que Buenos Aires no aceptó fue la forma de representación para el Congreso Constituyente propuesta por el pacto de San Nicolás.

Dicho pacto establecía que cada provincia enviaría dos diputados.

La propuesta de Buenos Aires, en cambio, era que se enviara un diputado cada 15.000 habitantes.

Su propuesta no fue aceptada, por lo que Buenos Aires rechazó el acuerdo y no envió a sus diputados.

EL CONGRESO CONSTITUYENTE DE SANTA FE

En 1855 se reunió en Santa Fe el Congreso Constituyente, sin la asistencia de los representantes de Buenos Aires.

Los diputados aprobaron una Constitución Nacional que estaba fuertemente influida por la Constitución norteamericana de 1787.

En ella se establecía la garantía de las libertades individuales, la forma republicana y federal que adoptaría el gobierno y la división de poderes.

A partir de la sanción de la Constitución quedarían abolidas todas las aduanas interiores (interprovinciales) y se garantizaba la libre navegación de los ríos.

La ciudad de Buenos Aires sería federalizada y su aduana nacionalizada (es decir, que ya no pertenecería a la provincia de Buenos Aires, sino al gobierno nacional).

Como Buenos Aires no adhirió a esta Constitución, estos últimos puntos no pudieron ser aplicados.

La Confederación no estaba en condiciones, por el momento, de obligar a Buenos Aires a aceptarlos.

Los gastos por el acuerdo en San Nicolás

A mediados del 1800 era necesario establecer algunas pautas para crear un marco legal adecuado en cuanto a la organización del país, por lo que los representantes de las provincias argentinas se dieron cita hacia 1852 en la ciudad San Nicolás de los Arroyos, con el fin de suscribir un acuerdo.

Como era de esperarse, junto al trabajo también hubo diversión, en la que participaron todos los funcionarios que se encontraban en el lugar, quizás utilizando el esparcimiento como forma de justificar el sacrificio patriótico.

La convocatoria generada por Urquiza para que los representantes del pueblo se reunieran a suscribir el acuerdo tenía como fecha estipulada el 20 de mayo, pero curiosamente el acuerdo fue firmado doce días después.

En resumen, fue más de una semana de diversión y esparcimiento en San Nicolás.

Esto por supuesto generó algunos gastos desmedidos, ya que los políticos de la época, al igual que los actuales, sabían cómo pasarla muy bien, lo que además significó un gran ingreso económico para la ciudad.

Según los datos recaudados por los historiadores, en función de la posterior rendición de gastos por parte de los vecinos anfitriones del pueblo de San Nicolás, los hábitos de consumo de los políticos resultaron en muchos miles de pesos.

Tomamos como ejemplo a Vicente López y Planes, que se había alojado en la vivienda de Francisco Javier Moreno, quien luego de la visita del funcionario emitió un resumen de gastos por 8.721 pesos.

Dentro de dicho resumen se incluían 11 botellas de coñac, 30 frascos de vino francés, 750 cigarros habanos, 4 cajones de vino francés de Burdeos, 5 botellas de champán, 6 docenas de pasteles de carne, pastelillos de hojaldre, de dulce, de pollo, pastillas de licor, 6 mulitas, 6 corderos, 8 docenas de perdices chicas y 3 docenas de perdices grandes, 20 pavos, 26 patos y 30 pollos.

Por su parte, Mercedes Piñero de Márquez, una cocinera que se especializaba en repostería, oriunda de San Nicolás, preparó dulces entre el 23 de mayo y el 10 de junio, y luego de ello presentó su cuenta por 4.248 pesos, cifra que incluía productos como dulces de naranja, ciruela, batata, tomate, leche, limón, membrillo y durazno, además de chimbos, pastas de almendra, merengues, pastelitos de dulce y masas.

Mientras tanto, además de la comida y la bebida, los gobernadores aprovecharon esos días para realizar distintas actividades de esparcimiento.

Algunos optaron por la pesca, otros en cambio por la caza de patos, y el resto preferían acercarse al reñidero de don Pedro Santa Cruz.

Más allá de las actividades diurnas, por las noches casi todos los representantes del pueblo argentino que se habían reunido en San Nicolás, se acercaban a lo de Oteyza, un espacio en el que se organizaban diferentes tertulias danzantes, al ritmo de instrumentos como el piano, el arpa, el violín y el clarinete.

Jornadas durante las cuales las muchachas dedicadas al servicio ofrecían a los clientes del lugar chocolate caliente, licor de rosas, té o mate.

Fuente Consultada: 100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab

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San Nicolas de los Arroyos Primera Ciudad con Alumbrado a Gas

San Nicolas de los Arroyos: Primera Ciudad con Alumbrado a Gas – Ciudad del Acuerdo

Acuerdo y fiesta en San Nicolás
Primera Ciudad con Alumbrado a Gas

La Ciudad de San Nicolás de los Arroyos fue fundada el 14 de Abril de 1748 por Rafael de Aguiar, quien le asignó el nombre del santo del cual era devoto, San Nicolás de Bari.

Convertida en punto de unión entre Buenos Aires y el interior, fue escenario de importantes hechos históricos.

A mediados del 1800, la pequeña ciudad de San Nicolás de los Arroyos no había sido advertida como una localidad pujante ni famosa, pero un giro en las decisiones políticas de la época hicieron que este pueblo pasara a la historia en el año 1852, ya que fue elegida para ser la sede de un acuerdo que acontecería en ese año, y en el cual se sentarían las bases de la organización nacional de la Argentina.

En San Nicolás se reunieron todos los representantes de las provincias del país, y durante su estadía se encontraron con una localidad que hasta el momento registraba 9.000 habitantes, de los cuales 2.000 vivían en zonas rurales. 

Cabe destacar que San Nicolás además no fue elegida en vano como sede de este acuerdo, ya que en realidad se trataba de una de las ciudades que representaban el orgullo argentino, precisamente por ser la primera ciudad del interior con alumbrado a gas, el cual fue inaugurado en 1827.

Además, en el total de 81 manzanas que conformaban el pueblo, se habían establecido 5 escuelas, que albergaban a 383 alumnos.

Y el comercio también tenía lugar allí, contando con 87 almacenes y pulperías, 25 tiendas, 16 panaderías, 12 carpinterías, 7 billares, 4 velerías, 3 roperías, 3 graserías, 2 fondas, 2 mercerías y 2 boticas, en el momento en que se realizaron las reuniones para sellar el Acuerdo nacional. 

En este sentido, es importante mencionar que mediante dicho acuerdo, que había sido ratificado por tres provincias, a excepción de Buenos Aires, se nombró como director provisorio de la Confederación Argentina a Justo José de Urquiza, además de que el acuerdo sirvió como precedente a la sanción de la Constitución Nacional que llegaría en el año 1853. 

Pero las reuniones en torno al acuerdo también dieron lugar al esparcimiento.

Para conocer más sobre esta historia, te invitamos a leer el artículo titulado «Los gastos por el acuerdo en San Nicolás».

Fuente Consultada: 100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab

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Defensor de los Indios en America Fray Bartolome de las Casas

Defensor de los Indios en América: Fray Bartolome de las Casas

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS  (1470-1566): El emperador Carlos I de España , siempre dispuesto a descubrir los errores y a remediarlos, llamó a sus sabios a Valladolid y les expuso sus serías preocupaciones con respecto al manejo de las Indias.

Las leyes dictadas hasta entonces eran ecuánimes y se ajustaban a las necesidades de la conquista y la colonización.

Sin embargo, el emperador estaba preocupado, porque un sacerdote había escrito cierto libro en el cual afir, maba que España, por intermedio de sus encomenderos, destruía las vidas de los indígenas.

Ese sacerdote se llamaba Bartolomé de las Casas y, gracias a él, se intensificó la vigilancia de la corona sobre los posibles excesos de sus representantes en América.

Bartolome de las Casas

Las Casas consiguió en 1542 que el emperador Carlos V ordenara el dictado de las Leyes Nuevas que prohibían esclavizar a los indígenas.

Luego, en México excomulgó a varios encomenderos que no acataban esas leyes y enfrentó al Virrey.

BREVE FICHA BIOGRAFICA

•  Nació en 1484, en Sevilla, España; hijo de Isabel de Sosa y Pedro de Las Casas, un comerciante posiblemente descendiente de judíos conversos al cristianismo.

• Estudió Humanidades y, según algunos historiadores, Derecho.

• A los 18 años partió con su padre y un tío hacia el Caribe, donde ambos familiares ya habían estado acompañando a Colón en su segundo viaje, de 1493.

• Se instaló en La Española (hoy República Dominicana), donde fue minero y obtuvo tierras y una encomienda de indígenas. En 1507 se ordenó sacerdote en Roma, y en 1512 fue capellán en la conquista de Cuba, donde obtuvo otra encomienda de aborígenes.

• En 1514 sufrió una crisis de conciencia y renunció a los indígenas de su repartimiento, impresionado por los abusos que se cometían contra ellos.
Crisis de conciencia

En 1515 entrevistó al Rey y autoridades religiosas de España, y fue nombrado «protector (procurador) universal de los indios».

• En 1522 entró en la Orden de los Dominicos y desde entonces recorrió Cehtroamérica y México.

• En 1526 comenzó a escribir su libro «Historia de las Indias».

• En 1543 fue consagrado Obispo de Chiapas.

• A principios de 1547 viajó a Madrid, en donde continuó con la escritura de su «Historia de las Indias».

•  Murió en Madrid, España, en 1566.

HISTORIA BIOGRAFICA DEL SACERDOTE

Fray Bartolomé nació en Sevilla, pasó a Indias en 1502 y residió en Santo Domingo y en Cuba.

Ordenado sacerdote, se dedicó a trabajar con ardor en favor de los indios, protestando contra «los repartimientos».

En 1520 fundó en Cumaná una colonia, pretendiendo, con la ayuda de los dominicos, hacer de los naturales, pacíficos labradores y buenos cristianos.

El ensayo fracasó.

Las Casas se hizo dominico; fue nombrado (1544) obispo de Chiapa, México, y volvió a España en 1547.

Compuso una «Historia de las Indias» que abarcaba desde Colón hasta 1520, impresa en 1875, pero utilizada ya por Herrera.

Realizó doce viajes entre la península e Indias. Imploró ante Fernando el Católico y ante Carlos V, sin mayor éxito, por la suerte de los indígenas.

Nombrado protector general de todas las Indias, tampoco obtuvo éxito en este cargo y, desengañado y enfermo, se aisló en un convento de Valladolid, donde murió en 1566.

• ►HISTORIA:

Desde un comienzo, la conquista militar de América estuvo acompañada por la «conquista espiritual», que consistió en la conversión de los nativos al catolicismo.

La Corona española, vinculada con la Iglesia Católica, consideraba que era justo luchar contra los que no eran cristianos.

Durante muchos años habían estado en guerra contra los árabes, de religión islámica, que ocupaban el sur de la península Ibérica.

A su regreso de América, Colón propuso a los reyes que los indígenas caribeños que llevó a España fueran vendidos como esclavos.

Este hecho desató un debate entre los teólogos, considerados los sabios de la época, sobre si los indígenas eran o no personas y sobre cómo debían ser considerados por las leyes.

Algunos teólogos, reunidos en la ciudad de Burgos, en 1512, se opusieron a la esclavización de los indígenas.

Consideraban que éstos no habían rechazado el cristianismo, sino que habían vivido hasta ese momento en la «ignorancia».

La Corona española adoptó esta interpretación y declaró a los indígenas «libres y no sujetos a servidumbre», considerándolos sus subditos y obligándolos, de este modo, a pagar tributo.

Pero aunque se aceptó que los indígenas eran personas, las leyes españolas los consideraron menores de edad y, como tales, fueron puestos bajo la tutela de un funcionarlo español.

A pesar de todo, hasta mediados del siglo XVI los aborígenes que rechazaban el cristianismo pudieron ser esclavizados.

Como los españoles pensaban que los indígenas eran seres Inferiores, sostenían que luchaban una «guerra justa» para dominarlos y convertirlos a la que en su país era considerada «la verdadera religión».

En 1510 llegaron a las colonias los frailes de la orden religiosa de Santo Domingo (dominicos); cuando vieron el maltrato que se daba a los nativos, comenzaron a denunciarlo y a defenderlos.

El padre Antonio de Montesinos fue quien comenzó las denuncias y las acciones, negándose a dar la comunión a los encargados de cobrar los tributos en la isla de La Española.

Otro religioso, fray Bartolomé de las Casas, continuó con esa obra, dedicando su vida a la defensa de los pueblos autóctonos.

La Iglesia Católica continuó con su propósito de evangelizar a los indígenas americanos.

Sin embargo, aunque muchos indígenas se convirtieron realmente al cristianismo, otros siguieron adorando en secreto a sus antiguos dioses.

La posición de los religiosos que rechazaban los malos tratos que sufrían los indígenas fue debilitándose a partir del último tercio del siglo XVI.

Fuente Consultada: «Pensar la Historia» Moglia-Sisián-Alabart

EL FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

Bartolomé de las CasasAlgunos sacerdotes enviados por la corona española para evangelizar a los aborígenes, y en especial fray Bartolomé de Las Casas, llamado el “apóstol de los indios”.

Fue quien defendió en América y en España la idea de una colonización pacífica y denunció ante la Corona española las atrocidades que se cometían en nombre de Dios:

“El fin que en las Indias y de las Indias (..) deben pretender los reyes de España, como cristianísimos, es la predicación de la fe para que aquellas gentes se salven.

Y los medios para efecto de esto no son robar, escandalizar, cautivar, despedazar hombres y despoblar reinos y hacer heder y abominar la fe y religión cristiana entre los infieles pacíficos, que es propio de crueles tiranos enemigos de Dios”.

El caso de Las Casas presentará un flanco poco divulgado, que pondrá en cuestión su tan promocionado humanitarismo: fue un activo propulsor del tráfico de esclavos, acusándolo algunos historiadores de haber sido su iniciador y su justificador, ya que el fraile proponía la sustitución de indios por negros en minas y encomiendas.

Fray Bartolomé no rechazaba la esclavitud, siempre y cuando fuera “legítima”, es decir, africanos aprisionados en “buena guerra” o adquiridos por compra a sus “legítimos dueños”.

Estos fueron en Europa los principios que justificaban la trata de esclavos, a la cual se dedicaba principalmente Portugal por detentar las fuentes de “materia prima”: sus colonias en África.

Las Casas propugnaba el tráfico de esclavos en América para así aliviar la suerte de sus queridos indios.

Para proporcionar a los colonos de las Antillas la necesaria mano de obra, había incluido en sus propuestas de 1516 y 1518 la importación de cupos de negros.

Todavía en 1531 pedía que se trajesen de 500 a 600 esclavos a cada una de las islas antillanas y que el rey concediese créditos a los colonos para su adquisición.

En el ocaso de su vida fray de Las Casas, que fue servido personalmente por esclavos, consciente del error cometido, vivió atormentado y convencido de que su esclavismo merecería la condena eterna.

Pacho O’Donnell – Los Héroes Malditos

Fray Bartolome de las Casas Defensor de la Explotacion Indigena en America

Su Obra: Brevísima relación de la destrucción de las Indias

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FRAGMENTO DE «SOBRE LA ESCLAVITUD DE LOS INDIOS»

Muy alto y poderoso señor:

Yo soy de los mas antiguos que a, las Indias pasaron, y ha muchos años que estoy allá, y he visto iodo lo que ha pasado en ellas.

Y uno de los que han excedido ha sido mi mismo padre, que ya no es vivo.

Viendo esto, yo me moví, no porque fuese mejor cristiano que otro, sino por una natural y lastimosa compasión; y asi, vine a estos reinos a dar noticia dello al Rey Católico.

Hallé a Su Alteza en Plasencia; oyóme con benignidad. Remitióme para poner remedio en Sevilla. Murió en el camino; y así, ni mi suplicación ni su real propósito tuvieron efecto.

Después de su muerte hice relación a los gobernadores, que eran el cardenal de España fray Francisco Giménez de Cisneros y el cardenal de Tortosa, los cuales proveyeron muy bien todo lo que convenía.

Y después que vuestra «majestad vino, se lo he dado a entender, y estuviera remediado, si el gran canciller no muriera en Zaragoza.

Trabajo de nuevo en los mismos, y no faltan ministros del enemigo de toda la virtud y bien, que muerqn porque no se remedie.

Va tanto a vuestra majestad en entender esto y en mandarlo remediar, que dejado a lo que toca su real conciencia ninguno de los reinos que posee, ni todos juntos, se igualan con la mínima parte de los estados y bienes de todo aquel Orbe.

Y en avisar de ello a vuestra majestad, sé que le hago de los mayores servicios que hombre paisano hizo a su príncipe ni señor del mundo’.

Y no porque quiera por ello merced ni galardón alguno; porque no lo hago por servir a vuestra majestad, porque es cierto, hablando con todo el acatamiento y reverencia que se debe a tan alto rey y señor, que de aquí a aquel rincón no me mudase por servir a vuestra majestad, salva la fidelidad que como subdito debo, si no pensase y creyese de hacer en ello a Dios gran sacrificio.

Pero es Dios tan celoso y granjero de su honor, que, como a él se deba sólo el honor y gloria de toda criatura, no puedo dar un paso en estos negocios, que por solo él tomo a cuestas de mis hombros, que de allí no se causen y procedan inestimables bienes y servicios de vuestra majestad.

Y para ratificación de lo que he referido, digo y afirmo que renuncio cualquier merced y galardón temporal que me  quiera y pueda hacer.

Y si en algún tiempo yo, u otro por mí, merced alguna quisiere, yo sea tenido por falso y ¡engañador de mi rey y señotr.

Allende de esto, señor muy poderoso, aquellas gentes de aquel mundo nuevo, que está lleno y hierve, son capacísimas de la fe cristiana, y de toda virtud y buenas costumbres, por razón y doctrina traíbíes.

Y de su natura son libres y tienen sus reyes señores naturales, que gobiernan sus policios.

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Las Riquezas de America Colonial y La Extraccion de la Minas de Plata

Las Riquezas de América Colonial – Extracción de Plata de las Minas Realizada Por Los Indios

LAS RIQUEZAS DE AMÉRICA COLONIAL

El primer europeo que apreció su valor puramente artístico fue el famoso pintor alemán Durero.

En 1520 tuvo ocasión de contemplar en Amberes el “tesoro’ que el jefe azteca Moctezuma había enviado a Hernán Cortés con destino al Soberano de la Cristiandad y que éste —Carlos V— dispuso se mostrara a sus vasallos de las diversas ciudades del Imperio.

Durero escribe al respecto en su diario:

«También he visto los objetos que fueron traídos al rey desde el nuevo país del oro: un sol todo de oro, de una toesa de ancho: asimismo, una luna toda de plata, de igual tamaño asimismo, dos gabinetes llenos de armaduras semejantes; asimismo, toda clase de armas, escudos, … sorprendentes armas de defensa, curiosas vestiduras, atavíes de noche y toda clase de singulares objetos de diverso uso, mucho más bellos de ver que jamás lo fueron objetos sorprendentes.

Las dichas cosas eran todas preciosas, habiéndoselas estimado en 100.000 florines. En mi vida he visto nada que haya regocijado tanto mi corazón como estas cosas.»

LEHMAN, Henri. Las culturas precolombinas.

  • ALGO MAS…

Una economía centrada en tos metales
Poco después de la conquista, comenzó a organizarse en América un sistema económico cuya base era la extracción de metales preciosos: oro, hasta 1520, y plata, sobre todo, desde 1560.

Los principales yacimientos de plata se descubrieron en la década de 1540, en Zacatecas, en el Virreinato de Nueva España,y en Potosí, en el Virreinato del Perú.

En Potosí, ubicado en el Alto Perú -aproximadamente, el actual territorio de Bolivia- se encontraba el principal yacimiento de la época colonial.

Para explotar los yacimientos, los españoles adaptaron a sus modalidades dos formas de trabajo indígena -el coatequil, en Nueva España, y la mita, en los Andes-, que obligaban a los indígenas a trabajar rotativamente en actividades, por lo general extractivas, a cambio de un pago.

En torno de la minería de metales preciosos surgieron diversas actividades productivas y mercantiles para proveer de alimentos, manufacturas (textiles, por ejemplo) y bestias de transporte (muías, caballos) a los centros urbanos y a los yacimientos mineros y a sus trabajadores.

De esa manera, las diferentes regiones se fueron especializando en una determinada producción. Así, a comienzos del siglo XVII

, Potosí era una ciudad con una población de más de 100.000 habitantes, la mayor de América.

Sus pobladores eran abastecidos de mercaderías provenientes de zonas tan lejanas como Quito y Buenos Aires, que se integraban por medio de producciones locales a un espacio económico mayor, en el que. se comerciaban productos a cambio de la plata producida en Potosí y acuñada en monedas por el Estado español.

La plata fue el centro de la organización del comercio de largo alcance.

La producción de plata, y las monedas acuñadas con ella, eran el motor de una ruta comercial’ que unía América con España.

La ruta privilegiaba los principales centros económicos americanos, Nueva España y Perú, desde donde se enviaba a España la plata a cambio de manufacturas y artículos de lujo. España mantuvo pocos puertos abiertos para el comercio, e implemento un monopolio comercial.

Fuente Consultada: Historia Argentina Luchilo-Romano-Paz

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La Explotacion de los Indios en Potosi – Trabajos Duros e Insalubres

La Explotación de los Indios en Potosí – Minas de Plata 

LA PLATA DE POTOSÍ Y EL TRABAJO DE LOS INDIOS

Este cerro es como el centro de todas las indias, fin y paradero de los que a ella venimos.

Quien no ha visto a Potosí no ha visto las Indias.

Es la riqueza del mundo, terror del Turco, freno de los enemigos de la fe y del nombre de los españoles, asombro de los herejes, silencio de las bárbaras naciones […]

con la riqueza que ha salido de Potosí, Italia, Francia, Flandes y Alemania son ricas, y hasta el turco tiene en su tesoro barras de Potosí

REGINALDO DE LIZARRAGA.
Relación breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile, 1605.

La Explotacion de los Indios en Potosi - Trabajos Duros e Insalubres

 


“[…] trabajaban allá dentro [en los socavones o túneles del cerro de Potosí], donde es perpetua oscuridad, sin saber poco ni mucho cuando es de día, ni cuando es de noche.

Y como son lugares que nunca los visita el sol, no sólo hay perpetuas nieblas, mas también mucho frío, y un aire muy grueso, y ajeno a la naturaleza humana; y así sucede marearse los que allá entran de nuevo […].

Trabajan con velas siempre los que labran, repartiendo el trabajo, de suerte que unos labran de día, y descansan de noche, y otros al revés.

El metal es duro comúnmente, y sácanlo a golpe de barreta quebrantándole.

Después lo suben a cuestas por unas escaleras hechas de tres ramales de cuero de vaca retorcido […]. Saca un hombre carga de dos arrobas atada la manta al pecho, y el metal que va en ella a las espaldas suben de tres en tres.

El delantero lleva una vela atada al dedo pulgar para que vean, porque como está dicho, ninguna luz hay del cielo; y así suben tan gran espacio, que […] pasa muchas veces de [300 metros], cosa horrible y que solo pensarla pone espanto: tanto es el amor al dinero, por cuya avidez se hace y padece tanto.

JOSÉ DE ACÜ5TA.
Historia Natural y Moralde las Indias, 1590.

LA SUBLEVACIÓN DE TUPAC AMARUC:

La mita era el trabajo minero, agotador y miserablemente retribuido; se calculan los salarios de la mita en sumas diez veces inferiores a las percibidas por un trabajador libre.

De ahí que los indios, al término del plazo de un año que debía durar su obligatoria permanencia en la mita, se encontraban siempre endeudados y eso los constreñía a continuar indefinidamente en el trabajo minero.

Las leyes humanitarias, dictadas por España, no se cumplían.

Por otra parte, tan odiado como la mita era el trabajo en los obrajes, especie de primitivas fábricas textiles.

En la lista de los males de la explotación padecida por los indios, podría figurar como elemento ilustrativo la obligación de los indígenas de comprar objetos de absoluta inutilidad para ellos: por ejemplo, libros de oraciones ¡en francés!

Aunque la sublevación indígena que estamos recordando sólo estalla en noviembre de 1780, su inspirador, el famoso jefe indio José Gabriel Túpac Amaru, la venía organizando desde unos diez años atrás. Túpac-Amaru quiere decir «serpiente de fuego».

(Era frecuente que a los jefes que inspiraban respeto se les designara con nombres de animales terribles).

Había nacido cerca del Cuzco, y se calcula que contaba unos cuarenta años, cuando encabezó la rebelión.

Era instruido: aprendió castellano, latín y la doctrina cristiana, en un colegio del Cuzco, dirigido por sacerdotes jesuítas y destinado a los hijos de indios nobles.

Se consideraba como tales a los descendientes de la nobleza indígena que gobernaba el Perú cuando llegaron los conquistadores.

Los españoles creyeron ventajoso para sus planes someter a las masas indígenas a través de hombres de la misma raza.

Los indios de la nobleza debían así facilitar la dominación española.

Precisamente Túpac-Amaru había iniciado, con éxito, gestiones para que los españoles le reconocieran como el más legítimo descendiente de los emperadores indios del Perú.

Sin reclamar desde luego el poder que sus antepasados habían ejercitado, supuso, con razón, que ese título le daña ante los pueblos indios evidente prestigio.

Toda la actuación de Túpac-Amaru parece obedecer a un plan largamente preparado.

Durante varios años, el jefe indio trató de obtener justicia para los hombres de su raza, solicitando el cumplimiento de las leyes protectoras dictadas por España y que no se cumplían.

Lamentablemente, y a pesar del apoyo de varios personajes, entre ellos algunos sacerdotes de prestigio, esa política de reclamos pacíficos no dio resultado.

Fuente Consultada: Breve Historia de Argentina de Gustavo Gabriel Levene

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El Hambre en Buenos Aires Durante su Primera Fundacion

El Hambre en Buenos Aires Durante su Primera Fundacion

El soldado alemán Ulrico Schmidl formaba parte de la expedición de Pedro de Mendoza.

Permaneció hasta 1554 en tierras americanas, donde participó también en las expediciones del segundo adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

En 1567 se publicó en Frankfurt su obra Viaje al Río de la Plata, que no contenía ilustraciones. L

as que aquí vemos se agregaron en ediciones de fines del siglo XVI.

Para hacerlas, los dibujantes y grabadores se guiaron por las descripciones que aparecían en el texto de Schmidl.

Describan cada una de las láminas, señalando qué personajes aparecen, qué situaciones se quisieron mostrar y qué elementos del paisaje fueron representados.

Con la llegada de Mendoza llegaron los primeros caballos y yeguas con los que se poblaron las llanuras.

Sin embargo. el adelantado no trajo vacas ni semillas para que la población pudiera subsistir.

Los testimonios de los pobladores de Santa María de los Buenos Aires coinciden en la descripción de las penurias sufridas a causa del hambre.

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Mas Sobre El Hambre en Buenos Aires:

“[…]Lo que más que aquesto junto nos causó ruina tamaña fue la hambre más extraña que se vió;
la ración que allí se dió fueron seis onzas u ocho mal pesadas; las viandas mas usadas eran cardos que buscaban, y aun estos no los hallaban todas veces; el estiércol y las heces que algunos ni digerían muchos tristes lo comían que era espanto. Allegó la cosa tanto que como en Jerusalén, la carne de hombre también la comieron. Las cosas que allí se vieron no se han visto en escritura, comerla propia asadura de su hermano!”

Luis de Miranda de Villafaña
Romance Elegíaco

Explica María Saenz Quesada en su libro «La Argentina Historia del País y de su Gente»

Sólo la tercera parte de los 1.500 expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indios.

Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes, tan trashumantes como los gitanos, dice Ulrico Schmidl, desaparecieron en la inmensidad de la llanura.

Pedro de Mendoza. Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el «mal gálico» como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia.

A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi, río arriba, el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España.

Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio.

Pero Ayolas emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó.

No hubo más noticias concretas, sólo rumores, sobre su posible paradero.

Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Pedro de Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados.

Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista Española.

Pero más allá de los fracasos y desilusiones, gracias a estas primeras navegaciones había sido reconocida por europeos lo que tres siglos más tarde sería considerada la patria de los argentinos.

Estos hechos han sido poéticamente evocados por Jorge Luis Borges en los versos de Cuaderno San Martín (1929), con los que se inició este post.

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Cronista de Magallanes:Pigafetta y los Relatos de la Vuelta al Mundo

Cronista de Magallanes: Pigafetta – Relatos de la Vuelta al Mundo

La primera circunvalación al mundo fue  una prolongada aventura durante tres años: desde la partida de Magallanes y sus hombres en octubre de 1519, hasta el regreso de la única embarcación superviviente, la Victoria, conducida por Juan Sebastián Elcano al puerto de Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. (imagen Pigafetta)

Cronista de Magallanes Pigafetta y los Relatos de la Vuelta al Mundo

De los marinos que formaban entonces las tripulaciones regresaban tan sólo 18 europeos; uno de los que había perecido durante el viaje era Hernando de Magallanes.

Entre los sobrevivientes se contaba Antonio Pigafetta, autor del relato de la primera navegación alrededor del mundo.

Descendiente de una familia con rango nobiliario que mantenía su residencia en Vicenza, cerca de Venecia.

Se trata, sin duda, de una primera redacción de la crónica relatando los sucesos de la empresa de Magallanes.

Cronista de Magallanes: Pigafetta - Relatos de la Vuelta al Mundo

He aquí uno de sus relatos cuando llegaron al Puerto de San Julián, en nuestra Patagonia Argentina:

19 DE MAYO DE 1520.  Puerto de San Julián. — Alejándose de estas islas para continuar nuestra ruta, llegamos a los 49º 30’ de latitud meridional. donde encontramos un buen puerto, y como el invierno se aproximaba, juzgamos a propósito pasarlo allí.

Un gigante. — Transcurrieron dos meses sin que viéramos ningún habitante del país. Un día, cuando menos lo esperábamos, un hombre de figura gigantesca se presentó ante nosotros […].

Su figura: Este hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados con un círculo amarillo, y dos trazos en forma de corazón en las mejillas. Sus cabellos, escasos, parecían blanqueados con algún polvo.

Su traje: Su vestido, o, mejor dicho, su manto, estaba hecho de pieles, muy bien cosidas, de un animal que abunda en este país, como veremos a continuación.

Animal extraño: Este animal tiene cabeza y orejas de muja, cuerpo de camello, patas de ciervo y cola de caballo; relincha como este último. Llevaba este hombre también una especie de zapatos hechos de la misma piel.

 Armas: Tenía en la mano izquierda un arco corto y macizo, cuya cuerda, algo más gruesa que la de un laúd, estaba hecha con un intestino del mismo animal: en la otra mano empuñaba unas cuantas flechas de caña pequeñas, que por un extremo tenían plumas como las nuestras y por el otro, en lugar de hierro, una punta de pedernal blanco y negro,

PIGAFETTA, Antonio. Primer viaje en torno del globo.
[El autor era uno de los  integrantes de la expedición de Magallanes.]

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Rosas y Lavalle Hermanos de Leche Alimentados por la misma madre

Rosas y Lavalle: Hermanos de Leche – Alimentados por la Misma Madre

HERMANOS DE LECHE:


Rosas y Lavalles

Ambos habían mamado de la misma teta.

Mucho tiempo después, el soldado mulato José Bracho fue generosamente recompensado por uno de ellos, Juan Manuel de Rosas.

Lo declaró “Benemérito de la Patria en Grado Heroico” y lo ascendió a teniente de Caballería con 300 pesos mensuales de sueldo.

Además le regaló 3 leguas cuadradas de buen campo, 600 cabezas de ganado vacuno y 1.000 ovejas.

También un premio especial de 2.000 pesos fuertes y una valiosa medalla de plata.

Todo esto le fue entregado en acto público en una ciudad festivamente embanderada, iluminada por los relámpagos de los fuegos artificiales que estallaban en sus alturas.

El mérito del soldado Bracho había sido disparar el trabucazo que terminó con la vida de Juan Lavalle, eliminando una seria amenaza contra el gobierno de la Confederación.

Las familias Lavalle y Ortiz de Rozas cultivaban una amistad estrecha y era sabido que Juan, el héroe de Río Bamba y fusilador de Dorrego, había sido el otro bebé amamantado por doña Agustina, madre de Juan Manuel.

«El Aguila Guerrera» Por Pacho O´Donnell

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LOS BANDEIRANTES – AVENTUREROS EN BRASIL

 Los Bandeirantes - Hombres Aventureros ¿Quiénes eran? Comercio Esclavo

Los bandeirantes eran miembros de las bandeiras o sea compañías de aventureros organizadas en San Pablo (Brasil), desde el siglo XVI al XVIII.

A estas compañías y a sus miembros se las distinguía por el estandarte o bandera que portaban.

En tierras paulistas se organizaban estas partidas y salían a recorrer hacia el Oeste, el Norte y el Sur, llegando en una ocasión hasta los límites del Perú.

Ellos extendieron los límites del Brasil, que abarcaban unos tres millones de kilómetros cuadrados, a los ocho millones actuales.

Estas “entradas” o expediciones de los bandeirantes buscaban metales, piedras preciosas, y capturaban indios que traían encadenados para venderlos como esclavos.

Las columnas se organizaban así un pequeño grupo de jefes portugueses, nacidos en Europa o en el Brasil; una tropa escogida de mamelucos (mestizas de blanco e india) armados con mosquetes y pistolas; un cuerpo numeroso de indios aliados que, como auxiliares de la columna, llevaba lanzas y arcos con flechas.

Sus efectivos variaban de algunas docenas a varios cien tos de hombres.

Generalmente realizaban sus grandes travesías a pie y llevaban chaquetas de cuero acolchado para defenderse de las flechas de los indios hostiles.

Además de los grupos paulistas hubo otros bahianos y amazónicas.

Los bandeirantes paulistas devastaron las Misiones Jesuíticas en el sur del Brasil, en busca de indios para someterlos a esclavitud.

Entre 1628 y 1631 devastaron la región del Guayrá en Paraguay, y más de sesenta mil indios fueron capturados y vendidos como esclavos en ese período.

Algunos jesuitas siguieron a sus indios al cautiverio para consolarlos, y luego marcharon a San Pablo, para protestar ante las autoridades por la crueldad de los bandeirantes.

El gobernador Hernandarias realizó tentativas ante las autoridades españolas para frenar los ataques de estos bandoleros, pero sin resultado.

Los métodos de los bandeirantes eran en extremo crueles; la reducción de San Antonio (Guayrá) que intentó resistir, fue destruida y quemada, degollados al pie del altar de su iglesia varios de sus habitantes y el resto, en número de 2500, vendidos en los mercados de San Pablo y Río de Janeiro, después de una extenuante caminata de centenares de kilómetros.

Muchos de los indios capturados morían en el camino, extenuados.

Sin embargo, a pesar de sus crueldades, algunos bandeirantes pasaron a la historia como pioneros y exploradores. Uno de los más famosos fue Antonio Raposo Tavares, jefe de la “bandeira” que asoló el Guayrá, quien realizó un extraordinario viaje hasta la Cordillera de los Andes, en los confines del Perú y Ecuador, y luego bajó hasta la desembocadura del río Amazonas.

Raposo Tavares, entre 1628 y 1638, expulsó a los españoles de las cuatro provincias jesuíticas de Guayrá, Paraná, Uruguay y Tape, con 900 “mamelucos” y 2200 indios amigos.

Francisco Pedroso Xavier, llamado “el terror de los indios’ que en 1675 continuó la obra de Raposo Tavares y Bartolomé Bueno da Silva, fueron famosos bendeirantes.

Fernando Días Paes Leme, partió con su bandeira de San Pablo en 1674 y vagó durante siete años antes de regresar, en 1681.

Este jefe murió en el “sertao”, luego de haber encontrado unas piedras sin valor que él creyó eran esmeraldas.

El viejo ideal de los primeros bandeirantes, el oro, no fue hallado hasta fines del siglo XVII en el Brasil.

 Los Bandeirantes - Hombres Aventureros ¿Quiénes eran? Comercio Esclavo

Un grabado de 1590, obra de De Bry, ilustra la ferocidad con que los amerindios trataban a sus cautivos. Al fondo se está preparando un  macabro  banquete.

LA FIEBRE DEL ORO EN BRASIL:

La fiebre del oro: Los bandeirantes, aunque acérrimos antijesuítas, eran religiosos a su modo.

Llevaban sacerdotes en sus expediciones no sólo para administrar los santos sacramentos a los moribundos y enterrar a los muertos, sino también para dar un carácter religioso a su extraña forma de vida.

El bandeirante Fenau Dias, un pío mercader de esclavos y constructor de iglesias, se pasó diez años buscando minas de esmeraldas.

Cuando sus hombres, dirigidos por un hijo suyo ilegítimo, se amotinaron contra   él,   el  anciano   bandeirante  mandóahorcar a su hijo como escarmiento para los demás.

Borba Gato, yerno de Dias, le fue más fiel que su hijo.

Dirigió las expediciones cuando su anciano suegro murió durante el viaje.

Gato descubrió minas de oro en Sabara, a unos trescientos kilómetros al norte del actual Río de Janeiro, y las registró en 1700.

Al ser desafiadas sus pretensiones por el administrador de Minas, sus hombres mataron al oficial.

Gato huyó al interior y encontró refugio entre las tribus amerindias amigas, permaneciendo con ellos durante veinte años.

Mientras tanto, todos los intentos de encontrar la mina de Gato habían fracasado y las autoridades le perdonaron a cambio de su secreto.

Volvió a la costa para dedicarse a la agricultura y murió pacíficamente a los noventa años.

Indirectamente, el asesinato del oficial contribuyó al desarrollo de Minas Gerais.

Los hombres del administrador, temerosos de ser castigados por su negligencia con ocasión de la muerte de su jefe, huyeron a la jungla al mismo tiempo que Gato, llevando consigo semillas y ganado para fundar una cadena de granjas.

El actual estado de Goias fue explorado hacia finales del siglo XVII en su mayor parte por bandeiras dirigidas por Bartolomeu Bueno da Silva.

Habiendo encontrado a unos amerindios que llevaban ornamentos de oro, consiguió por medio de un engaño que le mostraran su procedencia.

Les atemorizó prendiendo fuego a un recipiente con espíritu de caña de azúcar (que dijo que era agua) y les amenazó con incendiar todos sus ríos y arroyos si no le decían su secreto.

No es de extrañar que los amerindios le apodaran «Viejo Diablo».

Al morir Da Silva, se llevó su secreto a la tumba, pero su hijo volvió a descubrir las minas, y la fiebre del oro se extendió.

Durante varias exploraciones, el «Joven Diablo», como llamaban los amerindios al hijo, fundó Barra en el estado de Bahía y Goias al oeste de la actual Brasilia.

Hacia 1730 los buscadores de oro trabajaban activamente en Cuyaba, cerca de Bolivia, y la nueva fiebre del oro se adentró en el Mato Grosso.

Simultáneamente se encontraron diamantes en Diamantina, a seiscientos kilómetros al norte del actual Río de Janeiro.

Los buscadores de oro y diamantes tenían poco interés por la captura de esclavos o la exploración.

Sus objetivos se limitaban al tesoro que tanto ansiaban.

Pero en su búsqueda fueron colonizando y desarrollando todo el Brasil. Una nueva era había comenzado: los tiempos de las bandeiras habían pasado a la historia.

Los padres jesuítas, cuyo celo les impedía darse por vencidos, fueron retirándose cada vez más al interior de la jungla para fundar nuevas misiones y proteger a los amerindios contra la crueldad y explotación de los colonos.

Su superior eficiencia fue el principal motivo de la hostilidad de los colonizadores, que envidiaban el éxito alcanzado por los sacerdotes a pesar de tantos reveses y penalidades.

En 1755 el antijesuita Marqués de Pombal, jefe del gobierno portugués, atacó a las misiones «emancipando» a sus discípulos amerindios y en 1759 expulsó a la orden del Brasil.

Su meritoria labor de civilización había terminado.

Aunque volvieron al Brasil en 1814, nunca recuperaron su antigua influencia.

Pombal efectuó otras reformas que cambiaron radicalmente la vida de la colonia, introduciendo una nueva era.

Algunas de sus medidas eran claramente discutibles, pero en general hicieron mucho por promover el desarrollo brasileño.

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Mision San Ignacio Mini en Misiones-Historia de Guaranies y Jesuitas

Misión de San Ignacio Mini en Misiones – Historia de Guaranies y Jesuítas

LAS MISIONES JESUÍTICAS

Las Misiones Jesuíticas, fue una experiencia única en materia de vida comunal.

Las reducciones de indios, establecidas por los jesuitas en tiempos coloniales, constituyen una experiencia única en materia de vida comunal.

Entre los años 1609 o 1610 estos religiosos instalaron sus primeras misiones entre los indios guaraníes, al nordeste de Asunción en la región Guayrá, que actualmente pertenece al Brasil.

Pese a la animosidad de los colonos blancos hacia los jesuitas, las misiones florecieron, pues los pacíficos guaraníes constituían un elemento promisor para la conversión.

Una de estas misiones, que estaba situada cerca de la confluencia de los ríos Paranapanema y Pirapo, recibió el nombre del fundador de la Compañía de Jesús y se le llamó San Ignacio Miní (Miní significa menor).

Misión de San Ignacio Mini en Misiones - Historia de Guaranies y Jesuítas

De esta manera se distinguía de otra población, llamada San Ignacio Guazú (Guazú significa grande).

Los jefes de estas misiones fueron hombres de recia envergadura moral y mental.

El padre Antonio Ruiz de Montoya era limeño, hijo de un capitán del ejército español quien, después de una adolescencia disipada, ingresó en la Orden Jesuita en 1606, cuando contaba 21 años.

Se especializó en la flora y la fauna de Guayrá, escribió una monografía sobre la yerba mate, compiló un diccionario y una gramática de la lengua guaraní, y, además, fue un excelente cartógrafo.

También tuvieron un papel destacado dos sacerdotes de origen italiano: José Cataldino y Simón Mazeta.

LA REDUCCIÓN DE SAN IGNACIO

En Misiones, esa estrecha franja de territorio argentino entre el Paraguay y Brasil, figura San Ignacio Mini, la última y mejor conservada de las treinta poblaciones de los jesuitas.

Fueron llamadas también reducciones o doctrinas, que florecieron entre los indios guaraníes durante los siglos XVII y XVIII.

En las ruinas de San Ignacio se puede apreciar todavía la plaza de unos cien metros cuadrados, cubierta de hierba, flanqueada en sus costados por unos treinta bloques de paralelos edificios de piedra.

Estos grupos, a su vez, representan unas diez pequeñas viviendas de una sola habitación.

Los techos han desaparecido, pero los muros, de casi un metro de espesor, se encuentran todavía intactos, y también se pueden distinguir los restos de una arcada ininterrumpida a lo largo del frente de cada bloque.

Al sur de la plaza se ubican los edificios administrativos, con trabajos de mampostería que alcanzan hasta nueve metros de altura.

En el centro de este conglomerado se ven los restos de una gran iglesia que fue concluida hacia 1724, y mide 54 m de largo por 23 m de frente.

A la derecha, el cementerio; a la izquierda, la escuela y el claustro de los sacerdotes.

Más allá, los talleres, bodegas, refectorio, etc.

Como argamasa, para unir las piedras, se utilizó una especie de barro mezclado con arena.

El material de los edificios es una piedra arenisca roja o amarilla, extraída del lecho del río Paraná.

Muchos muros están adornados con bajorrelieves cuyos temas fueron estilizados dibujos florales.

El área construida comprende un diámetro de unos quinientos metros. Detrás de los edificios administrativos se extendía un huerto con frutas cítricas, y más allá, fosos defensivos marcaban el perímetro de la reducción.

Los cuidadosos censos anuales que realizaban los jesuitas, dan a San Ignacio Mini en el año 1731 una población de 4356 habitantes.

Una epidemia los redujo a menos de dos mil, en cinco años. Veinte años después, en 1756, tenía 3222 habitantes.

Con la expulsión de los jesuitas decretada por el rey de España en 1767, en todos sus territorios comenzó la decadencia de esta reducción, lo mismo que en las otras.

Finalizando el siglo XVIII, cuando San Ignacio se encontraba en un lamentable estado de abandono, todavía existían varios representantes de los dominicos, y algunos indios en la comunidad.

En 1817 el dictador paraguayo Francia ordenó la evacuación de todas las reducciones a fin de evitar que sus enemigos sacaran ventajas de ellas.

Las crónicas de la época dicen que San Ignacio fue incendiado, y el hecho de que no exista madera de de ninguna especie y hayan desaparecido los techos, puede ser la confirmación de ese aserto.

Durante 80 años San Ignacio quedó en el olvido; al parecer; nadie vivía en las proximidades, y la naturaleza asoló despiadadamente las ruinas.

Un árbol llamado ibanoi prendió allí, y destruyó con sus fuertes raíces los cimientos de las construcciones.

En 1897 el agrónomo Juan Oueirei llegó al lugar, hizo un estudio, e informó sobre las ruinas recomendando su reconstrucción.

Hasta 1943 no se había hecho nada, y es en ese año que la División de Monumentos Históricos del Directorio de Arquitectos Argentinos tomó en asunto en sus manos y comenzó su restauración.

CRONOLOGÍA DE SAN IGNACIO MINI:

1607 El General de la Compañía de Jesús, P. Claudio Acquaviva, crea la Provincia Jesuítica del Paraguay y pone a su frente al P. Diego de Torres.

1609 El Provincial acuerda con el Gobernador Hernandarias el inicio de las Misiones de Guaraníes.

1610 Fundación de San Ignacio Miní y Loreto en el Guayrá (hoy, estado brasileño de Paraná).

Los PP. José Cataldino y Simón Masseta edifican estos dos primeros pueblos en las proximidades del río Paranapanema y, posteriormente, desde ellos se lanzan nuevas fundaciones.

1631 Ante el ataque de los «bandeirantes» paulistas, que buscan a los Guaraníes para esclavizarlos, el P. Antonio Ruiz de Montoya emprende un éxodo para salvar a los sobrevivientes.

Tras un muy penoso viaje, los peregrinos se instalan en las márgenes del Yabebirí, afluente del Paraná, actual provincia de Misiones, Argentina.

1695/6 Por las deficientes condiciones del lugar, buscan una tercera ubicación. Allí se hallan localizadas hoy las ruinas de San Ignacio Miní.

1724 La construcción de la iglesia de piedra ya está muy adelantada. El Hno. José Brasanelli, experto arquitecto, se traslada para concluirla.

Las dos torres que posee deben ser demolidas en 1749, porque no ofrecen suficiente seguridad.

1767 Mediante la firma de una Real Pragmática, Carlos III expulsa a la Compañía de Jesús de España y sus dominios. Con esa decisión adhiere a la política impulsada por Portugal y Francia.

1768 La expulsión se hace efectiva en el Río de la Plata.

Los Jesuitas de las Reducciones son apresados y deportados. No oponen la resistencia temida por los funcionarios.

Los pueblo de Guaraníes quedan a cargo de administradores Españoles y criollos, y la atención religiosa, bajo la responsabilidad de Sacerdotes Franciscanos, Dominicos y Mercedarios, poco familiarizados con la idiosincrasia guaraní.

1816 El Gral. José de Artigas organiza sus ejércitos y pone a Andrés Guacurarí, indígena guaraní conocido como Andresito, al frente de uno de ellos.

Como cinco Reducciones del Paraná han sido ocupadas por los ejércitos paraguayos del Dr. Francia, Andresito, con sus huestes guaraníes, logra recuperarlas.

El Dr. Francia reinicia el ataque y determina la destrucción total de los pueblos.

Fuente Consultada: Historia Argentina CLASA Fasc. N°12

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LOS REBELDES DEL REAL COLEGIO DE SAN CARLOS

El Real Colegio de San Carlos fue establecido por el virrey Vértiz en 1783, al lado de la iglesia de San Ignacio en el mismo edificio donde los jesuitas tenían su Colegio.

Había cien alumnos que tenían que pagar cien pesos cada uno y se establecieron cuatro becas para “hijos de pobres honrados».

El régimen era muy severo y los alumnos se levantaban a las cinco de la mañana y debían arreglar sus camas y habitaciones.

El desayuno eran algunas pasas, a veces apolilladas.

Se propinaban azotes a los estudiantes; el hilo del capitán Alfonso Sotoca recibió 34, propinados por una guasca.

Las cuartos eran húmedos, faltaban vidrios en las ventanas y los bancos de la clase tenían sus patas comidas por las ratas.

Esta situación se tomó insoportable para los estudiantes, quienes un día de 1796 prendieron y castigaron a golpes a celadores y algunos profesores de quienes tenían quejas, tomaron las ventanas y las azoteas y se dispusieron a resistir.

El jefe de esta revuelta estudiantil era un jovencito de 16 años llamado Juan Gregorio de las Heras, después glorioso general de nuestra patria.

Los mayorcitos hicieron salir a los estudiantes más jóvenes y a los pusilánimes.

Entre los nombres que figuraban en la lista de ese año destacamos a Bernardino Rivadavia, a Luis y Manuel Dorrego, Antonio Sáenz, Rondeau y muchos otros.

El virrey Pedro de Melo de Portugal tuvo que enviar al Regimiento Filo de veteranos para domar la revuelta, pues los más exaltados no querían rendirse.

Los primeros parlamentarios fueron recibidos a balazos, pues los estudiantes habían conseguido algunas armas.

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Historia del Falso Rey Inca PEDRO BOHORQUEZ El Engaño a Aborígenes

Historia del Falso Rey Inca PEDRO BOHORQUEZ El Engaño a Aborígenes

Fue un importante buscavidas llegado a la América Colonial en busca de fortuna.

Embaucador, tenía una capacidad para la inventiva e improvisación innatas, y así, tras probar en diversos oficios allá en el Perú, hacia 1656 se coronó «Inca de los Calchaquíes».

Pasó a la historia con el nombre de Pedro Bohórquez, aunque es posible que se apellidara Chavero, o Clavijo, ya que su biografía está tan llena de luces y de sombras como su singular trayectoria.

Había nacido no muy lejos de Granada, en Andalucía, y nadie sabe bien de dónde le brotaron sus extraordinarias dotes de cuentero e inventor de empresas fantásticas.

Tales virtudes de dudoso mérito le permitieron convertirse en protagonista de uno de los episodios más curiosos que registra la crónica de las relaciones entre los españoles y los antiguos pobladores del actual noroeste argentino.

Bohórquez comenzó a ser conocido en el Nuevo Mundo a mediados del siglo XVII, cuando llegó a Lima con el único patrimonio de su audacia y su habla desenfadada.

Gracias a ellas consiguió que las autoridades virreinales le financiaran una expedición que pretendía descubrir la ciudad fantástica de Paititi: el intento terminó con un estrepitoso fracaso y Bohórquez fue a parar a la cárcel por embustero.

Historia del Falso Rey Inca PEDRO BOHORQUEZ El Engaño a Aborígenes

Cuando quedó en  libertad, se fue para el extenso Tucumán colonial, donde estrechó relaciones con los indios.

Por esos años —al rededor de 1656los en frentamientos  entre españoles, y aborígenes atravesaban un período de relativa calma, que no tardó en alterarse con  la aparición del andaluz —buen conocedor del idioma y la psicología de los indios, que se dedicó a hacer proselitistamo entre los naturales agitando la bandera  de  su  liberación  y afirmando  que  era descendiente  de los Incas.

• LA HISTORIA:

En la historia de la conquista del norte argentino figura un hecho curioso que las crónicas, y luego las novelas basadas en ellas, han dado en llamar “El episodio del falso inca «.

El mismo motivó la segunda guerra de los calchaquíes.

Un andaluz, pintoresco y aventurero, se hizo pasar por descendiente de los incas, soberanos del Perú.

Engañó a los indios calchaquíes, al gobernador de Tucumán y, a mediados del siglo XVII, tuvo sublevados a todos los indígenas de la región del norte.

Durante sus andanzas por América el andaluz, que se llamaba Pedro Chamilo, cambió muchas veces de nombre.

Nadie sabe bien de dónde le brotaron sus extraordinarias dotes de cuentero e inventor de empresas fantásticas.

Simuló estar emparentado con la nobleza española, haciéndose llamar Pedro de Bohorquez en el Perú y en Chile.

En 1567 se presentó en los valles calchaquíes haciéndose llamar Huallpa Inca, y a su mujer, una mestiza que venía con él, le daba el título de Coya, es decir, princesa incaica.

Entre las historias fabulosas que contaba, figuraba la que sería a la existencia de un reino imaginario, llamado Paititi, en el que se daba el oro con tal abundancia, que no había más que recogerlo del suelo.

Los calchaquíes le creyeron, lo siguieron y le prestaron sumisión.

El solía emplear un tono reverente cuando hablaba con los españoles, y a los misioneros les decía que iba a prestar ayuda en la conversión de los indios

A las autoridades les aseguraba que, gracias a él, los calchaquíes iban a mantenerse sumisos y se prestarían a trabajar en las encomiendas.

Prometía, también, encontrar los tesoros escondidos de los antiguos incas, cuyo paradero sólo él conocía.

El gobernador de Tucumán, Alonso Mercado y Villacorta (1620—1681), se ilusionó con tales promesas.

Una vez se trasladó desde la ciudad de Córdoba hasta Londres, de Catamarca (Catamarca), con el sólo objeto de saludarla personalmente y tener con él una entrevista.

Bohorquez, ataviado a la moda india, llevado en andas en una silla de mano como los antiguos soberanos del Perú, llegó acompañado por más de un centenar de caciques: indios cubiertos con sus típicas vestiduras de lana, que ostentaban largos melenas.

El gobernador y sus tropas, con uniformes de parada, los recibieron con grandes agasajos.

Habían ido hasta Londres los vecinos de Catamarca y 80 soldados del fuerte de Andalgalá.

Hubo fiestas durante quince días, carreras de sortijas y corridas de toros. Vecinos españoles representaron dos comedias en honor del gobernador y sus visitantes.

Huallpa Inca se volvió con sus indios; había prometido no sublevarse.

Pero, al poco tiempo, todo el norte se conmovió.

Con 500 hombres asaltó el fuerte de Andalgalá; con otros 1500, cayó sobre la ciudad de Salta.

Por un momento pareció que dominaba toda la situación, pero las fuerzas españolas se impusieron y “el falso inca” fue vencido y apresado.

Las autoridades del Perú ordenó a Mercado y Villacorta que lo mataran, “por traidor y amotinador», pero era tarde,…

los bravos calchaquíes se alzaron en pie de guerra, y de poco valió que muchos caciques se desengañaran con las intenciones del presunto Inca y que los españoles intentaran minar su prestigio, lo declararan traidor y procuraran, en vano, envenenarlo.

La promesa del gobernador de perdonar a los indios que abandonaran a Bohórquez tampoco surtió efecto y el enfrentamiento se hizo inevitable.

El fuerte de San Bernardo, a tres kilómetros de Salta, fue escenario de una sangrienta batalla en la que más de mil doscientos guerreros indios estrellaron su valor contra la resistencia de los españoles.

Derrotado, Bohórquéz debió retirarse a sus dominios, pero apeló nuevamente a su audacia y no vaciló en escribir al presidente de la Real Audiencia de Charcas para solicitar su indulto.

El pedido motivó la reunión de una junta de guerra que autorizó esa medida de conciliación.

Amparado en ella, el mitificador se entregó a las autoridades en la ciudad de Salta.

No obstante, mientras era trasladado a Lima intentó promover nuevos levantamientos, según parece, y ello lo hizo caer en desgracia definitivamente.

El 3 de enero de 1667 fue ejecutado en secreto para que la noticia no soliviantara a los indígenas.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

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Paseos por la Ciudad de Buenos Aires en el Virreinato del Río de la Plata

LA ALAMEDA DE CÓRDOBA (1825) 

La Alameda está en un extremo de la ciudad.

Es paseo agradabilísimo, el mejor que he visto en Sud América.

Su forma es cuadrada, con avenidas regulares de árboles y bancos de piedra entre ellos.

Hay un lindo lago en el centro, y también un templete o pabellón al que con frecuencia van grupos de gente para hacer paseos de campo.

Además de las numerosas damas preciosas y caballeros que allí se pasean, en las tardes deliciosas de aquella clara latitud, hay un fondo de entretenimiento para el extranjero curioso, mirando los grupos de mujeres que desde los suburbios acuden allí por agua.

buenos aires colonial

Buenos Aires Colonial: La Aduana

Allí crujen sus bromas y dan gusto a la murmuración, y luego se alejan con grandes cántaros en la cabeza, de formas elegantes y hechos con arcilla del país.

Aunque llenos hasta el borde se manejan para que jamás se derrame una gota…

Una observación común de los viajeros en ninguna parte se manifiesta mejor que en Córdoba: ésta es que los movimientos graciosos y la flexibilidad del cuerpo humano siempre guardan proporción con la exuberancia del clima.

Los individuos del grupo abigarrado que visitan la Alameda poseen una simetría que las damas de nuestro clima boreal bien podrían envidiar y eso sin la molestia de ajustarse.

Su porte y maneras concuerdan con la elegancia de su formas, y nunca están constreñidas, siendo estrictamente naturales.

Practican el anticuado ejercicio del abanico con tanta perfección como sus vecinas las porteñas, teniendo mucho mejor teatro en la Alameda para desplegar su aprovechamiento de él.

La banda del gobernador toca en la explanada desde las cuatro hasta el oscurecer, durante lo que puede llamarse aquí estación de moda, cuando las veredas están siempre muy concurridas y los bancos presentan el aspecto de palcos de opera vestidos de gala…

Nunca se ve sombrero o bonete sobre la cabeza de una dama, excepto cuando viste de amazona, en que siempre aparecen para mayor desventaja zafias y rústicas.

Un par de petimetres porteños llegó a Córdoba durante mi estada y mucho contribuyeron para alegrar la ciudad.

Una serie de bailes y tertulias diéronles oportunidad de distribuir sus Favores con liberalidad que asombró a los cordobeses.

José Andrews. Marino inglés que llegó a Buenos Aires en 1825 por asunto relacionados con las minas de Famatina.

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CARROS AGUATEROS (1819)

La primera cosa que generalmente llama la atención de un extranjero al desembarcar es el carro del aguador.

Estos carros trabajan todo el día, excepto durante la calor del verano, cuando trabajan por la mañana y la tarde, y toda la ciudad se abastece de agua por intermedio de ellos; porque los pozos, a pesar de ser numerosos, no producen más que agua mala, sucia, impropia para la cocina; el número de estos carros es, en consecuencia, considerable.

El casco es comúnmente una pipa o un tonel, sostenido sobre ruedas de ocho pies de altura, para permitir que los carros entren hondo en el agua que debe recogerse tan limpia como sea posible.

El balde contiene unos cuatro galones y cuatro veces esa cantidad extraída del carro y depositada por el aguador en el patio de la casa donde se tiene una pipa para este propósito, cuestan medio real.

El pedazo de cuero que cuelga de la parte trasera del carro, se coloca en el suelo para conservar limpio el balde, mientras éste se llena por medio de la manguera, adherida en la parte posterior del tonel.

La desventura de los bueyes de los carros aguadores, está más allá de toda descripción; cargados o no, el conductor se sienta en la pértiga, por la cual tiran y con la garrocha (picana) en una mano y un gran mazo (macana) de madera en la otra nunca cesa, en invierno cuando los caminos son malos y el lodo es hondo, de pinchar sus costados y golpear sus cuernos…

Los carros aguadores están provistos de una campana para anunciar su llegada; y en este caso el conductor ha colocado sus santos (un muñeco) en lo alto de uno de los palos.

carro aguatero en buenos airea colonial

Carro aguatero en buenos airea colonial

Enieric Essex Vida: Marino inglés que sirvió en la escuadra inglesa de estación  en  Brasil y en el Río de la Plata entre 1808 y 1837.

Conoció nuestras costumbres porque estuvo varias veces en Buenos Aires.

Veamos ahora una descripción de José A. Wilde sobre los carros aguatero:

El agua para el consumo de la población, se tomaba, como hoy, del río de la Plata; pero de muy diferente modo, no como aguas corrientes.

El de los pozos de balde, cuya profundidad varía entre 18 y 23 varas, es, por lo general, salobre e inútil para casi todos los usos domésticos.

Se señalaba por la autoridad el punto de donde los aguateros debían sacar su provisión del río; pero esta disposición era burlada muy frecuentemente, sacando de donde más les convenía, aun cuando estuviese revuelta y fangosa.

El agua, rara vez se encontraba en estado de beberse cuando recién llegada del río; en verano, expuesta a los rayos de un sol ardiente, no solo en el río, sino en su tránsito por la ciudad, se caldeaba de tal modo, que no se tomaba porque, según la expresión de aquellos días, estaba como caldo.

Casi siempre se encontraba turbia, y solo después de permanecer por más o menos tiempo en las tinajas o barriles en que en las casas se depositaba, se hallaba en condiciones de poderse tomar.

Otras veces, era preciso emplear el alumbre u otros medios, como el filtro, por ejemplo, para clarificarla.

El aljibe era entonces, como es hoy, un valioso recurso, pero solo se encontraba en determinadas casas, a pesar de prestarse éstas por sus azoteas planas y con declive al acumulo de agua potable.

Veamos cómo se hacía el reparto del agua del río.

La carreta aguatera era tirada por dos bueyes.

El aguatero, que por supuesto usaba el mismo traje que el carretillero, el carnicero, carnerero, etc., es decir, poncho, chiripá, calzoncillo ancho con fleco, tirador y demás pertrechos, era hijo del país, y ocupaba su puesto sobre el pértigo, provisto de una picana (una caña con un clavo agudo en un extremo), y una macana, trozo de madera dura, con que hacía retroceder o parar a los bueyes, pegándoles en las astas.

Como es de suponer, con los pantanos y el mal estado, en general, de las calles, estos pobres animales tenían que sufrir mucho.

La carreta aguatera era toscamente construida, aunque algo parecida a la que hoy se emplea tirada por un caballo; tenía en vez de varas, pértigo y yugo.

A cada lado de la pipa, en su parte media, iba colocado un estacón de naranjo u otra madera fuerte, ceñidos ambos entre sí, y en su extremo superior por una soga, de la que pendía una campanilla o cencerro, que anunciaba la aproximación del aguatero.

No se hacía entonces uso del bitoque o canilla; en su lugar había una larga manga de suela, y alguna vez de lona, cuya extremidad inferior iba sujeta en alto por un clavo; de allí se desenganchaba cada vez que había que despachar agua, introduciendo dicha extremidad en la caneca, que colocaban en el suelo sobre un redondel de suela o cuero, que servía para impedir que el fondo se enlodara.

Por mucho tiempo, daban cuatro de estas canecas por tres centavos.

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VIAJE EN COCHE DE BUENOS AIRES A SAN LORENZO (1813)

Bien temprano del día señalado para la partida se sacó el vehículo, que tenía toda la apariencia de un toldo de indios, movible.

Era un armatoste español de alto techo y antigua forma, cubierto con cuero crudo, excepto en las dos ventanillas.

Había gran capacidad para almacenar; y como sabía que no existían hoteles en el camino, todas las cosas que podían suministrar comodidad fueron estibadas (náuticamente hablando), en sus amplios cajones.

Medios de Trasporte en el Virreinato , Viajes en Carros con Pasajeros

Se requieren para transitar en carruaje por las pampas no muchos menos preparativos que en los viajes de mar.

Jamones, lenguas, champaña, oporto, gallinas sancochadas, queso, encurtidos y cognac, se guardaron como provisión indispensable para la ruta, y se acomodó una batería de cocina en el pesado vehículo y, luego, dentro de una especie de gran bolsa de cuero, balanceando debajo, se metieron muchos de los encargos y regalos que tenía para el Paraguay.

Otros fueron acondicionados sobre la capota y algunos colgados a los costados…

Después de atar la yunta del tronco bajo la dirección de un cochero, se agregaron cuatro postillones gauchos mal cubiertos, cada uno sobre su caballo, sin otro arreo que el lazo.

Este estaba prendido por una punta a la cincha del recado y enganchado por la otra a la lanza del coche…

… Apenas hubimos llegado a los suburbios, cuando topamos con uno de los terribles pantanos.

Son masas de barro espeso de tres a tres y medio metros de profundidad y de treinta a cincuenta de ancho.

Los cuarteadores chapuzaban en el barro, luego seguía la segunda yunta, y cuando las dos salían del pantano y, en consecuencia, se hallaban en terreno firme, antes que el carruaje entrara al tremedal, habían ganado donde apoyarse para aprovechar sus fuerzas.

A látigo y espuela, y estimulados por gritos de los postillones, los caballos nos arrastraron triunfalmente fuera del pantano.

De esta manera cruzamos con éxito todos los pantanos, ciénagas y arroyos que median entre Buenos Aires y Santa Fe.

Cuando no encontrábamos estos obstáculos, atravesábamos la llanura a media rienda y con velocidad de 12 millas por hora…

… De este modo avanzaba haciendo a la vez de carruaje, de dormitorio y cuarto de vestir.

Merced a los útiles de cocina que llevaba y a mi sirviente que hacía de cocinero, encontré el viaje mucho más tolerable que ninguno de los que había hecho hasta entonces.

J. P. y G. P. Robertsofl.
RobertSofl Hermanos ingleses, comerciantes que viajaron por e litoral y Paraguay, entre 1811 y 1815.

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LAS ENFERMEDADES DE SAN MARTÍN

“Inspirar amor por la Patria y por la Libertad”  (Máxima enviada a su hija) 

Sólo dos personas están a su lado en la hora final de su vida.

Faltan pocos minutos para las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850.

Siente frío, y se recuesta sobre la cama de su hija Mercedes, quien lo abraza llorosa. Su boca apenas puede arrastrar unas palabras finales: “Mariano, a mi cuarto”, dirigiéndose a Mariano Balcarce, su yerno.

José Francisco de San Martín (prácticamente ciego por “sufrir de cataratas”) enfrenta su batalla final y personal.

Su cuerpo exhausto no resiste el embate de su interior.

Ésta guerra larga (36 años) y ofensiva fue ocasionada por una perversa úlcera, que le provocó una última y terrible hemorragia.

Según los partes militares y las correspondencias, el General sufría los ataques durante la madrugada.

Entonces ingería algún brebaje que le servía como paliativo, y ante la imposibilidad de seguir durmiendo, comenzaba su actividad.

El “viejo guerrero” se refería a la dolencia como “un pasajero dolor de estómago o un ataque nervioso”.

Pero, mucho más grave que eso: fue la causa directa de su muerte.

Su maltrecho aparato digestivo también sobrellevó gastritis, hemorroides y estreñimiento.

General José de San Martin

Pero sus luchas personales comenzaron mucho tiempo antes.

En 1808, cuando era Jefe del Ejército del Norte, estando en Tucumán, enfrentó un grave “ataque asmático” que incluyó vómito de sangre, y lo obligó, en más de una oportunidad a dormir sentado para poder respirar.

Historiadores que analizaron las cartas dirigidas a su colaborador Toribio de Luzuriaga, descubrieron que en 1833 en Europa contrajo cólera y en otra oportunidad padeció de lo que vulgarmente denominaban la “fiebre tifoidea”.

Como si esto fuera poco, San Martín padecía de insomnio, excitaciones nerviosas y temblores de su mano derecha, que cíclicamente le impedían escribir y no tenían justificación clínica alguna.

Estas manifestaciones tenían que ver con las preocupaciones, las responsabilidades y las interminables jornadas laborales.

Motivos más que razonables para alegar que padecía de estrés.

Los dolores óseos también lo complicaron.

Se estima que padeció al menos una decena de ataques de reumatismo.

Uno de ellos fue el día de la batalla de Chacabuco: apenas podía mantenerse firme en su caballo.

Por suerte para las generaciones venideras, el Gran Capitán nunca pidió “licencia médica”, porque su mayor dolencia era su patria.

Por sus ideales fue herido en diversas ocasiones.

En España, en la localidad de Cubo fue asaltado y, lesionado en una mano y en el pecho.

En la batalla de Albuera (la última en la que combatió en Europa) se enfrentó cuerpo a cuerpo con un oficial francés, quien lo hirió en el brazo izquierdo.

Y por su amada patria, de la Batalla de San Lorenzo le quedó una cicatriz en la cara.

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“Si me matan… Yo sacaré mis brazos de la tumba y seré mas fuerte»
– Minerva Mirabal –

La Independencia de 1816 señaló el momento cúlmine de un período de disputas, de intereses encontrados y de valores nobles que eran escudados por hombres dispuestos a morir por la libertad de la Patria Naciente.

Sin embargo, no fue la única independencia.

Ignoramos que las mujeres no fueron simples espectadoras.

Ellas también fueron protagonistas y luchadoras.

Ellas han intervenido activamente y nos han legado lecciones de firmeza, entusiasmo y fervor.

Como sostiene Ricardo Levene, “… uno de los definidos propósitos en el plan general de la Revolución de 1810 fue la emancipación moral y social de la mujer”.

Es decir, las luchas de las primeras décadas del siglo XIX, permitieron equilibrar las asimetrías entre sexos.

La causa independentista marcó una bisagra en el protagonismo de las mujeres.

Según Elsa Jascalevich, la Revolución de Mayo fue un hecho tan decisivo en todos los órdenes, que la mujer comprendió de inmediato que también para ella se abría una era distinta, plena de posibilidades hasta entonces no entrevistas ni sospechadas.

Ella, que había padecido del doble sojuzgamiento del poder político y de su condición femenina, sintió que este cambio representaba por lo menos un aflojamiento de la cadena.

Algunas mujeres inflamadas de ese fervor patriótico, y desbordadas por el llamado de la vocación, participaron en enfrentamientos bélicos, a veces garantizando la logística militar como espías o emisarias, otras peleando cara a cara y cuerpo a cuerpo con el invasor.

Muchas quedaron en el anonimato, pero hubo nombres que la memoria rescató: Juana Azurduy, Martina Silva Gurruchaga, Manuelita Sáenz, Pascuala Balvás.

Ellas fueron algunas nuestras Madres de la Patria.

Pero minimizada por su condición de negra, podemos destacar con gratitud a María Remedios del Valle, conocida como La Capitana, y participante de la campaña al Alto Perú.

Hacia 1827 subsistía a la buena de Dios, mendigando en las iglesias y comiendo las sobras de los conventos.

Mostraba sus cicatrices de guerra en los brazos y las piernas, juraba haber sido nombrada “Capitana” por Belgrano, y reclamaba a las nuevas generaciones que renueven el fervor de luchar por una patria independiente.

En ese estado misérrimo la encontró el Gral. Viamonte, quien conmovido, solicitó al Estado una pensión y un reconocimiento.

Un despacho de la Sala de Representantes del 11 de octubre de 1827 resolvió que “la suplicante gozara del sueldo de Capitán de Caballería”.

Pero este órgano legislativo pertenecía a la provincia de Bs. As. y el dictamen nunca se aplicó.

Su desgraciado final presagiaba lo que marcaría una constante entre funcionarios y representantes del pueblo a lo largo de dos siglos: la falta de memoria, la avaricia, la desidia.

Fuente Consultada: Historia Basada en 100 Historias de la Historia Argentina Que No Podes Dejar de Conocer
Norberto Chab

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Nicolas de Arredondo Virrey del Rio de La Plata

Nicolás de Arredondo Virrey del Río de La Plata

NICOLÁS ARREDONDO LLEGA A BUENOS AIRES COMO NUEVO VIRREY

A fines de 1789 don Nicolás de Arredondo sucedió al marqués de Loreto, como virrey del Río de la Plata.

Con tal motivo, salió de Córdoba el 25 de noviembre de ese año acompañado de su esposa y dos hijos.

NICOLÁS ARREDONDO LLEGA A BUENOS AIRES COMO NUEVO VIRREY

En los primeros días de diciembre, y después de pasar por la Cañada de la Cruz y Luján, arriban a la costa de Morón, donde lo espera un comité de bienvenida enviado por el marqués de Loreto, y allí pasaron la noche.

Al día siguiente se trasladaron a la Chacarita de los Colegiales, donde los aguardaba una guardia especial y se les recibió con una “orquesta de música” que es la que dirigía Antonio Vélez, formada por 14 músicos.

Poco después, arribó el virrey saliente quien le entregó el bastón de mando.

Ambos mandatarios, en carroza de seis mulas, partieron para la ciudad “por toda la calle derecha, desde lo que llaman Miserere y calle de las Torres (hoy Rivadavia) que se dirige a la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo), y se dirigieron en derechura al Fuerte.

En el gran salón dosel, el nuevo Virrey juró su cargo y quedó instalado.

La Virreina se retiró a sus aposentos, pues expresó que no le gustaba el trato con los señores de la corte..

..“ El documento de la época, manuscrito que transcribimos en parte, dice que la virreina “tampoco ha concurrido a la Comedia (Teatro de la Ranchería), a la que desde el principio ha concurrido el señor virrey con sus hijos.

En el palco de dicha Comedia, se ha hecho alguna no vedad, dándole otra figura. poniendo por delante una gran cortina y centinelas abajo y sobre el teatro que antes no se acostumbraba y se dice que es al uso de Lima.»

El virrey Arredondo acostumbraba “hacer corte” es decir, tener reuniones con música y danzas, los domingos y los miércoles por la noche.

Estas reuniones eran amenizadas por la orquesta del maestro Vélez y sus músicos.

Ver: Cronologia de Todos los Virreyes del Virreinato del Río de la Plata

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Enlace Externo:Biografía de Nicolás Antonio de Arredondo