Obra Social de la Primera Junta

Expedicion a la Banda Oriental Sitio a Montevideo

EXPEDICIÓN A LA BANDA ORIENTAL

PRIMER SITIO A MONTEVIDEO
EN misión de propaganda a la Banda Oriental partió el Secretario de la Junta, Juan José Paso. En Montevideo no fue reconocido; se lo apresó y obligó a volver a Buenos Aires.

Elío, que había vuelto de España con el título de virrey del Río de la Plata, concentró sus tropas en Montevideo a la espera de refuerzos. La campaña oriental se declaró en favor de la revolución —Grito de Asencio, el 28 de Expedicion a la Banda Oriental Belgrano Sitio a Montevideo Artigasfebrero de 1811—, y la Junta de Buenos Aires envió a Belgrano, que regresaba del Paraguay, para apoyar a los orientales y organizar las fuerzas. Este fue eficazmente secundado por José G. Artigas y sus hombres.

Belgrano era el hombre indicado, por su espíritu disciplinado, pero al ocurrir en Buenos Aires los acontecimientos del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado del mando y traído a Buenos Aires para someterlo a proceso sobre el resultado de la campaña del Paraguay.

Poco después el coronel José Rondeau reemplazó a Belgrano en el mando del ejército, e inmediatamente nombró a Artigas jefe de la vanguardia. Este se adelantó y venció a los españoles el 18 de mayo en el combate de Las Piedras, obligándolos a refugiarse en la plaza fuerte de Montevideo.

José Gervasio de Artigas, contaba con 1.100 hombres, y se enfrentó a a 1.200 realistas al mando de José de Posadas. El vencedor tuvo 70 bajas y su oponente 100 muertos, 60 heridos y 500 prisioneros, después de varias horas de enfrentamiento.

El 1° de junio se produce el primer sitio a Montevideo a con el ejército al mando de Rondeau luego del triunfo de Las Piedras. La agrupación realista de Colonia se trasladó por agua a Montevideo. El poder defensivo de esta plaza fue aumentando progresivamente mediante los recursos de la fortificación.

17 de julio: Portugal Invade Montevideo
El general Diego de Souza con un ejército de 5.000 hombres que se había concentrado en la frontera penetra en territorio oriental y llega a Cerro Largo (hoy Meló) dispuesto a operar en combinación con los sitiados.

21 de octubre. Tratado con Elío.
Las principales disposiciones de dicho tratado firmado por Elío y el gobierno de Buenos Aires eran: el primero haría retirar las tropas portuguesas que se encontraban en la Banda Oriental; el segundo se comprometía a retirar sus fuerzas de este territorio. Artigas no aceptó el pacto y se retiró con sus partidarios a orillas del río Negro.

FIN DE LA PRIMERA CAMPAÑA
ELÍO, sitiado en Montevideo, pidió ayuda a la corte portuguesa residente en Río de Janeiro. Esta envió a Diego de Souza con un ejército que se situó a orillas del río Uruguay esperando el momento de atacar.

La Junta de Buenos Aires encargó a Sarratea que intercediera ante la corte portuguesa para lograr que se retirara este ejército. Ante el desastre de Huaqui se iniciaron negociaciones con Elío, que se creía dueño de la situación al saber que Goyeneche avanzaba por el norte y que en Buenos Aires Alzaga proyectaba una revolución. Elío creyó no necesitar a las tropas portuguesas y aceptó un armisticio —20 octubre 1811— comprometiéndose a disponer la retirada de aquéllas si los criollos regresaban a Buenos Aires.

Así se hizo, y Rondeau volvió providencialmente para sofocar la sublevación cíe los Patricios que poco después estalló en Buenos Aires. Artigas en cambio, disconforme con el armisticio, se retiró al interior con sus tropas, prosiguiendo la Campaña por la independencia uruguaya.

SEGUNDO SITIO A MONTEVIDEO
El armisticio por el que cesó el primer sitio de Montevideo duró apenas un año. En octubre de 1812 Rondeau puso cerco a la ciudad por segunda vez, y la lucha recomenzó. A fines de ese año, mientras se hallaban en el Cerrito, los patriotas fueron sorpresivamente atacados por Gaspar de Vigodet, jefe realista que había reemplazado a Elío.

Luego de una cruenta lucha que por momentos se consideró perdida, los patriotas consiguieron imponerse, con lo que el cerco que aprisionaba a Montevideo se estrechó todavía más.

A pesar de ello, los españoles mantenían el dominio de las aguas y, por tal, causa, a mediados de 1813 fue necesario equipar una escuadra de catorce naves cuyo mando se confió a Guillermo Brown, marino irlandés de probada adhesión a la causa patriota. El 15 de marzo de 1814 Brown derrotó a los españoles en el combate de Martín García y, tras reorganizar su flota en Buenos Aires, inició en abril el bloqueo marítimo de Montevideo, terminando por vencer definitivamente -entre el 14  y el 17 de mayo- a la fuerza naval enemiga.

Entretanto, el general Alvear había llegado al Cerrito y reemplazado a Rondeau en el mando de las tropas. El doble bloqueo por agua y por tierra quebró la resistencia realista y Vigodet capituló. El gobierno de Buenos Aires designó entonces gobernador de aquella plaza a Nicolás Rodríguez Peña.

CAÍDA DE MONTEVIDEO: En tales circunstancias el general Rondeau, que dirigía las fuerzas sitiadoras de tierra, fue sustituido por Carlos de Alvear, militar criollo que había combatido en España contra las fuerzas napoleónicas y había llegado a Buenos Aires en 1812, junto con San Martín. El joven y ambicioso jefe logró vencer a los realistas.

El 23 de junio de 1814, la plaza de Montevideo, con su gobernador Vigodet a la cabeza, se rendía a los patriotas. Desaparecía así uno de los mayores peligros para el gobierno revolucionario. Ambas márgenes del Río de la Plata estaban en poder de las fuerzas patriotas.

Pero este triunfo resultaría estéril al poco tiempo. Las desavenencias entre Artigas y el gobierno porteño se acentuaron en muy poco tiempo.

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers Castelli

Primera Expedición al Alto Perú
Fusilamiento de Liniers

La guerra en el Noroeste Desde 1810 hasta 1815 nuestros primeros gobiernos patrios enviaron tres expediciones militares al Alto Perú (hoy Bolivia). Pero, hasta 1822, se mantuvo una constante actitud bélica en todo nuestro actual Noroeste, en especial en las provincias de Jujuy y de Salta.

La primera expedición al Alto Perú el 3 de junio de 1810 partió de Buenos Aires la primera expedición auxiliadora rumbo al Noroeste. Su jefe era un militar nacido en La Rioja: don Francisco Ortiz de Ocampo. El coronel Antonio González Balcarce era el segundo jefe.

La integraron mil ciento cincuenta hombres medianamente equipados, pero llenos de entusiasmo, que en su mayoría no estaban preparados para la guerra. Su misión era aplastar cualquier intento contrarrevolucionario en el camino hacia el Alto Perú, y lograr la adhesión de las ciudades y pueblos del interior a la causa revolucionaria.

Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliAl llegar a Córdoba la expedición tuvo que vencer el primer obstáculo que se oponía a la revolución: la resistencia organizada por Santiago de Liniers (imagen izq.) y apoyada por el gobernador Gutiérrez de la Concha y otros funcionarios coloniales. Liniers era en ese momento la figura militar de más prestigio en el Virreinato.

Los patriotas, con justos motivos, veían en él armas peligroso enemigo de la revolución.

Liniers y sus compañeros pretendieron resistir a la expedición auxiliadora, pero carente de tropas suficientes y de apoyo popular, debieron huir hacia el Norte para procurar el encuentro con las tropas realistas del Alto Perú. Fueron apresados en la posta de Piedritas (en la actual provincia de Santiago del Estero), por una fuerza a cargo del coronel Antonio González Balcarce.

De allí fueron llevados primero a Córdoba y después enviados bajo custodia hacia Buenos Aires, ya que Ortiz de Primera Expedicion al Alto Peru Fusilamiento de Liniers CastelliOcampo dudó en hacer cumplir la orden de la Junta Provisional de Gobierno de ejecutar a los complotados «allí donde se los hallase».

Al llegar el contingente con los prisioneros al lugar llamado Monte de los Papagayos, situado cerca de la posta de Cabeza de Tigre (en Córdoba y muy cerca del límite actual con Santa Fe), fueron fusilados por las tropas que dirigía el vocal de la Junta porteña, Juan José Castelli, (imagen izq.)quien se dirigía desde Buenos Aires rumbo al Noroeste para hacerse cargo de la expedición.

Por haberse opuesto a ejecutar a Liniers y a sus compañeros fue relevado del mando militar de la expedición don Francisco Ortiz de Ocampo y nombrado en su lugar Antonio González Balcarce. Pero, el mando político y real de la campaña estaría a cargo de Castelli.

La misión de Castelli Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario.

Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

«1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejército posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.

12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos(..)»

Balcarce: la vanguardia rumbo al Alto Perú Mientras Juan José Castelli avanzaba con una pequeña partida hacia el grueso del ejército, Antonio González Balcarce abandonó Córdoba el 4 de octubre de 1810. En un rápido avance, el 9 llegó a Santiago del Estero; el 14 a San Miguel-de Tucumán; e!19 a Salta; y el 27 a San Salvador de Jujuy. Mucho más al norte, las tropas realistas estaban muy preocupadas.

El presidente de la Audiencia de Chuquisaca, Vicente Nieto, optó por acantonarse con sus tropas en Potosí, a la espera de los refuerzos que le podía enviar el virrey del Perú, Fernando de Abascal. Sin embargo, un suceso interrumpió este plan: las tropas peruanas destinadas a ser enviadas al Alto Perú, debieron trasladarse a Quito (en el actual Ecuador), donde también estalló un movimiento revolucionario. Asimismo, otra nefasta noticia le llegó a Nieto en su acantonamiento de Potosí: toda la provincia cochabambina se había levantado en armas.

Las columnas porteñas continuaban avanzando engrosando su número. El jefe de la revolución cochabambina, teniente coronel Francisco del Rivera, fue nombrado por la Junta porteña como gobernador-intendente de ese territorio, encomendándosele la fortificación de la plaza a la espera de las tropas porteñas.

De esta manera, el ejército realista de Nieto está aislado. Por el sur, avanzaban las columnas de González Balcarce. Por el norte, los rebeldes de Del Rivera.

El ejército cruzó el límite jujeño y atacó Cotagaita, posición situada en el Alto Perú, fuertemente defendida por los españoles al mando del general José de Córdova y Rojas, el 28 de octubre de 1810.

Luego de cuatro horas de encarnizada lucha, nuestro ejército, rechazado en ese primer intento, retrocedió hasta el río Suipacha, donde recibió refuerzos.

LA MISIÓN DE CASTELLI: Juan José Castelli había partido de Buenos Aires en un momento en que la Junta Provisional de Gobierno —inspirada por su secretario Mariano Moreno—, decidió endurecer su posición frente a las tentativas realistas de alterar el nuevo orden revolucionario. Una buena muestra de ello son las instrucciones secretas que lleva Castelli, como delegado de la Junta en el ejército auxiliador del Alto Perú:

1. Confirmar a los habitantes de las provincias en su confianza hacia el gobierno.

2. Acordar un plan con los gobernadores para hallar un respaldo en caso desgraciado.

3. Procurar que el ejercito posea un efectivo de 2.200 hombres por lo menos.

4. Hacer acopiar víveres en Jujuy y Salta.

5. Establecer una rigurosa disciplina entre la tropa.

6. No aventurar combate (…) y en la primera victoria que lograse dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos.

7. Agregar a la expedición los soldados patriotas que se encuentran en Chuquisaca, conducidos en 1809 por Nieto desde Buenos Aires con el objeto de reprimir la Revolución altoperuana. (…)

9. Entablar negociaciones secretas con Goyeneche (jefe de las fuerzas realistas del Alto Perú). (…)

11. Pesquisar en cada ciudad la conducta de los principales vecinos; proceder con la más eficaz perfidia contra el enemigo y engañarlo cuanto se pueda.

12. El presidente Nieto y el gobernador Sanz, el obispo de La Paz y Goyeneche deben ser arcabuceados en cualquier lugar donde sean habidos y a todo hombre que haya sido principal director de la expedición. (…)

14. Toda la administración pública debe ser puesta en manos patriotas y seguras.

15. Conquistar la voluntad de los indios, enviándoles emisarios para hacerles saber que la expedición marchaba en su ayuda.

16. Hacer nombramientos militares y civiles en calidad de interinos

Fuente Consultada: Nuestra Historia Argentina – Las Campañas Militares – Fascículo 5 – Colección CosmiK

PARA SABER MAS…
Al llegar a Córdoba las noticias de la revolución de Buenos Aires, se constituyó en aquella estratégica ciudad un peligroso foco de resistencia encabezado por el gobernador Juan Gutiérrez de la Concha y por el ex virrey Santiago de Liniers.

En carta a su suegro -que Intentaba disuadirlo-, escribió el último de ellos: «¿Pretende Vd. […] que un militar, que durante treinta y seis años ha dado pruebas reiteradas de su amor y fidelidad al Soberano, lo abandonase en la última época de su vida? ¿No dejaría a mis hijos un nombre marcado con el estigma de la traición?!,..] Haga Vd. conocer estos propósitos a los que le pregunten por mí, pues no los renunciaría aunque tuviese el cuchillo sobre la garganta».

Sus esfuerzos por reunir un contingente de tropas fracasaron. Los líderes de la frustrada Intentona trataron de huir pero fueron capturados; Liniers, Gutiérrez y otros tres cabecillas fueron remitidos con escolta a Buenos Aires. En la capital, los hombres de la Junta consideraron que debía darse un terrible ejemplo que disuadiera a otros potenciales enemigos y fulminaron sentencia de muerte. Una comisión al mando de Juan José Castelli interceptó a los prisioneros y su escolta en las inmediaciones de un paraje llamado Cabeza de Tigre, cerca de Cruz Alta, y se dispuso el cumplimiento de la pena.

Un contemporáneo escribió: «Todos, según cuentan, murieron al golpe y sólo Liniers padeció algo, pues las balas pasaron sin darle ninguna en el pecho ni en la cabeza. […] No siendo extraño que los [soldados], no le hubieran acertado, pues dicen, que les temblaban las manos al dispararle…]…] viendo French esto y que padecía, fue Inmediatamente y lo acabó dándole un pistoletazo…» (El supuesto autor de la implacable piedad del tiro de gracia era el mismo que hemos visto agitando a la gente en la plaza.) Como señaló Paul Groussac, Llniers y sus cuatro compañeros «murieron por ser fieles a su nación y a su rey»; paradojalmente, la Junta que los mandó ejecutar invocaba como principio la lealtad al cautivo Fernando VII.

Manuel Moreno en su Vida y memorias de Mariano Moreno, escribió: «Los caudillos de Córdoba no se contentaron con oprimir su provincia. […] Fomentaron una abominable conspiración en todos los pueblos […] se empeñaron en establecer el funesto dilema, que obró por fin su ruina. Nuestra muerte o la de ellos era inevitable…».

(En los días previos a la Revolución de Mayo, el mismo Liniers había escrito a Cisneros denunciando a los rebeldes y aconsejándole proceder sin vacilar y aplicando la pena capital.) «La providencia, que vela sobre el castigo de los delitos y principalmente de los cometidos contra los pueblos -proseguía Moreno- quiso que Liniers pagase al fin los suyos, por mano de los mismos que tanto había ofendido, aunque lo habían amado tanto.»

Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Expediciones Militares al Alto Peru Guerras de la Independencia

Expediciones Militares al Alto Perú
Guerras de la Independencia

Desde sus comienzos los revolucionarios de Mayo de 1810 sabían que la guerra contra las fuerzas de los partidarios del rey era inevitable. Y también sabían que era necesario ganar tal guerra para que el movimiento revolucionario pudiese sobrevivir y desarrollarse.

 ORGANIZACIÓN DE LAS EXPEDICIONES MILITARES ARGENTINAS

En un comienzo, los primeros ejércitos de la Patria tuvieron una actitud ofensiva, o sea, intentaron, a través de las armas, expandir el movimiento revolucionario que había sido generado en la ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces capital del Virreinato del Rió de la Plata.

Luego, la guerra fue defensiva pues las fuerzas realistas españolas en América eran poderosas. Para enfrentar al movimiento iniciado en Buenos Aires en 1810 disponían de un baluarte situado fuera de las fronteras del Virreinato del Río de la Plata: el Perú.

Dentro del territorio del Virreinato los centros más activos de resistencia realista fueron Córdoba, situada en el camino al Alto Perú; Asunción, en el Paraguay, y Montevideo, además de las tropas rea listas estacionadas en el Alto Perú (hoy Bolivia), desde el año 1809.

Los primeros gobiernos patrios tuvieron que improvisar ejércitos para defender el movimiento emancipador y además debieron luchar políticamente para organizar el país. Esta tarea provocó frecuentes cambios de gobierno. Los seis años que transcurrieron entre 1810, fecha de la instalación de la Junta Provisional de Gobierno que reemplazó a la autoridad virreinal, y 1816, año de la Declaración de la Independencia, fueron de intensa actividad política y militar en nuestro territorio. El gobierno militar se dispuso a someter a los insurrectos.

En Córdoba se hallaba,  don Santiago de Liniers, el héroe de la Reconquista de Buenos Aires en 1806, que se mantenía leal al rey Fernando VII de España y se oponía al nuevo gobierno surgido en Buenos Aires. En compañía del gobernador de aquella provincia, Gutiérrez de la Concha, del obispo Orellana y de otros jefes, Liniers preparaba la reacción realista, a la espera de las tropas que debían llegar del Perú para apoyarlo.

En Asunción gobernaba don Bernardo de Velasco, militar y funcionario español, contrario también a los revolucionarios de Buenos Aires En Montevideo, plaza que contaba con una sólida fortaleza, el gobernador don Francisco Javier de Elío desconoció a la Junta de Buenos Aires y asumió el mando de los realistas montevideanos y de la Banda Oriental.

El gobierno de Buenos Aires — constituido sucesivamente por la Primera Junta, la Segunda Junta o Junta Grande, los Triunviratos y el Directorio, resolvió proceder con energía contra esos tres focos de reacción española: organizó expediciones militares y creó las primeras fuerzas navales para atacarlos.

Además, envió en 1813 un cuerpo de ejército a Chile para auxiliar al pueblo hermano en sus primeras luchas contra los realistas. Como muchos de estos sucesos militares fueron inevitablemente tratados en las exposiciones anteriores, lo que ahora se hará será la profundización de lo expuesto. 

Asimismo, no se hará un desarrollo cronológico sino que se dividirá la cuestión de la guerra revolucionaria en tres aspectos: la frontera noroeste, la frontera noreste y la frontera este. De esta manera se posibilitará un tratamiento más profundo de la acción militar que posibilitó la supervivencia de la Revolución de Mayo.

Mapa de los Principales Focos Revolucionarios

Expedicion al Paraguay Belgrano Combate Tacuarí Batallas

Expedición al Paraguay Belgrano Combate Tacuarí Batallas

EXPEDICIÓN AL PARAGUAY:

Cuando el gobernador del Paraguay Bernardo de Velazco tuvo conocimiento de los sucesos ocurridos en Buenos Aires y del establecimiento de la Primera Junta, reunió el 24 de julio un Cabildo Abierto que resolvió:

1) reconocer y jurar obediencia al Consejo de Regencia; 2) mantener cordiales relaciones con Buenos Aires, pero no reconocer su gobierno; 3) organizar una junta de guerra con Velazco como presidente, que adoptaría las medidas necesarias para defender el territorio.

 Combate Tacuarí Batallas

Expedició al Paraguay

La opinión pública paraguaya estaba dividida en tres partidos: el realista, encabezado por Velazco que triunfó en el Cabildo Abierto del 24 de julio y que sostenía la dependencia de España; el porteño, que respondía al gobierno de Buenos Aires y el nativo, que perseguía la independencia del Paraguay. Como la Junta de Buenos Aires fuese informada de que en Asunción predominaba el partido de los porteños, resolvió iniciar una campaña militar con el objeto de que el Paraguay reconociese al nuevo gobierno.

El comando de la expedición fue confiado a Manuel Belgrano, que con escasas fuerzas partió de Buenos Aires hacia la Bajada del Paraná, lugar elegido para la concentración de sus tropas, aumentadas en forma tal que pudo contar con novecientos cincuenta hombres de infantería y de caballería, que en su mayoría carecían de instrucción militar. Por otra parte, el cuadro de oficiales y suboficiales era deficiente y el armamento sumamente escaso, pero Belgrano no se amedrentó y procedió a su organización y adiestramiento.

A fines de octubre partió de la Bajada y como Velazco había ocupado todos los pasos del Paraná prefirió internarse en la Mesopotamia. En su marcha fundó los pueblos de Mandisovi al norte de Entre Ríos y Cururzú Cuatiá, al sur de Corrientes.

A mediados de diciembre cruzó el Paraná a la altura de la Candelaria (antigua capital de las Misiones jesuíticas). Apenas desembarcados en territorio paraguayo atacaron exitosamente una guardia en Campichuelo. Las tropas paraguayas al mando de Velazco se retiraron a Paraguary, pues este jefe había resuelto atraer al ejército patriota al interior del país, obligándole a realizar una marcha penosa a través de la selva, de pantanos y de poblaciones hostiles, que debilitarían sus fuerzas.

El 19 de enero de 1811 se libró el combate de Paraguary, en que las tropas patriotas no supieron aprovechar la sorpresa de un primer ataque, que consiguió romper por el centro la línea paraguaya, por lo que fueron derrotadas y debieron iniciar la retirada. Belgrano trató de fortificarse en Tacuarí, al sur de Paraguary y pidió refuerzos a la Junta, que le mandó quinientos infantes y la flota al mando de Juan Bautista de Azopardo, que trató de cortar las comunicaciones entre Paraguay y Montevideo.

El 2 de marzo la flota realista comandada por Jacinto de Romarate atacó a la pequeña fuerza naval argentina integrada por tres barcos, librándose el encuentro de San Nicolás tras el cual las naves patriotas quedaron en poder de los españoles y su jefe fue hecho prisionero y conducido a Cádiz a una prisión y después a Ceuta. Fue puesto en libertad por la revolución de Riego de 1820.

Mientras tanto las fuerzas paraguayas al mando del general Manuel Cabañas iniciaron el avance hacia las patriotas, que cerraban el paso del Tacuari, sin que Belgrano se enterase por la poca vigilancia que había establecido.

El ataque se efectuó en la madrugada del 9 de marzo; la sorpresa y el mayor número de las tronas atacantes colocaron en una situación crítica a los patriotas, que no obstante resistieron con gran valor. Al día siguiente se firmó un armisticio por el que se convenía el retiro del ejército enviado por la Junta, que retrocedió hacia la Candelaria, acompañado largo trecho por los paraguayos, repasando el Paraná en su marcha de regreso, antes de fines de marzo.

Si militarmente la expedición de Belgrano fue un fracaso, resultó en cambio un éxito en el terreno de las ideas, ya que los jefes y oficiales paraguayos imbuidos en los principios liberales que los argentinos sustentaban, contribuyeron a que se concretase un movimiento revolucionario que estalló en Asunción al poco tiempo.

Efectivamente, después de Tacuarí los jefes paraguayos se alejaron de Velazco, que había tenido una conducta cobarde durante la campaña contra las fuerzas de Buenos Aires, entonces el gobernador se inclinó hacia los portugueses tratando así de afirmar su menguada autoridad, pero con ello no logró más que precipitar su caída.

En la noche del 14 de mayo un grupo de patriotas obligó a Velazco a deponer el mando, consintiendo éste en desempeñar el gobierno asociado a otros dos miembros (José Gaspar de Francia y Juan Valejano Zeballos) que constituyeron un Triunvirato (día 15).

El 16 el nuevo gobierno quedó establecido, pero reunido un Congreso el 17 de junio según lo estableciera el plan revolucionario, se decidió que Velazco debía cesar en sus funciones, nombrándose una Junta integrada por cinco vocales, entre ellos José G. de Francia. Este gobierno no reconoció al Consejo de Regencia.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada