Origen del Cristianismo

Explicacion del Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

Explicación del Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

CATOLICISMO. Conjunto de las iglesias cristianas unidas al Pontífice Romano, al que reconocen como Primado de la Iglesia Universal.

La palabra catolicismo viene del término griego katholikos, que significa universal.

No es una simple colección de dogmas, ritos y preceptos morales, una fe que puedan vivir individualmente los hombres que quieran seguir la doctrina de Jesucristo, sino una institución con autoridades, miembros, leyes, culto y creencias comunes; en una palabra, es una sociedad.

Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

Este artículo expondrá tales dogmas, leyes y creencias en forma objetiva, exenta de intenciones críticas o apologéticas.

La doctrina católica comprende:

1) las verdades que sus fieles creen;

2) la moral que practican;

3) los medios que utilizan para conseguir la salvación eterna.

Estos elementos serán tratados en el orden indicado.

• Explicación del dogma.

Las verdades que el catolicismo sustenta y difunde están contenidas, en compendio, en el Credo o Símbolo de los Apóstoles, que se divide en tres partes y comprende doce artículos.

He aquí el contenido de los mismos.

1-Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra.

No existe más que un solo Dios, que ha existido y existirá siempre. Es un espíritu puro; no tiene cuerpo y por eso nuestros ojos no pueden verlo.

Es infinitamente bueno, justo y santo; posee todas las perfecciones y cualidades en grado infinito.

Gobierna todas las cosas con su Providencia; el primer deber del hombre es conocerlo, amarlo y servirlo en esta tierra, para verlo y poseerlo m día en el Cielo.

Dios subsiste en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Padre es el Principio; el Hijo es engendrado por Él; el Espíritu Santo procede de ambos.

Los tres son Dios, pero no son tres dioses, sino un solo Dios verdadero en tres personas perfectamente iguales.

Las tres tienen una sola y misma naturalezp o sustancia; Dios, único en esencia, subsiste en tres personas. Esto es lo que se llama el misterio de la Santísima Trinidad.

Todas las obras que Dios hace son obras de la Trinidad entera. Sin embargo, la Biblia atribuye especialmente al Padre la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación.

Dios ha creado el Cielo y la Tierra y todo Jo que hay en ellos, sacándolo de la nada en virtud de su omnipotencia.

Este es el misterio de la Creación. Los seres creados se llaman criaturas; las más perfectas son los ángeles y los hombres.

Los ángeles son espíritus puros, libres e inmortales.

Algunos de ellos, abusando de su libertad, se rebelaron contra Dios por orgullo; estos ángeles malos, o demonios, fueron arrojados del Cielo y precipitados en el Infierno.

Otros, los ángeles buenos, fueron puestos para siempre en posesión del Cielo, donde ejecutan las órdenes divinas.

Dios da a cada hombre un ángel guardián que ora por él y cuida de su alma.

El hombre es una criatura racional compuesta de cuerpo y alma.

Se dice criatura para indicar que fue creado, sacándolo de la nada, por Dios; y racional, porque es inteligente y capaz de discernir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

Está compuesto de un cuerpo, sustancia material asequible a nuestros sentidos, y un alma, sustancia invisible que siente, juzga, razona y obra libremente.

Dios formó el cuerpo del hombre mediante su intervención directa («con sus propias manos», dice la Biblia, en lenguaje figurado) y le infundió el alma.

Según las Sagradas Escrituras, la Creación se efectuó en seis días.

Éstos no fueron días cronológicos de 24 horas, sino períodos más o menos extensos.

Dios no creó todas las cosas como ahora están, sino simplemente la materia en estado confuso y caótico, para que fuera evolucionando con el decurso de los tiempos.

En el primer día creó la luz; en el segundo, el firmamento; en el tercero, la tierra sólida y las plantas; en el cuarto, el sol, la luna y las estrellas; en el quinto, los peces y las aves; en el sexto, los animales terrestres y el hombre; en el séptimo descansó.

No se trata de una leyenda mitológica, sino de una relación escrita por Moisés bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Dios formó al primer hombre dotado de inteligencia clara y voluntad recta y colocó junto a él a la primera mujer, llamada Eva.

Dio a ambos una doble vida: la natural, propia de la naturaleza humana, y la vida sobrenatural de la gracia.

Esta vida hacía al hombre hijo de Dios por adopción, lo elevaba al orden sobrenatural y lo hacía capaz de alcanzar la visión intuitiva de Dios, o sea, la participación en la bienaventuranza divina.

Adán y Eva desobedecieron un severo precepto que Dios les impuso y perdieron la vida sobrenatural de la gracia.

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Adán, cabeza física y moral de la humanidad, trasmitió a sus descendientes la ignorancia, la concupiscencia, los sufrimientos y la muerte.

Este estado de desgracia, en que todos los hombres nacen por culpa de sus primeros padres, se llama pecado original.

Dios se compadeció del género humano y prometió a Adán un Redentor qu» expiara su culpa y le devolviera la gracia perdida.

2-Creo en Jesucristo, su. único Hijo, Nuestro Señor.

El Redentor prometido es Jesucristo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, convertida en hombre por amor a la humanidad.

Antes de la Encarnación, la segunda persona de la Trinidad se llamaba el Hijo de Dios o el Verbo; después de ella lo denominamos también Nuestro Señor Jesucristo.

Esta palabra está compuesta por los términos Jesús, que quiere decir Salvador, y Cristo, que significa ungido o consagrado. Jesucristo es Dios y Hombre juntamente.

Como Dios, posee la misma naturaleza divina que el Padre y el Espíritu Santo; como Dios hecho hombre, posee también la naturaleza humana, es decir, cuerpo y alma semejantes a los nuestros.

Por tanto, es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Posee dos naturalezas, dos inteligencias, dos voluntades y dos operaciones, la divina y la humana.

Las dos naturalezas, perfectamente distintas, están unidas de modo indisoluble y pertenecen a una misma y sola persona, la persona divina del Hijo de Dios. Este misterio se llama unión hipostática.

3. Creo en Jesucristo, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y nació de la Virgen María.

Para hacerse hombre, el Hijo de Dios se eligió una madre. El inefable honor de tal maternidad fue conferido a María, virgen de la tribu de Judá, de la familia de David, hija de San Joaquín y Santa Ana, esposa de San José.

Dios no dio a María bien terrenal alguno, pero la preservó del pecado original, la hizo Inmaculada en su Concepción y la colmó de gracias.

El día fijado en la intención divina, el ángel Gabriel se presentó ante María en su humilde vivienda de Nazaret y le anunció que Dios la había elegido para madre del Mesías.

Entonces el Espíritu Santo, por un prodigio incomparable, contrario a las leyes de la naturaleza, formó de ¡a sangre purísima de María un cuerpo humano; Dios Padre formó de la nada un alma semejante a la nuestra, pero más bella e inmaculada, y la unió a aquel cuerpo.

En ese mismo instante, a ese cuerpo y a esa alma se u lió el Hijo de Dios con un lazo indisoluble.

Por tanto, la Encarnación se hizo por obra milagrosa del Espíritu Santo, sin que María dejara de ser virgen.

Confirmóse así la célebre profecía de Isaías: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo.

María, Madre de Dios por este honor infinito, es una criatura aparte, única. Goza en el Cielo de una omnipotencia suplicante y Jesucristo ha depositado en sus manos todos los frutos de la Redención.

La Iglesia la honra con un culto especial, llamado hiperdulía, y coloca una confianza ilimitada y universal en su intercesión, Jesucristo nació en Belén, en la noche del 25 de diciembre del año 3 antes de nuestra era.

Su nacimiento fue anunciado por los ángeles a los pastores del lugar, y a tres sabios de Oriente por una estrella milagrosa que fue vista en casi todo el mundo.

Vivió en el trabajo, en la pobreza, en la humildad, en la práctica de todas las virtudes.

Después de treinta años de vida oculta comenzó su vida pública, que se prolongó durante tres años en Judea y en Galilea.

Predicó el Evangelio, demostró su divinidad con grandes milagros y formó un núcleo de apóstoles y discípulos, encargados de continuar su obra en la tierra.

santuario de lourdes en francia
El umversalmente famoso santuario de Lourdes, al que constantemente concurren miles de peregrinos de todo el mundo.

4- Creo en Jesucristo, que padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado.

El Hijo de Dios hecho hombre sufrió en su cuerpo y alma los más crueles tormentos para expiar nuestras culpas.

Padeció la agonía en el Huerto de los Olivos, soportó la flagelación
y la coronación de espinas en el pretorio de Policio Pilatos, gobernador romano de Judea, y al cabo de todo género de humillaciones y de ultrajes fue clavado de pies y manos en una cruz.

Después de tres horas de infinitos sufrimientos expiró el Viernes Santo, hacia las tres de la tarde.

El misterio de la muerte de Jesucristo en la cruz es el misterio de la Redención.

La Obra de la Redención es, al mismo tiempo, una liberación, una reconciliación y una restauración. Liberó al género humano de la esclavitud del pecado original; lo reconcilió con la divinidad, y restauró a la naturaleza humana en ei. orden sobrenatural.

Después de su muerte, Jesucristo fue sepultado en un sepulcro en la roca del Calvario, donde quedó sometido a la custodia de un grupo de soldados.

Al comenzar el tercer día después de su muerte, Jesucristo resucitó.

5-Creo en Jesucristo, que descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

Al morir, el alma de Cristo descendió a los infiernos, es decir, al limbo de los justos, para visitar a las almas de los hombres muertos antes de su venida y anunciarlas su liberación.

Al tercer día unió nuevamente su alma a su cuerpo y salió del sepulcro, vivo, glorioso e inmortal. «Si Jesucristo no hubiera resucitado —dice San Pablo— vana sería nuestra fe».

La resurrección de Jesucristo es el fundamento de la fe católica; se recuerda el día de Pascua, que es la mayor festividad del año litúrgico.

6-Creo en Jesucristo, que subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso.

Después de resucitar, Jesucristo permaneció en la tierra durante cuarenta días para continuar la instrucción de sus apóstoles.

Durante este período fue visto por centenares de personas en diversas oportunidades; colocó a Pedro al frente de su Iglesia y dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, enviándolos a predicar y a bautizar a todos los pueblos.

Terminada su obra terrena, reunió en el Monte de los Olivos a sus apóstoles y a un gran número de sus discípulos.

Allí, al mediodía, extendió sus manos para bendecirlos y se elevó glorioso y triunfante hacia los cielos.

El aniversario del dia en que Jesucristo subió a los cielos se llama la fiesta de la Ascensión.

El Credo agrega que, desde entonces, Jesucristo «está sentado a la diestra de Dios»; esta expresión figurada significa que es igual a su Padre en poder, gloria y autoridad.

Como Dios, está en todas partes; como Dios y hombre, está en el cielo y en el Sacramento de la Eucaristía.

7-Creo en Jesucristo, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Jesucristo volverá al mundo, al final de los tiempos, para juzgar a todos los hombres.

Vendrá con todo su esplendor de su majestad, como Juez.

Su primera venida fue para redimirnos; la segunda será para dar a; cada uno el premio o el castigo que merezca..

8-Creo en el Espíritu Santo.

Las dos primeras; partes del Credo se refieren al Padre y al Hijo, Creador y Redentor, respectivamente; la tercera, habla del Espíritu Santo, el Santificador.

El, Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad; posee la naturaleza divina de modo total, como el Padre y el Hijo, de los cuales procede.

Tiene la misión específica de gobernar, inspirar, asistir y vivificar a la Iglesia.

Además opera, como un espíritu vivificador, en las almas que se hallan en estado de gracia.

El cristiano lo recibe en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, y llega al sacerdote en el sacramento del Orden Sagrado.

Comunica a las almas la vida sobrenatural, enriqueciéndolas con sus siete dones y sus doce frutos,

9-Creo en la Santa Iglesia Católica y la Comunión de los Santos.

Jesucristo fundó una iglesia para continuar en el mundo su misión divina.

La Iglesia es una sociedad perfecta, que en su orden se basta a sí misma y que no depende de otra superior; es también una sociedad visible y no simplemente espiritual; y es indefectible, porque subsistirá hasta el fin de los siglos como organismo social.

El Caolicismo:Las catacumbas en Roma Origen Cementerios Cristianos Roma Subterraneas

Las catacumbas en Roma Origen Cementerios Cristianos Roma Subterraneas

La Iglesia tiene cuatro notas características:

1) unidad, porque existe una sola Iglesia;

2) santidad, porque su fin es santo y su acción puede producir santidad, aun en grado heroico, a pesar de los defectos y pecados humanos de sus miembros;

3) catolicidad, porque posee una fuerza sobrenatural de expansión en virtud de la cual se ha extendido por el mundo entero;

4) apostolicidad, porque su autoridad viene en línea directa de los apóstoles.

La Iglesia posee una triple autoridad: de magisterio, de administración de sacramentos y de jurisdicción. Jesucristo puso en ella dos elementos: uno docente y otro discente.

La Iglesia docente está formada por los encargados de enseñar la palabra de Dios, quienes forman un magisterio viviente, heredero del de los apóstoles.

La Iglesia discente está formada por los fieles, que tienen la obligación de recibir la doctrina enseñada por los apóstoles y por sus sucesores, los pontífices y obispos.

El obispo de Roma, sucesor de San Pedro en el gobierno de la Iglesia, se llama Papa o Romano Pontífice.

Hasta ahora ha habido 266 papas, muchos de los cuales han sido hombres de excelsas virtudes: sesenta de ellos son santos y treinta y tres murieron mártires; sólo once merecen ser tildados de indignos.

El Papa tiene sobre la Iglesia una potestad universal, ordinaria, inmediata, plena y suprema.

Los miembros de la Iglesia forman una sola familia.

Como en cualquier familia humana, hay en ella una comunidad de bienes: todos trabajan para la familia y la tarea de cada uno aprovecha a todos.

De igual modo, en la gran familia de Jesucristo todos los cristianos usufructúan los tesoros espirituales: los méritos de Cristo, de la Virgen y de los. Santos, el sacrificio de la Misa, los sacramentos, las oraciones y las buenas obras de todos sus miembros.

Los santos, vale decir, quienes viven la vida de la gracia, están en comunión recíproca, entre ellos y con las almas del purgatorio y del cielo.

10-Creo en el perdón de los pecados.

Pecado es toda falta voluntaria contra la ley de Dios.

Para que exista, debe haber verdadera transgresión de la ley divina, y la transgresión debe ser un acto humano, es decir, racional, libre y voluntario.

Jesucristo dio a su Iglesia el poder de perdonar todos los pecados: «A los que perdonaréis los pecados les serán perdonados y a los que se los retuviereis les serán retenidos».

Este poder de la Iglesia se llama «el poder de las llaves del Reino de los Cielos».

El pecado se divide en original y personal. Original es el que contraemos al ser concebidos, por descender de Adán; personal es el que cada uno de nosotros comete, libre y espontáneamente, después de haber llegado al pleno uso de la razón.

Los pecados personales se subdividen en mortales y veniales. Pecado mortal es toda transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia grave, que priva de la vida de la gracia y lleva a la condenación eterna.

Pecado venial es toda ofensa hecha contra Dios en materia leve, y también una falta grave que se haga sin plena advertencia o perfecto consentimiento.

El pecado hace perder la gracia, nos despoja de los méritos alcanzados, por grandes que sean, y mata la vida del alma.

Los vicios capitales, procedentes de las principales pasiones que suelen dominar al hombre, son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

11-Creo en la resurrección de la carne.

Después de la muerte, el alma, que es espiritual, inmortal e incorruptible, sigue viviendo; el cuerpo, separado de ella, se corrompe y convierte en polvo.

Pero la separación entre el alma y el cuerpo no será eterna: al fin del mundo, todos los muertos resucitarán con los mismos cuerpos y almas que tuvieron en vida.

Jesucristo ha dicho que nadie sabe, fuera de Dios Padre, cuándo se producirá el fin del mundo.

Nadie está obligado a creer ni en la inminencia ni en la lejanía de este acontecimiento.

Pero el mismo Jesucristo ha indicado algunas «señales» o hechos que lo precederán: la predicación, del Evangelio por todo el mundo, la venida del Anticristo, las grandes apostasías de la fe, la vuelta a la tierra de los predicadores Elias y Enoch, la conversión de los judíos y ciertos trastornos graves en el orden de la naturaleza.

Al producirse el fin del mundo los cuerpos de los reprobos estarán sujetos a terribles sufrimientos; los cuerpos de los elegidos, por el contrario, resplandecerán de belleza, estarán exentos de todo dolor, serán rápidos como la luz y podrán penetrar a través de los objetos.

La carne, crucificada con Jesucristo en el Calvario, recibirá su glorificación definitiva.

12-Creo en la vida perdurable.

La última verdad del Credo enseña que los buenos tendrán una vida eternamente feliz y los malos una existencia eternamente desventurada, y que los hombres resucitados no volverán a morir.

Este dogma implica otras cinco verdades, que se llaman los Novísimos o postrimerías del hombre: la Muerte, el Juicio, el Cielo, el Purgatorio y el Infierno.

Cuando todos los nombres hayan muerto, Jesucristo enviará a sus ángeles sobre la tierra, y éstos reunirán a todos los hombres de todos los tiempos en el lugar destinado para el Juicio Universal.

Tales son las verdades contenidas en el Símbolo de los Apóstoles. El católico las cree con una fe sincera y total, no por la palabra de los hombres, sino porque han sido reveladas por Dios y son enseñadas por su Iglesia.

• La Moral.

Para alcanzar la salvación eterna es necesario no sólo creer todas las verdades contenidas en el Símbolo, sino también vivir cristianamente, observando los mandamientos de Dios y de la Iglesia.

Estos mandamientos están contenidos en el Decálogo o Tablas de la Ley.

Los tres primeros, escritos en la primera tabla, encierran los deberes para con Dios; los otros siete, escritos en la segunda tabla, prescriben los deberes para con nosotros mismos y nuestros prójimos.

En cada mandamiento hay una parte postiva y una negativa, es decir, una orden y una prohibición.

He aquí su texto y su significado:

1º) No tendrás otro Dios más que a Mí. Este primer mandamiento nos obliga a creer en Dios, a esperar en Él, a amarlo con todo nuestro corazón y a adorarlo a Él solamente.

Cumplimos con estas cuatro obligaciones mediante la práctica de las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Se peca contra la Fe mediante la infidelidad, la herejía, la apostasía y a veces, con el simple respeto humano.

Se peca contra la Esperanza de dos maneras: por desesperación, cuando se desconfía de la Providencia, y por presunción, cuando se abusa de la misericordia de Dios.

Se peca contra la Caridad por medio de cualquier pecado mortal. Todo culto ilegítimo se llama superstición; sus formas más difundidas son la idolatría, la magia negra y la adivinación.

2º) No tomarás el nombre de Dios en vano. Este mandamiento prohibe jurar en vano, blasfemar, proferir imprecaciones y violar nuestros votos.

3º) Acuérdate de santificar las fiestas. La ley natural obliga a consagrar, de tiempo en tiempo, un día al culto de Dios. En la ley antigua este día era el sábado, en memoria del reposo de Dios después de la Creación; en la ley nueva es el domingo, en honor de la resurrección de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

Para santificar el domingo hay que abstenerse de las obras serviles, que son los trabajos en que el cuerpo tiene mayor intervención que el espíritu, y hay que asistir a la Santa Misa, en la cual se halla la esencia del culto cristiano.

4º) Honra a tu padre y a tu madre. Este mandamiento revela las relaciones del hombre con los representantes de Dios: los padres y los superiores espirituales y temporales.

Tiene por objeto directo los deberes de los inferiores para con sus superiores, y por objeto indirecto los deberes de éstos para con aquéllos. Las tres sociedades en que estas relaciones se desarrollan son la familia, la sociedad religiosa y la sociedad civil.

En la familia, todo hijo debe amar a su padre y a su madre, respetarlos, obedecerlos y asistirlos en sus necesidades; los padres, por su parte, están obligados a velar por la vida y la salud de sus hijos, a darles alimento, habitación y vestidos, a velar por su futuro sin poner trabas a su vocación, y a formar su espíritu, corregir sus defectos e iniciarlos en el ejercicio de las virtudes.

En la sociedad religiosa, los fieles deben a los sacerdotes respeto, amor y obediencia; a su vez, los eclesiásticos deben enseñar la religión, administrar los sacramentos y exhortar a la virtud.

En la sociedad civil, los gobernados deben respetar y obedecer a los gobernantes en todo lo que es justo, contribuir a los gastos colectivos con el pago de los impuestos y ejercer lealmente los derechos que les confiere la Constitución; los gobernantes deben respetar los principios de la moral y proteger los derechos de los ciudadanos.

5º) No matarás. Esta mandamiento prohibe todo lo que puede dañar el cuerpo o el alma del prójimo o de nosotros mismos, y ordena practicar la caridad cristiana en todo momento.

De modo especial prohibe el suicidio, el homicidio, el duelo y todo lo que hiera la integridad de la vida corporal.

Además condena el escándalo u homicidio espiritual, que es toda palabra, acción u omisión que induce al prójimo a ofender a Dios.

6°) No cometerás acciones impuras;

9º) No desearás la mujer de tu prójimo.

Estos dos mandamientos tienen un mismo propósito: salvaguardar la virtud de la castidad. El sexto mandamiento condena los pecados externos de impureza; el noveno condena los pecados internos; ambos prohiben exponerse a las ocasiones próximas de estos pecados.

7º) No hurtar;

10º) No codiciar los bienes ajenos. Dios asegura el derecho de propiedad legítima con dos mandamientos; el séptimo nos manda practicar la justicia con respecto al prójimo; el décimo, para cortar el mal en su raíz, prohibe todo deseo voluntario de apoderarse del bien ajeno por medios injustos.

De modo especial quedan condenados el robo, el fraude, la usura, la detención injusta y el daño injusto contra el prójimo o sus bienes.

89 No levantarás fa’so testimonio, ni mentiras. Este mandamiento ordena respetar la verdad en nuestras palabras y prohibe el falso testimonio o la mentira en los juicios.

De aquí se derivan los siguientes deberes:

1) relativos a la verdad, que no debe ser quebrantada con falsos testimonios, ni por medio de la mentira, ni violando los secretos;

2) relativos a la reputación del prójimo, que no debe ser herida exteriormente con la detracción ni interiormente con el juicio temerario.
Aparte del Decálogo, todo católico obedece los cinco mandamientos de la Iglesia o preceptos:

1) Oír Misa todos los domingos y demás fiestas de guardar;

2) No comer carne los días prohibidos (llamados de abstinencia) y ayunar los días indicados;

3) Confesar y comulgar, por lo menos una vez al año, durante el tiempo pascual;

4) Atender a las necesidades de la Iglesia, contribuyendo según las leyes o costumbres del propio país;

5) Celebrar los matrimonios conforme a las leyes de la Iglesia.

• El Culto.

El dogma católico enseña un conjunto de verdades; la moral expone un conjunto de obligaciones.

El culto, tercera parte de la doctrina, comprende los medios empleados para hablar a Dios.

La máxima expresión social y visible de la Iglesia Católica es su liturgia, exteriorización sistemática del culto.

Los actos litúrgicos son la Santa Misa, los sacramentos y sacramentales y el rezo del Oficio Divino.

El culto incluye también algunos actos extralitúrgicos, tales como el rezo del Rosario, las novenas, etc.

La Santa Misa, centro de la liturgia católica, es la renovación incruenta del sacrificio sangriento de Jesucristo en el Calvario.

Antes de morir, Cristo ordenó a los apóstoles que repitiesen siempre, en memoria suya, la consagración del pan y del vino, transformándolos en Su cuerpo y sangre.

Esta consagración, y la comunión que le sigue, son símbolo y repetición del mismo sacrificio del Calvario.

Los sacramentos son señales visibles, instituidas por Jesucristo para darnos la gracia.

Son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía o Comunión, Penitencia, Extremaunción, Orden Sacerdotal y Matrimonio.

Dios puede comunicarnos sus gracias directamente por sí mismo, pero generalmente exige que empleemos los medios establecidos por Él para conferirnos su gracia.

Estos medios son el sacramento y la oración: los sacramentos son los canales que la trasmiten; la oración es la fuerza que la atrae.

La oración, elevación del alma a Dios, puede ser vocal, cuando recurre a las palabras, y mental, cuando se hace en el espíritu y en el corazón. Las mejores oraciones vocales son: el Padrenuestro, el Ave María y las oraciones litúrgicas de la Iglesia.

Fuente Consultada:Enciclopedia Ilustrada CUMBRE Tomo III – Entrada «El Catolicismo«

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Biografia de Santa Teresa de Jesus-Resumen de su Vida y Obra

Biografía de Santa Teresa de Jesus

Teresa Sanchez de Cepeda y Ahumada (Ávila,7​ 28 de marzo de 1515​-Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582).

Reformadora y mística española. Escritora y poetisa de excepción.

Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació en Avila de los Caballeros el 28 de marzo de 1515.

Era el miércoles de Pasión.

El miércoles santo — día 4 de abril — fue bautizada en la parroquia de San Juan.

Toda su vida estaría marcada y atravesada por la lanza que culminó la Pasión de Cristo; una lanza, en todo caso, de amor y de dolor.

Su padre don Alonso Sánchez de Cepeda sumará hasta doce hijos, su hija Teresa siente predilección por él, mientras, la esposa, doña Beatriz, recluida en la casa, «más gineceo que castillo», prepara para todos el hogar de recogimiento y de oración.

Un hogar austero, pero en modo alguno sombrío ni huraño.

Teresa lo alegra, especialmente.

Es dicharachera, vivaz, sensible, apasionada y, sobre todo, decidida.

Juega — ella misma nos lo ha dicho — con su hermano Rodrigo a erigir conventos y ermitas en el jardín de su casona.

Y un día el juego pretende trocarse en realidad: los dos huyen a tierra de moros, para hacerse decapitar por Cristo… la aventura termina a pocos pasos, pues un pariente los encuentra y los hace regresar.

teresa de jesus biografia

A los doce años, pierde Teresa a su madre, queda ahora la casa al cuidado de la hermana mayor, María, que vuelca afecto, vigilancia y ternura hacia Teresa.

Anda por entonces la niña embebida en la lectura de libros de caballería, a los que su madre fue muy aficionada.

Es presumida, coqueta y gusta de hacer valer entre sus parientes y amistades, sus gracias y donaires.

Pero, apenas cumplidos los dieciséis años, María se casa con don Martín de Guzmán y Barrientos y abandona la mansión paterna.

Teresa es confiada al monasterio o convento de Nuestra Señora de Gracia, en la propia ciudad.

No llegó a permanecer allí ni dos años.

Su salud, precaria, debía ser el asidero de la gracia divina.

En el cuerpo la castigaría con rigor para que desde su postración alzara el vuelo la paloma del alma.

Teresa fue a convalecer en casa de su hermana, en Castellanos de la Cañada.

Durante su estancia en el convento, había decidido ya ser monja.

Y fue precisamente durante esa convalecencia cuando se lo confesó a su padre.

Ayudóle mucho en esta decisión el ejemplo de su tío, santo varón que, abandonando el mundo y dando a los pobres cuanto tenía, profesó en religión.

El 2 de noviembre de 1536, tomó el hábito carmelita en el convento de la Encarnación, extramuros de Avila.

Un convento humilde, sobre un regatillo claro en el que se mira un trozo de muralla. Un año después profesó allí mismo.

Persistía la aridez del alma.

Teresa no ceja en la oración ni en las mortificaciones; su corazón anhela algo que tarda en llegar; se diría que exige una Presencia que, por ahora, sólo le depara silencio, áspero y seco silencio.

Y nuevas enfermedades.

La que se le declara ahora, la entiende y recibe Teresay todos — como mortal. Incluso llega a ser amortajada.

Una curandera de Becedas le proporciona unos «remedios» tan espantosos que posiblemente ahuyentan incluso a la muerte.

Teresa atribuye su curación a San José.

Es necesario entender el «frío» de Teresa como la conciencia de un vacío que ella sabe que únicamente Dios puede llenar.

El hermano Juan de la Cruz averiguará muy pronto lo que es eso: Aridez por ansia de un amor hacia el Amado que nunca traiciona.

El frío de Teresa quema ya como el amor que espera…

Y Teresa sigue rezando, mortificándose por Dios.

Le ofrece los sufrimientos y el dolor que le ocasiona, en 1542, la muerte de su padre. Aunque prosigue, envolviéndola, el inmenso silencio de Dios.

Hasta que se da cuenta de que es ese silencio el que amortigua su aridez y dulcifica la hiél que mana de su oración.

Ese silencio es Dios mismo.

A partir de este momento, la vida de Teresa corre sobre la arista inverosímil del puro milagro.

Las dos vertientes son: la acción reformadora y la contemplación extática.

Ni una ni otra son comprensibles vistas en sí mismas.

Resulta casi imposible que una monja de salud quebrantada recorra leguas y leguas fundando conventos, corrigiendo costumbres, aconsejando almas, pidiendo dineros y fe, luchando contra la calumnia.

(En la Navidad de 1560, un confesor mezquino y ramplón le niega el perdón de sus pecados si no abandona la reforma del Carmelo: ¡una Navidad que Teresa verá pasar sin sentir en el corazón la presencia del Amado!.

Pero, ¿acaso el Amado había dejado de habitarla alguna vez?)…

De 1567 a 1582 surgen de sus manos de hada de Cristo, los conventos de Medina, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana (¡Pastrana!: una hermosa y taimada señora, tapados el ojo y el alma, clavará nuevas espinas en la corona de la fundadora), Salamanca, Alba de Tormes, hasta Sevilla…

Cada fundación, nuevo semillero de problemas; todos caen sobre la Madre Teresa y para todos tiene una solución, una sentencia, una reprimenda o una caricia.

Por si fuera poco, la emprende también con los hombres.

El hermano Juan de la Cruz, su gemelo en el espíritu, y el Padre Jerónimo Gracián, alentados por el empuje indomable de la Madre, comienzan las fundaciones de carmelitas descalzos…

obra de bernini teresa de jesus

Éxtasis y transfixión de Teresa de Jesús. Escultura de Bernini que se conserva en Santa María della Vittoria, de Roma. — «¡Yo soy Teresa de Jesús!» «¡Y  yo, Jesús de Teresa!».

De estas dos breves, pero impresionantes frases, nació el éxtasis teresiano, durante el cual un ángel traspasó el débil y apasionado cuerpo de la granfundadora con el encendido dardo con el que Cristo marca a fuego, para siempre, a sus elegidos.

Pero esta posesión inefable con que Cristo confirmó su amor por esta criatura llena de pasión y de ilusión, tuvo que ser un designio muy anterior, pues que en verdad parece inexplicable que durante cincuenta años de intensísimos sufrimientos y achaques corporales, marrida su materia —aun de la reputada y fuerte tierra abulense, crisol de Castilla— por distintas enfermedades a cual más doloroso, Teresa hubiese llevado a cabo tantas empresas titánicas… si Cristo, desde «el primer principio» no la sostuviera en sus manos y «en
volandas».

Resulta casi imposible concebir que entre esas andanzas, desazones, amarguras y privaciones, Teresa pueda abismarse en Cristo, ser levantada en su presencia y conservar en su alma el gozo inefable de la visión divina.

La humildad y el conocimiento de su pequenez hacen titubear a Teresa.

Pero, ¿no está para afirmarla en su don extraordinario la índole misma del hecho?

En suma, su genio penetrante transmite una experiencia.

No puede ella arriesgarse a legarnos un método para ver a Dios cara a cara; pero nos hace ver que esta visión constituye una adquisición del alma…

Más de tres siglos después, un filósofo insigne, judío, que esperaba siempre el resultado de la experiencia para avanzar en su metafísica, encontrará en la relación de la Madre Teresa, abierto, inocente, puro y claro, el experimento de Dios; ergo… y de la mano de la Madre Teresa, Henri Bergson, entrará — de vivo deseo — en la Iglesia de Cristo…

Todo ello aparece, casi, como imposible.

El casi lo salva la perspectiva, en y desde Dios.

¿Quién será capaz de sostenerse sobre ella?.

¿Quién será capaz de hundir su alma en esa monja andariega, que fue hermosa mujer y hoy es vieja prematura, cubierta de polvo y sudor, andando, andando, junto a una borrica famélica, para estremecerse ante el escueto hecho de que Dios va en ella y nos mira por sus ojos mismos?…

comunion de teresa de jesus obra de arte

La COMUNIÓN DE TERESA DE JESÚS. PINTURA DE CLAUDIO COELLO. MUSEO LÁZARO GALDIANO.
Madrid. — Claudio Coello (1642-1693) fue uno de los más admirables maestros de la Escuela de Pintura de Madrid.

Y aun cuando en la composición de sus obras se sometió al realismo impasible y neto impuesto por Velázquez, supo insuflar en sus criaturas una vehemente impresión romántica que las espiritualiza hasta más allá de la auténtica realidad.

Y así lo prueba esta prodigiosa pintura en la que nuestra Madre Teresa de Jesús, la maravillosa andariega y taumaturgo de todas las Caballerías celestiales, recibe al Amado de mano de un santo, al que asisten otros dos santos…

La Madre Teresa ya no puede más.

Moría antes porque no moría.

Y ahora vive, porque su cuerpo va a morir de verdad.

En 1582, la sacan del convento de Burgos para que entregue su alma en Avila.

En Medina del Campo, el vicario general le transmite un mensaje urgente de la duquesa de Alba, doña María de Toledo.

Aun ahora, en ese trance de postración extrema y alegría del alma — definitivas una y otra — hay quien necesita de ella.

Teresa renuncia a Avila y marcha hacia Alba de Tormes.

Llega allí el 20 de septiembre.

Sus acompañantes creyeron que moriría en Peñaranda.

Pero Teresa sabe que su amiga tendrá tiempo de recibir el consejo. Y, en efecto, lo recibe. Pero al día siguiente de su llegada, se acuesta la Madre en el lecho, del que ya no se levantará más.

El 1º de octubre, con el gozo a flor de piel, anuncia a todos su muerte, su tránsito inminente a Dios; dos días después recibe los Sacramentos y el día 4 entrega el alma, libre ya de un cuerpo marrido y agotado que, pese a todo, fue maravilloso instrumento y apoyo de visiones y acción.

En 1614, Paulo V la declaró bienaventurada y ocho años después, Gregorio XV, la elevó a los altares.

España no podía venerar a Teresa como a un santo más. Teresa era, en cierto modo, cifra y hechura de España.

Y el espíritu y escritos de Teresa metieron azogue y comezón espiritual en el alma de España, ya cariacontecida y superada, en muchos aspectos, por la Historia.

Las Cortes la declararon patrona de los reinos de España en 1617.

No sin disputa, porque el caballero Quevedo — que en esto lo fue muy poco — se complugo en publicar a los cuatro vientos los mayores méritos concurrentes én Santiago, que, en suma, venían a cifrarse en la supremacía del esfuerzo bélico-heroico, sobre la hondura del alma en presencia de su Creador.

Y fue también Quevedo, en esto, poco perspicaz, al no darse cuenta que, en pleno siglo XVII, una España desgastada y exhausta, necesitaba mucho más encontrar su alma que no manejar una espada.

La huella de Teresa de Jesús en el alma de España parece, con todo, ser el mayor de sus milagros.

Su habla directa, desaliñada y certera; su poesía pobre de retórica, inmensa en imágenes íntimas, se han abierto camino hacia el corazón de los españoles.

Hay, realmente, un contacto vivo entre la santa y el pueblo del que ella formó parte.

Gracias a ese contacto, la contemplación divina no representa para el español una cima inaccesible.

No quiere ello significar que «cualquiera» pueda llegar a mirar a Dios cara a cara (como de hecho miramos al Cáliz y Hostia consagrados durante la Misa), sino la simple certidumbre de que Teresa, la hermana Teresa, lo consiguió.

Y con la hermana Teresa, muchos arrieros, muchos mendigos y muchos nobles, rozaron sus mantos y cambiaron su habla viva e inmortal.

Teresa de Jesús demostró— y esto y no otra cosa es calar al pueblo — que en la sencillez está la suprema profundidad de la persona y, correspondientemente, que lo más hondo del alma es, a la fuerza, sencillo.

Fuente Consultada: Enciclopedia Temática Familiar – Tomo I – Grandes Figuras de la Humanidad – Entrada: Santa Teresa de Jesus – Editorial Cadyc

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Que se Celebra en Semana Santa?:Conceptos Cristianos Basicos

¿Qué se Celebra en Semana Santa?

El cristianismo: La figura de Cristo resulta impresionante por todo concepto.

Incluso vista por sus detractores no pueden negársele grandeza ni belleza suma.

Al leer el Evangelio, donde se halla contenido su paso por la tierra, sorprende el laconismo del Maestro.

Todas las palabras que pronunció exceptuando, quizá, el sermón de la montaña y las parábolas, podrían reducirse a unas frases breves, lapidarias, de un contenido turbador y muchas de las cuales son aún motivo de controversia y discusión, cuando no de opuestas interpretaciones.

El que ama la vida la perderá.

El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo… Exceptuando una ocasión en que trazó unas palabras sobre la arena, Jesús no escribió nada ni pareció preocuparle que se levantara acta escrita de sus hechos y de sus palabras. Su nacimiento fue misérrimo y su muerte brutal.

Sus discípulos quedaron tan aterrorizados cuando fue enterrado que incluso el más fiel le había negado ya por tres veces.

Parecía que de Él no iba a quedar nada porque después de su muerte le rodeó la cobardía, el silencio y la soledad.

Sin embargo, dos mil años más tarde, más de 750 millones de personas le adoran como verdadero Hijo de Dios.

«Una disputa entre judíos sobre un cierto Jesús que murió, y del cual afirmaba Pablo estar vivo».

En el año 60, esto es lo que un funcionario romano llamado Porcio Festo escribió sobre la religión cristiana.

De entonces acá, muchas han sido las explicaciones que de la «esencia del cristianismo» se han dado, y algunas de ellas se han apartado más de la verdad que la de Porcio Festo.

El cristianismo se funda en un hecho: la figura de Jesús, su vida terrestre y, lo que es más importante, la creencia de que Jesús vive y no ha muerto, porque es Hijo de Dios.

Ésta es la nota original de la religión cristiana, pues sin excluir el judaísmo, el cristianismo es la única religión que desborda la Historia por lo trascendental de su contenido y se encarna en una persona que no solamente transmite una doctrina, sino que se presenta ella misma como la verdad y la justicia vivientes.

Es cierto que otras religiones tuvieron fundadores a los cuales sus contemporáneos pudieron ver con los ojos y tocar con las manos, pero ninguno de esos predicadores religiosos, Mahoma, Buda, Zoroastro, etc., se propuso a sí mismo como objeto de la fe de sus discípulos.

Todos predicaban una doctrina que no atañía a su propia persona; eran simplemente enviados, profetas o siervos de Dios.

Jesús es el Maestro que se da a sí mismo como objeto de nuestra fe; no se presenta como un personaje histórico, sino como verdadero Dios.

(Haz Clic Para Ver Una Animacion)

Celebración  de Semana Santa:

La Semana Santa no tiene una fecha fija en el calendario gregoriano.

El domingo de resurrección cae entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año.

Usualmente Semana Santa cae el primer domingo después de la primera luna llena que se produce en o después del día del equinoccio de primavera.

Por esta razón la fecha cambia cada año y por siguiente, también cambian las fechas de otras observaciones relacionadas con Semana Santa.

Significado de Semana Santa:

La creencia principal del cristianismo es que Dios envió a su hijo Jesús al mundo para redimir al humano de sus pecados.

Para lograr esto, Jesús murió en una cruz como sacrificio, tomando el lugar del pecador.

JESÚS MUERE EN LA CRUZ :

Los evangelios nos explican como este acto se desenvolvió:

Los Evangelios nos ofrecen las últimas palabras de Jesús, conocidas como las «siete palabras finales».

Pidió a Dios que perdonase a sus torturadores (Lucas, 23, 34); consoló al ladrón penitente que se encontraba crucificado  su lado (Lucas, 23, 43); pidió a Juan que cuidase de su madre (Juan, 19, 26-27); clamó a Dios (Mateo, 27, 46; Marcos, 15, 34); expresó su sufrimiento físico Juan, 19, 28); declaró finalizada su misión (Juan, 19, 30) y, finalmente, se encomendó a Dios (Lucas, 13,46).

Tras su muerte, la oscuridad inundó la tierra y un terremoto partió la cortina del Templo, separando el Lugar Sagrado del Sagrado de Sagrados (la sala externa y el santuario interno).

Muchos de los que habían dudado y se habían burlado de Jesús comenzaron a decir que podría tratarse del Hijo de Dios.

No obstante, los líderes religiosos esperaban dar por terminada la historia de Jesús, para lo cual pusieron guardias junto a su sepulcro.

Así pretendían evitar que alguien robase el cuerpo y afirmase que Jesús había resucitado.

A pesar de esta medida, sus discípulos afirmaron al tercer día de su muerte que Jesús ya no estaba en su tumba.

«AL TERCER DÍA RESUCITARÉ»

Los testigos de la Resurrección se contaban por centenares.

Después de tres días en la tumba, Jesús se apareció a María Magdalena, a Pedro, a dos discípulos que se dirigían a Emaús, a quinientas personas en una montaña de Galilea, los once apóstoles que quedaban (Judas se colgó después de traicionar a Jesús), y a otras personas en diferentes ocasiones antes de su ascensión a los cielos.

La veracidad de estos hechos es objeto de debate entre estudiosos de todos los puntos del espectro teológico.

Lo que resulta innegable es que todas estas personas creían que lo que habían visto no era un espíritu o alguien que hubiese resucitado en la tumba, sino al verdadero Señor resucitado.

En un principio, incluso los discípulos se mostraban escépticos.

Sin embargo, si no hubiesen creído realmente lo que habían visto con sus ojos, escuchado con sus oídos y tocado con sus manos, no habrían arriesgado sus vidas para propagar el mensaje evangélico, sobre todo entre sus hostiles contemporáneos, que podíais discutir sus palabras.

La orden para la evangelización, conocida como «Gran Misión», la recibieron los discípulos de Jesús inmediatamente antes de su ascensión: «Id, pues, adoctrinad a todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y enseñadles a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré continuamente con vosotros hasta la consumación de los siglos» (Mateo, 28, 18b-20).

Armado con esta exhortación, el fortalecido grupo se puso en marcha para convertirse en testigo de todo lo que sus componentes habían visto y oído.

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

La mañana posterior al domingo, algunas seguidoras de Jesús acudieron a ungir su cuerpo y descubrieron la tumba vacía. Un ángel se les apareció y les recordó la promesa de Jesús de que resucitaría al tercer día.

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Diferencias Entre los Evangelios Segun los Apostoles Marcos y San Juan

El Evangelio de San Marcos:

Marcos había acompañado primero a Pablo, luego a Pedro (1 P 5,13) al que servía de secretario e intérprete pues el apóstol no estaba familiarizado con el griego que hablaban sus fieles de Roma.

Al redactar su Evangelio, Marcos no pretendió más que poner por escrito la tradición catequística común.

Pero, en cada párrafo, introdujo detalles concretos y pintorescos que conocía por haberlos escuchado de boca de Pedro, y que daban vida a su narración.

Pedro, testigo personal de los hechos, tenía su manera de contarlos y hacía resaltar lo que a él le habla impactado: al leer el texto de Marcos, muchas veces creemos escuchar a Pedro.

► Mateo y Lucas:

Los evangelios de Mateo y de Lucas tienen en común algunos hechos y muchas palabras de Jesús que no están en Marcos.

En el de Lucas, los encontramos principalmente en los capítulos 9,52 a 18,14, donde vienen en forma seguida, mientras que los mismos párrafos están dispersos a lo largo del Evangelio de Mateo.

Se piensa comúnmente que provienen de algún escrito anterior a nuestros evangelios, al que se llama a veces «Los Dichos del Señor, (Muchos biblistas lo llaman «La fuente O»).

Este escrito, a diferencia de la otra fuente que llamamos la tradición catequística común, relataba pocos hechos y milagros de Jesús.

Comenzaba con el testimonio de Juan Bautista y reunía más que todo palabras de Jesús agrupadas por temas.

Además del contenido de estas dos fuentes, las primeras comunidades cristianas de Palestina, en Jerusalén primero, y luego en Cesárea, guardaban varios escritos relatando parábolas, milagros y hechos de Jesús.

De ahí provienen las partes propias de Mateo y de Lucas que, en forma separada, conocieron varios de ellos.

• La Obra de Lucas:

¿De qué manera compaginaría Lucas los varios documentos que habla reunido, especialmente los dos más importantes: el patrón de Marcos y los Dichos del Señor?.

El primero relataba hechos, el otro era un tejido de palabras de Jesús.

Lucas debía, pues, colocar las palabras en el relato, pero le repugnaba desmenuzar los «dichos del Señor».

Por eso, al reproducir el Evangelio de Marcos, que se divide en dos partes: hechos de Jesús en Galilea y hechos de Jesús en Jerusalén antes de su Pasión, colocó en medio la mayor parte de los Dichos del Señor, tal como venían, ubicándolos en forma algo ficticia en el viaje de Jesús a Jerusalén (Lc 9,51).

Habiendo fundido de este modo los dos documentos más importantes, puso a manera de introducción los capítulos referentes a la infancia de Jesús, siguiendo un documento muy antiguo, cuya información provenía seguramente de María, Madre de Jesús.

Y para concluir el Evangelio, puso las apariciones de Jesús resucitado que faltaban en Marcos (ver comienzo de Mc 16,8).

Lucas era de cultura griega y escribía para griegos.

No reprodujo los párrafos del Evangelio de Marcos que se referían a leyes y costumbres judías, poco entendibles para sus lectores (Mc 7; 8,15; 9,11).

Asimismo suprimió párrafos que podían herir la sensibilidad de los griegos (Mc 8,31; 9,43; 11,11) o que parecían contradecir la fe en Jesús Hijo de Dios (Mc 13,32; 14,33).

Un principio de la literatura griega era evitar cualquier repetición, mientras que la repetición gustaba mucho a los judíos.

Por esta razón suprimió, por ejemplo, la segunda multiplicación de los panes, la segunda comparición de Jesús ante el Consejo Supremo y varios episodios que se parecían demasiado a otros ya narrados (Mc 8,22; 14,3), sin hablar de numerosas repeticiones de palabras.

Este afán de simplificar se nota especialmente al comparar el Discurso en el Monte tal como lo presenta Lc 6 y como está en Mt 5-7.

► La Obra de Mateo:

Para empezar, precisemos que según toda probabilidad, el autor de nuestro Evangelio según Mateo no es el apóstol Mateo.

El obispo y mártir San Ireneo escribía en el año 185: «Mateo hizo aparecer una forma escrita de evangelio entre los hebreos y en el idioma de ellos, en el mismo tiempo en que Pedro y Pablo evangelizaban Roma.»

Mucho antes, como en el año 110, Papías de Hierápolis decía: «Mateó escribió las palabras del Señor en hebreo y luego cada cual lo tradujo según su propio genio.»

Este evangelio de que hablan, o, mejor, «esta forma de evangelio», escrito en hebreo por los años 50 no puede ser nuestro Evangelio de Mateo, escrito en griego veinte años más tarde.

El actual Evangelio de Mateo es la obra de un desconocido, pero un hombre de gran cultura teológica.

La preocupación de este autor fue presentar la enseñanza de Cristo en forma organizada y lógica. Suprimió los detalles cuando relataba los hechos; en cambio, realzó las palabras de Jesús. Su Evangelio se compone de cinco partes; cada una de ellas empieza con hechos de Jesús y termina con un discurso.

Estos discursos son:

— el Sermón en el Monte (cap. 5-7);
— la instrucción a los Misioneros (10);
— las Parábolas del Reino (cap. 13);
— las palabras sobre la Convivencia en la Iglesia (cap. 18);
— el Porvenir de la Iglesia (cap. 23-25).

Mateo empezó su Evangelio con unos re latos de la infancia de Jesús.

Ahí nos encontramos con un estilo muy particular inspirado de cierta literatura judía, en que es difícil distinguir lo que es historia y le que es forma figurada de expresarse (los Magos, por ejemplo).

El Evangelio de Mateo se escribió para comunidades cristianas en que eran numerosos los creyentes de origen judío. Pos eso insiste en que Jesús cumple las profecías de la Biblia (Mt 4,14; 8,17; 12,17; …).

También vuelve a menudo sobre el tema siguiente: él Reino de Dios ha sido predicado a los judíos, pero Jesús sabia que iban a rechazarlo y que, debido a esto, la Iglesia se dirigiría a les pueblos paganos.

• El Evangelio de Juan:

El Evangelio de Juan se dirige a personas que ya conocen los otros Evangelios quiere darles una enseñanza más profunda Refiere muy pocos hechos de los contenidos en los otros Evangelios, fuera del relato de la Pasión, sacando de ellos una enseñanza diferente o de un nivel superior.

Los evangelios sinópticos nos dicen que la novedad de la enseñanza moral de Jesús fue el retomar todo lo dicho anteriormente a él en la Biblia, para poner de relieve lo esencial.

Pero, ¿por qué quería Jesús que sus discípulos., fueran perfectos?

Porque había llegado la hora del Reino de Dios.

Eso era lo importante: el Reino de Dios se ha acercado, Dios ahora viene con todo su poder para levantar a los hombres.

Y la gente  preguntaba: ¿Cómo viene este Reino de Dios?

El cómo, lo sabemos: Dios se hacía presente entre, los hombres en la persona de su propio- Hijo para hacerlos hijos de Dios.

Pero mientras Jesús estaba en la tierra, no lo había dicho claramente y solamente después de su Resurrección, los apóstoles entendieron en qué consistía la novedad de la experiencia cristiana.

Juan, por su parte, quiso decirlo en su libro: ver la Introducción a este Evangelio.

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¿Historia de Como Nacieron los Evangelios?

Los 4 evangelios: Es casi seguro que los evangelios de Lucas y Marcos se publicaron en los años 62-66 inmediatamente antes de la ruina de la nación judía anunciada por Jesús.

El de Mateo es un poco posterior: en los años 80.

El de Juan, el más tardío, fue publicado después de la muerte de su autor, en los años 95-100.

Historia de Como Nacieron los Evangelios

Estos evangelios están redactados en griego, lengua comercial e internacional de aquel tiempo, pero resulta fácil comprobar que son traducciones o adaptaciones de textos escritos, los unos en arameo, idioma que hablaban los judíos en tiempo de Jesús, los otros en hebreo, lengua antigua del pueblo judío, que ya no se hablaba pero si se usaba para la literatura religiosa.

Un hecho se impone a primera lectura: los tres primeros evangelios de Mateo, de Marcos y de Lucas, se parecen en muchos pasajes, cuentan los mismos hechos, a menudo en el mismo orden.

Por eso los llamamos evangelios sinópticos, lo que significa que podríamos disponerlos en tres columnas yuxtapuestas .para comparar sus tres maneras de contar el mismo hecho con palabras bastante parecidas.

Pero también varios relatos de Juan contienen las mismas expresiones, modismos, detalles que se encuentran en Lucas o Marcos.

De todo esto se desprende que los evangelios no son creaciones totalmente originales.

Si dos o más evangelistas se expresan en la misma forma, esto se debe a que usaron una misma fuente de información.

Está seguro que la Iglesia de los primeros tiempos usaba varios escritos más o menos desarrollados (podríamos hablar de pre-evangelios) que reunían palabras, milagros y hechos de Jesús.

Mas todavía se hacía uso de una enseñanza transmitida oralmente y memorizada por los candidatos al bautismo.

Esta catequesis oral ha sido la fuente principal de los evangelios.

La Tradición de los apóstoles

Sabemos que Jesús murió  siendo todavía joven y que el tiempo de su predicación fue muy breve. Y murió sin haber escrito nada.

Pero Jesús había dedicado la mayor parte de su tiempo a formar estos «doce apóstoles que había escogido.

Convivían con él, como acostumbraban hacer los discípulos de los maestros judíos.

Jesús les hacía memorizar su enseñanza.

Más que multiplicar los discursos, había repetido de mil maneras las verdades esenciales.

Los apóstoles tenían grabadas en la memoria una serie de instrucciones del Maestro, además de los hechos que habían presenciado.

Y no podemos dudar que desde los días de Pentecostés se preocuparon por dar forma a estas instrucciones de. Jesús que iban a ser la catequesis dé la Iglesia primitiva.

Se sabe que el Evangelio de Marcos es mucho más corto que el de Mateo o de Lucas.

Pero es fácil averiguar que casi todos los hechos contados en este evangelio, están también en Mateo y Lucas.

Muy posiblemente este conjunto de hechos, de parábolas y de milagros común a los tres evangelios sinópticos representa el contenido de la tradición catequística que, anteriormente a ellos, se transmitía en todas las iglesias.

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Biografía de Jesucristo
Resumen Vida de Jesús de Nazaret

A comienzos de nuestra era, en la lejana Palestina, el pueblo escucha con admiración el mensaje de un predicador que habla del amor divino y que posee poderes milagrosos para curar a los enfermos.

Sus enseñanzas serán la base de una nueva religión que se difundirá por todo el mundo a lo largo de los siglos.

La predicación de Jesucriso en Palestina fue el punto de partida de una nueva religión, el cristianismo, que, frente a la obediencia estricta a la ley mosaica, presentaba una vida religiosa basada en el amor a Dios y al prójimo.

Jesús había nacido en una modesta aldea de Nazaret.

Vivió en Palestina, un pequeño estado oriental dominado por el imperio romano, durante el reinado de Herodes.

En su juventud aprendió el oficio de su padre carpintero y acudió con frecuencia a la sinagoga para leer los textos sagrados del Antiguo Testamento.

Pero un día lo dejó todo para seguir a Juan el Bautista, un miembro de la secta de los ese-nios, que le dio el bautismo a orillas del río Jordán.

El Bautista había enardecido a Palestina con sus palabras, que anunciaban la llegada de un enviado de Dios para salvar al pueblo judío.

Cuando Jesús se presentó ante él, Juan lo reconoció como el Mesías y le confió sus discípulos.

BIOGRAFIA E HISTORIA DE SU VIDA

EL NACIMIENTO DE JESUS DE NAZARET: En la oscura ciudad de Belén, en la desolada provincia de Judea, durante el gran Imperio romano, un niño nació hacia el año 4 a. C. Su madre era una joven llamada María, prometida con José.

Aunque el linaje del niño se remonta hasta David y Abraham en el primer capítulo del Evangelio según san Mateo, nadie hubiera sospechado que este niño era el Mesías prometido, el Rey de reyes y el Señor de señores.

Su vida, muerte y resurrección constituyen los acontecimientos centrales de la historia del cristianismo.

► LA INFANCIA DE JESÚS:

Sabemos muy poco de la madre del niño, tan sólo que era una joven virgen que había concebido por obra del Espíritu Santo.

Todavía menos sabemos del padre «adoptivo» de Jesús, José, excepto que era carpintero y un hombre de gran integridad moral.

Cuando José descubrió que María estaba embarazada antes de celebrar su matrimonio, decidió romper el compromiso discretamente.

En un sueño, un ángel le avisó de que el niño era de Dios, por lo que debía seguir adelante con el matrimonio.

Cuando Jesús contaba con dos años, aproximadamente, a José se le apareció de nuevo un ángel para advertirle de la exterminación de todos los niños de Belén menores de dos años que Herodes iba a llevar a cabo.

José y su familia escaparon a Egipto.

Después de la muerte de Heredes, el ángel informó a José de que podían volver, y la familia se instaló en la ciudad galilea de Nazaret.

Los Evangelios proporcionan muy poca información sobre la infancia y la juventud de Jesús.

El Evangelio según san Lucas cuenta que un hombre honrado llamado Simeón y una profetisa llamada Ana lo reconocieron como el Mesías.

En el mismo capítulo leemos que Jesús crecía «lleno de sabiduría» (Lucas, 2, 40) y que, cuando tenía 12 años, los doctores religiosos de Jerusalén «quedaron pasmados de su sabiduría y de sus respuestas» (Lucas, 2, 47) cuando Jesús se encontró con ellos durante una fiesta de Pascua.

biografia de jesucristo

• Jesús de Nazareth, un humilde hombre…¿Revolucionario, fanático religioso o Mesías?

Cada uno de estos términos han sido aplicados a través de los siglos a Jesús de Nazareth.

Un hombre que, en el breve plazo de 3 años —algunos entendidos lo hacen más corto—, creó un alboroto religioso que le costó su vida y hasta cambió la historia.

Ninguna información fidedigna sobre su infancia, adolescencia o temprana madurez puede encontrarse, a pesar que el año 4 d.C. es considerado la fecha de su nacimiento.

Hasta esto es confuso debido a que el calendario sufrió más tarde una adaptación.

Jesús no escribió nada durante su vida que haya perdurado, y estamos forzados a confiar sólo en los Evangelios de San Mateo, San Lucas y San Juan, todos escritos algunos años después, cuando la conmoción se había calmado, entre los años 65 y 125 d.C.

Estos, desafortunadamente, no pueden ser considerados estrictamente biográficos en su contenido, ya que su mensaje se convirtió en más importante que el hombre para los escritores.

Y hay alguna evidencia de que ellos tomaron el ejemplo de su maestro, quien, en un pasaje del Evangelio de Marcos, les aconseja ceno contar nada sobre mí».

Lo que permite suponer que Jesús estaba más interesado en crear una imagen espiritual que física.

►Bautismo y Ayuno de Jesus

Como muchos otros judíos, él cayó bajo la influencia de Juan Bautista, un asceta de mirada penetrante que recorrió las tierras de Galilea y las riberas del río Jordán, predicando el próximo Juicio Final y la necesidad de arrepentirse antes de que ese día llegara.

En el año 28 d.C., Jesús dejó la tranquila vida de Nazareth y se encontró con las multitudes que se habían reunido en el Jordán para ver a Juan.

Allí recibió de él el bautismo y cuando salió del agua, vivió una experiencia religiosa profunda en la que escuchó la voz de Dios proclamándolo Su Hijo (Marcos 1:9-11).

Luego pasó 40 días y 40 noches recorriendo y ayunando en el desierto y durante este tiempo fue gravemente tentado por Satán, pero resistió (Lucas 4:1-13).

Cuando regresó de esta prueba, comenzó a enseñar con fervor.

Con el tiempo, Juan Bautista se enredó con las autoridades, es decir, con el rey Heredes, y fue hecho prisionero y asesinado.

Jesús quedó solo; donde Juan había predicado un futuro de fuego y azufre, él tomó una línea más blanda poniendo de relieve la dulzura, la gracia y la misericordia de Dios. Una o dos veces en su vida, pareció aceptar el infierno eterno para los no creyentes, pero estos ejemplos son raros.

► Jesus Predica y Hace Milagros

Llevó sus enseñanzas desde el desierto a las sinagogas y a las calles de la ciudad.

Tenía un magnetismo que atraía a la gente y enseñaba por medio de parábolas simples historias en cuya interpretación era casi imposible equivocarse.

Jesús se diferenció de Juan Bautista en otra cosa.

Mientras el segundo vivía como un asceta, subsistiendo gracias a langostas secas y miel y vistiendo pieles de animales, Jesús era gregario y fácilmente se contactó con grupos de todos los niveles sociales.

En efecto, su primer milagro lo realizó en una boda donde los huéspedes habían acabado el vino. Jesús dijo: «Llenen las tinajas de agua».

Y cuando el agua fue probada, la gente se sorprendió al descubrir que era vino.

No estaba en contra de relacionarse con hombres ricos en los banquetes ni desdeñaba la compañía de taberneros y pecadores, pero estaba más que nada dedicado a los pobres y los humildes, y basó sus principios en ellos.

El pueblo se reunía en torno a él. Su mensaje era simple; su modo de expresarse, directo.

Se convirtió rápidamente en un elemento predicador en la sociedad. Claro que debe entenderse que la atmósfera de Jerusalén era propicia.

Los judíos estaban preparados para cierta «llegada», pero no estaban preparados para recibir a Jesús. Los romanos, que a la sazón constituían el gobierno de ocupación, estaban intranquilos por la inestabilidad creciente del pueblo.

A pesar de que los invasores romanos no estaban considerados como opresores, se daba la oposición de dos sistemas ampliamente diferentes.

Para ellos el Estado era lo primero que consideraban; mientras, para los judíos, Dios y los aspectos espirituales de la vida eran más importantes.

Además, los judíos estaban fragmentados en grupos seculares de diferentes grados de ortodoxia.

En conclusión, la escena era caótica.

Primeramente Jesús fue visto más como un Mesías político que espiritual.

La multitud lo aclamaba como el Rey de Israel, que había sido enviado para derrocar a los romanos y llevar a la cumbre a Judea.

Esta opinión cambió, sin embargo, cuando comenzó a atacar algunas leyes judías y violentamente a los fariseos, que eran sus defensores.

Luego se convencieron aún más de que él era, en verdad, el Mesías, y cuando abiertamente lo proclamó, su suerte ya estaba echada.

La aprensión de sus adversarios creció porque su reputación se difundió gracias a los milagros y curas que realizaba.

Una cosa fue tornar el agua en vino, pero algo más fue resucitar a Lázaro.

Rápidamente se hizo evidente tanto para los romanos como para el Sanhedrín, el más alto consejo eclesiástico judío, que debían llegar a un acuerdo con este hombre.

«Si le permitimos seguir de este modo, todos creerán en él y los romanos vendrán y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación» (Juan 11: 48). Y el sumo sacerdote continúa:«Ustedes no conocen nada. No entienden que es conveniente que un hombre muera por el pueblo, y que toda la nación no se eche a perder» (Juan 11: 49-5 3).

Desde esta época, el Sanhedrín trabajó para acabar con él de una manera legal.

En febrero del año 30 d.C., se dio a conocer el aviso de que quien conociera su paradero debería notificarlo a las autoridades para poderlo aprehender.

Pero él decidió que el período de Pascua sería el más apropiado para el final que le estaba reservado y permaneció retirado. Una semana antes de esta fecha inició su retorno a Jerusalén y en este camino dirigió su marcha a la cima del Monte de los Olivos.

Se encontró con una multitud de peregrinos que lo escoltaron en una solemne procesión, esperando que interviniera a su favor en política.

► Jesús Es Traicionado y Crucificado

Cuando llegó a la ciudad, pasó varios días predicando y curando personas en el templo, pero no fue arrestado inmediatamente porque las autoridades querían evitar un incidente mayor.

En lugar de esto, urdieron una forma de aprehenderlo silenciosamente. Fue en este momento que Judas Iscariote ofreció sus servicios por 30 monedas de plata.

Jesús y sus discípulos se reunieron para celebrar la cena de Pascua, en la casa de un amigo en Jerusalén.

Estaba enterado que uno de los discípulos presentes lo había traicionado y abiertamente acusó a Judas durante el transcurso de la noche.

Estaba aparentemente conforme con lo que él sabía que debía ocurrir, pero ansioso porque pasara de acuerdo a lo que pensaba.

Cuando la cena terminó, Él y sus seguidores salieron de la ciudad hacia el Huerto de Getsemaní, donde se escondieron para evitar que lo arrestaran en forma inmediata.

Pero un destacamento de soldados del templo lo encontró; y cuando Judas, besándole una mejilla, lo identificó, fue arrestado y llevado nuevamente a la ciudad para su juicio.

Estaba todavía oscuro cuando se presentó ante Caifas. Los judíos estaban tan ansiosos de iniciar el juicio que ya habían escuchado declaraciones contra Jesús.

Cuando Caifas le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?».

Se dice que Jesús dijo: «Sí, lo soy». Esto fue justo lo que necesitaban. Se reunieron nuevamente en la mañana y pronunciaron un veredicto que lo encontraba culpable de blasfemia, en aquel momento un delito capital.

Sin embargo, había un problema.

El pronunciamiento de una sentencia de este tipo no era privativo de la autoridad del Sanhedrín desde que el procurador romano, Poncio Pilatos, era la máxima autoridad en la ciudad.

Este hombre tenía fama de ser duro, pero no estaba convencido de que lo hecho por Jesús justificara tan severa sentencia, y tampoco estaba preocupado de que ésta se cumpliera.

No obstante, el Sanhedrín lo presionó políticamente y finalmente devolvió el reo a sus perseguidores diciendo: «No encuentro en él ninguna falta”».

► JESÚS MUERE EN LA CRUZ:

Los Evangelios nos ofrecen las últimas palabras de Jesús, conocidas como las «siete palabras finales».

Pidió a Dios que perdonase a sus torturadores (Lucas, 23, 34); consoló al ladrón penitente que se encontraba crucificado a su lado (Lucas, 23, 43); pidió a Juan que cuidase le su madre (Juan, 19, 26-27); clamó a Dios (Mateo, 27, 46; Marcos, 15, 34); expresó su sufrimiento físico Juan, 19, 28); declaró finalizada su misión (Juan, 19, 30) y, finalmente, se encomendó a Dios (Lucas, 23,46).

Tras su muerte, la oscuridad inundó la tierra y un terremoto partió la cortina del Templo, separando el Lugar Sagrado del Sagrado de Sagrados (la sala externa y el santuario interno).

Muchos de los que habían dudado y se habían burlado de Jesús comenzaron a decir que podría tratarse del Hijo de Dios.

No obstante, los líderes religiosos esperaban dar por terminada la historia de Jesús, para lo cual pusieron guardias junto a su sepulcro.

Así pretendían evitar que alguien robase el cuerpo y afirmase que Jesús había resucitado. A pesar de esta medida, sus discípulos afirmaron al tercer día de su muerte que Jesús ya no estaba en su tumba.

►»AL TERCER DÍA RESUCITARÉ»:

Los testigos de la Resurrección se contaban por centenares. Después de tres días en la tumba, Jesús se apareció a María Magdalena, a Pedro, a dos discípulos que se dirigían a Emaús, a quinientas personas en una montaña de Galilea, a los once apóstoles que quedaban (Judas se colgó después de traicionar a Jesús), y a otras personas en diferentes ocasiones antes de su ascensión a los cielos.

La veracidad de estos hechos es objeto de debate entre estudiosos de todos los puntos del espectro teológico.

Lo que resulta innegable es que todas estas personas creían que lo que habían visto no era un espíritu o alguien que hubiese resucitado en la tumba, sino al verdadero Señor resucitado.

En un principio, incluso los discípulos se mostraban escépticos.

Sin embargo, si no hubiesen creído realmente lo que habían visto con sus ojos, escuchado con sus oídos y tocado con sus manos, no habrían arriesgado sus vidas para propagar el mensaje evangélico, sobre todo entre sus hostiles contemporáneos, que podían discutir sus palabras.

La orden para la evangelización, conocida como «Gran Misión», la recibieron los discípulos de Jesús inmediatamente antes de su ascensión: «Id, pues, adoctrinad a todos los pueblos, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y enseñadles a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré continuamente con vosotros hasta la consumación de los siglos» (Mateo, 28, 18b-20).

Armado con esta exhortación, el fortalecido grupo se puso en marcha para convertirse en testigo de todo lo que sus componentes habían visto y oído.

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