Vida de Oscar Wilde

Biografia de Miguel de Unamuno Escritor Obra Literaria y Pensamiento

Biografía de Miguel de Unamuno
Escritor y Filosofo – Obra Literaria y Su Pensamiento

Biografia de Miguel de Unamuno Obra Literaria: escritor y pensador español (Bilbao 1864 -Salamanca 1936). Tras realizar los estudios secundarios en su ciudad natal, estudió en Madrid filosofía y letras, doctorándose con una tesis sobre el origen y la prehistoria de la raza vasca.

Viajó en 1889 por Francia e Italia y empezó a publicar sus primeros escritos. Se casó en 1891 y obtuvo la cátedra de griego de la Universidad de Salamanca.

En esta época se afilió al Partido Socialista y colaboró en la prensa socialista. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Miguel de Unamuno es el escritor más personal y vigoroso de la generación del 98, en la que se le acostumbra a incluir por su honda preocupación por lo español; pero tanto por su estilo como por su pensamiento es un autor completamente aparte e independiente.

Miguel de Unamuno

Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria

BIOGRAFIA:

Nació en Bilbao el 24 de septiembre de 1864. Su madre quedó viuda cuando el pequeño Miguel tenía solamente seis años. Debido en parte al ambiente familiar, una fuerte obsesión por lo religioso le dominó durante toda su vida.

«Fue mi niñez la de un niño endeble (aunque nunca enfermo), taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres, con cierto tinte cuáquero.

Fui un chico devoto en el más alto grado… Pero, a la vez me daba por leer libros de controversia y apología religiosa y por querer racionalizar mi fe heredada e impuesta.»

También desde su infancia le devoraba el ansia por saberlo todo. Su ardor por la lectura no le abandonó jamás.

En 1880 empieza la carrera de Filosofía y Letras en Madrid.

Sigue profundamente preocupado por los problemas religiosos y por el intento de racionalizar su fe, de tal manera que, a fuerza de interrogarse, de plantearse problemas, de querer explicarse todas sus creencias, Unamuno vio volatilizársele dicha fe y se dedicó entonces al estudio intenso de la filosofía.

En 1884 vuelve a Bilbao, con la preocupación de obtener una cátedra universitaria para poder fundar un hogar, ya que tenía novia desde los catorce años.

Preparó oposiciones a una cátedra de psicología, lógica y ética y después a otra de metafísica.

A pesar de haber realizado brillantemente los ejercicios, fracasó a causa de la independencia de sus juicios, que alarmaron a los miembros del tribunal.

Intentó luego conseguir una cátedra de latín, pero tampoco tuvo éxito.

Acabó obteniendo la cátedra de griego de la universidad de Salamanca ante un tribunal presidido por su maestro Menéndez Pelayo.

Pudo entonces Unamuno casarse con Concepción Lizárraga, con la que tuvo nueve hijos. En 1897, tras la muerte de uno de sus hijos, experimentó una crisis que le acercó a la religión.

Se instaló en Salamanca en 1891, al ser nombrado catedrático de griego, y aunque vasco de nacimiento, se convirtió en un enamorado de Castilla y, especialmente, de Salamanca.

Fue elegido en el año 1900 rector de la universidad. Por razones políticas dimitió en 1914, aunque siguió como vicerrector hasta 1924, fecha en que fue desterrado  a Canarias por su oposición a la dictadura de Primo de Rivera.

Huyó de allí en un barco fletado por intelectuales franceses y estuvo exiliado en París y en Hendaya hasta 1930.

Regresó a España en 1930 y en 1934 fue reelegido rector a perpetuidad, ejerciendo el cargo hasta su muerte, acaecida repentinamente el día 31 de diciembre de 1936, mientras conversaba con su amigo Bartolomé Aragón Gómez. «Me encuentro mejor que nunca», acababa de decir Unamuno, cuando su interlocutor le dijo: «La verdad es que a veces pienso si no habrá vuelto Dios la espalda a España, disponiendo de sus mejores hijos.»

Entonces Unamuno, descargando un recio puñetazo sobre la mesa exclamó: «¡Cómo puede ser, Aragón, Dios no puede volver la espalda a España!»

Apenas pronunció estas palabras, Miguel de Unamuno murió súbitamente.

Es el mismo Aragón quien relata estos últimos momentos de la vida del gran escritor español.

Diputado en las Cortes constituyentes, fue nombrado presidente del Consejo de Instrucción Pública, pero pronto le decepcionó la política de la República.

Al estallar la rebelión militar de julio de 1936, que supuso el desencadenamiento de la guerra civil, Unamuno manifestó su apoyo a los sublevados, pero poco después, tras un violento enfrentamiento verbal con un militar, Millán Astray, retiró dicho apoyo.

UNAMUNO Y SU OBRA LITERARIA:

Las novelas de Unamuno son una proyección literaria de sus problemas personales.Autor de novelas —Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), La tía Lula (1921), San Manuel Bueno, mártir (1933)—, poemas —El Cristo de Velázquez (1920), Romancero del destierro (1928), Cancionero (1953)— y dramas, las etapas de formación de la filosofía vitalista de Unamuno se reflejan en sus tres principales ensayos filosóficos: Vida de Don Quijote y Sancho, según Miguel de Cervantes Saavedra, explicada y comentada (1905); Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912-1913) y La agonía del cristianismo (1925).

La primera de estas obras es una exaltación de Don Quijote, loco y trascendido de este mundo real, de su familia y de su fe.

En la figura de Don Quijote ve Unamuno el ejemplo de una vida digna de vivirse, en la que el ideal levanta al hombre por encima de la realidad muchas veces miserable.

La segunda obra, Del sentimiento trágico de la vida, es la de mayor profundidad metafísica. Se centra en la teoría de la inmortalidad como trágico encuentro entre la fe y la razón.

Refleja con toda profundidad el problema que durante toda la vida angustió a Unamuno y que no pudo resolver: el de entender y poder defender racionalmente su fe.

La agonía del cristianismo fue escrita en Francia y publicada en francés en 1925. Seis años después, en 1931, se publicó en español.

Es una versión nueva y más floja de la obra anterior.

En ella su autor considera la duda religiosa como torturante, «agónica», como centro de la verdadera y genuina vida del cristiano.

De un modo general podemos afirmar que la filosofía de Unamuno se halla a mitad del camino entre la filosofía de la vida y el existencialismo.

Su estilo, inconfundible, es apasionado y tumultuoso, poco amigo del adorno; el léxico y la expresividad de Unamuno son recios y populares unas veces, sabios y cultos otras.

Su alma, angustiada por la idea de Dios, apela constantemente a la espiritualidad del lector.

Filólogo y amante apasionado de la lengua española, analiza las palabras, averigua su etimología y saca de ella conclusiones ideológicas.

Es, por otra parte, de los pocos españoles cultos de su tiempo que tiene interés por los renacimientos literarios catalán y gallego y que amplía su horizonte de lector a la América española, y por tanto a todo el ámbito del idioma.

La rectitud moral y la intransigencia ética de este representante de la generación del 98, vasco como Baroja, hicieron de él una importante figura intelectual de la vida pública en España.

Su insobornable libertad de criterio le llevó a ejercer la crítica sobre los asuntos políticos (lo que, como ya se ha señalado, le valió un destierro).

Unamuno es un polemista apasionado, tanto contra sí mismo en los textos en que expresa su atormentada conciencia como contra las circunstancias externas (Contra esto y aquello).

Su labor educativa fue enorme, pues sacudió las conciencias dormidas de muchos españoles.

Su espiritualidad está dominada por paradojas y contradicciones sobre la entidad divina (Del sentimiento trágico de la vida).

Entre sus preocupaciones más constantes está la de España: el paisaje, la visión simbólica del ámbito peninsular, la fusión de ideas religiosas y patrióticas, el pasado histórico, etc.

Miguel de Unamuno cultivó todos los géneros literarios (ensayo, novela, drama, poesía), y en todos expresó sus preocupaciones filosóficas, religiosas y patrióticas.

Su poesía es, en una época de primor formal y esteticismo modernista, de una brusquedad poco lírica, si bien trasluce vividamente sus problemas anímicos.

Unamuno Miguel sentado

El pensamiento de Unamuno nos coloca ante un tipo de pragmatismo distinto de aquel que juzga y critica las creencias a la luz de sus consecuencias prácticas.

Se trata de un pragmatismo que no tiene nada que ver con el pragmatismo americano que sólo considera verdadero lo que es útil o práctico, cuyo criterio de verdad es la utilidad.

Se trata aquí de un pragmatismo mucho más subjetivo, que pone todo el énfasis en la voluntad de creer y que no distingue demasiado entre sueño y realidad.

Y en este ambiente la filosofía no puede ser una búsqueda intelectual y desinteresada de la verdad objetiva, sino, en último término, la expresión de los sentimientos y de los anhelos vitales de los individuos que filosofan; son unos hombres concretos, de carne y hueso, que no pueden dejar de filosofar, «no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo».

La filosofía está fuertemente enraizada en la vida.

Para Unamuno la vida tiene un carácter trágico, porque la razón no puede confirmar las creencias del corazón e incluso puede contradecirlas.

Ahora bien, si abandonamos tales creencias, por irracionales o poco fundadas, la vida se nos hace insoportable.

Por otra parte, se trata de creencias basadas en la totalidad de la vida, que es más amplia que la razón.

Tenemos que seguir, pues, manteniendo estas creencias e intentar vivir según ellas, por más irracionales e incluso antirracionalés que nos parezcan.

«Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera son verdades.»

De aquí que para Unamuno la fe sea «quijotesca», queriendo significar con ello que la fe, lejos de estar apoyada por la razón, se levanta frente a ella.

Ocupa un lugar central dentro de esta concepción de la fe la creencia del individuo en su propia inmortalidad.

La razón duda constantemente de ello, pero dicha creencia se afirma en la acción: hemos de vivir de tal modo que merezcamos la inmortalidad, y si luego resulta que no hay tal inmortalidad, que somos aniquilados, habrá quedado demostrado, al menos, que el universo es injusto.

La fe se sostiene, pues, en la lucha y en el dolor. «El dolor es la sustancia de la vida y la raíz de la personalidad, pues sólo sufriendo se es persona.».

A través del sufrimiento, la fe individualista en la inmortalidad se convierte en una actitud de simpatía y de amor hacia todo io que vive, y que trata de sobrevivir y, de este modo, llega hasta Dios, que es la vida o conciencia universal que sufre en cada individuo y con él.

Unamuno trata de convencerse a sí mismo de que el universo posee una conciencia; de que es una personalidad que nos rodea, que vive, que padece, que ama y que pide ser amada.

La fe de Unamuno es, pues, una fe religiosa.

Su religión no es una religión de paz y de sumisión, sino de lucha y acción; una religión que persevera en medio de las dudas y las incertidumbres.

Y su Dios es también un Dios que lucha y padece, simbolizado, ante todo, en la figura de Cristo sufriente.

Él rechaza toda posibilidad de entendimiento de la fe y basa todo el acto de fe no en una luz que ilumina, sino en el conflicto, en la lucha entre razón y sentimiento.

El «creo porque es absurdo» de Tertuliano es el único fundamento posible de la fe. Por consiguiente, los ojos de la fe sólo se abren a las tinieblas de una paradoja insostenible.

Este aspecto de la fe de Unamuno se desarrolla sobre todo a partir del año 1900, que es cuando conoció la obra de Kierkegaard, y de tal modo se sintió atraído por este autor que incluso llegó a aprender danés para poder profundizar en su pensamiento.

De este modo, siguiendo a Unamuno, se puede afirmar que el vivir del individuo es un morir, desgarrado por las dos fuerzas. La fe es siempre una batalla contra la duda intelectual.

El corazón combate contra la inteligencia, pero la duda siempre es avivada de nuevo. Si cesara la lucha, cesaría la vida.

Desde un punto de vista filosófico sus escritos no constituyen, ni mucho menos, un cuerpo sistemático de doctrina, pero por el contrario, sus escritos producen la impresión de que las más audaces genialidades brotan de su pluma a impulsos de su incontenible vitalidad.

Sin embargo su sabiduría de la vida no puede menos que impresionar profundamente al lector.

Sus escritos sacan a la luz muchos problemas del ser personal. Pero Unamuno, como la mayoría de los filósofos personalistas, es quizá más «profeta» que filósofo.

LA PERSONALIDAD DE MIGUEL DE UNAMUNO:

Es una de las más vigorosas y originales personalidades de toda la historia literaria de España, y es «la figura cimera del pensamiento español contemporáneo» (M. de Maeztu).

Su voz fue como un grito de protesta que se alzó en todas las horas difíciles del país: contra el desastre nacional y la pérdida de la guerra de Cuba; contra el separatismo vasco pero también contra el dogmatismo centralista de Castilla; contra la excesiva reverencia de los clásicos, la erudición libresca y el injustificado aislamiento español, pero también contra la ignorancia y la europeización ciega; contra los bajos salarios de los obreros, pero también contra el trabajo imperfecto.

Su programa consistió en provocar una reacción y obligar a la búsqueda de la verdad: «Ese es mi mensaje: hay que provocar el descontento; hay que agitar los espíritus; hay que suscitar cuestiones, preguntas, dudas».

En suma, luchar contra todo y contra todos.

Fue visto por sus contemporáneos como un hombre extravagante, raro, paradójico, extraño y original, preocupado inor «no morirse nunca del todo, eternizarse».

Este afán de perduración, sería Una de las claves del pensamiento y la acción de  Unamuno (Julián Marías).

No escribía para divertir a sus lectores, ni para instruirlos o hacerlos sabios; ni siquiera para convencerlos.

Quería existir para ellos, volverse insustituible e inolvidable, perdurar en su memoria, y «hacer que todos vivan inquietos y anhelantes» (J. Marías).

Tuvo una insaciable sed de conocimientos, una inigualada voracidad intelectual: su preocupación fue honda y filosófica, y para satisfacerla, consagró todas las horas de su vida.

Ver: Hechos Importantes de Miguel de Unamuno

Fuente Consultada Para «Biografia de Miguel de Unamuno y Obra Literaria»
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Miguel de Unamuno  “las paradojas de la fe y la razón” – Editorial Planeta
La Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofia La Nación
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Lope de Vega Felix Resumen de Obra Literaria y Amores

Biografía de Lope de Vega – Obra Literaria –

Lope Félix de Vega Carpió nació en Madrid el 25 de noviembre del año 1562. Dramaturgo español y creador del teatro nacional, abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó “monstruo de la Naturaleza” con cierta envidia y desprecio aunque también reconoció que había logrado “el cetro de la monarquía teatral”.

La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia.

La Historia nos dice que sus padres fueron el bordador en oro Félix de Vega —hombre enamoriscado y poeta de cortos vuelos —y Francisca Hernández, pobre mujer hidalga, madraza de cinco hijos. Pero la poesía nos jura que Lope fue el hijo primogénito del matrimonio maravilloso del Destino y la Villa de Madrid, contraído a fines de 1561, con el padrinazgo del mejor rey de España, don Felipe II.

Lope estudió con los teatinos. Cuando acababa de cumplir los doce años se escapó a Segovia con un amigo, de donde le devolvieron a la Corte certificado con un corchete. Poco después entró al servicio del obispo de Avila, don Jerónimo Manrique… que residía en Madrid. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aun cuando su nombre no figura en los registros universitarios.

biografia feliz lope de vega

Se alistó en las armadas españolas que combatieron felizmente en las Islas Terceras e infelizmente en las costas de Inglaterra ; intrépido arcabucero, alma vibrante, en la llamada Armada Invencible utilizó como tacos de su arcabuz los manuscritos de sus poemas dedicados a Filis (Elena Osorio, cómica, hija de cómico y mujer de ídem).

Durante algunos meses vivió en Valencia, porque a la fuerza ahorcan, y él tenía prohibida, bajo penas severas, la vuelta a Madrid, en cuya cárcel de Corte había sido huésped durante algún tiempo.

Nombrado secretario de cartas de don Antonio Alvarez de Toledo, duque de Alba, con éste vivió en Toledo y en Alba de Tormes. 1596: le procesaron en Madrid por concubinato.

Habiéndose escapado de los curiales con ingenio y respingo, sirvió al marqués de Malpica —1596— y al conde de Lemos — 1598.

Entre 1599 y 1610 anduvo por Valencia, Toledoy Sevilla estrenando comedias, dirigiendo tertulias literarias, para instalarse definitivament en Madrid.

Desde este año, Lope fue el proveedor casi exclusivo de los dos teatros de Madrid: el del Príncipe y el de la Cruz, y de casi todos los que funcionaban en España. Se ordenó sacerdote en 1614.

Sirvió de alcahuete y secretario de cartas amorosas a don Luis Fernández de Córdoba y Aragón, duque de Sessa.

Disfrutó de varios oficios eclesiásticos. Urbano VI le nombró doctor en Teología y caballero de la Orden de San Juan.

Dirigió las famosísimas Justas Poéticas dedicadas a San Isidro, patrón de Madrid, con motivo de su beatificación — 1620— y de su canonización —1622—.

Formó parte de las Academias literarias El Parnaso y Selvage.

Ostentó el título honorífico de familiar del Santo Oficio. Angustiado por los problemas familiares y por los reconcomios del alma, murió el 27 de agosto de 1635 en su casita de la calle de los Francos.

Con los enumerados episodios de la inquieta y turbulentísima vida de Lope hay, y sobran, para nutrir varios libros

 Se casó dos veces: con doña Isabel de Urbina y Alderete — 1588—, hija de un rey de armas y regidor de Madrid, a quien raptó… prenupcialmente, y por cuyo delito dio con sus huesos en la cárcel de Corte y en el destierro valenciano.

En 1598 con doña Juana Guardo, hija de un rico abastecedor de carne y pescado, que le llevó en dote 22.382 reales y hembra «con más de flamenca que de menina».

Dieciséis años acababa de cumplir cuando se ayuntó con María de Aragón, chicuela coqueta y alegre, con quien Lope tuvo un hijo, a la que cantó en sus versos y prosas con el nombre de Marjisa.

A Elena Osorio, hija de un cómico y mujer de un ídem, la llamó Filis, vivía en el Avapiés y era una moza morena, desenvuelta, picante, «de ojos castaños picados de oro».

Pues los escándalos que dieron los amantes, y que ella, por consejo de sus padres, y tácito asentimiento de su marido, cayera en los brazos del rico imbécil don Juan Tomás Perrenot de Granvela, motivaron proceso escandaloso y escandalosa cárcel para el seductor chulito Lope.

En 1596, los alcaldes de Casa y Corte incoaron proceso contra Lope por vivir en concubinato con doña Antonia Trillo de Armenta, hija de un alférez de la Guardia Española en Lisboa, y viuda de un tal Puche, natural de Barcelona.

Entre los años 1599 y 1612, Lope tuvo una amante oficial — con la que braceaba por ciudades y coliseos —la cómica Micaela de Lujan, Camila Lucinda, mujer de un actor pésimo, hermosísima esta Micaela de Lujan, de ojos azules y pelo negro, blanca y fogosa, con la que Lope hubo siete hijos.

En 1614 andaba Lope en ayuntamientos alardeados con Jerónima de Burgos — Gerarda —, para quien él escribió su famosa comedia La dama boba, bellísima y culta comedianta, la cual tan «apegada estaba a Lope», que para ayudarle a «mejor vivir», en ratos que el amante no necesitaba su compañía, iba a hacérsela al duque de Sessa, y de la cual sacaba pingües frutos que compartía con el genial poeta.

Ya sacerdote, en 1616, el genio siente breve debilidad amorosa por Lucía de Salcedo, cómica que venía de Nápoles y que residió en Valencia.

En este año se inició la más sincera de las pasiones amorosas de aquel Monstruo de Naturaleza; en el ocaso de su vida se enamoró con vehemencia de mar enloquecido de doña Marta de Nevares Santoyo —Amarilis—, mujer de Rodrigo Hernández de Ayala, «hombre de negocios», en la que el ciego enamorado encontró todas las perfecciones.

Con cierta justificación, pues que según cuantos la conocieron doña Marta de Nevares — además de desgraciada por un marido torpe e inculto— era rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla, inteligente y muy culta, tañía y cantaba con incomparable destreza, danzaba hechiceramente y componía versos que a Lope parecíanle superiores a los de Safo griega, Valeria latina y Argentaría española.

Metió en su casa a doña Marta, y doña Marta sirvió de madre a los hijos que le vivían a Lope y, claro está, a la hijita que tuvo de Lope, Amarilis — ¡ ay, Dios, Dios, Dios ! — cegó repentinamente; enloqueció después y murió en 1632, dejando a Lope, además de una pena «más grande que el mundo» a la hijita de ambos, Antoñica Clara, nacida en Madrid en 1617.

¿Cuántos hijos se le conocen a Lope? De Marfisa tuvo uno, muerto pronto.

De su primera mujer, doña Isabel de Urbina, dos niñas: Antonia y Teodora, que sobrevivieron poco tiempo a su madre, muerta en 1595.

De Micaela de Lujan, siete, de los que llegaron a mayores Marcela y Lope Félix, díscolo y poeta, que se hizo militar y murió durante una expedición para pescar perlas en la isla Margarita, del mar Caribe.

De su segunda esposa, doña Juana Guardo, dos, Carlos Félix — encantadora criatura, delicia de su padre, muerto en flor, a los siete años — y Feliciana, cuyo nacimiento causó la muerte a su madre, única hija legítima que sobrevivió a Lope, y que casó con don Luis de Usátegui, oficial de la Secretaría del Consejo de Indias.

De su mayor amor, Marta de Nevares, una niña, Antoñica Clara, bellísima como su madre, raptada cuando sólo tenía diecisiete años por un galán de la corte, don Cristóbal Tenorio, antiguo servidor de Felipe IV.

Lope de Vega escribió más del triple que el autor que más haya escrito. Fijémonos en los grandes escritores modernos: Galdós, Balzac, Dickens, Dumas padre.

Los que no vivieron sino para escribir. Los que, como el último de los mentados, escribieron con varios colaboradores.

La producción ingente, asombrosa, de cualquiera de ellos, es… una cantidad sin importancia ante la suma inverosímil de las obras lopinas. ¿Mil ochocientas comedias? Pongamos menos, ya que Montalbán pudiera exagerar.

¿Mil quinientas? Pongamos menos, ya que el propio Lope pudiera pavonearse un tanto. ¿Mil doscientas? Seguramente más de mil.

Y muchos miles de poemas. Y novelas. Y poemas épicos extensísimos.

Y poemas burlescos. Y libros religiosos. Y acciones en prosa. Y libros de historia. Y libros ascéticos.

Entre quienes fueron sus contemporáneos el juicio de Cervantes es definitivo; porque nunca fueron buenos amigos Lope y él, y sí enemigos plenos en 1615, fecha de la que son los elogios cervantinos:

«Entró luego de Monstruo de Naturaleza el gran Lope de Vega, alzóse con la monarquía cómica; avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias propias, y felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas, que es una de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar u oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él solo».

Cuando Lope empezó a escribir para la escena luchaban en ella muchos ingenios movidos por diversas y aun contrarias tendencias. Unos estaban demasiado apegados a las reglas clásicas y al afán estéril de imitar los teatros griego y romano.

Otros anteponían los sentimientos morales de una esbozada tendencia nacional. Todos ellos pecaban de un lenguaje desaliñado, pretencioso y oscuro, o de una poesía vulgar sin sazón ni soltura.

casa de lope de vega

Estudio en la casa madrileña de Lope de Vega. — Entristecido y anciano sacerdote, en este estudio trabajaba el llamado por Cervantes «Monstruo de la Naturaleza», durante los últimos años de su vida, en compañía única de su idolatrada hija A ntoñica Clara, que le nació en Madrid, en 1617, de la mujer más adorada por él: aquella Marta de Nevares, la Amarilis de sus poemas suspirados, rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla y muy culta. Alta, rubia, ojimelosa, hechicera como su madre, Antoñica Clara, un día cualquiera de 1634, dio a su anciano y melancólico padre el último beso… antes de ser raptada por el audaz galán don Cristóbal Tenorio. Suponemos que no con gran disgusto de la raptada.

Lope acabó con todo esto, implantó el buen gusto en la elección de los temas. Perfeccionó el estilo dentro de una sencillez asombrosa. Exaltó la pasión por lo netamente nacional, tradicional o histórico. Ajustó el movimiento escénico. Avivó la invención sin violentarla ni exagerarla.

Repudió cuanto no era natural. Introdujo en la intriga la acción cómica. Dibujó con primorosa mano los caracteres femeninos. Dio una variedad asombrosa a la versificación. Lope se convirtió en todo el teatro español. Conviene repetirlo una y mil veces: sin Lope no tendríamos a «Tirso», ni a Calderón, ni a los demás; él es el padre augusto de todos.

El gran crítico y erudito alemán Schack asegura que no existe literatura alguna en el mundo que, como la española, deba todo su teatro a un solo autor: Lope de Vega. Y el crítico y erudito inglés, muy conocedor de nuestra literatura, Fitzmaurice Kelly, sentenció «que sería mucho más fácil que en la literatura universal aparecieran otro Cervantes, otro Shakespeare, que otro Lope de Vega».

Porque resulta realmente inverosímil, inconcebible, cómo pudo escribir Lope lo que escribió, que precisa una muy larga existencia dedicada exclusivamente a laborar en la soledad, mientras vivió como vivió… Porque, ¿cómo tuvo tiempo Lope ni para vivir su vida?.

El primer estupor que nos saca del alma Lope es éste: ¿cómo meter tanta acción y tanta pasión y tanta preocupación en setenta y tres años? ¿Cómo se las arregló para vivir años de mil y un días, y días de setenta y dos horas?.

Físicamente fue Lope lo que se dice «un buen mozo». Alto, enjuto de cuerpo, el rostro moreno y muy agraciado, la nariz larga, los ojos vivísimos y seductores. Y Montalbán, que tan amigo suyo fue, agrega: «Fue hombre de mucha salud, porque fue muy templado en los humores, muy suelto en los miembros, muy ágil en las fuerzas, muy proporcionado en las facciones y muy ligero de pies y manos. Era discreto en las conversaciones, modesto en las visitas, atento en los actos públicos, descuidado en los suyos propios, apacible con su familia, galante con las mujeres y cortesano con los hombres».

libro de lope de vega

Portada de «Los pastores de Belén», de Lope de Vega. 1612. — Primera impresión de obra tan grata y significativa. Su impresor, Juan de la Cuesta, el de la calle de Atocha con vuelta a la Costanilla de los Desamparados, e impresor de las dos partes del Quijote. Se encargó de vender esta edición del libro de Lope el más popular librero del Madrid de entonces: Antonio Pérez, amigo y admirador incondicional del «Monstruo de la Naturaleza» —proclamado tal por Cervantes— y padre del más fervoroso amigo, discípulo y biógrafo de Lope: Juan Pérez de Montalbán. Los pastores de Belén: prosas y versos divinos fueron dedicados por Lope a su hijito Carlos Félix. Su éxito fue considerable y fulminante. Y son rarísimos los ejemplares de esta edición príncipe… ¡a causa de la severa expurgación que hizo de este magnífico libro el celosísimo Tribunal del Santo Oficio!

Escritores coetáneos a él afirmaron que las mujeres salían a los balcones para bendecirle y que se llegó a crear un símbolo paradigmático para todo lo bueno de la vida: Esto es Lope. ¿Una fiesta suntuosa, sin posible descripción? ¡Esto es Lope! ¿Un nuevo suceso fausto para España? ¡Esto es Lope! ¿Un objeto de valor incalculable o de una impar belleza? ¡Esto es Lope! Sólo los seres excepcionales como Lope «no pueden estar en los medios».

Lope de Vega fue fuente inagotable de inspiración, no sólo para los dramaturgos nacionales, sino igualmente para los extranjeros. En su producción entraron «a saco» Boisrobert, Rotrou, Cellot, Montfleury, Corneille, Moliere, Le Sage, Shirley…

Entre las mejores obras escénicas de Lope figuran: La Estrella de Sevilla, Peribáñez, Fuenteovejuna, El caballero de Olmedo, El rey don Pedro en Madrid, El mejor alcalde, el rey, El anzuelo de Fenisa, Santiago el Verde, La dama boba, El perro del hortelano, El villano en su rincón, La bella malmaridada, La moza del cántaro, El castigo en la venganza, El remedio en la desdicha, Los milagros en él desprecio, Porfiar hasta morir…

Entre sus mejores obras poéticas están: Soliloquios, La Arcadia, La Dorotea, Pastores de Belén, Rimas sacras, La hermosura de Angélica, Rimas humanas y divinas, La Gatomaquia, El Isidro, La Dragontea, La Jerusálén conquistada, Corona trágica…

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar – Tomo I – Grandes Figuras de la Humanidad – Entrada: Lope de Vega – Editorial Cadyc

Biografia de Tolstoi Leon Resumen Obra Literaria del Escritor Ruso

Biografía de Tolstoi León – Su Obra Literaria

Novelista ruso (Yásnaia Poliana, Tula 1828 -Astápovo, Riazán 1910). De familia de hacendados, siguió la carrera de las armas y todavía joven public

Luego abandonó la milicia y se entregó a diversas tareas sociales, elaborando un nuevo programa educativo. Se casó y formó una familia de trece hijos. En un momento dado se refugió en la fe, y el resto de su vida se caracterizó por una religiosidad personal que le atrajo numerosos discípulos.

Guerra y paz, novela centrada en episodios recientes de la historia rusa, es una larga mirada a vuelo de pájaro sobre el conjunto de la vida humana a lo largo de veinticinco años y sobre el hormigueo de innumerables personajes.

En Guerra y paz, Tolstói evoca maravillosamente las vidas tanto de las personas como de las colectividades.

Es un fresco grandioso en que los personajes aman, odian, pelean, intrigan, se enriquecen, se casan, se divorcian, tienen hijos y buscan a tientas el sentido de la vida.

Ana Karénina es una obra muy compleja. Su tema central es el suicidio de una mujer joven que. a través del problema del adulterio, plantea el problema del mal.

En conjunto, por su modo de construir y tratar la novela, Tolstói es el más occidental de los grandes novelistas rusos y refleja con maestría sin par los ambientes campesinos o ciudadanos de Rusia.

leon tolstoi escritor ruso

BIOGRAFÍA: León (Liev) Nikoláievich Tolstói nació en la propiedad familiar de Yásnaia Poliana (en el gobierno de Tula, en la Rusia central, al sur de Moscú) el 9 de septiembre de 1828.

Era hijo de unos ricos terratenientes de condición aristocrática, el conde Nikolai Ilich y María Nikolaievna, princesa Volkonskaia.

Huérfano de padre en 1830. En 1844 ingresó en la facultad de Letras de la universidad de Kazan para estudiar lenguas orientales, y se inició en el árabe y el turco, al año siguiente pasó a la facultad de Derecho y por fin en 1847 dejó la universidad sin terminar ninguna carrera; regresó entonces a Yásnaia Poliana, que había formado parte de la dote de su madre fallecida en 1837, y que tras el reparto de la herencia fue a parar a sus manos.

Pero ese joven propietario que aún no ha cumplido los veinte años tiene ideas muy peculiares y completamente distintas de las de los demás terratenientes; muy influido por sus lecturas favoritas de esta época (la Biblia y, sobre todo, Jean-Jacques Rousseau), se lanza a una serie de intentos de reforma social con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus campesinos.

No obstante, Yásnaia Poliana, donde vivían unos trescientos cincuenta siervos varones, con sus familias, era un mundo demasiado complicado para su inexperiencia, que sólo se nutría de teorías, y sus generosas tentativas de altruismo fracasaron.

Sigue luego un período de desánimo y excitación que suele llamarse mundano.

En 1848 viaja a San Petersburgo y en 1851 se enrola en el ejército. Su primera experiencia militar es en el Cáucaso, donde comparte la existencia de los oficiales de artillería y empieza a redactar un escrito autobiográfico titulado Infancia.

Este librito, que apareció en 1852 en la revista El contemporáneo, es mucho más que un tanteo primerizo; se trata de una verdadera obra maestra, de evocación finísima y emocionada, que evidencia un arte muy seguro.

También en El contemporáneo iba a aparecer, de una parte Adolescencia (1854), que prolongaba los recuerdos de Infancia, y Los relatos de Sebastopol (1855-1856), donde la guerra aparece sin ningún relumbrón heroico, en toda su cruda realidad, registrada por un gran talento de observador.

Estamos ya ante el esbozo de las dos grandes vertientes que se fundirán en su obra maestra, Guerra y paz.

La guerra, descrita y analizada con un arte extraordinario que se funda en lo vivido y en una gran documentación, y la paz por antonomasia que Tolstói identifica con el ambiente idílico de su niñez.

La alta sociedad de San Petersburgo le adula, pero estos ambientes no le hacen feliz; sin embargo, sus tentativas de hacer la felicidad de los humildes que dependen de él tampoco tienen éxito: ofrece la libertad a sus siervos y éstos la rechazan recelando maniobras ocultas. Emprende luego su primer viaje al extranjero (1856-1857): visita Alemania, Francia, Suiza y el norte de Italia, y vuelve a su patria con mal sabor de boca, reprochando a Occidente su materialismo y su crueldad. Publica ahora en 1857 Juventud y Lucerna, y en 1858 Tres muertes.

Al año siguiente se lanza a una gran actividad pedagógica y funda una escuela en Yásnaia Poliana, en la que él mismo enseña a los hijos de sus campesinos. Le obsesiona la búsqueda de una especie de «cristianismo práctico», sin dogmas ni institución, que pueda proporcionar la felicidad en la tierra y contribuir a la hermandad y al progreso de los hombres. Publica Felicidad conyugal (1859), que tiene su origen en sus relaciones amorosas con Valeria Arsenieva, y en 1860 emprende su segundo viaje al extranjero.

El año 1862 es también el año de su boda; en el mes de septiembre, en una de las iglesias del Kremlin, contrae matrimonio con Sofía Andréievna Behrs —a la que él llamará siempre Sonia—, de dieciocho años, hija de un médico de Moscú. En junio del año siguiente nace su primer hijo, Sergei. Su unión matrimonial será borrascosa, pero a pesar de las diferencias que separan a los esposos, por estos años se inicia una época de relativo equilibrio que será de gran fecundidad literaria.

familia de tolstoi

Tolstói, mientras ve crecer su familia, se ocupa activamente de la agricultura y de la ganadería, mejora sus tierras, aumenta su propiedad con nuevas adquisiciones. Parece llevar una vida más estable y serena, y ello repercute en la calidad y la ambición de su obra narrativa.

Guerra y paz, escrito entre 1863 y 1868, publicada en la revista El mensajero ruso —de carácter conservador, porque Tolstói se había separado de los liberales de El contemporáneo— entre 1865 y 1868, y posteriormente en volumen en 1869, suele considerarse por los críticos más exigentes como una de las mejores novelas del siglo xix y una de las más importantes de toda la historia de la literatura.

En ella se describe un período crucial de la Rusia moderna, el que corresponde a las guerras napoleónicas (aproximadamente entre 1805 y 1812), con un nutridísimo repertorio de personajes cuyas vidas se entrecruzan produciendo una admirable sensación de realidad vivida y analizada hasta en sus últimos secretos.

Después de la cumbre de Guerra y paz, era casi inevitable que la obra de Tolstói, en cierto sentido, decayera. Aún va a escribir otra mole novelesca muy ambiciosa, Ana Karénina, en la que empezó a trabajar en 1873 y que publicó en El mensajero ruso entre 1875 y 1877. La obra acusa una manifiesta falta de unidad, ya que se compone de dos historias soldadas artificialmente, la de un matrimonio feliz (Levin y Kitty) y la de un hogar destruido por el adulterio de Ana, quien abandona a su marido y a su hijo para seguir a su amante, el conde Vronski.

Ana Karénina, a pesar de los reparos que se le puedan formular, es una gran novela que representa otros aspectos capitales de la gran personalidad tolstoyana. En Guerra y paz se debatían los problemas del destino del individuo dentro del torbellino de la historia, con una proyección hacia el pasado; Ana Karénina insiste sobre todo en los aspectos morales, sociales y sicológicos, dentro de un ámbito novelesco mucho más limitado, pero enfrentándose directamente con los conflictos de la vida contemporánea. En la primera novela resuena el fragor de las batallas napoleónicas; en la segunda, la imagen que conservará el lector en su memoria es la de ese tren, símbolo del progreso y de la nueva Rusia.

En 1882 la familia se traslada a Moscú por necesidades de la educación de los hijos, y Tolstói descubre entonces la miseria del proletariado urbano y la sordidez de las grandes aglomeraciones ciudadanas, reafirmándose en sus ideas del retorno a la vida natural.

Mas tarde  publica obras verdaderamente interesantes como La muerte de Iván llich (1886) y el poderoso drama El poder de las tinieblas (1886). No obstante, sus ideas obsesivas deforman su gran capacidad artística y una novela como La sonata a Kreutzer (1889), terrible alegato contra el matrimonio, cuenta mucho más como reflejo de sus tensiones interiores que como literatura.

En los últimos años del siglo XIX su fama y su influencia son inmensas, pero el gran artista de antaño ha sido sustituido por el teórico y el hombre de acción. Cuando a partir de 1891 se suceden en la Rusia central las malas cosechas y aparece el azote del hambre, participa directamente en la ayuda a los campesinos, publica artículos sobre este tema y escribe al zar. El reino de los Cielos está en nosotros (1891-1893) es un tratado moral y religioso de acuerdo con su peculiar doctrina, ¿Qué es el arte? (1897) combate todo género de artificios de carácter artístico y literario.

La fallida revolución rusa en 1905 significó para él una gran convulsión; Tolstói se había declarado repetidamente enemigo de la autocracia, el despotismo y las instituciones que consideraba de carácter represivo, pero está en total desacuerdo con la revolución y con la violencia de sus medios.

Estos acontecimientos y la represión que les siguió aislaron aún más al viejo profeta y a sus ideas de anarquismo social. En Yásnaia Poliana, rodeado de su numerosa familia y atormentado por incontables escrúpulos de conciencia, Tolstói se afanaba por ser literalmente fiel a sus convicciones: renunciaba a todos sus bienes, él mismo se hacía los zapatos y araba sus campos, adoptaba el régimen vegetariano, y ofrecía a sus frecuentes visitantes el extraño aspecto de un mujik descalzo y barbudo que clamaba contra el horror y el desvarío del mundo circundante.

La tragedia de su país, en sus dos vertientes que abominaba por igual, la represión policíaca y los asesinatos terroristas, le desazonaba, y sus desavenencias conyugales contribuían también a su desequilibrio.

El 10 de noviembre de 1910 huyó de Yásnaia Poliana rumbo a lo desconocido, como un nuevo Pierre en busca de un ideal inalcanzable. Tenía entonces ochenta y dos años. Como un viejo peregrino alucinado recorrió a pie una considerable distancia, hasta caer enfermo en una pequeña estación ferroviaria de Astapovo, en el gobierno de Riazán. Y allí murió de una neumonía.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Liev Tolstoi “El Titánde las Letras Rusas” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Kafka Franz Vida y Obra Literaria Resumen Cronologia

Biografia de Kafka Franz
Vida y Obra Literaria – Los Amores de Kafka

Franz Kafka nació en Praga, que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro, el 3 de julio de 1883, en una familia de clase media.Fue un novelista checo,  autor de breves nararciones. Es uno de los novelistas más singulares del siglo XX. Su obra está marcada por un desgarro interior alimentado por su confusa identidad: de origen judío, vivió en el hervidero nacionalista centroeuropeo y escribió en alemán.

Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y que, según él mismo, agobió su existencia. En Carta al padre, escrita en 1919, pero publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno.

A pesar de esta grave incompatibilidad, vivió con su familia la mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones.

En 1912 Kafka conoció a través de Max Brod (amigo de la infancia) a una berlinesa llamada Felice Bauer, mujer alta y no muy agraciada físicamente, pero segura de sí misma y tranquila. Kafka le pidió que se casara con él, pero no estaba seguro y hubo varias rupturas. La excusa que se ponía a sí mismo era: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra», pero el verdadero problema es que quizá no estaba enamorado de Felice y que todavía no había logrado romper sus barreras.

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Se prometieron dos veces, en 1914 y en 1917, después de que él escribiera El procesoque se ha leído como una metáfora de su relación– y saliera fortalecido. En ambas ocasiones él se echó atrás, aunque como hizo con Julie, usó como excusa el agravamiento de la tuberculosis que padecía.

Durante los seis años que duró la relación Franz envió a Felice más de quinientas cartas y postales. Esta difícil relación con Felice Bauer, puede ser analizada en Cartas a Felice (1967).

Se doctoró en Derecho en 1906 en Checoslovaquia, su país natal. Tras un año de práctica ocupó un cargo público hasta 1928, pero su verdadera vocación fue la literatura. Colaborador de la revista Hyperion (1907), en 1909 frecuentó el club Myádich, centro de doctrinas socialistas y revolucionarias.

Franz Kafka

En 1911 se interesó por el sionismo y la literatura judía. Su obra literaria presenta una doble vertiente realista y metafísica. Describe al hombre moderno inmerso en una realidad absurda, la que se ve reflejada en la problemática personal del autor. Su narrativa simbólica y plena de desasosiego escrita en alemán anticipó la opresión y la angustia del siglo XX.

Su estilo lúcido e irónico se manifiesta con una técnica que participa del expresionismo y del surrealismo. Sus obras han dado pie a numerosas interpretaciones.

Uno de sus primeros libros es Un médico rural, serie de relatos que recogen un universo angustiado, entre el sentimiento de la decadencia física y el peso de la obra que aún le queda por escribir. El castillo es ya una obra de plena madurez. En términos generales, a lo largo de toda su obra Kafka se entrega a una exploración de su universo interior. La metamorfosis, El proceso, La colonia penitenciaria, el Diario íntimo y la Correspondencia son sus mejores escritos. Dejó varias obras inacabadas.

En cuanto a la técnica narrativa, en la obra de Kafka el narrador se confunde estrechamente con su criatura, esto es, prácticamente desaparece. El novelista no domina el mundo que describe, sino que lo padece; esto explica la ausencia de una dimensión moral o política en su obra.

En su testamento expresó la voluntad de que fueran destruidas, pero su amigo Max Brod las hizo publicar: La metamorfosis (1915), Cartas a mi padre (1919), En la colonia penitenciaria (1919), El proceso (1925), entre otras.

«Trataba de dormir a la tarde y escribir a la noche. La falta de sueño y el ruido lo alteraban de manera especial. Escribía de corrido, raramente corregía. Escribió La metamorfosis en quince días; La condena está escrita en una noche. Algo parecido a Mozart pero en lenguaje literario. De no morir tan joven, hubiera podido dar una cantidad torrencial de literatura porque -teniendo en cuenta que trabajaba ocho horas diarias para una compañía de seguros—, prácticamente en doce años ha dejado un legado tan importante. En doce años Kafka escribió todo lo que nosotros tenemos.» Jordi Llovet, editor español.

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Kafka es autor de tres grandes novelas (El proceso, El castillo y América), diarios y correspondencia. El proceso apareció por vez primera en Munich, al año siguiente de la muerte de su autor. Una versión dramática de Gide y Barrault fue representada con éxito en París, en 1947. Esta versión tuvo la virtud de llamar la atención de los existencialistas (Camus, especialmente, quien escribió un interesante ensayo sobre la esperanza y lo absurdo en la obra de nuestro autor, luego recogido en El mito de Sísifo).

Esta extraña historia trata de un inocente empleado de banco que es detenido la mañana de su cumpleaños, acusado de algo desconocido. Para sus interrogatorios es citado en domingo, a fin de que no interrumpa su trabajo. Advierte desde su primera comparecencia la imposibilidad de convencer de su inocencia al funcionario judicial: no hace más que provocar grandes risas de los que le escuchan. Jamás logra ver al juez.

Las sesiones del juzgado se celebran en casa de un carpintero. Un día sin sesión le son mostrados por una mujer los supuestos libros de la Ley, que no resultan sino novelas con grabados deshonestos. Los archivos del juzgado están en un granero… Jamás logra ver una acusación escrita de su delito. Pero el proceso sigue inexorablemente. Todo procesado necesita muchos abogados con el objeto de retrasar o activar el proceso. Por medio de su sobrino se pone en contacto con un abogado influyente. El pintor Signorelli, ante quien posa el juez, se niega a ayudarle.

El protagonista —cuyo nombre es K.— va perdiendo capacidad de resistencia física y psíquica. De ahí que no se defienda contra su sentencia de muerte, sobrevenida al año de su primera detención. En el último capítulo de la novela, dos caballeros de levita y sombrero de copa se presentan al anochecer en su casa y lo conducen a las afueras de la ciudad, lo desnudan, hacen que se siente en el suelo, lo cambian muchas y fatigadas veces de postura, le apoyan la cabeza en una piedra y se cambian extrañas cortesías con un cuchillo. .. K. ve asomarse un hombre a una ventana y cómo le adelanta los brazos. K. levanta los suyos, pide justicia, y mientras el cuchillo se hunde en su espalda, dice: «¡ Como un perro!»

El castillo aparece asimismo en Munich, en 1926. Su carácter simbólico es igualmente patente desde las primeras páginas. Se trata de un agrimensor, que llega a un pueblo. El pueblo está presidido y regido por un castillo, algo distante. Pero al agrimensor le es imposible, desde el primer momento, ejercer sus funciones de agrimensor, para las que se le había llamado, porque realmente no hacía falta, y llega al castillo para ver en él a un misterioso funcionario, Klamm.

El único contacto posible con el castillo y su complicada administración es el mantenido a través de Barnabas, el mensajero. Sus primeros intentos por establecer contacto telefónico con el castillo son rechazados con zumbidos, con el silencio o con el rotundo «No» de un funcionario, al otro lado del hilo. Únicamente le es posible llegar hasta un mesón, próximo al castillo, donde enamora y posee a Frieda, amante de Klamm, quien le muestra a éste durmiendo, sentado a su mesa de trabajo, en la habitación contigua, por un agujero de la pared. Con Frieda regresa al pueblo, se instala en una habitación de la escuela y son siempre interrumpidos por la presencia sonriente y misteriosa de los dos ayudantes del agrimensor.

Frieda, que significaba un intento de aproximación al mundo del castillo, se vuelve un día inesperadamente al mismo, pretextando que el agrimensor frecuenta demasiado el trato con una hermana del mensajero, Olga. Una noche es citado para comparecer ante uno de los secretarios del castillo, quienes recibían e interrogaban a los aldeanos por la noche y en cama, a fin de no perder tiempo.

Pero el agrimensor se equivoca de puerta y habla con otro secretario, Bürgel, quien le promete ayuda. Su situación no ha variado sustancialmente desde el día de su llegada. Desconoce incluso con quién ha hablado, pues los secretarios suelen cambiar de aspecto, lo que hace imposible su reconocimiento. Al final de la obra, el misterioso castillo le resulta tan inalcanzable como al principio, e igualmente incomprensible el motivo de su llamada.

América apareció en Munich, en 1927. Es la novela de más alegre atmósfera. Fue comenzada en 1912, con el título Der Verschollene (El desaparecido).

Narra la vida de Karl Rossmann, muchacho que es enviado por su familia a América por haber violado a una muchacha que trae al mundo un niño. Antes de llegar a Nueva York, el fogonero del barco se lamenta del injusto trato de que es objeto por parte del maquinista.

Con ánimo de defender sus derechos, Karl se presenta en el camarote del capitán, y allí se da a conocer un señor, presente casualmente, como el tío americano de Karl, puesto al corriente por la familia de éste del motivo de su viaje. Karl y su tío desembarcan, abandonando al fogonero a su suerte. En una lujosa casa, aislado del mundo, Karl es sometido a una intensa preparación lingüística bajo la vigilancia del tío americano.

Unos compañeros de negocios de su tío le invitan a pasar un día en su casa de campo, cerca de Nueva York. La hija del dueño le conduce a su habitación, y allí luchan, perdiendo Karl. Decide volver a casa. Pero un desconocido lo retiene hasta medianoche.

Entonces le entrega una carta del tío, por la que éste, contrariado por haberle abandonado sin su consentimiento, le ruega que se abstenga de volver. En la calle se une a dos picaros, que le ayudan a buscar trabajo. Karl los abandona al poco tiempo por haber encontrado violentada su maleta. Consigue una colocación de ascensorista en un hotel.

A los pocos días, el gerente encuentra pretexto para despedirle por un momentáneo abandono del servicio. Evita una paliza del portero, huyendo, pero la precipitación le impide recoger una chaqueta en la que guardaba dinero y documentación. El anuncio de un teatro de Oklahoma, donde prometen ocupación a toda clase de hombres, le hace emprender el viaje. Y aquí acaba esta incompleta novela.

FRANZ KAFKA Y LAS MUJERES:

Kafka tenía un elevado concepto del matrimonio: admiraba la familia y sobre todo el orden, su forma patriarcal. Justamente, tal devoción le servía para sentirse incapaz de conformarla. «Ser padre y hablar serenamente con el hijo. Pero para ello se debe tener corazón y no en su lugar un pequeño reloj de juguete», había reclamado alguna vez a su padre.

En 1912 conoció a través de Max Brod a una berlinesa llamada Felice Bauer, la primera mujer que despertó en él la inquietud de casarse. La respuesta de la familia de Felice fue positiva, y cuando todo parecía indicar que no había ningún inconveniente, Kafka decidió que debía pensarlo mejor. El matrimonio se oponía a su trabajo literario. La literatura aparece siempre en sus reflexiones como la trampa en la que la vida corriente se hace imposible: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra».

A pesar de estas dudas sentimentales que lo perturbaron durante cinco años, siguió adelante con sus textos y redactó La metamorfosis, su narración más célebre que tiene ecos autobiográficos en la que se cuenta la experiencia de Gregorio Samsa, convertido en una mañana cualquiera en un monstruoso insecto.

Otra relación de Franz Kafka fue con Milena Jesenzska (1896-1944), su joven traductora al checo, fue sobre todo epistolar. Las veces que se vieron fue por insistencia de ella porque a él, hombre atormentado y descontento con su cuerpo, que le parecía sucio, se le daban mal las relaciones cara a cara.

Milena tampoco lo puso fácil ya que estaba casada y, a pesar de que no era feliz, no quería abandonar a su marido, Ernst Polak, un intelectual diez años mayor que ella que trabajaba como empleado de banca y con el que vivía en Viena. Además, no era judía y no pertenecía a la cultura alemana. Las relaciones de Franz y Milena duraron hasta 1922.

Se empezaron a cartear en 1919, cuando ella le escribió para pedirle permiso para traducirle al checo, y poco a poco se enamoraron. Kafka, aunque lo intentó, no pudo vencer sus miedos. Accedió a que se vieran después de mucha insistencia y muchos pretextos. Para su sorpresa se sintió cómodo hablando con ella.

Kafka dejó por ella a Julie Wohryzek, con la que se prometió a los seis meses de conocerla. De todas formas, la relación estaba destinada al fracaso porque el padre de Kafka se oponía.

En los últimos tiempos de la relación, Kafka volvió a sentirse atormentado: necesitaba las cartas, pero no quería verse más involucrado; quería que ella le escribiera menos, pero luego se arrepentía. «Ayer te aconsejé que no me escribieras todos los días». Aunque añadió: «Pero, por favor, Milena, no me hagas caso y escríbeme igual todos los días, aunque sea una carta muy breve como la de hoy, apenas dos líneas, una sola, una mera palabra; privarme de esa palabra me costaría horribles sufrimientos». (Fuente: 99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo)

Un Nuevo Amor y El fin

En 1923, Kafka conoció a Dora Diamant. Tenía diecinueve años y trabajaba como voluntaria en un campamento de vacaciones, en Müritz, al sur del mar Báltico. Dora recuerda que estaba preparando los alimentos en el bar cuando el escritor le dijo con una voz suave: «¡Unas manos tan tiernas obligadas a realizar un trabajo tan sangriento!».

Kafka, que por ese entonces había abrazado la causa vegetariana, había recurrido a su particular estilo para dar una impresión de la realidad y para iniciar su conquista. Al poco tiempo decidieron vivir juntos y lograron en pocos meses construir algo muy similar a lo que Kafka toda su vida había considerado como felicidad o normalidad. Ella había aprendido rápidamente a no alterar sus tiempos de escritura y a su vez ocupaba el lugar de mujer y de enfermera que él estaba necesitando.

La tuberculosis, mientras tanto, siguió su marcha. Kafka pasó las semanas finales en el sanatorio de Kier-ling, cerca de Viena, acompañado de Dora, Max y su tío Siegfried, personaje muy querido por él y que había retratado en su cuento «El médico rural». Falleció el 3 de junio de 1924, cuando tenía 40 años. Sus tres hermanas menores iban a morir unos años mas tarde en el período nazi, en los terribles campos de concentración alemanes.

Unos días después del entierro, Max Brod, revisando los papeles de su amigo, se encontró con la carta donde por última vez Kafka pretendía algo imposible.

CRONOLOGIA DE SU VIDA

1883: Nace Franz Kafka en Praga (Checoslovaquia). 1889-1901: Estudia en la Deutsche Knabenschule.

1901-06: Estudia Derecho en la Universidad de Praga; se recibe de abogado. Entabla amistad con Max Brod.

1904-1905: Escribe el primer texto que se conoce de él, «Descripción de una batalla».

1908: Comienza a trabajar en una compañía de seguros.

1910-1912: Se preocupa intensamente por conocer la cultura hebrea y entabla amistad con Jizchak Lówy, el director de una pequeña compañía de artistas hebreos.

1910: Comienza su Diario.

1911: Comienza la novela El disperso (que queda inconclusa y que más tarde fue publicada por Brod.)

1912: Conoce a Felice Bauer, tal vez la mujer más importante de su vida. Siguen un noviazgo, con una larga interrupción, hasta 1918. Escribe La condena y La metamorfosis.

1913: Se edita su primer libro, Contemplación. Se publica La condena.

1914: Escribe El proceso.

1915: Aparece La metamorfosis.

1916: Escribe «El médico rural», inspirándose en su tío Siegfried.

1918: Los médicos confirman el diagnóstico de tuberculosis. El noviazgo con Felice llega a su fin definitivamente. Se publica La muralla china.

1919: Noviazgo con Julie Wohryzek. Escribe «Carta al padre».

1920: A partir de una estadía en el sanatorio de Merano inicia la correspondencia con la periodista Milena Jesenska, esposa de Ernst Pollak y la primera traductora de los textos de Kafka al checo.

1922: Comienza su tercera novela, El castillo.

1924: Vive con Dora Diamant en Berlín. Muere en un sanatorio cercano a Praga.

Fuente Consultada:
99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL
Cuadernillo «LEGADOS» Nº3 Franz Kafka Editorial Pagina 12 de Liliana Viola

 

Biografía de Emilio Salgari Vida y Obra Literaria Novelas

Biografía de Emilio Salgari y Su Obra Literaria

Emilio Salgari (1862-1911), escritor italiano, autor de una extensísima obra de narrativa de aventuras. Fue uno de los escritores que más suscitaron el entusiasmo de los jóvenes es Emilio Salgan. En contraste con las extraordinarias aventuras que movieron a los fantásticos personajes de sus novelas, tuvo una vida pobre e infeliz a causa de la avaricia de los editores que publicaban sus obras. Una grave crisis sobrevino luego, originada por el enorme trabajo en el que estaba constreñido, hasta el punto de llevarlo al suicidio el 25 de abril de 1911. Su popularidad como escritor de relatos de aventuras se ha extendido por el mundo entero.

Emilio Salgari Escritor

Emilio Salgari: Del período que va desde que abandonó la Escuela de Venecia hasta 1882, en que fue colaborador en un diario de Verona, poco sabemos de Salgari. Este año señaló la iniciación de su carrera periodística y literaria, cuando ingresó como redactor fijo en un diario rival al primero. En 1891 entró a formar parte del grupo de colaboradores de un diario de jóvenes, dedicándose entonces sólo a escribir libros de aventuras. También Salgari, como tantos hombres de talento, tenía sus pequeñas manías: para escribir sus novelas hacía uso de una vieja pluma y se sentaba a una mesa tambaleante.

Estamos en el mes de julio de 1883, y con esta carta, remitida a un diario de la ciudad de Milán (Italia), Emilio Salgan, de 20 años de edad, tentaba suerte como escritas solicitando la publicación de una novela plena de acción y de episodios espectaculares en países exóticos, característica ésta que distingue todos sus escritos y que constituyó el elemento principal de su éxito.

«Yo, joven desconocido en Milán, pero de alguna nombradla en Verana, antiguo cadete de la Marina Mercante, le envío este escrito por mí redactado, a fin de que, si lo juzga digno, lo publique en su diario, de ser ello posible. Se trata de un naufragio ocurrido sobre la costa de Nueva Guinea …»

La lectura de este primer relato, así como la de los que le siguieron, hizo suponer que el escritor,  a más de tener una exuberante imaginación y una vasta experiencia personal, había navegado a lo largo y a lo ancho de todos los rilares del mundo, tocando lejanas tierras y conociendo las costumbres de maravillosos y extraños pueblos.

Mientras Salgari vivió fueron muchos los que creyeron cuanto se decía sobre su aventurera existencia. Todos sus lectores, grandes y pequeños, se hallaban persuadidos, en efecto, de que el autor de sus novelas preferidas no era uno de esos solitarios escritores que envejecen sobre su mesa de trabajo, en el cotidiano esfuerzo de crear páginas y páginas, sino que era el protagonista de las fabulosas aventuras por él relatadas.

Pero la verdadera vida de Salgari era otra, muy distinta de la que se le atribuía. En realidad, el escritor creaba en su imaginación los episodios que narraba. No existieron los fabulosos viajes ni las fantásticas aventuras que se le adjudicaban.

Emilio Salgari nació en Verona el 21 de agosto de 1862. Sus padres fueron Luis Salgari, dedicado al comercio de telas, y Justina Gradara, de origen dálmata. Desde la adolescencia Salgari manifestó su desagrado hacia la modesta y pacífica vida burguesa, al punto de que, al cumplir los 16 años de edad, su padre le permitió trasladarse a Venecia a inscribirse en los cursos de capitán de cabotaje en el Real Instituto Técnico de Marina Mercante.

Se sabe con certeza que el muchacho concurrió a sus aulas durante dos años, distinguiéndose de los otros alumnos, según expresiones de un observador de la época, por una singular propensión al aislamiento y su natural austeridad.

En 1882 obtuvo la licencia de capitán, e inmediatamente se embarcó en un barco mercante, iniciando así su experiencia marina. Luego hallamos muchos puntos oscuros en su biografía.

Nuestro deseo sería poder llenar esta laguna dando crédito a lo que Salgari mismo, ya famoso, contó en Mi aventura, pero esta especie de autobiografía aparece en muchos pasajes de sus novelas, dudándose, en consecuencia, de su autenticidad.

Sin embargo, resulta interesante referir lo que Salgari afirmó haber hecho en aquellos años: licenciado de capitán a los 20 años, entró al servicio de un tal Varak, capitán de un pequeño velero llamado Italia Una, y con él efectuó algunos cortos cruceros a lo largo de las costas adriáticas. Permaneció con Varak sólo unos pocos días, pues no estaba totalmente de acuerdo con el comportamiento de aquel hombre de pocos escrúpulos y por demás avaro; pasó luego al servicio del capitán Giuffré.

Este último era un sujeto más abominable y cínico que el primer patrón, de modo que, habiendo surgido un altercado entre ambos mientras la nave se encontraba surcando las aguas de la India, Salgari fue obligado por Giuffré a desembarcar en Bombay, donde, abandonado, se encontró solo y sin medios para subsistir.

Algunos días después conoció, por simple casualidad, al emisario de un raja de Borneo que, despojado de sus bienes por los ingleses, se había dedicado a la piratería para reconquistar sus propias tierras perdidas. El emisario, que se llamaba Tremal-Naik, propuso al joven marino italiano asumir el mando de una de sus naves corsarias, y Salgari, después de haber conocido a Sandokán, el príncipe despojado, y luego de haberse cerciorado de la veracidad de sus razones y propósitos, aceptó sin tardanza el ofrecimiento.

He aquí a Salgari transformado en pirata, vestido como los hindúes, con sucinta indumentaria que le dejaba el pecho al descubierto, y con el clásico turbante. En la primera expedición realizada contra los ingleses y sus aliados, los holandeses, fue completamente derrotado.

Los hombres de Sandokán —los tigres de Mompracem— fueron sitiados en un islote en el que se habían atrincherado, sus naves fueron destruidas y sus jefes dispersos. Salgari estuvo a punto de caer prisionero de los holandeses cuando, lanzándose al mar, fue recogido por una nave francesa. Sus salvadores, luego de escuchar sus aventuras y una vez asegurada su identidad, le ofrecieron la permanencia a bordo. Después de dos años de navegar con sus salvadores, desembarcó en el puerto de Marsella (Francia).

Esta historia, como dijimos, es demasiado fantástica para ser tomada por cierta. Contentémonos entonces con emprender la narración de la vida de Salgari a partir de 1882, año en que lo volvemos a encontrar en Verona colaborando en un diario, cuyo suplemento publica sus primeras novelas: Tay See (editada luego bajo el título de La Rosa de Dong Giang), El tigre de la Malasia y La favorita del Mahdi.

Su éxito como novelista es inmediato; Salgari se lanza entonces a la carrera que se le ofrece, abandonando para siempre una secreta y juvenil aspiración: la de ser poeta. En efecto, adolescente aún, había escrito en sus cuadernos escolares algunos versos ingeniosos y, en verdad, de mucho valor.

Gracias a las novelas de Salgari, el diario que las publica aumenta inmediatamente la venta de sus ejemplares y el nombre del autor es pronto conocido no sólo en Verona sino también en Venecia, Genova y Milán. Otro diario de Verona intentó atraerlo ofreciéndole un puesto de redactor con un elevado y tentador sueldo. Sin embargo, Salgari, ya seguro de su propio éxito, prefirió renunciar a cualquier tipo de obligación con los diarios y dedicarse libremente a la profesión de escritor. Es de destacar, tiempo después, precisamente en 1891, la publicación de su novela La cimitarra de Buda en un periódico para jóvenes.

Los críticos, algunos años más tarde, comenzaron a ocuparse de la actividad de Salgari, manifestando, en este sentido, juicios’ opuestos. Se dijo, entre otras cosas que aún conservan actualidad, que el estilo literario de Salgari era, sin duda, nítido y capaz de dar al lector una sensación visual de las escenas descriptas, pero que carecía de la brillantez que distingue a un verdadero escritor.

Por otra parte, se le objetó que la estructura de sus novelas no era muy cuidada, notándose que los episodios se sucedían con ritmo demasiado confuso y el desenlace ocurría muy inesperadamente. No obstante, todos los críticos reconocieron su capacidad para transportar al lector a los lugares de acción, cualidad ésta que, para un escritor de novelas de aventuras, es, por cierto, de importancia principal. Se decía también que sus personajes eran tratados y descriptos con cierta superficialidad y de un modo demasiado convencional; sin embargo, todo aquello que Salgari refería en cada una de sus novelas tiene un notable valor instructivo.

Cuando, en 1892, Salgari contrajo matrimonio con Ida Peruzzi, el escritor gozaba ya de gran fama. Miles de lectores preferían sus obras. Muchachos aventureros, sugestionados por sus cuentos del mar, se fugaban de sus casas para enrolarse en la Marina. Periodistas y escritores extranjeros frecuentaban la casa de Salgari, deseosos de descubrir los secretos de su éxito y difundirlos entre sus lectores. Sin embargo, la vida de éste no era tan alegre como se puede imaginar. En primer lugar le faltaba, como siempre le faltó, la seguridad económica. Sus necesidades se hacen mayores, más tarde, con los sucesivos nacimientos de sus cuatro hijos: Fátima, Nadir, Ornar y Romero.

Su vocación de escritor se transforma entonces en pesada y penosa actividad, transformando su vida en un monótono quehacer. Su trabajo era intenso: al tiempo que terminaba de redactar una novela ya tenía otra para iniciar y, mientras, empezaba a pensar en una tercera. Las novelas de Salgari superan el centenar.

Considerando la popularidad lograda por Salgari uno se pregunta cómo entonces el escritor vivía en condiciones económicas tan modestas, al punto de tener que recurrir a los auxilios de la reina Elena, gran admiradora de su obra. La respuesta es simple y se encuentra en las exigencias de los editores que siempre lo ligaron con contratos desfavorables, fijándole honorarios que eran, en la mayoría de los casos, irrisorios.

Salgari trabajaba, pues, muchas horas al día, tratando de vencer la fatiga y el sueño. El novelista no podía escribir más que con una tinta especial, liviana, que él mismo preparaba, y con la pluma que adoptó para escribir sus primeras novelas, ya deteriorada y sujeta con hilo de coser. Tampoco podía trabajar si no era sentado a una mesita tambaleante que había empleado cuando se inició como escritor, porque —solía afirmar sonriendo— no sólo eso era encantador sino que también su inestabilidad le daba la impresión de encontrarse navegando sobre la cubierta de una nave.

Tenía Salgari conciencia y responsabilidad de su trabajo: le ayudaba una memoria prodigiosa que le permitía desarrollar sus novelas sin tener que recurrir a la ayuda de los manuales de historia o geografía. Muchas veces, terminada la novela, diseñaba, con bastante habilidad por cierto, las ilustraciones principales y las cartas geográficas.

En los años en que sus hijos eran pequeños, la vida de Salgari no fue siempre triste y monótona; por el contrario, estuvo matizada con pequeños y felices episodios. Le gustaba, por ejemplo, ensayar con los niños las escenas de batalla que tenía que describir en una novela, y, en aquellas ocasiones, el bosque vecino a su casa o su jardín se transformaban, a los ojos de los muchachos y a los suyos propios (Salgari era una más entre las criaturas), en enmarañada selva erizada de peligros; o bien, si él tenía que describir una tempestad, improvisaba en el piano tenantes y tumultuosas composiciones.

El escritor pone fin a su vida suicidándose, el 25 de abril de 1911, en el bosque de «la Virgen del Pilar», cerca de Turín, donde solía pasear en compañía de su familia. Fueron varios los motivos que lo indujeron a tomar esa fatal decisión: la repentina enfermedad de su mujer, las preocupaciones económicas, el exceso de trabajo y el temor de perder, con la vejez, su fecunda imaginación. Fue este último y trágico acto de violencia contra sí mismo lo que hizo finalmente conocer a sus lectores la verdad de su vida, nada envidiable por cierto.

Aunque faltas de un verdadero lazo de continuidad entre un libro y otro, las novelas de Salgari, por afinidad de argumentos, de ambientes y de personajes, pueden ser agrupadas así: relatos de la jungla, cuya acción se desarrolla en la India o en la Malasia (Los Tigres de Mompracem, Los piratas de la Malasia, La reconquista de Mompracem, El rey del mar, La última aventura de Sandokán, etc.); las que tratan de piratería (El Corsario Negro, Yolanda, la hija del Corsario Negro, Los últimos filibusteros, Los corsarios de Bermuda); referentes a pieles rojas (En las fronteras del Far West, La selva ardiente, etc.); las que tienen como tema exploraciones polares (Los pescadores de ballenas, El país del hielo, Los cazadores de focas, etc.); las inspiradas en los progresos científicos de la época y del futuro (A través del Atlántico en globo, El tren volante, Las maravillas del año dos mil, etc.).

Muchas novelas, por otra parte, se basan, con mayor o menor fidelidad, en acontecimientos históricos, entre las que se recuerda, por ejemplo, El tesoro del presidente del Paraguay, en la que el episodio imaginado tiene como fondo la guerra entre el Paraguay, Uruguay, Brasil y la República Argentina; y El subterráneo de la muerte, ambientada en la China en la época de los boxers.

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En la novela Al polo norte se narra las peripecias de dos jóvenes que se aventuran a través de mares y océanos para cazar focas. Gran estupor les causa la imprevista aparición de un gran aparato de hierro. Se trataba de un sumergible desde el cual sus tripulantes invitan a los dos cazadores a unirse a ellos en el viaje de exploración al polo. Llegan así a una gran montaña de forma cónica y el jefe de la expedición coloca la bandera sobre la pendiente cubierta de nieve, mientras gritos de entusiasmo se elevan de la tripulación jubilosa. En esta novela, Salgari, atendiendo las ansias y aspiraciones de sus contemporáneos, imprime una personalísima visión del polo norte, aún inexplorado,  en realidad, en aquella época.

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Al grupo de los corsarios pertenece la novela de Salgari El Corsario Negro, una de las mejores de su vasta producción. ha acción se desarrolla en el siglo XVII durante la lucha de los filibusteros contra los colonos españoles. El protagonista es un noble italiano que se hace corsario por el odio que siente hacia los españoles, uno de los cuales dio muerte a un hermano suyo. Su único deseo es vengar ese crimen, matando a su vez al asesino y a su familia. Pero se enamora de una joven que viaja en una nave por él capturada. Cuando el Corsario Negro se entera de que ella es la hija del matador de su hermano, el odio supera el amor, y, con profundo dolor, abandona a la muchacha sola en una chalupa en medio del océano.

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En él libro Mi aventura, Emilio Salgari describe su propia vida juvenil. Comienza la narración cuando, muchacho aún, sentábase en los bancos de la escuela. Pasa luego al relato de una maravillosa aventura con la descripción de fantásticas y peligrosas peripecias vividas sobre el mar. Particularmente interesante es su arribo a la India y la extraña amistad con Sandokán y Janez dos de los más extraordinarios personajes de sus novelas. En la lámina vemos a Salgari, vestido de joven hindú, mientras socorre a un amigo herido. Se distinguen, en el fondo, los soldados holandeses perseguidores. Esta narración es muy fantástica para ser tenida por real. Si bien no es atendible como autobiografía, la novela se lee con placer.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografías: Emilio Salgari –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Italia Despúes de la Unidad Política, Economía y Sociedad Resumen

RESUMEN ITALIA DESPUÉS DE LA UNIDAD HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

«Italia está hecha. Ahora hay que hacer italianos», escribía Massimo D’Azeglio. El Norte, mucho más avanzado económicamente, trataba al Sur como una especie de «semicolonia». Se optó por desarrollar las industrias del Norte y por dedicar grandes sumas al ejército y a la marina, antes que transformar las atrasadas tierras del Sur.

La unidad incluso agravó la suerte de las poblaciones del «Mezzogiorno», con impuestos más elevados, con la ruina del artesano rural ante la competencia de los productos industriales del Piamonte y de Lombardía, y con el fracaso o el abandono de una reforma agraria seria: todo ello dio origen a la miseria, a la emigración, al bandidaje y al analfabetismo.

EL GOBIERNO DE LA «DERECHA HISTÓRICA»
Otro problema grave era el del nuevo Estado con la Iglesia. Tras la ocupación de Roma, Pío IX no había aceptado la «Ley de las Garantías» de mayo de 1871, por la que el gobierno concedía a la Santa Sede el Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con una fuerte dotación anual y el derecho de representación diplomática, pues el Papa seguía considerándose «prisionero».

Papa Pío IX y sus cardenales

Papa Pío IX y sus cardenales

Había condenado al régimen y prohibido a los católicos intervenir en la vida política: «ni electores, ni elegidos». Era una situación extraña en un país esencialmente católico, en el que una «aristocracia negra», fiel al Papa, se diferenciaba de la «aristocracia blanca» de la corte real, instalada en el Quirinal, mientras el Senado ocupaba el Palacio Madama, y la Cámara de Diputados, Montecitorio.

Se había adoptado la Constitución piamontesa: monarquía controlada por un parlamento formado por el Senado, cuyos miembros eran nombrados con carácter vitalicio, y por la Cámara elegida para cinco años. Pero el sufragio quedaba reservado sólo al 2% de la población (el 10%, después de una reforma electoral, en 1892). Si a esto se añade la abstención de los católicos, podrá apreciarse la estrechez del «país legal». La base del régimen descansaba, pues, sobre la «derecha histórica», terratenientes, grandes burgueses del Norte y funcionarios.

Hombres como Minghetti, Sella y Lanza, practicaron una política de centralización y de estricta economía. Fueron serios e íntegros, aunque hubo diputados que, a menudo y justamente, fueron acusados de corrupción: la organización del nuevo Estado, las grandes obras, la floración de negocios y de nuevos bancos favorecían a los menos escrupulosos.

En Sicilia, los funcionarios pactaban con la mafia, retenían el dinero de los impuestos y declaraban «inencontrables» a muchos «contribuyentes.

El joven Giolitti, que estaba entonces en la Dirección General de impuestos, cuenta que toda la ciudad de Catania ¡era inencontrable! La «derecha histórica» cayó en 1876, al querer Minghetti agrupar los ferrocarriles del Norte en una compañía estatal, lo que le enajenó el apoyo de los liberales. Sin embargo, aquella medida sería puesta en práctica después por la izquierda.

LA IZQUIERDA EN EL PODER-AGUSTÍN DEPRETÍS
Sus dirigentes no procedían de un medio social muy distinto del de sus predecesores, pero algunos de ellos habían sido gari-baldinos o mazzínianos, o eran masones. Por otra parte, querían ampliar la base política del país a la burguesía local. Depre-tis y Crispí eran las personalidades más relevantes.

Depretis reformó los servicios públicos, instituyó la enseñanza primaria en las ciudades y aumentó el número de electores. Crispí se convirtió en ministro del Interior, en 1877. Al año siguiente, moría Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada, muy popular a causa del papel que había desempeñado a partir de 1848, por su lealtad constitucional y por su afecto a Garibaldi. Murió un mes antes que el intransigente Pío IX. Le sucedió Humberto I.

La situación económica seguía siendo difícil, muchos campesinos estaban ahogados por las deudas y el anarquismo experimentaba un enorme desarrollo. Por otra parte, el equilibrio del presupuesto estaba comprometido por los cuantiosos gastos navales, a causa de la construcción de grandes acorazados. Italia se proponía una política mediterránea de mucha envergadura.

Antiguo garibaldino y masón, Crispi era hostil a Francia, a la que no perdonaba su actitud en la cuestión romana, y también trató de poner fin al aislamiento italiano por medio de un acercamiento a los imperios cenitales. La cuestión tunecina iba a facilitar su política, desarrollada durante los gobiernos Cairoli y Depretis.

La ocupación de Túnez por Francia (1881) provocó una viva reacción: había muchos italianos residentes en aquel país, muy próximo a Sicilia, e Italia  esperaba  el  mantenimiento  del  «statu quo» en el que compartiría con Francia su influencia sobre la «antigua provincia de Roma». El asunto tunecino aceleró la conclusión de la Triple Alianza con Austria y Alemania (1882), de carácter puramente defensivo. Las relaciones con Francia se agravaron en 1887, a causa del proteccionismo francés, que se negó a renovar el tratado de 1881 sobre la importación en Francia de productos agrícolas italianos. La «guerra de las tarifas» entre los dos países no acabó hasta 1898.

FRANCISCO CRISPI-LOS PROBLEMAS SOCIALES
A partir de 1887, el impulsivo y autoritario  Crispí dominó la vida política, hasta 1896, en que el desastre de Adua provocó su caída. El déficit presupuestario se había acentuado, la agricultura meridional experimentaba un marasmo tras la ruptura comercial con Francia, hubo quiebras bancarias y escándalos financieros (1887-1894), y sus enemigos trataron de implicar a Crispi.

Los socialistas denunciaban las relaciones entre los partidos y el mundo de los negocios. El anarquismo había sido, al principio, predominante, y los seguidores de Bakunín continuaban siendo muy influyentes, pero, a finales de siglo, el socialismo marxista se había extendido entre los intelectuales, tras los trabajos de Antonio Labriola o de Felipe Turati, que fundó la revista «Critica sociale» en 1891.

En el mismo año, el Congreso de Milán organizaba el partido socialista italiano, con su periódico «Avanti». En Sicilia, surgió un movimiento para la abolición de los latifundios y la redistribución de la tierra: los Fasci de los  trabajadores. No era un movimiento colectivista o antimonárquico, pero intentaba liberar a los campesinos de los usureros y de los gabelloti (consumeros) de los inmensos latifundios. La agitación fue tal, que Crispi proclamó el estado de sitio en Sicilia, hizo detener a los dirigentes de los fasci y disolvió el movimiento (1894). Al año siguiente, los atentados anarquistas se multiplicaron (en Francia, el italiano Caserio había asesinado al presidente Carnot), y Crispí unió en la represión a socialistas y a anarquistas.

EL DESASTRE DE ADUA
Su pasado mazziniano y garibaldino no había impedido a Crispí aliarse con la monarquía y mantener muy buenas relaciones con Humberto I. Dominaba la Cámara, amenazando con disolverla. Su gran patriotismo le granjeó incluso las simpatías de los que rodeaban a León XIII, pero no pudo realizarse ninguna aproximación al Vaticano. Una de las razones de su política colonial fue la presión demográfica.

A partir de 1880, se duplicó la emigración, sobre todo la meridional: de 40 a 60.000 personas abandonaban, todos los años, Italia, definitivamente, trasladándose a los EE. UU., Argentina, Brasil, Francia. La adquisición de tierras africanas para los colonos parecía mejor solución. Desde 1870, una compañía privada había ampliado el puerto de Assab, cerca de Djibuti, base de la futura colonia de Eritrea. A pesar de su total aridez, aquella región ofrecía la ventaja de constituir una posición estratégica importante, gracias a Suez, y de ser vecina de Etiopía, fuera de las zonas de influencia inglesa o francesa.

Desde 1882 a 1885, Eritrea se había organizado sólidamente alrededor de Massaua, y los italianos habían intervenido en los asuntos etíopes, apoyando al ras (jefe) Menelik contra el Negus. Cuando este último fue muerto en Sudán, en 1889, Menelik se convirtió en Negus, y firmó con

Italia el tratado de Uccialli, que los italianos «interpretaron» como un verdadero protectorado. Militares aventureros, sin órdenes precisas, enviaron tropas a ocupar las regiones limítrofes de Etiopía (1889-1896). Menelik, uniéndose a los grandes señores feudales etíopes, formó un importante ejército, atacó e hizo capitular a dos bases italianas. Entonces ofreció la paz, pero Crispi decidió vengar aquellas derrotas y acabar con el Negus. Más de 20.000 hombres fueron enviados a Etiopía, y tres columnas, con una preparación insuficiente, marcharon sobre Adua. La expedición fue un nuevo desastre (mayo de 1896). Los italianos perdieron 5.000 hombres, entre ellos dos generales y trescientos oficiales.

Los refuerzos del general Baldissera, sucesor del desafortunado Baratieri, salvaron a Eritrea para los italianos. El gobierno de Crispí cayó, a causa de la derrota, los revolucionarios organizaron manifestaciones en todo el país, y el gobierno de Rudiní se vio desbordado por atentados anarquistas y motines, porque el desatre italiano coincidía con una crisis económica, y hubo que proclamar el estado de sitio. En 1898, Milán se sublevó, y la represión causó unos cien muertos. La crisis política culminó con el asesinato de Humberto I por el anarquista Bresci, en julio de 1900.

LA DICTADURA DE GIOLITTI
El reinado de Víctor Manuel III comenzaba, pues, trágicamente. Había que tener en cuenta ya a las fuerzas populares y a los socialistas. La caída de Crispi había hecho posible una reaproximación a Francia, que se «desinteresaba» de la Tripolitania-Cirenaica. En 1902, se firmó un acuerdo secreto franco-italiano. Las visitas de los reyes italianos a París (1903), seguida de la del Presidente Loubet a Roma, al año siguiente, que creó un grave incidente entre Francia y el Vaticano, señalaron el acercamiento de las «hermanas latinas».

Antes ministro del interior, y después presidente del Consejo, con breves intervalos, desde 1903 a 1914, el piamontés José Giolitti, nacido en una familia modesta, jurista y alto funcionario de Hacienda, diputado de Cuneo, fue el centro de la vida política. Oportunista, moderado, gran trabajador, era el hombre de las realidades económicas y financieras. A pesar de la crisis y de las dificultades, la economía italiana se había desarrollado: la industria metalúrgica y textil del Norte, la seda, la industria azucarera y la hidroeléctrica hacían progresos  asombrosos.

Fundada en 1900, la Fiat sería, la segunda productora mundial de automóviles. La agricultura, próspera en el Norte, seguía utilizando, en el Sur, instrumentos y métodos arcaicos, de modo que el problema meridional continuaba siendo grave.

La población aumentaba tan rápidamente, que, en vísperas de la guerra, había alcanzado los 35 millones de habitantes. Partidario del liberalismo económico, Giolitti trató, no sin éxito, de aliviar la situación, enfrentándose, a la vez, con la derecha, que no pensaba más que en la represión, y contra el extremismo revolucionario: en 1901, se habían producido 1.400 huelgas. Giolitti creó la legislación del trabajo (descanso semanal, contratos, enseñanza profesional, seguros, etc.), hasta entonces inexistente, ayudó a las cooperativas obreras haciéndolas participar en las grandes obras públicas y nacionalizó los ferrocarriles meridionales.

En 1914, sofocó una tentativa de huelga general, sin brutalidades. En la Cámara había 33 diputados socialistas, abogados y universitarios en su mayor parte. Giolitti hizo una «apertura a la izquierda», ofreciendo incluso una cartera al dirigente Turati. Este, como Bissolati, aunque aprobando interiormente las medidas del primer ministro, no quiso comprometerse participando en el poder, pero los reformistas progresaron dentro del partido socialista, y, a partir de 1906, un gran número de ellos se unió a la mayoría de Giolitti.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Era Victoriana Características de la Sociedad, Economía y Política

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

El largo reinado de Victoria de Inglaterra, entre 1837 y 1901, marca la época de apogeo de una determinada concepción política, económica y social en cuyo centro se sitúa la burguesía. El ideal de la así llamada Era Victoriana es el progreso y la complacencia por el triunfo del intelecto, de la tecnología, del hombre europeo por sobre los demás. Hay un hambre desesperado por avanzar, por crecer.

El científico Charles Darwin y el economista Stuar Mill son las figuras de renombre de la época. La industria textil y ferroviaria crecen en forma desmesurada, pero al mismo tiempo aumentan los problemas sociales. La gente que no tiene acceso al crecimiento vive en condiciones miserables.

Otro de los ideales de la época es el espíritu de descubrimiento y de aventura: los viajes de Livingstone y Stanley apasionan a los ingleses que siguen sus aventuras por el corazón de África. También predomina un cierto espíritu religioso, incluso místico, que trata de unir los grandes descubrimientos científicos y técnicos con una nueva fe en Dios.

La característica esencial de la Era Victoriana es su sentido práctico: la búsqueda de la realización personal y colectiva.

El código moral Victoriano, que regía la conducta individual de esos años, se basaba en el miedo, la reglamentación, la disciplina y el autocontrol y, por eso, en el ámbito familiar y social, las costumbres eran de lo más conservadoras y pacatas.

En el terreno literario, se nota un rechazo hacia el movimiento romántico. En este período sobresalen escritores como Tennyson, Dickens, el filósofo Carlyle, quienes encarnan un nuevo realismo. Los artistas más audaces y renovadores como Emily Brónte y Osear Wilde fueron perseguidos y considerados casi herejes por la sociedad.

La época victoriana una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901. No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (El Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892). Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

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El reinado de la reina Victoria fue el más extenso de la historia británica (64 años).Ese período fue llamado por los historiadores la era victoriana, y en él Gran Bretaña se consolidó como una monarquía parlamentaria y como el impero colonial más extenso del planeta.

reina victoria

El reinado de Victoria I: En 1837, al ser coronada Victoria —casada con el príncipe alemán Alberto de Sajonia-Coburgo — se inició en Gran Bretaña uno de los más significativos períodos de su historia.

Durante el extenso reinado de Victoria (gobernó hasta 1901), el Reino Unido se convirtió en la potencia mundial hegemónica en los aspectos político, económico, naval e industrial.

La reina, mujer de firme carácter, se interesaba por los asuntos del reino, pero sin intervenir ni alterar la labor de sus Primeros Ministros. Este esplendor, sin embargo, no pudo terminar con las diferencias políticas y económicas ni con las crisis sociales y las fricciones con las potencias exteriores.

Economía y política: En esos momentos la industria británica cobró un gran impulso y, en consecuencia, se evidenció un creciente desarrollo comercial. Se amplió el mercado externo y se incorporaron nuevos y extensos territorios al Imperio inglés. No obstante, las disidencias entre conservadores y liberales se acrecentaron. Los primeros propiciaban una política económica de corte proteccionista, en tanto que los segundos sostenían la necesidad de abolir leyes ya caducas con la intención de implantar el liberalismo económico.

La persistencia de la crisis socio-económica y la difícil situación obrera –producto del alza de los precios de los artículos de primera necesidad– convenció a los políticos de ambos partidos de la urgencia de aplicar reformas. A la supresión de las leyes de granos, como ya se ha estudiado, siguieron otras leyes reformistas, entre ellas la supresión del Acta de Navegación de Cromwell, permitiéndose así, la apertura de los puertos británicos a buques extranjeros. Los partidos liberal y conservador alternaron en el poder.

Durante el siglo XIX Inglaterra gozó de gran prosperidad con la reina Victoria. Gracias a sus notables primeros ministros, se establecieron los simíentos de la Inglaterra democrática. El comercio y la industria alcanzaron también gran desarrollo. Finalmente, el prestigio de Inglaterra en el exterior aumentó con las conquistas de la política imperialista de Disraelí.

Entre los primeros Ministros de la reina se destacaron: Roberto Peel (1834-1835 y 1841-1846), conservador; Enrique Palmerston (1855-1865), primero conservador y luego liberal; Benjamín Disraeli (1865-1868 y 1874-1880), conservador; Guillermo Gladstone (1868-1874,1880,1892,1894), liberal y Roberto Cecil, lord Salisbury (1896-1907), conservador.

ROBERT PEEL: Con la reina Victoria, Inglaterra atravesó una época de gran prosperidad que, por otra parte, debió mucho más a sus primeros ministros que a ella misma. En efecto, Inglaterra es una monarquía constitucional en la cual la reina sólo puede aconsejar y alentar a sus ministros.

En las elecciones de 1841, el débil Gobierno Whig (liberal) de lord Melbourne no alcanzó la mayoría, y Robert Peel, que fue nombrado primer ministro, se puso al frente de la Administración.

Desde hacía ya muchos años, los asuntos económicos nacionales se encontraban en estado lamentable. Además, Inglaterra tenía que hacer frente a graves problemas sociales: paro, hambre y notable retroceso de las actividades comerciales. Peel consiguió sanear la hacienda pública aplicando un impuesto a las rentas que sobrepasaran las 150 libras anuales. Para estimular el comercio redujo los derechos de importación, especialmente sobre las materias primas y productos alimenticios. Actuando de este modo estableció las bases de una política liberal de libre cambio.

Hasta ese momento, Peel encontró poca oposición; pero las dificultades surgieron cuando se ocupó en las leyes sobre la importación de cereales. Al principio redujo los derechos de importación sobre los granos, pero cuando quiso suprimirlos provocó la oposición de sus adversarios, e incluso la de la mayoría de su propio partido. En las elecciones de 1847, Peel tuvo que dimitir.

El partido de Peel, que discrepaba sobre este punto, se dividió en nuevos partidos, especialmente el liberal de Gladstone y el conservador de Disraeli. A pesar de la antipatía que le profesaba la reina y la frecuente hostilidad de la opinión pública, Gladstone puso todas sus facultades al servicio de la evolución democrática de Gran Bretaña.

Llevó a cabo varias reformas; por ejemplo, en Irlanda. La Irlanda católica vivía días agitados. Gladstone quiso remediarlo no reconociendo a la Iglesia protestante como Iglesia oficial de Irlanda, y transfiriendo parte de sus propiedades a la Iglesia católica irlandesa. Intentó asegurarse el apoyo de los campesinos católicos irlandeses concediéndoles los mismos privilegios que a los protestantes de la provincia de Ulster.

Las reformas electorales: La necesidad de aflojar las tensiones internas, obligó a propiciar nuevas reformas electorales, ya que la efectuada en 1832 no había resuelto el problema.

En 1867, DISRAELI,  concedió el derecho sufragio a la pequeña burguesía y a los obreros especializados.

En 1872, GLADSTONE,  instituyó el voto secreto. El número de votantes aumentó: 938.000 sufragantes más, el poder continuó en manos de los propietarios. Hubo una mayor actividad de los partidos políticos.

En 1884, GLADSTONE,  extendió el derecho al sufragio a los propietarios rurales con lo que la reforma llegó al campo. Hubo 4.000.000 de electores nuevos. Se concretaron las propuestas de los cartistas.

Gladstone también reorganizo la enseñanza en Inglaterra: fue gratuita y obligatoria para todos los niños. Asimismo, puso fin a los abusos que se cometían en el ejército, prohibiendo que se compraran los grados militares. Citemos, por último, su reforma electoral: introdujo, especialmente, el voto secreto. En cuanto al exterior, Gladstone ejerció una política de neutralidad pacífica. En 1874, sus poco enérgicas intervenciones en el exterior y la cuestión escolar de Irlanda provocaron la caída de su Gobierno, en beneficio del partido conservador de Disraeli.

Disraelí

Finalmente se concretaron las propuestas de los cartistas

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 1884 hicieron la ley de reforma electoral y trataron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-1892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

La sociedad victoriana.: Una gran rigidez moral caracterizó la sociedad victoriana. Todo buen inglés debía mostrar ante sus congéneres una conducta recta y honesta, aunque estas virtudes, en muchos casos, fueran sólo una apariencia. La mujer se encontraba, al igual que en el esto del mundo, relegada al trabajo hogareño o fabril. Era mal visto que una mujer pretendiera ejercer una profesión universitaria.

El avance de las tendencias democráticas les obligó a dar un gran impulso a la educación. Los conflictos sociales perduraron: las diferencias de clase eran, todavía, muy grandes. Las clases altas mantenían una vida de lujo y riqueza, en tanto que la condición de los trabajadores y las clases menos pudientes no había mejorado. Esta difícil situación fue reflejada con crudo realismo por los escritores de la época, como Charles Dickens, quien en sus novelas describió la forma de vida y las tensiones socialees de la Inglaterra victoriana.

Esta situación social obligó a los sindicatos obreros a organizarse con mayor eficacia, a fin de obtener la satisfacción de sus reclamos.

El gobierno adoptó una política paternalista en el aspecto social. Se aprobaron leyes que alivianaron la situación, pero sin introducir reformas de importancia. No obstante, se promulgaron medidas que limitaron las jornadas de trabajo y que mejoraron las condiciones laborales de obreros y asalariados. En 1871, los Trade Unions sindicatos locales fueron reconocidos oficialmente por el Estado.

AMPLIACIÓN DEL TEMA, PARA SABER MAS…

INGLATERRA Y LA REINA VICTORIA. En 1837 subió al trono inglés la reina Victoria I (1837-1901), cuyo dilatadísimo reinado de 64 años constituyó uno de los periodos más brillantes de la historia de Inglaterra. El Imperio Británico fue el más extenso y poderoso del mundo y su flota la representación material de este poder que ejercía el papel de suprema policía internacional. La presencia de un barco de guerra con el pabellón de la «Unión Jack» bastaba para sofocar una revolución o cambiar un Gobierno en cualquier parte del mundo. La seguridad de su constitución política corría pareja con su potente industria y el valor indiscutible de su moneda.

Desde el primer momento, la reina dejó que el Parlamento asumiera la misión de gobernar y fue ella quien introdujo la costumbre de encargar al jefe de la mayoría la formación del Gobierno. Su actuación, perfectamente dentro de la línea tradicional británica, fue en todo del agrado de sus súbditos que la veneraban.

Pero no todo fue mérito de la reina. También lo tuvieron sus primeros ministros, que fueron hombres cultos y de una gran sagacidad. Lord Palmerston fue el último «premier» que sostuvo la política del «espléndido aislamiento». Era un conservador que luego se pasó al partido liberal. Precisamente por su deseo de mantener a Inglaterra separada de las luchas de Europa, no supo actuar con energía ante el engrandecimiento de Alemania bajo Bismarck.

En la segunda mitad del siglo pasado casi siempre se turnaron conservadores y liberales, según el resultado de las elecciones. El jefe de los primeros fue Disraeli; el de los segundos, Gladstone.

Benjamín Disraeli era de ascendencia española y judía. Gracias a él se llevó a cabo la reforma electoral del año 1867 que permitió a más de un millón de obreros gozar del derecho de voto. Su visión sagaz le permitió darse cuenta de la gran importancia que tendría en el futuro la apertura del Canal de Suez, y después de haber ocupado Chipre, adquirió 177.000 acciones del canal, que le aseguraban el dominio de la Compañía.

La reforma aprobada por Disraeli había sido planeada y pensada antes por Gladstone. Éste realizó una segunda reforma electoral que permitió elevar el número de votantes en seis millones, transformó la enseñanza primaria y protegió a los Trade Unions.

La creación oficial del Imperio Británico se realizó el día i de enero de 1877, en que Victoria I fue proclamada emperatriz de la India.

La política interna de la Gran Bretaña conoció varios movimientos. El cartista, promovido por el abogado Jones y el publicista O’Connor, jefes del partido radical, que propugnaban el derecho al sufragio universal. El librecambista defendido por Cobbden y sostenido, no sólo por los obreros, sino, por la burguesía industrial y mercantil, que pedía la total libertad de comercio con el extranjero, sin aduanas protectoras o prohibitivas. Gracias a sus esfuerzos, Inglaterra adoptó el librecambio que había de reportarle considerables riquezas.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo II Chris Cook.
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I “El Ateneo”
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Epoca Victoriana en Inglaterra La Dueña de los Mares

La Época Victoriana

Inglaterra alcanzó su mayor desarrollo económico durante la segunda mitad del siglo XIX, que coincidió con el dilatado reinado de Victoria (1837-1901), la llamada «era victoriana». Inglaterra se convirtió en la primera potencia mundial por el esplendor de su economía y la extensión de sus colonias. En 1877, la reina sería proclamada emperatriz de la India.

reina victoriaLa época victoriana Una de las épocas gloriosas de Inglaterra está constituida por el reinado de Victoria entre 1837 y 1901.

No es que ella gobernara directamente: se desarrolló el régimen parlamentario, con primeros ministros conservadores y liberales alternadamente (EL Partido Laborista Independiente, recién comenzó a participar del gobierno con dos diputados socialistas en 1892).

Ambos partidos se dedicaron a producir reforma progresistas.

Los liberales entre 1868 1874 popularizaron la educación, democratizaron el ejército y ampliaron los derechos de los sindicatos; entre 1880 y 18& hicieron la ley de reforma electoral y trata ron de dar autonomía a Irlanda; entre 1892 y 1895 reformaron la administración local; a partir de 1906 acrecentaron los derechos sindicales, votaron numerosas leyes sociales como protección ante accidentes de trabajo y en la vejez, reformaron los impuestos, gravando progresivamente la riqueza y, en 1911, aboliendo la igualdad entre la Cámara de los Lores y la de los Comunes: los Lores sólo podían dar ahora un veto suspensivo de dos años sobre las leyes no financieras, y perdieron sus poderes especto al presupuesto.

Inspirados en la filosofía del librecambismo, los ingleses reemprendieron las construcciones ferroviarias. introdujeron el telégrafo eléctrico, etc. En 1860 poseían la más extensa red ferroviaria y su flota mercante representaba el 75 % del tonelaje mundial, índices ambos de su desarrollo industrial y comercial.

Entre las leyes de los conservadores (1874-1880 y 1886-.892) podemos citar la igualdad de derechos entre patrones y obreros y algunas rearmas sociales.

Estos últimos se dedicaron más a las posesiones coloniales del imperio británico. Bajo el reinado de Victoria, se abrió el Canal e Suez (1859-69) —que comunica el Mar Mediterráneo con el Mar Rojo; estuvo bajo control británico hasta 1954 en que Egipto retomó su soberanía— y se puso a Egipto bajo el protectorado inglés; logró terminar la conquista de la India, coronarse como Emperatriz (1876) y abrir el comercio exterior a los puertos chinos (ver Imperialismo); se descubrieron minas de oro en Australia, que pobló con colonos británicos; se ocupan extensos territorios en África y se invirtieron capitales millonarios en otros continentes, asegurando la continuidad de la Revolución Industrial inglesa.

Políticamente, conservadores y liberales se alternaban pacíficamente en el poder y empujaban a Inglaterra hacia una democracia plena. En 1867, una reforma electoral dobló el número de los electores. Pero, al mismo tiempo, Irlanda se convertía en el problema más acuciante para el gobierno.

Irlanda estaba bajo el poder inglés desde el siglo XVII; sus grandes propietarios eran ingleses y protestantes, mientras que la mayoría del pueblo era católica y campesina. Otras diferencias en la lengua y el carácter agravaban la cuestión.

En definitiva, las reivindicaciones de los irlandeses implicaban cuestiones políticas, sociales y religiosas. Un proyecto autonómico fue derrotado por el parlamento y la autonomía no llegó hasta 1914.

Personajes enigmaticos de la historia Hombres Polemicos

MISTERIOSOS PERSONAJES LA HISTORIA: CAGLIOTRO, RAPUTÍN, PARACELSO

Cagliostro Rasputín Paracelso Matahari Nostradamus Houdini

FRANKENSTEIN: Una de las tardes más aburridas de la historia dio origen a un personaje imaginario que ha aterrado y fascinado al mundo entero. En una noche de tormenta de 1816, un notable grupo reunido en la Villa Diodati de lord Byron, junto al lago Ginebra, leía en voz alta historias de fantasmas junto a la chimenea mientras el viento aullaba y la lluvia golpeaba insistente contra las ventanas.

Frankestein

Los huéspedes de Byron eran el poeta Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Godwin, la hermanastra de Mary, Claire Clairmont, y su médico John Polidori.

Fastidiado por el mal clima y aburrido por este entretenimiento, Byron sugirió una competencia para escribir la mejor historia de horror. Poco después, el grupo consideraba la posibilidad de comprender el secreto de la vida y discutió si la electricidad no «podría restaurar la vida y crear un ente vivo a partir de la suma de diferentes partes muertas».

Mucho después de medianoche, tal como acostumbraban, los residentes de la villa se retiraron. Mary, en un estado de excitación, durmió mal. En la duermevela tuvo una horrible visión: «Vi a un pálido adepto de las artes malditas arrodillándose junto al ser que ensambló.

Vi al abominable fantasma de un hombre yaciendo cuan largo era y, de pronto, con ayuda de una enorme máquina, dio señales de vida y se movió de modo torpe.» Sobresaltada, Mary halló su historia de horror. Publicada dos años más tarde, el Frankenstein de Mary Shelley ha perdurado a través de más de un siglo y originó innumerables secuelas e imitaciones tanto en literatura
como en cine.

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Boris Karloff encamó al primer Frankenstein, creando un aterrador
pero patético monstruo.

NOSTRADAMUS:
Nacido el 14 de diciembre de 1503 como Michel de Notredame en Saint-Rémy, Provenza, fue uno de los personajes mas polémicos de la historia. Amante de la naturaleza y del cuerpo humano, decidió estudiar medicina, que debió abandonar en 1525 debido a una plaga de peste bubónica que azotó a Francia.

Debido a su pasión y amor por la ciencia médica, Michel siempre trató de ayudar a los enfermos sin preocuparse por el contagio, cosa que muchos médicos olvidaron su profesión. La gente siempre estuvo muy agradecida por su apoyo y supo ganarse la simpatía y respeto de la comunidad, muy importante mas tarde cuando se le negó la licencia al graduarse y pudo contar con el apoyo de todos los agradecidos de aquella dura época.

A pesar de los mitos que rodearon la vida de Nostradamus, el éxito de este astrólogo estuvo estrechamente relacionado con el contexto que conmocionó a la segunda mitad del siglo XVI, marcado por las guerras de Religión y el prestigio de la astrología que tocaba a su fin. Fue astrólogo de Catalina de Médicis y médico de Carlos IX. Nostradamus se hizo célebre por sus Centurias, una selección de profecías que fueron profusamente interpretadas en el  curso de los siglos..

A comienzos de la década de 1530 se encontraba en Agen donde se casó con una joven mujer descrita como «pudiente, muy hermosa y admirable». Tuvieron un hijo y una hija, pero la Inquisición, oficina de la Iglesia dedicada a suprimir la herejía, intervino en sus vidas. Conoció al humanista Julio César Escaliger: En el período siguiente recorrió la mayor parte del reino de Francia e incluso partió a Egipto en busca de su iniciación. La tarea de los historiadores fue complicada, ya que muy pronto los biógrafos de Nostradamus lo presentaron can una personalidad mística cuya palabra estaba inspirada por Dios. Jean-Aymé de Chavigny proporcionó el modelo en 1594 en su «breve discurso sobre la vida de M. Michel de Nostre-Dame».

Hacia 1545, Michel de Nostre-Dame trasladó a Salon-de-Provence, donde nuevamente contrajo matrimonio y continuó ejerciendo la medicina. Realizó intervenciones en Aix en 1546, en Lyon en 1547 siempre vendía remedios (su «farmacia»).

En la década de 1560 se dedicó a escribir almanaques, libros de gran difusión que contenían un calenadrio y predicciones astrológicas, acompañados de consejos de todo tipo.

Mas tarde volvió a ejercer la mediina médico como un galeno itinerante, adquiriendo la reputación de obrar milagros. Luego de recompensársele con una muy justa y oportuna pensión vitalicia, se estableció en Salón, entre Marsella y Aviñón, inició un negocio de cosméticos y se casó con una rica viuda que le dio seis hijos.

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LAURENCE DE ARABIA
UN HÉROE MISTERIOSO

La fascinación ejercida por Oriente sobre los occidentales jamás fue mejor personificada que por Thomas Edward Lawrence, historiador, arqueólogo y hombre de guerra. Figura mítica, «Lawrence de Arabia» encarnó a uno de los últimos héroes románticos del siglo XX.

Que buscaba Thomas Edward Lawrence en el desierto de Arabia, en donde se lo encuentra en numerosas fotografías, oculto bajo largos velos a la manera de los beduinos? Sin duda, una redención imposible. «Dios detesta el pecado, pero ama al pecador». Esta observación de la madre de Lawrence se solía considerar a menudo como una de las claves de la personalidad del héroe, profundamente marcado por el sentido del secreto y de una fuerte culpabilidad. Esta mujer fue la ama de llaves de Thomas Chapman, aristócrata irlandés del que iba a tener cinco hijos.

En la Inglaterra victoriana, la bastardía era una tara que más valía ocultar. Lawrence viviría toda su vida con este halo de misterio. Convencido desde joven que estaba llamado a un gran destino, Thomas Edward desarrolló una verdadera pasión por la Edad Media y se identificaba con sus héroes y caballeros. Luego, sus lecturas lo llevaron al Oriente. Partió en 1909 a descubrir las fortalezas de los cruzados de Siria.

Admitido en el Jesús College de Oxford, se especializó en arquitectura militar, para luego participar en las campañas de excavaciones en el emplazamiento hitita de Karkemish, en Siria (hoy en Turquía). Al estallar la Primera Guerra Mundial,  Lawrence quiso alistarse en el ejercito de Kitchener, pero se juzgó que era más útil en la sección geográfica del Estado Mayor General.

Su trabajo consistía en actualizar los mapas del Sinaí. Sin embargo, ingresó  a partir de 1915 en el Servicio de Inteligencia británico para los asuntos árabes en El Cairo. Con un fin secreto: «fabricar una nueva nación» e influir en la política ce corona británica en Oriente.

lawrence de arabia

Lawrence de Arabia

Personaje místico consciente de edificar su leyenda, Lawrence de Arabia fue un ser atormentado, guiado por un ideal expuesto a las contingencias políticas de las que preferirá más bien huir que renegar de sus compromisos.

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Elisa Brown y Francisco Drummond Amor de la Hija de Brown

Amor: Elisa Brown y Francisco Drummond

AMOR ETERNO: Francisco Drummond, nació en Dundee, una ciudad de Escocia en el año 1803. Fue hijo del Capitán Francis Drummond y Chatarine Young. Su familia pertenecía a la elite de Forfar, sus antepasados habían servido a la causa de la Casa de Bruce y también a la de Stuart.

Elisa Brown y Francisco Drummond Además, tenían una tradición militar, tanto es así que su padre y sus cuatro hermanos habían muerto en combate. En su juventud viajó a América, una vez allí, se incorporó voluntariamente a las fuerzas del almirante Guillermo Brown . Aunque era muy apuesto y hacia suspirar a varias mujeres, Drummond tenía ojos solamente para la hija del almirante Elisa, que tenía 17 años. (imagen izq.)

A medida que las visitas de Drummond se incrementaron, el Almirante consintió que los jóvenes mantengan el romance. Así, Francisco y Elisa solían pasear por los álamos que adornaban el jardín de la casa de Brown. El amor que sentían uno por el otro era tan transparente que con sólo mirarse se comunicaban. Apenas se miraban. Él, orgulloso pero retraído en su respeto; ella, ansiosa aunque tímida y recatada.

Brown los miraba desde lejos y sonreía al verlos. Sin embargo, el tiempo de paz se terminó y ambos militares debieron continuar con su carrera, partiendo hacia la guerra con el Brasil. El capitán Drummond sería el comandante de una de las tres naves argentinas que enfrentarían a dieciséis buques brasileños.

Su barco era el Independencia. El saldo de la guerra que Argentina entablo con Brasil fue desfavorable, la tensión entre ambos países había quedado latente en episodios como la batalla de Ituzaingó.

Los brasileros esperaban tener una revancha y se encarnizaron con este nuevo enfrentamiento bélico. De esta manera, las tres naves patriotas se defendían como podían, rodeadas por las dieciséis enemigas que vomitaban plomo y muerte.

Franciso Drummond se destaca en batalla, era un verdadero león sobre la cubierta de su buque. Cuando en medio de un bombardeo se quedaron sin municiones, Franciso ordenó cargar los cañones con eslabones de cadena, todo menos rendirse, pensó.

A pesar que los brasileros iban ganando, Drummond nunca dejo de dar batalla, con un humo que enturbiaba el sitio y el futuro, una esquirla le arrancó una oreja de cuajo a Francisco Drummond. Malherido no dejaba de dar órdenes. Al presenciar que la vida de Drummond corria peligro, el almirante Brown, desde otra nave, la Sarandí, le ordena mediante señales con banderas que abandone el buque de inmediato, quemando antes su casco para que no cayera en manos del enemigo.

Sin embargo, Francisco continuó peleando, tomó un bote y, en medio del fragor de la lucha, se abrió paso hasta el Sarandí para pedirle a su almirante más municiones y su autorización para no abandonar la contienda. Al verlos las naves enemigas descargan contra el pequeño bote todas las municiones, volando en pedazos la embarcación.

Drummond herido de muerte es rescatado por sus compatriotas, llevándolo a bordo del tercer navío argentino, el República. Allí es acostado en la litera de Juan Coe, el joven capitán de ese buque. Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

Al regreso, en febrero de 1827, el Almirante se encarga de dar la fatídica noticia a la joven Elisa, la cual apretando con fuerza el anillo que su prometido le dejó antes de morir, lo besará y se marchará en silencio, algunos dicen que sufrió desde ese momentos una leve demencia. A Francisco lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante.

Diez meses después, Elisa decidió vestirse con el traje de novia que había bordado para su casamiento con Drummond, y se adentró en el río, quitándose la vida. Después de este hecho fatídico, el Almirante Brown no pudo reponerse, de tal manera que Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia.

Le pareció un fantasma. El jardín de la casa del almirante fue suplantado por la plazoleta Elisa Brown, un modesto homenaje municipal.

Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio y Espadas y Corazones de Balmaceda

Biografia de Carlota Corday Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Biografía de Carlota Corday: Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Resumen Biografía de Carlota Corday
La perspectiva histórica ha hecho de ella una heroína equivocada, pero no pudo dejar de reconocer su temple y su capacidad de sacrificio para la misión que se había impuesto y que cumplió con fervor casi religioso: devolver a Francia la libertad abatiendo a quien juzgaba un demagogo sangriento antes que un revolucionario decidido, inflexible con las vacilaciones de los girondinos.

Biografía de Carlota Corday

Carlota Corday es más el nombre de una leyenda que de un personaje real, si se piensa que a veces los actos heroicos no pueden juzgarse con el criterio de verdad o error histórico. En su vida se aunan la juventud y la belleza con el horror del asesinato que planeó y ejecutó.

María Ana Carlota Corday D’Armont nació en Saint-Saturnin des Lignerets (Normandía) el 27 de julio de 1768. Su padre, Francisco Corday, pertenecía a una familia noble de provincias venida a menos, por lo que educó a sus cinco hijos casi en la pobreza.

Agobiada por la miseria murió la madre, y el padre, después de resistir un tiempo más, decidió internar a sus hijas en el monasterio de Caen, según era habitual en la época.

En los conventos solían hacerse en aquel entonces reuniones mundanas, a las que asiste Carlota, ya de trece años. La joven conoce así a Belzunce, coronel del regimiento de caballería con guarnición en Caen, y pariente de la abadesa. Hay quienes sostienen que Carlota se enamoró de él, pero que al ser asesinado el militar en una revuelta, ella juró vengarlo y esto recaería después sobre Marat.


Como resultado de la nueva situación política que sobrevino con la Revolución de 1789, se cerraron los conventos, Carlota -casi desprovista de medios- se vio obligada a vivir en Caen con una anciana tía, madame de Bretteville.

Tuvo entonces oportunidad de leer algunos libros que influyeron mucho en ella: Rousseau, «un filósofo del amor y un poeta de la política»; Plutarco, el historiador clásico, y otros autores que presentaban el sacrificio personal como una razón de Estado.

INMOLARSE POR LA PATRIA
Republicana por convicción pero monárquica por sentimiento, se interesa por los movimientos que entonces agitaban a Francia; inclusive asiste a los juicios públicos ante las asambleas populares que juzgaban a los acusados de contrarrevolucionarios; a menudo, más que establecer la verdad o hacer justicia, se buscaba simplemente un culpable. Con las mejillas encendidas por el dolor, que realzaban su hermosura, Carlota presenciaba los desfiles hacia el patíbulo.

En esas circunstancias conoció a un muchacho, Franquelin, quien mantuvo con ella una secreta correspondencia; Carlota lo alentó vagamente, como una forma de compartir los infortunios de su amigo.

La partida de un batallón de voluntarios que marcha a París hace que se apodere de Carlota la idea de evitar que se malgasten vidas tan generosas y de liberara Francia de un gobierno que ella juzgaba tiránico, sin necesidad de más lucha fratricida. Juan Pablo Marat, se decía -y de ese médico y líder político jacobino se decían muchas cosas-, va había hecho listas con los nombres de los simpatizantes girondinos cuyas cabezas debían rodar para asegurar el triunfo de los revolucionarios más decididos.

Carlota imaginó que el inminente baño de sangre solo podría detenerse con el sacrificio de la suya propia. Así fue como el 7 de julio de 1793, con el pretexto de partir para Inglaterra, Carlota abandonó a su padre y su hermana para dirigirse a París, adonde llegó el jueves 11.

Ya tenía trazado un plan: pensaba que Marat concurriría al Campo de Marte para la gran ceremonia del 14 de julio, pero la enfermedad de este la obligó a cambiar de táctica. Decidió entonces buscarlo en su propia casa. Le escribió una carta en estos términos: «Vengo de Caen; conociendo su amor por la patria, supongo que se enterará con agrado de los terribles acontecimientos de esta parte de la República. Iré a su casa alrededor de la una. Tenga la bondad de recibirme y concederme un momento de audiencia. Le daré la ocasión de prestar un gran servicio a Francia».

LA MUERTE DE MARAT
Sin embargo, Marat no la recibe. Una segunda esquela, más insistente, refuerza la primera: «Marat, ¿ha recibido mí carta? No puedo creerlo, pues encuentro la puerta cerrada. Espero que mañana me conceda una entrevista. Le repito: vengo de Caen; tengo que revelarle importantes secretos para la salvación de la República. Me persiguen, además, pues saben que la libertad es mi causa; soy desgraciada, y este título es suficiente para tener derecho a su patriotismo.»

A las siete de la tarde del 13 de julio, sin esperar la contestación, va a la casa de Marat. Se arregla con cuidado, para impresionar bien a quienes custodiaban al insobornable jefe republicano. Aunque la portera no quiere dejarla pasar, la muchacha sube decididamente las escaleras.

En los primeros tramos la detiene Simone Evrard, la fiel amiga de Marat, que había oído el cambio de palabras. A su vez, el propio Juan Pablo oye discutir a las dos mujeres y, pensando que se trata de la desconocida que le ha escrito el día anterior, indica que dejen pasar a su visitante. En el aposento a medias iluminado Marat, enfermo, toma un baño, cubierto con una sábana manchada de tinta.

Carlota baja los ojos y espera junto a la bañera el interrogatorio. Responde con serenidad a las preguntas sobre la situación en Normandía. «¿Quiénes son los representantes refugiados en Caen?» Carlota dice sus nombres y Marat, con medio cuerpo y el brazo fuera del agua, los anota; añade: «Antes de ocho días irán todos a la guillotina». Al oírlo, Carlota saca un cuchillo y lo hunde con fuerza en el pecho de Marat, que mientras se desangra pide auxilio. Acuden Simone v un criado.

CAMINO DEL PATÍBULO
Carlota no trata de huir y apenas se oculta tras una cortina, pero el criado la golpea con una silla y ella se desploma. El tumulto y los gritos atraen a los vecinos, que suben las escaleras y se arremolinan, furiosos, en la calle, pidiendo a gritos que les entreguen al asesino para vengar allí mismo la muerte del gran tribuno.

No obstante, un piquete de soldados con bayonetas y el comisario Grillard conducen a Carlota, maniatada, al salón de Marat, donde es interrogada. Ella contesta con calma, orgullosa de su acción, y se dispone su reclusión en una prisión cercana. Ya en la cárcel, entre sus ropas se descubre, una proclama redactada por ella, en la que exhorta a derrocar la tiranía.

El 16, severamente custodiada, comparece ante el presidente del tribunal revolucionario. Conmovido por tanta belleza y tanto fanatismo que casi desdibujan el crimen, este la interroga sugiriendo las respuestas, de modo que el asesinato parezca demencial. Tal suposición irrita a Carlota, que la rechaza.

Trasladada a la Conserjería -la famosa prisión donde pasan sus últimas horas los que morirán en el patíbulo-, a las ocho déla mañana siguiente es conducida ante el tribunal revolucionario, el cual, por no tener ella quien la defienda, le designa como defensor de oficio al joven Chanveau—Lagarde, célebre por su defensa de María Antonieta, tres meses más tarde.

No obstante la elocuencia y valentía de Lagarde, el tribunal vota unánimemente la pena de muerte para la acusada. Al sacerdote que le envían para asistirla, Carlota le explica: «Agradezco a quienes lo han mandado, pero no tengo necesidad de su ministerio; la sangre que he derramado y la mía que va a verterse son los únicos sacrificios que puedo ofrecer al Eterno». Ese mismo 17 de julio marcha al suplicio en una carreta, bajo la lluvia, pero ello no arredra a la multitud congregada para presenciar la ejecución.

El verdugo, para ver mejor el cuello, le arranca la pañoleta que le cubre el pecho. El pudor humillado afecta a Carlota más que la muerte cercana, pero recobra en seguida su serenidad y acerca la cabeza, que la cuchilla troncha y hace rodar. Se cuenta que, al recogerla, uno de los ayudantes del verdugo la abofeteó y que entonces las mejillas de Carlota enrojecieron como si la ofensa les hubiese devuelto la vida. La multitud reprueba el ultraje pero celebra la muerte de quien asesinara al «amigo del pueblo».

Los girondinos encarcelados dijeron, al saber de su suplicio: «Ella nos mata, pero nos enseña a morir». Y Franquelin, su joven enamorado, se retira a una aldea normanda pues no puede soportar la desaparición de su amada. Muere pocos meses después, no sin antes pedir que junto con él entierren el retrato y las cartas de Carlota…

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Camila y Uladislao Gutiérrez Ladislao Amor Prohibido Historia

Camila y Uladislao Gutiérrez o Ladislao: Amor Prohibido – Historia

El régimen rosista empezaba a ser más tolerante con sus opositores. Muchos habían regresado, cansados de esperar el fin del tirano. Mariquita Sánchez, por caso, se entretenía tocando el piano y recibiendo a unos pocos amigos fieles en su casa de la calle Florida.

Camila, amor tragico argentinoUna tediosa monotonía caracterizaba la vida pública y privada. Xavier Marmier, hombre de letras que visitó Buenos Aires en 1850, se aburrió mucho en las tertulias donde no se podía hablar de otra cosa que de modas y banalidades.Ludovico Besi, un prelado italiano que vino como legado papal ese mismo año, se sintió asqueado ante la ostentación de la obsecuencia por parte del clero porteño.

El obispo local había tolerado la supresión de las fiestas religiosas decretada por el gobierno para que la gente trabajara un poco más. El espionaje, la delación y la inmoralidad eran moneda corriente. Los jesuitas, llamados por Rosas de regreso al país, se habían ido de nuevo porque no admitían los actos de sumisión que se les imponían.

Transgredir la ley se pagaba cruelmente. Esto le sucedió a Camila O’Gorman, una jovencita que se enamoró del teniente cura del templo del Socorro, Uladislao (o Ladislao) Gutiérrez.

La pareja escapó a Corrientes para poder vivir sin trabas su amor, no advirtiendo el escándalo que dejaban atrás. Rosas, disgustado porque los emigrados de Montevideo denunciaban el libertinaje de la sociedad federal, decidió dar un escarmiento: ordenó apresar a la pareja y la hizo fusilar aduciendo que ése era el castigo dispuesto por la antigua legislación española para los amores sacrílegos. Esta conmovedora tragedia, que ocurrió en el Campamento Militar de Santos Lugares en 1848, contribuyó a demostrar que el uso arbitrario del poder era la esencia del régimen. (Fuente Consultada: Argentina, Historia del País y De Su Gente – María Saenz Quesada)

Los O’Gorman eran irlandeses, por eso era muy común que visitara la casa de esta familia un curita muy joven que no hacía muchos meses había llegado a la parroquia del Socorro. Había nacido en Tucumán, pertenecía a una familia adinerada, era muy apuesto con su pelo moreno y su sonrisa franca, tenía veinticuatro años y se llamaba Ladislao Gutiérrez.

Una de las hijas de los O’Gorman se llamaba Camila, tenía veinte años y era de una belleza serena pero deslumbrante. Su espíritu era festivo y romántico. Era la niña mimada de la casa. Es imposible saber cómo empezó todo. El caso es que Camila y Ladislao se enamoraron. Sabían lo que significaba aquello y ambos pedían perdón a Dios por lo que no podían y no sabían refrenar. Juzgarlos sería demasiado fácil.

Camila y Ladislao deciden fugarse. En los últimos días de 1847 salen por la noche, él de paisano, ella con un modesto vestido. Pocas horas después, la familia de Camila denuncia la desaparición de la joven y comienza una afiebrada búsqueda. Ellos pertenecen también a una familia socialmente acomodada y con contactos en los mandos, por lo que las autoridades, sin imaginar el escándalo en ciernes, agotan los recursos para encontrarla.

Solo al advertir la desaparición del padre Ladislao e hilar algunos hechos que antes parecían casuales pero ya no, comienzan a entrever la verdad. Crece la desesperación. Ni los familiares de Camila ni las autoridades eclesiásticas saben qué hacer. La noticia toma estado público y se la califica como un «crimen horrendo”. Todo Buenos Aires habla de la pareja y nadie sabe dónde están. Nadie.

La policía de Juan Manuel de Rosas busca afanosamente a los protagonistas del “crimen horrendo”. El gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, tío de Ladislao, se presura a enviar, sin motivo alguno, un regalo valioso al Restaurador: dos sillas talladas a mano que, más que eso, es una manera de decir de que se lava las manos por la actitud de su sobrino y acepta disciplinadamente las decisiones del poderoso Rosas, sean las que fueren.

Camila y Ladislao, mientras tanto, lograron abordar una pequeña embarcación en el Tigre convenciendo al capitán para que los dejara en Goya, Corrientes. El hombre desconoce la identidad de sus casuales pasajeros. Ellos llevan documentos falsos donde él figura como un comerciante jujeño llamado Máximo Brandier y ella como su esposa, Valentina Desán de Brandier, Al poco tiempo, la pareja abre una escuela en Goya y comienzan a dar clases a los habitantes del lugar, que enseguida se encariñan con ambos como si hubieran vivido allí desde siempre. La casa de ellos es pequeña pero limpia y decorosa.

Dedican casi todo su tiempo a la enseñanza y a amarse con mucha ternura. Puede decirse que son felices, tal vez hasta muy felices, pero nada es eterno. Un día hay una fiesta en Goya y ellos asisten.  Allí, un hombre recién llegado de Buenos Aires los reconoce. Se acerca a Ladislao, que por supuesto viste de paisano, y le pregunta a quemarropa con un tono lleno de ironía:

Cómo está Ud., padre Gutierrez? ¿Hace mucho que no va por Buenos Aires?”. De responderle, Ladislao debió decirle que pronto se  cumplirían seis meses desde el día en que huyeron de la ciudad, pero fingió no escuchar nada y se fue para otro lugar la fiesta. El tipo se quedó mirándolo, con una sonrisa maliciosa y sin esperar una respuesta, que ya estaba dada.

Camila y Ladislao decidieron no huir. Tal vez pensaron que el  tiempo había ablandado las opiniones, quizá creyeron que no debían seguir escapando o que ya los habrían olvidado. Pero no era así. Dos días más tarde llegó la orden de Buenos Aires: ellos debían ser detenidos y devueltos a la ciudad. Así se hizo.

Por orden de Rosas se habilitó una celda del Cabildo para encerrar en ella a Ladislao y una habitación especialmente parada en la Casa de Ejercicios que administraban las monjitas de caridad, donde Camila sería recluida. Pero también por orden de Rosas, en mitad de camino llegó un chasque que desvió a los prisioneros al campamento militar de Santos Lugares. Se dice que en Buenos Aires corrían rumores de linchamiento apenas pusieran pie en la ciudad y el gobernador quiso evitar aquello, por eso el cambio.

El 14 de junio de 1848, en una fiesta organizada por el juez de paz, Uladislao fue reconocido por el sacerdote Miguel Ganrton y denunciado a las autoridades. Incomunicados por orden de Rosas, fueron engrillados y remitidos a Buenos Aires en la misma nave que habían empleado para huir. A partir de ese momento, y durante varias semanas, el gobernador debió soportar presiones en favor y en contra de los prisioneros.

En una carta que dirigió a la joven, Manuelita Rosas le anunciaba que había intercedido por ella y su amante ante su padre. La Iglesia, por su parte, se había convertido en implacable acusadora. «Todas las personas primeras del clero me hablaron o escribieron sobre este atrevido crimen, y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes», confesó Juan Manuel de Rosas a Federico Terrero en el año 1870.

Camila y Ladislao llegaron penosamente encadenados al campamento de Santos Lugares. Un hecho hubo que parecía aliviar la situación pero que, en realidad, no hizo más que empeorarla: ella estaba embarazada.

El comandante del lugar, Antonino Reyes, se hace cargo de la situación lo mejor que puede: ordena que Camila sea tratada con delicadeza y hace que forren con tela suave los eslabones de la cadena que la engrillan. Ella y Ladislao son puestos en celdas separadas pero atendidos con toda corrección, mientras Reyes espera órdenes de Buenos Aires. Estas no tardan en llegar y su contenido es tan inesperado y terrible que el comandante debe leerlas varias veces para convencerse: Camila y Ladislao deben ser fusilados al día siguiente, a las diez de la mañana.

El 18 de junio de 1848 Camila y Ladislao son llevados frente al pelotón de fusilamiento. Camino al paredón, iban separados y con los ojos vendados, pero se percibían.

Ella preguntó al aire mientras caminaba a su muerte: —Estás allí Ladislao?

—Sí —respondió Gutiérrez desde un par de pasos de distancia y también sin poder verla por la venda—. Aquí estoy. Y mi último pensamiento es para ti…

Poco antes se le había permitido mandarle una nota de despedida a su amada en la que terminaba diciéndole: «Ya que no hemos podido vivir unidos en la Tierra, nos uniremos en el Cielo, ante Dios’»

Ambos fueron confesados por el cura del campamento, unos minutos antes del terrible momento. No pidieron clemencia, no lloraron, no se resistieron. La descarga de fusilería fue una sola y tremenda. Luego, el olor a pólvora quemada, una humareda que el viento disipó y el impresionante silencio de los soldados y oficiales que debieron cumplir la orden.

Todo quedó así por varios segundos, quieto, como en una fotografía. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento para todos los protagonistas de esta historia, como nos ocurre ahora a nosotros al terminar de leerla.

(Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio)

Biografia de OSCAR WILDE Escritor Su Amor Por Douglas y Obras

Biografía de OSCAR WILDE
Su Amor Por LORD ALFRED DOUGLAS

OSCAR WILDE: (Dublín, 6 de octubre de 1854 – París, 30 de noviembre de 1900)

Novelista y comediógrafo inglés. Fue hijo de sir William Wilde, célebre cirujano irlandés. Hizo sus estudios en el Trinity College, donde obtuvo notas brillantes. Después, en el año 1874, estudió en Oxford, obteniendo un premio de poesía. En el caso de este literato de finales del siglo XIX es muy difícil separar al escritor de la leyenda y el escándalo, pero no hay duda de que, aunque sólo sea como autor de obras teatrales, fue el mejor comediógrafo que han dado las letras británicas desde los tiempos de Sheridan, más de una centuria antes.

Oscar  nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854, y se le impusieron los nombres de Osear Fingal O’Flahertie Wills, además del patronímico de Wilde. Resulta conveniente decir unas palabras sobre los progenitores de Oscar, aunque tengan muy poco o nada que ver con la vida extravagante y desorbitada de su hijo, cuando se hizo famoso. Su padre, William Wilde, era, no sólo un brillante especialista del oído, sino, por si ello fuera poco, un excelente oftalmólogo además.

La madre, Jane, era un ejemplar humano muy distinto. Voluminosa, proteica, dada en su juventud a idealismos revolucionarios, forjó para sí cierta fama de poetisa nacionalista bajo el seudónimo de «Speranza». Una vez que su marido alcanzó una buena posición profesional y social, se le enfriaron los entusiasmos revolucionarios y se conformó con presidir un salón literario, vistiendo excéntricamente para sus recitales poéticos.

En todo caso, fue ella quien estuvo más cerca de la vida bohemia de Osear, si bien se trataba de una bohemia más casera y mucho más inocente, si exceptuamos su excesiva afición a las bebidas alcohólicas.

Tanto Oscar, como su hermano mayor, William, se habían educado en Portora Royal School, en Enniskillen, y de allí el menor pasó al Trinity College de Dublín en 1871, donde demostró suficiente aprovechamiento como para ganar una beca que le abriría las puertas del Magdalen College en Oxford, distinción que conservó hasta 1879. En la famosa universidad inglesa sobresalió en letras clásicas y en humanidades.

No era, pues, ningún «diletante», aunque él mismo en ocasiones afectara serlo, y no hay duda de que durante sus años de estudio había leído un buen número de libros de los poetas y pensadores más relevantes de todos los tiempos.

Asimismo, estaría expuesto, como la mayoría de sus condiscípulos, a las ideas de los neohegelianos en filosofía, de los evolucionistas Darwin y Huxley en antropología, de Swinburne y su escuela poética, de los prerrafaelistas en decoración interior, así como de Whistler en las artes plásticas. Si a esto añadimos que el refinado prosista Walter Pater era tutor en la misma universidad no resulta extraño que Osear se sintiera arrastrado por los movimientos esteticista y decadente.

Oscar intentó por todos los medios abrirse paso en el mundillo literario londinense. Era un desconocido, a pesar de que Walter Pater había elogiado alguna que otra colaboración suya en revistas de arte. La tarea no fue nada fácil al comienzo y tuvo que contentarse con ver publicados unos pocos sonetos de los muchos poemas que compuso en aquellos días. Con el ánimo de acelerar su carrera literaria decidió costearse la edición de un libro de versos.

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OSCAR WILDE Y LORD ALFOSCAR WILDERED DOUGLAS: Alfred Douglas (1870-1945) consideraba a Oscar Wilde (1854-1900) como la representación del éxito, la brillantez y el mundo artístico. Cuando se conocieron, Wilde no era muy atractivo, se encontraba excedido de peso, fofo y tenia los dientes estropeados por el mercurio que había injerido para curar la sífilis.

Sin embargo, Oscar compensaba sus carencias con ingenio y una conversación brillante, en la que abundarían comentarios como: «un cínico es alguien que conoce el precio de las cosas pero no su valor».

Alfred Duglas a quien llamaban Bosie, había sido acusado de no corresponder al amor de Wilde, de quien aprovechaba su dinero y su generosidad. De igual manera, Alfred lo quiso a su manera y quizás su único error fue ser demasiado joven.

En 1891 se conocieron, Alfred apenas tenia 21 años mientras que Wilde 37. Juntos exploraron el camino de la prostitución masculina en Londres durante la época victoriana. Al respecto Oscar Wilde comparaba estas practicas con «cenar con panteras» aludiendo a su peligrosidad. En alguna ocasión, uno de estos chicos, Albert Wood, se apoderó de algunas cartas que Wilde enviaba a Douglas y demandó una suma de dinero para devolverlas.

Alfred era un joven un tanto egoísta muchas veces propenso a las rabietas y otro tipo de escenas en publico, las cuales irritaban a Oscar. Además tenia ojos azules y cara de niño. Incluso, absorbía la mayor parte del tiempo de Wilde y le imposibilitaba escribir.

Wilde disfrutó unos cuantos años de gloria, de 1892 a 1895, con el éxito de obras como “El abanico de lady Windermere” o “La importancia de Llamarse Ernesto”.

La vida de Wilde no fue fácil, muchas veces parecía caminar hacia la autodestrucción, en el fondo vivia atormentado por su homosexualidad. El escritor demandó en 1895 al padre de su amante, el marqués de Queensberry. El marqués presentó pruebas referidas a la homosexualidad de Wilde (la cual era considerada un delito). A raíz de ello, Oscar fue sentenciado a dos años de trabajos forzados por el crimen de sodomía. Sin embargo, tuvo la oportunidad de huir a Paris cuando se supo que la sentencia le iba a ser desfavorable, pero, en contra de los consejos de sus amigos, no lo hizo.

Iniciación al sexo: La sociedad en la que vivio Wilde condenaba la homosexualidad, entonces, naturalmente, el camino que tomaría Oscar seria el del matrimonio. Luego de tener varias novias, se casó en 1824 con Constance Lloyd a los 29 años. Su esposa era una mujer bella y leal  que intentó por todos los medios comprenderle. Con ella, tuvo dos hijos que la estropearon por lo que él empezó a sentir horror ante cualquier contacto y la convenció para que no tuvieran relaciones sexuales.

En 1886, la vida de Wilde cambió; le sedujo Robert Ross, un muchacho de diecisiete años que se convertiría en su amigo incondicional hasta el final y en su albacea literario, y descubrió el placer y la alegría del sexo entre hombres.

PRUEBAS DE AMOR: esta carta de Wilde a Bosie habla por sí misma:

“Mi muchacho, Tu soneto es absolutamente delicioso, y es un portento que esos labios tuyos, rojos como pétalos de rosa, hayan sido hechos tanto para la música o el canto, como para la locura de los besos. Tu alma delgada y áurea camina entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, al que Apolo tan locamente amó, fuiste tú en los días griegos”.

Durante su cautiverio escribió una bella carta a Bosie, De Pro fundis, que terminaba así: «Viniste a mí para aprender el Placer de la Vida y el Placer del Arte. Acaso se me haya escogido para enseñarte algo que es mucho más maravilloso, el significado del Dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere, Oscar Wilde».

Al concluir su condena sólo consiguió producir una obra “La balada de la carcel de Reading”, basada en la historia personal de un recluso que conoció allí, el cual había sido ejecutado por matar a su esposa. Wilde falleció en Paris en 1900, su intento de reconciliación con Bosie no dio resultado…

SEXO COMPARTIDO: D. H. LAWRENCE y FRIEDA

David Herbert Lawrence (1885-1930) y Frieda von Richtofen (1879-1956) tuvieron un matrimonio lleno de pasión desatada, violencia, sexo, infidelidad, homosexualidad y libertinaje, como una novela escandalosa más del autor de El amante de lady Chatterley.

Lawrwence constituyó uno de los exponentes de la literatura inglesa del siglo XX. Creció en un pequeño pueblo ingles, su padre era minero. Su obra se caracterizaba por contener escenas de sexo, pero también de ecologismo, pacifismo y críticas a la civilización industrial. Debido a sus ideas y a su comportamiento extravagante fue marginado por los intelectuales británicos. Incluso sus obras no le propiciaron ningun tipo de ganancia.

Lawrence conoció a Frieda, casada con un profesor de literatura, Ernest Weekly, en 1912 e inmediatamente se hicieron amantes. Ella era de procedencia alemana, pariente del que sería as de la aviación alemana, Manfred von Richtofen, el Barón Rojo.

Frieda era seis años mayor que el escritor,  y  poseía un largo historial sentimental: a los 19 años contrajo matrimonio con Weekly. En 1907 se hizo amante del psicoanalista austríaco Otto Gross (amante de su hermana Else), contemporáneo de Freud y Jung —que lo consideraban loco—, sostenía que «el único estado mental sano es la inmoralidad sexual», y tenía un numeroso grupo de amantes con las que practicaba el sexo grupal. Frieda era su amante preferida, su «pequeño caballo turco» (la llamaba así por su afición al sexo anal), su liberada «diosa del sexo».

Lawrence obligó a Frieda a abandonar a su marido y a sus tres hijos. Se divorció en 1914. Durante la Primera Guerra Mundial debieron exiliarse de Inglaterra, por el origen alemán de Frieda y el pacifismo de Lawrence. Luego se casaron e iniciaron una vida casi nómada por todo el mundo.

Dos polos opuestos: Lawrence, alto, delgado y de aspecto siniestro, siempre estaba enfermo. Frieda era corpulenta, atractiva y muy vital. La relación fue conflictiva y poco convencional. El endeble Lawrence golpeaba a su esposa y era cruel con ella, pero se ocupaba de todas las labores del hogar, la mimaba y le servía habitualmente la comida en la cama.

Teórico «del arte por el arte», sus bellas frases, llenas de ingenio, han dado la vuelta al mundo. Wilde ha dejado algunas comedias ligeras, chispeantes, donde la risa recogió con frecuencia una severa crítica moral y social. Sus versos pueden calificarse como técnicamente buenos. Sus cuentos, como «El fantasma de Canterville», son obras en las que brillan la poesía, el humor y siempre sus estilo inconfundible, que algunos imitaron más tarde.

Lawrence estaba obsesionado con el sexo, sin embargo era prácticamente impotente y con fuertes tendencias homo eróticas. Fomentó a su esposa a tener relaciones extramatrimoniales. Entre los amantes de Frieda se cuentan E. M. Forster y Bertrand Russell. Frieda y Lawrence mantuvieron una relación cuadrangular con Katherine Mansfield y su esposo John Middleton.

Por su parte, Lawrence tuvo algún escarceo con hombres y mujeres que previamente habían sido seducidos por Frieda, pero su debilidad física siempre le impidió tener una vida sexual completa. Su vida se acabo tras sufrir de tuberculosis.

RADIOGRAFÍA DE UNA RELACIÓN: El escritor odiaba a los homosexuales refinados y su obsesión se centraba en los campesinos, los obreros, los soldados y las prostitutas. Soñaba con tener una relación triangular entre su esposa y un hombre, con el que compartiría una vida activa practicando juegos y caza, que su estado de salud le impedía.

La relación entre Lawrence y Frieda queda perfectamente descrita en este párrafo de su biógrafa Catherine Carswell: «A veces nos parecía que él había elegido una fuerza de la naturaleza —una fuerza femenina— más que a una mujer individual. Para Lawrence, Frieda era —por turno— una brisa agresiva o sonriente, una lluvia curativa o una enloquecida tempestad de estupidez, un sol radiante o un ataque indiscriminado de relampagueos. A veces se odiaban. Había en ella cosas que lo escarnecían y lo enfurecían, cosas que nadie aguantaría. Pero en parte por esa razón, ¡cómo la admiraba!».

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA PARA SABER MAS…
UN HOMBRE EXTRAÑO

Oscar pertenecía a una buena familia. Su padre gozaba en Dublín (Irlanda), donde el escritor nació en 1854, de un gran prestigio como cirujano; Osear fue enviado a instruirse en las mejores escuelas. Y si siempre salió airoso de los exámenes, fue debido a su formidable memoria, ya que no ponía mucha voluntad en el estudio. Su indolencia, por el contrario, llegó a hacerse proverbial.

Tampoco se sentía atraído por las diversiones preferidas por sus compañeros: odiaba el tenis, el fútbol y la natación; y esta actitud tan extraña le granjeó el desprecio de muchos de sus coetáneos. Lo gracioso era que en su aspecto no había nada del «tímido y gentil poeta» que pretendía ser. Era alto y robusto como un roble, con anchas espaldas de luchador y manos enormes.

Entre los jóvenes de su edad y categoría social, estaban entonces de moda los encuentros pugilísticos. Wilde, sin embargo, se negó siempre a pelear, costumbre que juzgaba «poco conveniente para un poeta». Sólo una vez cruzó los guantes con un compañero, el cual se había atrevido a despreciar uno de sus poemas. Osear, ante el estupor de los presentes, lo venció, en un abrir y cerrar de ojos, con un par de directos bien colocados.

TAMBIÉN ENCONTRÓ TIEMPO PARA ESTUDIAR
¿Cuál era la meta de un joven inglés decidido a ser famoso? La conquista de Londres, por supuesto. Wilde se preparó minuciosamente para esta empresa. A los diecisiete años se matriculó en la elegante Universidad de Oxford, y éste fue su primer paso hacia la capital.

Fueron cuatro años intensísimos, aunque no de estudio. El joven irlandés los dedicó íntegramente a cultivar sus «relaciones sociales», dando fiesta tras fiesta, y quedándose sin dinero a los pocos días de iniciado el mes. El dinero se le iba, materialmente, de las manos, consumido en mil extravagancias, en trajes tan impecables como excéntricos o en cualquier cosa que pudiera convertirlo en tema de conversación.

A pesar de todo, y ante el asombro de condiscípulos y profesores, consiguió terminar la carrera. Nadie pudo comprender de dónde había sacado tiempo para el estudio. Lo cierto es que abandonó Oxford triunfalmente, tras ganar el premio anual de poesía con una composición dedicada a Ravena y recitar su obra ante un público entusiasta. Aquel éxito le hizo comprender que había sonado la hora de poner en práctica sus proyectos. En Londres se hablaba mucho del joven poeta, y hacia allí dirigió éste sus pasos, como un general precedido por la fama de sus victorias.

EL HOMBRE DEL MOMENTO
Una vez en la capital, el éxito no se hizo esperar. Los críticos se mostraron bastante desacordes al juzgar su producción, pero el público se le entregó desde el primer día. Por otra parte, Wilde era él mejor propagandista de sí mismo, y siempre se las arreglaba para atraer la atención general, gracias a sus extrañas maneras, a sus absurdos atuendos y a su punzante humorismo.

La fama del poeta, quien paseaba por Londres con un lirio en la mano y que no se trasladaba más de cien metros sin recurrir a un coche de caballos (con la condición, naturalmente, de que el conductor tuviera «aspecto agradable y señorial»), atravesó muy pronto el Atlántico. Wilde fue invitado a visitar los Estados Unidos. El objetivo oficial del viaje era pronunciar una serie de conferencias, pero lo que en realidad querían los americanos era verlo.

Wilde no se hizo rogar y charló hasta por los codos, de arte, de poesía, de muebles y de elegancia, ante un público que le oía cada vez con mayor entusiasmo.
En el curso de su viaje llegó hasta el legendario Oeste, donde también supo ganarse a los rudos «cow-boys» que poblaban las ciudades fronterizas. Aunque apenas comprendían sus palabras, había algo que les producía intensa admiración: aquel «dandy» inglés, siempre con una flor en el ojal, sabía beber como una esponja y comía como un buey. Lo cual, a juicio de los «cow-boys», constituía la mejor prueba de que era un hombre cabal.

«LO MÁS DIFÍCIL ES NO HACER NADA»
Lo mismo que de joven había encontrado tiempo para el estudio, años después, ya escritor, supo encontrarlo para el trabajo, entre conferencias, períodos de vacaciones y continuas fiestas. Al volver de América, se estableció, durante una temporada, en Francia; luego regresó a Londres, donde se hizo cargo de la dirección de una revista. En el decenio 1885-1895, salieron a la luz sus obras más importantes: cuentos, relatos, novelas y comedias.
Sin embargo, e inexplicablemente, el escritor estaba siempre agobiado por las deudas. «El dinero —decía— está hecho para ser gastado. Ahorrarlo equivale a desperdiciarlo».

Pero el éxito terminó por subírsele a la cabeza. Se creyó autorizado a todas las extravagancias, y su conducta le enajenó las simpatías del público. Sostenía que «lo más difícil es no hacer nada; lo más difícil y lo más intelectual». Y; así, sin hacer nada, se dedicó a frecuentar compañías de dudosa respetabilidad: Esto señaló el principio de su decadencia.

EL FIN DE UN ÍDOLO
Difamado y complicado en un proceso, Wilde se dio cuenta de que la ley no establece diferencias entre los poetas y el resto de los mortales. Debido a ello, él, que se consideraba por encima de sus semejantes, fue condenado a dos años de cárcel. Esta sentencia significó su ruina. Al salir, en 1898, era un hombre acabado. Intentó volver a tomar contacto con el público y reanudar sus antiguas amistades en altas esferas, pero su espíritu se había apagado. Durante dos años vagó por Francia e Italia, ayudado por los pocos amigos que le quedaban.

La muerte, que lo sorprendió en París el 30 de noviembre de 1900, supuso para él una liberación: durante treinta años había vivido como protagonista y alejarse de los escenarios de la vida se le hacía insoportable. No en vano había dicho: «Sólo hay una cosa peor que dar que hablar: no dar que hablar»

Fuente Consultada:
Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi
Enciclopedia del Estudiante Superior Fascículo N°37

Biografia de Alejandro Dumas Obra Literaria y Sus Amores

Biografia de Alejandro Dumas Obra Literaria y Sus Amores

BIOGRAFIA: Nació un 24 de julio de 1802, en Villers-Cotterêts, Aisne. Era hijo de un general y nieto de un noble afincado en Santo Domingo. Fue novelista y dramaturgo francés del periodo romántico, y también fue escritor. Sus obras mas importantes son dos novelas históricas:por sus novelas históricas Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844). Falleció el 5 de diciembre de 1870, estaba prácticamente en bancarrota.

Metido de lleno en la corriente romántica francesa, Alejandro Dumas, dotado de una facilidad de improvisación considerable y de una no menor destreza narrativa, no se distinguió por su temple creador.

Su obra, basada en gran parte en temas de carácter histórico, no es por completo original, pues fueron varios los colaboradores que le proporcionaron argumentos y aun textos detallados.

alejandro dumas

Sin embargo, sus novelas de aventuras fueron extraordinariamente populares en Francia y los demás países europeos, hasta el extremo de poder afirmarse que ha sido uno de los autores más leídos del siglo XIX.

Su fantasía, su vitalidad y su maravillosa intuición para lo dramático son los factores determinantes de este hecho, que hubiera podido tener mayor trascendencia si Dumas no hubiese sacrificado la calidad a la cantidad, la selección a la masa.

Hijo natural de un general del ejército republicano, Alejandro Dumas nació en Villers-Coterets, donde era tabernera su madre, María Labouret, el 24 de julio de 1802.

Por sus venas corría la sangre del marqués de La Pailleterie y de la negra haitiana María Cessete Dumas, sus abuelos paternos. Huérfano de padre a los cuatro años, su juventud fue apurada desde el punto de vista económico, pero alegre, libre y activa.

Sus estudios fueron insuficientes, pero no sus lecturas. Ya adolescente, se empleó como escribano en el despacho de un notario de Villers-Coterets. Aquel ambiente de provincia era insuficiente a sus ambiciones.

En 1823, con un melodrama en el bolsillo y una carta de presentación para el general Foy, se trasladó a la capital.

Obtuvo una plaza de copista en la cancillería del duque de Orleáns. El sueldo era muy humilde; pero le permitía vivir en París y alternar con los círculos literarios.

En esta época era un romántico exaltado en letras y en política. En 1829 obtuvo un eran éxito en la representación del drama Enrique III y su corte en la Comedia Francesa; triunfo de trascendencia literaria por la concepción romántica de la obra. Al año siguiente intervenía en las jornadas de julio a favor del duque de Orleáns.

Sin embargo, su adhesión a esta dinastía fue flor de un día. Chocó con el gobierno de Luis Felipe con motivo de la representación de Antony (1831), drama de tema bastante libre. Poco después, triunfaba en la Torre de Nesle, que señala su culminación como autor dramático.

La recomendación del gobierno, que deseaba verle fuera de Francia, v la independencia económica lograda con sus éxitos literarios, determinaron a Dumas a emprender una serie de viajes por el extranjero.

Suiza e Italia desfilaron ante sus ojos y le proporcionaron ocasión Dará escribir una serie de impresiones de cierto interés. En 1844 publicó Los tres mosqueteros, novela que inicia el ciclo histórico de la actividad literaria de Dumas.

A ella siguieron muchas otras obras por el estilo, con el evidente propósito de pasar revista a todas las épocas de la historia de Francia e incluso del mundo.

A este período pertenece El conde de Montecristo (1844-1850), siempre convincente a pesar de la truculencia melodramática de la mayoría de sus episodios.

Dumas contribuyó a la revolución de 1848. Pero fue un error político y literario.

El drama romántico decayó muy pronto y con él gran narte de su popularidad. Por otra parte, después del golpe de estado de Napoleón III en 1851, se exiló voluntariamente a Bruselas. Allí pudo poner en orden sus asuntos económicos.

De regreso a París rehizo su fortuna con algunas publicaciones nuevas, como Los mohicanos de Parts (1854-1858), de carácter detectivesco.

En 1858 emprendió un viaje por el Nordeste y Oriente de Europa, desde Finlandia al Cáucaso.

En 1859 navegó por el Mediterráneo, apoyó a Garibaldi, participó con él en la empresa napolitana y recibió el cargo de director general de Bellas Artes de este reino (1860) Esta fue su última aventura política.

En el campo literario, también había dicho su última palabra, aunque en La San Felice (1864-1866) aun reveló sus dotes de escritor brillante.

Murió en Puys, cerca de Dieppe, el 6 de diciembre de 1870, después de haber asistido al desastre francés de la guerra francoprusiana.

OBRAS IMPORTANTES DE DUMAS

Cristina (drama).
Enrique III (drama).
Antonio (drama).
Los tres mosqueteros.
Veinte años después.
El Conde de Montecristo.
La reina Margarita.
Chicot el juglar.
Los cuarenta y cinco.
El terror prusiano.
El tulipán negro.

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HISTORIA DE LA DAMA DE LAS CAMELIAS: ALEJANDRO DUMAS Y MARIE DUPLESSIS 
Alejandro Dumas:
(Villers-Cotterêts, Aisne, 24 de julio de 1802 – Puys, Dieppe, 5 de diciembre de 1870)

Dumas AlejandroAlejandro Dumas cuando tenia 20 años conoció a Marie Duplessis (1824-1847) y al instante quedó deslumbrado.

Dumas expresaba: «Era alta y muy esbelta, de pelo negro y complexión blanca y rosa, su cabeza era pequeña, de ojos alar­gados que tenían el aspecto de porcelana de las mujeres de Japón.

Pero había en ellos algo que indicaba una naturaleza orgullosa y vital… Podía ser una figurilla de Dresden.». Duplessis era la cortesana más famosa de la época, se la conocía como “La dama de las camelias” porque solía llevar un prendedor de camelias blancas.

Cuando no estaba disponible para sus amantes, llevaba camelias rojas. Su casa desbordaba de flores: “Era prisionera de una fortaleza de camelias”, observó un admirador.

En este sentido, Dumas escribió La dama de las camelias fascinado por Marie, meses después de la muerte de ella. En la obra, él era Armando Duval –coincidiendo con sus iniciales– y Marie, Margarita Gautier.

El éxito fue contundente, y Dumas transformó la novela en obra de teatro (1852). Al año siguiente Verdi, compuso la ópera La Traviata.

Incluso, se han realizado versiones cinematográficas, entre ellas Camille, protagonizada por Greta Garbo en 1936.

La dama de las camelias (primera publicación en 1848) es una novela firmada por Alejandro Dumas (hijo).

Esta obra está inspirada en un hecho real de la vida de Alejandro relativo a un romance con Marie Duplessis joven cortesana de París que mantuvo distintas relaciones con grandes personajes de la vida social.

La novela pertenece al movimiento literario que se conocería como Realismo, siendo de las primeras que formarían parte de la transición del romanticismo

La vida de Duplessis dio un giro incontrastable a los 20 años cuando se convirtió en una mujer culta y refinada que leía a Victor Hugo y Alfred Musset, dejando atrás su pasado de campesina ruda que apenas podía leer y escribir. Además poseía un brillante salón.

La actriz Judit Bernat increpó a Duplessis con respecto a su situación de cortesana, a lo que ella respondió:  «Porque el esfuerzo de una muchacha que trabaja jamás me hubiera proporcionado el lujo que tan irresis­tiblemente anhelo. A pesar de las apariencias, te juro que no soy codiciosa ni corrompida.

Quería conocer los refinamientos y los placeres del gusto artístico, la alegría de vivir en una sociedad elegante y cultivada. Y he amado. ¡Oh! Sí, he amado sinceramente, pero nadie ha correspondido jamás a mi amor. Este es el verdadero horror de mi vida. Es malo tener corazón cuando se es una cortesana».

Lío de tríos: A comienzos del año 1848, cuando Dumas se enamoró de ella, Marie tenia una relacion con el conde de Stackelberg. Cuando pasaba la noche con Dumas, decia a Stackelberg que estaba con su amiga Zélia. Incluso, no mencionaba a ninguno de los dos  su tercer amante,  el vizconde de Perregaux.

Dumas terminó alejándose de ella, muy enferma por entonces, endeudado tras tres meses de romance y celos. Marie ofreció su amistad, sin embargo el escritor se negó: «No soy lo bastante rico para amarte como qui­siera, ni tan pobre como para que me ames como quisieras…Tu corazón es muy grande para no entender esta carta y tu inteligencia demasiada para no perdonarme» (30 de agosto de 1845).

Sus obras dramáticas, «El mayor de Estrasburgo», «La cena de amigos», «Los abencerrajes»; su melodrama «Treinta años de la vida de un jugador» y sus obras de tipo histórico, como «Christine», fueron un gran fracaso.

Posteriormente, consiguió mucho éxito con el drama histórico romántico «Enrique III y su corte», el primero del teatro francés.

Más tarde escribió «Anthony, Carlos VII con sus grandes vasallos», «La torre de Nesle», «Catherine HHoward»,
«Don Juan de Mañara y Kean».

UNA CARRERA FULGURANTE:  la carrera de Marie, que se llamaba Rose Alphonsine Plessis, comenzó a los 16 años, cuando el dueño de un restaurante cerca de Paris la conoció y le propuso que se quedara con él.

Lamentablemente era celoso y había instalado a Marie en un apartamento de Paris. Rápidamente empezó a acudir al teatro donde conoció al conde Ferdinand de Monguyon, quien le proporcionó un piso espléndido.

En este sentido, Marie comenzó a tener muchos amantes. En un momento dado tuvo siete amantes fijos a los que dedicaba un día por semana. Sus amantes estaban satisfechos de tal manera que le compraron una mesa de tocador con siete cajones. Se comenta que gastaba mil francos de oro al año.

El vizconde de Perregaux, que permaneció a su lado hasta su muerte y estaba profundamente enamorado, intentó salvarla. Se la llevó a Londres y se casó con ella el 21 de febrero de 1845, pero el matrimonio no fue reconocido en Francia y se separaron poco después.

Fuente Consultada:
Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi

fuentes

El Amor de Edgar Allan Poe Carta de Amor Amores Historicos

El Amor de Edgar Allan Poe Carta de Amor Amores Historicos

(Boston, 19 de enero de 1809 – Baltimore, 7 de octubre de 1849) Poeta, narrador y crítico literario norteamericano. Hijo de actores ambulantes de ascendencia irlandesa, sus primeros años transcurrieron viajando de pueblo en pueblo. Cuando contaba dos años de edad quedó huérfano de padre y madre. Esta había muerto en Richmond, donde Mr. Allan, un negociante sin hijos, adoptó como suyo al pequeño Edgar.

Edgar alan poe escritorCOMO DOS NIÑOS: EDGAR ALLAN POE Y VIRGINIA CLEMM: Edgar Allan Poe (1809-1849), a quien llamaban Eddy, se casó con  su prima Virginia Clemm, a quien solía llamar, de manera afectuosa, Sissy o “My child-wife” (esposa-niña), ya que era mucho menor que él.

En realidad, Poe tuvo poco éxito como literato, aunque despertó la fascinación en algunos contemporáneos y varias poetisas. Incluso, fue acusado por algunos de acelerar la muerte de su joven esposa, la cual padecía tuberculosis, aludiendo a los disgustos que él le causaba.

Sin embargo, Poe la amaba muchísimo y se preocupó por ella. Esta devoción se puede evidenciar en una carta desesperada fechada el 29 de agosto de 1835 que enviaba a su tía, María Clemm “Muddie”, en respuesta  a una misiva en la que ella le informaba que su primo, Neilson Poe, pretendía recoger a Virginia para ocuparse de educarla.

A lo que Poe respondió: «Las lágrimas me ciegan mientras le escribo esta carta y no deseo vivir ni una hora más. (…) Mi peor enemigo me tendría lástima si pudiera leer mi corazón. Mi último asidero en la vida, el último de todos, se me escapa. No tengo ningún deseo de vivir y no viviré. Pero he de cumplir mi deber. Amo, usted lo sabe, amo a Virginia apasionadamente, devotamente». Finalizando la carta, le rogaba que evitara la partida de Virginia a casa de Neilson.

Edgar y Virginia se conocieron en 1829, en un viaje que realizó Poe, para visitar lo que quedaba de su familia en Baltimore. En ese momento ella sólo tenia siete años y su hermano Henry, nueve. Además, vivían en la casa de la abuela de Poe, que estaba paralítica, y el hermano mayor del escritor, William Henry, quien padecía tuberculosis. El escritor contribuyó con su manutención utilizando los escasos recursos que su padre adoptivo, John Alan, le asignaba.

Sus Poemas: «A Helena», «Ulalume», «Anabel Lee» y Las campanas». Entre sus cuentos de misterio y terror destacan «El escarabajo de oro», «Los crímenes de la calle Morgue», «El gato negro» y «La caída de la casa de Usher».

Al poco tiempo, Poe regresó a Baltimore, en mayo de 1831, y decidió quedarse tres años. Solía gustarle la vivacidad infantil y la alegría de Virginia, que muchas veces compensaba su mentalidad de niña debido a su afección a los doce años, que impidió su desarrollo cerebral. También admiraba su belleza, su cabellera abundante y sus grandes ojos oscuros.

Al final contrajeron matrimonio el 16 de mayo en 1836, cuando Virginia tenia 13 años y Edgar 26. Para poder casarse falsificaron la fecha de nacimiento de ella.

La vida de Poe aparece marcada por la tragedia, ya que tuvo que sobrellevar la muerte de las mujeres que más Eliza Poeamó: su madre Eliza Poe, murió cuando era niño, le siguió su primer amor, Miss Jane Standard (madre de un compañero de colegio) que murió loca a los 31 años en 1824, su madre adoptiva, Frances K. Valentine, quien también murió de tuberculosis y, finalmente, su esposa Virginia.

En 1845, alcanzó la cumbre de su fama tras la aparición de «El cuervo». Dos años después murió Virginia. Poe consume alcohol, laudano, opio, huye, se evade. Se siente desnudo, miserable e incomprendido. Intenta rehacer su vida y pretende a Helen Whitman, viuda de buena posición económica y rica formación cultural.

Virginia fue un exponente para la obra de Poe, sobre todo en poesías como “Annabel Lee” y relatos como “Eleonora”, en el cual la protagonista, también prima y amada del escritor, moría trágicamente. En 1842, su esposa atravesaba una etapa critica de su enfermedad, sumado a que eran muy pobres y solo poseían una manta y una gata para proporcionarle calor. Su infortunado deceso provocó en Poe una terrible afección…

BUSCANDO ESPOSA DESESPERADAMENTE: ante la muerte de su esposa, el escritor se sintió perdido. Buscó salvación en otro matrimonio, Poe pensaba que la compañía de otra mujer podía acallar sus demonios internos. Poe se lamentaba en una de sus cartas :«Sin el verdadero, delicado y puro amor de una mujer no llegaré a vivir ni un año».Maria Louise Shew, había sido enfermera de Virginia, fue una de las primeras opciones, sin embargo, ella no le correspondía, pero estuvo a punto de ceder tan sólo por piedad.

Elmira Royster, el amor truncado de su juventud, accedió a casarse con él, sin embargo, Poe se retractó. Poe cortejó también a Sarah Helen Whitman, con la cual estuvo a punto de casarse, pero una fuerte discusión entre ambos acabo en ruptura. En la misma época, pretendía a Annie Richmond, intentando que dejara a su marido. Poe escribía cartas de amor a ambas muy parecidas con un día de diferencia.

PARA SABER MAS…
PASAJES DE SU VIDA:

UNA SERIE DE FRACASOS

Nadie ha oído hablar de un escritor joven que no haya creído que daría en el blanco al primer intento, conquistando la fama con su primer libro. Y Poe no fue una excepción a la regla, aunque pronto tuvo que cambiar de opinión. El altanero joven de Richmond. comenzó a desengañarse, arrepintiéndose de haber abandonado la cómoda casa de Allan (quien los había adoptado, al quedar huérfano) .

Trató de hacer las paces con su protector, pero sin éxito. No tenía medios de subsistencia y, para salir de apuros, se enroló en el ejército. En seguida se distinguió, y en julio de 1830 sus superiores lo convencieron para, que se inscribiera en la academia militar de West Point. Pero justamente cuando estaba a punto de alcanzar el grado de oficial, el «demonio del fracaso», su lado malo, entró en acción. Cometió, inexplicablemente, una serie de graves faltas que provocaron su expulsión, y se encontró de nuevo sin nada.

Parecía como si una maldición pesara sobre él. Cuando estaba más cerca del éxito, de vuelta a la vida ordenada y normal, se precipitó, de golpe, en un estado de impaciencia y de aburrimiento que lo volvió a hundir en sus pesadillas de alcohólico. Una personalidad tan compleja sólo puede explicarse si se la considera irremediablemente enferma: Poe estaba «enfermo de fracaso», enamorado del sufrimiento y de la desesperación. También en su vida afectiva se portaba de la misma manera: rompió con todas sus amistades y se hizo rechazar por las mujeres que amaba.

UN PERIODISTA NATO
Finalmente consiguió entrar como redactor en el «Literary Messenger«, de Richmond, y en poco tiempo multiplicó la tirada. Aquello podía haber significado el éxito; pero, una vez más, su manía de autodestrucción lo movió a dejarlo todo. Sin embargo, era un periodista formidable: su estilo conquistó al público y sus «Narraciones extraordinarias» fascinaron a los lectores. También escribió poesías y ensayos literarios, pero trabajaba sin continuidad, perdiendo, a causa de este comportamiento, ocasiones de progreso. En 1836 se casó con su prima, la joven Virginia Clemm.

Durante algún tiempo pareció que había recobrado el sentido de la responsabilidad. Asumió la dirección del «Burton’s Magazine«, que en poco tiempo alcanzó, por obra de Edgar Allan Poe, la tirada entonces excepcional de 37.000 ejemplares. Pero también esto terminó en la nada.

Se marchó a Filadelfia y entró a formar parte del «Graham’s Magazine»; consiguió que la venta de esta revista pasara de 5.000 a 40.000 ejemplares. Ganaba bastante, y sus narraciones policíacas, verdaderas obras de arte del género, causaron sensación. Este fue su mejor período, el más tranquilo y normal, pero sólo duró dos años, de 1840 a 1842. Luego, de nuevo la caída, el alcohol, la miseria. Su último sueño, la creación de una revista propia, el «Stylus«, naufragó lamentablemente.

De vuelta en Nueva York, colaboró en varios periódicos de aquella ciudad, publicando, en 1845, el poema «El cuervo» y el segundo volumen de sus narraciones. De nuevo el eterno vaivén de los éxitos a las crisis, del pasajero bienestar a la miseria absoluta. En uno de los períodos de mayor indigencia, en el frío enero de 1847, Virginia murió de tisis y de agotamiento. Esto significó el hundimiento definitivo: Poe estaba enfermo, minado por el alcohol. Sus pesadillas eran atroces, y toda tentativa de salir a flote resultaba estéril.

Fue a Richmond, a Filadelfia, otra vez a Nueva York y, por último, a Baltimore. Allí, su estancia en el mundo acabó para siempre el 3 de octubre de 1849, en el corredor de un hospital. Desapareció con él uno de los autores más geniales de la literatura del siglo XIX, un hombre que habría podido hacer mucho más con su arte, si una luz de fe y de esperanza hubiera iluminado su desesperado camino hacia la locura.

Fuente Consultada: Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi

Francia y el Absolutismo de Luis XIV:EL estado soy yo Poder de Rey

Francia y El Absolutismo, Luis XIV: El Estado Soy Yo 

rey de francia luis xivEL ABSOLUTISMO EN EUROPA: Al iniciarse el siglo XVIII, el sistema político predominante en Europa era el absolutismo monárquico, resultado del fortalecimiento del poder real iniciado desde finales de la Baja Edad Media.

Este sistema se sustentaba esencialmente en la nobleza, que continuaba siendo el grupo dominante, propietario de la mayoría de las tierras y detentador de cargos y privilegios. La burguesía, a pesar de su enriquecimiento, carecía de influencia política y permanecía marginada de los círculos de poder.

A finales del siglo XVII se produjeron en Holanda y en Inglaterra una serie de transformaciones políticas que comenzaron a limitar el poder de la monarquía y a abrir camino al parlamentarismo. (Ampliar: Gobierno Absolutista)

El reinado de Luis XIV
Richelieu murió en 1642 y Luis XIII en 1643, dejando el trono a su hijo de cinco años, Luis XIV.

Mazarino y La Fronda
El protegido y sucesor de Richelieu como primer ministro, el cardenal Giulio Mazarino, continuó la política de su predecesor, culminando de forma victoriosa la guerra con los Habsburgo y derrotando, en el interior, el primer esfuerzo coordinado de la aristocracia y la burguesía para invertir la concentración de poder en el rey realizada por Richelieu.

En 1648, el Parlamento de París, en alianza con los burgueses de la ciudad, protestó contra los elevados impuestos y, con el apoyo de los artesanos, hicieron estallar una rebelión contra la Corona, denominada La Fronda. Poco después de que finalizara, los nobles amotinados del sur se rebelaron y, antes de que la revolución fuera aplastada, una guerra civil arrasó de nuevo diversas zonas de Francia. A pesar de esto, la Fronda fracasó en su intento de impedir la centralización del poder y, hasta la década de 1780, los estamentos privilegiados no desafiaron de nuevo a la autoridad de la Corona.

El absolutismo de Luis XIV A la muerte del cardenal Mazarino en 1661, Luis XIV anunció que en lo sucesivo él sería su propio primer ministro. Durante los siguientes 54 años, gobernó Francia personal y conscientemente, y se estableció a sí mismo como modelo del monarca absolutista que gobernaba por derecho divino.

A principios de su gobierno en solitario, Luis XIV estableció la estructura del estado absolutista. Organizó un número determinado de consejos consultivos y, para ejecutar sus instrucciones, los dotó de hombres capaces y completamente dependientes de su persona. La demanda de los parlamentos provinciales de un veto sobre los decretos reales se silenció totalmente.

Los nobles potencialmente peligrosos, por ser descendientes de la antigua nobleza feudal, quedaron unidos a la corte a través de cargos prestigiosos pero de carácter ceremonial, que no les dejaban tiempo libre para su actividad política. La burguesía se mantuvo políticamente satisfecha con la garantía de orden interno que le ofrecía el gobierno, el fomento activo del comercio y la industria y las oportunidades de hacer fortuna explotando los gastos del Estado.

Luis XIV y la Iglesia El rey, gracias al poder de nombrar a los obispos, consiguió un dominio firme sobre la jerarquía eclesiástica. El monarca gobernaba como representante de Dios en la tierra, y la obediencia del clero le proporcionó la justificación teológica de su derecho divino. Un movimiento disidente, el jansenismo, que se desarrolló en el siglo XVII, constituyó una amenaza política por el énfasis que daba a la supremacía de la conciencia individual, por lo que Luis luchó contra él desde sus comienzos.

Mecenazgo de las artes El gran palacio que construyó Luis XIV en Versalles fue —y sigue siendo— incomparable en tamaño y en magnificencia, un monumento de la arquitectura, pintura, escultura, diseño interior, jardinería y tecnología constructiva de Francia.

Luis XIV fue un destacado mecenas de las artes. Intentó elevar el nivel cultural mediante la fundación de la Academia de Bellas Artes y la Academia Francesa en Roma; además, ayudó a los autores con aportaciones económicas y fomentó sus trabajos, nombrando a un surintendant (supervisor) de música para elevar la calidad de las composiciones y de los conciertos. Creó también la Academia de las Ciencias.

Regulación de la economía El ministro de Finanzas, Jean-Baptiste Colbert, fue el gran exponente de la era del mercantilismo. Subvencionó a la industria, estableció aranceles para eliminar la competencia exterior y controles de calidad en la producción industrial, desarrolló mercados coloniales que fueron monopolizados por los comerciantes franceses, fundó compañías comerciales ultramarinas, reconstruyó la Armada y, en el interior, construyó carreteras, puentes y canales.(ver Mercantilismo)

La persecución de los hugonotes Antes de finalizar su reinado, los gastos de las guerras habían arruinado la mayor parte del trabajo de Colbert en el ámbito económico y, en 1685, el rey asestó un golpe a la débil economía del Estado al revocar el Edicto de Nantes.

Convencido de que la mayoría de los hugonotes se habían convertido al catolicismo, prohibió el culto público protestante, los predicadores fueron expulsados del país y se destruyeron sus centros de reunión. A pesar de la amenaza de elevadas multas, entre 200.000 y 300.000 hugonotes abandonaron Francia; la mayoría eran artesanos especializados, intelectuales y oficiales del ejército; en definitiva, valiosos súbditos que Francia no podía permitirse el lujo de perder.

Las guerras de Luis XIV Luis condujo a su país a cuatro guerras costosas. En todas ellas continuó la política de contener y reducir el poder de los Habsburgo, extender las fronteras francesas hasta posiciones defendibles y conseguir ventajas económicas. Su ministro de Guerra, el marqués de Louvois, organizó un poderoso ejército de 300.000 hombres entrenados, disciplinados y bien equipados.

En 1667, el monarca empleó este ejército para hacer valer su reclamación (basada en su matrimonio, en 1660, con María Teresa, hija del rey Felipe IV de España) sobre los Países Bajos españoles. Una hostil alianza de poderes marítimos le indujo a negociar un compromiso de paz en 1668. La recompensa francesa fueron once fortalezas en la frontera nororiental.

En 1672, las consideraciones estratégicas y económicas llevaron a Luis a atacar las Provincias Unidas (parte de los Países Bajos no sujeta a dominación española), donde pronto se enfrentaría no sólo con los holandeses, sino también con una poderosa coalición. Francia consiguió tras la Paz de Nimega (1678), que puso fin a la guerra, el Franco Condado en la frontera oriental y una docena de ciudades fortificadas en el sur de los Países Bajos.

En 1689, una alianza de poderes europeos, la Liga de Augsburgo, entró en guerra con Luis XIV para poner fin a su política de anexionar territorios adyacentes a ciudades conseguidas en tratados anteriores. Los ocho años de guerra terminaron con la Paz de Ryswick, acuerdo en el que ambas partes renunciaron a sus conquistas, aunque Francia retuvo la ciudad de Estrasburgo en Alsacia.

Los combatientes habían resuelto solucionar sus diferencias debido a que una nueva crisis internacional asomaba en el horizonte. Carlos II, rey de España, no tenía heredero directo. Un mes antes de su muerte, nombró para sucederlo al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou. Aunque Luis había defendido anteriormente la división de la herencia de la monarquía española, decidió apoyar la candidatura de su nieto a todo el territorio. Los otros estados europeos temieron las consecuencias de la gran extensión del poder de los Borbones que esto generaría, y se unieron en una coalición para evitarlo. La guerra de Sucesión española duró trece agotadores años. Al final, Luis consiguió su principal objetivo y su nieto se convirtió en rey de España con el nombre de Felipe V.

El fin del reinado de Luis XIV La guerra, junto al frío invierno de 1709 y a una escasa cosecha, provocó en Francia numerosas revueltas por la falta de alimentos y en demanda de reformas políticas y fiscales. Una epidemia de viruela que tuvo lugar entre 1711 y 1712 acabó con la vida de tres herederos al trono, dejando un único superviviente por línea directa, el biznieto de Luis, que tenía 5 años de edad. Luis XIV murió en Versalles el 1 de septiembre de 1715, tras 73 años de reinado.

BALANCE DE UN REINADO

La edad (77 años) que había alcanzado Luis XIV no había podido hacerle cambiar el ritmo de su vida: continuaba siendo un gran cazador y trabajaba a sus horas habituales. Sin embargo, en agosto de 1715, manchas negras, reveladoras de la gangrena, aparecieron en su pierna izquierda. La muerte no podía asustarle, y el último acto de este gran actor de teatro estuvo lleno de dignidad y de grandeza, como lo había estado su vida.

Habiendo recibido a su sobrino y futuro regente, el duque de Orleans, pronunció estas palabras: «Vais a ver a un rey en la tumba y a otro en la cuna. Acordaos siempre de la memoria de uno y de los intereses del otro». Después se dirigió al pequeño delfín: «Me ha gustado demasiado la guerra; no me imitéis en esto, y tampoco en los grandes gastos que he hecho». Murió el 1 de septiembre de 1715, a las ocho de la mañana.

Luis XIV fue la encarnación magnífica de la realeza que permitió a Francia alcanzar la cumbre de su poderío, de su esplendor, de su expansión. El balance de su reinado incomparable, aparece menos brillante que su fachada suntuosa cuando se le examina con frialdad: rencor tenaz de los países asolados, bancarrota financiera, apuros económicos, persecución de los protestantes y de los jansenistas, fundamentos de la monarquía quebrantados. Todo esto forma un pasivo aplastante.

Sin embargo, el monarca, adorado en 1661, odiado en 1715, reforzó las fronteras, libró al país de las guerras civiles, sometió a la nobleza revoltosa, y de una nación aún tosca, hizo el modelo del Occidente civilizado. Absorbiendo a sus súbditos como el Estado le había absorbido a él, Luis fue un precursor de los jefes totalitarios modernos: cambió de arriba abajo su reino, y su invencible necesidad de unidad lo llevó muchas veces a sacrificar la tradición realista a los sueños desmesurados.

Aunque no supo ganar los corazones, sus citará siempre admiración, pues durante más de medio siglo se impuso, sin un des fallecimiento, a los ojos del mundo entero con la grandeza de un semidiós, mereciendo el homenaje de su enemigo Saint-Simón: «Esto es lo que se llama vivir y reinar». Pero en Saint Denis, ante el catafalco real y toda la corte, el predicador Massíllon comenzó su oración fúnebre recordando: «Sólo Dios es grande, hermanos míos…»

Ver: El Absolutismo Monárquico