Ejemplos de Vida

La Prudencia y el Valor Humano

LA PRUDENCIA COMO VALOR HUMANO

el valor humano

►La Prudencia:

Podríamos definirla en palabras justas como una virtud, la cual nos ayuda a actuar frente a las situaciones diarias de la vida, con mayor conciencia. Gracias a ella, nuestra personalidad concordará con alguien decisivo, emprender, comprensivo y conservador.

Es decir, la prudencia pasa inadvertida ante nuestros ojos, ya que es muy discreta.

Tal es así, que las personas que viven esta virtud, son aquellas que toman las decisiones acertadas en el momento y lugar adecuado; lo que se proponen lo logran con éxito,  en las situaciones más difíciles demuestran calma y serenidad, entre otras cuestiones.

Como mencionábamos anteriormente, este valor, nos ayuda a actuar correctamente ante cualquier circunstancia, mediante la reflexión y razonamiento de los efectos que pueden producir nuestras palabras y acciones en la misma.

Las emociones, el mal humor, las percepciones equivocadas de la realidad y la falta de la justa y necesaria información; en la mayoría de los casos proporciona que tomemos las decisiones incorrectas.

Es decir, que posiblemente esto refleje que nos cuesta mucho reflexionar y conversar con calma en cualquier hecho.

Es decir, que la prudencia se forma en nosotros por la manera en que nos conducimos frecuentemente, y no a través de lo que aparentamos ser.

Las consecuencias de ser imprudentes, se presentan en todos los niveles de nuestra vida; es decir, en lo personal y colectivo.

Por ello, siempre es necesario saber que todas nuestras acciones deben estar destinadas a proteger la integridad de los demás sujetos como primer medida y como símbolo de respeto hacia nuestra especie.

El simple hecho de lastimar a los demás, de tener preocupaciones, no poder comprender los errores de los demás, imposibilitar la vida de los demás o ser antipáticos; son motivos comunes en donde deberíamos centrar nuestras fuerzas, para luchar y tratar cada día de ser un poquitos más prudentes.

Detente a pensar un momento y aprecia las cosas en su justa medida.

Luego observarás que todos hacemos más grandes los problemas de los que verdaderamente son, y actuamos y por ende decimos, cosas que por lo general luego terminamos arrepentidos.

Otra cuestión, es tratar de no aparentar ser prudentes, ya que esto significa que no somos capaces de actuar adecuadamente, decidir y comprometernos, por el simple temor que poseemos, junto a la pereza y las razones que creemos son valederas. Seamos sinceros con nosotros mismos y reconozcamos que hay algo que no nos gusta o nos incomoda en determinadas circunstancias.

La inconsciencia en nuestros deberes y en el actuar cotidiano, reflejan  la falta de prudencia en nuestras vidas.

Nunca pensaste que trabajar con intensidad y provecho, cumplir con las obligaciones y compromisos, ser amables con las personas y preocuparnos por su bienestar general, son una manifestación fiel de esta virtud humana.

Ahora bien, ¿Cuáles son los verdaderos beneficios de actuar con prudencia?

En primer lugar, conservamos un buen estado de salud, ya sea física, mental y espiritual; manejamos nuestro presupuesto apropiadamente, cuidamos de las cosas para que ellas funcionen y permanezcan en condiciones para nuestro bienestar.

Ojo, el ser prudente no significa que estemos exentos de equivocarnos.

Todo lo contrario, uno aprende de los errores una y otra vez, porque reconoce en cada uno de ellos sus fallos y limitaciones.

Uno aprende, pide perdón y consejos.

Recuerda, las mejores decisiones para actuar provienen de la experiencia.

Todas las cosas que se desarrollan a nuestro alrededor nos enseñan a ser más críticos y observadores, prediciendo los éxitos y fracasos para cualquier acción a emprender.

Entonces, la prudencia será el valor que nos guíe por el camino más seguro, construyendo en nosotros una personalidad más segura y perseverante, capaz de comprometerse en todo y por todos, el cual generara confianza y reflejará amabilidad por el prójimo.

MANERA PERSONAL DE VIVIR LA GRATITUD

1

Tengo buena memoria en el sentido de que recuerdo las cosas tal como ocurrieron, y hago uso de esta información para comprender mejor las situaciones actuales.

(En gran medida la prudencia se basa en la memoria, ya que si no recuerdo nada de lo que ha ocurrido, de lo que he estudiado, o de lo que he observado, por ejemplo, ¿cómo podré tener una base para enjuiciar una situación presente? Ojalá se prestase más atención al desarrollo de la memoria en los colegios)

2

Habitualmente consigo superar el deseo de no sufrir con el fin de conocer las situaciones difíciles.

(Otro motivo de esconderse de la realidad es la pereza).

3

Estudio regularmente con el fin de saber más respecto a las realidades que me incumben como padre, madre o profesor.

(Podemos disponer de mucha información como consecuencia del estudio. Sin embargo, también hace falta desarrollar una «sensibilidad situacional» que podríamos llamar intuición).

4

Desarrollo mi capacidad de observación, con el fin de conocer mejor la vida de los distintos miembros de la familia o miembros del colegio.

(También es necesario crear las situaciones adecuadas para poder escuchar a los demás).

5

Sé distinguir entre lo que es importante y lo que es secundario en la familia o en el colegio.

(De hecho, cualquier cosa importante significa cualquier cosa que puede influir de una manera significativa, positiva o negativamente, en los valores familiares o en los valores del colegio).

6

Compruebo la fiabilidad de mis fuentes de información antes de aceptar la información aportada, e intento informarme de diferentes fuentes con el fin de tener una visión más objetiva de la realidad cuando el tema es importante.

(No es fácil tener una visión objetiva respecto a la realidad, especialmente en situaciones inesperadas).

7

Intento conocer mis propios prejuicios y lucho contra ellos.

(Los prejuicios producen una información sesgada, incompleta. Po-ejemplo, puede que escuchemos únicamente a aquellas personas que nos son simpáticas, o tenemos un punto de vista cerrado respecto a la capacidad de un joven para aportar una opinión interesante en algún tema).

8

Reflexiono sobre qué criterios debo utilizar para enjuiciar cada situación.

(Es fácil tomar decisiones, o sencillamente reaccionar, en base a criterios inadecuados o incompletos. Por ejemplo, decidir enviar a un hijo a estudiar en un país extranjero únicamente en base al criterio de eficacia —que conviene que sepa el idioma correspondiente— En cambio, un buen educador hubiera tenido en cuenta también criterios como: el bien del hijo, su grado de madurez, el tipo de s -tío donde va a estar, etc.).

Fuente Consultada: La Educación de Virtudes Humanas y su Evaluación David Isaacs

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La Compasión Humana:Vivir en Sociedad Respeto a Nuestros Semejantes

LA COMPASIÓN HUMANA

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Por lo general, la capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás se pierde progresivamente, parecería ser que la compasión sólo se tiene por momentos aleatorios.

En este sentido, recuperar esa sensibilidad requiere acciones inmediatas para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.

compasion humanaLa compasión supone una manera de sentir y compartir, participando de los tropiezos materiales, personales y espirituales que atraviesan los demás, con el interés y la decisión de emprender acciones que les faciliten y los ayuden a superar estos problemas.

Los problemas y las desgracias suceden a diario: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes.

La compasión, en estos casos tan lamentables, nos lleva a realizar campañas, colectas o prestar servicios para ayudar en las labores humanitarias.

Sin embargo, no debemos confundir compasión con lástima, ya que no son lo mismo.

En este sentido, podemos observar las desgracia muchas veces como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar que sería de nosotros en esa situación, sin hacer nada, en todo caso, pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia.

Por otra parte, la indiferencia envuelve paulatinamente a los seres humanos, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados, todo parece marchar bien.

Este desinterés por los demás, se solidifica y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar.

No obstante, aquellas personas que nos rodean necesitan de esa compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio.

Podemos descubrir este valor en diversos momentos y circunstancias de nuestra vida, quizás resulten pequeños, pero cada uno contribuye a elevar de forma significativa nuestra calidad humana:

– Realizar una visita a un amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad: más que lamentar su estado, debemos estar pendientes de su recuperación, visitarlo a diario, llevando alegría y generando un clima agradable.

 – Si somos padres, debemos tener una reacción comprensiva ante las faltas de nuestros hijos, ya sean por inmadurez, descuido o una travesura deliberada. Reprender, animar y confiar en la promesa de ser la última vez que ocurra…

– Si somos profesores, debemos ser conscientes de la edad y las circunstancias particulares de nuestros alumnos, corrigiendo sin enojo pero con firmeza la indisciplina, y a su vez, poniendo todos los recursos que se encuentran a nuestro alcance para ayudar a ese joven con las dificultades en el estudio.

– Toda persona en la oficina que roba tiempo a sus ocupaciones para explicar, enseñar y hacer entender a sus compañeros las particularidades de su labor, conocedor de su necesidad de trabajo y de la importancia del trabajo en conjunto.

Viviendo a través de la compasión reafirmamos otros valores: como la generosidad y el servicio por poner a disposición de los demás el tiempo y recursos personales; la sencillez porque no se hace distinción entre las personas por su condición; solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios; comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.

Aunque la compasión nace como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, debemos crear conciencia y encaminar nuestros esfuerzos a cultivar este valor tan lleno de oportunidades para nuestra mejora personal:

 – Evita criticar y juzgar las faltas y errores ajenos. Procura comprender que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actúen equivocadamente. En consecuencia, no permitas que los demás «se las arreglen como puedan» y haz lo necesario para ayudarles.

– Observa quienes a tu alrededor padecen una necesidad o sufren contratiempos, determina cómo puedes ayudar y ejecuta tus propósitos.

 – Centra tu atención en las personas, en sus necesidades y carencias, sin discriminarlas por su posición o el grado de efecto que les tengas.

 – Rechaza la tentación de hacer notar tu participación o esperar cualquier forma de retribución, lo cual sería soberbia e interés.

– Visita centros para la atención de enfermos, ancianos o discapacitados con el firme propósito de llevar medicamentos, alegría, conversación, y de vez en cuando una golosina. Aprenderás que la compasión te llevará a ser útil de verdad.

La compasión enriquece porque va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, centrándose en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, la indolencia y el egoísmo.

La compasión es el acto de abrir tu corazón.

Vivir en un estado de compasión significa acercarse al mundo sin obstáculos emocionales y con la capacidad intacta de poder conectar con los demás.

La compasión es el pegamento emocional que te mantiene arraigado en la universalidad de la experiencia humana, en la medida que te conecta con tu esencia y con la de quienes te rodean.

Sin embargo, no todos caminamos siempre con el corazón abierto de par en par.

Si lo hiciéramos así, acabaríamos abrumados y emocionalmente heridos.

Si yo mantuviera esa disposición de corazón mientras veo los telediarios cada noche, lo más seguro es que no podría recuperarme de los arrebatadores sentimientos de impotencia y desesperanza suscitados por todas esas trágicas historias que aparecen en ellos.

A veces es necesario mantener bien altas tus barreras emocionales para protegerte.

La clave para aprender la lección de la compasión consiste en percatarse de que eres tú quien tienes el control para levantar o bajar esas barreras que marcan las distancias entre tú y los demás.

Puedes optar por suprimirlas cuando quieras conectar con el corazón de otro ser humano o puedes limitar el acceso de los otros a tu corazón cuando lo necesites, emitiendo valoraciones que te distancien de aquello que estás juzgando.

Los juicios no siempre son negativos.

Tus juicios son lo que evita que te muevas por la realidad como si tuvieras una membrana abierta, expuesta a cualquier información con la que entres en contacto.

A veces sirven para ayudarte a decidir qué creencias y pensamientos incorporas del mundo exterior para ayudarte a discernir lo que, para ti, es verdadero.

Sin la capacidad de discernir, te verías bombardeado por cientos de ideas antagónicas sobre las que no tendrías ningún poder discriminatorio.

Fuente Consultada: El Juego de la Vida Cherie Carter Scott