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Matematico Argentino Manuel Sadosky Investigador Cientifico Argentino

Matemático Investigador Argentino Manuel Sadosky

Manuel Sadosky
Dr. en Ciencias Físico-Matemático
1914 – 2005

Hijo de una familia de inmigrantes rusos llegados al país en 1905, el gran matemático argentino, que fue pionero de la informática, acaba de cumplir 90 años. Encarnación de la Argentina pujante, mantiene intacta su fe en el futuro.

Manuel Sadosky nació en Buenos Aires el 13 de abril de 1914, hijo de inmigrantes rusos llegados al país en 1905. Se graduó como Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de Buenos Aires en 1940. Perfeccionó sus estudios en el Instituto Poincaré de París en 1946 y 1947, becado por el gobierno francés.

”Manuel Sadosky fue un perfecto exponente de la eficacia educativa de aquel sistema: su padre era zapatero; su madre era analfabeta, y tanto él como sus hermanos terminaron los estudios universitarios.

En 1940 se doctoró en ciencias físicas y matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a Cora Ratto, su primera esposa. Ejerció la docencia y se perfeccionó en Francia (Instituto Henri Poincaré de París) e Italia (Instituto del Cálculo, en Roma), donde se orientó hacia la matemática aplicada, que lo llevaría más tarde a ser un pionero de la informática en la Argentina.

Cuando regresó, fue perseguido por el gobierno peronista y recién a la caída del régimen pudo volver a la facultad en 1956, de la cual fue vicedecano mientras el meteorólogo Rolando García ejercía el decanato.

Desde ese cargo, compró la primera computadora científica que tuvo la Argentina, a la que se llamó ‘Clementina’ siguiendo la costumbre de aquellas épocas en que las computadoras eran objetos verdaderamente raros» (Fuente Consultada: Leonardo Moledo)

Fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas entre 1958 y 1966. En ese período creó el Instituto de Cálculo y, con el apoyo de Bernardo Houssay, importó la popular computadora Clementina, la primer del país, ingresó a la Facultad en 1961 de la mano de Manuel Sadosky, que la instaló en el recién construido Pabellón I. Aquella pionera del supercálculo trabajaba a válvulas, sus doce paneles estaban repletos de circuitos y condensadores que ocupaban una superficie de 20 metros de largo por 2,3 metros de alto y debió ser ubicada en una sala acondicionada con temperatura y humedad controladas.

Fue asesor de la Unesco, y en 1983 asumió como secretario de Ciencia y Técnica. Desde este cargo impulsó en 1985 la creación de la Escuela Superior Latinoamericana de Informática –ESLAI–, inauguró el Observatorio El Leoncito y el Laboratorio Nacional de Insulina; creó Puerto Curioso, un museo de la ciencia para chicos; promovió la construcción de un satélite científico para estudiar el Sol, y convenció a César Milstein de que dirigiera el Instituto Tecnológico de Chascomús.

Fue designado Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires en 1985. Fue galardonado como «Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (Ley 1095, 2 de octubre de 2003).

Su influencia en el progreso de la ciencia y de la enseñanza de la ciencia en el país se manifestó desde hace muchísimo tiempo. Sin ir más lejos, basta observar por ejemplo el libro Causalidad de Mario Bunge para encontrarse con un reconocimiento a las discusiones en el Círculo Filosófico de Buenos Aires, en la década del cincuenta, con Manuel como uno de los protagonistas.

Su prestigio en los círculos científicos, universitarios y educativos del país se mantuvo durante más de sesenta años. Creó la computación en Argentina. Impulsó la matemática aplicada. Apoyó la ciencia, la educación, y la divulgación científica. Ayudó a cuanto joven le pidiera consejo y asesoramiento. Su influencia se sintió, además de en nuestro país, en Uruguay, en Venezuela, en España, y en muchos otros países. Y me da mucha alegría que, con el tiempo, haya podido recibir en vida los honores que merecía, entre ellos los de profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República, y Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. (Fuente Consultada:http://www.scielo.org.ar)

Murió el 18 de junio de 2005, a los 91 años de edad.

Películas Argentinas Nominadas al Oscar Actores Director y Argumento

Películas Argentinas Nominadas al Oscar Actores Director y Argumento

LISTA DE PELICULAS ARGENTINAS:

1-1974: Película Argentina: La Tregua

2-1984:Película Argentina: Camila

3-1985: Película Argentina: La Historia Oficial

4-1998:Película Argentina: Tango

5-2001:Película Argentina: El Hijo de la Novia

6-2009:Película Argentina: El Secreto de tus Ojos

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DESCRIPCIÓN DE CADA PELICULAS Y SUS CARTELERAS ORIGINALES

cine argentino premio oscar la tregua

Sintesis: Un momento decisivo en la vida de Martín Santomé: la posibilidad de su jubilación y la preocupación de cómo usar su futuro tiempo libre.

Descubre que está enamorado de una compañera de trabajo mucho menor. Ambos forman pareja y cuando son felices, ella muere.

La «tregua» del título es una concesión del destino cruel, un recreo para luego volver a lo mismo.

Género: Drama
Producción: Tita Tamames / Rosa Zemborain Producciones Cinematográficas
Productor: Tita Tamanes / Rosa Zemborain
Dirección: Sergio Renán
Asistencia de Dirección: Carlos Galettini
Guión: Aida Bortnik / Sergio Renán (sobre la novela homónima de Mario Benedetti)
Fotografía: Juan Carlos Desanzo
Cámara: Carmelo Lobótrico
Escenografía: Tita Tamames / Rosa Zemborain
Vestuario: Tita Tamames / Rosa Zemborain
Música: Julián Plaza
Montaje: Oscar Souto
Sonido: Aníbal Líbenson
Distribuidora: Transocean
Duración original: 108 min.
Fecha y Sala de estreno: 01/08/1974, Alfa
Intérpretes:
Héctor Alterio / Luis Brandoni / Ana María Picchio / Marilina Ross / Aldo Barbero / Juan José Camero / Carlos Carella / Antonio Gasalla / Cipe Lincovsky / Oscar Martínez / Lautaro Murúa / Luis Politti

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pelicula camila

Sintesis: Es la historia de una joven de familia aristocrática llamada Camila O´Gorman y su trágico final, fusilada junto con su amante y compañero, Ladislao Gutiérrez, un cura que dejó los hábitos y se fugó de Buenos Aires junto a ella en diciembre de 1847.

Instalados en Corrientes, donde gozaban del aprecio de la población, fueron reconocidos, apresados y finalmente fusilados el 18 de agosto de 1848, por orden de Juan Manuel de Rosas, en cumplimiento de las leyes vigentes en aquel entonces.

En el momento del fusilamiento ella estaba embarazada.

La muerte de ambos fue mucho más que un hecho en sí mismo, la oposición se burlaba de Rosas y del escándalo que suponía la fuga; la Iglesia ejercía presión y los defensores del gobierno lo instaban a tener mano dura.

Por ese motivo es que la película Camila es mucho más valiosa, es una crítica que excede a un período o a un gobierno, es más bien una denuncia a la intolerancia y a los manejos políticos de todos los grupos de poder, donde las víctimas terminan siendo dos jóvenes apasionados.

CAMILA:

Fecha de estreno: 17 de mayo de 1984
Duración: 105 minutos
Dirección: María Luisa Bemberg
Guión: María Luisa Bemberg, Beda Docampo Feijóo, Juan Bautista Stagnaro
Fotografía: Fernanda Rivas
Montaje: Luis César D´Angiolillo
Música: Luis María Serra
Intérpretes: Susú Pecoraro, Imanol Arias, Héctor Alterio, Elena Tasisto, Mona Maris, Juan Leyrado, Boris Rubaja, Carlos Muñoz, Héctor Pellegrini, Claudio Gallardou, Zelmar Gueñol, Jorge Hacker.

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Películas Argentinas Nominadas al Oscar

Sinopsis: Una profesora (Norma Aleandro) toma conciencia de lo ocurrido unos años atrás durante la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional.

El regreso de una amiga exiliada (Chunchuna Villafañe), el descubrimiento de los turbios manejos de su esposo (Héctor Alterio) y la aparición de una Abuela de Plaza de Mayo (Chela Ruiz) son una bisagra en su vida, que la llevan a tomar conciencia política y a descubrir que su hija (Analía Castro) puede ser en realidad hija de desaparecidos.

LA HISTORIA OFICIAL
Género: Drama
Director: Luis Puenzo
Intérprete/s: Chunchuna Villafañe , Héctor Alterio , Norma Aleandro
Guión Luis Puenzo/ Aida Bortnik
Fotografía Félix Monti
Música Atilio Stampone
Productora Historias Cinematograficas Cinemania/Progress Communications
Premios Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera/ Cóndor de Plata/Berlin International Film Festival/Cannes Film Festival/Cartagena Film Festival/David di Donatello Awards y varios más

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tango Películas Argentinas Nominadas al Oscar

Sinopsis: Mario es un cuarentón, profesional del espectáculo, sumido en una honda crisis personal.

El abandono de su mujer procura olvidarlo metiéndose de lleno en el rodaje de una película sobre el tango. Mientras busca gente para el reparto y los números musicales, conoce a Elena, una hermosa bailarina de enorme talento.

La pega es que ella es amante de Ángelo Larroca, propietario de un cabaret y personaje involucrado en negocios dudosos.

TANGO:
Año de producción: 1998
País: España
Dirección: Carlos Saura
Intérpretes: Miguel Ángel Solá, Cecilia Narova, Mía Maestro, Sandra Ballesteros, Julio Bocca, Juan Luis Galiardo, Juan Carlos Copes
Guión: Carlos Saura
Música: Lalo Schifrin
Fotografía: Vittorio Storaro
Duración: 115 min.

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Películas Argentinas Nominadas al Oscar

Sinopsis: Rafael Belvedere es dueño de un restaurante y está agobiado por la rutina.

Está separado y no le dedica tiempo ni a su hija ni a su novia ni a su madre, que padece Mal de Alzheimer.

Pero la decisión de su padre de casarse por Iglesia con su madre, junto con la aparición de un amigo de la infancia, le hará replantearse su vida.

EL HIJO DE LA NOVIA
Dirección: Juan José Campanella.
Año: 2001.
Duración: 124 min.
Interpretación: Ricardo Darín (Rafael Balverde), Héctor Alterio (Nino Balverde), Norma Aleandro (Norma Balverde), Eduardo Blanco (Juan Carlos), Natalia Verbeke (Naty), Gimena Nóbile (Vicky), David Masajnik (Nacho), Claudia Fontán (Sandra), Atilio Pozzobón (Francesco), Salo Pasik (Daniel), Humberto Serrano (Padre Mario), Fabián Arenillas (Sciacalli).
Guión: Juan José Campanella y Fernando Castets.
Producción general: Adrián Suar.
Música: Ángel Illaramendi.
Fotografía: Daniel Shulman.
Montaje: Camilo Antolini.
Dirección artística: Mercedes Alfonsín.
Vestuario: Cecilia Monti.
Decorados: Pablo Racioppi.

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cine argentino premio oscar

Benjamín Espósito acaba de jubilarse después de trabajar toda una vida como empleado en un Juzgado Penal.

Para ocupar su tiempo libre decide escribir una novela, basada en una historia real de la que ha sido testigo y protagonista.

La novela que escribe es, en apariencia, la historia de un asesinato ocurrido en Buenos Aires en 1974, y de la investigación para hallar al culpable.

Pero una vez abierta la puerta de ese pasado al propio Espósito se le volverá imposible cerrarla.

Primero, porque la turbulenta Argentina de entonces se cuela en la vida de los personajes, con su carga de violencia y de muerte.

Y, sobre todo porque aunque Espósito suponga que la historia que teje habla únicamente del pasado, su búsqueda ilumina de un modo descarnado su propia vida y su presente, y lo pone de frente con un dilema de amor que lo obsesiona desde hace demasiado tiempo.

Reconstruir el pasado lo conducirá a bucear en sus propios sentimientos, sus propias conductas y decisiones.

Y hallar la verdad terminará por convertirse no en un objetivo literario, sino en la llave que le permita abrir la puerta para vivir el resto de su vida.

EL SECRETO DE SUS OJOS
ACTORES: Guillermo Francella, Soledad Villamil, Ricardo Darín .
ACTORES SECUNDARIOS: Pablo Rago, José Luis Gioia, Francisco Javier Godino.
DIRECTOR: Juan José Campanella .
GUION: Eduardo Sacheri, Juan José Campanella .
MÚSICA: Federico Jusid.
PRODUCTOR: Juan José Campanella , Axel Kuschevatzky.
GENERO: Suspenso, Policial.
DURACION: 128 Minutos

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HISTORIA DEL CINE: Los hermanos Lumiere inventaron el cine en 1895. Pero lo que en principio fue una curiosidad, casi una diversión de feria, se transformó con el Siglo XX en uno de los mayores vehículos de difusión de ideas, sentimientos,  emociones, pesadillas y testimonios; también de belleza.

Fue mudo hasta 1929, cuando se rodó El cantor de jazz. Pero en esa primera etapa Charles Spencer Chaplin (foto, con Jackie Coogan, en El pibe; la computación unió a Carlitos con a uno de sus sucesores, Woody Allen) le confirió adultez, y Serghei Eisenstein perfeccionó el montaje, es decir, un lenguaje* diferente de los existentes; de ellos aprendieron los grandes qué hoy nos conmueven y asombran.

Arte insustituible, el cine los compendia a todos, pintura, música, teatro, ballet, literatura.

Público y a la vez intimista, toda vez que sólo se lo  disfruta –o se lo sufre- en una sala a oscuras, creó prototipos perdurables e instaló para siempre imágenes en la cultura colectiva.

«La Historia Oficial», ganadora del Oscar, veos a la actriz Norma Aleandro junto a Luis Puenzo director, en el momento cumbre

El cine, que se inició casi como una atracción de feria, como algo menor, fue con el correr del siglo ocupando un lugar entre las artes mayores.

A lo largo de su historia se fue poblando de grandes obras que lo convirtieron en la expresión cultural por excelencia del siglo XX.

Desde sus orígenes marcó hitos y abrió nuevos caminos, inventándose a si mismo y encontrando su propia narrativa y su propia identidad de relato gracias a grandes autores que realizaron grandes películas.

En el cine mudo, con David W. Griffith que inventó la gramática cinematográfica en clásicos como El nacimiento de una nación e Intolerancia. Con Luis Buñel y Dalí, que propusieron el cine como el vehículo ideal para el surrealismo en El perro andaluz y La edad de oro.

Con los expresionistas alemanes, que plasmaron hitos como Metrópolis de Fritz Lang o Nosferatu de Murnau. Con Abel Gance, que llevó el cine al terreno de la épica y el gran espectáculo con su colosal Napoleón.

En los años ’30, en los albores del cine sonoro, Jean Renoir produce sus dos obras maestras La gran ilusión y Las reglas del juego.

Mientras en Estados Unidos, John Ford lleva el western a alturas inimaginables con La diligencia, y Howard Hawks crea el arquetipo del antihéroe contemporáneo en Scarface.

En 1941, El Ciudadano, una opera prima de un joven de 25 años llamado Orson Wells, se establece como la obra máxima del cine, con nuevos parámetros que destierran para siempre los límites de ambición, complejidad y hondura en el relato cinematográfico.

A lo largo de su historia, el cine atravesó grandes momentos de efervescencia creativa.

Uno de los más apasionantes fue a finales de los ’50 y comienzos de los ’60 cuando, en forma independiente, una nueva generación de cineastas comenzó a crear un nuevo cine en varios países europeos, en América Latina y en los Estados Unidos.

Replantearon el rol casi de arte menor del cine respecto al teatro y a la literatura y lo convirtieron en el arte mayor de nuestro siglo.

El cine nos ayudó a entendernos y a entender.

Dotó nuestro imaginario de héroes y arquetipos. Nos reveló la existencia de otras culturas, de otras formas de vivir. Las películas nos sirven de referencia, nos brindan códigos comunes.

Las imágenes del cine pueblan nuestra memoria como si formara parte de nuestra experiencia, confundiéndose con ella.

El siglo XXI comienza anunciando una gran revolución tecnológica en el cine. Habrá reformulaciones en el soporte y en los modos de exhibir.

Pero mucho más allá de su formato, las películas van a seguir cumpliendo con su misión de contarnos historias, nutrirnos de fantasías, sumergirnos en obsesiones, sentir como propias problemáticas que creíamos ajenas, vernos reflejados en los sueños de otros.

Mientras existen buenos films que nos provoquen reflexiones, nos ayuden a entendernos, o simplemente nos entretengan, el cine va a seguir formando parte de nuestras vidas.

Fuente: Marcelo Piñeyro dirigió Tango Feroz y Caballos Salvajes.

HISTORIA DE LOS PRIMEROS CINES EN ARGENTINA

Los primeros kinetoscopios funcionaron en el área céntrica de la ciudad de Bs.As., en locales sobre las calles Florida (el salón Florida o Novedades, donde estuvo el teatro Nacional y más tarde las confiterías El Águila, primero, y L’Aiglon, después), Suipacha y Paseo de Julio (luego, Leandro N. Alem). Pero el kinetoscopio no era el cine.

Durante muchos años se sostuvo que la primera función de cine propiamente dicho, El cinematógrafo Lumiére, había tenido lugar en el teatro Odeón de la calle Esmeralda, el 18 de julio de 1896, sólo seis meses después de su presentación en París, el 28 de diciembre de 1895.

Investigadores de la Cinemateca Argentina (Historia de los primeros años del cine en la Argentina, 1895-1910) establecieron recientemente que hubo cine -no de Lumiére sino de la competencia británica, la Escuela de Brighton– antes, aunque también en julio, el lunes 6, en un salón de Florida 344. Aunque no se denominaba cinematógrafo sino vivomatógrafo, eran imágenes proyectadas sobre una tela y en movimiento, condiciones indispensables del cine. Su responsable fue Enrique de Mayrena.

Los primeros tiempos del cine son testigos de funciones que alternaban el teatro con las proyecciones. Pronto, los actos en vivo pasaron al segundo plano, desplazados por las vistas cinematográficas.

El primer sitio edificado para sala de cine, en 1900, fue el Cinematógrafo Nacional -más tarde Salón Nacional-, situado en Maipú 467, 471 y 479, entre Corrientes y Lavalle. Fue edificado por Gregorio Ortuño, comerciante de artículos fotográficos, y explotado por la sociedad de Puppo y Ángel Rodríguez Melgarejo.

La palabra biógrafo, con la sugerencia de vida en imágenes, ganó prestigio y se difundió pronto. Según Julio Quesada, era una «sala modesta, con un galpón de paredes lisas, lavadas a cal».

El Nacional se mudó en 1906 a Corrientes 840-848 (al lado del actual cine Opera), donde luego estuvo el teatroPorteño y ahora la decaída Galería Porteño. Esta fue la primera sala de cine con palcos laterales.

En 1900, funcionaba asimismo un cine, local sin palcos como el citado Nacional, en Rivadavia, entre Carlos Pellegrini (Artes, entonces) y Cerrito. Según Julio Quesada, fue el segundo construido al efecto en Buenos Aires, cinco meses después del Nacional, y su responsable era un joven Villanueva, hijo de un socio de la firma, entonces extinguida, Villanueva, Leguineche y Cía.

El tercero abrió el 23 de octubre de 1900 en el salón Florida, ex Palacio Novedades. Según parece, exhibió vistas coloreadas. Pronto se sumaron otros teatros y salones en el primer auge de las películas: el teatro Casino y el Pabellón Argentino.

El salón Florida estrenó los pocos minutos animados que registran la llegada a Buenos Aires, en octubre de 1900, del elegido presidente del Brasil, doctor Manuel Campos Salles.

También se pasaron películas al final del viejo siglo en un parque de entretenimientos de plaza Flores, en las terrazas del teatro Casino, en el Pabellón Argentino de la Exposición de París de 1889 reconstruido en Retiro y en el Prado Español de la Recoleta.

El público apreciaba películas cortas de cualquier origen, mayormente norteamericanas, aunque no faltaban las variedades locales con actualidades animadas en calles de Buenos Aires que tomaban Eugenio Py, para la casa Enrique Lepage y Cia. (Bolívar 375), el independiente Eugenio Cardini y hasta un camarógrafo que asistió a dos intervenciones quirúrgicas practicadas por el doctor Alejandro Posadas en el patio del Hospital de Clínicas para que hubiera mejor luz aunque no demasiada asepsia.

La salida nocturna del verano al aire libre, sentados a la mesa con refrescos y viendo películas, fue una costumbre porteña hasta bien entrada la década de 1910. Algún lector puede aún recordar a sus abuelos hablar del cine-bar.

Este programa también podía hacerse en invierno, al lado de la mesa servida y bajo techo, por ejemplo en el café España, en la calle Artes (hoy Carlos Pellegrini), a partir de 1902.

Las primeras imágenes de la ciudad habían sido registradas por Federico Figner en su paso por Buenos Aires: la Avenida de Mayo y los bosques de Palermo.

En sus memorias, editadas en el Brasil, cuenta Figner que, muy prematuramente, en marzo o abril de 1896, el payaso Frank Brown había proyectado películas cinematográficas en su circo, emplazado en esa fecha en Rosario.

No hay otros testimonios, todavía.

Después de Figner, Eugenio Py, el empleado de la casa Lepage, caminó una cuadra con la cámara en la mano buscando un objeto que tuviera movimiento y que expresara a la Argentina: la marca registrada del cine y de la patria que lo producía.

Halló la Bandera Argentina, en el mástil de la Plaza de Mayo, y la registró en unos metros de celuloide. Sólo queda la memoria de aquel acto, no el resultado.

Los argentinos iban al cine para aprender a ser argentinos. El cine era el espacio de ilusión para la clase media. En la oscuridad de la sala se auscultaban modales, conductas sociales, modos de vestir y peinarse; se autorizaban comportamientos familiares y se ensayaba la educación de los hijos.

En las películas, los modos de ser estaban codificados y se fijaban en la memoria del público, que descubría fórmulas del habla social y amaneramientos del gesto y la palabra y los repetía en la vida diaria.

Más allá de esa ilusión y de la fantasía, la suerte de haber contado con un cine extranjero subtitulado contribuyó a alfabetizar a los espectadores jóvenes y hasta dio agilidad a la lectura de los chicos, que competían consigo mismos para leer de un saque las dos líneas del diálogo.

No importaba la extracción social ni el origen patricio o inmigratorio. En el cine se aprendía a ser y a tratar a los demás. No tuvimos una política definida sobre la orientación de la pantalla, como en los países fascistas; sin embargo, las apetencias populares y el seguimiento de un género, de un actor o de un tema forzaron lo necesario a los productores. El espectador llegó a creer que las películas se hacían pensando en él.

Tanta era la coincidencia. En el interior del país, los públicos del inicio del sonoro soñaban con una mitología popular desplegada en una noche porteña de cabarets y peringundines, como en las películas. Buenos Aires era la ilusión más apetecible, con sus rubias disputadas, los tangueros empedernidos y las flacas como espigas de armiño y lame. Aunque nada de eso fuera cierto, la llegada del viajero a la ciudad verdadera nunca desencantaba.

Las películas más amadas fueron las que edificaron la memoria de los argentinos. La que más lo logró fue Así es la vida (1939, de Francisco Mugica). Empezaba en el patio, como si fuera el conventillo del saínete: allí convivían el porteño, el italiano y el gallego; el buen padre y el pariente tilingo y descocado; el apolítico y el soñador de utopías; se cumplía el mandato de la hija que quedaba para vestir santos, mientras las otras se casaban con un buen partido para seguir edificando la clase media. La historia pasaba del patio al comedor y a la sala, avances que el saínete no se permitía.

La película se adelantaba sobre los géneros —del saínete a la comedia familiar burguesa— y los sentaba a todos, sin prejuicios, a la mesa familiar (esa mesa que había que achicar y agrandar), para contarnos lo suyo, que coincidía con lo nuestro (en la platea) y para volver consciente la necesaria memoria del universo propio que la película había construido durante una hora y media y que ya nos pertenecía. A la mesa de Así es la vida se sentaban todos los argentinos.

Fuente Consultada:
El Diario Intimo de un País – 100 años de vida cotidiana – La Nación
Gente Testigo del del Siglo Los Personajes y hechos  que hicieron historia Tomo 3 Luz, cámara,…acción

Primer Ingeniero de Argentina Luis Huergo

Primer Ingeniero de Argentina Luis Huergo

Luis Augusto Huergo
Agrimensor e Ingeniero Civil
1837 – 1913

Este prestigioso y famoso personaje fue el primer ingeniero de Argentina, nacido el 1 de noviembre del 1837. Terminó en el año 1862 la carrera de agrimensor en el Departamento Topográfico de Buenos Aires.

Huergo nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1837. A los 15 años de edad, viajó a los Estados Unidos de Norteamérica para cursar estudios en el Colegio de Santa María de Maryland, en el cual la enseñanza estaba a cargo de sacerdotes jesuitas. De regreso en el país, cinco años después, prosiguió su formación en el Departamento Topográfico de Buenos Aires, donde se graduó como agrimensor en 1862.

En 1866, cuando el rector Juan María Gutiérrez creó la carrera de ingeniería civil en la Universidad de Buenos Aires, Huergo decidió seguirla y, cuatro años más tarde, con una tesis sobre Vías de comunicación, se transformó en el primer egresado.

Apenas diplomado, el gobierno de la provincia de Buenos Aires comisionó al ingeniero Huergo para contratar y fiscalizar en Inglaterra la construcción de 118 puentes que luego se instalaron en la provincia. En 1872 fue Huergo elegido senador provincial.

Más tarde se le encarga proyectar el aumento del caudal del Salado, con canales procedentes de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto. Luego estudió y proyectó un tramo del ferrocarril Pacífico -Buenos Aires a Villa Mercedes- y el puerto de San Fernando con un dique de carena que fue el primero construido en el país. A principios de 1876 fue nombrado, por concurso, director de las Obras del Riachuelo.

Este era, un precario arroyo surcado por pequeñas embarcaciones. Huergo lo transformó en un puerto cuya capacidad de anclaje fue creciendo hasta poder recibir barcos de gran tamaño, que años antes debían fondear a varios kilómetros de la costa.

Sin duda, la mayor obra de Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero recibido en la Universidad de Buenos Aires, se vincula con sus proyectos para dotar a la misma, de un puerto digno de las necesidades del creciente tráfico marítimo. En 1881 propuso el proyecto más completo de la época: un puerto para la misma.

Al año siguiente Eduardo Madero presentó una propuesta alternativa que Huergo juzgó muy inconveniente. Sin embargo, en diciembre de 1884 el Gobierno Nacional se decidió por el proyecto de Madero, que el tiempo ha demostrado lo costoso y dificultoso del sistema adoptado.

Por la misma época, Huergo proyectó el Dock Sur del Riachuelo, el ensanche de la ciudad de Córdoba y la irrigación de sus altos y con su intervención se duplicó la capacidad de embalse del Dique San Roque. Proyectó también obras portuarias y sanitarias de la ciudad de Asunción del Paraguay y su famoso canal de navegación de Córdoba al río Paraná.

Si bien la navegación interior del país fue una de las preocupaciones de Huergo, fruto de sus estudios es que se encarara la canalización del río Bermejo, no debe de dejarse de mencionar los realizados sobre la cuenca hullera y carbonífera de Mendoza, en especial de Salagasta. Don Luis A. Huergo es llamado el primer ingeniero argentino; y se debe a su antigüedad, a su calidad científica, a su autoridad técnica-moral y a la belleza de su espíritu.

ALGO MAS…

En 1874 fue designado Consejero Académico de la Facultad de Matemáticas y en 1891 fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales. Por encargo del gobierno de la Provincia de Buenos Aires realizó el estudio del régimen del Río Salado (provincia de Buenos Aires) y de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto (provincia de Córdoba).

Estudió y construyó el ramal ferroviario Buenos Aires-Villa Mercedes (San Luis), así como el dique comercial de San Fernando (provincia de Buenos Aires). En 1876 fue designado por concurso director de obras del Riachuelo, para el cual presentó el proyecto de la construcción del Dock Sud que luego llevó a cabo.

También presento en Córdoba un proyecto para la construcción de un canal navegable, desde el río Primero al Paraná, que desemboca a la altura de San Lorenzo. Sus últimas actividades profesionales las realizó al frente de las explotaciones petrolíferas de Comodoro Rivadavia.

También ocupó otros cargos: Intendente general de Guerra, ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, delegado al Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires.

Fue fundador y presidente de la Sociedad Científica Argentina, presidente de la Sociedad de Ingenieros Civiles y del Centro Argentino de Ingenieros. Presidió el Primer Congreso Científico Internacional Americano realizado en 1910, reunido con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo.

Biografia de Francisco Moreno Perito en el Sur Argentino Patagonia

Biografía de Francisco Moreno
Perito en el Sur Argentino – La Patagonia

El territorio argentino es el séptimo más extenso entre todos los países del mundo. Con casi 3 millones de kilómetros cuadrados, Argentina es unas 6 veces más grande que España y 65 veces mayor que Suiza. Pero durante muchos años, a partir de la Declaración de la Independencia en 1816, buena parte del país fue térra incognita6 territorio desconocido que aparecía en los mapas como un espacio en blanco.

Francisco Moreno nació en Buenos Aires en 1852 en una familia de dinero. Desde chico se sintió atraído por plantas y animales. A los 12, formó con sus hermanos una exhibición de piedras y plantas raras a la que denominaron, un poco exageradamente, «museo de historia natural».

Cuando cumplió los 21 hizo su primer viaje a la Patagonia. Recogió rocas, restos de animales, antiguos cráneos humanos y descubrió una nueva pasión: la historia de los pueblos aborígenes, habitantes del país desde hacía miles de años. Francisco Moreno quedó enamorado para siempre del paisaje del sur argentino.

Hasta su muerte en 1919, exploró e hizo aparecer en los mapas buena parte de la Patagonia. Por su conocimiento de la zona, el Gobierno Nacional lo nombró perito (experto) en límites geográficos y lo premió con una gran extensión de tierras patagónicas.

Moreno vendió la mayor parte para crear comedores escolares destinados, sobre todo, a los chicos aborígenes. El resto lo donó al Estado para crear el primer Parque Nacional, ahora llamado Nahuel Huapi.

CONOCIDO COMO "EL HÉROE NACIONAL" Y RECORDADO COMO EL PERITO MORENO

Francisco Moreno
Científico Naturalista
1852 – 1919

Francisco P. Moreno es más conocido como Perito Moreno, científico naturalista argentino, explorador de la Patagonia. Nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires.

Su padre había permanecido exiliado en Uruguay durante el régimen del político y militar argentino Juan Manuel Rosas, en tanto que su madre era hija de uno de los oficiales británicos que habían participado en la invasión inglesa de 1807 y que, tras haber sido hecho prisionero, fijó su residencia en el país sudamericano.

Francisco había perdido a su madre a temprana edad por el cólera y, con sus hermanos, alternaban estudios con excursiones por las barrancas del río, buscando huesos prehistóricos con los que montarían un incipiente museo en el mirador de la casa paterna.

En 1866 instaló con sus hermanos el primer “museo” en el mirador de su casa donde exhibía restos hallados en excursiones con su padre.

En 1871 recogió fósiles en la laguna de Vitel.

En 1872 fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina.

En 1872-73 exploró el territorio de Río Negro y, en 1875 llegó al lago Nahuel Huapi, que recorrió para luego pasar a Santa Cruz y alcanzar el lago que bautizó con el nombre de Argentino.

El 22 de enero de 1876 con 23 años de edad se convierte en el primer hombre blanco que llega al lago Nahuel Huapi desde el océano Atlántico, donde implanta la bandera argentina.

El 20 de octubre de 1876 , se embarca en la goleta Santa Cruz rumbo a las tierras australes, y luego de un viaje nada fácil, la nave fondea en la desembocadura del río Chubut. Allí, Moreno recorre la colonia galesa obteniendo gran cantidad de fósiles marinos. Tres meses más tarde, la nave zarpa nuevamente, llegando a la boca de río Santa Cruz el 21 de diciembre. El propósito de esta empresa, es remontar el río y recorrerlo en toda su extensión.

En el mes de febrero de 1877 , también, descubre y bautiza el lago San Martín y días más tarde avista el lago Viedma y el cerro Chaltén, al que identifica como un inmenso volcán y bautiza con el nombre de Fitz Roy. Moreno dispone el regreso descendiendo por el río Santa Cruz; en mayo retorna a la capital federal exultante por los éxitos obtenidos y por el gran cúmulo de información recopilada.

Una vez arribado, dona sus colecciones para fundar el Museo Antropológico y Arqueológico de la provincia de Buenos Aires.

Entre 1882 y 1884, realiza viajes a Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan en busca de elementos que pertenezcan a civilizaciones anteriores a la conquista española y de yacimientos fósiles.

Para esta fecha, el Museo provincial ya no podía albergar tamaña colección, por lo que surge la idea de reemplazarlo por un edificio más acorde con la calidad del material estudiado. Nace así, el Museo de La Plata.

Entre 1892 y 1897 comienza a intervenir en cuestiones limítrofes con Chile y, ante el recrudecimiento de la cuestión acepta el cargo de Perito Argentino en la negociación y convence a sus pares chilenos que la mejor solución era la diplomática.

El 20 de noviembre de 1902, se firma el laudo arbitral, en virtud del cual Argentina rescata cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados de tierras que el perito chileno atribuía a Chile. Nuevamente el Dr. Moreno había prestado sus servicios y su inquebrantable patriotismo en bien de su país.

Como pago por su labor como perito en cuestiones limítrofes, recibe como compensación del Congreso de la Nación, veinticinco leguas fiscales de tierra. El 6 de noviembre de 1903, dona “tres leguas cuadradas en la región situada en el límite de los territorios de Neuquén y Río Negro, en el extremo Oeste del Fjord principal del lago Nahuel Huapi, con el fin de que sea conservado como parque natural”.

Falleció el 22 de noviembre de 1919. Sus restos fueron trasladados en 1944 a la isla Centinela, en lago Nahuel Huapí.

EL ESPÍRITU DE UN JOVEN LLAMADO FRANCISCO P. MORENO: Así lo describe RAÚL A. ENTRAIGAS, (Río Negro) En Historia Argentina Contemporánea, 1862 -1930. Vol. IV: Historia de las provincias y sus pueblos; segunda sección. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1967).


En abril de 1873 llegaba un joven de 21 años lleno de inquietudes, llamado Francisco P. Moreno, a Carmen de Patagones. Recorrió el valle del río Negro, y con sesenta cráneos y más de mil flechas regresó a la capital. Al año siguiente, en el bergantín Rosales, emprende un nuevo viaje a la Patagonia con el capitán Martín Guerrico y el doctor Berg. En esta excursión, malograda en parte por la revolución de septiembre de 1874, visitó dos veces el río Negro.

Pero sus grandes excursiones fueron las de 1875-76. Fue por tierra. Partió el 25 de septiembre de 1875. El 17 de octubre llegaba nuevamente al Carmen en el río Negro. Ahí pasa más de un mes ocupado en reconocimientos e investigaciones.

El 27 de noviembre salía, por la ribera sur del río de los Sauces. Iba en la expedición con la que el mayor Miguel Linares emprendía una batida contra los indios que habían llevado un malón a Romero Grande. Eran más de cien los expedicionarios. Moreno iba tranquilo, porque Linares era sobrino del temible Sayhueque.

El 6 de diciembre estaba en Primera Angostura, y el 15 en Chichínales. Ahí se separa de los guerreros aborígenes y sigue con su gente hacia Neuquén. En la confluencia debe hacer sus primeras armas como tropero, al tener que cruzar el río a caballo, a la manera indígena. Y sigue hacia las cordilleras.

Uno de los parajes que más lo sorprendieron fue el Chocó-Geyú. Llega al Collon-Curá, anuncia su presencia a Sayhueque y le comunica su deseo de ir a saludarlo. Así llega a los toldos de Caleufú, capital del Señor de las Manzanas.

Los caciques que obedecían a Sayhueque celebran un parlamento y deciden que el huirica no debe seguir a Chile como era su intención.

Pero, con la ayuda de Quinchahuala, consiguió permiso para llegar al Nahuel Huapi. En sus riberas, en la hermosa rinconada de Tequel Malal, tenía sus reales el gran cacique Inacayal. Moreno cruzó el río Traful y llego al magnífico lago el 22 de enero de 1876. Y se hubiera quedado en el lago, pero el exequátur del Señor de las Manzanas era perentorio; tuvo que regresar a Caleufú.

Se dio cuenta que ahí reinaba un ambiente hostil para el cristiano. Supo que en un malón llevado contra el Azul habían muerto al mayor Jurado (Turao, decían los indios) y a Calderón, el mayoral de la mensajería de Bahía Blanca. Había que advertir a Patagones. Apenas pudo, pues, emprendió el regreso por el valle del Limay.

En Chichínales le dieron 25 caballos más, gracias a los cuales pudo llegar sano y salvo a Carmen de Patagones.

Al día siguiente, ya estaba de nuevo sobre el arzón de su caballo, rumbo a Bahía Blanca, a donde llegó en sólo dos días. Y prosiguió… Iba en busca del telégrafo para anunciar al gobierno la invasión inminente… Llega a Tandil. Prosigue.

Las Flores. Toma el tren ahí y consigue llegar a Buenos Aires en tiempo récord. Anuncia la invasión. No le creen. Dicen que «son cosas de muchacho asustado». Pero tres .días después «se produjo el terrible malón que costó cientos de vidas y centenares de miles de ganado».. .»

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

Francisco P. Moreno, quien el año pasado fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina, ha partido en un viaje de exploración e investigación a la Patagonia.

Según sus propias declaraciones, lo mueve el interés de investigar la formación geológica del continente, su flora, su fauna y su historia natural. En abril, ya en Carmen de Patagones, ha encontrado sesenta cráneos, mil flechas o puntas de lanza y grandes cantidades de sílices tallados.

Su padre asegura que a su regreso le tiene preparado un edificio de 200 metros cuadrados para el archivo de sus colecciones. Fascinado por las muestras recibidas, ha decidido centrar su actividad investigadora en la exploración de la región patagónica.

El joven investigador y científico nació el 31 de mayo de 1852 en la ciudad de Buenos Aires. Su padre estuvo exiliado en Uruguay durante el régimen de Juan Manuel Rosas, y su madre es hija de uno de los oficiales británicos que participó en la invasión de 1807.

En 1867, Germán Burmeister, director del Museo Público, visitó la colección privada de Moreno, y para sorpresa del joven científico le pidió prestado un ejemplar de «Panochtus» para exhibirlo.

A fines de enero de 1871, Buenos Aires sufrió la epidemia de fiebre amarilla y una de sus víctimas fue doña Juana Thwaites, madre del naturalista. La familia decidió refugiarse en la estancia Vitel, cerca de la laguna de Chascomús. Se nos informa que el joven hombre de ciencia encontró allí, entre otros fósiles, un caparazón de gliptodonte, un verdadero tesoro paleontológico.

Ampliar: Primeros Naturalistas Argentinos

Biografia de Ameghino Florentino Naturalista Argentino

VIDA Y OBRA CIENTÍFICA DE FLORENTINO AMEGHINO

Dinosaurios en
la Patagonia
Dinosaurio:
Abelisaurus
Biografía de
Francisco Moreno
Florentino
Ameghino

Florentino Ameghino

Florentino Ameghino (1854 – 1911): Naturalista, Paleontólogo y Antropólogo También considerado climatólogo, geólogo y zoologo.

Nació en Villa del Luján, de la Provincia de Buenos Aires, el 18 de septiembre de 1854, hijo de don Antonio Ameghino y de doñaMaría Dina Armanino. (hay versiones que dicen que nació en Génova, pero él declara que nació en Luján)

En Ameghino su interés por la paleontología comenzó muy de pequeño, cuando le preguntó a su padre de dónde venían los restos de caracoles que había encontrado en la barranca del río Luján, cerca de su casa, y éste le respondió que los traía el río.

Florentino consideró que no debía ser así porque la corriente no podría enterrarlos, y decidió que averiguaría por qué estaban allí y cómo habían llegado.

Tenía dos hermanos, llamado Juan y Carlos que le ayudaron en muchas oportunidades, pero Carlos fue siempre un excelente colaborador sobretodo en arduas y lentas exploraciones.

Puede considerarse como la primera gran figura de la ciencia nacional y la que alcanzó, seguramente, mayor trascendencia internacional. Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que manejó durante años en La Plata.

Florentino Ameghino fue una de las personalidades científicas más descollantes de la Argentina en el siglo XIX. Nació en 1854 y era adolescente aún cuando los muchachos de su edad lo apodaron «el loco de los huesos» por su inveterada costumbre de hurgar con pico y pala las cercanías del río Lujan en busca de restos fósiles. A los veinte años reunió en un folleto varias observaciones acerca del origen del hombre americano, y tiempo después abandonó su puesto de maestro en la localidad de Mercedes para trasladarse primero al Uruguay y después a Europa. Allá recorrió los principales museos de ciencias naturales y se vinculó con paleontólogos célebres, deslumbrándolos con la colección que había formado.

Su formación primaria la realizó en forma particular y como entretenimiento infantil recogía huesos en las barrancas de Luján. En Buenos Aires siguió los estudios secundarios que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una escuela y dedicó nueve meses al estudio geológico y paleontológico de los terrenos de la llanura pampeana.

Ameghino fue un brillante autodidacta en paleontología, geología, antropología y anatomía comparada. Ya de adolescente, aprendió idiomas para poder leer a los principales científicos de la época, como el geólogo británico Charles Lyell, y adhirió a la teoría de Darwin.

Cuando tenía 17 años le presentó a Germán Burmeister, entonces director del Museo de Buenos Aires y autoridad máxima de las ciencias en el país, sus primeros descubrimientos. Pero a éste las investigaciones del joven provinciano no le inspiraron confianza ni le parecieron de interés. Al contrario de lo que podría creerse, esto no desalentó a Ameghino, que más tarde diría: “Pero para algo sirve la desgracia… la incredulidad e indiferencia que encontré hirieron mi amor propio, me obligaron a estudiar y buscar medios de acumular nuevos materiales”.

Siempre vivió estudiando, investigando y luchando por conseguir medios económicos para crecer en su actividad científica.

En 1875 dio a conocer las primeras especies nuevas que había descubierto. En el mismo año, se presentó en un concurso-exposición organizado por la Sociedad Científica con siete cajas de fósiles. Pero a los jurados poco les interesaban aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las catorce menciones honoríficas. Ameghino insistió al año siguiente con una memoria sobre el cuaternario –la más reciente era geológica– que ni siquiera fue considerada.  Decidió viajar a Europa, y presentar su crecida colección de huesos en la Exposición Internacional de París de 1878 y gracias a su trabajo en la escuela puedo financiar en 1875 su primer viaje a Uruguay. Mas tarde con el apoyo del pueblo natal pudo viajar a París en 1878 y exhibir su colección de huesos en la Exposición Universal donde logró la admiración de los científicos mas destacados de su época.

Su viaje a Paris le demandó tres años y debió vender parte de los objetos llevado, por 40.000 francos, y con ese dinero financió la edición de La antigüedad del hombre en el Plata, una de sus principales obras y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional. Al poco tiempo debió volver a vender mas material de su colección (que no se lo aceptaban en museos de la Argentina); hacia 1892, setenta piezas de su colección fueron destinadas a un museo de Munich y, tres años más tarde, se vio obligado a vender al Museo Británico una colección de unas 380 aves fósiles. El objetivo era, como siempre, financiar nuevas investigaciones.

Como curiosidad histórica hay que destacar que  cuando regresa de Europa, llega casado con una joven parisinaLeontina Poirier y pobre y como si fuera poco, se encuentra que había sido exonerado de su cargo de director de la escuela de Mercedes por abandono del puesto.

En 1886, Francisco Moreno lo nombra vicedirector del Museo de la Plata, en  el cual Ameghino aporta su propia colección de huesos, pero lamentablemente al poco tiempo estos científicos entran en un conflicto debido a diferencias y celos profesionales  y pierde el cargo oficial. Como salida decide abrir un negocio de libros y en donde por tercera vez volvió a iniciar una colección de fósiles, ya que Moreno le había prohibido la entrada al museo y no podía estudiar sus propios fósiles.

Su obra publicada —185 títulos que totalizan unas 20.000 páginas— hace referencia tanto a la descripción de piezas fósiles, en gran parte halladas por él, como a apoyar su teoría sobre el origen americano del hombre. Para Ameghino, la especie humana había evolucionado en las Pampas argentinas, desde donde habría migrado al resto del planeta. Y para probarlo se sirvió de todos sus hallazgos paleontológicos.

De todas maneras en su etapas de comerciante, Ameghino desplegó un gran esfuerzo creador: Filogenia (otro libro de su autoría) le brindó el reconocimiento nacional y mientras fue librero en La Plata publicó el trabajo premiado en Paris y mantuvo acaloradas polémicas con científicos nacionales y extranjeros.

Un año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

En la exposición de París de 1889,obtuvo uno de los mayores logros científicos internacionales de la época: la medalla de oro y el diploma de honor, por su contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de Argentina, escrita en poco mas de un año, entre grandes dramas económicos. Este reconocimiento lo ubicó entre las pocas figuras mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva.

Ameghino murió en La Plata, el 6 de agosto de 1911. Su entierro fue grandioso, teniendo en cuenta lo alejado que estuvo de las esferas oficiales. Todo el mundo intelectual se hizo presente y al depositar sus restos en el Panteón de los maestros, hicieron uso de las palabras eminentes personalidades como E. Holmberg, Víctor Mercante, J. B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros.

HITOS DE SU VIDA
1854: Nació en la ciudad de Lujan, el 18 de setiembre, hijo de modestos inmigrantes italianos.

1863: Desde niño llamó la atención de sus padres y maestros, por la forma en que se interesaba por desenterrar restos fósiles y averiguar su posible origen. A los nueve años de edad, reunió una colección de caracoles que había juntado a orillas del río Lujan.

1867: El maestro Carlos d’Aste, amigo de sus padres, les sugirió la idea de enviarlo a Buenos Aires para que siguiera estudios secundarios en la Escuela de Preceptores.

1870: Ameghino entró a desempeñarse, como Auxiliar Docente, en una escuela de Mercedes, donde, poco después, comenzó a dictar clases. 1871: Organizó, en Mercedes, un pequeño Museo de Ciencias Naturales, anexo al antes citado colegio.

1872: Fue nombrado Director de la Escuela Elemental de Mercedes, cargo que conservg durante varios años. Mientras tanto, proseguía estudios e investigaciones sobre etnografía y paleontología.

1873 a 1877: Estableció contacto epistolar con varios sabios europeos a quienes comunicó, por carta, sus hallazgos y teorías. Realizó gran cantidad de excavaciones, pagando él mismo los gastos que tales tareas originaban. Venciendo grandes dificultades, llegó a disponer de la mejor colección de fósiles conocida en América.

1878: Emprendió viaje hacia Europa, en cuyos museos estudió y trabajó con la venta de ejemplares repetidos de fósiles. Pudo costearse la edición de su libro «La antigüedad del hombre en el Plata». 1880: Contrajo enlace con Leontina Poirier, de nacionalidad francesa.

1881: Después de tres años de ausencia, regresó, con su esposa, a la Argentina, donde se enteró de que, vencida la licencia que le habían acordado en sus puestos docentes, ya no los tenía.

1882: Abrió en la ciudad de Buenos Aires una librería, a la  que llamó «El gliptodonte» y con los ingresos obtenidos, prosiguió sus estudios e investigaciones.

1883 a 1901: Reinició sus tareas paleontológicas, ayudado por su mujer y por su hermano Carlos, con quienes efectuó numerosos viajes por la costa atlántica y por el sur de la Argentina. Lograron encontrar más de un centenar de esqueletos de especies mamíferas extinguidas, los cuales pasaron a formar parte de la colección del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, que Carlos, posteriormente, dirigió. Florentino, mientras tanto, ejerció como pofesor en las universidades de Córdoba, La Plata y Buenos Aires.

1902: Sus méritos, como investigador, fueron reconocidos dentro y fuera de la Argentina. El Gobierno de ese país lo nombró Director del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, instituto que organizó con extraordinaria eficacia.

1911: Enfermo de diabetes y sintiéndose muy afectado, es-piritualmente, por la muerte de su madre y de su esposa, falleció el 6 de agosto. Sus últimas palabras fueron: «¡Cuánto me queda por hacer!».

SOBRE SU TRAYECTORIA….

Desempeñó los siguiente cargos: maestro de escuela de Mercedes (Bs.As.), catedrático de Zoología y Anatomía comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cordoba, conservador de las seccines de Zoología y Antropología de la misma Universidad, miembro académico de la Facultdad de Ciencias Médicas de la misma; Director del Museo de La Plata, etc.

Los premios que ha logrado por sus trabajos científicos son los siguientes: mención honorífica por la «Sociedad Científica Argentina» en el concurso y exposición del 28 de julio de 1875; medalla de bronce en la Exposición Universal de París en 1878: medalla de oro (primer premio) en la Exposición Continental Sud-Americana de 1882, en la ciudad de Buenos Aires; medalla de oro (primer premio) en la Exposición de París en 1889; y medalla de oro (primer premio) en la Exposición de Chicago en 1893.

Fuera de las obras que se han señalado más arriba, ha dado a la publicidad y se ha traducido a varios idiomas una colección numerosa de libros y trabajos sobre antropología, geología y paleontología, que fueron sus especialidades en las ciencias naturales, dedicando «Un recuerdo a la memoria de Darwin», cuyas teorías fueron sus ideales de niño-sabio y después fueron la base de su reputación científica.

La Dirección del Museo Nacional de Historia Nacional la ocupó Ameghino a la muerte de Berg en 1902: y entonces el genio produce su formidable teoría de la existencia del hombre en los terrenos terciarios del país. Semejante teoría produjo un revuelo en el avispero científico. La iglesia encontró un terrible enemigo en Ameghino, al que combatió intensamente.

Los iíltimos años de su vida los pasó el ilustre sabio al frente de una librería que instaló en La Plata donde luchó contra la adversidad del destino. Pero el precitado nombramiento de Director del Museo Nacional, le proporcionó un bienestar que alcanzó a disfrutar casi dos lustros. Murió en La Plata el 6 de agosto de 1911, desempeñando el cargo de referencia.

Ante su tumba abierta, el doctor José Ingenieros pronunció elocuente oración fúnebre, en la que dijo entre otras cosas: «Muere con él la tercera vida ejemplar de «nuestra centuria: Sarmiento inagotable catarata de energía en las gloriosas batallas de nuestra emancipación intelectual; Mitre, que alcanzó !a santidad «de un semi-Dios y fue consejero de pueblos; Ameghino, preclaro sembrador de altas verdades cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de «la naturaleza. . .»

Fué su gran colaborador su hermano Carlos Ameghino, que más adelante lo reemplazó en el cargo de Director del Museo Nacional de Historia Natural. Fuera de las obras citadas, merece mencionarse: «El transformismo considerado como una ciencia exacta» y otras muchas que seríía largo enumerar .

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°23 Florentino Ameghino Edit. Cuántica
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Grandes Boxeadores de Argentina

Grandes Boxeadores de Argentina

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Luis A.
Firpo
José M. GaticaPacual
Perez
Oscar BonavenaNicolino LoccheCarlos Monzón

Vida de Carlos Monzón

Carlos Monzon, BoxeadorAmalia Ledesma y Roque Monzón tuvieron el 7 de Agosto de 1942 a su quinto hijo y lo llamaron Carlos. En San Javier (Santa Fe) vivió los primeros años de su vida y fue ahí donde comenzó su verdadera pelea que se basaba en defenderse y subsistir a una infancia sin juguetes, de pobreza y con muchos inconvenientes.

En 1951, toda la familia se mudó hacia el barrio Barranquita. Desde chico, Carlos percibía que lo suyo no era el estudio y por tal motivo dejó la escuela en tercer grado. Esto lo motivó y lo obligó a trabajar para ayudar a sus padres.

Para conseguir un mango se las rebuscaba como sodero, lechero o diariero, mientras que compañeros de su edad estudiaban o se reunían para jugar.

Todavía no boxeaba, pero en la vida estaba cayendo por puntos. Buscando un camino y un rumbo dentro del pugilismo recorrió distintos gimnasios. Sus ocasionales «managers» eran el «Mono» Martínez y Roberto Agrafogo.

Empezaba a mantenerse haciendo lo que más le gustaba. Con un peso de 64 kilos disputó su primer enfrentamiento, en el pabellón de la Industria ubicado en su ciudad, frente a José Cardozo. El resultado indicó un empate en tres asaltos y recibió un viático de 50 pesos. Las peleas, estilo callejeras, por montos irrisorios, eran moneda corriente hasta que..

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Grandes Boxeadores de la Historia

 

Biografía de Bonavena Ringo Vida de Campeones del Boxeo Argentino

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OSCAR «RINGO» BONAVENA: Nació el 25 de septiembre de 1949 y murió asesinado el 22 de mayo de 1976 en Reno, EstadosOSCAR "RINGO" BONAVENAUnidos. Fue de verdad un guapo de su barrio, Parque Patricios. Se lo consideró muchas veces un niño grande, por su calidez y buen humor. Hincha de Huracán a muerte, amigos de todos los deportes, era un personaje especial, ocurrente, simpático y carismático.

Siendo muy joven abandono los estudios y decidió trabajar…fue carnicero, repartidos y hasta picó piedras. Su carrera como boxeador la inició en 1958 en su club de alma, Huracán, club que hoy tiene una tribuna con su nombre. Ganó su primer torneo amateur en 1959 y en dos años consiguió dos coronas Sudamericanas consecutivas.

Tuvo un record de 58 triunfos, 44 por KO, nueve derrotas y un empate. Como muchos otros boxeadores de su nivel, tiene una gran pelea que lo identifica, en donde  todos sus seguidores lo recuerdan por su bravura frente a un adversario que lo supera, pero que ante esa adversidad aparece la fortaleza un púgil  grandioso que arremete con fuerza y lucha sin cesar.

En este caso, es adversario fue Muhammad Alí (Cassius Marcelus Clay), el 7 de diciembre de 1970, quien lo vence en el ultimo round en Madison Square Garden. Perdió a segundos de terminar la pelea luego de tenerlo sentido a Clay en el 40 y 90 round.Frente a Lee Carr en 1964, fue suspendido por morderle la oreja, y a Ron Hicks le ganó en el primer minuto del primer round por nocaut.

En 1965 fue campeón argentino, al derrotar a «Goyo» Peralta en el Luna Park, con mas de 25.000 espectadores. Tenía fama de fanfarrón y la gente lo quería ver  perder, pero ganó con la calidad de un grande, y como se escucha aun decir por ahí,…entraron hinchas de «Goyo» y salieron hinchas de «Ringo».Combatió con los mejores del mundo, Zora Folley, Jimmy Ellis, Joe Frazier y Floyd Patterson.

El 10 de diciembre de 1968, tuvo una chance por el título mundial en Nueva York ante Joe Frazer, con quien perdió por puntos en 15 asaltos. Mas tarde como dijimos antes se enfrentó con Cassius Clay,Ringo poseía en ese momento  68 peleas en su haber, con 58 victorias, 9 derrotas y un empate, pero no pudo ser y Clay lo venció por KO reglamentario.

Muy pronto se comenzó a barajar la posibilidad de la revancha. Después de su baño de multitudes en Argentina de vuelta en los Estados Unidos, Ringo quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Muhammad Ali. Pero su joven corazón de treinta y tres años fue partido en mil pedazos por la bala asesina disparada por un matón a sueldo desde un fusil treinta-cero-seis, a treinta metros, en el estado de Nevada.

Ocurrió a las puertas de «Mustang Ranch», el cabaret de Joe Conforte, quien había sido durante un período su manager. Vale aclarar que Ringo vivía en una caravana muy cerca del prostíbulo, y que, por eso, pasaba gran parte de sus días en el mismo.

Ringo fue enterrado el 30 de mayo de 1976 con su pecho ahogado en claveles rojos. Unas 150.000 personas pasaron por el Luna. Era el último adiós al bueno de Ringo.

PARA SABER MAS…

ASESINARON A OSCAR BONAVENA: Sigue la conmoción por el asesinato del boxeador Oscar Natalio Bonavena. Un disparo lo ultimó el 22de mayo cuando salía del prostíbulo Mustang Ranch en el Estado de Nevada, en losEstados Unidos, propiedadde Joey Sally Conforte.

Las investigaciones apuntan a una riña por una mujer, pero no se pudoaclarar la situación  hasta el momento. Los Conforte son también los promotores que lo habían llevado a pelear nuevamente en los Estados Unidos. Bonavena se había casado el 19 de febrero último con Cheryl Ann Rebideaux, una joven de 20 años que también trabaja ba en el burdel, pero su matrimonio fue anulado diez días después, ya que Bonavena estaba casado en la Argentina.

La policía detuvo a Willard Brymer, el guardia de seguridad del local, e indican que entre ambos había una rivalidad por la eñorita Rebideaux. Brymer se encuentra sin fianza, pero todavía no se le han formulado cargos. Osear Natalio «Ringo» Bonavena tenía 33 años y una carrera construidaa base de coraje, algo de técnica y mucha personal ¡dad. Se había iniciado en el Club Atlético Huracán yen 1959 fue campeón amateur. (Fuente: Diario del Bicentenario Fasc. 9 1970-1990)

Comenta el periodista Walter Vargas en el Diario El Bicentenario Fasc. N°9 (1970-1989):

«Ringo, jamás fue campeón del mundo, pero su gravitación en el boxeo argentino de los 60 fue signi-ficativayalgunasdelaspáginasgue supo escribir cobraron dimensiónde leyenda, Su pelea con Goyo Peralta (4 de septiembre de1965) es récord en materia de entradas vendidas en el Luna Park (25,236) y la que sostuvo con Muhammad Ali estableció un rating excepcional: 79,3 puntos.

Que un pesado argentino se las vea con Cassius Clay supone un cóctel de expectación e ilusión inauditas, Clay, convertido al islamismo y devenido Alí, es la suma de todas las virtudes, la frontera misma de la excelencia, Alto, estilizado, increíblemente veloz para sus 96 kilos, quirúrgico en el envío de cada golpe, Bonavena es bajo, lento, tosco, tiene pies planos..,

Puestos en el mismo ring invitan ala alegoría de la Bella y la Bestia. Con todo, Ringo es tanto o más showman que Ali y casi igual de fuerte, De hecho, Ali pronosticó que lo noquoaria en el noveno round y en ese round casi fue noqueado él, La peleafue pareja y electrizante, con momentos de sorprendente dominio del argentino y un final doloroso.

En el round 15 el guapo de Parque Patricios se negó a conformarse con una digna derrota por puntos y se descuidó. Fue fatal. Tres caídas decretaron el nocaut técnico, y Ringo, que había cumplido un papel conmovedor, lloró con el mismo desconsuelo con que lloramos miles de argentinos.»

Grandes Figuras del Deporte Argentino

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Biografía De Bioy Casares Escritor Argentino Literatura Argentina

Biografía De Bioy Casares-Escritor Argentino

Adolfo Bioy Casares:
La parodia de la fantasía

Adolfo Bioy CasaresHace poco más de una década, precisamente un 8 de marzo de 1999 nos dejaba para siempre el gran literato argentino Adolfo Bioy Casares, que había nacido un 15 de septiembre de 1914, hijo único de Adolfo Bioy Domecq y Marta Ignacia Casares Lynch.

Criado y educado en el entorno de una familia porteña acomodada, desde muy pequeño Adolfo pudo dedicarse por completo a lo que más amaba, y que en definitiva se convertiría con el paso de los años en su vocación única e irrefrenable: la literatura.

Hoy, a pesar de no encontrarse físicamente con nosotros, nos ha dejado para siempre el placer de disfrutar de su arte perpetuándose de esta forma en una existencia constante y eterna, que llega a todo el planeta a través del universo de las palabras.

Podríamos asegurar que si bien su obra literaria ha recorrido los más diversos caminos, e incluso ha llegado a convertirse en inspiración para otros autores literarios, como así también para cineastas, periodistas y filósofos, lo cierto es que uno de los hechos más curiosos de la actualidad se desprende de uno de los más exitosos productos televisivos de los últimos tiempos: la serie Lost.

En este sentido, los creadores de dicha tira norteamericana han comentado en diversas oportunidades que para dar origen a la original serie, que se convirtió en un verdadero suceso televisivo, se inspiraron en la obra «La invesión de Morel» de nuestro admirado Bioy Casares.

Entre los muchos admiradores del escritor argentino, cuya obra se destacó sobre todo en los géneros que recorren las historias fantásticas, policiales y de ciencia ficción, se lista el notable literato Jorge Luis Borges, con quien Bioy Casares mantuvo además una profunda amistad, que lo llevó en varias oportunidades a colaborar literariamente con él.

No es de extrañar entonces, que su gran amigo y colega Jorge Luis Borges se refiriera a Bioy Casares como el H. G. Wells argentino, y expresara opiniones que enaltecían la obra creativa del escritor, como cuando en una oportunidad Borges mencionó al respecto de sus obras en conjunto:

«Cuando encuentro algún acierto en los libros que hemos escrito juntos, recuerdo que ese acierto se debe a Bioy, a quien quiero tanto que considero, paradójicamente, como un hermano mayor. Siempre que dos escritores colaboran, siempre que son amigos se supone que es el mayor el que ejerce influencia sobre el menor.  Pero sé que en nuestro caso no es así. Sé que le debo mucho a mi joven maestro -podría ser mi hijo- Adolfo Bioy Casares. Él me ha enseñado muchas cosas. No directamente, porque nada se enseña directamente, sino por medio del ejemplo, cortésmente, disimulando».

Pero Bioy Casares no sólo despertó favorables opiniones entre sus colegas, sus lectores y allegados, sino también logró conquistar hasta las más impenetrables mentes de los más duros críticos de la literatura, que en 1990 decidieron otorgarle el Premio Miguel de Cervantes por su trayectoria.

Con un estilo clásico y depurado, Adolfo Bioy Casares cultivó principalmente un universo imaginario, que dio origen a una gran producción literaria basada en el relato fantástico y policíaco en el que utilizó como premisa el toque humorístico para observar diversos acontecimientos inexplicables que debían enfrentar sus personajes.

No en vano, el historiador de literatura José Miguel Oviedo ha definido a la gran obra de Bioy Casares como «comedias fantásticas», sin que ello menosprecie su incomparable producción narrativa.

Y a pesar de los elementos fantásticos e irreales que brindaron permanente inspiración al autor, Bioy Casares siempre supo resolver a la perfección la inclusión de temas universales como el amor, la vida y la muerte, dentro de sus obras, manteniendo un tono directo y muchas veces irónico.

Su producción literaria comenzó a muy temprana edad, cuando Adolfo sólo tenía 11 años y dio origen a su primer relato titulado «Iris y Margarita».

Luego vendrían más creaciones donde cada obra sucesiva mostraba la evolución de la obra precedente, y fue precisamente en el año 1940 cuando Bioy Casares publicó la que se considera su más famosa novela, titulada «La invención de Morel».

Le seguirían a ésta una notable lista de producciones, entre las que no podemos dejar de mencionar las novelas «El sueño de los héroes», «Diario de la guerra del cerdo», «El perjurio de la nieve», los cuentos compilados en el libro «Historias desaforadas», sus pensamientos volcados en los ensayos «Memoria de la Pampa y los Gauchos», «Diccionario del argentino exquisito», entre otros.

Por otra parte, Bioy Casares, siempre ligado al arte, fue también el autor de algunos de los guiones cinematográficos más destacados, entre los que se inscriben películas nacionales tales como «Los orilleros» e «Invasión», entre otras.

A la par que daba origen a sus obras, el escritor volcaba su vocación en otras producciones en colaboración con otros autores. Como ejemplo de ello, podemos citar «Seis problemas para don Isidro Parodi», «Un modelo para la muerte», «Cuentos breves y extraordinarios», y «Crónicas de Bustos Domecq», creadas junto a Jorge Luis Borges, como así también «Los que aman, odian» con Silvina Ocampo, «Antología de la Literatura Fantástica» y «Antología poética argentina», junto a Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges.

Por todo ello, debemos considerar a Adolfo Bioy Casares como uno de los escritores fundamentales para comprender la literatura argentina del siglo XX.

Para terminar de definir la gran capacidad del autor, nada mejor que citar una declaración de su entrañable amigo y colega Jorge Luis Borges en la que menciona: «Ya que yo tengo el privilegio de ser amigo personal de Bioy Casares, quiero hablar de sus principales, esenciales pasiones.

Una es, desde luego, el ejercicio de las letras. El oficio de escritor es un oficio continuo, ya que no tiene, digamos, entreactos; ya que estamos continuamente pensando en la palabra justa, soñando personajes imaginarios. Vivimos en un oficio que no tiene un horario. El horario es la vida del escritor.

Y Bioy Casares se ha dedicado a ese oficio plenamente. Quiero decir que ha leído, que ha escrito, que ha roto, que ha corregido y que, finalmente, con bastante desgano, ha publicado. Ha publicado, como decía Alfonso Reyes, para no pasarse la vida corrigiendo. Por eso publicamos los escritores, para cambiar de tema, para pasar a otra cosa.

Pero los libros de Bioy Casares, ciertamente, no pasarán. Bioy Casares es uno de los máximos escritores argentinos».

Fuente para obtener las declaraciones de Jorge Luis Borges: Archivo de Revista La Maga

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Biografía de
Ernesto Sábato
Biografía de
Jorge Luis Borges
Biografía de
Julio Cortazar
Biografía de
Adolfo Bioy Casares
Personalidades
Argentinas

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Historia y Biografías

http://web.archive.org/web/20031205163133/www.lamaga.com.ar/www/area2/pg_nota.asp?id_nota=866

Balseiro Jose Antonio Biografia Instituto Fisica Nuclear Balseiro

Balseiro José Antonio Biografía

En la época cuando José Antonio Balseiro eran muy joven, la ciencia atómica mundial comenzaba en una etapa de novedosa investigación en lo que respectaba a su origen y funcionamiento, que lamentablemente derivara en la explosión nuclear de 1945 en Hiroshima y Nagasaki.

En Argentina no se contaba aun con ningún laboratorio dedicado al estudio de esta área, pero si, ya rondaba en las ideas de este futuro físico iniciar trabajos de investigación para hacer de Argentina un país que se integre con los avances tecnológicos y científicos del mundo. Para ello, tuvo que casi convertirse en un autodidacta, debido al atraso científico de la ápoca.

Balseiro Jose Antonio Biografia Instituto Fisica Nuclear BalseiroJosé Antonio Balseiro
Dr. en Física
(1919 – 1962)

«La investigación es una. disciplina que se aprende al lado
de aquél que sabe hacerlo.»

Balseiro, tuvo un muy importante papel en el desarrollo de la física atómica y nuclear en la República Argentina.

José Antonio Balseiro nació en la ciudad de Córdoba el 29 de marzo de 1919, cuarto hijo de Antonio Balseiro, quien había emigrado de España en su adolescencia, y de Victoria Lahore, argentina de origen francés.

En 1933 ingresa al Colegio Nacional de Monserrat dependiente de la Universidad de Córdoba, de donde egresa con el título de bachiller en 1938.

En 1942 había llegado a la Argentina el profesor austríaco Guido Beck, que se instaló en el Observatorio Nacional de Córdoba. Beck traía las últimas novedades sobre los avances de la física en Europa y se propuso difundirlas en la Argentina, especialmente entre los estudiantes jóvenes que habían recibido una visión estática de la ciencia, fruto de la escasa o nula actividad de investigación de sus profesores.

Gracias haber podido participar en un grupo de investigación de avan­zada, dirigido por Guido Beck, una autoridad mundial en física atómica, quien se hallaba de visita en el país, el físico argentino pudo ponerse al tanto de la ciencia nuclear mundial.

Balseiro fue admitido en el Observatorio para completar una pasantía post doctoral bajo la dirección de Beck. Del citado profesor austríaco, Balseiro recibió los elementos necesarios para dominar las técnicas de la física teórica de la época. La relación con su maestro amplió sus horizontes intelectuales y emocionales enriqueciendo su personalidad. Esto lo reconocería Balseiro en una carta en que le decía: “Usted, de quien aprendí más que física”.

En 1946 el entonces presidente Juan D. Perón creía de que la Argentina podía lograr la fusión nuclear controlada. El emprendimiento de Richter, instalado en la Isla Huemul, en Bariloche, consumía grandes cantidades de dinero y el gobierno comenzó a desconfiar sobre la probabilidad de obtener los resultados prometidos, por lo que se descartó definitivamente la continuidad del proyecto.

En 1955, usando parte de lo que fueron las instalaciones del Proyecto Huemul, la Comisión Nacional de Energía Atómica creó el Instituto de Física de Bariloche. Balseiro jugó un rol importante en la creación del instituto y fue su primer director.

Balseiro muere por leucemia en Bariloche el 26 de marzo de 1962, unos días antes de cumplir los 43 años. Dejó tras de si un ejemplo de vida regida por los más altos principios de honestidad y decencia, dedicada en buena parte al avance de la ciencia en la Argentina.

Ya en la Universidad de La Plata, José Antonio Balseiro (1919-1962) demostró su enorme vocación por la física. Obtuvo el doctorado, trabajó en el Observatorio Astronómico de Córdoba y logró una beca en el Reino Unido. De allí volvió para investigar los trabajos de Ronald Richter en la isla Huemul. Presidió el Instituto de Física de Bariloche, actual Instituto Balseiro.

LA GRAN MENTIRA DE RICHTER: La investigación de los experimentos de Ronald Richter en la isla Huemul, cerca de Bariloche, cambió la vida de Balseiro. En 1952, el presidente Juan D. Perón convocó a Balseiro y a otros científicos para que comprobaran si Richter lo había engañado con sus ensayos sobre fusión nuclear controlada.

Al visitar la isla Huemul, Balseiro comprobó que Perón había sido embaucado. Richter trabajó para los nazis y abandonó Alemania tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Aseguraba haber logrado la fusión nuclear controlada, algo que los científicos todavía no habían conseguido.

Le informó a Perón que «el 16 de febrero de 1951 en (…) isla Huemul se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica». La comisión que integraba Balseiro visitó las instalaciones en septiembre de 1952 y comprobó que las investigaciones eran una farsa. El presidente suspendió el proyecto y mandó a Richter a un chalé de Monte Grande. El engaño, tuvo su costado positivo.

Por entonces, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) iniciaba el desarrollo de la física nuclear en el país. En 1953, algunos de sus asesores propusieron la creación de un Instituto de Física, en Bariloche. El gobierno creó el instituto en 1955 y nombró a Balseiro como su primer presidente.

El científico había estudiado física en la Universidad de La Plata y trabajado en el Observatorio Astronómico de Córdoba entre 1945 y 1947. Allí conoció a Guido Beck, uno de los mayores expertos en física atómica en aquellos años. En 1950, gracias a una beca del British Council, Balseiro partió a Manchester para dedicarse a la física nuclear. Luego ingresó a la CNEA y presidió el Instituto de Física.

Su tarea al frente del Instituto y del Centro Atómico Bariloche presentó numerosas dificultades. Debido a la ausencia de varios profesores pioneros, tuvo que hacerse cargo de tareas administrativas, de dirección y el dictado simultáneo de hasta tres cursos por cuatrimestre. No se dio por vencido, ni siquiera ante las dificultades derivadas de la falta de presupuesto.

En 1961, Balseiro dijo: «Enseñar para ser físico significa enseñar a ser investigadores y no se puede enseñar a ser investigadores si no se investiga. La investigación es una disciplina que se aprende al lado de aquél que sabe hacerlo». (Fuente Consultada: Revista TIME El Siglo de la Ciencia)