El Padre Grassi

El Tango Caida y Olvido Causas y

Causas de el Desinteres por el Tango

Después de aquella fantástica época de oro que vivió el Tango en sus distintas manifestaciones y llegando a cada uno de los rincones no sólo del país, sino también del mundo, llegó un momento en el que todos pensaron que nada ni nadie podía llegar a arremeter con semejante fenómeno.

Pero las opiniones positivas en cuanto a la permanencia del furor que logró despertar el tango en los años 40 no fueron precisamente profecías de un futuro cierto, y al ingresar en la década de los 50 esta expresión cultural fue desbancada paulatinamente por nuevas corrientes, y sufrió además el agobio de los distintos cambios políticos, culturales y sociales que se vivieron en el país y en todo el mundo.

Así fue que el tango ingresó en una época de escasa popularidad, que lo condujo sin remedio a la decadencia y posterior caída de su liderazgo, a pesar de la constante lucha que mantuvieron un gran número de importantes y prestigiosos representantes de la corriente, dentro de las distintas expresiones artísticas que cultivó el género. 

En plena década del 50, y después de haber gozado de una fama y un éxito mundiales sin precedentes, el Tango debió enfrentarse al fantasma del desinterés, el cual según los expertos apareció en escena debido a una serie de hechos ligados y no al mundo de la música.

Por ello, en nuestro análisis se hace necesario repasar brevemente cuáles fueron las circunstancias que se vivían en distintos ámbitos en la Argentina de los años 50, con el fin de comprender los verdaderos motivos que dieron lugar a la decadencia del tango.

Durante la década del 50 se sucedieron diversos acontecimientos dentro del plano político en la Argentina, con la creación y puesta en funcionamiento de una importante cantidad de leyes que protegían los derechos del obrero, dando como resultado una significativa transición social que llevó a un cambio notorio en la estructura nacional. 

Por otra parte, en el ámbito económico, se desató una inflación que tuvo sus orígenes en el fracaso de la política impuesta a partir de mediados de los años 40, que se basaba en un plan de estatización por parte del Gobierno de turno.

Recordemos, además que en el año 1955 en la Argentina se vivió el tercer golpe de estado a manos de autoridades militares, la tan conocida época de la «Revolución Libertadora«, dictadura militar transitoria que derrocó al Presidente Juan Domingo Perón.

Los cambios políticos que se vivieron fueron realmente profundos, y estos a su vez generaron importantes modificaciones en el ámbito social, dentro de los cuales el Tango fue tal vez una víctima del proceso de transformación. Tengamos en cuenta que durante esa época se produjo la desaparición de un gran número de cabarets y clubes dedicados a difundir nuestra música ciudadana.

Otro de los cambios notorios que se produjeron dentro de la década del 50, y que contribuyó en gran medida a la decadencia del Tango, fue sin dudas la aparición de músicos extranjeros en el mercado nacional, que desembarcaron con nuevos géneros musicales que muy pronto lograron cautivar al público. 

Hablamos de un período en que el ritmo desenfrenado y el mensaje rebelde del Rock N’ Roll explotó en todo el mundo, logrando convertirse en el medio ideal de expresión y canalización de los más jóvenes, no sólo a través de la música, sino también imponiendo su moda y sus códigos, con el objetivo de generar una verdadera revolución musical y cultural, que estaba encabezada por excelentes artistas de la talla de The Beatles. 

A partir de allí, y también con la llegada de otros géneros musicales, tales como el jazz, la rumba, el mambo y otras expresiones centro americanas, que tuvieron un importante impulso desde los sellos discográficos más prestigiosos de la época, como así también desde los medios de difusión masivos como la radio, los jóvenes comenzaron a volcarse por estas nuevas corrientes, y fue el momento en que el Tango empezó a ser considerado «música de viejos».

Pero no fueron sólo los artistas extranjeros los que lograron desplazar al Tango de la escena popular, sino también una suerte de furor que se produjo en torno al folclore, a partir aproximadamente del año 1952.

Como podemos imaginar, todos estos hechos influenciaron negativamente en el mundo del Tango, por lo que esta expresión se vio desprestigiada, olvidada, e incluso repudiada.

Un gran número de orquestas, de aquellas que en los años 40 habían logrado un éxito sin precedentes y récord de espectadores en cada una de sus actuaciones, debieron disolverse dejando como consecuencia a una gran cantidad de músicos y cantores desocupados. 

Tengamos en cuenta que los artistas ya no tenían prácticamente lugares aptos para actuar en vivo, ya que muchos locales tradicionales que se habían dedicado al Tango por más de una década, decidieron cambiar el rumbo de su negocio, convirtiéndose en discotecas donde se escuchaban otros estilos musicales.En aquella época además cerraron sus puertas lugares como Ruca, Marzzoto, la Richmond, el Germinal, el Nacional y Tango Bar, entre otros.

Mientras tanto, en los locales donde aún se podía disfrutar del Tango, hicieron su arribo los Disc Jockeys, que por un costo notablemente menor que las orquestas en vivo, musicalizaban los bailes con grabaciones famosas en disco. 

Esto provocó que las grandes orquestas que en los años 40 podían llegar a estar integradas por más de quince músicos en escena, debieran subsistir buscando una alternativa, por lo que fue un período en el cual surgieron un gran número de tríos, cuartetos, quintetos, pequeños conjuntos y cantantes solistas, que buscaban continuar con la evolución que demandaba nuestra música por excelencia. 

Algunos años después, y gracias a la permanente lucha de los más importantes representantes del universo tanguero, comenzó un nuevo período esperanzador para el género, que dio lugar a la aparición de músicos que influyeron notablemente en la evolución posterior del Tango, como fue el caso de Astor Piazzolla.

Homero Manzi, destacado  hombre del tango argentino

Pascual Contursi llevó —con «Mi noche triste»— el tango de los pies a la boca y Celedonio Flores dignificó la forma poética de la canción ciudadana, Homero Manzi lo utilizó como el medio de expresión más idóneo para comunicarse con el pueblo a través de un idioma culto, rico y colorido con el que creó imágenes de elevada sustancia lírica. Si Evaristo Carriego descubrió el suburbio como tema poético, Manzi lo realzó definitivamente.

Tuvo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres. Prefirió lo segundo, y le dio al hombre de Buenos Aires —en definitiva su ciudad, pese a haber nacido en la santiagueña Añatuya— vivencias tan hondas e intransferibles— y al mismo tiempo tan universales— que toda su producción permaneció —permanece— instantánea, profunda y definitivamente ligada al habitante de estas latitudes. Manzi —Homero Nicolás Manzione su verdadero nombre— compuso letras con la abundancia y éxitos suficientes como para hacer de ello un oficio-, pero no fue un mero letrista, no hizo del tango un hábito menor, un entretenimiento; por el contrario, le dio al tango lo mejor de su temperamento, pero su imaginación estaba más allá de las adecuaciones y exigencias que pide el trabajo en colaboración, de la medida rítmica que impone la canción.

Fue por sobre todo, un hombre íntegro y sensible que supo reflejar sus impresiones y vivencias con un lenguaje de enamorado, de enamorado de la vida a tal punto que, en_ «Definiciones para esperar mi muerte» —su último poema—, desparramó una queja porque se iba «en medio de lo que todavía no he podido amar». El 3 de mayo de 1951. cuando tenía 44 años, ,su corazón se apagó para siempre. Esa noche, en el velatorio realizado en SADAIC, alguien puso la mano temblorosa sobre la cabeza del amigo muerto y le dijo a Aníbal Troilo: «Esto- no tiene reposición». Se había ido un poeta.