Religión: Paganismo

La Leyenda del Rey Arturo: La historia de Ginegra, Merlin y Lancelot

El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda 

El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda Cuenta la leyenda que  Uther, Rey de lo que se conoce ahora como Gran Bretaña, decidió un día firmar la paz con uno de sus más fieros enemigos: el duque de Cornwall.  Para ello invitó al duque y a su señora esposa a su castillo.

Cuando Uther conoció a la duquesa Ingraine quedó totalmente enamorado de ella. Al darse cuenta de esta situación, la duquesa le pide a su marido retirarse inmediatamente del castillo y regresar a casa.   

El duque de Cornwall se retiró del castillo y reinició la guerra.  El amor de Uther por la duquesa era tan grande que se enfermó y buscó la ayuda de Merlin, el mago de la corte.

Éste le dijo que lo único que tenía era «Mal de Amores» y que podía ayudarlo con una condición: el hijo que tuviera con Ingraine se lo entregaría a él (a Merlin), para educarlo y prepararlo para cumplir su destino, que no era otro que ser el más grande Monarca de Inglaterra. Esta conversación animó a Uther para ir con sus tropas , en busca de su amor.

El duque se enteró de sus intenciones y fue a su encuentro. En la lucha Cornwall muere y los mensajeros de Uther convencen a Ingraine para que se convierta en su esposa. Al final, ella accedió y pronto se casaron. Cuando nació el heredero, fue Merlin a ver a Uther y éste se lo entregó como había prometido.   La criatura fue entregada a Sir Héctor, un noble de la corte, quien no tenía conocimiento de la sangre real del niño. El infante fue bautizado con el nombre de Arturo. 

Cuando Arturo contaba con dos años su padre, Uther, murió. El reinó entró entonces en una etapa de anarquía casi incontrolable que duró por años. Un buen día Merlin reunido con el arzobispo de Canterbury le dijo a los nobles de la corte que  sería Cristo a través de un milagro quien señalaría el sucesor legítimo de Uther.

El milagro no se hizo esperar, y en el cementerio próximo a la iglesia apareció un espada encajada en una piedra. En la hoja de la espada estaba inscrito: «quien pueda desencajarme de esta piedra será Rey de toda Bretaña por derecho de nacimiento». Ante este milagro todos los nobles  intentaron sacar la espada, sin ningún resultado. 

Fue así como se decidió que,  despues del torneo tradicional de cada año, los caballeros asistentes podrían probar suerte con la espada milagrosa.

En uno de esos torneos (años después de la muerte de Uther), participaba Sir Héctor y Sir Kay, su hijo.Arturo no participaba porque era todavía un muchacho de 15 años,  Cuando se dió comienzo a la competencia, Sir Kay se dió cuenta que no tenía su espada, entonces le pidió a su hermanastro que se la fuera a buscar a su casa.

Arturo fue corriendo a buscarla pero no pudo entrar a su casa, pues estaba cerrada, entonces se recordó de la espada que estaba en el cementerio y fue en su busca. Tomó la espada por su empuñadura y la sacó con total facilidad. Al entregarsela a Sir Kay , éste se dio cuenta al instante que era la espada del cementerio, así que se la enseñó a su padre. Sir Héctor quedó lleno de estupefacción y se llevó a sus hijos hasta el cementerio. Allí le dijo a Arturo que volviera a meter la espada en su sitio, Arturo lo hizo. Luego, le instó a que la sacara nuevamente. Al ver a su hijo adoptivo sacar la espada tan fácilmente se postró de rodillas al igual que Sir Kay. Arturo se asombró de esto y Sir Héctor, con voz emocionada, le explicó que desde ese momento sería el Rey de toda Bretaña. 

Fueron entonces donde el arzobispo  y le contaron la gran hazaña. El arzobispo reunió a todos los caballeros alrededor de la espada y dejó probar su suerte a cada uno. Dejó para el final a Arturo y éste volvió a sacar fácilmente la espada de la piedra, esta vez delante de un gran número de personas.

Fue así proclamado de manera oficial como Rey de toda Bretaña y la espada se colocó solemnemente en altar mayor de la catedral de Canterbury.

Poco después de su nombramiento, Arturo salió un día a pasear por un bosque cercano al palacio. En un camino solitario vio a unos maleantes que estaban acosando a un pobre anciano, cuando éstos vieron a Arturo acercarse salieron corriendo.

El rey no se había dado cuenta que ese viejo indefenso no era otro que el mago de la corte, el gran Merlín. Éste, lejos de agradecerle su llegada, le dijo a Arturo que lo estaba esperando y que le iba salvar la vida.

El joven monarca no lo entendió y siguió caminando junto con el mago. Unos minutos después se encontraron con un caballero en la mitad del camino, quien con aire arrogante les dijo: «nadie pasa por aqui sin antes pelear conmigo».Arturo aceptó el reto y, aunque luchó con fiereza, el caballero era mucho más diestro.

Tanto fue así que casi pierde la vida si no es por la ayuda de Merlin quien, gracias a sus poderes mágicos, adormeció al caballero. Después de esto Merlin le explicó que el nombre de ese arrogante caballero era Pellinore y sería el padre de Percival y Lamorak de Gales. Percival sería uno de los que buscarían el Santo Grial.

Arturo no le dió mucha importancia a todo lo que dijo el mago, estaba mas preocupado por su espada, que se había perdido en la pelea. Merlin le aseguró que había una mejor para él. Entonces se fueron a un lago cercano donde, de una manera misteriosa, estaba un brazo erguido que empuñaba una espada. «Ahí está tu espada», dijo Merlin. Arturo no sabía como llegar a la espada y entonces vio a lo lejos una balza con una joven vestida de blanco. «ella es la dama del lago, debes convencerla para que te dé la espada». 

La dama se acercó y el Rey le pidó la espada, ella le dijo que se la daría si le concedía un deseo. Arturo aceptó y la dama le dijo:» Toma mi barca y navega hasta donde está el brazo, él te dará la espada.

En cuanto a mi deseo, te lo pediré después». Cuando Arturo tomó por fin la espada notó que en la hoja podía leer una inscripción que decía: «Excalibur» , más abajo decía: «Tómame». Y del otro lado de la hoja decía: «Arrójame lejos». Esta espada sería la protagonista de innumerables batallas victoriosas y de grandes hechos eroicos. 

El Rey Arturo comenzó sus primeros años de gobierno pacificando al país, y creando un mejor estado de vida. Pronto fue respetado por sus súbditos y temido por sus enemigos. Cuando ya tenía edad para casarse le comentó a Merlin que en una visita que había hecho al reino de Cameliard había visto a la hija del rey y se había quedado prendado de ella. Acto seguido le pidió al mago que reuniera una comisión de representantes del reino británico para ir donde el rey Legradance para pedir la mano de Guenevere, su hija.

El rey de Cameliard quedó encantado con la propuesta y además de conceder la mano de la princesa le mandó como regalo una gran mesa redonda que le había regalado Uther. En esta mesa cabían hasta ciento cincuenta caballeros sentados.

Cuando Arturo escuchó las noticias que le traía Merlin, se alegró mucho y mandó a Sir Lancelot (su mejor caballero) a recibir a Guenevere y llevarla a Palacio. Cuando Sir Lancelot vió por primera vez a la futura reina se enamoró perdidamente y ella a su vez le sucedió lo mismo. Pero estaban conscientes de la situación en que estaban y prefirieron no hacer nada al respecto (por el momento).

La mesa se colocó en un gran salón del palacio. Arturo decidió que en ella se sentarían sus mejores caballeros y que para poder sentarse en ella tendrían que hacer un juramento especial de fidelidad al reino de Camelot, a la iglesia y a las más nobles costumbres. Ningún caballero que fuera miembro de esta Orden podría hacer actos ilegales, deshonestos y mucho menos criminales.

Cuando se reunieron por primera vez ante la mesa y se disponían a sentarse un gran relámpago seguido por un fuerte trueno los sorprendió a todos. Merlin, que estaba en el salón de la mesa redonda, dijo en tono muy solemne: «Caballeros es el momento para que cada uno le rinda homenaje al rey». Uno a uno fue pasando al frente de Arturo haciéndole una reverencia como acto de sumisión, fidelidad y respeto. A medida que iban pasando, el nombre de cada caballero aparecía grabado en oro en una de las sillas. Una vez sentado en sus respectivos puestos, se dieron cuenta que sobraban tres. Pronto Merlin les explicó:   

«Dos de estos tres puestos serán para los dos mejores caballeros de cada año, y la otra silla será sólo para el hombre más digno del mundo. Si alguien no reúne méritos para sentarse en esta silla y osa sentarse, morirá en el acto». Fue así, que en lo sucesivo varios caballeros se turnaron el derecho  de sentarse en los dos puestos de honor, pero ninguno se atrevía a sentarse en el puesto prohibido. Ni siquiera Lancelot, que era el considerado más valiente y digno de todos los caballeros, osaba con pensar siquiera en la posibilidad de sentarse ahí.

 Años después se presentó al palacio un gran sabio. Arturo lo hizo pasar. El anciano al ver el puesto vacante llamado: «el puesto peligroso», dijo: «El espíritu de Merlín me visitó y me dijo que en ese asiento se habrá de sentar el caballero más digno y más puro del reino, aquel que conseguirá traer el Santo Grial. Este caballero aún no ha nacido». Todos los que estaban reunidos se sorprendieron por la revelación y Arturo se sorprendió más por cuanto ni siquiera sabía de la muerte del mago.

 El Santo Grial era el cáliz donde José de Arimatea había depositado la sangre de Jesucristo. Se suponía que tenía propiedades mágicas y que el ser que lograra verlo podía ser testigo de una experiencia trascendental, espiritualmente hablando. Sucedió que un buen día (veinte años de haberse formado la Orden de la mesa redonda) se presentó al palacio Elaine, hija del Caballero Pelle, con el hijo que le había dado a Lancelot.   

Al presentarse el niño en el salón, la silla prohibida fue objeto de un milagro: en el espaldar apareció grabado en letras de oro «Este asiento ha de ser Ocupado». Sir Lancelot vio este mensaje y supo que Galahad, su hijo, era el mejor prospecto para sentarse en esa silla. Tiempo después, Galahad le pidió a su padre el permiso para formar parte de la Orden, Lancelot se lo concedió. Cuando Sir Galahad cumplió los 15 años entró al salón de la gran mesa acompañado de un anciano. El anciano le apuntó el asiento prohibido y todos los caballeros observaron como se formó magicamente el nombre de Galahad en el espaldar de la silla. Sir Galahad tomó asiento en la silla prohibida y todos quedaron maravillados y le rindieron honores al digno caballero. Ese mismo día, más temprano, había aparecido en un lago una piedra con una espada clavada en ella. El rey Arturo instó a Lancelot y a Gawain para que intentaran sacar la espada, pero fue Sir Galahad quien la pudo sacar sin la menor dificultad. Esta espada había pertenecido a un gran caballero llamado Balin. 

Ese día comenzaban los torneos tradicionales, en los cuales Galahad demostró sus grandes habilidades guerreras y su valentía. Cuando acabaron esos días de torneo, todos los caballeros se reencontraron en la mesa redonda. Comenzaron a discutir de las cosas cotidianas del reino y cuando ya estaba avanzada la conversación fueron interrumpidos por un fuerte trueno en el medio del salón y seguidamente un gran rayo atravesó el centro de la mesa. Todos se quedaron estupefactos al ver en frente de ellos bajar a traves del rayo el Santo Grial. Éste iba cubierto de una fina tela de oro.

Una vez terminada la aparición, Sir Gawaine se levantó y con una voz sumamente emocionada dijo: «Nos ha sido negada la visión del Santo Grial y yo anuncio que mañana saldré en su búsqueda y no regresaré a Camelot hasta que lo haya visto». Este anunio contagió a todos. Uno a uno se fueron levantando y haciendo el mismo juramento.

 El rey Arturo estaba consternado . Con lágrimas en los ojos le dijo a su querido sobrino que con su decisión había destinado a la Orden a su pronta disolución. Todos los caballeros se dispersarían por el mundo, y muy pocos regeresarían con vida. La misma reina y Lancelot estaban tristes y sabían que la Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda empezaba a disolverse para siempre. 

Muchas fueron las aventuras de todos los caballeros que fueron en busca del Santo Grial, pero fueron tres los caballeros  que más se destacaron por sus logros. Éstos eran:  Sir Galahad, Sir Percival y Sir Bors. Ellos se encontraron casualmente en un cruce de caminos en un bosque cercano al castillo del rey Pelles, Guardián de las santas reliquias. Fueron allí para cenar y pasar la noche. Durante la cena ocurrió una aparición del Grial con unos ángeles alrededor de él y un anciano con un letrero en la frente que decía José. Este anciano dió la comunión a los presentes, luego se dirigió a Sir Galahad y le dijo: «Ya has visto lo que tanto anhelabas, pero cuando vayas a la ciudad de Sarras lo verás mucho mejor. Irán los tres hacia esa ciudad llevando consigo el Grial y esta lanza que contiene la sangre de Jesucristo. Sólo unos de Uds. regresará a Camelot».

Se fueron los tres juntos y tomaron una barca que los estaba esperando. Cuando llegaron a Sarras, el rey de esa ciudad se sintió temeroso por la visita de estos nobles caballeros y pensó que podrían buscar problemas. Resolvió detenerlos y mandarlos a una oscura mazmorra. Los tres caballeros pasaron un año encerrados. Durante este tiempo el Santo Grial los dotó de alimentos y bebidas. Cuando el rey de Sarras murió, el pueblo liberó a los caballeros y nombraron a Galahad como nuevo soberano. Sir Galahad gobernó por un año, durante el cual mandó hacer un gran altar donde colocar al Grial y a la lanza. Después de este lapso de tiempo ocurrió un aparición frente a este altar. 

Delante del Santo Grial estaba un obispo anciano arrodillado rezando . Todos los presentes: nobles, sacerdotes y los caballeros, se hincaron y el obispo celebró misa con ellos. Luego se dirigió a Sir Galahad y dijo: «Ven, acércate y verás lo que tanto anhelaste». Sir Galahad se acercó, titubeó unos segundos y se volteó hacia sus amigos. 

Con un gesto se despidió de ellos. En su rostro se veía reflejada la satisfacción de lograr el más grande sueño que se pueda tener.Después se arrodilló junto al obispo y cayó muerto al suelo. Su alma subió con un grupo de querubines y las reliquias desaparecieron para siempre.

Sir Percival y Sir Bors enterraron a Sir Galahad. Percival se dedicó desde entonces a una vida ermitaña y moriría después de un año. Fue Sir Bors quien regresó a Camelot y le contó al rey Arturo y a la reina cuanto había acontecido. El rey comprendió que al haberse acabado la búsqueda del Grial, ya no le quedaba mucho tiempo de vida a su reino. 

   El gobierno del rey Arturo entró pronto en franca decadencia. Ya la Orden no era tan gloriosa como antes. Las intrigas dentro de la corte comenzaban a desestabilizar la paz del reino. Una de estas intrigas ocasionó un hecho triste y que luego desencadenaría la guerra civil.

Sir Mordrer y Agravine tramaron una trampa a Sir Lancelot y la reina. Estos caballeros tenían desde hacía un buen tiempo deseos de adueñarse del poder y destronar o provocar la caida de Arturo. Encerraron pues a Lancelot y a la reina en un cuarto y luego exigieron a grandes voces y acompañados de un cuerpo de caballeros que salieran. Todo esto con la intención de demostrarle al rey de las relaciones adúlteras de la reina con su más querido caballero. Sir Lancelot abrió la puerta y dejó entrar a uno de los caballeros y la cerró rápidamente. Mató al caballero y luego volvió hacer lo mismo repetidas veces hasta que mató a trece caballeros. Entre ellos estaba Agravine. Entonces Mordred le informó a Arturo que había que apresar a Lancelot por traicionar al reino, pues estaba claro sus intenciones de destronarlo y quedarse con la reina. El destino de la reina seria la hoguera, pues era una pecadora. Los caballeros tomaron diferentes partidos. Algunos defendieron a Lancelot, otros seguían al lado de Arturo. El rey estaba confundido, no podía frenar la cruenta lucha. No quería creer lo de la traición de Guenevere, pero la matanza que había realizado Lancelot no le parecía justa. Sir Lancelot quería acabar con la lucha, pero tenía que detener a la gente de Mordred que intentaba quemar en la hoguera a Guenevere. Salvó a la reina, pero en la lucha tuvo que enfrentar a Sir Gareth y a Sir Gaheris, hermanos de Gawain, y les dió muerte. 

En uno de los momentos de gran combate el rey cayó al suelo y Sir Bors que apoyaba a Sir Lancelot le dijo a éste: «Señor, si quiere lo mato y acabamos con esta lucha». Sir Lancelot le dijo inmediatamente que no y ayudó al rey a subirse al caballo. Este episodio le dolió mucho, tanto a él como al rey.  Lancelot le confió a Arturo la suerte de la reina, éste le prometió que sería respetada su vida.

 Al final decidió irse al exilio hacia Francia. Sir Gawain juró perseguir al asesino de sus hermanos hasta matarlo. Se hizo acompañar del mismísimo Arturo para lograr su venganza,  pero no podría satisfacer sus deseos, pues Lancelot lo derrotó en un fuerte duelo donde casi pierde la vida. Mientras todo esto sucedía, Mordred había informado oficialmente a todo el reino de la muerte del rey Arturo y se autoproclamó como su sucesor. 

El rey Arturo partió entonces junto con Gawain y un gran ejército para recuperar el poder. En la primera batalla contra las fuerzas de Mordred, Sir Gawain cayó mortalmente herido. Sus últimas palabras fueron de arrepentimiento por no haberse dado cuenta a tiempo de la alta traición de Mordred y se confesó culpable de haber alejado al rey Arturo de Camelot para saciar su venganza. Escribió una carta corta a Lancelot donde le rogaba que regresara a Inglaterra y ayudara al rey a derrotar a los traidores. Luego de esto, murió.

La noche anterior a la última batalla contra Mordred, Arturo tuvo un sueño donde Gawain le decía que debía esperar a Lancelot para enfrentar a las fuerzas del traidor. Si no hacía esto, moriría junto a Mordred. El rey decidió entonces llegar a un acuerdo de paz con Mordred, para darle tiempo a que llegara Sir Lancelot. Mordred aceptó y se citaron un día para hacer oficial la firma del tratado de paz. En esta cita se hicieron acompañar los dos líderes de todo su ejército. El clima era tenso y un mal movimiento podía desencadenar la lucha. Fue la providencia la que ocasionó la desgracia: una serpiente mordió la pata de un caballo y el jinete sacó su espada para matarla. Esto fue entendido por el ejército contrario como una señal de guerra y se lanzaron todos ferozmente  a la batalla. La mortandad fue increíble. Perdieron la vidamás de cien mil soldados. De las tropas de Arturo solo sobrevivió Sir Bevidere. Mordred quedó solo. El rey vio ante sí a su enemigo y dijo: «Ven vida, ven muerte!». Y se lanzó, con Excalibur en la diestra, a matar a Mordred. Éste murió instantáneamente, pero Arturo cayó encima de la espada de su adversario y quedó a su vez muy mal herido.  

Arturo quedó tirado en el suelo y recordó el mensaje que tenía escrito su espada en un lado: «Arrójame lejos». Entonces llamó con voz débil a Sir Bevidere y le dijo: «lleva mi espada cerca del agua y arrójala lejos. Sir Bevidere tomó la espada pero no quiso deshacerse de ella y la escondió y le contó a Arturo que ya lo había hecho. El rey le preguntó que qué había pasado cuando la lanzó y Bevidere respondió que solo había visto a la espada entrar en el agua. Arturo lo reprendió y le dijo que era un mentiroso y le exigió que cumpliera su petición. Bevidere trató de engañar nuevamente al rey pero éste se enfadó lo suficiente como para convencerlo de que debía hacerlo. Al lanzar la espada al agua salió de su centro un misteriosso brazo desnudo el cual tomó la espada y se hundió con ella. El caballero quedó profundamente sorprendido y asustado por el fenómeno que acababa de ver. Al contárselo a Arturo, éste sintió alivio y dijo: «ahora, llévame a mí cerca del agua».  

Cuando llegaron a la orilla del lago,  una balsa estaba esperandolos. En la balsa estaban tres reinas vestidas de luto, con sus rostros tapados por un velo negro. Sir Bevidere colocó a su rey en la balsa y con lágrimas enlos ojos se despidió de él. La balsa surcó las aguas  y desapareció de la vista. Nunca se supo el destino del cuerpo de Arturo y mucho menos la identidad de las reinas que lo acompañaban en la balsa.   

Días después, Sir Bevidere se encontró con una capilla, en la cual habían enterrado a un señor que habían traído tres misteriosas damas vestidas de negro. El noble caballero supuso que ese era el cuerpo de Arturo y  decidió construir una capilla cerca y dedicarse a una vida ermitaña. Mientras todo eso había sucedido, Sir Lancelot se encaminaba a apoyar las fuerzas de Arturo. Pronto se encontró con la tumba de Gawain y se enteró de la muerte del rey. Se dirigió entonces hacia la capilla de Sir Bevidere donde se dedicaría hasta el fin de sus días a la vida ermitaña. Cuando murió la reina, poco después que su esposo, se trasladó su cuerpo a la capilla donde se suponía yacía el cadáver del rey Arturo.

    El reino de Arturo había llegado a su fin. La anarquía reinaría un buen tiempo. La corte del rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda se convertirían en leyenda y nunca más volverían a coincidir hombres tan dignos con ideales tan puros en un mismo lugar y en una misma época.

Fuente Consultada: Las Curiosas Leyendas Celtas
Editorial: Kiev
Autor: Michael Misther

Peregrinaciones Religiosas a Santigo de Compostella Penitencias y Pecados

Peregrinaciones Religiosas a Santigo de Compostella Penitencias y Pecados

Los caminos de peregrinación. La peregrinación era un medio para conseguir el perdón de los pecados o para cumplir una penitencia impuesta tras cometer un pecado grave. Había pequeñas peregrinaciones locales y regionales en las que los creyentes se desplazaban a lugares cercanos, como iglesias y monasterios o a lugares que habían sido visitados por algún santo.

Pero también existían grandes peregrinaciones, como las que se dirigían a Roma (donde residía el máximo representante de la iglesia), a Jerusalén o a Santiago de Compostela, en España, que marcaron la vida religiosa de muchos cristianos. Además fueron una manera de transmitir la cultura y de avivar la economía.

Santa Ursula y sus compañeros llegan como peregrinos a Roma y se presentan ante el popo, pintura de Vittore Carpaccio,
perteneciente al ciclo de a vida de Santa Úrsula (1493-1495).

Los grandes movimientos artísticos, como el románico, se extendieron por Europa a través de los caminos trazados por los peregrinos. Un ejemplo de ello es el llamado «camino de Santiago», que se dirigía desde los Pirineos franceses por el norte de la península Ibérica hasta Santiago de Compostela. Muchas pequeñas ciudades crecieron gracias a los peregrinos que las transitaban y compraban sus productos, de modo que se avivé el comercio.

La mayor peregrinación que podía realizar un cristiano durante la Edad Media era la de Jerusalén, que lo llevaba a Tierra Santa, a los lugares donde Jesús vivió. Esta visita otorgaba al peregrino el perdón de todos los pecados.

Las rutas jacobeas Tras la invasión musulmana de la península Ibérica, corrió el rumor de que se había encontrado el sepulcro del apóstol Santiago en Galicia.

Pronto comenzaron a aparecer peregrinos que querían visitar la tumba del apóstol y se establecieron rutas desde diversas zonas de Europa hacia el lugar del hallazgo, que llamaron Santiago de Compostela. Jacobo y Santiago son el mismo nombre; por eso al camino de Santiago se le conoce también con la denominación de «ruta jacobea».

En el mapa se aprecia que el camino discurre desde el interior de Europa por todo el norte de España, y está jalonado de iglesias extraordinarias, como la de Santiago. El camino de Santiago es una ruta de peregrinación medieval, pero, dado el fervor popular, se ha mantenido, con mayor o menor vigencia, hasta nuestros días, aglutinando a cristianos de todas zonas de Europa en los Xacobeos o años santos compostelanos.

El objetivo es llegar a Santiago de Compostela, en La Coruña, ya que la tradición defiende que allí se encuentran los restos de Santiago el Mayor, sobre los cuales se edificó la catedral. Los peregrinos pueden optar por tres caminos, el portugués, el aragonés y el francés, que en este orden van del más corto al más largo. La ruta del camino de Santiago es también la ruta del arte y la cultura románica.

Las diferentes peregrinaciones:

El siguiente texto, tomado de las Partidas de Alfonso X, explica los diferentes tipos de peregrinaciones que existían en la Edad Media.

«Romero quiere decir hombre que se aporta de su tierra y va a Roma a visitar los santos lugares en que yacen los cuerpos de san Pedro y san Pablo, y de los otros santos que allí hallaron martirio por nuestro señor Jesucristo. Peregrino quiere decir hombre extranjero que va a visitar el sepulcro de Jerusalén y los otros santos lugares en los que nuestro señor Jesucristo nació, vivió y tomó muerte y pasión por los pecadores; o también que anda en peregrinaje a Santiago r. . .1 Los motivos por los que viajan estos peregrinos y romeros son tres. El primer motivo es hacerlo por propia voluntad y sin obligación alguna. El segundo motivo de la peregrinación puede ser un voto o una promesa hecha a Dios. Y el tercero es por penitencio, para limpiar los pecadas cometidos.»

Quien fue Paracelso? Gran Medico del Renacimiento Ciencia Medieval

Quien fue Paracelso? Gran Médico del Renacimiento
La Ciencia Medieval

Paracelso nació en Einsiedeln, Suiza, en 1493 ó 1494. Personaje fascinante, dotado de un temible espíritu critico y de un carácter apasionado y enigmáticos hasta el extremo, viajero impenitente, aquel médico visionado y genial tuvo una carrera de lo más agitada.

Su padre, médico también, fue uno de sus múltiples maestros. Paracelso no descansó nunca, moviéndose continuamente en busca de un saber universal.

Desde la edad de 14 años, fue de un sitio a otro. Hizo sus estudios en Viena, en Ferrara y en Estrasburgo. En 1522 era cirujano militar al servicio de la república de Venecia.

Ninguna universidad europea encontró favor ante sus ojos de inconformista. Médico itinerante, no consiguió seguir una caliera universitaria, ni establecerse como galeno. En Estrasburgo, en Basilea, consiguió curar casos muy difíciles. Y así, en 1527, fue nombrado médico municipal de esta última ciudad.

La tradición puesta en tela de juicio

Pronto entró en violento conflicto con los re­presentantes de la medicina académica, y comenzó también a enseñan Después de haber insultado a un juez, lo que hizo pesar sobre él una amenaza de encarcelamiento, Paracelso abandonó et cantón de Basilea para emprender nuevos viajes a través de Europa, en el transcurso de los cuales meditó, escribió y se dedicó a la enseñanza

De manera particular frecuentó las ciudades balnearias, donde estudió los poderes terapéuticos ocultos que en ellas se manifestaban. Tan pronto rico, colmado de regalos por sus admiradores y amigos, como pobre, acosado por la justicia, los médicos titulares y los sabios a los que fulminaba con sus anatemas, Paracelso no llegó a establecerse jamás.

Cuando escribió su gran obra teosófica, la Phiosophia sagax, lo hizo respondiendo a una invitación del arzobispo de Salzburgo. En dicha ciudad murió el 24 de septiembre de 1541, después de haber legado sus bienes a los pobres. Paracelso fue un personaje de intenso colorido, muy aficionado a las francachelas. Místico más bien que creyente, no respetó ni a los católicos ni a los protestantes, y menos aún a las autoridades científicas oficiales.

Su obra es considerable, y en ella trata tanto de alquimia, de astrología y de magia, como de cirugía, de medicina o de química. Por ello puede decirse que Paracelso fue el símbolo vivo de la medicina del Renacimiento, con­cebida no como un humanismo, sino como un campo de curiosidades ilimitada.

Una medicina hermética

Dicha medicina no era racionalista, a pesar de que tuviera en cuenta los datos de la experiencia. Su gran empeño era integrar lo intangible en el tratamiento y diagnóstico de las en­fermedades, no separar nunca al hombre del universo, teniendo siempre presentes las influencias ocultas que padece. Tal medicina no se reducía a ser, pues, una ciencia analítica, sino que exigía también de su practicante multitud de conocimientos esotéricos y cierto dominio de las ciencias herméticas.

Las leyes divinas parecían a Paracelso mucho más esenciales que la medida de las cantidades. Ciencia, magia y religión estaban tan imbricadas en su pensamiento y en el de sus discípulos, que se ha podido hablar de «magos» más que de médicos del Renacimiento, sin dejar de reconocerse por ello que la medicina moderna debe algunos de sus descubrimientos a aquella me­dicina filosófica.

¿Qué debemos a la medicina del s. XVI?

En primer lugar, hay que citar los trabajos de Van Helmont (1577-1644), que suministraron una base química a la biología y a la terapéutica, y los de Harvey (1578-1657) sobre la circulación de la sangre. El primero nunca negó su deuda respecto a Paracelso. La homeopatía perfeccionada por Samuel Hahnemann (1755-1843), y considerada por algunos como una medicina de vanguardia, fue heredera en parte de la filosofía médica del Renacimiento. Algunos llegan a considerar a Paracelso como fundador de la bioquímica.

¿Qué lugar ocupó la alquimia en ella?

La alquimia no fue solamente una búsqueda de la transmutación de los metales, sino también una investigación científica en la que los conocimientos químicos y biológicos desempeñaban un papel esencial. Paracelso debió mucho al principio alquímico de la separación, que distinguía entre el mundo «visible» y el «invisible». El invisible estaba poblado de fuer­zas a las que los antiguos llamaban «demonios».

¿Consiguió curaciones Paracelso?

Paracelso no se contentó con ser un teórico, sino que persiguió y obtuvo curaciones espectaculares, calificadas a veces de milagrosas. Sus discípulos se jactaron de haber curado a impotentes, sifilíticos, epilépticos y sordos, pero los adversarios de su ciencia médica alegaron que en realidad no se trataba más que de mejorías pasajeras.

¿Es bien conocida su obra?

Su abundante obra fue, en su parte esencial, publicada después de su muerte. Paracelso resulta difícil de leer. Sus descubrimientos propiamente científicos aparecen mezclados con desarrollos filosóficos y con la exposición de teorías sociales. Para conocer a fondo y comprender la medicina de su época, que todavía no ha desvelado todos sus secretos, habría que ser a la vez científico, médico y un erudito perfectamente informado de las ciencias herméticas, Y es que el médico, en su opinión, no debía contentarse con ser un técnico del cuerpo, sino que también debía ser un filósofo.

¿Quién fue Andrés Vesalio?

Nacido en Bruselas, estudió medicina en Paris y en Montpellier. Profesor itinerante, anatomista célebre, impartió cursos en toda Europa y. como Paracelso, criticó a los antiguos. A las teorías de Galeno, que no había diseccionado más que monos, opuso su método experimental y sus trabajos de disección humana. Nombrado en 1554 médico de Carlos y, acabó por caer en las garras de la inquisición. Condenado a morir por haber diseccionado a un hombre todavía vivo, fue indultado por Felipe II.

¿Y Miguel Servet?

Teólogo, astrólogo y médico español nacido en 1511, Convertido al protestantismo, ejerció la medicina en Francia. Sus disecciones e ideas pensaba que el alma reside en la sangre y que se vitaliza al inspirar aire, le llevaron a descubrir el paso de la sangre del corazón izquierdo al derecho, a través de los pulmones. Su teología, ni católica ni protestante, y su enemistad personal con Calvino le acarrearon que fuese quemado, tras denuncia del reformador, en Ginebra en 1553.

LAS 7 REGLAS DE PARACELSO La Salud Mental Vida Sana y Actitud Positiva

LAS SIETE REGLAS DE PARACELSO PARA LA VIDA

1.- Lo primero es mejorar la salud.– Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones.

La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo.

El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.

Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo.

Biografía de Paracelso