Panarabismo

Firma Armisticio:Fin del Conflicto Egipto-Israel

Historia del Conflicto Egipto e Israel – Firma del Armisticio

En la fase inicial de la guerra árabe-israelí, los ejércitos de Egipto, TransJordania, Irak, Siria y el Líbano, junto a los irregulares del ejército de liberación árabe, ocuparon toda la zona de Palestina que no había sido asignada a Israel por la ONU.

La falta de disciplina de las fuerzas árabes y las discrepancias de sus dirigentes las perjudicaron a pesar de ser mucho más numerosas que los treinta mil defensores israelíes.

Los hombres y mujeres de Israel lucharon desesperadamente y (tras las primeras semanas) con armas suministradas por Francia, Checoslovaquia y simpatizantes particulares de todo el mundo. A principios de 1949, la nueva nación había expulsado a sus atacantes y empezaba a ganar terreno.

Entre febrero y julio, el mediador de la ONU, Ralph Bunche, negoció los armisticios de Israel y los Estados árabes. Israel mantuvo todos sus territorios conquistados, incluidos Galilea, la costa palestina (excepto la franja de Gaza, ocupada por Egipto) y el desierto de Negev.

Ralph Bunche obtiene el armisticio…

A mediados de noviembre de 1948, el Consejo de Seguridad dictó el 16 de noviembre una resolución en la que reiteraba su  insistencia de que las hostilidades a la guerra egipto-israel tenían que llegar a su fin.

De acuerdo con esas instrucciones, el doctor Bunche (imagen) llamó primero a representantes de Israel y Egipto a reunirse con él, para discutir los términos del armisticio, las líneas de demarcación y el retiro de las fuerzas.

Fue lo bastante sagaz para comprender desde luego que tenía que negociarse separadamente con cada Estado árabe, ya que no había suficiente unión entre ellos para hacer posible un acuerdo común.

A su turno se pidió a los demás Estados que hicieran planes para efectuar negociaciones similares.

En aquella zona de Palestina, situada fuera del espacio asignado a los judíos, existía poca dirección, y no se habían hecho intentos de organizar un gobierno propio.

Los ofrecimientos de cooperación del gobierno judío fueron terminantemente rechazados.

Sin embargo, en una reunión celebrada el 1° de diciembre de 1948, algunas de las personas más importantes habían declarado su deseo de unirse a Transjordania, solicitud a la que accedió inmediatamente el parlamento transjordano el cual, tras considerable demora por el arreglo de los detalles, anunció el 24 de abril de 1950 la unión que formaría ahora el Reino Hashemita de Jordania.

Otros Estados árabes negaron su reconocimiento a esa medida, tal como habían negado la existencia del gobierno provisional del Estado de Israel.

El portavoz del Supremo Comité Arabe, invitado a asistir a las reuniones del Consejo de Seguridad objetó que el Presidente del Consejo usara ese título y salió de la junta para no volver.

Todos los Estados árabes, que habían sido invitados a conferenciar con el mediador suplente y con los representantes israelíes, hicieron una pausa, esperando cada uno de ellos que otro diera el primer paso.

Fue un momento de espera cargado de creciente ansiedad. El turbulento año de 1948 llegaba a su fin.

El doctor Bunche había llamado primero a Egipto y éste acudió.

Envió una delegación a reunirse con los israelíes en la Isla de Rodas, en sesiones presididas por el mediador suplente. Fue aceptada la orden de cesar el fuego y las discusiones con Egipto comenzaron el 24 de enero de 1949.

Hubo mucha tirantez y formalidad al principio, pero gradualmente desaparecieron bajo la influencia de una labor común y de un director sagaz.

La tolerancia del doctor Bunche, su paciencia y comprensión, habían sido demostradas antes, pero ésta de ahora era su más difícil prueba.

Era capaz de emplear una sardónica agudeza cuando era necesario; tenía una claridad de visión que se rehusaba a ser confundida; por cargada que estuviera la atmósfera de desacuerdos, el extraordinario don de encontrar las palabras justas para hacer notar los detalles de concordia y evadir cuestiones que parecían ser irreconciliables.

El convenio de armisticio egipcio-israelí fue firmado el 24 de febrero de 1949.

Ya para entonces Jordania y Líbano estaban dispuestos a negociar. Siria vino después Irak  la Arabia Saudita indicaron que aceptarían las especificaciones presentadas por los demás.

Las líneas de demarcación eran más o menos las mismas que las de ocupación en ese momento, a las que se harían algunos ajustes más tarde. Se ferino una Comisión Mixta de Armisticio, con tres miembros por cada parte y figurando en ella el jefe de Estado Mayor de la Organización de Supervisión de la Tregua, meada por las Naciones Unidas.

Ya en julio pudo considerarse que el conflicto  real había terminado. Justo es recordar que el doctor Bunche recibió el Premio Nobel de la Paz, en reconocimiento de lo que había realizado.

El conflicto continúa…Por múltiples razones, entre las que se cuentan el frustrado panarabismo, la intransigencia judía a perder un ápice de la tierra de sus antepasados, y los intereses petroleros de las potencias mundiales, la paz obtenida por Bunche resultó ser bastante precaria.

Una prolongada guerra, en ocasiones larvada y en otras manifiesta, se desencadenó entre los Estados árabes e Israel, nueva potencia mediterránea que, a pesar de muchas dificultades, merced a una ayuda masiva de las principales bancas mundiales, lograba consolidarse, a manera de islote rodeado de hostilidad permanente, en pleno centro del mundo árabe.  

El hecho de que la cuestión de los refugiados no se haya resuelto es de lamentarse profundamente.

Se ha convertido ahora en disputa política entre los Estados árabes y ya no es sólo una cuestión de lo que Israel podría o debería hacer por sí mismo.

La idea de un régimen internacional para Jerusalén no se ha llevado a cabo hasta ahora, la Legión Árabe ocupó la ciudad vieja y puso sitio a las fuerzas judías en la nueva.

Podemos preguntarnos cuál habría sido el efecto de este desafortunado problema, si los refugiados en el territorio va señalado para ser el Estado Árabe de Palestina, hubieran podido organizarse, mediante consultas y cooperación para establecerse y hacer florecer la tierra, como Israel lo ha hecho.

Por lo pronto, el panorama de lo que el Estado de Israel ha podido hacer con la tierra que le toe asignada bien puede ser juzgado por la historia como uno de los más valiosos e interesantes experimentos que se han llevado a cabo en un mundo cada vez más sobrepoblado.  

En octubre de 1956 los israelita desencadenaron una nueva ofensiva contra Egipto, que detallaremos luego, con motivo de la nacionalización del Canal de Suez, dispuesta por Nasser.

Diez años más tarde, en 1965-1966, los israelitas emprendieron tinas gigantescas obras de desviación del río Jordán, lo que motivó inquietud entre los Estados vecinos y, al finalizar la primavera de 1967, estallaba la crisis que significaría otro giro con relación al equilibrio de fuerzas existentes en el Mediterráneo oriental, y cuyos ejes neurálgicos serían, en lo estratégico, el Canal de Suez, y en lo económico, la eterna ambición del dominio del petróleo.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Un Martir de la Paz en Oriente Conde Bernadotte Guerra Palestina-Israel

Un Mártir de la Paz en Oriente: El Conde Bernadotte

Un mártir de la paz:
En el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, precisamente a la entrada del Salón de Meditaciones, hay una placa en la pared con una inscripción que dice: A la memoria del conde Folke Bernadotte, mediador de las Naciones Unidas en Palestina. Apóstol de la paz, gran internacionalista y humanista, devoto y valeroso servidor de Las Naciones Unidas, que fue asesinado en Jerusalén el 17 de septiembre de 1948, mientras servía a las Naciones Unidas en la causa de la paz en Palestina”.

La elección del conde Bernadotte, de la familia real de Suecia, fue inspirada ya que su energía, su prudencia y su vigorosa diplomacia produjeron notables y prontos resultados.

Mediante un esfuerzo intenso, logró que se concertara una tregua de cuatro semanas para discutir mejor los términos que condujeran aun armisticio y a la paz definitiva. Los combates esporádicos finalmente se extinguieron y pudo decirse que la tregua había quedado establecida en julio.

Pero para hacer que toda una región llena de violentos trastornos volviera a un estado de pensamiento y acción normales, cuatro semanas resultaron insuficientes, y fue necesario procurar una prórroga.

Bernadotte vino en persona a informar al Consejo de Seguridad el 13 de julio. Alto, esbelto y rubio, con rasgos fisonómicos firmes, era un verdadero escandinavo, a pesar del hecho de que su antepasado francés, uno de los generales de Napoleón, había sido llamado por el pueblo sueco, en aquella era de confusión, para ocupar su trono.

Quienes trabajaron con él dieron testimonio del encanto personal del conde Bernadotte, de su ingenio, tolerancia y generosidad de espíritu. Anunció alegremente al Consejo que como cada lado lo acusaba de favoritismo hacia el otro, tenía la satisfacción de pensar que había llevado a cabo sus instrucciones con cierta justicia. Los árabes se rehusaban a prolongar la tregua porque decían que los judíos estaban importando combatientes, en contra de lo convenido.

Los judíos atacaron la política de Bernadotte, diciendo que significaba restringir a un Estado soberano la libre inmigración. No obstante, el mediador había logrado enviar convoyes de alimentos a los sitiados habitantes de Jerusalén, y trataba de reanudar el aprovisionamiento de agua, que había sido cortado. La Cruz Roja Internacional y la Liga de Asociaciones de la Cruz Roja le prestaron gran ayuda, pero necesitaba observadores de la tregua que estuvieran bajo su autoridad, aunque el gobierno israelí se rehusó a aceptar la presencia de ninguno que fuera británico. Pidió oficiales y  soldados suecos para que fueran observadores militares.

El Consejo había solicitado sugestiones “para adelantar el arreglo pacífico de la futura situación en Palestina”, sobre la que estaba haciendo un informe escrito. Pero recalcó con palabras conmovedoras que “mi firme opinión es que las Naciones Unidas no deberían permitir que la cuestión palestina se dirima en el campo de batalla… La firme y rápida intervención del Consejo de Seguridad en este momento, y la demostración de la inconfundible intención del Consejo, de dar todos los pasos necesarios para poner fin al conflicto, serán decisivas en la situación. Por el momento he hecho lo más que he podido y por ahora no puedo hacer más”.

Lo que siguió fue en verdad una tregua inestable, pero al menos no habla lucha violenta. El Consejo de Seguridad fue convocado el 18 de septiembre para escuchar la consternadora noticia de la muerte del conde Bernadotte. Fue muerto a balazos en el sector Katamon de Jerusalén, cuando entraba en automóvil a la ciudad, y con él murió también el coronel André Serot de la fuerza aérea francesa. Ellos dos fueron el séptimo y el octavo representante de las Naciones Unidas, que dieron sus vidas en cumplimiento de su deber, asesinados con imperdonable desprecio de lo que estaban tratando de realizar los nombres de todos ellos están en placas conmemorativas en el gran vestíbulo del edificio principal de las Naciones Unidas.

La filosofía del terrorismo es un misterio para la mente ordinaria. La muerte de Bernadotte fue una horrible revelación de la debilidad del gobierno israelí, que ni podía controlar a las bandas de forajidos, los irgunes y los sternistas, ni pudo poner después en manos de la justicia a los perpetradores de los asesinatos.

Tanto las Naciones Unidas como el gobierno de Suecia hicieron toda la presión posible, pero el gobierno israelí sostuvo que ésta era una cuestión interna. sin embargo, nunca llevó sus investigaciones a ninguna conclusión que se hiciera pública Los terroristas habían volado antes el Hotel Res David, de Jesuralén, sepultando entre sus escombros a funcionarios británicos, judíos y árabes por igual; se jactaban abiertamente de su participación en la matanza de los habitantes de Deir Yassen. Pero su intención probable, la de controlar el nuevo gobierno, fue afortunadamente frenada.

La labor del Conde Bernadotte continuó gracias a los efectivos esfuerzos de su ayudante, a quien había alabado grandemente ante el Consejo de Seguridad. Era el doctor Ralph Bunche, de la Universidad Howard en Washington. Rara vez ha caído un manto sobre hombros más capaces y dignos.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Liga Árabe Contra el Estado de Israel Derechos Legales

Liga Árabe Contra el Estado de Israel

La cuenta de los días…

Uno de los poderosos argumentos presentados por los árabes era que las Naciones Unidas no tenían derecho legal para crear un nuevo Estado. Pero el Reino Unido, por la autoridad que le confería su mandato, había establecido el reino de Transjordania en 1921, dejando la dirección del mismo en las firmes manos del emir Abdullah, hijo del jerife Hussein, de La Meca, quien había cooperado Con Lawrence de Arabia en el levantamiento de los árabes contra Turquía y el Imperio Otomano. El derecho británico para hacerlo no había sido discutido.

En realidad, las Naciones Unidas estaban haciendo lo mismo ahora. Pero todos sabían que una cosa es aprobar una proposición y otra ponerla en ejecución. Los judíos estaban muy descontentos con lo que la Asamblea General les había concedido, ya que originalmente esperaban que se les diera toda la zona de la que Transjordania era ahora parte y se quejaban de que sólo estaban recibiendo la mitad de lo que quedaba.

Declararon que su “reconocimiento como Estado, la libre inmigración y una extensión determinada constituían un mínimo irreducible”, que habían aceptado, pero más allá del cual no irían. Como se aproximaba la fecha de la retirada y en vista del continuo y marcado desacuerdo, los Estados Unidos propusieron que se estableciera un fideicomiso temporal que sirviera de puente para el gobierno provisional, pero su proposición fue Furiosamente rechazada. El portavoz de los judíos la llamó “una repulsiva reversión de posiciones, una fatal capitulación”.

Anunció que el 14 de mayo comenzaría a funcionar un gobierno provisional judío, “en cooperación con los representantes de las Naciones Unidas en Palestina …““ Haremos cuanto podamos”, dijo, “para reducir al mínimo el caos creado por el presente gobierno y conservaremos, hasta donde lleguen nuestras fuerzas, los servicios públicos desatendidos por él…”

El gobierno judío esta la, además, dispuesto a cooperar con los Estados árabes vecinos y a celebrar tratados con ellos “para reforzar la paz en el mundo y adelantar el desarrollo de todos los países del Cercano Oriente”. Era una declaración atrevida hecha por un pueblo valeroso, frente a una oposición que era igualmente denodada.

Pudo haber manera de hacer el anuncio en lenguaje menos áspero, al referirse a un país que había sufrido mucho en su esfuerzo por hacer justicia a todos; pudo haberse expresado en tono más conciliatorio de aquellos que inevitablemente habrían de ser sus vecinos, pero el lado contrario tampoco tuvo ninguna moderación al replicar.

El representante de Egipto llamó a Warren Austin “el portavoz norteamericano de la Agencia judía en Palestina”. Pasó marzo y llegó abril. Habla una desesperada necesidad de apresurarse, pero al mismo tiempo una gran necesidad de deliberar cuidadosamente.

El Comité para Palestina enviaba informes cada vez más apremiantes, diciendo que la única manera de hacer ejecutar la decisión de división era usando una poderosa fuerza militar. No obstante, en el Consejo de Seguridad se afirmaba más y más la creencia de que el arreglo pacífico sería la solución y de que no era imposible.

Tal vez no se dijeron palabras más sabias que las del apacible comentario del doctor Tsiang, de China: “Quisiera que los árabes pudieran ver el acierto político que sería conceder un Estado independiente a los judíos».

Sólo quedaban dos meses, luego uno y se llevaba con ansiedad la cuenta de los días, a medida que iban transcurriendo, quedaban quince más, después diez, luego ocho. En cada una de las fronteras de la zona judía se encontraban desplegados sendos ejércitos de los cinco Estados vecinos: Egipto Irak, Transjordania, Siria y Líbano.

Todos los miembros de la Liga Árabe estaban acordes en decir que ayudarían a sus parientes palestinos, que huían de las ciudades judías a millares. Los judíos han insistido, y con justicia, según parece, en que esos fugitivos abandonaban sus hogares debido a las falsas alarmas provenientes de sus vecinos árabes, de que, como la guerra era inevitable, no tendrían merced a manos de los judíos.

El Consejo de Seguridad trataba desesperadamente de concertar una tregua, y la Comisión para Palestina envió un mensaje el 12 de mayo, diciendo que los árabes estaban de acuerdo, pero que los judíos no habían contestad. No es muy de dudarse que después de sus encuentros en el pasado. y ante las amenazas árabes para el futuro, no confiaran en las promesas de los adversarios.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

El Panarabismo

El Panarabismo: Historia de la Creación del Estado de Israel

Un panarabismo frustrado: La propuesta de la ONU no satisfizo a nadie, pero logró unir en un interés común a todos los países árabes.

Desde el primer momento, Egipto trató de ponerse al frente de esta comunidad de pueblos islámicos, un tanto heterogénea, por otra parte, con objeto de dirigir el viejo sueño del panarabismo.

Con todo, la situación política interna de Egipto en aquellos años no era demasiado sólida.

En octubre de 1951. Egipto denunció unilateralmente el Tratado anglo-egipcio de 1936; luego exigió la inmediata y total evacuación del país por los británicos.

Hasta julio de se sucedieron los motines, las huelgas y los sabotajes, así como los cambios en el gobierno.

El 23 de julio del mismo año, un golpe de Estado militar, con una junta presidida por el general Naguib, provocó la abdicación y la huida del rey Faruk, y en junio de 1953 era proclamada la República y anulada la antigua Constitución.

Medio año después se iniciaba la segunda fase de la revolución y el general Naguib era sustituido en sus funciones por Gamel Abdel Nasser, eminencia gris de la conjura, que quiso hacer representar a su país un papel de primer orden en el Cercano Oriente.

El credo de unidad árabe sostenido por Nasser queda manifiesto meridianamente en el siguiente apunte de su puño y letra: “Pero las luchas con que tuve que enfrentarme después del 23 de julio me cogieron por sorpresa. Los jefes habían realizado su misión.

Acabaron con las fuerzas de la opresión, destronaron al déspota y quedaron a la espera de la Marcha Sagrada hacia el Gran Objetivo. Sin embargo, tuvieron que esperar demasiado tiempo.

Llegaron las masas. ¡Pero fue diferente, eran los hechos en relación con los sueños! Llegaron las masas. Y lo hicieron batiéndose en grupos divididos. Se paró la Marcha Sagrada y el recuerdo de aquellos días está lleno de sombras y de maldad.

Fue entonces cuando me di cuenta, con dolor en mi corazón, de que no había acabado la misión de la vanguardia, sino que en realidad no hacía más que empezar.

Necesitábamos disciplina, pero sólo encontré anarquía.

Necesitábamos unidad, pero sólo encontré desunión.

Necesitábamos trabajar, pero sólo encontré indolencia y pereza.

Esa es la razón de nuestro slogan revolucionario: «Disciplina, Unidad y Trabajo».

Pero no estábamos preparados. Solicitamos la colaboración de los dirigentes de la opinión y de los hombres con experiencia y los resultados no correspondieron a nuestras esperanzas.

Si por aquellos días me hubieran preguntado cuál era mi deseo más ferviente, hubiera contestado, sin dudarlo ni un instante:

—    Oír a un egipcio, que dice una palabra amable a otro egipcio.

—    Ver a un egipcio que no se dedica a ridiculizar la opinión de otro egipcio.

—    Sentir que un egipcio ha abierto su corazón al perdón. al olvido y al amor de otro egipcio”.

¡Qué fácil es hablar a los instintos de la gente, pero qué difícil llegar hasta sus mentes!.

Todos los instintos son iguales; en cambio las mentes están sujetas a la diversidad y a la disparidad.

Los políticos egipcios, en el pasado, fueron lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ello. Les gustaba dirigir sus palabras a los instintos, pero dejaban que sus mentes erraran por el desierto.

Nosotros podíamos haber hecho igual. Podríamos encender al pueblo con grandes palabras, con brillantes esce­nas imaginarias y que les llevaran a realizar hechos caóticos, que no exijan ninguna preparación, ningún plan.

Pero nada existe detrás de esos gritos.

Sin embargo, ésa no fue la misión para la que nos escogió el Destino.

El sueño del panarabismo no dejaba de ser el objeto permanente de la política egipcia.

En 1958, Siria se fusiona­ba con Egipto constituyendo ambos países la llamada República Árabe Unida, denominación que evidenciaba la finalidad perseguida; y aunque esta unión duró escasamente tres años, Egipto conservó oficialmente el nombre de RAU para que sirviera de núcleo catalizador en el futuro.

Pese a sus derrotas y fracasos, Nasser no cejó en sus intentos de lograr su idea panarabista. aspirando a dirigir el mundo Árabe yprocurando federarse las naciones vecinas o políticamente afines.

CAMAL ABDEL NASSER
(Egipto, 1918 – 1970)

El líder más popular del Medio Oriente. Panarabista y neutralista, creó una doctrina que se conoce como nasserismo. En 1937 ingresó en la Academia Militar y al año siguiente era ya subteniente. En 1940 sirvió en Alejandría y en el Sudán.

En 1942, ya capitán, se dedicó a la enseñanza en la Academia Militar. Fue entonces cuando Nasser empezó a organizar el movimiento de «Oficiales Libres» que derribaría a la monarquía del rey Faruk.

En 1948, Nasser lucha en la primera guerra árabe-israelí y es herido. La derrota egipcia aumenta el descontento de los jóvenes oficiales; en julio de 1952, el movimiento encabezado por Nasser destituye al rey Faruk y proclama en Egipto la República.

Por jerarquía militar, el general Muhámmad Naguib es elegido presidente y primer ministro, y Nasser ocupa el Ministerio del Interior y el cargo de viceprimer ministro.

En 1954, Naguib es separado de su cargo; Nasser es primer ministro y dos años después, presidente.
Adoptando una tercera posición —que se conoció como nasserismo—.

el nuevo régimen, esencialmente militar, trata de situarse en una posición intermedia entre el capitalismo y el comunismo, basándose en un nacionalismo radical. Internamente, Nasser realiza una reforma agraria y trata de nacionalizar la economía del país; los partidos políticos son disueltos.

En el plano internacional, su política se caracteriza por la no alineación con ninguna de las grandes potencias, aunque recibió ayuda tanto de los EE.UU. como de la U.R.S.S.

Siguiendo su política de nacionalizaciones, Nasser se incauta, en 1956, del Canal de Suez, medida que provoca la agresión británico-franco-israelí contra Egipto.

Militarmente derrotado, obtiene una victoria política: bajo presión de los EE.UU., los tres países ponen fin a la agresión, condenada por la ONU, y Egipto continúa en posesión del Canal de Suez. Victorioso, trata de realizar la unión de los pueblos cuya lengua oficial es el árabe.

Crea en 1958 la República Árabe Unida (RAU), que al principio englobaría a Egipto y Siria, y después al Yemen.

Pero una revolución estalla en Irak y los EE.UU intervienen en el Líbano para evitar que los nasseristas tomen el poder.

En Siria, por otra parte, una revolución rompe la unión del país con Egipto.

En 1962 Nasser emprende una campaña militar de ayuda al nuevo gobierno del Yemen, pero intervienen Arabia Saudita y los EE.UU., que cortan la ayuda alimentaria a Egipto, respaldado por la U.R.S.S. Del sueño de la RAU sólo queda el nombre.

En junio de 1967, después de la derrota frente a Israel en la «guerra de los 6 días», Nasser enfrenta la mayor crisis: con el ejército y la economía en mala situación, renuncia a la presidencia, para reasumirla 24 horas después.

Pero sus problemas continúan: las fuerzas israelíes ocupan territorios egipcios y el rearme del ejército acrecienta la dependencia de la ayuda económica y militar soviética. En setiembre de 1970, Nasser muere, víctima de un ataque cardíaco.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg

Consecuencias de la Declaracion de Balfour

La Declaración Balfour y Sus Consecuencias:

Las estipulaciones del mandato de la Liga de las Naciones, finalmente establecido en 1922, habían reconocido la que llegó a llamarse Declaración Balfour, en la que el gobierno británico había anunciado a la Federación Sionista, el 2 de noviembre de 1917, que:

el gobierno de Su Majestad ve con agrado el establecimiento de un hogar nacional en Palestina, para el pueblo judío… entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”.

Los árabes protestaron inmediatamente, declarando que la ilimitada inmigración judía prontamente los empujaría fuera de su legitimo territorio, que sobrepasaría todos sus linderos propios y absorbería política y económicamente todo el Medio Oriente.

Tenemos un ilustrativo relato de esos tiempos en las Memorias de Sir Ronald Storrs,que fue nombrado gobernador militar de Jerusalén poco después de que esa ciudad fue quitada a los alemanes en la Primera Guerra Mundial.

El vio prontamente que el cumplimiento de la Declaración Balfour bien podía acarrear graves resultados.

Ha comentado en esas memorias el hecho de que la extensión del territorio en cuestión era pequeña, que los residentes árabes, en su generación, no contribuían mucho al bienestar de la sociedad en general y que en cambio los judíos, constructores y progresistas, prometían ser una clase muy diferente de ciudadanos.

“Sin embargo”, observó, “el problema de reconciliar sus derechos y querellas.., es capaz de convertirse en una obsesión, la que rara vez va acompañada de la templanza, la sobriedad y la justicia”.

Pero los esfuerzos hechos para resolver un problema, que ya en aquellos años de la posguerra, de 1918 y 1919, era desesperado, le parecían innecesariamente inadecuados; “no puede imputarse el monopolio del error a ninguna de las tres partes interesadas: los judíos, los árabes yios británicos”.

Añadió mucho después con sobria comprensión, “como tenedores de todos los recursos de la civilización moderna, les correspondía marcar un paso que los nativos de Palestina pudieran seguir…”.

El resultado acumulativo de sus combinados fracasos en Londres y Palestina fue una explosión tan tremenda que la mayor potencia del mundo, como se consideraba entonces a la Gran Bretaña, después de veinte años de intentos y experiencias, necesitó, en pleno tiempo de paz, un cuerpo de ejército dotado de toda clase de armas, para controlar “la población civil liberada”.

Todo esto de que escribió Sir Ronald es historia antigua ahora, ya que lo hizo antes de Hitler.

Pero ya se había lanzado en Palestina el terrible grito“echemos a los judíos al mar”.

Árabes y judíos: Desde la Primera Guerra Mundial, Inglaterra se había esforzado en cultivar la amistad de los árabes, con objeto de proporcionarse acceso a la fabulosa riqueza petrolífera del Cercano Oriente.

Aunque rivales, tanto las compañías explotadoras británicas como las norteamericanas se sentían unidas y solidarias ante el temor de que la Unión Soviética se adueñase de tan decisivo resorte de poder, favoreciendo a los nacionalistas árabes.

Los países islámicos aprovecharon las guerras y disensiones entre las grandes potencias mundiales, sea para rechazar su independencia o para afirmar sus posiciones económicas o estratégicas, y aunque era difícil lograr una unión entre todas ellas, no faltaron los intentos para conseguirlas.

En 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se fundaba en El Cairo la Liga Arabe, integrada por Egipto, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Transjordania, Irak y el Yemen.

Cabe señalar que, durante la contienda, Líbano y Siria habían logrado emanciparse de la tutela francesa, reconociendo el gobierno de París la plena soberanía de ambos países en 1944 y 1946, respectivamente.

Incapaz de solucionar su promesa de crear el “Hogar Nacional” judío, formulada desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, a satisfacción de árabes y judíos, Inglaterra sometió la cuestión a las Naciones Unidas, cuya Asamblea General trató de zafarse también de tan espinoso asunto, por el riesgo que entrañaba.

El problema fue transferido a una comisión de encuesta que,. en noviembre de 1947, formuló unas recomendaciones que no lograron. calmar los ánimos enardecidos de ambas partes.

La ONU había previsto la partición del territorio de Palestina en un estado judío y otro árabe, quedando internacionalizada la ciudad de Jerusalén.

LA PARTICIÓN DEL ESTADO:

El 29 de noviembre de 1947, luego de un exhaustivo debate, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la partición de Palestina sobre la base de un informe preparado por una Comisión Ad-Hoc. Esta resolución que a continuación se transcribe, estaba inserta en el contexto de un completo programa de desarrollo integrado para la zona.

181 (II) Futuro Gobierno de Palestina

  1. A) La Asamblea General
    Habiéndose reunido en período extraordinario de sesiones, a instancias de la Potencia mandataria, para constituir una Comisión Especial y darle instrucciones al efecto de preparar el examen por la Asamblea, en su segundo periodo ordinario de sesiones, de la cuestión del futuro gobierno de Palestina:

Habiéndose constituido una Comisión Especial y dado instrucciones a la misma para que investigue todas las cuestiones y asuntos pertinentes al problema de Palestina, y para que formule propuestas para la solución del problema; y

Habiéndose recibido y examinado el informe de la Comisión Especial (documento A/364) que contiene cierto número de recomendaciones unánimes y un plan de partición con unión económica aprobado por la mayoría de la Comisión Especial;

Considera que la actual situación de Palestina es susceptible de menoscabar el bienestar general y las relaciones amistosas entre las naciones;

Toma nota de la declaración hecha por la Potencia Mandataria de que proyecta llevar a cabo la evacuación de Palestina para el 1° de agosto de 1948;

Recomienda al Reino Unido, como Potencia Mandataria de Palestina, y a todos los demás Miembros de las Naciones Unidas, la aprobación y aplicación, respecto del futuro gobierno de Palestina, del Plan de Partición con Unión Económica expuesto más adelante;

Pide:

a) Que el Consejo de Seguridad adopte las medidas necesarias previstas en el Plan para la ejecución del mismo:

  1. b) Que el Consejo de Seguridad determine, en caso de que las cinunstancias lo exijan durante el período de transición, si la situación de Palestina constituye una amenaza contra la paz. Si decide que existe tal amenaza con objeto de preservar la paz y la seguridad internacional, el Consejo de Seguridad habrá de com­pletar la autorización dada por la Asamblea General adoptando medidascon arreglos a los Artículos 39 y 41 de la Carta, destinados a facultar a la Comisión de las Naciones Unidas, prevista esta resolución, para que ejerza en Palestina las funciones que le están asignadas por la presente resolución;
  2. c)  Que el Consejo de Seguridad considere como amena­za a la paz, quebrantamiento de la paz o acto de agresión, con arreglo al Artículo 39 de la Carta, toda tentativa encaminada a alterar por la fuerza al arreglo previsto por la presente resolución;
  3. d) Que el Consejo de Administración Fiduciaria sea informado de las responsabilidades que le incumben en virtud de este Plan; invita a todos los habitantes de Palestina a adoptar cuantas medidas sean necesarias por su parte para poner en práctica este Plan; exhorta a todos los Gobiernos y a todos los pueblos a que se abstengan de toda acción que pueda dificultar o dilatar la ejecución de estas recomendaciones; y Autoriza al Secretario General a reembolsar los gastos de viaje y subsistencias de los miembros de la comisión mencionada más adelante en el párrafo 1, sección B, parte 1, sobre la base ‘y la forma que juzgue más apropiadas a las circunstancias, y a proporcionar a la Comisión el personal necesario para ayudarla a desempeñar las funciones asignadas a la Comisión por la Asamblea General.
  4. B) La Asamblea General

Autoriza al Secretario General a consignar con cargo al Fondo de Operaciones, una cantidad de hasta 2.000.000 de dólares (EE.UU.), para los fines expuestos en el último párrafo de la resolución sobre el futuro Gobierno de Palestina.

128a sesión plenaria:

29 de noviembre de 1947: En su ciento vigésima octava sesión plenaria, celebrada el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General en conformidad con los términos de la resolución arriba expresada, eligió a los siguientes miembros para integrar la Comisión de las Naciones Unidas para Palestina:Bolivia, Checoslovaquia, Dinamarca, Panamá y Filipinas.

Un panarabismo frustrado: La propuesta de la ONU no satisfizo a nadie, pero logró unir en un interés común a todos los países árabes. Desde el primer momento, Egipto trató de ponerse al frente de esta comunidad de pueblos islámicos, un tanto heterogénea, por otra parte, con objeto de dirigir el viejo sueño del panarabismo. Con todo, la situación política interna de Egipto en aquellos años no era demasiado sólida.

En octubre de 1951. Egipto denunció unilateralmente el Tratado anglo-egipcio de 1936; luego exigió la inmediata y total evacuación del país por los británicos. Hasta julio de se sucedieron los motines, las huelgas y los sabotajes, así como los cambios en el gobierno. El 23 de julio del mismo año, un golpe de Estado militar, con una junta presidida por el general Naguib, provocó la abdicación y la huida del rey Faruk, y en junio de 1953 era proclamada la República y anulada la antigua Constitución. Medio año después se iniciaba la segunda fase de la revolución y el general Naguib era sustituido en sus funciones por Gamel Abdel Nasser, eminencia gris de la conjura, que quiso hacer representar a su país un papel de primer orden en el Cercano Oriente.

El credo de unidad árabe sostenido por Nasser queda manifiesto meridianamente en el siguiente apunte de su puño y letra: “Pero las luchas con que tuve que enfrentarme después del 23 de julio me cogieron por sorpresa. Los jefes habían realizado su misión. Acabaron con las fuerzas de la opresión, destronaron al déspota y quedaron a la espera de la Marcha Sagrada hacia el Gran Objetivo. Sin embargo, tuvieron que esperar demasiado tiempo.

Llegaron las masas. ¡Pero fue diferente, eran los hechos en relación con los sueños! Llegaron las masas. Y lo hicieron batiéndose en grupos divididos. Se paró la Marcha Sagrada y el recuerdo de aquellos días está lleno de sombras y de maldad.

Fue entonces cuando me di cuenta, con dolor en mi corazón, de que no había acabado la misión de la vanguardia, sino que en realidad no hacía más que empezar.

Necesitábamos disciplina, pero sólo encontré anarquía.

Necesitábamos unidad, pero sólo encontré desunión.

Necesitábamos trabajar, pero sólo encontré indolencia y pereza.

Esa es la razón de nuestro slogan revolucionario: «Disciplina, Unidad y Trabajo».

Pero no estábamos preparados. Solicitamos la colaboración de los dirigentes de la opinión y de los hombres con experiencia y los resultados no correspondieron a nuestras esperanzas.

Si por aquellos días me hubieran preguntado cuál era mi deseo más ferviente, hubiera contestado, sin dudarlo ni un instante:

—    Oír a un egipcio, que dice una palabra amable a otro egipcio.

—    Ver a un egipcio que no se dedica a ridiculizar la opinión de otro egipcio.

—    Sentir que un egipcio ha abierto su corazón al perdón. al olvido y al amor de otro egipcio”

¡Qué fácil es hablar a los instintos de la gente, pero qué difícil llegar hasta sus mentes! Todos los instintos son iguales; en cambio las mentes están sujetas a la diversidad y a la disparidad. Los políticos egipcios, en el pasado, fueron lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de ello. Les gustaba dirigir sus palabras a los instintos, pero dejaban que sus mentes erraran por el desierto.

Nosotros podíamos haber hecho igual. Podríamos encender al pueblo con grandes palabras, con brillantes esce­nas imaginarias y que les llevaran a realizar hechos caóticos, que no exijan ninguna preparación, ningún plan.

Pero nada existe detrás de esos gritos.

Sin embargo, ésa no fue la misión para la que nos escogió el Destino.

El sueño del panarabismo no dejaba de ser el objeto permanente de la política egipcia. En 1958, Siria se fusiona­ba con Egipto constituyendo ambos países la llamada República Árabe Unida, denominación que evidenciaba la finalidad perseguida; y aunque esta unión duró escasamente tres años, Egipto conservé oficialmente el nombre de RAU para que sirviera de núcleo catalizador en el futuro. Pese a sus derrotas y fracasos, Nasser no cejó en sus intentos de lograr su idea panarabista. aspirando a dirigir el mundo Árabe y procurando federarse las naciones vecinas o políticamente afines.

Israel, un Estado-problema El 14 de mayo, mientras continuaba el debate en la segunda sesión especial de la Asamblea General, cayó como un rayo una noticia: El Consejo Nacional Judío había proclamado la formación del Estado de Israel, con lo que entró de un salto en la historia contemporánea y en la opinión pública un nombre que no había sido usado frecuentemente en más de dos mil años.

La primera tarea del nuevo gobierno era reunir sus fuerzas y luchar por su vida. El nuevo Estado fue reconocido desde luego por el presidente Truman y casi inmediatamente después por la URSS. Se había roto la barricada y los ejércitos hostiles penetraban al territorio de Israel por todos lados. El Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto envió un telegrama a las Naciones Unidas, diciendo que ya que el mandato había terminado, las fuerzas armadas egipcias habían entrado en Palestina para establecer la seguridad y el orden.

La Legión Árabe, que era el ejército de Transjordania, había entrado en Jerusalén y las fuerzas sirias y libanesas habían invadido las fronteras septentrionales de Israel. El ejército judío contaba con numerosos soldados oficiales que habían combatido bajo la bandera británica en la Segunda Guerra Mundial, pero el gobierno israelí no tenía experiencia en conducir una guerra efectiva. Tenia en cambio la firme unidad de todo su pueblo que lo respaldaba.

Pero cuando se llegó a la realidad de los hechos, sus adversarios estaban también en desventaja. La Legión Árabe era una fuerza verdaderamente efectiva,  adiestrada, armada y dotada de oficiales por los británicos, para que el reino de Transjordania pudiera defenderse de las incursiones con que las tribus nómadas beduinas amenazaban sus fronteras meridionales.

Pero en cuanto a lo demás, su superioridad numérica no los ponía en ventaja porque no tenían práctica para pelear aliados con otros ejércitos. Debido a ciertas diferencias entre ellos no había estrategia establecida ni común acuerdo acerca de las líneas de avance y la simultaneidad de los ataques.

Después de los primeros encuentros, en los que se dieron cuenta de los sorprendentemente bien adiestrados que estaban sus adversarios, hubo entre los jefes árabes cierto cambio de cálculos y de expectaciones.

Se había convenido en que la Legión Árabe fuera a atacar Jerusalén y a ocupa  cuanto sus tropas pudieran abarcar del Estado Árabe de Palestina. Sin embargo. debido a Falta de apoyo, esta maniobra no se llevó a cabo completamente. Aquel día en que termino el mandato, en que nació el Estado de Israel, toda Palestina cayó en un furioso caos, la Asamblea General había decidido, y había hecho bien al decidirlo, que un solo mediador con gran autoridad sería mejor que la Comisión, cuya función original había sido investigar aconsejaron la política que debía seguirse. El hombre que escogieron fue el conde Folke Bernadotte, de Suecia.

Fuente Consultada: Historia Universal Carl Grimberg