Papa Benedicto XVI

La Libertad de Culto en los Estados Modernos Tolerancia Religiosa

Historia de la Libertad de Culto en los Países – La Tolerancia Religiosa

LA LIBERTAD RELIGIOSA

IGLESIAS OFICIALES: Desde la edad media en cada Estado, el gobierno reconocía oficialmente una religión.

Por ejmplo en los países católicos, el Papa, jefe de la Iglesia universal, se entendía con el príncipe que, en calidad de católico, estaba sometido a la Iglesia.

El príncipe reconocía al clero el derecho de mando sobre los fieles en materia de fe y de conducta.

Pero, sobre todo en los grandes Estados, en España, en Francia, en Austria, el gobierno, sintiéndose fuerte, trataba de hacer de la Iglesia del país una Iglesia nacional.

Aspiraba a nombrar los obispos, a vigilar sus actos y sus relaciones con el Papa.

En los Estados protestantes, Inglaterra, Escocia, los países escandinavos, los pequeños Estados alemanes, y en el Imperio ortodoxo de Rusia, el príncipe era a la vez jefe del Estado y de la Iglesia.

Nombraba los altos dignatarios y dirigía al clero. Los eclesiásticos eran funcionarios y no tenían ninguna autoridad independiente, la Iglesia se confundía con el Estado.

Cada Estado tenía una religión obligatoria, que imponía a sus subditos. Los obispos y los sacerdotes, en los países protestantes los pastores, no tenían solamente una autoridad religiosa moral, tenían el poder material de obligar a los fieles a practicar su religión.

En todos los Estados, el gobierno se entendía con el clero para imponer a los subditos la práctica de la religión del país.

Algunos Estados católicos, en Italia y en España conservaban la Inquisición, un tribunal especial, creado para buscar y condenar a los malos católicos.

En todos los países, cualquiera que fuese la religión las autoridades eclesiásticas podían denunciar al gobierno a los fieles culpables de desobediencia.

Como el clero no disponía de fuerza para obligar, el gobiern prestaba el brazo secular, es decir, la policía, las cárceles y el verdugo.

Se seguía condenando a multas con prisión a los que no asistían a las funciones religiosas o hurlaban sin respeto de las ceremonias, en los países católicos, a los que se olvidaban de confesar, de comulgar o de ayunar.

El gobierno intervenía para obligar a los eclesiásticos a obedecer a sus superiores, para impedir que los frailes o las religiosas salieran de los conventos y que los sacerdotes volvieran a la vida secular.

El gobierno reconocía al clero el derecho de inspeccionar la enseñanza en las escuelas, de no permitir la publicación de ningún libro sino con licencia de la autoridad eclesiástica.

LA TOLERANCIA:

Este régimen se conservaba en el siglo XVIII en los Estados católicos del Mediodía, y en los Estados protestantes del Norte, Escocia, los países escandinavos. Luis XIV lo había restablecido revocando el edicto de Nantes.

Había sido quebrantado en varios países, sobre todo en Alemania, en Suiza, en los Países Bajos, en Hungría, donde el gobierno, no siendo bastante fuerte para acabar con sus subditos de otra religión, se había visto obligado a tolerarlos.

Leon XIII La Libertad de Culto
León XIII, recordado papa progresista, cuya honda preocupación por las cuestiones sociales significaron un valioso aporte al mejoramiento de los proletarios.

Pero esta tolerancia no se había concedido sino por excepción y parecía una concesión enojosa. Se consideraba preferible no tener en un mismo Estado mas que súbditos de una misma religión, era lo que se llamaba la unidad religiosa.

Es una idea natural —general en los pueblos antiguos y común a casi todos los pueblos civilizados— que la sociedad tiene interés en imponer a sus miembros la religión que le parece mejor.

Es natural creer que los sectarios de otra religión ofenden a la Divinidad, y temer que la Divinidad ofendida haga a toda la sociedad responsable de la ofensa que ha dejado cometer.

Si los miembros de una misma sociedad son responsables solidariamente para con Dios, tienen interés evidente en mantener la unidad religiosa.

Se había comenzado desde el siglo XVII, en Holanda y en Inglaterra, a pensar que todas las formas de religión cristiana, sin ser exactamente del mismo valor, bastan todas para lograr la salvación.

Es la doctrina condenada por la Inglesia con el nombre de indiferentismo. Tuvo por consecuencia la idea de que el Estado no tiene necesidad de obligar a sus subditos a practicar la misma religión.

voltaire

Fue lo que se llamó la tolerancia religiosa. Voltaire la puso de moda entre la gente culta. «Es preciso, decía, que se permita rezar a Dios a su modo, como comer a su gusto».

Los soberanos y los gobernantes del siglo XVIII, que practicaron el despotismo ilustrado, fueron partidarios de la tolerancia.

Federico II la encontró establecida en Prusia, pero restringida a los cristianos, y la extendió a todas las religiones. José II la introdujo en Austria.

La tolerancia se estableció en dos formas distintas: la libertad de culto (libertad externa) era el derecho de reunirse para celebrar su culto; la libertad de conciencia (libertad interna) era solamente el derecho de no ser condenado por la religión que se profesase.

La tolerancia no era todavía la libertad religiosa completa. En primer lugar, no se concedía a todas las creencias, sólo a los cristianos, a veces a los judíos, y ni siquiera a todas las sectas cristianas.

En todas partes era negada a los unitarianos porque no creían en la Trinidad. No se reconocía el derecho de no practicar ninguna religión, no había tolerancia para los librepensadores, a los que se llamaba en Francia «espíritus fuertes».

Además, la tolerancia no era reconocida como un derecho, no era más que una concesión hecha por el soberano, que tenía el derecho de dejarla sin efecto. Finalmente, la religión tolerada seguía siendo inferior a la del Estado.

Aun cuando tenían el derecho de practicar su religión, los disidentes estaban obligados a sostener a los ministros de su culto y no se les dispensaba de contribuir al pago del clero oficial.

No podían dar a los lugares en que se reunían la apariencia de iglesia, ni tocar las campanas, ni hacer una ceremonia al exterior. No había igualdad entre los cultos.

LA LIBERTAD RELIGIOSA

La idea de permitir la completa libertad religiosa se había iniciado en América en las colonias inglesas fundadas por los miembros de las sectas más perseguidas, en el Rhode-lsland, fundado por independientes, luego en Pensilvania, fundada por cuáqueros.

Los fundadores habían establecido su Iglesia como una asociación privada, no reclamaban para ella medio alguno de obligar y planteaban el principio de que la religión es independiente del gobierno.

Las otras colonias inglesas de América tenían cada una su Iglesia oficial, y aun habían comenzado por perseguir a las otras sectas.

Pero en el siglo XVIII los americanos se acostumbraron a dejar practicar a todos los cristianos cada uno su religión, excepto a los católicos.

Cuando las colonias se organizaron en Estados, cada uno de éstos conservó su Iglesia.

La Constitución de 1787 prohibió al gobierno federal hacer ley ninguna que favoreciese a prohibiera el ejercicio de una religión.

Los Estados seguían siendo dueños de arreglar estas cuestiones. La mayor parte consignaron en su Constitución la libertad religiosa. La Constitución de Virginia decía: «La religión no puede ser regida sino por la razón y la convicción, no por la fuerza y la violencia.

Todos los hombres tienen igual derecho al ejercicio de su culto». La Constitución de Pensilvania decía: «Todos los hombres tienen un derecho natural e innegable a venerar a Dios según los mandatos de su propia conciencia. Nadie puede ser obligado a seguir un culto».

Este principio, planteado en América, fue adoptado en Francia por la Asamblea constituyente, pero con algunas restricciones.

Los cuaderos de los Estados generales no hablaban de la libertad de culto.

La Declaración de los derechos de 1789, dice solamente (art. 10): «Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley».

No se había osado proclamar la libertad de cultos. Un diputado del clero propuso aun en 1790 se declarase que «la religión católica sería siempre la de la nación», y la única con derecho al culto público.

La Asamblea no se atrevió a negarse abiertamente, no concedió la libertad de cultos sino en 1791.

Desde aquella época la libertad completa de religión ha entrado en las costumbres de Francia. Napoleón, al restablecer la Iglesia católica por el Concordato, conservó la libertad de religión.

La Restauración no se atrevió a suprimirla. La Carta de 1814 garantizó «la libertad de cultos y de conciencia», a pesar de las protestas del Papa.

En Inglaterra la Iglesia anglicana había seguido siendo obligatoria; pero la tolerancia concedida a los cultos disidentes había habituado poco a poco a dejar practicar toda clase de cultos protestantes.

Las leyes contra los católicos fueron abolidas en 1829.

La libertad religiosa se introdujo así por la costumbre, sin estar garantido por ninguna ley.

En los restantes Estados de Europa la libertad de conciencia y de culto fue una de las libertades reclamadas por los liberales.

Cuando lograron tener Constituciones, la hicieron consignar con las otras libertades. La libertad religiosa fue también introducida en Prusia y en Cerdeña en 1848, en Italia en 1860, en Austria en 1867.

En los países escandinavos, Suecia, Noruega, Dinamarca, donde era obligatoria la religión luterana, la libertad religiosa se estableció primero por la tolerancia, luego mediante leyes que permitieron a los disidentes fundar comunidades para su cultos.

En Bélgica los católicos hicieron adoptar una fórmula que fue imitada en 1848 por Alemania y Prusia: la Iglesia católica fue declarada asociación enteramente independiente del Estado; pero el clero conservó su sueldo y sus privilegios.

En los territorios españoles, los mismos liberales no se atrevieron en un principio a establecer francamente la libertad religiosa, por miedo a irritar el sentimiento católico.

La Constitución de 1812, restablecida en 1820, reconocía la religión católica como «la única verdadera» y prohibía el ejercicio de ninguna otra; la Constitución de 1837 evitaba hablar de la cuestión.

Solamente después de la Revoluciónde 1868 se proclamó la libertad religiosa. Los carlistas respondieron con un manifiesto en pro de la unidad de la fe y el clero español se declaró contra el gobierno.

Después de la restauración de 1874 no se ha pasado de reconocer «la libertad de las opiniones religiosas» y la tolerancia de los cultos no católicos.

En las Repúblicas españolas de América se empezó por establecer la tolerancia solamente para los extranjeros no católicos.

La libertad de religión fue establecida poco a poco, comúnmente sin declaración formal.

El principio no se estableció francamente sino en los Estados donde el partido federal estableció Constituciones copiadas de las de los Estados Unidos (en Méjico, en Venezuela). En el Brasil la libertad religiosa, establecida de hecho en tiempo del emperador Pedro II, fue proclamada en principio con el establecimiento de la República en 1889.

Los pequeños pueblos cristianos de los Balkanes, de religión ortodoxa, cuando se constituyeron en Estados, admitieron la libertad de religión.

El Imperio ruso no reconoció la libertad de cultos sino en los territorios conquistados a partir del siglo XVIII, donde había encontrado poblaciones de religión distinta. Los habitantes de la antigua Rusia siguen sometidos al régimen de la religión oboigatoria.

Tienen que ser ortodoxos y educar a sus hijos en la religión ortodoxa. Está prohibido, bajo pena de deportación, convertirse a otra fe; la tentativa de convertir a un ortodoxo se considera como un delito.

SUPRESIÓN DE LAS RELIGIONES DE ESTADO

En el régimen antiguo de Europa cada país tenía su religión oficial que era la del jefe del gobierno.

El catolicismo era religión oficial en las naciones del Mediodía (España, Francia, Italia, Austria); el luteranismo en los Estados escandinavos y la mayor parte de los Estados pequeños alemanes; la religión anglicana en Inglaterra; el calvinismo en Holanda, en Escocia y en algunos cantones suizos.

El gobierno reconocía oficialmente la religión del Estado como la única verdadera y, aun cuando no prohibía las otras religiones, las trataba como inferiores.
Este régimen fue abolido en las colonias inglesas de América. Establecieron una manera enteramente nueva de regular las relaciones de la Iglesia con el gobierno, que ha venido a ser el régimen americano.

El ejemplo fue dado por las colonias que habían establecido la libertad religiosa, el Rhode-lsland y Pensilvania; las demás le siguieron poco a poco.

Todos los Estados adoptaron el principio de no reconocer carácter oficial a ninguna Iglesia. Se las trata a todas como asociaciones privadas creadas por particulares, gracias a la libertad de asociación.

Es hoy principio den todos los Estados Unidos que la organización de la Iglesia no atañe al gobierno, todas las religiones son libres, todas iguales, el Estado no reconoce a ninguna.

Es lo que se llama la separación de la Iglesia y del Estado.

El mismo régimen ha sido introducido en algunos Estados de la América latina, en Méjico, en Venezuela, en el Brasil.

En Argentina se estableció la libertad de culto pero la Constitución Nacional (art, 2) sostiene la Católica Apostólica Romana (1853).

En Francia, la Convención, careciendo de dinero para pagar a los sacerdotes, hubo de establecer el mismo principio: «Nadie puede ser obligado a contribuir a los gastos de ningún culto.

La República no costea ninguno» (1794). Este régimen no duró. Napoleón I, por el Concordato, restableció el culto católico, pero en condiciones nuevas.

El Concordato reconoció que «la religión católica es la de la gran mayoría de los franceses»; pero no devolvió al clero ningún poder, ningún privilegio, ninguna renta independiente, y dio al gobierno el derecho de nombrar los obispos.

Concedió sueldo, honores y la excención del servicio de las armas a los obispos y a los curas; pero constituyó otras iglesias, luterana, calvinista, más tarde israelita, a las cuales dio exactamente los mismos derechos. Hubo en Francia varias religiones reconocidas, pero ninguna «religión oficial». Este régimen ha subsistido durante todo el siglo XIX.

El régimen establecido en Francia consiste en reconocer ciertos cultos como instituciones públicas y en dar sueldo a los miembros del clero como funcionarios encargados de un servicio público, pero sin atribuirles ningún poder para obligar. Era ya practicado por varios Estados protestantes.

Fue imitado en el siglo XIX por casi todos los Estados de Europa, excepto Inglaterra, donde la Iglesia anglicana ha persistido con el carácter de oficial.

Fue introducido en los Estados católicos con la libertad de religión. Ya no queda religión del Estado superior a los demás cultos más que en Inglaterra, en los países escandinavos, en España y en los Estados ortodoxos de los Balkanes. Ya no queda Iglesia del Estado obligatoria más que en Rusia.

EL LAICISMO
Bajo el régimen de las religiones de Estado el clero ejercía algunos de los poderes públicos, tenía la inspección de la enseñanza y la ejercía en las escuelas primarias; a su cargo estaban los registros bautismales, de matrimonios y de fallecimientos, que eran entonces los únicos documentos públicos en que constaba la situación de las personas. Casi todos los socorros a los indigentes y los hospitales estaban dirigidos por sacerdotes o religiosos.

El clero tenía el derecho de imponer, para el sostenimiento del culto y de los sacerdotes, una tasa obligatoria, de ordinario en forma de diezmo. Los miembros del clero gozaban de privilegios, sobre todo estaban exentos del servicio de las armas.

Figuraban en las ceremonias oficiales con preeminencia sobre los seglares. Los actos oficiales del gobierno tenían un carácter religioso.

Las operaciones de las asambleas y de los tribunales empezaban con una ceremonia religiosa, una misa o una oración.

Los edificios públicos ostentaban emblemas religiosos, sobre todo cruces. Los testigos ante los tribunales y muchos funcionarios, al tomar posesión del cargo, debían jurar con la mano puesta en un crucifijo o en la Biblia. Las ofensas a la religión eran castigadas como delitos.

En 1825 se aprobó en Francia una ley del sacrilegio, que condenaba a muerte al que hubiera profanado una hostia.

Este régimen se conservó en parte en casi todos los Estados de Europa hasta el siglo XIX. Pero en los países que tenían varias religiones se empezó a protestar contra estas muestras de superioridad concedidas a un culto, como contrarias a la igualdad religiosa.

Se pidió que el Estado fuera neutro. Cuando los partidarios de la neutralidad subieron al poder, empezaron a suprimir una por una las formas religiosas que habían subsistido en la vida oficial. Fue lo que se llamó laicizar.

Esta labor se inició en los Estados Unidos, pero solamente para establecer la igualdad entre los diferentes cultos cristianos: el Estado ha conservado carácter cristiano, el Congreso abre sus sesiones con una oración pública.

En Francia, en tiempo de la Revolución, las Asambleas, a causa de la resistencia del clero, se les quitaron los registros de nacimientos, casamientos y defunciones, entregándoselos a los municipios (1792).

Se creó el sistema de los registros civiles, que fue imitado poco a poco por casi todos los Estados de Europa.

La laicización ha continuado durante todo el siglo XIX, de una manera intermitente e incompleta, y ha sido pedida sobre todo en los países católicos. Francia ha dado también el ejemplo de suprimir los emblemas y las ceremonias religiosas oficiales, y a quitar al clero la dirección de las escuelas y de la beneficencia pública.

Sobre todo en los países católicos se ha llegado a admitir que la libertad religiosa supone incluso el derecho de no practicar ninguna religión. En los países católicos es donde hay más librepensadores.

En ellos también se ha empezado a prescindir sistemáticamente de las ceremonias religiosas y a adoptar la costumbre del «matrimonio civil» y del «entierro civil».

El movimiento de laicización se ha producido sobre todo en los países franceses, italianos y españoles, es mucho menor en los países alemanes e ingleses.

Biografia Inocencio III Papa Obra de su Pontificado

Biografia Inocencio III
Papa de la Iglesia – Obra de su Pontificado

De nombre Lotario di Conti (1161-1216), conocido como Inocencio III, gran papa y gran político, en cuya persona culmina la influencia histórica del Pontificado medieval.

Lleno de fe y de fervor apostólico, Inocencio III supo aprovechar todas las ocasiones para llevar al terreno de la práctica las viejas ideas de la primacía de San Pedro, la omnipotencia del Papado y la superioridad del poder eclesiástico sobre el laico o emperadores de su época.

Inocencio III realizó su obra pontificia como medio de acción para equilibrar el mundo político medieval, combatir la herejía y agrupar todas las fuerzas de la Cristiandad para la cruzada contra el Islam.

Para esta ingente obra, Inocencio III estuvo excepcionalmente bien dotado. Unía a la fuerza del ideal y de la fe, un sentido práctico poco común, un sagaz conocimiento de los hombres y de las cosas, un oportunismo diestro, gran habilidad diplomática, supremo sentido de la justicia y constancia inquebrantable ante cualquier revés momentáneo.

Nació en un ambiente patricio, y esta finura, vigor y firmeza de su sangre contribuyeron al éxito de su política.

Hijo de Trasmondo, conde de Segni, y de Claricia Scotti, Lotario vio la luz en Anagni en 1160. Como la mayor parte de los nobles romanos destinados a la carrera eclesiástica, estudió teología en París y derecho en Bolonia.

De regreso a Roma hacia 1185, fue nombrado subdiácono en 1187 y cardenal por Clemente III en 1190. La fama adquirida por su virtud, austeridad, ciencia y firmeza política le valieron ser elegido papa por unanimidad el 8 de enero de 1198, a los 37 años de edad.

Llegaba, pues, al máximo cargo pontificio en la cumbre de su hombradía, y hallaba a su disposición los vastos recursos espirituales y materiales acumulados por sus antecesores.

Supo usarlos eficazmente, tanto más cuanto los Estados de Europa, y en particular el Reich, estaban atravesando un período de crisis.

Es sin duda el pontífice más importante de la Edad Media en el orden temporal, era sobrino de Clemente III; nació en Anagni (Italia) y pertenecía a la familia de los Conti, que daría nueve papas a la Iglesia. Recibió la mejor educación posible en la época, con estudios de teología en París y de jurisprudencia en Bolonia, que le convirtieron en uno de los hombres más preparados de su tiempo.

Esta es su historia y obra de su pontificado:

Por aquellos momentos, luego de la muerte de Gregorio VII, la lucha entre el Papa y el emperador continuó durante cerca de dos siglos, pero el Papa se hizo cada vez más fuerte.

biografia de inocencio III Papa de la Iglesia
Inocencio III (Anagni, (hc. 1161) – Perugia, 16 de julio de 1216) fue el papa n.º 176 de la Iglesia católica de 1198 a 1216. Noble de familia italiana, miembro de la familia Conti y Julio, su padre fue el conde Trasimundo de Segni. Por su procedencia estudió Teología en la Universidad de París y luego Derecho Canónico en Bolonia

Al organizar la Cruzada contra los musulmanes, el Papa se condujo como jefe de todos los caballeros cristianos.

Poco a poco los reyes se acostumbraron a obedecer a la Santa Sede. Cuando Federico Barbarroja fue vencido (1176) por los lombardos aliados del Papa , se tuvo la impresión de que el Pontífice era superior al emperador.

Entonces apareció el más poderosos de todos los Papas, Inocencio III (1198). Era un noble romano que había estudiado Teología y Derecho. Se le había elegido Papa a los treinta y siete años (fue el más joven de todos los Pontífices).

Decía «que el Papa en la tierra ocupa el lugar de Dios», que es «el Vicario, es decir, el sustituto de Dios». «El Señor, decía, ha dado a San Pedro, no solamente toda la Iglesia, sino el mundo entero para gobernar».

Decía asimismo: «El poder es dado a los príncipes en la tierra, a los Papas el poder les es dado también en el cielo. A los príncipes no se les da más que sobre los cuerpos, a los Papas sobre las almas.

Por eso, tanto como es superior el alma al cuerpo, tanto el Papa es superior a la realeza». Son suyas también estas palabras: «Dios, creador del mundo, ha puesto en el cielo dos grandes luminarias: una grande, el sol, preside el día; otra pequeña, la luna, brilla en la noche.

De igual modo, en el firmamento de la Iglesia universal ha instituido dos altas dignidades: la más grande, la autoridad pontificia; la más pequeña, el poder real; la más grande, para presidir las almas como el sol los días; la más pequeña, para dirigir los cuerpos como la luna las noches.

Y lo mismo que la luna recibe la luz del sol, así el poder real recibe su esplendor de la autoridad pontificia».

Inocencio III entró en lucha con los reyes más poderosos de su tiempo. Excomulgó al rey de Francia, Felipe Augusto, porque había repudiado a su esposa, una princesa de Dinamarca, Ingeburga.

El divorcio había sido declarado ilegal y nulo por el Papa anterior; pero Felipe, no teniéndolo en cuenta, se había casado con otra princesa. Inocencio III pronunció el entredicho contra el reino de Francia (1198-1200). Felipe repudió a su segunda mujer y volvió a unirse con Ingeburga.

Inocencio luchó contra el monarca inglés Juan Sin Tierra Empezó por poner su reino en entredicho (1208), luego le excomulgó, le declaró depuesto y le amenazó con dar su reino al rey de Francia.

Asustado Juan, se sometió, dio su reino al Papa, el cual se lo devolvió en feudo como a vasallo.

En Alemania, Inocencio reclamó la facultad de de-cidir’entre los dos príncipes que se disputaban el título de rey.

Mandó predicar la cuarta Cruzada. Los cruzados, reunidos pata ir a la liberación de Jerusalén, tomaron Constantinopla (1204) y sometieron a los griegos el poder del Papa.

Organizó la cruzada contra los herejes en el mediodía de Francia. Declaró a los príncipes de esta región desposeídos de sus dominios y los dio a los cruzados.

Inocencio III celebró en el palacio de Letrán un Concilio ecuménico (1215) que fue la Asamblea más grande de la Edad Media.

A él acudieron 412 obispos, 800 abades o priores de convento y varios patriarcas y obispos de Oriente.

Se adoptaron medidas contra los herejes. Todos los príncipes, en el momento de tomar posesión del poder, debían jurar el exterminio de los herejes que hubiera en sus dominios.

Inocencio III murió repentinamente en Perugia, el 16 de julio de 1216, cuando viajaba por Italia en busca de aliados para la Cuarta Cruzada.

concilio de letran
En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades. Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades.

Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

No hubo país en Europa que se librara de las injerencias de Inocencio III: excomulgó a Alfonso IX de León por casarse con su sobrina Berengaria, de quien le obligó a separarse; anuló el matrimonio entre Alfonso de Portugal y doña Urraca, hija de Alfonso de Castilla; recibió el reino de Aragón en vasallaje cuando coronó a Pedro II como rey; protegió a los noruegos del tiránico rey Sverri y, a su muerte, actuó como arbitro entre los pretendientes al trono; otro tanto hizo entre los contendientes al trono de Suecia.Y ya en terreno más propio de su misión apostólica, preparó una cruzada contra los musulmanes en España, a los que vio derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa; restauró la disciplina eclesiástica en Polonia; trató de conseguir que la Iglesia oriental aceptase la autoridad de Roma; llamó a la Cuarta Cruzada, y excomulgó a los comerciantes venecianos cuando éstos desviaron a los cruzados para que tomasen Constantinopla en vez de dirigirse a Tierra Santa.

Dentro de su misión religiosa, convocó del IV Concilio de Letrán, el más importante del Medievo, y apoyó la fundación de dos grandes órdenes mendicantes —la de los dominicos y la de los franciscanos— como defensa contra los vicios que se estaban adueñando del pueblo, del clero y de la jerarquía eclesiástica.

fuente

Biografia Papa Gregorio VII Obra de su Pontificado

Biografia Papa Gregorio VII-Reformas de la Iglesia Medieval

Desde los lejanos tiempos del papa Gregorio VI, el cardenal Hildebrando Aldobrandeschi, nacido en 1020 en Soano (Toscana italiana), parecía destinado al papado y, lo que es más importante, a ser un gran Papa.

Quien haya leído en estas mismas páginas la historia de quienes le precedieron en la silla de San Pedro habrá podido comprobar que fue la mano fuerte de la Iglesia en todo ese período, una mano fuerte empeñada en reformarla siguiendo las normas de Cluny.

Hildebrando era hijo de un campesino de la Toscana, tierra del dominio papal. Su tío, abad de un convento de Roma, le recogió siendo niño, le educó y le hizo fraile.

biografia de gregorio vii
Gregorio VII , de nombre secular Hildebrando Aldobrandeschi (Sovana, (ha. 1020) – Salerno, 25 de mayo de 1085), fue el papa nº 157 de la Iglesia católica entre 1073 y 1085.

Nació en Toscana, en el seno de una familia de modesta extracción social. Crece en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos.

Desde muy joven fue llevado a Roma por un tío suyo que era superior de uno de los conventos de la ciudad. Le costeó sus estudios y uno de sus profesores, el padre Juan Giovanni Graciano, afirmó que nunca había conocido una inteligencia tan aguda como la suya y cuando fue elevado al pontificado con el nombre de Gregorio VI designó a Hildebrando su secretario.

Tras la muerte de Gregorio VI, Hildebrando ingresó como monje en el monasterio de Cluny, en el que tuvo como maestros espirituales a dos santos: San Odilón y San Hugo, y donde pensaba permanecer el resto de su vida; pero al ser elegido papa San León IX, le llamó y le nombró ecónomo del Vaticano y tesorero del pontífice.

Hildebrando era bajo, enfermizo, de voz apagada, pero enérgico y activo. Se declaró partidario de la reforma y entró en el convento de Cluny.

En aquel momento el emperador había empezado a elegir los Papas. Nombró a su primo Bruno, a la sazón obispo de Toul. Bruno adoptó el nombre de León IX y salió con dirección a Roma,

En el camino pasó por Cluny, vió a Hildebrando y le llevó en su compañía (1049).

Establecido en Roma, Hildebrando vino a ser consejero de los Papas, y durante más de veinte años gobernó la Iglesia en cinco Papados consecutivos.

A la muerte de Alejandro II (1073), se resolvió esperar tres días para elegir nuevo Papa. Pero al día siguiente, en la ceremonia del entierro, la muchedumbre romana, hombres y mujeres, invadió la Iglesia gritando: » ¡Sea Papa Hildebrando! «.

Un cardenal pronunció un discurso. «No podemos encontrar mejor Papa, dijo, elijámosle». La muchedumbre llevó a Hildebrando a la iglesia donde estaba el trono del Papa. Se sentó en el trono, revistió los hábitos pontificales y tomó el nombre de Gregorio VII.

En cuanto fue elegido, escribió a todos los príncipes que le ayudasen a reformar la Iglesia en su país.

Declaró excomulgados a todos los sacerdotes simón íacos, es decir, que habían comprado su nombramiento o que tan sólo lo habían recibido de un seglar. Ahora bien, todos los obispos y los abades de Alemania y de Italia habían sido nombrados por el emperador.

Excomulgó también a todos los sacerdotes casados y declaró nulos todos los sacramentos administrados por ellos. Las gentes que habían recibido la absolución de un sacerdote casado, no estaban ya seguras de encontrarse absueltas de sus pecados y podían temer la condenación.

Gregorio VII tuvo muchos enemigos: el rey de Alemania Enrique IV y sus consejeros, casi todos los obispos y los abades de Alemania y de Lombardía, en Roma misma un poderoso señor, Cencio.

La tumba del emperador Adriano, junto al Tíber, se había convertido en fortaleza (el castillo Sant’Angelo), en la que Cencio había puesto una guardia. Había mandado levantar una torre que interceptaba el puente del Tíber y obligaba a pagar a todos los que por el puente pasaban.

El año 1075, la noche de Navidad, Gregorio fue a decir misa a una iglesia donde se había puesto un Nacimiento.

Llovía a torrentes y tenía poca gente a su alrededor. De pronto Cencio, con una tropa de caballeros armados, entró en la iglesia. Sus hombres se lanzaron sobre Gregorio, le arrastraron tomándole del pelo, le hicieron, le montaron en un caballo y le llevaron a una torre,

Al día siguiente, por la mañana, los romanos supieron que el Papa estaba prisionero; se tocó la trompeta, se cerraron las puertas, la milicia se armó, tomó la torre y libertó al Papa, Gregorio emprendió la lucha contra Enrique IV, rey de Alemania.

Quiso primeramente obligarle a despedir a sus consejeros excomulgados, y acabó por amenazar al mismo Enrique IV con la excomunión.

Irritado Enrique, reunió en Concilio a los obispos de Alemania que le obedecían , y los obispos declararon depuesto a Gregorio.

La sentencia fue llevada a Roma por unos mensajeros, ante un Concilio de obispos presididos por el Papa.

Estuvieron a punto de ser degollados. Entonces, ante la asamblea, el Papa excomulgó al rey, y añadió: «Le quito el gobierno de toda Alemania y de Italia, desligo a todos los cristianos del juramento que le han prestado y prohibo a todos que le obedezcan como rey».

Era cosa que ningún Papa había hecho hasta entonces.

Al excomulgar a un rey se le privaba solamente del derecho de entrar en la iglesia y de recibir los sacramentos; pero no del derecho de mandar a sus subditos. Al arrogarse la facultad de ordenar a los subditos que cesaran en la obediencia, el Papa venía a ser el superior de los reyes.

Muchos príncipes en Alemania estaban descontentos de Enrique, y le manifestaron que iban a elegir otro rey si no obtenía el perdón del Papa.

Enrique partió de pronto, en pleno invierno, con su mujer y su hijo pequeño; pasó por Besancon y bajó el Mont Cenis por caminos cubiertos de nieve. La reina fue llevada a rastras en pieles de buey.

En Italia muchos caballeros querían acompañarle; pero no había ido para pelear, y los despidió. Gregorio VII, al tener noticia de su llegada, se había retirado a un castillo de los Apeninos, Canosa, edificado en lo alto de una roca escarpada y rodeado de tres recintos.

Enrique se presentó a la puerta del castillo y el Papa se negó a permitirle la entrada. Enrique volvió entonces con hábito de penitente y los pies descalzos.

El Papa le hizo esperar a la intemperie todo aquel día y todo el siguiente, mientras los que rodeaban al Pontífice le suplicaban que perdonase. Por último, Gregorio cedió; se abrió la puerta, Enrique se puso de rodillas y, llorando, se confesó. Gregorio le dio la absolución, le levantó y le llevó a la iglesia (1077).

No duró mucho la paz. Los príncipes alemanes eligieron otro rey (1077), luego Enrique hizo elegir otro Papa (1080).

Hubo entonces dos reyes y dos Papas, y se peleó en toda Alemania e Italia. El Papa no tenía ejército que le defendiera. Enrique bajó con el suyo a Italia y entró en Roma sin combatir. Gregorio se refugió al otro lado del Tíber, en el castillo de Sant’Angelo, y fue sitiado (1084).

El rey de los normandos de Nápoles acudió en su auxilio, pero su ejército saqueó Roma y prendió fuego a la ciudad. Gregorio, que había sido llevado al reino de Nápoles, murió pronto (1085), diciendo: «He amado la justicia y odiado la iniquidad, por eso muero en el destierro».

Su pontificado fue uno de los más conflictivos y controvertidos de la historia de la Iglesia católica, ya que la puesta en práctica de sus ideas le valió tan leales admiradores como implacables enemigos; abrió las puertas para la reforma de la Iglesia, pero destruyó el poder del imperio y dio origen a la actitud contraria a Roma que, desde entonces, se vivió en Alemania y otras zonas del Sacro Imperio.

En su momento de mayor desolación le llegó la muerte. Las últimas palabras de San Gregorio VII se han hecho famosas: «He amado la justicia y odiado la iniquidad. Por eso muero en el destierro».

Parecía que sus enemigos habían quedado vencedores cuando él murió, pero sus ideas se fueron imponiendo lentamente y sus reformas, poco a poco, se impusieron en toda la Iglesia católica; ha sido considerado como uno de los papas más digno de admiración de la historia.

Ahora vemos a San Gregorio VII como el gran Papa de la Edad Media, uno de los pontífices más santos de la Iglesia, un Papa que supo liberar a la Iglesia de la esclavitud a que la sometían los gobernantes civiles y de sus propios gobernantes indignos, y aunque no todos ni en todos los tiempos, son muchos, por fortuna para la Iglesia, los papas que han acertado a seguir su ejemplo. Fue canonizado en 1606.

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Biografia de Benedicto XV Obra de su Papado

Biografía del Papa Benedicto XV

Cuando el mundo se ensangrentaba en los horrores de la primera conflagración bélica general, fue el Vaticano una de las pocas instituciones que se levantaron como faro de paz para los espíritus soliviantados por la tragedia de la guerra y la crisis de los primeros años después del armisticio de 1918.

Papa Benedicto XV
Benedicto XV, nacido como Giacomo della Chiesa fue el 258.º papa de la Iglesia católica, entre el 3 de septiembre de 1914 hasta su muerte. Su pontificado fue eclipsado en gran medida por la Primera Guerra Mundial y las consecuencias de esta, tanto políticas, sociales como humanitarias.
Fecha de nacimiento: 21 de noviembre de 1854, Pegli, Italia
Fallecimiento: 22 de enero de 1922, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano

Gran parte del prestigio que entonces adquirió la Iglesia católica se debe a la alta figura moral de Benedicto XV, el papa que jamás perdió de vista los supremos intereses de la sociedad y se hizo digno sucesor de aquellos prodigios varones que cimentaron, en la confusión de las primeras persecuciones, la grandeza del Pontificado.

Jamás la Iglesia estuvo tan a la altura de su misión con en aquellos años cruciales, cuando se elevaba por e cima de las pasiones y proclamaba los principios eternos de una paz justa y cristiana.

Hijo de los marqueses Della Chiesa, Jaime Del Chiesa nació en Genova el 21 de noviembre de 185 Se educó en el seminario y en la universidad de ciudad natal, doctorándose en leyes en 1875.

Decidido a cumplir su vocación sacerdotal, estudió en el Colegio Capránica de Roma y en la Academia de los Nobles Eclesiásticos, donde se preparó para ingresar en la c plomada pontificia.

Ordenado sacerdote en 1878, cinco años después acompañaba a monseñor Rampol como secretario de la nunciatura española. Permaneció en Madrid hasta 1884, en cuyo año regresó Roma con el cardenal, a quien León XIII había d signado para ocupar su secretaría de Estado.

Del Chiesa obtuvo entonces una plaza de «minutante» en la referida secretaría, que más tarde cambió por la de «substituto». Sus conocimientos diplomáticos le merecieron no sólo la distinción de Rampolla, sino la de su sucesor, el cardenal Merry del Val.

En 1907 Pío X nombró a Jaime Della Chiesa arzobispo de Bolonia. El nuevo pastor de almas se puso su obligación con el sacro ardor que presidía todos sus actos, de modo que muy pronto se hizo notar por su extraordinaria capacidad para la regencia del arzobispado.

Pocos meses después que le fuera concedida dignidad cardenalicia, en junio de 1914, murió Pío I en medio de las primeras convulsiones de la guerra general.

El conclave que se reunió para designar a su sucesor, eligió al cardenal Della Chiesa (3 de septiembre), probablemente debido a la impresión causada por una carta arzobispal dirigida a los fieles sobre actitud que la Santa Sede había de observar en el conflicto.

Desde el siglo XV no se había registrado otro caso en que mediara tan breve tiempo entre el cardenalato y el pontificado.

No resultaron defraudadas las esperanzas que los fieles del mundo entero depositaron en Benedicto XV pues aunque la Santa Sede jamás dispuso de ejército para imponer su voluntad, en cambio lanzó a la coi tienda sus tropas del bien, de la bondad y de la justicia en Cristo.

El pontífice practicó una política de extricta neutralidad; fomentó las obras de socorro a los prisioneros y a los heridos; condenó la violación de las reglas del derecho de gentes cometidas por los beligrantes, y propuso varias veces la paz, a base de une puntos inspirados en la más estricta realidad.

Su acttitud no obtuvo, de momento, los provechosos resultados que cabía esperar de ella. Pero cuando se hubiero aquietado las pasiones de la guerra, los pueblos con prendieron la elevación moral que representaba la política de Benedicto XV. Francia e Inglaterra, para no hablar de otras naciones, reanudaron sus relación con el Vaticano.

Benedicto XV murió el 22 de enero de 1922, de pues de haber impulsado, en cuanto pudo y le permitieron las circunstancias, las obras de carácter estrictamente religioso o eclesiástico (publicación del Códio de Derecho canónico, 1917, de Pío X, fomento de le seminarios, beatificaciones, etc.).

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Edouard Manet
Biografia del Papa Pio XI
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Biografia de Benedicto XV
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Biografia de Guillermo II de Alemania
Biografia de Eduardo VII de Inglaterra

Biografia de Bonifacio VIII Papa Obra de su Pontificado

Biografia de Bonifacio VIII

Durante el siglo XIII, los Papas triunfaron sobre el poder de los emperadores varias veces mas. Quitaron a la familia de su enemigo el emperador Federico II, primeramente el reino de Alemania, luego el de Sicilia (1266).

Hicieron que fuera elegido en Alemania un rey que les era devoto. Establecieron en el reino de Sicilia a un príncipe francés, Carlos de Anjou, hermano de San Luis.

A fines del siglo, el Papa Bonifacio VIII (1294-1303) pareció tan poderoso como Inocencio III. Una familia de señores de los alrededores de Roma, los Colonna, intentó resistirle. Los combatió a muerte, se apoderó de sus castillos, arrasó sus palacios y su ciudad, e hizo pasar el arado por su suelo.

Los excomulgó, confiscó sus bienes, obligó a los dos cardenales de esta familia a presentarse con un cordel al cuello y a entregarse a discreción.

Los demás Colonna huyeron lejos de Roma y vivieron errantes por las selvas.

VEAMOS SU BIOGRAFIA…

Con la descomposición de los valores medievales declinaba de hecho la autoridad temporal del Papado, como se había demostrado a fines del siglo XIII en la lucha librada por los Anjou y los Aragón en el Mediterráneo por Sicilia.

Pero las teorías elaboradas desde Gregorio VII y llevadas a una realización esplendorosa por Inocencio III conservaban aún toda su fuerza como programa de acción. No había muerto la idea de la teocracia. Bastaba que ascendiera al trono de San Pedro una persona de gran energía, para que de nuevo resurgiera de sus aparentes cenizas.

Papa Bonifacio VIII
Bonifacio VIII fue el 193º papa de la Iglesia católica, de 1294 a 1303.
Fecha de nacimiento: 1230, Anagni, Italia
Fallecimiento: 11 de octubre de 1303, Roma, Italia
Nombre completo: Benedetto Caetani
Sucesor: Benedicto XI

Esto fue lo que sucedió cuando fue elevado a la cátedra romana Benedicto Caetani, quien, con el nombre de Bonifacio VIII, encarna el último intento de restablecer la unidad medieval de Occidente bajo la dirección del Papado, en pugna con el naciente nacionalismo político, religioso y cultural.
Benedicto Caetani había nacido en Agnani hacia 1235.

Su padre, Rofredo, pertenecía a una de las familias más ilustres de Agnani, y su madre, Emilia, también de noble estirpe, estaba emparentada con el papa Alejandro IV. Benedicto recibió esmerada educación en Todi, Espoleto, y quizá en París, siempre con vistas a ocupar una posición en el seno de la Iglesia.

Su carrera se deslizó en la corte pontificia, prestando destacados servicios en varias misiones que se le confiaron.

El 23 de marzo de 1281 fue nombrado cardenal por Martín IV, y bajo este pontificado su nombre empezó a adquirir gran relieve por sus excepcionales dotes de energía, su habilidad diplomática y, en particular, por su ciencia canónica, en cuyos principios hallaba los fundamentos para establecer el papel preponderante del Pontificado en los asuntos temporales.

En la época agitadísima que transcurre desde 1281 a fines de siglo, trabajó con éxito a favor de la causa de los Anjou y en contra de los intereses aragoneses.

Parece ser que el cardenal Caetani no fue ajeno a la renuncia de San Celestino V, un bondadoso ermitaño que había sido elegido papa el 5 de julio de 1294 para poner término a los antagonismos que imperaban en la Curia después de un interregno de más de dos años.

En todo caso, cuando Celestino V renunció voluntariamente a su preeminencia eclesiástica el 13 de diciembre siguiente, Caetani fue elegido para sucederle por el conclave de Nápoles el día 23 del mismo mes, y consagrado el 25 de enero de 1295.

Durante nueve años, Bonifacio VIII desplegó una actividad trepidante. Una de sus líneas de actuación correspondió a la resolución del problema siciliano, iniciado con el terrible levantamiento de las Vísperas.

Aunque independiente de Carlos II de Anjou, mantúvose en un plano angevino, tal como correspondía a un papa que defendía los derechos temporales del pontificado en la Italia meridional.

Logró que Jaime II de Aragón renunciara a Sicilia (1296), a trueque de la investidura de Córcega y Cerdeña (1297); Pero no pudo acaban con la resistencia de los sicilianos, quienes habíanse dado un monarca en la persona de Federico (III) de Aragón, pese al apoyo que le prestaron mancomunadamente angevinos y aragoneses.

Pero donde Bonifacio VIII desplegó todo su genio, sin conseguir mayores éxitos, fue en la renovación de la ideología de la teocracia pontificia, en el mantenimiento de la plenitudo potestatis, o sea, la supremacía absoluta de la Iglesia, que se levantaría como un muro de contención en defensa del orden cristiano.

Ya en 1290, como simple legado papal, había expuesto públicamente en París su opinión respecto a la supremacía de los papas sobre todos los príncipes del mundo.

En 1296 intervino para imponer la paz entre los reyes de Francia e Inglaterra. Esta intromisión, conducida quiza con poco espíritu de humildad, enojó a Felipe IV de Francia y Eduardo I de Inglaterra.

Con este asuma mezclóse, al cabo de poco tiempo, el de las contribuciones que ambos monarcas habían arrancado del clero nacional respectivo en flagrante vulneración de las leyes canónicas.

Para restablecer los derechos de la Iglesia, Bonifacio VIII publicó la bula Clericis laicos (25 de febrero de 1296), en que defendía las inmunidades eclesiásticas.

Esta proclamación exasperó a los revé; afectados; Eduardo confiscó los bienes que le plugo Felipe el Bello prohibió la exportación de plata y oro de su reino, lo que mermaba los ingresos de la Santa Sede.

Después de un período crítico, acompañado de una viva propaganda de los principios pontificios o legalistas, se llegó a un acuerdo en agosto de 1297.

En la bula Etsi de statu (31 de julio) Bonifacio VIII reconocía el derecho del rey francés a percibir contribuciones ((consentidas». Esta retirada se debía a la vacilante situación del pontífice en Roma, amenazado por el alzamiento de los cardenales Pedro y Juan Colonna.

En 1300 Bonifacio VIII celebró un jubileo que atrajo a Roma a millares de peregrinos. Desde su solio el papa se considera el señor de reyes y príncipes. Interviene en las sucesiones de Flandes, Alemania y Hungría, mostrando su enojo por la omisión del poder del Papado.

Entonces se perfila claramente su postulado supremo, la teocracia pontifical por voluntad divina, que muy pronto expresará con motivo de un nuevo antagonismo con la corona francesa.

En el transcurso de 1301 revoca las concesiones otorgadas a Felipe IV, quien había hecho detener a Bernardo Saisset, obispo de Pamiers, y proclama su derecho a intervenir en la política francesa (Ausculta fili, 5 de diciembre de 1301).

Esta bula suscita una lluvia de libelos favorables a la autoridad real, que culminan en una resolución de los tres estamentos del reino francés, reunidos en París el 10 de abril de 1302, de defender la corona con su sangre y sus haberes.

Pero Bonifacio VIII ya no retrocede ni se desdice. Afirma su posición inquebrantable en la bula Unam Sanctam (18 de noviembre de 1302), el documento máximo de la teocracia, en que se superan los postulados de Gregorio VII, Gregorio IX e Inocencio IV, de las dos espadas, el Papado se reserva la espiritual, mientras que la temporal la empuñan los reyes según su voluntad; quien afirme la independencia de los dos principios, cae en la herejía de los maniqueos.

El conflicto entre Felipe IV y Bonifacio VIII lo resolvió con un golpe de audacia el jurista Guillermo de Nogaret.

Con el auxilio de los Colonnas y de los gibelinos italianos, Nogaret se apoderó por sorpresa de la persona del papa, tomando por asalto el palacio de Agnani (7 de septiembre de 1303).

El pueblo se sublevó contra los agresores y devolvió la libertad a Bonifacio VIII. Pero el golpe era demasiado rudo.

El papa, trasladado a Roma, no lo pudo sobrellevar. Murió pocos días después (el 11 de octubre), llevándose al sepulcro el último brillo del pontificado medieval.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Woodrow Wilson
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Biografia de Eduardo III de Inglaterra

Biografia de Julio II Papa -El Terrible-

Biografía de Julio II Papa «El Terrible»

Enérgico, activo, tenaz, infatigable, sinceramente piadoso, muy italiano, Julio II es una de las figuras más sorprendentes del Papado renacentista.

Sus enemigos-—y tuvo muchos a causa de lo tempestuoso de su política — le llamaron «el Terrible» y lanzaron sobre su cabeza numerosas acusaciones, las cuales, en la mayor parte, han resultado infundadas.

Cierto es que Julio II no respondía al tipo de hombre místico y que en realidad hubiera podido ser, en el campo civil, un condottiero afortunado o un creador de estados.

Papa Julio II
Julio II fue el papa Nº 216 de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le conoce como el Papa Guerrero por la intensa actividad política y militar de su pontificado.​
Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1443, Albisola Superiore, Italia
Fallecimiento: 21 de febrero de 1513, Roma, Italia
Nombre completo: Giuliano della Rovere
Entierro: Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Padres: Raffaele della Rovere, Theodora Manerola
Hijos: Felice della Rovere

Pero esta apreciación no es óbice para que la crítica desapasionada ponga de relieve sus méritos como restaurador del Estado Pontificio, gran mecenas de los artistas y defensor inquebrantable de los derechos papales.

Era de humilde familia. Juliano della Róvere nació el 5 de diciembre de 1443 en Albissola, un lugar cercano a Savona. Ingresó bastante joven en la orden franciscana y cursó en 1468 los estudios de derecho en Perugia.

El papa Sixto IV, que era tío suyo, le concedió la púrpura cardenalicia el 16 de diciembre de 1471. Protegido por tan alta dignidad, acumuló bastantes beneficios; en el desempeño de varias comisiones y legaciones en Italia y el extranjero se acreditó como diplomático hábil y gobernante enérgico.

Legado pontificio en Francia en 1476 y 1480, el cardenal della Róvere fué el alma del pontificado de Inocencio VIII, a quien había contribuido a elegir. En esta época díjose que era «más» que el propio papa.

Entonces inicia su política de salvar al Papado de su decadencia material. La entronización de Rodrigo Borja limitó su influencia. Adversario irreductible del nuevo papa, vivió retirado en su sede cardenalicia de Ostia, hasta que en 1494, siendo ya insostenible su posición, huyó a Francia.

En la corte de Carlos VIII- preconizó la expedición que quería emprender este soberano contra Napóles; una vez desencadenado el ataque, acompañó al monarca francés en las vicisitudes de la empresa.

Cuando ésta fracasó, se encerró en Aviñón, de cuya ciudad no salió hasta la muerte de Alejandro VI (1503). Después del breve pontificado de Pío III, fué elegido papa el 1.» de octubre de 1503, apoyado por los españoles.

Los diez años de su pontificado están llenos de sucesos notables. Siguiendo la política de los Borgias, unificó el Estado Pontificio; conquistó «las fortalezas de la Romana fieles al duque Valentino (1504), sometió Perugia (1506) y readquirió Bolonia (1506).

En todas estas acciones tomó parte destacada como político e incluso como guerrero. Al objeto de reconquistar Rímini y Faenza participó en la liga de Cambrai (1508), cuyo resultado, después de la victoria de Agnadelo, fue poner fin a la prepotencia veneciana y dar al Papado las dos ciudades mencionadas.

Sin embargo, Agnadelo podía reputarse como un éxito francés. Julio II se propuso evitar la consolidación de la hegemonía de Francia en el Norte de Italia para lograr un equilibrio duradero en la Península e incluso una posible liberación de Italia de todo influjo extranjero.

Este pensamiento le inspiró, primero, una política de benevolencia respecto a Venecia y, luego, la constitución de la Santa Liga (1511), cuando Luis XII incitó al duque de Ferrara a apoderarse de Bolonia (1510) y amenazó a Julio II con un cisma.

La rota de Rávena fue compensada por la reconquista del Milanesado. A su muerte, ocurrida en Roma el 21 de febrero de 1513, Italia parecía haberse librado del peligro francés.

Además de fomentar los intereses políticos de la Iglesia, Julio II cuidó de los espirituales. Protegió las órdenes religiosas y las misiones, combatió la herejía y convocó al concilio lateranense de 1513, en que reafirmó la anulación de las elecciones simoníacas.

Además, no debemos olvidar que bajo la protección de Julio II trabajaron artistas de tanto renombre como Rafael, el Bramante y Miguel Ángel.

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OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Francisco I Sforza
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Biografia de Filipino Lippi

Biografia Papa Clemente VII

Biografia Papa Clemente VII

Las ideas políticas de Clemente VII no fueron de corto alcance, aparte las vinculadas directamente a los intereses de su familia, la de los Médicis. Clemente VII quería llegar a un equilibrio internacional y, en particular, debilitar la hegemonía española en Italia.

Pero para lograr estos ambiciosos propósitos le faltó decisión y actividad. Dejóse arrastrar por los acontecimientos, y en cierta manera contribuyó a crear un confusionismo peligroso entre los intereses políticos y religiosos de la Iglesia.

Papa Clemente VII
Papa Clemente VII:
Cuando Julio de Médicis, fue coronado como Clemente VII , Francisco I de Francia y el emperador Carlos V estaban en guerra. El último había apoyado la candidatura de Clemente VII y se manifestaba amigo de los Médici, pero antes de un año el nuevo Papa firmó un tratado con Francia. En respuesta, los aliados italianos de Carlos V, tomaron Roma , exigiendo al Papa que pagase trescientos mil ducados para evitar el saqueo. Ante la negativa papal, el 6 de mayo se produjo el asalto. Clemente VII se refugió en el castillo de San Angelo, donde permaneció siete meses, pidiendo ayuda a la Liga de Cognac, pero sus aliados no respondieron a su llamamiento: el Papa necesitaba el apoyo de Carlos V para hacer frente a los luteranos en Alemania y reinstalar a los Médici en Florencia. Clemente VII se decidió por el emperador, firmó en Roma un tratado que le favorecía y coronó a Carlos V en Bolonia.

Este hecho se revela con claridad meridiana en su actitud respecto a la reforma protestante, considerandola como un movimiento de tipo político, lo que, junto con los recelos suscitados en Carlos V, no hizo viable la leal colaboración entre la Iglesia y el Imperio para acabar con la herejía en los años de su iniciación.

Julio de Médicis era hijo natural de Juliano, hermano de Lorenzo el Magnífico, y Antonia del Cittadino. Había nacido en Florencia el 26 de mayo de 1478, y desde su más tierna edad fue preparado para abrazar la carrera eclesiástica.

Caballero de Rodas, gran prior de Capua, recibió el capelo cardenalicio de su primo León X el 23 de septiembre de 1513, y durante el pontificado de éste —otro Médicis — ejerció un papel preponderante en la curia papal.

En 1521 presentó su candidatura al pontificado; pero la oposición de los Colonna y la intervención diplomática de Carlos V determinaron la elección de Adriano VI. No obstante, dos años más tarde lograba su propósito (18 de noviembre de 1523).

Ascendía al Pontificado en un momento de tensión entre España y Francia. La victoria de Pavía (1525) y el subsiguiente tratado de Madrid (1526) dieron a Carlos V la hegemonía absoluta en Italia.

Para evitarla, Clemente VII, junto con Venecia, prepararon la confederación o liga de Cognac, que se firmó el 22 de mayo de 1526.

Este acto hacía beligerante al Papado en aquella gran pugna, lo que le acarreó serios contratiempos. Primero, la sublevación de Pompeyo Colonna (1526) y, luego, en mayo de 1527, el asalto y saqueo de Roma por los lasquenetes alemanes; Clemente VII tuvo que refugiarse en el castillo de San Angelo, desde donde capituló ante el emperador. Las negociaciones entabladas en Barcelona (1529) dieron por resultado la aproximación entre Clemente VII y Carlos V, ratificada en la coronación imperial de Bolonia (24 de febrero de 1530).

Esta política valió al papa la erección del ducado de Florencia y su vinculación a los Médicis.

Pero jamás la practicó con lealtad, pues en 1533 el enlace de Catalina de Médicis con el heredero de Francisco I de Francia, Enrique II, hacía presumir una nueva y violenta ruptura.

Durante su pontificado apenas intervino en la cuestión luterana alemana. En cambio, la tenacidad de la Curia provocó el Cisma inglés al oponerse a las veleidades de Enrique VIII.

El 23 de marzo de 1534, poco antes de su muerte, ocurrida en Roma el 25 de septiembre siguiente, Clemente VII ratificaba la legitimidad del matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón.

Como se elige un nuevo papa? Muerte de Juan Pablo II

¿Como se elige un nuevo papa?

MUERTE DE JUAN PABLO II: Terminó la lenta agonía. El Vaticano anunció oficialmente que el anciano cuerpo de Juan Pablo II dijo basta a las 21.37 hora de Roma (16.37 hora argentina), en un día que quedará en la historia como el final de una era para la Iglesia Católica. La triste noticia trascendió primero extraoficialmente y luego fue confirmada por la Santa Sede.

Como se elige un nuevo papa? La muerte del Papa significa el final del doloroso calvario al que lo expuso su salud en los últimos años. El golpe final fue la infección urinaria que comenzó a sufrir ayer y que terminó por afectar el funcionamiento de todos sus órganos vitales. Juan Pablo II, de 84 años y enfermo de Parkinson, no pudo soportarlo.

Los principales problemas de su físico comenzaron con el atentado contra su vida del 13 de mayo de 1981. El ataque el turco de 23 años Alí Mehmet Agca le causó graves heridas y por las operaciones perdió 55 centímetros de intestinos.

Su recuperación fue milagrosa, pero no volvió a ser el mismo. Desde ese entonces, lo sometieron a otras intervenciones quirúrgicas por diferentes motivos: una infección, un tumor -que le significó otra extracción de intestinos-, una luxación de hombro, una rotura del cuello del fémur y una apendicitis.

En los últimos tiempos su deterioro físico se hizo más evidente. El mal de Parkinson que comenzó a afectarlo desde hace más de una década fue impidiéndole cada vez más caminar y hablar. Pero este año, sus problemas se aceleraron con las dificultades respiratorias. En una de las últimas recaídas, los médicos tuvieron que realizarle una traqueotomía e insertarle una cánula para permitirle un ingreso más fluido de aire en los pulmones. Y luego hubo que colocarle una sonda nasogástrica para alimentarlo.

En los próximos días se elegirá al sucesor de Juan Pablo II, que deberá ser votado por dos tercios de los cardenales que se reunirán en la Capilla Sixtina. Luego de ser electo, el nuevo Pontífice anunciará su nombre y vestirá los hábitos papales. Será el comienzo de una nueva era en el Vaticano.

Un reinado que duró más de 26 años

Karol Wojtyla, nacido el 18 de mayo de 1920 en la ciudad de Wadowice, al sur de Polonia, fue el primer Papa eslavo en la historia de la Iglesia y el primero no italiano en 455 años.

Su fe católica se manifestó ya siendo muy joven. A los 22 años ingresó en un seminario clandestino y cuatro años más tarde, ordenado sacerdote, partió hacia Roma para completar sus estudios. Su carrera fue en firme ascenso: a los 38 años fue promovido a arzobispo. Tres años después era cardenal. Y el 16 de octubre de 1978 lo eligieron Papa.

La línea de su papado fue básicamente conservadora. De todas maneras, luego de la caída del bloque socialista, Juan Pablo II también tuvo críticas hacia el “capitalismo salvaje” y la globalización.

Sus años de reinado estuvieron marcados por la enorme cantidad de viajes alrededor del mundo. Superó los cien, más de los que habían hecho todos sus predecesores juntos

Uno de los más importantes lo realizó en 1979 a su patria natal. Su presencia de diez días en la capital, Varsovia, sentó las bases que aceleraron la caída del gobierno comunista. Un año después se creó el sindicato Solidaridad, que resultó clave en la oposición al Gobierno.

Su visita a Cuba en 1998 fue otra de las consideradas históricas. “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, proclamó en el aeropuerto de La Habana. Su discurso apuntó a una modificación en las políticas del gobierno de Fidel Castro, pero también a la necesidad de que cambiara la política de EE.UU., de 40 años de bloqueo contra el régimen de la isla.

Hubo además en el reinado del Papa episodios, y de gran importancia, que involucraron a Argentina. El primero fue en 1979, cuando una mediación de su enviado, el cardenal Antonio Samoré, logró evitar la guerra con Chile por el Beagle.

En junio de 1982, durante el conflicto con Gran Bretaña por las Malvinas, fue su primera visita a Argentina. Su principal misión fue procurar la paz, a la que se llegó pocos días después de su partida de Buenos Aires, con la rendición de las tropas argentinas. El Papa volvería al país el 9 de abril de 1987, durante el Gobierno de Raúl Alfonsín.

La salud del Juan Pablo 11 se deteriora día a día.  El Papa viajero en su último viaje a Eslovaquia con una fuerza de voluntad que, sin embargo, no logró disimular sus múltiples dificultades físicas.  Tardó media hora en bajar del avión, saludó a sus fieles con una voz que apenas se oía y no pudo terminar su discurso.  Al deterioro natural de su edad (83) se suma el mal de Parkinson que padece desde hace tiempo y una creciente debilidad cardiaca agudizada por el intenso calor del último verano europeo. 

En su residencia veraniega de Castelgandolfo, en el sur de Roma, se lo vio fatigado y decaído.  Los allegados se niegan a admitir que el viaje que acaba de realizar pueda ser el ultimo y el propio Pontífice afirma que persistirá en su tarea hasta que le den las fuerzas.  Sin embargo, en el Vaticano se vive un clima de depresión y tristeza.

En octubre se cumplen 25 años de su pontificado, el cuarto más largo de la historia, sólo superado por los de León XIII, Pío IX, y San Pedro.  A partir de esa fecha, luego de las celebraciones del Jubileo por el aniversario, se concretarán los cambios en la cúpula de la Iglesia que el Papa polaco ha venido preparando.  Entre estos cambios se contarían el nombramiento de 50 nuevos cardenales y el pase a retiro de dos importantes protagonistas de su papado.

Su precario estado de salud, sin embargo, hace temer que no pueda llegar a realizar esas reformas.  Los nuevos purpurados, por ejemplo, se concretarían recién en el mes de febrero en el Consistorio convocado para el día 22.  Si Juan Pablo II no negara a esa fecha, la reforma en marcha quedaría trunca, ya que los cardenales no pueden tomar resoluciones que sólo le competen al Papa.  En consecuencia, si alguna reforma se haría , ésta sería responsabilidad exclusiva del nuevo pontífice.

Y, en este punto, se abre un nuevo escenario para el Vaticano: la inminencia de la elección de un Papa cuyo perfil responda a los características de los tiempos que corren, es decir, que sea capaz de posicionar acertadamente a la Iglesia Católica frente a un mundo en el que, neoliberalismo y globalización mediante, la injusticia social gana terreno día a día.

Los cambios.  Las reformas en la cúpula de la Iglesia podrían comenzar con la Curia Romana, es decir, por el gobierno central de la institución.  Dos son los cardenales que pasarían a retiro: Angelo Sodano y Joseph Ratzinger.

Sodano (75) es secretario de Estado y preferirla que su sucesor fuera Crescenzo Sepe, un personaje que no cuenta  la adhesión de los «vaticanistas».  El favorito del propio Juan Pablo II, en cambio, sería Giovanni Battista Re (69), quien durante 13 años fue sustituto de la Secretaría de Estado, cargo que actualmente ocupa un arzobispo argentino: Leonardo Sandid (60).

Ratzinger (76), de origen alemán, es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y un reconocido teólogo que desea dedicarse a tareas menos fatigantes que las que desempeña actualmente, como el estudio y la escritura.

Pero los cambios en las altas esferas eclesiásticas no terminarían aquí.  También sería removido monseñor Jean Louis Taurán de su cargo de «canciller» papas para ser promovido al purpurado.

Por su parte, varios arzobispos latinoamericanos, entre los que se cuentan los de México, Río de Janeiro, Montevideo, Asunción del Paraguay y Monterrey, serían promovidos al rango de «príncipes de la Iglesia».

MODALIDAD PROPIA.  Mientras crecen los rumores en tomo a los posibles sucesores de Juan Pablo II, se advierte claramente que quien resulte electo deberá aportar características de personalidad muy fuertes para emular las de su antecesor.

En efecto, Karol Wojtyla tuvo un perfil bien definido desde el principio.  Fue el primer Papa eslavo en 450 años de regencia italiana.  Fue, además, el más viajero de toda la historia papas.  Realizó 102 viajes fuera de Italia y recorrió 1.246.000 kilómetros y 133 países, muchos de los cuales recibían por primera vez la visita de la suprema autoridad de la Iglesia Católica.  En muchos de esos viajes residió en hoteles y no en nunciaturas apostólicas como se hace tradicionalmente.

También promovió la autocrítica de la Iglesia impulsando el reconocimiento de pecados históricos.  Durante su papado se admitió, por ejemplo, la arbitrariedad del juicio a Gahleo Galflei.  De esta forma, aunque tardíamente, la Iglesia se hacía cargo de manera retrospectiva de los frenos impuestos al pensamiento científico en nombre de la fe.

Las guerras de religión, las divisiones entre iglesias, los tribunales de la Inquisición, la persecución de judíos y musulmanes, la crueldad de la conquista americana fueron tópicos frecuentes en sus discursos.  Dijo en la basílica de San Pedro el 12 de marzo de 2002: «Pedimos perdón por las divisiones entre cristianos, por el uso de la violencia por algunos cristianos en el servicio de la verdad y por el comportamiento de desconfianza y hostili dad usado a veces hacia los seguidores de otras religiones».

POSTULANTES:
El perfil que debe tener un nuevo Papa se discute entre los cardenales que integran el Cónclave.  Para formar parte de él, es preciso que la edad sea inferior a los 80 años.  Tres de los cuatro cardenales argentinos ya han alcanzado esa edad, por lo cual sólo el jesuita Jorge Bergoglio podrá integrar dicho Cónclave y aspirar al papado.

El vaticanista del Senúnario norteamericano National Catholic Reporter, John AUen, autor del libro «Conclave» afirmó: «Un alto funcionario del Vaticano que asegura que él predijo la elección de Karol Wojtiyla, en 1978, hoy dice que está convencido de que Bergoglio será el próximo Papa.  El tiempo dirá.»

En su última columna editorial, Allen dijo, además, que el hecho de de que el nuevo papa fuera un latinoamericano sería «símbolo de la solidaridad de la Iglesia con el mundo en vías de desarrollo».  Según Allen, Bergoglio recibió un espaldarazo en el reciente encuentro en la ciudad de Rimini de «Comunione e liberazione», un importante movimiento católico italiano.  En cuanto al perfil de Bergoglio, considera que es el indicado por haber tenido una intensa intervención en la crisis social de la Argentina, lo que lo convertiría en un símbolo de los peligros que la globalización puede imponer en los países pobres.

El semanario italiano «L’Espresso,» por su parte, le dedicó un artículo titulado «Bergogllo en pole position».  El vocabulario tomado de la ‘fórmula uno’ da cuenta de que el purpurado se encuentra en un alto lugar del ranking.

El nombre que hasta el momento suena como el favorito para ocupar la máxima jerarquía eclesiástica, sin embargo, es el del arzobispo de Milán, Diorúgi Tettamanzi.  Aunque los integrantes de la Iglesia prefieren no adelantar nombres ni características antes de tiempo, el progresivo deterioro físico del Papa ha instalado el tema tanto en la Iglesia como en la opinión pública.

Quienquiera que resulte el elegido, resulta fácil deducir que el nuevo Pontífice deberá unir a sus méritos religiosos la energía y la capacidad de un buen estadista.  La arbitrarla distribución de la riqueza, las políticas de dominación de los países más poderosos, las guerras y el desarrollo armamentista permiten esperar que sea capaz de adoptar una posición clara y firme.

COMO SE ELIGE UN NUEVO PAPA

El derecho a elegir un nuevo Sumo Pontífice, que está regulado por una serie de normas canónicas muy precisas y estrictas, está a cargo únicamente de los cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana. El proceso de elección comienza después de la celebración de las exequias del Papa difunto, se gún los ritos prescritos, no antes del decimoquinto día de la muerte y no más allá del vigésimo. Los cardenales electores se reúnen en la Capilla Sextina del Palacio Apostólico, donde permanecerán encerrados y totalmente incomunicados hasta que hagan público el nombre del nuevo Pontífice.