Papa Julio II

Biografia Inocencio III Papa Obra de su Pontificado

Biografia Inocencio III
Papa de la Iglesia – Obra de su Pontificado

De nombre Lotario di Conti (1161-1216), conocido como Inocencio III, gran papa y gran político, en cuya persona culmina la influencia histórica del Pontificado medieval.

Lleno de fe y de fervor apostólico, Inocencio III supo aprovechar todas las ocasiones para llevar al terreno de la práctica las viejas ideas de la primacía de San Pedro, la omnipotencia del Papado y la superioridad del poder eclesiástico sobre el laico o emperadores de su época.

Inocencio III realizó su obra pontificia como medio de acción para equilibrar el mundo político medieval, combatir la herejía y agrupar todas las fuerzas de la Cristiandad para la cruzada contra el Islam.

Para esta ingente obra, Inocencio III estuvo excepcionalmente bien dotado. Unía a la fuerza del ideal y de la fe, un sentido práctico poco común, un sagaz conocimiento de los hombres y de las cosas, un oportunismo diestro, gran habilidad diplomática, supremo sentido de la justicia y constancia inquebrantable ante cualquier revés momentáneo.

Nació en un ambiente patricio, y esta finura, vigor y firmeza de su sangre contribuyeron al éxito de su política.

Hijo de Trasmondo, conde de Segni, y de Claricia Scotti, Lotario vio la luz en Anagni en 1160. Como la mayor parte de los nobles romanos destinados a la carrera eclesiástica, estudió teología en París y derecho en Bolonia.

De regreso a Roma hacia 1185, fue nombrado subdiácono en 1187 y cardenal por Clemente III en 1190. La fama adquirida por su virtud, austeridad, ciencia y firmeza política le valieron ser elegido papa por unanimidad el 8 de enero de 1198, a los 37 años de edad.

Llegaba, pues, al máximo cargo pontificio en la cumbre de su hombradía, y hallaba a su disposición los vastos recursos espirituales y materiales acumulados por sus antecesores.

Supo usarlos eficazmente, tanto más cuanto los Estados de Europa, y en particular el Reich, estaban atravesando un período de crisis.

Es sin duda el pontífice más importante de la Edad Media en el orden temporal, era sobrino de Clemente III; nació en Anagni (Italia) y pertenecía a la familia de los Conti, que daría nueve papas a la Iglesia. Recibió la mejor educación posible en la época, con estudios de teología en París y de jurisprudencia en Bolonia, que le convirtieron en uno de los hombres más preparados de su tiempo.

Esta es su historia y obra de su pontificado:

Por aquellos momentos, luego de la muerte de Gregorio VII, la lucha entre el Papa y el emperador continuó durante cerca de dos siglos, pero el Papa se hizo cada vez más fuerte.

biografia de inocencio III Papa de la Iglesia
Inocencio III (Anagni, (hc. 1161) – Perugia, 16 de julio de 1216) fue el papa n.º 176 de la Iglesia católica de 1198 a 1216. Noble de familia italiana, miembro de la familia Conti y Julio, su padre fue el conde Trasimundo de Segni. Por su procedencia estudió Teología en la Universidad de París y luego Derecho Canónico en Bolonia

Al organizar la Cruzada contra los musulmanes, el Papa se condujo como jefe de todos los caballeros cristianos.

Poco a poco los reyes se acostumbraron a obedecer a la Santa Sede. Cuando Federico Barbarroja fue vencido (1176) por los lombardos aliados del Papa , se tuvo la impresión de que el Pontífice era superior al emperador.

Entonces apareció el más poderosos de todos los Papas, Inocencio III (1198). Era un noble romano que había estudiado Teología y Derecho. Se le había elegido Papa a los treinta y siete años (fue el más joven de todos los Pontífices).

Decía «que el Papa en la tierra ocupa el lugar de Dios», que es «el Vicario, es decir, el sustituto de Dios». «El Señor, decía, ha dado a San Pedro, no solamente toda la Iglesia, sino el mundo entero para gobernar».

Decía asimismo: «El poder es dado a los príncipes en la tierra, a los Papas el poder les es dado también en el cielo. A los príncipes no se les da más que sobre los cuerpos, a los Papas sobre las almas.

Por eso, tanto como es superior el alma al cuerpo, tanto el Papa es superior a la realeza». Son suyas también estas palabras: «Dios, creador del mundo, ha puesto en el cielo dos grandes luminarias: una grande, el sol, preside el día; otra pequeña, la luna, brilla en la noche.

De igual modo, en el firmamento de la Iglesia universal ha instituido dos altas dignidades: la más grande, la autoridad pontificia; la más pequeña, el poder real; la más grande, para presidir las almas como el sol los días; la más pequeña, para dirigir los cuerpos como la luna las noches.

Y lo mismo que la luna recibe la luz del sol, así el poder real recibe su esplendor de la autoridad pontificia».

Inocencio III entró en lucha con los reyes más poderosos de su tiempo. Excomulgó al rey de Francia, Felipe Augusto, porque había repudiado a su esposa, una princesa de Dinamarca, Ingeburga.

El divorcio había sido declarado ilegal y nulo por el Papa anterior; pero Felipe, no teniéndolo en cuenta, se había casado con otra princesa. Inocencio III pronunció el entredicho contra el reino de Francia (1198-1200). Felipe repudió a su segunda mujer y volvió a unirse con Ingeburga.

Inocencio luchó contra el monarca inglés Juan Sin Tierra Empezó por poner su reino en entredicho (1208), luego le excomulgó, le declaró depuesto y le amenazó con dar su reino al rey de Francia.

Asustado Juan, se sometió, dio su reino al Papa, el cual se lo devolvió en feudo como a vasallo.

En Alemania, Inocencio reclamó la facultad de de-cidir’entre los dos príncipes que se disputaban el título de rey.

Mandó predicar la cuarta Cruzada. Los cruzados, reunidos pata ir a la liberación de Jerusalén, tomaron Constantinopla (1204) y sometieron a los griegos el poder del Papa.

Organizó la cruzada contra los herejes en el mediodía de Francia. Declaró a los príncipes de esta región desposeídos de sus dominios y los dio a los cruzados.

Inocencio III celebró en el palacio de Letrán un Concilio ecuménico (1215) que fue la Asamblea más grande de la Edad Media.

A él acudieron 412 obispos, 800 abades o priores de convento y varios patriarcas y obispos de Oriente.

Se adoptaron medidas contra los herejes. Todos los príncipes, en el momento de tomar posesión del poder, debían jurar el exterminio de los herejes que hubiera en sus dominios.

Inocencio III murió repentinamente en Perugia, el 16 de julio de 1216, cuando viajaba por Italia en busca de aliados para la Cuarta Cruzada.

concilio de letran
En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades. Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

En el IV Concilio de Letrán (1215) participaron dos patriarcas orientales, representantes de casi todas las monarquías europeas y más de mil doscientos obispos y abades.

Se condenaron las doctrinas heréticas de los albigenses y los cataros; se definió por primera vez el dogma teológico de la transubstanciación; se obligaba a los fieles a confesarse y comulgar al menos una vez al año, y se preparó una nueva cruzada a Tierra Santa.

No hubo país en Europa que se librara de las injerencias de Inocencio III: excomulgó a Alfonso IX de León por casarse con su sobrina Berengaria, de quien le obligó a separarse; anuló el matrimonio entre Alfonso de Portugal y doña Urraca, hija de Alfonso de Castilla; recibió el reino de Aragón en vasallaje cuando coronó a Pedro II como rey; protegió a los noruegos del tiránico rey Sverri y, a su muerte, actuó como arbitro entre los pretendientes al trono; otro tanto hizo entre los contendientes al trono de Suecia.Y ya en terreno más propio de su misión apostólica, preparó una cruzada contra los musulmanes en España, a los que vio derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa; restauró la disciplina eclesiástica en Polonia; trató de conseguir que la Iglesia oriental aceptase la autoridad de Roma; llamó a la Cuarta Cruzada, y excomulgó a los comerciantes venecianos cuando éstos desviaron a los cruzados para que tomasen Constantinopla en vez de dirigirse a Tierra Santa.

Dentro de su misión religiosa, convocó del IV Concilio de Letrán, el más importante del Medievo, y apoyó la fundación de dos grandes órdenes mendicantes —la de los dominicos y la de los franciscanos— como defensa contra los vicios que se estaban adueñando del pueblo, del clero y de la jerarquía eclesiástica.

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Biografia Papa Gregorio VII Obra de su Pontificado

Biografia Papa Gregorio VII-Reformas de la Iglesia Medieval

Desde los lejanos tiempos del papa Gregorio VI, el cardenal Hildebrando Aldobrandeschi, nacido en 1020 en Soano (Toscana italiana), parecía destinado al papado y, lo que es más importante, a ser un gran Papa.

Quien haya leído en estas mismas páginas la historia de quienes le precedieron en la silla de San Pedro habrá podido comprobar que fue la mano fuerte de la Iglesia en todo ese período, una mano fuerte empeñada en reformarla siguiendo las normas de Cluny.

Hildebrando era hijo de un campesino de la Toscana, tierra del dominio papal. Su tío, abad de un convento de Roma, le recogió siendo niño, le educó y le hizo fraile.

biografia de gregorio vii
Gregorio VII , de nombre secular Hildebrando Aldobrandeschi (Sovana, (ha. 1020) – Salerno, 25 de mayo de 1085), fue el papa nº 157 de la Iglesia católica entre 1073 y 1085.

Nació en Toscana, en el seno de una familia de modesta extracción social. Crece en el ámbito de la Iglesia romana al ser confiado a su tío, abad del monasterio de Santa María en el Aventino, donde hizo los votos monásticos.

Desde muy joven fue llevado a Roma por un tío suyo que era superior de uno de los conventos de la ciudad. Le costeó sus estudios y uno de sus profesores, el padre Juan Giovanni Graciano, afirmó que nunca había conocido una inteligencia tan aguda como la suya y cuando fue elevado al pontificado con el nombre de Gregorio VI designó a Hildebrando su secretario.

Tras la muerte de Gregorio VI, Hildebrando ingresó como monje en el monasterio de Cluny, en el que tuvo como maestros espirituales a dos santos: San Odilón y San Hugo, y donde pensaba permanecer el resto de su vida; pero al ser elegido papa San León IX, le llamó y le nombró ecónomo del Vaticano y tesorero del pontífice.

Hildebrando era bajo, enfermizo, de voz apagada, pero enérgico y activo. Se declaró partidario de la reforma y entró en el convento de Cluny.

En aquel momento el emperador había empezado a elegir los Papas. Nombró a su primo Bruno, a la sazón obispo de Toul. Bruno adoptó el nombre de León IX y salió con dirección a Roma,

En el camino pasó por Cluny, vió a Hildebrando y le llevó en su compañía (1049).

Establecido en Roma, Hildebrando vino a ser consejero de los Papas, y durante más de veinte años gobernó la Iglesia en cinco Papados consecutivos.

A la muerte de Alejandro II (1073), se resolvió esperar tres días para elegir nuevo Papa. Pero al día siguiente, en la ceremonia del entierro, la muchedumbre romana, hombres y mujeres, invadió la Iglesia gritando: » ¡Sea Papa Hildebrando! «.

Un cardenal pronunció un discurso. «No podemos encontrar mejor Papa, dijo, elijámosle». La muchedumbre llevó a Hildebrando a la iglesia donde estaba el trono del Papa. Se sentó en el trono, revistió los hábitos pontificales y tomó el nombre de Gregorio VII.

En cuanto fue elegido, escribió a todos los príncipes que le ayudasen a reformar la Iglesia en su país.

Declaró excomulgados a todos los sacerdotes simón íacos, es decir, que habían comprado su nombramiento o que tan sólo lo habían recibido de un seglar. Ahora bien, todos los obispos y los abades de Alemania y de Italia habían sido nombrados por el emperador.

Excomulgó también a todos los sacerdotes casados y declaró nulos todos los sacramentos administrados por ellos. Las gentes que habían recibido la absolución de un sacerdote casado, no estaban ya seguras de encontrarse absueltas de sus pecados y podían temer la condenación.

Gregorio VII tuvo muchos enemigos: el rey de Alemania Enrique IV y sus consejeros, casi todos los obispos y los abades de Alemania y de Lombardía, en Roma misma un poderoso señor, Cencio.

La tumba del emperador Adriano, junto al Tíber, se había convertido en fortaleza (el castillo Sant’Angelo), en la que Cencio había puesto una guardia. Había mandado levantar una torre que interceptaba el puente del Tíber y obligaba a pagar a todos los que por el puente pasaban.

El año 1075, la noche de Navidad, Gregorio fue a decir misa a una iglesia donde se había puesto un Nacimiento.

Llovía a torrentes y tenía poca gente a su alrededor. De pronto Cencio, con una tropa de caballeros armados, entró en la iglesia. Sus hombres se lanzaron sobre Gregorio, le arrastraron tomándole del pelo, le hicieron, le montaron en un caballo y le llevaron a una torre,

Al día siguiente, por la mañana, los romanos supieron que el Papa estaba prisionero; se tocó la trompeta, se cerraron las puertas, la milicia se armó, tomó la torre y libertó al Papa, Gregorio emprendió la lucha contra Enrique IV, rey de Alemania.

Quiso primeramente obligarle a despedir a sus consejeros excomulgados, y acabó por amenazar al mismo Enrique IV con la excomunión.

Irritado Enrique, reunió en Concilio a los obispos de Alemania que le obedecían , y los obispos declararon depuesto a Gregorio.

La sentencia fue llevada a Roma por unos mensajeros, ante un Concilio de obispos presididos por el Papa.

Estuvieron a punto de ser degollados. Entonces, ante la asamblea, el Papa excomulgó al rey, y añadió: «Le quito el gobierno de toda Alemania y de Italia, desligo a todos los cristianos del juramento que le han prestado y prohibo a todos que le obedezcan como rey».

Era cosa que ningún Papa había hecho hasta entonces.

Al excomulgar a un rey se le privaba solamente del derecho de entrar en la iglesia y de recibir los sacramentos; pero no del derecho de mandar a sus subditos. Al arrogarse la facultad de ordenar a los subditos que cesaran en la obediencia, el Papa venía a ser el superior de los reyes.

Muchos príncipes en Alemania estaban descontentos de Enrique, y le manifestaron que iban a elegir otro rey si no obtenía el perdón del Papa.

Enrique partió de pronto, en pleno invierno, con su mujer y su hijo pequeño; pasó por Besancon y bajó el Mont Cenis por caminos cubiertos de nieve. La reina fue llevada a rastras en pieles de buey.

En Italia muchos caballeros querían acompañarle; pero no había ido para pelear, y los despidió. Gregorio VII, al tener noticia de su llegada, se había retirado a un castillo de los Apeninos, Canosa, edificado en lo alto de una roca escarpada y rodeado de tres recintos.

Enrique se presentó a la puerta del castillo y el Papa se negó a permitirle la entrada. Enrique volvió entonces con hábito de penitente y los pies descalzos.

El Papa le hizo esperar a la intemperie todo aquel día y todo el siguiente, mientras los que rodeaban al Pontífice le suplicaban que perdonase. Por último, Gregorio cedió; se abrió la puerta, Enrique se puso de rodillas y, llorando, se confesó. Gregorio le dio la absolución, le levantó y le llevó a la iglesia (1077).

No duró mucho la paz. Los príncipes alemanes eligieron otro rey (1077), luego Enrique hizo elegir otro Papa (1080).

Hubo entonces dos reyes y dos Papas, y se peleó en toda Alemania e Italia. El Papa no tenía ejército que le defendiera. Enrique bajó con el suyo a Italia y entró en Roma sin combatir. Gregorio se refugió al otro lado del Tíber, en el castillo de Sant’Angelo, y fue sitiado (1084).

El rey de los normandos de Nápoles acudió en su auxilio, pero su ejército saqueó Roma y prendió fuego a la ciudad. Gregorio, que había sido llevado al reino de Nápoles, murió pronto (1085), diciendo: «He amado la justicia y odiado la iniquidad, por eso muero en el destierro».

Su pontificado fue uno de los más conflictivos y controvertidos de la historia de la Iglesia católica, ya que la puesta en práctica de sus ideas le valió tan leales admiradores como implacables enemigos; abrió las puertas para la reforma de la Iglesia, pero destruyó el poder del imperio y dio origen a la actitud contraria a Roma que, desde entonces, se vivió en Alemania y otras zonas del Sacro Imperio.

En su momento de mayor desolación le llegó la muerte. Las últimas palabras de San Gregorio VII se han hecho famosas: «He amado la justicia y odiado la iniquidad. Por eso muero en el destierro».

Parecía que sus enemigos habían quedado vencedores cuando él murió, pero sus ideas se fueron imponiendo lentamente y sus reformas, poco a poco, se impusieron en toda la Iglesia católica; ha sido considerado como uno de los papas más digno de admiración de la historia.

Ahora vemos a San Gregorio VII como el gran Papa de la Edad Media, uno de los pontífices más santos de la Iglesia, un Papa que supo liberar a la Iglesia de la esclavitud a que la sometían los gobernantes civiles y de sus propios gobernantes indignos, y aunque no todos ni en todos los tiempos, son muchos, por fortuna para la Iglesia, los papas que han acertado a seguir su ejemplo. Fue canonizado en 1606.

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Biografia de Benedicto XV Obra de su Papado

Biografía del Papa Benedicto XV

Cuando el mundo se ensangrentaba en los horrores de la primera conflagración bélica general, fue el Vaticano una de las pocas instituciones que se levantaron como faro de paz para los espíritus soliviantados por la tragedia de la guerra y la crisis de los primeros años después del armisticio de 1918.

Papa Benedicto XV
Benedicto XV, nacido como Giacomo della Chiesa fue el 258.º papa de la Iglesia católica, entre el 3 de septiembre de 1914 hasta su muerte. Su pontificado fue eclipsado en gran medida por la Primera Guerra Mundial y las consecuencias de esta, tanto políticas, sociales como humanitarias.
Fecha de nacimiento: 21 de noviembre de 1854, Pegli, Italia
Fallecimiento: 22 de enero de 1922, Palacio Apostólico, Ciudad del Vaticano

Gran parte del prestigio que entonces adquirió la Iglesia católica se debe a la alta figura moral de Benedicto XV, el papa que jamás perdió de vista los supremos intereses de la sociedad y se hizo digno sucesor de aquellos prodigios varones que cimentaron, en la confusión de las primeras persecuciones, la grandeza del Pontificado.

Jamás la Iglesia estuvo tan a la altura de su misión con en aquellos años cruciales, cuando se elevaba por e cima de las pasiones y proclamaba los principios eternos de una paz justa y cristiana.

Hijo de los marqueses Della Chiesa, Jaime Del Chiesa nació en Genova el 21 de noviembre de 185 Se educó en el seminario y en la universidad de ciudad natal, doctorándose en leyes en 1875.

Decidido a cumplir su vocación sacerdotal, estudió en el Colegio Capránica de Roma y en la Academia de los Nobles Eclesiásticos, donde se preparó para ingresar en la c plomada pontificia.

Ordenado sacerdote en 1878, cinco años después acompañaba a monseñor Rampol como secretario de la nunciatura española. Permaneció en Madrid hasta 1884, en cuyo año regresó Roma con el cardenal, a quien León XIII había d signado para ocupar su secretaría de Estado.

Del Chiesa obtuvo entonces una plaza de «minutante» en la referida secretaría, que más tarde cambió por la de «substituto». Sus conocimientos diplomáticos le merecieron no sólo la distinción de Rampolla, sino la de su sucesor, el cardenal Merry del Val.

En 1907 Pío X nombró a Jaime Della Chiesa arzobispo de Bolonia. El nuevo pastor de almas se puso su obligación con el sacro ardor que presidía todos sus actos, de modo que muy pronto se hizo notar por su extraordinaria capacidad para la regencia del arzobispado.

Pocos meses después que le fuera concedida dignidad cardenalicia, en junio de 1914, murió Pío I en medio de las primeras convulsiones de la guerra general.

El conclave que se reunió para designar a su sucesor, eligió al cardenal Della Chiesa (3 de septiembre), probablemente debido a la impresión causada por una carta arzobispal dirigida a los fieles sobre actitud que la Santa Sede había de observar en el conflicto.

Desde el siglo XV no se había registrado otro caso en que mediara tan breve tiempo entre el cardenalato y el pontificado.

No resultaron defraudadas las esperanzas que los fieles del mundo entero depositaron en Benedicto XV pues aunque la Santa Sede jamás dispuso de ejército para imponer su voluntad, en cambio lanzó a la coi tienda sus tropas del bien, de la bondad y de la justicia en Cristo.

El pontífice practicó una política de extricta neutralidad; fomentó las obras de socorro a los prisioneros y a los heridos; condenó la violación de las reglas del derecho de gentes cometidas por los beligrantes, y propuso varias veces la paz, a base de une puntos inspirados en la más estricta realidad.

Su acttitud no obtuvo, de momento, los provechosos resultados que cabía esperar de ella. Pero cuando se hubiero aquietado las pasiones de la guerra, los pueblos con prendieron la elevación moral que representaba la política de Benedicto XV. Francia e Inglaterra, para no hablar de otras naciones, reanudaron sus relación con el Vaticano.

Benedicto XV murió el 22 de enero de 1922, de pues de haber impulsado, en cuanto pudo y le permitieron las circunstancias, las obras de carácter estrictamente religioso o eclesiástico (publicación del Códio de Derecho canónico, 1917, de Pío X, fomento de le seminarios, beatificaciones, etc.).

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Biografia de Bonifacio VIII Papa Obra de su Pontificado

Biografia de Bonifacio VIII

Durante el siglo XIII, los Papas triunfaron sobre el poder de los emperadores varias veces mas. Quitaron a la familia de su enemigo el emperador Federico II, primeramente el reino de Alemania, luego el de Sicilia (1266).

Hicieron que fuera elegido en Alemania un rey que les era devoto. Establecieron en el reino de Sicilia a un príncipe francés, Carlos de Anjou, hermano de San Luis.

A fines del siglo, el Papa Bonifacio VIII (1294-1303) pareció tan poderoso como Inocencio III. Una familia de señores de los alrededores de Roma, los Colonna, intentó resistirle. Los combatió a muerte, se apoderó de sus castillos, arrasó sus palacios y su ciudad, e hizo pasar el arado por su suelo.

Los excomulgó, confiscó sus bienes, obligó a los dos cardenales de esta familia a presentarse con un cordel al cuello y a entregarse a discreción.

Los demás Colonna huyeron lejos de Roma y vivieron errantes por las selvas.

VEAMOS SU BIOGRAFIA…

Con la descomposición de los valores medievales declinaba de hecho la autoridad temporal del Papado, como se había demostrado a fines del siglo XIII en la lucha librada por los Anjou y los Aragón en el Mediterráneo por Sicilia.

Pero las teorías elaboradas desde Gregorio VII y llevadas a una realización esplendorosa por Inocencio III conservaban aún toda su fuerza como programa de acción. No había muerto la idea de la teocracia. Bastaba que ascendiera al trono de San Pedro una persona de gran energía, para que de nuevo resurgiera de sus aparentes cenizas.

Papa Bonifacio VIII
Bonifacio VIII fue el 193º papa de la Iglesia católica, de 1294 a 1303.
Fecha de nacimiento: 1230, Anagni, Italia
Fallecimiento: 11 de octubre de 1303, Roma, Italia
Nombre completo: Benedetto Caetani
Sucesor: Benedicto XI

Esto fue lo que sucedió cuando fue elevado a la cátedra romana Benedicto Caetani, quien, con el nombre de Bonifacio VIII, encarna el último intento de restablecer la unidad medieval de Occidente bajo la dirección del Papado, en pugna con el naciente nacionalismo político, religioso y cultural.
Benedicto Caetani había nacido en Agnani hacia 1235.

Su padre, Rofredo, pertenecía a una de las familias más ilustres de Agnani, y su madre, Emilia, también de noble estirpe, estaba emparentada con el papa Alejandro IV. Benedicto recibió esmerada educación en Todi, Espoleto, y quizá en París, siempre con vistas a ocupar una posición en el seno de la Iglesia.

Su carrera se deslizó en la corte pontificia, prestando destacados servicios en varias misiones que se le confiaron.

El 23 de marzo de 1281 fue nombrado cardenal por Martín IV, y bajo este pontificado su nombre empezó a adquirir gran relieve por sus excepcionales dotes de energía, su habilidad diplomática y, en particular, por su ciencia canónica, en cuyos principios hallaba los fundamentos para establecer el papel preponderante del Pontificado en los asuntos temporales.

En la época agitadísima que transcurre desde 1281 a fines de siglo, trabajó con éxito a favor de la causa de los Anjou y en contra de los intereses aragoneses.

Parece ser que el cardenal Caetani no fue ajeno a la renuncia de San Celestino V, un bondadoso ermitaño que había sido elegido papa el 5 de julio de 1294 para poner término a los antagonismos que imperaban en la Curia después de un interregno de más de dos años.

En todo caso, cuando Celestino V renunció voluntariamente a su preeminencia eclesiástica el 13 de diciembre siguiente, Caetani fue elegido para sucederle por el conclave de Nápoles el día 23 del mismo mes, y consagrado el 25 de enero de 1295.

Durante nueve años, Bonifacio VIII desplegó una actividad trepidante. Una de sus líneas de actuación correspondió a la resolución del problema siciliano, iniciado con el terrible levantamiento de las Vísperas.

Aunque independiente de Carlos II de Anjou, mantúvose en un plano angevino, tal como correspondía a un papa que defendía los derechos temporales del pontificado en la Italia meridional.

Logró que Jaime II de Aragón renunciara a Sicilia (1296), a trueque de la investidura de Córcega y Cerdeña (1297); Pero no pudo acaban con la resistencia de los sicilianos, quienes habíanse dado un monarca en la persona de Federico (III) de Aragón, pese al apoyo que le prestaron mancomunadamente angevinos y aragoneses.

Pero donde Bonifacio VIII desplegó todo su genio, sin conseguir mayores éxitos, fue en la renovación de la ideología de la teocracia pontificia, en el mantenimiento de la plenitudo potestatis, o sea, la supremacía absoluta de la Iglesia, que se levantaría como un muro de contención en defensa del orden cristiano.

Ya en 1290, como simple legado papal, había expuesto públicamente en París su opinión respecto a la supremacía de los papas sobre todos los príncipes del mundo.

En 1296 intervino para imponer la paz entre los reyes de Francia e Inglaterra. Esta intromisión, conducida quiza con poco espíritu de humildad, enojó a Felipe IV de Francia y Eduardo I de Inglaterra.

Con este asuma mezclóse, al cabo de poco tiempo, el de las contribuciones que ambos monarcas habían arrancado del clero nacional respectivo en flagrante vulneración de las leyes canónicas.

Para restablecer los derechos de la Iglesia, Bonifacio VIII publicó la bula Clericis laicos (25 de febrero de 1296), en que defendía las inmunidades eclesiásticas.

Esta proclamación exasperó a los revé; afectados; Eduardo confiscó los bienes que le plugo Felipe el Bello prohibió la exportación de plata y oro de su reino, lo que mermaba los ingresos de la Santa Sede.

Después de un período crítico, acompañado de una viva propaganda de los principios pontificios o legalistas, se llegó a un acuerdo en agosto de 1297.

En la bula Etsi de statu (31 de julio) Bonifacio VIII reconocía el derecho del rey francés a percibir contribuciones ((consentidas». Esta retirada se debía a la vacilante situación del pontífice en Roma, amenazado por el alzamiento de los cardenales Pedro y Juan Colonna.

En 1300 Bonifacio VIII celebró un jubileo que atrajo a Roma a millares de peregrinos. Desde su solio el papa se considera el señor de reyes y príncipes. Interviene en las sucesiones de Flandes, Alemania y Hungría, mostrando su enojo por la omisión del poder del Papado.

Entonces se perfila claramente su postulado supremo, la teocracia pontifical por voluntad divina, que muy pronto expresará con motivo de un nuevo antagonismo con la corona francesa.

En el transcurso de 1301 revoca las concesiones otorgadas a Felipe IV, quien había hecho detener a Bernardo Saisset, obispo de Pamiers, y proclama su derecho a intervenir en la política francesa (Ausculta fili, 5 de diciembre de 1301).

Esta bula suscita una lluvia de libelos favorables a la autoridad real, que culminan en una resolución de los tres estamentos del reino francés, reunidos en París el 10 de abril de 1302, de defender la corona con su sangre y sus haberes.

Pero Bonifacio VIII ya no retrocede ni se desdice. Afirma su posición inquebrantable en la bula Unam Sanctam (18 de noviembre de 1302), el documento máximo de la teocracia, en que se superan los postulados de Gregorio VII, Gregorio IX e Inocencio IV, de las dos espadas, el Papado se reserva la espiritual, mientras que la temporal la empuñan los reyes según su voluntad; quien afirme la independencia de los dos principios, cae en la herejía de los maniqueos.

El conflicto entre Felipe IV y Bonifacio VIII lo resolvió con un golpe de audacia el jurista Guillermo de Nogaret.

Con el auxilio de los Colonnas y de los gibelinos italianos, Nogaret se apoderó por sorpresa de la persona del papa, tomando por asalto el palacio de Agnani (7 de septiembre de 1303).

El pueblo se sublevó contra los agresores y devolvió la libertad a Bonifacio VIII. Pero el golpe era demasiado rudo.

El papa, trasladado a Roma, no lo pudo sobrellevar. Murió pocos días después (el 11 de octubre), llevándose al sepulcro el último brillo del pontificado medieval.

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Biografia de Julio II Papa -El Terrible-

Biografía de Julio II Papa «El Terrible»

Enérgico, activo, tenaz, infatigable, sinceramente piadoso, muy italiano, Julio II es una de las figuras más sorprendentes del Papado renacentista.

Sus enemigos-—y tuvo muchos a causa de lo tempestuoso de su política — le llamaron «el Terrible» y lanzaron sobre su cabeza numerosas acusaciones, las cuales, en la mayor parte, han resultado infundadas.

Cierto es que Julio II no respondía al tipo de hombre místico y que en realidad hubiera podido ser, en el campo civil, un condottiero afortunado o un creador de estados.

Papa Julio II
Julio II fue el papa Nº 216 de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le conoce como el Papa Guerrero por la intensa actividad política y militar de su pontificado.​
Fecha de nacimiento: 5 de diciembre de 1443, Albisola Superiore, Italia
Fallecimiento: 21 de febrero de 1513, Roma, Italia
Nombre completo: Giuliano della Rovere
Entierro: Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano
Padres: Raffaele della Rovere, Theodora Manerola
Hijos: Felice della Rovere

Pero esta apreciación no es óbice para que la crítica desapasionada ponga de relieve sus méritos como restaurador del Estado Pontificio, gran mecenas de los artistas y defensor inquebrantable de los derechos papales.

Era de humilde familia. Juliano della Róvere nació el 5 de diciembre de 1443 en Albissola, un lugar cercano a Savona. Ingresó bastante joven en la orden franciscana y cursó en 1468 los estudios de derecho en Perugia.

El papa Sixto IV, que era tío suyo, le concedió la púrpura cardenalicia el 16 de diciembre de 1471. Protegido por tan alta dignidad, acumuló bastantes beneficios; en el desempeño de varias comisiones y legaciones en Italia y el extranjero se acreditó como diplomático hábil y gobernante enérgico.

Legado pontificio en Francia en 1476 y 1480, el cardenal della Róvere fué el alma del pontificado de Inocencio VIII, a quien había contribuido a elegir. En esta época díjose que era «más» que el propio papa.

Entonces inicia su política de salvar al Papado de su decadencia material. La entronización de Rodrigo Borja limitó su influencia. Adversario irreductible del nuevo papa, vivió retirado en su sede cardenalicia de Ostia, hasta que en 1494, siendo ya insostenible su posición, huyó a Francia.

En la corte de Carlos VIII- preconizó la expedición que quería emprender este soberano contra Napóles; una vez desencadenado el ataque, acompañó al monarca francés en las vicisitudes de la empresa.

Cuando ésta fracasó, se encerró en Aviñón, de cuya ciudad no salió hasta la muerte de Alejandro VI (1503). Después del breve pontificado de Pío III, fué elegido papa el 1.» de octubre de 1503, apoyado por los españoles.

Los diez años de su pontificado están llenos de sucesos notables. Siguiendo la política de los Borgias, unificó el Estado Pontificio; conquistó «las fortalezas de la Romana fieles al duque Valentino (1504), sometió Perugia (1506) y readquirió Bolonia (1506).

En todas estas acciones tomó parte destacada como político e incluso como guerrero. Al objeto de reconquistar Rímini y Faenza participó en la liga de Cambrai (1508), cuyo resultado, después de la victoria de Agnadelo, fue poner fin a la prepotencia veneciana y dar al Papado las dos ciudades mencionadas.

Sin embargo, Agnadelo podía reputarse como un éxito francés. Julio II se propuso evitar la consolidación de la hegemonía de Francia en el Norte de Italia para lograr un equilibrio duradero en la Península e incluso una posible liberación de Italia de todo influjo extranjero.

Este pensamiento le inspiró, primero, una política de benevolencia respecto a Venecia y, luego, la constitución de la Santa Liga (1511), cuando Luis XII incitó al duque de Ferrara a apoderarse de Bolonia (1510) y amenazó a Julio II con un cisma.

La rota de Rávena fue compensada por la reconquista del Milanesado. A su muerte, ocurrida en Roma el 21 de febrero de 1513, Italia parecía haberse librado del peligro francés.

Además de fomentar los intereses políticos de la Iglesia, Julio II cuidó de los espirituales. Protegió las órdenes religiosas y las misiones, combatió la herejía y convocó al concilio lateranense de 1513, en que reafirmó la anulación de las elecciones simoníacas.

Además, no debemos olvidar que bajo la protección de Julio II trabajaron artistas de tanto renombre como Rafael, el Bramante y Miguel Ángel.

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