Partido Autonomista

Poema Sobre La Tragedia Submarino ARA San Juan 44 Desaparecidos

POESÍA:  SUBMARINO  ARA  «SAN JUAN»
Para Los 44 Héroes Desaparecidos

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Mares de la Argentina préstanos tus sirenas
envueltas el aladas túnicas de color
para que sutilmente conduzcan al camino
donde «cuarenta y cuatro»  esperan con fervor. 

Que se calmen los vientos y se aplaquen las olas
y  que el Sol de noviembre alumbre con ardor,
hay que encontrar la ruta de nuestro submarino
y  aliviar tanta pena que produce dolor. 

El mundo nos ayuda a buscar este hijo
de hierro y baterías que se arrastra en el mar
cobijando las vidas de los submarinistas
que eligieron la dura tarea de zarpar. 

Zarpar  para cuidar los huecos de la Patria
en  las profundidades epi continental
con la esperanza plena de regresar a casa
corazón en el pecho viril, vocacional. 

Los países del mundo que apuntalan la hazaña
 inusitada  extraña  insólita  inusual…
acordaron rescate con un gran compromiso
que a la niñez, la escuela, seguro enseñará. 

 De todas las riquezas ¿ la vida ?  una fortuna.
Recemos por las vidas una oración de Paz
 y  pidamos milagro al Dios de cada uno.
¡ ARA  SAN JUAN, bendito, te queremos acá ! 

 Martha Dora Arias. DNI 2889515
Psicóloga social.
Técnico en Planeamiento educativo.

 

 

 

 

 

 

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

Esta obra cumbre de Esteban Echeverría ha sido desde su origen expuesta al estudio e interpretación de pensadores y filósofos, que ven la calidad de su contenido, propia de un genio que logró ver la realidad de un mundo que se ocultaba a la vista de quienes, ajenos a las circunstancias que vivían, alimentaron con su ignorancia, las fortalezas de un sistema que los devoraba.

Echeverría siempre se refirió al dogma social argentino, distinto al europeo, trata del dogma nacional argentino, que nació con la revolución de mayo de 1810, donde los ideles de libertad y emancipación habían fracasado por los intereses de otras generaciones posteriores que con sus procederes políticos perjudicaron la construcción de una nación sólida y consolidada para la organizacion y  progreso  nacional.

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Esteban Echeverría nació en Buenos Aires en 1805. Su padre era vasco y su madre criolla. Falleció en Montevideo en 1851. Vivió muchos años en Europa. Frecuentó los ambientes estudiantiles e intelectuales. Se interesó por los problemas ideológicos y políticos que se agitaban en Europa, sobre todo en Francia.

Es el principal representante del movimiento romántico en nuestro país. Es autor de La Cautiva y de otras composiciones literarias.

Los problemas filosóficos, literarios, políticos, sociales, económicos, educacionales fueron tratados por él. En ellos siempre se nota la influencia ejercida por el romanticismo y el liberalismo doctrinario francés.

Fue miembro del Salón Literario y el principal promotor de La Joven Generación Argentina.

Es el autor del Dogma Socialista, obra que tuvo gran influjo en muchos grupos argentinos.

— En la reunión inaugural de La Joven Generación Argentina Echeverría leyó como programa de la sociedad las llamadas «Palabras Simbólicas».

El Dogma Socialista es el comentario a dichas palabras.

Las palabras simbólicas eran estas.
1. Asociación,
2. Progreso,
3. Fraternidad,
4. Igualdad,
5. Libertad,
6. Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa; el cristianismo su ley.
7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
8. Adopción de todas las glorias legítimas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
….
12. Organización de la Patria sobre bases democráticas.
….
….
15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes fracciones que se han disputado el poderío durante la Revolución. — Echeverría escribió un comentario a estas palabras-programa.

Lo intituló «Declaración de Principios que constituyen la creencia social de la República Argentina». Alberdi llevó el manuscrito a Montevideo y lo publicó con el nombre de Dogma Socialista.

El Dogma Socialista contiene muy pocas ideas originales. Se nutre de ideas europeas. Saint-Simon, Lamennais, Guizot, Tocqueville y Mazzini son los autores que han tenido mayor influencia en la obra.

El valor filosófico y político de la obra ha sido discutido. Pero está fuera de duda:

1. que a pesar de la influencia europea existe permanentemente una reflexión sobre la situación y realidad argentina;
2. que muchas de las nuevas ideas filosófico-políticas que motivaban los movimientos europeos se conocieron entre nosotros gracias a ella;
3. que hay una búsqueda del espíritu de Mayo y un llamado a la superación de las pasiones partidarias que dividían a los argentinos.

La generación de los proscriptos. Sentido y fuerza moral de la emigración:

Muchos fueron los argentinos que durante la tiranía rosista debieron emigrar al exterior para ponerse a salvo de los atropellos y de la persecución.

Entre otros Alberdi, Mitre, Echeverría, Posadas, Cañé buscaron refugio en Montevideo; Sarmiento, Lamadrid, Félix Frías, Vicente F. López en Chile. También a Paraguay y Bolivia llegaron proscriptos argentinos.

Como en todo grupo hubo en los proscriptos diversas actitudes. Hubo incluso quienes renegaron de su condición de argentinos y en su odio al tirano llegaron a unirse a los enemigos de la patria.

Pero la enorme mayoría buscaron con entusiasmo y abnegación recuperar la libertad de su patria y ejercieron honradas y provechosas actividades en los países hermanos que les brindaron asilo.

Muchos de los proscriptos se dedicaron al periodismo y se valieron de él para difundir sus ideas y para atacar a la tiranía.

Leer el Dogma Socialista

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Historia del Liberalismo Político en los Gobiernos de Argentina

Historia de Liberalismo en la Política Argentina

Historia de su influencia en Latinoamérica: Al influjo de las teorías del liberalismo político, florecieron en Europa las posiciones antiabsolutistas. La prédica de Voltaire y de Montesquieu, la obra de la Ilustración y de los Enciclopedistas, fue profundizando, las convicciones que recomendaban mayor libertad y mayor participación de las clases hasta entonces pospuestas.

La reivindicación de las prerrogativas naturales, el freno al absolutismo, la teoría que justificaba el derecho de rebelión de los pueblos ante los malos gobiernos, se transmitieron por medio de las lecturas y las noticias desde el Viejo Continente hasta estas tierras americanas cuyas clases cultas —que además de ideales poseían la certeza de estar postergadas económicamente— se constituyeron en abanderadas de dichas doctrinas. Necesidad de educación, libertad de expresión, representatividad, independencia, eran los conceptos en boga.

La revuelta de los estados de Norteamérica contra la opresión de una Inglaterra nada liberal con sus colonias y la Revolución Francesa, fueron las fuentes de las que emanaban los ejemplos a seguir por las colonias españolas en cuya metrópoli los liberales desarrollaban también una dura lucha contra el absolutismo.

Cuando la independencia fue obtenida, las ideas del liberalismo se plasmaron en las constituciones de las jóvenes naciones que surgieron. Sin embargo, las nuevas clases dirigentes, de alto vuelo intelectural pero de mirada fija en lo europeo, intentaron muchas veces un mero transplante de los principios liberales a sociedades netamente diferentes a aquellas elegidas como modelo y ello significó la oposición de los sectores más tradicionales y el estallido de continuas guerras civiles que se extendieron hasta pasada la primera mitad del siglo pasado.

Por entonces se afianzaron las tesis liberales y los gobiernos que las propiciaban, culturalmente progresistas, pero políticamente autoritarios y a veces paternalistas, ligados casi siempre con los intereses económicos externos.

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El filósofo inglés John Locke fue el padre de la teoría liberal de los siglos XVII y XVIII. Decía que el progreso social se identifica con la protección de la propiedad privada.

El liberalismo moderno: En las últimas décadas el liberalismo, sobreviviente a las embestidas del nacionalismo y el populismo de la segunda posguerra, tuvo que reacomodarse a los sentimientos democráticos, nacionalistas y socialistas, que cada vez con mayor fuerza se fueron proyectando en el seno de las diferentes sociedades.

La dinámica del crecimiento económico —y particularmente la intensa concentración y monopolización— obligaron a revisar sus planteos. Sus premisas individualistas fueron cada vez menos capaces de solucionar los profundos problemas que planteaban las nuevas realidades.

Las grandes desigualdades pusieron en evidencia un hecho incontrastable: la libertad de unos, y su prosperidad, implicaba la opresión de los otros. A partir de esa toma de conciencia, se gestó una. división, sobre todo evidenciada en el plano económico, pero con amplias implicaciones políticas. Mientras muchos teóricos propendieron hacia una verdadera intervención estatal, de fines regulares, otros se aferraron a la no intervención y la libertad económica, típicas banderas del antiguo liberalismo.

Los primeros, se inclinaron por la participación, en reemplazo del anteriormente preconizado aislamiento individual, a la que ven como un verdadero producto social, surgido de los incentivos, la educación, las oportunidades y que se relaciona, íntimamente, con la democracia representativa y con lo popular. Ese liberalismo así transformado, llega a proponer soluciones colectivistas, apelando al Estado como respaldo a los sectores sociales económicamente más débiles.

Ante esos evidentes cambios doctrinarios operados, surge una pregunta: ¿sigue siendo liberal una teoría de esas características? Sus defensores opinan que sí, porque —dicen— en primer lugar, persigue el mismo fin; lograr un individuo autónomo; en segundo lugar, porque los cambios conceptuales operados, al reducir las arbitrariedades, enriquecieron las libertades individuales; finalmente, porque de esa manera el concepto de ley y de derechos constitucionales —tan caro al primitivo liberalismo— se ve afirmado por el pluralismo, la descentralización y la amplia gama de relaciones entre el Estado y la sociedad.

Para muchos otros, después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo ha perdido todo contenido progresista, se ha reducido a una defensa de la libertad de los que poseen. Los que no —se afirma— se orientan hacia otras corrientes: las diversas variantes del socialismo, el social cristianismo y otras.

Liberalismo y la Política Argentina: Las tesis sustentadas por el liberalismo europeo tuvieron mucho que _ ver con los esfuerzos revolucionarios que culminaron en la Independencia de las Provincias Unidas. Una vez obtenida ésta, a su influjo se trató también de organizar la recién nacida Nación.

La labor rivadaviana: Una de las manifestaciones más salientes del liberalismo rioplatense fue Bernardino Rivadavia. Este intenta transmitir al país  rivadavialas pautas administrativas y culturales de una Europa demasiado lejana y demasiado diferente como para ser entendida y aceptada por los sectores tradicionales. El lenguaje usado, las formas políticas recomendadas, las modas de esos doctores que usan levita en lugar de poncho, el apego por teorías y recetas impregnadas de filosofía liberal, no podían encontrar eco favorable.

Las reformas que como ministro y como presidente impulsa Rivadavia tendían a afianzar el gobierno central, a entronizar un incipiente laicismo, a remodelar los criterios administrativos: se trataba de los postulados progresistas del liberalismo.

La creación de la «Sociedad Literaria», por su parte, hablaba de las preocupaciones culturales, pero no tenía demasiado que ver con la realidad del país.

Por eso, la Reforma Eclesiástica originó el llamado «Motín de los Apostólicos», las provincias rechazaron el proyecto de constitución unitaria, los terratenientes condenaron la deuda contraída con la banca británica; el «padre de las luces», en definitiva, fue visto, más bien, como el benefactor de la clase mercantil del puerto.

Rosas y el liberalismo: «Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso… En tal caso, la ley es: que una revolución es un juego de azar en el que sé gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella…». El texto pertenece a una carta, «de esas que se rompen una vez leídas», firmada por Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril —unitarios— que la envían a Lavalle.

juan manuel  rosas

Empujado por esas apreciaciones, éste decretará el fusilamiento de Dorrego, cabeza del partido federal. Montoneros — Artigas, Ramírez, López, Quiroga y después «El Chacho» y Felipe Várela— y liberales, eran agua y aceite. Rosas sintetizó los orígenes de ese divorcio, en palabras que le dirigió al oriental Santiago Vázquez: «Yo, Sr. Vázquez… conozco y respeto los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país y especialmente del Sr. Rivadavia… pero a mi parecer todos cometían un grande error: los gobiernos se conducían muy bien para la gente ilustrada, pero despreciaban los hombres de las clases bajas, los de la campaña…».

Rosas, idolatrado por artesanos, orilleros o negros, pero también apoyado por amplios sectores del clero, de los comerciantes y por la oligarquía terrateniente, si bien mantuvo la política económica librecambista, descartó las instituciones políticas liberales. Sus opositores liberales —Esteban Echeverría, Marcos Sastre, Juan M. Gutiérrez, Juan B. Alberdi, Miguel Cané— lo enfrentaron desde el Salón Literario, la Sociedad de Mayo y, ya en el exilio, desde la Comisión Argentina, que proclamaba los principios de Mayo, el progreso y la democracia desde una sitiada Montevideo, bautizada como la «Nueva Troya» por el romántico Alejandro Dumas y defendida por la Legión Italiana del liberal Giuseppe Garibaldi.

Esos intentos de quebrar el rosismo, que se sumaron a diversos levantamientos internos, no prosperaron sin embargo. Recién Caseros puso punto final a ese ciclo y significó el punto de partida para el afianzamiento del liberalismo en la Argentina.

La Constitución del 53: El Congreso Constituyente de Santa Fe sancionó una constitución netamente liberal, para confeccionar la cual se combinaron los ejemplos del liberalismo estadounidense, el «Dogma Socialista de la Revolución de Mayo» (Esteban Echeverría)  y las «Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina» (Juan B. Alberdi).

Después, empezaron a tomar forma definitiva los futuros partidos políticos. En Buenos Aires, se constituye el Partido Liberal, acaudillado por Mitre, que pronto se divide en dos sectores: el nacionalista «chupandino», que quiere la reunificación de la independizada Buenos Aires y la Confederación Argentina que lidera Urquiza, y el autonomista o «pandillero» porteñista a ultranza. La filosofía liberal, no obstante, era el común denominador de ambas vertientes.

Después de la batalla de Pavón, Mitre será el dueño de la situación: bajo la hegemonía bonaerense, el país comienza a reunificarse. El nacionalismo revisionista le endilga muchas culpas a esa administración liberal: representad la política avasalladora de la oligarquía portuaria, encarnar una especie de despotismo ilustrado, someter ias autonomías provinciales, negociar con el capitalismo colonizador y propiciar el predominio de una filosofía laica y materialista.

El liberalismo, por su parte, responde que bajo ese gobierno se dieron los primeros pasos que permitirían luego la concreción y la realización de un verdadero Estado nacional.

Con Sarmiento, el progresismo liberal viste hermosas galas: impulso de la instrucción pública en todos los niveles, apoyo al desarrollo de las ciencias, trazado de líneas férreas, afianzamiento del telégrafo y de la inmigración.

Nicolás Avellaneda, hombre del Partido Autonomista Nacional (PAN), que encarnaba con renovado vigor los antiguos ímpetus del liberalismo, continúa con esa línea de unificación nacional y federaliza a Buenos Aires, renuente a compartir con el resto del país las pingües rentas de su puerto. Persistirá la entrada de mano de obra barata a través de la inmigración —y la salida de lanas y cereales, tipo de exportación que correspondía a una Nación a la cual la división internacional del trabajo le había asignado el papel de «granero del mundo»

Roca y la Generación del 80: Con el acceso al gobierno de Julio A. Roca, la llamada Generación del 80 logra su máximo esplendor. La presidencia absorbe y centraliza todos los poderes y la domesticada Liga de Gobernadores es su complemento. (Más tarde, las fuerzas provinciales que dicha Liga manejaba serán la base de los distintos nucleamientos conservadores y liberales locales que persisten aún en nuestros días).

La lucha comicial no depende ya de los partidos políticos sino de la voluntad del Poder Ejecutivo. Los postulados más caros al positivismo y al liberalismo se intronizan en el poder,.a través de una política esencialmente pragmática. El lema «Paz y Administración», fórmula esgrimida por el general, se parece mucho al «Orden y Progreso» que predicaba Comte.

El comercio exterior, siguiendo siempre los dictados del colonialismo británico, se intensifica y lo mismo ocurre con el trazado de las vías ferroviarias la remodelación de la Capital y la llegada de nuevas oleadas de inmigrantes. Se impone, en toda la línea, el sistema de ideas liberales, que coinciden con el auge del liberalismo económico mundial y con la mayoría de edad de un capitalismo .imperialista que se dispone a depredar el universo.

Los aspectos de laicidad adquieren especial relieve bajo la administración Roca, y su ministro Wilde propicia la implantación de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria (Ley 1420, de julio de 1884), la expulsión del nuncio apostólico (acusado de intervenir en los asuntos internos del país) y la interrupción de las relaciones diplomáticas con el Vaticano, así como también la estatización de los cementerios y la Ley de Matrimonio Civil. Félix Frías, José M. Estrada, Santiago Estrada, Pedro Goyena, Miguel Navarro Viola, Tristán Achával Rodríguez y Emilio Lamarca constituirán el cerrado grupo antiliberal y confesional que; a través más que nada del periódico «La Unión», se opondrán a esas reformas.

Juárez Celman y la decadencia: La crisis financiera, económica y moral marcó el gobierno de Miguel Juárez Celman, sucesor de Roca, al que él mismo ungió como tal. El juego de la Bolsa, la íntima relación del oficialismo con el capitalismo colonialista británico, las prebendas descaradas, las concesiones ferrocarrileras enajenadas en el exterior pero garantidas por el Estado, eran el corazón de un régimen, que preanunciaba la crisis del liberalismo.

El despilfarro oficial, el aumento incesante de la deuda pública y la agitación social —impulsada por recién nacidos sindicatos que los inmigrantes habían transplantado— completaban el panorama. El refinamiento cultural de ciertas élites y el lujo de las clases acomodadas no bastaron para detener la caída del presidente, desalojado del poder por la, de todos modos, fracasada Revolución del 90, a través de la cual irrumpía violentamente un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, que prefirió la abstención electoral y la insurrección revolucionaria antes que ser víctima de los fraudes orquestados por el oficialismo.

De todas maneras, estos continuaron multiplicándose, a través de las componendas de los nucleamientos políticos de signo exacerbadamente liberal o conservador, que pugnaban por mantener a mano las riendas del poder a toda costa. Así, el «contubernio» del Partido Nacional (roquista) y de la Unión Cívica Nacional (mitrista), permitió la imposición de la fórmula Luis Sáenz Peña, José E. Uriburu.

Se trataba, ya, de una oligarquía fraccionada en partidos sin programa, pero que de todas formas continuaba siendo gobierno. Julio A. Roca y Norberto Quirno Costa continuaron la seguidilla y bajo su gobierno se instauró la represiva Ley de Residencia, ya que el liberalismo, paternalista por momentos, sabía avasallar cuando la defensa de sus intereses así lo imponía. En el año 1906, la muerte de Manuel Quintana, Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre, ralea sus filas dirigentes. La ley Sáenz Peña instaurando la limpieza electoral, será el golpe de gracia.

Yrigoyen y después: El gobierno de Hipólito Yrigoyen marca el ascenso de nuevas clases sociales que hasta ahora habían sido dejadas de lado. El liberalismo, en sus formas más extremas, es desacreditado por un sistema que contempla una reguladora intervención estatal y una suerte de populismo incipiente. Pero dichas pautas moderadoras de la influencia liberal se aflojarán durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear y serán totalmente barridas del escenario político por el golpe militar de 1930, que restaurará el conservadurismo y el liberalismo económico más marcados, no obstante haberse iniciado como un movimiento de corte nacionalista y fascistoide.

El año 1943 volverá a insistir con el nacionalismo y las remoras fascistas que, al final, desembocarán en un brumoso populismo peronista en el cual el movimiento sindical es incluido en la maquinaria estatal. De ahí en más, a partir de 1955 sobre todo, la historia política argentina se ve constantemente salpicada por los desbordes de poder originados en filas militares.

El enfremamiento de los sectores nacionalistas y liberales dentro de las fuerzas armadas —generalmente los primeros iide-ran los cuartelazos y los segundos los copan a continuación— merece un capítulo aparte, pero su análisis escapa a esta nota.

En momentos en que el país se apresta a enfrentar otra instancia electoral, parece evidente que la absoluta mayoría de los partidos políticos, aun reconociendo orígenes liberales, no comulgan con las clásicas tesis extremas de la plataforma liberal. Sólo un sector de los mismos, el agrupado bajo la difusa ubicación del centro, postula un marcado comportamiento neoliberal en economía y en política.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – La Política y La Mujer –

Biografía de Joaquín V. Gonzalez Obra Política

Biografía de Joaquín V. González – Obra Política

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino. Nacido en Chilecito, se licenció como abogado en la Universidad Nacional de Córdoba en 1886. Diputado para el Congreso Nacional, se interesó por las reformas y era partidario de afrontar las cambiantes circunstancias del país con nuevas leyes.

El 6 de marzo de 1863, en la provincia de La Rioja, nacía Joaquín V. González. Sus padres, Joaquín González y Zoraida Dávila, períenecían a esas antiguas familias de provincia, de larga estirpe, especie de aristocracia rural, de vida simple y patriarcal.

Según consigna él mismo, en las tantas páginas que ha escrito refiriéndose a su niñez, su padre desarrolló una activa militancia política, «siempre lejos, reclutando soldados bisónos para hacer la guerra al caudillaje«. Ese ejemplo paterno se continuará luego en el hijo: vinculado a los sectores conservadores, será en las filas en las cuales realizará toda su carrera de hombre público.

Joaquin V. Gonzalez

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino.

Los avatares de la política transplantan a iodo el grupo familiar hasta el antiguo pueblo minero de Chilecito. Allí empieza su formación intelectual y siente, por otra parte, los primeros requerimientos de la inspiración poética. Porque algo será constante y deberá tenerse en cuenta en toda la trayectoria de Joaquín V. González: su doble carácter de político y, al mismo tiempo, de creador literario y de exquisito de las letras.

Luego de la escuela primaria, su meta fue Córdoba, especie de Salamanca criolla por esa época y sitio obligado de estudios al cual concurrían los hijos de las clases acomodadas de provincia. Su destino fue el viejo Colegio Monserrat, con un prestigio y una tradición que se arrastraba desde épocas anteriores a la Independencia. De allí a ingresar a la Universidad de Córdoba mediaba un solo paso y lo dio sin dificultades.

Era la plena «alborada» del 80, época en la cual la generación que luego será calificada con ese nombre empezaba a hacer las primeras armas en política, a completar su formación intelectual.

La política: Los años de Joaquín V. González en su época de la Universidad de Córdoba transcurren entre el estudio, las tertulias literarias y una especie de antesala del periodismo. En el año 1884, es designado profesor de la Escuela Normal de Maestras de Córdoba y se le asignan las cátedras de Historia, Geografía y Francés. A los 18 años,.empieza a colaborar en Varios periódicos cordobeses: Córdoba, El Interior, El Progreso, La Revista de Córdoba.

El 26 de mayo de 1886, obtiene el título de Doctor en Jurisprudencia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Con ese diploma en su escritorio y el pasado familiar que lo influía y además lo respaldaba, no suena raro que el día 26 de julio de ese mismo año sea elegido diputado nacional por La Rioja. Sin tener aún la edad suficiente, viaja para incorporarse al Congreso.»—¿Tendrá ese muchacho los veinticinco años que exige como mínimo la Constitución?»— cuenta Ramón Columba —se preguntaban algunos de los legisladores en la vieja casa.—

Ya no es un muchacho. Mírelo: tiene toda la barba. Efectivamente, ya usa barba Joaquín, nadie hace cuestión por la edad y se incorpora a la Cámara sin ningún inconveniente». Paralelamente a esta incorporación, Joaquín V. González elabora un proyecto de Constitución para su provincia, desarrolla actividades periodísticas en el diario La Prensa y en 1888 publica uno de sus libros más importantes: La tradición nacional.

Actuando siempre dentro delas filas del conservadurismo, obtiene en el año 1889 la gobernación de La Rioja. Tres años más tarde es reelegido diputado nacional y en 1893 es publicado otro de sus libros más importantes, Mi montañas. Su profundo conocimiento del suelo natal y su preocupación constante por la minería le permiten, además, que se transforme en catedrático de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, dictando una materia de reciente creación: Legislación de Minas.

El país comenzaba a recorrer el camino del desarrollo, la llamada Generación del 80 le imprime su ritmo y un rubro tan importante —y tan vinculado a los intereses y a los capitales ingleses— como el de la riqueza subterránea empieza a ser tenido muy en cuenta.

Las realizaciones
Sus conocimientos, sus excelentes vinculaciones políticas y el hecho de ser un militante sin concesiones del conservadorismo, influyen para que Joaquín V. González lleve a cabo una rápida y ascendente carrera política. En ese sentido, el año 1896 fue para él un año clave. En el mes de enero, el Poder Ejecutivo lo designa para realizar el Proyecto de Reforma al Código de Minería.

En julio, es nombrado vocal del Consejo Nacional de Educación y, por último, el 31 de diciembre, Académico Titular de la Facultad de Filosofía y Letras, recién creada. Lo acompañarán al frente de esa institución Bartolomé Mitre, Rafael Obligado, Bernardo de Irigoyen, Carlos Pellegrini, Paul Groussac, Ricardo Gutiérrez y Lorenzo Anadón.

Durante el segundo gobierno del general Roca, González cubre las carteras de Interior, Justicia e Instrucción Pública, Relaciones Exteriores y Culto. Vinculado a este último ministerio, justamente, interviene en el diferendo austral que estuvo a punto de provocar una cuestión armada entre nuestro país y Chile. Fruto de esa dilatada gestión ministerial, nuevos libros aparecen, con su firma: Debates Constitucionales y Los tratados de paz de 1902,
entre otros.

Desde el punto de vista legislativo, le cupo la elaboración de una Ley Nacional de Trabajo y una Ley de Reforma Electoral. Esta última, si bien de duración efímera, establecía el sistema electoral denominado «De circunscripciones«: fue bajo ese sistema que, en las elecciones de 1904, el socialismo logró triunfar en la circunscripción de la Boca y Alfredo Palacios alcanzó la diputación.

Cuando el 12 de octubre de 1904, Manuel Quintana asume la presidencia de la República, Joaquín V. González es nombrado titular de Justicia e Instrucción Pública. Desde ese cargo, el 19 de setiembre de 1905 funda la Universidad de La Plata, cuyo rectorado ejercerá desde 1906 a 1918. Dictará cátedras de Derecho Internacional Público y de Historia Diplomática.

Ampliará los laboratorios, modernizará el instrumental y contratará profesores extranjeros a veces, promo-cionando los autóctonos en otras oportunidades. Convencido de la necesidad de la coordinación programática de los tres ciclos y del régimen de internado creará ULPI (Universidad de La Plata Internado), donde se verificará la constante convivencia de profesores y alumnado, indispensable para lograr una correcta e integral formación del educando.

El nacimiento de otra época En 1916, el radicalismo accede al gobierno. Sectores sociales hasta ahora marginados políticos y socialmente, empiezan a hace oir su voz. Nuevos enfoques en piezan a propiciarse desde el g« bierno de «la chusma radical’ como gustaban calificar a quienes hasta ese momento ha bían monopolizado el poder.

En ese panorama de cambios qu aparece, la Universidad deja d ser una isla de refinamiento apoliticismo cultural. Explota! las luchas por la Reforma d 1918. La Universidad de La Plata es clausurada. González dedia su tiempo, entonces, a recorre librerías, su paseo predilecto po otra parte. Transita cas diariamente por La Facultad, de la calle Florida, por la Dante Alighieri, algunas francesas y sobre todo la Mitchell’s Book, en la cual hasta posee una gaveta personal, a la cual le llegan, a tra vés del correo inglés, las noveda des literarias de la isla.

Construye, al mismo tiempo, una especie de retiro en La Rioja, su casa. La llamará Samay Huasi, que en quechua significa «casa de reposo». El cultivo de las flores, las complicadas construcciones líticas —tareas que desarrollará con sus propias manos, la lectura de Shakespeare, Ornar Khayyam y Tagore, en medio de un marcado misticismo, serán sus ocupaciones predilectas desde el 19 de setiembre de 1922, en que pronunció su último discurso en el Senado.

Un discurso que fue, por otra parte, una verdadera definición política de toda su vida: «No tengo ni tendría porqué ruborizarme de haber pertenecido al régimen, un régimen que comenzó con Ri-vadavia, que siguió con Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Quintana, cuyos nombres tan sólo son una historia de crédito, de justicia y aun de gloria para la historia de los partidos políticos que hoy se confunden con la denominación común de conservadores».

Murió el 29 dé diciembre de 1923.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II