Pecados y Penitencias en la Edad Media

Penitencias y Castigos de la Iglesia Medieval Excomunion

Condenas y Castigos de la Iglesia Medieval: Excomunión, Entredicho y Penitencias

En todos los países cristianos la Iglesia había acabado de organizarse. Todo el territorio estaba dividido en diócesis, cada una sometida a un obispo.

Como la Iglesia prohibía el establecimiento de obispados en otros lugares que en una ciudad, los reyes de Alemania habían fundado ciudades para poner en ellas obispos.

Cada obispo tenía un territorio muy vasto y una escolta de caballeros, siendo por tanto un gran señor. En Alemania, donde los obispos habían recibido del rey territorios considerables, habían llegado a ser príncipes.

En los campos, los grandes propietarios habían mandado edificar iglesias y las habían dotado con una tierra.

iglesia medieval
Imagen de una gran galeria de un monasterio medieval

El sacerdote vivía del producto de aquella tierra y de las ofrendas de los fieles. Se le llamaba cura, porque tenía la cura (el cuidado) de las almas.

El término sometido a una cura se llamaba parroquia. Todos los aldeanos de la parroquia había de acudir a su iglesia, donde los fieles se reunían para el culto, con un campanario que se veía desde lejos y campanas que se tocaban para anunciar los actos del culto, pilas bautismales para bautizar a los niños, y alrededor de la iglesia un cementerio para enterrar a los muertos.

Los aldeanos pudieron entonces celebrar todas las ceremonias religiosas sin acudir a la ciudad.

La iglesia consagrada a un santo que se adoraba como patrono (protector) de la aldea. Hoy todavía, la fiesta del patrono es la fiesta del pueblo y un número muy grande de pueblos llevan el nombre de su patrono (San Juan, San Pedro, San Pablo, San Miguel).

Los obispos y los sacerdotes hacían vida común con los fieles a quienes guiaban, y así eran llamados secular (que vive en el siglo). Los monjes constituían el clero regular (sujeto a una regla). Vivían lejos del mundo, en comunidad, en un terreno extenso.

El monasterio comprendía siempre varios grandes edificios, que muchas veces rodeaba un recinto fortificado. Delante se alzaba el hospicio donde se alojaban los visitantes, la morada del abad, la escuela, la iglesia.

Detrás el convento, formado frecuentemente por cuatro edificios alrededor de un patio, comprendía el dormitorio donde se acostaban los frailes, las celdas donde trabajaban, el refectorio donde comían, la cocina, el frutero, la despensa, los depósitos, los talleres y la biblioteca.

El patio estaba muchas veces rodeado de galerías cubiertas que se llamaban claustro.

Alrededor del convento se alzaban otros edificios, las granjas, los graneros, los establos, el lavadero, la panadería, el lagar; más tarde las viviendas de los criados y de los aldeanos que cultivaban las posesiones conventuales. Era a veces una pequeña ciudad.

Más de cien ciudades de Francia fueron dominios de conventos (Vézelay, Abbeville, Saint-Maixent).

Los frailes seguían la regla de San Benito, que determinaba el empleo de todas las horas del día. Empezaban antes de amanecer por ir a la iglesia a cantar los maitines. Varias veces al día volvían al templo para otros oficios [prima, tercia, sexta, nona, vis-peras).

El resto del tiempo trabajaban cuidando de la gente que tenían en el campo, haciendo ornamentos de iglesia, copiando manuscritos. Habían de obedecer todas las órdenes del abad, con frecuencia un gran personaje, que no vivía con los monjes.

Se creía entonces que lo que se daba a un convento se daba a Dios o a un santo, patrono del convento, que sabía agradecérselo al donante. Las donaciones se hacían, no a un fraile o a un abad, sino al santo (a San Pedro, a San Martín).

Los fieles, sobre todo los grandes propietarios y sus esposas, daban por tanto tierras «por la salvación de su alma» o «por el perdón de sus pecados», o para ser enterrados en la iglesia del convento.

Los conventos seguían aumentando de este modo sus tierras y se fundaban nuevos conventos. Algunos (como la abadía de Cluny) tuvieron posesiones en toda Europa.

LA EXCOMUNIÓN

Los obispos y los sacerdotes daban los Sacramentos, de que nadie se atrevía a prescindir, por miedo a quedar condenado. Podían también negarlos y prohibir la entrada en la iglesia, y a esto se llama excomulgar, es decir, excluir de la comunión.

El obispo o el sacerdote, con un cirio encendido en la mano, pronunciaba una fórmula de maldición, como ésta, por ejemplo: «En virtud de la autoridad divina conferida a los obispos por San Pedro, arrojamos al culpable del seno de la Santa Madre Iglesia, y le condenamos al anatema de una maldición perpetua.

excomunion de la iglesia

Sea maldito en la ciudad, maldito en los campos. Malditos sean su granero, sus cosechas, sus hijos y el producto de sus tierras. Que ningún cristiano le dé los buenos días, ningún sacerdote le diga la misa ni le de los sacramentos.

Sea enterrado con los perros. Sea maldito dentro y fuera, sus cabellos, su cerebro su frente, sus oídos, sus ojos, su nariz, sus huesos, sus mandíbulas.

Y de igual modo que hoy se apagan estos cirios que arrojo de mi mano, la luz de su vida se extinga en la eternidad, a menos que se arrepienta y satisfaga a la Iglesia de Dios enmendándose y haciendo penitencia».

Luego el sacerdote arrojaba el cirio al suelo.

La excomunión vino a ser un medio para defender las iglesias y sus tierras de las intrusiones de los seglares. Cuando un caballero maltrataba o metía en prisiones a un sacerdote o a un fraile, cuando invadían las tierras de un convento o se apropiaba bienes de una iglesia, el obispo o el abad le excomulgaba.

La excomunión servía también para obligar a los eglares a obedecer las reglas de la Iglesia. Se excomulgaba a los herejes y a los que les apoyaban. Se excomulgaba a los señores que se casaban contra las prohibiciones de la Iglesia.

Estaba prohibido casarse con una prima aun en cuarto grado, o con la madrina de un niño del cual se hubiera sido padrino.

El rey de Francia Roberto se había casado con su prima Berta (995). El Papa reunió un Concilio que declaró nulo el casamiento y ordenó separarse a Roberto y a Berta, y hacer penitencia durante siete años, so pena de quedar excomulgados.

Excomulgó al arzobispo de Tours que había bendecido el matrimonio. Roberto, que amaba a su mujer, no quiso separarse de ella. Ambos fueron entonces excomulgados, y todos sus criados, excepto dos, los abandonaron.

Decíase que sus criados no querían tocarlos, que les llevaban la comida en una pala de mango largo, y que hacían pasar por el fuego todas las cosas que ellos habían tocado.

Berta dio a luz un niño contrahecho que murió en seguida, y se dijo que era un monstruo, con cuello de serpiente y patas de ganso, que Dios había hecho nacer para castigarla.

Roberto y Berta se sometieron. Berta se retiró a un convento y Roberto casó con otra mujer.

Los señores poderosos no siempre tenían en cuenta la excomunión. Tenían a su servicio capellanes que seguían diciendo misa para ellos y dándoles los sacramentos. Felipe Augusto y Juan sin Tierra estuvieron excomulgados durante varios años.

EL ENTREDICHO

En el siglo XI los obispos, para obligar a someterse a los señores, emplearon el entredicho. Prohibían el culto en todos los dominios del señor. Cuando un territorio era puesto en entredicho, el clero dejaba de celebrar toda ceremonia religiosa y de dar sacramentos.

Ya no se podía casar, ni enterrar a nadie en el cementerio (excepto los eclesiásticos y los niños pequeños). Las iglesias eran despojadas de todos sus ornamentos, como el Viernes santo, en señal de luto. Los sacerdotes no decían misa más que a puerta cerrada.

No se podía comer carne, ni cortarse el pelo y la barba. Todos los días, de mañana, tocaban los campanas, y todos debían prosternarse la cara contra el suelo y decir oraciones de penitencia. Se esperaba, castigando a los subditos, obligar al señor a someterse.

Cuando Felipe Augusto se negó a reunirse con su mujer Ingeburga, el Papa puso todo el reino de Francia en entredicho. Todas las iglesias se cerraron, no se decía misa más que una vez por semana, el viernes, muy
de mañana.

Los sacerdotes habían de predicar el domingo fuera de la iglesia, debajo del pórtico. La comunión no se daba más que a los enfermos en peligro de muerte; las mujeres no podían siquiera entrar en las iglesias para que bautizasen a los niños (1198).

El rey se enfadó en un principio y hasta expulsó a los obispos que habían pronunciado el entredicho. Pero al cabo de dos años cedió y se separó de su segunda mujer.

LAS PENITENCIAS

Era costumbre muy antigua en la Iglesia que el cristiano excluido de la comunidad por haber incurrido en pecado, no podía ser admitido de nuevo sino después de haber hecho penitencia, es decir, acto de arrepentimiento, cuando el pecado se había cometido públicamente, la penitencia era pública.

El penitente, cubierto con hábito de paño burdo, los pies descalzos, se estaba a la puerta de la iglesia. Se prosternaba ante los que entraban, y les suplicaba que rezasen por él.

El obispo vertía ceniza en sus frentes y les entregaba la tela de saco con que debían cubrirse. La ceremonia tenía lugar el primer día de Cuaresma, que fue llamado Miércoles de Ceniza.

El que había hecho penitencia pública no podía volver a armarse, y por tal razón los francos y los alemanes no aceptaron esta costumbre. La penitencia pública siguió siendo excepción. Se imponía como consecuencia de grandes delitos.

El parricida, por ejemplo, debía llevar, rodeándole el cuerpo, una cadena de hierro, e ir por el mundo sin detenerse en ninguna parte.

Un conde de Anjou, Foulques, acometido al final de su vida, de un acceso de arrepentimiento, se hacía arrastrar por un criado que por las calles le iban dando latigazos. En ocasiones, la Iglesia, por el asesinato de un eclesiástico, impuso a un príncipe penitencia pública.

Por lo común, las penitencias eran secretas. Antes de dar la absolución a un cristiano, el sacerdote le prescribía como penitencia ayunar, o repetir una oración, o dar una limosna, o ir a una peregrinación.

Luego se tomó la costumbre de disciplinarse. Los más celosos, como San Luis, empleaban cadenitas de hierro. Durante la gran peste de 1348, bandas de penitentes atravesaron Francia deteniéndose en las plazas de las ciudades y disciplinándose las espaldas desnudas. Se les llamaba flagelantes.

LAS PEREGRINACIONES

En todo tiempo los cristianos habían creído que los santos tenían la facultad de hacer milagros, no solamente en vida, sino después de muertos. Sus huesos, sus ropas, los objetos que les habían pertenecido, se creía que curaban a los enfermos.

Se los llamaba reliquias, que quiere decir restos. Se conservaba, por ejemplo, la cabeza de San Juan Bautista, los huesos de Lázaro, en Colonia las cenizas de los tres Reyes Magos. Había en muchas ciudades muelas o pelos de Cristo, pedazos de la Verdadera Cruz, trozos del manto de la Virgen y aun lágrimas del Salvador.

peregrinaciones medievales

Todos los príncipes, los señores, los obispos, los conventos, trataban de poseer reliquias. Se guardaban

cuidadosamente, por lo común, en un relicario de oro o plata. Muchas veces se construía expresamente una capilla. La Santa Capilla de París fue hecha por San Luis para conservar la corona de espinas de Jesucristo traída de Oriente. Se consideraban las reliquias como una protección para la ciudad.

En caso de peste, de inundación, de sequía, se sacaban las reliquias en procesión. Cierto día, por lo común el de la fiesta del Santo, los fieles podían arrimarse a tocarlas.

Entonces acudían en multitud hombres, mujeres y niños enfermos que buscaban su curación, o penitentes, porque la visita de las reliquias de un santo servía de penitencia para borrar los pecados.

Las gentes así venidas se llamaban peregrinos (es decir, extranjeros). Llevaban hábito de paño, semejante al de los frailes; la barba crecida y un palo largo.

Frecuentemente iban con los pies descalzos o con sandalias. Muchos se habían puesto en camino sin provisiones y sin dinero, y pedían de comer y posada en el camino, porque se creía ser agradable a Dios o a los santos dando de comer al peregrino, y estaba prohibido hacerles daño.

Los lugares de peregrinación que atraían más gente eran las tumbas de los santos cuyo poder se creía más grande.

En Francia, el sepulcro de San Martín, en Tours, y el de San Serenín, en Tolosa. En España, el sepulcro del Apóstol Santiago, en Compostela.

En Italia, el de San Benito, en el Monte Casino, y sobre todo el de San Pedro, en una iglesia de Roma. A este último acudían peregrinos de toda Europa, y en los caminos principales que conducían a Roma se habían hecho hospicios para alojarlos.

Pero el más venerado de todos era naturalmente el de Jesucristo, el Santo Sepulcro, en Jerusalén.

fuente

Los Siete Pecados Capitales y Su Significado Cuales Son?

LOS 7 PECADOS CAPITALES Y SU SIGNIFICADO

1-PECADO:LA SOBERBIA

2-PECADO:LA GULA

3-PECADO: LA AVARICIA

4-PECADO: LA IRA

5-PECADO:LA LUJURIA

6-PECADO: LA PEREZA

7-PECADO: LA ENVIDIA

Los Siete Pecados Capitales son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del Cristianismo y Catolicismo para educar e instruir a los seguidores sobre la moral. La Iglesia católica romana divide los pecados en dos categorías principales:

Pecado venial aquellos que son relativamente menores y pueden ser perdonados a través del sacramento. Pecado mortal los cuales, al ser cometidos, destruyen la vida de gracia y crean la amenaza de condenación eterna a menos que sean absueltos mediante el sacramento de la penitencia, o siendo perdonados después de una perfecta contrición por parte del penitente.

Comenzando a principios del siglo XIV, la popularidad de los Siete Pecados Capitales como tema entre los artistas europeos de la época eventualmente ayudó a integrarlos en muchas áreas de la cultura y conciencia Cristiana a través del mundo.

En el libro «los Siete pecados Capitales» Fernando Savater explica:

Según el historiador inglés John Bossy, «los siete pecados capitales son la expresión de la ética social y comunitaria con la cual el cristianismo trató de contener la violencia y sanar a la conflictiva sociedad medieval. Se utilizaron para sancionar los comportamientos sociales agresivos y fueron, durante mucho tiempo —desde el siglo XIII hasta el XVI—, el principal esquema de penitencia, contribuyendo en modo determinante a la pacificación de la sociedad de entonces».

En un principio, los pecados eran una advertencia respecto de cómo administrar la propia conducta. No se trataba como en los diez mandamientos de ofrecer las tablas de la ley, sino de mostrar los peligros higiénicos que podrían asechar a las almas.

Se trató de un listado de advertencias sobre los peligros que puede acarrear la desmesura frente a lo deseable. Hoy existe una versión más simplona de esas advertencias, que son los libros de autoayuda, donde encuentras unas fórmulas para no engordar y otras para ser feliz en tres lecciones.

Según Bossy, la suerte de estos pecados terminó en la época moderna, cuando la penitencia dejó de ser la forma de resolución de los conflictos sociales para transformarse en algo psicológico e interior a la conciencia de cada individuo.

Fue el momento en que se abandonaron los siete pecados capitales para pasar a los diez mandamientos, que privilegiaban una relación vertical de cada individuo respecto de Dios, en vez de la horizontal entre los hombres, lo cual favorece la introspección personal. Bossy interpreta el paso del Medioevo a la Edad Moderna como un pasaje de lo social a lo individual.

Los pecados adquieren la categoría de capitales cuando originan otros vicios. Santo Tomás describe: «Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal…».

Para el especialista en temas islámicos Ornar Abboud «el pecado no es algo inamovible. Varía de acuerdo con el punto de vista del observador y en referencia a la evolución del contexto social y cultural.

La mayoría de las acciones consideradas como pecado hace dos siglos —un periodo ínfimo en la historia de la humanidad— hoy no tienen entidad pecaminosa. En el Islam no tenemos la visión del pecado original, lo que sí existen son definiciones sobre lo que es lícito o no. Llamamos haram a aquellas cosas que están vedadas y halal a las que están permitidas».

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pecados capitales soberbia

1-SIGNIFICADO SOBERBIA:

Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas—, lo malo es que no admita que nadie en ningún campo se le ponga por encima.

En general, podemos-admitir que tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de «yo pertenezco a un estrato superior».

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pecados capitales gula

2-SIGNIFICADO GULA:

El pecado de la gula es el ansia inmoderada de comer, de beber, ese afán de asimilarse Codo el universo por la vía digestiva.

Es un pecado que nos deja un poco perplejos en este mundo dietético en el que estamos, choca tanto con la ética como con la estética y quizá tengan más contra él los médicos que los propios clérigos.

A mi juicio, el problema de la gula es mucho más una cuestión de higiene que de moral.

Se trata de ver cómo administramos nuestros placeres y cómo podemos comer para vivir satisfactoriamente. No debemos obsesionarnos con vivir para comer, ni con vivir para evitar las calorías.

Lo peor de la gula hoy es que, mientras algunos tenemos la suerte de poder comer y ayunar a nuestro albedrío, muchas personas están privadas de lo imprescindible y no pueden siquiera alimentar a sus hijos con lo mínimo necesario.

La gula se transforma en pecado cuando ofende el derecho y las expectativas del otro al comer lo de los. demás, acaparar y dejarlo con poco o nada. Olvidar eso sería el peor pecado o la peor forma de gula en nuestro tiempo.

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pecados capitales avaricia

3-SIGNIFICADO AVARICIA:

El pensador alemán Arthur Schopenhauer decía que el dinero es felicidad abstracta. Ser feliz porque tienes una gran cuenta en el banco, o porque guardas un gran saco con oro debajo de la cama, es algo completamente imaginario.

Comprendo que alguien se sienta feliz porque tiene en sus brazos a una mujer hermosa, en su mesa una comida estupenda y una botella de vino incomparable. Yo no termino de entender a aquellos que se sienten felices cuando ven un cheque, míe. sólo son unas palabras y algunos números.

Lo que da fuerza al dinero es la necesidad de intercambio, que los seres humanos requieran cosas unos de otros. Si no se deseara nada, no habría tenido sentido inventar el vil metal. El dinero permite generar un elemento que te da acceso a algo que tiene otro y tú quieres. De no existir, las variantes serían pocas: el trueque, pero allí necesitas que al otro le interese lo que tú le ofreces, o lisa y llanamente sacárselo por la fuerza, robarle o estrangularlo.

Pero el avaro es el que convierte este acuerdo social en una idolatría, sin entender la utilidad del dinero, que es absolutamente virtual.

Si se tratase de cupones que dijeran: «Vale por un refrigerador» o «Vale por una merluza en salsa verde», tendría un interés más limitado, ya que si no te gusta la merluza no sabrás qué hacer con ese vale. La gracia del dinero es que tiene un número y no te dice qué puedes hacer con él.

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pecados capitales ira

4-SIGNIFICADO IRA:

La ira, esa pasión arrebatadora, esa furia que de vez en cuando nos convierte en auténticas fieras. En apariencia somos personas como las demás, y ante un pequeño estímulo, o una provocación, nos transformamos en auténticos salvajes.

El pecado de la ira es una cuestión de grados. Es un movimiento, una reacción que puede indicar simplemente que estamos vivos y, por lo tanto, nos revelamos contra injusticias, amenazas o abusos.

Cuando el movimiento instintivo pasional de la ira se despierta, nos ciega, nos estupidiza y nos convierte en una especie de bestias obcecadas. Ese exceso es perjudicial, pero yo creo que un punto de cólera es necesario.

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique se reconoce admirador de los iracundos «cuando se ponen rabiosos ante una situación infame por la que callan los demás. El que se rebela, habla, grita y muchas veces se juega el pellejo es muy distinto del que tiene un colerón porque le sirvieron la carne fuera de punto».

Como en muchas cosas de la vida, con los pecados primero hay que tener la experiencia. Si eres una persona tan pacífica que nunca te has enfadado, aunque te describan mucho la ira nunca la entenderás. Si eres justo, puedes sentirte arrebatado por la ira. Ahí nos topamos con el pecado.

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pecados capitales lujuria

5-SIGNIFICADO LUJURIA:

La lujuria es uno de los pecados más escandalosos, y también de los más tentadores. Gracias a ella, todos vinimos al mundo.

¿Pero cuál es realmente la esencia mala de la lujuria? ¿En qué sentido quienes no tenemos especial afán puritano podemos encontrar algo defectuoso en el exceso de la lujuria? Tengo claro que si hay algo bueno en ella es precisamente el placer. Creo que el placer es bueno, sano y recomendable. Si hay algo malo en la lujuria, será el daño que podamos hacer a otros para conseguir goce, al abusar de ellos, aprovecharnos de la inocencia de menores o de gente que por su situación económica tiene que someterse.

No creo que, a pesar de lo que San Agustín y otros santos padres han dicho de la sexualidad, hayamos venido a este mundo a sufrir. La sexualidad no es un instrumento que debamos utilizar casi con repugnancia sólo para la reproducción, sino que es una fuente de relación humana y de contento en un mundo donde las alegrías no abundan.

Pero, como en todos los casos a los que estamos refiriéndonos, el límite de la lujuria desde el punto de vista humanista es causar daño a otro. El sexo con niños es malo por el daño que se les hace. No es malo disfrutar, pero sí es censurable causar mal a otro. Antes se condenaba al placer, ahora al daño y el dolor que se producen. Es la visión progresista de los pecados.

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pecados capitales pereza

6-SIGNIFICADO PEREZA:

La pereza es la falta de estímulo, de deseo, de voluntad para atender a lo necesario e, incluso, para realizar actividades creativas o de cualquier índole. Es una congelación de la voluntad, el abandono de nuestra condición de seres activos y emprendedores.

Un viejo cuento narra cómo un padre luchaba contra la pereza de su hijo pequeño, que no quería nunca madrugar. Un día llegó muy temprano por la mañana, lo despertó y le dijo: «Mira, por haberme levantado temprano he encontrado esta cartera llena de dinero en el camino». El niño, tapándose, le contestó: «Más madrugó el que la perdió».

La pereza siempre encuentra excusas. Es perezoso quien renuncia a sus deberes con la sociedad, con la ciudadanía, quien abandona su propia formación cultural. La persona que nunca tiene tiempo para leer un libro, para ver una película, para escuchar un concierto, para prestar atención a una puesta de sol. Aquel que tiene pereza de convertirse en más humano.

El escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa tiene una teoría: «La pereza ha sido el motor de las grandes conquistas del progreso. El que inventó la rueda, por ejemplo, no quería empujar y caminar más. Detrás de casi todos los elementos del confort supongo que ha habido un perezoso astuto, pensando cómo hacer para trabajar menos».

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pecados capitales envidia

7-SIGNIFICADO ENVIDIA:

La envidia, definida como la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene.

¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia. Es un pecado profundamente insolidario, que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo.

El envidioso siembra la idea, ante quienes quieran escucharlo, de que el otro no merece sus bienes. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo.

La envidia es muy curiosa porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia.

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«Los Siete Pecados Capitales» de Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de junio de 1947) es un filósofo, activista y prolífico escritor español. Novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico. En 2008 fue galardonado con el Premio Planeta por su novela La hermandad de la buena suerte. En 2012 se le otorgó el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo.

Ver: Pecados Capital Segun El Signo del Zoodiaco

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

A menudo tenemos la impresión de que en la Edad Media la iglesia monopolizaba la cultura. La enseñanza, el pensamiento, las ciencias y las artes habrían sido hechas para ellos y por ellos, o por lo menos bajo su inspiración y su control. Falsa imagen que debe corregirse ampliamente.

En realidad el dominio de la Iglesia sobre la cultura solamente fue total durante la Alta Edad Media. Distinta es la situación a partir de la revolución comercial y el apogeo de las ciudades.

Por fuertes que sigan siendo los intereses religiosos, por poderoso que sea aún el cerco eclesiástico, hay grupos sociales antiguos y nuevos con otras preocupaciones, con sed de conocimientos prácticos o teóricos distintos de los religiosos y que crean instrumentos de saber propios y medios de expresión también propios.

mercaderes en la edad media
Ciudad Medieval y su Comercio

El mercader desempeñó un papel capital en el nacimiento y desarrollo de esta cultura laica. Para sus negocios precisa conocimientos técnicos. Por su mentalidad, se dirige a lo útil, a lo concreto y a lo racional. Gracias a su dinero y a su poder social y político, puede satisfacer sus necesidades y realizar sus aspiraciones.

Muchos historiadores han abierto el camino hacia una investigación de la instrucción del mercader y su papel en la historia de la educación. Por ahora solo disponemos de informaciones dispersas sobre un tema capital: las escuelas laicas medievales.

Podemos suponer que, desde muy temprano los burgueses, o sea esencialmente los mercaderes, obtuvieron el derecho de abrir escuelas, y lo utilizaron.

En 1179 existen escuelas comunales en Gante, y la libertad de enseñanza —conquistada a pesar de la resistencia encarnizada de la Iglesia— fue solemnemente reconocida por la condesa Matilde y el conde Balduino IX en 1191.

En general, si bien la Iglesia logró conservar la enseñanza «superior» y parte de la enseñanza «secundaria», tuvo que abandonar la enseñanza primaria. En las parvae scolae o scolae minores —por ejemplo en Ypres, en 1253, está permitido a cualquiera abrir escuelas de este tipo— los hijos de la burguesía mercantil reciben las nociones indispensables a su futuro oficio.

La influencia de la clase mercantil se deja sentir en especial en cuatro campos: la escritura, el cálculo, la geografía y las lenguas vivas.

La escritura
Sabido es cuan unida está la escritura a las necesidades a que responde. Depende estrechamente del medio que la utiliza, es eminentemente un «hecho de civilización». Sabemos que el paso de la escritura antigua, «cursiva antigua», a la escritura de la Alta Edad Media, minúscula Carolina, solo puede explicarse por la sustitución de una civilización por otra. Igualmente, el retorno a la cursiva en los siglos XII y XIII es un hecho integrado en todo el movimiento económico, social e intelectual que conduce al nacimiento de una sociedad nueva.

En la diversificación de escrituras que entonces se produce, junto a la escritura de Cancillería elegante y cuidada, hecha para actos solemnes, y a la escritura notarial, a la vez embrollada y abreviada, debemos conceder un lugar a la escritura comercial, limpia y rápida, que expresa «energía, equilibrio y gusto». Es la que responde a las crecientes necesidades de la contabilidad, de la teneduría de libros y de la redacción de actas comerciales.

Escribirlo todo, escribirlo en seguida y escribirlo bien: he aquí la regla de oro del mercader. Un genovés aconseja a fines del siglo XII: «No debes olvidarte nunca de asentar bien por escrito todo lo que haces. Escríbelo en seguida, antes de que se te haya ido de la mente.»

Y el anónimo florentino del siglo XIV dice: «No se debe tener pereza de escribir». «Scripta manent» es más cierto para el mercader que para nadie. Gracias a él, la escritura, una escritura limpia y cómoda, útil y corriente, ocupa un puesto de primer orden en las escuelas primarias.

El cálculo matemático
Y con la escritura, el cálculo. Su utilidad para el mercader es todavía más evidente. La enseñanza del cálculo comienza con el empleo de instrumentos prácticos que sirven al escolar, y luego al financista y al comerciante, para calcular. Son el abaco y el tablero, «humildes antepasados de las máquinas de calcular modernas».

A partir del siglo XIII se multiplican los manuales de aritmética elemental, como el escrito en 1340 por Paolo Dagomari de Prato, apodado Paolo dell’Abaco. Entre los tratados científicos, hubo algunos que han sido de singular importancia, tanto para la contabilidad como para la ciencia matemática.

fibonacci matematico

Así el Tratado del abaco —líber abbaci— que publica en 1202 Leonardo Fibonacci. (imagen superior) Es un pisano cuyo padre es oficial de aduanas de la Repú blica de Pisa en Bugia, África. Se inicia en las matemática!, que los árabes tomaron de los hindúes, en el mundo cristiano-musulmán del comercio, en Bugia, en Egipto, en Siria y en Sicilia, por donde viaja por negocios.

En su obra introduce el empleo de las cifras árabes y del cero, la innovación capital de la numeración por posición y de las operaciones con fracciones y del cálculo proporcional.

Ampliando más sus estudios, en 1220 publica una Práctica de la geometría. A fines de la Edad Media, Luca Pacioli escribe en 1494 su famosa Summa de Arithmetica, resumen de los conocimentos aritméticos y matemáticos del mundo del comercio; en él se extiende especialmente sobre la contabilidad por partida doble. Mientras tanto, desde 1410 se difunde por Alemania otro manual, el Método de cálculo de Nurentberg.

luca pacioli matematico

La geografía
Otro campo de investigación necesario para el mercader: la geografía práctica, donde se codean los tratados científicos, los relatos de viajes y la cartografía.

Se ha dicho que el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo fue uno de los best-sellers de la Edad Media; y el gusto por los libros de aventuras, inclusive novelados, estuvo tan desarrollado en aquel tiempo que pudo asegurar el éxito del libro apócrifo de Sir John Manndeville, donde la imaginación entraba en mucho.

Las escuelas cartográficas genovesas y catalanas produjeron los admirables portulanos, descripciones —acompañadas de mapas— de las rutas marítimas, los puertos y las condiciones de navegación.

En este medio erudito que escribía para especialistas y profesionales provistos de compás, astrolabios e instrumentos astronómicos, nació Cristóbal Colón, quien no partió a la ventura, como quiere la leyenda, sino provisto de un fuerte bagaje de conocimientos y de técnicas que lo llevaban hacia un objetivo determinado.

Para uso del mercader que iba al extranjero habla tratados que enseñaban, por ejemplo, «lo que debe saberse al ir a Inglaterra», como indicaba Giovanni Frescobaldi, mercader-banquero florentino, o «lo que debe saber un mercader que se dirige a Catay», es decir, a China, como escribía en unas páginas famosas Francesco di Balduccio Pegolotti, factor de los Peruzzi.

Las lenguas vulgares
El conocimiento de las lenguas vulgares le es indispensable al mercader para entrar en contacto con su clientes.

Desde muy pronto, los libros y las cuentas se llevan en lengua vulgar, en lengua vulgar se escriben las actas comerciales y, a pesar de la existencia de intérpretes en los principales centros de intercambio, se redactan diccionarios para uso de mercaderes, como un glosario árabe-latino y especialmente un diccionario trilingüe latín, dimano (lengua turca que era la jerga comercial del Mar Negro al Mar Amarillo) y persa.

Al principio, sin duda a causa de la importancia de las ferias de Champaña, la lengua internacional del comercio fue el francés. Pero pronto tomó el primer puesto la lengua italiana, mientras en la esfera hanseática dominaba el bajo alemán.

No es de sorprender que el desarrollo de las lenguas vulgares haya ido unido al progreso de la clase mercantil y sus actividades. El texto más antiguo que se conoce en lengua italiana es un fragmento de las cuentas de un mercader de Siena del año 1211.

La historia
Los mercaderes no se contentan con estos conocimientos básicos. Se interesan por la historia. Ésta les ayuda no solo a glorificar su ciudad y el papel que en ella desempeña su clase, sino también a situar, comprender los acontecimentos que enmarcan su actividad y de los cuales son actores.

En 1338, Giovanni Millani describió en cifras a Florencia, en una página célebre y excepcional: cantidad de habitantes, de barrios, de parroquias, de corporaciones y de miembros de las mismas, número de los negocios más importantes, monto de los impuestos y balance de las finanzas públicas. En el siglo XV, el veneciano Marian Sañudo intentará también valorar en números el poderío veneciano.

Así, junto con los documentos oficiales, los censos y las listas fiscales, la literatura histórica alimenta —aun cuando los datos sean a veces erróneos— a la pobrísima estadística medieval. Se ha observado un hecho impresionante: «que la historiografía florentina del siglo XIV es el monopolio casi exclusivo de los hombres de negocios».

Hombres de negocios son Diño Compagni, Giovanni y Matteo Villani, Giovanni Frescobaldi, Donato Velluti y Marchione di Copo Stefani, quienes, en cada generación, redactan crónicas precisas, basadas en datos reales, en las cuales el autor, aun cuando sea parte, no se conforma solo con palabras.» De este modo, junto a los cronistas atentos solo a los hechos políticos y religiosos, nace una categoría de historiógrafos preocupados por lo económico.

Los manuales de comercio
Ciertos mercaderes confiaron sus conocimientos y sus experiencias en manuales de inestimable valor. Estas Prácticas del comercio enumeran y describen las mercancías, los pesos y medidas, las monedas, las tarifas aduaneras y los itinerarios.

Proporcionan fórmulas de cálculo y calendarios perpetuos; describen los procedimientos químicos para fabricar aleaciones, tintes y medicinas; aconsejan tanto sobre la forma de defraudar al fisco, como el modo de comprender y utilizar los mecanismos económicos.

Están inspirados por un vivo sentimiento de la dignidad de los mercaderes; ya hemos visto algún ejemplo de los mismos.

Los más célebres son italianos. Son las Prácticas del comercio de los flbreritinds Francosco di Balduccio Pegolotti, que fue factor de los Peruzzi en Famagusta, en Brujas y en Londres, y de Giovanni di Antonio da Uzzano; El libro de las mercancías y usos de los diversos países, atribuído a Lorenzo Chiarini; y una obra veneciana anónima, Tarifa y conocimiento de los pesos y medidas de las regiones y países que se dedican al comercio en el mundo

Todo este bagaje intelectual, todas estas herramientas culturales siguen vías divergentes de las de la Iglesia: conocimientos técnicos profesionales y no teóricos y generales; sentido de la diversidad y no de lo universal, que conduce, por ejemplo, al abandono del latín por las lenguas vulgares; busca de lo concreto, de lo material y mensurable.

La Iglesia no comienza a sentirse inquieta e incómoda hasta que el auge comercial influye en el reclutamiento universitario. Las Facultades más frecuentadas son las que conducen a los oficios laicos o semilaicos más lucrativos: la Facultad de Derecho y la de Medicina. La primera forma a los notarios, tan necesarios en el siglo xm a causa de la abundancia de contratos comerciales. La segunda desemboca en un oficio con frecuencia mixto de médico y boticario: el droguista, que a menudo es el más solicitado en la sociedad burguesa.

La racionalización
El historiador Renouard ha destacado que la cultura mercantil condujo a la laicización, a la racionalización de la existencia. El escenario, el marco de la vida dejaba de ser coloreado por la religión. Los ritmos de la existencia ya no obedecían a la Iglesia.

Medir el tiempo se convertía en necesidad para el mercader; y la Iglesia se revelaba inhábil para ello. Un calendario regulado por fiestas móviles era muy poco cómodo para el hombre de negocios.

El año religioso comenzaba en una fecha que oscilaba entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Los mercaderes precisaban puntos de partida y referencias fijas para sus cálculos y para establecer los balances.

Eligieron entre las fiestas litúrgicas una fiesta secundaria, la Circuncisión, e hicieron que sus cuentas comenzaran y acabaran el l9 de enero y el l9 de julio.

La Iglesia había determinado también las horas por las estaciones y las oraciones que les correspondían. Maitines, Prima y Ángelus se regulaban con el sol y variaban durante el año. Las campanas respondían a los cuadrantes solares.

El mercader necesitaba un cuadrante racional dividido en doce o veinticuatro partes iguales. Él fue quien favoreció el descubrimiento y la adopción de los relojes de repique automático y regular. Florencia lo tuvo desde 1325, Milán en 1335, Padua en 1343, Genova en 1353 y Siena en 1359.

Una cultura de clase
Sin embargo, sea cual fuere su influencia sobre el desarrollo de la enseñanza, no debe creerse que la clase mercantil intentara beneficiar con su cultura a todo el mundo.

Ya la especialización originaria, unida al deseo de conservar esos famosos secretos que quería guardar celosamente, la conducían a un aprendizaje interno: el que recibían sus hijos, al salir de la escuela primaria, en la tienda paterna o junto a asociados o colegas extranjeros.

Y esta enseñanza práctica, reservada a los hijos de los mercaderes-banqueros, demuestra que la movilidad social en el mundo de los negocios en la Edad Media no fue tan grande como se ha dicho a veces.

Y la imposibilidad de hacer que sus hijos recibieran en las escuelas religiosas una formación técnica apropiada y, sobre todo, también el deseo que pronto sintieron de manifestar su rango social mediante la segregación escolar, llevó a los mercaderes a apelar a preceptores y hacer que sus hijos recibieran lecciones particulares en su propia casa.

La arquitectura
Donde primero imprimió su huella la burguesía fue en la arquitectura. La Alta Edad Media había visto surgir dos tipos de monumentos: la mansión señorial, el castillo-fortaleza; y el edificio religioso, la iglesia.

Desde ahora se desarrollarán otras dos categorías de monumentos: la arquitectura civil pública y la casa patricia. Esta última solo progresivamente se fue desprendiendo del carácter militar de la Alta Edad Media. Tanto la preocupación defensiva como el deseo de prestigio, habían llevado a los primeros ricos ciudadanos a construir esas casas ornadas de torres cuyos restos sorprendentes vemos aún en San Gimigniano.

En efecto, las torres son un signo deslumbrante de la asimilación de la rica burguesía a la nobleza. Convertidos en propietarios rurales, los mercaderes de Messina hicieron fortificar su granja, como Perrin Auchier en Longchamps entre 1313 y 1325, como los Hesson en el dominio de Brieu hacia 1318.

Esta costumbre pasa de Italia a Alemania: en el siglo XV, unas cuarenta casas burguesas de Regensburg tienen torres. Pero pronto los palacios de los patricios pierden gran parte de su aspecto militar.

Sin embargo, el temor a los motines o a los asaltos y el deseo de garantizar el secreto de la actividad interna de los mercaderes, hizo que en Florencia los palacios de los Médicis y de los Strozzi conservaran un aspecto severo que tiene algo de fortaleza.

En Siena, numerosos palacios de grandes familias de mercaderes, como el palacio Salimbeni, están todavía provistos de almenas. Sin embargo, las ricas mansiones de los patricios se abren hacia el exterior por todas partes, mediante ventanas, galerías o logias donde los mercaderes ofrecen a sus conciudadanos el teatro suntuoso de sus ceremonias familiares: bodas y funerales.

Como la logia de los Guinigi en Luca. La búsqueda de la elegancia se manifiesta sobre todo en los admirables patios interiores, que son una de las primeras manifestaciones del espíritu del Renacimento.

En Venecia, libre de los temores de motín o de guerra entre sus muros, la búsqueda de materiales, de ligereza y de suntuosidad en las fachadas se manifestó con más brillo, como testimonia todavía el extraordinario despliegue de mármol y piedra a lo largo del Gran Canal.

La pintura
También la pintura llevó la marca del mecenazgo de los mercaderes. La encontramos en las iglesias, en las capillas donde celebraban sus ceremonias privadas y se hacían enterrar las grandes familias del comercio y de la banca, capillas cuyos muros hacían adornar con frescos: capilla de los Peruzzi y de los Bardi en Santa Croce, de los Scrovegni en Padua (donde desplegó su arte Giotto), de los Strozzi y de los Pazzi en Santa María Novella; capillas Brancacci en Santa María de Carmine (donde Nasaccio revolucionó el arte del fresco); capilla del palacio Médicis donde Benozzo Gozzoli representó a los miembros de la ilustre familia en el fresco de los Reyes Magos; coro de Santa María Novella done Ghirlandaio nos conservó los rasgos puros y serenos de las mujeres de la familia Tornabuoni.

En efecto; en el arte del retrato la clientela burguesa influyó profundamente en la pintura. Sentimientos piadosos y gusto por el prestigio lkvaron por igual al mercader a hacerse representar en los cuadros.

El mercader comparte con el noble y el clero de alto rango el deseo de aparecer bajo los rasgos del donante y hacerse inmortalizar en él. A veces, como en el tríptico de Meling «El Juicio Final», en el cual Tommaso Portinari y su mujer son pesados por el arcángel San Miguel, el mercader entra en la acción del cuadro. Pero los mercaderes sienten más que los otros el deseo de imponer a los contemporáneos y a la posteridad su presencia eternizada.

A ellos no les basta con hacerse representar a veces —raramente— con los atributos de su función, como el famoso pesador de oro y su mujer, o —lo que es más frecuente— en medio del lujo de sus interiores burgueses, como en el célebre cuadro de Van Eyck que representa a Arnolfini y su mujer. Ellos, que no tienen, como los nobles, los obispos y los abades, armaduras, emblemas, mitras o cruces que simbolicen su rango social, ponen más atención en que se reproduzcan exactamente sus rasgos.

El realismo del retrato, que responde también a otras causas de la evolución de la pintura, refleja el deseo del mercader que encarga un retrato, de ser reconocido gracias al parecido. No quiere que se le pueda confundir con otro, del mismo modo que en los negocios afirma la originalidad y el valor de su firma comercial.

Le gusta que en los cuadros se le represente en el escenario de su hogar, con los ricos muebles y los objetos cotidianos; y ese escenario, a la vez familiar y rico, desborda sobre la pintura religiosa.

Las vírgenes de la Anunciación y los santos retirados del mundo son representados como burguesas y burgueses en su hogar; tal, San Jerónimo, que abandona la gruta de la pintura primitiva por un despacho de mercader humanista. Le gusta también verse rodeado de su familia,sobre todo de sus hijos, prenda de la continuidad de su casa, de sus negocios y de su prosperidad.

A Arnolfini lo pintan junto a su mujer encinta, detalle realista, pero también símbolo de fecundidad, como la Madonna de Montercbi de Piero della Francesca.

Fuente Consultada: Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Historia del Cid Campeador Biografía de Rodrigo Díaz de Vivar

Historia del Cid Campeador
Biografía de Rodrigo Díaz de Vivar

Rodrigo Díaz de Vivar fue el guerrero castellano medieval que pasó a ser conocido por la historiografía, la literatura y la leyenda como El Cid, o también como El Cid Campeador. Gran caballero castellano. Símbolo de la hidalguía, de la valentía heroica y caballeresca. Dotado de un profundo sentimiento cristiano-español. Protagonista de la mejor poesía épica castellana con vigencia inclusive hasta fines del período romántico.

Inspirador de incontables poemas, obras dramáticas, historias, ensayos, crónicas…  Sirvió a los reyes cristianos Sancho II y Alfonso VI, pero también al rey taifa musulmán de Zaragoza. Impidió la expansión almorávide hacia Aragón y Cataluña conquistando y dominando Valencia. El Cantar de mío Cid, del que es su protagonista, escrito probablemente hacia 1207, es el paradigma de la épica castellana medieval.

Durante siglos se creyó que el Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, fue un personaje «inventado» por poetas juglares para protagonizar gestas admirables en la historia de Castilla. ¿Por qué tal creencia? Seguramente porque el primer testimonio que se tuvo del Cid fue el llamado Cantar o Poema de Mío Cid, escrito hacia el año 1140 y conservado en copia realizada —1307 — por un tal Per Abat, en códice encontrado y publicado — 1779— por don Tomás Antonio Sánchez. ¿Cómo pensar que el héroe casi fabuloso de un poema pudiera tener vivencias de la máxima realidad?. Pues indiscutiblemente las tuvo.

Vivió y fue un gran caballero y guerrero castellano, según fueron atestiguando importantes documentos : la Gesta Roderici Campidocti, conservada en la Real Academia de la Historia; las Crónicas del «Tudense» y del arzobispo don Rodrigo; los Anales Compostelanos, y, sobre todo, como paradoja sensacional, los testimonios de los cronistas árabes de la época, todos ellos ordenados por don José Antonio Conde en su Historia de los árabes en España.

Por supuesto, tanto Ben Bassam como Bel Alcama, igual Ben Alcardabús que Al Maccarí, si bien testimoniaron, indubitables, la existencia del Cid, no le atribuyeron las grandes virtudes del guerrero castellano, sino las crueldades y piraterías «de todos los perros cristianos». Admitida ya, irrefutablemente la existencia histórica de Rodrigo Díaz de Vivar, a quien precisamente los cronistas árabes dieron el nombre de sayyid o sidi, señor de las batallas, es necesario sólo, para referirse a su existencia real, separar de ésta lo que fue fabulario añadido por la tradición, por las obras poéticas, es decir, como quien quita de una fruta la cáscara incomible….

rodrigo díaz vivar

Estatua ecuestre del Cid, obra de Juan Cristóbal Burgos. —Estatua ecuestre de indiscutible rango artístico. El escultor ha conseguido una figuración del Cid en neta consonancia con los Cantares de Gesta, con las Crónicas, hasta con los relatos legendarios. Rodrigo  Díaz de Vivar fue guerrero atlante, indomable, audaz, cuyas hazañas se convirtieron en sonoros versos poéticos. Quizás intentando servir más al simbolismo épico que a la realidad cotidiana, al gran escultor contemporáneo y granadino Juan Cristóbal… «se le fue la mano» alargando las barbas y el bigotazo, ensombreciendo el ceño muy cejudo, descomunalizando el espadón.

ESTA ES LA HISTORIA… Movidos por el fanatismo religioso y la avidez del botín, no satisfechos con la conquista de Siria, Palestina, Egipto y el norte de África, los árabes invadieron España, en el año 711, destruyeron el reino de los visigodos y se establecieron en la península. Eran grandes cultores de las artes, la agricultura no tenía secretos para ellos, fueron tenaces colonizadores y supieron mantener unidas todas las poblaciones ibéricas, sobre todo las meridionales.

Cuando la dinastía de los Abasidas sucedió a la de los Ommíadas (u Omeyas), la capital de la metrópoli fue trasladada de Damasco a Bagdad, y los árabes de España, cuyo poder se debía al último Ommíada, fundaron el califato de Córdoba. Se consideraron emancipados del poder central y fundaron califatos   independientes.

Esa división y las discordias surgidas entre los califas fueron aprovechadas por la nobleza española, que inició la reconquista del territorio sometido al dominio de los árabes.

A fines del siglo XI, los reinos de Aragón, León, Castilla y Navarra, estaban en poder de los españoles. Sin embargo, la situación política no estaba muy definida. Del lado árabe, los califas socavaban sus propias conquistas con discordias internas. En cuanto a los españoles, la ambición de algunos señores, ávidos de poder y de riquezas, había alcanzado tal extremo que no titubeaban en aliarse con el enemigo común.

El pueblo ibérico, pese a su anhelo de libertad y al deseo de ser gobernado por soberanos españoles y católicos, no estaba preparado para reaccionar en todo momento contra el extranjero. La reconquista de la península se llevó a cabo mucho más tarde, a fines del siglo XV, por obra de Fernando e Isabel, reyes de Aragón y Castilla.

El triunfo definitivo fue preparado y consolidado por hombres que, en la confusa situación política de entonces, no desistieron de la idea de ganar aquellas tierras para la fe católica y sus soberanos, sin pensar en ventajas personales.

España pasaba por uno de los momentos más difíciles de la reconquista, cuando el Cid, ejemplar y valeroso hidalgo, acometió la empresa de consolidar la incierta situación, y fortalecer, en el soberano y en el pueblo, la voluntad de una patria libre y unida bajo la misma fe religiosa y el mismo cetro.

Es justo, pues, que sus hazañas fueran transmitidas a la posteridad y cantadas por los poetas, quienes hicieron del héroe el símbolo de la cruzada española contra los infieles.

Muchos siglos pasaron. A las escasas noticias históricas de su vida, consignadas en las crónicas latinas de sus contemporáneos, la leyenda ha añadido, con seguridad, buen número de episodios.

Rodrigo Díaz nació tal vez en Vivar, en el año 1043. Pertenecía a familia hidalga y estuvo, en su primera juventud, al servicio de Fernando I, rey de Castilla y Aragón (1033-1065). En esa época parece haber tenido lugar su duelo con el padre de Jimena Gormaz, con quien casó poco después. Tales son, al menos, los hechos que se relatan en la obra de un autor anónimo: Las mocedades del Cid.

En ese cantar se narra que el Cid había matado, en duelo, al conde Gómez Gormaz, que pertenecía al círculo del rey Fernando I; que luego, Jimena, la hija del conde, casó con el matador de su padre, pero que el Cid decidió no reunirse con su joven esposa hasta tanto no hubiera vencido en cinco empresas guerreras.

El episodio, real o imaginario, inspiró al dramaturgo español, Guillen de Castro (1567-1630), una magnífica obra de teatro, que llevó el mismo título del cantar. En ella se inspiró Corneille, uno de los más grandes escritores franceses, para su drama El Cid.

Rodrigo gozó siempre de la plena confianza del rey Fernando. Este dispuso, antes de morir, que su reino fuera dividido entre sus tres hijos y que el Cid estuviera al servicio del mayor, Sancho, rey de Castilla. El deber del vasallo era la fidelidad al soberano y la obediencia absoluta a sus órdenes. No podemos, pues, juzgar culpable la conducta de Rodrigo Díaz, que ayudó a su señor en la lucha contra los suyos. Don Sancho, olvidando la postrera voluntad de su padre, arrebató Galicia y León a sus hermanos y asedió la ciudad de Zamora, que correspondía a su hermana Urraca.

Exilado por Alfonso VI, a raíz de intrigas cortesanas, el Cid se preparó para combatir a los moros. Se despide de su esposa y de sus hijas en el Monasterio de Cárdena. En 1094 el Cid conquistó Valencia y se mostró generoso con los vencidos. Del rey moro le ofrece obediencia y sumisión.

Probablemente, estando en la corte de Sancho, Rodrigo recibió el apodo de Campeador (guerrero) por haber vencido en duelo a un caballero navarro.

En aquellos tiempos, el título de Campeador, prueba de valor guerrero, era más ambicionado que cualquier otra distinción motivada por la sabiduría o la ciencia. Mas llegó para Sancho el momento de la expiación y, al pie de las murallas de Zamora, recibió muerte de mano del traidor Bellido Dolfos.

El Campeador, cumpliendo con el deseo de Sancho,arrepentido en su último momento, se puso a las órdenes del segundo hijo  de Fernando I, Alfonso, quien, en el año 1072, reinó sobre León y Castilla con el nombre de Alfonso VI.

Según refiere la tradición, Rodrigo exigió, antes de prestar juramento de fidelidad a su nuevo señor, que éste declarara no haber tenido parte alguna en la muerte de Sancho. El episodio aparece relatado en las crónicas con acentos dramáticos. Después del solemne juramento de Alfonso en la Catedral de Burgos, Rodrigo exclamó: «Si juráis en falso, Dios permita que seáis asesinado por un traidor que sea uno de vuestros vasallos, así como Bellidos Dolfos era vasallo de don Sancho, mi señor.»

En la corte de Alfonso VI, Rodrigo Díaz no gozó del afecto y de la estima que merecía. El monarca prestaba con facilidad oídos a las calumnias de los envidiosos. En 1081 se lo acusó de haber guardado para sí parte de los tributos que el califa de Granada debía a su soberano. Condenado al destierro, salió de Castilla en compañía de algunos parientes y amigos fieles, y llevó una vida errante, más allá de las fronteras. Aquí comienza el período más heroico de la vida del Campeador que bien mereció el nombre de «héroe de la reconquista».

Sin rencor hacia su soberano, y reconociéndolo siempre como tal, el Cid, a la cabeza de sus modestas fuerzas, luchó sin cuartel contra los árabes, más conocidos con el nombre de «moros», que habían invadido el sur de la península ibérica.

Con fuerzas numerosas y aguerridas, mandados por miembros de la belicosa dinastía de los Almorávides, los musulmanes pusieron en serio peligro al reino de Alfonso VI quien, sin la ayuda del Campeador, difícilmente hubiera podido hacerles frente.

Rodrigo no abandona a su soberano, se transforma en el defensor del reino, derrota a los moros, y recibe la honda veneración de las poblaciones españolas liberadas y hasta el respeto de los propios enemigos.

La causa de Castilla se hermanaba y confundía con la del cristianismo ibérico. Amigos y adversarios empezaron a llamarlo Cid (del árabe sidi = señor), y su fama quedó consolidada cuando, en el año 1094, conquistó Valencia y todo el territorio adyacente. Esa resonante victoria le valió la benevolencia del rey Alfonso VI quien, al tomar posesión de la ciudad, le demostró su agradecimiento disponiendo que sus dos hijos, el infante Ramiro de Navarra y Raimundo, conde de Barcelona, se casaran con Cristina y María, hijas del Campeador, a quienes en el poema se dan los nombres de Doña Elvira y Doña Sol.

Más tarde, Rodrigo y sus guerreros notan que los infantes dan muestras de cobardía ante el enemigo. Los dos jóvenes, por su parte, sienten el desprecio de que son objeto y deciden un día regresar a sus tierras. Con la mezquina intención de ofender al Cid, abandonan en el bosque a sus esposas después de haberlas golpeado. El padre, ultrajado, pide justicia al rey, y los infantes deben comparecer ante las Cortes de Toledo para dar cuenta de su deleznable y cobarde actitud.

El héroe falleció en Valencia, en el año 1099. Según la tradición, sus restos descansan en el Monasterio de San Pedro, en Cárdena.

Las crónicas españolas e islámicas que narran los últimos años de la vida del Campeador, lo presentan como un guerrero leal y generoso, convencido de la nobleza de su empresa y siempre magnánimo con los vencidos.

Un poeta español, con lenguaje sencillo y tosco, nos ha dado el retrato más humano y auténtico del Cid Campeador. El cantar de mio Cid, de autor anónimo, es un poema de 3.735 versos. Sólo se conserva un manuscrito del siglo XIV, y lleva el nombre del copista, Per Abat. El poema se divide en tres partes: el exilio del Cid, la conquista de Valencia, y, finalmente, las bodas de las hijas del Campeador y la ofensa inferida por sus esposos.

En ese relato resalta, sencillo y claro, el carácter de Rodrigo Díaz de Bivar: valor, piedad religiosa, amor a la familia y fidelidad a su soberano. Esas cualidades morales, además de su aporte efectivo a la reconquista española, hacen del Cid Campeador un héroe digno de sobrevivir en el recuerdo de todos los hombres.

Para concluir, citaremos un hermoso pasaje de Las mocedades de mio Cid, de Guillen de Castro; el relato del desafío, que termina Rodrigo diciendo:

«Y mi espada mal regida
te dirá en mi brazo diestro
Que el corazón es maestro
De esta ciencia no aprendida. 

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Historia: El Cid Campeador –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Historia de la Producción de Alimentos Preparación del Suelo

HISTORIA DE LA PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS

PRODUCIR PARA ALIMENTAR: Alimentar bien a la raza humana ha sido siempre, y es aún hoy, la tarea más grande e importante de la humanidad; y cuanto más sabemos sobre nutrición, más nos damos cuenta de que es un problema de difícil solución.

No todos los alimentos tienen el mismo valor para nutrir el cuerpo. Los feculentos, tales como los cereales, las papas, y el azúcar, que se hace de muchas clases de vegetales, y las grasas, que obtenemos de la leche y las semillas y frutos oleaginosos, son especialmente importantes como alimentos energéticos.

Las proteínas, que obtenemos de alimentos animales, como carne, pescado, leche y huevos, y también de ciertos vegetales, tales como arvejas y habas, son parte vital en la formación y renovación de los tejidos.

Pequeñas cantidades de ciertos minerales son, igualmente, esenciales para la buena salud: el hierro, por ejemplo, para ayudar a la formación de la sangre, y el calcio y el fósforo para asegurar el crecimiento de huesos y dientes.

Las vitaminas también son necesarias, porque su insuficiencia puede causar graves enfermedades llamadas «carenciales».

La falta de vitamina C, presente en la mayoría de las frutas y vegetales, puede producir el escorbuto. La escasez de vitamina D, que se halla especialmente en el hígado de ciertos animales, puede causar raquitismo.

Sería muy difícil decir con exactitud, qué cantidades de todas estas substancias necesita cada individuo, pero conocemos, en términos generales, cuáles se requieren de los alimentos que producen energía.

El valor energético de éstos se mide en unidades llamadas calorías, y sabemos que los hombres y las mujeres hasta la edad madura, necesitan un promedio de 3.000 calorías diarias; los ancianos, por lo menos, 1.250; los adolescentes, unas 2.300 y los niños de 10 años de edad, alrededor de 1.900.

Si analizamos el mapa del mundo con las  calorías consumidas por la población observaremos diversas zonas en donde mucha gente no recibe todas las calorías que necesita, y hay desnutrición,  en otras, como en los países del norte reciben las 3000 o mas (altos índices de obesidad) y en algunas en la alimentación es la adecuada.

Desde mediados del siglo XX se procura más que nunca que el alimento sobrante de las naciones muy bien nutridas llegue a las zonas de escasez, en donde los países mas ricos y desarrollados están dando su ayuda a otros países mas atrasados, para que éstos puedan emprender trabajos de irrigación y comprar maquinaria agrícola.

Hay otra manera para aumentar la ración promedio de calorías: dedicar menos tierras a ciertas cosechas tradicionales y dar más a otras menos difundidas que, en muchos casos, darían un mayor rendimiento calórico por hectárea.

Las ocho especies vegetales mas populares por su consumo y rendimiento calórico son: centeno, maíz, soja, trigo, arroz, papa, mandioca y el bananero.

EN PROCURA DE ALIMENTOS: Antes de la Edad Neolítica, el hombre era enteramente un buscador de alimento, viviendo de la caza, de la pesca y de la recolección de frutos naturales.

Estaba continuamente en movimiento, siguiendo a las manadas y buscando frutas silvestres maduras. Para su actuación necesitaba grandes extensiones de terreno, y se ha calculado que, aun en regiones fértiles, se precisaría, por lo menos, un kilómetro cuadrado de tierra no cultivada para proveer de alimento suficiente a un hombre durante un año.

Existen todavía algunas partes del mundo donde la gente vive principalmente de la búsqueda de alimentos. En regiones del África central, cerca de los grandes ríos, por ejemplo, hay tribus que subsisten con una dieta de pescado, complementada ocasionalmente con la carne de animales que cazan; pero la mayoría de estas tribus también hacen claros en la selva y producen ciertas cosechas de fácil cultivo.

En Groenlandia hay esquimales que viven casi enteramente del alimento que pueden obtener del mar: pescado y carne de foca y de morsa; y algunos de los que habitan en el norte del Canadá, casi no consumen más que carne de caribú.

Todas estas regiones, según puede suponerse, tienen muy escasa población, una o dos personas, como promedio, por kilómetro cuadrado.

Sin embargo, hay vastas zonas de la tierra que sostienen a 50 o más personas en la misma extensión de terreno, y algunas, no pequeñas, que dan subsistencia a más de 500.

Aun en estas regiones, una forma de búsqueda del alimento —la pesca— se practica donde es posible; pero, naturalmente, la principal fuente de aquél está en los cultivos y en la cría de ganado.

importancia de la agricultura

Es fácil comprender por qué una sola hectárea de tierra bien cultivada, puede producir tanto alimento o más que un kilómetro cuadrado de matorral o de bosque.

En la tierra cultivada el agricultor elimina, en lo posible, todas las plantas que no sean las que él ha sembrado para producir alimento, mientras que en un matorral o en un bosque crece una gran variedad de plantas, y sólo algunas de ellas dan frutas o semillas que el hombre pueda comer. No parece tan claro por qué los animales domésticos producen más alimento que los silvestres, o los que viven libres en los campos.

El animal que es cazado y muerto suministra sólo su carne como alimento, mientras que el domesticado nos proporciona alimento, como huevos o leche, durante gran parte de su vida y aún nos da su carne cuando lo sacrificamos. Por esto el hombre considera que siempre compensa la cría de los rebaños, aun en lugares donde no es fácil hacerlo, como en los Alpes, donde hay que buscar pastos en los valles, en invierno, y otros en las altas laderas, en verano.

MANTENER LA TIERRA PARA UN MAYOR RENDIMIENTO: Desde hace varios años algunos países europeos densamente poblados, entre ellos Dinamarca y Holanda, producen ahora manteca, queso, leche y huevos no sólo para sus propias necesidades, sino también para satisfacer las de otros países. Hizo falta una larga experiencia y muchos ensayos para lograrlo.

Para que el hombre pudiera hacer manteca, tuvo que aprender a separar de la leche la parte que contiene la grasa y cómo batirla, además de experimentar qué alimentación conviene a las vacas para que la leche adquiera mejor calidad y sabor.

Para hacer muchas clases de queso, tuvo que averiguar a qué temperatura tenía que calentar la leche antes de agregarle el cuajo, y cómo conservar aquél una vez formada la costra. Para hacer manteca o queso en escala comercial, con poca mano de obra, hubo que acudir al auxilio de la ciencia y la ingeniería, que suministraron toda suerte de máquinas automáticas.

Cuando el hombre comenzó a cultivar la tierra, también tuvo que aprender gran cantidad de cosas, entre ellas cómo evitar el desarrollo de malezas, cómo mantener la tierra bien irrigada y bien avenada, y, sobre todo, cómo conseguir que continuara rindiendo buenas cosechas.

Ya los primitivos agricultores deben haber observado que si seguían sembrando las mismas semillas en los mismos campos, año tras año, las cosechas se empobrecían gradualmente. Quizá, después de corto tiempo, abandonaran el antiguo terreno y cultivaran uno nuevo. Años más tarde, ellos o sus hijos nuevamente podrían realizar un cultivo en el antiguo campo y ser recompensados con una buena cosecha. De esta manera los agricultores aprendieron que la tierra fatigada da mejores frutos después de descansar.

Durante la Edad Media, las aldeas agrícolas de muchas partes de Europa usaban el sistema rotativo de tres campos  para resolver este problema. La tierra que rodeaba la aldea se dividía en tres grandes campos, y cada agricultor trabajaba una faja, o algunas veces más, en cada campo.

Los tres pequeños cuadrados de la parte inferior del diagrama de arriba, indican cómo estos campos se usaban en tres años sucesivos. Un año, en el primer campo se sembraba trigo, y en el segundo, cebada, mientras que el tercero se abandonaba para el pastoreo. Al año siguiente, el primer campo se dedicaba al pastoreo, se cultivaba trigo en el segundo y cebada en el tercero. Durante el último año, la cebada se sembraba en el primero, el segundo se dedicaba al pastoreo, y en el tercero se cultivaba el trigo. El proceso se repetía en cada período de tres años.

esquema de rotacion de cultivos

1° Año                    |                 2° Año              |                      3° Año

Este sistema tenía dos importantes ventajas. Primera: ya que cada campo se dedicaba a una sola cosecha, todo el campo se podía segar de una vez y dejarlo libre para el pastoreo, hasta la próxima siembra. Segunda: cada campo tenía un año de descanso de cada tres, durante el cual su suelo se enriquecía con el abono que dejaba el ganado que en él pastaba.

Donde quiera que se practiquen intensos cultivos, los agricultores aún realizan cultivos en rotación, y todavía dejan los campos sin cultivar de tanto en tanto.

Pero ahora los sistemas de rotación se extienden a más de tres años; muy a menudo el período es de cinco o siete años, incluyendo el de descanso. Generalmente, la rotación incluye otras cosechas además de cereales, tales como el lino y diferentes raíces, como se ve en las figuras de arriba, a la derecha.

Otra lección que los agricultores tuvieron que aprender, especialmente los de las regiones montañosas fue cómo impedir que la preciosa tierra vegetal fuese barrida por las fuertes lluvias. Los surcos de siembra que siguen el curso de una ladera impulsan al agua hacia abajo, haciéndola correr velozmente, mientras que los surcos hechos a través de la ladera «en contorno» tienden a contener el agua.

EL AGUA PARA REGADIOS: En muchas partes del mundo, el principal enemigo natural del agricultor no es la abundante lluvia, sino la prolongada sequía. Si la población del mundo fuese exigua y no mostrara tendencia al crecimiento, los cultivos podrían limitarse a zonas dotadas de lluvias suficientes. Pero, en realidad, la población del mundo, ya calculada en 6.800 millones de personas, está creciendo rápidamente y, a medida que transcurra el tiempo, será difícil proveer de suficiente alimento a todos, a menos que se cultive cada hectárea de terreno.

La irrigación no es un problema nuevo. A principios de este siglo los arqueólogos descubrieron canales de riego, de unos 5.000 años de antigüedad, profundamente por debajo de los cimientos de la antigua ciudad de Nippur, en la Mesopotamia. Probablemente el agua era llevada desde el río y vertida en estos canales por medio de una palanca, con un gran recipiente en un extremo y un contrapeso en el otro. En partes de Asia y África del norte, un método similar se usa aún para regar campos pequeños.

Es probable que el paso siguiente llegó cuando el hombre unció asnos o bueyes a una polea, para elevar mayores cargas de agua de pozos profundos, y en varios países mediterráneos, donde los moros abrieron este tipo de pozos hace más de 700 años, el agua para la irrigación todavía se eleva así.

Otro antiguo método dependió del invento de la rueda. Una inmensa rueda, con una cantidad de baldes colocados alrededor de la llanta, se ponía de modo que sólo su parte inferior quedaba bajo el agua. La rueda se engranaba a una especie de cabrestante y, a medida que un animal daba vueltas al cabrestante, la rueda giraba, levantando  baldes  colmados  de  agua.

noria de agua a sangre con caballo

Otro sistema mas eficaz, consiste en una enorme rueda, con su aro rodeado por muchos cangilones, gira por la fuerza de la corriente. Los cangilones tienen una forma tal, que sueltan el agua solamente cuando el giro de la rueda los pone a nivel de la superficie de un acueducto.

Este acueducto se dirige hacia las zanjas de irrigación, en campos que pueden estar a varias millas de distancia. Métodos de irrigación basados en este principio se usaron por primera vez, en gran escala, en los siglos XIV y XV. En zonas subtropicales, esos sistemas de irrigación hicieron posibles los grandes cultivos de arroz, caña de azúcar y algodón, en tierras que habían sido estériles anteriormente.

En la actualidad los nuevos inventos y nuevos métodos de construcción en gran escala, han abierto el camino para medios de irrigación mejores que nunca. En países como Inglaterra, donde sólo una excepcional sequía prolongada puede malograr las cosechas, suele ser suficiente el uso de una bomba de motor, que puede elevar agua del río más cercano y hacerla pasar por una manguera y caños rociadores. Pero en zonas constantemente amenazadas por la sequía o la inundación —y a veces por ambas, alternativamente— se necesitan métodos más complejos.

irrigacion de campos por rociadores mecanicos

El valle del Tennessee, en los Estados Unidos, hacia 1935 con la mayor parte de sus bosques talados, las sequías y las abundantes lluvias alternadas habían aflojado y lavado grandes zonas de la capa superficial del suelo, dejando a éste en malas condiciones para las cosechas.

Las autoridades del valle del Tennessee construyeron muchos diques para contener el agua en las épocas de inundación; detrás de estos diques, se crearon enormes lagos artificiales cuyas aguas se pueden conducir por canales de riego en tiempos de sequía. De nuevo la región está produciendo abundantes cosechas.

PREPACIÓN DE NUEVAS TIERRAS: Siempre que el hombre decide preparar nuevas tierras para sus cultivos, tiene que pensar en la irrigación, pero éste no es en modo alguno su único problema. Debe pensar también en despejar la vegetación natural, disponer desagües apropiados, preparar el suelo para la siembra, enriqueciéndolo donde sea necesario con abonos o fertilizantes, y asegurarse de que dispondrá de brazos suficientes para la cosecha.

Antiguamente y aún utilizada en algunas regiones, un modo de eliminar la vegetación natural es quemarla; pero, si se usa este método en tierras de vegetación achaparrada o en bosques, se deben tomar extremadas precauciones para controlar el fuego. En praderas naturalmente cubiertas de hierba, ésta será segada o enterrada; pero, por varias razones, puede ser necesario tomar medidas para evitar que vuelva a surgir.

La plantación de ciertas raíces, especialmente papas, puede ayudar a contener el crecimiento de hierbas y malezas en tierras que se comienzan a cultivar. Pero aun en las que se ha trabajado durante años, es necesario eliminar las malezas, tan pronto como aparezcan, para que no den semillas que las multipliquen.

Después del primitivo palo de cavar, con el que los primeros agricultores aflojaban la superficie del suelo, una especie de azada para cortar malezas fue, probablemente, la más antigua de las herramientas agrícolas. Las cuatro figuras de arriba muestran herramientas sencillas para preparar la tierra y eliminar malezas, que todavía hoy se u^an en regiones atrasadas del mundo. Sólo cuando los agricultores tuvieron palas con fuertes hojas de metal, pudieron hacer profundas zanjas de desagüe.

Hasta épocas bastante recientes, los agricultores sólo utilizaron el abono natural para enriquecer la tierra, especialmente abonando los campos de pastoreo. Durante el siglo XIX , el abono suministrado por las vacas, ovejas y caballos, se complementó, en muchas partes de Europa, con cierta cantidad de guano —excrementos de aves acumulados durante muchos siglos— procedente de la costa occidental de Sudamérica. Hoy, el abono natural se suele enriquecer con fertilizantes artificiales,, tales como el sulfato de amonio, un subproducto que se obtiene en la preparación del gas, y nitrato de sodio.

Unas palabras de Jesús nos recuerdan que el problema de encontrar bastantes brazos para la siega no es nuevo: «La cosecha es, en verdad, abundante, pero los trabajadores son pocos.» Hoy, que la gente prefiere trabajar en pueblos y ciudades, este problema sería más serio aún si no existiesen las máquinas agrícolas.

moderna cosechadora de trigo

Se observa  una moderna cosechadora con la cual dos o tres hombres pueden segar un campo de trigo, en mucho menos tiempo que lo que 50 hombres, con guadañas, hubieran necesitado hace 100 años.

En algunas partes del mundo, y especialmente en Holanda, el hombre ha logrado grandes áreas de tierras nuevas, rescatándolas del mar. En el mapa de enfrente, la línea costera de la zona obscura muestra la costa holandesa, tal cual era hace 1.000 años. Las zonas rosadas y grises, hacia el norte y este de la zona obscura, nos muestran las tierras arrebatadas al mar.

Durante siglos, los ríos que arrastraban sedimentos al mar, fueron formando gradualmente bancos de arena a 6 u 8 kilómetros de la costa. A medida que más sedimentos eran arrastrados, éstos se amontonaban detrás de tales bancos y empezaron a formar las tierras bajas, sujetas a continuas inundaciones.

Luego, hace 1.000 años, los hombres comenzaron a construir diques para contener el mar, y usar molinos de viento para elevar el agua y avenar las tierras nuevas. Desde entonces, en vez de aguardar a que el sedimento de los ríos forme bancos de arena, los hombres han construido sus propias barreras, a través del antiguo Zuider Zee y en otras partes y han desecado el terreno detrás de aquéllas.

Fuente Consultada:
La Técnica en el Mundo La Producción de Aliemntos Tomo I Globerama Editorial CODEX

Los Daneses en Inglaterra Historia de sus Conquistas

CONQUISTA DE LOS VIKINGOS EN INGLATERRA

Procedentes de Escandinavia, los vikingos o nordmen, «hombres del Norte», como les llamaron los germanos,  y después los francos, aparecieron hacia el año 800. Los pueblos escandinavos se dividían entonces, como hoy, en tres grupos principales: los daneses, estacionados en el extremo sur de la península escandinava, con la Isla de Bornholm y la mayor parte del archipiélago que cierra la entrada del Báltico, desde donde emigraron  a la península de  Tutlandia prosiguiendo siempre más al sur; los noruegos, instalados en las costas occidentales de Escandinavia,   lanzados   demasiado   pronto a los mares en busca de un país más hospitalario  hacia  el  oeste;   los  suecos,  agrupados principalmente alrededor de Upsala, atraídos como los daneses hacia los países del   mediodía,  del  otro  lado  del  Báltico, donde  alcanzaron,  por los  golfos  de  Finlandia y de Riga, la gran arteria fluvial del Dniéper.

Durante los treinta o treinta y cinco primeros años del siglo IX, mientras que los suecos, bajo el nombre de varegos, se hacían dueños pacíficamente del comercio de la Rusia occidental, los daneses y los noruegos  se lanzaban a fructíferas piraterías a lo largo de las costas de Bretaña, de Irlanda y del Imperio carolingio.

atques daneses a las costas de inglaterra

Sobre navíos en corso, afilados  y de poco calado, que   podían   contener  una   cincuentena   de personas,   comprendidos   los   remeros,   podían  fácilmente   aproximarse  a  las  costas, varar en tierra o remontar el curso de los ríos. Ni los soberanos francos, ni los príncipes de Gran Bretaña o de Irlanda, poseían una flota que pudiera enfrentarse con ellos. Muy   pronto,   no   dudaron   en   abandonar las  orillas  en  busca  del  botín,  utilizando incluso caballos, y atacando lugares fortificados;   así,  Colonia,  Ruán,  Nantes,  Burdeos,  Londres  y York,  sufren  sitios  y,  a veces,   devastaciones   e   incendios.

Colectividades  que  veían  a los  poderes  públicos incapaces   de   defenderlas,   monasterios,  y, después,   los   mismos   soberanos,   se   acostumbraron a organizarse con el fin de evitar   el   saqueo.   Llevando   sus   incursiones cada vez más  adelante  en  el interior  del continente,   de   Irlanda  y   de   Gran   Bretaña, los vikingos se unieron, poco a poco,  en  lugar  de  actuar por  grupos   aislados mandados cada uno por su jefe, para formar verdaderos ejércitos que invernaban entre dos campañas de primavera en el país mismo que destinaban a sus rapiñas.

Así, de piratas, pasaron a ser conquistadores del suelo y se hicieron sedentarios. Desde el siglo VII, los noruegos se habían instalado en los archipiélagos del oeste (Shetland, Oreadas, Hébridas). En el siglo IX, acababan la conquista de Irlanda, donde creaban un principado, y la de Islandia.

En el siglo X, alcanzaban Groenlandia. Los daneses, desde el año 840, se hacían dueños de los Países Bajos y constituían así un principado, cuya investidura recibieron del emperador carolingio. Los suevos fundaban el Estado de Kiev. Alrededor del Báltico, se habían creado plazas fortificadas.

LOS DANESES EN INGLATERRA
Inglaterra se había acostumbrado rápidamente a las incursiones anuales de primavera de las flotas escandinavas—que saqueaban y cobraban rescate—, en sus costas o esforzándose en remontar el curso del Támesis. A partir de la mitad del siglo IX, los daneses trataron de establecerse en ella, aprovechándose de las rivalidades entre los diferentes reinos sajones. En el año 866, lanzaron un ataque decisivo que les permitió apoderarse de York y, explotaron  inmediatamente  su  éxito,  ocuparon en los años siguientes toda la parte oriental de la Isla. Sólo se salvó el reino de Wessex, gracias a la valerosa defensa del joven rey «Alfredo el Grande».

Alfredo el Grande gobernó el reino de Wessex,  entre el 871 y el 899. Posiblemente sea el soberano anglosajón del que se conocen más datos. Pasó a la historia como el gran guerrero que logró repeler las invasiones danesas.

La paz de Wedmore (878) reconoció a los daneses los territorios situados al nordeste de la vieja calzada romana que unía Londres con Chester o Watling Street. Los anglosajones siguieron siendo los dueños al sudeste de la línea marcada por la Watling Street. Sin embargo, a partir del año 899, los reyes de Wessex pudieron llevar a cabo la reconquista de la isla, aprovechándose de la anarquía que reinaba en las partes «danesas» de ella, como consecuencia de la multiplicidad de pequeños estados y de los saqueos que los vikingos continuaban practicando en las costas.

En el año 954, fue reconocida su autoridad suprema, pero los jefes escandinavos conservaron sus derechos de mando y sus tierras. A partir del año 980, Dinamarca intensifica sus incursiones en Inglaterra.

En el 1017, habiendo arrojado a los últimos representantes de la casa de Wessex, los daneses pudieron hacer reconocer por la asamblea de los grandes barones y de los obispos, como rey de todos los ingleses, al hijo del rey de Dinamarca: Canuto. Este creó un verdadero Imperio marítimo. Elegido rey de Dinamarca, se apoderó también de Noruega y de sus dependencias, e hizo incursiones en territorios fineses y eslavos, hasta Estonia. Después de su muerte, la unión se quebró. Dinamarca y Noruega se separaron.

LA CONQUISTA DE NORMANDIA
Desde el año 879 al 885, fueron los países del Soma, del Escalda, del Mosa y del Rhin los que constituyeron su objetivo principal. Los ataques fueron dirigidos con vigor, y los países, devastados por sus incursiones de caballería. A partir del año 885, los daneses llevaron sus esfuerzos a los valles del Loira y del Sena, amenazando a las ciudades y saqueando los campos vecinos. Como había estallado la guerra civil entre Carlos el Simple y Eudes, los daneses consiguieron instalarse, en el año 896, en la desembocadura del Sena.

En adelante, no se les podrá ya echar; por el contrario, la afluencia de sus compatriotas transformará la ocupación en colonización. Desde allí, sus operaciones continuaron hacia el sur y el este, hasta el Loira y Lorena. En el año 911, Carlos el Simple reconoció en Saint-Clair-Sur-Epte el hecho consumado; y se ligó por lazos de vasallaje al jefe de los normandos del Bajo Sena, Rollón, esperando hacer de su principado una barrera contra las devastaciones escandinavas que continuarán todavía por largo tiempo.

Fuente Consultada
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III Editorial CODEX – Los Vikingos –

La Educación en el Imperio Carolingio La Escuelas Medievales

PRIMERAS ESCUELA DEL REY CARLOMAGNO EN LA EDAD MEDIA

Bajo los primeros carolingios, la Galia se hallaba en un estado de decadencia intelectual inquietante. Desde hacía mucho tiempo, habían desaparecido las escuelas públicas de la época romana, siendo reemplazadas por escuelas eclesiásticas, destinadas a la formación del clero; pero resultaban insuficientes para llevar a cabo su labor, aunque la lectura y la escritura se tenían por un lujo entre los clérigos e, incluso, entre los obispos.

Más aún, la lengua latina, única lengua escrita que perduraba, estaba completamente corrompida y el libro se había convertido en un objeto muy raro. Los manuscritos prueban la torpeza tanto de los escribas como de los miniaturistas encargados de ornamentarlos. Sin embargo, el caso de Italia, donde el ostrogodo Teodorico se había esforzado en conservar y desarrollar la cultura antigua, ejemplo seguido por los lombardos, cuyos reyes y duques se comportaban como verdaderos mecenas, era mucho menos desconsolador.

escuelas edad media con Carlomagno

También en España, la Iglesia, que rápidamente se hizo poderosa, se había esforzado en crear una nueva enseñanza capaz de reemplazar a las antiguas escuelas romanas, preservando de esta manera, la cultura clásica. Pero, más que estos países, fue Irlanda el foco de intensa vida intelectual, gracias a la actividad de los monjes.

La vieja enseñanza romana de humanidades se conservó en los monasterios, casi pura de toda mezcla, con las siete ramas del saber: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, astronomía, ciencia musical y geometría. A esta enseñanza tradicional, fue ajustada la teología que formará como su coronación.

Los monjes irlandeses, hechos misioneros, habían difundido por Escocia e Inglaterra su enseñanza y su gusto por la cultura. Antes de finalizar el siglo VII, habían fiorecido grandes escuelas anglosajonas que crearon maestros notables, tales como Beda, denominado «el Venerable», en la época carolingia, versado en todas las ciencias. Los misioneros anglosajones, lo mismo que en otro tiempo los monjes irlandeses, extendieron, a su vez, por todo el continente, el conocimiento de la antigüedad latina. Así, San Bonifacio, el reformador de la escuela franca, no concibió la reforma moral del clero  sin una  reforma  intelectual.

LAS PRIMERAS ESCUELAS
En sus comienzos, el programa de Carlomagno se confundió con el que había inaugurado San Bonifacio. Desde el comienzo de su reinado, se alzó contra la ignoran cia de los sacerdotes y tomó a su cargo la organización de los estudios en el reino. Recurrió a maestros italianos, anglosajones y españoles: Pablo Diácono, Alcuino, Teodulfo y sus émulos. Alcuino, el maestro más famoso de la gran escuela episcopal de York, fue el principal colaborador de Carlomagno. De este modo, el sistema inglés de enseñanza penetró en el reino franco, y después en todo el Imperio. Sin embargo, este movimiento de estudios no quedó por mucho tiempo confinado en la Iglesia. Car-lomagno trabajó por su difusión entre los laicos.

Así, ordenó la institución de cursos elementales destinados a un público más amplio, es decir, al mismo pueblo, aunque sólo fuera por darle algunas nociones de instrucción religiosa.

En la corte, hizo crear «la escuela palatina» para formar en el servicio del Estado a la gente joven que le rodeaba. De esta manera, el palacio del soberano se convirtió en el verdadero centro intelectual del Imperio. Carlomagno y sus cortesanos, incluso los de edad avanzada, dieron ejemplo y se pusieron a estudiar. En la primera fase de este renacimiento intelectual, no hubo obras verdaderamente originales.

Se trata de una literatura latina que es una transposición de las obras clásicas, tanto en la forma como en el fondo. Eguinardo calcó su «vida de Carlomagno», de las «Vidas» de Suetonio. Teodulfo imitó los versos de Ovidio o de Fortunato. Angilberto siguió la Eneida de Virgilio. También en materia artística, la imitación fue la norma.

Se utilizaron, frecuentemente, trozos de monumentos antiguos para hacer el remedo más completo. En este aspecto, fue más Rávena que Roma la que sirvió de modelo. Para la capilla de Aquisgrán, construida a imitación de la de San Vital de Rávena, Carlomagno mandó llevar de Italia columnas, mármoles y mosaicos para decorarla.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III El Rey Carlomagno  Editorial CODEX Tomo III
La Gran Aventura del Hombre

Missi Dominici Inspectores Reales del Rey Carlomagno

CONTROL ADMINISTRATIVO DEL IMPERIO CAROLINGIO

Carlomagno también generalizó, para asegurar mejor la cohesión de las diferentes partes del Imperio, una institución que existía ya bajo los merovingios: la de los comisarios o missi dominici. Carlomagno hizo de ellos un medio regular y permanente de inspección. Los «enviados reales» cumplían al pie de la letra la misión que se les encomendaba. En general, son dos: un conde y un obispo. Este papel de agente de la autoridad pública que correspondía por derecho al obispo, es muy característico de la época.

Carlomagno, rey de los francos desde 768 hasta 814,  fue uno de los más grandes líderes militares de la edad media. Conquistó gran parte de Europa central y occidental. Como rey, dio un nuevo impulso a la vida cultural y política, que había entrado en decadencia cuatro siglos antes tras el declive del Imperio romano.

missi dominici de carlomagno

Los dos tienen un poder de jurisdicción muy extenso, tanto sobre los agentes locales como sobre los particulares, en el ámbito fijado por el emperador en el momento de su nombramiento (entre 6 y 10 condados, a partir del siglo IX). A finales del reinado de Carlomagno, éstos tienen que girar una visita obligatoriamente cuatro veces al año por su jurisdicción o missaticum. Si, después de la muerte de Carlomagno, esta institución decae rápidamente, es debido a la insuficiencia numérica de personas seguras a las cuales pudiera ser confiado tal puesto, así como a la falta de tiempo y a la frecuente ignorancia del derecho.

En última instancia, todo descansa en la personalidad del soberano. Su sola presencia en un lugar puede imponer sus decisiones a los condes y a los grandes, y hacer reinar el orden y la justicia en una época en la que sólo es le-galmente válida la orden transmitida oralmente. He aquí por qué Carlomagno lleva una vida de perpetua andanza, de un extremo al otro de su vasto imperio. A partir del año 808, cuando su enfermedad le fija en Aquisgrán, su capital, las capitulares señalan sin cesar los abusos. Alrededor del emperador, los cuadros administrativos son tan insuficientes como los locales.

El Imperio carolingio no tuvo jamás el armazón sólido de un verdadero estado, a causa de una economía rudimentaria, de una estructura social anárquica. Reina la confusión entre los empleos domésticos y las funciones públicas, tanto en el palacio carolingio como en el merovingio, que siguen siempre al emperador en todos sus desplazamientos. El gran capellán, principal consejero eclesiástico del soberano, dirige la capilla, conjunto de sacerdotes y de clérigos encargados del servicio religioso del rey y de su séquito, y de la redacción de ciertas actas reales.

Cuatro dignatarios laicos son una herencia merovingia: el senescal, que ocupa el primer puesto en la servidumbre real, encargándose del abastecimiento; el copero, de las bebidas; el condestable, del servicio de las cuadras; el camarlengo, de los departamentos privados del rey y de su tesoro personal, conjunto de regalos preciosos y de dinero acuñado. Estos grandes oficiales palatinos son los consejeros del rey; pueden ser enviados en misión diplomática o recibir cargos militares con mando. Entre ellos, un solo oficial tiene un papel permanente mucho más importante, el conde palatino, creación carolingia. Es el presidente normal del tribunal palatino y, por delegación del soberano, puede hacer justicia sin apelación.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo III Carlomagno

Carlos Martel y Pipino el Breve Mayordomos de Palacio

BIOGRAFÍA E HISTORIA DE CARLOS MARTEL Y PIPINO EL BREVE

El poder monárquico de los reyes merovingios iba degradándose progresivamente  y los mayordomos de palacio se convirtieron muy pronto en los verdaderos dueños de la Galia. El primero que se hizo especialmente célebre fue Carlos Martel, gracias a la batalla de Poitiers. El segundo, Pipino el Breve,  tuvo la gloria de ser el padre de Carlomagno.

Carlos Martel (c. 688-741), monarca carolingio del reino franco de Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania). Carlos, cuyo apellido significa ‘el martillo’, era el hijo de Pipino de Heristal y el abuelo de Carlomagno. Pipino fue el mayordomo de palacio con los últimos reyes de la dinastía merovingia.

carlos martel

Carlos Martel, miembro de la dinastía Carolingia, gobernó Austrasia (en el actual noreste de Francia y suroeste de Alemania), como mayordomo de palacio de dicho reino franco, desde el 715 hasta el 741.

CARLOS MARTEL: Fue un joven príncipe de raza germánica iba a ser el campeón de la causa cristiana en esta decisiva pugna entre dos mundos, o mejor expresado, entre dos colectividades humanas que a pretexto de sus peculiares interpretaciones o revelaciones de un Dios, único, al que ambas reverenciaban y rendían culto, se disputaban el dominio del mundo.

Una conservando y defendiendo su patrimonio temporal y otra queriendo arrebatárselo. Este príncipe fue Carlos Martel, a quien ya hemos nombrado en un pasaje anterior, y el lugar de su hazaña, las llanuras de Poitiers, cerca de Tours.

En el verano del año 732, el emir Abderramán, al frente de un numeroso ejército en el que formaban sirios, moros, sarracenos, persas y tártaros, invadió la Galia y en sus devastaciones alcanzó hasta las riberas del Loira.

Carlos Martel, al frente de los francos, acudió a oponérseles, y en octubre del propio año ambos ejércitos se enfrentaron en la llanura situada entre las poblaciones de Poitiers y Tours; la batalla, encarnizadísima, duró siete días; allí quedó destruido totalmente el ejército musulmán, muerto su emir Abderramán y salvada Europa y el mundo occidental de la invasión sarracena, ya que después de este gran fracaso nada volvieron a intentar los musulmanes para extender sus dominios por esta parte del mundo.

El caudillo franco Carlos, hijo bastardo de Pepino de Heristal, que tomó parte personalmente en la batalla, fue llamado Martel («Martillo» en el antiguo francés) por los aplastantes golpes que descargó sobre sus enemigos durante el combate.

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Las invasiones de los bárbaros provocaron la caída del Imperio romano y con ello quedó rota la unidad política de la Europa Occidental. La Iglesia católica quedó como única expresión del orden y se erigió en custodia de la organización y ia cultura romanas.

Convertidos los bárbaros, la influencia de la Iglesia fue en aumento. A fin de consolidar su unidad y la del mundo cristiano, organizó y estableció sus jerarquías para lo cual tomó como modelo la administración civil del viejo Imperio romano. Europa quedó dividida en provincias eclesiásticas o arquidiócesis colocadas bajo la autoridad de los arzobispos.

A su vez, cada arquidiócesis estaba formada por varias diócesis al mando de obispos. Estas últimas estaban divididas en parroquias urbanas y rurales a cargo de los curas párrocos.

Este conjunto de religiosos constituía el clero secular, porque vivía en contacto con la sociedad o mundo (seculum: siglo). A partir del siglo V puede distinguirse otro tipo de clero cuyos miembros (los monjes) vivían en los monasterios, alejados del mundo y sujetos a determinadas reglas. Estos religiosos constituyen el clero regular. De ellos nos ocuparemos más adelante.

La influencia de la Iglesia se hizo sentir en la política; coronó reyes y emperadores, y en más de una ocasión los privó del poder. Por sobre todo, difundió la cultura y suavizó las costumbres al afirmar la superioridad del espíritu sobre la materia. También  se esforzó por aliviar el dolor y creó asociaciones de asistencia social y beneficencia

Francia. La dinastía carolingia
Con la muerte de Clodoveo, ocurrida en París —año 511— el reino de los francos comenzó a dividirse pues sus cuatro nijos se repartieron el territorio para formar nuevos reinos. Se produjeron guerras civiles y esto provocó la decadencia de la dinastía merovingia. Los últimos representantes de esta familia fueron soberanos indolentes e incapaces, y con justa  razón  se les  llamó reyes holgazanes.  Alejados  de  las tareas  de gobierno, delegaron el poder en unos funcionarios llamados mayordomos de palacio, los que adquirieron gran autoridad y se adueñaron de Francia.

Los mayordomos de palacio comenzaron siendo intendentes de la casa real,  encargados de administrar los bienes personales del  rey.  Con  el  tiempo,  comandaron  la guardia militar, desempeñaron ministerios y en varias oportunidades ejercieron la tutela de los príncipes hasta que éstos alcanzaban la mayoría de edad.  Finalmente, la designación de los mayordomos de palacio dejó de ser privilegio de los monarcas y estuvo en manos de la aristocracia que de esa manera controlaba el poder.

A principios del siglo VIl —después de la muerte del rey Dagoberto— el cargo de mayordomo de palacio comenzó a ser hereditario, privilegio que recayó en la familia de los Heristal, duques de Austrasia.  Uno de ellos,  Carlos Martel,  alcanzó gran  renombre,  pues logró contener el ataque de los musulmanes en Poítiers (732).

A su muerte (741) hereda la mayordomía su hijo Pipino el Breve quien destrona a Childerico III, el último merovingio, contando con el apoyo del Papa Zacarías. Pipino se hizo proclamar rey de los francos y así se produjo el advenimiento de una nueva dinastía: la carolingia.

El nuevo Papa Esteban II se trasladó a Francia, consagró a Pipino y le otorgó el derecho a la sucesión hereditaria. Al poco tiempo,  el  Pontífice solicitó  la ayuda del  rey Franco para rechazar a los lombardos que sitiaban a Roma.  Pipino no titubeó y al frente de su ejército cruzó los Alpes, penetró en Italia y, luego de derrotar a los lombardos, se apoderó de los territorios que formaban el Exarcado-de Revena y los cedió al jefe de la Iglesia.

pipino el breve

Pipino el Breve (c. 714-768), mayordomo de palacio del reino de Austrasia y rey de los francos (751-768), hijo del gobernante franco Carlos Martel y nieto de Pipino de Heristal. Fue mayordomo de palacio durante el reinado de Childerico III (que reinó entre el 743 y el 751 aproximadamente), último monarca de la dinastía Merovingia.

LA HISTORIA EN MAS DETALLES:
PIPINO DE HERISTAL Y CARLOS MARTEL

A principios del siglo VII, el reino franco de los merovingios se hallaba en una situación difícil. Después de un breve período de apogeo, cayó en la decadencia. Apenas muerto Dagoberto (639), no hubo más que luchas intestinas y repartos, agravados por las tendencias particularistas de las tres grandes divisiones del reino franco: Austrasia, Borgoña, Neustria, transformadas prácticamente en reinos autónomos; Aquitania seguía abandonada al saqueo de todos. Pero, mientras se sucedían reyes asesinados o gastados por precoces desenfrenos, quedaba una realidad estable: la del gobierno de los mayordomos de palacio, promovidos de simples mayordomos a verdaderos jefes de la administración en cada uno de los tres reinos. Pero los mayordomos de palacio estaban deseosos, como los reyes poco antes, de rehacer cada cual en beneficio propio la unidad del reino franco, mientras que su dominio, frecuentemente abusivo, estaba constantemente comprometido por los grandes.

La familia de los Pipinidas, jefes de la aristocracia austrasiana, es la que va a imponerse en el reino franco, sirviéndose de la mayordomía. Estos son los precursores de los Carolingios; en el año 687, Pipino de Heristal, mayordomo de Austrasia, habiendo eliminado a los otros mayordomos de palacio, gobierna solo—bajo un solo rey merovingio, puramente nominal—, los tres reinos. Inmediatamente después de su muerte, su viuda Plectrudis gobernó como tutora de sus tres hijos menores (714).

La sucesión de Pipino se concierta ya como una sucesión real. Sin embargo, surge la revuelta; los neustrianos se rebelan; los turingios y los alamanes son reprimidos a duras penas; los frisones, los sajones y los árabes de España penetran en el reino franco; los aqui-tanos se declaran independientes bajo un duque de su elección. La regente es sustituida, y elegido un bastardo de Pipino de Heristal, Carlos Martel. Este salva al reino, derrotando sucesivamente a todos sus enemigos y rehaciendo su unidad, ‘fracasadas las veleidades de independencia regional. La gloria principal de Carlos Martel es la jornada de Poitiers; donde detiene la oleada árabe lanzada a través de la Galia. A los ojos de sus contemporáneos, en el año 732 salvó a la Galia cristiana del peligro islámico. En recuerdo del vencedor de Poitiers, se llamará Carolingios a los príncipes austrasianos   de  la  casa  de  los  Pipinidas.

PIPINO EL BREVE, REY POR LA GRACIA DEL PAPA:
En el año 741, Carlos Martel muere; y es reemplazado por sus dos hijos Pipino y Carlomán. Estos colocan en el trono merovingio, vacante desde hacía cuatro años, a un niño llamado Childerico. Pero a continuación de la abdicación de su hermano, atraído por la vida monástica, Pipino, llamado el Breve a causa de su corta estatura, consumó el golpe de estado y, en el año 751, confina en un monasterio al último descendiente de Clodoveo, Childerico III. Entonces es proclamado rey en una gran asamblea que tuvo lugar en Soissons. Esta sustitución de dinastía se hizo con la aprobación del papa.

Se cuenta que Bonifacio fue encargado de plantear al papa Zacarías la famosa pregunta: ¿conviene llamar rey a aquél que tiene el poder en realidad, o a aquél que tiene la apariencia del poder? Habiendo respondido el papa según el deseo de Pipino, Bonifacio interpretó que éste debe reinar «en virtud de la autoridad apostólica».

Por medio de una ceremonia, desconocida hasta entonces en la Galia, Bonifacio consagró en Soissons al nuevo rey y a la nueva reina, en nombre de la Iglesia, derramando sobre sus frentes el santo óleo. Según el modelo de los reyes de la antigüedad judía, hace del primer rey Carolingio el elegido de Dios y su representante. Al mismo tiempo, hace ostensible para todos el consentimiento del papa en la usurpación llevada a cabo. Pipino alcanza, mediante la consagración, fuerza y prestigio.

FORMACIÓN DE LOS ESTADOS PONTIFICIOS
Pipino sella muy pronto la alianza de los francos y el papado contra los lombardos, y paga también su deuda a Roma. En efecto, el papado tiene necesidad de la fuerza política y militar de los nuevos dueños de la Galia, si no quiere ser transformado en un simple obispo lombardo y abandonar sus sueños de universalidad; la realeza franca no tiene menos necesidad del papado para consolidar su dinastía.

Pero el rey lombardo Astolfo se arroja sobre Rávena, y conquista rápidamente los territorios que le separan aún de Roma (la Emilia), amenazándola en el año 751. Pipino, que es llamado en su ayuda, duda hasta el momento en que el propio papa acude a la Galia en pleno invierno (753). Aceptando renovar solemnemente la ceremonia de la unción en beneficio de Pipino, de su mujer y de sus hijos, el papa liga su suerte a la del rey franco, mientras que este último se identifica la causa franca con la del cristianismo romano. Pipino interviene en Italia dos veces, en los años 754 y 756, y obtiene de Astolfo el compromiso de evacuar todo lo que acaba de conquistar—es decir, el exarcado de Rávena, la Emilia, la Pentápolis (Rímini – Fano-Pesaro -Sinigaglia – Ancona) y de «dárselo a San Pedro», ya que el exarca de Bizancio había huido. Esta decisión fue la carta de fundación del Estado Pontificio.

Pipino  murió   en  el   año   768,  dejando dos hijos, Carlos y Carlomán. El mismo año, Carlos, el futuro Carlomagno, contraía matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Fuente Consultada
HISTORIA I Antigua y Edad Media de José Cosmelli Ibañez
HISTORAMA  La Gran Aventura del Hombre Tomo III Dinastía Carolongia

Historia de la República de Venecia Gobierno y Comercio Resumen

RESUMEN: HISTORIA REPÚBLICA DE VENECIA ENTRE SIGLOS XV Y XVII

Venecia era la Sereníssima, la ciudad marítima más poderosa de la Europa medieval, reina del Adriático, del mar Negro y del Mediterráneo. Los comienzos de esta grandeza fueron muy humildes. En el siglo V, los bárbaros godos y lombardos invadieron el imperio romano. Un grupo de refugiados, huyendo de los invasores, llegó hasta la costa y buscó protección en unas pequeñas islas yermas situadas en las lagunas costeras al noroeste del litoral adriático.

En ese lugar se construyó la república veneciana, sobre cimientos de cieno, con canales en lugar de calles, que todavía subsisten en la «ciudad vieja» de Venecia. Pero en el sentido económico y político, sus cimientos eran de roca, la roca del comercio.

La ciudad-estado proporciona un magnífico ejemplo medieval, no sólo de gobierno, sino de un modo de vida en general, basado en el comercio y el tráfico marítimo.

En la Edad Media, Venecia dominaba las encrucijadas que unían las rutas comerciales de Europa y Asia. Fue la mayor potencia marítima de su época….veamos su historia:

Italia, como Alemania, sigue un camino inverso al de Francia o al de Inglaterra: el de la desintegración. Las diversas ciudades italianas se organizan como estados soberanos y ya nada las ata, ni siquiera la sombra del Imperio Romano Germánico.

El siglo XIV es propicio para la Península Itálica. El Papa está en Aviñón, y por lo tanto, los avances del extranjero se han contenido. La paz parece favorecer al artesano y al mercader. La riqueza se acumula en ciudades como Florencia, Milán, Genova y Venecia, pero por eso mismo nace la rivalidad entre ellas y la paz se altera. Los ciudadanos poderosos no se muestran satisfechos; piensan que pueden enriquecerse más y resuelven hacerlo a costa de sus vecinos. Su dinero les permite contratar a un aventurero (condottiero) con su banda. Una buena paga pone al condottiero al servicio de una Comuna o de un partido.

La guerra civil se enciende y la anarquía domina a Italia. Además, en estos pequeños estados a veces se prolongan las luchas entre güelfos (aristocracia) y gibelinos (democracia).  Estos dos partidos habían surgido como consecuencia de la rivalidad entre el Papa y el Emperador.

Los burgueses, comerciantes y banqueros, con la ayuda del condottiero o los condottieros mismos, por una traición o por un golpe de audacia quedan, de pronto, al frente de las ciudades.

Estos gobiernos de fuerza, al modo de los tiranos de Grecia, se preocupan de su ciudad (república, ducado o señoría), la embellecen, se rodean de una corte brillante, cuidan el trabajo de sus artesanos, ordenan su industria y vigilan muy atentamente el Mediterráneo, cuyo tráfico pretenden dominar.

Venecia, que domina el Adriático, gracias a una hábil política de infiltración en la Italia superior, aspira a tener el control de los mercados de Oriente.

En sus comienzos, firmó convenios con príncipes ostrogodos, lombardos y francos. Luego, exigió que se depositaran en la ciudad, las mercaderías que debían atravesar las lagunas y a las que gravó con impuestos de salida. Más tarde redujo los derechos de aduana a los productos de Oriente, llevados por navios venecianos. Su gran riqueza fue el comercio de las especias.

El gobierno de la República Veneciana (oligarquía de mercaderes), reglamentó muy cuidadosamente la actividad comercial y marítima de sus ciudadanos. Sus colonias estaban directamente administradas por funcionarios del estado. Genova, su rival, lo hacía por medio de las compañías particulares.

En los famosos astilleros venecianos nadie podía construir navios sino con las medidas fijadas por el estado. Así, si un peligro amenazaba, la Señoría podía transformar rápidamente su flota mercante en navios de guerra.

También Venecia era celosa de su industria: prohibía a los obreros expatriarse sin su autorización, y si lo hacían, encarcelaba a su familia o los mandaban asesinar. Por otra parte, concedía rápidamente las cartas de ciudadanía a los extranjeros, hábiles artesanos, para beneficiarse con su experiencia.

Esta ciudidad, desde la derrota de Génova, en el siglo XIV, endueño del Mediterráneo Oriental. Comprendió entonces que necesitaba crearse un baluarte en Italia y a tal fin inició su expansión por la «tierra firme».

Se adueñó de Padua, y adquirió a Milán sus posesiones de Vicenza y Verona (1405). El dominio de Bérgamo y Brescia ocasionó una larga guerra entre venecíanos y milaneses.

Durante cerca de un siglo, Las ciudades italianas se enfrentaron unas a otras. Cada gran familia Representaba un partido. El éxito de uno conducía, generalmente, al exterminio del otro. Francia, el Imperio y el Papado se esforzaron en sacar partido de esas conmociones. Los duces se sucedían. Muchos perecieron asesinados. Sin embargo, algunas grandes familias llegaron a mantenerse a la cabeza de las ciudades. Este fue el caso de los Visconti, en Milán, que reinaron durante ciento treinta y seis años. Francisco Sforza se casó con la hija de Felipe Visconti y obligó a los nUmeses a reconocerlo como duque a la muerte de su suegro, en 1447. La familia Sforza gobernó Milán desde 1450 hasta 1535.

ANTECEDENTES: Durante la guerra, Venecia consiguió la alianza con Florencia, inquieta por el poder que habían adquirido los Visconti, familia que gobernaba en Milán. Los dos estados se impusieron al fin. Sin embargo, la guerra fue continuada por Francisco Sforza, audaz condottiero y yerno del último Visconti, hasta conseguir un equilibrio en In
paz de Lodi.

palacio ducal en venecia

PALACIO DUCAL DE VENECIA
Suntuosa construcción del siglo XIV que demuestra el período de la República Serenísima. Este palacio fue residencia del dux (cargo vitalicio) y de los consejos que integraban el gobierno de la república aristocrática. El Consejo mayor (1700 representantes de las familias más ricas, y que ya habían sido magistrados) elegía el Consejo de los diez. Junto a la sala del Consejo de los tres (cuyos miembros eran elegidos entre los que formaban el Consejo de los diez), severo tribunal que vigilaba a los ciudadanos y debía reprimir toda manifestación en contra del gobierno, se encontraba un buzón en forma de boca de león. En él se depositaban denuncias anónimas.

LA REINA DEL COMERCIO MEDITERRÁNEO
En medio de numerosas batallas decisivas en la península, la República de Venecia no había interrumpido sus actividades comerciales. Después de la pérdida de Tierra Santa, y a pesar de las amenazas del Papado, que quería debilitar económicamente al Islam, Venecia continuó traficando con Egipto y Siria: en El Cairo y en Alejandría, sus mercaderes eran muy influyentes y estaban protegidos por concordias y privilegios.

A partir del viaje de Marco Polo (1271-1295), la ciudad estaba en buenas condiciones para conocer las rutas continentales desde Persia al Asia Central, y para procurarse, a través del Imperio mongol, las especias que el Papado impedía adquirir en Egipto.

Los mercaderes llegaban hasta China y traían los productos que los negociantes alemanes de Augs-burgo y de Nuremberg iban a comprar y almacenar en el Fondaco dei Tedeschi, en el Gran Canal, antes de reexportarlos más allá de los Alpes.

A finales del siglo xiv, un célebre discurso del dux Mocenigo nos permite valorar la riqueza de la Serenísima República: cerca de 200.000 habitantes, 20.000 personas empleadas en la industria de la lana y de la seda, alrededor de 17.000 en los astilleros marítimos, que podían construir 45 galeras cada año. La flota comprendía 3.000 barcos mercantes y 300 navios de guerra.

La ciudad acuñaba anualmente dos millones de ducados de oro y de plata.

Las grandes familias, los Morosini, los Córner, los Dándolo, los Contarini extendieron, de Occidente a Oriente, sus negocios, sus bancos y sus despachos, y dispusieron de rentas considerables.

Esta extraña ciudad, levantada sobre el agua, era, a pesar de su reducida superficie, una de las potencias económicas mundiales. ¿Cómo funcionaba la dirección de este extraordinario mecanismo?

Venecia, república mercantil, fue gobeinada por una aristocracia financiera. Si, hasta el siglo XII, el dux (tomado del duque bizantino) ejerció un verdadero poder monárquico, progresivamente fue cediendo atribuciones ante eJ creciente poderío de las familias ricas y, a mediados del siglo XII, aparecieron diversos consejos, que después se diversificarían y acapararían el poder.

EL ESPLENDOR DE VENECIA
Al lado de la oligarquía dirigente se encontraban los ciudadanos, venecianos, al menos, desde dos generaciones, de rango acomodado, que podían ocupar los puestos secundarios del gobierno y de la administración (secretarios, notables, etc.).

El pueblo no tenía derechos políticos y estaba agrupado en corporaciones bien organizadas, con sus dignatarios, sus patronos y sus estandartes, que llevaban en las procesiones.

Obreros de los arsenales, artesanos de la lana o de la seda, vidrieros, marineros, pescadores, todos estaban protegidos y sé beneficiaban, más o menos, de la riqueza de la ciudad, que provocaba la envidia y la admiración de los contemporáneos por su disciplina, su unidad, su dedicación conjunta al Estado y la subordinación de los intereses privados a la empresa colectiva.

A comienzos del siglo XV, Venecia alcanzó su apogeo. Sus gloriosos símbolos son la iglesia de San Marcos, con sus mosaicos de oro; todos los capitanes tenían el deber de traer de sus viajes cuanto pudiera acrecer su lujo: columnas, bajorrelieves, estatuas, tesoros de orfebrería. En 1495, la iglesia estaba prácticamente terminada, y parecía, como ha dicho Ruskin,un «inmenso relicario».

En la misma época, el palacio de los duces tenía el aspecto que conserva hoy, con su arquitectura original, su alta muralla sobre doble serie de columnas, mezcla de arte y aportaciones orientales.

En una ciudad al abrigo de los ataques del enemigo y que desconocía la guerra civil, los patricios no estaban obligados a hacer fortalezas de sus palacios; a lo largo del Gran Canal, suntuosas residencias, como la Cá d’Oro y otros cien palacios cuyas fachadas tienen la delicadeza de encajes, formaban «la más bella calle que pueda existir en todo el mundo», dijo Commynes, un testigo maravillado.

LA POLÍTICA DE TIERRA FIRME
A finales del siglo XV, los pintores Gentile y Giovanni Bellini y Carpaccio, representaron fiestas famosas, como la de la Ascensión, donde se celebraba el matrimonio simbólico del dux y de la mar; el dux, a bordo del Bucentauro adornado de púrpura y de oro, lanzaba su anillo a las olas.

La ciudad, por otra parte, no se orientaba solamente hacia el mar. Necesitaba dominar las rutas que conducían hacia Italia central, tanto más cuanto qu- estaba rodeada de otras ciudades dirigidas por señores poderosos e insaciables: Verona y los Scaligeri, Ferrara y los Este, Padua y los Carrara, Milán y los Visconti.

La libre navegación por el Po y sus desembocaduras fue, igualmente, una necesidad para el comercio: desde 1270, Venecia se enfrentó a Bolonia. En 1338, una guerra contra Verona obligó a los Scaligeri a desalojar la provincia de Treviso.

Sabemos que, en el curso de la guerra de Chioggia, los Carrara se aliaron con Genova: vencidos en 1388 y luego en 1404, estos enemigos implacables fueron estrangulados en los Plomos de Venecia, dos años después.

A principios del siglo xv, la República dominaba el país comprendido entre los Alpes, el Tagliamento y el Adigio. La lucha contra Milán duró desde 1426 hasta 1454, en que la paz de Lodi dio a Venecia Bérgamo, Brescia y Cremona.

Esencialmente marinos, los venecianos confiaron sus operaciones terrestres a los condottieros: Carmagnola, Gattamelata, Francesco Sforza, Bartolomeo Colleoni, a quien Verrocchio inmortalizó en su famosa estatua ecuestre. Venecia permitió a las ciudades sometidas conservar sus instituciones, bajo la intervención de dos funcionarios nombrados por ella: un podestá y un capitán que dependían de los cinco «sabios de tierra firme».

Pero su expansión le había atraído numerosos odios en Italia y, a finales del siglo XV, Venecia se verá amenazada por peligrosas coaliciones.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ver:Biografía Músico Monteverdi Claudio

Ver: Biografía de Antonio Canova

Vida de los Estudiantes en la Universidad Medieval

Vida de los Estudiantes en la Universidad Medieval

Al llegar a Bolonia, Oxford o París, el estudiante,   adolescente   u  hombre   hecho, se albergaba en un hospicia o pensión reservada a los jóvenes, donde podía conseguir un lecho y compartir una habitación. De este tipo fue el Colegio fundado por el Cardenal Albornoz en Bolonia, idea renovada en Salamanca y en otras universidades españolas.

Otras veces, vivía con una familia pobre. En París, hacia 1300, había 7.000 estudiantes; en Bolonia, 6.000; en Oxford, 3.000. Esta masa era atrevida y entusiasta, y consideraba al mundo de las ideas, en el que iba a penetrar, tan fascinante como la guerra o los torneos.

Estudiantes en la Edad Media

El estudiante gozaba en París del fuero de los clérigos, estaba libre del servicio militar, exento de los impuestos estatales, y sólo podía ser juzgado por un tribunal eclesiástico. Generalmente, era tonsurado; si se casaba podía proseguir sus estudios, pero perdía los privilegios de clérigo y no podía recibir cargos.

Entre ellos reinaba una gran licencia; el monje Santiago de Vitry calificaba a los estudiantes parisienses de «más disolutos que el pueblo». Es evidente que el término «clérigo» no era sinónimo de «santo»; se cuenta que las muchachas de vida ligera se establecían en las  casas  en que enseñaban los  maestros.

Cada grupo nacional acostumbraba criticar a los otros; las riñas entre estudiantes y maestros, entre estudiantes y burgueses eran frecuentes. En Oxford, la campana de Santa María convocaba a los estudiantes, y la de San Martín a los burgueses, para que dirimieran sus querellas con sangre. Un preboste parisiense lanzó, en 1269, uria proclama contra los clérigos que «de día y de noche hieren y matan atrozmente a mucha gente, raptan mujeres, seducen a las doncellas, penetran con fractura en las casas».

Cada etapa del año escolar debía ser celebrada dignamente con bebidas; una viril y ruidosa francachela alegraba el corazón de todos. Las autoridades exigían a cada estudiante el juramento solemne de ajustarse a la disciplina universitaria., Los jóvenes juraban precipitadamente y  pecaban cuando querían.

El infierno no asustaba a los futuros teólogos. Sin embargó, encontraban tiempo para trabajar. Las clases comenzaban al alba, es decir, hacia las siete de la mañana. El año escolar duraba once meses; el origen de las vacaciones de verano no fue otro que el deseo de dejar libres a los jóvenes para la siega.

Con sus inevitables imperfecciones, las universidades medievales pueden reivindicar el honor de haber desarrollado la sutileza espiritual de los hombres de Occidente, de haber creado un lenguaje filosófico y de haber entroncado con la tradición antigua.

EL DESCUBRIMIENTO DE ARISTÓTELES: Ya hemos visto cómo, en el siglo xu, los filósofos judíos y árabes habían influido en el pensamiento cristiano, y cómo la filosofía, vieja y nueva a la vez, fue asimilada de manera notable. La «Física» y la «Metafísica» de Aristóteles, con los «Comentarios» de Averroes, llegaron a París a comienzos del siglo XIII, amenazando la ortodoxia de muchos estudiantes; el equilibrio entre la Fe y la Razón sería en adelante el gran problema de los pensadores de aquel tiempo. Alberto Magno y Tomás de Aquino querían conciliar Aristóteles y las Escrituras, mientras que los partidarios de Averroes querían seguir independientemente a Aristóteles y a las Escrituras.

Siger de Brabante, erudito y sacerdote, se hizo campeón de esta última teoría, y durante una generación, avorroísmo y catolicismo se enfrentaron en París. «Dios—decía Siger—es el fin, no la causa de la creación». Contra él iba a levantarse, en primer lugar, Alberto Magno. Hijo de un aristócrata suabo, había estudiado en Padua y enseñado en diversas escuelas dominicas.

La enorme masa de sus obras está muy mal organizada y es muy incoherente, pues defiende a veces en una lo que ataca en otras. Alberto era un hombre demasiado bueno, un alma demasiado piadosa para ser un pensador objetivo. Sin embargo, ayudó a difundir la obra de Aristóteles, mediante la enseñanza, y acumuló un gran número de pensamientos y de razonamientos, de los que su célebre discípulo Tomás de Aquino hizo una síntesis lúcida.

Ver: La Universidad Medieval

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Comercio Marítimo en la Edad Media Tipos de Barcos

Comercio Marítimo en la Edad Media  y Tipos de Barcos

LA APERTURA DE LOS MARES SEPTENTRIONALES
A partir del siglo XII, el comercio en los mares Báltico y del Norte se había desarrollado considerabemente, gracias a la actividad de la Hansa. Esta, en la época de su apogeo, agrupaba más de ciento cincuenta ciudades marítimas o continentales situadas entre el golfo de Finlandia y el Zuiderzee.

Unión comercial primero, la Hansa teutónica, aprovechando la carencia de una autoridad imperial, demasiado debilitada por las guerras italianas y las luchas contra el Papado, no tardó en convertirse en una potencia política. Sin embargo, todas estas ciudades continuaban bajo la dependencia del emperador o de sus respectivos señores. Nunca hubo fusión orgánica ni de personalidad jurídica: la Hansa no poseía ni marina ni ejército permanente. Las ciudades sólo tenían una asamblea irregular, la Hansetag.

Sin embargo, a pesar de la falta de una estructura que, por referencia al Mercado Común, podríamos llamar supranacional, la identificación de los intereses comerciales bastó, durante cuatro siglos, para hacer de ella una potencia económica y política raramente igualada.

Los habitantes de Brujas estaban celosos de los de la Hansa y querían retirarles las ventajas que les habían concedido. Este conflicto provocó una transformación de la Hansa, que se convirtió en una alianza de ciudades, y se hizo suficientemente fuerte como para prohibir traficar a sus miembros con Brujas. Este boicot resultó eficaz: los flamencos tuvieron que someterse, confirmar las ventajas anteriores, mejorándolas, y pagar una fuerte indemnización a las ciudades hanseáticas por los perjuicios sufridos.

Seguidamente, los escandinavos quisieron, a su vez, liberarse del yugo del imperio hanseático. Negándose a entregarles el trigo o la sal indispensable para la salazón de los arenques, los de la Hansa forzaron a sus adversarios a pedir excusas. En 1388, una coalición de ingleses, flamencos y rusos no consiguió mejores resultados.

Comercio Marítimo en la Edad Media

TÉCNICA DEL COMERCIO
El siglo xiv presenció el apogeo de la Hansa. Este poderío se debió en gran parte a la utilización de un nuevo tipo de navio, la Cogghe. Hasta entonces, los mares septentrionales eran recorridos por dos tipos de naves: la barca de los vikingos, a remo y a vela, rápida y de poco calado, y la nave occidental, de forma redondeada, más larga y estable, que sólo navegaba a vela. Estos dos tipos de navios tenían una capacidad de transporte muy limitada: 30 toneladas. Pero el transporte de los cruzados a Tierra Santa exigió el uso de navios más grandes, de los que el comercio se serviría después.

La Cogghe apareció a fines del siglo XII. Medía unos treinta metros de largo por siete de ancho. Provista de una sola vela, manejable y rápida, podía transportar 300 toneladas, o sea, diez veces más que los navios precedentes. Estas naves pertenecían raramente a un solo mercader o armador.

De diez a veinte personas se asociaban para cada viaje, y arriesgaban así una parte del valor del navio y de las mercaderías. Los asociados se repartían, como es de suponer, los beneficios. Esta práctica no significaba, forzosamente, que las ciudades de la Hansa no dispusieran de personajes lo suficientemente ricos como para hacerse cargo individualmente de los gastos de una operación, sino que los riesgos eran tales (una tercera parte de las naves desaparecía) que los burgueses preferían repartir los riesgos y beneficios en varias empresas.

Los barcos navegaban, generalmente, en convoy, para evitar los riesgos de piratería; esta práctica no sólo aumentaba los peligros de colisión sino que, además, tenía el inconveniente de obligar a los navios procedentes de ciudades diversas a buscar un punto de concentración. Sin contar las citas a las que faltaban algunos, esta obligación provocaba una pérdida de tiempo, y los mercaderes, deseosos de recibir sus beneficios, se impacientaban. Otro riesgo serio era la «huida» del capitán, que, al llegar al extranjero, podía, con toda facilidad, vender su cargamento y desaparecer.

Para evitar esto, el capitán debía estar casado obligatoriamente y ser padre de familia: los asociados podían, así, guardar a su mujer y a sus hijos como rehenes.De esta forma, la Hansa, con su flota y sus poderosos mercaderes, era una muestra, como Italia, del esplendor de la civilización urbana, fundada en el comercio y el dinero.

Ver: Importancia De La Ruta de la Seda

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Quienes Fueron Los Juglares en la Edad Media?

¿Quienes Fueron Los Juglares en la Edad Media?

LOS JUGLARES: UN CANTO DE AMOR:

En el sur de Francia, partiendo de la lengua de oc, crean un dialecto semiartificial de galanteos, y de juegos de ingenio, en el que juglares y trovadores profesionales componen y recitan poemas amorosos. Las categorías feudales fueron allí siempre menos rigurosas que en el norte de Europa, y los contactos con los árabes, mucho más profundos. Así, surge una nueva moral.

Juglares recitando

La mujer ya no es la eterna menor, la criatura inferior, incapaz de llevar armas, sino la inspiradora de los caballeros.

Se crea un código del amor galante: amor fuera del matrimonio, que tiende a la unión carnal, pero que acepta un lapso entre el deseo físico y la satisfacción; concepción que irá refinándose, hasta alcanzar una especie de misticismo a finales de la Edad Media. Al mismo tiempo, la música que acompaña a los poemas se hace más compleja.

En el Norte, nace una literatura en lengua de oil, girando, no alrededor de los temas de amor, sino glorificando las hazañas de los caballeros en interminables canciones de gesta: algaradas, duelos, fidelidad de vasallaje, son los temas esenciales de la «Chanson de Roland», la más conocida de las canciones de gesta compuestas en esta época. Las melodías que acompañan a estos versos son mucho más simples y monótonas que las del Mediodía.

Las cortes del Norte son mucho menos refinadas también que las del Mediodía, y el divorcio de Leonor de Aquitania de Luis VII, rey de Francia, muestra la incapacidad de esta mujer del Sur para adaptarse a la brutalidad masculina del Norte. Aunque el ideal caballeresco llega a ser mucho menos bárbaro y excesivo que en el siglo xi, esta evolución no alcanza más que a una minoría.

En las regiones retiradas, los caballeros no son todavía más que soldadotes salvajes, saqueadores, asesinos de monjes, salteadores de comerciantes, raptores de doncellas, que pegan y repudian a sus mujeres por cualquier cosa, y multiplican los bastardos. Pero la evolución no se puede detener y se hará cada vez más profunda.

Ver: Los Trovadores Medievales

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Origen de los Burgos en la Edad Media Los Municipios

Origen de los Burgos en la Edad Media – Los Municipios Medievales

LA CIUDAD Y EL CAMPO EN LA EDAD MEDIA:

Desde que ocurrieron las invasiones de los piratas en el siglo IX, las antiguas ciudades no tenían casi pobladores; ni obreros, porque nadie tenía dinero para encomendarles trabajo; ni comerciantes, porque ya no era posible andar por los caminos.

Apenas quedaban los aldeanos y los criados del obispo o del conde.

Lentamente gracias a las mejores condiciones climáticas de aquella época y el consecuente mejoramiento de la salud de los habitantes,  la agricultura tomó un importante auge, y las superficies sembradas se ampliaron  enormemente.

Las roturaciones agrícolas transforman  considerablemente el paisaje. Además los bosques quedan reducidos y las comunicaciones se hacieron  más fáciles y cortas. Las abundantes cosechas generaron excedentes, lo que  motivo inicialmente el trueque con otras poblaciones y mas tarde el comercio.

Como consecuencia a fines del siglo XI el dinero comenzó a escasear menos y de nuevamente  empezó a haber un poco de comercio, con la  que reaparecieron los artesanos y los mercaderes.

Entonces las antiguas ciudades se repoblaron y muchas aldeas se hicieron ciudades. La mayor parte de las ciudades francesas fueron en su origen aldeas.

Gran parte de los  nuevos pobladores se establecieron, no en el antiguo recinto de la ciudad, que era demasiado pequeño, sino al lado, en un emplazamiento que se rodeó primeramente de una empalizada de madera, luego de una muralla de piedra.

A este recinto se aplicaba un nombre alemán, burgo. Hubo entonces, una al lado de otra, dos ciudades y a veces más, cada una con su recinto fortificado.

Nace nuevos mercados en los burgos campesinos, ferias en las grandes encrucijadas. Paralelamente el comercio suntuario se desarrolla para responder a una demanda creciente.

El renacimiento del comercio trae consigo el de las ciudades, pobladas a la sazón no solamente por clérigos, sino también por comerciantes profesionales y por artesanos.

Pero la ciudad sigue muy impregnada de campo: las casas están espaciadas, quedan muchos campos dentro de las murallas.

Los habitantes (el término «burgués» comienza a formarse) llevan exactamente la misma vida que los campesinos: siguen el ritmo de las estaciones, en casas de madera, sin comodidades.

No gastan, ignoran el lujo. Son, apenas, un poco más instruidos que los campesinos, para poder manejar los libros de cuentas.

Pero, sobre todo, los burgueses siguen sometidos a la misma autoridad que los campesinos: el señor, sobre cuyo territorio se sitúa la ciudad.

Este, a causa de sus frecuentes rapiñas, sus atropellos, los impuestos que inventa y multiplica, entorpece el comercio.

Por ello, los burgueses se agrupan en comunas para oponerle resistencia e imponerle el reconocimiento de las franquicias de la ciudad: independencia personal de todos los burgueses, restricción de los derechos consuetudinarios señoriales, supresión de las trabas al comercio.

Ciudad Medieval

El movimiento se desarrolla, sobre todo, en la Italia lombarda y en la Francia del Norte, y posteriormente en los países germánicos, más apartados de la renovación comercial.

Es muy violento, llegando hasta el motín en el año 1115, los habitantes de Laon matan a su obispo, que se negaba a reconocer sus franquicias.

En conjunto, el movimiento comunal se ve coronado por el éxito, y el nuevo estatuto jurídico de las ciudades permite la extensión del comercio.

De este modo, la expansión agrícola lleva consigo el desenvolvimiento de la economía de cambio, la creación de ciudades, la aparición de los burgueses, que trastorna la disposición de los tres órdenes.

Es un germen de disolución del régimen feudal, adaptado a una economía de subsistencia replegada sobre sí misma. Pero, antes de disolver el feudalismo, la expansión agrícola implica el enriquecimiento  de las  clases  superiores.

LOS MUNICIPIOS:

En varias ciudades del Norte, sobre todo en Picardía, donde era señor un obispo, los habitantes, para obtener la franquicia, habían empezado por hacer entre ellos una conjuración, se habían jurado defenderse mutuamente para obligar a su señor a concederles una carta. La ciudad libertada por este medio se llamaba municipio.

Cada uno de los habitantes había de jurar defender a los demás, y cuando se daba la voz de ¡Municipio! todos habían de acudir armados.

En varias ciudades el obispo prohibió a los habitantes formar un municipio, y los habitantes se sublevaron.

En Cambrai, el año 1076, los habitanes se habían armado y jurado el municipio, en tanto el obispo estaba en la corte del emperador. Volvió el obispo y aceptó lo jurado para que se le dejase entrar. Pero, cuando los habitantes hubieron dejado las armas, envió soldados que mataron a muchos en las calles y en las iglesias.

A otros mandó cortar pies y manos, sacar los ojos o marcar con hierro al rojo. Luego suprimió el municipio.

En Laon, desde el año 1106, el obispo, señor de la ciudad, era un caballero normando que pasaba la vida en la guerra y cazando.

Tenía un esclavo negro que utilizaba para atormentar a los que no le placían. En una ciudad vecina, en Noyon, el obispo había dejado formarse un municipio. Los habitantes de Laon quisieron formarlo también.

El obispo había ido a Inglaterra; los obispos y los sacerdotes que gobernaban en su ausencia, accedieron a lo pedido mediante el pago de una gruesa suma.

El obispo, a su vuelta, aceptó lo hecho mediante una nueva suma. Pero tres años más tarde (1112) hizo que a Laon fuese el rey Luis VI, y le pidió que anulase el municipio. Los habitantes ofrecieron al rey 400 libras de plata para conservarlo. El obispo prometió 700 por suprimirlo. El rey mandó pregonar por la ciudad que el municipio quedaba suprimido y se apresuró a partir.

Al día siguiente, por la mañana, los habitantes, exasperados, cerraron sus tiendas y se reunieron. Varios juraron matar al obispo.

Alguien fue a avisarle, y respondió: » ¡Yo, perecer a mano de esas gentes! «. Al día siguiente, que era la Pascua, atravesó la ciudad en procesión y oyó gritar: «¡Municipio, municipio!». Mandó venir aldeanos de los alrededores y los apostó en las torres de la iglesia y en su palacio.

Pero dos días más tarde los despidió. Se le previno que los habitantes se agitaban: «¿Qué creéis, dijo, que puedan hacer esas gentes? Si mi negro tomara de la nariz al más terrible de ellos, no se atrevería a refunfuñar. ¿No les he obligado a renunciar a lo que llamaban su municipio? «.

Pero al día siguiente, por la tarde, se oyó de pronto gritar: » ¡Municipio! «. Un fuerte grupo, armado con hachas, arcos, mazas y picas invadió la iglesia y el palacio del obispo. Los caballeros del obispo no tenían armadura, se defendieron con el escudo y fueron muertos.

El obispo se puso el traje de un criado, huyó a refugiarse a una bodega y se escondió dentro de un tonel. Los sublevados, dueños del palacio, corrían por todas partes en su busca.

Un criado del obispo, con un movimiento de cabeza les mostró la bodega. Se precipitaron en ella y buscaron por todas partes. Con ellos iba un hombre a quien el obispo por mofa había llamado Isengrin (así se apellidaba al lobo en la Edad Media).

Se detuvo delante del tonel, lo destapó y tocó al obispo con el palo que llevaba, preguntando: «¿Quién está ahí? » — El obispo respondió temblando: «Un desgraciado prisionero» — » ¡Ah! , respondió el hombre, es el señor Isengrin el que está metido en este tone!».

Se sacó al obispo por los pelos de dentro del tonel, y se le arrastró fuera y se le partió la cabeza de un hachazo, y uno, para apoderarse del anillo, le cortó el dedo con su espada.

El cadáver, desnudo, fue abandonado en un rincón. Los amotinados maltrataron también a las mujeres de los caballeros.

Se siguió una larga guerra. El rey atacó a Laon. Los habitantes se refugiaron en el castillo de un señor de los alrededores, que se dedicaba al pillaje, y el municipio fue abolido.

Se conservaron, no obstante, municipios en la mayor parte de las ciudades de Picardía y los señores crearon algunos en otras partes, por ejemplo, en Borgoña. Pero la mayor parte de las ciudades de Francia no tuvieron municipios.

EL DESARROLLO DEL COMERCIO: El desarrollo del lujo ha acrecentado el comercio e incluso la creación de centros industriales especializados: Flandes, Italia del Norte, en la industria pañera; París, en los oficios artesanos.

Los burgueses se enriquecen. Invierten sus beneficios en la tierra y tratan de integrarse en la nobleza.

En Italia, la clase superior está formada por la fusión de la nobleza y de los más ricos burgueses; todos sus miembros son, a la vez, comerciantes y terratenientes, y residen en las ciudades.

Ellos serán los artífices del gran renacimiento italiano de los siglos siguientes.

En Francia, por el contrario, la nobleza se cierra y se convierte en hereditaria. Pero se ha visto que la burguesía era lo suficientemente vigorosa para tener una expresión cultural propia. En el aspecto político, es ella quien sostiene el poder real contra la nobleza.

En toda Europa, las ciudades se desarrollan, tienen unas actividades y una mentalidad especial, distinguiéndose cada vez más claramente del campo.

Sin embargo, la economía rural se ve profundamente transformada por la circulación de la moneda.

Los campesinos venden una parte de su cosecha para alimentar a las ciudades. Los contratos de arrendamiento y aparcería reemplazan a la antigua servidumbre.

Esta evolución acentúa las divisiones sociales entre la gente del campo. Algunos campesinos hábiles se enriquecen (el tema del rústico nuevo rico invadió la literatura realista del siglo XIII), mientras que otros caen en una especie de servidumbre por deudas.

En conjunto, la economía de intercambio es favorable a la nobleza de Inglaterra y de Italia del Norte, que se entrega a la explotación directa y a los cultivos favorables a la especulación.

Pero en Francia, en España y en los países germánicos, la nobleza, cuyas dispendios en lujó y equipo militar crecen constantemente, no sabe adaptarse.

Se encuentra, pues, en desequilibrio permanente, se endeuda, vende sus tierras y se empobrece.

Casta hereditaria, no se encuentra ya sistemáticamente ligada a la carrera de las armas, puesto que algunos de sus miembros no son lo bastante ricos para ejercerla.

Por todas partes, el sistema feudal se halla minado por la economía monetaria.

Únicamente, la coyuntura económica favorable impide que la crisis estalle. Pero esta coyuntura cambia en los primeros años del  siglo XIV.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

La Vida de los Campesinos en la Edad Media Trabajo Agrícola

LOS CAMPESINOS: EL TRABAJO AGRICOLA EN LA EDAD MEDIA

SIERVOS Y LABRIEGOS: Así son llamados los que no son ni caballeros ni clérigos. Se definen por el hecho de estar sometidos a exacciones y al dominio del señor.

Su condición jurídica es muy variada. La esclavitud prácticamente ha desaparecido. Algunos campesinos son siervos, es decir que tienen la parcela de  tierra de un caballero y la cultivan, y pueden legarla a sus hijos.

A cambio de esto, deben al propietario servicios y renras. Otros son propietarios de un alodio, o sea propietarios íntegramente de la parcela que cultivan. Otros, en fin, son criados.

Pero la distinción fundamental es la que existe entre los labradores que cultivan bastantes tierras para utilizar un arado, y de los cuales algunos están a cubierto del hambre, y los peones o braceros, que cultivan sus tierras a mano.

Estos son, con mucho, los más numerosos. Todos los campesinos, cualquiera que sea su condición jurídica y sus medios de fortuna, están sometidos al dominio del castellano, que les impone tareas de limpieza del castillo, de acarreo, servicios de horno, de molino, peajes, y la talla, impuesto arbitrario.

Y, en fin, el castellano administra justicia y ejecuta las sentencias, ya se trate de multas o de justicia de sangre. Los derechos de los señores son mucho más pesados que las contribuciones territoriales.

Del siglo XI al XIII se manifiestan progresos en la agricultura. Una mejor utilización de los animales de tiro, gracias a la collera rígida, y un perfeccionamiento del arado, constituyen la base de lo que se llama la «revolución agrícola».

LA VIDA DE LOS CAMPESINOS
Los campesinos viven agrupados en grandes aldeas, situadas en las tierras más ricas.

Sus métodos de cultivo son arcaicos: laboreos permanentes con largos barbechos en las tierras más ricas, trabajos sobre partes quemadas, cambiantes dentro de los límites del terruño; cultivan, sobre todo, cereales, un poco de trigo candeal, centeno y mijo; diseminadas por todas partes, algunas cepas de viña.

El ganado es escaso y está mal alimentado. Los pueblos están aislados en medio de inmensos bosques que proporcionan a los campesinos importantes recursos: múltiples productos naturales como la miel, la cera, las bayas salvajes (los árboles frutales no se cultivan todavía); la madera también, con la cual se hacen los castillos, las casas, los cercados, las escudillas y todos los utensilios corrientes.

Y, sobre todo, los pastos para el ganado, el cerdo especialmente, las cabras y los carneros, los cuales vagan en libertad.

En su conjunto, Europa está muy poco poblada. Sin embargo, las técnicas agrícolas son tan primitivas y los rendimientos tan bajos (3 por 1, como media; 6 por 1 en los mejores casos) que las hambrunas son frecuentes.

El campesino no puede defenderse contra la naturaleza. Vive, vestido con las pieles de los animales, en una cabana de madera, sin ventanas ni chimenea.

El invierno es un largo entumecimiento de oscuridad y de frío. El verano es el período febril de los grandes trabajos y los grandes calores.

El campesino no come más que una bazofia de cereales cocidos, nunca carne, lo cual le distingue del señor, cazador y carnívoro.

No bebe jamás vino. En estado perpetuo de subalimentación, no tiene tampoco ni higiene ni médico. Está expuesto de manera especial a todas las epidemias. Es totalmente inculto.

Toda la vida campesina está marcada con el cristianismo. El paganismo ha sido arrojado a los límites de Europa, entre los eslavos de los países bálticos, por ejemplo.

El cristianismo acaba de perder su carácter de religión urbana y va a implartarse sólidamente en los campos: en cada pueblo campesino, su iglesia y su cura. La parroquia pasa a ser, durante siglos, el marco de la vida campesina. Pero el cura es completamente ignorante y el cristianismo de los campesinos sigue siendo muy primitivo, impregnado de brujería y de paganismo.

Las rogativas, por ejemplo, datan de esta época: largas procesiones a través de la campiña, bendición de los campos, súplicas a Dios para evitar la sequía, las heladas, etc.

Es una ceremonia heredada directamente del paganismo. Las únicas fiestas de los campesinos son las cristianas. La más brillante es la hoguera de Nochebuena, en medio del sueño del invierno, con el sacrificio del cerdo y el hartazgo de chacina, única vez en todo el año en que el campesino come carne.

LOS PROGRESOS DE LAS TÉCNICAS AGRÍCOLAS

En medio de esta agricultura atrasada, se elaboran lentamente las innovaciones, las invenciones, las mejoras técnicas que van a permitir la primera y la única revolución de los métodos agrícolas que Europa ha conocido hasta el siglo XIX.

Mil perfeccionamientos permiten utilizar mejor la fuerza motriz de las aguas corrientes.

Entonces se ven todos los cursos de los ríos cubrirse de molinos, desde las pequeñas instalaciones aisladas de Alemania Central, hasta los molinos alineados represando todo el Garona en Toulouse.

Sirven, ante todo, para moler el grano y convertirlo en harina. Es el señor quien los construye e impone su utilización a los campesinos, mediante una tasa. Se progresa también en la manera de enganchar los animales de tiro: la collera rígida reemplaza a la collera flexible que estrangulaba al caballo.

Un yugo de madera, apoyado en los cuernos, permite enganchar un par de bueyes. Al mismo tiempo, el hierro sustituye a la madera en la fabricación de utensilios agrícolas.

Se construyen arados de ruedas y vertedera de hierro, los cuales, arrastrados por dos animales de tiro enganchados, penetran en las entrañas de las tierras duras a las que el arado de madera no bacía más que arañar.

El sistema de explotación de la tierra, en fin, se ha mejorado: la rotación trienal de los cultivos hace que se sucedan en una misma tierra una sementera de cereales de invierno, trigo o centeno, una sementera de cereales de primavera, avena o cebada, y después un año de barbecho, poniendo también fin a los usos primitivos del cultivo sobre campos quemados y de las rotaciones desordenadas.

Los rendimientos se mejoran un poco. Sobre todo, se extiende la costumbre de cultivar los cereales más ricos. El cultivo de la avena trae consigo el mejoramiento del caballo y su generalización.

Todos estos progresos técnicos se difunden lentamente a través de Europa; ninguna invasión va a ponerlas en peligro, arruinando de una manera brutal las  campiñas.
Así comienza en el siglo xi un período de prosperidad agrícola que es la base de la renovación de Europa.

LA EVOLUCIÓN DEL SIGLO XII AL SIGLO XIII: EXPANSIÓN DEMOGRÁFICA Y ROTURACIONES
El modo de vida campesino no cambió con esta nueva prosperidad. Aunque sus utensilios son mejores, su vivienda y sus trajes, en cambio, siguen siendo primitivos, así como su mobiliario, compuesto de algunas escudillas, unas trébedes para el fuego y nada más.

Pero consigue la seguridad alimenticia. Las cosechas más abundantes permiten sustentar a una población más densa.

El espectro del hambre se ha ahuyentado por siglo y medio. El uso del molino de agua generaliza la fabricación dé la harina, y la bazofia es reemplazada por el pan, alimento mucho más nutritivo.

El campesino, mejor alimentado, está menos expuesto a las enfermedades y a las epidemias.

De esta forma, la población de Europa crece con regularidad. La de Inglaterra pasa de 1.100.000 habitantes en el año 1086, a 3.700.000 en 1348. Aunque es difícil dar cifras de los otros países, se puede estimar que la población de Europa occidental se multiplicó por tres o cuatro en siglo y medio.

Todos estos campesinos no pueden emplearse en los antiguos terruños, y por ello el aumento demográfico es el origen del gran movimiento de roturaciones que alcanza su apogeo en el siglo XII.

Los instrumentos para arar, más potentes, permiten trabajar en mejores condiciones los bosques.

Los campesinos desbrozan por propia iniciativa hasta el límite de sus tierras. Pero, más frecuentemente, quien toma la iniciativa es el señor: para aumentar la superficie de sus terrenos cultivados, y, por lo tanto, el volumen de rentas que percibe de los campesinos, crea pueblos nuevos en los calveros de su dominio.

Para poblarlos, ofrece condiciones excepcionales a los campesinos roturadores: con mucha frecuencia, la supresión de la talla arbitraria, y rentas muy bajas.

Hace propaganda, a veces muy lejos de la aldea que desea poblar. Este movimiento de roturaciones contribuye a modificar la relación forzada entre señores y campesinos.

El señor tiene necesidad de los labradores para enriquecerse.

Los campesinos se dan cuenta de ello. Así, tanto en los pueblos nuevos como en los antiguos, los labradores toman la costumbre de agruparse en asamblea parroquial, para organizar, de forma comunitaria, la resistencia frente al señor: imponen a éste el respeto al derecho consuetudinario e incluso, muy frecuentemente, una reducción notable de los derechos señoriales.

La asamblea parroquial organiza, también comunitariamente, la explotación del suelo, porque el nuevo sistema de barbecho, con rotación trienal de los cultivos, debe funcionar, para ser eficaz, sobre el conjunto de los terrenos de la parroquia.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Primeros Avances Cientificos y Tecnicos del Hombre Primitivo

Primeros Avances Científicos y Técnicos

Primeros Avances Cientificos y Tecnicos

TEMAS RELACIONADOS:

1-El Fuego 2-La Agricultura 3-Los Carros 4-El Caballo 5-El Hierro 6-El Alfabeto  7-La Rueda  8-La Cerámica 9-La Prehistoria 10-Origen del Hombre

AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 1

-3500 LA RUEDA Los sumerios, en Cercano Oriente, hace unos 5,500 años, fueron los primeros en utilizar los carros. Estos consistían en un trineo que tenía en su parte inferior rodillos de madera. En el extremo de cada rodillo se colocaba una rueda de madera maciza, que podía girar libremente. Este vehículo revolucionó el transporte terrestre.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 2 -3500 LA ESCRITURA Los documentos escritos más antiguos también provienen de Sumeria, Consistían en tablillas planas de ardua con símbolos que representaban al Sol los cereales y los animales. Como los caracteres que se utilizaban tienen forma de cuña, este primer código se denomino cuneiforme.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 3 -2800 EL CALENDARIO Hace cerca de 5.000 años, los habitantes del territorio ubicado entre los ríos Tigris y Eufrates elaboraron un calendario lunar. En cambio, los egipcios confeccionaron más tarde un calendario solar (basándose en la creciente anual del Nilo), que, con algunas modificaciones, es el que usamos hoy en día.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 4 -2000 EL PAPIRO -1500 EL ALFABETO Hace unos 2,000 años se inventó el papiro. Quinientos años después a fenicios se les ocurrió un método simplificar la escritura, que consistía en asignar a cada sonido un símbolo especifico y formar las palabras con ellos.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 5 -640 MONEDAS Las primeras operaciones comerciales consistían en el trueque. Con si tiempo, se impuso la costumbre de emplear oro y otros metales en las transacciones. Hace unos 2600 años en rey Ardis de Libia hizo emitir piezas de oro de determinado peso con la inscripción de ese peso de un lado y de otro su retrato como garantía.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 6 1454 LA IMPRENTA En 1454, el inventor alemán Johannes Gutenberg imprimió el primer libro: una Biblia en latín a dos columnas, de 42 líneas cada una y 1,282 páginas. La tirada fue de 300 ejemplares. Las Biblias de Gutenberg, que todavía se conservan, son los libros de más valor ce! mundo
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 7 1769 LA MAQUINA A VAPOR En 1769, el ingeniero inglés James Watt perfeccionaba en Inglaterra una máquina que funcionaba con vapor de agua. Esta máquina se había utilizado exitosamente en la industria textil y, poco después, se aplicó al funcionamiento de las primeras locomotoras.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 8 1831 LA ELECTRICIDAD En 1831 el físico inglés Michael Faraday ideó el primer transformador eléctrico que empleaba dos bobinas de alambre y un núcleo de hierro. Una vez perfeccionado este invento permitió general electricidad barata y en cantidades deseadas.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 9 1876 EL TELÉFONO El 7 de marzo de 1876, el inventor americano Alexander Graham Bell patentó el teléfono, un dispositivo capaz ce enviar mensajes orales a través de los cables. Este invento ocasionó un cambio extraordinario en las comunicaciones humanas.
AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 10

1947 EL TRANSISTOR Los físicos norteamericanos Schockley , Brattain y Bardeen obtuvieron en 1947 el primer amplificador semiconductor. Este dispositivo que funcionaba al igual que las lámparas pero que no necesitaba nunca ser reemplazado y que además gastaba muy poca energía, recibió el nombre de transistor.

AVANCES TECNICOS DEL HOMBRE 11 1980: EL MICROPROCESADOR Tras la edad del agua y del viento se sucedieron las siguientes etapas tecnológicas; la edad de la revolución industrial (1733-1878); la edad de la electrónica (1947-1972); la edad de la información y de las telecomunicaciones (1674-2013)

LOS INVENTOS Y AVANCES TÉCNICOS MAS DESTACADOS DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cable submarino de fibras ópticas 1990
Disco compact digital, CD (compact disk) 1980
Calculadora de bolsillo 1971
Fibra óptica 1970
El hombre llega a la Luna; 1969
Comunicaciones vía satélite 1963
Chip de Silicio 1962
Fotocopiadora 1959
Primer satélite artificial: «Sputnik» 1957
El Rayo láser 1950
Transistor 1947
Bomba atómica 1945
Computadora 1944
Reactor atómico 1942
Máquina de escribir eléctrica 1935
Televisión 1925
Radiodifusión 1902
Automóvil 1885
Teléfono 1876
Telégrafo 1840
Transformador eléctrico 1831
Locomotora 1804
Máquina de vapor 1769
Imprenta 1454
Arma de fuego 1200
Pólvora 1100

(Puedes leer sobre cada uno de estos inventos en este sitio)

Ver: Historia Descubrimiento del ADN

Ver: Historia Descubrimiento de las Vitaminas

Ver: Historia de la Anestesia

Ver: Historia de las Cirugias

Las Moneda en la Edad Media Circulación de Dinero en la Edad Media

Las Moneda en la Edad Media
La Circulación de Dinero

El universo económico del siglo IX se apoyaba en dos monedas fuertes: el sólido o besante, bizantino, y el diNar árabe, ambas de oro.

En realidad, el solidus numisma bizantino significaba la continuación del solidus aureus nummus, fijado por el emperador Constantino en 72 piezas por libra/oro (4,48 g), con emisiones fraccionarias de medio sueldo (semissis) y de un tercio (triens). Bajo Anastasio I (493-518), aparte de la moneda de oro, se emiten, siguiendo la tradición de los miliareses de Constantino, denarii de plata, con el valor de una doceava parte del sueldo, y fallís de cobre, a razón de 288 piezas por sueldo.

El califato omeya, hacia el primer tercio del siglo VII, inspirándose en el áureo bizantino, emite el dinar de oro, que presenta una iconografía similar -busto imperial y gradas surmontadas de una cruz-, sustituyendo el signo cristiano por un globo.

A su vez, adopta el antiguo dracma de plata de la Persia sasánida con el nombre de dirhem, en una relación respecto al dinar de 1/10. No obstante, sigue circulando ampliamente la moneda original extranjera. El creador de una moneda «nacional» o propiamente arábiga fue el califa Abd al-Malik (685-705), quien desmonetizó la moneda circulante y acuñó una tipología original, sustituyendo los antiguos emblemas por unos textos, de carácter histórico o religioso, dispuestos en renglones.

Imagen Izq. Anverso de un dirhem

En los diversos estados que se forman después de las invasiones se perpetúan los valores romano-bizantinos, con tendencia, sin embargo, a la rarificación del solidus aureus, sustituido cada vez más por los triens o tremises, con el valor de un tercio.

A partir del siglo VIII la vida económica sufre una intensa regresión y se basa casi exclusivamente en el intercambio o en el pago en especies: ganado, caballos, vestidos, armas o metal no amonedado. No se pierde, con todo, el concepto de moneda, que permanece como unidad de cuenta. Así, en el reino de Asturias, un buey se valora en un solido et tremise (796), y en el 802, un hombre vende al monasterio de Lorsch un dominio por 14 onzas de plata, una espada y una túnica de seda. A partir de Carlomagno se deslindan claramente dos áreas geográficas, que están bajo el dominio de la plata o del oro.

Aparte de las monedas en oro de los ducados lombardos y de la emitida por el conde de Barcelona Berenguer Ramón I (1018-1035), el diñar musulmán,con el nombre de mancuso, acuñado por del el califato de Oriente o por Al-Andalus, es  la principal divisa dentro del comercio internacional.

Su influjo es tan considerable, que el mismo besante, entre los siglos VIII y X, adopta su tipología, que imitarán también los reyes hispánicos. Muy interesante sería poder seguir el circuito del mancuso árabe, desde que entra en Europa por los países mediterráneos hasta que regresa a Oriente por el camino de las caravanas que atraviesan los países eslavos.

El Imperio carolingio adopta como unidad el dinero de plata, doce de los cuales forman un sueldo, y veinte de éstos, una libra; sueldo y libra constituyen tan sólo unidades de cuenta. Debido a su inferioridad, la moneda carolingia tuvo que ser protegida mediante algunas capitulares de carácter general.

Imagen Izq. Reverso de un mancuso

Gracias a esta política, el estado carolingio recupera de modo exclusivo el derecho de batir moneda, que en tiempos merovingios detentaban las iglesias y los monederos privados. Por la capitular de Mantua (781) se define el concepto de maneta publica, la cual sólo podrá ser emitida en el taller palatino.

Luis el Piadoso amplió el derecho a nueve ciudades, que aumentaron con el fraccionamiento de los estados. A partir de Carlos el Calvo, los nacientes principados usurpan el derecho de batir moneda.

Las cecas principales de la época y territorios carolingios fueron: Aquisgrán: Palacio imperial; Francia oriental: Maguncia; Alsacia: Estrasburgo; Lorena: Cambray, Colonia, Bonn, Duurstede, Dinant, Lieja, Metz, Verdún; Francia: Amiens, Anas, Attigny, Brujas, Kassel, Courtrai, Compiégne, Corbie, Gante, Laon, París, Reims, Rúan; Neustria: Angers, Blois, Chartres, Évreux, Le Mans, Orleans, Tours; Borgoña: Autun, Auxerre, Besancon, Dijon, Langres, Lyon, Nevers, Troyes; Bretaña: Nantes, Rennes; Aquitania: Bourges, Poitiers, Clermont, Limoges; Toulousain: Toulouse; Gascuña: Agen, Burdeos, Dax; Marca Hispánica: Barcelona, Ampurias, Gerona, Roda (¿Rosas?); Septimania: Narbona; Provenza: Arles, Aviñón, Vienne; Italia: Lucca, Milán, Treviso, Venecia.

PROBLEMA CON LAS MONEDAS: Si la moneda cuya función es medir el precio de todas las cosas es variable e incierta, nadie sabrá lo que tiene; los contratos serán inciertos; los gravámenes, tasas, gajes, pensiones, rentas, intereses y honorarios, inciertos; las penas pecuniarias y multas fijadas por las costumbres y ordenanzas serán también variables e inciertas; en resumen, todo el estado de la hacienda y de muchos negocios públicos y privados quedarán en suspenso. Aún es más de temer que la moneda sea falsificada por los príncipes, fiadores y deudores como son de la justicia ante sus subditos.

El príncipe no puede alterar el peso de la moneda en perjuicio de los subditos y menos aún en perjuicio de los extranjeros que tratan con él y comercian con los suyos, pues está sujeto al derecho de gentes. Si lo hace, se expondrá a la reputación de falso monedero, como el rey Felipe el Hermoso, llamado por el poeta Dante/akí/icatore de maneta. El fue quien, por primera vez en este reino, rebajó la moneda de plata a la mitad de su ley, lo que trajo como consecuencia grandes desórdenes entre sus subditos […].

La ley y el peso de la moneda deben ser regulados adecuadamente, para que ni príncipes ni subditos la falsifiquen a su antojo. A ello estarán dispuestos siempre que se les presenta ocasión, aunque se les queme vivos. La razón de ser de todos los falsificadores, cercenadores y alteradores de moneda, radica en la mezcla de metales. Si éstos se emplearan en su estado puro, no podrían sustituirse unos por otros, ya que difieren entre sí en color, peso, consistencia, sonido y naturaleza.

Por consiguiente, para evitar los inconvenientes apuntados, es preciso ordenar en la república que las monedas sean de metales simples y publicar, siguiendo el ejemplo de Tácito el emperador de Roma, un edicto por el que se prohiba, bajo pena de prisión y confiscación de los bienes, mezclar el oro con la plata, o la plata con el cobre, o el cobre con el estaño o con el plomo. Podría exceptuarse de la prohibición la mezcla del cobre con el estaño, que produce el bronce o metal sonante, ya que entonces no se usaba tanto como ahora, así como la mezcla del estaño dulce con el cobre, para poder fundir cañones […].

Si se acuñan las piezas de oro y plata con los mismos peso, nombre y ley, es decir, con igual aleación en ambos casos, no subirán ni bajarán nunca de precio, como ahora ocurre casi cada mes, a gusto del pueblo o de los poderosos que rodean a los príncipes. Tras acaparar y tomar en préstamo monedas fuertes, las hacen subir de precio, y así ha habido quien, después de pedir prestados cien mil escudos, hizo subir el precio del escudo en cinco sueldos con lo que de un golpe ganó veinticinco mil francos […].

López Cordón, Ma. Victoria et al,
Análisis y comentarios de textos históricos II.
Edades Moderna y Contemporánea,

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

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La Longevidad en la Edad Media La Esperanza de Vida

La Longevidad en la Edad Media
La Esperanza de Vida

LONGEVIDAD EN LA EDAD MEDIA: Los datos básicos sobre la duración de la vida en la Edad Media los proporcionan los estudios antropológicos de los esqueletos encontrados en las excavaciones arqueológicas. Actualmente, los antropólogos disponen ya de un espectro de muestras suficientemente amplio como para empezar a determinar la esperanza de vida de la población medieval.

La Longevidad en la Edad Media La Esperanza de Vida Ante todo se observa una diferencia notable entre hombres y mujeres por lo que respecta a su número y longevidad. En realidad, la duración de la vida disminuyó en relación al período precedente (700-1000), tanto para los hombres como para las mujeres, aunque más para estas últimas.

La dureza del trabajo en el campo redujo en unos dos años la esperanza media de vida de los hombres respecto a las mujeres, pero a pesar de ello, su longevidad fue bastante mayor que la del hombre moderno, hasta bien entrado el siglo XVIII.

Los datos mejor conocidos proceden de las islas Canarias, donde la esperanza de vida era de 49,4 años para los hombres y de 53,3 años para las mujeres, y en el priorato de Gallen, en Irlanda, cuyos monjes tenían una esperanza media de vida de 48,4 años. Los terratenientes varones de la Inglaterra del siglo XIII tenían casi la misma esperanza de vida. Los habitantes de los asentamientos escandinavos de la costa tuvieron mejor suerte que los del interior, por lo que se refiere a longevidad.

Los hombres de Groenlandia tuvieron con mucho el peor récord en cuanto a brevedad de vida. Tampoco fueron mejor las cosas para los habitantes del centro de Europa. En cambio, los de la península Ibérica disfrutaron probablemente de mayor longevidad, como ya la tenían en tiempo de los romanos, porque las tierras peninsulares, altas y secas, eran resistentes a la propagación de la tuberculosis y de la malaria, probablemente las dos enfermedades que ocasionaban más muertes en aquellos tiempos.

En el siglo XIII, los miembros de la comunidad judía de Montju’ic (Barcelona) muestran una esperanza de vida de entre 45 y 50 años tanto para hombres como para mujeres.

Las indagaciones post mortem que se hacían en Inglaterra permiten determinar con exactitud la edad de la muerte. Algunas personas vivieron muchos años: Alina de Marechale, de quien se cuenta que tenía noventa años cuando heredó sus tierras, vivió otros siete años más. Tres generaciones de la familia Colewik vivieron más de ochenta. Yusuf ibn Tasfin, el poderoso emir almorávide, contaba, según se decía, cien años cuando murió en 1106. Y la lista podría alargarse.

Aunque el promedio de vida era corto, la gente del Medioevo tenía un margen de vida -longevidad potencial- bastante similar al actual. El índice de mortalidad, como es de esperar, era elevado: alrededor de un 3,5 % anual. La pérdida de trabajo potencial durante los años de plenitud física fue realmente grande. Durante los años de mayor productividad, de los catorce a los sesenta, la Edad Media dispuso solamente de un 57 % de la población activa femenina y de un 66 % de la masculina. Actualmente, la sociedad dispone de más del 90 %.

El feudalismo tuvo, además, un punto débil que se olvida con frecuencia: el promedio de vida de caballeros y señores. Un ejército feudal, suponiendo que prestaran servicio la mayoría de los caballeros, debía de tener a más de la mitad de sus miembros con una edad bastante superior a los treinta años, edad relativamente avanzada para un atleta. En cambio, un ejército mercenario, reclutado por reyes adinerados, podía ofrecer un contingente de caballeros jóvenes y ambiciosos, más robustos y mejor adiestrados que los componentes de una hueste feudal.

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

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El Progreso Tecnico en la Edad Media Avances Tecnologicos Medievales

El Progreso Técnico en la Edad Media

PROGRESO TECNICO LA EDAD MEDIA: Durante el período feudal se desarrolló un conjunto de innovaciones técnicas que modificaron profundamente las relaciones del hombre con el medio. No se trataba de una simple suma de diversos progresos, sino de un verdadero sistema tecnológico, cuyos elementos eran interdependientes los unos de los otros.

Uno de estos elementos fue el molino de agua. Aunque era conocido desde la Antigüedad y había evolucionado durante los primeros siglos de la Edad Media, su período de máxima difusión corresponde al siglo XI (en Inglaterra, en época de la conquista Normanda, había cerca de 6.000). En efecto, la instauración del régimen señorial permitió la generalización del molino de agua, ya que el señor -propietario del molino- estuvo en condiciones de obligar al campesino, a causa de su poder jurisdiccional, a abandonar su antiguo molino de mano.

El Progreso Tecnico en la Edad MediaDesde entonces, no existió ninguna parroquia rural que no dispusiera de uno o varios molinos de agua. Allí donde el clima se prestaba menos a la utilización de este nuevo elemento, apareció el molino de viento, probablemente tomado de los países islámicos.

Así, pues, el dominio de la energía hidráulica y de la fuerza del viento liberaron una considerable fuerza de trabajo, que a partir de entonces pudo dedicarse a las labores agrícolas, multiplicándolas extraordinariamente.

Al mismo tiempo, el trabajo del campo se hizo más eficaz al difundirse el arado de ruedas (curruca), que se distinguía del arado romano (aratrum) por su reja disimétrica, su cuchilla y su vertedera. El arado de ruedas removía la tierra, mientras que la acción del arado romano era superficial y tenía que ser completada, a intervalos más o menos largos, por el trabajo con la azada.

Si bien su cronología de difusión es todavía poco conocida, no hay duda de que el uso del arado de ruedas fue general a partir de siglo XI, salvo en la Europa meridional, donde el arado de mano siguió siendo el instrumento más utilizado y quizá el que mejor se adaptaba a los suelos ligeros y pedregosos de la zona. Evidentemente, sin el uso del arado de rueda, el cultivo de los suelos duros del norte de Europa hubiera sido imposible; su aparición abrió, pues, el camino a la grandes roturaciones medievales.

No obstante, era preciso disponer de un sistema de enganche lo suficientemente potente como para asegurar la acción eficaz del arado de ruedas: un conjunto de mejoras transformaron el enganche heredado de la Antigüedad. Así, en el caso de los bueyes que tiraban del arado, el yugo frontal sustituyó al yugo de garrote, que ahogaba al animal reduciendo su capacidad de tracción, y en el de los caballos, la collera de armazón rígido reemplazó a las correas que les oprimían el pecho.

Tanto a unos animales como a los otros, el uso de herraduras les permitió un mejor apoyo sobre el terreno. Por último, en una parte de la Europa occidental -la más avanzada desde el punto de vista del progreso agrario-, el caballo reemplazó, poco a poco, al buey en las labores agrícolas: al ser más rápido se acomodaba mejor a la multiplicación de los trabajos de la tierra.

En la época que nos ocupa se extendió también el uso del hierro, progreso que estuvo naturalmente unido a todos los demás. Gracias a las numerosas fraguas rurales, las herramientas del campo se perfeccionaron. Algunos inventarios de bienes campesinos del siglo XIII revelan la presencia, en viviendas humildes, de una extensa gama de útiles metálicos: guadañas, hoces dentadas, rastrillos, azadas y hachas.

Por supuesto, esos diversos progresos penetraron, según las regiones, de manera desigual. Incluso ahondaron las diferencias económicas entre ellas: así, la difusión del arado de ruedas, y en general un mejor equipamiento técnico en la Europa del norte, diferenciaron a ésta de la Europa del sur, donde el hierro era más escaso y donde solamente un mulo o una yunta de bueyes seguían tirando de los arados romanos.

Pero aparte de las diferencias entre las diversas áreas geográficas europeas, la introducción de mejoras técnicas fue sobre todo un poderoso factor de diferenciación del trabajo en el seno del propio campesinado de una misma región, que quedó, desde entonces, estructurado en dos grupos económicos muy distintos. Por una parte, los «labradores», que poseían instrumentos de cultivo pesados y un lote de tierras de ciertas dimensiones; y por la otra, los «braceros», que solamente eran propietarios de su azada y estaban instalados en tenencias de superficie muy reducida.

Fuente Consultada: Historia Universal Salvat Tomo 10

 

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La muerte en la edad media La medicina y la salud Metodos Clinicos

La Muerte en la Edad Media

LA MUERTE: La Baja Edad Media se caracteriza, entre otras cosas, por una mayor concienciación de la realidad de la muerte. Es probable que este fenómeno haya sido acrecentado por las constantes epidemias que asolaron Europa a mediados del siglo XIV, así como el aumento de la crueldad de las guerras y el aumento de las aglomeraciones urbanas, que favoreció una mayor percepción de los fenómenos más morbosos de la experimentación de la enfermedad y la muerte.

Otros han puesto más énfasis en el desarraigo que supone para la gente del campo su llegada masiva a la ciudad en los siglos bajomedievales.

En la concepción cristiana la muerte se considera el instante en el que se separan cuerpo y alma. Según esta concepción, el buen cristiano debe estar preparado en cualquier instante para este momento y las voluntades de los mortales se recogían en los testamentos.

La Muerte en la Edad Media

Para conseguir la salvación de los difuntos era necesaria la mediación de los clérigos lo que motivaba el encarecimiento de la muerte. La misa era la fórmula de conectar el mundo de los vivos con el de los muertos y ahí también encontramos una evidente diferenciación social ya que los ricos podían ofrecer más misas por sus difuntos al tiempo que tenían más posibilidades de realizar la caridad con los pobres.

La vida terrenal sería considerada en la Edad Media como un mero tránsito hacia la eternidad. El cielo era el destino deseado por todos pero por mucho que el individuo se preparara el camino para la salvación nada estaba asegurado y el infierno constituía un serio peligro.

Según Sesma Muñoz (1), en el seno de la tradición judeocristiana del occidente europeo los hombres y mujeres, ricos y pobres, urbanos y rurales, jóvenes y viejos que se ven en trance de dictar sus últimas voluntades, califican la vida terrenal con expresiones duras y amargas: miserable, incierta, engañosa, transitoria, como si estuvieran convencidos de que estaban en un valle de lágrimas, al tiempo que contemplaban la muerte como algo inevitable, destino común del que no se puede escapar y ante una proximidad muestran una resignación natural que les hace más pensar en los que quedan y en la preparación de su tránsito, que en lamentaciones y arrepentimientos.

Existe la convicción entre la población de la Edad Media de la existencia de otra vida, la vida eterna, tras el tránsito, por lo que temen fallecer sin aviso, repentinamente, y verse privados de un tiempo precioso para repartir sus bienes, avalar la buena convivencia familiar y arreglar los trámites del Más Allá, es decir, asegurarse el arrepentimiento final y el cumplimiento de ritos y ayudas para que su alma se garantice el purgatorio.

En el Más Allá existe el paraíso o el infierno que constituyen los dos destinos extremos, que han sido únicos durante mucho tiempo para los cristianos, si bien a partir del siglo XIII adquiere fuerza la idea de un tercer lugar, el purgatorio, intermedio entre ambos, donde las almas que necesitan un tiempo de expiación para acceder a la gloria aguardan y se benefician de los actos piadosos hechos en la tierra, según la concepción de los santos. También en estos momentos se formula la existencia del limbo como lugar particular para las almas de los niños no bautizados.

Además, existe un convencimiento generalizado en la resurrección tras el juicio final, que se manifiesta en buscar para el enterramiento la compañía de sus muertos, de sus personas más queridas, junto a las cuales se quiere despertar un día. En los pueblos y aldeas, los testadores solicitan ser enterrados en el cementerio de la iglesia parroquial, lo que les «garantizaba» ya una compañía conocida.

Está muy extendido el culto a determinados santos, santa Bárbara, santa Ana o san José, como protectores frente a la muerte súbita, o San Cristobalón, presente en todas las iglesias junto a la puerta de salida, como encargado del tránsito, al que se le pide lentitud en el traslado del alma.

En el siglo XV comienza a difundirse el Ars Moriendi, cuyas ediciones impresas y traducidas a las lenguas vernáculas, lo presentan como «Arte del bien morir» y cuya finalidad queda expuesta en este proemio: «La más espantable de las cosas terribles sea la muerte, empero en ninguna manera se puede comparar a la muerte del ánima», para lo cual se da una serie de consejos, acompañados de grabados ilustrativos, que faciliten la confesión completa y ayuden a alcanzar la salvación con una buena muerte. La muerte cristiana al final de la Edad Media no es una muerte solitaria, sino un acto social al que deben acudir amigos y parientes para ayudar a la persona que muere.

 La muerte se constituye así en un acto de solidaridad, de ayuda mutua, que no acaba con la expiración, sino que los que todavía permanecen en el mundo deben ocuparse de los muertos a través de mandas piadosas, y muchas misas. Junto a ello se debe dar limosnas a las iglesias y capillas, dar de comer o vestir a los pobres, aliviar penas de cautivos, enfermos o locos, a contribuir al casamiento de huérfanas pobres, etc. Esto dependerá de la capacidad económica del difundo. El dinero se convierte en un argumento para alcanzar la salvación.

En la Edad Media la muerte nunca fue acompañada de caracteres macabros. Sería en los últimos siglos cuando aparecen aspectos tétricos, motivados sin duda por la difusión de la Peste Negra y las epidemias, hambrunas y devastadoras guerras que sacudieron la Baja Edad Media. En las ciudades se desarrollaría incluso la idea de muerte-espectáculo.

Tal como ocurre hoy en día, la muerte se presenta a lo largo de la Edad Media como la última acción igualitaria sobre la sociedad (lo que no era cierto, en teoría, pues la posición social y la economía condiciona la salvación). La muerte se presenta como un acto de la vida cotidiana y existe una visión menos temerosa ante ella. Esto desaparecerá de las culturas posteriores.

LOS MENDIGOS:
¿Quiénes eran los mendigos?

Los había de todas clases. Estaban, por una parte, los profesionales de la mendicidad que inspiraban lástima a los viajeros, haciendo dramáticas ostentaciones de su miseria e incluso acompañados por niños tullidos. Estaban también las víctimas de las enfermedades y violencias de la época, no sólo los leprosos, sino enfermos de otro tipo aquejados de alguna de las múltiples afecciones de la piel, tan abundantes en la Edad Media. Estaban, por otro lado, todos aquellos a los que la justicia les había privado de un pie, de una mano, de la lengua o de una oreja. Y, por último, estaban los mendigos voluntarios, bien por espíritu de sacrificio o como obediencia a una penitencia que les había sido impuesta por la Iglesia como expiación de sus pecados.

¿Quién se ocupaba de ellos?
Por lo general, se consideraba a los mendigos como testigos de Cristo y, por esta causa, se ejercía con ellos la caridad, de una forma bastante eficaz, sobre todo a cargo de los ministros de la Iglesia. Por esta última razón, los mendigos eran mucho más abundantes en las ciudades, y en los pueblos apenas se les quería. Los campesinos eran demasiado pobres como para atender a alguien que, si bien era aún más pobre que ellos mismos, no trabajaba. El aumento del número de mendigos, vagabundos sin domicilio fijo, en las ciudades a partir del s. XIV planteó numerosos problemas a las autoridades. La legislación a este respecto se hizo muy severa: en París, por ejemplo, se prohibió ejercer la caridad con todos aquellos que no trabajaban.

¿Qué hacían los mendigos ancianos?
Muchos de ellos morían en los caminos victimas del hambre, del frío o de los despiadado? arreglos de cuentas tan frecuentes en las seriedades marginadas. Los otros se integraban en las miserables comunidades que se reunían en torno a las «cortes de los milagros» descritas por Víctor Hugo en «Nuestra Señora de París». Por último, algunos encontraban refugio en los hospitales u hospicios sustentados por la Iglesia, donde se mezclaban con enfermos e impedidos. En el campo, eran a veces recogidos y cuidados por familias acomodadas va que el deber de la caridad —la gran ley de la solidaridad medieval— era, para los cristianos el medio más seguro para conseguir la salvación eterna.

¿Quiénes eran los «vagabundos de Dios ?
Además de los peregrinos, que siguieran siendo muy numerosos hasta el final de la Edad Media y que hacían largos desplazamientos, había, sobre todo en el s. xv, un gran numero de frailes que iban predicando de una parroquia a otra. Algunos de ellos conseguían exaltar hasta tal punto a los fieles, que su llesaga a una ciudad llegaba a provocar verdaderas conmociones. Los que les escuchaban soñaban a veces con países imaginarios, como Jauja en los que se podía comer hasta la saciedad, lo que no era más que un reflejo simbólico, en una época en la que abundaban el hambre, la epidemia y la guerra. Estaban también todos aquellos que iban a la busca de una nueva fe y que, al igual que Cristo en Palestina, hablaban en la plaza pública, sembrando a veces desordenes al atacar a la Iglesia oficial o a las mismas gentes del lugar. En los últimos tiempos de la Edad Media, la palabra era. un arma prodigiosamente eficaz y estos «vagabundos de Dios», como se les conocía a veces, jugaron un papel muy importante en el advenimiento de la Reforma.

¿Había también artistas ambulantes?
Durante toda la Edad Media, los juglares y trovadores iban de pueblo en pueblo v de castillo en castillo, cantando y contando bonitas historias. Pero por los caminos podía verse también a gentes de circo: domadores de bestias, exhibidores de osos y prestidigitadores. que recorrían pueblos y ciudades, sobre todo con motivo de las fiestas. Había además comediantes que representaban los autos sacramentales en los pórticos de las iglesias, así como un gran número de músicos ambulantes que normalmente solían ir solos y que iban por los pueblos para hacer bailar a las gentes fundamentalmente con motivo de las fiestas, de otoño, o bien en los carnavales.

Buhonero en la edad media

Los buhoneros surcaban los caminos incesantemente; se trataba de comerciantes más o menos honrados que practicaban, sobre todo, el trueque. Sus mercancías procedían a veces de las ferias de los pueblos y a veces también de robos. Los buhoneros mejor situados contaban con un burro o un caballo y transportaban en él todo tipo de utensilios, tejidos v encajes. Adoptaban siempre los mismos itinerarios, lo que les permitía establecer vínculos entre las familias que les confiaban sus mensajes. En su siguiente paso por el pueblo traían la respuesta que les habían encargado transmitir.

Publicación enviada por David Sáez
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