Pedagogia Cientifica

Biografia Fahrenheit Daniel Fisico Inventor del Termometro

Biografia Fahrenheit Daniel-Inventor del Termometro

Un holandés de origen alemán, fabricante de instrumentos meteorológicos, inventa en 1714 una nueva forma de medir la temperatura. Nunca hasta este momento se ha contado con un aparato y un método tan precisos para conocer con exactitud cuánto calor o frío hace…había inventado el Termómetro

Biografia Fahrenheit Daniel

Gabriel Daniel Fahrenheit inventó el termómetro de mercurio y también la escala termométrica que lleva su nombre. Los grados de esta escala aparecen señalados así: ºF.

A Fahrenheit, nacido en 1686, le preocupaba que los termómetros de su época no midiesen la temperatura con precisión.

En 1714, Fahrenheit tuvo la feliz idea de utilizar mercurio en lugar de alcohol.

BIOGRAFIA

FAHRENHEIT, Daniel Gabriel. (Danzig, 1686-La Haya, 1736.) Físico alemán, que vivió muchos años en Holanda.

Inventó diversos instrumentos meteorológicos, como un aerómetro (para medir la densidad del aire), el termómetro de alcohol y el de mercurio.

Descubrió que la temperatura de ebullición de los líquidos varía con la presión atmosférica y que también es posible disminuir la temperatura de fusión del agua.

Su logro más conocido es la invención de la escala termométrica que lleva su nombre (1716), basada en dos puntos fijos: la temperatura de fusión del hielo (que estableció en 32 grados) y la de ebullición del agua en condiciones normales de presión (que fijó en 212 grados).

El intervalo entre los dos puntos se divide, por tanto, en 180 partes.

La escala Fahrenheit se utiliza aún en los Estados Unidos, pero en el resto del mundo ha sido sustituida, para uso común, por la escala centígrada y para aplicaciones científicas por la escala absoluta.

En 1724, Fahrenheit fue elegido miembro extranjero de la»Royal Society de Londres.

La Escala Fahrenheit:

Una vez inventado el termómetro de mercurio, Fahrenheit se propuso idear una escala para que las indicaciones de los termómetros pudiesen ser comparadas.

Fahrenheit logró su propósito cuando comprobó que el punto de ebullición del agua, es decir, el punto en el que hierve, era constante, y lo estableció en 212 ºF y el de fusión del hielo en 32 ºF.

Cuando dio a conocer su termómetro y su escala en 1724, fue elegido miembro de la Royal Society.

Su termómetro es, con pocas variaciones, el mismo que se utiliza para comprobar si una persona tiene o no fiebre.

Sin embargo, su escala sólo se utiliza en algunos países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Sud-áfrica y Nueva Zelanda. En el resto del mundo se emplea la escala de Celsius (°C), que coincide prácticamente con la escala centígrada.

LA ESCALAS TERMOMETRICA CELCIUS

Sabemos la existencia en nuestro medio ambiente de cuerpos calientes y cuerpos fríos. También sabemos que hay cuerpos más o menos calientes y más o menos fríos.

El contacto de una parte de nuestra piel (por ejemplo, las yemas de los dedos) con cuerpos, nos permite decidir acerca del estado térmico (estado de más o menos «caliente» o «frío») de ellos.

Este método tiene varias dificultades: poca sensibilidad, dependencia de la sensación térmica respecto de sensaciones anteriores, imposibilidad de tener sensaciones térmicas de cuerpos muy calientes (por ejemplo el hierro al rojo) y de cuerpos muy fríos (nieve carbónica: «hielo seco») por la aparición del dolor etc.

Por ese motivo se ha inventado otra manera basada en dos hechos: la dilatación térmica de los cuerpos (hay otros fenómenos que también se utilizan) y la propiedad de dos cuerpos en contacto, de llegar al mismo estado térmico, salvo casos en los que hay ciertas transformaciones; es decir, al estar en contacto dos cuerpos de distinto estado térmico, el más caliente se enfría y el más frío se calienta.

La forma más frecuente de determinar estados térmicos es mediante un termómetro de mercurio.

Los más comunes entre estos instrumentos consisten en un pequeño volumen de mercurio encerrado en un tubo capilar de vidrio con un ensanchamiento en un extremo (bulbo del termómetro).

La parte interior del tubo no ocupada por mercurio está vacía. Como se ve en la figura hay dos formas diferentes de termómetros de esta clase. Al calentarse el mercurio se dilata, y el nivel de la columna en el capilar aumenta de altura.

A cada altura corresponde un determinado estado térmico del termómetro

Se lo pone en contacto con hielo en fusión ya nivel de la parte superior de la columna de mercurio se señala una marca y se le asigna el cero. (0º)

Se coloca entonces el termómetro en los vapores que produce agua destilada en ebullición  cuando la presión atmosférica es la normal: 760 mm.

En verdad es menester tomar otras precauciones; pero no las consignamos por razones de simplicidad en la exposición.

Se señala el nivel de la columna en estas condiciones y se le asigna el número 100.

El intervalo entre ambas señales (0 y 100) se divide en 100 partes iguales (de igual volumen) y se asigna un número entero entre 1 y 99 a cada una de las nuevas señales.

Cada uno de los intervalos entre dos señales corresponde a un calentamiento del termómetro de 1°C: un grado centígrado de la escala de mercurio que, de este modo, queda definida la escala de medición conocida por escala Celsius en honor a quien fue su creador.

El astrónomo sueco Anders Celsius ideó la escala de temperatura conocida como escala centígrada o Celsius, que asigna al punto de congelación del agua el valor 0 (0 ºC) y el valor 100 (100 ºC) al de ebullición del agua.

Fuente Consultada:
Grandes Cientificos de la Humanidad – Tomo I – Editorial ESPASA – Manuel Alfonseca – Entrada: Fahrenheit Daniel
¿Sabes QUIEN…? – Editorial OCEANO – Fahrenheit Daniel
Enciclopedia Electronica de Microsoft – ENCARTA-

Grandes Logros de la Ciencia -Quien es Quien en la Ciencia?-

¿Quien es Quien en la Ciencia?-Biografias y Logros de Grandes Cientificos de la Historia

A los curiosos de la historia le encanta conocer la biografia de los grandes personajes de la historia de la humanidad, tienen con un fuego interior que los impulsa a navegar por las vidas de esos increibles personajes que han destacado a lo largo de la historia.

Muchos de ellos comparten la pasión, el ímpetu y el arrojo que impulsaron las grandes gestas de la historia, que llevaron a partir rumbo a lo desconocido para descubrir nuevos mundos, que alumbraron creaciones que conmueven por su belleza, que llevaron a inventar algo que no se había siquiera imaginado; comparten sin duda ese sentimiento y se sienten capaces de conseguir algo semejante.

Por eso quieren saber sobre sus vidas, descubrir lo que tienen en común, qué los hacía particulares, cómo y dónde crecieron, a quién amaron y por quién fueron correspondidos, de qué manera descubrieron su vocación, cuáles fueron sus amistades, las dificultades que tuvieron para conseguir su objetivo, las equivocaciones y los obstáculos… ese diálogo fructífero y emocionado entre estos personajes y los jóvenes lectores es el que nos gustaría ver escenificado en esta obra.

En esta entrada puede indagar y conocer a los mas importantes personajes de la historia cientifica, obviamente hay muchos mas que por no estar presentes en esta lista no significa que sean menos importantes.

Simplemente ahora mostramos una primera lista inicial, la cual la iremos ampliando a medida que se armen nuevos post referidos a la ciencia, o mas precisamente a los hombres de ciencia que han brillado por sus logros y avances de las diversas ramas cientificas.

Quién creó la tabla de multiplicar?

Quien fue el primero que pensó en atomos como parte fundamental de la materia?

Quién es el padre de la medicina occidental?

Quién fue el padre de la geometría?

Quién salió corriendo de la bañera para anunciar un descubrimiento?

Quien Midió Por Primera Vez El Diametro Terrestre?

Quién impulsó la medicina medieval europea?

Quién afirmó que la Tierra gira alrededor del Sol?

Quién descubrió la doble circulación de la sangre?

Quién hizo el primer mapamundi de la Tierra?

Quién observó que la Tierra se movía alrededor del Sol?

Quién desveló el misterio de la circulación completa de la sangre?

Quién enunció la ley del resorte o muelle?

Quién descubrió el cálculo infinitesimal?

Quién descubrió las leyes de la gravitación universal?

Sabes Quien Inventó el Termómetro?

Quién clasificó las plantas y los animales?

Quién descubrió el oxígeno y el nitrógeno del aire?

Quién estudió la flora y la fauna americanas en el siglo XIX?

Quién descubrió la relación entre la electricidad y el magnetismo?

Quien descifro la escritura del antiguo Egipto?

Quién definió la primera ley de la termodinámica?

Quién demostró el movimiento de rotación de la Tierra?

Quién formuló las leyes de la herencia?

Quién es el autor de la teoría de la evolución de las especies?

Quién profesionalizó la enfermería?

Quién fue el autor de la Tabla periódica de los elementos?

Quién descubrió el bacilo de la tuberculosis?

Quién fue el descubridor de los rayos X?

Quién aisló el radio?

Quién formuló la teoría de los reflejos condicionados?

Quién es el autor de la teoría de la relatividad?

Quién descubrió las neuronas?

Quién fundó un hospital para curar la lepra en África Ecuatorial?

Quiénes descubrieron la tumba de Tutankamón?

Quién descubrió la penicilina?

Quién elaboró la teoría de la expansión del universo?

Quién fundó la etología?

Quiénes descubrieron la estructura del ADN?

Quién descubrió la vacuna contra la poliomielitis?

Quién es el padre de la astronáutica occidental?

Quién realizó el primer trasplante de corazón?

Quiénes desarrollaron la fecundación in vitro

Quién explicó la existencia de los agujeros negros?

Quiénes clonaron la oveja Dolly?

Ver Tambien: Grandes Mujeres Cientificas

Fuente Consultada: ¿Sabes Quien…? Hombres de la Ciencia – Editoria Oceano

Biografia de Lorenz Konrad Fundador de la Etologia

Biografia de Lorenz Konrad Fundador de la Etologia-Obra Científica

En 1937, a orillas del Danubio, un joven austríaco que acaba de ser nombrado profesor de la Universidad de Viena estudia el comportamiento de las aves. Sus observaciones revelan aspectos nuevos de la conducta animal y sientan las bases de una nueva ciencia.

El fundador de la etología fue Konrad Lorenz, un médico y zoólogo nacido en la ciudad de Viena, el 7 de noviembre de 1903. Esta ciencia estudia la conducta de los animales.

La etología utiliza otras disciplinas científicas, como la biología, la bioquímica, la fisiología y la ecología, para analizar e interpretar las formas de comportamiento que se observan en ellos.

El comportamiento de los animales había atraído a los sabios desde la antigüedad. Sin embargo, consideraban los estudios dentro de la zoología.

Los estudios de Lorenz demostraron que eran tan importantes que valían una ciencia aparte.

Etología: Se refiere al estudio científico del comportamiento humano y animal.

Biografia de Lorenz Konrad Fundador de la Etologia
LORENZ, Konrad. (Viena, 1903-Altenburg, 1989.) Científico austríaco. De joven cuidó animales enfermos en el Zoológico de Schonbrunner. Estudió Medicina y Zoología en las Universidades de Columbia y Viena, donde se doctoró en 1933. Fue profesor en las Universidades de Viena (1937-40) y Kónigsberg (1940-42).

De sus estudios sobre la agresión y otros rasgos de la conducta de diversas especies de animales, quiso sacar conclusiones aplicables al hombre, lo que provocó controversias. En 1973 se le concedió el premio Nobel de Fisiología

Durante la segunda guerra mundial fue médico del ejército alemán, cayendo prisionero de los rusos (1944-48).

Después dirigió o fundó varios Institutos de Investigación en Altenberg, Buldern (Westfalia) y Seewiesen (cerca de Munich). Se le considera uno de los padres de la Etología, la parte de la Biología que estudia la conducta de los seres vivos.

Fundó colonias de aves (chovas, gansos y patos, principalmente), descubriendo el fenómeno de la impronta materna, el hecho de que un ave recién nacida toma por su madre al primer ser que ve moverse a su alrededor.

Para investigarlo, Lorenz desempeñó el papel de madre de diversas carnadas de aves, que le seguían a todas partes. Colaboró con Nikolaas Tinbergen en el análisis de la conducta animal que se debe a la acción simultánea de dos impulsos contradictorios (conflicto).

La danza de las abejas: A Konrad Lorenz le impresionaron mucho los estudios de su compatriota Karl von Frisch sobre el significado del color de los animales y sobre todo su descubrimiento de que los distintos modos de vuelo de las abejas eran expresiones de un código de comunicación.

Es decir, la forma que tienen de «hablar» entre ellas.

Sobre estas ideas básicas, Lorenz observó las ceremonias y rituales de apareamiento de las aves, la posesión de territorios, el significado de la agresividad, su vínculo con el entorno, etc, hasta relacionar algunos aspectos de su conducta con ciertos comportamientos humanos.

Lorenz afirmaba que había dos modos de estudiar los animales.

Uno en el laboratorio, con la ayuda de aparatos y utensilios especializados, y otro al aire libre. Sostenía que la conducta de los animales era instintiva y que, por lo tanto, debían ser estudiados en libertad.

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros (1949), Cuando el hombre encontró al perro (1950), Evolución y modificación de la conducta (1965), Los ocho pecados mortales de la humanidad civilizada (1973) y La otra cara del espejo (1973), son algunas de sus obras más importantes.

Konrad Lorenz, quien murió en su ciudad natal, el 27 de febrero de 1989, compartió el premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1973 con Von Frisch y Tinbergen.

Biografia de Hubble Edwin Astronomo Vida y Obra Cientifica

Biografia de Hubble Edwin-Astronomo Vida y Obra Cientifica

En el año 1929, en el monte Wilson, California, donde se encuentra el telescopio más grande del mundo, un astrónomo comprueba que las galaxias se alejan de nosotros. El descubrimiento fundamenta una nueva teoría sobre el universo.

El astrónomo estadounidense Edwin Hubble fue el primero en observar que las galaxias se alejan de nosotros y que, mientras más lejos están, más rápido lo hacen.

Esto lo llevó a pensar que el universo está en continua expansión y es la base de la teoría del Big Bang, formulada después de Hubble, según la cual el universo se formó debido a una gran explosión original.

Las galaxias son grupos grandes de estrellas. La Vía Láctea, dentro de la cual está el Sol, es nuestra galaxia.

Biografia de Hubble Edwin-Astronomo Vida y Obra Cientifica
Edwin Hubble, quien nació en Marshfield, el 20 de noviembre de 1889, observó que más allá de la Vía Láctea había muchas galaxias más. También que estaban a millones y hasta billones de años luz de nosotros. Sus descubrimientos dieron así un impulso decisivo en el estudio de los misterios del universo.

BIOGRAFIA:

Hubble, Edwin Powell (Marshfield, Misuri, 1889-San Marino, California, 1953.) Astrónomo estadounidense. Estudió en las Universidades de Chicago y Oxford, donde se licenció en Derecho, pero se dedicó exclusivamente a la Astronomía, que le apasionaba.

Trabajó en los observatorios de Yerkes, Monte Wilson y Monte Palomar.

En 1913, el astrónomo Vesto Melvin Slipher obtuvo el espectro de la nebulosa de Andrómeda, que presentaba un corrimiento hacia la zona azul del espectro visible que parecía indicar que esta nebulosa se acerca hacia nosotros a una velocidad de unos 300 km/seg (ver Efecto Doppler).

Estudiando otras nebulosas, encontró también corrimientos, pero hacia el rojo, por lo que se alejan de nosotros.

Las velocidades eran tan altas, que Slipher propuso que estas nebulosas se encuentran fuera de la Vía Láctea, resucitando la idea de los universos-islas propuesta por el filósofo Immanuel Kant y el astrónomo William Herschel.

Espoleado por el hallazgo de Slipher, Hubble realizó en Yerkes su tesis doctoral sobre las nebulosas.

Una vez en Monte Wilson, consiguió fotografiar la de Andrómeda, detectando en ella varias estrellas.

Además, calculó la distancia a que se encuentra, utilizando para ello las cefeidas variables , cuyo periodo de variación es proporcional a su brillo, lo que permite estimar éste y, por tanto, la distancia.

Llegó a la conclusión de que Andrómeda se encuentra a un millón de años-luz, lo que demostraba que esta nebulosa es una gigantesca agrupación de estrellas situada fuera de la Vía Láctea.

A partir de entonces dejó de utilizarse el nombre de nebulosa (nubécula), que fue sustituido por el de galaxia (del griego galactos, leche, por la Vía Láctea).

Con la ayuda de Milton L. Humason, Hubble siguió aplicando el mismo método para calcular’ las distancias de unas 40 galaxias.

En 1929 descubrió que casi todas ellas presentan corrimientos al rojo en su espectro, que resultan ser proporcionales a la distancia.

Esta es la ley de Hubble, que afirma que las galaxias (excepto las más próximas, como la de Andrómeda, que están ligadas a la nuestra por la gravedad) se alejan de nosotros con una velocidad proporcional a la distancia que nos separa.

El universo está en expansión (Einstein, Lemaitre, Eddington, De Sitter), y hace mucho tiempo debía estar comprimido en un espacio muy reducido.

El coeficiente de proporcionalidad entre la velocidad de las galaxias y su distancia se llama constante de Hubble, y de su valor depende la edad del universo (el tiempo transcurrido desde el principio).

De acuerdo con los cálculos de Hubble, esta edad era demasiado pequeña (menor que la de la Tierra).

Posteriormente se descubrió que esos cálculos eran erróneos (existen dos familias de estrellas cefeidas y él había utilizado la que no era), y las distancias son en realidad mucho más grandes (la galaxia de Andrómeda se encuentra a más de dos millones de años luz).

Año-Luz: Es la distancia que recorre la luz en un año. La luz viaja a 300.000 Km/seg, entonces para saber esa distancia, debemos obtener la cantidad de segundos en un año que es igual a: 365 x 24 x 60 x 60=31.536.00 segundos. Multiplicando este tiempo en segundos por la velocidad de la luz, nos dá un numero enorme: 9.461e+15

El valor actual de la constante de Hubble está comprendido entre 50 y 100 km/seg.megaparsec, lo que corresponde a una edad del universo entre 10.000 y 20.000 millones de años.

Hubble recibió numerosos premios, como la medalla Barnard (1935), la Franklin (1938) y la de la Royal Astronomical Society (1939).

Entre sus obras destacan The realm ofthe nebulae (El dominio de las nebulosas, 1936) y The observational approach to cosmology (El procedimiento de la observación en Cosmología, 1937), ambas de divulgación.

Fuente Consultada:
Enciclopedia ENCARTA de Microsoft
Grandes Científicos de la Humanidad Tomo I – Edwin Powell Hubble – Manuel Alfonseca – Editorial Espasa –
¿Sabes quien…? Editorial OCEANO Entrada: Edwin Powell Hubble

Biografia de Ambrosetti Juan B. Naturalista Argentino

Resumen de la Obra Científica y Literaria de Ambrosetti Juan Bautista

Juan B. Ambrosetti. Fue un paleontólogo, arqueólogo e historiador. Nació en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 22 de agosto de 1865. Fue el iniciador en el país de la exploración arqueológica con criterio estrictamente científico y el primero en realizar estudios sistemáticos del folklore nacional por lo que fue llamado el «Padre de la Ciencia Folklórica».

Los estudios etnográficos y arqueológicos efectuados por Juan B. Ambrosetti (1866-1917) le llevaron a realizar exploraciones que abarcaron las dos terceras partes del territorio argentino y a realizar pacientes trabajos de gabinete, a fin de analizar las reliquias encontradas para descifrar el pasado remoto de estas tierras.

Los estudios etnográficos y arqueológicos efectuados por Juan B. Ambrosetti (1866-1917) le llevaron a realizar exploraciones que abarcaron las dos terceras partes del territorio argentino y a realizar pacientes trabajos de gabinete, a fin de analizar las reliquias encontradas para descifrar el pasado remoto de estas tierras.

ambrosetti juan bautista

En 1866, concluidos sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, participó, como simple cronista, en una expedición científica que partió hacia el Chaco.

A su regreso se detuvo en Paraná, donde visitó el Museo que Pedro Scalabrini había fundado dos años antes con el propósito de reunir y conservar los recuerdos de las tribus indígenas, ejemplares de la flora, la fauna y los minerales argentinos y, sobre todo, los fósiles que constituyen la prueba de las épocas que ha pasado nuestro suelo.

Contagiado por el entusiasmo del famoso naturalista italiano, Ambrosetti se incorporó al Museo de Paraná, realizando sus primeros estudios de botánica, zoología y geografía y orientándose, luego, hacia la arqueología, la etnografía y el folklore, dominios en los que realizó una extraordinaria labor.

Las numerosas expediciones que realizó le permitieron reunir una cantidad de piezas, que pasaron al Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, que fundó en 1906, sobre la base de trescientas, sesenta piezas que habían donado varios particulares, las cuales aumentaron durante los diez años que dirigió la institución a la cifra de veinticuatro mil. Ambrosetti descubrió, y luego describió, en Quilmes y La Paya dos importantes «ciudades indígenas».

En 1908 efectuó el descubrimiento del Pucará de Tilcara, magnífica revelación científica del pasado que encontró luego de efectuar sistemáticas exploraciones en la quebrada de Humahuaca en busca de un viejo pueblo indígena, del cual había hallado noticias en antiguos cronistas. Nuevas expediciones, organizadas en los años siguientes, le condujeron al descubrimiento de toda una cultura.

vista pucara de tilcara

La bibliografía de Ambrosetti abarca más de sesenta títulos, de los que se destacan los que se refieren a cuestiones arqueológicas: Las grutas pintadas, contiene descripciones de grutas y petroglifos de la provincia de Salta; El símbolo de la serpiente, es un estudio de la evolución de la iconografía de este animal en la alfarería funeraria de los valles calchaquíes; Los monumentos megalíticos del valle de Tafí describe su descubrimiento, en la provincia de Tucumán, de una civilización autóctona, independiente de la de los incas; El sepulcro de La Paya es un estudio de las ruinas de la ciudad indígena por él descubierta; El bronce en la región calchaquí contiene un análisis del problema de la metalurgia indígena. Sus viajes por el interior del país dieron origen a sus trabajos: Viaje a la Pampa Central; Paseo a los Andes y Por los valles calchaquíes.

Sus estudios folklóricos los inició en 1893 estudiando el folklore misionero y el gaucho, y en 1917 publicó Leyendas y supersticiones, obra en que analizó las del noroeste, el litoral y la pampa.

«Cuando la arqueología era sinónimo de entusiasmo —ha dicho Fernando Márquez Miranda— apareció Ambrosetti. Antes de él sólo había ensayos apurados. Después suyo, una generación de estudiosos dotados de un método científico que él contribuyó en gran parte a crear».

La obra de Ambrosetti se prolongó en la labor de su discípulo Salvador Debenedetti (1884-930), que fué su sucesor en la dirección del Museo Etnográfico.

OTROS DESTACADOS NATURALISTA ARGENTINOS:

En el terreno de las ciencias naturales, que es el dominio científico que ha adquirido mayor desarrollo en nuestro país, se han destacado varios hombres de ciencia.

Carlos Ameghino (1865-1936), eficaz colaborador de su hermano Florentino, pasó años enteros en la Patagonia, explorando esa amplia zona. «El descubrimiento de las antiguas {aunas mamalógicas de la Patagonia —escribió Florentino Ameghino—, debido a las exploraciones que desde hace quince años prosigue con incesante perseverancia el naturalista Carlos Ameghino, ha dado un vuelco a las ideas concernientes al origen, desarrollo, evolución y dispersión de los mamíferos».

Como reconocimiento a esa eficaz ayuda que le prestara en sus investigaciones, nuestro sabio designó con el nombre de Caro-loameghinidae uno de los troncos de la filogenia mamalógica.

Eduardo L. Holmberg (1852-1937), fundador y primer
director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, durante cuarenta años se dedicó a la enseñanza y constantemente impulsó el estudio de las ciencias naturales. Se destacó por su trabajos sobre los arácnidos e insectos.

promovió la difusión de las distintas ramas de las ciencias naturales con la fundación de las revistas El naturalista argentino (1878) y Revista argentina de historia natural (1891), que tuvieron breve vida. En 1901 colaboró en la constitución de una asociación destinada a reunir a los naturalistas de nuestro país, con el objeto de facilitar la producción científica en el terreno de las ciencias naturales. Tal asociación aún existente —Sociedad Argentina de Ciencias Naturales— empezó a publicar en 1912 la revista Physis, en cuyas páginas Holmberg publicó varios trabajos científicos.

Ángel Gallardo (1867-1934), sucesor de Ameghino en la dirección del Museo de Buenos Aires —que desde 1923 empezó a denominarse «Museo Nacional de Historia Natural Bernar-dino Rivadavia»—, se especializó en el estudio de la herencia biológica, llegando a sostener que la división celular es un fenómeno de carácter coloidal, y en el estudio de los insectos, en particular de las hormigas.

Cristóbal M. Hicken (1876-1933) se particularizó en el estudio de la flora sudamericana. Fruto de sus viajes por nuestro continente fueron los ciento cincuenta mil ejemplares de plantas y los diez mil libros sobre la especialidad que constituyeron el Darwinion, nombre con que designó su Museo y Biblioteca, que donó al Estado.

Miguel Lillo (1862-931) fué otra figura sobresaliente en el campo de los estudios botánicos, en especial en el estudio de los árboles. Las colecciones botánicas que reunió durante sus cuarenta años de actuación en Tucumán las donó a la Universidad de su provincia natal, que sobre esa base creó el Instituto de Investigaciones Botánicas «Miguel Lillo».

Fuente Consultada:Historia de la Cultura Argentina Artes-Letras-Ciencias de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

La Educación Durante La Organización Nacional Argentina (1853)

La Educación Durante La Organización Nacional Argentina

Época brillante. Las décadas de este período (1860-90) jalonan una época de gran brillo y fecundidad para las ciencias argentinas, ya sea por las numerosas instituciones de carácter específico creadas en este lapso: museos, observatorios, sociedades, publicaciones, etc., ya sea por el grupo de ilustres sabios e investigadores que desarrolla una importante labor científica dentro de su especialidad: Gould, en astronomía; Burmeister, Bravard, Berg y Moreno, en ciencias naturales; Rawson y Pirovano, en medicina; Vélez Sársfield, en derecho; Mitre y López, en historia, según estudiaremos a continuación.

La educación durante la organización nacional: Luego de la Batalla de Caseros, fin del período rosista, sigue un largo período de conflictos entre el Estado de Buenos Aires y las provincias de la Confederación.

De hecho, había dos Estados argentinos cuya rivalidad se puso de manifiesto en las luchas armadas, en los crímenes políticos y en las alianzas circunstanciales. Sin embargo, en ambos bandos se tendía a lo que se denominaba la organización nacional.

Ella era buscada en cuatro direcciones convergentes: la organización legal, el desarrollo económico, el fomento de la inmigración y el progreso de la educación.

a) La enseñanza en las provincias. — Los progresos realizados en las provincias en materia de educación, desde que se dictó la Constitución Federal hasta 1880 no fueron tan grandes como podía esperarse de un gobierno constitucional. La Carta Magna, respetuosa del federalismo, dejaba librada a las provincias la organización de la enseñanza.

Las provincias mantuvieron con algunos adelantos el proceso que venía desarrollándose desde 1821: las escuelas primarias quedaban a cargo de las municipalidades y algunas secundarias y universitarias eran protegidas por los gobernadores. Pese a lo reducido de los recursos, todas se esforzaron por mantener la gratuidad y el nivel de la enseñanza.

b) La enseñanza en el Estado de Buenos Aires. — Con la instalación del Estado de Buenos Aires, la enseñanza primaria dejó de estar a cargo de la universidad para depender de la municipalidad, y del Estado, y se pusieron bajo la dirección de Sarmiento. Abundaron las escuelas particulares a cargo de religiosos o de las colectividades.

Las de niñas siguieron a cargo de la Sociedad de Beneficencia. Faltaba una orientación definida, que recién se obtuvo cuando Sarmiento fue designado jefe del Departamento de Escuelas el 7 de junio de 1856.

faustino sarmientoSarmiento. Nacido en San Juan en 1811, autodidacta, periodista, educador y hombre de Estado, desde sus primeros años demostró un enorme afán por ilustrarse y por impartir la instrucción a los demás.

A los quince años ayudó a su tío, cura de San Francisco del Monte (San Luis) en la enseñanza de algunos adultos. Desterrado en Chile, ejerció la enseñanza en Santa Rosa y Pocuro.

De regreso a su provincia natal, fundó un periódico, El Zonda, y utilizando la iniciativa del obispo fray Justo Santa María de Oro, creó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, destinado a la educación femenina.

Proscripto de nuevo en Chile, dirigió una escuela normal, fundada por él, reformó la enseñanza de la ortografía y de la lectura, dotando a las escuelas de silabarios y textos, modernizando los sistemas de enseñanza.

En reconocimiento a su labor, fue comisionado para estudiar el desenvolvimiento de la instrucción primaria en Europa y Estados Unidos. De regreso publicó la Educación popular (1849), donde expuso la experiencia recogida.

Después de Caseros, en 1856 fue designado jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires. Al poco tiempo de ocupado el cargo, produjo su primer Informe, en el que reunió, lo mismo que en los subsiguientes, los datos estadísticos, las críticas a los sistemas de enseñanza y ias modificaciones que debían realizarse.

Su primera preocupación fue pregonar la necesidad de dotar de rentas propias a la educación, constituyendo un fondo escolar con dinero obtenido mediante impuestos.

En 1857 abrió una escuela modelo: la Escuela Superior de Catedral al Sud, que, aunque improvisada, demostraba la nobleza de la tarea escolar. Luego en 1858 envió a las Cámaras un proyecto sobre la construcción de edificios para 17 escuelas.

El mismo año fundó los Anales de la Educación Común, primera revista exclusivamente pedagógica que tuvo el país.

En cuanto a la formación del magisterio, no creía haber llegado el momento de instalar escuelas normales, pues eran numerosas las personas capacitadas que deseaban dedicarse a la enseñanza, lo que sintetizaba en la frase: «Haya escuelas, que el maestro existe«. Aunque años después manifestara lo contrario, creyó suficiente la preparación de las maestras de la Sociedad de Beneficencia.

Para mejorar la enseñanza se propuso difundir nuevos textos escolares y para ello contrató en Estados Unidos la provisión de manuales traducidos al español, mientras eran numerosos los textos que en esos momentos se publicaban en Buenos Aires.

En 1861 abandonó el cargo para pasar a ocupar el Ministerio de Gobierno. Presidente de la República en 1868, designó como Ministro de Instrucción Pública a Nicolás Avellaneda, cuya actividad educacional señalaremos más adelante.

Durante su presidencia se difundió la cultura y la enseñanza superior y especial, fundándose el Observatorio Nacional de Córdoba, escuelas normales, vienen maestras norteamericanas, se le encarga al alemán Burmeister la Facultad de Ciencias Exactas de Córdoba, se fundan escuelas de Agricultura, el Colegio Militar, la Escuela Naval, etc.

Promulgada la ley de educación común de la provincia de Buenos Aires, fue llamado a ocupar el cargo de director general de Escuelas. Al año siguiente inició la publicación de la revista La Educación Común en la Provincia de Buenos Aires, con el objeto de difundir la aplicación de la ley.

Inmediatamente produjo otra vez sus notables informes, que muestran el estancamiento en que se encontraba la enseñanza oficial por falta de fondos.

En 1881 presentaba su renuncia para ser designado por Roca, contando 78 años de edad, superintendente de las escuelas de la Capital, donde le acompañaron como consejeros Navarro Viola, Wilde, de la Barra, Van Gelderen y Guido Spano, sirviendo su actuación de precedente a la ley 1.420. Falleció en Asunción (Paraguay) en 1888.

LAS UNIVERSIDADES.- El espíritu de reorganización de los hombres del 53 se hizo sentir también en la Universidad de Buenos Aires. A poco de la batalla de Caseros se deroga la parte dispositiva del «inicuo decreto» de 1838 que suspendía el sueldo a los profesores de la Universidad, y se establece que los gastos universitarios correrían a cargo del Tesoro Público, volviendo a funcionar el Departamento de estudios preparatorios y la Facultad de Jurisprudencia; la de Medicina es segregada de la Universidad.

La Facultad de Ciencias Exactas sólo resurge en 1865, durante la presidencia de Juan María Gutiérrez , creándose las cátedras de matemáticas puras, aplicadas y de historia natural, señalándose como finalidad «formar en su seno ingenieros y profesores, fomentando la inclinación a estas carreras de tanto porvenir e importancia para el país».

Para regentear estas catedras se encarga al conocido medico y antropólogo Paolo Mantegazza contratar profesores en Europa. Vienen Bernardino Speluzzi, Emilio Rosetti y Peregrino Strobel; los primeros se hacen cargo, respectivamente, de las cátedras de matemáticas puras y aplicadas, que ejercen por más de veinte años; no así Strobel, que es reemplazado en la de historia natural por Juan Remorino.

El Departamento de Ciencias Exactas inicia su actuación docente en 1866, y tres años más tarde egresan de él los doce primeros ingenieros argentinos, que por su número se los llamó cariñosamente los «doce apóstoles»,
todos ellos de destacada actuación profesional, científica o docente.

Figuraron: Luis A. Huergo, Guillermo White, Valentín Balbín, Francisco Lavalle, etc.

El Departamento continuó desarrollando su labor docente y con el correr del tiempo se convirtió en la actual Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

La Universidad de Córdoba es nacionalizada por ley en 1854, pero sin modificar su carácter tradicional.

En 1869, el ministro de Sarmiento, Nicolás Avellaneda, emprende la reforma de sus estudios e implanta las cátedras de Ciencias Exactas y Naturales, siendo autorizado por ley el Poder Ejecutivo «para contratar dentro o fuera del país hasta veinte profesores, que serán destinados a la enseñanza de ciencias especiales en la Universidad de Córdoba y en los Colegios Nacionales».

Esta medida legislativa dio origen a la creación de la Academia de Ciencias cordobesa y a la Facultad de la misma especialidad.

Con la federalización del territorio de Buenos Aires, la provincia entregó, junto con la ciudad, sus instituciones culturales; de aquí el propósito de crear en la flamante capital de la provincia una Universidad provincial.

Concretóse ésta por ley de 1889, pero la Universidad de La Plata se desenvolvió precariamente hasta 1905, en que fué nacionalizada, siendo su primer presidente Joaquín V. González.

Junto con la Universidad cedió la provincia a la Nación los institutos culturales que de ella dependían: el Observatorio Astronómico, el Museo de Ciencias Naturales y la Biblioteca Pública de la ciudad. En esta Universidad se iniciaron los estudios astronómicos y físicos argentinos.

En 1895 se sancionó la Ley 1597 llamada «Ley Avellaneda» cuyo texto sentó los principios que debían regir los Estatutos de cada Universidad en particular. Esta ley si bien no consagró totalmente el principio de autonomía universitaria, permitió a las Universidades disponer de cierta libertad de acción.

La organización definitiva de la enseñanza Hacia la unidad nacional. En febrero de 1861, Sarmiento abandonaba la dirección del Departamento de Escuelas para ocupar el Ministerio de Gobierno.

Desde este momento el interés por la enseñanza volvió a, decaer. Ello tiene su explicación histórica. Mientras Buenos Aires gozaba de gran prosperidad, hubo pocos momentos de paz.

Las luchas con la Confederación que terminaron en Pavón en 1861 y más tarde la guerra con el Paraguay (1865-70) preocupaban al país. Sin embargo, a pesar de que los problemas educacionales se agudizaban, iban arbitrándose medios para solucionarlos. La reacción comenzó en 1868, favorecida por la acción, al frente de la administración, de tres gobernantes eminentes: Mitre, Avellaneda y Sarmiento.

mitre Mitre no pudo satisfacer las necesidades educacionales del país, pero, lleno de fe en el futuro, proyectó numerosas iniciativas.

Su ministro Eduardo Costa destacó la necesidad de establecer un impuesto y de crear una partida fija en el presupuesto destinada a fondo escolar y propuso la organización de una inspección general destinada a vigilar la educación.

La iniciativa más importante de Mitre en orden a la educación fue la creación del Colegio Nacional de Buenos Aires, el 14 de agosto de 1863. La enseñanza secundaria había tenido hasta ese momento la finalidad de brindar a la juventud estudios de carácter preparatorios para ingresar a la universidad.

Esta enseñanza se impartía én establecimientos de distinto tipo, unos dependientes de la Nación, otros de las provincias y otros de las comunidades religiosas, siguiéndose distintos planes.

Después de haber estudiado la situación de los colegios existentes, Mitre creó el Colegio Nacional sobre «la base del Colegio Seminario y de Ciencias Morales», destinado no tan sólo a la preparación para la universidad, sino para formar hombres útiles para la vida nacional.

Al año siguiente se crearon colegios nacionales, a imitación del de Buenos Aires, en Salta, San Juan, Catamarca, Tucumán y Mendoza, quedando con ello definida nuestra enseñanza secundaria.

Avellaneda. — Sarmiento tuvo en Nicolás Avellaneda un ministro eminente en orden a la educación. A partir de su ministerio y luego de su presidencia; la acción del Estado en favor de la educación se consolidó paulatinamente en toda la Nación.

nicolas avellanedaAvellaneda encaró en sü totalidad el problema de la instrucción y presentó al Congreso el primer «plan de instrucción general» de que hablara la Constitución.

Poseía una visión completa del problema y creía llegado el momento de encarar su solución definitiva. Para esto la formación del maestro era lo primordial.

«La escuela—decía— requiere la presencia del maestro, que es su alma, y del que depende su decadencia o progreso.» «El maestro no se improvisa; debe ser formado, y la Nación prestará su más valioso servicio a la educación primaria en las provincias, fundando y sosteniendo con sus rentas dos o tres establecimientos donde reciba la educación especial que ha de habilitarlo para desempeñar su elevada misión.»

En la memoria de 1875, Avellaneda exponía los males y las necesidades de la educación primaria: «Se echa de menos un impulso homogéneo, una ley común, un plan superior».

El primer paso destinado a remediar en parte las deficiencias de la instrucción fue la sanción de la ley de educación común de la provincia de Buenos Aires (1875), que operó un cambio radical en la organización, dirección y régimen financiero de las escuelas.

La acción de la escuela debía ser completada por el libro. Para llevar a la práctica la iniciativa, el 23 de septiembre de 1870 se creaba la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, bajo cuyos auspicios llegaron a existir numerosas bibliotecas, propendiendo con ello a elevar el nivel cultural del país.

En 1885 se sancionaba, también por su iniciativa, la ley universitaria, que tendía a dar a las universidades existentes (Buenos Aires, Córdoba) y las que vinieran en lo sucesivo, las normas legales que regularan su funcionamiento.

No podemos dejar a Avellaneda sin recordar su posición ante el problema de la enseñanza religiosa. Para Avellaneda el hombre es un ser esencialmente religioso. Por lo tanto, la educación, si quiere ser integral, debe procurar el cultivo del hombre entero.

«Dejemos a Cristo en la escuela. Representa la ley del deber y la independencia en la formación del alma humana. Pretende arrojarlo de su recinto una teoría política que se propone el avasallamiento del hombre interior por el Estado mediante lo que se llama ciencia. Lo borra en la escuela esa triste secta que se apellida positivista, porque cuenta, pesa, tritura el átomo y no encuentra a Dios en el fondo de su alquimia. La educación religiosa es fundamental para la formación total del hombre y en particular para los argentinos. La enseñanza religiosa debe mantenerse para no romper con el vínculo nacional y la tradición cristiana.»

PREDOMINIO PESTALOZZIANO Y POSITIVISTA

La Escuela Normal de Paraná señala toda una época en nuestra educación. La introducción de ciertos principios, modalidades y expresiones en nuestra enseñanza están unidos a sus orígenes.

La historia de la escuela normal en la Argentina es muy accidentada. Conocemos tentativas de instalación cuando se impuso el sistema lancasteriano, cuando se creó la Sociedad de Beneficencia, cuando abrió una el Estado de Buenos Aires, y cuando se autorizó un funcionamiento anexo a los colegios nacionales de Concepción y Corrientes, pero ninguno de estos ensayos fue satisfactorio.

Durante la presidencia de Sarmiento el problema encontró su solución definitiva: el 13 de junio de 1870 se aprobaba la erección de una escuela normal en Paraná.

Dispuesto a infundirle un espíritu nuevo, contrató para el dictado de las cátedras a profesores norteamericanos y puso al frente de la escuela a Jorge Stern. La formación profesional que infundieron estos educadores era puramente empírica, limitada a la ejercitación de la observación y la práctica de la enseñanza.

En la Escuela Normal de Paraná primaron distintas influencias ideológicas y desde su creación hasta comienzos de este siglo, fue el centro difusor de los idearios filosóficos que han gravitado en la pedagogía argentina.

Dos son sus momentos característicos: uno inicial determinado por los métodos traídos por los norteamericanos y por la aceptación de la pedagogía pestalozziana, y otro de madurez, conocido como el normalismo, donde imperan las doctrinas pedagógicas del positivismo cientificista y evolucionista.

La pedagogía pestalozziana. — El conocimiento de los principios de Pestalozzi en nuestro medio fue tardío. En 1867 se hace referencia a su sistema como reacción contra el sistema lancasteriano.

En el proyecto de reformas a la enseñanza de Marcos Sastre, se propone aplicar la doctrinas del pedagogo suizo e introducir en la enseñanza las «lecciones de cosas».

Años después los americanos aplicaron los principios pestalozzianos en Paraná, pero estas doctrinas no hubieran tenido divulgación si no hubieran encontrado un fervoroso propagandista en el que fue director de la escuela, José María Torres.

Este maestro, que había estudiado en Madrid, difundió entre los normalistas, de una manera sintética, los famosos principios de Pestalozzi a través de un Curso de pedagogía, en tres tomos, que orientaron a nuestros primeros maestros. La influencia que ejerció esta obra sobre la enseñanza, fue muy amplia.

El positivismo pedagógico. — Mientras el pensamiento de Pestalozzi se iba difundiendo, la presencia en Paraná del profesor italiano Pedro Scalabrini determinó una nueva orientación pedagógica: el positivismo. El ambiente era propicio, ya que eran grandes los adelantos materiales y económicos que ocurrían en ese momento en el país.

Influenciado por las doctrinas de Comte, de Spencer y de Darwin, sostuvo Scalabrini la educación física y el cuidado de la salud como actividad primordial de la escuela, la concepción evolucionista como visión del hombre, y la prioridad de la enseñanza de las ciencias naturales y de las matemáticas sobre cualquiera otra otra clase de conocimientos.

Más tarde, defendió sus postulados a través de una revista, La Escuela Positiva, que dirigió en Corrientes (1889). «El camino de la investigación y de la experimentación —decía— estará siempre abierto.

La escuela será un gabinete de ensayos, y el niño, el hombre y la sociedad serán estudiados en sí mismos, a fin de conocer su presente y poder transformar su porvenir.» Sus alumnos, los normalistas, al esparcirse, dice Korn, llevaron con una dedicación ejemplar, rayana a veces en el sacrificio, los conceptos del orden, de la disciplina y del método, sin sospechar cuan escaso era el caudal de su aparente saber enciclopédico.

Desconocían la duda. En ellos, el sentimiento de la propia suficiencia llegaba hasta la convicción de poseer la verdad definitiva y de hallarse habilitados para enseñarla con autoridad dogmática.

Esta actitud de autosuficiencia, que tuvo su hora en nuestro magisterio, se. conoce con el nombre de «normalismo».

La orientación positivista, que en cierto momento fue exclusiva en nuestra educación, pasó de la Escuela Normal a la Sección Pedagógica de la Universidad Nacional de La Plata y encontró su mejor expresión en las investigaciones psicológicas realizadas por Víctor Mercante y Rodolfo Senet.

El liberalismo y la legislación laica. — Alrededor de 1870 se dejó sentir entre nosotros la influencia del pensamiento económico y político francés.

Numerosos exilados políticos que por diversas razones arribaron a nuestras playas, aportaron una considerable contribución al progreso de la educación y de la ciencia. Baste recordar los nombres de Moussy, Bravard, Jacques, Larroque, Cosson, Groussac.

Mientras tanto, una nueva clase social, una élite conservadora se fue apropiando de todas las posiciones del país. Un sentido aristocrático de superioridad social comenzó a aflorar en los hombres de esta generación.

Preocupados por encauzar al país en la vida del progreso, les parecía necesario adoptar todas las soluciones del liberalismo europeo como la libertad mercantil, el Estado gendarme pasivo que se limita a mantener el orden, proteger la propiedad, estimular la enseñanza y fomentar las obras públicas, y considerar la religión como un problema privado de la conciencia individual.

Esta tendencia debía, a poco, conducirlos al problema de la enseñanza religiosa, cuyos antecedentes resumiremos.

Al federalizarse Buenos Aires, las escuelas pasaron al dominio de la Nación, quedando por lo tanto privadas de leyes sobre instrucción. Cuando el Congreso se dispuso a dictarlas, se planteó el problema de si se modificaría o si se continuaría con la ley de educación común de la provincia de Buenos Aires.

En 1882, con motivo de la Exposición Continental, siguiendo la moda imperante, se dispuso la reunión de un Congreso Pedagógico cuyo tema principal era el estudio del estado de la educación en la República.

A sus sesiones concurrieron toda clase de delegados, y los temas tratados fueron más o menos los contenidos en la ley de educación común, pero hubo una propuesta totalmente novedosa: el laicismo escolar.

Los ecos de los debates promovidos por Julio Ferri en Francia resonaban en las sesiones. Mediante una hábil maniobra de la presidencia, los católicos y algunos liberales moderados (Estrada, Goyena, Sastre, Lamarca, Navarro Viola) se vieron privados de defender sus ideas, sancionándose conclusiones contrarias a la enseñanza religiosa.

El nuevo ministro de Instrucción Pública, Wilde, felicitó al Congreso Pedagógico en el discurso de clausura por las cuestiones traídas al debate, e hizo saber que hacía suyas las conclusiones como base de reformas indispensables.

En 1884, fundándose en la ley de. 1875 y en los antecedentes de este congreso, se sancionaba la ley 1.420, que sirvió de base a toda la organización de nuestra enseñanza primaria.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

La Pedagogia Científica de Herbart Pedagogo del Siglo XIX

HERBART Y LA PEDAGOGÍA CIENTÍFICA

Con Juan Federico Herbart aparece en la historia de la educación el primer ensayo de valor encaminado a abordar, en una exposición de conjunto, el problema educativo, y a echar una base inconmovible a la educación, fundada en un verdadero conocimiento científico.

Biografía. — La vida de Herbart transcurrió sin mayores novedades. Realizó sus estudios en la Universidad de Jena. Hizo tres años de experiencia como preceptor particular, que le llevaron al convencimiento de que su práctica le había servido para adquirir dominio efectivo de la psicología del desarrollo mental.

Conoció a Pestalozzi y asistió a sus clases, quedando profundamente impresionado por su método.

herbart federico juan pedagogo

Entre Konisberg y Gottinga, donde se doctoró, pasó el resto de su vida. Creó en la primera ciudad un instituto didáctico, dependiente de la universidad, y una escuela práctica anexa, que fueron modelo de instituciones posteriores.

Miembro de comisiones de enseñanza, intervino en la reforma de muchos planes educacionales, pero su principal actividad fue la meditación, la enseñanza y las publicaciones.

Sus obras más importantes son: Pedagogía general deducida del fin de la educación (1806) y el Bosquejo para un curso de pedagogía (1835).

La instrucción educativa.Herbart sostiene que se debe dotar al alma de un sistema organizado de ideas (instrucción) en el que la voluntad encuentre constantemente los móviles para obrar.

La instrucción (del latín in-struo, edificar en) son las ideas que gracias a la información o noticias de las cosas se van construyendo en la conciencia del educando.

Dichas representaciones no son estáticas sino que determinan de alguna manera la conducta y el obrar del hombre; por lo tanto, la instrucción no es sólo información, sino que es educación, o sea proporciona ayuda a la conducta.

El medio para lograr la instrucción educativa es producir en el niño el interés, para que la enseñanza sea fecunda.

Para Herbart existen diversas clases de interés (empírico, especulativo, estético, simpático, social, religioso), pero todos deben ser cultivados.

El interés no debe convertirse en juego ni producirse por medios artificiales; debe proceder de las cosas mismas enseñadas. El interés servirá de cimiento a toda cultura.

Los pasos formales. — La enseñanza debe seguir un camino, realizar una marcha que conduzca al niño, desde las representaciones concretas de las cosas, a las ideas abstractas.

Este camino, mediante el cual el educando puede apropiarse de las más diversas materias de la enseñanza, se recorre en cuatro etapas, que Herbart denomina pasos formales.

Ellas son:
1) Claridad u ostentación de los objetos. El maestro muestra el objeto para aue el niño lo contemple en todas sus partes.

2) Asociación o comparación. El espíritu une lo que hay de nuevo en lo mostrado con las ideas ya conocidas.

3) Sistematización y generalización. El alumno que encuentra en condiciones de formular nociones abstractas y de, ordenarlas.

4) Método o aplicación. Los resultados de las etapas anteriores son robustecidas por la práctica y aplicadas nuevamente a lo concreto.

Los pasos formales llevaron en la práctica a un proceder rutinario. Se creyó que cada hora de enseñanza debía dividirse en estas cuatro etapas y que toda materia debía ser tratada de acuerdo a este método, lo que dio lugar a una didáctica artificial y carente de espiritualidad.

Disciplina y gobierno escolar. — La instrucción sirve a la educación, pero no toda instrucción influye educativamente. Con el mero saber y conocer en nada crece la personalidad del hombre. «El valor de un hombre no se mide por su saber, sino por su querer», escribe Herbart.

De ahí que la formación del carácter debe ser el fin práctico de la instrucción. Siendo esencial en el carácter «un querer firme, determinado, acompañado de resolución», la educación de la voluntad desarrollará cada uno de estos elementos.

Toda la instrucción debe ponerse al servicio de la formación del carácter moral, en cuya tarea la disciplina tiene su principal papel. Como los niños son ligeros e irreflexivos, necesitan que se les someta a «disciplina», la que mantiene la actividad en sus justos límites, impidiéndoles dañarse a sí mismos o a los demás.

La disciplina consta de órdenes para dirigir la actividad, prohibiciones para impedir manifestaciones peligrosas y vigilancia para asegurar el cumplimiento de unas y otras.

La acción disciplinaria debe tener en cuenta las disposiciones naturales y el género de vida del educando. Sus disposiciones pueden impulsar o contener, ser permanentes o temporarias.

Dirigir no quier decir paralizar: Herbart no quiere que el niño, por temor de cometer imprudencias permanezca ocioso, sino, por el contrario, aconseja que varíe constantemente de ocupación.

A este fin recomienda el trabajo manual, ya que «la mano tiene su sitio de honor al lado de la lengua para elevar al hombre sobre los animales».

El orden total de la educación está estudiado en la parte de su obra que denomina gobierno, escolar.

La disciplina actúa de un modo continuo, siempre con la mirada puesta en el futuro, a modo de providencia benigna; tiene en cuenta a los individuos y acomoda a ellos sus amonestaciones, censuras, alabanzas, etcétera.

El gobierno escolar exige medidas extremas que se aplican por grado o por fuerza a los niños que causan perturbaciones a la acción disciplinaria. Todos están sometidos por igual al gobierno.

Sus medios son la amenaza y el castigo. Su papel adquiere importancia durante los primeros años de la infancia o en los períodos de peligro particular, pero debe desaparecer tan pronto sea posible.

Conclusión. — La influencia de Herbart en la teoría y en la práctica pedagógicas es muy grande. Concediendo gran importancia a la instrucción, acentuó el aspecto ético de la educación y lo fundamentó en una vida regida por fines moralmente valiosos.

Elevando al máximo el proceso de la instrucción, mostró su íntima vinculación con el proceso por el cual cada nuevo contenido se unifica con la experiencia anterior.

Fundado en una psicología científicamente elaborada, derivó de ella un método que sigue el proceso psicológico del conocimiento.

Sintetizó su doctrina en esta frase: «La instrucción debe formar el ciclo del pensamiento y la educación el ciclo del carácter; pero la segunda implica la primera». Estas teorías, pese a que contienen muchos errores, encierran grandes aciertos. Su gran comentarista, Willmann, pudo escribir: «En pedagogía se puede estar contra Herbart, mas no se puede prescindir de él».

Su pensamiento ejerció gran influencia en la teoría escolar, pero no en el espíritu de la escuela, como había sucedido con Pestalozzi.

Su personalidad tan vigorosa fue definida en las palabras escritas sobre su tumba: «Penetrar en las sagradas profundidades de la verdad, luchar gozosamente por él bien de la humanidad, fueron el Objeto de sus esfuerzos. Aquí yacen ahora sus despojos, mientras su espíritu libre contempla la plenitud de la luz».

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

Historia de la Educacion Argentina Resumen de Ideas Pedagogicas

HISTORIA DE LA EDUCACIÓN ARGENTINA

Períodos de la historia de la educación. — La historia de la educación en la Argentina no tiene períodos bien delimitados; no existen contenidos que permitan definirlos con claridad. Sin embargo se puede estudiar con cierta precisión su desarrollo, si seguimos el proceso de la evolución política. En el período que se extiende desde 1810 hasta 1880 aproximadamente, podemos distinguir los siguientes momentos:

1) la primera década independiente;

2) la planificación de la enseñanza en Buenos Aires, realizada por Rivadavia;

3) el autoritarismo estatal bajo Rosas;

4) la educación durante la Confederación y las primeras tentativas de su organización definitiva.

La educación argentina nunca estuvo ausente de los temas que preocuparon a los hombres de gobierno del país. La presencia de las universidades de Córdoba y Buenos Aires y el desarrollo de los estudios elementales en todas las provincias, con una trayectoria más o menos afortunada, según las épocas, configuraron el cuadro de la situación educativa con la que se encontraron los hombres que sancionarían la Constitución nacional de 1853. Entonces, la educación era un problema que reclamaba imperiosa solución, por varias razones.

Después de cuarenta años de guerra, que todavía continuarían en el orden interno por casi treinta años más, las medidas que se arbitraran para llevar adelante el programa de la Constitución y concretar el proyecto de país que lo sustentaba requerían una expansión de la educación y de la instrucción como no se la había conocido hasta entonces. El fantasma del desierto que acicateaba la mente de hombres como Alberdi y Sarmiento impulsó un conjunto de ideas que por una vía u otra, para sustantivarlas, necesitaban de la concreción de un sistema educativo eficaz.

Las conocidas consignas de ‘gobernar es poblar’ y de ‘educar al soberano’ planteaban una lucha sin cuartel para combatir el analfabetismo y crear, al mismo tiempo, hábitos y disciplina de trabajo y de aprendizaje constantes para ponerse a la altura del progreso de la época y hacer de la Argentina una nación moderna, sin resignar el papel de la burguesía como clase dirigente ni mucho menos desatender los intereses económicos con que se beneficiarían a través de la inserción del país en la división internacional del trabajo.

Alberdi abogó, sobre todo, por la educación a partir del ejemplo de las naciones más industriosas que se recibiría a través de la inmigración, el tendido de los ferrocarriles y la codificación, con una confianza mayor en estos elementos que en un proceso expandido de alfabetización. Sarmiento, sin descuidar la importancia del ejemplo de los inmigrantes, apostó con la misma fuerza a otorgar los beneficios de la instrucción y la educación pública al mayor número posible de personas.

En ello estaba la base de la socialización y también del disciplinamiento de las nuevas generaciones como ciudadanos. La Argentina de entonces se enfrentaba, además, a otros requerimientos. Por cierto, la universidad cubría las necesidades de formación de la clase dirigente, pero la organización de la nación sobre la base del programa constitucional reclamaba un plantel de funcionarios administrativos que constituyeran la indispensable burocracia estatal.

Esta circunstancia implicaba la preparación de personas que pudieran desempeñarse con eficacia adecuada; esa era la misión que debería realizar la escuela secundaria, además de cumplir funciones de institución preparatoria para los estudios universitarios y aún más para dotar a los estudiantes de un necesario y suficiente bagaje de cultura general, como para manejarse con soltura en todos los órdenes de la vida.

Con el país definitivamente unificado después de Pavón y Bartolomé Mitre en la presidencia de la República, llegaría la hora de propiciar, especialmente, la fundación de colegios nacionales, uno de cuyos objetivos sería el de proveer el personal para la administración pública y con ello serían satisfechas, además, las aspiraciones de ascenso social y político que alentaban los sectores medios tanto del interior como del Litoral.

A partir de la creación del Colegio Nacional de Buenos Aires (1863) sobre la base del antiguo Colegio de Ciencias Morales rivadaviano, como un instituto integral que aunaba en su oferta educativa las humanidades y las ciencias, se fundaron, a su semejanza, hacia fines de 1864, los de Catamarca, Mendoza, Salta, San Juan y Tucumán y más adelante los del resto de las provincias. Un plan de instrucción pública general y universitaria (1865), que finalmente no se llevó a cabo por los trastornos derivados de la guerra con el Paraguay, apuntaba a la articulación completa de todos los niveles del sistema educativo de acuerdo con las orientaciones auspiciadas por Mitre.

Respecto de la escuela primaria, sería durante la gestión de Sarmiento, sucesor de Mitre al frente del gobierno nacional, cuando recibiría nuevo impulso con la aparición de las escuelas normales destinadas a la formación de maestros. La primera, fundada en Paraná en 1870, se constituiría en el modelo a seguir en el resto de las jurisdicciones y echaría las bases de una mística pedagógica que impregnaría todo el desarrollo educativo argentino a lo largo de los siguientes cien años.

Pero ese desenvolvimiento no sería fácil ni estaría libre de marchas, contramarchas y propuestas de reforma, ni la educación escaparía como ámbito, a servir de caja de resonancia de las confrontaciones políticas, ideológicas y de intereses de clase que estaban en la base de las disputas por el poder y por el rumbo por el que, en cada época, se pretendió guiar a la nación.

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LA HISTORIA DE LOS PRIMEROS EDUCADORES EN ARGENTINA

Antes de estudiar los períodos educativos argentinos,  daremos un breve repasos sobre los franciscanos y la pedagogía de la evangelización. Apenas descubierta América, iniciaron los discípulos de San Francisco de Asís su obra de evangelización, convirtiendo y pacificando a millares de indígenas, enseñándoles los rudimentos de las primeras letras y reuniéndolos en reducciones.Para ello debieron superar, con una constancia sin límites, las dificultades del idioma. Con este objeto aprendieron las lenguas de las razas vencidas y buscaron en ellas palabras o símbolos que hicieran comprensibles los misterios de la fe para la mentalidad nativa.

Fue una obra ejemplar de abnegación y sacrificio la de estos misioneros ignorados, que se lanzaron entre las masas indígenas afrontando muchas veces el martirio y la muerte.

Entre los misioneros de esta orden sobresalió la figura de fray Pedro de Gante, uno de los creadores de la pedagogía de la evangelización. Organizó en México el Colegio de San Francisco, con talleres de artes e industrias, donde centenares de niños aprendieron a leer, escribir, cantar y tañer y se ejercitaron en las diferentes artes manuales.

Con este ensayo aparece por vez primera la idea desarrollada posterior mente en más vasta extensión por el obispo Vasco de Quiroga de una colonia industrial donde el trabajo se realiza en cooperación. Se destacaron también, entre estos religiosos, el fraile flamenco Jodoco Ricki, introductor de las artes y oficios manuales en Quito; fray Luis de Bolaños, que se ocupó con celo infatigable de la evangelización en el litoral guaranítico, y San Francisco Solano, que catequizó en el noroeste quichua.

Las misiones jesuíticas.  Entre todas las congregaciones Religiosas establecidas en las Indias, se distinguió la Compañía de Jesús por su eficaz obra de civilización.

Los jesuitas, que llegaron a América después que las otras órdenes, constituían ya en el 1700 el principal organismo de cultura y una de las más grandes potencias políticas y económicas del Nuevo Mundo. A la insustituible jerarquía intelectual que imponen los jesuitas en el siglo XVIII se agrega su fuerza económica y formidable poderío social.

Universidad en la Iglesia Jesuita de Córdoba

La riqueza jesuítica de la época se diversifica en bienes tan variados como las grandes haciendas del valle central chileno, las estancias del Río de la Plata, las enormes fincas rústicas y urbanas de Perú y México, los obrajes paraguayos, peruanos y quiteños y hasta la explotación minera de que disfrutaban en la región del Chocó en la Nueva Granada.

Con las rentas do la gran propiedad inmobiliaria dirigen colegios y misiones que tienen dentro de la vida económica de la Colonia una importancia tan preeminente como la de la orden de los Templarios en la Edad Media europea».

Desde el convento principal de la Orden, establecido en Lima, avanzó la misión religiosa y cultural de los padres jesuitas hasta las más lejanas e inexploradas regiones del inmenso Virreinato. En el año 1606 se creó la provincia jesuítica del Paraguay, que abarcaba las gobernaciones d Tucumán, Paraguay, Río de la Plata y Chile. Su primer provincial fue el padre Diego de Torres.

Para llevar a cabo su obra civilizadora, comenzaron los jesuitas por pacificar a los indígenas reuniéndolos en reducciones, organismos gobernados por caciques, alcaldes y regidor « indios, bajo la suprema dirección de los misioneros.

El aspecto general de los pueblos jesuitas era análogo: alrededor de una amplia plaza cuadrada o rectangular se agrupaban la iglesia, la casa de los misioneros, las escuelas y los talleres; a espaldas la huerta; a los otros lados, alineadas regular mente, las casas de los indios.

Por medios persuasivos, los integrantes de la Compañía procuraron atraer a los naturales, que eran ocupados en distintas tareas. Los jesuitas ‘supieron aprovechar admirable mente la capacidad adquisitiva y de imitación de los indios para trabajos de artesanos y labores artísticas.

Ya a media dos del siglo XVII había en cada pueblo talleres con herreros, carpinteros, tejedores, pintores, decoradores, estatuarios, torneros y relojeros y hasta grabadores, impresores y fabricantes de instrumentos musicales. Los mismos indios construían violines, flautas, arpas y órganos para sus iglesias. Las tareas, amenizadas con música, cantos y procesiones, se iniciaban al alba y finalizaban al atardecer.

En cada reducción había escuelas y colegios. En 1611 acudían a la escuela jesuita de Asunción unos 400 indígenas. «En la escuela al decir de Bayle se estudiaban las inclinaciones y mañas de los niños, para dedicarlos al arte que mejor cuadraba con ellas, de la escuela salían los músicos, los alcaldes, fiscales, cuanto valía y significaba algo en la administración o en la vanidad. En la escuela se preparaban los actores y danzantes que amenizaban las fiestas y encendían la piedad. En la escuela, finalmente, se moldeaba el corazón y se ilustraba el entendimiento para producir las virtudes cristianas, pasmo de los extraños y legítimo orgullo de los misioneros» .

Con la expulsión de los jesuitas, ordenada en 1767 por Carlos III, fracasaron las misiones por ellos establecidas, que aunque confiadas al cuidado de otras órdenes, se fueron extinguiendo hasta convertirse en ruinas.

Entre la legión de misioneros jesuitas se destacó el padre Roque González (15761628), emparentado con el gobernador Hernandarias, que murió martirizado en Todos los Santos del Caaró (Brasil).

Sobresalieron también entre estos religiosos el ya citado padre Diego de Torres y el padre Alfonso Barzana, que inició su ministerio en el Tucumán en 1585.

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PERÍODOS EDUCATIVOS EN ARGENTINA:

La primera decada independiente:
Podemos enumerar cronológicamente los hechos educacionales de los diez años que siguen a la Revolución de Mayo:

a) las iniciativas que tienen lugar bajo los primeros gobiernos patrios;

b) las iniciativas que ocurren bajo el Directorio, y

c) la implantación del método de Lancaster.

a) Iniciativas que tienen lugar bajo los primeros gobiernos patrios.
La obra de la Primera Junta. — La Revolución de Mayo no determinó un cambio inmediato en la educación. Por muchos años se siguió viviendo la herencia del pasado. El interés por la educación popular y por la difusión de los conocimientos, característico de la cultura ilustrada, ya se había intensificado al finalizar el período hispánico por la acción de virreyes como Vértiz, Liniers, y Sobremonte, por la prédica del obispo san Alberto y por la actividad de Belgrano desde la Secretaría del Consulado. Surgieron entonces las escuelas parroquiales, la Escuela de Medicina, la de Náutica y la de Dibujo.

La Primera Junta concretó diversas iniciativas tales como la instalación de la Academia de Matemáticas (28 de julio), destinada a formar los soldados de la patria, y la creación de la Biblioteca Pública, ordenada el 13 de septiembre de 1810.

En materia de enseñanza elemental hubo pocas novedades. En octubre de 1810, el Cabildo ordenaba a dos de sus regidores que inspeccionaran las escuelas e informaran sobre las reformas que consideraran urgente introducir. Poco después produjeron sus informes, que dan la pauta de las necesidades de la enseñanza en ese momento. Manifestaban que los locales de las escuelas no eran adecuados, que debían ser mejorados los sueldos de los maestros, y que era necesario «uniformar la educación y organizar un método sistemático que se adopte y siga en todas las escuelas».

Para esto último, aconsejaban: el editar el texto de educación moral y urbanidad titulado: Tratado de las obligaciones del hombre, y realizar exámenes públicos, acordándose premios a los alumnos que más se distinguieran.

El Tratado de las obligaciones del hombre había sido escrito por un consejero de. Carlos III, y se utilizaba en la enseñanza española desde 1797. En nuestras escuelas se empleó aún después de 1880. Con igual fin Mariano Moreno hizo imprimir también, en diciembre de 1810, el Contrato social de Rousseau «para instrucción de los jóvenes americanos», pero esta iniciativa fracasó. Antes de un mes, los cabildantes retiraron la obra de la escuela, por creerla «inútil, superflua y superficial».

Después de inspeccionar las escuelas municipales, los diputados visitaron las que funcionaban en los conventos, hallando que eran las más útiles y necesarias, «ya por su permanencia, como porque es gratuita la enseñanza que reciben en ellas los niños pobres», pero propusieron que fueran atendidas por sacerdotes, y no por legos como ocurría generalmente, ya que la instrucción de éstos «está limitada a saber leer y escribir», y es de presumir que no pueden explicar con precisión la doctrina cristiana.

Para estimular a los sacerdotes, aconsejan que se les conceda jubilación como a los profesores de enseñanza superior, y la protección del gobierno, siempre y cuando su designación se hiciera por concurso. La junta aprobó lo propuesto y los sacerdotes se hicieron cargo de la enseñanza en los conventos.De entre las escuelas del Cabildo se distinguió la de San Carlos, dirigida por Rufino Sánchez, y a la que concurrían más de 200 alumnos.

Nuevas finalidades. — Aunque fueron pocos los cambios realizados en el contenido de la enseñanza después de la Revolución, algunas orientaciones merecen recordarse por su trascendencia: la educación patriótica, la nueva disciplina escolar, los estudios especializados.

El primer factor de orientación ideológica en la escuela fue la imposición de actividades educativas de índole patriótica. Su expresión se encuentra en los periódicos y en las resoluciones de las autoridades de esa época. El 22 de julio de 1812 el gobierno ordenaba que en las escuelas de primeras letras se cantase diariamente un himno patriótico, y que en un «día señalado, en cada semana, concurran a la plaza de la Victoria todos los estudiantes de primeras letras, presididos de sus maestros, y puestos alrededor de la Pirámide del 25 de Mayo, repitan los himnos de la Patria con todo decoro».

A continuación se ordena al Cabildo que «mande hacer una composición sencilla, pero majestuosa e imponente». Esta disposición se cumplió cuando el Cabildo aceptó la marcha patriótica de Vicente López y Planes, que adoptó más tarde la Asamblea General Constituyente, como Himno Nacional.

En el Reglamento para las escuelas (1813), redactado por Belgrano, y en el de Córdoba del mismo año, encontramos idénticas expresiones. En el primero se establecía, en su artículo 8o, que en las fiestas patronales y en las conmemorativas del 25 de Mayo se diera asiento al maestro entre los miembros del Cabildo, «reputándosele por un padre de la Patria», y en el artículo 18 se le recomienda que sepa inspirar, con su conducta, un espíritu nacional, que le haga preferir el bien público al privado, y estimar más la calidad de americano que la de extranjero».

En el reglamento cordobés se ordena cantar la Canción Patriótica, concurrir obligatoriamente los jueves por la tarde para recibir instrucción militar y formar bandas entre los alumnos, denominadas Unión y Libertad.

La disciplina escolar. — Con la Revolución se formó un concepto de la disciplina más en armonía con los nuevos ideales. Los azotes, que estaban expresamente admitidos en las costumbres escolares, fueron oficialmente suprimidos. Por decreto del Triunvirato del 9 de octubre de 1813 se prohibieron terminantemente, considerando que es «impropio y absurdo que los niños que se educan para ser ciudadanos libres, sean en sus primeros años abatidos, vejados y oprimidos por la imposición de una pena corporal tan odiosa y humillante». A los maestros que apliquen castigos, aun los particulares, se les pena por la infracción y se les separa del oficio.

Tal resolución tiene antecedentes en el Reglamento dictado por Belgrano para las escuelas que fundara en el norte de la República. En él establece que sólo se podrá poner en penitencia a los jóvenes, haciendo que se hinquen de rodillas, «aplicándose por defectos graves seis azotes y por hechos escandalosos hasta doce, pero por ningún motivo el maestro podrá exponerlos a la vergüenza pública».

Esta medida levantó resistencia entre los preceptores, que consideraban los castigos corporales como un recurso conveniente y aprobado por los padres de los alumnos. El decreto fue anulado por el Estatuto Provisional del año 15 y restablecido por el Reglamento Provisorio de 1817, aunque las disposiciones gubernativas fueron en realidad letra muerta y los castigos continuaron en la escuela con la misma intensidad y figuraron en los reglamentos escolares.

La educación en el interior. — Mientras la Revolución se iba afianzando, poca repercusión tenían en el interior los planes educacionales del Cabildo porteño. Sin embargo, en todas las provincias se puede observar, con intermitencias, un interés grande por la educación. Las escuelas, que dependían al principio de los cabildos, pasaron con el tiempo a depender de los gobiernos locales. En todas, los trastornos políticos repercutían imprimiendo a su marcha un ritmo desigual. En general sufren el desamparo, y en muchas partes la enseñanza se refugia en los conventos, que en esos momentos, por falta de religiosos, se hallan con los estudios en plena decadencia. La juventud se dispersa, no concurre a las aulas y se llega a encomendar a la policía la función de compeler a los niños.

La enseñanza especializada. — Belgrano, que fue el precursor de todas las iniciativas educacionales, anteriores a la Revolución, fue, después de realizada, el promotor de otras. Apenas constituida la Primera Junta, reunió a las autoridades y obtuvo la creación de una escuela politécnica militar, que se abrió con el nombre de Escuela de Matemáticas.

A fines de 1812, el Triunvirato constituyó una comisión integrada por el doctor Cosme Argerich y los presbíteros Chorroarín y Zabaleta, para estudiar la creación de un colegio de ciencias. El proyecto que presentaron, le sirvió a la Asamblea General Constituyente para crear, con carácter provisorio, el Instituto Médico, que se transformó en institución de carácter militar, por la necesidad de cirujanos para acompañar a los ejércitos libertadores.

En 1815 se abrió una Escuela de Dibujo, patrocinada por el Padre Castañeda, quien consideraba al dibujo como «la madre y maestra de todas las demás artes». De su peculio había erigido dos aulas en el Convento de la Recoleta, y cuando el Cabildo necesitó esos locales, trasladó su escuela a la sede del Consulado. De esta enseñanza se hizo particular propaganda.

b) Iniciativas educacionales de 1815 a 1820

Lentos y penosos fueron los progresos de la instrucción pública en la primera década revolucionaria. Designado Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón dedicó empeñosos esfuerzos para impulsar la educación, «cual corresponde a los altos destinos a que es llamada nuestra patria». Basta hojear los periódicos de la época para comprobar cómo se traducen estas inquietudes.

Son abundantes los avisos, en los periódicos, sobre aperturas de academias particulares y sobre la instalación de escuelas. Además, aparecieron tres periódicos: Los amigos de la patria y de la juventud, Observaciones acerca de algunos asuntos útiles y El observador americano, que dedicaron sus pocos números a todas las cuestiones relacionadas con la instrucción, a la divulgación de conocimientos y a la educación de la mujer.

La enseñanza elemental. — Mientras les escuelas se redujeron a las que existían en la ciudad, el Cabildo podía atender a su funcionamiento, pero a partir de 1813 las escuelas se extendieron a nuevas poblaciones de la campaña, y entonces hubo que pensar en su administración y sostenimiento. En 1816, el gobernador intendente de Buenos Aires encomendó a Rufino Sánchez y a Francisco Javier Argerich la redacción del primer reglamento para las escuelas de la provincia.

Este reglamento establecía la obligatoriedad de la enseñanza, implantaba la enseñanza agrícola, señalaba las condiciones de los maestros, la calidad de los castigos, etc. Por primera vez se llama al pueblo a colaborar en la educación, pues se crea un organismo destinado a ejercer las funciones de inspección y cooperación: las juntas inspectoras, formadas en cada pueblo por el alcalde, el cura o su teniente y un vecino distinguido que debía entenderse directamente con el gobernador-intendente.

La aplicación del reglamento produjo entre las autoridades conflictos de jurisdicción, por lo que el Cabildo se vio obligado a crear el cargo de director general de escuelas, designación que aparece por primer vez en nuestra legislación escolar. La persona escogida para tales funciones fue el infatigable canónigo Seguróla, quien, sin exigir retribución, la desempeñó con breves intermitencias desde 1818 hasta 1852; por esta razón se le acordó tener voz y voto en las deliberaciones del Cabildo y sobre asuntos de beneficencia.

Cuando Seguróla se hizo cargo de las escuelas, una de sus primeras tareas fue redactar los reglamentos de 16 y 18 de julio, destinados a las escuelas de la ciudad y de la campaña, que en poco modificaron el reglamento de 1816.

No duró mucho Seguróla en sus funciones ya que, en agosto de 1820, presentó su renuncia, seguramente con el deseo de dejar actuar al introductor del sistema lancasteriano, que en esos momentos se encontraba en Buenos Aires.

Los estudios preparatorios. — En los primeros años de la Revolución los estudios preparatorios indispensables para poder entrar en la Universidad, se efectuaban en las aulas existentes en los conventos. Muchos de ellos se mantuvieron hasta más allá de 1860.

El Colegio de San Carlos de Buenos Aires, no funcionaba desde las Invasiones Inglesas. Para revivirlo, la Asamblea dispuso en 1813 refundirlo con el Seminario, pero esta medida no salvó la situación. En 1817, el director Pueyrredón se propuso restablecer el antiguo colegio, pues creía que «a pesar de las atenciones de la guerra, era necesario proporcionar una educación sólida, uniforme y universalmente extendida a nuestros jóvenes para que, a su vez, puedan servir de esplendor y apoyo a su naciente patria, con la sabiduría de sus consejos, con la fuerza y suavidad de sus costumbres».

El establecimiento que pretendía realizar este programa se denominó Colegio de la Unión del Sud, y se puso bajo la dirección del presbítero Domingo Achega. Su reglamento era idéntico al del Colegio de San Carlos, pero en su plan de estudios se introdujo la enseñanza de la historia natural y de los idiomas vivos: el inglés, francés e italiano.

En Córdoba el Colegio de Monserrat mantuvo el carácter de establecimiento dedicado a los cursos de repetición y pensionado de la Universidad. Los estudios llamados preparatorios se organizaron en 1814 con la aplicación del plan del deán Funes. En cuanto a Mendoza, gracias a la influencia del general San Martín, se pudo llegar en 1817 a la fundación del Colegio de la Santísima Trinidad. Sus estatutos y plan de estudios fueron redactados por el canónigo José Lorenzo Güiráldez y su primer rector fue el canónigo Estanislao Zabaleta.

EL SISTEMA LANCASTERIANO. — A fines de 1815, la Gaceta publicó un artículo sobre las características de un nuevo método de enseñanza, que se estaba aplicando en Europa con gran éxito, conocido con el nombre de su creador: Lancaster.

El sistema consistía en reunir a los niños en grupos de iguales conocimientos en lectura, escritura y aritmética, para que los más adelantados (monitores) comunicasen a sus compañeros las enseñanzas que acababa de impartirle el maestro. Experimentado en Londres, donde se formó una sociedad para su difusión (Sociedad Lancasteriana), se extendió rápidamente en Francia y España y se imitó en América.

Lo económico del sistema y la escasez de maestros, favoreció su difusión. Cuando ya existía una opinión favorable al nuevo método llegaba a Buenos Aires, a fines de 1818, Diego Thompson, enviado por la Sociedad Lancasteriana de Londres y por la Sociedad Bíblica Inglesa. El 29 de agosto de 1819 fue designado por el Cabilde Director General de Escuelas, con la obligación de fundar una escuela modelo e instruir en el sistema a todos los preceptores de la ciudad.

No obstante ser protestante, encontró en el clero los más fervorosos sostenedores. El provincial de los franciscanos, permitió que en su convento se reuniera la sociedad constituida para difundir el sistema; un eminente hombre de ciencia, el presbítero Bartolomé Muñoz, fue su secretario, y otros sacerdotes fueron sus colaboradores. Hasta el mismo fray Francisco Castañeda encontró que el sistema se prestaba admirablemente para que los niños aprendieran mejor a oír misa.

Los servicios prestados por Thompson a la instrucción fueron grandes, pero su éxito fue relativo. El sistema Lancaster proporcionó grandes beneficios: la unificación de los métodos que hasta entonces habían estado librados al criterio de los preceptores; la propagación de las escuelas en la campaña, al contarse con más maestros disponibles; y el alivio de los presupuestos escolares, pues ya no hubo que pagar sueldos a los ayudantes de los maestros.

Sus resultados fueron neutralizados por los conflictos que originó, los cuales terminaron por anarquizar las escuelas. Los maestros que habían adquirido las nuevas prácticas docentes dirigidas por Thompson, alegaban que solamente en teoría un solo maestro era suficiente para instruir 500 alumnos, y que en la práctica el sistema resultaba un fracaso, pues el reemplazar a sus ayudantes por niños que habían aprendido la lección, horas antes de enseñar a sus compañeros, restaba eficiencia a la instrucción.

A ello se unía la reacción que provoca toda innovación en las instituciones: la complicación de los procedimientos, que eran rígidos y meticulosos, la poca simpatía que gozaba un sistema que transformaba la disciplina en un régimen militar, el empleo de castigos corporales en dosis bien regulares, y la resistencia de los maestros a convertirse en discípulos de un extranjero desconocedor de nuestra idiosincrasia, hizo que los beneficios que se esperaban obtener con el sistema lancasteriano fuesen efímeros. Sin embargo, el sistema se mantuvo1 en algunas escuelas hasta más allá de 1850.

RIVADAVIA Y LA PLANIFICACIÓN DE LA ENSEÑANZA

A fines de 1820 se eligió gobernador de Buenos Aires al general Martín Rodríguez, quién contó con un activo ministro: Bernardino Rivadavia.

Rivadavia había estudiado en el Colegio de San Carlos. Fue secretario del Triunvirato y acababa de llegar de Europa donde se había hecho amigo de Jeremías Benthan, filósofo inglés propagandista del utilitarismo, pensamiento político que consiste en procurar la felicidad de los hombres por medio de la buena administración. Venía dispuesto a aplicar «su sistema», que consistía en una mezcla del liberalismo borbónico con el utilitarismo benthaniano y con la ideología,doctrina enseñada por un filósofo francés, Destut de Tracy.

Con el utilitarismo se propugnaban medidas fundadas sobre este principio ético: obtener la máxima felicidad posible para el mayor número posible de individuos. La regulación de la sociedad se haría de acuerdo a cálculos matemáticos que en última instancia conducen al egoísmo y a la negación de toda acción moral desinteresada.

Con la ideología se creía haber hallado la solución de todos los problemas políticos, económicos y sociales que afligían al país. Esta doctrina pretendía, entre otras cosas, fundamentar la legislación de los pueblos en el raciocinio, en un orden elaborado por la inteligencia, olvidando que las leyes deben adaptarse al conocimiento del corazón humano y a las lecciones de la historia. Por un lado, señala a la educación general como fundamento del progreso; por otro, crea el estatismo, o la soberanía absoluta del Estado, el cual absorbe toda la vida individual.

En realidad, quiere una minoría aristocrática, cuyo derecho al gobierno estará fundado en su mayor ilustración. Sólo después de un largo y trabajoso ciclo se podrá llevar la ilustración a todos los habitantes, y sólo entonces se podría hablar de democracia, pues las mentalidades se habrían ya igualado, limitándose las diferencias del saber.

Todo debía marchar de un modo sistemático hasta que esta vasta concepción entrara en la realidad argentina.

Como estadista, Rivadavia se abocó al problema educacional. Reformado el mecanismo administrativo, obtuvo que toda la educación se impartiera en forma metódica, de acuerdo a un plan, desde la escuela elemental hasta la universidad y desde la propagación de las escuelas hasta la utilización de la mujer como agente de la educación y de la asistencia social.

El centro de toda la organización educacional fue la la universidad; ella fue la directora exclusiva de la instrucción pública en la provincia de Buenos Aires.

La universidad. — Una antigua aspiración de Buenos Aires cobró vida en este período: contar con un centro de estudios universitarios. Cuando los jesuítas daban clase en el Colegio de San Ignacio, ya se habían realizado gestiones pars. instalarlo. El virrey Vértiz, bajo la influencia de estos intentos y con el apoyo de los cabildos secular y eclesiástico, recabó autorización a la Corona para erigirlo, mas no alcanzó a realizar sus propósitos. Veinte años después, el director Pueyrredón pidió consentimiento al Congreso de Tucumán para solicitar del Papa, como era costumbre entonces, permiso para erigir la universidad. Su sucesor, Rondeau, encomendó al presbítero Antonio Sáenz que presentase un proyecto de organización.

Durante el gobierno de Martín Rodríguez se concretó su realización. El 13 de febrero de 1821 el presbítero Sáenz presentaba un plan y los reglamentos para la futura universidad, y el 9 de agosto se dictaba el edicto de erección, designándose a Sáenz primer rector.

Organizada la universidad, toda la instrucción pública de Buenos Aires se centralizó en seis departamentos: primeras letras, estudios preparatorios, jurisprudencia, medicina, ciencias exactas y ciencias sagradas.

El plan de la universidad no comprendía otras materias que las que ya eran objeto de estudio en los establecimientos existentes, cuyas enseñanzas se refundieron en ella. Habíase obtenido del Consulado, la cesión de los diversos institutos que funcionaban bajo su protección, como ser las aulas de matemáticas, pilotaje, comercio, idiomas y dibujo.

Más tarde se incorporaron a la naciente universidad, los estudios del Instituto Médico, de la Academia de Jurisprudencia y los de Ciencias Sagradas o Seminario, que costeaba el Cabildo Eclesiástico. Con todas estas especialidades se constituyeron los llamados departamentos, según entonces se designaban a las actuales Facultades de Ciencias Exactas, Medicina, Jurisprudencia y Ciencias Sagradas.

En cuanto a la organización, cada departamento era dirigido por un prefecto. La reunión de los mismos y un padrino (el doctor más antiguo residente en Buenos Aires), presididos por el rector, formaban el Tribunal Literario, que dirimía todas las cuestiones del fuero universitario.

El colegio secundario de la Unión del Sud, que tomó el nombre de Colegio de Ciencias Morales, pasó a formar parte del Departamento de Estudios Preparatorios, verdadero internado universitario, ya que los alumnos vivían en el colegio y concurrían a las clases de la universidad. Las materias que debían estudiarse, eran: latín, filosofía, ciencias físicas ,matemáticas, economía política y francés.

Los alumnos se educaban a expensas propias, y en el colegio practicaban gimnasia y baile bajo la dirección de maestros especiales. La dirección fue confiada a Miguel Belgrano, que tuvo por asociados a los Pbros. Boneo y Peña. El colegio llegó a contar en 1826 con 108 alumnos, la mitad de los cuales eran becados por las provincias. Careciendo de apoyo popular, el colegio y la universidad resultaron un peso muerto que gravitaba sobre las escasas rentas de la provincia y, en 1830, el gobierno de Balcarce decretó el cierre, cuando llevaba el nombre de Colegio de la Provincia de Buenos Aires.

Se pensó en crear un Colegio de Ciencias Naturales para la instrucción científica, pero no fue posible su realización.

En general, las creaciones culturales y universitarias de esta época de profundas convulsiones políticas, dice Levene, vivieron obscuramente. No había ambiente propicio para su desenvolvimiento. En 1825 eran pocas las cátedras que se dictaban, y en algunas los alumnos eran tan escasos que hubieron de suprimirse materias del plan de estudios. No bastó para conjurar la crisis, la dedicación y competencia de Sáenz, pues a su muerte nadie quiso hacerse cargo de la rectoría.

Los planes de enseñanza de las diversas ramas se mantuvieron hasta que, en 1833, una comisión especial presentó el llamado Manual de la Universidad, colección de decretos orgánicos aprobados por Viamonte; ellos modificaban los estudios preparatorios, introduciendo la historia y la retórica. También se creó un Consejo Directivo universitario con atribuciones que todavía subsisten.

La enseñanza primaria. —Por decreto del 8 de febrero de 1822, las escuelas de la provincia de Buenos Aires, que hasta entonces dependían del Cabildo (10 de la ciudad, 12 de la campaña, sin contar las 68 escuelas privadas) se incorporaban a la universidad. La reunión de todas bajo la dirección de un prefecto, formó lo que se denominó Departamento de Primeras Letras. En el mismo decreto se establecía que el rector de la universidad promovería el establecimiento de otras nuevas, que los maestros serían sostenidos por los presupuestos del gobierno y que en todas las escuelas públicas o privadas se emplearía el método lancasteriano.

La actividad del presbítero Sáenz produjo excelentes resultados. Durante los tres años que estuvo a cargo de la instrucción pública, la enseñanza primaria reconquistó el prestigio, dice Salvadores, que había tenido durante la administración del Cabildo y que había ido perdiendo a consecuencia de los acontecimientos de los años 1819 y 1820.

A su pedido se establecieron escuelas públicas y se transformaron las Juntas protectoras, que cooperaban en la educación impartida en la campaña, en Juntas inspectoras, que debían dedicarse exclusivamente a vigilar el comportamiento de los maestros.

Con el fallecimiento de Sáenz, ocurrido el 25 de julio de 1825, se inició en las escuelas un proceso de decadencia cuya causa fundamental fue el sistema lancasteriano, de acuerdo a lo que referiremos a continuación. Encontrándose Rivadavia en Inglaterra, en 1825 recibió el ofrecimiento del emigrado español Pablo Baladía, para prestar sus servicios en la docencia, pues había dirigido la aplicación del sistema monitorial en la Escuela Central o Normal de Madrid.

El gobierno aceptó la propuesta y Baladía fue nombrado director general de Escuelas, encargándose de dirigir una «escuela modelo» en la aplicación del sistema lancasteriano y que sería al mismo tiempo formadora de preceptores.

Lo primero que hizo Baladía fue fijar normas para el funcionamiento de la Escuela Normal, la que admitía en sus aulas a los preceptores, a los alumnos más aventajados y a todos los individuos que querían aprender el sistema. Luego presentó un plan, aprobado por Rivadavia, para combatir el analfabetismo, y crear escuelas con los recursos indispensables. Como se ve, Baladia planteaba la reforma escolar en su verdadero terreno: formar nuevos maestros según los nuevos principios.

La falta de recursos provocada a causa de las difíciles condiciones creadas por la lucha por la independencia, la anarquía y la guerra con el Brasil, la aplicación de castigos, hasta llegar al encierro en un calabozo, que él sostenía que se aplicaban en los países más adelantados, y la energía con que procedió Baladía para disciplinar a los maestros, movió a éstos a exigirle la renuncia.

La desorganización que ofrecían las escuelas, el mal desempeño, la insubordinación y la inconstancia de los docentes obligaron al rector de la universidad a solicitar que se separara de la Universidad el Departamento de Primeras Letras, lo que obtuvo por decreto de Dorrego en 1828, haciéndose cargo por tercera vez, de la Inspección General de Escuelas, el canónigo Seguróla, quien con su ejemplar abnegación, unida a su constancia y energía, procuró superar todas las dificultades. Fue la suya una labor de ordenamiento, que se prolongó durante la dictadura.

La enseñanza privada. — Simultáneamente con el desarrollo que iban adquiriendo las escuelas oficiales, tomaron incremento las escuelas privadas. El espíritu de tolerancia social y religiosa que existió siempre en nuestra tierra y en particular en nuestra ciudad, permitió la convivencia con numerosos extranjeros y hasta se llegó a la tolerancia de cultos, que de hecho se practicó por lo menos desde que se dictó, en 1789, la real cédula de erección de la Compañía Marítima.

En 1825 se firmó el tratado de comercio con Inglaterra y con ello la numerosa colectividad inglesa obtuvo, entre otras cosas, la autorización para abrir establecimientos educacionales para sus hijos. De las instituciones que se fundaron para promoverlas, la más importante fue sin duda la Buenos Ayrean British Schools Society (Sociedad de Escuelas Inglesas de Buenos Aires), presidida por un pastor protestante, John Armstrong, destinada a sostener escuelas con el aporte voluntario de sus asociados. Años después se fundaba la Society of the promotion of general information (Sociedad de promoción de la cultura), donde colaboraban personas de todo credo.

Simultáneamente, los profesores extranjeros que vinieron a colaborar con Rivadavia abrieron academias especializadas de comercio, lenguas clásicas, francés, etc., e igualmente abrieron escuelas de niñas.

La más importante, por su obra y plan, fue el Ateneo, fundado por el notable educador Pedro de Angelis, quien contó como colaborador a Francisco Curel. Las autoridades nacionales y universitarias demostraron constante interés por estas creaciones, concediéndoles toda clase de facilidades. Muchas subsistieron exitosamente hasta después de la dictadura y otras permanecieron más o menos tiempo, según el apoyo que lograron del público.

LA EDUCACIÓN DE LA MUJER: LA SOCIEDAD DE BENEFICENCIA. — La Sociedad de Beneficencia, institución creada, entre otras cosas, para la educación de la mujer, surgió como resultado de un largo proceso que venía desde el período hispánico y que se iba abriendo camino desde la Revolución. La Sociedad de Beneficencia no inauguró en Buenos Aires la educación femenina; los problemas que resolvió fueron otros: se constituyó en la institución directora de la instrucción de las niñas en la ciudad y en la campaña, lo que significó la extensión de la enseñanza a todas las clases sociales.

La Sociedad se instaló el 12 de abril de 1823 bajo la presidencia de doña Mercedes Lasala de Riglos. El reglamento fue redactado por las socias María de Azcuénaga e Isabel Casamayor de Luca.

Bajo la dirección autónoma del Consejo Directivo de la Sociedad, rama administrativa del Ministerio de Gobierno, funcionaron en adelante todos los establecimientos dirigidos en beneficio de la mujer, como el Colegio de Huérfanas, la Casa de Expósitos y el Hospital de Mujeres, pero su acción más destacada fue la fundación y organización de escuelas para niñas, las que marchando en continuo progreso, se mantuvieron más allá de 1860.

Ya existían escuelas para la educación de niñas, y en número que debió ser crecido, pero eran privadas. La única gratuita era el Colegio de Niñas Huérfanas, que había sido favorecido por los antepasados maternos de Belgrano y por la ayuda de algunas señoras caritativas que componían la llamada Hermandad de la Caridad.

En Buenos Aires, después de la Revolución, la primera iniciativa en favor de la implantación de la escuela pública para niñas, partió del Pbro. Mariano Medrano. En 1816, pudo inaugurarla con la ayuda del Cabildo, fijándole un reglamento que mereció el elogio de los cabildantes.

Su primera tarea fue reorganizar el Colegio de Huérfanas e inmediatamente, sin contar con antecedentes ponderables, que pudieran servir de base, establecieron en la ciudad las primeras escuelas de niñas. Después de 1826 se extendió su acción a la campaña con la instalación de escuelas en San José de Flores, San Isidro, Chascomús, San Nicolás, encargándose de su vigilancia a socias corresponsales que vivían en esos pueblos.

Como método, adoptaron el empleado en las escuelas de varones, o sea el de enseñanza mutua, pero adaptado a nuestra idiosincrasia. La señora Casamayor de Luca realizó la traducción del francés del Manual -para las escuelas elementales de niñas de Madame Quignon, disponiendo el gobierno su inmediata edición en la imprenta de Expósitos. Una de las escuelas de la Sociedad sirvió de escuela normal y formó el personal para las nuevas fundaciones.

La lucha que emprendió Rivadavia por la cultura fue intensa. Empezó su prédica en el Triunvirato, luego como ministro de Martín Rodríguez llevó a cabo el colosal ensayo de transformar Buenos Aires y su campaña, mas cuando tomó el timón de la nación no pudo realizar tamaña empresa. «Rivadavia resultó un experimentador frustrado«. Al abandonar la presidencia de la República, en junio de escolar realizada en el lapso de 1821-1827 arroja cifras significativas. Recibió 14 escuelas y al retirarse funcionaban 1827, concluye un período de gobierno progresista.

La obra en la Capital una escuela normal y diez comunes para varones, y una normal y cinco comunes para ninas, y campaña treinta y una de varones y tres de niñas, con  un total de 51 maestros.

La acción educacional en el interior. — Si en estos momentos volvemos la mirada a las provincias, las encontraremos dirigidas por los grandes caudillos, representantes de las masas y defensores de los intereses regionales contra el predominio de Buenos Aires. Durante este período, las provincias van organizando sus instituciones y encarando sus problemas locales, entre otros el de la educación y de la cultura popular.

En la mayoría de ellas, se crean escuelas y se establecen organismos encargados de dirigirlas, manteniéndose con mayor o menor éxito las escuelas de los conventos. Ejemplo de este espíritu lo ofrecen Bustos en Córdoba, López en Santa Fe, Ferré en Corrientes, Ramírez en Entre Ríos.

En Córdoba la educación recibió nuevo vigor gracias al interés que demostraba el gobernador Juan Bautista Bustos: creó la Junta Protectora de Escuelas, se fundaron escuelas en todos los curatos, redactó un reglamento donde aparece por primera vez en una disposición gubernativa la formación de un fondo propio para la administración escolar, dispensó protección a la universidad. La difícil situación económica detuvo en 1827 estas iniciativas.

En Entre Ríos bajo el gobierno de Francisco Ramírez se encargó a cada comandante militar de establecer una escuela en su respectivo distrito, el darle habitación al maestro y el obligar a los padres a enviar a la escuela a sus hijos. Este proyecto no tuvo realización. Durante la administración de Lucio Mansilla se creó una escuela lancasteriana en la capital, un fondo escolar propio y se establecieron escuelas en las principales poblaciones. Los trastornos políticos impidieron los propósitos del gobierno.

La provincia de Corrientes recibió en 1820 la primera imprenta, introducida por Ramírez. En 1825 el gobernador Pedro Ferré estableció la obligatoriedad escolar y abordó la creación de un cuerpo docente, pues entendía que «un templo y una escuela en cada aldea, debían ser los mejores monumentos que la provincia levante a la libertad». Ferré amó tanto la enseñanza, que destinó sus sueldos en beneficio de la educación.

Estanislao López en Santa Fe no se preocupó por aumentar el número de escuelas, ni elaboró ningún plan de educación, pero protegió la instrucción pública, particularmente el Gimnasio Santafesino, que duró hasta más allá de 1843, y el Instituto Literario de San Gerónimo, dirigido por el Padre Amenábar. Otras escuelas funcionaron en los conventos, añadiéndose a ellas la fundada por fray Castañeda, en Rincón de San José, que llama la atención por sus innovaciones pedagógicas.

En general, en todas las provincias se favoreció la difusión del sistema lancasteriano, se constituyeron organismos autónomos para dirigir la enseñanza y administrar las escuelas, y se formó un fondo escolar independiente de las rentas generales del Estado. Todas estas ideas se fueron abriendo paso y constituyen precedentes en la organización escolar del país.

Sigue Parte II: Educación en la Etapa Rosista y en la Confederación Argentina

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello-Bregazzi.
Historia de la Educación Juan Carlos Zuretti – Colección La Escuela  – Editorial Itinerarium –